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Tema: Frase inquietante en el Motu Propio

  1. #21
    Avatar de el cura y el barbero
    el cura y el barbero está desconectado blanco-hombre-hetero-español-
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    Re: Frase inquietante en el Motu Propio

    Cita Iniciado por Cirujeda Ver mensaje
    Es una pena que un debate que podría ser teológico se convierta en debate jurídico.
    Sigues sin darnos ningun ejemplo de los "añadidos" que fueron lícitamente "eliminados" por la Iglesia católica.

    Danos alguno, ¡¡por favor!!

  2. #22
    Avatar de Lizcano de la Rosa
    Lizcano de la Rosa está desconectado Miembro graduado
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    Re: Frase inquietante en el Motu Propio

    Cita Iniciado por Cirujeda Ver mensaje
    Cita:
    Empezado por Gothico

    ¡Ufff...! Ciertamente habilidoso.

    En fin, rápidamente:

    - El dogma es teológico, pero es posible intentar hacer de él una interpretación juridicista e, incluso, fundamentalista. No podemos "martillearlo" para adaptarlo a nuestras posiciones de partida.
    - El católico acepta los dogmas y trata de comprenderlos, además. Sabe que son un dato cierto pero, por amor a la Verdad, quiere profundizar en ellos.
    - La autoridad de los Papas es argumento, pero argumento de autoridad. A mí me valen, pero no a un no creyente. Y yo, como todos los misioneros católicos, intento llegar a los no creyentes. No le puedo decir a un hindú que no ha oído ni hablar de Jesucristo "esto es así porque lo estableció de forma definitiva tal Papa".
    - No estoy diciendo que se rechacen las definiciones dogmáticas, sino que no pueden ser un único argumento, pues estaríamos "reduciendo" la teología.
    - No he discutido ni discuto la “Lamentabili sine exitu". No puede aplicárseme ninguna de las proposiciones condenadas que citas.
    - La Iglesia, siempre, ha hecho un esfuerzo teológico y exegético. Siempre. Ese esfuerzo, con la inspiración del Espíritu Santo, ha cristalizado en una cada vez mayor concreción del Dogma. La inspiración del Espíritu Santo "baja del Cielo", sin duda. Pero a través de unos medios determinados. El cristianismo no es ningún espiritismo. No hace falta entrar en trance para que un Papa o un Concilio definan un dogma. Esto no contradice a la “Lamentabili sine exitu".

    Entonces, si lo que pretendo es, precisamente, comprender el dogma, defenderlo, explicitarlo, ¿a qué viene que se me califique poco menos que como protestante?

    ¿Es que acaso los católicos no podemos vencer a los protestantes en el terreno bíblico y teológico? Sí, podemos. Lo que no podemos hacer es darles la razón cuando dicen que consideramos a la Escritura explicación del Magisterio y no al revés. Eso es falso, pero parece que algún forero no lo entiende.
    En primer lugar, uno cree por don infuso, pero ¿en qué y por qué? Fácil. Uno cree, gracias a la virtud (fortaleza) de la fe, en aquello que Dios ha dicho y porque Dios lo ha dicho. Sin ese principio de autoridad la fe se vacía, se seca. No en vano Lutero es lo que persiguió, minar y destruir el principio de autoridad. En segundo lugar, y en base a ese principio de autoridad, la Iglesia militante es dogmática, no puede ser de otra manera. El misterio pascual es una nueva teología, una innovación que se enfrenta y destruye la Tradición de la Iglesia desde dentro, es la infección modernista, el cáncer metastasiado.

    No está mal, es además obligado, sustentar el dogma en la razón, pero no se debe confundir coherencia racional con comprensión. Así, Santo Tomás da un armazón filosófico a la posibilidad de que dos naturalezas coexistan en una sola permaneciendo las dos intactas. La esencia y la existencia. Pero eso no hace comprensible el misterio de la Encarnación. No es lo mismo profundizar, o si se quiere explicitar, que escudriñar.

    Todo el misterio pascual no es más que la negación de la transustanciación por la significación, para convertir el sacrificio en una comida fraterna. Se puede adornar y disimular, en esto los camaleones modernistas son auténticos sofistas, lo que se quiera pero la realidad, que supera a la mente enfermiza de la filosofía racionalista, es que sólo hay que darse una vuelta por los altares de las iglesia y ver qué es lo que ocurre. Esos son los hechos, y "el no esto, no era esto", ya nos lo conocemos. Claro que no era no eso, pero eso y no otra cosa son los frutos del misterio pascual. "Tronos a las ideas, y cadalsos a las consecuencias", ya nos lo sabemos también.

  3. #23
    Gothico está desconectado Miembro Respetado
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    Re: Frase inquietante en el Motu Propio

    Cita Iniciado por Cirujeda Ver mensaje
    Lo malo es que algunos estimados foreros tienden muchísimo a utilizar argumentos de autoridad, invocando continuamente textos definitorios, pero sin pretender profundizar en la comprensión de la naturaleza del sacramento. Más o menos diciendo: “Esto es así en virtud de la autoridad de quien lo ha dicho”.
    Así, pues, no sirven los “argumentos de autoridad” de Trento ni los “textos definitorios” de Trento.
    Sin embargo, existe una “profundización en la comprensión de la naturaleza del sacramento”, que es ésta (según tú):
    Evidentemente, cuando después de un mal trago, las cosas terminan bien, el espíritu se alegra. Por eso, aunque en la Misa hay sacrificio, está también presente el sentido festivo. Jesús murió, fue sepultado y, al tercer día, RESUCITÓ. La Redención no termina en la cruz. Si leemos el Génesis, veremos que la paga del pecado es la muerte (“El día que comieres de él, morirás sin remedio”). Sin embargo, en el momento en que la muerte es derrotada por Jesús, tenemos acceso al perdón de los pecados. Ahí tenemos uno de los significados profundos de la Resurrección de Jesús: Los pecados están perdonados. Ahora, sólo queda que tú te abras a la gracia y el Espíritu Santo produzca fruto en ti. Ahora, puedes realizar las buenas obras que Dios, de antemano, dispuso que practicáramos. Viendo tus obras, sabremos si tienes fe. Si no tienes buenas obras, no tienes fe.

    Por tus obras, sabremos si estás redimido. Sabremos si has vencido a la muerte. Sabremos si te hundes o no en las aguas, como san Pedro. Veremos cómo reaccionas ante el sufrimiento.

    Muy bien. Y yo pregunto:
    ¿Esa es la única “profundización” o podría haber otras (incluso muy diferentes)?
    ¿Es divinamente inspirada, acaso, para que tengamos a esa teoría una especial consideración?
    ¿Tú crees que esa parrafada tiene que gustar, o convencer, forzosamente, a los católicos?
    Si no nos gusta, o no nos convence o no hacemos caso a ese argumento, ¿seremos, acaso, ignorantes o “integristas” por rechazarlo?
    Y ya puestos, ¿por qué, mejor, no inventarnos cada alguna teoría para nuestra “profundización” particular?
    Y, en fin, si esa “profundización” no es Dogma de Fe (que me parece que no lo es) ni proviene del Magisterio infalible ¿por qué o para qué, habríamos de creerla?
    Más bien, por contra, a todo católico le obligan las palabras de Pío IX y de San Pío X, previniendo contra las “profundizaciones” :
    “NO escudriñar la PROFUNDIDAD de los Misterios de Dios, SINO reverenciarlos pía y humildemente» (Pascendi, 16)

    (se puede decir más alto, pero no más claro)
    Aunque, cómo ese es un “argumento jurídico”… para ti y los modernistas ya sabemos que no sirve…
    ¡¡Y a los católicos sólo les deben servir tus argumentos y los de los modernistas!! ¿no?

    Y prosigues:
    Todo esto está presente en la Misa. Siempre lo ha estado, pero han llegado a ser tanto los añadidos (añadidos previstos por la Divina Providencia, eso no lo he discutido nunca), que era difícil verlo.

    Es decir, que hubo ocultación de lo esencial por añadidos, olvido etc...:
    Ya existía esa herejía, ¿la conocías?, tiene más de dos siglos:
    Errores del Sínodo de Pistoya
    [Condenados en la Constit. Auctorem Fidei, de 28 de agosto de 1794]
    [A. Errores sobre la Iglesia]
    Del oscurecimiento de las verdades en la Iglesia
    [Del Decr. de grat. § 1]
    1. La proposición que afirma: que en estos últimos siglos se ha esparcido un general oscurecimiento sobre las verdades de más grave importancia, que miran a la religión y que son base de la fe y de la doctrina moral de Jesucristo, es herética.

    …Del orden conveniente que ha de guardarse en el culto
    [Ibid. § 6]
    33. La proposición del Sínodo por la que manifiesta desear que se quiten las causas por las que en parte se ha introducido el olvido de los principios que tocan al orden de la liturgia, volviéndola a mayor sencillez de los ritos, exponiéndola en lengua vulgar y pronunciándola en voz alta —como si el orden vigente de la liturgia, recibido y aprobado por la Iglesia, procediera en parte del olvido de los principios por que debe aquélla regirse—, es temeraria, ofensiva de los piadosos oídos, injuriosa contra la Iglesia y favorecedora de las injurias de los herejes contra ella.
    http://www.mercaba.org/FICHAS/IGLESI...iglesia_09.htm
    Última edición por Gothico; 15/12/2007 a las 17:39

  4. #24
    Avatar de Cirujeda
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    Re: Frase inquietante en el Motu Propio

    Sinceramente, me ha faltado tiempo para dedicarme a responder con cierta profundidad, por lo que he recurrido a personas mucho más preparadas que yo para que sean ellos quienes contesten.

    Copia la respuesta que he recibido por correo electrónico, con la esperanza de que sirva para comprender que no hay razones para la confrontación en la renovación litúrgica del Vaticano II, sino más bien para la alegría de los amantes de la Tradición:


    El P. Fuentes me ha delegado responder a su consulta.

    Ciertamente, las definiciones del Concilio de Trento sobre la Misa
    tienen carácter dogmático, y precisamente han sido recogidas como
    tales por el Concilio Vaticano II, como puede leerse en la
    Presentación de la Ordenación General del Misal Romano (Misal de Pablo
    VI), que transcribo a continuación para responder a su consulta:

    INTRODUCCIÓN

    1. El Señor, cuando iba a celebrar la cena pascual con sus discípulos
    en la que instituyó el sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre, mandó
    preparar una sala grande, ya dispuesta (Lc 22,12). La Iglesia se ha
    considerado siempre comprometida por este mandato, al ir estableciendo
    normas para la celebración de la Eucaristía relativas a la disposición
    de las personas, de los lugares, de los ritos y de los textos. Tanto
    las normas actuales, que han sido promulgadas basándose en la
    autoridad del Concilio Ecuménico Vaticano II, como el nuevo Misal que
    en adelante empleará la Iglesia de Rito romano para la celebración de
    la Misa, constituyen una nueva demostración de este interés de la
    Iglesia, de su fe y de su amor inalterable al sublime misterio
    eucarístico, y testifican su tradición continua y homogénea, a pesar
    de algunas innovaciones que han sido introducidas.

    Testimonio de fe inalterada

    2. El Concilio Vaticano II ha vuelto a afirmar la naturaleza
    sacrificial de la Misa, solemnemente proclamada por el Concilio de
    Trento en consonancia con toda la tradición de la Iglesia (CONC. ECUM.
    DE TRENTO, Sesión XXII, deI 17 de septiembre de 1562: DS 1738-1759);
    suyas son estas significativas palabras acerca de la Misa: "Nuestro
    Salvador, en la última Cena, instituyó el sacrificio eucarístico de su
    Cuerpo y de su Sangre, con el cual iba a perpetuar por los siglos,
    hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y a confiar así a su Esposa,
    la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección".
    Lo que enseña el Concilio, aparece continuamente en las fórmulas de la
    Misa. En efecto, la doctrina que el antiguo Sacramentario Leoniano
    expresaba en la fórmula: "Cada vez que se celebra el memorial de este
    sacrificio, se realiza la obra de nuestra redención", aparece de modo
    claro y preciso en las Plegarias eucarísticas; en ellas, el sacerdote,
    a la vez que realiza la "anámnesis", se dirige a Dios en nombre de
    todo el pueblo, le da gracias y le ofrece el sacrificio vivo y santo,
    a saber: la oblación de la Iglesia y la Víctima por cuya inmolación el
    mismo Dios quiso devolvernos su amistad; y pide que el Cuerpo y Sangre
    de Cristo sean sacrificio agradable al Padre y salvación para todo el
    mundo.'
    De este modo, en el nuevo Misal, la lex orandi de la Iglesia responde
    a su perenne lex credendi, la cual nos recuerda que, salvo el modo
    diverso de ofrecer, constituyen un mismo y único sacrificio el de la
    cruz y su renovación sacramental en la Misa, instituida por el Señor
    en la última Cena con el mandato conferido a los Apóstoles de
    celebrarla en su conmemoración; y que, consiguientemente, la Misa es
    al mismo tiempo sacrificio de alabanza, de acción de gracias,
    propiciatorio y satisfactorio.

    3. El misterio admirable de la presencia real de Cristo bajo las
    especies eucarísticas, reafirmado por el Concilio Vaticano II y otros
    documentos del Magisterio de la Iglesia' en el mismo sentido y con los
    mismos términos que el Concilio de Trento lo declaró materia de fe,'
    se ve expresado también en la celebración de la Misa por las palabras
    de la consagración que hacen presente a Cristo por la
    transubstanciación, y, además, por los signos de suma reverencia y
    adoración que tienen lugar en la Liturgia eucarística. Tal es el
    motivo de impulsar al pueblo cristiano a que ofrezca especial tributo
    de adoración a este admirable Sacramento en el día del Jueves Santo y
    en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

    4. La naturaleza del sacerdocio ministerial, propia del Obispo y del
    presbítero, que in persona Christi, ofrecen el sacrificio y presiden
    la asamblea del pueblo santo, queda esclarecida en la disposición del
    mismo rito por la preeminencia del lugar reservado al sacerdote y por
    la función que desempeña. El contenido de esta función se ve expresado
    con particular claridad y amplitud en el prefacio de la Misa crismal
    del Jueves Santo, día en que se conmemora la institución del
    sacerdocio. En dicho prefacio se declara la transmisión de la potestad
    sacerdotal por la imposición de las manos, enumerándose cada uno de
    los cometidos de esta potestad, que es continuación de la de Cristo,
    Sumo Pontífice del Nuevo Testamento.

    5. Pero hay algo distinto y muy digno de estima que se capta a partir
    de esta naturaleza del sacerdocio ministerial: es el sacerdocio real
    de los fieles, cuya ofrenda espiritual se consuma en la unión con el
    sacrificio de Cristo, único Mediador, por el ministerio del Obispo y
    de los presbíteros. La celebración eucarística, en efecto, es acción
    de la Iglesia universal, y en ella habrá de realizar cada uno todo y
    sólo lo que de hecho le compete conforme al grado en que se encuentra
    situado dentro del pueblo de Dios. De aquí la necesidad de prestar una
    particular atención a determinados aspectos de la celebración que en
    el decurso de los siglos no han sido tenidos muy en cuenta. Se trata
    nada menos que del pueblo de Dios, adquirido por la Sangre de Cristo,
    congregado por el Señor, que lo alimenta con su palabra; pueblo que ha
    recibido el llamamiento de presentar a Dios todas las peticiones de la
    familia humana; pueblo que, en Cristo, da gracias por el misterio de
    la salvación ofreciendo su sacrificio; pueblo finalmente que por la
    Comunión de su Cuerpo y Sangre se consolida en la unidad. Y este
    pueblo, aunque sea santo por su origen, sin embargo, crece de continuo
    en santidad por la participación consciente, activa y fructuosa en el
    misterio eucarístico.

    Una tradición ininterrumpida

    6. Al establecer las normas a seguir en la revisión del Ordinario de
    la Misa, el Concilio Vaticano II determinó, entre otras cosas, que
    algunos ritos "fueran restablecidos conforme a la primitiva norma de
    los santos Padres"," haciendo uso de las mismas palabras empleadas por
    san Pío V en la Constitución Apostólica Quo primum al promulgar en
    1570 el Misal Tridentino. El que ambos Misales Romanos convengan en
    las mismas palabras puede ayudar a comprender cómo, pese a mediar
    entre ellos una distancia de cuatro siglos, ambos recogen una misma
    tradición. Y si se analiza el contenido interior de esta tradición, se
    ve también con cuánto acierto el nuevo Misal completa al anterior.

    7. En aquellos momentos difíciles, en que se ponía en crisis la fe
    católica acerca de la naturaleza sacrificial de la Misa, del
    sacerdocio ministerial y de la presencia real y permanente de Cristo
    bajo las especies eucarísticas, lo que san Pío V se propuso en primer
    término fue salvaguardar los últimos pasos de una tradición atacada
    sin verdadera razón, y, por este motivo, sólo se introdujeron
    pequeñísimos cambios en el rito sagrado. En realidad, el Misal
    promulgado en 1570 apenas se diferencia del primer Misal que apareció
    impreso en 1474, el cual, a su vez, reproduce fielmente el Misal de la
    época de Inocencio III. Se dio el caso, además, de que los códices de
    la Biblioteca Vaticana sirvieron para corregir algunas expresiones,
    pero esta investigación de "antiguos y probados autores" se redujo a
    los comentarios litúrgicos de la Edad Media.

    8. Hoy, en cambio, la "norma de los santos Padres", que trataron de
    seguir aquellos que propusieron las enmiendas del Misal de san Pío V,
    se ha visto enriquecida con numerosísimos trabajos de investigación.
    Al Sacramentario llamado Gregoriano, editado por primera vez en 1571,
    han seguido los antiguos Sacramentarios Romanos y Ambrosianos,
    repetidas veces publicados en edición crítica, así como los antiguos
    libros litúrgicos de España y de las Galias, que han aportado
    muchísimas oraciones de gran belleza espiritual, ignoradas
    anteriormente.
    Hoy, gracias al hallazgo de tantos documentos litúrgicos se conocen
    mejor las tradiciones de los primitivos siglos, anteriores a la
    constitución de los ritos de Oriente y de Occidente.
    Además, con los progresivos estudios de los santos Padres, la teología
    del misterio eucarístico ha recibido nuevos esclarecimientos,
    provenientes de la doctrina de los más ilustres Padres de la
    antigüedad cristiana, como san Ireneo, san Ambrosio, san Cirilo de
    Jerusalén, san Juan Crisóstomo.

    9. Por tanto, la "norma de los santos Padres" pide algo más que la
    conservación del legado transmitido por nuestros inmediatos
    predecesores; exige abarcar y estudiar a fondo todo el pasado de la
    Iglesia y todas las formas de expresión que la fe única ha tenido en
    contextos humanos y culturales tan diferentes entre sí, como pueden
    ser los correspondientes a las regiones semíticas, griegas y latinas.
    Con esta perspectiva más amplia, hoy podemos ver cómo el Espíritu
    Santo suscita en el pueblo de Dios una fidelidad admirable en
    conservar inmutable el depósito de la fe en medio de tanta variedad de
    ritos y oraciones.


    Acomodación a una situación nueva

    10. El nuevo Misal, que testifica la lex orandi de la Iglesia Romana y
    conserva el depósito de la fe transmitido en los últimos Concilios,
    supone al mismo tiempo un paso importantísimo en la tradición litúrgica.
    Es verdad que los Padres del Concilio Vaticano II reiteraron las
    afirmaciones dogmáticas del Concilio de Trento; pero tuvieron que
    hablar en un momento histórico muy distinto, y por ello hubieron de
    aportar planes y orientaciones pastorales totalmente imprevisibles
    hace cuatro siglos.

    11. El Concilio de Trento ya había caído en la cuenta de la utilidad
    del gran caudal catequético de la Misa; pero no le fue posible
    descender a todas las consecuencias de orden práctico. De hecho,
    muchos deseaban, ya entonces, que se permitiera emplear la lengua del
    pueblo en la celebración eucarística. Pero el Concilio, teniendo en
    cuenta las circunstancias que concurrían en aquellos momentos, se
    creyó en la obligación de volver a inculcar la doctrina tradicional de
    la Iglesia, según la cual el sacrificio eucarístico es, ante todo,
    acción de Cristo mismo, y, por tanto, su eficacia intrínseca no se ve
    afectada por el modo de participar seguido por los fieles. En
    consecuencia, se expresó de modo firme y moderado con estas palabras:
    "Aunque la Misa contiene mucha materia de instrucción para el pueblo,
    sin embargo, no pareció conveniente a los Padres que, como norma
    general, se celebrase en lengua vulgar". Condenó, además, al que
    juzgase "ser reprobable el rito de la Iglesia Romana por el cual la
    parte correspondiente al canon y las palabras de la consagración se
    pronuncian en voz baja; o que la Misa exige ser celebrada en lengua
    vulgar". Y, no obstante, si por un motivo prohibía el uso de la lengua
    vernácula en la Misa, por otro, en cambio, mandaba que los pastores de
    almas procurasen suplirlo con la oportuna catequesis: "A fin de que
    las ovejas de Cristo no padezcan hambre..., manda el santo Sínodo a
    los pastores y a cuantos tienen cura de almas que frecuentemente en la
    celebración de la Misa, bien por sí, bien por medio de otros, hagan
    una exposición sobre algo de lo que en la Misa se lee, y, además,
    expliquen alguno de los misterios de este santísimo sacrificio,
    principalmente en los domingos y días festivos".

    12. El Concilio Vaticano II, congregado precisamente para adaptar la
    Iglesia a las necesidades que su cometido apostólico encuentra en
    estos tiempos, prestó una detenida atención al carácter didáctico y
    pastoral de la sagrada Liturgia, lo mismo que el Concilio de Trento.
    Aunque ningún católico negaba la legitimidad y eficacia del sagrado
    rito celebrado en latín, no obstante, se encontró en condiciones de
    reconocer que "frecuentemente el empleo de la lengua vernácula puede
    ser de gran utilidad para el pueblo", y autorizó dicho empleo. El
    interés con que en todas partes se acogió esta determinación fue muy
    grande, y así, bajo la dirección de los Obispos y de la misma Sede
    Apostólica, ha podido llegarse a que se realicen en lengua vernácula
    todas las celebraciones litúrgicas en las que el pueblo participa, con
    el consiguiente conocimiento mayor del misterio celebrado.

    13. Aunque el uso de la lengua vernácula en la sagrada Liturgia es un
    instrumento de suma importancia para expresar más abiertamente la
    catequesis del misterio contenida en la celebración, el Concilio
    Vaticano II advirtió también que debían ponerse en práctica algunas
    prescripciones del Tridentino no en todas partes acatadas, como la
    homilía en los domingos y días festivos" y la posibilidad de
    intercalar moniciones entre los mismos ritos sagrados.
    Con mayor interés aún, el Concilio Vaticano II, consecuente en
    presentar como "el modo más perfecto de participación aquél en que los
    fieles, después de la Comunión del sacerdote, reciben el Cuerpo del
    Señor consagrado en la misma Misa", exhorta a llevar a la práctica
    otro deseo ya formulado por los Padres del Tridentino: que para
    participar de un modo más pleno "en la Misa no se contenten los fieles
    con comulgar espiritualmente, sino que reciban sacramentalmente la
    Comunión eucarística".

    14. Movido por el mismo espíritu y por el mismo interés pastoral del
    Tridentino, el Concilio Vaticano II pudo abordar desde un punto de
    vista distinto lo establecido por aquél acerca de la comunión bajo las
    dos especies. Al no haber hoy quien ponga en duda los principios
    doctrinales del valor pleno de la comunión eucarística recibida bajo
    la sola especie de pan, permitió en algunos casos la comunión bajo
    ambas especies, a saber, siempre que por esta más clara manifestación
    del signo sacramental los fieles tengan ocasión de captar mejor el
    misterio en el que participan.

    1 5. De esta manera, la Iglesia, que conservando "lo antiguo", es
    decir, el depósito de la tradición, permanece fiel a su misión de ser
    maestra de la verdad, cumple también con su deber de examinar y
    emplear prudentemente "lo nuevo" (cf. Mt 13, 52).
    Así, una parte del nuevo Misal presenta unas oraciones de la Iglesia
    más abiertamente orientadas a las necesidades actuales: tales son,
    principalmente, las Misas rituales y por diversas necesidades, en las
    que oportunamente se combinan lo tradicional y lo nuevo. Mientras que
    algunas expresiones provenientes de la más antigua tradición de la
    Iglesia han permanecido intactas, como puede verse por el mismo Misal
    Romano, reeditado tantas veces, otras muchas expresiones han sido
    acomodadas a las actuales necesidades y circunstancias, y otras, en
    cambio, como las oraciones por la Iglesia, por los laicos, por la
    santificación del trabajo humano, por la comunidad de naciones, por
    algunas necesidades peculiares de nuestro tiempo, han sido elaboradas
    íntegramente, tomando ideas y hasta las mismas expresiones muchas
    veces de los recientes documentos conciliares.
    Al hacer uso de los textos de una tradición antiquísima, teniendo
    también en cuenta la nueva situación del mundo, según hoy se presenta,
    se han podido cambiar ciertas expresiones sin que aparezca como
    menosprecio a tan venerable tesoro, con el fin de acomodarlas al
    lenguaje teológico actual y a la presente disciplina de la Iglesia.
    Por ejemplo, han sido modificadas algunas de las relativas a la
    consideración y uso de los bienes terrenos, otras que se refieren a
    cierta forma de penitencia corporal, propias de otros tiempos.
    Se ve, pues, cómo las normas litúrgicas del Concilio de Trento han
    sido en gran parte completadas y perfeccionadas por las del Vaticano
    II, que condujo a término los esfuerzos para conseguir un mayor
    acercamiento de los fieles a la Liturgia, esfuerzos realizados a lo
    largo de cuatro siglos, y sobre todo en los últimos tiempos, debido
    principalmente al interés por la liturgia que suscitaron san Pío X y
    sus sucesores.


    Hasta aquí el extenso texto, cuya atenta lectura dará respuesta a sus
    dudas. Si bien es cierto que no todas las definiciones del Vaticano II
    son de carácter dogmático (pero Lumen Gentium, Dei Verbum y Gaudium et
    Spes sí lo son), la estrecha relación entre liturgia y fe (dogma),
    expresada en el principio lex orandi lex credendi, hace que no pueda
    ser herética la Misa celebrada según un Misal aprobado por un Papa, a
    instancias de un Concilio; herético sería, más bien, sostener algo
    semejante. Como sostiene Pío XII en la Mediator Dei (cuya lectura le
    recomiendo), ?toda la liturgia tiene, pues, un contenido de fe
    católica, en cuanto atestigua públicamente la fe de la Iglesia?.

    La Iglesia tiene derecho de regular en materia litúrgica, y puede
    cambiar aquello que crea oportuno conservando siempre la sustancia del
    rito. Si la Iglesia hubiere fijado el Canon de manera inamovible para
    siempre, entonces se seguiría que los otros ritos de la Iglesia que no
    utilizan el Canon Romano, no celebrarían válidamente. El hecho que la
    Iglesia haya declarado inmune de error el Canon Romano (Concilio de
    Trento, Dz 953), no significa que sea la única plegaria que pueda
    utilizarse, aunque tenga un lugar de privilegio. De hecho, el Nuevo
    Misal, con algunos mínimos cambios, la ha mantenido, y, precisamente
    por eso, quienes llevaron a cabo la reforma litúrgica prefirieron
    crear nuevas plegarias, tomando incluso del tesoro de las oraciones de
    la tradición de la Iglesia, incluso más antiguas que el mismo Canon
    Romano (como es el caso de la plegaria II, que sigue sustancialmente
    el llamado Canon de Hipólito).

    En cuanto a la ?fijación? de la Misa, hay que decir que el Misal de
    1570, no obstante la voluntad de S. Pío V de que el rito romano allí
    establecido se observe ?ne in posterum perpetuis futuris temporibus in
    omnibus Christiani orbis...? (Bula Quo Primum), ha sido modificado
    con las sendas ediciones típicas que le sucedieron. Así, Clemente VIII
    (1604-Cum Sanctissimum); Urbano VIII (1634-Si quid); León XIII (1884),
    S. Pío X (1911-Divino Afflatu) Benedicto XV (1920) y Juan XIII (1962).
    El mismo Pío XII, hizo una importante reforma de la Semana Santa. Lo
    interesante es que los mencionados Pontífices utilizan fórmulas
    similares, incluso iguales para expresar la voluntad de perpetuidad,
    previendo penas canónicas análogas.

    En la Missale Romanum (Bula de promulgación del Nuevo Misal, del
    3/4/69), Pablo VI concluye así: ?Nostra haec autem statuta et
    praescripta nunc et in posterum firma et efficacia esse et fore
    volumus, non obstantibus quatenus opus sit, Constitutionibus et
    Ordinationibus Apostolicis a Decessoribus Nostris editis, ceterisque
    praescriptionibus etiam, peculiari mentione et derogatione dignis.?

    De todos modos rige otro principio superior: es la misma la autoridad
    de un Papa que de otro Papa, pues la fuente es la misma: la "autoridad
    apostólica". En la jerga romana se dice: ?un Papa bolla e l? altro
    sbolla? (?un Papa emite una bula y el otro la suprime?). Si uno tiene
    autoridad para reformar, unificar y codificar un rito, la tuvo también
    su antecesor y la tiene su sucesor. Por eso nunca se puede invocar la
    autoridad de un Papa para rebajar o poner en duda el ejercicio de la
    autoridad por parte de otro Papa, pues si éste último no la tiene,
    tampoco la tuvo el primero. Lo mismo vale para los Concilios
    ecuménicos convocados bajo la autoridad del Sumo Pontífice.

    De que la sana renovación litúrgica es obra del Espíritu Santo, no
    pueden quedar dudas. De que muchos han utilizado la renovación
    litúrgica para sembrar confusión y hacer de la liturgia una propia
    creación, totalmente arbitraria (haciendo el caldo gordo al demonio),
    tampoco caben dudas, pero debemos saber distinguir las cosas. (Puede
    leer la Exhortación Post-sinodal Sacramentum Caritatis).

    El uso ordinario del rito romano es no sólo totalmente válido y
    ortodoxo, sino también el uso propiciado por la autoridad de la
    Iglesia y el más acorde a los tiempos en que vivimos, para una
    participación más activa, fructuosa y consciente del Santo Sacrificio
    de la Misa.

    Cuente con mis oraciones y estamos a su disposición. Aprovecho la
    ocasión para desearle un santo 2008.

    En Cristo y María.

    P. Jon Mikel de Arza Blanco, IVE.
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    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    publicado el 7-I-08 en el blog GLADIUM ET SPES http://gladiumetspes.blogspot.com/




    En Hispanismo.org, muy buen foro de internet vinvulado a una organización política católica española, catalana en particular, uno se encuentra con barbaridades, no del foro ni producto del mismo, como la que a cotinuación vamos a comentar. Movido de buena voluntad, un forista recurre, al verse limitado en sus conocimientos sobre una discusión acerca del Motu Proprio, a una fuente externa teológica. Bien es verdad que es preferible, hoy en día, la respuesta del místico a la del teólogo en cuestiones de dogmática, pero sea como sea, nunca está de más saber que la "nouvelle teologie" domina el espectro de la Iglesia de la publicidad.



    Empieza la contestación del neoteólogo:



    Si bien es cierto que no todas las definiciones del Vaticano II son de carácter dogmático (pero Lumen Gentium, Dei Verbum y Gaudium et Spes sí lo son),..



    Vamos a ver, ¿cómo que no todas las definiciones del Vaticano II? Un Concilio ecuménico, por ser ecuménico (universal, que no pancristiano o interrreligioso como se suele entender por mito del lenguaje este vocablo), es infalible y, por tanto, cuando define lo hace con carácter de dogma, a no ser que el Concilio no sea ecuménico, o que se renuncie expresamente al carácter dogmático, y si eso se hace, se hace con todo, no con la parte. Y, ya que, S.S. Paulo VI precisó, en discurso en la audiencia general del 12 de enero de 1966, y en el discurso de clausura del propio Concilio, que: "el Concilio Vaticno II evitó dar definiciones dogmáticas solemnes, que empeñasen la infalibilidad del magisterio eclesiástico", está claro que el Concilio Vaticano II es magisterio ordinario no infalible, y por ello, no libre del error en todo aquello que sea nuevo o no concuerde con la enseñanza de la Tradición. Es más, en la propia página del Vaticano, http://www.vatican.va/, las constituciones conciliares "Dei Verbum", "Lumen Gentium", "Sacrosanctum Concilium" y "Gaudium et Spes", que antes aparecían con el título de "Constituciones Dogmáticas", ahora aparecen con la denominación única de "Constituciones".



    ...la estrecha relación entre liturgia y fe (dogma), expresada en el principio lex orandi lex credendi, hace que no pueda ser herética la Misa celebrada según un Misal aprobado por un Papa, a instancias de un Concilio; herético sería, más bien, sostener algo semejante.



    ¿Qué hace que lo declarado como dogma no sea erróneo, si no es precisamente el carácter dogmático? Es de perogrullo, pero encierra un sofisma, y es que el Misal de Paulo VI no fue aprobado por el Concilio, sino que fue la mala aplicación, o la aplicación ambigua y modernista, de la Constitución "Sacrosanctum Concilium". Al efecto valgan las protestas de Ottaviani, a la sazón nada más y nada menos que el Prefecto del Santo Oficio, sobre el susodicho misal. Si bien el misal de Paulo VI no pueda considerarse herético, nada obsta para que no pueda declararse libre de error, con lo que si bien es válido no prueba ser legítimo. Y a más redundancia, no olvidar que los misales posteriores al Concilio Vaticano II, antes de 1965, recogían las aspiraciones de la Constitución conciliar (y así se expresaba en el nihil obstat correspondiente) que significaba la supresión del Confíteor de los fieles en el rito de la comunión. Asimismo, insistir, que la modificación del Ordinario, recomendación conciliar, para nada incluía la variación del tiempo litúrgico que fue lo que apareció con el nuevo misal, por lo tanto, no es el misal lo que la instancia del Concilio recogía.



    Como sostiene Pío XII en la Mediator Dei (cuya lectura le recomiendo), ?toda la liturgia tiene, pues, un contenido de fe católica, en cuanto atestigua públicamente la fe de la Iglesia?



    Por supuesto, y ahí está el quid, que al cambiar la liturgia, para acercar el culto a los protestantes, en famoso apotegma "ver lo que nos une y no lo que nos separa" (error condenado en Mortalium Animos), es donde se atenta contra el dogma.



    La Iglesia tiene derecho de regular en materia litúrgica, y puede cambiar aquello que crea oportuno conservando siempre la sustancia del rito.



    Obviamente, y así fue en una historia dos veces milenaria, pero la sustancia, la esencia es la que es contrariada en el nuevo misal de S.S. Paulo VI. La forma ha sido tan modificada que a comprometido la esencia, eso y no otra cosa es la crisis conciliar litúrgica.



    Si la Iglesia hubiere fijado el Canon de manera inamovible para siempre, entonces se seguiría que los otros ritos de la Iglesia que no utilizan el Canon Romano, no celebrarían válidamente.



    Hipótesis falsa, pues lo otros ritos, los de más de 200 años que adquirían derecho por la costumbre, como el ambrosiano, el mozárabe, etc., nunca fueron suprimidos, se está hablando del rito romano, no de los otros. La comparación no ha lugar, es una trinchera sofista.



    El hecho que la Iglesia haya declarado inmune de error el Canon Romano (Concilio de Trento, Dz 953), no significa que sea la única plegaria que pueda utilizarse, aunque tenga un lugar de privilegio.



    Otra hipótesis falsa, por comparación igualitaria entre desiguales, como si el hecho de ser canonizado un misal, como lo hizo San Pío V, fuera baladí. Ojalá tuviera esa canonización el misal de S.S. Paulo VI, cosa que no tiene y con la cual podría ser legítma la comparación de la hipótesis.



    De hecho, el Nuevo Misal, con algunos mínimos cambios, la ha mantenido,



    Mentira. ¿Cómo que mínimos cambios? El examen crítico del Novus Ordo de Ottaviani y Bacchi demuestra que de mínimos nada, sustanciales y no formales, pues, no lo olvidemos nunca, el fin de esa nueva liturgia era el acercamiento forzado, dejando de un lado a Dios, con las sectas protestantes, el "ut sint unum" con los medios humanos.



    y, precisamente por eso, quienes llevaron a cabo la reforma litúrgica prefirieron crear nuevas plegarias, tomando incluso del tesoro de las oraciones de la tradición de la Iglesia, incluso más antiguas que el mismo Canon Romano (como es el caso de la plegaria II, que sigue sustancialmente el llamado Canon de Hipólito).



    Las nuevas plegarias no son fruto de un rescate de la Tradicion, del cristianismo auténtico que sólo el Concilio Vaticano II y la "nouvelle teologie" son capaces de ver y del que se jactan descubridores, sino de ese arqueologismo condenado ya por S.S. Pío XII.



    En cuanto a la ?fijación? de la Misa, hay que decir que el Misal de 1570, no obstante la voluntad de S. Pío V de que el rito romano allí establecido se observe ?ne in posterum perpetuis futuris temporibus in omnibus Christiani orbis...? (Bula Quo Primum), ha sido modificado con las sendas ediciones típicas que le sucedieron. Así, Clemente VIII (1604-Cum Sanctissimum); Urbano VIII (1634-Si quid); León XIII (1884), S. Pío X (1911-Divino Afflatu) Benedicto XV (1920) y Juan XIII (1962). El mismo Pío XII, hizo una importante reforma de la Semana Santa. Lo interesante es que los mencionados Pontífices utilizan fórmulas similares, incluso iguales para expresar la voluntad de perpetuidad, previendo penas canónicas análogas.



    En efecto. Y hasta San Pío V no hizo otra cosa que codificar, no inventó nada. Y las ediciones típicas del Misal nunca, nunca, supusieron ir contra la esencia del rito, sino sólo un cambio formal legítimo.



    En la Missale Romanum (Bula de promulgación del Nuevo Misal, del 3/4/69), Pablo VI concluye así: ?Nostra haec autem statuta et praescripta nunc et in posterum firma et efficacia esse et fore volumus, non obstantibus quatenus opus sit, Constitutionibus et Ordinationibus Apostolicis a Decessoribus Nostris editis, ceterisque praescriptionibus etiam, peculiari mentione et derogatione dignis.?



    Bien, ¿y qué? Anotemos que el "posterum" del misal de S.S. Paulo VI no es el "posterum perpetuis futuris temporis in omnibus Christiani orbis", es decir, San Pío V está comprometiendo su infalibilidad canonizando el misal.



    De todos modos rige otro principio superior: es la misma la autoridad de un Papa que de otro Papa, pues la fuente es la misma: la "autoridad apostólica". En la jerga romana se dice: ?un Papa bolla e l? altro sbolla? (?un Papa emite una bula y el otro la suprime?).



    ¡Toma ya! Modernismo en estado puro. Así, por ejemplo, la Inmaculada Concepción de María, dogma promulgado por una Bula, puede ser quitado por otro Papa con otra Bula. Pues, no. La infalibilidad no está en la categoría del documento, como quiere hacer ver aquí el neoteólogo (con ignorancia o mala fe, ni lo sé ni lo juzgo en eso), sino en la enseñanza que contiene y lo que la misma compromete. Hay que recordar el magisterio ex cathedra (siempre infalible), el magisterio ordinario infalible (cuando se reafirma en verdades creídas por todos en todo tiempo), y el magisterio ordinario no infalible (la condena de la Acción Francesa por S.S. Pío XI, v.g.).



    Si uno tiene autoridad para reformar, unificar y codificar un rito, la tuvo también su antecesor y la tiene su sucesor. Por eso nunca se puede invocar la autoridad de un Papa para rebajar o poner en duda el ejercicio de la autoridad por parte de otro Papa, pues si éste último no la tiene, tampoco la tuvo el primero.



    "Lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos." Esta promesa de Nuestro Señor a Pedro, no significa que se pueda atar y desatar una misma cosa, así hoy es blanco, mañana es egro, sino en la acción distinta (atar y desatar) sobre distintas cosas. Lo otros es el absurdo del evolucionismo dogmático. Lo que se invoca no es la autoridad del Papa como sujeto, sino la infalibilidad de la Iglesia en el curso de la historia.



    Lo mismo vale para los Concilios ecuménicos convocados bajo la autoridad del Sumo Pontífice.



    Aquí vale lo dicho al principio por S.S. Paulo VI, sobre el compromiso dogmático del Concilio Vaticano II.



    De que la sana renovación litúrgica es obra del Espíritu Santo, no pueden quedar dudas. De que muchos han utilizado la renovación litúrgica para sembrar confusión y hacer de la liturgia una propia creación, totalmente arbitraria (haciendo el caldo gordo al demonio), tampoco caben dudas, pero debemos saber distinguir las cosas. (Puede leer la Exhortación Post-sinodal Sacramentum Caritatis).



    Pues sí que quedan dudas, porque la infalibilidad no está comprometida, y es más, la filosofía modernista incapaz de afirmar más allá del existencialismo es, por esa incapacidad, ciega para ver las causas que ella misma niega. Sólo ve hechos funestos y malvados, pero se niega a reconocer las causas de los efectos, el hombre es desposeído, en aras del racionalismo, de toda capacidad intelectual y es sometido a la superstición y la superchería. ¿Tenemos que creer en lo irracional de las premisas porque así lo dice el Papa? pues no, eso es servilismo no obediencia.



    El uso ordinario del rito romano es no sólo totalmente válido y ortodoxo, sino también el uso propiciado por la autoridad de la Iglesia y el más acorde a los tiempos en que vivimos, para una participación más activa, fructuosa y consciente del Santo Sacrificio de la Misa.



    De que es válido el Novus Ordo Missae de S.S. Paulo VI, no nos cabe ninguna duda. De que sea ortodoxo, nos caben muchas dudas que no son más que las apuntadas en ese breve examen crítico por los cardenales Ottaviani y Bacchi. Sobre la participación más activa y fructosa, ahí están los frutos y la participación en los mismos: defección de la Fe, adulteración de la doctrina, la falta de vida y coherencia evangélica de los fieles y sacerdotes, en definitiva, la "autodemolición" de la Iglesia que sufre "dolores de parto". En resumen, se ha cambiado sustancialmente la lex orandi y se ha contaminado, prostituido, la lex credendi, aquí y en Roma. Son hechos, y el que tenga ojos que vea y el que tenga oídos que oiga.



    Cuente con mis oraciones y estamos a su disposición. Aprovecho la ocasión para desearle un santo 2008.



    Rezaré para su conversión y para que diga las cosas como son, no como le gustaría que fueran.



    En Cristo y María.

    P. Jon Mikel de Arza Blanco, IVE.

    El Teólogo Responde

    Responsable: P. Miguel Ángel Fuentes, IVE

    Instituto del Verbo Encarnado

    El Chañaral 2699 - San Rafael (Mza)Argentinamail: teologoresponde@ive.org



    Publicado por F. L. de la Rosa en 11:05 0 comentarios
    Última edición por Gothico; 07/01/2008 a las 20:56

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