Eso de que después de los comuneros, a Castilla la controlaron y esquilmaron para poder financiar las guerras de Europa, es un mantra de los liberalotes del siglo XIX para encontrar un falso referente histórico del "liberalismo hispánico" (valga el oxímoron) en la revuelta de las Comunidades. Naturalmente, a principios del reinado del césar Carlos, no se tenía ni idea de que España iba a estar enfrascada continuamente en conflictos europeos hasta la guerra de Sucesión, ya en el siglo XVIII. Como siempre, los afrancesados hijos de las Cortes de Cádiz (Napoleón no, pero sus ideas sí), han mantenido que las guerras de religión fueron cosa totalmente inútil y antidemocrática, miseria de la humanidad (como la Inquisición), y la causa de casi todos los males de la decadencia española.
Ellos, que aunque a veces se declaren católicos, profesan una ideología protestantona y hereje que nada tiene que ver con el catolicismo, no conciben que los monarcas hispánicos quemaran sus dineros y su salud defendiendo las vidas y derechos de sus súbditos católicos de Flandes, ni que sostuvieran a la Iglesia de Cristo, que al fin y al cabo para ellos es sólo una iglesia más como cualquier otra, dependiente para más inri de un estado extranjero (los Estados Pontificios de la época). Esto es, poco más o menos, lo que siempre han dicho, y dirán, los José Luis Corral, César Vidal y demás vendedores de novelas de todas las épocas modernas.
Un amor vamos.
Marcadores