4 El puseyismo
Terminada con la conversión de Newman la primera etapa del movimiento (el tractarianismo), empieza la segunda, denominada el puseyismo, porque su verdadero jefe es Eduardo Pusey. Éste, aunque casado, como Keble, llevaba una vida ascética de oración, penitencia y estudio. Buscaba sinceramente la verdad y creyó hallarla, no en Roma, sino en la unión de las tres Iglesias (romana, griega y anglicana). En unión con sus partidarios y amigos, esforzábase por dar al anglicanismo una vida religiosa más intensa, mientras llegaba la hora de darle la catolicidad por la unión con la Iglesia romana, purificada. El ritualismo, por él acaudillado, reproducía lo más exactamente posible las instituciones y devociones católicas, restringiendo, eso sí, la autoridad del papa y el culto a la Santísima Virgen, en lo cual pensaba que los católicos se excedían.
Por lo demás, no solo admitía la doctrina de la tradición, la justificación, la presencia real de Cristo en la Eucaristía, la transubstanciación, el purgatorio y la veneración de los santos, sino que restablecía los ritos y ceremonias de la liturgia católica, frecuentaba la comunión, exhortaba a la confesión auricular, y él mismo escogió por confesor a Keble, y oía las confesiones de otros muchos, y hasta restableció el estado monástico, fundando las hermanas de la Caridad (con ayuda de miss Sellon), las primeras monjas anglicanas, que dirigió espiritualmente hasta su muerte.
En 1865 publicó su obra «Eirenicon» contra el católico Enrique E. Manning, porque éste había negado que la Iglesia anglicana formase parte de la católica y universal. Aquí Pusey insiste en su idea, que el anglicanismo profesa todas las verdades esenciales de la Iglesia de Cristo; llega a admitir la supremacía papal, aunque solamente como útil y conveniente para la unidad, no como necesaria, ni de derecho divino, sino tan sólo eclesiástico; y tropieza en lo que él estima como mariolatría, interpretando mal ciertas prácticas y devociones católicas. Newman, fiel amigo de Pusey, salió a poner las cosas en su punto, haciendo la defensa de la devoción a la Virgen María.
(continúa)
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