La TFP es un buen ejemplo de cómo el anticomunismo puede llegar a convertirse en una enfermedad que atrofia cualquier criterio sano. Cualquier cosa hay sacrificarla en pro de un anticomunismo amplio, cualquier cosa es buena si es anticomunista.

Es algo muy típico de gente que no superado la caída del muro de Berlín y está atascada en el anticomunismo como medio, fin y sistema.