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Tema: Historia del catolicismo en Inglaterra (ss. XIX-XX): Newman, Manning, Wiseman...

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    Re: Historia del catolicismo en Inglaterra (ss. XIX-XX): Newman, Manning, Wiseman...

    3 Conversión de Newman

    Juan Enrique Newman se adhirió con toda el alma al movimiento y se puso al frente de él con una serie de hojas volantes o artículos sueltos (Tracts for the Times), el primero de los cuales, anónimo y de sólo tres páginas, empezaba así: “A mis hermanos en el sagrado ministerio, los presbíteros y diáconos de la Iglesia de Cristo en Inglaterra, ordenados para ello por el Espíritu Santo y la imposición de las manos...” (9 septiembre 1833). Los tracts de Newman hablaban de los sucesores de los apóstoles y de que el poder de los obispos y presbíteros no depende del Estado, sino de Cristo por sucesión apostólica; y, por tanto, la reforma de la Iglesia anglicana depende exclusivamente de las autoridades eclesiásticas; denunciaban las alteraciones en la liturgia, y especialmente en los funerales; trataban de la constitución divina de la Iglesia, de los sacramentos, etc., aproximándose, sin pretenderlo, a Roma. Convencido de que “las universidades son los centros naturales de los movimientos intelectuales”, Newman no firmaba los Tracts, porque quería que saliesen como emanados de la Universidad de Oxford.

    Froude, imposibilitado por la enfermedad, no puede hacer otra cosa que animar a Newman y estimular su ardor; pero en cambio le viene la colaboración de otro personaje, profesor de máximo respeto por su saber y sus virtudes, Eduardo Pusey (1800-1882), amigo de Newman, de Froude y de Keble.

    Desde 1835, Pusey continúa la serie de Tracts (90 tracts hasta 1841) con otro estilo menos brillante, pero haciendo sólidos estudios y largas disertaciones eruditas, v. gr., los tratados sobre el bautismo, sobre el ayuno, sobre la penitencia. Al mismo tiempo fundaba una Biblioteca de Padres de la santa Iglesia Católica antes de la división de Oriente y Occidente, traducidos al inglés.

    El entusiasmo despertado entre la parte más sana del clero y de los universitarios fue increíble; pero ¿no era aquello puro romanismo?Acusaciones de este género aparecían de vez en cuando contra los “tractarianos”. Y no sin razón. Estudiando a los Santos Padres, Newman se persuadió, como lo confesará más tarde, que, de persistir él en sus ideas antirromanas, debería haber estado de parte de los herejes monofisitas y, por tanto, contra la Iglesia antigua. De la influencia y autoridad que por entonces gozaba en los círculos de Oxford es claro indicio la respuesta que solía dar William J. Ward cuando le interrogaban por su fe: “Credo in Newmanum”.

    Y Newman se dio cuenta de que por la vía media no iban a ninguna parte, porque pensar en una Iglesia nueva era absurdo, y, por otra parte, la anglicana no poseía ni catolicidad ni sucesión apostólica que se remontase hasta Cristo. Problema terrible, para cuya solución necesitaba del auxilio divino. Había que retirarse a orar. Así lo hizo en 1842, recogiéndose con unos amigos en la soledad de Littlemore, “su Torres Vedras”, como él dirá, aludiendo a la campaña de Wellington. Tres años de oración y de estudio. En 1843 publica una retractación de sus antiguas invectivas contra Roma. Su amigo G. J. Ward da a luz en 1844 «El ideal de la Iglesia anglicana», poniendo como modelo la Iglesia romana, y al año siguiente se hacía católico. La conversión de Newman no se hizo esperar. El 8 de octubre de 1845 pronunciaba su abjuración en Littlemore ante el P. Dominic, pasionista.

    Por consejo de N. Wiseman abandonó Inglaterra y se dirigió a Roma, a fin de prepararse para el sacerdocio católico, que recibió en la primavera de 1847. Aficionado a los oratorios de San Felipe Neri, cuando a fines de aquel año regresa a Inglaterra, lo primero que hace es fundar en Birmingham la primera casa del Oratorio. Inmediatamente se le agrega Federico G. Faber, convertido pocos días después de Newman, y que llegará a ser un gran escritor ascético-místico.

    Eran muchísimos los que dieron el paso decisivo hacia la Iglesia católica en unión con Newman o siguiendo su ejemplo. Sin embargo, ni Keble ni Pusey -y éste pasaba por un santo del anglicanismo- acompañaron a su amigo. El mismo Froude, confidente de Newman y que se había acercado más que él con sentimientos de simpatía hacia Roma, había muerto tísico antes de entrar por las puertas de la Iglesia. El movimiento de conversiones fue creciendo. Basta citar entre los nombres más ilustres a Enrique y Roberto Willberforce, T.G. Allies, E. Manning, C. Patmore, G. M. Hopkins, F. Bishop, etc. El mismo lord Gladstone vaciló algún tiempo, mas no se sintió con ánimo bastante.

    (continúa)

    Última edición por ALACRAN; 15/05/2019 a las 13:17

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