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Tema: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

  1. #41
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    El pensamiento de Maistre presente en la contrarrevolución hispanoamericana.







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    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  2. #42
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Bandera Real de la última caballería ligera del Perú.



    Ex dragones de Arequipa, Lima que la crearon y la mantuvieron a salvo junto con Rodil y Campillo durante el asedio al castillo Real Felipe en el Callao, Lima.

    También hubieron soldados y montoneros de Cuzco, Trujillo y otros más del Peru, estos últimos siendo la minoría de la caballería, puesto que en su mayoría comprendían de arequipeños y limeños, más fidedignos a España, los pocos cuzqueños y trujillanos que estaban también lo fueron e hicieron así, pero cuando regresaron a sus casas después de que el asedio al castillo Real Felipe tuviera éxito, vieron que en sus hogares y ciudades se respiraba aire "anti-realista", todos se fueron a España o bien tuvieron que re-confirmar su nacionalidad peruana, gracias a la capitulación de Ayacucho que acogieron cuando Bolívar decretó que todos los españoles peninsulares o americanos que quieran regresar a España o quedarse en la nueva república del Peru, los gastos saldarían por la nueva república creada.


    Los ex dragones arequipeños y limeños, después de regresar a España junto con Rodil y Campillo, regresaron o bien a reforzar a las demás provincias de Cuba, Puerto Rico, Filipinas o el noroeste africano español, o regresaron al Peru, para estar de vuelta en sus hogares con sus familiares que se quedaron o bien para intentar conseguir el "BANQUILLO PRESIDENCIAL", este que se podía conseguir fácilmente si tenías un pequeño ejército dispuesto a luchar por ti y tenías además de enfrentar a otros "candidatos" mas, cuando se vivían los golpes de estados en la tragicómicas repúblicas en Centroamérica y Suramérica, siendo el Peru el "punto de territorios" para las nuevas repúblicas al sur y norte que estaban alrededor de ella, quedando así el Peru reducido y dividido "culturalmente" hasta lo que es hoy en día.







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  3. #43
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    "LA TRAICIÓN SE PAGA CON SANGRE"


    16 de julio de 1809 #DíadelaTraición a nuestra Madre Patria...

    - "La Junta Tuitiva"

    Se denomina Junta Tuitiva de los Derechos del Rey y del Pueblo al gobierno local formado en la ciudad de La Paz, como resultado de la revolución iniciada el 25 de mayo de 1809 en Chuquisaca que desencadenó varios levantamientos y juntas en el territorio de la Real Audiencia y Chancillería de Charcas (hoy Bolivia). La Junta Tuitiva de La Paz se formó tras el levantamiento de la ciudad el 16 de julio de 1809. ¡Hoy los territorios de Nueva Toledo condenamos este levantamiento fratricida y nos sumamos a la campaña de la Reconquista y Reunificación Hispana!

    @reconquistemos







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  4. #44
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Extracto de un ensayo del historiador Juan Luis Orregos Penagos, sobre la obra: “Memorias de P. Pruvonena”, del primer presidente del Perú, Gran mariscal José Mariano de la Riva Agüero y Sánchez Boquete Marqués de Montealegre de Aulestia (Lima 1783 - Lima 1858), obra que revindica a Riva agüero, al exponer la farsa por la que lucho en un principio y que trato de remediar en vano tiempo después.


    El fracaso de la independencia según Pruvonena


    Concluyamos con las consecuencias que tuvo el proceso independentista para el primer presidente del Perú:

    1.- La tendencia del Perú apuntaba a un régimen monárquico. Durante más de 250 años vivió bajo este sistema; su sociedad e instituciones estaban organizadas de este modo la República sólo existió en el texto jurídico y carecía de ciudadanos. El orden, caduco y en crisis, de la monarquía española era preferido por los conservadores peruanos a la anarquía que se había desatado.

    2.- No se podía confiar en las instituciones: los congresos eran serviles y nada representativos, los jueces eran sobornables, existían minúsculos poderes locales sumamente esparcidos fuera del alcance de un estado que en la práctica era fantasma y en todo ambiente el “hecho” prevalecía sobre el derecho: “En él curso de estos trastornos políticos todo ha cambiado en el país; costumbres, carácter, ideas, y hasta el desprecio en que actualmente se mira la justicia y la virtud. Una sórdida codicia parece que se ha apoderado de todos los habitantes; y no aprecian y respetan sino a la gentes ricas, sea como fuere que hayan adquirido sus riquezas”.

    3.- El caudillismo militar fue una consecuencia de la influencia bolivariana en el Perú. Todos querían imitar a Bolívar y, por ello, el país se sumergió en múltiples guerras: “Por dilatados años han anarquizado al Perú diversos aventureros … Estos han ocasionado más males con sus escritos anárquicos, con su inmoralidad y con sus intrigas que los que habrían hecho una epidemia, la más desoladora”. El ejército no tiene honor y es que no hay un ejército peruano sino varios ejércitos siempre buscando a un jefe a quién apoyar.

    4.- La democracia absoluta sólo había llevado al caos porque no se percibió que el país podía ser todo lo que quisiera pero no homogéneo: donde la gente no es igual no puede imperar la igualdad ante la ley. La “voluntad popular” es el pretexto del caudillo para alzarse en armas. Otro error clave fue querer imitar otras realidades democráticas: buscábamos (y criticada al ala más radical del liberalismo peruano) ser como Estados Unidos o Francia cuando las distancias ideológicas eran insalvables.








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  5. #45
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    MANIFIESTO DE UNA NACIÓN CAUTIVA: LA NUEVA CASTILLA (PERÚ), HERMANA DE OTRAS, QUE AÚN YACEN COMO LOS HIJOS DEVORADOS DE CRONOS.



    Un 28 de julio de 1821 en la Ciudad de los Reyes (Lima), en estado indefenso y a expensas de una diabólica ambición, destructora, con el poder de su fuerza para hacer con ella lo que sus deseos más siniestros le dicten, es marcada por ser la capital del Glorioso Virreinato del Perú, considerado próspero y poderoso bastión cristiano de lealtad y fidelidad al Imperio Español, para imponer la fundación de una nación privada de su libertad autodeterminativa, bajo amenaza de muerte y expolio total, condenada sin defensa al libre comercio, a tener deudas externas, a la ruina total de su economía, a la pérdida del imponente dominio de sus mares, a la perdida de territorios como Guayaquil, el Alto Perú(denominada repulsivamente republica de Bolívar), a estar enfrentada a sus demás provincias hermanas y a la tiranía que conllevan sus malignos pensamientos complementarios, antinacionales; es así que solo quedo a los notables de aquella magnifica capital firmar aquella acta de independencia, de la cual serian víctimas en definitiva, no solo aquellos sino todos los que hoy nos consideramos peruanos de bien, los pocos que no firmaron por obligación intimidatoria, lo hicieron por fanatismo fantasioso y quimérico que derivaba de la contrahecha ilustración, como también por odio al cristianismo y otros por idiotas abyectos, tarde o temprano su causa nunca tuvo éxito, si a lo que podríamos llamar éxito seria el apoderamiento como civilización admirable ante la humanidad y su consecuencia inmediata, que sus ciudadanos gocen de bienestar general dentro de una cultura de paz y tradición cristiana; hasta el día de hoy existe un intento de forzar la felicidad nacional por medio de la famosa democracia parlamentaria, esa la de la soberanía del pueblo o más bien del numero sin ton ni son, que es el peor de los despotismos por tener una fachada atractivamente lisonjera. Así se funda el Perú, de unas ruinas ensangrentadas, que nos legaron los nefastos próceres de la traición antihispanoamericana, San Martin y Bolívar, ambos entrenados en Londres para traicionar a las Españas, servidores de la masonería internacional y de la corona inglesa, culpables de todos los males que aquejan hoy en día a nuestras caóticas repúblicas bananeras, sumidas en crisis perpetuas gracias a la adopción de sus desgraciados pensamientos políticos, que a final de cuentas, solo beneficio la formación de una desgraciada elite financiera, una legalizada oligarquía plutócrata internacional que busco beneficios en “metálico”, en perjuicio de toda la nación, hasta el día de hoy podemos observar las consecuencias de la imposición de sus liberales costumbres blasfemas a las generaciones futuras, siendo la numero uno: amar al dinero por sobre todas las cosas, eh ahí la causa de la corrupción que tanto aqueja a esta república.

    Yo denunció la independencia del Perú por ser ilícita y de injusta causa, y en su justo reemplazo doy por estimado que el Perú como parte de un imperio magnifico, nace con la Capitulación de Toledo el 26 de julio de 1529 por mandato de su Sacra Cesárea Católica Real Majestad Carlos V, aquí nace la Nueva Castilla, la gobernación de Pizarro, nace el Perú, tanto material como espiritualmente con la bendición de CRISTO, como nación y como probabilidad de ser nuevamente un imperio conjuntamente con todas las Españas; recordemos así mismo que en todo su derecho España reconoce independiente al Perú, el 14 de agosto de 1879, por la firma del Tratado de París, por lo mismo podríamos añadir que nace mal que bien una república en aquel momento, mas no se puede reconocer por ningún motivo que la infausta fecha del 28 de julio de 1821, se tome como la fundación del Perú, fecha que solo trajo ruina y pesar a todos los peruanos que amamos a nuestra nación.

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  6. #46
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    La matanza de Uchuraccay y las múltiples interpretaciones de la Independencia peruana


    Ideele Revista Nº 247

    Cecilia Méndez Historiadora Universidad de California





    La historiadora Cecilia Mendez explica cómo la matanza de los ocho periodistas en Uchuraccay fue el punto de partida de su investigación y análisis sobre un estado republicano en ciernes dentro de la sociedad rural. Extracto del libro de 'La República plebeya: Huanta y la formación del estado peruano, 1820-1850', de lectura muy recomendable en tiempos de reflexión sobre el bicentenario.

    En enero de 1983, cuando la insurgencia desencadenada por el Partido Comunista del Perú-SL, más conocido como Sendero Luminoso, entraba a su tercer año, ocho periodistas peruanos partieron de la ciudad de Ayacucho con rumbo a Huaychao, una comunidad campesina en la provincia de Huanta, en el departamento de Ayacucho. Su propósito era investigar el asesinato de un grupo de presuntos senderistas que un sector de la prensa atribuía a los militares. Cinco de los periodistas habían venido desde Lima para el viaje y otros tres se aunaron a los limeños en Ayacucho. Nunca llegaron a su destino. Poco después de su partida, la prensa reportó el hallazgo de sus cuerpos sin vida en las inmediaciones de Uchuraccay, otro pago campesino en Huanta. Los cadáveres, que se encontraron enterrados, llevaban los signos de una muerte horrorosa. El caso pasó a la historia como la "masacre de Uchuraccay", y se convirtió en uno de los asesinatos más controversiales; emblemáticos y sonados de una guerra interna que terminó cobrando casi setenta mil vidas.

    Aunque con anterioridad a esta masacre cerca de doscientas personas ya habían sido asesinadas en la violencia desatada por Sendero desde 1980, ninguna de esas muertes recibió tanta atención de los medios de comunicación como la de los periodistas en Uchuraccay. Mientras en los casos anteriores las víctimas fueron mayormente guardias civiles y campesinos, muchos de ellos quechuahablantes y analfabetos, en esta ocasión se trataba de hombres de letras. Doloroso como es admitirlo, la adversidad tuvo que afectar directamente al sector urbano e instruido para que los medios de comunicación y el gobierno prestasen mayor atención a un conflicto que ya había golpeado duramente a las poblaciones rurales de la sierra sur-central del país.

    El caso adquirió ribetes políticos cuando algunos medios de prensa, especialmente de izquierda, culparon a los militares por la muerte de los periodistas. La controversia creció, además, debido a que la masacre y, tal vez con más fuerza, el juicio subsiguiente a los comuneros de Uchuraccay, propiciaron un debate alrededor de la naturaleza (irresuelta) de la identidad peruana, con no pocos comentaristas evocando imágenes de la conquista española. El juicio a los comuneros de Uchuraccay, realizado en Lima, confrontó a campesinos quechuahablantes monolingües (o apenas bilingües) con magistrados hispanohablantes, requiriendo la presencia de intérpretes. Durante el juicio, los campesinos se mantuvieron mayormente en silencio o se negaron a colaborar con los magistrados. Más que una verdad acerca de la muerte de los periodistas, el juicio de Uchuraccay sacó a relucir otra realidad: el peso con el cual las marcas étnicas y lingüísticas definían el lugar de cada quien en la jerarquía social peruana, en el preciso momento en que los analistas sociales vislumbraban una nueva era de "modernidad" y democratización. Como lo dijera Flores Galindo, Sendero apareció "como un rayo en cielo despejado". La insurgencia comenzó precisamente cuando la mayor parte de la izquierda había optado por la vía electoral y cuando sociólogos y economistas describían al Perú como un país moderno, con un proletariado creciente y un campesinado en vías de extinción. El entonces presidente Fernando Belaunde nombró a una comisión presidida por el novelista Mario Vargas Llosa para investigar los sucesos (en adelante, la Comisión Vargas Llosa). La comisión, que incluyó, además de Vargas Llosa, a dos antropólogos, un lingüista, un sicoanalista y un abogado, llegó a la conclusión de que los comuneros de Uchuraccay habían matado a los periodistas debido a que los confundieron con senderistas -y que lo hicieron siguiendo los propios consejos de los militares en el sentido de que debían defenderse de los terroristas. Esta hipótesis recibió el respaldo de los propios comuneros, y su credibilidad se basaba en que Uchuraccay tenía, en efecto, una historia de enfrentamientos con Sendero.Aun así, la tendencia general fue la de exonerar de responsabilidades a los campesinos apelando al clásico estereotipo que enfatiza la "ingenuidad" campesina, en concordancia con la imagen que los propios campesinos quisieron presentar. Pocos podían aceptar (sin recurrir a otros estereotipos que asocian a los campesinos con salvajismo y brutalidad) la idea de que estos, si realmente mataron a los periodistas, habrían tenido sus propias razones, las mismas que prefirieron no revelar.

    El juicio subsiguiente en Lima encontró a ciertos oficiales indirectamente responsables por la masacre, pero al final ninguno fue sentenciado. Tres pobladores de Uchuraccay fueron encontrados culpables y sentenciados a varios años de prisión; nunca revelaron alguna evidencia adicional, y uno de ellos moriría de tuberculosis en la cárcel. La prensa continuó con sus especulaciones y, al final, cada peruano quedó con su propia versión de los hechos.

    Casi al terminar de escribir la versión inglesa de este libro, la verdad parecía esclarecerse. En el clima de diálogo propiciado por la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), los pobladores de Uchuraccay admitieron su responsabilidad directa en la muerte de los periodistas. Pero estuvieron lejos de avalar los argumentos "culturales" del informe de la Comisión Vargas Llosa, que insistía en una supuesta disposición innata de los campesinos a la violencia, la misma que habría sido, a su vez, resultado del "aislamiento" en que supuestamente habían estado viviendo desde los "tiempos prehispánicos". Por el contrario, los comuneros aludían a hechos recientes. Refirieron que la mayoría de los pobladores de Uchuraccay estuvieron convencidos, en efecto, de que los periodistas eran senderistas, principalmente por haber identificado como tal al guía que venía con ellos, a quien finalmente también asesinaron. Al momento de llegar los periodistas, añadieron, los comuneros ya estaban en guardia frente a Sendero, que en los últimos meses e incluso semanas había dado muerte a varias personas que se negaban a cumplir con sus dictados en Uchuraccay y en las comunidades vecinas. De singular gravedad resultaron ser las muertes cruentas que sufrieron las autoridades comunales, a quienes los senderistas ejecutaron en algunas ocasiones dinamitando sus cuerpos, en sus llamados "ajusticiamientos populares".Los comuneros, en una palabra, habían comenzado a tomar la justicia por sus propias manos, administrando sanciones severas que incluían la muerte contra los sospechosos de senderismo dentro y fuera de su comunidad; en ello fueron acompañados por otras comunidades de altura de Huanta que se negaban igualmente a someterse a los dictados de la agrupación maoísta. Los comuneros de Uchuraccay que dieron cuenta de estos hechos se disculparon en nombre de su comunidad en el contexto de las audiencias públicas llevadas a cabo por la CVR. Al mismo tiempo, sin embargo, denunciaron, por primera vez enfáticamente, que en los meses siguientes a la masacre de los periodistas su comunidad fue víctima de severas represalias por parte de Sendero Luminoso y en menor grado de los militares. Entre abril y diciembre de 1983, 135 uchuraccaínos perdieron la vida. La mayoría cayó víctima de Sendero. Otros fueron asesinados por los militares. Entre los primeros, según se informa, estuvieron todos los comuneros que tomaron parte en la muerte de los periodistas. Una lista con los 135 nombres se hizo pública por la CVR, dejando a la comunidad nacional, que hasta entonces había identificado la "tragedia de Uchuraccay" con la muerte de ocho hombres de prensa, con mucho en qué reflexionar.








    El juicio de Uchuraccay sacó a relucir otra realidad: el peso con el cual las marcas étnicas y lingüísticas definían el lugar de cada quien en la jerarquía social peruana




    Cuando ocurrió el asesinato de los periodistas, yo acababa de terminar mis estudios de bachillerato en Lima, y como tantas otras peruanas me sentía conmovida por estos sucesos. Las inquietudes que surgieron entonces en mí revivieron con particular intensidad unos años después, cuando fui a trabajar a la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, en la ciudad de Ayacucho entre 1986 y 1987. Allí comencé a indagar sobre la historia de los campesinos de Uchuraccay y de otras comunidades de altura en Huanta, una investigación cuyo resultado final es el presente libro.

    Me sumergí así en archivos y monografías locales en busca de referencias a los "iquichanos", nombre con el que la Comisión Vargas Llosa, siguiendo las etnografías e historias de Huanta, solía designar a las comunidades campesinas de altura de Huanta, entre ellas la de Uchuraccay. Uno de mis hallazgos más desconcertantes fue reparar que las fuentes etnográficas coloniales no mencionaban en absoluto a los iquichanos. Las referencias a ellos comenzaban a aparecer solo en el periodo republicano. Dichas fuentes, en especial las que se originan a fines del siglo XIX, retrataban a los iquichanos como descendientes de la llamada Confederación Chanka y les atribuían una tradición guerrera de confrontación con los incas. También subrayaban su "hostilidad para con los extraños" y su resistencia a someterse a las leyes del Estado.

    Con el tiempo, caí en la cuenta de que tales formulaciones, repetidas más adelante en el Informe Vargas Llosa, no reflejaban un conocimiento efectivo de la historia prehispánica o colonial de Huanta. Más bien, fueron elaboradas teniendo en mente un episodio más cercano: la rebelión que los campesinos de Huanta (de allí en adelante llamados iquichanos) emprendieron, en alianza con un grupo de oficiales y comerciantes españoles, hacendados mestizos y curas, contra la naciente república entre 1825 y 1828.10 Los rebeldes, actuando en nombre del rey Fernando VII, pretendían restaurar el orden colonial. Su máximo líder era Antonio Abad Huachaca, un arriero iletrado de las punas de Huanta de quien se decía que había llegado a ser general de los ejércitos reales. Y así, a medida que mi investigación avanzaba, me fui involucrando en la tarea de reconstruir la historia que doy cuenta en este libro: la de aquella rebelión monarquista y la posterior incorporación de los insurgentes a las estructuras políticas del estado republicano.

    Uno de los detalles que más llamó mi atención al empezar mis indagaciones en torno a la rebelión monarquista de Huanta fue la similitud entre las opiniones de los contemporáneos en 1825-1828 sobre el comportamiento de los campesinos realistas y aquellas de la prensa sobre el asesinato de los periodistas en Uchuraccay, en 1983: básicamente, la misma resistencia a aceptar que los campesinos habían actuado de modo propio. Si en 1983 fueron persuadidos por los militares, en 1826 lo habían sido por los españoles. Más aún, los historiadores que intentaron explicar la participación campesina en la insurrección monarquista se limitaron a reproducir las interpretaciones de sus observadores contemporáneos. Juan José del Pino, un historiador ayacuchano a quien por otra parte debemos la publicación de una cuidadosa selección de fuentes sobre rebeliones campesinas en Huanta, suscribió la teoría del "engaño" y de la ingenuidad de los campesinos: "estos ataques tuvieron lugar a causa de los engaños de un grupo de españoles capitulados en Ayacucho, que burlando la sencillez de los indígenas, les hacían creer en el arribo de una escuadra española a las costas y en el regreso de los jefes derrotados el 9 de diciembre".

    El punto débil en la interpretación de la rebelión de Huanta, sin embargo, rebasaba los confines de la historia local. Los propios historiadores "nacionales" no habían avanzado mucho más que los locales en la comprensión de las actitudes de los campesinos durante los conflictos de independencia y post independencia. Al mismo tiempo que Juan José del Pino escribía en Huanta el pasaje citado, el historiador José Agustín de la Puente y Candamo desarrollaba en Lima su interpretación nacionalista de la independencia. Reaccionando contra posturas que interpretaban la independencia peruana como un mero reflejo de las revoluciones francesas y norteamericana, De la Puente argumentó que esta germinó internamente, que fue el resultado de un proceso de toma de conciencia colectiva en el que confluyeron los distintos sectores sociales bajo el liderazgo de los criollos. Una historia prístina, un esquema donde cada sujeto social tenía asignado un lugar claro y fijo. Los criollos en la cúspide; indios, mestizos, negros y castas en la base, afirmando su voluntad de pertenecer al Perú. La identidad nacional era menos un problema a explorar que una verdad a ser predicada; bastaba con examinar las doctrinas y las buenas intenciones de ciertos criollos ilustres para encontrar a los héroes apropiados. La interpretación de la independencia de De la Puente devino en la más influyente de la década del sesenta. En este esquema, una investigación sobre los "indios realistas" no era de esperarse.

    Poco después de publicarse la segunda edición del libro de De la Puente en 1970, otra interpretación cobró ímpetu. Compartía con aquel la tesis de que la independencia tuvo raíces internas, pero incidía más en el liderazgo indígena y mestizo que en el criollo, y buscaba enfatizar la participación popular en general. Esta interpretación fue favorecida por el régimen militar del general Juan Velasco Alvarado, entre 1968 y 1975, que se caracterizó por una retórica nacionalista y antiimperialista; por una política pro campesina y por reescribir la historia peruana. Velasco hizo de Túpac Amaru II, el líder indígena de la mayor rebelión antiespañola en Hispanoamérica colonial, el ícono oficial de su gobierno. Se trataba de un gesto sin precedentes, pues Túpac Amaru había sido hasta entonces un personaje tabú en la historiografía oficial, principalmente debido a la naturaleza violenta de su rebelión y porque además de asesinar a españoles, también arremetió contra criollos. De manera tal que a lo largo del tiempo la figura de Túpac Amaru produjo incomodidad entre las élites criollas limeñas, y fue proscrita de sus registros históricos por más de un siglo. A mediados del siglo XX, la imagen de Túpac Amaru fue ganando creciente aceptación oficial a medida que su perfil de indio rebelde y sanguinario era "rehabilitado" por la historiografía; sin embargo, ningún presidente anterior había ido tan lejos como Velasco en elevar a Túpac Amaru a la categoría de héroe nacional y símbolo principal de la independencia.

    Más allá de sus visibles diferencias, las interpretaciones criollas y velasquista/indigenista de la independencia coincidían en entenderla como un proceso de "liberación nacional". Haciendo gala de un espíritu conciliador y con ocasión de las celebraciones del sesquicentenario de la proclamación de la independencia, los militares erigieron un monumento en un parque público de Lima al que rebautizaron como Parque de los Próceres. El monumento lucía grandes estatuas de "precursores" de la independencia, y entre ellas la (históricamente proscrita) efigie de Túpac Amaru.







    Para los nacionalistas, los campesinos habían sido los seguidores incondicionales de una vanguardia ilustrada; para los marxistas, "carne de cañón" o, a lo sumo, espectadores





    Desafiando a estos dos nacionalismos oficiales -el criollo y el indigenista-, una tercera interpretación de la independencia irrumpió a inicios de los años setenta. Fuertemente influenciada por el marxismo y la teoría de la dependencia, esta interpretación se expresó en un polémico artículo de los historiadores Heraclio Bonilla y Karen Spalding, publicado en 1972. Los autores sostenían que la independencia no fue -no pudo ser- el resultado de un proceso de toma de conciencia colectiva, como pretendía la historiografía oficial. En primer lugar, porque los criollos nunca estuvieron convencidos de la necesidad de independizarse: su porvenir y prestigio estaban íntimamente ligados a los de la corona, diferenciándose en ello de las élites criollas del Río de la Plata y de Nueva Granada, donde se habrían originado los primeros intentos separatistas. Además, los criollos peruanos temían los riesgos que implicaba la movilización de las poblaciones indígenas, que durante las anteriores rebeliones de 1780-1781, 1812 y 1814-1815 se habían radicalizado hasta rebasar sus expectativas. En segundo lugar, afirmaban Bonilla y Spalding, los indios tampoco pudieron haber sido agentes activos en el proceso de independencia, ya que aún no se recuperaban de la ola de represión que había seguido a la derrota de Túpac Amaru en 1781. Esta derrota, proseguía el argumento, ahondó la fragmentación y las "fisuras étnicas" que dividían a los campesinos y a los sectores populares en general. Por último, no era probable que los campesinos formaran alianzas con los criollos, de quienes recelaban tanto o más que de los españoles.

    Una élite carente de convicciones nacionalistas y unas clases populares que ni se identificaban con ellas ni plantearon opciones alternativas, sostuvieron Bonilla y Spalding, no podían ser las protagonistas de una independencia "concedida más que conquistada", "traída desde fuera'', y precipitada por los acontecimientos de la historia mundial: el colapso inevitable del Imperio español y la emergencia de Inglaterra como nueva potencia imperialista, ávida propulsora y colaboradora de los procesos de emancipación en las colonias hispanas de ultramar. Sin otra razón que el haber sido coaccionados, "indios, negros y mestizos lucharon indistintamente en las filas de los ejércitos patriotas y realistas".

    Los principales argumentos de Bonilla y Spalding distaban de ser novedosos. La idea de que la independencia vino al Perú "desde fuera'' era de dominio común a mediados del siglo XIX y comienzos del XX.19 Cuando De la Puente formuló su tesis de la independencia "desde dentro", lo hizo precisamente para refutar una antigua tendencia historiográfica que con todas sus diferencias enfatizaba lo contrario. Asimismo, la interpretación de Bonilla y Spalding era tributaria (aunque no lo admitieron explícitamente) de las reflexiones de José Carlos Mariátegui, el célebre pensador marxista de inicios del siglo XX. Adelantando una hipótesis que devendría crucial para la teoría de la dependencia, Mariátegui criticó la "alienación" y la falta de nacionalismo de las élites peruanas, llamando la atención sobre el rol de Gran Bretaña en la consecución de la independencia hispanoamericana y defendiendo la idea de que esta no trajo consigo transformaciones sociales ni cambios económicos. Una crítica similar de las clases altas había sido realizada anteriormente por el historiador José de la Riva-Agüero, vástago él mismo de la nobleza criolla que fustigaba.

    A pesar de sus diferencias, los historiadores nacionalistas y marxistas coincidían en asignar a los campesinos un rol pasivo. Para los nacionalistas, los campesinos habían sido los seguidores incondicionales de una vanguardia ilustrada; para los marxistas, "carne de cañón" o, a lo sumo, espectadores. Si en el primer caso su rol era el de colaborar y asentir, en el segundo la indiferencia debía atribuirse a su estrecha percepción del conflicto: "las masas indias no pudieron, no podían hacerlo, establecer una neta diferenciación entre un gobierno autónomo de los criollos y un gobierno colonial dependiente de la metrópoli".




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    La matanza de Uchuraccay y las múltiples interpretaciones de la Independencia peruana | Revista Ideele

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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Ahora que por fin he tenido la oportunidad de visitar el castillo del Real Felipe del Callao, compruebo cómo José de San Martín mandó destruir todos los escudos que tuvieran que ver con la representación española; escudos, por cierto, a los que él acababa de servir, ya que fue soldado español durante veintidós años, antes de abandonar a su ejército en plena invasión napoleónica, marchar a Inglaterra y de ahí a Sudamérica. Los idólatras sanmartinianos seguro que tienen alguna explicación desenfadada, pues según ellos, San Martín era defensor de una "hispanidad auténtica sin contaminación ilustrada" y bla,bla,bla (se dio cuenta 22 años después, reitero...); pero ante los hechos, sobran las palabras. Y definitivamente, he tenido más libertad y concordia discutiendo de estos temas con rojos que con fachas.

    Pero lo dicho: Facta, non verba. San Martín destruyó los escudos españoles. Destruyó sus escudos como soldado español que era. Destruyó al Perú. Destruyó todo, menos a sí mismo y al imperio británico a cuyos intereses con tanta devoción sirvió.



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  8. #48
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    El grave fracaso de Bolívar y de Sucre en el Perú se debió principalmente a la clase de élite de este país, así lo afirman algunos historiadores, que además agregan que Sucre le habría comentado en varias oportunidades al Libertador que tantos homenajes eran engañosos, y que muchos de la élite limeña deseaban el fracaso de Bolívar para correr a negociar con los españoles, ya que debido a la guerra, los negocios no prosperaban. Estas diferencias se profundizaron cuando el alto Perú es separado del resto del antiguo virreinato, para crear Bolivia. Los peruanos nunca le perdonarían esto ni a Bolívar ni a Sucre. Este es un Hecho Criollo.







    https://www.facebook.com/hechoscriol...type=3&theater

  9. #49
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    La república plebeya: Entrevista a Cecilia Méndez


    Publicado el 16 oct. 2014


    Entrevista a Cecilia Méndez

    Medio: La Mula

    Entrevistador: Javier Torres Seone

    Fecha: 24/09/2014





    https://www.youtube.com/watch?v=3oLRYNDj-8w

  10. #50
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    ¿Y qué pensaban otros independentistas de Simón Bolívar?


    José Bernardo de Tagle
    , IV marqués de Torre Tagle, Líder independentista y segundo presidente de la República del Perú opina sobre Simón Bolívar en este manifiesto que se presenta tal y como fue recogido en el periódico "La Gaceta de Madrid de 1824"


    "Bolívar es el mayor monstruo que ha existido sobre la Tierra, Es enemigo de todo hombre honrado, de todo el que se opone a sus miras ambiciosas"







    ______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/23052595029...322856/?type=3

  11. #51
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    LA PERUANIDAD DE LOS ARGENTINOS. por Patricio Lons



    LA PERUANIDAD DE LOS ARGENTINOS.

    Por Patricio Lons








    Un aspecto que los rioplatenses tenemos olvidado y que uruguayos y argentinos, bolivianos y paraguayos debemos reivindicar. También podría hacerlo Chile y Ecuador y todos juntos caminar por la unidad sudamericana, para conformarnos en una sola potencia bioceánica y antártica. Y entre todos enarbolar la causa de Malvinas como prende de unión entre nuestros pueblos.
    Estuvimos unidos desde 1542 hasta 1776. En esos años y como españoles peruanos, los rioplatenses vencimos a Francia en su intento de invadir Buenos Aires en 1655, a Dinamarca en 1702. Bajo el Pedro de Cevallos, gobernador del Río de la Plata, vencimos a Inglaterra en 1763 en Buenos Aires y en 1770 en Malvinas, con una flota que zapó desde Maldonado, provincia de Montevideo. El mismísimo Artigas nació peruano, pues vino al mundo antes de 1776. O para ser más precisos, nació súbdito de la corona, en el Virreinato del Perú, que se transformó en el virreinato del Río de la Plata siendo él muy joven. Pues todos éramos "católicos y súbditos del rey", gozábamos de una fuerte entidad, no teníamos gentilicios; estos aparecieron con las independencias y solo nos trajeron problemas siquiátricos y económicos. El Protector de los Pueblos Libres nació el 19 de junio de 1764 en Montevideo, Banda Oriental y entregó su alma al Creador el 23 de septiembre de 1850 en Asunción, Paraguay. Falleció sintiéndose argentino. Se sentía parte de esa Argentina inconclusa que quedó como un sueño incumplido hasta el presente.
    Hace 471 años fue creado el Virreynato del Perú. Un acontecimiento que deberíamos recordar.
    El 20 de Noviembre de 1542 el Rey Carlos I firmó las Leyes Nuevas, que incluían entre otras cosas la creación del Virreynato.
    El 28 de Julio de 1821 se recuerda como la fecha de la separación de España y a partir de entonces podemos ver el empobrecimiento del Perú. De emitir la moneda más poderosa que regía en todo el comercio del área Asia-Pacífico, a poseer veinte monedas distintas en veinte países separados y que se devalúan constantemente. Una vez que Cochrane le quita apoyo a San Martín, este abandona Lima, luego de entregarle el tesoro del Perú al almirante-espía inglés y de dejar a una nación antes rica, endeudada por generaciones con la banca inglesa. Por eso, viendo tantos desaciertos ¿No ha llegado la hora de preguntarnos que hacemos todos juntos y a la vez separados? ¿No ha llegado la hora de construir puentes entre nosotros y conformar una sola gran potencia que se pueda medir de igual a igual con quienes nos siguen queriendo despedazar desde afuera? ¡Hagámoslo una realidad antes que sea tarde y terminemos , chilenos y argentinos, perdiendo la Patagonia y la Antártida!!



    Futura Proyección?




    .: LA PERUANIDAD DE LOS ARGENTINOS. por Patricio Lons
    DOBLE AGUILA y Leolfredo dieron el Víctor.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
    𝕽𝖆𝖒𝖎𝖗𝖔 𝕷𝖊𝖉𝖊𝖘𝖒𝖆 𝕽𝖆𝖒𝖔𝖘

  12. #52
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    La verdad es que sería un puntazo. Lo cierto es que la balcanización es muy fuerte, pero el tipo tiene toda la razón.

    Cita Iniciado por ReynoDeGranada Ver mensaje
    LA PERUANIDAD DE LOS ARGENTINOS. por Patricio Lons



    LA PERUANIDAD DE LOS ARGENTINOS.

    Por Patricio Lons








    Un aspecto que los rioplatenses tenemos olvidado y que uruguayos y argentinos, bolivianos y paraguayos debemos reivindicar. También podría hacerlo Chile y Ecuador y todos juntos caminar por la unidad sudamericana, para conformarnos en una sola potencia bioceánica y antártica. Y entre todos enarbolar la causa de Malvinas como prende de unión entre nuestros pueblos.
    Estuvimos unidos desde 1542 hasta 1776. En esos años y como españoles peruanos, los rioplatenses vencimos a Francia en su intento de invadir Buenos Aires en 1655, a Dinamarca en 1702. Bajo el Pedro de Cevallos, gobernador del Río de la Plata, vencimos a Inglaterra en 1763 en Buenos Aires y en 1770 en Malvinas, con una flota que zapó desde Maldonado, provincia de Montevideo. El mismísimo Artigas nació peruano, pues vino al mundo antes de 1776. O para ser más precisos, nació súbdito de la corona, en el Virreinato del Perú, que se transformó en el virreinato del Río de la Plata siendo él muy joven. Pues todos éramos "católicos y súbditos del rey", gozábamos de una fuerte entidad, no teníamos gentilicios; estos aparecieron con las independencias y solo nos trajeron problemas siquiátricos y económicos. El Protector de los Pueblos Libres nació el 19 de junio de 1764 en Montevideo, Banda Oriental y entregó su alma al Creador el 23 de septiembre de 1850 en Asunción, Paraguay. Falleció sintiéndose argentino. Se sentía parte de esa Argentina inconclusa que quedó como un sueño incumplido hasta el presente.
    Hace 471 años fue creado el Virreynato del Perú. Un acontecimiento que deberíamos recordar.
    El 20 de Noviembre de 1542 el Rey Carlos I firmó las Leyes Nuevas, que incluían entre otras cosas la creación del Virreynato.
    El 28 de Julio de 1821 se recuerda como la fecha de la separación de España y a partir de entonces podemos ver el empobrecimiento del Perú. De emitir la moneda más poderosa que regía en todo el comercio del área Asia-Pacífico, a poseer veinte monedas distintas en veinte países separados y que se devalúan constantemente. Una vez que Cochrane le quita apoyo a San Martín, este abandona Lima, luego de entregarle el tesoro del Perú al almirante-espía inglés y de dejar a una nación antes rica, endeudada por generaciones con la banca inglesa. Por eso, viendo tantos desaciertos ¿No ha llegado la hora de preguntarnos que hacemos todos juntos y a la vez separados? ¿No ha llegado la hora de construir puentes entre nosotros y conformar una sola gran potencia que se pueda medir de igual a igual con quienes nos siguen queriendo despedazar desde afuera? ¡Hagámoslo una realidad antes que sea tarde y terminemos , chilenos y argentinos, perdiendo la Patagonia y la Antártida!!



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  13. #53
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    LA SEPARACIÓN DE LOS DOS PERÚS


    El antaño rico y esplendoroso Perú con Lima a la cabeza como ciudad modélica, fue de forma latente la región de Sudamérica con más influencia española, por lo tanto la última -exceptuando la isla de Chiloé- en resistir los ataques de los ejércitos secesionistas que llegaron de otras regiones ya emancipadas.

    Con millares de soldados ingleses en sus filas y prometiendo regímenes de libertades que los lugareños veían con desconfianza, los próceres utilizaron la estrategia militar de la pinza; un ejercito desde el norte y otro desde el sur acechaban al Virreinato.

    Al último Virrey Don José de la Serna (1821 – 1824) le tocó enfrentar la guerra final, contra José de San Martín y contra Simón Bolívar. Así pues, el 9 de diciembre de 1824, tras la batalla de Ayacucho se decretó de forma forzosa la independencia.

    Mientras tanto en el bajo Perú el general Don José Miguel Lanza, declarado masón, proclama en la Paz la independencia el 25 de enero de 1825, no sólo de la metrópolis ibérica sino también del otro Perú. Al ser regímenes instaurados mediante las armas e imponiéndose la consigna “Divide y Vencerás” el malestar era generalizado; se vivió un periodo de agitación, revolución y anarquía; las guerras civiles y los golpes de estado se produjeron de forma constante.

    En medio de tanto desorden y como un acto de poder para conseguir la asimilación de las nuevas ideas republicanas y liberales entre los lugareños, al bajo Perú se le dio el nombre de República de Bolívar y más tarde Bolivia, del mismo modo a la Ciudad de la Plata la rebautizaron como Sucre, el nombre de otro prócer de la independencia.

    La idea de Simón Bolivar de una gran confederación de países hispanoamericanos se vió frustrada y después de haber sido dictador del Perú con mano de hierro lo abandonó en 1827. Guerrillas realistas al grito de “Viva el Rey” aparecían y reaparecián hasta bien entrada la década de 1830.

    Don Andrés de Santa Cruz, presidente del Perú en 1836 y considerado el mejor presidente de la época, quiso solventar la situación formando la unión federada Perú-Bolivia, pero la federación sólo duró apenas tres años. Los intereses extranjeros en Sudamérica eran otros, y mediante redes de influencia imponían las rupturas, no les beneficiaba naciones fuertes unidas.

    El lema “Unión y Fuerza” de los Reyes Católicos, primeros unificadores de América, fue suplantado por el antes citado “Divide y Vencerás” de la astucia inglesa.

    Hoy Bolivia es un estado más pobre del continente y sin salida al mar ¿Había alguna necesidad de eso?






    Dos estados, dos banderas, una misma población. Divide y Vencerás.









    Don Andrés de Santa Cruz, presidente del Perú en 1836





    ______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/SomosHijosD...11011942352175

  14. #54
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    CONFERENCIA DE PUNCHAUCA / 2 de junio de 1821 (testimonio de Tomás Guido)

    2 de junio de 2013 a las 16:48



    “Se acordó en la misma ocasión que, ratificado que fuese el armisticio, los generales la Serna y San Martín, acompañados de sus respectivos diputados y demás personas que convinieren, tuviesen una entrevista en el día y lugar que se designare, “para que vencidas las dificultades que por una y otra parte se presenten, decíase, procedan inmediatamente a ajustar el armisticio definitivo”. Habiéndose seguido las negociaciones sin interrupción en los términos de una cordial franqueza, invitaron los diputados independientes a los de la junta, el 30 de Mayo para que, de conformidad a lo acordado, tuviese lugar en la mañana del siguiente día, en la misma hacienda de Punchauca, la proyectada entrevista de los generales; anunciando al propio tiempo que el General San Martín “estaba dispuesto a concurrir a ella acompañado del jefe del Estado Mayor del Ejército de su mando, de dos jefes superiores, un ayudante de campo, un oficial de ordenanzas y cuatro soldados, la misma comitiva que el señor Don José de la Serna podía designar si gustase”.

    La invitación fue en el acto aceptada. Mas sólo el 2 de Junio, a causa de una indisposición del Virrey, pudieron avistarse los campeones en cuyas manos estaba entonces la suerte del Perú. Desde el día 19, el General San Martín se puso en marcha para el lugar de la cita. Formaban su séquito los renombrados coroneles Las Heras, Paroissien, Necochea; los tenientes coroneles Spry, Raullet y cuatro ordenanzas: En el Campo de Carabayllo, a las cinco de la tarde, encontráronle sus diputados a quienes se había agregado el General Llano y el Capitán Moar. Juntos se dirigieron al punto convenido. El día 2, a las 3 y tres cuartos, salieron a recibir al Virrey del Perú -y General en jefe del ejército del Rey- Llano, Las Heras, Paroissien, Necochea, Guido y Don Juan García del Río. Avistáronse con él al sur de Huacoy; venía acompañado del General la Mar, el Brigadier Monet, el de igual clase Canterac, famoso por su denuedo y constancia, y los tenientes Coroneles Landázuri, Ortega y Camba, el inteligente militar a cuyas memorias hemos apelado y apelaremos todavía en el curso de esta relación. La comitiva, escoltada por cuatro dragones españoles, llegó a las 3 y cuarto a Punchauca. Al aproximarse a la casa donde se le aguardaba, el general San Martín adelantóse al vestíbulo, y al estar al habla con los que venían y que se habían agrupado, preguntó con aire placentero quién de aquellos señores era el General la Serna. Este distinguido caballero español, de gallarda presencia y nobles modales, que traía oculta debajo de la sobrecasaca la banda carmesí, distintivo de su autoridad, diósele a conocer. Entonces se acercó a su caballo, y luego que el virrey puso el pie en tierra, lo abrazó estrechamente, saludándole con estas afectuosas palabras: - “Venga para acá; están cumplidos mis deseos, general, porque uno y otro podremos hacer la felicidad de este país.” La Serna le correspondió con igual cordialidad, y ambos del brazo entraron al salón, precedidos de aquellos briosos militares que por primera vez se contemplaban con mutua admiración y respeto. La primera media hora se pasó en tomar algunos refrescos y en esa conversación franca y animada, usual entre los hombres de armas de origen distinguido y culta educación. “Los protagonistas de esta escena, apartáronse durante algunos minutos y conferenciaron a solas. En seguida San Martín invitó a la Serna, los jefes principales y ambas diputaciones, a pasar a la pieza inmediata, en donde se reunieron presididos por uno y otro personaje. Entonces el general del Ejército Unido tomó la palabra, y dirigiéndose al caudillo español, le dijo con voz firme estos o idénticos conceptos: “General, considero este día como uno de los más felices de mi vida. He venido al Perú desde las márgenes del Plata, no a derramar sangre, sino a fundar la libertad y los derechos de que la misma metrópoli ha alarde al proclamar la constitución del año 12, que V.E. y sus generales defendieron. Los liberales del mundo son hermanos en todas partes, y si en España se abjuró después esa constitución, volviendo al régimen antiguo, no es de suponerse que sus primeros cabos en América, que aceptaron ante el mundo el honroso compromiso de sostenerla, abandonen sus más íntimas convicciones, renunciando a elevadas ideas y a la noble aspiración de preparar en este vasto hemisferio un asilo seguro para sus compañeros de creencias. Los comisionados de V.E., entendiéndose lealmente con los míos, han arribado a convenir en que la independencia del Perú no es inconciliable con los más grandes intereses de España, y que al ceder a la opinión declarada de los pueblos de América contra toda dominación extraña, harían a su patria un señalado servicio, si fraternizando con un sentimiento indomable, evitan una guerra inútil y abren las puertas a una reconciliación decorosa.

    Pasó ya el tiempo en que el sistema colonial pueda ser sostenido por la España. Sus ejércitos se batirán con la bravura tradicional de su brillante historia militar. Pero los bravos que V.E. manda, comprenden que aunque pudiera prolongarse la contienda, el éxito no puede ser dudoso para millones de hombres resueltos a ser independientes; y que servirán mejor a la humanidad y a su país, si en vez de ventajas efímeras pueden ofrecerle emporios de comercio, relaciones fecundas y la concordia permanente entre hombres de la misma raza que hablan la misma lengua, y sienten con igual entusiasmo el generoso deseo de ser libres. No quiero, general, que mi palabra sola y la lealtad de mis soldados, sea la única prenda de nuestras rectas intenciones. La garantía de lo que se pactare, la fío a vuestra noble hidalguía. Si V.E. se presta a la cesación de una lucha estéril y enlaza sus pabellones con los nuestros para proclamar la independencia del Perú, se constituirá un gobierno provisional, presidido por V.E., compuesto de dos miembros más, de los cuales V.E. nombrará el uno y yo el otro; los ejércitos se abrazarán sobre el campo; V.E. responderá de su honor y de su disciplina; y yo marcharé a la península, si necesario fuere, a manifestar el alcance de esta alta resolución, dejando a salvo en todo caso hasta los últimos ápices de la honra militar, y demostrando los beneficios para la misma España de un sistema que, en armonía con los intereses dinásticos de la casa reinante, fuese conciliable con el voto fundamental de la América independiente”. “Aludiendo García Camba en sus memorias a esta proposición, que presenta en resumen, dice con picante llaneza: “Apoyada por el comisionado regio y sus dos socios Llano y Galdiano, en contravención de un artículo de las instrucciones reales, puso al virrey en embarazo para salir con habilidad de aquella verdadera Zalagarda”. “El hecho es que la Serna, sus diputados y sus jefes, escuchaban las palabras de San Martín con signos inequívocos de contentamiento y calurosa aprobación; y sin poder el primero disimular su obsecuencia a los designios que acababan de exponérsele, aplazó discretamente, en una alocución concisa y expresiva, el tomar en negocio de tanta trascendencia una resolución definitiva, prometiendo contestar en el corto espacio de dos días.

    “Transportes de gozo y la fraternización más completa siguieron a esta escena. Adelantándose la imaginación a los sucesos, se entró luego a discurrir sobre el día y la forma en que las tropas de los dos ejércitos, reunidos en la plaza de Lima, deberían concurrir a solemnizar el acto de la declaración de la independencia peruana. Avenidos en estos puntos y de acuerdo en la traslación de la comisión pacificadora de Punchauca a Miraflores, para mayor facilidad en las comunicaciones, convirtióse la casa en la gran tienda de un cuartel general, en que americanos y españoles se felicitaban con efusión por el término de una guerra obstinada y por la perspectiva del más risueño porvenir. “A las cinco de la tarde se sirvió una mesa frugal a cuya cabecera se sentaron los dos famosos caudillos, quienes, a juzgar por su radiante alegría, habían completamente olvidado su rivalidad y la distinta ruta a que les empujaba la fortuna. El buen humor, una expansión entusiasta, reinaron durante el rústico banquete. Los jefes que lo presidían se saludaron con expresiones significativas y corteses. Pidió seguidamente la palabra el general La Mar, inspector general de infantería y caballería del ejército español, y después de una corta alocución llena de fuego y del sentimiento americano que desbordan en su pecho, bebió una copa al venturoso día de la unión y a la solemne declaración de la independencia del Perú. El General Monet, circunspecto y moderado, salió de su gravedad habitual y parado sobre la silla para mejor hacerse escuchar, siguió el mismo tema, excitando con los más ardorosos conceptos a festejar aquella memorable jornada. Los oficiales y los comisarios del ejército unido, no cedieron, como es de imaginarse, en la vehemente manifestación de sus votos, a ninguno de sus émulos del ejército real, y el festín convirtióse al cabo en una serie de libaciones entusiastas a la libertad y a la independencia peruana. En un intervalo, San Martín me llamó aparte y me abrazó con calor. Terminada la comida, que fue corta, el Virrey y su séquito se despidieron con señaladas muestras de congratulación, quedándose el general San Martín en Punchauca, de donde a poco tiempo regresó a su campo, mientras sus diputados se preparaban a trasladarse al nuevo alojamiento que se había convenido en las inmediaciones de la capital.”



    EN: HALL, Basil. "Extracts from a Journal, written on the coasts of Chili, Peru and Mexico, in the years 1820, 1821, 1822". 2 vols. Edimburgo: Archibald constable and Robinson Hurst, 1825, p 19. Tomado de: Casa Hacienda Santiago de Punchauca











    ______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/notes/rinc%...82995391741005

  15. #55
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Comentarios relvantes en la misma publicación de Facebook:

    ______________________________________________

    El plan económico que le presentan a de la Serna, de libertad económica y de grandes emporios es igual al que presentó Beresford en Buenos Aires en 1806 y que impuso Martínez de Hoz en 1976 y que continúa hasta el día de hoy, una utopía que terminó con la riqueza del Perú y lo convirtió en un país atrasado. A poco de la rendición en Ayacucho en 1824 y de firmar en 1825 el Tratado de comercio y navegación entre Perú e Inglaterra, la economía peruana se contrajo 15 QUINCE, veces y los testimonios de 1826 describían ala otrora próspera Lima como una ciudad empobrecida con el carácter encanallecido de sus ciudadanos que porfiaban por salvarse el que pudiera.


    Incluso en esta reunión participó el espía inglés, dr Paroissien y el coronel Spry, también inglés.
    En 1819, arribaron al Perú, dos contingentes de soldados ingleses, un total de dos mil hombres veteranos de la guerra contra Francia, fuertemente equipados y con armas para el ejército de San Martín.


    El resultado concreto, más allá de las intenciones de los hombres, es que de ser una potencia en el continente y en el Pacífico, con la moneda más poderosa del mundo, el Real de a 8, nos convertimos en más de veinte estados sin destino y en continuo empobrecimiento y esquilmados por políticos desde hace dos siglos, con honrosas excepciones que no se pudieron mantener.

    _________________________________________________
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  16. #56
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    El épico final del Imperio español en Sudamérica: los últimos defensores de Perú

    El gallego José Ramón Rodil resistió a la espera de refuerzos desde la Península durante casi dos años en la Fortaleza del Real Felipe del Callao, que vivió entre sus muros la muerte o deserción de 2.424 de los 2.800 soldados que la defendían




    Capitulación de Ayacucho, óleo del pintor peruano Daniel Hernández.


    César Cervera - C_Cervera_M 04/01/2017 01:45h - Actualizado: 04/01/2017 16:14h. Guardado en: Historia



    El triste epílogo a las guerras de emancipación contra el Imperio español del siglo XIX fue, como es habitual, un baño de sangre. El escenario fue el Callao, en el Virreinato de Perú, que a diferencia de Nueva Granada y de Río de la Plata, se mantuvo al principio inmune a la fiebre independentista que se extendió por América. La mayor presencia de peninsulares que en otros territorios, la escasa implantación del espíritu independentista y la capacidad de mando de los sucesivos virreyes convirtieron el lugar en una roca en el camino de los rebeldes.

    Para someter Perú fue necesaria la acción conjunta de las fuerzas de Bolívar y de San Martín. Así, solo en julio de 1821 el virrey José de la Serna ordenó evacuar Lima, dando vía libre a que San Martín proclamara la independencia de Perú. Y aún cambiaría de manos varias veces la capital hasta que, con las fuerzas españolas al límite, llegó la batalla de Ayacucho y con ella la derrota del contingente militar realista más importante que seguía en pie.

    En paralelo a los sucesos de Ayacucho, todavía hubo una última guarnición que acometió una resistencia casi suicida. José Ramón Rodil y Campillo y los últimos españoles del Perú se atrincheraron en la Fortaleza del Real Felipe del Callao, construida inicialmente para defender el puerto contra los ataques de piratas y corsarios.





    Óleo de la batalla de Ayacucho, una obra de Martín Tovar y Tovar- Wikipedia



    Un leónidas moderno en Perú

    Lima y la fortaleza en el Callao habían sido recuperadas por los españoles meses antes del desastre de Ayacucho, coincidiendo con uno de los pocos periodos de la guerra favorables a los intereses realistas. El general Monet al frente de las fuerzas realistas había entrado de nuevo en la capital el 25 de febrero de 1824 y designó al brigadier José Ramón Rodil como jefe de la guarnición del Callao. Lo hizo, claro, sin sospechar que este oficial gallego iba a protagonizar una resistencia de tintes épicos.

    Lima fue abandonada tras la batalla de Junín. Se esperaba que los españoles del Callao tomaran el mismo camino tras la capitulación de Ayacucho, pero Rodil y sus 2.800 soldados se negaron a rendirse ante la perspectiva de que aún podría recibir pronto refuerzos de España.







    Rodil incluso se negó a recibir a los enviados del virrey la Serna, derrotado en Ayacucho, porque los consideraba poco menos que desertores. Tampoco quiso escuchar el 26 de diciembre a los representante de Simón Bolívar, quienes daban por hecho que el español iba a rendir la fortaleza en cuanto se enterara de los generosos términos de la capitulación.

    El gallego creía que el suyo era un viaje sin vuelta atrás. La entrada de Bolívar en Lima provocó la huida masiva de la población de españoles peninsulares y de los leales a la Corona hacia el Callao. 8.000 refugiados convirtieron el Callao en el último bastión español en Sudamérica y en la última esperanza de recuperar estos territorios.

    El asedio de las tropas libertadoras, unos 4.700 soldados, dirigidas por el venezolano Bartolomé Salom, se inició en forma de bombardeo con artillería pesada al puerto del recinto amurallado. Se calcula que en los dos años que duró el sitio se dispararon 20.327 balas de cañón, 317 bombas e incontables balas. Al ataque aéreo y terrestre, se sumó también el bloqueo naval de las flotas combinadas de la Gran Colombia, Perú y Chile.

    A pesar de contar con menos hombres armados y pocos recursos, los españoles tenían varias cosas a su favor. José Ramón Rodil contaba entre sus filas con los regimientos veteranos Real de Lima y Arequipa, así como una de las fortaleza más grandes de todo el continente. Las murallas y las minas enclavadas en la roca hacían imposible un asalto por tierra, mientras que el bastión artillado mantenía la flota combinada a distancia.

    Asimismo, la veteranía de su comandante jugaba a favor de las fuerzas realistas. Nacido en Lugo el 5 de febrero de 1779, Rodil había combatido contra Napoleón y luego había saltado a Sudamérica, donde prestó importantes servicios en Talca, Cancharrayada y Maipo. Además de cicatrices, el gallego coleccionaba múltiples condecoraciones por el valor desplegado.





    Plano de la fortaleza del Real Felipe, en Callao



    Sin posibilidad de hincarle el diente a la fortaleza, los ejércitos libertadores mantuvieron el bombardeo día y noche en un intento por dejar que la fruta cayera por su propio peso. Desde el principio se hizo latente la dificultad de alimentar a una población civil de miles de refugiados, así como el mantener un régimen casi carcelario para evitar las deserciones entre las filas españolas. En un solo día Rodil fusiló a 36 conspiradores, entre ellos a un muchacho andaluz muy popular por sus chanzas.

    En un informe fechado el 26 de setiembre de 1825, Hipólito Unanue escribió a Simón Bolívar el estado del sitio, convertido en una prisión tanto dentro como fuera de la fortaleza:

    «Rodil sigue defendiéndose obstinadamente y no pasa día sin que se haga fuego fuerte contra él. Por su parte tiene una vigilancia enorme y apenas ve que se pasa alguno del pueblo o que se trabajó en la línea, cuando cubre de balazos el sitio, así es que no se pasan de miedo muchos que desean hacerlo.


    Los enemigos fueron la hambruna y las epidemias

    La hambruna, las malas condiciones sanitarias y las epidemias crecieron al mismo ritmo que la carne de rata disparaba su precio en el mercado negro. Es por ello que Rodil envió hacia el frente enemigo a aquellos civiles cuya presencia no era importante en el campo militar. Ante esta estrategia los libertadores empezaron a rechazar las oleadas de civiles con plomo y pólvora, sabiendo que el hambre era el mejor arma para sacar a los españoles de su castillo. Muchos refugiados se vieron atrapados entre ambos fuegos.





    Retrato de Bartolomé Salom



    Solo cerca del 25% de los civiles lograron sobrevivir al asedio de dos años. El escorbuto, la disentería y la desnutrición fueron rebajando el número de defensores cada día de resistencia. No así la determinación de Rodil, que únicamente aceptó rendirse cuando la situación adquirió una atmósfera extrema. A principios de enero de 1826, el coronel realista Ponce de León desertó y, poco después, le siguió el comandante Riera, gobernador de una de las secciones fortificadas, el Castillo de San Rafael. Ambos conocían al detalle el entramado defensivo establecido por Rodil y así se lo desvelaron a los líderes libertadoras. Ponce de León, además, era amigo próximo de Rodil, lo que supuso una doble traición.

    Sin comida, con la munición cercana a terminarse, y sin noticias de que fueran a llegar refuerzos desde España; Rodil accedió a negociar con el general venezolano poco después de las ilustres deserciones. El 23 de ese mes, tras dos años de resistencia, los españoles entregaron la fortaleza en condiciones que permitieron conservar la honra y la vida a los defensores. O al menos a los supervivientes. Solo unos 376 soldados lograron salir con vida de aquellos dos años extremos, salvando las banderas de los regimientos Real Infante y del Regimiento de Arequipa.

    La vida de Rodil también fue respetada, entre otras cosas porque el propio Bolívar salió en defensa del español: «El heroísmo no es digno de castigo».



    El regreso de «un español de puro bestia»

    España se había olvidado de los últimos defensores de Sudamérica cuando éstos combatían, pero al regreso a la península algunos de ellos fueron recompensados por su gesta. José Ramón Rodil fue nombrado Mariscal de Campo y se le otorgó en 1831 el título nobiliario de Marqués de Rodil por su actuación en Perú. No obstante, su consideración de estratega quedó en entredicho con varias derrotas en la Primera Guerra Carlista. Su carrera política finalizó a consecuencia de su antagonismo con Baldomero Espartero. En 1815, Espartero auspició que Rodil fuera juzgado por un consejo de guerra y le retiran sus honores, títulos y condecoraciones.

    ¿Qué motivó su obstinada resistencia el Callao?, siguen preguntándose hoy sus detractores. El desaparecido político peruano Enrique Chirinos citó, en una de sus obras históricas, un conocido verso para definirlo: fue «un español de puro bestia». Eso y que realmente confiaba, hasta el verano de 1825, en que desde la Península se enviaría una fuerza de reconquista. Controlar aquella posición estratégica era clave para tener un punto de desembarco en América. Cuando se dio cuenta de que la ayuda nunca llegaría dejó de dormir y apenas comía ante el temor, tal vez, de que todo su esfuerzo al final iba a ser en vano.




    ______________________________________

    Fuente:

    El épico final del Imperio español en Sudamérica: los últimos defensores de Perú

  17. #57
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Metáfora y realidad de la independencia en el Perú [Mesa verde de discusión]

    Publicado el 24 nov. 2016

    El viernes 11 de noviembre se presentó la mesa verde de discusión sobre el libro “Metáfora y realidad de la independencia en el Perú”, del historiador Heraclio Bonilla.





    https://www.youtube.com/watch?v=61my...&feature=share

  18. #58
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Antonio Huachaca, el indio que llegó a general del Ejército Real del Perú

    Publicado hace 1 semana - Jorge Alvarez





    Dice el aforismo que si la conquista de América fue una guerra civil indígena, los procesos independentistas que dieron lugar a los países iberoamericanos actuales nacieron de una guerra civil entre españoles.





    Bandera realista/Imagen: CLAMOR



    Y, efectivamente, en aquellos procesos emancipatorios los indios jugaron un papel secundario, más como porteadores que como combatientes. No obstante, y frente a otros grupos étnicos o raciales, en general tendieron a mantenerse al lado de las autoridades virreinales, conscientes de que éstas constituían, con su cobertura legal, el único paraguas protector ante el despojo que, imaginaron, traerían las ambiciosas oligarquías criollas.

    Aún así sorprende el hecho de que un humilde campesino quechua alcanzara el grado de general del ejército realista. Se llamaba Antonio Huachaca.

    Sus sencillos orígenes hacen que esa primera parte de su biografía deba hacerse a base de muchas conjeturas. Así, se ignora la fecha exacta de su nacimiento, situándose éste en el último cuarto del siglo XVIII, en la localidad de San José de Iquicha, en el actual departamento de Ayacucho, por entonces integrado en el Virreinato del Perú.

    Una tierra agreste y dura que ya en tiempos prehispanos presentó denodada resistencia al dominio inca y que luego fue escenario de varias insurrecciones, antes y después de la emancipación, así como área de operaciones del grupo terrorista Sendero Luminoso, ya en la segunda mitad del siglo XX.

    Al parecer, Huachaca era un simple arriero carente de recursos que ni siquiera sabía leer y escribir, pero que pertenecía a ese grupo selecto de personas que irradian un carisma especial capaz de ganarse el afecto y la devoción de la gente, sobre todo la de los más desfavorecidos económicamente.

    De hecho, los primeros datos concretos, fechados en 1813, le situan liderando a los descontentos con los abusivos impuestos decretados por el intendente iqueño, que desobedecía así la orden emanada de las Cortes de abolir el tributo indígena y la minka (una versión de la mita que consistía en la prestación laboral obligatoria gratuita para la ejecución de obras publicas) como represalia por los disturbios ocurridos el año anterior entre liberales y absolutistas, en los que los indios apoyaron la autoridad real.

    Al año siguiente se produjo la llamada Rebelión de Cuzco; esta intendencia, junto a las de Puno, Arequipa, Huamanga y parte de Charcas, se alzó contra el virrey José Fernando de Abascal y Sousa en apoyo de la Junta de Buenos Aires, exigiendo la formación de una diputación autónoma, tal como mandaban las Cortes, y que el tribunal de la Real Audiencia del Cuzco desoyó encarcelando a los participantes.





    El virrey Abascal/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons



    Éstos estaban liderados por los hermanos José, Vicente y Mariano Angulo, miembros del cabildo cuzqueño, que tuvieron que huir y unirse al cacique Mateo Pumacahua para formar una junta y un ejército con el que tomaron La Paz, Huamanga y Arequipa. El movimiento terminó en marzo de 1815, duramente reprimido por las tropas del general José de la Serna, a cuyas órdenes se puso Antonio Huachaca como comandante de milicias, actuando con tácticas guerrilleras. Su natural habilidad para la estrategia, superando las carencias materiales con que contó, llevó a que se le ascendiera a general de brigada.

    Fue la primera vez que tuvo ocasión de demostrar su valía militar pero no la última porque con la situación en España, el país ocupado por los franceses primero y las luchas entre Fernando VII y los liberales después, llegó la ocasión que esperaban los criollos para iniciar los procesos independentistas.

    En un primer momento la región de Huamanga se convirtió en escenario de enfrentamientos entre tropas irregulares de uno y otro bando, pero luego, en 1820 se creó el Ejército Unido Libertador del Perú, constituído por fuerzas autóctonas que se engrosaron con otras procedentes del Río de la Plata, Chile y la Gran Colombia, y a cuyo mando estaba José de San Martín, que poco a poco fue arrinconando al Ejército Real del Perú.

    Pero aún faltaba por librarse un sangriento enfrentamiento conocido como la Guerra de Iquicha, que estalló en 1825 por el descontento de los campesinos indios de esa zona, que por su apoyo a los realistas fueron castigados por el mariscal Sucre a pagar un impuesto especial que se sumaba al restablecido tributo indígena y a las políticas liberales de sustituir las tierras comunales por una parcelación individual, algo ajeno a los conceptos indios.

    Asimismo, la región de Huamanga (Ayacucho) era el lugar donde se refugiaban los restos de los simpatizantes realistas: exmilitares, curas, comerciantes expoliados… Un grupo muy heterogéneo que encontró una causa común con la corona española y la religión como símbolos y el descontento como aglutinante. Para empeorar las cosas aparecieron los guerrilleros morochucos.

    Éstos eran una especie de gauchos, jinetes dedicados a la cría de ganado que apoyaron tradicionalmente los intentos emancipadores para evitar que el gobierno les incautase sus reses para alimentar a los soldados, de manera que el conflicto adquiría tintes muy complejos, con el extra del clásico choque entre agricultores y ganaderos.





    El general Santa Cruz/Imagen: José Gil de Castro en Wikimedia Commons



    En enero de 1825 Antonio Huachaca puso en pie de guerra a varios miles de indios, con numerosa caballería pero pocas armas de fuego, a pesar de lo cual logró evitar el intento de detenerlos del gobierno. En junio pasaron al ataque y asaltaron Huachaca y Huantayo, incrementando sus efectivos con la adhesión de los Húsares de Junín, aunque fracasaron en el intento de entrar en Ayacucho. La represión llevada a cabo por el general Andrés de Santa Cruz fue brutal, con ejecuciones sumarias, exterminio de ganado e incendio de viviendas, obligando a los guerrilleros a huir a las montañas.

    Parecía que todo había terminado pero en noviembre de 1827 descendieron de nuevo para seguir luchando dirigidos por Antonio Huachaca, haciendo una incursión en Huanta para después dirigirse a Ayacucho, desde donde pensaban desarrollar una campaña de conquista de las principales ciudades para restaurar la monarquía hispana.

    Al grito de ¡Viva el Rey! y enarbolando una bandera con la cruz de Borgoña, Huachaca, que había sido nombrado Gran Jefe de la División Restauradora de la Ley, se lanzó sobre Ayacucho… y volvió a fracasar ante la defensa cerrada de su guarnición. Un par de derrotas más supusieron el final definitivo; poco a poco todos los oficiales fueron cayendo presos o muertos y, ya sin defensa, los indios empezaron a ser exterminados a sangre fría ; sólo unos pocos lograron sobrevivir escondidos en los cerros.

    En agosto de 1828 aún librarían una batalla desesperada en Uchuracayy, armados sólo con ondas y lanzas, en la que perdió la vida Prudencio, el hermano de Antonio. Éste pudo escapar a caballo de la masacre, si bien su mujer y su hijo cayeros presos.

    A lo largo de los años siguientes, con la cabeza puesta precio y mientras los indígenas seguían rebelándose esporádicamente (ya en clave estrictamente nacional), Huachaca tuvo que permanecer en la clandestinidad. En 1834 estalló la guerra civil entre los liberales de Orbegoso y los conservadores de Gamarra; ambos intentaron atraerse a las milicias indias de Huanta, consiguiéndolo el primero, que fue quien finalmente se hizo con la presidencia.

    Orbegoso había mantenido comunicación con Huachaca pero nunca llegaron a encontrarse porque éste no se fiaba de él (no lo hacía de ningún republicano), aunque a cambio se le ofreció educación para su hijo.





    Luis José de Orbegoso/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons



    El otrora general del Ejército Real todavía participaría en una nueva guerra que duró de 1836 a 1839: la de la Confederación Peruano-boliviana, una institución que se veía como continuación de la monarquía y en la que pasó de ejercer de juez de paz y gobernador de Carhuaucran (además de ostentar el cargo honorífico de Jefe Supremo de la República de Iquicha) a obtener una brillante victoria en la batalla de Campamento-Oroco cayendo sobre el enemigo de improviso usando una tormenta para acercarse sin ser detectado.

    El Tratado de Yanallay puso fin a las hostilidades pero mientras Tadeo Chocce (otro indio que hizo carrera militar, llegando a coronel, aunque éste no era analfabeto) aceptó firmarlo, Huachaca se negó porque era reoconocer la derrota, por lo que cambió su nombre (pasó a llamarse José Antonio Navala Huachaca, en honor de Sucre y de la marina peruana) y marchó al exilio en la región selvática de Apurímac, donde fallecería en 1848. Hoy está enterrado en su Iquicha natal, en el altar mayor de la iglesia, y es considerado un héroe por la comunidad indígena.




    Fuentes: La oposición de los indios a la república peruana. Iquicha 1827 (Heraclio Bonilla) / La reindianización de América, siglo XIX(Leticia Reina, coordinadora) / De la guerra a la rebelión (Huanta, siglo XIX)(Patrick Husson) / Wikipedia.






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    Fuente:

    Antonio Huachaca, el indio que llegó a general del Ejército Real del Perú

  19. #59
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Durante las Guerras de Independencia el 62% del total del Ejercito Realista o Patriota estaba compuesto por peruanos, 15% eran rioplatenses, 11% chilenos y solo un 12% eran europeos. Mientras que los peruanos en el Ejercito Independentista eran solo un 18% del total.




    ______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/16918322777...type=3&theater

  20. #60
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Crónica: miles de peruanos se manifiestan contra la “Ideología de Género” y bajo la Cruz de Borgoña

    5 de Marzo de 2017 Acción familia / hispanidad / ideologia de genero / internacional / peru





    Pasadas las 2:00 p.m. miles de Peruanos iniciaron una marcha en contra de la denominada “ideología de género” que el Ministerio de Educación ha añadido en el Currículo Nacional Escolar.

    En Lima, la movilización partía desde cuatro puntos y el lugar de encuentro era la plaza San Martín. La marcha contó con la presencia de la Iglesia Católica y con sacerdotes a la cabeza de la misma, también contó con la presencia de La hispanidad, manifestada por las Aspas de Borgoña y los colores virreinales durante la marcha por la familia: “Con mis Hijos no te metas”. Defendiendo los valores tradicionales contra la ideología de género.

    Manifiesto del Perú exigiendo la erradicación de la “Ideología de Género”.https://www.facebook.com/conmishijos...type=3&theater



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    Fuente:

    Crónica: miles de peruanos se manifiestan contra la “Ideología de Género” y bajo la Cruz de Borgoña – Ahora Información

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