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Tema: En defensa de los toros

  1. #161
    Avatar de Leolfredo
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    Re: En defensa de los toros

    Las peleas de toros eran tradicionales hasta no hace muchas décadas en Cantábrica y supongo que en otras zonas de España.

    Cita Iniciado por Mexispano Ver mensaje
    También los coreanos.



    Travel in South Korea: Traditional Bullfighting Festival

    Publicado el 4 oct. 2012

    A HD video of the bullfight festival in Korea from our around the world trip we visited Jinju a city with a history of traditional bullfighting - read more about this here





    https://www.youtube.com/watch?v=lxhPCDroTRw

  2. #162
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    Re: En defensa de los toros


  3. #163
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    Re: En defensa de los toros

    Dicen que sobre gustos no hay nada escrito y que para gustos, los colores. Por eso mismo no voy a censurar a nadie que no le guste la tauromaquia, ni voy a dar carnets de mayor o menor hispanidad por eso. Pero eso es una cosa y otra la pretenciosa sensiblería (que no sensibilidad) animalista a la que se acogen tirios y troyanos con una suerte de superioridad moral que no se creen ni ellos. Y "curiosamente", esa sensiblería jamás se dio en zonas rurales que están en pleno contacto con la naturaleza, sino en zonas urbanas y por gente burguesa o aburguesada que no conoce el mundo de la tauromaquia por dentro y no habla más que de superficialidades, pretendiendo que los que gustamos de la tauromaquia somos unos sádicos. "Es ver desangrarse un animal"... Coño, ya puestos, un pintor no vale nada porque es coger un lienzo y dar tres trazos; o un escultor lo que hace es poner piedras, y así todo.

    Por cierto que esa sensiblería no parece tal cuando se trata de comer hamburguesas y etcétera.

    Y si siguiéramos la lógica animalista, al final no podríamos ser ni veganos, con eso del sufrimiento.

    Que la carne del toro bravo se aprovecha para la gastronomía y la guarnicionería es algo obvio. Pero es que el tema no va por ahí. En la inmensa mayoría de los casos, el odio a la tauromaquia, aparte de ignorar lo que ese mundo hace al bien ecológico, es de una suerte de despotismo ilustrado del que se piensa superior sobre una masa bárbara. La misma actitud que muchos regeneracionistas y noventayochistas en su día, así como muchos pseudointelectuales de nuestro tiempo. Y no saben que siempre que se ha atacado a la tauromaquia desde arriba, lo único que han provocado es que haya más entusiasmo, como tímidamente están provocando ahora. En el fondo yo les estoy agradecido, pues sin ellos, jamás hubiera descubierto ese fascinante mundo artístico, natural y totémico, que para mí encarna a la perfección Morante de La Puebla, por ejemplo.

    En fin, que estoy muy escéptico a la vejez y no me creo las sensiblerías, y menos viniendo de quien viene. Aquí hay "algo más" y es fácilmente identificable. No sé qué futuro le augurará a la tauromaquia pero no soy nada optimista, y muchas veces, más pesimismo tengo con los taurinos (con lo mal que defienden y lo poco que se movilizan, salvo honrosas excepciones) que con los antitaurinos. Pero sin duda, me alegro de haberla conocido.


    __________________________

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    https://www.facebook.com/permalink.p...13868212144988
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  4. #164
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    Re: En defensa de los toros

    Ni siquiera a aquellos ajenos al gusto de los toros hay algo de la tauromaquia que no le puede ser indiferente.

    A mí, en particular, hay un tipo que no deja de maravillarme y representa una personalidad muy positiva desde el punto de vista de la Hispanidad, lo haga consciente o inconscientemente.

    Me refiero al diestro José Tomás, un personaje que impresiona, alguien contemporáneo pero con un perfil que tiene mucho del hidalgo espannol de otros tiempos.

    Se da la circunstancia de ser un tipo apreciado en México al tiempo que él ha establecido un estrecho vínculo con aquella tierra, como otro tipo de espannoles de geni especial (me acuerdo ahora de gente del mundo de la canción que también han conectado con el alma mexicana, que también es alma hispánica).

    Pero lo del matador es algo que raya lo legendario.

    Qué os parece?

    Cita Iniciado por Mexispano Ver mensaje
    Dicen que sobre gustos no hay nada escrito y que para gustos, los colores. Por eso mismo no voy a censurar a nadie que no le guste la tauromaquia, ni voy a dar carnets de mayor o menor hispanidad por eso. Pero eso es una cosa y otra la pretenciosa sensiblería (que no sensibilidad) animalista a la que se acogen tirios y troyanos con una suerte de superioridad moral que no se creen ni ellos. Y "curiosamente", esa sensiblería jamás se dio en zonas rurales que están en pleno contacto con la naturaleza, sino en zonas urbanas y por gente burguesa o aburguesada que no conoce el mundo de la tauromaquia por dentro y no habla más que de superficialidades, pretendiendo que los que gustamos de la tauromaquia somos unos sádicos. "Es ver desangrarse un animal"... Coño, ya puestos, un pintor no vale nada porque es coger un lienzo y dar tres trazos; o un escultor lo que hace es poner piedras, y así todo.

    Por cierto que esa sensiblería no parece tal cuando se trata de comer hamburguesas y etcétera.

    Y si siguiéramos la lógica animalista, al final no podríamos ser ni veganos, con eso del sufrimiento.

    Que la carne del toro bravo se aprovecha para la gastronomía y la guarnicionería es algo obvio. Pero es que el tema no va por ahí. En la inmensa mayoría de los casos, el odio a la tauromaquia, aparte de ignorar lo que ese mundo hace al bien ecológico, es de una suerte de despotismo ilustrado del que se piensa superior sobre una masa bárbara. La misma actitud que muchos regeneracionistas y noventayochistas en su día, así como muchos pseudointelectuales de nuestro tiempo. Y no saben que siempre que se ha atacado a la tauromaquia desde arriba, lo único que han provocado es que haya más entusiasmo, como tímidamente están provocando ahora. En el fondo yo les estoy agradecido, pues sin ellos, jamás hubiera descubierto ese fascinante mundo artístico, natural y totémico, que para mí encarna a la perfección Morante de La Puebla, por ejemplo.

    En fin, que estoy muy escéptico a la vejez y no me creo las sensiblerías, y menos viniendo de quien viene. Aquí hay "algo más" y es fácilmente identificable. No sé qué futuro le augurará a la tauromaquia pero no soy nada optimista, y muchas veces, más pesimismo tengo con los taurinos (con lo mal que defienden y lo poco que se movilizan, salvo honrosas excepciones) que con los antitaurinos. Pero sin duda, me alegro de haberla conocido.


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  5. #165
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    Re: Respuesta: En defensa de los toros

    El Toro de La Vega fue prohibido por Franco apesar de las protestas desde el sector de llamada izquierda en España ( socialistas y comunistas ) en la época. Como curiosidad también en la época del Régimen de Franco las famosas ¨ Reválidas ¨ en el ámbito educativo fueron eliminadas de la Enseñanza.

    https://youtu.be/y8QD6IYaZZQ
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  6. #166
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    Re: Respuesta: En defensa de los toros

    LA TAUROMAQUIA COMO CULTO




    Escribe: Antonio Moreno Ruiz.- Dice Fernando Sánchez Dragó (1) -que además de escritor es licenciado en filología románica- que la tauromaquia es lo único que queda en pie del mundo antiguo, algo equiparable a la edad de los titanes, a la “Eneida” de Virgilio, y que en el sur de Francia, España e Hispanoamérica ha sobrevivido el rito más antiguo de la tierra, ya descrito por Platón en el “Critias” y en el “Timeo”. El filósofo griego, discípulo de Solón, si bien no desveló del todo el hermetismo iniciático que había escuchado sobre la Atlántida, sí dejó escrito que los doce reyes de la confederación atlante se reunían una vez al año, y que para celebrar tal acontecimiento, todo el pueblo se congregaba en un teatro circular presidido por los mentados monarcas y en el centro, un individuo armado con un trapo y un instrumento de hierro, daba muerte a un toro.

    En muchos pueblos de la Antigüedad, las respectivas/primitivas religiones tenían al toro como un icono de fuerza y fertilidad, entre otras muchas características. Empero, sólo en el mundo ibérico y en sus influjos es que se ha conservado este “sacramento antiguo” que dice Sánchez Dragó, donde se para, se templa, se manda, se liga y se carga la suerte como máximos símbolos vitales.


    La estética del toreo en verdad es “metaestética”: Es algo que va más allá: Es una ceremonia. En ello convergía el filósofo Gustavo Bueno (2), defendiendo que la fiesta de los toros, si bien no es algo ininterrumpido desde el amanecer de los tiempos, sí que encierra, aun en su evolución, un halo de ceremonia de religiones primarias, con una relación “especial” entre el hombre y el toro, pues el toro no se ve como un mero depósito de proteínas, sino que está dotado de una luminosidad que va más allá de la bravura física, puesto que reproduce una situación simbólicamente similar a los toros que están dibujados ya en las pinturas rupestres, y que también tuvieron su culto en Creta. No es una “mera caza”, sino una relación de respeto y de intención, que se ha ido transformando y que ya constituye todo un acto cultural.


    Gustavo Bueno defendía que lo esencial de la tauromaquia no es el dolor del animal. Ni los aficionados a la fiesta van para disfrutar de un destrozo. Eso es pura demagogia. El animal es tratado, desde luego, con mucho más respeto y cuidado que los que acaban en el matadero.

    Atribuir “tortura” o “barbarie”, decía el nombrado filósofo español, es una reacción ridícula de gente que no quiere ver la realidad, de una falsa sensibilidad que no quiere ver de frente ni la vida ni la muerte. Y lo interesante es que D. Gustavo no daba por válidos los argumentos “materiales” sobre los toros: Es decir, “hay que mantener los toros porque dan trabajo/dinero”; la validez de la tauromaquia está precisamente en su especificidad como arte, en su modo genuinamente hispánico de no huir ante la realidad. Como decía el poeta Gabriel Celaya, “soy un ibero, y si embiste la muerte, yo la toreo”. Y como insistía otro filósofo también, José Ortega y Gasset, la historia de los toros está íntimamente ligada a la historia de España.


    Con todo, para remachar este ideal de culto taurino, acudimos al jurista Francisco Elías de Tejada (3), quien vio el mundo religioso que conlleva la tauromaquia especialmente en Andalucía, esto es, el sur de la Península Ibérica, donde existiría lo que él llamaba “la religión del dios toro:

    “…Habido cargo de tan cálidos elogios, no es de extrañar que Platón colocara la utópica ensoñación de la Atlántida en las bocas del río que a Occidente riega los pastizales del culto totémico andaluz del toro. Porque, a mi manera de ver, ahí radica la explicación de esa devoción del andaluz hacia las peleas con la fiera astada, de esa predisposición especial que hace del sevillano, del cordobés o del rondeño un algo torero siempre, aunque se gane luego la vida en los prosaicos menesteres de curar enfermos, vender tejidos o arar la tierra. Así como cabe ser torero sin ser andaluz, no se concibe a un andaluz que no sea un poco torero…


    …El apego a las corridas de toros y el clamor colectivo que levantan son cosas típicas de Andalucía, que únicamente por moda imitadora han arraigado, con más o menos fuerza, en otras partes, sin que en ninguna cobren el valor auténtico que a orillas del Guadalquivir poseen desde hace miles de años. Y es que, a mi ver, las corridas de toros son en Andalucía un acto religioso, el acto supremo de la religiosidad andaluza. Las gentes de allá ven encarnada en el toro toda la potencia viril, brutalmente genesíaca, de la naturaleza. Así como el oso reina en las montañas del Norte o el león en los desiertos númidas, el toro es el señor absoluto de las tierras llanas de Andalucía vecinas a aquella perdida Tartessos cuyo estilo vital viene repitiéndose de siglo a siglo en lo andaluz, por debajo de todos los cambios exteriores y políticos. La admiración hacia el toro es admiración hacia la naturaleza; la lucha con el toro es la lucha con las fuerzas naturales, tan característica de los pueblos primitivos que en el relato bíblico hizo trocar a Jacob su nombre originario por el conocido de Israel; vencer al toro es domeñar a la naturaleza, y matarle con astucia y garbo, rindiendo su violencia descompuesta al artificio elegante de la mañosa capa del torero, en un alarde de color y de gracia, es representar a lo vivo la pantomima del triunfo no violento, alegre y pinturero, lleno de sal y de color, con que el andaluz de todos los tiempos supo aprovechar los dones que le ofrecía la tierra ubérrima en que vive. El toro, señor de la naturaleza andaluza, rendido al hombre valeroso que solo, individualmente, compite contra él sin otra arma que un trapo de colores tan vivos como el sol meridional, es el ánima misma de Andalucía hecha carne de luz en una tarde de entusiasmo, de gracia y de devoción.”


    Para terminar, sobre el culto taurino que Elías de Tejada cristalizó en Andalucía, no olvidemos dos broches de oro para nuestra cuestión:


    -El poeta Fernando Villalón, a quien el filósofo Manuel Fernández Espinosa llama “el tradicionalista de la Atlántida” (4).

    -La Andalucía atlántica como preludio de las Españas Americanas, desde la llegada de la hueste de Colón, con los posteriores viajes andaluces, hasta el siglo XVIII. No por nada en Lima hay Acho, y tanto en los Andes peruanos como en Medellín de Colombia, así como en México, y todavía también en Ecuador y Venezuela, se vive la tauromaquia con tanto fervor o más que en la Península Ibérica; porque sigue siendo un culto, que asimismo, también se mantiene en Francia y Portugal como prolongación universal de la más remota y mítica antigüedad.


    ----------------


    NOTAS:
    (1)Sobre Fernando Sánchez Dragó y los toros, véase:
    https://www.youtube.com/watch?v=hbhwdnA5D8g&t=1s

    (2)Sobre Gustavo Bueno, podemos recordar: GUSTAVO BUENO, GENIO Y FIGURA - La Abeja
    (3)Texto completo extraído de “Las Españas”:
    MUNDIVM: ANDALUCÍA EN LAS ESPAÑAS, SEGÚN D. FRANCISCO ELÍAS DE TEJADA
    (4)Véase el texto:
    RAIGAMBRE: FERNANDO VILLALÓN, EL TRADICIONALISTA DE LA ATLÁNTIDA

    LA TAUROMAQUIA COMO CULTO - La Abeja
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  7. #167
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    Re: Respuesta: En defensa de los toros

    Una de las falacias animalistas es que en el toreo va a verse a un animal morir desangrado. No, eso pasa en los mataderos, así como pasaba cuando se hacía por ejemplo la matanza del cerdo. Pero en ese caso, más que por "diversión", era por aprovechamiento cárnico, pues como bien se dice, del cochino se aprovechan hasta los andares. En el caso del toreo, una faena no es algo lento, sino muy efímero, y hay varios avisos para ir rápidamente. Si es verdad que cuando no se mata de una estocada definitiva, puede parecer un poco desagradable, y ahí yo creo que se podría "reformar, y si no se acierta, pues sencillamente, se acabó y como premio para el toro se le indulta; indulto que por cierto, sucede más de lo que se piensa.

    Pero lo dicho: Pura falacia. Al toro no le da tiempo a morirse desangrado y de él no se hace sangre frita, como se puede hacer de porcinos o bovinos.

    No obstante reitero que en el fondo, estoy agradecido a los animalistas, pues sin sus mentiras, jamás me hubiera fijado en este apasionante mundo de la naturaleza ibérica. Los que de verdad aman y trabajan la tierra y mantienen a los animales en su hábitat, sin someterlos a pisos enanos ni a horarios humanos. El cerdo ibérico y el toro bravo son dos máximos ejemplos.



    __________________________

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  8. #168
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    Re: Respuesta: En defensa de los toros

    En el día de la fecha, en el diario La Nación de Buenos Aires, se publicó una nota sobre la única actividad de tauromaquia que se desarrolla en Argentina, mas allá de la nota curiosa en sí, lo interesante es lo que opinan los foristas, destilando y exhalando su odio visceral hacia el arte de los toros y por supuesto contra España, dan asco y vergüenza.-
    Saludos cordiales del otro lado de la mar océano.-

    Celebración: en Jujuy, un pueblo resucita una vez por año con una fiesta de toros - 05.02.2017 - LA NACION

    Celebración: en Jujuy, un pueblo resucita una vez por año con una fiesta de toros

    En Casabindo viven apenas 165 personas, pero llegan más de 3000 al toreo de la vincha, donde no se mata al toro; una tradición que lucha para no desaparecer
    Gabriel Plaza

    LA NACION

    DOMINGO 05 DE FEBRERO DE 2017

    CASABINDO, JUJUY.- César Ventura todavía recuerda cuando su sobrino Italo se metía a la plaza a jugar con unos toros imaginarios. "Era una forma de querer ser el futuro. Todos nacimos con eso", asegura el torero retirado. Desde niños, el destino en Casabindo está marcado.

    El pueblo jujeño se debate entre la fuerte identidad cultural que tienen como toreros y la migración natural que sufren por la búsqueda de trabajo. En Casabindo viven apenas 165 personas, según el último censo nacional de 2011. Pero los que emigraron por trabajo a otras zonas de Jujuy regresan, cada 15 de agosto, para ver a sus familias y formar parte de la fiesta patronal de la Virgen de Asunción. Los miles de turistas, en cambio, atraviesan la puna por un camino de ripio sinuoso, atraídos por el toreo de la vincha, la única fiesta taurina de la Argentina, que es la culminación de una ceremonia religiosa de tres días y que llega a reunir a 3000 personas.
    En la celebración se mezclan las novenas a la Virgen, el desfile de imágenes y santos por las calles del pueblo, el baile ancestral de los samilantes vestidos de suris con cuartos de corderos y la corrida de toros. Todo ese sincretismo cultural emerge en el contexto de una festividad popular con comidas regionales, bebida y música. En las corridas no se mata a los toros, tienen su propio santo protector, San Marcos, y se los considera tan sagrados como las vacas en la India.

    El pueblo puneño de unas pocas manzanas al final de la ruta interprovincial 11, parece una isla de tierra en el medio de la nada. Esa belleza minimalista del altiplano es magnética. Las casas ocres de adobe se confunden con el color terroso del paisaje semidesértico. La diminuta comarca parece una continuidad de esa planicie abierta y espaciosa tapizada de arbustos dorados y tolares.
    Los árboles son un bien escaso y preciado, los únicos puntos de sombra en la plaza principal del pueblo. Dos chicos juegan sobre el lomo de un toro de yeso. Las hamacas y los toboganes están vacíos. Sólo se escucha el sonido del viento. En unas horas, la parsimonia silenciosa de este pueblo, ubicado en el extremo norte de la provincia de Jujuy, cercano a la frontera con Bolivia y a 1700 kilómetros de Buenos Aires, cambiará por completo.

    Son las 11 de la mañana y las calles de Casabindo parecen una peatonal céntrica. Micros, autos, camionetas, motos, bicicletas y caballos, se apostan a la entrada del pueblo y a la vera de la ruta. El aire tranquilo del pueblo se transforma. Las escuelas y los galpones se vuelven hoteles y las casas se transforman en comedores, despensas familiares y paradores ocasionales. Hay una intensidad emocional que va creciendo con el correr de los días y la fiesta. Es un momento de reencuentro para varias familias. Los que se quedan en Casabindo esperan todo el año por el regreso de sus parientes. Los que vuelven para celebrar la asunción de la Virgen ya no se quieren ir, aunque la falta de trabajo los empuje a migrar nuevamente.
    El sueño de volver


    En Casabindo viven apenas 165 personas, pero llegan más de 3000 al toreo de la vincha, donde no se mata al toro; una tradición que lucha para no desaparecer. Foto: Santiago Filipuzzi y Fabián Marelli
    Irma Cusi, hija de Cándido Cusi y Herminda a Gutiérrez, es nativa de Casabindo. Se recibió de profesora y sueña con volver a dar clases en la misma escuela donde cursó la primaria. "Yo emigré muy chiquita por razones de estudio -cuenta Irma-. Somos muchos los que nos fuimos a las ciudades a prestar servicios en otros lados, pero no nos olvidamos de nuestro pueblo".
    Muchas casas quedan vacías y cerradas durante el año: "Está todo desierto, vacío y no hay nadie. Solamente los docentes y las familias se quedan acá", relata Guillermina Soledad Vega, directora de la Escuela Primaria N° 270 de Casabindo. En su escuela estudian 30 alumnos. Cuando los chicos terminen el secundario se mudarán a otras ciudades. La migración parece un destino sellado del casabindeño.
    Eusebio Ciares, presidente de la comisión Pro Templo, es más optimista y dice que eso va cambiando de a poco. La expansión de la fiesta de la Virgen de Asunción y el Toreo de la Vincha a nivel internacional está generando más interés en la región. "Hay más actividades que se realizan todo el año y eso permite que la gente del pueblo no emigre de acá".
    La celebración de la patrona del pueblo es un momento para recordarles a los funcionarios que Casabindo existe en el mapa de la provincia de Jujuy. Una vez al año, la fiesta atrae a los políticos: se inauguran galpones y se realizan mejoras en la escuela, aunque los baños no funcionan y el vivero que se utilizaba para cosechar las verduras para el comedor se vino abajo y no fue reparado.
    Eusebio Ciares, uno de los organizadores de la festividad, recibe al gobernador Gerardo Morales en la plaza de toros y le entrega, delante de todo el pueblo, un proyecto para hacer un museo. "No pedimos mucho", dirá después Eusebio, mientras toma un vino sodeado, en un breve descanso en el salón multiusos que acaban de estrenar para la fiesta y donde se le sirve la comida de forma gratuita a los peregrinos que llegan de todo el departamento de Cochinoca.

    El torero busca sacar una vincha que el toro lleva en las astas. Foto: Santiago Filipuzzi y Fabián Marelli
    El museo sería un impulso turístico para la zona y una forma de proteger la historia y la riqueza patrimonial de la región. En este territorio anduvieron hace 12.000 años los primeros habitantes que vivían del pastoreo de llamas, economía principal del pueblo. En esta región sufrida se desarrolló la Batalla de Quera, uno de los primeros levantamientos campesinos por las tierras comunales, que terminó con 200 indígenas muertos.
    El pueblo es también famoso por la iglesia construida en 1772, considerada la catedral de la Puna por su patrimonio arquitectónico y las pinturas de ángeles arcabuceros de la escuela cuzqueña. Fue frente a la iglesia donde el joven Pantaleón de la Cruz Tabarca se sublevó frente a los españoles y se enfrentó a los toros al grito de libertad, iniciando una tradición que sigue hasta el presente. "Venían los españoles y se hacían dueños de toda la riqueza y ahí saltó el indio que no hacía caso y era tan valiente que decidieron meterlo entre los toros", recuerda Nelson Vásquez y repite la leyenda que le enseñó su abuelo Darío Vásquez, el primero que bajó los toros a Casabindo en 1940.
    Los toreros repiten la ceremonia como un homenaje a sus ancestros. Piden protección a la Virgen y salen a la plaza para sacarle al toro la vincha con monedas de plata que lleva entre las astas. La ceremonia del toreo de la vincha alimenta uno de los rasgos de identidad cultural más fuerte que tiene Casabindo. "Nuestros abuelos nos han legado estas tradiciones y nosotros tenemos que continuar con esto", asume con simpleza Ciares.
    La celebración del toreo de la vincha, no es sólo una tradición, sino uno de los atractivos turísticos más fuertes del calendario puneño. A su alrededor se mueve una efímera y pequeña economía regional. Durante tres días, puesteros de la Puna y la Quebrada montan carpas de comida y venta de artesanías; los lugareños alquilan camas en sus casas; y se crean improvisados remises, combis y micros especiales, desde distintos puntos de la provincia, que traen a los visitantes.
    La fiesta de la Virgen de la Asunción y el toreo de la vincha crece, aunque la infraestructura del pueblo va quedando más chica. Se siente la falta de agua corriente, porque las cisternas no dan abasto. La pavimentación de la ruta que comunica a Casabindo con Abrapampa se hace indispensable por el flujo de autos: durante la última celebración hubo dos accidentes graves.
    Casabindo está organizado en un comité vecinal, un comité aborigen, dos escuelas (una primaria y otra secundaria), un club de fútbol, una sala de primeros auxilios y una comisaría, pero los lugareños reclaman hace tiempo una comisión municipal para tomar sus propias decisiones. Los presupuestos dependen absolutamente del municipio de Abrapampa, la ciudad cabecera de la Puna a 56 kilómetros de distancia, llamada la "Siberia argentina".

    Foto: LA NACION"Si alguien se quiere casar se tiene que ir a Abrapampa, por eso somos todos solteros", dice con picardía Vicenta Ventura, mientras pica unas verduras y vigila con el rabillo del ojo, las tres ollas donde se cocinan las 150 raciones de comida para los peregrinos que llegan de localidades como Tusaquillas o Abralaite.
    La fiesta de la Virgen milagrosa, como le dicen en el pueblo, podría traer mejores condiciones de vida a Casabindo y detener la migración. Al pueblo regresan los toreros casabindeños que durante el año trabajan en las minas El Aguilar y Pirquitas; en las Salinas Grandes; o son albañiles, changarines o empleados públicos en Abrapampa.
    Durante la fiesta patronal el punto de reunión de los toreros es un comedor popular levantado en el patio de una casa de adobe de la familia Cusi. Son cuatro postes, unos laterales de chapa y un techo de plástico azul que cuando se levanta por el viento deja ver el cielo turquesa. En una esquina, como los boxeadores que esperan el sonido de la campana, están sentados un grupo de toreros veteranos. Los Colqui y los Ventura promedian los 40 años. La vida del torero es corta, como la de un futbolista de alta competición. "Pasan diez años y ya vienen otros", cuenta Facundo Colqui.
    Suena un reggaetón de fondo. Los tragos, la hojas de coca, acompañan los relatos de viejas hazañas de los primeros toreros -Néstor Ciares, Onorato Solano, Canuto Vásquez, el quenero- que empezaron esta tradición. Rolando Colqui tiene 37 años y es chofer de larga distancia de El Quiaqueño. A los doce años salió de la primaria del pueblo y se fue a buscar trabajo. Emigró como muchos y ahora está de vuelta para la fiesta con su hija en brazos.
    La transmisión cultural resiste al paso del tiempo. En Casabindo, torear es una forma que su nombre quede inscripto en la memoria oral del pueblo. "¿Sabés como nace un torero legítimo de Casabindo? Nace por su propia voluntad y su propio esfuerzo. Acá no hay práctica, no hay teoría, no hay táctica. Vale mucho la devoción a la Virgen", afirma César Américo Ventura, que entró a la plaza de toros a los 14 años, se retiró en 2003, y ahora con su hermano Ricardo comparte la animación del evento del toreo de la vincha.
    Todos los hombres del pueblo saben que en algún momento de sus vidas deberán enfrentar al toro en la celebración de la Virgen de la Asunción. Para algunos es una prueba de fe, para otros una manera de demostrar su valentía frente a los toros más bravos. El suri, era una bestia negra de más de 300 kilos que erizaba los pelos a los toreros más templados de la región. El toro murió de viejo.
    Son las tres de la tarde y el público se entusiasma cuando ve cómo un toro revolea por el aire a un torero inexperto llegado de la capital jujeña. Los murallones de la plaza, los techos de las casas vecinas, los cerros cercanos están poblados de observadores que quieren ver a los toreros jugarse la vida: Ricardo Ventura, que es el locutor oficial de la fiesta del toreo, todavía tiene la cicatriz de un asta que le atravesó el brazo de lado a lado.
    Los animales -toros, novillos y vacas- que esperan su turno en los corrales parecen inofensivos. Cuando entran a la plaza se vuelven bravos y vengativos, azuzados por el grito de la gente, las bombas de estruendo y alterados por el constante sonido de las bandas de sikuris que tocan en veneración a la Virgen. Las vacas pisotean, pegan un brinco y se van. El toro, en cambio, hasta que no ve sangre no para. "Si le sacás la vincha es como sacarle los huevos. Por eso, cuando alguien quiere anotarse le digo que lo piense bien. No es cualquier cosa. Si el toro te clava el asta, chau", advierte César Ventura, que pertenece a una familia de toreros.
    El toreo se aprende de chico jugando, observando a los mayores, y la decisión va madurando con el tiempo, en una combinación de fe y valentía, que forma parte de la vida cotidiana en la comunidad.
    "Mis dos hermanos son toreros. Mi marido Demetrio Gutiérrez, que falleció hace cinco años, también fue torero. Mi hijito de ocho años quiere ser torero. Hasta mi nietito torea con los corderitos. Va a seguir pasando. Alegría y emoción me da la cultura que tenemos. Pienso que el día que nosotros nos vayamos yendo, ellos van a seguir con esto", cuenta Vicenta, que reside en el pueblo todo el año y que sabe que tendrá que mandar a dos de sus cuatro hijos a estudiar más lejos.
    Con 23 años, Italo Ventura pertenece a esa nueva generación de toreros jóvenes enraizados en su cultura que quieren volver a Casabindo. Por su cabeza pasan todas las lecciones aprendidas de sus mayores: tener el toro a muy corta distancia, mirarlo siempre a los ojos y cuidarse de los amagues. Con un movimiento ágil, casi imperceptible, le arrebata la vincha y se la dedica a la Virgen. Es un breve momento de gloria, que le da paso a la nostalgia. Italo sabe que la fiesta terminará en unas horas y deberá irse de Casabindo. Es uno de los momentos más tristes del día, cuando todos dejan el pueblo. "Acá todos somos iguales, todos nos conocemos, no hay diferencias. Por eso quiero volver a vivir acá". Para él y muchos jóvenes, Casabindo, es el futuro. Es el único lugar, donde sabe, no olvidarán su nombre.

    143 comentarios


    alesmiguens17:58 05/02/2017
    Gobernador @GerardoMorales, por favor PROHÍBA esta ABERRACIÓN en su Provincia !!!!!!!

    M1A1Abrams17:39 05/02/2017
    por no aceptar la cultura, siguen en la edad de piedra

    miles_john17:40 05/02/2017
    @M1A1Abrams che abrams de que cultura me hablás de la que nos enseña a programar a diagramar a criticar.
    Es verdad estos pobres no tiernen esa cultura pero a vos y a muchos los dan vueltas como una media.


    miles_john17:38 05/02/2017
    me alegra darme cuenta que la mayoría de los comentarios son hechos por extranjeros que aprueban las practicas de sus paises de origen, generalmente mas vistosas y violentas, y que pueden ser vistas por youtube o netflix, pero que reniegan del país que los soporta con estoicidad y los alberga en cuanta fiesta vecinal o popular destinada a mantener un par de costumbres del "subdesarrollo"
    El día que estas fiestas desaparezcan, y se lleven todas sus costumbres ancestrales, los quiero ver a los que critican cómo se divierten sin internet, celulares y TV.
    Un abrazo.

    M1A1Abrams17:40 05/02/2017
    @miles_john poco ancestral no tiene mas de 220 a 230 años

    miles_john17:41 05/02/2017
    @M1A1Abrams @miles_john a bueno el cariño es mutuo


    Fer6977717:33 05/02/2017
    novenas, bailes, disfraces, cantos, toros, sangre, bebidas, mùsica, bombas de estruendo para asustar y poner violentos a los animales, carpas con comidas y artesanias, y la pobre Virgen. Tal vez no estén captando el verdadero sentido de algunas cosas.
    Me ruecuerda a Jesus triste por los mercaderes en el templo.

    nacho_19616:18 05/02/2017
    Simios.


    a_paliszkiewicz16:11 05/02/2017
    La barbarie de la 'madre patria' se instaló en nuestro país ?.


    papaleta16:11 05/02/2017
    @a_paliszkiewicz Lea la nota...


    sofia12345678915:49 05/02/2017
    Qué se diviertan de otra manera, no a costa de un animal, evolución..


    cucarachita16:01 05/02/2017
    @sofia123456789 Te puedo asegurar que cualquier habitante del norte del país tiene una relación de amor y respeto con la tierra y la naturaleza mucho mayor que cualquier "activista" de Greenpeace.


    cucarachita15:31 05/02/2017
    Por menos notas de Lali Exposito y más de estas.
    Por más medidas del Estado para que ésta gente, tan arraigada a la tierra,no tenga que emigrar forzosamente.
    Se vienen los inigualables carnavales del norte, esperemos que le dediquen un espacio también.


    frucci615:15 05/02/2017
    Que bueno que se le de lugar en el diario a las tradiciones nacionales......estan faltando mas de estas notas! Le estamos dando la espada a las tradiciones argentinas y preguntamos por que la sociedad esta mal........Muy linda fiesta!!!! Hay que viajar mas por el interior argentino y conocer el país!


    perelloncampoy14:48 05/02/2017
    Sin sangre y sin muerte la cosa no tiene gracia, la gracia que tiene la muerte y la vida pero supongo que eso es demasiado profundo para gente que se ha quedado en los primeras lecciones.

    pelicanof15:28 05/02/2017
    @perelloncampoy entonces MATATE así tiene gracia. que ignorante sos.

    a_paliszkiewicz16:14 05/02/2017
    @pelicanof @perelloncampoy Cuidado, este ignorante no es el único, un 23% mas de la población disfruta de ver sangre ajena volando por el aire, los de la cámpora por ejemplo.
    Vers

  9. #169
    Avatar de Guerreiro Galaico
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    Re: Respuesta: En defensa de los toros

    Hola estimados Coforistas. En el día de la fecha en el mismo diario del cual subí el artículo precedente, La Nación on line. apareció al respecto un especial interactivo titulado: "El pacto con la Virgen de un torero jujeño". A mi humilde entender está muy bien realizado y lo mejor que no hay agresión a la tauromaquia alguna ni hay opiniones, por lo que se evitan rebuznos varios, les dejo el sito en lka red donde acceder y espero les guste.
    Saludos cordiales desde el viejo Virreynato del Río de la Plata.-

    El Toreo de la Vincha. El pacto de Ricardo con la Virgen - 03.02.2017 - LA NACION

  10. #170
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    Re: En defensa de los toros

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Una defensa de España
    Origen europeo, liberal y antiespañol de las corridas de toros

    A la memoria de Fernando Villalón
    I
    Nuevos Sansones entre filisteos
    los viejos toros de la Iberia vieja
    en los nuevos torneos
    su antiguo Dios sin compasión los deja.
    F.V.
    En todo el mundo –y aun dentro de la misma España– hay ideas muy confusas sobre las corridas de toros.
    Suele afirmarse que las corridas de toros son una fiesta bárbara, cruel, digna de los árabes e indigna de los buenos europeos. Una fiesta sólo posible en un pueblo como el español. Sanguinario en la conquista de América e inquisitorial con sus herejes y librepensadores.
    El divino toro ibérico
    Fiesta en la que se asesina impunemente a pobres caballos indefensos. En que se martiriza al toro. En que se expone gravemente la vida de algunos hombres. En que el pueblo espectador se enardece y grita como embriagado.
    Quien más censuras y reproches han hecho a la fiesta de la corrida de toros fué –naturalmente– esa Europa moderna, nórdica y anglosajona, que envía sus turistas, todas las primaveras –turistas que se desmayan–, a nuestras plazas españolas de toros.
    Hora es ya de poner punto, en su punto, a esos turistas, a sus desmayos y a sus imprecaciones, poniendo ante todo en el suyo –al histórico, el exacto– a las propias corridas de toros.
    II
    ¡Oh, padre Gerión! De la grandeza
    último resto y muestra valerosa
    de Tartessos los toros son ardiente;
    y cabe la corriente
    del viejo Betis su real nobleza
    guardada fué entre paños recamados
    en oro de los siglos y cuidados
    F.V.
    Hasta hace pocos años, yo había ido consiguiendo refrenar –al llegar la primavera española– una voluptuosidad obsesionante que me ascendía por las entrañas con más apetito que un apetito sexual.
    La creía esa voluptuosidad una de infancia, retardada en mi ser, como un poso instintivo al que todas mis presiones intelectuales posteriores habían inútilmente intentado purgar.
    Me aparecía inexorablemente tal líbido, se hacía esta confluencia estacional del año español en que ahora estamos: cuando la Semana Santa, el primer sol fuerte y las primeras corridas de toros llenan el aire nuestro de un temblor como trágico.
    A fuerza de rechazar ese ansia vaga –pero bárbara y hermosa– a las alcantarillas de mi ser, obtuve lo que se obtiene de todo frenazo: un desviamiento, una perversión. O –hablando idealmente– una pedantería.
    Me refiero con estas elipses a la querencia primaveral «de ir a los toros», de ir de «sangre y fiesta», que omniprimaveralmente me sacude los nervios sin apenas poder remediarlo. Y que yo juzgaba –hasta hace poco– como un residuo infantil y primitivo de mi vida; como una sobrevivencia pueril, obscura y remota, que debía dominar. Una neurosis que debía curarme.
    Para curarme esta neurosis acudí a todas las violencias mentales y pedagógicas que prescribían los más famosos europeizantes de España, los mejores anglosajonistas de nuestra vida. Esto es: a considerarme bárbaro, incivil, cruel, atrasado, moro, y tal.
    Pero ya digo: lo único que conseguí fué tal crisis aguda de pedantería, que me tuvo al borde mismo de la sandez; en peligro inminente de desmedularme y de descastarme para siempre.
    Afortunadamente, una inmersión de aquel instinto mío en una coyuntura ocasional de toros, me sanó de repente y me devolvió la salud. Haciéndome ver claro que lo que yo intentaba era estrangular un signo prócer de mi casta: la afición táurica. Y que aquello que yo estimaba como líbido infantil y pecaminosa era nada menos que un egregio cordón umbilical tendido entre mi alma y las almas antiguas y aristocráticas del mundo (pongamos la de Teseo, por ejemplo, el matador de Maratón). Lazo umbilical que una tradición piadosa y espléndida me había conservado selectamente, para mi casta, diferenciándola así de otras castas auténticamente bárbaras, modernas, humanitaristas y pedantes.
    III
    ¡Oh, padre Gerión, que no vasallos
    seamos de los hombres, y caballos!
    F.V.
    Esta liberación mía de la neurosis taurina es una liberación que corresponde, en rigor, a los mejores espíritus de mi generación española, a esta de la postguerra, que, al interesarse decidida, poética y afirmativamente por los toros, superó el «europeísmo» de generaciones anteriores, aisladas de presiones neurósicas, frenadas por la pedantería de otras culturas, y que consideraban, por lo menos, como una indecencia la lidia de toros bravos en los redondeles de España y de Hispanoamérica.
    (De la generación del 98 –taurófoba– no quedaron más que dos signos disparatados: Zuluaga y Eugenio Noel.)
    El siglo XIX y los toros:
    bestias, plebe, sangre
    La generación de 1915 logró una concesión: la de Ramón Pérez de Ayala. Y una sedicente simpatía de José Ortega y Gasset.
    Pero hay que llegar al Torero Caracho de Ramón Gómez de la Serna para encontrar el camino franco y poético a la poesía y la franqueza que habría de hacer esa magnífica cuadrilla lírica de un Alberti, un Lorca, un Gerardo Diego, un Pepe Bergamín, un Fernando Villalón, un Pedro Salinas, un Dámaso Alonso...
    Estos poetas jóvenes, que oyeron una misa por el alma de Goya, cierto día escandaloso, nutrieron compañías y amistades toreras –con toda sencillez y distinción–, haciendo lanzarse a la literatura, como espontáneo al ruedo, a todo un matador como Sánchez Mejías. (Faena que ya la generación anterior inició tímidamente con Juan Belmonte, sin conseguir de él más que una viva afición por la lectura.)
    Tras una racha de generaciones intelectuales antitaurinas, nos encontramos de pronto –en España– una agrupación de liberados de esa neurosis, que se daba a la afición y al goce y al festival del toro con toda la plenitud e inteligencia del que recobra un equilibrio divino: el de su casta histórica.
    Pertinente yo a este grupo nuevo, habiendo ya consagrado en un libro mi esfuerzo y comentario, quiero hoy insistir –aún– para aclarar en estos días de primavera y de turistas (de extranjeros en España), lo que significan –exactamente– las corridas de toros.
    IV
    ¡Toros de Atlante
    a los oficios viles
    los siempre gladiadores, condenados,
    y a morir entre tropas y atabales,
    ante los desgastados
    pueblos agonizantes y brutales!
    F.V.
    ¡No esperes, bárbaro turista, que te desmayes en nuestras corridas de toros, que toda mi anterior prefación haya sido un preludio para exaltar ahora con cierta impunidad retórica la corrida de toros,como fiesta digna, patriótica y auténtica de España!
    ¡Todo lo contrario, todo lo contrario!
    Bárbaro turista, escucha bien (te llamo bárbaro porque todo turismo es barbarie), escucha bien:
    Yo acepto que las corridas de toros tienen una modalidad brutal, repugnante, plebeya, soez, intolerable.
    Yo protesto con más energía que tú, con más coraje que tú, bárbaro turista, contra el sacrificio triste y ridículo de caballos famélicos e inservibles.
    Yo me indigno, con indignación pura, testicular, superior a la tuya, lacrimosa de bárbaro sentimental, contra el mucho martirio innecesario que se hace al nobilísimo toro en las corridas.
    Ahora bien: Si yo acepto el plebeyismo, la crueldad, la estupidez y la vileza en las corridas de toros, es con una condición imprescindible: la de que tú me reconozcas y aceptes, bárbaro turista, de que esa parte vulgar y soez de las corridas de toros no es española. Sino europea. Archieuropea. Tuya.
    Escucha bien:
    Las corridas de toros deben su aplebeyamiento actual a la Europa moderna, a esa de la Reforma, a la de los Derechos del Hombre, a la Revolución francesa, a la burguesía liberal del siglo XIX; es decir, a ti, bárbaro turista.
    La suerte –suerte bellaca y vil– del picador, del «nuevo caballero»
    Las corridas de toros no eran en España una fiesta «nacional y romántica» hasta el siglo XIX. Hasta que la nobleza caballeresca fué desposeída por la burguesía, gracias al movimiento de la Francia napoleónica y de la Inglaterra liberal. Hasta esa época, la fiesta de toros constituyó en España un deporte noble, de caballeros, ligado a un culto popular y milenario, casi divino, por el toro: animal sagrado en la mitología ibérica, mediterránea, antigua.
    El caballero toreaba a caballo, ayudado por criados y servidores, ante damas ilustres, ante los monarcas. La fiesta de lancear toros era en la España heroica del seiscientos un sucedáneo viril de la guerra. (Ya lo vió Goya. ¡Goya, vértice de España, entre dos mundos, el noble y el liberal!) Ahora bien: la Revolución francesa derrocó al caballero y lo bajó del caballo, poniendo en su lugar al criado, a la chusma plebeya, cruel, que antes permanecía disciplinada en segundo término. Ese fué el origen histórico del repugnante «picador». El cual, en su odio al caballo como animal aristocrático, no vaciló en entregarle indefenso a las astas del toro.
    Del mismo modo se origina el «torero» profesional, especie hispánica que no existió hasta la España moderna. Este «torero» no pudo evitar la parte vil y brutal que le daba la clase social ineducada, violenta, antiintelectual.
    Las corridas de toros cristalizan en España como espectáculo nacional al mismo compás que el sistema parlamentario. (Raro era el diputado que no llegaba tarde al Parlamento en día de toros por asistir a la corrida.)
    No es, pues, a la España genuina, jerárquica, humana y heroica del seiscientos a la que hay que culpar de la barbarie de las corridas, sino a la España europeizante, burguesa y mixtificada del siglo XIX. No a la cruel España, sino a la Europa humanitaria. A Francia, a los anglosajones: esa Europa que nos envilece y luego nos insulta, a los españoles.
    V
    No a hombres viles, sí a dioses inmortales
    nuestra vida en las aras herácreas
    fueron, por nuestros males,
    ofrendas hirvientes, rojas teas,
    sino al rey Gerión, de Heracles fuerte,
    cautivos entregamos nuestra suerte.
    F.V.
    Si las corridas de toros, a pesar de esa mancha soez y burguesa, antiespañola, se han salvado y se salvarán, es porque en la fiesta continúan jugando factores poéticos y míticos de una España eterna: la España que ve en el toro una divinidad, como la vió Grecia, Roma, el Mediterráneo.
    Quiero repetir un elogio mío –ya hecho– del divino toro. «Vinculado a nosotros el toro, desde siempre, sacudidor egregio de los nervios ibéricos eternos, ¿podría sucumbir tan divino bruto? El toro, en el cielo antiguo, fue el dios más supremo, el dios fecundador por excelencia. No podía España –la España creadora del mito profundo de Don Juan–, renunciar a esa deidad genesíaca, a ese viejo símbolo indoeuropeo de la fuerza erótica, al ilustre animal mediterráneo, adorado por tanta raza morena.»
    Creador el toro de nuestra fiesta más potente y fuerte –la más potente y fuerte del mundo actual–, hecha con sangre, muerte y sol, al gran estilo antiguo. Esa fiesta que «es un baño de juventud, de la más joven juventud vecina todavía de la animalidad» –como dijo Mauricio Barrès–. Si se salvan y se salvarán las fiestas de toros en España, es porque, en el fondo, constituyen todavía nuestro más alto mito, nuestro sacrificio religioso más profundo. El sacrificio del dios por mano de un sacerdote: el torero ante una concurrencia estremecida de fieles palpitantes. El toro es el mito trágico de España –como diría Nietzche–. Por eso ha llegado a sublimar hasta el cruel y vulgar de su fiesta. Por eso el torero adquiere a veces calidades heroicas, de alta estirpe humana –en su lucha con el toro.
    * * *
    Los toros son el último refugio que resta a la España heroica, audaz, pagana y viril, ya a punto de ser asfixiada por una España humanitarista, socializante, semieuropea, híbrida, burguesa, pacifista y pedagógica. Los toros son el último reflejo del español que se jugó la vida en aventuras, que conquistó América, que invadió dominador la Europa del Renacimiento.
    Ennoblecer de nuevo esta fiesta, extraer su esencia mítica, es la labor de los nuevos españoles, consuentes de un pasado y de un porvenir: orgullosos y leales de una gran tierra milenaria, como España.
    Por eso avanzo yo hoy mi voz ante ti –bárbaro turista–, y te pido respeto, enérgicamente, para el culto de mi patria hacia el toro; animal divino, y, como divino, bravamente sacrificado.
    E. Giménez Caballero


    Ernesto Giménez Caballero / Origen europeo, liberal y antiespañol de las corridas de toros / 28 marzo 1931
    "¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España." - Ramiro Ledesma Ramos

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