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Tema: La ciencia contra la fe... darwinista

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  1. #1
    Naufrago está desconectado Proscrito
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Ok! No quería llegar a esto pero esto ha llegado demasiado lejos. Quiero que entiendas que esto lo hago por tu bien y me duele mucho mas a mi que a ti, pero no me has dejado otra salida.

    Chicos, tengo algo que deciros. Bueno, en realidad son dos. Tengo una noticia buena y una noticia mala ¿Cuál queréis oír primero?

  2. #2
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    La buena: Hyeronimus tiene razón.

    La mala: Vamos a morir todos.

    Veréis. Descubrimientos recientes demuestran lo que Hyeronimus lleva largo tiempo anunciando. Las especies animales no mutan, la evolución es una patraña y lo selección natural una farsa.

    En realidad. Todos los animales que hay en nuestro planeta son descendientes directos de una pareja que logro sobrevivir a una de las peores inundaciones de la historia, metidos dentro de una pequeña barquita creada por un señor muy simpático llamado Noe.

    Lo malo… Es que dentro de nada todos nos moriremos porque los biólogos son unos estafadores sin sentimientos que solo buscan el dinero fácil.

    Veréis. Los humanos, en un momento de inteligencia, decidimos quemar todos los combustibles fósiles del plantea, creados durantes millones de años, en unas pocas décadas.

    El problema es que esto se cargo el clima ¿Quién lo iba a decir? Alterando la creación de Dios. No es una probabilidad, es un hecho ¿sabéis? Lo malo es que como no hay selección natural, ni mutaciones, ni evoluciones posibles, ni un Diseño Inteligente que hubiese previsto que nosotros fuésemos capaces de hacer esto… Todos los animales y las plantas van a empezar a morir uno a uno. Y como los humanos no podemos vivir sin animales ni plantas… pues ya sabéis lo que nos toca dentro de nada, ¿no?

    Así que empezar a rezar para que el ser que creo vida en el universo venga y arregle lo que hemos destrozado… Nuestra supervivencia depende de ello. Y lo que diga la comunidad científica, pues hacer todo lo contrario… amiguitos. No sea que nos quieran a volver a engañar como con lo que “el hombre viene del mono”.

  3. #3
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    La discusión va por el lado del Diseño Inteligente, creo. No del creacionismo. Supongo que para comentar los aspectos teológicos del tema podríamos hacerlo en el foro de religión. Desde luego, la salvación no depende de que se crea que Dios creó el mundo directamente o por un proceso evolutivo. No es dogma de fe ni lo uno ni lo otro. De todos modos, aun siendo por evolución, en ese caso sería dirigida por Dios. No la dejaría al azar, "a la buena de Dios" (nunca mejor dicho), a ver qué sale. Él tenía una idea, un propósito. Como dijo Benedicto XVI en su primera homilía, "no somos el producto sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es amado y es producto de un pensamiento de Dios". Por supuesto, esta afirmación no excluye necesariamente una evolución dirigida, pero a lo que voy es a que en todo caso no es el azar y el caos, porque Dios no es autor de confusión y necesariamente tiene un plan, tanto para nosotros como para el mundo. Es posible ser católico y evolucionista; en lo que no se puede creer es en el azar cáótico. Aquello que dijo Einstein de "Dios no juega a los dados" lo podríamos expresar también diciendo que Dios no hace experimentos. Él sabe mejor que nadie qué es lo que va a funcionar y qué no.

    Siguiendo con el Papa, reproduzco una nota de prensa relativa a algo de lo que habló en su famoso discurso de Ratisbona, y que pasó desapercibida por culpa de aquella malhadada manipulación por parte de la BBC que fue malinterpretada en el mundo musulmán y causó tanto revuelo.


    El Periódico, 12 de septiembre de 2006
    Benedicto XVI afirma que la teoría de la evolución es "irracional"

    EFE
    RATISBONA


    El papa Benedicto XVI ha dicho en Ratisbona que una parte de los científicos se empeñan en demostrar que Dios es "inútil" para el hombre y ha afirmado que la teoría de la evolución es "irracional", que el ateísmo moderno nace del miedo a Dios y que el odio y el fanatismo destruyen la imagen de Dios.

    El Papa ha hecho estas manifestaciones ante decenas de miles de personas, unas 250.000 según fuentes de los organizadores, que han asistido en las afueras Ratisbona a la misa que ha oficiado en su primer día de estancia en esta ciudad de Baviera en cuya universidad enseñó dogmática.

    El Pontífice teólogo ha dedicado la catequesis a explicar lo que significa creer y tras afirmar que el Credo "no es un compendio de sentencias, ni una teoría", se ha preguntado si es posible creer en nuestros días y si es una cosa "racional".

    "Sin Dios las cuentas no cuadran"

    "Desde el Iluminismo, al menos una parte de la ciencia se empeña con tenacidad a buscar una explicación del mundo en el que Dios sea algo superfluo. Así, sería algo inútil para nuestra vida. Pero cada vez que parece que lo han logrado, la realidad se muestra evidente. Sin Dios las cuentas no cuadran para el hombre, para el mundo y el universo", ha afirmado el Papa.

    Joseph Ratzinger se ha preguntado qué existe en el origen y ha asegurado que hay sólo dos respuestas: o la "Razón creadora, el Espíritu que hace todo y fomenta el desarrollo" o la "irracionalidad, que sin razón alguna, produce un cosmos ordenado de manera matemática, al hombre y a la razón".

    Según el Papa, esta última sería sólo un resultado casual de la evolución, "en el fondo, una cosa irracional". Con firmeza, el Pontífice ha destacado que los cristianos creen que en el origen está en Dios y la razón y no en la irracionalidad.

    Benedicto XVI ha asegurado que el odio y el fanatismo destruyen la imagen de Dios y que el ateísmo moderno nace del miedo a Dios, que sin embargo es bondad y amor. El jefe religioso de más de 1.000 millones de personas de todo el mundo ha afirmado que sólo Dios salva al hombre del miedo del mundo y del ansia ante el vacío de la propia existencia.

    Smetana y Pious dieron el Víctor.

  4. #4
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Y ahora una nota simpática. Se cuenta que cuando apareció el Anís del Mono allá por 1870 el dueño de la empresa, Vicente Bosch, de Badalona (Barcelona) lanzó un concurso para escoger la etiqueta. El mono era una mascota que él tenía. Como la teoría de Darwin era bastante reciente y la polémica estaba en todo su furor, al final salió elegida una que tenía un mono con rasgos bastante humanos y unas pobladas patillas que recordaban la barba de Don Carlos y tenía en la mano un pergamino que decía: "Es el mejor. Lo dice la ciencia y yo lo creo."


    Pious dio el Víctor.

  5. #5
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Juss... Aunque pensemos de forma diferente. Quiero que TODOS sepan que admiro a Hyeronimus. No solo por lo mucho que sabe y la enorme paciencia que muestra, sino porque cada día me enamora con un dato nuevo.

    ¿Me toca decir algo? Veamos. Si hubo azar o no, yo no lo se. Aun espero que me expliques que es eso del Diseño Inteligente, pero no puedes embestir contra la PIEDRA ANGULAR de la biología moderna, y de todas sus disciplinas, y esperar que nos quedemos frescos como una rosa. Por lo menos, danos algo más. Algo que sustituya a Darwing.

    La ciencia no admite el concepto de un plan creado para nosotros (o a Dios), no porque sea imposible o no crea en él, sino por que no hay un demostración CAUSA - CONSECUENCIA que diga que vaya a ser así.

    Te pongo un ejemplo. Que un medicamento cura a una persona, no significa que el medicamento sea ciencia. ¿Fue por el compuesto químico o actuó como placebo? Sin una explicación científica que argumente los beneficios de ese medicamento, puedes decir que el medicamento PUEDE curar pero no GARANTIZAR su resultado. He aquí la diferencia entre Magia (causa - efecto) y Ciencia (causa - consecuencia).

    La ciencia no niega a Dios. Solo busca una forma empírica de llegar a este y conocerlo. O por lo menos, a su obra.

    Lo que no puedes pretender, es que la ciencia acepte la existencia de un Dios, solo por el testimonio de los santos. Eso no seria científico y lo sabes. Tienes que dar algo (experimentos, pruebas, estudios, hipótesis, teorías,...) que por lo menos les haga pensar eso.

    Si la ciencia cree erróneamente en Darwing, es porque es la teoría que responde mejor a ¿como se origino la vida en nuestro planeta? Antes de él se creía que los seres vivos surgieron de debajo de las piedras. No le quites ese merito al libro.

    Ser un hombre espiritual es MUCHO más difícil que ser un hombre de ciencia. Lo se. Su demostrarlo (a nivel racional) es MUY difícil y no me digas que ya esta demostrado... pues creer en Dios precisa de un acto de fe y no de razón. La razón es accesible a todos, incluso a para los cobardes. Tener fe, requiere mas valor. Compadécete, pero no les faltes el respeto.

  6. #6
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Sí, yo también digo lo mismo. Hyeronimus, junto con Valmadian y Ordoñez, son los mejores foreros de hispanismo.org.

    Aliocha.

  7. #7
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Uy, Náufrago, perdón por haber blasfemado contra la "piedra angular" de la biología moderna.

    Es una teoría como cualquier otra en la que se puede creer o no, no una piedra angular, porque nadie la podido demostrar aunque sea la que tiene más consenso. Si te parece acertada, expón tus razones para ello, ya que esto es un debate. En vez de eso lo que estás haciendo es ponerla como un dogma intocable. El mismo Karl Popper, creyendo en la evolución, ya advirtió que no había que tomársela demasiado en serio.
    Smetana dio el Víctor.

  8. #8
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Reseña de uno de los libros mencionados por Valmadian. Tomada de la revista Arbil.


    Recensión del libro „Dios y las cosmologías modernas”
    por Redacción
    „La fe en la Creación sigue siendo razonable hoy día. Se trata también, desde el punto de vista de los resultados de las ciencias naturales, de la ‘mejor hipótesis’, que explica más y mejor que todas las demás teorías. La fe es razonable. La racionalidad de la Creación procede de la razón de Dios: No hay ninguna otra respuesta realmente convincente”. Benedicto XVI
    Según una opinión muy extendida, la ciencia moderna, y en especial la física, favorece una visión del mundo materialista, en la que Dios se considera como una hipótesis prescindible, cuando no ya plenamente superada. La lectura del libro „Dios y las cosmologías modernas” ayudará a mostrar lo infundado de esta opinión: La ciencia no sólo no se opone a la fe en Dios, sino que puede contribuir efectivamente a reforzarla.

    Los autores del libro, una decena de especialistas en física, filosofía y teología de algunas de las universidades más prestigiosas del mundo (tales como Bremen, Cambridge, Cracovia, Oxford etc.), son conscientes de que no es posible defender a la ligera la concordancia entre la ciencia actual y la fe. Por ello, en lugar de ofrecer, como aval de dicha concordancia, visiones generales, más o menos difusas (cuando no voluntaristas), de la articulación entre ciencia, razón y fe, han preferido centrarse en el análisis de uno de los puntos de contacto más interesantes entre la ciencia y la teología: el de la interpretación de las teorías cosmológicas actuales.

    El resultado es un conjunto de ensayos de amena lectura, pero rigurosa argumentación, en los que se pasa revista a los principales temas del diálogo entre la cosmología física y la teología natural. Y la conclusión que se va abriendo paso a lo largo de este diálogo es que el planteamiento teísta, que considera el universo como creación de un Dios personal, resulta más rico, más matizado y explicativo, que el planteamiento materialista, a la hora de interpretar los datos que nos ofrece la cosmología.

    Los datos cosmológicos significativos en este sentido son, ante todo, la propia existencia del universo, su inteligibilidad matemática, y el ajuste de las constantes y las leyes físicas de un modo tal que favorece el desarrollo de la vida inteligente. Algunos de los intentos materialistas recientes de dar cuenta de estos datos evitando el recurso a Dios, se basan, por ejemplo, en la hipótesis de la existencia de múltiples universos con leyes físicas diferentes ?una hipótesis que pretendidamente justificaría la especificidad de las leyes de nuestro universo sin el recurso al diseño inteligente del cosmos?. Otros intentos se apoyan en diversos modelos de la cosmología cuántica para tratar de definir un universo autocontenido, que surja por sí mismo de la nada, o exista sin principio ni fin (eliminando la singularidad de la Gran Explosión) etc. De este modo se pretende eliminar la cuestión de la causa del universo, o resolverla a un nivel puramente físico.

    Todos estos intentos, incluyendo los últimos modelos de la cosmología cuántica, son discutidos en el libro, para mostrar que no logran su objetivo de explicar los datos cosmológicos fundamentales sin referencia a Dios. En esta discusión no son ni siquiera soslayados los temas que los materialistas suelen considerar como más a su favor (como por ejemplo la cuestión de cuál sea la „causa” de Dios). Antes bien, el estudio del universo como un todo se presenta en el libro como un terreno singularmente apropiado para dar cuenta de este tipo de asuntos, y, en definitiva, para acceder a la existencia de Dios desde la razón natural.

    „Dios y las cosmologías modernas” es un libro destinado principalmente a un público universitario, si bien podrá resultar provechoso a cualquier lector interesado en las cuestiones fronterizas entre la ciencia y la teología. Para facilitar la lectura, los autores han procurado (en la medida de lo posible) prescindir de fórmulas matemáticas, así como de términos técnicos no explicados en el texto. De este modo, aunque el tratamiento de los diversos temas es riguroso, la comprensión del libro no requiere ser un especialista en física.

    El mensaje de este libro puede resumirse con las palabras que el papa Benedicto XVI pronunciara en 1981, siendo entonces arzobispo de Munich y Freising, en sus famosas homilías cuaresmales sobre la Creación, en la catedral de Munich:

    „La fe en la Creación sigue siendo razonable hoy día. Se trata también, desde el punto de vista de los resultados de las ciencias naturales, de la ‘mejor hipótesis’, que explica más y mejor que todas las demás teorías. La fe es razonable. La racionalidad de la Creación procede de la razón de Dios: No hay ninguna otra respuesta realmente convincente”.

    Estas palabras, válidas en 1981, lo siguen siendo actualmente, y quizá de un modo más pleno, a juzgar por el libro que estamos comentando. La discusión de los nuevos modelos cosmológicos apunta, en todo caso, en esta dirección.

    ·- ·-· -··· ···-·
    Redacción

    Datos del libro:
    Autor: Francisco José Soler Gil (editor)
    Título: „Dios y las cosmologías modernas”
    Editorial: BAC
    Ciudad: Madrid
    Año: 2005
    Última edición por Hyeronimus; 27/03/2008 a las 17:58
    Pious dio el Víctor.

  9. #9
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Es la piedra angular, puesto que es el cemento que une todos los conceptos de la biología moderna. Sin ella, todos los libros y los estudios de biología serian datos adquiridos sin ningún tipo de conexión entre ellos. ¿Qué une a las especies en grupos animales? ¿Cuál es la heráldica de los animales? La evolución (creemos).

    Lo curioso es que… aun no he oído NADA que me haga pensar que tengas razón. Solo ideas para no creer en Darwing, pero nada que haga suponer que tu tengas un concepto mas cierto del universo. Únicamente tienes opiniones de gente y eso, para mí, es prueba que no vale nada. No tengas reparos en difundir tus teorías. Que es lo que la gente esta esperando...

    ¿Crees que los animales no mutan? ¿No evolucionan?

    Que yo sepa, esta DEMOSTRADO que los microorganismos (virus) lo hacen, lo han hecho y lo seguirán haciendo. ¿Qué te hace pensar que los macroorganismos no lo hacemos?

    Ciencia y fe coinciden en que hubo un tiempo en que el mundo NO había vida. Así lo demostró la geología. Entonces, tuvo que existir un proceso para que los bosques y arrecifes sean tan poblados como son ahora.

    Si la astronomía estudia el comportamiento de los astros y las constelaciones… para entender como son, como se crearon y hacia donde van... La biología hace lo mismo pero con los animales. Estudia como son, como se comportan, donde tuvo lugar su posible origen y como evolucionaran en el futuro… (Cosa que tu no les crees capaces).

    Evolucionar no significa ser mejor. Esto no es Pokemon. Esto es el mundo real. A ver si será que el problema es que no sabes que es evolucionar y lo tengo que explicar. La biología es una ciencia, que siempre ha fastidiado por ser neutralidad (otra cosa es que determinados científicos no lo sean por convicciones propias poco relacionados con su oficio). Según la ciencia, ningún animal o planta es mejor que otro (ni siquiera nosotros). Todos son importantes para el equilibrio del ecosistema.

    Pero volviendo al tema que nos ocupa ¿Un ejemplo de evolución? El elefante.

    El elefante es un animal migratorio que antiguamente vivió en África y Asia. Solo había un tipo (o eso se cree). Cuando los continentes se separaron (entre mas factores). La especie quedo incomunicada y dividida en dos grupos. Así lo creemos porque son… casi iguales y parecen primos-hermanos por parte de madre (si es que hay otro motivo).


    Con los años… ambos se vieron forzados a vivir separados y en condiciones ambientes muy diferentes. Uno en un desierto y el otro en una selva. ¿Como puede ser que sean parecidos? Demasiada casualidad para un escéptico Darwing. Con una dieta diferente, un clima diferente y unos depredadores naturales diferentes,… Quizás evolucionaron de forma distinta. Sus cuerpos se vieron obligados a potenciar partes distintas de su cuerpo.






    ¿Si viven en lugares tan diferentes como es que son casi iguales?
    Uno vive en la sabana Africana y el otro en la selva Asiática.
    Uno es ENORME, tiene grandes orejas, enormes colmillos y una delgada trompa, mientras el otro es más pequeño, orejas pequeñas, casi SIN colmillos y una robusta y más fuerte trompa (sin mencionar la espalda, entre muchas otras).

    Y así... una animalada de animales (nunca mejor dicho). Pero este se ve mejor.

    En cuanto a los humanos. El humano ya no evolucionara. JAMAS (a no ser que algo cambie). Básicamente por dos razones.

    1.- Es una especie que no pertenece al Reino Animal. Ha creado su propio “naturaleza” y ya no depende del “azar” de las fuerzas de la naturaleza para subsistir.

    2.- Ha destruido todo impedimento geográfico. Cualquier ser humano puede llegar a cualquier punto del mundo y tener hijos y morir allí.

    El hombre no viene del mono. Un mono es un mono y un chimpancé es un chimpancé, aunque es normal que la gente se haga un caos si habla sin ningún tipo de propiedad y sin causa de fundamento. En todo caso el hombre vendría de un simio. Un modelo mucho más anterior a los primates actuales.

    Que es posible que no, que es posible que si. Pues yo que se. Es algo teórico. Me gustaría que me dijeses cuales son las otras posibilidades para poder contrastar. De lo contrario… no puedo pronunciarme. Pues yo no estuve allí, ni tampoco se como piensa Dios o que métodos prefirió durante el Génesis, pero yo descartaría la arcilla (opinión mía no contrastada científicamente).


    PD: ¿Podrías explicar eso de la racionalidad de la fe? o ¿Que es la cosmología quántica? Con un pequeño resumen, me basta.
    Última edición por Naufrago; 28/03/2008 a las 13:22

  10. #10
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Náufrago, tú confundes microevolución (dentro de una misma especie) y macroevolución (pasar de una especie a otra). Tan elefante es el africano como el asiático, y tan perro es el chihuahua como el San Bernardo. Lo que todavía no se ha observado es que una especie se transmute en otra. A ver, ¿dónde están las formas intermedias, sea entre seres vivos o en forma de fósiles? Porque el mundo debería estar lleno de ellas, tanto de fósiles como de seres intermedios entre una especie y otra, o entre por ejemplo reptiles y aves, y todavía no aparecen.

    ¿Tú leíste bien el artículo del Dr. Raúl Leguizamón que abre este hilo? Porque si lo hiciste me parece que fue a toda prisa. No son ideas para no creer en Darwin (se escribe sin g), sino que te pone buenos argumentos científicos. Otra cosa sería que quisieras contraponer otros argumentos científicos o filosóficos; pero al menos trata de rebatir razonadamente lo que dice, en vez despacharlo alegremente diciendo que son "ideas" u “opiniones de gente”. Él tiene estudios y titulación universitarios y sabe cuarenta mil veces más que tú y que yo de medicina y de biología. Lo tuyo si se puede decir que es una opinión (tan respetable como cualquier otra) porque no aduces ningún razonamiento o argumento concreto.

    Y en cuanto a que la evolución sea la piedra angular de la biología me parece descabellado. Si acaso la piedra angular de la biología sería la célula, que es la unidad básica de todo ser viviente, la conexión efectiva entre ellos. Lo otro no es más que una teoría que siguen muchos científicos (pero ojo, hay muchisimos otros que no, aunque la corrección política imperante en el mundo científico no lo pregone mucho o no les dé mucha voz, y haya hecho un dogma de la evolución). La evolución nunca se ha observado ni se podrá observar empíricamente; solo se puede deducir como teoría o como hipótesis a posteriori.

    Los virus a veces mutan, en efecto, pero si una cepa de virus de la gripe se vuelve inmune a los medicamentos a una vacuna, sigue siendo virus de la gripe. Simplemente sobrevivieron los más resistentes. Es supervivencia de los más dotados, pero sigue siendo el virus de la gripe.

    Por supuesto que todos los animales son importantes y cumplen sus funciones en la naturaleza y con miras al equilibrio ecológico. Pero no me digas que tú, que tienes raciocinio e inteligencia superior, que puedes estudiar y filosofar, no eres superior a un chimpacé o a una tortuga. Los animales tienen cierto grado de inteligencia (algunos mucha), pero carecen de intelecto y aplican su inteligencia a sus necesidades cotidianas, para subsistir. Ya me dirás tú si un perro o un canario pueden realizar investigaciones en un laboratorio o elaborar un sistema filosófico. Claro que somo superiores. Esto no es soberbia, es constatar un hecho que salta a la vista.

    Por supuesto que el hombre no viene del mono. De hecho, hoy en día nadie cree eso, sino que (según dicen) procede de un antepasado común. Lo del mono es una forma de generalizar para entendernos. En cuanto a las otras posibilidades, de lo único que se trata es de que con toda evidencia los organismos vivos son tan complejos en cuanto a estructura y funcionamiento que no pueden haber existido formas intermedias ya que si el aparato no está completo no funciona. Ahora bien, se puede creer que haya sido Dios el que lo hizo así, o queseamos producto de experimentos extraterrestres o cualquier otra idea loca (esta última me parece de lo más descabelleda, pero hay quien lo cree). Teorías hay para todos los gustos. A mí me basta con creer que Dios lo hizo todo. Que lo hiciera de esta o de aquella forma o mediante tal o cual sistema no me importa tanto. Me conformo con disfrutar y maravillarme de los resultados. Pero es innegable que no pudo ser un proceso ciego librado al azar. Y en cuanto a lo de la arcilla, coincide bastante con la composicion del cuerpo humano (principalmente agua, y minerales), por lo que aunque se trate de una metáfora, es la más acertada, ya que se aproxima mucho más que las de las cosmologías de muchos pueblos primitivos.

    La fe es racional porque no es un sentimiento ciego e infundado. Si bien tener fe es un don de Dios, la fe también se cultiva y se apoya en la razón, y se sirve de razonamientos. No es conveniente creer ciegamente, porque sí, con la fe del carbonero. Se cuenta que preguntaron a un carbonero ignorante si creía, y dijo que era creyente, pero cuando le perguntaron por qué creía, no supo responder. Porque sí, porque era lo que le habían enseñado, pero de ahí no pasaba. La fe no está reñida con la razón, sino que se sustenta en ellas. Dios mismo es razón, es la Razón, en griego logos, que es la palabra que utiliza el texto original cuando habla del Verbo, es decir de Jesucristo. Dios es la razón de todo y no es un concepto vago, sino pura lógica.

    En cuanto a la cosmología cuántica, ahí me pierdo. La física nunca fue mi fuerte, y menos la cuántica.
    Última edición por Hyeronimus; 29/03/2008 a las 01:22
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  11. #11
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Debes de tener razón. Puede que ese sea mi caso. De pequeño, recuerdo tener verdadera fe en Cristo, pero con los años... Ahora ir a misa ya no me llena. No como antes (aunque la ciencia tampoco lo hace). Quizás no la cultive como debiera. Quizás le tenga muerta. Quizás no.

    Se estima que +80% población mundial cree que hay un tipo de Dios o "algo" que le es muy parecido... aunque no siempre sepan como definirlo con palabras. Tal verdad no puede ser ignorada por el hombre, pero... aunque la fe sea "razonable" es algo que no se le puede exigir a la ciencia. O así creo yo.

    Mi objetivo no era refutar el articulo, sino el de hacerte ver que algo de razón si tiene Darwin (esta vez sin g ). Pero en lo de los seres intermedios... me has matado.

    No se mucho de biología, lo básico, y de paleontología o antropología... lo que he leído en libros de terror o en el cine. Así que... Que hubiese antropólogos que quisiesen hacerse famosos a costa de manipular pruebas o huesos bajo la apariencia de restos de nuevos homínido, pues podría ser. ¿Como no?


    Aunque si la vida empezó bajo el agua (como creen los geólogos), supongo que algunos habrá ¿no? Porque sino, por deducción, me queda o que somos efectivamente extraterrestres o que somos realmente de arcilla. Y me cuesta aceptar eso. Jajaja. No se. Aun espero oír alternativas en ese punto.

    En cuanto a lo de la gripe. Bueno, ya te dicho que mis conocimientos son realmente limitados pero... ¿El VIH no es un nuevo tipo de virus que antes no existía?

  12. #12
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Dices que ya no te llena ir a misa. Te comprendo, porque en muchos sitios la han vaciado y alterado tanto que poco se parece ya a lo que era. Es curioso. Pensaban que con tantas innovaciones y adaptaciones atraerían más a la gente y captarían mejor a la juventud, y han conseguido todo lo contrario, que cada vez la gente tenga menos fe y vaya menos a la iglesia.

    Yo tampoco creo que se le pueda exigir a la ciencia que tenga fe. Fe puede tener o no el científico. La ciencia se limita a investigar y determinar la naturaleza. Pero no tiene por qué estar reñida con la fe si esta está bien fundada.

    Parece que hay bastantes indicios y testimonios de que el virus VIH es producto de manipulaciones en un laboratorio, no algo surgido espontáneamente.
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  13. #13
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Aunque ha pasado tiempo, he estado visitando la web recomendada por Hyeronimus como imprescindible para los partidarios del D.I. y está "kaput", desde luego. Nueve miembros y sólo dos tienen 1 mensaje, dos incorporaciones en 2007 y otras dos en 2008.

    Por otra parte, no hay forma de registrarse, pues directamente al pinchar para aceptar las condiciones, el sistema responde que "ese nombre de usuario no está disponible" y de ahí no se sale. De modo que es una pena, pero así no se puede hacer nada. En cambio, hay que soportar toda una horda de blogs orcos que sólo se expresan mediante gruñidos.

    No obstante, y por si alguien más lo quiere intentar, recuerdo el enlace:

    http://www.ciencia-alternativa.org

  14. #14
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    Yo no participo en el blog de Ciencia Alternativa, pero al menos en su página web tiene buenos artículos y secciones. No he mirado mucho otros blogs, pero algunos enlaces son buenos. De todos modos, a mí me alegran mucho estás iniciativas, aunque desgraciadamente la tengan álgo descuidada, porque en español hay poquísimo sobre el tema, mientras que sobre todo en inglés hay una cantidad tremenda (también he visto algunos sitios buenos en francés y en italiano). Y es una pena que muchos de los sitios que demuestran la falta de rigor científico de la evolución sean de evangélicos y similares, por culpa de la peste modernista que infiltró la Iglesia desde el CVII y la pésima influencia de Teilhard de Chardin, pero de vez en cuando se topa uno con católicos no evolucionistas (casi siempre tradicionalistas, como no podía ser de otra manera).

  15. #15
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    III - EVOLUCIÓN de la teoría EVOLUCIONISTA
    1 - INTRODUCCIÓN
    Las Escuelas Evolucionistas
    La Ciencia busca el conocimiento de las leyes naturales. Estas leyes son universales e inmutables. Descubierta una ley, es siempre comprobada por nuevas experiencias. Así, el descubrimiento de la vacuna oral contra el virus que causa la poliomielitis por Sabin permite que siempre esa vacuna impida que alguien sea victima por la enfermedad.
    Tal cosa no se dio con el evolucionismo y tal no se da. Jamás fue comprobado por hechos o por experiencias. Peor: fue variando su explicación, a la medida que la ciencia progresaba e iba refutando sus errores. La única cosa que el evolucionismo comprobó es que es una teoría en constante evolución. Lo que no comprueba ni su carácter científico, ni su veracidad.
    De cualquier modo que se entienda lo que es una especie, al afirmar que una especie deriva de otra, los evolucionistas tenían que explicar cómo acontecía eso. Desde el inicio, hubo divergencias a respecto de eso entre los evolucionistas, dando origen a varias corrientes o escuelas.
    En el decorrer de su Historia, el evolucionismo presentó las siguientes escuelas o corrientes:
    1a. -- Escuela de Lamarck.
    2a. -- Escuela de Darwin
    3a. – Escuela Néo- Darwinista o Escuela Sintética Moderna
    4a. -- Escuela del equilibrio puntuado

    2 - EL LAMARCKISMO
    Para Lamarck (1744-1829), los seres vivos derivarían unos de los otros por la obediencia a dos leyes:
    1a. ley de los caracteres adquiridos.
    2a. ley de la influencia del medio y del modo de vida
    Lamarck escribió dos obras defendiendo su teoría: “filosofía Zoológica” y “Historia Natural de los Invertebrados”.
    Según Lamarck, el ambiente en que viven los animales y su modo de vida influirían en ellos de modo a adaptarlos cada vez más y mejor a las nuevas condiciones. Los cambios paulatinos adquiridos en la vida de un animal serían transmitidos a sus descendientes. Es la ley de los caracteres adquiridos.
    En la realidad, para Lamarck, las circunstancias ambientales servirían apenas para desencadenar fuerzas inherentes a un organismo, para hacerlo cambiar. Por eso, el Lamarckismo merece, de hecho, el nombre de evolucionismo, pues pretende que principios inherentes al ser vivo son los causantes de su cambio.
    Como prueba de su teoría, Lamarck presentaba el hecho de existir, en seres vivos, algunos órganos atrofiados “por falta de uso”, en cuanto otros órganos se desarrollaban más por el uso exagerado de ellos.
    Ejemplo típico y famoso dado por la escuela Lamarckista como exceso de uso es el del cuello de la jirafa. Conforme Lamarck, la jirafa, no encontrando alimento suficiente en la superficie del suelo, comenzó a procurarlo en lo alto de los árboles. Para esto, ella fue estando obligada a estirar cada vez más su cuello. De este modo, sus hijos comenzaron a nacer con un cuello cada vez mayor. La pobre jirafa, si hubiese desarrollado su enorme cuello para más fácilmente alimentarse de los más tiernos y altos brotes de los árboles, cuanto más crecía su cuello, más difícil le quedaba tomar agua. Jirafal dilema le habría sido escoger entre estirar el cuello para comer, o encogerlo, para beber más fácilmente.
    Ya Cuvier, al hacer el elogio fúnebre de Lamarck, al pié de su sepultura, enterró junto con él su teoría, al señalar que, si es el ejercicio continuo de un órgano lo que provoca su desarrollo, ¿cómo podría haber surgido él, si no podía ejercitarse antes de existir? y, si cuando está semi-desarrollado es inepto para ejercer funciones, ¿para qué serviría el nuevo órgano? Sería, en esa fase, más prejudicial que útil.
    Stephen Jay Gould, a su vez, nos cuenta que las avestruces, aún dentro de sus huevos, ya presentan callosidades típicas de las avestruces adultas, y esas callosidades no surgieron por el uso (S. Jay Gould, El Pulgar del Panda, p. 70).
    Y la gallina de agua, que vive hace tanto tiempo – si no desde siempre -- en los pantanos, no desarrolló una membrana palmiforme en sus patas. No se transformó en palmípeda, aun que eso le habría sido muy útil.
    Es falso, por tanto, que la necesidad crea el órgano o lo transforma.
    El descubrimiento del ácido desoxiribonucléico y de la corriente del DNA probó que todos los caracteres son heredados por vía genética. Además ya se sabía que innumerables caracteres adquiridos durante la vida jamás son heredados. Así, desde que el mundo es mundo, las mujeres, para generar, pierden la virginidad, y ni por eso sus hijas dejan de nacer en estado virginal.
    Completamente refutado por la Ciencia y por la Lógica, la herencia de los caracteres adquiridos del Lamarckismo continúa siendo citada en ciertos libros y en ciertas cátedras, y hasta, veladamente, por connotados autores.
    Por ejemplo, conforme los transformistas, el hueso articular y el hueso cuadrado del maxilar de los reptiles se habría transformado en el martillo y en la bigornia del oído de los mamíferos.
    Ahora ese cambio es absurdo e imposible pues, durante la evolución de una situación para otra, el reptil no podría comer, ya que el maxilar no quedaría preso firmemente en nada. Y antes de terminar la transformación, el animal sería sordo.
    Aún sobre la adaptación del animal al medio, hay un caso bien curioso y que queda bien difícil para la teoría evolucionista explicar: el dilatarse el agua, cuando congela.
    Normalmente, todo cuerpo calentado se dilata, y, enfriado, se contrae.
    Ahora, con el agua ocurre algo muy curioso. Cuando el agua es enfriada, hasta 4º se contrae. Continuando a ser enfriada, entre 4º y 0º vuelve a dilatarse.
    En consecuencia de este hecho, cuando el agua de un lago se congela, se da una dilatación de su volumen, y esto es lo que permite la fluctuación del hielo en el agua. Entretanto, las camadas más profundas del lago no llegan a congelarse, porque quedan sin espacio para dilatación. Por eso, en un lago congelado, las camadas más profundas permanecen siempre a 4º de temperatura y jamás se congelan, lo que permite sobrevivir a la vida lacustre.
    En ese caso, entonces, no fueron los animales y vegetales que se adaptaron al ambiente. Fue el ambiente que se "adaptó" a los seres vivos, para que pudiesen sobrevivir!
    Ahora bien, esto sólo puede ser explicado por una Sabiduría superior que ordenó todo el universo y no por el evolucionismo. A menos que se admita que la materia es inteligente y el agua comprendía que no se podía congelar; si no, mataría todos los peces.

    3 - EL DARWINISMO
    Para Darwin, la evolución se habría dado por la selección natural, a través de la lucha por la existencia.
    Al contrario de lo que afirmaba Lamarck, para Darwin, la causa de la transformación de una especie en otra sería enteramente extrínseca al su organismo. La lucha por la sobrevivencia es que sería el verdadero motor de la evolución, permitiendo que continuasen existiendo apenas las más aptas. Malthus, Adam Smith y la selección artificial del gado practicada por los creadores ingleses es que inspiraran Darwin.
    Darwin consideraba simplista la explicación de Lamarck, pero realmente nunca profundizó el tema.
    "S. A. Barnett lo reconoce expresamente en su volumen de homenaje a Darwin: "El propio Darwin jamás formuló (su teoría de la selección natural) de un modo lógicamente válido" (Ossandón Valdés, op. cit. p. 12).
    Lo que Darwin decía de la selección natural era una mera tautología: la selección natural sólo hace sobrevivir lo más apto, porque sólo lo más apto puede sobrevivir.
    Para Darwin, las especies sufrirían variaciones accidentales pequeñas que, paulatinamente se iban acumulando, y serían transmitidas de generación en generación,
    Toda selección importa en la adopción de un criterio, y todo criterio supone una mente inteligente que lo escoge e impone.
    La naturaleza, de por sí, no causa una selección natural. Ya está visto que muchas especies desaparecieron por simples accidentes naturales. Así, por ocasión de las grandes orogenias, muchas especies desaparecieron con el sumergimiento de continentes enteros y otras desaparecieron por elevación de los fondos oceánicos. Hoy, se imagina que la súbita extinción de los dinosaurios fue debida a algún fenómeno cataclísmico, y no por selección paulatina.
    Por otro lado, si hubiese selección del más apto apenas, con el tiempo, habría una disminución del número de especies, y por fin, quedaría sólo una, lo que no acontece.
    Si los hombres provienen de los macacos por sobrevivencia de los más aptos, ¿cómo entonces continuaron existiendo macacos? siendo menos aptos, todos los que no se transformaron en hombres deberían haber desaparecido.
    Hay macacos aún, y el evolucionismo, a pesar de todas las sus evoluciones teoréticas, continúa afirmando, aún hoy, lo no se comprobó que desde Darwin.
    Además, hoy se sabe que las especies sólo sobreviven en un ecosistema equilibrado, y que la desaparición de una especie tiende a hacer desaparecer otra especie que vivía de ella.
    Además de eso, debería acontecer también una selección dentro de la especie, permitiendo la sobrevivencia apenas de la raza más apta. Con el transcurrir de la evolución entonces, acabaría existiendo una sola especie y una sola raza, lo que es un absurdo.
    Decougis, en su obra “Le vieillisement des êtres vivants” [El envejecimiento de los seres vivos] afirma:
    "La Paleontología nos muestra que las especies fósiles extinguidas son, la más de las veces, especies gigantes o, a veces, enanas, pero preservando siempre trazos de degeneración acromegálica muy acentuados" (Apud Patrick Troadec, op. cit. p. 24).
    Galton descubrió que los caracteres seleccionados por los creadores retornan a su estado primitivo luego que cesa la selección.
    Hugo de Vries concluyó que la selección sólo era posible por saltos y no por cambios lentos y paulatinos como decía Darwin. Y concluyó De Vries que "la selección no conduce al origen de nuevas especies" (Apud Ossandón Valdés, op. cit. p. 13).
    El mismo Ossandón Valdés afirma, en su estudio, que "interesantes experiencias han demostrado que la selección [artificial] tiene limites que es imposible ultrapasar, por más esfuerzos que haga el seleccionador. Simplemente los animales prefieren morir del que continuar cambiando". (Ossandón Valdés, op. cit. p. 12).
    Los conocidos biólogos Kimura y Ohno criticaron mucho la evolución con base en la selección natural. Esos dos científicos insisten en que hay un conservadurismo de las especies, y, como De Vries y Jay Gould, afirman que la evolución se haría por saltos.
    Si hubiese evolución lenta que transformase una especie en otra, deberían existir fósiles intermediarios entre las especies. Ahora bien, tales fósiles nunca fueron encontrados. Veremos más adelante, al estudiar los fósiles, que jamás fueron encontrados los eslabones perdidos entre dos especies.
    El propio Darwin se espantaba con la estabilidad de las especies que las torna tan bien definidas:
    "¿Por qué las especies están tan bien definidas? ¿Dónde están entonces las gradaciones infinitas que mi teoría exige? "
    Darwin tuvo la sinceridad de escribir esto. Los profesores actuales secundarios – e inclusive muchos universitarios -- garantizan a sus alumnos y al mundo, que tales intermediarios fueron encontrados. Juran que sí.
    Si la evolución -- como la defendía Darwin -- fuese verdadera, se deberían encontrar, aún hoy, especies en fase de evolución. Tal cosa no ocurre.
    Los darwinistas se salen de esta dificultad diciendo:
    1 - la evolución exige largo periodo de tiempo para realizarse;
    2 - las condiciones ambientales actuales, diferentes del pasado, no permiten la evolución, hoy.
    Lo que se ha constatado en la investigación paleontológica es exactamente lo opuesto de lo que esperaba Darwin y de lo que decían sus seguidores iniciales. No sólo no fueron encontrados fósiles intermediarios entre dos especies, si no que se hallaron especies que durante los largos periodos en que vivieron jamás evolucionaron. Los llamados “fósiles vivos” están en ese caso.
    Se llaman “fósiles vivos” determinados seres de los cuales sólo se habían encontrado ejemplares fósiles, y de los cuales, posteriormente, se hallaron ejemplares vivos y exactamente iguales a los ejemplares fósiles de millones de años atrás.
    Ejemplo clásico de fósil vivo es el celecanto, pez de que se conocía apenas el ejemplar fosilizado hace 300.000.000 de años. Recientemente, se descubrieron innumerables celecantos vivos exactamente idénticos a los fósiles. El celecanto atravesara 300.000.000 de años sin evolucionar, aun que haya enfrentado las condiciones ambientales en las cuales se pretendía haber sido posible la evolución.
    Hay muchos otros casos de animales que atravesaron prácticamente toda la historia geológica de la tierra y no evolucionaron. La cucaracha está en ese caso. La cucaracha antigua era tan asquerosa cuanto la de nuestros días.
    En cuanto a la argumentación de que la evolución exige largos periodos de tiempo para realizarse, ella va contra el darwinismo. Si eso fuese verdad, cuanto más tiempo llevase una especie para transformarse en otra, mayor número de ejemplares intermediarios deberían haber sido encontrados. Nada de esto se halló fosilizado en la columna geológica.
    Para explicar la súbita y sorprendente aparición de nuevas especies en las camadas geológicas, los evolucionistas recurrieron a la idea de evolución acelerada. En las épocas de cataclismos, en las cuales habría gran posibilidad de desaparecer una especie, por un instinto desconocido e inexplicable, la especie, para sobrevivir, evolucionaría rápidamente para otra forma o especie diferente, capaz de sobrevivir en el nuevo ambiente que se iría a formar. Esto era atribuir a la especie amenazada no sólo capacidad de cambiar, como, más aún, capacidad de prever el cataclismo y cuales serían las condiciones futuras. ¡Realmente quiromántico!
    Esta tentativa de explicación ridícula, cae fácilmente por tierra, porque, si fuese verdadera, deberían existir innumerables ejemplares de fósiles intermediarios entre dos especies, sucediéndose en corto espacio de tiempo. Ahora bien, esto jamás fue constatado.
    Acorralados, los evolucionistas saltaron para otra rama explicativa: la onto-mutación.
    Por onto-mutación entendían que, en una época de peligro, una pareja de una especie generaría directamente un ejemplar de otra especie. La tentativa de explicación era tan absurda y tan ridícula que la lógica, el buen sentido, así como los nuevos descubrimientos científicos - el del ADN – la hicieron caer rápidamente en el olvido.

    4 -- EL NEO-DARWINISMO, EL EVOLUCIONISMO SINTÉTICO
    La llama del neo-Darwinismo fue iniciada por Hugo de Vries (1848-1935). Su tesis era que, en determinada raza pura aparecerían mutantes que transmitirían a sus descendientes sus nuevos caracteres, surgiendo así nuevas especies.
    Considerando los descubrimientos de la genética, quedó imposible sustentar la teoría de la herencia de los caracteres adquiridos. Todo lo que aparece en una especie está ya determinado en su información genética.
    Ocurre, sin embargo, que pueden darse mutaciones genéticas espontáneas cuyas causas no son aún muy claras. Pronto, los evolucionistas recurrieron a la hipótesis de que acumulándose mutaciones accidentales se podría haber causado la evolución.
    Esto también es imposible.
    Las mutaciones son raras. Su tasa corresponde a 1 por 100.000. La probabilidad de apenas dos mutaciones correspondiendo a de los caracteres distintos está en la proporción de 1 para 10.000.000.000. ¡Una posibilidad para 10 000 millones! Tales mutaciones no pueden ser dirigidas y, además de eso, las mutaciones son en general nocivas. Una tasa de 12 mutaciones, normalmente, es letal para un organismo.
    La baja tasa de mutación espontánea es decurrente de la alta eficacia del sistema de reparos del DNA de que los organismos están dotados. Tales mecanismos de reparo son una prueba de que las mutaciones son indeseables para la especie, que apunta a mantenerse estable, además de demostrar un orden bastante grande, inclusive hasta en el nivel molecular.
    Cuando el DNA se presenta danificado por una mutación, se activa un elaborado sistema de reparación, compuesto por una serie de enzimas y mecanismos. Tal sistema está presente desde en una simple bacteria Gram Negativa, como la Escherichia coli, hasta en mamíferos superiores y en el hombre. En esa bacteria citada, hay por lo menos cinco mecanismos diferentes de reparación del DNA mutado: el reparo dependiente de luz la foto reactivación, reparo por escisión, reparo de mal apareamiento, reparo polvos-replicación y sistema de reparo libre de error (Cf. Simmons. Fundamentos de la Genética. Río de Janeiro: Guanabara Koogan, 2001, pp. 332-336).
    En los hombres, a excepción de la foto reactivación (la mayoría de las células humanas no están expuestas a la luz), todos esos mecanismos fueron comprobados y hubo otros mecanismos propios de la especie (Cf. Simmons, 2001; Lewontin. Genética Moderna. Río de Janeiro: Guanabara Koogan, 2001, pg. 192-197; Bottino. Genética. Río de Janeiro: Guanabara Koogan, 1991, pg. 216-219).
    Las mutaciones no letales constatadas afectan apenas puntos accesorios o entonces producen degeneraciones, además de, en la mayor parte de las veces, causar esterilidad en el individuo mutado, lo que impide la transmisión del carácter mutado.
    A pesar de todo esto, y apenas para argumentar, si las mutaciones hubiesen sido las causantes de la evolución de una especie a otra, esto habría ocurrido:
    a) o por acaso;
    b) o por error genético;
    c) o por tentativa, buscando un progreso vital;
    d) o por cálculo inteligente.
    Si la evolución hubiese ocurrido simplemente por acaso, sería inexplicable y absurdo que los millones de acasos necesarios para evolucionar de la primera molécula hasta el hombre hubiesen producido una secuencia tan perfecta y tan sabiamente ordenada para mejor. Es contra la inteligencia afirmar que millones de acasos hubiesen como resultado un orden y una secuencia tan excelentes.
    También es inadmisible imaginar que millones de errores genéticos hubiesen producido efectos cada vez más complejos, y, al mismo tiempo, pero cada vez más ordenados, aún más si tenemos en mente el sistema del DNA.
    Si la evolución hubiese sido producida por tentativas de encontrar mejores soluciones para adaptaciones a nuevos ambientes, la Matemática demostró que ni habría tiempo, ni material en el universo para posibilitar la realización de la evolución por tentativas.
    Émile Borel calculó matemáticamente lo que llamó límite de imposibilidad en cuanto a la posibilidad de un acontecimiento. Así, demostró que el límite de imposibilidad cósmica es del orden de 10 elevado a la potencia 200. Esto es de una posibilidad para seguido de 200 ceros. De ese modo, “acontecimientos notables de probabilidad suficientemente débil, no se producen”. Y ese matemático, en la conclusión de su trabajo dice:
    “Un acontecimiento muy poco probable no se puede realizar”.
    Aplicando esas conclusiones de Borel al campo de la biología, Georges Salet calculó que para las mutaciones produjeren apenas un órgano minúsculo, la edad de la tierra tendría que ser multiplicada por un número indicado por 1 seguido de varias centenas o millones de ceros. Esto es, ¡el tiempo necesario para que la evolución se hubiese dado por mutaciones sería superior a la edad del universo!
    Para una simple bacteria producir, por mutaciones al acaso, un metazoario, el límite de imposibilidad estaría de lejos ultrapasado. Esto es, la bacteria no puede haber producido el metazoario por mutaciones al acaso.
    Restaría una evolución dirigida por cálculo inteligente. En este caso, o se admite que la propia materia bruta es inteligente, y se cae en la Gnosis, como ocurrió con la doctrina del Padre Teilhard de Chardin, o se admite una Inteligencia trascendente a la materia, esto es Dios.
    Pero, si se tiene que admitir que Dios guió la evolución, todo el evolucionismo materialista cae por tierra. Y más. Si se acepta que Dios existe y que El guía la evolución, la discusión deja de ser biológica, para tornarse teológica. En este caso, no se podría negar la creación tal cual fue revelada en las Sagradas Escrituras.
    Es claro que el evolucionismo derrotado y en fuga, va a agarrarse al evolucionismo moderado, esto es a aquel que admite la evolución biológica de los primates, después de que Dios habría infundido un alma racional en un macaco, para crear el primer hombre, Adán.
    Este evolucionismo mitigado o religioso es talvez, y en cierto sentido, aún más absurdo y contradictorio que el evolucionismo materialista. Pero, como su refutación exige argumentos de otra naturaleza que la biológica, trataremos de eso, más tarde.
    Actualmente, inclusive hasta científicos evolucionistas reconocen que es imposible atribuir a las mutaciones la causa de la evolución.
    El científico ateo y evolucionista Jean Rostand afirmó:
    “Las mutaciones, que se quieren tornar responsables por la evolución del mundo vivo, son privaciones orgánicas, son deficiencias, pérdidas de pigmento o desdoblamientos de órganos. Nada traen de nuevo, de original en el plano orgánico y funcional, nada que sea el fundamento o el comienzo de un nuevo órgano. No, no puedo pensar que el ojo, el oído y el cerebro se hayan formado de ese modo.” (J. Rostand, apud P. Troadec, op. cit. p.15).

    5 -- ESCUELAEVOLUCIONISTA del “EQUILÍBRIO puntuado”
    Constatada la inexistencia de fósiles intermediarios, Stephen Jay Gould, Nils Elredge y Steven Stanley propusieron la teoría del "equilibrio puntuado".
    Darwin afirmara que la evolución se diera en un proceso extremamente lento y que exigía la existencia de los intermediarios. Era la teoría que recibió el nombre de “gradualismo filético”. Vimos que, teniendo en vista las fallas de la escuela darwiniana, los evolucionistas crearon la teoría del “evolucionismo sintético”. El estudio más apurado de las mutaciones genéticas comprobó que también el evolucionismo sintético estaba errado.
    Por todo eso, y teniendo en cuenta que la total ausencia de los intermediarios entre las varias especies, en el registro fósil, los científicos supra citados, con ocasión del centenario de Darwin, en 1960, presentaron una nueva teoría evolucionista: la del “equilibrio puntuado”.
    Tal teoría parte de la constatación de que no existen, en el registro fósil, pruebas de una evolución lenta de una especie a otra. Se verifica que las nuevas especies surgen abruptamente ya perfectamente formadas y así permanecen por largos periodos de tiempo, en la escala de los millones de años. A esa estabilidad de las especies Gold, Elredge y Stanley llaman de “fase de equilibrio”. Es esto lo que se constata en los fósiles. Entonces, por una razón que no se conoce, un pequeño número de ejemplares de una especie se aísla de su especie, y, también por razones desconocidas, rápidamente evoluciona para una nueva especie. La evolución habría sido tan rápida que no habría dejado pruebas fósiles de su realización. A este periodo, relativamente corto, de evolución acelerada, lo llaman de “periodo puntuado”.
    La nueva teoría evolucionista del “equilibrio puntuado” es así enteramente gratuita: no explica porque un grupo se aísla, ni dice porqué evoluciona, ni porqué evoluciona rápidamente. De este modo, en cuanto el evolucionismo clásico, durante un siglo, procuró los eslabones perdidos de la evolución, porque solamente su existencia comprobaría realmente la teoría evolucionista, ahora, la teoría del “equilibrio puntuado” da como prueba de la veracidad de la evolución de las especies exactamente la inexistencia de los fósiles intermediarios entre una especie y otra.
    De esta forma, el evolucionismo sería cierto, porque se encontrarían los eslabones perdidos. Era sólo una cuestión de tiempo y de búsqueda. Ahora, el evolucionismo tiene que ser aceptado, porque los eslabones perdidos nunca existieron. Pero, el dogma de la evolución tiene que ser aceptado, porque es un dogma.
    Se verifica pues que, en la historia de la teoría de la evolución, la única cosa que realmente evoluciona es la propia teoría. Como los macacos, ella salta de rama en rama...


    Fedeli, Orlando - "EVOLUCIONISMO:¿DOGMA CIENTÍFICO O TESIS TEOSÓFICA?"
    MONTFORT Associação Cultural
    http://www.montfort.org.br/index.php...nismo&lang=esp
    Pious dio el Víctor.

  16. #16
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    Re: La ciencia contra la fe... darwinista

    IV - ¿EL EVOLUCIONISMO ES CIENTÍFICO?
    1 - FRAUDES, CONTRADICCIONES, AFIRMACIONES GRATUITAS DE LOS EVOLUCIONISTAS
    Cuando alguien intenta probar algo por medios fraudulentos, esto se constituye en una confesión de que se reconoce que no se tienen pruebas reales de aquello que se quiere probar.
    Ahora, en el decorrer de su historia, el evolucionismo recurrió muchas veces a falsificaciones fraudulentas, para convencer a la comunidad científica y al público que el hombre provino de un animal inferior y que, por tanto, no habría sido creado por Dios. Nunca hubo, en la Historia de la Ciencia, una teoría que quedó viciada, en su historia, de tantos fraudes cuanto el Evolucionismo. A pesar de esto, continúa siendo presentado como verdadero.
    Trataremos de los fraudes más famosos practicados por científicos famosos, cuando analizamos los fósiles humanos.
    Las contradicciones también son muy comunes.
    Actualmente, por ejemplo, los paleontólogos y los biólogos evolucionistas no están de acuerdo con respecto de la edad del Hombre.
    Los paleontólogos atribuyen a los fósiles hominídeos o humanos edades fabulosas que llegan a 3 millones de años. Los biólogos son mucho más modestos en sus cifras.
    En 1987, biólogos moleculares americanos, comparando el material genético del lado materno de poblaciones de varios continentes, llegaron a la conclusión de que todos los hombres descienden de una única madre. Entonces habría existido realmente una “madre de todos los vivientes” humanos, expresión que es designada en la Escritura con el nombre de Eva.
    Más importante es la edad que esos biólogos calcularon para la aparición de esa madre única: aproximadamente 200.000 años.
    Ese número provocó enormes protestas de los paleontólogos, pues que afirmaba implícitamente que todos los fósiles antiquísimos que han sido presentados como antepasados del Hombre, o inclusive como hombres primitivos, quedaban descalificados.
    ¿En qué Ciencia creer? ¿En la Paleontología o en la biología? Dilema angustiante para los que creen ciegamente en las pruebas de la Ciencia.
    Teniendo en cuenta tantas variaciones, fraudes, contradicciones y absurdos anti-científicos de la Historia de la teoría evolucionista, no es de espantar que Marcel de Corte haya dicho de ella:
    “El evolucionismo toca las campanas para el funeral de la inteligencia. La inteligencia está en peligro de muerte”

    2 - OPINIONES DE CIENTÍFICOS CONTRA LA TEORÍA EVOLUCIONISTA
    Desde la aparición de la teoría darwinista, suscitó objeciones que la ciencia ha confirmado.
    En 1871, St George Mivart levantó argumentos que continúan en pié contra el evolucionismo darwinista:
    “Lo que cabría alegar (contra el darwinismo), podría ser resumido de la forma siguiente: que la “selección natural” es incapaz de explicar las etapas incipientes de las estructuras útiles. Que no se armoniza con la coexistencia de estructuras muy semejantes, de origen diferente. Que hay fundamentos para pensar que diferencias específicas pueden ser desarrolladas súbita, y no gradualmente. Que aún es sustentable la opinión de que las especies tienen límites definidos, aunque muy diferentes, para su variabilidad. Que ciertas formas transicionales fósiles están ausentes, cuando se podría esperar que estuviesen presentes... Que hay numerosos fenómenos notables en formas orgánicas sobre los cuales la “selección natural“ poco tiene que decir” (Apud M. Behe, op. cit. p. 39).
    Y varios de estos argumentos aún no fueron respondidos, y, después de un siglo de investigaciones y de propaganda masiva continúan en pié.
    En los últimos tiempos, muchos científicos se han pronunciado contra la teoría evolucionista, y especialmente contra el darwinismo. Michael Behe da muchas citas de científicos famosos que se mostraron desilusionados con el darwinismo. Estas son algunas de esas citas:
    Richard Goldschimidt, famosos genetista, ya en la década de 1940 -- por tanto bien antes del descubrimiento del DNA y del desarrollo de la Bioquímica -- se mostraba desencantado con la teoría evolucionista darwiniana, llegando entonces a proponer la teoría del llamado “monstruo esperanzado”: un reptil, por ejemplo, podría tener un huevo del cual habría nacido un ave. (Cfr, M. Behe, op. cit. p. 35).
    El famoso paleontólogo Nils Elredge - fundador con Jay Gould de la teoría evolucionista del “equilibrio puntuado” -- declaró:
    “No es de espantar, que los paleontólogos hayan ignorado la evolución por tanto tiempo. Aparentemente, ella jamás ocurre. La colecta cuidadosa de material en la superficie de peñascos muestra oscilaciones en zig-zag, pequeñas, y una acumulación muy rara de leves cambios – en el decorrer de millones de años, a una tasa demasiado lenta para explicar todo el cambio prodigioso que ocurrió en la historia evolutiva. Cuando vemos la aparición de novedades evolutivas, eso ocurre en general con un estruendo y, no raro, sin ninguna prueba sólida de que los fósiles no evolucionaron tampoco en otros lugares! La evolución no puede estar ocurriendo siempre en otros lugares. Aún así, fue de esa manera que el registro fósil pareció a mitos desesperados paleontólogos que querían aprender alguna cosa sobre la evolución “. (M. Behe, op. cit., p. 36).
    Dos biólogos ingleses Mae-Wan Ho y Peter Saunders afirman:
    “Pasó aproximadamente medio siglo desde la formulación de la síntesis neo darwiniana. Gran volumen de investigación fue realizado dentro del paradigma que define. Aún así, los sucesos de la teoría se limitan a las minucias de la evolución, tal como el cambio adaptativo de la coloración de mariposas, al mismo tiempo que poquísimo tiene que decir sobre las cuestiones que más nos interesan, como, para comenzar, de qué manera surgieron las mariposas” (Apud M. Behe, op. cit. p. 37).
    El genetista John McDonald muestra un enigma inexplicable para el darwinismo:
    “Los resultados de los últimos veinte años de investigación sobre la base genética de la adaptación nos llevaron a una gran paradoja darwiniana. Aquellos [genes] que son obviamente variables en poblaciones naturales no parecen constituir la base de muchos de los grandes cambios de adaptación, en cuanto que aquellos [genes] que parecen constituir, de hecho, el fundamento de muchas, si no de la mayoría, de los grandes cambios de adaptación, aparentemente no son variables en poblaciones naturales “.
    En otras palabras, los genes que varían, no causan cambios;
    los genes que no varían, causarían adaptaciones.
    ¡Exactamente lo opuesto a lo que exige el darwinismo!
    Jerry Coyne, del Departamento de Ecología y Evolución de la Universidad de Chicago sentencia:
    “Concluimos -- inesperadamente -- que hay pocas pruebas que sustenten la teoría neo darwiniana: sus aliceres son débiles, así como las evidencias experimentales que la apoyan” (Apud M. Behe, op. cit. p. 37).
    Otro genetista, John Endler, de la Universidad de California, afirmó:
    “Aun que se sepa mucha cosa sobre mutación, aún es, en la mayor parte, una "caja negra” en lo que dice respecto a la evolución. Funciones bioquímicas nuevas parecen ser raras en la evolución, y la base de su origen es virtualmente desconocida” (apud M. Behe, op. cit. p. 38).
    También los más recientes estudios matemáticos se han mostrado contrarios a la teoría evolucionista. Hubert Yockey, teórico de la información, dice que la “información necesaria para iniciar la vida no podría haber surgido por acaso, y sugiere que la vida sea considerada un dato, como la materia y la energía” (M. Behe, op. cit. p. 38).
    En un simposio de matemáticos y biólogos realizado en 1966 en el Wistar Institute de Filadélfia, los matemáticos mostraron que el tiempo para que hubiese las mutaciones necesarias para la formación de un ojo era absolutamente insuficiente para que esto se hubiese dado, y concluyeron:
    “Hay una gran laguna en la teoría neo darwiniana de la evolución, y creemos que ella es de tal naturaleza que no pueda ser conciliada con la concepción corriente de la biología” (Apud M. Behe, op cit. p. 38).
    Inclusive quien no niega frontalmente el darwinismo, lo pone en duda.
    Martin Kauffman, del Santa Fe Institute, escribió:
    “Darwin y la evolución nos dominan, cualesquiera que sean las quejas de los científicos creacionistas. ¿Pero será correcta esa tesis? Mejor aún, ¿será adecuada? Creo que no. No es que Darwin haya errado, sino, comprendido apenas parte de la verdad”. (Apud M. Behe, op. cit. p. 38).
    Es bien difícil entender como Darwin elaboró una teoría no “correcta”, ni “adecuada”, y, al mismo tiempo, que no fuese “errada”. Véase en esa declaración el temor de contrariar el evolucionismo, ese ídolo del mundo moderno.
    Klaus Dose, ilustre científico especializado en el problema del origen de la vida, concluyó:
    “Más de treinta años de experimentación sobre el origen de la vida en los campos de la evolución química y molecular llevaron a una percepción más clara de la enormidad del problema de su aparición en la tierra, en vez de a su solución. Actualmente, todas las discusiones sobre los principales experimentos y teorías en ese campo terminan en un impase o en una confesión de ignorancia" (Apud M. Behe, op. cit. p. 172).
    Michael Behe:
    “La afirmación de la existencia de la evolución molecular darwiniana es simplemente bazofia”
    De ahí, el propio Michael Behe, al final de su libro, concluye que:
    “La evolución molecular no se basa en autoridad científica. No hay publicación en la literatura científica -- revistas de prestigio, revistas especializadas o libros -- que describa cómo la evolución molecular de cualquier sistema bioquímico real, complejo, ocurrió o podría haber ocurrido. Hay afirmaciones de que tal evolución ocurrió, pero ninguna de ellas con base en experimentos o cálculos pertinentes. Una vez que nadie conoce la evolución molecular por experiencia directa, y también por no haber autoridad sobre la cual fundamentar argumentos de conocimiento, podemos decir con convicción que -- tal como a argumentación de que nuestro equipo vencerá el campeonato este año -- la afirmación de la existencia de la evolución molecular darwiniana es simplemente bazofia.” (M. Behe, op. cit. P. 189).
    Fue exactamente después de que tantos científicos de renombre se declararon escépticos o contrarios a la teoría darwinista que Juan Pablo II afirmó que la evolución dejó de ser una hipótesis para ser una teoría científicamente comprobada.
    “Hoy, casi medio siglo después de la Encíclica [Humani Generis, de Pío XII] nuevo conocimiento llevó al reconocimiento en la teoría de la evolución de que ella es más que una hipótesis. Es, en la verdad, notable que esta teoría ha sido progresivamente acepta por los investigadores, siguiendo una serie de descubrimientos en varios campos del conocimiento. La convergencia, ni pensada, ni fabricada, de esos resultados de trabajo conducidos independientemente, es, en si misma, un argumento significativo en favor de esa teoría”. (Juan Pablo II, Mensaje a la Pontificia Academia de Ciencias, 22 / X / 1996).
    Curiosamente, el mismo año en que Michael Behe publicó su libro mostrando que genetistas, bioquímicos, matemáticos, paleontólogos, biólogos, dudan o niegan el evolucionismo darwinista en nombre de la Ciencia, concluyendo que “la evolución molecular darwiniana es una bazofia”, el Papa Juan Pablo II declara que las investigaciones científicas más recientes permiten afirmar que el evolucionismo dejó de ser hipótesis para ser teoría científicamente comprobada...

    3 - EL ORIGEN DE LA VIDA - TENTATIVAS MAQUINISTAS PARA PRODUCIR VIDA
    Como vimos, no es posible discutir la doctrina evolucionista sin focalizar el problema del origen de la vida. Para los evolucionistas, la vida no es un hecho que transcienda el puro reino mineral. Defendiendo el más radical igualitarismo metafísico y el "maquinismo", los evolucionistas tienen que buscar el surgimiento de la vida en meras combinaciones químicas.
    Desde los años 50, la Bioquímica hizo enormes progresos. El microscópico electrónico permitió grandes avances en el conocimiento del funcionamiento y de la estructura celular. Darwin desconocía completamente el por qué si daban modificaciones en una especie, y a pesar de ese desconocimiento lanzó la hipótesis del cambio de especie para otra especie. Fue sólo con las sofisticadas técnicas descubiertas en este siglo que se hizo posible examinar el nivel básico de la vida, y, ese examen descalificó las pretendidas explicaciones darwinianas.
    "Aunque la ciencia haya hecho enormes progresos en la comprensión de cómo funciona la química de la vida, la sofisticación y la complejidad de los sistemas biológicos a nivel molecular paralizaron sus tentativas de explicar las orígenes de los mismos. No hubo virtualmente tentativa alguna de la ciencia de explicar el origen de sistemas biomoleculares específicos, complejos, y muy menos cualquier progreso en ese sentido muchos científicos afirmaron valerosamente que ya tiene explicaciones, o que las tendrán más temprano o más tarde, pero ningún apoyo para esas argumentaciones se puede encontrar en la literatura científica. Más importante aún, hay razones irresistibles -- basadas en la propia estructura de los sistemas -- para pensarse que una explicación darwiniana de los mecanismos de la vida será siempre engañosa" (Michael Behe, op. cit. p. 8).
    En la década del 50, en la Universidad de Chicago, Stanley L. Miller, joven de 23 años, habría conseguido reproducir en laboratorio, las condiciones existentes en la tierra, en la época en que habría surgido la vida. El colocó en un aparejo metano, amonio, hidrógeno y agua. A continuación, produjo una descarga eléctrica y calor. Después de algunos días, Miller encontró, en su aparejo, una sustancia rojiza. Sometiéndola a análisis, constató que eran amino-ácidos, esto es, el compuesto orgánico necesario para formar proteínas, el elemento básico para la vida.
    Stanley L. Miller publicó, entonces, un pequeño artículo de dos páginas, en la revista Science, narrando su experiencia.
    La repercusión del artículo fue enorme. Se decía que quedaba comprobado que la vida provenía de puras reacciones químicas. Miller habría hallado la "receta" del origen de la vida y de su "sopa primordial".
    Hasta hoy, en los arrabales suburbanos de la ciencia y de la cultura, continúa a ser citada la famosa "sopa primordial" de Stanley Miller, aunque ya hace tiempos, haya sido retirada del menú científico evolucionista más desarrollado. El propio Stanley Miller -- que se hiciera profesor de Química, en la Universidad de California, en San Diego, declaró:
    "El problema del origen de la vida se reveló mucho más difícil de lo que yo, y muchas otras personas, juzgábamos" (John Horgan, artículo In the begining..., revista Scientific American, febrero de 1991, p. 101).
    En 1953, James D. Watson y Francis H. C. Crick descifraron la estructura del ácido deoxiribonucléico (DNA) que proporciona las informaciones para las células "construir" y organizar las proteínas
    El descubrimiento de Watson y Crick trajo problemas para la "sopa primordial" de la vida como fuera sugerida por Stanley Miller.
    Crick y Watson mostraron que las proteínas son formadas de acuerdo con las instrucciones codificadas en el DNA. Acontece sin embargo que el DNA es incapaz de hacer esto -- inclusive de hacer más DNA -- sin la ayuda de proteínas catalíticas, o enzimas. En suma, proteínas no pueden formar proteínas sin DNA, pero ni el DNA se forma sin proteínas. Se cae entonces en el problema de la gallina y del huevo. Sin huevo, no nacen gallinas, pero sin gallina no se tienen huevos. Sin proteína, no hay DNA, pero sin DNA, no se forman proteínas. Impase.
    En los años 80, Thomas R. Cech de la Universidad del Colorado, y Sidney Altman de la Yale University, intentaron solucionar el problema sugiriendo que el RNA habría sido la primera molécula auto-reproductora. Sólo no se había aún mostrado cómo ella podría hacer eso sin la ayuda de enzimas. Cech y Altman descubrieron entonces que ciertos tipos de RNA podían actuar como sus auto-enzimas esto les valió el premio Nobel de 1989. El RNA servía de generador y catalizador, al mismo tiempo.
    Nuevas experiencias parecerán comprobar que el RNA estaba en el origen y en la explicación de la vida.
    Entretanto el entusiasmo evolucionista y ateo tuvo poca duración. Otros problemas surgieron.
    ¿Cómo se formó el primer RNA? Si es una sustancia difícilmente producida en laboratorio, con condiciones ideales, mucho más difícilmente sería producido en la naturaleza.
    ¿Como el fósforo -- relativamente raro en la naturaleza como sustancia -- se hizo un ingrediente tan crucial en el RNA y en el DNA?
    Más aún. Sintetizado el RNA sólo es capaz de hacer copias de si mismo con una gran ayuda del científico. En el decir de un científico, "el RNA es una molécula inepta, especialmente si es comparada con proteínas" (John Horgan, art cit. p. 103).
    Actualmente, los investigadores consideran que "una simple bacteria es tan terriblemente complicada que, desde el punto de vista de un químico, es casi imposible imaginar como aconteció" (Harold P. Klein, de Santa Clara University, apud J. Hoargan, art. cit. p. 104).
    Por otro lado, es preciso tener en cuenta con mucho cuidado cuáles habrían sido las condiciones existentes en la tierra, cuando la vida habría surgido. Es una ilusión imaginar que las condiciones existentes entonces eran más o menos las actuales.
    J. William Schopf, de la Universidad de California, en Los Angeles, calculó que las primeras señales de vida - probablemente en forma de algas - habrían surgido hace cerca de 3.500.000.000 de años. Según Manfred Schidlowski del Instituto Max Planck de Química de Mainz, habría evidencias de existencia de organismos capaces de realizar fotosíntesis hace 3.800.000.000 de años. Entretanto, Roger Buck, un paleontólogo australiano juzga que los datos que señalan la existencia de vida hace 3 500 o 3 800 millones de años son dudosos, y los llama de "dúbio-fósiles". Para Roger Buck los primeros fósiles evidenciando clara estructura celular datan de 3 100 o 3 200 millones de años.
    David J. Stevenson, del Instituto de Tecnología de la California, y Norman H. Sleep, de Stanford, trabajando independientemente uno del otro, demuestran que el bombardeo de meteoritos sufrido por la tierra en sus primordios fue tan intenso y terrible que, el calor producido por los impactos podría vaporizar océanos y levantarían inmensas nubes de polvo, de tal modo que toda vida incipiente habría sido destruida, especialmente la vida que dependiese de fotosíntesis. Calcularon que es sólo al rededor de 3 800 millones de años atrás que habría sido posible surgir vida.
    Más aún. Parece que la composición de la atmósfera terrestre en esa época "no habría favorecido la síntesis de compuestos orgánicos, tanto cuanto se había pensado" (J. Hoargan, art cit. p. 105).
    Reconstrucciones en laboratorio computarizadas de la atmósfera de entonces, realizadas por James C. G. Walter de la Universidad de Michigan, en Ann Arbor, sugieren que las radiaciones ultra-violeta provenientes del Sol, y que hoy son bloqueadas por la capa de ozono, habrían destruido las moléculas basadas en hidrógeno, y el hidrógeno libre habría escapado hacia el espacio. La atmósfera de ese tiempo tendría, como mayores componentes, dióxido de carbono y nitrógeno, expelidos por los volcanes. Tal atmósfera no habría sido favorable a la síntesis de amino-ácidos y otros precursores de la vida.
    Las dificultades para explicar el origen de la vida, desde un punto de vista puramente naturalista, son tan grandes que algunos comenzaron a levantar hipótesis sobre la venida de simientes de vida de fuentes extra-terrestres. Ahora, esto empujaría el problema hacia otros mundos, - sería una nueva ciencia "del otro mundo" -- pero no explicaría cómo la vida habría surgido allá. Además, la migración a la tierra de elementos vivos traídos por meteoritos no tiene en cuenta que, el calor producido por el impacto sería suficiente para destruir toda simiente de vida que por acaso existiese en ellos. Más aún, muchos científicos contestan esa hipótesis afirmando que jamás se encontraron microbios en el espacio, y que el ambiente espacial es adverso a la vida.
    Orgel y Crick, en los últimos años, lanzaron la "idea" -- como una especie de broma, vistas las dificultades y el berenjenal en que se metió la ciencia para explicar el origen de la vida -- que la vida llegó la tierra por medio de naves espaciales provenientes de otro planeta.
    "Como Crick escribió una vez: "El origen de la vida aparece casi como un milagro, tantas son las condiciones que eran necesarias para que se diese" (J. Hoargan, art. cit. p. 109).
    Milagro... los científicos modernos lo admiten, desde que sea hecho por la naturaleza y no por Dios.
    Tales son las dificultades encontradas por la ciencia para explicar el origen de la vida, y tan grandes han sido los fracasos del cientificismo racionalista en ese campo que Klaus Dose expresó todo el pesimismo reinante con las siguientes palabras:
    "Más de treinta años de experimentación sobre el origen de la vida en los campos de la evolución química y molecular llevaron a una percepción más clara de la enormidad del problema de su aparición en la tierra, en vez de a su solución. Actualmente, todas las discusiones sobre los principales experimentos y teorías en ese campo terminaron en un impase o en una confesión de ignorancia" (Apud M. Behe, op. cit. p. 172).
    "Nunca hubo conferencia, libro o artículo sobre detalles de la evolución de sistemas bioquímicos complejos" (...) "Una vez que acabamos de ver que la literatura bioquímica no contiene trabajos o libros que expliquen, en detalle, cómo podrían haber surgido sistemas complejos, ¿por qué, a pesar de eso, el darwinismo es aceptado por muchos bioquímicos? una parte importante de la respuesta es que les fue enseñado, como parte de formación bioquímica, que el darwinismo es verdad" (M. Behe, op. cit. p. 183).
    "La Bioquímica, en la verdad, reveló un mundo molecular que resiste bravamente a la explicación por la misma teoría por tanto tiempo aplicada en el nivel del organismo completo. Ninguno de los dos puntos de partida de Darwin -- el origen de la vida y el origen de la visión -- fue explicado por su teoría. Darwin nunca imaginó la complejidad extrañamente profunda que existe hasta en los niveles más básicos de la vida " (M. Behe, op. cit. p. 177).
    Cuando los mayores científicos naturalistas confiesan estar en ese impase, ¿de dónde viene la certeza de tantos profesores, en Brasil, de que la ciencia ya explicó el origen de la vida?
    El Profesor Dr. Klaus Dose, uno de los mayores nombres en el problema sobre el origen de la vida afirma: “En el momento presente todas las discusiones en las principales teorías y experimentos en el campo o terminan empantanadas o en una confesión de ignorancia (art. The Origin of life: More Questions Than Answers. Interdisciplinary Science Review, 1988). En este artículo, el Dr. Dose muestra lo insostenible de las teorías desde el neo vitalismo hasta las más recientes.
    Como nota Michael Behe, "privadamente, muchos científicos admiten que la ciencia no tiene explicación para el inicio de la vida" (M. Behe, op. cit. p. 176). Pero, en público, temen decir lo que piensan... ¿Por qué? Pero lo que nunca queda evidenciado es que muchos defienden, hoy, el evolucionismo más por "Fe" en la evolución que por comprobaciones científicas.
    La evolución es un dogma de una fe panteísta o gnóstica. Es un dogma religioso y no una verdad científica.


    Fedeli, Orlando - "EVOLUCIONISMO:¿DOGMA CIENTÍFICO O TESIS TEOSÓFICA?"
    MONTFORT Associação Cultural
    http://www.montfort.org.br/index.php...nismo&lang=esp
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    Respuesta: La ciencia contra la fe... darwinista

    Estimados amigos: dejo aquí colgado otro artículo del Dr. Raúl Leguizamón, complementario del que diera origen a este hilo.

    A los interesados les comento que en mi blog, buscando en la etiqueta evolucionismo, hay unos 20 artículos sobre este tema, incluyendo algunos libros virtuales del propio Dr. Leguizamón.

    Vuestro en Xto Rey

    Cruzamante




    La cosmovisión de los evolucionistas


    por el
    Prof. Dr. Raúl Leguizamón


    Tomado del Blog de Cabildo



    unca como en nuestra época se vio una devaluación tan atroz de la vida humana, una brutalización tan acusada de la sociedad, una regresión tan vertiginosa a la barbarie. Las consecuencias están a la vista, no sólo las delictivas (robos, secuestros, asesinatos, salvajismo social sin precedentes), sino también las más o menos toleradas y aceptadas socialmente: control de la natalidad, eutanasia, castración química o quirúrgica, manipulación genética, fertilización “in vitro”, experimentación con embriones humanos, clonación “terapéutica” y otras lindezas por el estilo.

    El fenómeno causal es ciertamente complejo y susceptible de ser analizado desde varias perspectivas, pero parece evidente que uno de los factores capitales fue la paulatina pérdida del sentido de lo sacro en general, y de lo humano en particular. De allí se sigue la pérdida del sentido del pecado, obviamente inconcebible en un mundo desacralizado.

    De los diversos aspectos del problema hay que subrayar la conexión causal que interviene en este proceso, referida al papel que el evolucionismo o darwinismo jugó en la conformación de la mentalidad moderna, algo que de teoría científica sólo tiene el nombre, porque se trata en realidad de una vasta cosmovisión inmanentista, naturalista y materialista, elaborada para negar la creación.

    Es innecesario insistir en la naturaleza esencialmente filosófica o cosmovisional del evolucionismo. Sólo traeré a colación palabras del famoso genetista Theodosius Dobzhansky, quien decía: “La evolución comprende todos los estadios del desarrollo del universo: cósmico, biológico, humano y cultural. Los intentos de restringir el concepto de la evolución a la biología son injustificados. La vida es un producto de la evolución de la naturaleza inorgánica, y el hombre un producto de la evolución de la vida”.(1)

    Una supuesta teoría que pretende explicar nada menos que el origen del hombre, la vida y el cosmos, es obviamente una cosmo-visión y no una teoría científica. El problema es que esa cosmovisión se ha enseñado y se continúa enseñando e inculcando masivamente, no sólo como una teoría científica —lo cual es una impostura— sino también como un hecho científico demostrado.

    Esto ha creado toda una mentalidad que subyace en las diversas manifestaciones del mundo moderno y que lo informa, aún en forma inconsciente. De ahí su peligrosidad. El peor de los prejuicios es siempre el que se ignora. Como decía Chesterton, más que una teoría, el evolucionismo es una atmósfera en la cual vivimos y respiramos, que contamina toda nuestra mentalidad, moderna y posmoderna, y que está en la raíz misma del proceso de pérdida del sentido de lo sacro en el mundo contemporáneo.

    Podemos distinguir tres aspectos fundamentales en torno a los cuales gira el meollo de esta cuestión. Por un lado, al negar el principio de finalidad, la cosmovisión evolucionista separa completamente a Dios de su creación y lo reduce a la categoría de remotísima y lejana “causa primera”, que nada tiene que ver con este mundo. No dice que Dios no existe: existe, pero eso es todo lo que hace, y como el buen Dios masónico, no se entromete en la realidad. Por otro lado, niega la realidad del alma humana, como algo propio y constitutivo del ser humano, afirmando que las diferencias entre el hombre y los animales son sólo de grado y no de naturaleza. Por fin, el evolucionismo hace impensable el pecado original.

    Me estoy refiriendo, por cierto, a evolucionistas coherentes, que saben de qué están hablando. Huelga analizar la postura de los que sostienen que Dios habría tomado un mono y le habría infundido alma humana… algo ridículo. Aquí hablaremos de la postura de los evolucionistas en serio, que sostienen honrada y coherentemente que el hombre es un animal evolucionado.

    Es absurdo pretender ser un buen evolucionista darwinista y no aceptar esto. Como dijo Julián Huxley en un simposio (Chicago, 1959) “El cuerpo humano, la mente, el alma y todo cuanto se ha producido, es enteramente resultado de la evolución... No hubo un momento súbito durante la historia evolutiva, en que el «espíritu» fue infundido en la vida, de la misma, manera en que no hubo un momento particular en que fue infundido en usted”.(2)

    Eso mismo recuerda Stephen Jay Gould, expresando que: “Estamos tan atados a nuestra herencia filosófica y religiosa que seguimos buscando algún criterio de división estricta entre nuestras capacidades y las del chimpancé. La única alternativa honrada es admitir la existencia de una estricta continuidad cualitativa entre nosotros y los chimpancés. ¿Y qué es lo que salimos perdiendo? Tan sólo un anticuado concepto del alma”.(3)

    Es lógico. Si, como sostiene el evolucionismo, todo lo que hay es la naturaleza, entendida como sistema cerrado de causas y efectos que existe y funciona por sí mismo, no hay escapatoria a esta conclusión.
    Afortunadamente, el intenso debate de los últimos veinte años entre creacionistas y evolucionistas provocó una saludable clarificación de posturas y sinceridad en el lenguaje, que nos coloca hoy en una situación más favorable para comprender esta cuestión, que la existente en los años '50 ó '60.

    Al irse derrumbando progresivamente los supuestos fundamentos empíricos de la hipótesis evolucionista, se hizo evidente su carácter filosófico y la naturaleza de esta filosofía. Si bien siempre existieron autores evolucionistas con suficiente lucidez para ver claro y la suficiente sinceridad para decirlo, como es el caso de Julián Huxley, también es cierto que una buena cantidad de científicos y filósofos o no entendían de qué se trataba, o no decían lo que entendían y se hacían los distraídos.

    Esto, además de una enorme cantidad de creyentes, católicos y no católicos, que trataban de reducir la cosmovisión evolucionista a una mera teoría científica y conciliarla de alguna manera con el cristianismo. Pero la guerra disipa muchas ilusiones, afirma posturas, define los bandos, impone sinceramientos. Así, el Dr. William Provine, Biólogo e Historiador de la Ciencia en la Universidad de Cornell, dice: “Permítaseme resumir mis opiniones sobre lo que la moderna biología evolucionista nos dice enérgica y claramente, y que son básicamente las ideas de Darwin: no hay dioses, no hay propósitos, no hay fuerzas dirigidas con un sentido de ninguna clase. No hay fundamentos últimos para la ética, ningún sentido final de la vida, ni tampoco libre albedrío humano”.(4)

    Ahora, si bajo el disfraz de la ciencia se comienza a inculcar desde la más tierna edad esta visión del mundo y del hombre, ayúdenme ustedes a pensar en cuáles serían los resultados. Bueno… están a la vista. Esto no se enseña, se inculca como a una doctrina de tipo religioso. De allí el “celo” de las autoridades educativas por implantar esta basura en la currícula a todos los niveles, comenzando con la escuela primaria.

    Esta estrategia viene desde los máximos niveles del poder mundial, en este caso, la UNESCO, de la cual Julián Huxley fue su primer director general. Él vio claramente que el medio más eficaz para difundir el ateísmo no era la postura ingenua de la negación filosófica formal y explícita de Dios, sino la mucho más redituable actitud de su supresión científica, tramposa e implícita, que está en la raíz misma del darwinismo.

    Lo mismo vale para la cuestión del pecado original, que no tiene cabida dentro de la concepción evolucionista-darwinista, según la cual, el movimiento de la naturaleza en su totalidad es “hacia arriba”. ¿Cómo armonizarlo con una caída? Además, dentro del contexto de la hipótesis darwinista es imposible hablar de una primera pareja humana (o sea del monogenismo) sin decir tonterías. Con ello desaparece Adán o, por mejor decir, los dos Adanes: el del Edén, por imposible, y el de Belén, por prescindible.

    El famoso novelista inglés y ferviente darwinista H. G. Wells expresaba: “Si todos los animales y el hombre se han desarrollado de esta manera ascendente, luego no han habido primeros padres, ni Edén, ni caída. Y si no hubo caída, todo el edificio del Cristianismo, la historia del primer pecado y la razón de la expiación, colapsan como un castillo de naipes”.(5)

    Richard Bozart, por su parte, escritor de temas científicos en Estados Unidos y miembro de la Asociación Humanista Americana, señala: “El evolucionismo destruye total y definitivamente la mismísima razón por la cual la vida terrenal de Jesús habría sido supuestamente necesaria. Destruid a Adán y Eva y el pecado original, y entre los escombros hallaréis los lamentables despojos del Hijo de Dios. Si Jesús no fue el redentor que murió por nuestros pecados —y esto es lo que el evolucionismo significa— entonces el Cristianismo es nada”.(6)

    Como se ve, no se puede pedir más en cuanto a claridad de conceptos y franqueza en la expresión. Con lo expresado, es decir, con la visión animalizante del ser humano y la negación del pecado original, tenemos motivos más que suficientes para atribuir a esta aberrante cosmovisión una gran parte de responsabilidad en la catástrofe moral e intelectual del mundo moderno.

    Pero las ideas tienen consecuencias, y también una dinámica que las lleva poco a poco a conclusiones que ni hubieran soñado sus propugnadores originales. Si yo dijera, por ejemplo, que hay una conexión entre evolucionismo y homosexualidad, se pensaría que mi estado de salud mental es mucho más grave del supuesto.

    Sin embargo, el editor del I.N.W. Guide Magazine sostiene que “La homosexualidad es rara vez discutida como un componente de la evolución, pero sin duda que juega un papel. La conducta homosexual ha sido observada en la mayoría de las especies animales estudiadas y cuanto más subimos en el árbol taxonómico hacia los mamíferos, tanto más evidente se hace dicha conducta”.(7)

    A continuación, el mismo editor se encarga de decirnos exactamente cómo es que la homosexualidad contribuiría a la evolución: R. H. Dennison, profesor de Biología en la Universidad de Wyoming ha concluido que “En la evolución la homosexualidad actúa como un mecanismo para reducir la tensión, satisfaciendo las prácticas de apareamiento de los machos más dominantes… La homosexualidad sirve también al proceso evolucionista actuando como una forma de control de la natalidad. Sin duda representaría un considerable salto evolucionista”.(8) Pareciera obvio que estamos evolucionando a pasos agigantados…

    Como se ve, la evolución da para todo. También para el aborto, y en en una forma mucho más relevante.

    Allá por 1866, Ernst Haeckel, apóstol del darwinismo en Alemania, formuló la famosa “teoría de la recapitulación”, que también ha sido llamada “ley biogenética fundamental”, según la cual la ontogenia recapitulaba la filogenia; esto es, que el embrión, en su desarrollo, pasaría por los mismos estadios que la evolución de las distintas especies. Primero seríamos como una ameba, luego como un pez, posteriormente como un reptil, más tarde un mamífero, y finalmente un ser humano. Y esto en distintos grados, naturalmente.(9) Por cierto que semejante cosa es un disparate, totalmente refutado por la embriología moderna, aunque vigente en la mitología darwinista.

    El director del Instituto de Investigación en Biosistemas de La Jolla, California, expresa que “El huevo fertilizado progresa, en treinta y ocho semanas, a través de lo que es, de hecho, un rápido pasaje por la historia evolutiva: desde una simple célula primordial, el conceptus progresa a través de algo semejante a un pez, un reptil, un ave, un primate y finalmente un ser humano”.(10) ¿Y cuándo podemos decir que hay un ser humano?, se pregunta el autor. “Según el consenso general (¡¿de quién?!), esto no sucede hasta el final del primer trimestre”.(11)

    Supongo que como buen mal pensador es fácil verle las patas a la sota. Uno no se equivoca, pues este es un argumento utilizadísimo en el debate pro-aborto. Una nota aparecida en la revista Human Life Review lo muestra nítidamente: “El debate sobre el aborto tiene sus raíces en dos maneras alternativas de concebir al no nacido. Nuestra civilización, hasta hace poco tiempo, consideraba el niño no nacido según el modelo de la Encarnación, que maximiza su dignidad; pero ahora mucha gente lo concibe según el modelo de la evolución, popularmente entendida, lo cual minimiza su dignidad”.(12)

    El evolucionismo siempre minimiza el concepto de ser humano, no sólo en el conceptus sino también en el niño ya nacido, y en el adulto como en el anciano, porque ataca la noción misma de ser humano. No por nada el filósofo de la ciencia americano Daniel Dennett, dice que el darwinismo, que él mismo profesa, “es un ácido universal que corroe y destruye todos los valores tradicionales que toca, dejando en su estela una visión revolucionada del mundo”.(13)

    No podría ser de otra manera, ya que por su triple negación, del principio de finalidad, de la realidad del alma humana y del pecado original, y con su afirmación del principio de la lucha universal y despiadada como código universal de conducta, esta cosmovisión obviamente tiene que ser un feroz disolvente de todo tipo de valores y creencias tradicionales.

    Cosmovisión que debe ser denunciada como tal y eliminada sin contemplaciones de la currícula, en defensa no sólo de la fe y la moral, sino también de la verdadera ciencia.


    Prof. Raúl Leguizamón
    Notas:
    1. “Changing Man”, Science, Vol. 155, 27 de enero de 1967.
    2. Julián Huxley, “Issues in Evolution” (Vol. III, of Evolution after Darwin, Sol Tax ed., University of Chicago Press), 1960, pág. 45.
    3. Stephen Jay Gould, “Desde Darwin”, Herman Blume ed., Madrid, 1983, pág. 53.
    4. William Provine, “Darwinism: Science or Naturalistic Philosophy?”, Origins and Research, Vol 16, de abril de 1994: Nº l, pág. 7.
    5. H. G. Wells, “Outline of History”, Doubleday, New York, 1949, pág. 987.
    6. Richard Bozart, “American Atheist”, sept. 1978, pág. 30, cit. por D. Gish, en “Creation Scientists Answer Their Critics”, Institute for Creation Research, California, 1993, pág. 30.
    7. Jacob Smit, “In the Beginnigng - Homosexuality and Evolution”, Intl. N. W. Magazine, agosto de 1987, pág. 6. Cit. por H. Morris, “The Long War Against God”, Master Books, Green Forest, AR, USA, 2003, pág. 136.
    8. Ibidem.
    9. Todos somos iguales, pero algunos lo son más, claro está. A nadie se le escapa que no podía ser lo mismo un chino que un inglés. ¿Por qué cree, lector, que se llamó “mongolismo” al síndrome de Down? Porque se consideraba obviamente que el afectado por esta enfermedad no habría llegado a la perfección evolutiva (es decir, a parecerse a un inglés), habiéndose detenido en la etapa amarilla o mogólica. El racismo biológico tiene una raíz totalmente darwinista.
    10. Elie A. Schneour, “Life Doesn’t Begin, It Continues”, “Los Angeles Times”, de enero de 1989. Citado en “The Long War Against God”, pág. 138.
    11. Ibidem.
    12. Joseph Sobran, “The Averted Gaze: Liberalism and Fetal Pain”, Human Life Review, 9 (Spring 1984): 6. Citado en “The Long War Against God”, 139.
    13. Daniel Dennett, “Darwin’s Dangerous Idea”, Simon & Schuster, N. Y., 1995, pág. 63.
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    Respuesta: La ciencia contra la fe... darwinista

    Muy interesante tu blog cruzamante, hay libros que me van a servir para subir a mi blog. Como siempre el Prof. Leguizamón con un artículo de primera, gracias por colgarlo.

    Os dejo un vasto artículo del filósofo católico José Ramón Ayllón que he descubierto hoy mismo. Es un enorme placer conocer que todavía hay católicos que niegan toda la tramoya evolucionista. Os recomiendo que visiteis su web personal, con contenidos de mucha sustancia.
    http://www.jrayllon.es/index.htm


    DARWIN CUMPLE 200 AÑOS.


    El siglo XX se puede entender, en el mundo occidental, como el intento persistente de cuatro cosmovisiones laicas por llenar el enorme vacío de la muerte de Dios. Así lo han visto, entre otros, Nietzsche y George Steiner. Con el ocaso de la visión cristiana desaparecía una milenaria percepción del mundo, y donde reina una enorme ausencia de sentido surgen necesariamente nuevos intentos de coherencia. Así nacieron el positivismo, el marxismo, el psicoanálisis y el evolucionismo, todos ellos con pretensión de totalidad, de presentar un cuadro completo del hombre en el mundo. En 2009 se cumplen 200 años del nacimiento de Darwin y 150 de la publicación del libro que pone en marcha la cosmovisión evolucionista: El origen de las especies mediante la selección natural.


    1. Darwin y la selección natural.
    La ciencia avanza cuando un amplio conjunto de hechos puede ser reducido a leyes integradoras. Lo propio de la Biología es encontrar principios que den razón de la pluralidad aparentemente heterogénea de los organismos vivientes. Desde Darwin, la teoría de la evolución representa el más persistente intento de explicación de esa pluralidad. La historia del evolucionismo es reciente. El mismo año que nació Darwin (1809), Lamarck presentó en su Filosofía zoológica la idea básica del transformismo: que las especies han ido apareciendo dentro de un proceso evolutivo en el que unas se transforman en otras. Se suponía que el mecanismo de transformación era la herencia de los caracteres adquiridos por los seres vivos en su esfuerzo por adaptarse al medio. Es clásico el ejemplo de la jirafa, que llegaría a tener un cuello tan largo a base de esfuerzos repetidos por alcanzar el alimento en las ramas de los árboles. Mediante esos esfuerzos, los vivientes desarrollarían los órganos más utilizados, y la transmisión hereditaria de ese nivel de desarrollo daría lugar a cambios que finalmente supondrían una nueva especie.

    Darwin recogió de Lamarck la adaptación al medio, y reforzó el mecanismo de transformación con otro resorte tomado de Malthus: la selección natural. Pocos años antes, Malthus había escrito que nos acercábamos a un mundo superpoblado, donde sobrevivirían los seres humanos mejor dotados. Darwin vió que en todos los seres vivos se da una lucha por la vida, y supuso que la supervivencia del más fuerte daba lugar a una selección natural que conservaba y transmitía las variaciones favorables, produciendo especies cada vez mejor adaptadas al medio ambiente. Darwin afirmó, en concreto, que todos los seres vivos descienden de unos pocos antepasados comunes, y que la selección natural es el motor de los prodigiosos cambios que nos llevan desde la bacteria microscópica a la especie capaz de componer la música de Mozart.

    El primer problema de esta hipótesis es que jamás hemos observado un salto de especie, y la ciencia necesita que las demostraciones confirmen las suposiciones. Además, la selección natural no introduce novedades, pues opera sobre lo que previamente ha sufrido una mutación. Darwin expuso sus teorías en El origen de las especies (1859) y en La descendencia del hombre (1871). Aunque Mendel había descubierto las leyes de la transmisión hereditaria en 1865, el mundo no conoció esa revolución científica hasta 1900. Por ese retraso, Darwin murió sin sospechar que los caracteres adquiridos no se incorporan al patrimonio genético y, por tanto, no se transmiten por herencia. Aquí radica el tercer punto débil del darwinismo. Sin embargo, un buen ejemplo puede hacer creíble cualquier error, y perpetuarlo indefinidamente entre el gran público. En el ejemplo evolucionista más clásico se afirma que la jirafa tiene el cuello tan largo porque prosperaron solamente las que pudieron alcanzar el alimento de las ramas altas. El inconveniente de esta explicación es que no han aparecido restos fósiles de jirafas en vías de desarrollo, puesto que son iguales desde su aparición, hace dos millones de años. Además, las crías de jirafa se hacen grandes alimentándose de las hojas bajas, y las hembras, que miden un metro menos que los machos, tampoco tienen problemas de comida y de supervivencia.

    Con la difusión de las leyes genéticas, el evolucionismo darwinista se vio obligado a cambiar de argumentos. Así surgió el neodarwinismo, también llamado teoría sintética. La selección natural se unía ahora al que se suponía principal mecanismo del cambio: las mutaciones genéticas. Sabemos que casi todas son perjudiciales, incluso mortales, pero la selección natural hará que solo se conserven y transmitan las favorables. Como serán pocas y muy pequeñas, harán falta enormes períodos de tiempo para que se produzcan cambios apreciables. De este modo, la evolución se convierte en una lenta y larga cadena de pequeñísimos cambios graduales.





    2. El registro fósil.
    Hablar de evolución biológica es, en primer lugar, constatar la aparición progresiva de las diferentes especies, y las semejanzas morfológicas entre las especies próximas en el tiempo. A partir de esos hechos, el evolucionismo interpreta la mera semejanza morfológica como surgimiento de unas especies a partir de otras, por medio de una relación de causalidad. Aunque el registro fósil pone de manifiesto esa semejanza entre las especies de estratos contiguos, cabe preguntarse si dicha semejanza constituye una prueba definitiva de su unión filogenética. Lo único cierto, en razón de su evidencia, es la progresiva complejidad y perfección de las especies a lo largo del tiempo. Por eso, el concepto de evolución sólo se puede aplicar de forma estricta a dicho escalonamiento perfectivo. Si lo aplicamos al encadenamiento, estamos formulando quizá la más probable de las conjeturas.

    El inventario de los fósiles confirma la clasificación de los vivientes en cinco reinos: bacterias, células eucariotas, hongos, animales y plantas. A partir de ahí, el evolucionismo lucha por descubrir la cadena filogenética que supuestamente une a todas las especies –de la bacteria al ser humano-, pero no encuentra explicación ni demostración para el origen de los cinco reinos señalados. Actualmente podemos identificar 3 millones de especies vivas, y suponemos que 7 millones escapan a nuestro conocimiento. Esos 10 millones de especies se agrupan en 89 filum o grandes familias: 16 filum de bacterias, 27 filum de eucariotas, 5 de hongos, 32 de animales y 9 de plantas. Los origenes de estas ramas principales de la vida también son muy oscuros, y apenas han dejado rastro fósil. De hecho, nadie se atreve a identificar el tronco ancestral de los Protozoos, ni el tronco de los Artrópodos, ni el de los Moluscos, ni el de los Vertebrados. Esa ausencia de fósiles en las grandes jornadas de la evolución, hipoteca toda la teoría.

    Lo más grave del caso es que, entre los 3 millones de especies vivas conocidas, no poseemos ninguna demostración real de la transformación de una especie en otra. Los especialistas en genética llevan años cultivando en laboratorio millones de drosófilas, las vulgares moscas del vinagre. Sus experiencias han permitido obtener formas nuevas, que difieren por el color de sus ojos, la forma de sus alas y el dibujo de sus colores. Pero, al cabo de estas laboriosas experiencias, a partir de las drosófilas no han obtenido nunca más que... drosófilas. Mucho más problemática se presenta, por supuesto, la descendencia de los mamíferos y de las aves a partir de los reptiles; la de los reptiles a partir de los anfibios; y la de los anfibios a partir de los peces. Esta situación hizo escribir a Pierre Grassé –uno de los grandes zoólogos del siglo XX-, que "dada la ausencia casi total de fósiles pertenecientes a los troncos de los filum, toda explicación del mecanismo de la evolución se ve inevitablemente lastrada de hipótesis. Esta constatación debería formar parte del encabezamiento de todo libro dedicado a la evolución".


    3. La evolución invisible.
    Darwin estaba convencido de que “el número de eslabones intemedios entre las especies actuales y las extinguidas tuvo que haber sido inconcebiblemente grande”. En cuyo caso, por lógica, se estarían descubriendo constantemente fósiles de formas de transición. Pero sucede justamente lo contrario: todo lo que descubrimos son especies bien definidas, que han aparecido y desaparecido súbitamente, por arte de magia, no al final de una cadena de eslabones. La ausencia de formas de transición entre las especies ya desconcertó a Darwin: “Si las especies han descendido unas de otras mediante una fina gradación de pasos imperceptibles, ¿por qué no vemos por todas partes un sinfín de formas de transición? ¿Por qué no se encuentra toda la Naturaleza en amontonada confusión, en lugar de presentar especies bien definidas?”.

    Hoy, el registro fósil sigue presentando dos características contrarias al darwinismo: el inmovilismo morfológico de las especies y su súbita aparición y desaparición. La Cuenca Bighorn -en Wyoming, USA- contiene una secuencia fósil inninterrumpida a lo largo de 5 millones de años. Cuando fue descubierta, los paleontólogos supusieron que sería fácil concatenar varias especies. Pero no encontraron ni un solo caso de transición. Además, las especies permanecían invariables durante un período medio de 1 millón de años, antes de desaparecer bruscamente. Por eso, si evolución significa cambio gradual de una especie a otra, la característica más notable del registro fósil es la ausencia de evolución.

    Para salvar la situación, el neodarwinismo propuso una síntesis entre Darwin y Mendel. La teoría sintética hace operar a la selección natural sobre las mutaciones genéticas que se producen al azar. Hoy, después de casi un siglo de teoría sintética, parece que la última palabra la tiene la Biología molecular, que ve en las mutaciones del ADN más determinación que puro azar. La alternativa molecular abre paso, cada vez más, al concepto de programa evolutivo. Nietzsche lo intuyó a su manera, cuando escribió que "Darwin sobreestima de modo absurdo la influencia del medio ambiente, porque el factor esencial del proceso vital es precisamente el tremendo poder de crear y construir formas desde dentro".



    4. El azar y la finalidad.
    El evolucionismo nos dice que combinaciones al azar, durante millones de años, han producido la vida; y más combinaciones al azar, durante más millones de años, la han diversificado en innumerables especies. Tal vez a nivel biológico podamos admitir dicha explicación. Pero, a continuación, debemos preguntarnos si el nivel biológico es el definitivo. Cuando el evolucionista Gordon Taylor era director de los programas científicos televisivos de la BBC británica, solía contar el caso de los trilobites: pequeños animales que poblaron los mares primitivos y que se extinguieron dejando millones de fósiles. En 1973, al analizar sus ojos, se descubrió que habían resuelto, por su cuenta, problemas de óptica sumamente complejos: las lentes estaban formadas por el único material apropiado, cristales de calcita; tenían la curvatura exacta; estaban protegidas por una córnea y habían sido alineadas con precisión, de forma que no era necesario enfocar. Además, consiguieron desarrollar una lente para corregir la aberración óptica, idéntica a la que proponían -con absoluto desconocimiento de los trilobites- Descartes y Huyghens, y lo resolvieron quinientos millones de años antes. ¿Cómo recogieron la complicada información genética necesaria para construir esa estructura casi milagrosa? Todo esto, concluye Taylor, parece un plan minucioso, y no el resultado de accidentes felices.

    Ese plan al que alude Taylor no es otra cosa que la noción de finalidad, bien conocida desde los tiempos de Sócrates, pues el estudio de la realidad física descubre la existencia de planes y pautas de actividad. No es una noción científica –como tampoco lo son la justicia o el amor-, pero su evidencia es apabullante y pone de manifiesto que el conocimiento científico no abarca toda la realidad, que la verdad científica no es toda la verdad, y que la racionalidad científica solo es una parte de la racionalidad humana. De hecho, aunque el biólogo no estudie la finalidad, los organismos que estudia no existirían sin ella.

    Dado que la finalidad no es un hecho empírico, con frecuencia se la sustituye por el azar a la hora de explicar la organización de la vida. Sin apreciar que el azar tampoco es, en absoluto, una realidad empírica. Precisamente por eso, el azar es otro gran punto débil del evolucionismo. Al ser indemostrable, no puede ser objeto de ciencia. Además, va contra la evidencia del orden y regularidad que se observan en la naturaleza. Por último, aunque se admita su presencia, siempre nos quedará una pregunta en el aire: ¿quién le proporciona al azar las piezas del rompecabezas del mundo? El propio Darwin nunca acabó de admitir la idea de que una estructura tan compleja como el ojo hubiera evolucionado por la acumulación casual de mutaciones favorables. Para esos casos, él hablaba del problema de los órganos de extremada perfección. Más explicito que Darwin, el evolucionista Pierre Grassé afirma que "la finalidad inmanente o esencial de los seres vivos se clasifica entre sus propiedades originales. Y no se discute, se constata".



    5. Evolución y creación.
    La noción de creación aparece en la Biblia por primera vez, pero es también de índole filosófica y, por lo tanto, racionalmente demostrable. Todo en el cosmos puede quizá explicarse por leyes científicas, excepto esas mismas leyes y la realidad misma del cosmos: saber cómo funciona no es lo mismo que saber por qué existe. Preguntar por la causa de la existencia es preguntar por una causa que no se identifica con ninguna realidad finita, porque todo lo finito ha recibido el ser.

    Por sorprendente que parezca, el mundo no tiene en sí mismo la explicación última de su existencia. Cada uno de los fenómenos cósmicos puede quizá explicarse por una ley científica que lo remite a fenómenos anteriores, pero así no se explica el porqué de su realidad misma, la causa última que da cuenta de su ser. Éste es un claro ejemplo de la distinción entre explicación científica y explicación filosófica.

    La noción filosófica de creación afirma que la realidad ha sido producida ex nihilo, de la nada, sin partir de ninguna materia previa. Crear no es transformar algo preexistente sino producir radicalmente, lograr una absoluta innovación, un rendimiento puro. La evolución, en cambio, es una hipótesis científica que intenta explicar los mecanismos de cambio de los organismos biológicos. Por tanto, se ocupa del cambio de ciertos seres, no de la causa del ser de esos seres. De esta forma se ve claro que la creación y la evolución no pueden entrar en conflicto, porque se mueven en dos planos diferentes.

    Sin embargo, hay conflicto. Y, además, provocado por ambas partes. Por parte del evolucionismo, cuando traspasa los límites de la ciencia y afirma que todo es materia y, en consecuencia, sólo la materia puede dar cuanta de sí y de sus propias transformaciones. Por parte del creacionismo, cuando afirma que todo cambio equivale a una nueva acción creadora de la Causa primera; cuando no aprecia que la materia es esencialmente cambiante, de manera que la creación de cosas materiales no sólo no excluye la mutación de esas cosas sino que la exige, pues es una creación evolutiva.

    La causalidad divina no es una causa más entre las otras: parece necesaria para dar razón del ser mismo de los vivientes y la existencia de sus leyes. Por eso, no sustituye a las causas naturales que la Biología estudia, ni se opone a ellas. Una certera comparación de Ernst Jünguer aclara este punto: “La teoría de Darwin no plantea ningún problema teológico. La evolución transcurre en el tiempo; la creación, por el contrario, es su presupuesto. Por tanto, si se crea un mundo, con él se proporciona también la evolución: se extiende la alfombra y ésta echa a rodar con sus dibujos".

    Esta misma idea la expresó San Agustín, de forma incomparable, hace 1.600 años: "Las simientes de los vegetales y de los animales son visibles, pero hay otras simientes invisibles y misteriosas mediante las cuales, por mandato del Creador, el agua produjo los primeros peces y las primeras aves, y la tierra los primeros brotes y animales, según su especie. Sin duda alguna, todas las cosas que vemos ya estaban previstas originariamente, pero para salir a la luz se tuvo que producir una ocasión favorable. Igual que las madres embarazadas, el mundo está fecundado por las causas de los seres. Pero estas causas no han sido creadas por el mundo sino por el Ser Supremo, sin el cual nada nace y nada muere".

    Aunque son minoría, entre los evolucionistas más prestigiosos hay creacionistas como Francisco Ayala, capaces de exponer su punto de vista integrador con esta claridad: "Que una persona sea una criatura divina no es incompatible con el hecho de haber sido concebida en el seno de su madre y mantenerse y crecer por medio de alimentos. La evolución también puede ser considerada como un proceso natural a través del cual Dios trae las especies vivientes a la existencia de acuerdo con su plan”.


    6. Ciencia y mitología.
    En El origen de las especies Darwin habla de “leyes impresas por el Creador en la materia”. Esas leyes -entre las que sobresale la capacidad de reproducción y de sufrir cambios morfológicos- son las que hacen posible la evolución. Un siglo más tarde, la hipótesis de Darwin se había convertido en la alternativa laica al relato bíblico del Génesis. La exclusión de la causalidad de Dios sobre el mundo tiene una inmensa importancia cultural, que exige al evolucionismo miles de investigadores especializados, además de profesionales capaces de conectar con el gran público: profesores y maestros, autores de libros de texto y programas televisivos, artistas de ilustraciones verosímiles y atractivas, reconstrucciones brillantes en museos… Solo así se puede convertir la evolución en un mito.

    Surgidos para reemplazar la imagen religiosa del mundo, los grandes mitos modernos –marxismo, psicoanálisis, positivismo, evolucionismo- han sido religiones de sustitución, y como tales han exigido fe; son productos de la imaginación más que de la razón; reclaman siempre la verdad; y argumentan con causas ocultas indemostrables. Los salarios bajan porque los capitalistas explotan a los trabajadores, como ya predijo Marx. Pero, si los salarios suben, entonces los capitalistas están tratando de salvar su corrupto sistema mediante sobornos, como también pronosticó el marxismo.

    Darwin reconoció que las pruebas fósiles pesaban demasiado en su contra, y así sigue siendo hoy, cuando comprobamos que un examen objetivo del registro fósil no respalda el darwinismo, más bien lo invalida. Pero la ortodoxia darwinista consiste en ver las dificultades y mirar hacia otro lado, con el convencimiento de poseer la única explicación que puede tener la vida. Aunque la ascendencia común es una hipótesis, el darwinismo oficial considera que “el hecho de la evolución” es verdadero por definición. Ese descenso al nivel de pseudociencia alcanzó su apoteosis en 1959, durante la celebración en Chicago del centenario de El origen de las especies. Allí, Julian Huxley, el orador más aplaudido, declaró que “en el esquema evolucionista ya no hay necesidad ni cabida para lo sobrenatural. La Tierra no fue creada: evolucionó. Y lo mismo hicieron los animales y las plantas, al igual que el cuerpo del ser humano, la mente, el alma y el cerebro”. En esa línea, hoy no nos extraña que Richard Dawkins, zoólogo de Oxford, uno de los evolucionistas más mediáticos, haya evolucionado hacia el histrionismo y afirme que “si alguien declara no creer en la evolución, con seguridad es un ignorante, un necio o un loco”. Después añade que detesta de forma especial a los creacionistas, por su intolerancia.

    Durante 2.000 años, el prestigio de Aristóteles y Tolomeo hizo que nadie dudara del modelo cosmológico geocéntrico, a pesar de las evidencias en contra. Durante los últimos 150 años, el prestigio de Darwin ha conseguido que su modelo de evolución se admita sin discusión en medios científicos y en la opinión pública, a pesar de la falta de pruebas y las evidencias contrarias.



    Autor: José Ramón Ayllón


    http://www.jrayllon.es/Darwin_ayllon.html

    Última edición por Felipe; 14/02/2009 a las 17:38
    Pious dio el Víctor.

  19. #19
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    Respuesta: La ciencia contra la fe... darwinista

    Estimado Felipe: Me alegro que te sirvan los artículos publicados en mi blog.
    Muchas gracias por el vínculo que has dejado.
    Si los otros artículos de dicho blog son como el de Darwin, has encontrado una perla.
    Tuyo en Xto Rey
    Cruzamante

  20. #20
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    Respuesta: La ciencia contra la fe... darwinista

    Si Mr. Darwin viviese hoy en día, se hubiera encontrado con un peculiar regalo por su bicentenario. Investigadores de los mares han encontrado que en los océanos polares de ambos hemisferios, separados por más de 13.000 kilómetros, al menos 275 especies de animales principalmente, son exactamente iguales, no han sufrido modificaciones o adaptaciones ni siquiera singulares. Ahora dichos investigadores se están planteando realizar un estudio comparado de los ADN de los especímenes que seleccionen.

    Esta información la ofrecieron en un noticiario de TeleMadrid apenas hace 48 horas. La cuestión, por otra parte, es que si bien los océanos glaciales parecen presentar iguales características, éstas en realidad no son idénticas: corrientes marinas, el resto de las especies no son las mismas, (por ejemplo en el Ártico no hay pingüinos, ni en el Antártico hay osos polares) las cuales ejercen su influencia en su medio biótico, la luz no es la misma pues mientras en el Norte las masas terrestres cubiertas son relativamente pequeñas y la cantidad de hielo acumulado tiene menor extensión, en el Sur la Antártida es una masa continental y la superficie de hielo es mucho más extensa con lo que el albedo (reflexión de la luz solar) es mayor, etc. Todos estos factores y algunos más, son causa suficiente para que a lo largo de la sucesión de generaciones entre los miembros de dichas 275 especies se hubiesen producido adaptaciones significativas, algo que no ha sucedido. Pero es que queda mucho tiempo todavía para que la gente entienda, que lo que Darwin planteó fue una hipótesis metafísica y no la elaboración de una teoría científica y, por ello, debidamente contrastada.

    Estoy convencido de que si Darwin viviese hoy, no sería ni "darwinista" ni "neoevolucionista", pues se hubiera dado cuenta de los errores de lo que planteó. Eso queda para sus panegíricos, como R. Dawkins, el cual ante la sorpresa de que según una encuesta recientemente publicada revela que el 44 % de los británicos no "cree" en la evolución, ha replicado que los ingleses son muy ignorantes. A dicha afirmación ha contestado el Arzobispo de Canterbury calificando a Dawkins de "simplón", al tiempo que sostiene que la evolución es perfectamente compatible con la Biblia y la fe.


    Un saludo en Xto.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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