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Tema: España e Inglaterra

  1. #441
    Avatar de Mexispano
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    Re: España e Inglaterra

    De cómo los canarios aplastaron a los ingleses en 1740

    Armados con palos y piedras echaron de Fuerteventura a soldados enviados por Londres. Fue en las batallas de El Cuchillete y Tamasite, en Fuerteventura

    R.L.P.

    @ABC_CanariasLas Palmas de Gran Canaria11/10/2017 15:01hActualizado:11/10/2017 15:01h





    Corría el 13 de octubre de 1740 cuando la isla de Fuerteventura escribió una de las páginas más brillantes de su historia como tierra que siempre acoge con las manos abiertas a todo el que viene a ayudar y a colaborar con los majoreros.

    Sin embargo, esa confianza fue alterada por la presencia de tropas del Reino Unido que, camufladas como piratas, intentaron arrebatar la isla a España. Los majoreros dieron una gran lección de valentía echando a los ingleses y su armamento con estas armas: palos y piedras. Mínimo, 90 muertos por la parte inglesa.

    La isla de Fuerteventura atravesaba una de las peores crisis agrarias y económicas en ese 1740. Hubo hambre y ganas de comer. Los majoreros incluso se veían obligados a emigrar a otras islas. El controvertido régime de señorío sometía a Fuerteventura a un terrible cierre comercial e impedía la presencia de autoridades militares de forma regular que defendieran de forma correcta a esta isla.

    Después de la declaración de guerra de Inglaterra contra España de 1739, los ingleses quisieron hacer daño a España y pretendieron hacerse con Fuerteventura. Aparentemente más débil. Débil en armamento; pero fuerte en energía moral. Y eso que los británicos contaban con apoyo de Portugal.


    Y con apoyo portugués

    Además de Fuerteventura, Canarias era objeto de ataques de forma permanente. Los barcos que eran atacados por ingleses, trasladados a Madeira para su posterior venta o colocación en el mercado naviero. Y otra vez de regreso a las islas a atacar y atemorizar a los isleños.

    En Gran Tarajal, el 13 de octubre de 1740 entró un buque corsario inglés que saqueó todo lo que se encontraba a su paso en una malvada ruta a pie rumbo a Tuineje. Pero los ingleses olvidaron una cosa: el teniente coronel Sánchez Umpiérrez y la población de la isla salió a hacer frente a los piratas, es decir, la subcontrata militar británica.

    El armamento para repeler a los ingleses era: piedras y palos. Y ahí surge la poco conocida en España victoria de los canarios en la «Batalla de El Cuchillete». 33 de los 53 soldados desembarcados acabaron muertos a base de palos. El resto, fue capturado.


    Tamasite

    Pero los ingleses querían vengarse y aparecieron el 24 de noviembre de 1740. Unas semanas después. Esta vez fueron 55 británicos que hicieron el mismo recorrido del mes de octubre. Se llevaron una tunda de palos en la llamada «Batalla de Tamasite», donde los majoreros contaban ya con algunas armas de fuego que obtuvieron del ataque de octubre.

    Los canarios luchaban como podían y se les ocurrió colocar camellos en primera línea de defensa. Eso generó un problema de munición a la soldadesca corsaria. Al agotarse, los canarios se lanzaron, crecidos por la gesta del 13 de octubre, al cuerpo a cuerpo donde los canarios arrasaron.

    Las primeras tropas regulares en Fuerteventura llegaron en el Siglo XIX. Cada mes de octubre, en Tuineje se realiza una recreación de estas batallas, una de las más importantes protagonizadas por canarios contra tropas extranjeras.




    _________________________

    Fuente:


    De cómo los canarios aplastaron a los ingleses en 1740
    Vainilla dio el Víctor.

  2. #442
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    Podra ser puntualizado, corregido por expertos, pero al menos ha trabajado para descapar, y con fuentes que explica, sobre las consecuencias de Trafalgar. Como debe ser, no es revanchismo, sino justicia para el ofendido español al cual la pérfida ha dedicado ríos de tinta a colocar como un perdedor.. Retorciendo la historia.


    https://youtu.be/r-hBY0Mx7PQ



    https://youtu.be/2IQf1GU7gok



    https://youtu.be/-segDwlir0Y


    https://youtu.be/8-s1z5wgzUk



    Y luego hay otra forma ilustrada de pesimismo, desprecio, de no querer aceptar la hechura, la moral, la forma de concebir tu mundo para enfrentar.. Donde tu religión tambien es tu idiosincracia. Que viene a ser la de Perez Reverte. Una valiosa persona, culta, de gran trayectoria profesional; pero absolutamente enclavada en dibujar bajo su prisma pésimista y de desprecio a muchas actitudes españolas e personas según eran, junto a su eterno reproche a la Iglesia y a los Reyes. Sin ponerse las gafas de la epoca. Una lástima. Así pecamos de no rigor histórico. Y es que, señor Reverte, aquellos hombres sufrian mucho sí, pero usted debería ya saber que es muy dudable que se negasen a ese sufrimiento, pues estaba impreso en ellos y ellas su Patria, Religión, y defender naturalmente lo suyo. Y lo que sabían hacer o bien se les encomendaba. Luego, no sirve el sojuzgar según yo lo interprete ahora.

    https://youtu.be/PQ-MQtxH7cQ

    Un pesimismo brutal, de su concepción de la guerra en este siglo. Y esto no es así, no. Parece más bien toda su concepción. La historia no es lo que tus sentimientos e ideas crean siglos despues.Es otra cosa. Así aprendemos poco. Una pena, porque Reverte vale mucho, pero bueno, así nos pasa siempre. Yo comprendo que critique la corrupcion que había, pero que no lo traslade a las gestas que hicieron la historia de esa forma tan personal.


    Tándem Aquila Vincit
    ———————————



    Salve, llena de gracia; el Señor es contigo..
    Bendita tú eres entre todas las mujeres que fueron, son y serán; Reina Virginal, Madre Santísima, Virgen Pura..El Espíritu Santo vendra sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por eso el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.

    Y el Oriente, Luz Verdadera vino al mundo e ilumina a todo hombre y toda mujer como Sol de justicia.

    TÚ DIOS mío solo ayúdanos, que nosotros haremos para Su camino.

  3. #443
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    Pues discrepo, estimada Vainilla, Pérez Reverte el afrancesado, español avergonzado, es un tipo cuya labor es de lo más despreciable. Que un tipo dañino sepa escribir solo aumenta la intensidad de su daño.

    Algunos le toman como ejemplo de españolía, nada más lejos, un simple rastreo mensual muestra la línea, vomitiva, pero bien planeada contra los cimientos patrios.
    Hyeronimus y Trifón dieron el Víctor.

  4. #444
    Avatar de Mexispano
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    Inglaterra derrotada: las grandes batallas en las que España venció a su mayor enemigo

    El periodista Álvaro van den Brule recupera en su último libro las grandes contiendas bélicas en las que los españoles derrotaron a la Pérfida Albión




    Batalla naval Blas de Lezo


    Autor Daniel Arjona

    Contacta al autor

    @DaniArjo


    30.12.2017 – 05:00 H.

    "Nada impide que a nuestros honorables adversarios ingleses los reconozcamos como dignos rivales durnate los cientos de años de nuestra historia compartida en los siglos precedentes. Como correosos y esquivos, y como contrincantes singulares y de méritos reconocidos. Inglaterra fue durante un larguísimo tiempo un enemigo hábil que luchó a cara de perro y que nos plantó cara en igualdad de condiciones, usando sus escasos y limitados recursos con una habilidad sorprendente". Pero nada impide tampoco, como continua Álvaro van den Brule en el arranque de su último libro denunciar que "el marketing de nuestra historia y de nuestras tremendas victorias sobre estos dignos adversarios, ha sido opacado o puesto en sordina por sus voceros, a la par que olvidado por los nuestros". Y tras la denuncia, llega la hora del rescate. A tal labor se aplica el periodista de El Confidencial, profesor de ajedrez y poeta en 'Inglaterra derrotada' (La Esfera, 2017).




    'Inglaterra derrotada'. (La Esfera)



    PREGUNTA. Se atreve a rescatar aquí los grandes hazañas navales de nuestra historia. ¿Por qué, a diferencia de lo que ocurre en otras naciones, tal cosa parece en España tan políticamente incorrecta?

    RESPUESTA. No creo que tenga que ver con lo políticamente correcto, mas bien pienso que tiene que ver con una forma de no pensamiento instalada en la desidia, quizás sea algo genético la indiferencia hacia nuestros héroes, una autentica amnesia , una deuda hacia los caídos que brilla por su ausencia. Hacemos muy poco por darle lustre a nuestra magnifica historia como contrapunto a otros países con menos recorrido en el tiempo.


    P. El olvido de estos hechos ¿debe más a la eficacia de la propaganda enemiga o a un eterno complejo español?

    R. Nuestros adversarios se sienten orgullosos y con razón, por las gestas de sus héroes, sustancia sobre la que se construyen las bases de la identidad de una nación y en consecuencia las publicitan con un marketing esmerado magnificando hechos que se acaban convirtiendo en gestas. Mientras tanto, nosotros seguimos con el "Panem et circenses" y el "pajarito" del fotógrafo; asi es imposible avanzar.
    Lo de Blas de Lezo es increíble; lo de Cartagena de Indias, aquel antológico uno contra diez es algo homérico


    P. Y sin embargo, y pese a que solo recordamos las derrotas de la Armada Invencible o Trafalgar, España infringió a Inglaterra durísimas derrotas militares. ¿Cuáles son sus preferidas?

    R. No mencionar a todos ellos y a algunos mas que no me cabían en el libro, me parece una deshonra para los no enumerados, pero lo de Blas de Lezo es increíble; lo de Cartagena de Indias, aquel antológico uno contra diez es algo homérico. También resaltar aquella épica batalla durante miles de millas en medio del Atlántico entre El Glorioso dirigido por Pedro Mesia y una docena larga de fragatas inglesas con el catastrófico resultado para las armas de nuestros ilustres adversarios.


    P. Por cierto que el mayor héroe naval español ha sido sin duda Blas de Lezo, cuyos restos, por cierto, yacen bajo los escombros de un cine de barrio en Cartagena de Indias...

    R. Una de las dos Españas te ha de helar el corazón... Me parece una cruel ironía que un héroe de esa envergadura pueda yacer bajo un mar de palomitas mientras se esta viendo una película de Batman. A mi personalmente me causa estupor.




    Álvaro van den Brule


    P. ¿Cuál fue el punto de inflexión en el que finalmente Inglaterra se impuso a España y levantó su imperio marítimo?


    R. Fue una lenta agonía, no fue algo imprevisto o espontaneo. Nosotros los españoles somos apasionados y no somos capaces de pensar con distancia y racionalidad. El agujero negro de los múltiples frentes en los que estábamos embarcados configuraban una tremenda sangría a la hacienda publica. Lo que se invertía en las costosas guerras de religión, no se invertía en casa, y así nos fue ; poco a poco, España se fue haciendo mas pobre en el escenario internacional hasta que llego el día fatídico. Era algo previsible...


    P. ¿La Leyenda Negra fue la más exitosa operación militar inglesa?

    R. Para crear unos buenos es necesario crear unos malos; los ingleses son los reyes del maquillaje, hay que descubrirse ante ellos. Las guerras de religión en Europa en los siglos XVI y XVII dejaron millones de muertos; la terrible Inquisición tanto en la península como en ultramar no llegaría a finiquitar a 40.000 interfectos. El aparato de propaganda ingles primero y británico después omitiría los cientos de miles de muertos inferidos a las tribus indias del norte de América con sus famosas mantas impregnadas en viruela o su benefactora "agua de fuego" con heces de roedores. Tampoco debemos de olvidar como liberaron a los civiles alemanes del yugo nazi cuando bombardeaban con fósforo a cientos de miles de civiles indefensos; y así, suma y sigue...

    Lo que reclamo, es que nos sintamos españoles sin tener que alardear de tanta banderita superflua. De hechos heroicos estamos sobrados


    P. ¿De qué nos sirve hoy, en tiempos de relaciones pacíficas y de alianza con los ingleses recuperar estos episodios?

    R. Paradojicamente estas desempolvadas historias en las que pongo el acento sobre hechos de armas en los que poníamos en fuga a nuestros adversarios ingleses, no pretenden el menoscabo de la grandeza del gran pueblo que son; mas bien, lo que reclamo es que nos sintamos españoles sin tener que alardear de tanta banderita superflua. De hechos heroicos estamos sobrados para estar orgullosos de sobra; lo que tenemos es que esmerarnos en bucear en nuestra historia y acabar con las diferencias que nos lastran como nación. Los ingleses están en una permanente modernización de su antiquísimo sistema democrático; y no hay que olvidar - y esto es de vital importancia para nuestra supervivencia-, que la base de la evolución esta en la adaptación, y en este aspecto, a nosotros nos falta un hervor.


    P. ¿Cree que con el Brexit Inglaterra puede aspirar a recuperar parte de su antigua grandeza o perderá la que le quedaba?

    R. Nunca se ha de infravalorar a Inglaterra, no hay que olvidar que han sido los creadores de grandes hitos históricos; la revolución agrícola, las dos revoluciones industriales, el dominio de los mares, la pléyade de científicos e intelectuales paridos en el patatal que son las islas británicas, ademas de haber salido indemnes del tremendo y secular enfrentamiento contra España.

    Mi pronostico, es que al jugar siempre con dos barajas, esto es, que tienen plan A y plan B; sacarán algún conejo de la chistera; mientras tanto están ganando tiempo, no dan puntada sin hilo. Si en vez de verlos con una óptica visceral los viéramos mas sosegadamente y sin prejuicios, podríamos incorporar a nuestro funcionamiento mimbres para confeccionar una alquimia perfecta. Eso de que el enemigo no tiene virtudes , es mentira...




    _________________________

    Fuente:


    https://www.elconfidencial.com/cultu...gn=BotoneraWeb

  5. #445
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    Muy recomendable el libro. Gracias a Dios, últimamente están proliferando mucho los libros que sacan a la luz la verdad de la Historia, las historias olvidadas, la historia real frente a tanta leyenda y olvido. Muy ameno el libro, de hecho está escrito en un estilo muy simpático y campechano, por lo que gustará incluso a quienes se aburran con libros más sesudos y documentados. Pero no por ello deja de ser riguroso.
    Pious dio el Víctor.

  6. #446
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    El apresamiento del HMS George. Otra captura con polémica



    Cutter británico similar al HMS George. Pintura de Thomas Whitcombe.

    Qué poco les gusta, o gustaba más bien, a ciertos historiadores británicos reconocer los hechos cuando no les convenía. Leyendo a William James y a los que de él y otros contemporáneos tomaron como fuente de sus obras, siempre acabo topándome con versiones contradictorias que difieren de autores españoles sobre el apresamiento de alguno de los buques de guerra británicos. Y este caso sobre la captura del cutter HMS George no iba a ser menos.

    Ya lo vimos en el caso del apresamiento del HMS Pasley o de la fragata francesa Imperieuse, entre otros. Cuando hay españoles y británicos de por medio, ellos siempre quieren figurar como los que han resuelto la papeleta o si han sido apresados en un combate de uno contra uno fue porque ocurrió bajo alguna circunstancia excepcional.

    Es como si perder un buque de guerra británico a manos hispanas (y sobre todo cuando se trata de corsarios españoles) durante el siglo XVIII y principios del XIX tuviera que justificarse de algún modo para la opinión pública británica o para que no fuera menoscabo de la historia de la Royal Navy. Como si no pudieran o quisieran reconocer que nuestros marinos también sabían tratarlos de tú a tú en la mar y que a veces no hacía falta más argucias que una simple batalla naval sin más.

    Normalmente, como en el caso del Pasley y en el que les traigo hoy, suelen justificar su apresamiento porque ellos lucharon contra fuerzas dobles. No pasa nada porque esto no fuera así, tú lo escribes y los demás autores seguirán contando la misma patraña porque no se han dignado en ir a comprobar la versión de la otra parte, es decir la española, y así perdurará en el tiempo como una verdad suprema.

    Pero para eso estamos nosotros, para dar nuestra versión de lo ocurrido y, de paso, dar las dos versiones y que cada uno escoja la que más le guste. Pero al menos tendrán esa oportunidad.

    El apresamiento del HMS George, según los británicos


    Antes de nada, veamos qué es lo que dice la historiografía británica al respecto.

    Según el libro “British warship losses in the age of sail“, de David J. Hepper (Jean Boudriot Publications, 1994), que se basa en la obra de William James (que también seguimos), el HMS George, bajo el mando del teniente Michael Mackie (lo nombra de este modo en vez de Mackey como los demás autores), salió de Demerara (lo que es hoy Guyana) hacia Martinica el 2 de enero de 1798. Al día siguiente, a las seis de la mañana, descubrió dos barcos con banderas británicas.

    El buque británico era un cutter de 105 toneladas y seis cañones de 3 ó 4 libras y 40 hombres de tripulación.

    El HMS George se acercó a investigar, pero a medida que lo hacía vieron que se trataba de una goleta y una balandra (para los británicos un cutter). A pesar de llevar banderas británicas, Mackie no se lo tragó y se preparó para el combate.

    Aquí William James da incluso el porte de los dos buques españoles. La balandra tendría 12 cañones y 109 hombres y la goleta seis cañones y 68 hombres. Como se ve, fuerzas tremendamente superiores al buque de guerra de Su Majestad Británica. Es curioso, porque sabe cuántos hombres iban exactamente a bordo pero en ningún momento nos dice el nombre de las embarcaciones españolas y ni mucho menos de sus comandantes.

    Como decimos, los dos buques corsarios españoles comenzaron a cañonear al HMS George, que hizo lo propio con gran ardor. A los 40 minutos los corsarios tenían la intención de abordarlos, ya que contaban con casi 180 hombres. Es decir, cuatro veces más que los británicos. No una ni dos, ¡cuatro!


    Cutter parecido al de esta entrada. HMS Revenue Cutter “Wickham”. Pintura de Robert W. Salmon. Campbeltown Museum.

    David J. Hepper es menos enfático y se limita a narrar lo sucedido sin más, aunque mantiene que fueron dos los buques enemigos. Sin embargo, William James prosigue:

    Después de haber matado en estos asaltos a siete hombres del George, y herido a su comandante y a 16 hombres, los dos corsarios, en el tercer intento, se hicieron con la embarcación británica; pero no sin haber pagado caro por su victoria, cuya pérdida ascendió a 32 hombres muertos, y muchos más heridos.

    Una defensa tan heroica ha sido presenciada muy raramente. El George, en el momento en que su bandera fue arriada, había perdido a más de la mitad de su tripulación; cuando esa misma tripulación originalmente eran muchos menos que el total de sus oponentes.
    Y así, señores, se crea una leyenda.

    La captura del HMS George, según los españoles


    Para la versión española me baso en el gran trabajo de Rubén Vela Cuadros titulado “Presas de la Armada española (1779-1828): Listado de buques de guerra apresados e incorporados a la Real Armada por apresamiento” (autoedición 2017). Este es un detallado ensayo sobre las presas que hicieron nuestros marinos a los británicos principalmente. Y, como no, figura el apresamiento del cutter HMS George.

    A diferencia de James ó David J. Hepper, el autor nos da las fuentes de toda la información que aparece. En concreto del propio rol de equipaje del George, cartas del propio comandante Mackay y, sobre todo a la hora de comprobar la versión española, del Archivo General de Marina Álvaro de Bazán.

    De primero sabemos que el HMS George fue originalmente un buque francés apresado por los británicos en 1795 y que estaba mandado por el teniente Michael Mackey, quien asumió el mando de su buque en 1796 cuando falleció su anterior comandante.

    La balandra española que lo apresó fue la San José y las Ánimas, con base en el apostadero Barrancas del Río Orinoco. Armada en corso por el comercio de Nueva Barcelona estaba mandada por el capitán corsario José-Benito Ezcurra, siendo su segundo don Plácido Gómez.

    Y sí, sólo se trataba de una embarcación española. Una balandra. Nada más.

    Empieza el duelo artillero

    El gobernador de la zona indicó a Ezcurra que saliera por aquellas costas a evitar que los buques ingleses atacaran al tráfico mercante.

    El día 3 de enero de 1798 a las seis de la mañana divisaron a una balandra de guerra (el cutter HMS George) que se dirigía hacia ellos a toda vela.

    El corsario, usando la bandera británica como típico ardid para intentar engañar al enemigo, se preparó. Cuando estuvieron cerca, el corsario español enarboló la bandera española asegurándola con un cañonazo. Y empezó un cañoneo con bala rasa y palanqueta.

    Sin embargo, aquí los británicos demostraron que eran superiores en el manejo de sus cañones. Rubén Vela aclara que la tripulación del corsario carecía notablemente de conocimientos naúticos, lo que explicaría esta merma en las capacidades de artilleros de los corsarios, que acostumbrados a lidiar con mercantes, se vieron superados por una tripulación de guerra más que habituados a disparar sus cañones navales debido a la rígida disciplina naval imperante en su marina.

    Al abordaje


    El capitán español consultó con su segundo si covenía mejor dar un abordaje. Plácido Gómez, que era un riojano que llevaba navegando desde que era niño, debió asentir porque tras una temeraria y excelente maniobra del corsario, saltó él mismo a bordo del cutter británico.

    Pero lo hizo en un principio en solitario. Y allí hirió y mató a algunos marineros enemigos, que quedaron aterrorizados de tal modo que sirvió para que otros españoles se lanzaran también a la lucha.

    Los británicos trataron de herir a Gómez en las manos con un hacha. No consiguieron cortarle las manos, que era lo que pretendían, pero sí que le hirieron repetidamente en el cuerpo, lo que provocó que este se desplomara aparentemente muerto.

    Pero no fue así. Al poco, el bravo marino se levantó como pudo y regresó muy mal herido a la San José y las Ánimas. El capitán Ezquerra continuó con la acción, termiando esta a los tres cuartos de hora con el apresamiento del buque de guerra británico.


    Balandra española pintada por Rafael Monleón. Museo Naval de Madrid.

    El propio comandante Mackey declararía que don Plácido Gómez fue el primer español en abordarlos y que se batió con los suyos, incluido el propio Mackey que de resultas fue también herido por este.

    La entrada de dicho Plácido a bordo de su buque fue sanguinaria, y que aunque por ella no desconfiaron de sus fuerzas fue causa en gran parte con las heridas que dio al declarante [Mackey] de que su tripulación no tuviese después todo el valor que sin ello habría tenido, y porque se rindieron de allí a poco, cuando ya habían logrado herir gravemente y por mano al tercer oficial de su buque al referido don Plácido Gómez, en términos que se le consideró muerto, a impulsos de las tales heridas que le hicieron con una hacha de abordar.

    Vamos, que gracias a la actuación del segundo de Ezquerra, la moral de los marineros británicos se vino abajo al ver a su propio capitán ser herido por aquel hombre enfurecido que se les había metido a bordo en solitario.

    Por lo tanto podemos asegurar que en este apresamiento:


    • No hubo dos buques corsarios españoles, sino sólo uno.
    • Esos supuestos dos buques españoles no cañonearon con ventaja a su oponente. Sino que la única balandra corsaria se decidió por el abordaje ya que no podían superar la ventaja artillera del HMS George.
    • No hubo tres intentos de abordaje, sino sólo uno.


    Plácido Gómez pidió ser empleado en Rentas, pero no le fue concedido, aunque en 1805 se le nombró alférez de fragata por su notable actuación en la presa del HMS George. El cutter no fue comprado por la Real Armada y se ignora su destino final.


    https://www.todoababor.es/historia/e...6e24-174527169
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  7. #447
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    La mala educación de los ingleses"

    por Patricio Lons


    El diario The Times, en su sección de viajes del domingo, publicó un artículo sindicando a los españoles ( y por efecto concatenado a todos los pueblos hispánicos del orbe), como muy maleducados, gritones, desagradecidos, impuntuales y faltos de cortesía. Entonces me vinieron estas reflexiones a la cabeza para hacerle justicia a mi civilización y a la de ellos.

    Un pueblo que se destaca justamente por esos defectos de conducta, son los ingleses. Precisamente aquellos que hacen del protocolo, una forma de culto. Por ejemplo. Tienen la mala costumbre de caerse de visita sin ser invitados. Una vez que llegan (siempre arriba de una flota de guerra, de otra manera no pueden), ensucian las cortinas, mesas y manteles, ¿de que manera?, con sangre; matan a la mayor cantidad posible de anfitriones, les ocupan la casa, les someten a sus hijos (si es negocio los venden como esclavos); luego los sustituyen y dicen que esa tierra es de ellos y miran con cara de ofendidos si les demuestran lo contrario. Pero mucho antes de eso, se iniciaron como desagradecidos, primero con Roma que les enseñó a rezar y los sacó del salvajismo y al mismo tiempo con España que los enalteció con la mano de la muy noble hija de los reyes católicos, doña Catalina de Aragón, cuando eran un reino de segunda clase, después...bueno, después con el resto de la humanidad; el 90 % de los países del mundo han sido "visitados" por su flota. Y si no logran conquistarte, se te meten en tu política y tus finanzas hasta dominarte.
    También son muy gritones. Sus gritos han sido de varios calibres, ahora son de otro tipo y le gritan a los enemigos que ellos mismos se inventan, muchas veces, yo les diría "misiles de veces". También gritaron y lloraron cuando los galeones españoles y los cazas argentinos les enviaban sus fragatas piratas a pique al fondo del océano. Les encanta tener enemigos, los fabrican de puro gusto, pues cuando la humanidad busca su propio tiempo, ellos se te caen por tu casa de golpe, impuntualmente. No tienen sentido del cronos. ¿Porqué serán así? ¿Tal vez porque nadie les enseñó modales?

    Respecto a los españoles, esos sí que son unos maleducados terribles, donde pasan te dejan universidades, iglesias, hospitales, monumentos, puentes, acueductos, agricultura intensiva y ganadería, escuelas, monasterios-hospedajes, puertos, caminos, leyes, una economía organizada, diccionarios de las lenguas ágrafas y hasta un sistema de gobierno. ¡Agradezcamos en el Nuevo Mundo, lo terribles que han sido estos españoles!! Porque de haber sido los ingleses quienes hubieran ocupado estas tierras, estaríamos sufriendo la peor de las humillaciones, que es la cocina inglesa, ajjjjjjj.

    Bandera inglesa capturada por tropas españolas rioplatenses en 1806 e intromisión inglesa en nuestra secesión de España.











    _________________________

    Fuente:


    https://www.facebook.com/lonspatrici...16868058327089
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  8. #448
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    Hoy en día, especialmente para los anglófilos de todo tipo en nuestros involucionados países, no hay mayor y mejor realeza por antonomasia y excelencia que la británica. Históricamente para las demás y más grandes e importantes realezas europeas, en cambio, la realeza inglesa era poca cosa, siempre fue 《choleada》, tenida a menos, menospreciada por su repetida bastardía, por su agnación y cognación con judíos, mercaderes, advenedizos y personas de oscuro origen y desarrollo personal o familiar. Monarcas oscuros de una isla oscura en el confín del continente. Alguna vez el emperador de Oriente, cabeza y señor de todos los reyes europeos, sentado desde su milenario trono en Constantinopla preguntó qué era Inglaterra. Los Reyes Católicos que se trataban con todos los reyes de la Cristiandad como 《primos》 en sus misivas oficiales, y a pesar de tener la misma Isabel la Católica sangre inglesa, trataban a los monarcas ingleses como 《parientes》. María Cristina de Habsburgo-Lorena siempre lamentó grandemente como una desgracia para su familia el matrimonio de su hijo, el rey Alfonso XIII de España, con la princesa británica Victoria Eugenia de Battenberg, que a concepto de ella había 《ensuciado》 la sangre real española. Las cortes de Austria y Francia siempre rechazaron uniones matrimoniales con princesas o príncipes ingleses, a pesar de haber estado aliados más de una vez. Los ingleses literalmente tuvieron que imponer matrimonios reales con guerras. Despiadados y traidores como fenicios, sacrificaron a sus propios primos, a su propia sangre (y no sé si haya mayor crimen que este), para mantenerse en el trono, desde la Edad Media hasta la modernidad, como Jorge V, 《querido》(como lo trataba en sus cartas) y favorito primo del zar de Rusia Nicolás II, a quien no dudó negarle el asilo en su reino, sabiendo que eso significaba la muerte segura de la familia imperial rusa, todo por evitar la mínima revuelta en su país contra su trono. Mientras los reyes indios le dieron asilo hasta al Kali Yuga. ¿Sorpresa? ¿Quién puede sorprenderse?







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    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  9. #449
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    “INGLATERRA DERROTADA”. Libro

    febrero 21, 2018









    Hace poco en el grupo de Facebook uno de los colaboradores de BHM, Manuel Mata, dijo una frase que me viene a la memoria al escribir estas reseña, “los ingleses hacen grandes a sus enemigos para hacer grandes su victoria y heroica su derrota”. Esta manera de pensar no es muy propia de los españoles, más bien todo lo contrario. Cada vez que hablamos de batallas navales entre España y los ingleses (o británicos como prefiráis) siempre nos viene a la memoria las grandes derrotas como La Armada Invencible (nombre que los ingleses dieron irónicamente a La Grande y Felicísima Armada de Felipe II) o Trafalgar. Ocultando en nuestra memoria, como si fuese una amnesia colectiva nuestras grandes victorias contra nuestro contrincante más fiero que supo usar los escasos recursos de su isla con una habilidad sorprendente.

    En esta obra Álvaro van den Brule nos trata de dar luz sobre las grandes hazañas navales de España frente a su mayor enemigo, Inglaterra. No solo dar luz a hechos poco conocidos sino presentar las victorias más conocidas con ese punto de marketing que nos falta, acentuando lo épico en vez de mostrar los errores o las mezquindades humanas como principal acontecimiento del relato. Además lo hace con ligera patina de humor e ironía, tan propio del humor de nuestros más acérrimos contrincantes en el mar.

    Álvaro van den Brule

    El viaje comienza en plena Guerra de los Cien Años (esta semana publicaremos un artículo sobre ella) en la batalla de la Rochelle donde las flotas castellanas se presentaron al mundo con su primera gran victoria en las costas francesas. Al poco tiempo el almirante Tovar llevo el terror a la propia capital inglesa con un golpe de mano en el Támesis. Pero será tras la Conquista de América cuando los enfrentamientos entre la ahora Monarquía Española y la Inglesa se conviertan en un clásico de los mares. Continuos asaltos a barcos, intentos de captura de la Carrera de Indias o asaltos a las ciudades costeras como Coruña, San Juan de Ulua, Lisboa, Cadiz, Cartagena de Indias. Sin olvidar nuestros ataques a las islas británicas como en Cornualles, Kinsale o la aventura de Jorge Juan robando los métodos de construcción de navíos de línea de la Royal Navy.


    El libro es de claro carácter divulgativo con un lenguaje ameno y que trata de acercar la Historia a los grumetes y enamorados de la Historia. Nos da una visión general de todos los enfrentamientos con una introducción histórica que sirve de buen guía para emprender por vuestra cuneta una larga travesía por la Historia para profundizar en nuestro gran pasado del que tenemos que estar orgullosos.

    ECHA UN VISTAZO


    https://bellumartis.blogspot.com.es/...ada-libro.html













  10. #450
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    LEYENDA O HISTORIA

    El 'fantasma' de la Armada Invencible




    Granero de la Abadía de la Torre donde fueron recluidos los presos del galeón 'Nuestra Señora del Rosario', al sur de Inglaterra. (Foto: EFE)


    Actualizado domingo 04/11/2007 13:35 (CET)

    PEDRO ALONSO (EFE)


    TORQUAY (REINO UNIDO).- Aunque han pasado más de 400 años del desastre de la Armada Invencible, la leyenda de un enigmático fantasma de la malograda escuadra aún persigue a una pequeña ciudad costera del sur de Inglaterra.

    El espectro continúa merodeando día en la memoria colectiva de Torquay, una pintoresca localidad en la que —dicho sea de paso— nació la célebre escritora de novelas de intriga Agatha Christie.

    El origen de la leyenda se remonta a julio de 1588, cuando arribaron a esa ciudad 397 prisioneros de guerra de la 'Grande y Felicísima Armada', rimbombante nombre que el rey Felipe II de España (1527-1598) dio a la gran flota —más de 130 buques— que armó para invadir Inglaterra con el fin de reimplantar el catolicismo.

    Los presos procedían del 'Nuestra Señora del Rosario', galeón de la fracción andaluza mandada por el almirante Don Pedro de Valdés que, en una maniobra de abordaje sobre un barco inglés, colisionó con otra nave española y quedó a merced del enemigo.

    La pérdida del navío —no en vano el buque insignia del escuadrón andaluz— supuso un varapalo para una Armada Invencible que alcanzó la costa inglesa muy diezmada por las tormentas, de ahí el lamento de Felipe II al entonar después la legendaria frase "Yo envié a mis naves a luchar contra los hombres, no contra los elementos".

    Según el historiador local John Risdon, el apresamiento del barco causó una "enorme conmoción" en Torquay, cuyas autoridades recluyeron a los presos en un granero de la Abadía de Torre, erigida en 1196 cerca de la costa y actualmente en proceso de restauración.

    Construido piedra a piedra por los monjes de la Abadía, el llamado 'Spanish Barn', uno de los graneros medievales ingleses mejor conservados, se tornó en un infierno para los reclusos, hacinados y expuestos a una plaga de ratas y diversas enfermedades.




    Un detalle del granero de la Abadía de la Torre. (Foto: EFE)


    "Está comprobado que algunos hombres murieron. Se han encontrado huesos humanos justo frente al granero. Hay pruebas de defunciones, ya que se trata de huesos de aquella época", declaró Risdon.
    Al parecer, uno de los fallecidos recibió la extremaunción de un sacerdote, quien reparó en que el difunto, para sorpresa de aquellos tipos duros curtidos en la mar, era...¡una muchacha!

    "La historia", explicó el historiador, "habla de una dama española que se había disfrazado de marinero para seguir a su esposo o amante y que murió durante el encarcelamiento"."Y su espíritu es el fantasma que puede verse vagando por la zona", según los avistamientos que menciona la leyenda, prosiguió.

    Durante años, no han faltado testigos que aseguran haber visto la silueta de una joven que deambula por los jardines próximos al paseo marítimo de Torquay y que, con rostro abatido y cabizbajo, desaparece por la entrada del granero.

    "Desafortunadamente, yo nunca he visto el fantasma, pero es una historia muy interesante", bromeó el historiador.

    En tono más serio, Risdon no descarta la existencia de la misteriosa chica, porque "podrían surgir nuevas pruebas y, ciertamente, las mujeres solían embarcarse a veces en los navíos, especialmente para los oficiales", si bien "es difícil separar los hechos históricos de la leyenda embellecida con el tiempo".

    Tampoco se ha cruzado con el escurridizo espectro el camarero Juan Estrada, un simpático valenciano de 40 años que regenta un 'take away' (restaurante de comida para llevar) en el casco viejo de Torquay: "Yo en verdad —confiesa—, fantasma no he visto ninguno".

    Ante una paella y varias tortillas de patata que resplandecen en un mostrador, Estrada esboza su teoría sobre el origen del fantasma y argumenta que, "a lo mejor, lo han creado los ingleses para hacer publicidad y que la gente vaya a verlo (el granero)".

    Mientras el enigma estimula la imaginación de los lugareños, John Risdon propone otro acertijo: ¿Qué pasó con el oro que transportaba el "Nuestra Señora del Rosario" para pagar a los tercios españoles en Flandes?.
    Porque, de acuerdo con Risdon, "la mayor parte del oro desapareció..."



    ____________________________

    Fuente:

    El 'fantasma' de la Armada Invencible | elmundo.es

  11. #451
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    LA CAPTURA DEL PIRATA HAWKINS

    20 mayo, 2018


    Plaza Mayor de Lima en el siglo XVI



    Lima, 17 de mayo de 1594. Las campanas de la ciudad repican alarma y pronto en todas las calles corre la noticia; unos pescadores han avistado en la costa un barco pirata, puede tratarse de Hawkins, que hace unas semanas atacó la ciudad de Valparaíso pero lo de menos es cual pirata sea. Los piratas pueden despertar el temor pero también las ganas de colgarle por el cuello, además, Lima no es ciudad de temerosos.

    Tan rápido como corre la noticia, se organiza la defensa y sí es posible, la captura del pirata. Se arman tres barcos que zarpan de inmediato y otros tres barcos menores quedan en el puerto de El Callao a la espera de acontecimientos y como refuerzo de la ciudad. Al mando de la flotilla está Beltrán De Castro, un joven de tan solo 22 años. Al caer la noche y con mar brava, divisan al barco pirata y confirman que se trata del Dainty, el barco del pirata Hawkins, miembro de una familia de arraigada actividad pirata.

    Al poco de dar comienzo la persecución, las condiciones de la mar empeoraron y se desató una tempestad que partió un mástil del barco de Beltrán de Castro e hizo girones el velamen de otro, quedando tan solo uno en condiciones de perseguir al pirata pero perdió el contacto con el inglés antes del amanecer. A la mañana siguiente, no hay rastro del pirata y se decide retornar a Lima, pues no merece la pena continuar la persecución a ciegas cuando atrás habían quedado los otros dos barcos con dificultades para la navegación. Al final no hubo contacto entre ninguno de los tres barcos españoles pero todos y por separado, llegaron al Callao. La mala noticia es que los dos barcos averiados por la tormenta, van a necesitar una reparación demasiado lenta como para continuar la persecución, por lo que quedan descartados. A cambio se agregó un barco menor para unirse al barco superviviente de la tormenta.

    La suerte parecía estar con Hawkins. Gracias a la tempestad logró escapar de sus perseguidores y continuó navegando hacia el norte para seguir rapiñando todo aquello que fuera inferior a sus fuerzas. Cerca de Trujillo asaltó y quemó un barco, después saqueó la aldea de Huanchaco y allí abandonó a Alonso Bueno, un piloto español al que había secuestrado en Valparaíso cuando saqueó la ciudad, justo antes de acercarse a Lima. Pero la suerte le iba a durar poco.

    Pocos días después de saquear Huanchaco llegaron los dos barcos españoles. Allí pudieron recoger al piloto Alonso Bueno, quien dio valiosa información a Beltrán de Castro acerca de la cantidad de hombres, cañones e intenciones futuras de Hawkins. Por él supieron que las ciudades de Puná y Guayaquil no entraban en los planes del pirata por contar ambas ciudades con defensas, así que hicieron esfuerzos para “meterse en el pellejo del inglés” e imitar su ansia depredadora con el fin de buscar unos objetivos y de esta manera, establecer una posible ruta. Y acertaron.





    Combate naval siglo XVI según grabado de la época


    El 30 de junio, a las cuatro de la tarde, encontraron al Dainty y otro barco que habían robado -al cual le habían instalado varios cañones- en la bahía de Atacames, en lo que hoy es Ecuador. Sin perder tiempo españoles e ingleses se saludaron con fuego y hierro para no perder la costumbre, durando el combate hasta las diez de la noche. En el combate del día siguiente la galibraza, el barco menor que acompañaba al galeón español, tuvo que retirarse por los daños sufridos y dedicarse la dotación a reparar la nave a la vez que atender a los heridos. La batalla continuó durante todo el día, desgastándose a cada minuto, cada cañonazo ambos contendientes. Durante la noche no hubo descanso para los españoles, empeñados en reparar la galibraza y lo consiguieron gracias al enorme esfuerzo y buen hacer de los marinos aun en tan difícil situación, consiguiendo tener a disposición el barco para el combate a la mañana siguiente.

    Pero al amanecer del tercer día – dos de julio- las fuerzas comenzaron a inclinarse a favor de los españoles. Tras dejar al barco pirata desarbolado y sin posibilidad de maniobra gracias a la fina puntería de los artilleros, pudieron ponerse a su lado y se lanzaron al abordaje. Superados en el cuerpo a cuerpo, finalmente el Dainty izó bandera blanca en señal de rendición. Más de 30 piratas yacían muertos sobre la cubierta y otros tantos heridos, incluso el propio Hawkins estaba herido con dos balazos, dos bolitas de plomo español que ponían punto final a su carrera criminal. El joven Beltrán de Castro supo llevar la situación y no se dejó llevar por la ira. Apresó al “capitán” pirata y a los 90 supervivientes, repararon las vías de agua que tenía el Dainty y lo pusieron a remolque. Como el estado de ninguno de los barcos invitaba a una larga navegación y el botín humano era muy valioso como para perderlo, decidió poner rumbo a Panamá por ser la ciudad importante más cercana, en vez de regresar a Lima.

    La noticia de la captura de Hawkins llegó a Lima en la noche del 14 de septiembre. Cuando el Virrey García Hurtado de Mendoza leyó la carta de Beltrán de Castro con la buena nueva, con la misma rapidez que había organizado la defensa de la ciudad y pese que ya era muy tarde, ordenó el repique de las campanas y la celebración de una misa especial en la iglesia de San Agustín para dar gracias.


    Beltrán de Castro y los demás hombres no llegaron a Lima hasta diciembre. Avisados de su llegada, el Virrey Hurtado de Mendoza organizó un recibimiento triunfal:


    Conviene que para dicho recibimiento, salgan los atabales desta ciudad y trompetas y menestriles y que los que tañeren estos instrumentos salgan con libreas y bien aderezados… La infantería les saldrá a recibir camino desde el Puerto de El Callao hasta las últimas casa de la ciudad



    ¿Y Hawkins…? El pirata inglés también fue paseado por las calles de Lima para que recibiera los “piropos” de la población a la que había pretendido robar, matar y violar. Pero su paseo no terminaba en la recepción ofrecida en el Palacio del Virrey, sino en un oscuro calabozo. En el momento de su rendición había pedido a Beltrán de Castro un salvoconducto para que él y sus hombres pudieran regresar a Inglaterra, pues alegaba que él no era pirata y que su viaje era científico. Pero había que ser muy ingenuo para creerse semejante trola y dejar marchar libres de la justicia a tan miserable banda. Después de tres años de prisión en Lima, en 1597 es enviado a España para que conociera los presidios españoles. Estuvo preso en condiciones muy duras en Sevilla y en Madrid. Hay quien asegura que en alguna ocasión los carceleros quisieron quemarlo vivo. Sea cierto o exagerado, el caso es que en 1602 fue puesto en libertad y devuelto a Inglaterra, debido al importante rescate económico que su familia pagó. Y es que su familia tenía mucho dinero, pues este Richard Hawkins -agárrese el lector- era hijo de John Hawkins, sobrino de William Hawkins y primo de Drake, ¡todos piratas!… Cuanto hijo de puta (con perdón).

    Tal vez sus ocho años de cautiverio fueran duros pero tuvo suerte el cabrón. Como era de suponer, cuando llegó a la pérfida Albión fue nombrado caballero e incluso llegó a ser miembro del parlamento. Nunca más volvió a embarcarse rumbo a América ni a ejercer la piratería. Según cuentan las crónicas británicas se le encargó la vigilancia y la lucha contra los piratas en la costa sur de Inglaterra… Ironías de la vida

    ¿Y su barco, el Dainty…? Este si quedó a buen recaudo. Fue reparado y rehabilitado para servir a España. Se le cambió el nombre por Santa María de La Visitación aunque todos lo llamaban La Inglesa por su anterior deshonrosa vida. Incluso volvió a participar en algunas gloriosas jornadas contra piratas pero eso es otra historia.

    Lo importante es esta historia y los hombres que se embarcaron un día en Lima para salir a la caza de unos piratas. Aquellos españoles de nacimiento y aquellos españoles nacidos en Perú -los llamaban novohispanos- que escribieron un pequeño párrafo en la larga y agitada historia de España y que con su valentía salvaron la vida a quien sabe cuanta gente. Hombres que las crónicas de la época nos han dejado escrito algunos de sus nombres: Álvarez, Avalos, Calderón, Chirinos, Garcia, Quiñones, Lezcano, Luján, Rivera, Reynalte, Velázquez, el propio Beltrán de Castro y otros cuantos. Hombres que debemos recordar por los siglos de los siglos… Amén





    Se lanzaron al abordaje del barco pirata






    _________________________________

    Fuente:

    http://laviejaespaña.es/captura-pirata-hawkins

    Última edición por Mexispano; 03/06/2018 a las 03:55

  12. #452
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    Rubén Sáez Abad

    «El fracaso de la Contraarmada en 1589 es similar al provocado por Blas de Lezo en Cartagena de Indias»

    En «La guerra anglo-española (1585-1604)» (Almena) se analizan los principales episodios del conflicto entre la Inglaterra de Isabel I y la España de Felipe II





    César Cervera - C_Cervera_M

    29/05/2017 03:39h - Actualizado: 30/05/2017 16:29h. Guardado en: Historia


    Solo un año después de que la llamada Armada Invencible de Felipe II se estrellara en las costas británicas tuvo lugar un contraataque inglés, la Contraarmada, con una cifra de bajas y barcos movilizados similar al caso español. ¿Por qué casi nadie conoce este fracaso inglés y si la Gran Armada española? ¿Y por qué el tratado que puso fin a la guerra fue favorable a España si lo único que trascendió al paso de los siglos fueron los éxitos ingleses? En el libro «La guerra anglo-española (1585-1604)» (Almena), Rubén Sáez Abad responde a muchas de estas preguntas y analiza los principales episodios de este conflicto tan recurrente en el imaginario popular. Este autor especializado en historia militar y en asedios firma un nuevo monográfico de la espectacular serie de Guerreros y batallas con la que esta pequeña editorial trata de recuperar episodios olvidados de nuestro pasado.


    ¿Cuáles son las razones que llevaron a Inglaterra y al Imperio español a iniciar una guerra abierta?

    La guerra se había hecho inevitable desde hace mucho tiempo. Eran muchos y variados los motivos del enfrentamiento, desde económicos a religiosos.... La lucha entre el catolicismo y el protestantismo tuvo a ambos países de protagonistas y rivales desde que la muerte de la segunda esposa de Felipe II, María Tudor, devolvió el protestantismo a las Islas británicas con el ascenso al poder de su hermanastra Isabel. Además, la guerra de corso en el Caribe español llevaba activa desde hace décadas con graves consecuencias para España.





    Al fin y al cabo Inglaterra estaba desafiando a la potencia hegemónica, ¿fue un error de Isabel I de Inglaterra el estirar hasta tal punto la hostilidad entre ambos países?

    No hay que considerarlo un error. Inglaterra apoyaba a los enemigos de España, con tropas y dinero desde hace décadas, y anhelaba las riquezas de América. Ellos trataron de aprovechar con sus maniobras la coyuntura del momento, donde la guerra de Flandes entre España y las provincias rebeldes estaba completamente estancada. No es que desafiaran a la potencia hegemónica; es que se aprovecharon de sus debilidades para sacar tajada.


    La guerra duró casi veinte años pero hoy en día solo es recordada por el episodio de la Armada Invencible, esto es, la flota que Felipe II envió para trasladar al Ejército de Flandes a Inglaterra y tratar de derrocar a Isabel.

    Es el episodio más conocido porque no hemos sabido vender nuestras victorias y la propaganda inglesa ha ocupado este vacío. La mal llamada Armada Invencible es el episodio principal en cuanto a España, pero al año siguiente de este fracaso Inglaterra envió a la península también una armada con consecuencias nefastas, la Contraarmada. Lo que pasa es que ese episodio se trató de ocultar durante siglos. Las consecuencias de este fracaso y de otros posteriores se dejaron ver en la paz que puso final al conflicto, el Tratado de Londres. La guerra no la debió perder España si luego el tratado le favorecía...


    En cualquier caso, ¿cuáles fueron las causas de que esta llamada Armada Invencible fracasara en sus objetivos?

    Lo primero que hay que saber es que fueron muy pocos los barcos hundidos en los combates. Las causas del fracaso son múltiples, si bien la principal es que era una flota muy heterogénea, con barcos de distinto tonelaje y prestaciones. Por un lado estaban los galeones portugueses de la carrera de Indias, que eran muy poderosos pero lentos; luego había galeras y galeazas muy valiosas en el Mediterráneo pero inadecuadas para estas otras aguas. A nivel táctico el error es que España planteó una guerra de abordaje y por eso embarcó a un número tan alto de arcabuceros en la expedición; no obstante, luego tenían poca capacidad de luchar a larga distancia.

    Por último, el elemento que más condicionó la empresa es que combatían muy lejos de las bases logísticas españolas, mientras que los ingleses podían disparar toda su pólvora y recargar luego en la costa.


    ¿El plan español era factible en alguno de los escenarios planteados?

    La cuestión nunca resuelta es cómo se iba a producir el enlace entre las tropas terrestres del Ejército de Flandes y la armada procedente de España a cargo de Medina-Sidonia. El Imperio español no contaba con ningún puerto en ese momento en los Países Bajos tan grande cómo para albergar una flota así y eso obligaba a que las tropas terrestres tuvieran que embarcar en barcazas casi en mar adentro. Para que tuviera éxito la empresa de Felipe II lo primero hubiera sido que las tropas españolas en Flandes hubieran conquistado un puerto y desde allí embarcado en la escuadra. En este sentido, la línea de comunicación resultó un obstáculo. La flota no sabía en qué situación se encontraban las tropas de Alejandro Farnesio, mientras que él tampoco conocía de la posición de la Armada. Así era imposible coordinarse.


    Recuerda usted en el libro que los ingleses mantuvieron pocos combates realmente con los españoles en este intento de desembarco de 1588, ¿plantearon una buena defensa los hombres de Isabel I?

    Se ha tendido a minimizar la potencia naval inglesa para dar más dimensión al fracaso español. Los ingleses alinearon en la defensa de las islas 197 embarcaciones frente a las 130 españolas. No había una superioridad numérica española, pero sí tal vez una mayor potencia de fuego español. Ellos han vendido que con unas pocas embarcaciones y mucho ingenio lograron detener a la gran flota enviada por Felipe II. Evidentemente eso es falso.


    Si hubiera fallado la defensa naval inglesa y los españoles hubieran desembarcado, ¿cómo hubiera sido un enfrentamiento terrestre entre ingleses y españoles?

    Hay que tener en cuenta que el Ejército de Flandes era en ese momento el mejor del mundo y, de hecho, los holandeses se atrincheraban detrás de las fortalezas porque eran incapaces de plantarles cara en campo abierto. Nadie en el mundo se atrevía a combatir a esta maquinaria bélica, mientras que Inglaterra era bastante débil en el campo terrestre. No sabemos lo que hubiera ocurrido.




    Rubén Sáez Abad posa junto al escorpión romano de su colección, en Albarracín (Teruel) –


    En el libro recuerda usted que el ganador de la guerra fue España, ¿qué decía el Tratado de londres tan beneficioso para la Monarquía hispánica?

    El tratado supuso que Inglaterra dejara de prestar ayuda a las Provincias Unidas y a los rebeldes de Flandes a cambio de que España renunciara a nombrar un monarca católico para Inglaterra y facilitara el comercio inglés en las Indias. Asimismo, el canal de la Mancha quedaba abierto para los barcos españoles a cambio de que Inglaterra suspendiera toda ayuda a los piratas en el Atlántico. Como vemos, las concesiones españolas son menores que los beneficios obtenidos.


    ¿El fracaso de la Contraarmada es comparable al de la Armada Invencible?

    La Contraarmada estaba compuesta por entre 170 y 200 embarcaciones, entre ellas 6 galeones reales, 70 buques mercantes armados y 70 urcas holandesas. Llevaban a bordo a 4.000 marineros, 1.500 oficiales y 20.800 soldados para el desembarco. El balance final fue que 12 navíos fueron hundidos o derrotados en combate, otra docena fue hundida por las tempestades y 13.000 soldados murieron. Hablamos de unas cifras similares no a la Armada Invencible, sino a lo que supuso la defensa de Cartagena de Indias por parte de Blas de Lezo. España sabe vender muy mal sus victorias e Inglaterra minimiza muy bien sus derrotas. Este es un buen ejemplo de ello.


    Francis Drake fue uno de los oficiales más activos en las guerra, ¿qué balance haces de su trayectoria?

    Francis Drake era un buen capitán de navío, pero un mal comandante de grandes escuadras porque le podía el ansia de conseguir botín. De hecho, en los combates con la Gran Armada estuvo a punto de meter a toda la flota inglesa en la media luna española por su afán de perseguir un botín. Casi causa un descalabro porque anteponía sus intereses personales a los de la escuadra.


    En su juventud Drake tuvo mucho éxito en el Caribe, pero en su madurez perdió allí su vida, ¿qué hizo España diferente para defenderse de la piratería entre esos años?

    El problema de la piratería es que nunca es fácil saber dónde van a atacar. El territorio español era demasiado grande cómo para poder defenderse más allá de las grandes plazas. Eso sin olvidar que no todas las fortalezas en América estaban en estado óptimo, ni abastecidas con las suficientes tropas. Las grandes plazas las evitaban los piratas, pero las pequeñas guarniciones eran más asequibles. Siempre había, además, un factor de suerte. En su juventud Drake tuvo la fortuna que no tuvo en su vejez cuando murió en uno de estos ataques. Tal vez es porque sus objetivos cada vez eran mayores y más difíciles de abordar.


    Por parte española, al Duque de Medina Sidonia, comandante en jefe de la Armada Española, se le suele hacer responsable del fracaso de la Gran Armada en 1588, ¿crees que está justificado?

    Medina-Sidonia fue capaz de regresar a la Península prácticamente todos los barcos de la Armada y siguió al detalle las instrucciones del Rey. Yo creo que cumplió bastante bien lo que le pidieron. En contra de lo que se piensa de toda la armada se perdieron solo 35 embarcaciones, 7 en combate y 28 por los temporales, siendo la mayoría de estos barcos de menor tamaño. Los de mayor tamaño lograron regresar a la península. No obstante, uno de los fallos que se le achacan es precisamente la falta de iniciativa, pues se limitó a cumplir con las órdenes reales, esto es: intentar contactar con el Ejército de Flandes para llevar las tropas a Inglaterra. Le faltó esa iniciativa que, por ejemplo, hubiera llevado a un marino más profesional a atacar a los ingleses en sus puertos en vez de seguir de largo.

    Y tampoco pueden ser despreciadas las pérdidas inglesas en la defensa de las islas. Ellos perdieron 9.000 hombres, entre combates y enfermedades.


    Cuando habla de alguien más experimentado, ¿se refiere a Don Álvaro de Bazán, que murió en los preparativos?

    Bazán hubiera cambiado las cosas, no me cabe la menor duda. Medina-Sidonia era un hombre de tierra no de mar, mientras que Álvaro de Bazán era el mejor almirante que tenía España en ese momento. La diferencia es grande y es esa iniciativa de marinero experto lo que pudo cambiar las cosas.


    Los barcos regresaron, pero los marinos no.

    Las pérdidas humanas si fueron altas, entre 10.000 y 15.000 hombres. Algunos de los mejores marinos de España se perdieron, pero está sola fue la primera de muchas más generaciones de grandes marinos. Siempre es más fácil recomponer los barcos que los marinos, pero también esto se logró en poco tiempo. Y tampoco pueden ser despreciadas las pérdidas inglesas en la defensa de las islas. Ellos perdieron 9.000 hombres, entre combates y enfermedades.


    Inglaterra trató de dañar a España apoyando a los rebeldes en Flandes, España hizo lo mismo en Irlanda pero con peor suerte, ¿fue una idea acertada?

    Intentar abrir un frente en Irlanda era un acierto, pero las tempestades volvieron a convertir la empresa en una mala idea. España mandó una expedición a apoyar a los rebeldes irlandeses a principios del siglo XVII pero la flota tuvo que regresar rápidamente y los soldados se dispersaron por un mal desembarco. No se pudo generar la masa combatiente que se necesitaba y crear una cabeza de puente que permitiera conquistar Irlanda. La idea era buena. Todo dependía de cuántos soldados se pudieran desembarcar.




    _______________________________________

    Fuente:

    Rubén Sáez Abad: «El fracaso de la Contraarmada en 1589 es similar al provocado por Blas de Lezo en Cartagena de Indias»

  13. #453
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    El «glorioso» buque español que se enfrentó y humilló a doce navíos británicos en 1747

    El capitán Pedro Mesía de la Cerda comandó este mítico buque en la travesía desde América a España en la que tuvo que verse las caras con poderosas escuadras de la Royal Navy.


    Cuadro de Augusto Ferrer Dalmau en el que representa un momento del combate en el cerca de Finisterre, entre el Glorioso y el Oxford. El buque español le ganó la batalla con una maniobra que dejó a los ingleses humillados y obligados a batirse en retirada - ABC / Vídeo: Los grandes marineros españoles que combatieron a la Royal Navy

    I. V.

    MADRID

    Actualizado: 22/09/2018 10:35


    Cabo de San Vicente, madrugada del 17 al 18 de agosto de 1747. Aun sabiendo que se encontraban en los últimos instantes de un combate en el que ya solo podían encontrar la derrota, con los mástiles y los aparejos destrozados, el casco agujereado, la cubierta sembrada de cadáveres y la sangre corriendo por el suelo, los supervivientes del San Ignacio de Loyola, conocido como el «Glorioso», no quisieron dejar de pelear hasta que gastaron su último proyectil al amanecer. El buque español perdió y quedó en un estado tan lastimoso que los británicos solo pudieron venderlo como chatarra, pero una chatarra que acababa de escribir una de las páginas más emocionantes y épicas de la historia de la Armada española.

    Prueba de ello fue el respetuoso recibimiento que brindó el enemigo a los marinos españoles que no habían muerto, encabezados por el capitán Pedro Mesía de la Cerda, cuando subieron a bordo de los barcos de la Royal Navy. Eran casi héroes y los devolvieron a su patria vivos, sabiendo que acababan de enfrentarse y humillar con tan solo un buque a doce de sus navíos, hundiendo a dos y dejando prácticamente para el desguace a la mayoría de los otros.

    La historia del mítico Glorioso comienza en 1738, cuando fue construido en los astilleros de La Habana con los planos de Antonio de Gaztañeta. Contaba con 70 cañones. Aunque se trataba de un barco robusto, lo cierto es que España no había alcanzado todavía su apogeo en lo que a la industria naval se refiere. Felipe V (1700-1746) había sentado las bases económicas que permitirían al marqués de la Ensenada a partir de ahora, con Fernando VI (1746-1758), impulsar la renovación de las fuerzas navales. Como le dijo este al Rey en una carta fechada precisamente un mes antes de partir el Glorioso hacia la aventura que les vamos a contar: «Yo no diré que pueda tener una marina que compita con la de Inglaterra en pocos años, porque, aunque hubiese caudales para hacerla, no hay gente para tripularla. Pero sí que es fácil tener el número de barcos que baste para que, unidos con los de Francia, se prive a los ingleses del dominio que han adquirido sobre el mar».


    Cuatro millones de pesos

    Poco antes, Mesía de la Cerda había recibido la orden de traer de América cuatro millones de pesos duros en plata con los que el monarca pretendía seguir sufragando la Guerra de Sucesión austriaca (1740-1748). El capitán cordobés llevaba dos años al mando de la nave. El viaje de ida transcurrió sin incidentes y, a principios de julio de 1747, el Glorioso iniciaba la travesía de vuelta con su tesoro a bordo y dos escuadras inglesas muy superiores esperándole en el Atlántico, tal y como cuenta Jorge Cerdá Crespo en «Conflictos coloniales: la guerra de los nueve años 1739-1748».

    El primer combate se produjo el 26 de julio a la altura de las Azores. Un día antes, Mesía ya había avistado varias embarcaciones enemigas que no pudo reconocer en un primer instante debido a la niebla. Estaban escoltados por el navío Warwick, de 60 cañones, e incluían una fragata de 44 cañones (Lark) y un paquebote de 20, comandados todos por el capitán John Crookshanks, que vio en el solitario Glorioso una presa fácil.

    En mitad de la noche salió con la fragata y disparó por sorpresa los primeros cañonazos. Combatió esta con valor y cumplió con su cometido de ocasionar desperfectos en los mástiles y las velas del enemigo, con el objetivo de que el buque español perdiera velocidad y fuera después alcanzado por el Warwick. Sin embargo, el Glorioso consiguió destrozar la arboladura y el casco de la fragata inglesa, hasta el punto de que no fueron capaces de tapar las múltiples vías abiertas y tardó pocos minutos en irse al fondo del océano. Visto y no visto.

    Todavía era de noche cuando el Warwick tomó el relevo y ambos buques se vieron las caras. En un hábil movimiento, Pedro Mesía de la Cerda viró en redondo y se situó con la banda de estribor frente al navío británico. El primer ataque, una vez que el Glorioso se encontraba a una distancia suficiente, alcanzó de lleno al enemigo. Herido de muerte, el Warwick intentó continuar la batalla durante dos horas más, pero nada pudo hacer mientras trataba de arreglar los mástiles, las velas y el mastelero de trinquete, además de contener el agua que entraba por algunas grietas del casco.

    Superado el primer escollo, el buque español continuó libre su travesía durante las dos siguientes semanas. En Inglaterra, la derrota sufrida fue tan vergonzosa que el capitán Crookshanks fue expulsado de la Armada, después de un consejo de guerra en el que fue acusado de negligencias en el combate contra unas fuerzas considerablemente inferiores y por su denegación de auxilio a la fragata Lark.




    Pérez-Reverte asesoró a Ferrer-Dalmau en la realización del cuadro del Glorioso - ABC


    Los daños sufridos por el Glorioso, como le ocurriría a lo largo de toda esta heroica travesía, también fueron importantes: sus velas estaban agujereadas, se habían abierto vías de agua, se había perdido el bauprés y la parte del casco que no se encontraba sumergida sufría daños considerables. Todo fue reparado con la máxima urgencia para avanzar a toda vela hacia España. El botín era importante y debía llegar intacto a las arcas de Fernando VI.

    El 14 de agosto, el Glorioso divisó por fin la costa de Finisterre, pero en medio de su camino se encontró de nuevo con una escuadra británica formada por el navío Oxford, de 50 cañones; la fragata Sorehan, de 24, y la corbeta Falcon, de 14. Al igual que le ocurrió al Warwick, todos estos barcos de la todopoderosa Royal Navy pensaron que el Glorioso sería presa fácil. No en vano, eran superiores en número de cañones, marinos y toneladas, pero también se equivocaron: enviaron otra vez en primer lugar a la fragata y a la corbeta, más ligeros y rápidos, para que causaran los suficientes destrozos como para que el Oxford pudiera alcanzarlo después y rematarlo.

    Sin embargo, cuando los dos buques más pequeños se acercaron, Mesía de la Cerda les recibió con el fuego suficiente como para destrozar sus arboladuras y dejar sus cascos haciendo aguas por todos los lados. Estaban fuera de la batalla, más preocupados por no ir a pique, cuando el Oxford se acercó confiado. El Glorioso realizó entonces una maniobra arriesgada que hace tres años fue representada por el pintor Augusto Ferrer-Dalmau en uno de sus impresionantes cuadros de batallas («El último combate del Glorioso», realizado para ilustrar el libro sobre este buque histórico que escribió el capitán Agustín Pacheco Fernández).

    Aquella maniobra de Mesía de la Cerda, un alarde impresionante de pericia marinera, sorprendió de tal manera al capitán enemigo que con ella obtuvo la victoria sobre el buque inglés poco después de abrir fuego. El Glorioso no tenía más enemigos en los que centrarse y pudo emplear todos sus cañones contra del Oxford, en un movimiento que dejó a los británicos humillados y obligados a batirse en retirada.

    Dos días después, el buque español entraba orgulloso en el puerto de la localidad de Corcubión (A Coruña) con el tesoro intacto y la misión cumplida. Y de nuevo, los capitanes británicos fueron sometidos a consejos de guerra y castigados. Ya eran seis los barcos ingleses de la Royal Navy que el buque español había hundido o a los que había provocado daños severos en su camino. No parecía que hubiera nada que pudiera detenerle.


    La batalla final

    El Glorioso estuvo tan solo un día en Corcubión, lo suficiente como para hacer las reparaciones más urgentes antes de zarpar rápido hacia Ferrol el día 17 de agosto. Pero los daños eran tan importantes en lo que respecta a los aparejos, que no pudieron vencer los vientos en contra y decidieron dar media vuelta y dirigirse a Cádiz. Era la forma, además, de evitar a los barcos ingleses que merodeaban por aquellas aguas, sin saber todavía que acababan de cometer su mayor error.

    Tras navegar todo el día sin incidentes rumbo al sur, el Glorioso se topó esta vez con una flota de cuatro fragatas corsarias inglesas a la altura de la bahía de Lagos, cerca del cabo de San Vicente: King George, Prince Frederick, Duke y Princess Amelia. Nombres que hicieron que fuera conocida con el sobrenombre de la «Royal Family» (Familia Real). Estaban comandadas por el comodoro George Walker y sumaban 120 cañones y 960 marinos. De nuevo superioridad.

    Como todas las escuadras anteriores, los corsarios iniciaron una persecución contra el Glorioso. Sin embargo, el viento se detuvo y ambos barcos se quedaron sin poder avanzar, quietos, a distancia de cañonazo. Ni uno ni otro se atrevió a atacar primero, entre otras razones porque no consiguieron ver la bandera y averiguar la nacionalidad de sus visitantes. El King George y sus compatriotas, de hecho, tenían patente de corso para hacer la guerra a España, pero esperaron, mientras que Mesía de la Cerda ordenaba abrir las portas de la artillería de batería baja para abrir fuego ante el primer gesto hostil que detectara.

    Cuando por la mañana volvió a levantarse el viento, ambos barcos se acercaron y descubrieron a qué país pertenecían los desconocidos vecinos, se inició el combate. Una vez más, el Glorioso daba buena cuenta de su puntería y dejaba al King George prácticamente destrozado en su primera andanada, con graves averías y multitud de heridos a bordo. Después de aquello, no les quedó más remedio que ser prudentes y alejarse al ver que las otras tres fragatas iban hacia ellos en búsqueda de venganza.


    Ascensos y recompensas

    Durante la caza, apareció otro navío británico, el Russell, con 80 cañones. Poco después, el Darmouth, con 50 más. Ambos se unieron a la «Royal Family» para acabar de una vez con el maldito barco español. La fragata Prince Frederick comenzó recibiendo una soberana paliza del Glorioso, a pesar de que la superioridad inglesa era evidente. Pero lejos de amilanarse, Pedro Mesía de la Cerda ordenó maniobrar y abrir fuego como si no hubiera mañana.

    Uno de los proyectiles alcanzó al Darmouth, provocando un incendio que debió alcanzar la santabárbara porque, minutos más tarde, el navío inglés saltaba por los aires y acababa con la vida de toda la tripulación, excepto doce o catorce marinos. Según se cuenta en «Rincones de historia española», de León Arsenal y Fernando Prado, entre los supervivientes había un joven teniente que acabó flotando en el agua y medio desnudo. Cuando fue resacatado por el Prince Frederick, comentó: «Sir, debe excusar la falta de mi uniforme al presentarme en un barco extraño, pero abandoné el mío con tanta prisa que no tuve tiempo de cambiarme».

    Era el segundo buque inglés que el Glorioso hundía en pocas fechas, sin contar con los que había dejado con importantes daños. El Glorioso también se encontraba en serios problemas, con los mástiles y los aparejos prácticamente inutilizados, el casco agujereado y con 33 muertos y 130 heridos en su cubierta, a pesar de lo cual no dejó de pelear hasta que se quedó sin munición nueve horas después.

    Fue al amanecer del 19 de agosto de 1747 cuando Pedro Mesía de la Cerda, acorralado también por la presencia del Duke y el Princess Amelia, ordenó arriar la bandera y rendir la nave, con el tesoro seguro ya en tierras españolas. Todos los marinos del Glorioso que habían sobrevivido a su odisea recibieron ascensos al regresar a casa. Y su capitán, nombrado jefe de escuadra primero, teniente general de la Mar después y, por último, virrey de Nueva Granada.




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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    Andonaegui, el vasco que evitó que Canarias fuese una colonia del Reino Unido

    Protagonizó una gesta que hubiera tenido consecuencias irreparables para el archipiélago




    Charles Windham visto por el pintor británico Charles Couzens, 1858 - ABC


    Pedro González Sosa


    @ABC_Canarias Las Palmas de Gran CanariaActualizado:20/01/2017 16:51h


    Los conflictos que España está dirimiendo con el Reino Unido, siempre con el telón de fondo de la ocupación de Gibraltar que quedó bajo aquella soberanía a partir de 1713, hacen aflorar en la memoria isleña el recuerdo de que hace justo este año la friolera de 274 Canarias, a través de la isla de Gran Canaria, estuvo igualmente a punto de haber quedado, como el Peñón, como territorio británico de ultramar.

    José de Andonaegui, el protagonista de aquella gesta, llegó a las Islas el 17 de mayo de 1741 destinado como coronel ingeniero acompañando al comandante general Andrés Bonito de Pignatelli y quedó acuartelado en Tenerife como inspector de milicias, renovando y reformando las Baterías de San Pedro, que iba a servir en lo sucesivo como Cuartel de Ingenieros, y del Rosario, conocida también como la de Nuestra Señora de la Rosa destinada después como Comandancia de Obras de Canarias, construyendo de nueva planta la de Santa Isabel.

    Acabadas aquellas fortificaciones tinerfeñas, José de Andonaegui pasó como coronel a la isla de Gran Canaria a finales de 1742, y el 14 de diciembre de aquel año casó en Las Palmas con María Nicolasa de Barreda Yebra y Melo, doncella madrileña hija de Diego Manuel de la Barreda Yebra, en aquel momento consejero del rey y Oidor de la Real Audiencia de Canarias, (de ilustre familia de Santillana) y de María Nicolasa de Arellaga y Melo.

    De este matrimonio consta que fueron sus hijos Gertrudis, monja, y Antonio, nacidos en Las Palmas en 1743 y 1744 y José, que vino al mundo en Buenos Aires en 1747, ingresando los hermanos varones en 1759 en el Real Seminario de Nobles de Madrid, según los datos facilitados por el genealogista Miguel Rodríguez Díaz de Quintana.

    La estancia del coronel-ingeniero en la capital grancanaria coincidió con la invasión a la isla de una escuadra inglesa de cinco navíos comanda por el almirante Charles Windham, circunstancia que fue motivo para ser nombrado brigadier de los Ejércitos y hacerse cargo de la gobernación de las Armas de la Isla.

    La escuadra británica permaneció los días 17, 18 y 19 de junio de 1743 amagando sin descanso en la bahía de las Isletas, aunque sin poder efectuar el desembarco ni practicar hostilidad alguna por la heroica defensa de los isleños y el papel destacado de nuestro protagonista.

    José de Andonaegui informó al Rey Felipe V del comportamiento de las tropas milicianas en la defensa de la Isla destacando la conducta del obispo Juan Francisco Guillén, gracias a cuyo patriótico celo se frenó el intento del abordaje de la escuadra enemiga. El Rey por mediación del marqués de La Ensenada, agradeció por carta el gesto del "singular amor a su real servicio", motivo por el que condecoró a varios oficiales y soldados.

    Conviene recordar al respecto que durante la enfermedad del comandante general de las Islas Canarias en aquella época, José Masones de Lima y Sotomayor, tercer marqués de Casa Fuerte, el inspector-ingeniero vizcaíno tuvo que asumir interinamente el mando del Archipiélago y en octubre de 1745 (fallecido que ya había sido Masones y llegado el nuevo comandante Luis Mayoni),

    Andonaegui fue enviado a Buenos Aires para hacerse cargo de aquella Gobernación y de la Capitanía General de aquel distrito, destacándose allí como uno de sus mayores logros que bajo su administración comenzaron a explorarse las riquezas del país. Al cesar en el cargo en 1756 regresó a España y se estableció con su familia en Madrid en cuya capital falleció el 3 de septiembre de 1761.

    El político y militar español nació en Markina (Vizcaya). Después de su paso por las Islas entre 1741 y 1745 fue gobernador de Buenos Aires entre 1745 y 1756, en que destacó con una política de apoyo a la apertura comercial de aquel país, bajo cuya administración se realizaron expediciones a la Patagonia y se iniciaron las explotaciones de sus riquezas.

    Antes de su arribada a aquellas tierras americanas protagonizó en nuestra isla una gesta tenida por heroica de la que se han ocupado en tiempos pasados historiadores como Rumeu, Tarquis, Pinto de la Rosa, Cioranescu y el propio Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Canarias al dar cuenta del comportamiento del obispo Guillén en la acción con los ingleses.

    Reverdece en la memoria histórica de Canarias el actual conflicto sobre Gibraltar el papel importante que José de Andonaegui protagonizó en las Islas cuando languidecía la primera mitad del siglo XVIII, pues si en La Argentina se le tiene como un personaje de gran relieve, a su paso por Gran Canaria protagonizó unos hechos heroicos en una gesta de la que salió airoso, pues de otra forma las consecuencias hubieran sido irreparables para el archipiélago.




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    https://www.abc.es/espana/canarias/a...qjg5JvceyYmjkg
    Erasmus dio el Víctor.

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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    Las siete «Invencibles» inglesas que fracasaron al intentar invadir España y que nadie recuerda

    Si bien también hubo auténticos tropiezos, la verdadera historia de la rivalidad entre estos dos imperios atlánticos muestra que se mantuvieron el pulso y, hasta el siglo XIX, se alternaron las glorias y las penas en los dos bandos


    El Revenge, buque insignia de Drake en 1589, en el momento de su captura por parte de la Armada Española en aguas de las islas Azores en 1591


    César Cervera

    @C_Cervera_M

    Actualizado:11/04/2019 08:47 h



    La rivalidad entre Inglaterra y España se suele simplificar a una sucesión de fracasos por parte de las fuerzas hispanas. De la mal llamada Armada Invencible (en verdad, bautizada como Grande y Felicísima Armada) a la derrota en Trafalgar, pasando por la pérdida de Gibraltar y Menorca... El relato que brilla en el imaginario popular de los europeos, incluidos los españoles, transmite la sensación de que la potencia católica se pasó siglos dándose cabezazos contra un gigante.

    Si bien también hubo muchos tropiezos, la verdadera historia de la rivalidad entre estos dos imperios atlánticos muestra que se mantuvieron el pulso y, hasta el siglo XIX, se alternaron las glorias y las penas en los dos bandos. La España de los Austrias evidenció tanto en la guerra anglo-española (1585-1604), donde el tratado que puso fin al conflicto se inclinaba a los intereses hispánicos, como en la guerra entre con la Inglaterra de Carlos Estuardo de 1625, que la Armada y el Ejército de esta Monarquía estaban aún muy por encima de las armas británicas. El siglo XVIII, sin embargo, demostró que Gran Bretaña había aprendido de sus errores y aspiraba, por convicción y capacidad, a dominar los mares y el comercio global. Una superioridad teórica sobre el Imperio español que, con todo, se puso en cuestión en varios choques militares donde los españoles se impusieron contra todo pronóstico.

    ¿Cuánta gente hoy sabe que Inglaterra fracasó seis veces, al menos, al intentar someter territorios de España y de sus posesiones de ultramar?


    Veracruz (Nueva España) en 1568

    Las expediciones piratas de Inglaterra, auspiciadas y promovidas por la Corona, en las posesiones españolas en América fueron frecuentes en el siglo XVI, tanto en tiempos de guerra como de supuesta paz entre ambos países. Los saqueos a Santo Domingo o Cartagena de Indias por parte de Francis Drake y de su mentor, John Hawkins, son archiconocidos, pero no así su faceta como esclavistas y asesinos de poblaciones indefensas, como tampoco lo son sus fracasos en estas mismas lindes.

    Los saqueos a Santo Domingo o Cartagena de Indias por parte de Francis Drake y su mentor John Hawkins son archiconocidos, pero no tanto como sus facetas como esclavistas y asesinos de poblaciones indefensas

    Entre 1567 y 1568, Drake y Hawkins saquearon, al frente de seis buques, pequeños puertos y buques mercantes del Caribe, violando sistemáticamente la situación de paz entre Felipe II e Isabel I de Inglaterra. La aventura terminó tras cerca de un año de pillajes a lo largo de las costas americanas.

    La flotilla pirata decidió tomar el puerto y fuerte de San Juan de Ulúa en México para acometer pequeñas reparaciones en sus embarcaciones y adquirir víveres de cara a su vuelta a Inglaterra. Haciéndose pasar por barcos de la Armada española, forzaron al virrey Martín Enríquez de Almansa a entregarles suministros. Para su desgracia, a los pocos días arribó en Veracruz la auténtica Armada. Cuatro buques piratas fueron hundidos, 500 tripulantes abatidos y las ganancias del contrabando de esclavos capturadas casi en su totalidad. Drake y su primo pudieron escapar de milagro.


    La Contraarmada de Drake y Norris en 1589

    Tras el fracasado intento de invadir Inglaterra por parte de Felipe II, la Reina Isabel consideró que, dado la pérdida de barcos en la operación debido a las tormentas y las afiladas costas irlandesas, la península española habría quedado indefensa. Por esta razón, en 1589 ordenó al pirata Drake lanzar un contraataque contra España, la conocida como «Contraarmada».

    Sin embargo, a falta de la experiencia española para la organización de una operación de grandes dimensiones, que tampoco había servido de nada a éstos, la aventura de la escuadra inglesa acabó en un irremediable desastre. Según el historiador británico M. S. Hume, la campaña costó la muerte o la deserción del 75% de los más de 18.000 hombres que formaron originalmente la flota.




    Monumento a María Pita, La Coruña.


    La flota formada por más de 150 buques ingleses y holandeses fracasó tanto en su intento por conquistar La Coruña, donde se hizo célebre la irreductible María Pita, como en una invasión a Lisboa, cuya población se levantarían en masa contra la opresión española, según los cálculos fallidos de los hombre de la Reina.

    El 16 de junio de 1589, siendo ya insostenible la situación, Drake ordenó la retirada, que fue seguida de una asfixiante persecución a cargo de las fuerzas hispano-lusas. El resto de la campaña, que trasladó la acción a las islas Azores, tan solo sirvió para alargar la agonía de la expedición y tirar al traste el prestigio de Drake.


    Fracaso en la segunda expedición de Drake

    Sir Francis Drake quedó condenado al ostracismo tras el fracaso de 1589, negándosele el mando de cualquier expedición naval durante los siguientes seis años. Su oportunidad de resarcirse llegó cuando la Reina inglesa, cansada de no haber cosechado nada más que derrotas desde 1588, volvió a depositar su confianza en él hacia 1595. El objetivo era de nuevo el Caribe.

    La expedición no pudo empezar de peor forma. En contra de la opinión de Hawkins, comandante principal de la flota, Drake ordenó atacar las Canarias y abastecerse allí antes de dirigirse al Caribe. Calculaba el pirata inglés tomar Las Palmas –defendida por apenas 1.000 hombres, la mayoría civiles– en cuestión de cuatro horas, pero los defensores rechazaron sin dificultad el primer desembarco. Con 40 muertos y numerosos heridos, la escuadra inglesa estimó inútil gastar más soldados en algo que iba a ser supuestamente sencillo pero no lo fue.

    Una vez frente a Puerto Rico, los defensores les recibieron con una hilera de cinco fragatas –de reciente construcción y adaptadas al escenario atlántico– apuntando sus cañones hacia los forasteros. La flota invasora tuvo que retirarse momentáneamente cuando los cañones españoles penetraron en la mismísima cámara de Drake, justo cuando éste brindaba con sus oficiales. El jefe de la flota salió ileso, pero dos oficiales fallecieron y otros tantos quedaron gravemente heridos. Además, la salud de John Hawkins se consumió por completo poco antes de estos primeros combates, dejando a Drake como único mando.




    Relieve que muestra la muerte de Drake en el Caribe


    El furioso recibimiento español no amilanó a los ingleses, que lanzaron un ataque masivo con barcazas. Drake ordenó acercarse en silencio a las fragatas, que se mantenían como pétreas guardianas del puerto, para prenderlas fuego con artefactos incendiarios. Solo uno quedó inservible... El fuego iluminó la noche facilitando que los defensores rechazaran el desembarco. La jornada acabó con 400 hombres muertos en el bando británico.

    Tras descartar atacar la recientemente fortificada Cartagena de Indias, la flota formada por seis galeones y una veintena de embarcaciones menores se trasladó a Panamá, donde ordenó un doble ataque, por tierra y por mar, que se saldó con otras 400 bajas inglesas. Desmoralizado, agotado y enfermo de disentería sangrante, Francis Drake buscó a la desesperada posibles presas. El 27 de enero de 1596, estando fondeada la flota en la entrada de Portobelo, el pirata pidió que le pusieran su armadura «para morir como un soldado». Falleció la madrugada siguiente y su cuerpo fue lanzado al mar dentro de un ataúd de plomo, en contra de su voluntad de ser enterrado en tierra firme. Dos de sus herederos, su hermano Thomas y su sobrino Jonas Bodenham, se enfrentaron en el mismo buque por algunas de las pertenencias del pirata.


    El intento de conquistar Cádiz en 1625

    La Tacita de Plata fue una importante plaza en la rivalidad entre ambos países. Sobra la literatura y los relatos al respecto de los saqueos que sufrió Cádiz en 1587 y en 1596, donde los ingleses incluso tomaron la ciudad y se dedicaron su tiempo a destrozar todo lo que encontraron, pero no hay casi referencias a los fracasos británicos allí.

    En 1625, Carlos Estuardo declaró la guerra a España, país del que guardaba un amargo recuerdo tras su fallido matrimonio con la infanta María Ana, hija de Felipe III. Ese mismo año, el Duque de Buckingham, primer ministro de Carlos, planeó una gran expedición naval contra las costas peninsulares, al estilo de las dirigidas por Francis Drake. Ingleses y holandeses reunieron 92 buques, 5.400 marinos y unos 10.000 soldados, cuyos objetivos eran causar el mayor daño posible a la Corona, capturar algún puerto, preferiblemente Cádiz, y asaltar la Flota de Indias, que llegaba a finales de año. Para su desgracia, no lograron cumplir con ninguna de estas instrucciones.




    Defensa de Cádiz contra los ingleses, de Zurbarán, 1634


    El encargado de defender Cádiz fue el Duque de Medina Sidonia, Juan Manuel Pérez de Guzmán y Silva, hijo del que mandó la Armada Invencible y que protegió con tanta torpeza el puerto andaluz en 1596. Esta vez, sin embargo, el desastre lo protagonizaron los británicos. Asistido por Fernando Girón, un veterano militar que se movía en una silla para gotosos, Medina Sidonia rechazó el desembarco inglés, mal organizado y peor ejecutado. La Flota de Indias entró sin oposición en Cádiz el 29 de noviembre, lo cual casi agradecieron los ingleses que, de haberse topado con una fuerza así, habrían multiplicado sus pérdidas.

    En este mismo conflicto, que se alargó hasta 1620, la irrupción de un buque ligero pero bien armado inventado por los españoles, la fragata, destrozó la flota inglesa desperdigada por el Mar de Flandes. Un grupo de fragatas causaron un auténtico desastre a la flota mercante inglesa desde el puerto de Dunkerque. Al menos un 20% de barcos ingleses fueron apresadas gracias a esta innovación técnica solo en el curso de 1625.


    Cartagena de Indias en 1740

    Aunque cada vez es más conocida la defensa de Cartagena de Indias de 1740 gracias al carisma de uno de sus defensores, el marino vasco Blas de Lezo, lo cierto es que el episodio ha permanecido varios siglos pertinentemente escondido para no fastidiar el mito de la imbatibilidad de la Royal Navy en el siglo XVIII.




    Retrato de Lezo conservado en el Museo Naval de Madrid


    En calidad de teniente general de la Armada, Lezo encabezó en 1714, junto con el virrey Sebastián de Eslava, la defensa de Cartagena de Indias frente a la la mayor flota inglesa que había cruzado hasta entonces el Atlántico. Ocho navíos de tres puentes, 28 navíos de línea, 12 fragatas, 130 naves de transporte y 2 bombardas, gobernada por una tripulación de unos 15.000 hombres, frente a la cual Lezo y Eslava pudiero recurrir únicamente a seis navíos y a una fuerza terrestre de la que solo un millar de hombres eran soldados profesionales.

    Con todo, el comandante británico, Edward Vernon, no fue capaz de imponer su superioridad numérica y material sobre la plaza española en los meses que duró el asedio. Cartagena de Indias fue la acción más importante de la Guerra del Asiento, un conflicto motivado por intereses comerciales que demostró que la Armada española guardaba unos cuantos trucos bajo la manga. La derrota fue una cura de humildad en la que murieron 6.000 ingleses y 7.500 quedaron heridos, además de perderse 50 barcos, innumerables morteros, tiendas y materiales de todo tipo, así como el cierre de las operaciones en el Caribe.

    Caso aparte fue el Pacífico, donde una escuadra británica al mando de George Anson campó a sus anchas por el otrora Lago español. Todas las plazas y arsenales se encontraban indefensos, desabastecidos y desorganizados, con una preocupante cantidad de corruptos al mando de tropas desidiosas. Con más propaganda que gloria, Anson capturó el fuerte de Paita, tomó el galeón de Manila y, en 1744, regresó a Londres cruzando el Cabo de Buena Esperanza. Los trovadores británicos se encargaron de dibujar su odisea como una operación heroica.
    La paz a una guerra tan costosa para ambos bandos se firmó mediante el Tratado de Aquisgrán en 1748.


    Defensa de Santa Cruz de Tenerife en 1797

    Durante tres días una escuadra británica, formada por nueve barcos bajo el mando del contralmirante Horacio Nelson, trató de tomar sin éxito el puerto de Santa Cruz de Tenerife en julio de 1797. El objetivo británico era usar Tenerife como lanzadera para conquistar luego el conjunto del archipiélago, sabiendo que las defensas de Santa Cruz distaban mucho de ser las adecuadas y, de hecho, eran la única barrera militar seria en la zona. La distancia a la Península resultaba un obstáculo gigante para que los escasos defensores pudieron recibir refuerzos a tiempo.

    Nelson, con nueve navíos de guerra y 3.700 soldados a su mando, intentó en vano superar varias veces las defensas isleñas, que se componían de 1.600 hombres, incluyendo integrantes de las milicias canarias, pescadores, labradores y artesanos escasamente armados. Al mando se encontraba el comandante general de Canarias, Antonio Gutiérrez, que con inteligencia e implicando al pueblo canario frenó definitivamente en la madrugada del 25 de julio un desembarco terrestre británico que les costó 233 muertos y 110 heridos a este bando, incluyendo el propio Nelson que aquí perdió su brazo derecho. Por parte española las bajas fueron de 24 muertos y 35 heridos.




    Nelson herido durante el ataque, óleo de Richard Westall


    Si bien el marqués de Lozoya en su «Historia de España» la describe como «la página más gloriosa de la historia canaria desde su incorporación a España», lo cierto es que la batalla quedó enterrada y maquillada ante el peligro de manchar el mito del victorioso Nelson, que en los siguientes años iba a convertirse en una leyenda en las Islas Británicas.


    La invasión de Argentina en 1804 y 1806

    Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata desde 1776, fue un importante puerto comercial para el Imperio español por su vínculo con el Alto Perú y, durante las Guerras Napoleónicas, se convirtió en objeto de deseo para los británicos. Francisco Miranda, precursor de las Guerras de Independencia de América, pactó con Gran Bretaña un ataque para capturar los puertos de Buenos Aires y Montevideo y una invasión a Venezuela.




    Santiago de Liniers (Museo Naval de Madrid).


    Ante una Europa devastada por la guerra y con parte de la flota española herida en Trafalgar, se sucedieron hasta dos invasiones inglesas al Río de la Plata. Durante la primera, en 1806, cinco buques de guerra y varias embarcaciones de transporte desembarcaron a 1.500 soldados en la zona. Las tropas británicas llegaron a ocupar 46 días la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, aunque fueron vencidas después por el ejército compuesto por milicias populares Porteñas y de los pueblos cercanos, más los refuerzos provenientes de Montevideo comandados por Santiago de Liniers.

    El 12 de agosto, el comandante británico se rindió acorralado por la multitud en el Fuerte de Buenos Aires. En las primeras horas de la tarde, entre los acordes de las gaitas escocesas, los británicos entregaron al Cabildo las armas y la bandera de aquel regimiento invasor. La defensa de Buenos Aires dejó un saldo de 49 muertos de las tropas británicas y 58 de los defensores.

    Si bien los cabildos americanos demostraron defendiéndose de forma autónoma que el Imperio español no tenía colonias en el sentido legal de la palabra, también comprobaron las élites criollas que, sin una flota solvente, la Corona española tenía poco que decir

    Conscientes de las desavenencias entre el poder virreinal, representante de la Corona española, y el Cabildo (órgano castellano exportado a América para dar autonomía legal a cada territorio), los ingleses realizaron una segunda invasión a la ciudad en 1807. Tras tomar Montevideo, unos 13.500 soldados ingleses fracasaron en su marcha hacia Buenos Aires. La defensa de la ciudad volvió a recaer tanto sobre tropas regulares como en milicias urbanas, integradas por población que se había armado y organizado militarmente durante el curso de las invasiones.

    Si bien los cabildos americanos demostraron defendiéndose de forma autónoma que el Imperio español no tenía colonias en el sentido legal de la palabra, también expusieron a ojos de las élites criollas que, sin una flota solvente, la Corona española tenía poco que decir en lo que ocurriera en América. Aquello fue germen de las guerras civiles que estaban por venir.




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    https://www.abc.es/historia/abci-sie...AZrtmb4bN0Jd7Y

  16. #456
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    Historiadores españoles y británicos borran por fin las mentiras de la Armada Invencible

    Un congreso internacional, coordinado por el director del Arqua, Iván Negueruela, reúne a los mejores especialistas

    «La Invencible», el cuadro de Gartner de la Peña que simboliza el olvido de la verdad de aquella epopeya, enterrada por los tópicos - Vídeo: ABC


    Jesús García Calero

    @caleroje

    Actualizado: 17/04/2019 21:13h



    España revisará de forma pionera el papel de la mal llamada Armada Invencible (en realidad es la Gran Armada enviada con planes de invasión a Inglaterra por Felipe II en 1588) con un Congreso científico internacional. Participan especialistas tanto británicos como irlandeses y españoles y constata cómo se han roto las barreras entre las historiografías, gracias al esfuerzo común. El Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua) de Cartagena será sede de este importante evento entre el 22 y el 27 de abril. Su director, Iván Negueruela, coordina el encuentro.

    Titulado «La Armada Española de 1588 y la Contra Armada Inglesa de 1589. El conflicto naval entre España e Inglaterra, 1580-1607», aportará una visión renovada y científica. Para el académico Hugo O’Donnell y Duque de Estrada, que preside el comité científico y ha dirigido la Historia Militar de España, es una cita «fundamental porque estamos hablando de un esfuerzo común consecuencia de un fenómeno y de una inquietud de ambos mundos culturales, el anglosajón y el hispánico, entre los que, a partir de ese momento, puede decirse que deja de existir de una manera general esa barrera y esa incomunicación secular entre investigadores y fuentes de ambos orígenes».

    ¿Cuándo cambiaron las tornas? Coincidiendo con la exposición de 1988 en el Museo Nacional Marítimo de Greenwich. O’Donnell participó en aquella muestra e indica que «desde 1988, y potenciada por la Armada Española, se viene desarrollando una gran labor tras haberse conseguido que en aquella exposición sobre la Armada, absurdamente llamada Invencible, la historiografía anglosajona, y nuestra propia historiografía diesen un vuelco en sus apreciaciones y tópicos, apoyados por un deseo revisionista existente en ambos ámbitos. El tratamiento del episodio y la exhibición británica de objetos de aquél año estuvo presidida, en contra de muchos pronósticos, por el rigor en el análisis y la fidelidad a la historia».


    Contra la leyenda negra

    Fue obra un gran equipo que ha visto morir a José Alcalá-Zamora, José Ignacio González-Aller, José Luis Casado y Alberto Linés. Por ello, O’Donnell ha buscado el relevo entre historiadores como Enrique García Hernán y Manuel Gracia Rivas. «Al otro lado, Geoffrey Parker, Colin Martin, Declan Downey, Patrick Williams… siguen en la brecha de la objetividad histórica, tan alejada de una supuesta incapacidad organizativa española, del providencialismo ciego y ultramontano y de una inferioridad cultural y moral inexistentes en que se sustentaban manidos pero muy arraigados prejuicios». De hecho, Colin Martin, uno de los senior de la investigación arqueológica de la Armada, pronunciará una conferencia. En una antigua entrevista con ABC, ya mostraba su pasión inacabable: «No habrá jamás nada como la gran Armada»

    Historiadores y arqueólogos vuelven a estar unidos frente a la Armada y la investigación de sus restos. «Ya pasó el tiempo del raquero y del saqueador de pecios y también del cronista áulico -señala O’Donnell-, y se abre una etapa de colaboración inexcusable a la hora de ampliar nuestros conocimientos y de desmitificar». Para el académico de la Historia, España debería ser más proactiva en la arqueología subacuática: «Me consta que no sería tan difícil, dada la voluntad que existe entre las autoridades académicas irlandesas de reconstruir una historia que nos es común, con respeto hacia los hechos, los protagonistas y los restos que nos dejaron. Hablo con conocimiento de causa, porque me relaciono con ellas con frecuencia».

    Ya solo falta que el Minsiterio de Cultura, organizador del encuentro, dé un paso más en la buena dirección.




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  17. #457
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    La fragata corsaria, el desconocido invento español que destrozó a Inglaterra tras la Armada Invencible

    En la senda del barco híbrido que persiguió durante toda su vida Don Álvaro de Bazán, tal vez el marino más elevado de la historia de España, se ideó un buque ligero de combate que aunara la potencia artillera de las naos y la ligereza de las galeras. El resultado dejó en fuera de juego a la flota protestante que operaba en las aguas de Flandes


    César Cervera

    @C_Cervera_M

    Actualizado: 03/11/2018 17:23 h



    Durante la ofensiva dirigida por Luis de Requesens para recuperar terreno a los rebeldes holandeses, en 1574, el Imperio español destapó su mayor debilidad en la Guerra de los Ochenta años. En febrero de ese año, se extravió el importante puerto de Middelburg y los españoles reunieron una precaria flota para auxiliar las más lejanaa guarniciones de la provincia de Zelanda. El ilustre Julián Romero, experto militar de tierra, partió al mando de 62 navíos de guerra, cuya estabilidad era como poco cuestionable. La flota rebelde, mayor en número y calidad, desarboló la escuadra española al primer envite. Tras resistir el ataque de cuatro navíos, Romero y diez soldados se echaron al agua. Al llegar a la orilla, el maestre de campo se dirigió a Requesens en palabras gruesas: «Vuestra excelencia bien sabía que yo no era marinero, sino infante; no me entregue más armadas, porque si ciento me diese, es de temer que las pierda todas».

    El Imperio español no tenía una flota ni puertos adaptados a las características de las costas del norte de Europa y su auténtico poder manaba de la superioridad de su infantería de élite, los Tercios españoles. Daba igual que los marineros españoles dominaran con maestría el Atlántico y el Pacífico, y que fuera esta nación la primera en dar la vuelta al mundo; allí mandaban los ingleses y los Mendigos del Mar.


    A principios del siglo XVII, el problema persistía y complicaba cualquier intento por arañar terreno a las provincias norteñas


    Destaca el doctor en Historia Agustín Ramón Rodríguez González, autor de 37 libros de Historia Naval, en su última investigación «El león contra la jauría: batallas y campañas navales españolas (1621-1640)» ( Salamina series) que la falta de puertos adecuados para servir como bases de una fuerza en el Flandes español fue una de las mayores debilidades del imperio y «resultó decisiva en 1588». Una de los puntos flancos del plan de Felipe II en su Gran Armada fue, precisamente, que la falta de puertos impidió a la flota de Medina-Sidonia contactar con las tropas de Alejandro Farnesio.

    A principios del siglo XVII, el problema persistía y complicaba cualquier intento por arañar terreno a las provincias norteñas. Sin embargo, en esas fechas se descubrió un canal que unía los puertos de Dunquerque y Mardick. Los ingenieros españoles trabajaron para mejorar este canal y fortificarlo, de modo que cualquier fuerza enemiga que intentara bloquearla debía arriesgarse a las corrientes, mareas y bancos de arena de la zona. Aquello fue un punto de partida para un proyecto todavía más ambicioso: la creación de un barco español adecuado para esas aguas.


    La mezcla perfecta entre galera y galeón

    En la senda del barco híbrido que persiguió durante toda su vida Don Álvaro de Bazán, tal vez el marino más elevado de la historia de España, se ideó un buque ligero de combate que aunara la potencia artillera de las naos y la ligereza de las galeras. Este invento español recibió el nombre de fragata y debió superar, en primera instancia, ciertos obstáculos técnicos. Al confluir cañones en los costados, como los galeones, y remos más abajo, al estilo de las galeras, se necesitó un diseño que no afectara a la estabilidad del buque con pesos altos.





    La posibilidad de impulsarse por sorpresa con los remos, sin esperar a los designios del viento, daba una renovada ventaja a los españoles frente a los ágiles barcos enemigos de aquellas aguas. Relata Rodríguez González en el mencionado libro, que la introducción de otros barcos ligeros en estas aguas, tales como galeras, galeoncetes y filibotes, avanzaron la invención de este híbrido gracias a la avanzada construcción naval flamenca.

    Sin ir más lejos, Federico Spínola, hermano del célebre conquistador de Breda, empleó galeras en las aguas de Flandes para demostrar lo efectivo de tener una propulsión auxiliar. No en vano, las limitaciones de estos barcos de remo reclamaron un diseño intermedio. Uniendo esta tradición Mediterránea con otras propias de los mares del norte, nació a principios del siglo XVII la verdadera fragata, armado con entre doce y veinte caños y un tamaño ligero.

    El tamaño de las fragatas aumentó en poco tiempo. Su diseño fue adaptado también para que auténticos galeones usaran unos remos auxiliares para maniobrar entre los bancos de arena y recovecos del Canal de la Mancha y el Mar del Norte. Con dotación flamenca y guarnición española, la Armada de Flandes se concibió como una fuerza corsaria para deteriorar la economía del enemigo, al estilo de lo que los Mendigos del Mar hacían desde hace décadas, no para disputar batallas decisivas. La Corona financiaba esta escuadra, vertebrada por las fragatas, si bien combatían en ocasiones con corsarios independientes.

    Los ricos botines que atraparon en poco tiempo, entre ellos numerosos pesqueros holandeses, atrajeron a más y más aventureros a esta lucrativa empresa. El hito tecnológico sorprendió en fuera de juego a ingleses y holandeses.


    En un espacio de dos semanas, los protestantes perdieron más de 200 barcos de toda clase, entre ellos veinte de guerra


    Para cuando se reanudó oficialmente la Guerra de los Ochenta años, las prestaciones de las fragatas eran ya conocidas en Europa. Lo cual no evitó que la armada a cargo del navarro Fermín de Losara endosara un golpe crítico al comercio naval de los protestantes. En octubre de 1625, una tempestad asoló una flota anglo-holandesa que bloqueaba Dunkerquea. Los corsarios españoles, formados por doce galeones y fragatas y ocho corsarios particulares, aprovecharon las consecuencias de la tempestad para atacar a una escuadra holandesa, en las islas Shetland, compuesta por unos 200 pesqueros y seis buques de guerra.

    En un espacio de dos semanas, los protestantes perdieron más de 200 barcos de toda clase, entre ellos veinte de guerra, y les fueron hechos 1.400 prisioneros.


    Al enemigo ni agua

    En paralelo a estas operaciones, las fragatas también ayudaron a desmontar los planes británicos de ese año, conocido como «annus mirabilis» por la gran cantidad de victorias del Imperio español. Durante el invierno de 1625 y 1626 los corsarios, en equipos de dos o tres unidades, capturaron decenas de barcos ingleses. Concluye Robert A. Stradling en su libro La Armada de Flandes (Cátedra, 1992):

    «De Edimburgo a Falmouth quedó interrumpido el tráfico y la pesca de cabotaje. No existía ninguna posibilidad real de defensa. La fragata había inaugurado un quinquenio de violentos ataques contra un enemigo prácticamente inerme, que se saldó con la captura del 15-20% de los mercantes ingleses, como mínimo unos 300 barcos. La economía inglesa se contrajo rápidamente a medida que disminuía la actividad exportadora...».





    A modo de respuesta, el Duque de Buckingham, primer ministro de Carlos de Estuardo, planeó una gran expedición naval contra las costas peninsulares al estilo de las dirigidas por Francis Drake en el siglo anterior. En total, ingleses y holandeses reunieron 92 buques, 5.400 marinos y unos 10.000 soldados, cuyos objetivos eran causar el mayor daño posible a la Corona, capturar algún puerto y asaltar la Flota de Indias que llegaba a finales de año. No lograron cumplir con ninguna de estas instrucciones.

    Una vez en las costas hispánicas, los ingleses insistieron en rememorar los éxitos de Isabel Tudor en Cádiz y pusieron cerco a este puerto en noviembre de 1625. Y, como si todos fueran víctimas de un bucle histórico, el encargado de defender Cádiz fue el Duque de Medina Sidonia, Juan Manuel Pérez de Guzmán y Silva, hijo del que mandó la Armada Invencible y defendió con tanta torpeza el puerto andaluz a finales del siglo pasado. Esta vez, sin embargo, el desastre lo protagonizaron los británicos. Asistido por Fernando Girón, un veterano militar que se movía en una silla para gotosos, Medina Sidonia rechazó el desembarco inglés, mal organizado y peor ejecutado. La Flota de Indias entró sin oposición en Cádiz el 29 de noviembre, lo cual casi agradecieron los ingleses que, de haberse topado con una fuerza así, habrían multiplicado sus pérdidas.

    Varias derrotas más, incluida la Rendición de Breda donde había tropas inglesas desplegadas, llevaron a Inglaterra a firmar la paz con España en 1630 y a dar por finalizada su participación en la Guerra de Treinta Años. Los costes del conflicto y la mala gestión se sumaron a las disputas entre la Monarquía y el Parlamento que se alargaban desde el anterior reinado. Todo ello desembocó en la célebre Guerra Civil inglesa de la década de 1640 que terminó con la ejecución de Carlos I.




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  18. #458
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    Re: España e Inglaterra. Revaluando perdidas inglesas en Trafalgar.

    Los escoceses del mítico héroe les dejaron tirados

    Los 300 gallegos que 'invadieron' las islas británicas

    MANEL LOUREIRO

    @Manel_Loureiro

    Lunes, 10 junio 2019 - 16:08



    Terminaron unos pocos atrincherados en un castillo y la mayoría, tras batirse en el campo de batalla y rendirse, llevados con honor a Edimburgo, donde conocieron un licor local llamado whisky. Habían salido en dos fragatas del puerto de Pasajes hace ahora 300 años, con el gallego Castro Bolaño al frente. Uno quedó para siempre allí: hoy es el célebre fantasma 'español' del castillo de Eilean Donan





    El castillo de Eilean Donan es un lugar tan bucólico y lleno de encanto en el norte de Escocia que recuerda a una postal. Hoy en día atrae a hordas de visitantes, muchos de ellos buscando el selfie perfecto, pero en su mayoría desconocen que en ese mismo sitio, hace exactamente 300 años, tuvo lugar una de las acciones militares más arriesgadas, extrañas y valientes de las muchas que han visto esas islas... con la salvedad de que no fue protagonizada por un rudo clan escocés, sino por un grupo de infantes de marina españoles que a miles de kilómetros de su casa, solos, aislados y sin posibilidad de refuerzos, se las apañaron para llevar a cabo la última invasión extranjera con éxito del Reino Unido, enfrentándose al ejercito británico en una batalla abierta y desigual para después volver casi indemnes a su hogar en la Península. Pero nos estamos adelantando a los acontecimientos.

    En 1719 la situación política era, por decirlo de una manera, delicada, bastante compleja para nuestro país. España, recién salida de la Guerra de Sucesión, se encontraba en una situación de debilidad frente al ascendente poderío inglés. Para revertir la situación, el primer ministro español Alberoni concibió un plan arriesgado y tan audaz que resultaba casi inconcebible: llevar la guerra al propio Reino Unido, mediante un ejército de invasión. España iba a conquistar Inglaterra de una vez por todas.

    Para que el plan saliese bien era necesario armar a los rebeldes de los clanes y crear una maniobra de distracción en Escocia que arrastrase hasta allí a los británicos y dejase indefensa la zona principal de invasión en el sur. Para esa maniobra arriesgada se escogió a un batallón selecto del Regimiento Galicia -unidad que, por cierto, aún existe hoy en día-, que salió discretamente del puerto de Pasajes en un par de barcos, casi al mismo tiempo que el grueso de la fuerza de invasión salía de Cádiz. Irían más rápido, serían más discretos y se plantarían en Inglaterra antes de que nadie se diese cuenta.

    El plan de Alberoni iba sobre ruedas... pero de repente las cosas empezaron a salir mal. En primer lugar, el rey Carlos XII de Suecia, que se había comprometido a atacar Inglaterra con miles de hombres a la vez que los españoles, murió de forma repentina y su sucesor se desentendió del asunto, dejando a los españoles sin aliados en su invasión y en inferioridad numérica. Y lo peor estaba por llegar.

    La noche del 29 de marzo, una brutal tormenta dispersó la flota española a los cuatro vientos, haciendo zozobrar numerosas naves y obligando a la mayoría a volver renqueantes hacia España.

    Con un ejército desorganizado por la tormenta, una flota maltrecha incapaz de garantizar el desembarco y sin aliados fiables, Alberoni, suponemos que bastante disgustado, decidió dar carpetazo al plan de invasión... pero nadie se acordó de que una parte del plan seguía en marcha y ya casi estaba en Escocia. O, si se acordaron, no tenían forma de avisarles de que se dirigían a una encerrona.

    El 13 de abril, dos fragatas españolas desembarcaron a los 307 hombres del Regimiento Galicia a los pies del castillo de Eilean Donan, en la desembocadura del río Loch Duich. Los soldados españoles, al mando de Nicolás de Castro Bolaño y de su sargento mayor Alonso de Santarem se hicieron fuertes en el castillo y almacenaron en sus bodegas toda la fusilería que habían traído para los clanes escoceses. A continuación Bolaño, un gallego tozudo con raíces en Villalba y ya veterano, cuyos descendientes aún residen hoy en Galicia y cuya vida daría para otro artículo, decidió comenzar a establecer contactos con los clanes escoceses y preparar la conquista de Inverness, la ciudad más cercana. Pero Bolaño enseguida tropezó con una gran dificultad: sólo había algo que superase el desprecio de los clanes hacia los ingleses...y eran los otros clanes. Los escoceses no se avenían a luchar juntos, desconfiaban del plan y se limitaban a esperar.


    VIGILANDO LA PÓLVORA

    A Bolaño se le acababa el tiempo y la paciencia. Dejó una guarnición de 50 hombres en el castillo, vigilando las armas y la pólvora que habían llevado, y marchó con los restantes soldados por las tierras altas escocesas, incitando a la rebelión a los nativos, ayudado por un líder del clan McGregor, conocido entre sus hombres como Rob Roy.

    A esas alturas, los ingleses ya eran conscientes de que una parte de Escocia estaba bajo bandera española, pero aún no tenían datos sobre el tamaño o la composición de la fuerza invasora. El 10 de mayo, un grupo de cinco fragatas de la Royal Navy que remontaban la costa escocesa llegó a la altura del castillo de Eilean Donan y vieron la enseña del rey Felipe V ondeando sobre las almenas. Un oficial británico bajó a tierra para exigir la rendición de los 50 hombres allí guarnecidos. La lacónica respuesta fue que si los ingleses querían el castillo, antes tendrían que sacarlos a ellos de allí.

    Y a eso se pusieron con esmero, no cabe duda. Durante las siguientes horas, los barcos británicos bombardearon sin piedad el castillo, en el que no había ni un solo cañón para responder al fuego, demoliéndolo andanada tras andanada. Sólo cuando Eilean Donan era una pila de escombros ordenaron el asalto, confiando en que sus defensores estuvieran muertos, pero aún tardaron hasta bien entrada la noche en conseguir reducir a los supervivientes. Al final, 39 españoles de los 50 que formaban la guarnición fueron hechos prisioneros, agotados y heridos pero con el orgullo intacto.

    Cuando las noticias llegaron a Bolaño nos podemos imaginar que debió sentirse desesperado. No sólo no habría invasión sino que además no había ningún plan para sacarles de allí y tampoco tenían a dónde ir. Por si no fuera suficiente, un ejército británico, con varios regimientos de caballería y artillería abundante, avanzaba hacia ellos.

    Y finalmente, el 10 de junio de 1719, hace justo ahora tres siglos, los dos ejércitos tropezaron.
    Era una batalla desigual. Los españoles ocuparon el centro de la formación, en una cañada llamada Glen Shiel, con las alas formadas por los rebeldes escoceses. La lucha fue cruenta, hasta que los escoceses, heridos sus líderes, huyeron en desbandada, entre ellos el famoso Rob Roy. Los hombres del Regimiento Galicia, sin perder la formación, soportaron el asalto inglés causándoles numerosas bajas mientras se replegaban a lo alto de un estrecho camino de montaña llamado aún hoy en día el Paso de los Españoles.

    Es fácil suponer que una vez allí Bolaño fue consciente de que la batalla había terminado. Sería la última vez en la historia que un ejército extranjero libraba un combate pisando suelo británico. Lo que no logró Felipe II, ni Napoleón, ni las tropas del Kaiser ni más tarde Hitler, lo había llevado a cabo un pequeño contingente de soldados solos, perdidos y desesperados, agarrados únicamente a su orgullo y a la bandera de su regimiento.

    Por supuesto, él no podía saber todo esto, ni que tres siglos exactos más tarde usted estaría leyendo su historia. Lo que sí sabía es que no habían sido derrotados, cosa que también sabía el general Whightman, el oficial al mando del ejército inglés. Por ello, cuando Bolaño presentó la rendición de sus hombres se les permitió retirarse del campo de batalla en formación, con sus armas, bandera y tambores. Apenas 20 de los miembros del Regimiento habían caído en la batalla.

    Por una vez, la historia termina bien. Bolaño y sus hombres fueron conducidos a Edimburgo, donde residieron un tiempo antes de ser repatriados a España. Cuentan las crónicas que durante esos meses los hombres de Bolaño descubrieron un licor local llamado whisky y que los oficiales, a los que se les permitía vagar libres por la ciudad, hicieron muy buenas migas con la nobleza y la burguesía. Al final, el encanto de Bolaño no sirvió para provocar una revuelta, pero sí que fue útil para garantizar a sus hombres una buena estancia en tierras escocesas, su cautiverio.

    Una última cosa: Si viajan a Escocia y visitan el castillo (hoy reconstruido) de Eilean Donan, no dejen de echar un vistazo en los rincones. Se dice que el fantasma de uno de los soldados españoles que murió en el asalto aún sigue allí, esperando por el barco que debería llevarle de vuelta a España junto con el resto de sus compañeros y cuyos nombres se ha tragado la Historia




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    https://www.elmundo.es/cronica/2019/...d0e8b46b2.HTML

  19. #459
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    Grabado de las protestas de Riotinto, el 4 de febrero de1888

    Así ocultaron los británicos la primera protesta ecologista de la historia de España... y a sus muertos

    Aún hoy no está muy claro cuántos muertos se produjeron en las manifestaciones protagonizadas por los mineros y agricultores de un pequeño pueblo de Huelva, en 1888, contra la poderosa Río Tinto Company, cuyo abuso arruinaba la vegetación y la salud de la población

    Israel Viana Madrid Actualizado:02/07/2019 01:06h

    Todo comenzó en 1873, cuando el arruinado Gobierno de la Primera República vendió por 92 millones de pesetas las famosas minas de cobre de Riotinto a un conglomerado internacional que constituyó The Riotinto Company Limited. Se trataba de una multinacional de origen británico que, a base de abusar y explotar a la población autóctona, cambió el aspecto socioeconómico de toda la provincia de Huelva.

    Hasta ese momento, sus habitantes sobrevivían de la agricultura y la pesca, pero cuando llegaron los ingleses, dueños y gestores principales de dicha compañía, la provincia entró a formar parte de las redes del comercio internacional. Eso trajo en principio grandes beneficios y las mayores innovaciones tecnológicas de la época, tales como el ferrocarril. Pero supuso también el comienzo de una gran cantidad de problemas ecológicos, laborales y de salud para los habitantes de Riotinto y de otras muchas localidades de alrededor como Nerva y Zalamea.

    El abuso se prolongó hasta 1954, llegando a establecer un especie de «Apartheid» al estilo de Sudáfrica... pero en España. Por un lado, el selecto equipo directivo de la compañía, llegado desde Gran Bretaña junto a otros muchos trabajadores con un perfil más técnico, que se establecieron en Bellavista, un barrio de lujo construido desde cero y separado por un muro infranqueable. Y por otro, la población y los más de 10.000 mineros que trabajaban en los yacimientos, que vivían en casas precarias, mientras veían cómo sus cosechas se arruinaba y su salud sufría por los humos tóxicos generados en la que era la mina a cielo abierto más grande del mundo.


    Segunda Revolución Industrial

    La llegada de la Riotinto Company Limited se explica dentro de un contexto internacional en el que se produjo una llegada casi masiva de empresas extranjeras, las cuales se asentaron en la cuenca minera de Huelva. Es la Segunda Revolución Industrial, donde la industria mundial consumía una gran cantidad de minerales. Las explotaciones mineras se modernizaron y expandieron por muchos sitios, pero esta zona ofrecía una alternativa muy valiosa para los empresarios: grandes reservas de metales no férricos en un país atrasado económica en el que podían bajar los costes de explotación y los salarios.

    Y mientras Bella Vista, con sus casas victorianas y su iglesia presbiteriana, siguen aún en pie, no queda hoy en Riotinto nada que recuerde a los más de cien muertos –incluidos mujeres, niños y ancianos– que se dejaron la vida en la considerada primera manifestación ecológica de la historia de España. Ni tumbas, ni placas, ni monumentos a la memoria de los mineros y agricultores que se unieron, aquel fatídico 4 de febrero de 1888, para protestar contra las miserables condiciones de vida establecidas por los británicos y contra los estragos que estaban causando en sus tierras y en su salud las fuertes emanaciones de dióxido de azufre que producía la quema de minerales al aire libre.

    La razón se encontraba el procedimiento utilizado para obtener el cobre, conocido como «cementación artificial» o «teleras». Consistía en colocar toneladas de mineral en grandes montones al aire libre y prenderlos sobre ramajes secos. Esas pequeñas montañas liberaban azufre durante la combustión para obtener el cobre puro, pero también desprendían una cantidad gigantesca de gases sulfurosos, ya que las hogueras ardían ininterrumpidamente de seis a doce meses al año. Eso lanzaba al aire unas 500 toneladas diarias de humos tóxicos.


    Quema de las teleras, en Riotinto, en 1888 - ABC

    La enorme nube negra que se formaba sobre el cielo de Riotinto, Nerva y otras aldeas cercanas, a la que popularmente llamaban «la manta», generaba unos efectos altamente perniciosos para la agricultura y la salud de los habitantes. Mucha gente huía del pueblo en busca de aire más limpio, ya que las cosechas eran prácticamente la única fuente de riqueza de aquellos que no se dedicaban a la minería. La situación se había hecho intolerable.

    El descontento pronto se extendió a otros veinte pueblos de la zona, a los que se sumó el cabreo acumulado por los mineros en lo que respecta a sus condiciones laborales: descuentos salariales, el pago por cuenta ajena del médico de la empresa, la pérdida continuada de puestos de trabajo ante la más mínima excusa (incluida la enfermedad) o la pérdida de dinero que les originaban los días de «manta», en los que solo se podía trabajar la mitad de la jornada y cobraban menos.

    Los agricultores y sus partidarios llegaron a formar la «Liga Antihumanista», que criticaban los abusos cometidos por la empresa inglesa en los procesos de la mina y exigían su sustitución por otros. Pero la Río Tinto Company tenía demasiado poder, hasta el punto de establecerse como una auténtica autoridad colonial en la zona durante 81 años, hasta mediados del siglo XX. Tenían a la administración bajo su protección para avalar su argumento de que, dadas las condiciones del mineral de las minas y la coyuntura internacional, no podían costear otro sistema que les diera beneficios.

    Prohibida en Inglaterra, no en España

    El problema de las calcinaciones copó la prensa local durante 1887 y 1888. Las polémicas entre los «antihumanistas» y los defensores de la minería, a la que hacían responsable del desarrollo y la prosperidad de la zona al atraer a población de fuera, eran continuas. «El aumento de población fue, en efecto, muy notable, pero el argumento esgrimido era insostenible: la población acudía a donde había trabajo, y en las minas lo había, pero la extracción y el beneficio del mineral no tenían por qué ir forzosamente unidos al sistema de calcinaciones que, de hecho, estaba prohibida en todos los países del mundo, incluido en el vecino Portugal, desde 1878. Y, por supuesto, en Inglaterra», aseguraba María Dolores Ferrero, de la Universidad de Huelva, en su estudio «Los conflicto de febrero de 1888 en Riotinto. Distintas versiones de los hechos».

    La suma de todos estos descontentos culminó en la famosa manifestación del 4 de febrero de 1888, que pasó a la historia como «El año de los tiros», pues terminó en una masacre cuyas magnitudes, 127 años después, aún no ha sido esclarecida del todo. No era fácil, estábamos hablando de la empresa más poderosa de España en aquella época. Qué, además, como habíamos apuntado, había sacado de la bancarrota a la Primera República con la venta de los derechos de explotación. No convenía hacer pública lo que sucedió.

    El 1 de febrero se inició la huelga de mineros, que fue creciendo los dos días posteriores. Al mismo tiempo, los agricultores afectados por el dióxido de azufre, con el pueblo de Zalamea a la cabeza, comenzaron a preparar una marcha sobre Riotinto para pedir la suspensión de las calcinaciones. El día 4, ambas manifestaciones se encontraron a la entrada de la localidad y decidieron unirse para marchar a la plaza del Ayuntamiento [en la imagen principal]. Las consignas establecidas estaban claras: «¡Abajo los humos! ¡Solo queremos justicia! ¡Viva la agricultura!».


    Vista general de las minas de Riotinto, en 1894 - Hauser y Menet

    Cuando los cabecillas subieron a hablar con el alcalde y los concejales para negociar, estos no se atrevieron a tomar ninguna decisión por las presiones que recibían de la compañía. Entonces llegó el gobernador civil de Huelva, Agustín Bravo y Joven, dispuesto a poner orden. Primero se negó a que el poder local suprimiera las calcinaciones y, después, salió al balcón a increpar a los miles de manifestantes que allí se congregaban. Tras él salió el teniente coronel delRegimiento de Pavía, llegado al pueblo ante la solicitud de refuerzos. Fue entonces cuando ocurrió lo inesperado.

    De repente, se oyó una primera descarga sin que nadie supiera a ciencia cierta de dónde venía, ni quién había dado la orden. Luego siguieron nuevas descargas a bocajarro y, después, los agentes comenzaron a atacar con bayonetas. A los quince minutos de despejarse la plaza, el suelo quedó repleto de muertos y heridos. Al día siguiente, algunos diarios locales y nacionales se hicieron eco del suceso. «La Provincia», «El Cronista de Sevilla», «El Socialista», « La Época», « El Liberal» y « La Iberia», entre otros.

    La cifra de los que perdieron la vida variaba entre la treintena que de «El Socialista» y los más de cincuenta de «La República». Según los testigos de la época, sin embargo, estos fueron entre cien y doscientos, cuyos cadáveres fueron arrojados a las escombreras o en las antiguas minas abandonadas para no dejar rastro. Y los heridos, atendidos a escondidas en las propias casas, en pésimas condiciones, por miedo a llevarlos a los hospitales. Eso fue lo que concluyó el trabajo de investigación de Alfredo Moreno Bolaños y Juan Manuel Pérez López, «Testimonios fehacientes sobre el tren de la muerte» (2008), que habla de entre 150 y 200 personas asesinadas.

    «Las desgracias»

    «Salió el Gobernador al balcón una primera vez y preguntó a los trabajadores si estaban de acuerdo con su jornal. Contestaron que no. Volvió a salir y dijo que vería al director de las minas y que al día siguiente sabría el resultado. Los trabajadores dijeron que estaban parados hacía tres días y que deseaban saber el resultado cuanto antes. Volvió a salir una tercera vez, con el Teniente Coronel del Regimiento de Pavía, y el pueblo, creyendo que iba a decir algo, se quedó callado como en misa. Después ocurrieron las desgracias”», contaría «El Socialista» días después.

    El mensaje que el gobernador civil de Huelva, Agustín Bravo y Joven, le envió el 6 de febrero al Ministro de Gobernación en Madrid decía: «Trece cadáveres identificados y sepultados. Doce heridos reconocidos. Ningún extranjero, mujer o niño ha sido lesionado». El periódico de «La Coalición Republicana», por su parte, detallaba. «Cuando más alegres se hallaban los manifestantes apiñados en las estrechas calles adyacentes y la plaza, en número superior a 12.000, mandaron retirar la caballería. Acto seguido, una descarga cerrada e inmensa, cuyos proyectiles barrieron aquella masa humana, puso en fuga desordenada a la multitud, que dejó en el suelo muchos cadáveres y heridos y se atropelló por las calles, lanzando gritos de pavor y de violenta ira. ¿Quién dio la orden de fuego? Hasta ahora no se sabe. ¿Fue el gobernador? ¿Fue el jefe militar? (…) Con el testimonio de centenares de personas, podemos afirmar que los manifestantes no profirieron ni un grito subversivo, no salió de ellos una provocación ni un acto que molestase a la tropa ni a las autoridades».

    Tan solo una carta al director publicada en «La Provincia» se atrevió a decir que «la manifestación de Zalamea fue de una violencia monstruosa». Las versiones de los restantes diarios coincidían en que no hubo una actitud provocadora y argumentaron que «si los propósitos hubieran sido amenazadores, los manifestantes no habrían puesto ante las balas de los soldados a mujeres y niños inocentes».

    En los libros de las sentencias de la Audiencia de Huelva de 1888 hasta 1892 no había ninguna información al respecto, según las investigaciones de Maria Dolores Ferrero. Tampoco en el Tribunal Supremo de Madrid. Las Cortes españolas apenas discutieron el incidente y se dijo que los muertos no pasaron de 14, aunque la mayoría de testimonios defiendan que estos superaron con creces el centenar. Ni tan siquiera el Registro Civil de Riotinto, donde curiosamente aparecen consignados, el 5 de diciembre, trece muertos del día anterior. ¿La causa de la muerte consignada? En ninguno de los casos fue «herida de bala», como ocurría en otras ocasiones, sino «hemorragia externa» o «hemorragia interna».


    https://sevilla.abc.es/historia/abci...6_noticia.html



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