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Tema: Habemus Papam - Francisco I

  1. #321
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Comentario de Walter E. Kurtz (por cierto, hace mucho que no se asoma por aquí) en Info Caótica:

    El que dice que a Francisco lo tergiversan claramente no lo conoció a Bergoglio.

    Francisco es muy posiblemente el clérigo vivo que más sabe de medios de comunicación. No sólo se rodeó de publicitarios, marketineros, periodistas y comunicadores sociales desde que era arzobispo coadjutor de Buenos Aires, sino que investigó, escribió y habló mucho sobre lo que él llama "pastoral del gesto".

    Quien analice desapasionadamente (haciendo abstracción del personaje) las respuestas ofrecidas a La Civilta' Cattolica va a entender hasta qué punto están redactadas "al límite" sin dejar de ser políticamente correctas. O en frase que siempre le gustaba repetir, "caminando por la cornisa de la herejía".

    El Francisco tonto e ingenuo no existe. Cada gesto, cada palabra están perfectamente medidos, pensados durante días (quizás años); el alcance de los mismos y la forma en que serán interpretados por los medios siempre ha sido la principal preocupación de Bergoglio.

    No tienen porqué creer en mi palabra (aunque podría dar muchísimos ejemplos con nombres, fechas, etc.), pero lean el libro de Omar Bello --publicitario que trabajó muchos años en la intimidad de Bergoglio-- y comprenderán quizá porqué los que han difundido el libro han sido amenazados.

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  2. #322
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    La Reforma Litúrgica es irreversible


    Vaticano II, Fruto de la Cultura Contemporánea


    ¿La celebraría también por ideología?

    Los que hemos caminado incesantemente, aunque sin éxito alguno, por distintos ámbitos del poder curial porteño, con la intención de que sea liberada la Misa Tridentina en Buenos Aires, por otra parte cautiva hasta ahora, hemos oído al menos estas dos respuestas:



    • Benedicto XVI permitió que se celebrara nuevamente el Vetus Ordo, por consideración a ciertas personas ancianas que sienten apego a él.
    • Esperemos que Uds. no pidan eso por ideología.



    Eso de la "ideología", lo habrán oído también algunos comulgantes de rodillas frustrados cuando el despótico celebrante les dijera: "¡levántese, no haga ideología aquí!".


    Las dos anteriores respuestas no son exactas. En primer lugar, si bien Benedicto XVI reconoció en Summorum Pontificum que hay personas que encuentran en el Rito Tradicional una forma particular de participación en el Misterio de la Santísima Eucaristía, éstas no son ancianos nostálgicos, como dan a entender los curiales locales, sino también personas que nacieron mucho después del Concilio. He aquí sus palabras (Carta a los obispos que acompañó a Summorum Pontificum):
    Enseguida después del Concilio Vaticano II se podía suponer que la petición del uso del Misal de 1962 se limitaría a la generación más anciana que había crecido con él, pero desde entonces se ha visto claramente que también personas jóvenes descubren esta forma litúrgica, se sienten atraídos por ella y encuentran en la misma una forma, particularmente adecuada para ellos, de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía.
    En segundo lugar, en el mismo documento, el Papa Emérito ha dicho que debemos conservar lo que era sagrado para la Iglesia:
    Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande y no puede ser improvisamente totalmente prohibido o incluso perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia y de darles el justo puesto.
    Y en tercer lugar, esperaba una interacción fructuosa entre los dos Modos del Rito Romano de manera que el Vetus Ordo enriqueciera en sacralidad al Novus (Carta a los obispos que acompañó a Summorum Pontificum):

    Por lo demás, las dos Formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente: en el Misal antiguo se podrán y deberán inserir nuevos santos y algunos de los nuevos prefacios...

    En la celebración de la Misa según el Misal de Pablo VI se podrá manifestar, en un modo más intenso de cuanto se ha hecho a menudo hasta ahora, aquella sacralidad que atrae a muchos hacia el uso antiguo.

    Aunque no sabemos muy bien qué se quiere decir con la acusación de hacer "ideología" que han recibido frecuentemente los fieles que piden la Misa Tradicional, podemos suponer con bastante certeza que con esa calificación se quiere encerrar a los peticionantes dentro de un grupo que, por sus ideas, es definido como fundamentalista, integrista, ultraconservador, cavernícola y, por qué no, milenarista, facista y antisemita.


    Nada más alejado de la realidad, aunque hay que reconocer que esos fieles suelen ser íntegra y fundamentalmente católicos, por eso pretenden conservar lo que han recibido.


    Los que están haciendo "ideología" son los prelados modernistas y otras yerbas, que no temen avasallar los derechos de los fieles detrás de proyectos que agradan al mundo.


    Se preguntarán nuestros lectores en este punto, a qué viene todo este discurso ahora. Es que ayer se ha conocido una entrevista (¡una más!) que le han realizado al Papa (ver AQUÍ), en la cual ha dicho:


    El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Produjo un movimiento de renovación que viene sencillamente del mismo Evangelio. Los frutos son enormes.
    Basta recordar la liturgia. El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a partir de una situación histórica completa.
    Sí, hay líneas de continuidad y de discontinuidad, pero una cosa es clara: la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible.
    Luego están algunas cuestiones concretas, como la liturgia según el Vetus Ordo. Pienso que la decisión del papa Benedicto estuvo dictada por la prudencia, procurando ayudar a algunas personas que tienen esa sensibilidad particular. Lo que considero preocupante es el peligro de ideologización, de instrumentalización del Vetus Ordo.

    Véase como el Papa utiliza los mismos dos argumentos esgrimidos en Bs As contra el Motu Proprio: cosa e' viejos que se puede ideologizar e instrumentalizar ¿para qué?
    No en vano Bergoglio era el Arzobispo de la diócesis en la cual se utilizaban esas razones.

    Le preguntamos respetuosamente al Papa, si no cree que por "ideología" se les acaba de prohibir la celebración de la Misa Tradicional, en forma ilícita, a los Frailes de la Inmaculada. La ideología conciliar que pretende se ha fundado una religión nueva luego del Concilio.

    Hay otras dos cosas sumamente preocupantes en este párrafo del Papa:
    En primer lugar dice que "El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea".

    Pero la cultura contemporánea, por ser producto de la Revolución, es totalmente anticatólica; es decir, mundana, antropocéntrica y antitea.
    Y resulta, entonces, que la luz de esta sentina inmanentista es la que ha alumbrado "un movimiento de renovación que viene sencillamente del mismo Evangelio".
    Si esto no fuera así, ¿a qué cultura contemporánea se refiere el Papa?

    Además, ¿desde cuánto la cultura que sea debe alumbrar la relectura del Evangelio? ¿No es el Evangelio el que debe alumbrar a la cultura de cualquier tiempo? ¿No estará condenada por modernista una frase como esta?

    Por otro lado, Francisco vuelve a decir, implícitamente, que la Iglesia nunca ha estado mejor que ahora, porque recuerda que los frutos de esta visión alumbrada por la cultura contemporánea SON ENORMES.

    Son tan enormes que no los vamos a volver a nombrar porque no terminaríamos; sólo un botón de muestra: miles de sacerdotes dejaron la sotana, muchos en pos de gráciles, o no tanto, damas.

    Al respecto el Cardenal Schönborn, que muy tradi no es, acaba de decir que inmediatamente después del Concilio ochenta mil presbíteros abandonaron la Iglesia, y que él dejó de rezar un año y medio por sugerencia de sus superiores, habiendo conservado la Fe gracias a alguien que Dios puso en su camino.

    Pero el más enorme de todos los frutos es, según Francisco: LA REFORMA LITÚRGICA, aunque en ella vea algunas líneas de discontinuidad.
    Esto es exactamente lo contrario a lo que venía diciendo y haciendo Benedicto XVI, empeñado como estaba en la reforma de la reforma; por no haber seguido el órgano ejecutivo ad hoc, Consilium ad exequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, cuyo factotum fue el masón Anibale Bugnini, las directivas del Concilio.

    Nosotros dijimos aquí, que una de las causas principales de la renuncia del Papa anterior había sido la liberación de la Misa, y su tímido intento de recuperar rúbricas ya perdidas, por no decir "restauracionistas".

    Y dijimos también que Bergoglio venía como representante del sector que quiere dar marcha atrás con todo eso, lo cual ha realizado de inmediato: No se arrodilla luego de consagrar las sagradas especies, eliminó el reclinatorio de los fieles en la Misa Papal, mandó guardar los ornamentos que Benedicto iba rescatando uno tras otro, por ejemplo el Faldistorio y el Fanon, y, aún siendo Obispo de Roma, jamás ha lucido una casulla Romana.

    Ahora va más allá y lo dice sin ambages, la Reforma Litúrgica es uno de los enormes frutos del Concilio, absolutamente irreversible. Con lo cual ha clausurado definitivamente la Reforma de la Reforma.

    Es claro que el piloto no ve el iceberg en la ruta de la nave, o si lo ve, no lo quiere decir. Esperemos que llegado el momento tenga tiempo para maniobrar.

    Página Católica: La Reforma Litúrgica es irreversible

  3. #323
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    Re: Habemus Papam - Francisco I


    Hombre Jasarhez, tienes toda la razón, igual estamos todos por estos lares.

  4. #324
    Avatar de El Tercio de Lima
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Al respecto Hyeronimus encontre este sitio muy interezante, vale leerlo:


    When God says "run"
    Run1.jpg

    A recent blog post entitled,
    Losing my religion, by Mary DeTurris Poust, who is a Catholic writer and the wife of Dennis Poust, the Communications Director of the New York State Catholic Conference, is garnering a lot of attention. (See posts by Deacon Greg Kandra and Rod Dreher, for example.)

    To get right to the point of her post, Mary DeTurris Poust is spiritually hungry, starving even, and in my view, it’s not her fault. Not by a long shot.
    “I almost walked out of Mass in the middle last night,” Ms. Poust begins, and not just over some isolated issue in one specific parish, but rather due to what she called, “a universal problem, as in Universal Church.”
    She explains: (I’ll paraphrase; you can read the rest there.)
    It wasn’t that the priest was preaching heresy … It was the overwhelming, long-building, near-constant feeling that my Church really doesn’t care enough to try to feed me spiritually, that the Church is daring Catholics to leave…
    You get a Gospel like we had this Sunday – “No one can serve two masters…You cannot serve both God and money.” – and you choose to drone on for 20 minutes about temperance and prudence and fortitude and justice in a disjointed, monotone, utterly incomprehensible way? I’m sorry, but you’re going to have to do better than that…
    I think every Catholic who is sitting in church week after week wondering, Why? Why? WHY? … should walk out every single time they are insulted by or condescended to or lied to by someone on the altar until something starts to change, until Pope Francis’ challenge begins to take shape before our eyes, not just in beautiful words spoken by a courageous man.
    Though it is clear from her words that she is unable at present to recognize as much, Mary is but one of countless millions of victims of the post-conciliar epidemic wherein sincere Catholics who long for all that the Lord wishes to give have unwittingly contracted, in some considerable measure, a protestant understanding of Christianity.
    And how did Mary get exposed to this dreadful spiritual disease?
    From making the terrible mistake of innocently buying far too much of what the sacred pastors of the Church, including the Supreme Pastors who have occupied the Chair of St. Peter over the last fifty years, were selling.
    To be more specific, all indications are that Ms. Poust seems to have ingested – hook, line and sinker – the failed post-conciliar liturgical view of the Mass as little more than the Catholic version of the protestant praise and worship service.
    Again, it’s not her fault. The Holy Sacrifice of the Mass, as it existed for more than a thousand years in the Roman Rite, was deliberately sliced and diced and repackaged to resemble as closely as possible the anthropocentric Sunday service of the heretics, wherein hearing some Scripture and a meaningful sermon, along with a dash of fellowship and a call to action, is all anyone can or should expect.
    Now, that’s not to say that those who have embraced, even in innocence, this protestantized view of the liturgy are overlooking the centrality of the Eucharist.
    Mary, for her part, made it clear in a follow-up post that the Eucharist is the only reason she hasn’t run for the hills already, and that’s good to know, but here’s the crux of the matter:
    While it is absolutely right to look to the Mystical Body of Christ, the Catholic Church, and her sacred pastors, to quote Ms. Poust, “for someone who wants to meet me in my darkness and walk with me spiritually,” and to exclaim as she did, “I cannot put up with parishes that do not even attempt to lead spiritually, that do not care what their people need,” it is a flawed view indeed to imagine that such provisions are primarily delivered by means of the sacred liturgy.
    In other words, it is not the nature of Holy Mass to provide spiritual guidance, or even just a decent homily (which, after all, is optional at daily Mass for a reason.)
    For those who suffer from this post-conciliar, quasi-protestant, liturgical myopia, the ideal Mass would presumably be one in which the music, the readings, the fellowship, the ceremonial actions, the priest’s persona and the homily all engage and speak, in some considerable measure, to one’s spiritual needs in a personal and profound way, accompanied, of course, by the “source and summit” that is the Holy Eucharist.
    This describes, of course, nothing other than the praise and worship services of the heretics, albeit with the addition of the Eucharist which is (inadvertently, to be sure) reduced to something akin to a cherry on top of an ice cream sundae.
    I don’t know Mary, but my sense is that she is being moved in her unrest by the Lord Himself, He who literally died to give us so much more than is made readily available to the faithful in the overwhelming majority of places amid the realities of Catholic life circa 2013.
    It appears as if Mary does indeed understand that the malady runs far deeper than just banal liturgy.
    “As I tried to get across in yesterday’s post, my discontent with my current church experience is not based on a single homily or even a series of homilies or homilies in general; it’s based on the whole package,” she wrote in her follow-up.
    The whole package indeed.
    If I could make a suggestion to Mary, and to all who identify with her struggle, it would be this:
    The urge to run is a call from God. Yes, run like Peter and John to find the Risen Christ, but do not be deceived into imagining that He, or any meaningful refuge, can be found anywhere other than in the faith that comes to us from the Apostles. No, not the utterly dissatisfying, repackaged, version born in the 1960’s, but in the rich spirituality, immutable magisterium, and timeless liturgy that predated the Second Vatican Council, the same that admirably nurtured Catholics just like you and me for many centuries on end.
    Sure, our circumstances are different from those who lived in ages past, but Our Blessed Lord has not changed even one iota, and His voice rings out over the centuries with a clarity unheard in recent decades, and it can dispel the confusion and unrest that plague so many in our day.
    No, it won’t be easy; not in the least, but then again nothing worth a wooden nickel is. Nor will it be without pain.
    It’s going to be a bitter experience indeed to come face-to-face with the unavoidable conclusion that your rich Catholic inheritance has been stolen, and that every pope who has reigned for the last sixty-plus years has contributed, either in what he has done or in what he has failed to do, to the bitter spiritual anguish that you’re now experiencing.
    The reward, however, is priceless; namely, the unshakeable knowledge that the Lord provides for our every spiritual need, without fail, through His Holy Catholic Church alone, even when, in ages like our own, He allows weak and sinful human shepherds to mislead His little ones.



    http://www.harvestingthefruit.com/when-god-says-run/

    Saludos en Xto Rex et Maria Regina
    Pro Deo Patria et Rex
    No se ama lo que no se conoce

  5. #325
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Roguemos a la Divina Providencia que ilumine al Papa Francisco y le muestre el camino a seguir.
    Última edición por El Tercio de Lima; 24/09/2013 a las 21:08

  6. #326
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Para contrastar: así recibió la prensa progresista el nombramiento de Juan Pablo II:

    Captura-de-pantalla-2013-09-22-a-las-18.31.44.png


    • “El nuevo Papa, un polaco joven, abierto en política y moderado en el dogma”
    • “Los polacos lo definen como moderadamente progresista”
    • “Su figura ha servido de contrapeso al cardenal Wyzynsyki, de marcado conservadurismo”
    • “Los expertos señalan su colaboración con el régimen socialista de Polonia, o cuanto menos su falta de animosidad beligerante” (un año después de esta perla profética, con la visita de Juan Pablo II a su país, comenzó a armarse la marimonera en Polonia)
    • Y para rematarlo, una crónica titulada: “Su elección se considera en Roma como una derrota de la curia”.


    FUENTE: Seguid engañando con el Papa; es vuestro derecho (y nuestro castigo) | Treinta y muchos
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

  7. #327
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    ...las respuestas ofrecidas a La Civilta' Cattolica ... están redactadas "al límite" sin dejar de ser políticamente correctas. O en frase que siempre le gustaba repetir, "caminando por la cornisa de la herejía".

    El Francisco tonto e ingenuo no existe. Cada gesto, cada palabra están perfectamente medidos, pensados durante días (quizás años); el alcance de los mismos y la forma en que serán interpretados por los medios siempre ha sido la principal preocupación de Bergoglio.
    Hoy mismo lo estábamos hablando entre mi mujer y yo. Y llegamos a la conclusión de que era imposible que una entrevista de un papa no haya pasado, antes de ser publicada, infinidad de filtros y correctores (incluso del propio autor, sobretodo de éste, diríamos...). Por lo que se ve, le gusta caminar en la fina línea que separaría una aparente ortodoxia de la más clara heterodoxia, aunque solo sea, quizás, también... en apariencia. O la verdad de la mentira, mejor dicho.

    Reconozco no resultarme nada extraña esa manipuladora forma de comportarse en la política, e incluso diría que me es muy familiar porque la he visto practicar muy de cerca. Y reconozco que a algunos les ha dado muy buenos resultados.

    Por lo que, si lo que dice este artículo fuera cierto, podríamos decir que el estilo de Francisco es el de alguien que parezca querer conjugar en apariencia el blanco y el negro, pero sin recurrir al estúpido recurso facilongo de pretender fundirlos en la torpe mediocridad de tonos grisaceos que podrían obtenerse en una acuarela. Algo que podríamos definir como intentar predicar 'la luz de las tinieblas', o viceversa... según toque. Tal y como se hace tantísimas veces en la política.

    Pero, haciendo predicación de cuestiones dogmático-doctrinales me parece no solo ya peligrosísimo, sin muy próximo a las técnicas que emplea el Maligno. Y mucho más aún siendo un supuesto Vicario de Cristo el que, supuestamente, las practica.

    En esas cuestiones, un Papa como Dios manda habría de ser siempre claro y diáfano. Y decir "sí, sí... o no, no", como Jesucristo nos ordenó decir. Porque, como todos sabemos, todo lo que exceda de ahí, ya es territorio del Maligno, y mucho más en esos temas.

    Sinceramente, Francisco me preocupa. Y a consecuencia de él, me sigue preocupando mucho mas el futuro de la Iglesia. Habrá que rezar mucho por las intenciones del Papa...

    Un saludo
    Última edición por jasarhez; 25/09/2013 a las 00:13

  8. #328
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    A entrevista de Francisco

    Li no passado Domingo a entrevista que o Papa Francisco concedeu à “Civiltà Cattolica”: não gostei dela, mas a mesma não me causou qualquer surpresa. Como já escrevi em momento anterior, Francisco continua a ser Bergoglio e a pensar e a agir como Bergoglio sempre pensou e agiu, orientando-se por uma linha de pensamento evolucionista, imanentista e antitradicional, ou seja, modernista e progressista. E à maneira modernista e progressista, sem jamais defender abertamente posturas antimagisteriais em questões como o aborto, a homossexualidade, a anticoncepção artificial e a ordenação sacerdotal de mulheres, Francisco consegue ser ambíguo o suficiente para minar perante o mundo a posição dos que defendem a ortodoxia católica nestas matérias, desencorajando-os, desmotivando-os ou desmoralizando-os perante o inimigo.
    De resto, o que ressalta mais negativamente é a duplicidade de critérios com que o Papa encara:
    - por um lado, todos os que com maior ou menor culpa, católicos ou não, cederam perante pecados tão graves como o aborto ou a homossexualidade, manifestando-lhes uma compreensão, uma leniência e uma brandura no limite da permissividade e do indiferentismo;
    - por outro lado, todos os católicos que tentam orientar a sua vida, com maior ou menor sucesso, em conformidade com os ditames da tradição, demonstrando quanto a estes um rigor, uma severidade e uma dureza a roçar o desprezo puro e simples.
    Acerca dos primeiros, Francisco afirma:
    Devemos anunciar o Evangelho em todos os caminhos, pregando a boa nova do Reino e curando, também com a nossa pregação, todo o tipo de doença e de ferida. Em Buenos Aires recebia cartas de pessoas homossexuais, que são “feridos sociais”, porque me dizem que sentem como a Igreja sempre os condenou. Mas a Igreja não quer fazer isto. Durante o voo de regresso do Rio de Janeiro disse que se uma pessoa homossexual é de boa vontade e está à procura de Deus, eu não sou ninguém para julgá-la. Dizendo isso, eu disse aquilo que diz o Catecismo. A religião tem o direito de exprimir a própria opinião para serviço das pessoas, mas Deus, na criação, tornou-nos livres: a ingerência espiritual na vida pessoal não é possível. Uma vez uma pessoa, de modo provocatório, perguntou-me se aprovava a homossexualidade. Eu, então, respondi-lhe com uma outra pergunta: “Diz-me: Deus, quando olha para uma pessoa homossexual, aprova a sua existência com afecto ou rejeita-a, condenando-a?” É necessário sempre considerar a pessoa. Aqui entramos no mistério do homem. Na vida, Deus acompanha as pessoas e nós devemos acompanhá-las a partir da sua condição. É preciso acompanhar com misericórdia. Quando isto acontece, o Espírito Santo inspira o sacerdote a dizer a coisa mais apropriada (destaques meus).
    Porém, sobre os segundos, em especial os fiéis do rito latino-gregoriano, o mesmo Francisco declara:
    O Vaticano II foi uma releitura do Evangelho à luz da cultura contemporânea. Produziu um movimento de renovação que vem simplesmente do próprio Evangelho. Os frutos são enormes. Basta recordar a liturgia. O trabalho da reforma litúrgica foi um serviço ao povo como releitura do Evangelho a partir de uma situação histórica concreta. Sim, existem linhas de hermenêutica de continuidade e de descontinuidade. Todavia, uma coisa é clara: a dinâmica de leitura do Evangelho no hoje, que é própria do Concílio, é absolutamente irreversível. Depois existem questões particulares, como a liturgia segundo o Vetus Ordo. Penso que a escolha do Papa Bento XVI foi prudente, ligada à ajuda a algumas pessoas que têm esta sensibilidade particular. Considero, no entanto, preocupante o risco de ideologização do Vetus Ordo, a sua instrumentalização (destaques meus).
    Aqui chegados, é triste constatar que o actual Papa deforma e reduz o alcance do “Summorum Pontificum” a um auxílio prestado a um grupo de tontinhos inadaptados. E mais triste é que diga haver quem ideologize e instrumentalize o “Vetus Ordo”, sem todavia especificar quem sejam essas pessoas e no que consiste a ideologização e instrumentalização a que alude.
    Porventura, Francisco não conceberá que os fiéis do rito tradicional latino-gregoriano estejam de boa vontade, procurem Deus e que esse rito seja um poderoso auxiliar em tal demanda? Bento XVI compreendeu esta factualidade; pelo contrário, o seu sucessor recusa-se a entendê-la… Não pode deixar-se de lamentar esta última posição, sobretudo porque tomada em quem paradoxalmente, em momento mais avançado da entrevista, diz que “Na música gosto muito de Mozart, obviamente. Aquele “Et Incarnatus est” da sua Missa em Dó é insuperável: leva-te a Deus!” Ora, será que para o corrente Papa apenas uns quantos privilegiados e eleitos podem ser conduzidos a Deus pelo “Et Incarnatus est”?.. Custa a crer…
    Todavia, não se fica por aqui a infeliz arremetida efectuada por Francisco contra os católicos tradicionais. Para quem sendo Papa declara não ser ninguém para julgar os homossexuais bem intencionados que procuram Deus, há que estranhar muito as palavras que abaixo se citam, as quais soam tão pouco caridosas, tão eivadas de juízos preconcebidos, de raciocínios apriorísticos e de retratos caricaturais sem correspondência na realidade das coisas. Assim:
    Se o cristão é restauracionista, legalista, se quer tudo claro e seguro, então não encontra nada. A tradição e a memória do passado devem ajudar-nos a ter a coragem de abrir novos espaços para Deus. Quem hoje procura sempre soluções disciplinares, quem tende de modo exagerado à “segurança” doutrinal, quem procura obstinadamente recuperar o passado perdido, tem uma visão estática e involutiva. E deste modo a fé torna-se uma ideologia entre tantas.
    Perante isto, é legítimo perguntar-se: e todos os que possuem uma visão dinâmica e evolutiva, quantas vezes impregnada de “animo delendi” e de “animo injuriandi”, desprezando em absoluto as soluções disciplinares e descurando por completo a integridade doutrinal, supondo que o homem dito contemporâneo é ontológica e axiologicamente distinto dos homens de épocas transactas, não têm eles próprios uma “fé” que mais não é do que uma ideologia entre tantas outras?..
    Quanto ao resto, conforme referi logo desde o início, não gostei nada desta entrevista. Nela, o Santo Padre revela-se não um pai, mas um padrasto. O tom de conversa de botequim para que a mesma amiúde resvala também não a ajuda nada, chegando a ter momentos - como aquele em que Francisco apoda de “solteirões” uma parte dos religiosos consagrados - verdadeiramente surreais.
    Enfim, para terminar, lastimo profundamente que um Papa jesuíta e argentino, numa entrevista a uma importantíssima revista jesuíta, haja omitido nas referências literárias que fez a figura do Padre Leonardo Castellani. Omissão certamente deliberada e intencional em alguém que está infelizmente cada vez mais parecido, a cada dia que passa, com Monsenhor Panchampla, personagem do livro “Su Majestad Dulcinea”, de autoria de… Castellani, a qual é o arquétipo caricatural acabado do prelado progressista.

    A Casa de Sarto
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  9. #329
    Avatar de Irmão de Cá
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Cita Iniciado por Kontrapoder Ver mensaje

    A los que últimamente estáis siendo más críticos con Francisco, me gustaría preguntaros qué opináis de estos aspectos que yo considero positivos:
    - cese de obispo y nuncio pederastas;
    - gestión de la crisis de Siria, excluyendo el pacifismo y el ecumenismo mal entendido que venían siendo habituales;
    - declaraciones críticas con el capitalismo.

    ¿No los valoráis de manera positiva? Y en caso afirmativo, ¿no contrarrestan en alguna medida la mala opinión que tenéis de él por las últimas declaraciones?
    Hola Kontra,

    En mi ultimo mensaje en este hilo he opinado que el pontificado de Francisco I es un desastre pastoral, y por eso he dicho que viene siendo dañino. Aunque precie las tomadas de posición del Papa a respecto de los temas que enuncias, no veo que esas declaraciones tengan un marcado resultado pastoral (menos quizás las relativas al capitalismo). Hombre, es que de un Papa, la acción pastoral es casi todo lo que se debe esperar - la justicia y la diplomacia vaticanas son muy secundarias o por lo menos así lo veo.

    Donoso nos acuerda que el Papa Francisco, en lo que lleva de pontificado, poco más hizo que hablar. Es cierto. Pero hablar es una parte muy importante del magisterio de un Santo Padre, como lo es del ministerio de cualquier padre. El problema es que viene hablando mal, tanto por lo que dice como por lo que deja entredicho, a fin de sondear el terreno para lo que quiere semblar. Como bien señala nuestro estimado Coronel - que se echa muy de menos, como oportunamente ha dicho Hyeronimus -esto es un típico comportamiento de político demagogo y ingenioso en mecánica propagandística. Por esa razón es el Papa tan prolífico cuando no habla ex-cátedra - y tan poco haciéndolo investido de la plena autoridad de líder de la Iglesia. De momento...

    Por otro lado, de lo mucho que ya dijo el Papa Francisco para tan poco tiempo de pontificado, tacharlo de igual a los anteriores papas pos-conciliares es muy forzado, me parece. Tampoco igual a Juan Pablo II, cuanto más a Benedicto XVI; por lo menos en lo que hablaron o dejaron escrito sobre los mismos problemas, aunque después no hayan sido muy coherentes con sus actos o con sus omisiones. Pero como digo, sobretodo en lo pastoral, hablar es muy importante: como se puede predicar, sermonar, evangelizar sin hablar? Pero hablar mal o de forma insinuante, sembrando dudas en los fieles y certezas en los herejes es muy peor que no hablar nada. Por eso he dicho lo que dije.

    PD. El pontificado de Francisco no es de todo una sorpresa que me cayó en la cabeza después de la entrevista a la Civiltá Cattolica. Ya conocía lo suficiente de Bergoglio en cuanto Arcebispo de Buenos Aires para no sorprenderme; pero quise creer que la elección como Papa había cambiado algo al hombre. Pues ya se ve harto claro que no.
    Última edición por Irmão de Cá; 25/09/2013 a las 14:09
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  10. #330
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Cita Iniciado por Irmão de Cá Ver mensaje
    Por esa razón es el Papa tan prolífico hablando ex-cátedra - y tan poco haciéndolo investido de la plena autoridad de líder de la Iglesia.
    ¿Cuál es la diferencia entre lo uno y lo otro? Creo que quisiste decir "cuando no está hablando ex-cátedra". Porque eso es precisamente hablar investido de su plena autoridad. Ex cathedra, desde la cátedra o trono, desde su posición de Pontífice y ejerciendo como tal, con la autoridad conferida por Dios. O sea, lo que rara vez hacen los papas hoy en día. Salvo esta pequeña errata, estoy de acuerdo con todo lo demás.

  11. #331
    Avatar de Irmão de Cá
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Sí, claro, perdóname ya lo corregí en en mensaje. Querría decir "tan prolífico cuando no habla ex-catedra". Gracias por la errata.
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  12. #332
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Es algo normal. A mí también me pasa mucho que voy escribiendo rápido y me salto una letra o una palabra o pongo una palabra por otra.

  13. #333
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Entrevistas de destrucción masiva

    Fray Gerundio

    Vengo insistiendo desde hace meses, en que no se da un solo paso en el Pontificado de Francisco, que no esté calculado, medido y tasado hasta el milímetro. Vaya usted a saber con qué malévolas intenciones, esta situación ha estado preparada desde algún tiempo anterior a la renuncia de Benedicto XVI, de tal forma que ahora podemos percibir con claridad que se trata de un asalto a las más fundamentales creencias de la Iglesia. Eso sí, por medio de instrumentos inusuales y sin utilizar los caminos oficiales de la enseñanza papal. Son sermoncillos en Santa Marta, entrevistas multicolores, pequeños discursos dominicales y sobre todo rumores, muchos rumores, que se presentan como llamadas telefónicas, respuestas a cartas personales, confidencias a amiguetes de la infancia, etcétera. Pero claro está, viniendo del Papa, producen desconcierto en muchos, desazón en otros y extrañeza en todos.
    Cada día tenemos a la vista nuevas formas de llevar a cabo este tsunami arrasador. Esta semana ha sido la entrevista que un jesuita hace a Francisco y que ha sido publicada a la vez en varias revistas de la Compañía. Ya se sabe lo que son las revistas teológicas de la Sociedad de Jesús desde hace 40 años. Siempre han enredado los jesuítas, pero ahora lo hacen con pompa y solemnidad. Toda esta enorme cantidad de disparates, una vez encendido el ventilador, se han difundido con la rapidez con que se difunde el mal olor cuando se abre la puerta de la cloaca.
    No hay más que echar un breve vistazo a la prensa laica, atea, mundana y enemiga secular de la Iglesia, para ver la alegría con que ha sido acogida la entrevista de marras. Todos están felices y se puede resumir su alegría en algunos de los titulares más repetidos: “La Iglesia empieza a comprender los verdaderos problemas del mundo”. “Por fin la Iglesia abre la mano”. “La Iglesia acepta la homosexualidad”. “Histórica apertura del Papa sobre divorcio, aborto y gays”.
    En el otro lado del proscenio, la prensa religiosa, llamada informativa, insiste en que las palabras del Papa son interpretadas fuera de contexto, en que el Papa no quiso decir tal cosa, en que la maldad de los medios esconde las verdaderas, sabias y ortodoxas palabras de Francisco. Hay incluso alguna página web católico-informativa que lo único que selecciona de dicha entrevista es el siguiente titular: “Yo soy un pecador”.
    Pues muy bien. Pero se aprecia en estos medios una cierta preocupación, un desengaño descomunal, una tristeza disimulada. Y en este caso, los titulares de la prensa son verdaderos. Desgraciadamente, al Papa Francisco no hay que re-interpretarlo porque dice lo que dice. Con la claridad suficiente para que los malos se froten las manos y con la claridad suficiente para que los hijos de la Iglesia (los que nunca antes hubieran dudado lo más mínimo de lo dicho por el Papa, los que nunca antes se cuestionaron su obediencia ciega al Sumo Pontífice), observen con estupor lo que sucede a su alrededor.
    Sí. El Papa habla clarísimamente con su lenguaje ambiguo y populista. Las verdades de la fe no se atacan directamente (faltaría más), pero se expresa todo con una duda metódica tal, que sólo Dios sabrá el daño que hacea las almas católicas, las mismas que observan con verdadero pavor que tales palabras han sido dichas por el Sumo Pontífice. Qué casualidad: en estos casos de palabras de destruccción masiva, sí que se habla para toda la Cristiandad. Aunque luego él insista tanto en llamarse Obispo de Roma.
    Nos queda mucho por ver y mucho por sufrir. Aunque desde luego Dios se reserva siempre la última palabra. De ahí que la Esperanza de tantos católicos no deba nunca desaparecer. Dios actúa con sus plazos y sus tiempos. Confiemos en Él.

    Entrevistas de destrucción masiva | Tradición Digital

  14. #334
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Inquietudes con F


    Al poco de salir al balcón, aquella noche de Marzo, inolvidable, todos nos figuramos cosas, muchas, ninguna en correspondencia con el entusiasmo de la plebs sancta que aplaudía y sigue aplaudiendo. En cierto sentido, el aplauso es su fuerza. Es obvio que ha ido tomando conciencia, aunque manifieste de muchas maneras esa anómala reluctancia a ser lo que es con todas sus consecuencias y referencias. Y qué duda cabe de que le influye el aplauso, la aceptación benevolente popular, manteniendo, durante medio año ya, un entusiasmo que no decae. Esto no es extraño. Tampoco preocupante.

    Lo que preocupa son otras cosas, otros epifenómenos francisquistas. Uno de los más inquietantes es la impresión de estar puenteando, sorteando, esquivando formas, modos propios, adecuados, correspondientes, eligiendo medios sesgados, indirectos, transversales, para comunicarse. O, por lo menos, para dejar caer o dejar flotando en el aire.

    Vuelvo a referirme con esto a los sermoncillos de Santa Marta, las cartas privadas publicadas y las entrevistas. Y vuelvo a preguntar-me: ¿Qué son, qué valen, qué valdrán? De entrada, formalmente, valen poco, pero valen, por comparación, mucho, por ser quien es el que sermonea, escribe o contesta al periodista. Es el Papa, aunque ejerciendo en privado, en modo, digamos, particular (no diré familiar, ni doméstico).

    El efecto es la confusión que no cesa y el rumor que no decrece. Hablar a medias en los medios para dar pábulo a la opinión y los opinantes, es lamentable viniendo de quien viene. Hay una enorme diferencia entre ser maestro y ser animador de opiniones.

    ¿Puede tratarse de una forma nueva, un nuevo formato? Podría ser, pero que se diga, entonces, que lo es. ¿Una neo-forma de la apología fidei? La carta al director de La Reppublica podría entenderse así, y lo misma esa otra carta de Benedicto al profesor ateo, una nueva modalidad del género apologético. Aun así me cuestiono la prudencia y la oportunidad de que el Papa (y el otro Papa) descienda a ese nivel, se preste a la entrevista o conteste a uno que publica sus dudas de fe o su militancia contra la fe en la prensa o en un libro. ¿Eso compete al Papa? ¿Es parte a considerar de su ministerio? ¿Es novedad que devendrá formalmente un 'magisterio'?

    Mi impresión es que estamos ante otro síntoma de la decadencia degenerativa, otro epifenómeno de la crisis languideciente. Una crisis nuevamente oculta bajo la hojarasca del pueblo exaltado y el Papa exaltante, con el agravante de que el francisquismo parece acelerar peligrosamente los ya arriesgados derroteros del juanpablismo.

    Hace un par de días me llegó un mail con carga detonante. Se trataba de una comunicación que circula entre grupos de vanguardia des-católica, comunidades de base y grupúsculos por el estilo. El mail traía el nombre de 'Pepe Castillo', que no es otro que el funesto José Mª Castillo, uno de los grandes ideólogos pseudo-teólogos del des-catolicismo revolucionario. Ya no es (parece ser) jesuita; tampoco me parece que es cristiano, porque no cree el mínimo para serlo. El texto del mail era un articulete del susodicho, del que entresaco algunos fragmentos:


    El actual obispo de Roma, el papa Francisco, nos acaba de anunciar a todos que la Iglesia vuelve a retomar el gobierno sinodal. ¿Será como el del primer milenio? No puede ser idéntico. Pero, por lo que el papa ha dicho, irá ciertamente por ese camino. Dice Francisco en su reciente entrevista: “Los dicasterios romanos están al servicio del papa y de los obispos: tienen que ayudar a las iglesias particulares y a las conferencias episcopales. Son instancias de ayuda. Pero, en
    algunos casos, cuando no son bien entendidos, corren peligro de convertirse en organismos de censura. Impresiona ver las denuncias de falta de ortodoxia que llegan a Roma. Pienso que quien debe estudiar los casos son las conferencias episcopales locales, a las que Roma puede servir de valiosa ayuda. La verdad es que los casos se tratan mejor sobre el terreno. Los dicasterios romanos son mediadores, no intermediarios ni gestores”. Esta es la idea que Francico tiene sobre el papel que les corresponde a las Congregaciones de la Curia Vaticana. El papa las pone al servicio de las Conferencias Episcopales. Y no al revés.

    Pero la cosa no se queda en esto. El redactor de la entrevista recuerda que el pasado día de San Pedro, el 29 de junio, el papa definió “la vía de la sinodalidad” como el camino que lleva a la Iglesia unida “a crecer en armonía con el servicio del primado”. En consecuencia, mi pregunta es ésta: “¿Cómo conciliar en armonía primado petrino y solidaridad? ¿Qué caminos son practicables, incluso con perspectiva ecuménica?” Esta pregunta es fuerte y, en cuanto empiece a ponerse en práctica el proyecto al que apunta, todo cambiará. Porque, en el fondo, lo que viene a decir es que nos sentaremos juntos todos los cristianos - sea cada cual de la confesión que sea - para intercambiar en serio nuestras propuestas, hasta que lleguemos al día dichoso de recuperar la unidad perdida.

    Por eso, sin duda, el mismo Francisco siguió diciendo: “Debemos caminar juntos: la gente, los obispos y el papa. Hay que vivir la sinodalidad a varios niveles. Quizá es tiempo de cambiar la metodología del sínodo, porque la actual me parece estática. Eso podrá llegar a tener valor ecuménico, especialmente con nuestros hermanos ortodoxos. De ellos podemos aprender mucho sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre la tradición de sinodalidad. El esfuerzo de reflexión común, observando cómo se gobernaba la Iglesia en los primeros siglos, antes de la ruptura entre Oriente y Occidente, acabará dando frutos”. Y el redactor añade estas palabras de Francisco, palabras que tienen que remover las bases de la teología: “Tenemos que caminar unidos en las diferencias: no existe otro camino para unirnos. El camino de Jesús es ése”.

    Con una añadidura final, que les calla la boca a los que viven de la protesta contra todo cuanto viene de Roma: “Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del “machismo con faldas”.... Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar.... En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.

    Este papa es noticia mundial porque ha tomado en serio el Evangelio. Y más en serio aún, la centralidad de Jesús en la vida. Lo central no es la religión y sus ritos, ni los dogmas y sus ortodoxias. De nada de eso habla Francisco. Aquí no se escucha el sonsonete de la prédica clerical, moralizante, amenazante y con frecuencia excluyente. El futuro de la Iglesia está en recuperar su pasado. El pasado que nos lleva derechos al galileo Jesús de Nazaret. Si no echamos por ese camino, la Iglesia no va a ninguna parte. Si el Evangelio es el centro, lo decisivo no será la religión. El centro será la humanidad, todo cuanto nos humaniza. Por eso el papa es noticia mundial.
    Esta es la interpretación que un cabecilla radical des-católico, un cabecilla muy inteligente, jesuita también como el Bergoglio que fue, capaz de captar la onda e interpretarla. Una perspicaz lectura/comprensión de las declaraciones de PP Franciscus, digna de tenerse en cuenta.

    Nada que ver con las prolíficas y prolijas explicaciones de los neo-católicos, empeñados en la comunión con lo que cada vez más parecen ser ruedas de molino.

    El entusiasmo neo-papista tiene amplias tragaderas, degluten bien. Por el momento.

    Otros (nosotros), como pájaro en la alcándara, vemos, oímos, entendemos, comentamos, nos preocupamos, nos inquietamos.

    Y oramos.


    +T.

    EX ORBE

  15. #335
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Sigue el enredo

    Fray Gerundio

    No sé qué pasa, pero en este mundo en que vivimos, parece que las cosas no son lo que son, sino lo que cada cual quiere que sean y según como quiera interpretarlas. Ya dije hace unos días que parece que la prensa laica (un modo muy moderno de llamar a la prensa atea y anticatólica), anda interpretando bastante bien las palabras de Francisco en la ya famosamente enredadora entrevista, mientras que la prensa católicona se ha dedicado a demostrar, que lo que interpretó la prensa atea no es lo que quiso decir Francisco. Es una pena, porque si hubiera hablado con total claridad, no tendríamos estos epílogos a la tan cacareada entrevista.
    La Iglesia, que siempre ha sido sabia, hasta que los sabios actuales han decidido convertirla en tontorrona y ambigua, utilizó en todo momento en sus exposiciones doctrinales, condenas, aclaraciones y declaraciones un lenguaje claro, conciso, sin dejar lugar a la menor duda, sin dar posibilidad a las torcidas y/o interesadas lecturas. Incluso los herejes, se expresaban con claridad. Y de esta forma, claridad de unos por claridad de otros, las condenas quedaban bien claras y los herejes o se rectractaban o permanecían claramente en su error.
    Precisamente por eso, la Iglesia condenaba las proposiciones de Lutero, de Bayo, de Quesnel, del Modernismo y de tantos otros, utilizando el lenguaje y las expresiones que ellos mismos habían utilizado. Veamos un ejemplo en una de las condenas de Lutero:
    Purgatorium non potest probari ex sacra Scriptura, quae sit in canone. (No se puede probar el purgatorio por ningún texto de la Sagrada Escritura que sea canónico). [DS, 1487]
    Como podemos comprobar, no hay término intermedio. ESTO es lo que se condena, porque ESTO mismo es lo que ha dicho Lutero en sus escritos.
    Lo mismo ocurrió siempre con las proposiciones emanadas de los Concilios. De un lado se determina lo que se quiere decir, la doctrina que establece el Concilio. Pero para que no haya dudas, por otra parte (en los cánones correspondientes) se declara anatema, a quien no acepte la susodicha proposición. Veamos otro ejemplo, esta vez del Concilio de Trento:
    Si quis dixerit, baptismum liberi esse, hoc est non necessarium ad salutem, anatema sit. (Si alguno dijere que el Bautismo es libre, es decir, que no es necesario para la salvación, sea anatema). [DS, 1618]
    Todavía más. Ya en el siglo XX, las preguntas que se remitían a la Pontificia Comisión Bíblica (a quien León XIII confirió carácter magisterial), se contestaban también en el mismo sentido en que se había hecho la pregunta. De esta forma la respuesta era SÍ (positive) o NO (Negative). No había tampoco lugar a dudas. Ilustremoslo con otro ejemplo:
    Si hay sólidos argumentos, aun tomado cumulativamente, para demostrar victoriosamente que el libro de Isaías no se ha de atribuir a un solo autor, sino a dos y hasta más de dos autores. Respuesta: Negativamente.[DS, 3509]
    Luego, más adelante, vinieron las frases ambiguas, las expresiones de doble sentido, las interpretaciones torcidas, el deseo de no condenar, la necesidad de comprender el punto de vista del hereje de turno… y un etcétera tan largo tan largo, que llega hasta nuestros días.
    Recuerdo los días de mi noviciado, cuando mi Maestro de Novicios afirmaba con una seguridad sorprendente, que cuando la Iglesia abandonara de facto a Santo Tomás de Aquino, el desastre se cebaría sobre ella. Y así parece ser. Mientras se sigue diciendo que hay que seguir el magisterio del Aquinate, se niega de hecho su importancia y entonces es cuando las palabras no dicen lo que quieren decir, sino lo que cada cual quiera interpretar. El abandono de la filosofía del ser, tiene que pagar necesariamente un alto precio. Aunque no se reconozca del todo, así es en verdad.
    En este sentido hay algo en la entrevista (entre otras muchas cosas) que me perturba. Cuando el Papa dice: La nuestra no es una fe laboratorio, sino una fe-camino, una fe histórica. Dios se ha revelado como historia, no como un conjunto de verdades abstractas. ¿Qué quiere decir con esto? ¿No hay verdades abstractas en el catolicismo? ¿Qué entiende por verdades abstractas? ¿Es verdad abstracta el dogma cristológico de Calcedonia, que tantos ahora se empeñan en negar bajo el paraguas de las “cristologías no calcedonianas”? ¿es histórico el concepto de persona de Calcedonia referido a Jesucristo? ¿es verdad abstracta la transubstanciación? ¿Es verdad abstracta la virginidad de María?
    Así que, aunque no soy jesuíta, voy a proponerle al Santo Padre que me conteste a una nueva entrevista que le voy a preparar. Pero solamente a base de respuestas sí/no. Sin matices. Sin hermenéuticas. Como los catecismos antiguos. Seguro que eso tranquilizará a todos los católicos fieles que andan excesivamente preocupados por las expresiones papales. Aunque como no soy jesuita, probablemente no pueda haber ese feeling entre entrevistador y entrevistado del que hemos podido disfrutar con La Civilttá Católica.
    Seguro que resultará sumamente interesante y fácil de leer. Y por supuesto, los medios “laicos” no podrán interpretarla a su antojo. Y los católicos fieles no quedarán sumergidos en la duda.


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  16. #336
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Leamos esta carta...

    Gloria.tv: Carta del Papa Francisco a los católicos tradicionalistas

    Carta del Papa Francisco a los católicos tradicionalistas
    A los católicos tradicionalistas de todo el mundo

    Es para mi un gusto grande saludaros cuando venís de celebrar la santa misa según el modo extraordinario.

    Es además ya tradición que en estas fechas alguna Congregación vaticana os dirija un mensaje de felicitación, acompañado de un tema que pueda ser objeto de una reflexión común. Este año, primero de mi Pontificado, quiero ser yo mismo quien firme este mensaje y enviároslo, queridos amigos, como expresión de estima y amistad hacia todos los católicos tradicionalistas y especialmente a los obispos y sacerdotes de esa línea.

    Como sabéis, cuando los cardenales me han elegido obispo de Roma y Pastor universal de la Iglesia católica, elegí el nombre de Francisco, un santo muy célebre que ha amado tan profundamente a Dios y a cada ser humano hasta el punto de ser llamado el "Hermano universal". Amó, ayudó y sirvió a los necesitados, los enfermos y los pobres; además tuvo gran cuidado por la salvaguarda de la creación.

    Soy consciente de que las dimensiones de la familia y la sociedad son especialmente importantes para los católicos tradicionalistas en estos tiempos y que hay paralelos con la fe y la práctica de los demás católicos en este terreno.
    Este año el tema sobre el que quisiera reflexionar con vosotros y con todos los que lean este mensaje es algo que concierne a la vez a los católicos tradicionalistas y a los demás católicos; la promoción del respeto mutuo por medio de la educación.

    El tema de este año pretende subrayar la importancia de la educación en función de la manera en la que nos comprendamos los unos a los otros sobre la base del respeto mutuo. "Respeto" significa una actitud de amabilidad hacia las personas por las que tenemos consideración y estima. "Mutuo" expresa un proceso que, lejos de tener un sentido único, implica que se comparta por ambas partes.

    Lo que estamos llamados a respetar en cada persona es ante todo su vida, su integridad física, su dignidad con los derechos que de ella se derivan, su reputación, su patrimonio, su identidad étnica y cultural, sus ideas y sus opociones políticas. Por ello estamos llamados a pensar, hablar y escribir de manera respetuosa del otro, no solamente en su presencia sino siempre y en todo lugar, evitando la crítica injustificada y difamatoria. A este fin la familia, la escuela, la enseñanza religiosa y todas las formas de comunicación mediática tienen un papel determinante.

    Para llegar al respeto mutuo entre los católicos a secas y los católicos tradicionalistas estamos llamados a respetar la religión del otro, sus enseñanzas, sus símbolos y sus valores. Por ello se reservará un respeto particular a las cabezas del tradicionalismo católico y a sus lugares de culto. ¡Qué dolorosos son los ataques a los unos y a los otros!
    Está claro que cuando mostramos respeto por el modo de practicar la religión los católicos tradicionalistas o cuando les felicitamos por su catolicismo pretendemos simplemente compartir su alegría sin que por ello se trate de menospreciar otros modos de vivir el catolicismo.

    En lo que concierne a la educación de los jóvenes católicos tradicionalistas y a la de los demás jóvenes católicos, debemos animar a nuestros jóvenes a pensar y hablar de manera respetuosa de los otros modos de vivir el catolicismo y de aquellos que los practican, evitando rediculizar o denigrar sus convicciones y sus ritos.

    Sabemos todos que el respeto mutuo es fundamental en toda relación humana y especialmente entre quienes profesan una creencia religiosa. Sólo así puede crecer una amistad duradera y sincera.

    Recibiendo recientemente a los dicasterios de la Curia, les dije: "No se pueden vivir lazos verdaderos con Dios ignorando a los otros. Por ello es importante intensificar el diálogo entre las distintas sensibilidades católicas. Pienso sobre todo en el diálogo con los católicos tradicionalistas. Y he apreciado mucho la presencia en la misa del comienzo de mi ministerio de numerosos católicos tradicionalistas". Con estas palabras quise subrayar una vez más la gran importancia del diálogo y la cooperación entre católicos y en particular con los católicos tradicionalistas, así como la necesidad de reforzar esa cooperación.

    Es con estos sentimientos como reitero la esperanza de que todos los católicos sean verdaderos promotores del respeto mutuo y de la amistad, en particular por medio de la educación.

    Buena fiesta a todos.
    En el Vaticano a 10 de julio de 2013.
    Francisco.

    Según el credo liberal, Francisco dice textualmente: "Para llegar al respeto mutuo entre los católicos a secas y los católicos tradicionalistas estamos llamados a respetar la religión del otro"¿?. Ahora va a resultar que permitir la celebración de la tradicional liturgia de la misa va a ser una consecuencia más de la política del amor por el ecumenismo que tanto practica la Iglesia posconciliar... Parece ser que el mismísimo Francisco, con estas palabras, reconoce que la liturgia del Novus Ordo es una religión distinta de la católica.

    Y hablando de respeto, luego va y hace ésto:
    Acción Litúrgica: El Papa restringe la Misa tradicional a los Franciscanos de la Inmaculada

    (como vemos nuevamente, los liberales, como don Pancho Bergoglio... solo entienden por respeto a aquél que debe de ir obligatoriamente dirigido hacia las tonterías que hacen y dicen ellos. Para el resto, y mas aún si son tradicionalistas, no hay respeto que valga).



    Un saludo
    Última edición por jasarhez; 26/09/2013 a las 20:21

  17. #337
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Que nuestro señor Jesucristo Nos Guarde y que este Papa lejos de lograr una reconciliación con la tradición de la Iglesia y un presente prospero. Logre una división mas grande e irreconciliable. En verdad que tristeza, estamos listos para defender la tradición, son los tiempos que nos llama a ser soldados de Cristo, a defender su evangelio y su palabra.

  18. #338
    Avatar de Donoso
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Borrados mensajes fuera de tema.

    Usad el buscador para encontrar hilos abiertos y luego, antes de escribir, comprobad que lo que vais a poner no está ya repetido hasta la extenuación.
    Aquí corresponde hablar de aquella horrible y nunca bastante execrada y detestable libertad de la prensa, [...] la cual tienen algunos el atrevimiento de pedir y promover con gran clamoreo. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar cuánta extravagancia de doctrinas, o mejor, cuán estupenda monstruosidad de errores se difunden y siembran en todas partes por medio de innumerable muchedumbre de libros, opúsculos y escritos pequeños en verdad por razón del tamaño, pero grandes por su enormísima maldad, de los cuales vemos no sin muchas lágrimas que sale la maldición y que inunda toda la faz de la tierra.

    Encíclica Mirari Vos, Gregorio XVI


  19. #339
    Avatar de Hyeronimus
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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    UNOS ABREN LOS OJOS, OTROS LOS BLINDAN

    A sólo medio año de la elección del Neopapa, es todo un intercambio de obsequios el que parece entablarse entre éste y mundo, al punto que ya no se sabe quién es quién, tan perfecta la reciprocidad. Sin agravio de lo mudable de sus máximas, el mundo pontifica, impone, y el Papa asiente; y la confusión de las lenguas -y de las personas- es un hecho, pese al pensamiento único. Lo peor es que cuando el uno sofistica, el otro -a sabiendas de ello- lo celebra, y viceversa. Es tanta, al fin, la complicidad en la falsía como para que no quepan dudas de que unas miasmas de veras irrespirables se han apoderado de la atmósfera común, al punto de urgir la fuga al yermo para evitar la muerte por asfixia.

    ¿Un papa que, no bastándole la mole de insulseces proferidas a instancias de reiterada y ordenada prevaricación, se permite al fin proponer una «relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea», como consta en la trajinada entrevista que le hizo el director de La Civiltà Cattolica, sin advertir que es exactamente al revés, que es el Evangelio aquel a cuya luz debe «releerse» o bien medirse toda cultura y todo tiempo histórico? ¿Un papa que, a propósito de los homosexuales, lanza la enormidad de que «la religión tiene derecho de expresar sus propia opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal», trocando al mismo tiempo el deber por el derecho, la certeza por la opinión, poniendo al libre albedrío poco menos que como garante del pecado, y haciendo de la exhortación una injerencia? «Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello, aquella mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?», pregunta retórica esta última que sugiere la extensión de la comunión a aquellos que incurren -a no ser se corrija y expurgue el Evangelio (Mt 5,32; 19,9)- en adulterio. La «paz» a la que alude aquí Bergoglio, ¿según cuál de sus acepciones debe entenderse?

    Se comprende que para el insultante historicismo de esta ralea de pastores sea poco menos que una reliquia paleolítica aquel pasaje del Código de Derecho Canónico -tanto en su vieja redacción como en la más reciente- que recuerda que «no deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave» (can. 915, incluyéndose en este último caso, según manifiesta enseñanza, a los divorciados vueltos a casar siquiera por civil). El propio Juan Pablo II recordó categóricamente en la Familiaris consortio que «la Iglesia, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez (...) dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio». En verdad, lo que hace Bergoglio una y otra vez es ensalzar aquella misma moral situacional que oportunamente, advertido su peligro, condenara sin titubeos el papa Pío XII.

    En ese haz de páginas que vierten la entrevista mencionada no faltan alusiones sinuosas a todos los temas sobre los que hoy se cierne la controversia más amañada (la situación de la mujer en la Iglesia, el Vetus Ordo Missae y la tradición católica, etc.). Resulta penoso tener que seguirlo, oponiendo a la campanada de sus auténticas provocaciones (repetidas según una obvia clave interpretativa por los medios) estas sordas quejas desde la espelunca, desde la propia y prosaica "periferia existencial", para un puñado de benévolos lectores. Baste comprobar lo ya sabido a su respecto: la tesis común a todos los temas abordados se reduce a la variabilidad de la moral y los contenidos de fe según los tiempos corran. Lo sugiere el Papa -y usamos a conciencia términos como «insinuar» o «sugerir», que si algo evita deliberadamente Francisco es la precisión argumentativa- trayendo a cuento a san Vicente de Lerins, que «compara el desarrollo biológico del hombre con la transmisión del depositum fidei de una época a la otra... El hombre, con el tiempo, cambia su modo de percibirse. Una cosa es el hombre que se expresa esculpiendo la Nike de Samotracia, otra la de Caravaggio, otra la de Chagall y, todavía, otra la de Dalí». Más desacordado no podía ser el símil: permaneciendo una y la misma la naturaleza humana, la auto-percepción del hombre ha cambiado, en efecto, con el tiempo, según los accidentes que afectan al proceso cognitivo, cuyos resultados son siempre provisionales. En el caso del auto-conocimiento del hombre, uno mismo es el objeto y el sujeto del conocer. De los dogmas, en cambio, expresivos de una verdad sobrehumana e inmutable, cabe decir que si el modo de exponerlos varía con las épocas y las lenguas, su sentencia -que equivale, como es dable observar, a la "percepción" de los mismos: ex sentire sententia- no cambia, siendo bien célebre el apotegma de Lerins, que reconoce en todo caso que, aunque puedan variar los modos de la expresión, se conservan siempre el sentido y la sentencia: eodem sensu eademque sententia. Traer en este punto a un autor sacro para hacerle decir lo contrario de lo que enseña, ya nos parece demasiado.

    Autorretrato del cardenal Bergoglio en el tren subterráneo
    de Buenos Aires, vulgo "Sute".
    De ese mismo mundo que Francisco se esmera en lisonjear, y que comparte con él las veleidades progresistas, no han faltado últimamente voces que delatan el hastío ante lo que ya resulta una demasía actoral. Así, desde las Galias, uno se sirvió llamarlo «demagogo» y «autócrata», sin menoscabo de admitir que considera a éstas las cualidades más oportunas para el gobierno de la Iglesia en esta difícil sazón. A nuestra mayor deshonra y con no poca razón (casi un eco más atinado de aquel ¿de Galilea puede salir algo bueno?) el mismo escriba espetó que "no podía esperarse otra cosa del país que había parido a Perón y al Che Guevara". Otro, tenido en Italia en la categoría de los "ateos devotos" (es decir, intelectuales ajenos a la Iglesia pero que le reconocen a ésta al menos su inestimable carácter civilizador), no se abstuvo de asociar la lejana experiencia docente del Papa -que a través de la lectura de obras como «La casada infiel», de García Lorca, conducía a sus alumnos por las ulterioridades menos sensuales de la filosofía- con la condición hodierna de la Iglesia católica, esposa infiel toda vez que deviene meramente «pobre para los pobres, hospital de campaña de la misericordia, de las gasas y los buenos sentimientos (...) Es menester apuntar al fortalecimiento de los cuerpos y a la curación de cualquiera de sus partes mucho más que a la salvación de las almas o a las virtudes. Ahora el Evangelio se yergue contra la doctrina. Aquel libro bellísimo y salvaje, que es también un memorial misterioso y confuso, ese libro que desde hace veinte siglos buscamos explicarnos, porque la simplicidad es difícil de comprender, se convierte en la fiebre de bien y comprensión humana contra el cinismo catequético de la doctrina, contra los pequeños preceptos». Para rematar: «qué hallazgo genial, qué huevo de Colón. No sólo la Iglesia absuelve al mundo, sino que asume sus medios, se arrastra evangélicamente hacia un subjetivismo modernista de tipo antiguo, hacia su raíz, hacia la moral de la intención (...) Ahora la Iglesia se hace hija del mundo y su adulterio sentimental está a la vista de todos».

    Sería irritante reconocer que un pontífice, en el insalubre intercambio verbal con el mundo moderno al que se ve conminado por razón de su oficio, anteponga la prudentia carnis a la proclamación de la verdad. Pero no debe ser éste el caso de Francisco, o al menos no principalmente, aunque a una primera vista pudiera parecer así. No son fácilmente compatibles con la psicología del cobarde los ascensos meteóricos que Bergoglio experimentó a lo largo de su carrera eclesiástica, ni su frecuente y exhibida coyunda con agentes anticristianos -en un alarde de "libertad evangélica" que parece más su grotesco remedo que otra cosa-, ni su deliberado abordaje de las cuestiones morales más incómodas desde perspectivas que, al menos, ponen en riesgo la afirmación de la doctrina común.

    Huelga advertir, entonces, en relación a las profusas semidicciones de Francisco -y pese a la poca provisión de colirio en un mundo dado a tantas distracciones visuales- que quedan ojos aún activos, y que no faltan quienes le van tomando el pulso al sujeto: «el que habla puede ser malinterpretado por malicia ajena o por propia ambigüedad. Ser constantemente malinterpretado por todos, sin embargo, sólo puede significar dos cosas: o hay una conjura de todos los medios de comunicación amigos del incomprendido, o bien es el mismo malinterpretado aquel que quiere serlo, porque usa un lenguaje que se presta muy bien a este juego. Si el incomprendido no hace nada por desmentir a quien constantemente lo malinterpreta y aun más, le va bien que así sea, queda una de dos: o cuando habla no le interesa hacerse entender, o bien, simplemente, quien lo interpreta lo ha entendido a la perfección. El presunto incomprendido resulta, en cambio, perfectamente comprendido».

    Que tomen nota de ello los "teólogos" laicos -y consagrado- del sitio InfoCatólica, atareados fatigosamente en cargar, como Sísifo su peñón, las boutades de Su Santidad, demostrando ser ya casi los únicos en no haberlo comprendido. ¿No es risible venir a recordar, cuando este ramillete semestral de anfibologías pontificias ya derrama su fragancia por todos lados, que la enseñanza del Papa no se ve comprometida mientras éste no se pronuncie ex cathedra? Estas manifestaciones de confianza a toda costa, este ponerle buena cara al tan mal tiempo, ¿las inspira venalidad o tontería?

    Bastante tenemos que soportar y contestar el contrapunto que el mundo opone a la buena doctrina para que sea el propio Papa quien viene a proponer una «relectura» del Evangelio y de la misión de la Iglesia como un capítulo de la evolución dialéctica. Llevados a sus últimas consecuencias sus contrastes y antinomias, la reversibilidad de las certezas a que induce su calculado fraseo, ya nos parece ver estampada (en una encíclica-bomba, o poco menos) aquella blasfema fórmula de Proudhon: Dios es el mal. Mientras, y en tanto no cruce el umbral del sacrilegio explícito, la doctrina católica viene a ser en sus labios como esas míseras aves embreadas por la contaminación marina que, no pudiendo poner los pies en tierra, tampoco alcanzan a levantar vuelo, ennegrecidas y mustias, una auténtica y luctuosa sombra de lo que eres.
















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    Re: Habemus Papam - Francisco I

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Carta al Papa Francisco por Lucrecia Rego de Planas.




    En varios blogs y sitios católicos, anda circulando una carta abierta escrita al Papa Francisco por la ex directora de Catholic.net Lucrecia Rego de Planas. Como es de importancia la autora, por haber sido la directora (hasta hace poco tiempo) de una de las más grandes redes católicas en Internet, gracias a su cantidad de material y de sus visitas. La señora Lucrecia, como otros católicos del sector “conservador” (que venimos divisando) han comenzado a mostrar su preocupación por lo que -podemos llamar- la desfiguración paulatina del papado, que viene promoviendo el mismo Francisco con sus gestos y palabras a los medios de comunicación.
    Como ya verán nuestros lectores, no estamos de acuerdo con varias de las afirmaciones de la Sra. Rego de Planas, pero vemos interesante y valiente de su parte -en algunos aspectos- esta carta que le dirige a Francisco y que a continuación reproducimos.




    “CARTA AL PAPA FRANCISCO”
    POR LUCRECIA REGO DE PLANAS


    Huixquilucan, México, a 23 de septiembre del 2013


    Muy querido Papa Francisco:


    Me da mucho gusto tener esta oportunidad para saludarte.


    Seguramente no te acordarás de mí y lo comprendo, pues, viendo a tanta gente cada día, debe ser muy difícil para ti recordar a todas las personas con las que has dialogado y convivido en algún momento de tu vida.
    A lo largo de los últimos 12 años, coincidimos, tú y yo, varias veces, en algunas reuniones, encuentros y congresos eclesiales que se llevaron a cabo en ciudades de Centro y Sudamérica con distintos temas (comunicación, catequesis, educación), lo cual me dio la oportunidad de convivir contigo durante varios días, durmiendo bajo el mismo techo, compartiendo el mismo comedor y hasta la misma mesa de trabajo.
    En aquel entonces, tú eras el Arzobispo de Buenos Aires y yo era la directora de un importante medio de comunicación católico. Ahora, tú eres nada más y nada menos que el Papa y yo soy… sólo una madre de familia, cristiana, con un esposo muy bueno y nueve hijos, que da clases de Matemáticas en la Universidad y que trata de colaborar lo mejor que puede con la Iglesia, desde el lugar en que Dios le ha puesto.
    De aquellas reuniones en las que coincidimos hace ya varios años, recuerdo que en más de una ocasión te dirigiste a mí diciéndome:


    – “Niña, decime Jorge Mario, que somos amigos”, a lo que yo respondía asustada:
    – “De ninguna manera, Sr. Cardenal! ¡Dios me libre de tutear a uno de sus príncipes en la Tierra!”


    Ahora, en cambio, sí me atrevo a tutearte, pues ya no eres el Card. Bergoglio, sino el Papa, mi Papa, el dulce Cristo en la tierra, a quien tengo la confianza de dirigirme como a mi propio padre.
    Me he decidido a escribirte porque estoy sufriendo y necesito que me consueles.
    Te explicaré lo que me sucede, tratando de ser lo más breve posible. Sé que te gusta consolar a los que sufren y ahora, yo soy uno de ellos.
    Cuando te conocí por primera vez, siendo el cardenal Bergoglio, y durante esas convivencias cercanas, me llamaba la atención y me desconcertaba que nunca hacías las cosas como los demás cardenales y obispos. Por poner algunos ejemplos: eras el único entre ellos que no hacía la genuflexión frente al sagrario ni durante la Consagración; si todos los obispos se presentaban con su sotana o traje talar, porque así lo requerían las normas de la reunión, tú te presentabas con traje de calle y alzacuellos. Si todos se sentaban en los lugares reservados para los obispos y cardenales, tú dejabas vacío el sitio del cardenal Bergoglio y te sentabas hasta atrás, diciendo “aquí estoy bien, así me siento más a gusto”. Si los demás llegaban en un coche correspondiente a la dignidad de un obispo, tú llegabas, más tarde que los demás, ajetreado y presuroso, contando en voz alta tus encuentros en el transporte público que habías elegido para llegar a la reunión.
    Al ver esas cosas, ¡qué vergüenza contártelo!, yo decía para mis adentros:


    – “Uf… ¡qué ganas de llamar la atención! ¿por qué no, si quiere ser de verdad humilde y sencillo, mejor se comporta como los demás obispos para pasar desapercibido?”.
    Mis amigos argentinos que también asistían a esas reuniones, notaban de alguna manera mi desconcierto, y me decían:
    “No – “No eres la única. A todos nos desconcierta siempre, pues sabemos que tiene los criterios claros, ya que en sus discursos formales muestra unas convicciones y certezas siempre fieles al Magisterio y a la Tradición de la Iglesia; es un valiente y fiel defensor de la recta doctrina. Pero… al parecer, le gusta caerle bien a todos y estar bien con todos, así que puede un día decir un discurso en la TV en contra del aborto y, al día siguiente, en la misma TV, aparecer bendiciendo a las feministas pro-aborto en la Plaza de Mayo; puede decir un discurso maravilloso contra los masones y, unas horas después, estar cenando y brindando con ellos en el Club de Rotarios.”


    Mi querido Papa Francisco, ése fue el Card. Bergoglio que conocí de cerca: un día charlando animadamente con Mons. Duarte y Mons. Aguer acerca de la defensa de la vida y de la Liturgia y, ese mismo día, en la cena, charlando, igual de animadamente, con Mons. Ysern y Mons. Rosa Chávez acerca de las comunidades de base y las terribles barreras que significan “las enseñanzas dogmáticas” de la Iglesia. Un día, amigo del Card. Cipriani y del Card. Rodríguez Maradiaga, hablando de la ética empresarial y en contra de las ideologías de la Nueva Era y, un rato después, amigo de Casaldáliga y Boff hablando de lucha de clases y de "la riqueza" que las técnicas orientales pueden aportar a la Iglesia.
    Con estos antecedentes, comprenderás que abrí unos ojos enormes en el momento que escuché tu nombre después del “Habemus Papam” y, desde ese momento (antes de que tú lo pidieras) recé por ti y por mi querida Iglesia. Y no he dejado de hacerlo ni un solo día, desde entonces.
    Cuando te vi salir al balcón, sin mitra y sin muceta, rompiendo el protocolo del saludo y la lectura del texto en latín, buscando con ello diferenciarte del resto de los Papas de la historia, dije sonriendo preocupada para mis adentros:


    – “Sí, no cabe duda. Se trata del cardenal Bergoglio”.


    Durante los días que siguieron a tu elección, me diste varias oportunidades para confirmar que eras el mismo a quien yo había conocido de cerca, siempre buscando ser diferente, pues pediste zapatos distintos, anillo distinto, cruz distinta, silla distinta y hasta habitación y casa distinta al resto de los Papas, que siempre se habían acomodado humildemente a lo ya existente, sin requerir de cosas “especiales” para ellos.
    En esos días estaba yo tratando de recuperarme del dolor inmenso que sentía por la renuncia de mi queridísimo y admiradísimo Papa Benedicto XVI, con quien me identifiqué desde el inicio de manera extrema, por su claridad en sus enseñanzas (es el mejor profesor del mundo), por su fidelidad a la Sagrada Liturgia, por su valentía en defender la recta doctrina en medio de los enemigos de la Iglesia y por mil cosas más que no enumeraré. Con él en el timón de la Barca de Pedro, yo sentía que pisaba sobre tierra firme. Y con su renuncia, sentí que la tierra desaparecía bajo mis pies, pero la entendí, pues realmente los vientos estaban demasiado tempestuosos y el papado significaba algo demasiado rudo para sus fuerzas disminuidas por la edad, en la terrible y violenta guerra cultural que estaba librando.
    Me sentía como abandonada en medio de la guerra, en pleno terremoto, en lo más feroz de un huracán y fue cuando llegaste tú a sustituirlo en el timón. ¡Tenemos capitán de nuevo, demos gracias a Dios! Confié plenamente (sin ninguna duda de por medio) en que, con la asistencia del Espíritu Santo, con la oración de todos los fieles, con el peso de la responsabilidad, con la asesoría del equipo de trabajo en el Vaticano y con la consciencia de estar siendo observado por todo el mundo, el Papa Francisco dejaría atrás las cosas especiales y las ambivalencias del Card. Bergoglio y tomaría de inmediato el mando del ejército, para, con fuerzas renovadas, continuar los pasos en la lucha intensa que su predecesor venía librando.
    Pero, para mi sorpresa y desconcierto, mi nuevo general, en lugar de tomar las armas al llegar, comenzó su mandato utilizando el tiempo del Papa para telefonearle a su peluquero, a su dentista, a su casero y a su periodiquero, atrayendo las miradas hacia su propia persona y no hacia los asuntos relevantes del papado.
    Han pasado seis meses desde entonces y reconozco, con cariño y emoción, que has hecho trillones de cosas buenas. Me gustan mucho (muchísimo) tus discursos formales (a los políticos, a los ginecólogos, a los comunicadores, en la Jornada de la Paz, etcétera) y tus homilías en las Fiestas Solemnes, porque en ellas se nota una minuciosa preparación y una profunda meditación de cada palabra empleada. Tus palabras, en esos discursos y homilías, han sido un verdadero alimento para mi espíritu. Me gusta mucho que la gente te quiera y te aplauda. ¡Eres mi Papa, el Jefe Supremo de mi Iglesia, de la Iglesia de Cristo!
    Sin embargo, y esta es la razón de mi carta, debo decirte que también he sufrido (y sufro) con muchas de tus palabras, porque has dicho cosas que las he sentido como estocadas en el bajo vientre a mis intentos sinceros de fidelidad al Papa y al Magisterio.
    Me siento triste, sí, pero la mejor palabra para expresar mis sentimientos actuales es la perplejidad. No sé, de verdad, qué debo hacer, no sé qué debo decir y qué callar, no sé hacia dónde tirar ni hacia dónde aflojar. Necesito que me orientes, querido Papa Francisco. De verdad estoy sufriendo, y mucho, por esa perplejidad que me tiene inmóvil.
    Mi grave problema es que he dedicado gran parte de mi vida al estudio de la Sagrada Escritura, de la Tradición y el Magisterio, con el objetivo de tener razones firmes para defender mi fe. Y ahora, muchas de esas bases firmes resultan contradictorias con lo que mi querido Papa hace y dice. Estoy perpleja, de verdad, y necesito que me digas qué debo hacer.


    Me explico con algunos ejemplos:


    No puedo aplaudirle a un Papa que no hace la genuflexión frente al Sagrario ni en la Consagración como lo marca el ritual de la Misa, pero tampoco puedo criticarlo, pues ¡Es el Papa!
    Benedicto XVI nos pidió, en la Redemptionis Sacramentum, que informáramos al obispo del lugar de las infidelidades y abusos litúrgicos que viéramos. Pero… ¿debo informar al Papa, o a quién, por encima de él, que el Papa no respeta la liturgia? ¿O al Papa no se le reporta? No sé qué debo hacer. ¿Desobedezco las indicaciones de nuestro Papa emérito?
    No puedo sentirme feliz de que hayas eliminado el uso de la patena y los reclinatorios para los comulgantes; y menos me puede encantar que no bajes nunca a dar la comunión a los fieles, que no te llames a ti mismo “el Papa” sino sólo “el obispo de Roma”, que no uses ya el anillo de pescador, pero tampoco puedo quejarme, pues ¡eres el Papa!
    No puedo sentirme orgullosa de que le hayas lavado los pies a una mujer musulmana en el Jueves Santo, pues es una violación a las normas litúrgicas, pero no puedo decir ni pío, pues ¡Eres el Papa, a quien respeto y le debo ser fiel!
    Me dolió terriblemente cuando castigaste a los frailes franciscanos de la Inmaculada porque celebraban la Misa en el rito antiguo, pues tenían el permiso expreso de tu predecesor en la Summorum Pontificum. Y castigarlos, significa ir en contra de las enseñanzas de los Papas anteriores. Pero ¿a quién le puedo contar mi dolor? ¡Eres el Papa!
    No supe qué pensar ni qué decir, cuando te burlaste públicamente del grupo que te mandó un ramillete espiritual, llamándoles “ésos que cuentan las oraciones”. Siendo el ramillete espiritual una tradición hermosísima en la Iglesia, ¿qué debo pensar yo, si a mi Papa no le gusta y se burla de quienes los ofrecen?
    Tengo mil amigos “pro-vida” que, siendo católicos de primera, los derrumbaste hace unos días al llamarles obsesionados y obsesivos. ¿Qué debo hacer yo? ¿Consolarlos, suavizando falsamente tus palabras o herirlos más, repitiendo lo que tú dijiste de ellos, por querer ser fiel al Papa y a sus enseñanzas?
    En la JMJ llamaste a los jóvenes a que “armaran lío en las calles”. La palabra “lío”, hasta donde yo sé, es sinónimo de “desorden”, “caos”, “confusión”. ¿De verdad eso es lo que quieres que armen los jóvenes cristianos en las calles? ¿No hay ya bastante confusión y desorden como para incrementarlo?
    Conozco a muchas mujeres solteras mayores (solteronas), que son muy alegres, muy simpáticas y muy generosas y que se sintieron verdaderas piltrafas cuando tú le dijiste a las religiosas que no debían tener cara de solteronas. Hiciste sentir muy mal a mis amigas y a mí me dolió en el alma por ellas, pues no tiene nada de malo haberse quedado soltera y dedicar la vida a las buenas obras (de hecho, la soltería viene especificada como una vocación en el Catecismo). ¿Qué les debo decir yo a mis amigas “solteronas”? ¿Que el Papa no hablaba en serio (cosa que no puede hacer un Papa) o mejor les digo que apoyo al Papa en que todas las solteronas tienen cara de religiosas amargadas?
    Hace un par de semanas dijiste que “éste, que estamos viviendo, es uno de los mejores tiempos de la Iglesia”. ¿Cómo puede decir eso el Papa, cuando todos sabemos que hay millones de jóvenes católicos viviendo en concubinato y otros tantos millones de matrimonios católicos tomando anticonceptivos; cuando el divorcio es “nuestro pan de cada día” y millones de madres católicas matan a sus hijos no nacidos con la ayuda de médicos católicos; cuando hay millones de empresarios católicos que no se guían por la doctrina social de la Iglesia, sino por la ambición y la avaricia; cuando hay miles de sacerdotes que cometen abusos litúrgicos; cuando hay cientos de millones de católicos que jamás han tenido un encuentro con Cristo y no conocen ni lo más esencial de la doctrina; cuando la educación y los gobiernos están en manos de la masonería y la economía mundial en manos del sionismo? ¿Es éste el mejor tiempo de la Iglesia?
    Cuando lo dijiste, querido Papa, me aterré pensando si lo decías en serio. Si el capitán no está viendo el iceberg que tenemos enfrente, es muy probable que nos estrellemos contra él. ¿Lo decías en serio porque así lo crees sinceramente o fue “sólo un decir”?
    Muchos grandes predicadores se han sentido desolados al saber que dijiste que ya no hay que hablar más de los temas de los cuales la Iglesia ya ha hablado y que están escritos en el Catecismo. Dime, querido Papa Francisco, ¿qué debemos hacer, entonces, los cristianos que queremos ser fieles al Papa y también al Magisterio y a la Tradición? ¿Dejamos de predicar aunque San Pablo nos haya dicho que hay que hacerlo a tiempo y destiempo? ¿Acabamos con los predicadores valientes, los forzamos a enmudecer, mientras apapachamos a los pecadores y con dulzura les decimos que, si pueden y quieren, lean el Catecismo para que sepan lo que la Iglesia dice?
    Cada vez que hablas de “los pastores con olor a oveja”, pienso en todos aquellos sacerdotes que se han dejado contaminar por las cosas del mundo y que han perdido su aroma sacerdotal para adquirir cierto olor a podredumbre. Yo no quiero pastores con olor a oveja, sino ovejas que no huelen a estiércol porque su pastor las cuida y las mantiene siempre limpias.
    Hace unos días hablaste de la vocación de Mateo con estas palabras: “Me impresiona el gesto de Mateo. Se aferra a su dinero, como diciendo: ‘¡No, no a mí! No, ¡este dinero es mío!”. No pude evitar comparar tus palabras con el Evangelio (Mt 9, 9), contra lo que el mismo Mateo dice de su vocación: “Y saliendo Jesús de allí, vio a un hombre que estaba sentado frente al telonio, el cual se llamaba Mateo, y le dijo: Sígueme. Y éste se levantó y le siguió.”
    No puedo ver en dónde está el aferramiento al dinero (tampoco lo veo en el cuadro de Caravaggio). Veo dos narraciones distintas y una exégesis equivocada. ¿A quién debo creer, al Evangelio o al Papa, si quiero (como de verdad quiero) ser fiel al Evangelio y al Papa?
    Cuando hablaste de la mujer que vive en concubinato después de un divorcio y un aborto, dijiste que “ahora vive en paz”. Me pregunto: ¿Puede vivir en paz una mujer que está voluntariamente alejada de la gracia de Dios?
    Los Papas anteriores, desde San Pedro hasta Benedicto XVI, han dicho que no es posible encontrar la paz lejos de Dios, pero el Papa Francisco lo ha afirmado. ¿Qué debo apoyar, el magisterio de siempre o esta novedad? ¿Debo afirmar, a partir de hoy, para ser fiel al Papa, que la paz se puede encontrar en una vida de pecado?
    Después, soltaste la pregunta pero dejaste sin respuesta lo que debe hacer el confesor, como si quisieras abrir la caja de Pandora, sabiendo que hay cientos de sacerdotes que, equivocadamente, aconsejan seguir en concubinato. ¿Por qué mi Papa, mi querido Papa, no nos dijo en pocas palabras lo que se debe aconsejar en casos como éste, en lugar de abrir la duda en los corazones sinceros?
    Conocí al cardenal Bergoglio en plan casi familiar y soy testigo fiel de que es un hombre inteligente, simpático, espontáneo, muy dicharachero y muy ocurrente. Pero, no me gusta que la prensa esté publicando todos tus dichos y ocurrencias, porque no eres un párroco de pueblo; no eres ya el arzobispo de Buenos Aires; ahora eres ¡el Papa! y cada palabra que dices como Papa, adquiere valor de magisterio ordinario para muchos de los que te leemos y escuchamos.
    En fin, ya escribí demasiado abusando de tu tiempo, mi buen Papa. Con los ejemplos que te he dado (aunque hay muchos otros) creo que he dejado claro el dolor por la incertidumbre y perplejidad que estoy viviendo.
    Sólo tú puedes ayudarme. Necesito un guía que ilumine mis pasos con base en lo que siempre ha dicho la Iglesia, que hable con valentía y claridad, que no ofenda a quienes trabajamos por ser fieles al mandato de Jesús; que le llame “al pan, pan y al vino, vino”, ‘pecado’ al pecado y ‘virtud’ a la virtud, aunque con ello arriesgue su popularidad. Necesito de tu sabiduría, de tu firmeza y claridad. Te pido ayuda, por favor, pues estoy sufriendo mucho.
    Sé que Dios te ha dotado de una inteligencia muy aguda, así que, tratando de consolarme a mí misma, he podido imaginar que todo lo que haces y dices es parte de una estrategia para desconcertar al enemigo, presentándote ante él con bandera blanca y logrando así que baje la guardia. Pero me gustaría que nos compartieras tu estrategia a los que luchamos de tu lado, pues, además de desconcertar al enemigo, también nos estás desconcertando a nosotros y ya no sabemos hacia dónde está nuestro cuartel y hacia dónde está el frente enemigo.
    Te agradezco, una vez más, todo lo bueno que has hecho y dicho en las fiestas grandes, cuando tus homilías y discursos han sido hermosos, porque de verdad me han servido muchísimo. Tus palabras me han animado e impulsado a amar más, a amar siempre, a amar mejor y a enseñarle al mundo entero el rostro amoroso de Jesús.
    Te mando un abrazo filial muy cariñoso, mi querido Papa, con la seguridad de mis oraciones. Te pido también las tuyas, por mí y por mi familia, de la cual te anexo una fotografía, para que puedas rezar por nosotros, con caras y cuerpos conocidos.


    Tu hija que te quiere y reza todos los días por ti,


    Lucrecia Rego de Planas

    STAT VERITAS

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