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Tema: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

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    ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    “La historia es un dato de la realidad. No se puede decir no existe, sino que además, el pasado es una dimensión temporal que no está separada del presente. Ambos están conectados y en ocasiones se confunden, se amalgaman y por ello es fundamental escuchar sus ecos”.
    Sin memoria histórica no hay identidad en el presente, porque en la memoria se basa la identidad de los individuos y los pueblos.

    ¿La independencia Peruana una imposición foránea?
    En 1972 los historiadores Heraclio Bonilla y Karen Spalding, al publicar el trabajo tan original “La Independencia en el Perú : Las palabras y los hechos” en la obra colectiva publicada por el Instituto de Estudios Peruanos “ La Independencia en el Perú” (Lima: I.E.P ediciones, 1972), que presenta trabajos tanto o más novedosos y trascendentes como los de Pierre Chaunu, Tulio Halperin Donghi, E. J. Hobsbawm y Pierre Vilar) , causaron una gran conmoción en el ámbito intelectual vinculado al campo histórico al sostener que el proceso de la “Separación del Virreynato del Perú del Reino de Las Españas” fue determinado básicamente por los intereses comerciales y financieros del “reino unido” es decir ingleses, de tal manera que la separación forzada mal llamada independencia no podía ser analizada ni interpretada como un proceso interno, como producto de un largo proceso de lucha por ella, sino que fue “impuesta a los Súbditos Peruanos”, quienes realmente “no la deseaban” porque eran fieles al “Reino” a la “Patria” y a la “Corona” y no deseaban su separación del “Reino de Las Españas”.
    Según esta interpretación los “Súbditos Peruanos” consideraban la fidelidad a la Patria y la Patria era “El Reino de Las Españas”. Esta posición historiográfica analiza críticamente la participación de las “Elites Criollas Peruanas y el Pueblo en general” en el proceso de la independencia hoy llamado de separación y de los inicios de la etapa republicana. En lo medular plantea que la independencia fue concedida a los Súbditos Peruanos por el ejército de San Martin, es decir que tuvo que llegar de afuera pues la “fidelidad del Virreynato del Perú a la Corona era incuestionable”.
    Tratemos, por ahora, de comprender en lo sustancial los argumentos de la posición de Bonilla, Spalding y otros.
    Heraclio Bonilla en el tomo VI de la Historia del Perú publicada por Mejía Baca, al igual que Virgilio Roel, reafirman sus puntos de vista de 1972, aunque como veremos presenta algunos matices.
    Es básico saber que en aquellos tiempos (siglos XVII y comienzos del XIX) el “imperialismo inglés” buscaba expandirse cada vez más, abrir nuevos mercados para su pujante industria, tan necesitada de ellos, Hobsbawm nos dirá que “Inglaterra tenía buenos motivos para favorecer las guerras civiles Hispanoamericanas una de ellas debilitar a su enemigo mayor “Los Hispanos” es decir “El Reino de las Españas” en su conjunto y la zona más débil del “Imperio Español” eran los Virreynatos en América y allí concentraron todo su accionar.
    El “Reino de Las Españas” era poseedor de un vasto “Imperio” y por supuesto los intereses económicos ingleses tenían que ambicionar esos potenciales mercados para su producción manufacturera, cerrador en virtud del monopolio comercial, el cual, como es lógico suponer tenía que beneficiar primero al “Imperio Español” y a los “Virreynatos de Hispanoamerica”, especialmente a “Lima”, pero como señala muy bien Nelson Manrique, “perjudicaba fuertemente a las burguesías de los dominios del interior y de la vertiente oriental de los Virreynatos, esto explica porqué era tan bien recibido el contrabando inglés por la costa Atlántica.
    Si, como se ha afirmado, cierto sector de nuestro grupo comercial se beneficiaba con el monopolio, en cambio las pujantes burguesías comerciales del litoral Atlántico tenían mucho que perder con el mantenimiento del orden “Imperial” o colonial y en cambio tenían todo por ganar con una separación o independencia.
    Es innegable que las reformas político administrativas y económicas llevadas a cabo por “dinastía borbónica” sobre todo las de 1776-1778 (cancelación definitiva del monopolio comercial) significaron un golpe mortal para la economía del “Virreynato del Perú” y muy especialmente Limense , porque entregar el Potosí a la jurisdicción del Virreynato del Río de la Plata (que se había creado en 1776 desmembrándolo del Virreynato del Perú) destruyó el circuito comercial que, atravesando la sierra central y sur Peruana, unía Lima, Potosí y Buenos Aires.
    Es incuestionable, como bien lo han precisado no sólo Bonilla y Spalding sino también Virgilio Roel, que la Aristocracia Criolla Peruana se adhirió al fidelismo. El Virrey Don José Fernando de Abascal y Sousa I Marques de la Concordia Española en el Perú, es innegable el “prior del fidelismo Hispanoamericano” pudo actuar eficazmente contra los movimientos separatistas Hispanoamericanos no sólo gracias a su innegable gran habilidad, sino porque teniendo el poder político éste era realmente un poder político efectivo porque contaba con el poder militar y financiero toda vez que dichos poderes se encontraban en manos de los “Súbditos Criollos Peruanos”, los cuales integraban los cuadros de mando del “Glorioso Ejercito Real del Perú” como nos lo recuerda Virgilio Roel las tropas del Alto Perú estaban comandas por dos “Criollos Peruanos” Don José Manuel de Goyeneche y Barreda I Conde de Guaqui y Grande de España y Don Pio Tristán y Moscoso. Algo más, el “Regimiento de Voluntarios Distinguidos de la Concordia Española del Perú” organizado por Don José Fernando de Abascal y Sousa I Marques de la Concordia Española en el Perú en 1811 fue financiado por los grandes comerciantes de Lima y su cuadro de oficiales estuvo integrado por los más destacados miembros de la “Aristocracia Limeña”. Tal es la importancia de este Regimiento en su lucha contra el proceso separatista Hispanoamericano, que a Don Fernando de Abascal se le otorgó el título nada menos que de “Marqués de la Concordia”. Pero no fue el único Regimiento financiado e integrado por los “Súbditos Criollos Peruanos”, es también el caso de los “Dragones de Carabayllo”. Todo esto permite concluir a Roel que “si bien el Virrey tenía el poder político, el poder militar efectivo estuvo en manos de la fidelísima “Aristocracia Criolla Peruana”, principalmente en Lima, Arequipa y Trujillo.
    Aquí os dejo algunos puntos sueltos que son necesarios tomar en cuenta:
    1-Los historiadores mencionados ya no denominan “lucha por la independencia” como era costumbre a estas guerras hoy las denominan “Lucha por la separación” y/o “Lucha por la soberanía”, este cambio de términos nos indica que luego del chauvinismo patriótico de los primeros años de la república, nuestros historiadores se van sincerando en el relato de estos hechos históricos.
    2-La “Nobleza Criolla Peruana” se dividió en dos bandos los “Fidelistas al Reino de Las Españas” y “Los Independentistas con fidelidad a la Corona”, ante este hecho Bolívar comenzó una represión brutal que obligo a muchas familias Peruanas a buscar refugio en la Península y las que se quedaron se alinearon con la idea de separación con soberanía para evitar mayores penurias a sus familias y al pueblos en general.
    3-“El Reyno del Perú” nació el 20 de Noviembre de 1542 bajo la Dinastía de la “Casa de Austria de Los Hasburgos” era la Monarquía Hispánica y fue considerado como el “Reyno predilecto” fueron 158 años de trato preferente al “Reyno Castellano de Indias” con igualdad de derechos de sus súbditos y reconocimiento de “La Nobleza de Sangre” de los Nobles Incaicos, Chimo, Sachapuyos, Etc.; en 1700 llega la Dinastía de “Los Borbones” y comienzan a desmembrar el “Reyno del Perú” primero en 1717 creado el “Virreynato de Nueva Granada” y luego en 1777 el “Virreynato del Rio de la Plata” y luego disolviendo el “Reyno Castellano de Indias” para convertir en Provincias de Ultramar a los “Ex Reynos”, esto sin duda creó un resentimiento en “Las Noblezas de Sangre” y “Súbditos Criollos ”existentes en el “Perú” que fue calmada por “El Virrey Don José Fernando de Abascal y Sousa I Marques de la Concordia Española en el Perú” quien supo poner todo en orden dentro del caos existente despues de la expulsión de los invasores franceses.
    4-Como podremos apreciarse no es tan simplista el problema sobre las características que tuvo el proceso “Separatista Peruano”. Que hubo un sector social (grupo de personas de innegable poder económico) que no deseaba la “Separación” por “Fidelidad a la Corona” yporque consideraban que no le convenían al “Virreynato del Perú” y a sus intereses y de grupo, nadie lo ha negado, mucho menos después de análisis tan lúcidos como los de Bonilla, Spalding, Roel, entre otros. Pero el problema es más complejo de lo que algunos pretenden presentarlo, desconociendo todos los aportes que se han hecho justamente después de presentada y fundamentada la tesis de Bonilla. Sobre todo teniendo en cuenta que el propio Heraclio Bonilla escribiera lo siguiente: "Que fuera necesario que fuerzas externas “Rio Platenses” y “Gran Colombianas” nos invadieran para “Separar al Virreynato del Perú del “Reino de Las España”, pues sabían muy bien San Martin y Bolívar que desde “El Fidelísimo Virreynato del Perú” una vez recuperado e implementado iban salir las expediciones para sofocar a los rebeldes de la gran colombia y de las provincias unidas de la plata, como lo hizo años atrás El Virrey Don José Fernando de Abascal y Sousa I Marques de la Concordia Española en el Perú” conjuntamente con loa Peruanos.
    5- Las reformas “Borbónicas” favorecieron irónicamente más a Buenos Aires que a Lima.
    6-Es exagerado afirmar que el “Pueblo Peruano” fue siempre partidario de la independencia. ¿A quiénes nos referimos como pueblo o pueblo llano? Obviamente a todos aquellos que no pertenecían al sector “Criollo o Peninsular”. Pero es inexacto afirmar que todos ellos estuvieron por la “separación o independencia”, aunque sus intereses se vieran favorecidos por ella. Porque aquí entra el problema de conciencia de clase y de la distorsión de aquello que realmente conviene en función a la ideología predominante en una sociedad en un momento dado. Es por ello que no podemos sostener que en “todo el pueblo” se formó una conciencia “separatista o independentista”, porque si no cómo explicar, por ejemplo, la lucha de indios contra indios incluso en los movimientos indígenas. Acaso no sabemos de tantos Caciques que estuvieron al lado del “Reino de Las Españas” que era igual a “Perú” en la lucha contra el movimiento de Túpac Amaru II. Y de estos Caciques no se puede decir que fueron arrastrados a dicha lucha, contra su voluntad. Estos Caciques iban con su propia gente, es decir con indios a defender al “Reino que es lo mismo que Patria”. Esta participación de indios y mestizos en ambos bandos es por todos conocidos, como la resistencia a la separación de José Antonio Navala Huachaca a la república liberal hasta 1838 así lo demuestra.
    7-El movimiento insurgente Hispanoamericano en general del siglo XVIII y comienzos del XIX está inmerso dentro de lo que hoy se suele analizar como una gran revolución que agitó a todo el mundo occidental y que incluso rebasó hacia el oriental, y que significó el inicio del punto climático de la burguesía. Es necesario no perder este marco para no caer en una visión demasiado provincial, en la que se deja de ver sus relaciones con el resto del mundo.
    Todo esto nos habla de que la generalización de la existencia de un grupo “Criollo Peruano Homogéneo”, totalmente cerrado en defensa del “Reino de Las Españas”de sus intereses de clase y por lo tanto opuesto a la “Separación”, no es del todo cierto y presenta matices que las últimas investigaciones han puesto de realce. Jorge Bracamonte ha puesto énfasis en la existencia de un proyecto “Aristocrático de la Elite Criolla Peruana”, que según el citado estudioso, no fue en realidad un programa que pudiera vislumbrarse a través de ciertos principios doctrinarios, sino fundamentalmente una actitud pragmática de ejercicio del poder, muy propia de quienes nunca fueron totalmente ajenos a él. Esta cercanía al poder -de los representantes Criollos más notables- es lo que permitió definir los rasgos autoritarios y centralista del proyecto (J. Bracamonte) Lo cierto es que “este proyecto Aristocrático no apostó por la separación” y no convencida de los beneficios que podían obtener con la ruptura, apostarían todas sus esperanzas en la vigencia plena de la “Constitución de Cádiz”, a diferencia de otras Elites Criollas Hispanoamericanas que sí apostaron por la separación.
    Otro aspecto importante del proyecto Aristócrata Peruano es no sólo el nuevo descubrimiento del espacio geográfico y de sus potencialidades para el desarrollo económico, sino que estimuló una nueva aproximación al poblador andino con la finalidad de integrarlo y a un proyecto común. Pablo Macera en su estudio del proceso de la formación de la conciencia nacional, señaló la recuperación del indio en el discurso fundamentalmente “Criollo Peruano” a fines del siglo XVIII, enfatizando que el segregacionismo puede apreciarse en el grupo del Mercurio Peruano. Por eso Macera habla de un “Nacionalismo Criollo” y no de un “Nacionalismo Peruano”.

    Nuevos análisis matizan estas concepciones, señalándose que los “Súbditos Criollos Peruanos” se enfrentaban doctrinariamente frente al problema de que los “Europeos creían en su superioridad frente a los Americanos (Criollos)”. Esto lleva a Unanue a plantear el tema de "Lo Peruano". En 1796 Unanue señalaba que el “Reino del Perú” se componía de tres naciones primarias: Españoles y Españoles Criollos, indios y negros En Unanue vemos, nos dice Bracamonte, como fue la historia el recurso que permitió recuperar un pasado utópico para el indígena, al mismo tiempo que permitió para los “Súbditos Españoles Criollos” la creación de una matriz histórica de la cual carecía. De esa manera la historia devino en un mecanismo integrador de blancos e indios, que a partir de ese momento podían encontrar en el pasado histórico inca un lugar común de referencias, al mismo tiempo que les permitiría - hacia delante - reconocerse parte de proyectos comunes".
    Es importantísimo tener en cuenta que tuvieron que venir las dos expediciones militares foráneas para separar a la fuerza al “Virreynato del Perú” del “Reino de las Españas”, es un hecho que tampoco puede minimizarse. Lo que tiene que hacerse es explicar por qué se hizo necesaria dichas expediciones. ¿Por qué el Perú no quería, como otras regiones de Hispanoamérica, su separación? La respuesta a esta interrogante ya ha sido dada por diversos historiadores, los cuales han señalado varios factores que son evidentes.
    En primer lugar no está de más señalar la presencia del denominado "Prior del convento colonial Americano" el Virrey Don Fernando de Abascal, quien contó con un poder político real, porque los “Súbditos Criollos Peruanos y Peninsulares” tenían en sus manos el poder económico y con ellos contó el Virrey Don Fernando de Abascal.
    El Virreinato Peruano con las reformas Borbónicas había cedido campo en lo económico, pero seguía siendo en lo “político el centro del poder del Reino de Las Españas”, debido a que poseía una concentración de fuerzas militares como “El Glorioso Ejercito Real del Perú” que se desconocía en las otras regiones Hispanoamericanas y ello le permitió, no sólo actuar dentro de su jurisdicción, sino de traspasar fronteras y combatir la insurgencia en Chuquisaca, La Paz, Quito y Chile, además de impedir el avance de las fuerzas bonaerenses por el Alto Perú. Y de ello se dio cuenta San Martín, quien consideró que para asegurar la insurgencia de las provincias unidas de la plata era necesario pasar primero a Chile (es decir no insistir por el Alto Perú) y colaborar con los chilenos para alcanzar su independencia (Pierre Chaunu escribe: "El movimiento separatista finalmente vence en Chile, pero con ayuda extranjera: las tropas rioplatenses de San Martín"), y luego pasar al "Virreynato del Perú” y tratar de lograr su independencia, pero contrario a chile no encontró el apoyo de los “Súbditos Peruanos”. Ya en “Lima” incluso buscará la ayuda de Bolívar, tratando de unir fuerzas para terminar con los “Fidelismo Realista Peruano”, lo cual demuestra que las “fuerzas Realistas Peruanas” eran numerosas y muy bien preparadas. Venir al “Virreynato del Perú” no era un gesto de altruismo, de fraternidad, de san martin, sino una necesidad, porque mientras el “Virreynato del Perú” no fuese separado del “Reino de Las Españas” al cual pertenecía, las mal llamadas independencias de cualquier región Hispanoamericana peligraban.
    8-Existe otro factor que no por poco señalado debe ser desdeñado. Es el referente al altísimo porcentaje de “Súbditos Peninsulares” que residían en Lima, Arequipa y Trujillo es decir en el corazón del Virreynato; grupo éste, como es obvio comprender, eminentemente hostil al movimiento separatista. En ningún otro lugar fuera del “Reino de las Españas” residían más Súbditos Españoles que en el “Virreynato del Perú”. Esto significó que los pocos criollos separatistas tuvieron que hacer frente a un poderoso grupo de “Súbditos Peninsular y Súbditos Criollos Peruanos” fieles a la “Corona y al Reino”, que había formado una Aristocracia y Nobleza que ejercían la dirección del gobierno. Sobre esto ha insistido mucho Carlos Neuhaus Rizo Patrón en su "Reflexiones sobre la emancipación Peruana". Su libro tan interesante merece un análisis cuidadoso y resulta extraño que a veces ni siquiera es citado por estudiosos de esta problemática.
    El mencionado historiador señala que frente a la población Criolla y Mestiza los Súbditos Españoles representaban en México el 2,2% mientras que en el Alto Perú el 1%, en Chile el 16% y en el Perú el 55%. Como dice Neuhaus Rizo Patrón, al respecto de este aspecto demográfico: "…el “Virreynato del Perú” fue el último de los bastiones del “Reinos de Las Españas” en América porque en síntesis “Lima y el Perú es España”. "…San Martín, a través de sus muchos contertulios y de inmensurables evidencias ha comprobado que, simple y complejamente, “Lima y el Perú es España" Y comprensivamente con relación a actitudes propias del pasado condicionadas por circunstancias fáciles de comprender, añade: "El sentimiento de lealtad hacia la Corona, que puede se errado no es vergonzante, sedimenta un peso muy intenso sobre los espíritu peruanos hacia 1821…."opinaba san martin.
    Si a estos factores demográficos y socioeconómicos añadimos la campaña en contra del ejército libertador y de los posibles agravios que podía ocasionar dentro de la población Limense, comprenderemos actitudes como la de buscar refugios en los conventos ante la inminencia del ingreso del ejército insurgente mal llamado patriota pues no representaba a la “Patria El Reino de Las Españas” en la ciudad capital, así como también la reacción de los habitantes del puerto del Callao por la captura de la fragata La Esmeralda, por obra de la escuadra al mando del ingles Cochrane, los habitantes del Callao el día 6 de noviembre de 1820 mataron a 14 o 16 extranjeros por considerar que la fragata inglesa Hyperion y la angloamericana Macedonia, ambas de guerra, así como todos los navíos surtos en el puerto habían auxiliado a Cochrane. Esto hace que el Brigadier Pezuela afirme que la expedición libertadora era más temida que amada.
    9-Otro aspecto que tiene que tenerse en cuenta y que mencionamos al comienzo de este trabajo es que no podemos desligar la que la separación del “Virreynato del Perú” de el “Reino de Las Españas” y las independencias Hispanoamericanas de los hechos mundiales, especialmente de las consecuencias que produjo la invasión napoleónica a la Península Ibérica y al “Reino de las Españas” , que entre otras cosas significó el establecimiento de un rey foráneo no reconocido por el Pueblo Español e Hispanoamericano , José I, hermano de napoleón, que obligó al pueblo Español al autogobierno a través de “juntas de gobierno”, que evolucionaron a una “Junta Central” y luego a un “Consejo de Regencia” y marca una etapa de liberalismo en el “Reino de Las Españas” y que tiene su punto climático con las “Cortes de Cádiz y con la Constitución de 1812”. Estos hechos repercutieron en Hispanoamérica donde también se formaron “Juntas de Gobierno” algunas de ellas francamente separatistas y a partir de las cuales se inicia realmente la fase explosiva de la independencia Hispanoamericana, mejor dicho de las guerras civiles Hispanoamericanas. Como señala Guillermo Céspedes en su libro "La independencia de Iberoamérica"(Madrid, 1988) frente a la crisis de la “Monarquía Española” sin rey legítimo, en Hispanoamérica se produjo un gran vacío de poder y una verdadera guerra civil que enfrentó a aquellos que él denomina "criollistas", que estimaban que los cabildos podían servir como marco para convocar asambleas suficientemente representativas (aunque por supuesto nunca democráticas) que designasen “ Juntas de Gobierno”, que a ejemplo de las surgidas en la “Península” ejercerían el gobierno. A esta posición se contraponía la tendencia que Céspedes denomina "Peninsularista", partidaria de mantener la estabilidad y el orden y para ellos las autoridades que ejercían los cargos diversos debían seguir gobernando. En caso de vacantes los nombramientos los haría el “Consejo de Regencia”. Virgilio Roel ha señalado que mientras los cabildos de ciudades como Lima, Trujillo y Arequipa decidieron apoyar a la “Causa Realista”, en cambio en el resto del país hubo esfuerzos por formar “Juntas de Gobierno” que apoyasen a los “Liberales Peninsulares”. Estos “Criollos Liberales” deseaban que el artículo 312, capítulo 1°, título 6 de la Constitución de Cádiz se cumpliese, porque dicha norma mandaba que todos los cargos del cabildo debían ser electivos, quedando de esta manera suprimidos los cargos a perpetuidad. Que no se cumpliese este mandato no significa, como nos los dice Virgilio Roel, que no hubiesen gente y cabildos que sí eran representativos y que exigieron el cumplimiento de los dispositivos constitucionales, y que cuando se les cerró el paso legal a sus aspiraciones se insurreccionaron; es este el caso de los insurgentes Cuzqueños de 1814, que capitaneados por los hermanos Angulo llegaron a contar en su campaña con la adhesión de los cabildos de Abancay, Andahuaylas, Huamanga, Huancavelica, Huancayo, Puno y La Paz". (Virgilio Roel,” Conatos, levantamientos, campaña e ideología de la independencia”)
    Como señala G. Céspedes el “Liberalismo Peninsular” en cierta forma exacerbó el “Liberalismo Hispanoamericano”.
    Pero el sector de “Súbditos Criollos Hispanoamericanos”, especialmente los poderosos económicamente, y por supuesto los “Súbditos Peninsulares”, tanto de los Virreynatos del Perú como de México “se mostrarían contrarios a ese separatismo” y convirtieron a estos territorios en “defensores del fidelismo” y en el caso Peruano se utilizó el poderío militar para combatir los movimientos autonomistas de las juntas que se formaron en 1809 y 1810.
    Por ello resultó más difícil en el territorio del “Virreinato Peruano” luchar por la separación. Ya hemos dicho que todos los pocos movimientos separatistas que surgieron encontraron una tenaz oposición y por ello fracasaron.
    Muy ilustrativos sobre la situación del Virreinato Peruano a comienzos del siglo XIX y sobre las diversas actitudes de los grupos sociales con relación a la situación del “Reino de Las Españas” son los datos que se aprecian en la comunicación de Virrey Pezuela de fecha 5 de noviembre de 1818 y que transcribe Virgilio Roel. En esa comunicación leemos: "Las ocho provincias que desde el Desaguadero a Guayaquil forman este Virreinato están quietas y conformes al parecer en su presente sumisión al Rey y a las legítimas autoridades; pero no tanto, que pueda tenerse, ni se tenga una completa confianza, de que no son susceptibles de novedad. No son pocos en cada uno de ellas los hombres conocidos por infidentes, a cuyo extrañamiento no puedo proceder, sea porque tal vez no pueda justificarles sus delitos, quedarían estos muy disminuidos de sus habitantes; pero la permanencia de tales hombres debe ocupar la vigilancia de los Gobernadores, porque no perderían la ocasión de perturbar la paz, si se les presentase". (10) Eduardo García del Real, en su biografía de San Martín (Barcelona, 1984) señala que el 25 de octubre de 1820 el virrey Pezuela explicaba al Gobierno Español las circunstancias que le habían conducido al armisticio de Pisco y a la conferencia de Miraflores. Si bien es cierto que en este informe aseguraba la lealtad de la tropa, sin embargo, y en la misma fecha, en misiva enviada a su hermano residente en Madrid, le hace llegar "sus temores de ver perdido el Perú, a causa del espíritu de la insurrección foránea que se hacía sentir en todo el Virreinato".
    ¿Se puede sostener que poco o nada hicieron los “Súbditos Peruanos” por su separación o independencia?
    No debemos tampoco pasar por alto que en los otros lugares de Hispanoamérica donde nacen las corrientes libertadoras del sur (San Martín) y del norte (Bolívar), hubo un factor importante cual es que restablecido el absolutismo de Fernando VII (1814-1819) tanto los “Patriotas Hispanoamericanos” como los “Liberales Españoles” fueron y se sintieron por iguales víctimas de ese nuevo estado absolutista y es por ello que se establecen relaciones de colaboración entre ambos grupos a través de las llamadas logias, cuyo papel a veces no suele valorarse en su exacta dimensión, un tanto porque no se conocen tanto de ellas por el carácter secreto que tuvieron. Pero es innegable el papel que ellas jugaron. Las logias tuvieron un papel importante ya desde la época de Miranda y adquirirían un rol mucho mayor a partir de la segunda década del siglo XIX, especialmente en aquellas regiones como Argentina, Chile (prácticamente gobernada por la logia Lautariana entre 1817 y 1820), Venezuela y Nueva Granada. Como señala Guillermo Céspedes estas logias "fueron el verdadero partido político de la causa emancipadora, impulsaron y dirigieron eficazmente el desarrollo de ésta y contribuyeron poderosamente a su triunfo." (11) Como se podrá apreciar del problema de la “Separación del Virreynato del Perú e Independencia Hispanoamericana” es bastante complejo, y es por ello que no se debe hacer afirmaciones simplistas y mucho menos inculcar a los jóvenes ideas que no sean de gran objetividad, que propicien el intercambio de ideas, el afán de investigar, la curiosidad por nuevos enfoques, presentando los problemas con todos los matices que ellos poseen, porque de no ser así estamos, probablemente sin quererlo, inmersos en un simplismo anticientífico. Por querer hacer una supuesta "nueva historia" estamos haciendo una nueva historia tradicional, mucho más peligrosa porque pretenden ser verdaderamente renovadora. No debemos olvidar los docentes, de todos los niveles educativos, que tenemos una grave responsabilidad cuando enseñamos, porque lo que los niños, los jóvenes e incluso los adultos saben de la historia es lo que de ella se les enseña en los centros educativos, en los diversos niveles. No olvidemos que el prestigioso historiador francés Marc Ferro ha escrito un libro importantísimo que todo profesor de historia debería leer. Me estoy refiriendo a "Cómo se cuenta la historia a los niños del mundo entero" donde apreciamos como ella es distorsionada. Marc Ferro en este libro escribe: "Independientemente de su vocación científica, la historia ejerce en efecto una doble función, terapéutica y militante. A través del tiempo, el "signo" de esta misión ha cambiado, pero no el sentido…; el cientificismo y la metodología sirven a lo sumo de "taparrabo" a la ideología".(12) Actualmente los estudiosos de la historia verdaderamente serios tienen que estar abiertos a todas las fuentes, a todas las interpretaciones y tratar en lo posible de ser objetivos. Es cierto que esto es algo muy difícil en esta ciencia, de allí que los llamados historiadores cientificistas o partidarios de la cliometría tiendan a recurrir a análisis matemáticos dentro del campo histórico para ganar objetividad; pero por supuesto que no todo el estudio de la historia es susceptible de ese tipo de análisis.

    1 Silva Santisteban "Historia del Perú. Perú Republicano"(Lima: Ediciones BUHO S.A. tercera edición, 1983) páginas 14 - 15,
    2 Bonilla, Heraclio "El Perú entre la independencia y la guerra con Chile" En: Historia del Perú. Perú Republicano, tomo VI de la
    Colección de Juan Mejía Baca, 1981; página 397
    3 Roel Pineda, Virgilio "Conatos, levantamientos, campañas e ideología de la independencia". En: Historia del Perú. Perú Republicano, volumen VI de la colección de Juan Mejía Baca, 1981; página 139
    4 Roel Pineda, Virgilio Obra citada; páginas 139 - 140
    5 Regalado de Hurtado, Liliana "El Inca Titu Cusi Yupanqui y su tiempo. Los Incas de Vilcabamba y los primeros cuarenta años del dominio español" (Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial, 1997)
    6 Scarlet O’Phelan Godoy refutó los planteamientos de Bonilla y Spalding en un trabajo titulado "El mito de la «independencia concedida»: los programas políticos del siglo XVIII y del temprano XIX en el Perú y Alto Perú (1730 – 1784)". Se ha dedicado, con gran profundidad y enfoques novedosos, a estudiar los movimientos del sur del Perú, incluyendo el Alto Perú. Núria Sala i Vila ha dedicado ya varios trabajos a los movimientos indígenas, tales como sus tesis para licenciatura y doctorado (1985 y 1989, respectivamente) así como una obra reciente "Y se armó el tole tole"[1996]"
    7 Bracamonte, Jorge "La formación del proyecto aristocrático: Hipólito Unanue y el Perú en el ocaso colonial" En: "Crisis colonial, revoluciones indígenas e independencia" de Luis Glave y Jorge Bracamonte. (Lima, 1996; página 31.
    8 Lockart, James "Los de Cajamarca"(Lima, 1986; tomo I, página 137)
    9 Espinoza Soriano, Waldemar "Virreinato Peruano"(Lima, 1997; página105
    10 Roel Pinedo, Virgilio "Conatos, levantamientos, campañas e ideología de la independencia". En "Historia del Perú, Perú Republicano, tomo VI, publicada por Juan Mejía Baca, 1981; página 160
    11 Céspedes, Guillermo "la independencia de Iberoamérica. La lucha por la libertad de los pueblos (Madrid: Ediciones Anaya, 1988 página 109)
    12 Ferro, Marc "Cómo se cuenta la historia a los niños en el mundo entero"(México: F.C.E. 1995 Primera edición, primera reimpresión; página 11)

    REYNO DEL PERU


    Virreynato de Nueva Granada: Panamá, Colombia y Ecuador;
    Capitanía General de Venezuela: Venezuela;
    Virreynato de El Perú: El Perú;
    Virreynato de Río de la Plata: Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay;
    Capitanía General de Chile: Chile y la región de Patagonia.


    Saludos en Xto. Rex et Maria Regina
    Por Deo, Patria, Regimen et Rex
    No se ama lo que no se conoce
    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas
    Última edición por Donoso; 11/08/2015 a las 14:32
    Hyeronimus, Ultramar y Limeño dieron el Víctor.

  2. #2
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    "La Independencia fue un día de DUELO para los Indigenas"

    Este es una entrevista del historiador Heraclio Bonilla en la tevisión colombiana , pais donde es catedratico de una Universidad de prestigio hablando de la realidad de Colombia pero que bien vale para el resto
    GiulioRudolph y El Tercio de Lima dieron el Víctor.
    “Si hace trescientos años el jardín florecía,
    pródigo de perfumes, florece todavía........”

    Santa Rosa de Lima - Primera Santa de America.

  3. #3
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

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    La batalla de Ayacucho y la traición de los masones españoles





    Descubre la deslealtad de los masones españoles sellada mediante el abrazo Maquinguayo celebrado antes de la batalla de Ayacucho


    Según refiere el escritor peruano Herbert Ore, Inglaterra tras la pérdida de las 13 colonias de Norteamérica, que se habían independizado (EE.UU) necesitaba nuevos mercados. América del sur estaba en manos de los españoles y el comercio se limitaba al contrabando. Por ello la Logia de Inglaterra, la más grande del mundo en ese momento, ideó un plan para independizar la mayoría de las colonias españolas en América. Para ello formó Logias en toda América, como la Logia Lautaro.Éstas Logias eran Operativas, es decir, tenían una meta específica, en éste caso la independencia de las colonias españolas, una vez logrado el objetivo las Logias se disolvían. Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Sucre (Venezuela),O´Higgins (Chile) , José de San Martín, Manuel Belgrano, Alvear, Monteagudo (Argentina) eran Masones. Una vez lograda las distintas independencias, Inglaterra fue el primer país en reconocerlas, así enviaba un embajador y entablaba relaciones comerciales y diplomáticas bilaterales. Herbert termina su relato dejando claro que no fue casual el abrazo masónico de Simón Bolívar y San Martín en Guayaquil.



    Como se perpetro la traición de Ayacucho

    Javier Agüero, Gran Canciller de la Gran Logia Mixta de San Juan – Oriente del Perú, nos relata cómo se preparó la deslealtad de los masones españoles sellada mediante el abrazo Maquinguayo celebrado antes de la batalla de Ayacucho y donde los HH:Masones de ambos bandos se reconocen entre sí para luego evitar herirse durante el combate. Según el Gran Canciller lo que parece reafirmar el complot masónico es el hecho que siendo la batalla de Ayacucho el combate decisivo para la independencia o la continuación del virreinato, fue sin embargo la que menos bajas y heridos produjo.

    La capitulación ha sido llamada por el historiador español Juan Carlos Losada como "la traición de Ayacucho" y en su obra Batallas decisivas de la Historia de España (Ed. Aguilar, 2004), afirma que el resultado de la batalla estaba pactado de antemano. El historiador señala a Juan Antonio Monet como el encargado del acuerdo: “los protagonistas guardaron siempre un escrupuloso pacto de silencio y, por tanto, solo podemos especular, aunque con poco riesgo de equivocarnos”. Una capitulación sin batalla se habría juzgado indudablemente como traición. Los jefes españoles, de ideas liberales, y acusados de pertenecer a la masonería al igual que otros líderes militares independentistas, no siempre compartían las ideas del rey español Fernando VII, un monarca firme sostenedor del absolutismo.

    En este sentido se afirma que la capitulación fue firmada la noche anterior en un trabajo logial conjunto donde se acordó además que los HH:. se reconocieran con los signos que le son comunes. La versión de la firma previa de la capitulación adquiere visos de autenticidad porque La Serna fue herido precisamente en la mano derecha quedando imposibilitado de firmar en el campo de batalla.








    Los extraños sucesos que demuestran la traición masónica de Ayacucho.

    Hemos querido destacar un post publicado 'Historia y Cultura Peruana',donde detalla cómo se perpetro la traición de Ayacucho en el campo de batalla por los masones españoles. Se dan en esta batalla cierto número de sucesos extraños que confirman el complot masónico.

    Primero: Comienza con una fraternización tolerada por los dos mandos a pesar de ser el medio más seguro de desmoralizar a su gente.

    Segundo: Esta escena singular, que pudo haber negociado cualquier capitán o comandante, transcurre entre dos jefes de división.

    Tercero: Estos dos generales, a vista de sus ejércitos respectivos, conferencian en secreto durante media hora, siendo así que la versión oficial de lo que se dijeron no necesitaba más de cinco minutos.

    Cuarto: El interlocutor realista vuelve a las dos horas para preguntar si va o no a haber batalla.

    Quinto: En lo más reñido del combate, cede precisamente la división que manda este parlamentario fraternizador; y las dos compañías que le siguen en derrota están mandadas personalmente por José Canterac, Jefe de Estado Mayor y segundo del Ejército.

    Sexto: Un ejército superior en número, instrucción y disciplina, con una artillería hasta siete veces mayor, se da por derrotado en menos de dos horas cuando todavía le quedan 2,000 soldados que tiene que rendir después.

    Séptimo: Un hombre de los talentos militares de José Canterac obliga a su caballería a la desventaja de tener que bajar al campo de batalla por una ladera tan fragosa que la hace servir de blanco pasivo al enemigo mientras los hombres bajan de pie ayudando a los caballos.

    Octavo: El virrey se puso a bregar como un cabo cualquiera y cayó prisionero.

    Noveno: La última batalla en que se arría su bandera en el Imperio dura para estos generales españoles tan solo dos horas.

    Décimo: En este día, el más glorioso de su vida, la batalla final de la revolución, consagra Sucre un informe oficial lacónico en detalle y vago en su perfil; mientras que Canterac se limita en el suyo a justificar la capitulación sin detalles.

    Undécimo: Sucre concede una capitulación extraordinariamente generosa.







    Consecuencias de la traición de Ayacucho.

    La victoria de los independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista más importante que seguía en pie, sellando la independencia del Perú con una capitulación militar que puso fin al Virreinato del Perú. No obstante, España no renunció formalmente a la soberanía de sus posesiones continentales americanas hasta 1836.

    El gobierno de Simón Bolívar en el Perú (1824-1826) no fue bien visto ni por las elites políticas recién conformadas, ni por la antigua elite criolla, quienes vieron en el libertador a un dictador y usurpador napoleónico que quiso establecer un gobierno absoluto basado sólo en su figura.



    Fuentes:Wikipedia,Historia y Cultura Peruana,www.masones.wordpress.com.



    ____________________________________






    Fuente:

    La batalla de Ayacucho y la traición de los masones españoles
    Última edición por Mexispano; 08/05/2015 a las 17:04
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  4. #4
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Honor a los indígenas que lucharon contra el separatismo por su Dios y por su Rey.

    PD: La imagen es solo para adornar la publicación. No existen retratos de Antonio Huachaca.






    Fuente:

    https://www.facebook.com/77125717629...type=3&theater
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  5. #5
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

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    "¡Oh Perú! Suelo apacible en el que vi la luz primera; suelo hermoso que pareces destinado para habitación de los dioses, no permitas que en tu recinto se levanten templos a la tiranía bajo la sombra de la libertad. No creas que se trabaja por hacerte feliz a pretexto de una falsa igualdad; desde el instante que sucumbas (se refiere al Virreinato), un poder colosal te oprimirá con el peso del más cruel despotismo (se refiere a la república). Ahora mismo lo sufren los pueblos que domina Bolívar, y lo sufrirían todos los Estados de América si la suerte le fuese favorable (se refiere a como todos los americanos nos jodimos). De la unión sincera y franca de peruanos y españoles todo bien debe esperarse; de Bolívar, la desolación y la muerte.

    Lima, marzo 6 de 1824.

    El Marqués de Torre Tagle."

    DEL MANIFIESTO DEL PRESIDENTE DEL PERÚ, GRAN MARISCAL JOSÉ BERNARDO TAGLE (MARQUÉS DE TORRE TAGLE), SOBRE ALGUNOS SUCESOS NOTABLES DE SU GOBIERNO, DEL 6 DE MAYO DE 1824.



    Torre Tagle moriría arrepentido de la independencia en medio del asedio a la Fortaleza del Real Felipe del Callao, último baluarte realista en el Perú.



    En la imagen: El marqués con la banda presidencial y la Orden del Sol.


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    Fuente:

    https://www.facebook.com/photo.php?f...type=1&theater

  6. #6
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    EL PODEROSO EJÉRCITO REALISTA DEL PERÚ

    Tras la pacificación de Quito por el virrey del Perú, el segundo hecho adverso está relacionado con la transformación del Alto Perú en un crónico campo de batalla entre realistas peruanos y autonomistas rioplatenses, como resultado de la deposición del virrey Hidalgo de Cisneros en el cabildo abierto celebrado el 25 de mayo de 1810, al que siguió el desconocimiento del Consejo de Regencia y la conformación de una Junta de Gobierno en Buenos Aires que gobernaría en nombre de Fernando VII. Como reacción a esta revolución a la que también calificó de separatista, Abascal oficialmente comunicó la anexión al Perú de las provincias de la audiencia de Charcas el 13 de junio de 1810. La respuesta de los autonomistas rioplatenses al despojo de su territorio fue enviar un ejército, bajo el mando de Juan José Castelli, para reconquistar el Alto Perú, objetivo que se logró en noviembre de 1810 como resultado de la victoria en la batalla de Suipacha. Frente a este descalabro militar, que dejó al virreinato peruano prácticamente desguarnecido, Abascal contuvo su deseo de contraatacar de inmediato y apostó tácticamente por promover en la región fronteriza del Desaguadero una fuerza militar organizada y disciplinada bajo el mando supremo de Goyeneche. Se puede considerar este movimiento como la partida de nacimiento del poderoso Ejército Realista que combatió a los independentistas hasta 1824 y en el que iban a destacar líderes militares como Juan Ramírez y Joaquín de la Pezuela. El 15 de abril de 1811 los 7.000 soldados de Goyeneche, bien entrenados y adecuadamente pertrechados, juraron su reconocimiento a las Cortes de Cádiz. La prueba de fuego de estos batallones, integrados casi en su totalidad por indígenas y mestizos cuzqueños, arequipeños y puneños y apoyados por la infantería real de Lima y los regimientos de pardos y de morenos de la capital, fue la ofensiva emprendida contra el ejército de Castelli. El 20 de junio de 1811 las tropas peruanas derrotaron a las fuerzas rioplatenses en la batalla de Huaqui y, como resultado de ese encuentro, los hombres de Castelli se replegaron a Salta, mientras que los soldados de Goyeneche procedieron la rápida reocupación de todas las provincias de la audiencia de Charcas, con la excepción de Cochabamba, en donde se concentró la rebelión contra los peruanos.

    Fuente: Perú. Crisis imperial e independencia (1808-1830), varios autores.






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    Fuente:

    https://www.facebook.com/77125717629...type=1&theater

  7. #7
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Arequipa y su fidelidad a España tras la Independencia de 1821

    Publicado: 08 de Agosto de 2015






    Por: Ronel Huayta H.

    Después de la proclamación de la Independencia Nacional del 28 de julio de 1821 a cargo del generalísimo José de San Martín, el Perú no logró su libertad de España. Con las batallas de Junín y Ayacucho en 1824, la corriente libertadora liderada por Simón Bolívar derrotó a los españoles, y dejó atrás el colonialismo.

    Luego de la batalla de Ayacucho en 1824, y la firma de la Capitulación refrendada por el virrey La Serna reconociendo su derrota, la Audiencia del Cusco de acuerdo con la oficialidad realista de esa ciudad, desconoció la Capitulación y designó virrey a Pío Tristán. Este hombre nacido en Arequipa, pertenecía a una de las grandes familias de alcurnia y terratenientes de esta ciudad, las cuales se oponían tenazmente a cualquier cambio de índole política.

    Como en Arequipa, todavía existía una resistencia (por eso fue considerado el último bastión de la realeza), el libertador Bolívar decide enrumbar hacia la ciudad del Misti para hacer presencia y que se consolide el fin del Virreinato.

    Su llegada se dio el 14 de mayo de 1825 (permaneció hasta el 10 de junio), a casi cuatros años después de que don José de San Martín declarara la Independencia del Perú. A lomo de su caballo, Bolívar ingresó a la ciudad por el puente Bolognesi, siendo recibido por una buena concurrencia que lo esperaba. Sin embargo, no todos estaban de acuerdo con la separación de España.

    El historiador Guillermo Zegarra Meneses, escribió el libro “Arequipa, en el paso de la Colonia a la República. La visita de Bolívar”, donde cuenta que el obispo José Sebastián de Goyeneche y Barreda, había mandado a los demás párrocos a condenar la subversión contra la Colonia.

    En un inicio, tras la llegada de Simón Bolívar, Goyeneche se negó a dar fidelidad al Perú independiente. Sus intereses estaban en juego. Entonces, consciente de lo que estaba sucediendo, el libertador decide conversar con el religioso.

    Respecto al ingreso de Bolívar a la ciudad, Zegarra Meneses describe “las campanas se lanzaron al vuelo, las ventanas de las casas se encontraban adornadas con encajes y tapices. Al llegar al lugar donde se alojaría fue saludado por las autoridades del Cabildo, militares, vecinos notables y se realizó una breve ceremonia”, de la cual, el autor destaca el homenaje de dos niñas del Colegio de Educandas quienes pronunciaron un breve discurso y entregaron joyas y monedas para ser donadas como contribución al Ejército Libertador.

    De esta escena, el autor rescata a través de un manuscrito citado, un recuento de las palabras pronunciadas por Bolívar “Hijas del Sol, ya sois tan libres como hermosas ¡Tenéis una patria iluminada por las armas del ejército Libertador, ¡Libres son vuestros padres y vuestros hermanos; libres serán vuestros esposos y libres daréis al mundo los hijos de vuestro amor!”.

    José Rada y Gamio en su libro “El arzobispo Goyeneche y apuntes para la historia del Perú”, describió algunos aspectos que habrían tratado en el diálogo. Bolívar al oír la afirmación del hombre del hábito sobre su fidelidad a la corona, solicitó que entregue el cargo a otro sacerdote. El ofendido se defendió: “!Eso jamás! Mi báculo lo he recibido del Papa. No de vos ni del rey”.

    En la reunión quedaron en que iban a colocar canónigos independistas en la iglesia arequipeña. Pero al no haberse cumplido plenamente, mandaron a expatriar al monseñor. La población evitó que esto ocurriese con el religioso que respetaban y querían.

    El obispo de la ciudad tuvo que ceder. Aceptó la Independencia del Perú y obedecer a Simón Bolívar, supremo jefe político y militar del país. También reconoció la primera Constitución del Perú.

    “Consecuentes al juramento que tenemos echo a nuestra independencia, conviene que imploremos las divinas misericordias sobre la Suprema Autoridad que nos gobierna para su prosperidad y acierto, al mismo tiempo que por la paz que nos es tan necesaria y porque tanto hemos suspirado”, dijo a su clero.

    Al superar estos problemas, Goyeneche le ofrecería a Bolívar un banquete donde las autoridades comieron con servicios de oro y plata. En su visita el libertador fue agasajado por mucha gente e invitaron a meriendas y fiestas de la gente aristocrática de la Ciudad Blanca, donde los que lo aceptaban eran una mayoría.

    Con el tiempo se fue a Lima, el obispo Goyeneche, convirtiéndose en 1860 en arzobispo. Seis años después, al iniciarse la guerra entre Perú contra España, sacaría cara por los connacionales a quienes solicitó unirse a la lucha por defender su patria.

    Al morir en 1872, dejó 150 mil pesos para regalarle a Arequipa un hospital, que para la época fue moderno y que en la actualidad se cae a pedazos. Hoy una calle, estatuas y otros recintos llevan el nombre de Goyeneche, un obispo de Arequipa que cambió de discurso en algún momento para el beneficio de la población arequipeña.




    LA VISIÓN DE ZEGARRA MENESES


    En su obra “Arequipa en el Paso de la Colonia a la República. La Visita de Bolívar", Zegarra Meneses aborda por primera vez los aspectos locales que acontecieron durante la corta estadía del Libertador en esta ciudad. Para historiar la visita de Bolívar, organiza su contenido en tres partes: a) Arequipa en el paso de la Colonia, b) Arequipa y la Independencia, c) Bolívar en Arequipa.

    En los inicios del período republicano, en 1821 se funda en la ciudad la denominada Academia Lauretana. Este es un centro superior de Ciencias y Artes dirigido por civiles. Según su carta constitutiva “La Academia estaba instituida para promover, por cuantos medios estén a su arbitrio y facultad, el adiestramiento de las ciencias y artes, en las provincias y de mejorar la educación científica, política y moral de la juventud”.

    Precisa además Zegarra un aspecto que distingue a Arequipa de otras regiones del Perú y de Lima en especial. Este es una tendencia ideológica denominada “Fidelismo”. Con ella se explicitaba la adhesión pública a la corona española y al seguimiento cerrado a todas las directrices provenientes de los reyes de España.

    Desde su fundación española y a lo largo de tres siglos, la ciudad estuvo habitaba por una población mayoritariamente de origen español, la cual se manifestaba y era reconocida como fiel seguidora de España, siendo una de las más leales al rey. Ello fue motivo para que en 1805 recibiera el título de Fidelísima por Cédula Real.

    Consecuentemente, dada esta acentuada preferencia y acatamiento a las decisiones reales, el autor refiere asimismo que la ciudad “no fue teatro de ninguno de los movimientos libertarios, ni de ella tampoco surgió apoyo efectivo para los que estallaron en otras partes”.

    Asimismo hace notar “el apoyo brindado a los realistas exteriorizado en todo momento y sostenido por su alta sociedad y elementos representativos”.



    ___________________________


    Fuente:

    Arequipa y su fidelidad a España tras la Independencia de 1821 | Diario El Pueblo, Noticias y actualidad Arequipa Perú
    Donoso dio el Víctor.

  8. #8
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?


  9. #9
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Sepan disculpar que dice "colonia". Algunos autores no se enteran de que éramos reinos.

    Juan Mendoza explica el error que significa culpar a España por el atraso del Perú y señala que en el período virreinal su desarrollo económico era análogo al europeo, como ya lo hemos indicado en otras publicaciones.

    Artículo completo en:

    La historia como advertencia: tres siglos de la economía peruana (por Juan Mendoza) | Economía aplicada | blogs | gestion.pe




    _______________________________________


    Fuente:

    https://www.facebook.com/77125717629...type=3&theater

  10. #10
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    “Catorce provincias componen el alto y bajo Perú, y de éstas no han podido ocupar los disidentes más que dos: ¿y por qué razón? No porque nosotros tengamos allí grandes ejércitos europeos, sino porque se defienden los naturales del país, no queriendo sujetarse al que se llama su libertador."

    Fuente: Diario de Sesiones de las Cortes, Sesión Extraordinaria 26 de junio de 1822, p. 2185

    Imagen: Realista del Alto Perú.




    _______________________________________


    Fuente:

    https://www.facebook.com/77125717629...type=3&fref=nf

  11. #11
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    La Independencia importada






    No es casualidad que el Perú, aquella "joya de la Corona Española", se independizara más de una década después que sus pares sudamericanos y México.


    Eduardo Recoba Martínez I MAD ECONOMY

    Publicado: 2015-07-29




    Los peruanos del siglo XVIII e inicios del XIX, en especial la sección cuyos intereses comerciales, mercantilistas y financieros navegaban tanto entre Lima como en Madrid, nunca fueron -antes, durante y después de la emancipación- muy afectos a separarse de la Corona y lo que esto significa. Desearon seguir de súbditos del rey de las Españas, de esta católica majestad y continuar echando la siesta como cualquier godo lo haría.

    Desde el siglo XVIII, no sólo la casta criolla ennoblecida por la Corona (el Perú concentró el mayor número de títulos nobiliarios de América), sino la naciente burguesía criolla, mestiza e india "algo resistían" a la idea de una nación independiente de la metrópoli.

    Veamos en este post, cómo se desarrolló este proceso emancipador en el espíritu colonial local de aquella época y la contradanza de intereses económicos, políticos y hasta emocionales que se levantaron a propósito de este capítulo histórico y económico peruano.

    Y quiénes fueron sus principales actores...


    TÚPAC AMARU: LA REALIDAD DE UN EMPRESARIO REBELDE

    Los levantamientos indígenas antes que criollos, que se dieron de manera precoz en el Perú del siglo XVIII: Túpac Amaru II nacido como don José Gabriel Condorcanqui, el errático Pumacahua, Túpac Katari, etc. fueron más en son de protesta económica que iniciativa patriótica. Cosa que no los invalida de ninguna manera, pues la prosapia financiera resultó en ensayos (fallidos por la represión colonial) de un "proyecto nacional".

    Decantaron para bien -eso sí- en los grupos de poder locales (más comprometidos con una propuesta económica o de clase antes que nacional).

    La asonada de Túpac Amaru en concreto, fue para la Corona española traducida en pronunciamiento independentista. Él, autotitulado "Inka" y quien reclamó esta merced ante el rey Carlos III (con todos los beneficios que un marqués, conde o duque tenía en aquella época como la exención del tributo de lanzas y anatas por ejemplo), tuvo una suerte de requerimiento ante lo que él consideraba un error de mercado. En su agenda: beneficios impositivos, nuevas rutas comerciales y mejores sistemas de precios para su boyante empresa comercial que rentabilizaba -entre muchos negocios- un intercambio de productos entre el Virreinato del Río de la Plata y el peruano. Su "bandera" en todo caso, fue más "libertaria" en el sentido micro y macroeconómico del término. Las reformas borbónicas de 1760, auparon su reclamo en todo caso.

    No obstante, como empresario ilustrado que era, Túpac Amarú II se rodeó de intelectuales y académicos que en sus viajes a Lima (pues él residía en el Cusco), le otorgaron un matiz y una lectura a su reivindicación que la historia leyó en una figura levantisca. Pero no lo fue en su totalidad, pues él siempre reservó un espacio para rendir homenaje al escudo de Castilla y León.

    Siguiendo la lógica empresarial, Túpac Amaru deseó exoneraciones y menores sobrecostos a su quehacer de negocio. En el camino, se topó con reclamos emancipadores pero no perdió la brújula hispanista y fidelista. Para él la revolución la debía hacer la Corona. Como empresario y líder indígena, él debía ser motor de este cambio. Dando el ejemplo con detalles tan críticos como el incluir a peninsulares y criollos en su esfuerzo. Le costó cara la rebelión de 1780: el ajusticiamiento no sólo de él, sino de familia y allegados fue brutal. Pese a que no renegó del rey.

    "La revolución de Túpac Amaru debe ser analizada atendiendo fundamentalmente a sus particularidades. Sus reivindicaciones arrancaban, antes que nada, de la propia sociedad colonial, y no apuntaban directamente respecto a una emancipación política respecto a España. Sólo al final de su lucha, y sabiendo que se acercaba el momento de la derrota final, Túpac Amaru se decidió a cuestionar el principio de legitimidad monárquica", comenta el historiador chileno Fernando Mires.

    Y es que la idea de "nación" en el Perú del siglo XVIII e inicios del XIX, estaba más vinculada a España que al Perú en sí. Y Lima, la capital de este rico virreinato se comportaba con mayor fidelidad a la Corona que ciudades como Madrid, Sevilla o Barcelona de ese entonces. Aún hoy, ya quisieran los españoles tener el patriotismo ibérico que poseían los peruanos de aquellos años.


    GUERRAS AMERICANAS: ¿A QUIÉN LE DISPARÓ EL PERÚ?

    Llegados ya a los tumultuosos lapsos de las guerras americanas durante los primeros veinte años del siglo XIX, los peruanos no dudaron en plantar pica en Flandes a favor de España.

    Ejemplo de ello es que ante la "casi" ausencia de delegados del virreinato del Río de la Plata, Nueva Granada y el fangoso "cuartel" que era la Gobernación de Chile, el Perú envió a sus mejores hijos a defender la Corona y soberanía española ante el ataque del francés usurpador. Vicente José Morales y Duárez, jurista, noble e intelectual limeño llegó a ser no sólo presidente de las Cortes de Cadiz en 1810 sino uno de los autores de la Constitución española de 1812. Murió en la porfía y fue enterrado en España, con honores que sólo se le daba a un Infante o Grande de España.

    Durante las guerras americanas, el Perú era la piedra en la bota de los jefes del ejército libertador como José de San Martín [rioplatense (argentino)] y Simón Bolívar [grancolombiano (venezolano)] pues eran "conocedores de la nostalgia" que hacia la Corona se sentía y respiraba no sólo en Lima, sino en TODO el Perú.

    Un historiador argentino, Julio Mario Luqui- Lagleyze, en su estudio sobre los ejércitos durante las campañas en las guerras americanas tiene una curiosa visión del aporte bélico del Perú a la sección castrense rebelde: este apoyo fue casi nulo en hombres y pertrechos. Basadre y Guerra Martiniere realizan otro ejercicio similar. De hecho, si uno revisa la conformación de los bandos enfrentados cae en cuenta que aproximadamente nueve de cada diez oficiales del Real Ejército del Perú entre 1817 y 1824 eran peruanos, ni que se diga de la soldada. El mejor ejemplo de ello, está en Ramón Castilla, quien antes de enrolar a las filas del ejército libertador en 1822, fue lancero del rey. Otro caso icónico es el de Felipe Santiago Salaverry, oficial del Regimiento español Numancia, devenido después en cuerpo emancipador. Caso contrario ocurría en el ejército y milicia libertaria compuesta por oficiales y soldados argentinos, colombianos, venezolanos, chilenos (aunque O'Higgins al final retirará este soporte sureño a Bolívar).

    Salvo la extraña acción de un oficial peruano como José Andrés Razurí el 6 de agosto de 1824, en Junín. Que -de manera poco profesional- desobedeció una orden de La Mar y picó espuelas a su caballo contra las fuerzas realistas y junto al binomio, el único regimiento "totalmente" peruano de caballería que los siguió en la carga: los por ese entonces llamados Húsares del Perú y quienes dieran un giro a la gresca, con ese inesperado ataque en la pampa a favor de la causa independentista; bien, salvo esa acción no se percibe mayor suministro táctico peruano a su independencia.

    El academicismo local rebelde –por otra parte- fue tímido y limitado al principio. Pero tomó brío cuando se anularon los esfuerzos de general español Canterac y el virrey golpista La Serna en Ayacucho en 1824. Sólo quedaban Rodil y sus milicias acantonadas rebeldes ellas, en el Castillo del Real Felipe en el puerto de El Callao. Recién ahí, la intelectualidad local avivó fuego a sus cañones académicos a favor de la emancipación.

    No es raro imaginar por ejemplo, a un Antonio José de Sucre, mandando literalmente al carajo a José de La Riva Agüero, marqués de Montealegre y primer presidente del Perú, cuando éste le pidió atajar a sus enemigos políticos en el recién e improvisado Congreso Nacional. Ahí, Sucre -al dejar Lima y adentrarse a las sierras del Perú en 1823- debió caer en cuenta de que para los peruanos, al menos para los mentados grupos de poder, el país debía ser una suerte de continuación de la memoria monárquica. Una torta que repartir.

    Los peruanos -todo indica- no dispararon (mucho) contra España. Contra ellos mismos sí, que es distinto.


    LA TRANSICIÓN REPUBLICANA QUE FRACASÓ

    Años antes de Junín y Ayacucho. En 1822. Advertido de esta melancolía monárquica, José de San Martín intentó sembrar un proceso "poco traumático" para los peruanos: de pasar "en frío" y directamente a una república representativa, propuso "importar un rey de Europa" y con él, una constitución.

    En efecto, San Martín tentó crear -en el Perú- una monarquía constitucional ante el resquemor que en los palacios y salones de Lima se sentía contra su figura y presencia como “Protector del Perú”. El punto culminante -juego con la idea tan sólo- habrá sido cuando en general argentino prohibió a los nobles peruanos el uso del prefijo "de" en sus apellidos y nobles títulos, el comercio de esclavos, se especula que la montó también contra las corridas de toros y otras mercedes que durante tres siglos alimentaron la cotidianidad de la vida en Lima y otras ciudades. Todo ello, alimentado y aconsejado en San Martín por Bernardo de Monteagudo, el muy odiado secretario del protector argentino por la racista nobleza limeña: el argentino consejero Monteagudo, era mulato.

    Otro tanto, Bolívar odiaba a los peruanos por estas mañas y resabios.

    El proyecto de un Perú decimonónico monárquico fracasó. Primó la república. Y con ella, una retahíla de anarquismo que nos pasa la cuenta -institucionalmente en lo principal- hasta hoy.


    LA EMANCIPACIÓN POR FIN ACEPTADA: DE UN SÓLO REY A MUCHOS REYEZUELOS

    Consumada esta suerte de independencia "a la fuerza", en Junín y Ayacucho en 1824 (más de una decena de años después que la independencia de Argentina o Chile) y donde la actuación de la infantería, caballería y artillería argentina, colombiana o venezolana fue más crítica que el magro aporte peruano, empezó la sangría y repartija del Perú por parte de las clases dominantes locales vía el caudillismo militar y en asociación con el civilismo mercantilista.

    ¿En qué momento se jodió el Perú? Una tentadora respuesta a la propuesta ficcional hecha por el Nobel de Literatura se halla en el 9 de diciembre de 1824, fecha de la batalla de Ayacucho. Podría ser. No porque el Perú debió seguir siendo territorio español, sino porque a partir de ese día -se puede decir- el militarismo y su siniestra conjunción de fuerzas con la Iglesia Católica, el civilismo empresarial y comercial y los medios de comunicación iniciaron la "jodienda" al Perú y de paso, no permiten que éste salga del barroco colonial.

    Estos poderes, se levantaron como pequeños cacicazgos en el Perú, pequeños principados o en muchos casos, reyezuelos con corona, moneda, poder político, económico y religioso propios: todo, en un ecosistema que -lo dicho- sigue siendo cuasi colonial.

    Esta paradójica (por nueva y a la vez añeja) casta, vería en la independencia -al inicio "no deseada" pero después querida como a un invitado forzado a la mesa- como una clara oportunidad para afianzar su poder económico, político y social.

    Al final el punto para la reflexión es: la mentada independencia del Perú fue importada, no fue #MarcaPerú y menos iniciativa aprobada por los peruanos quienes -más preocupados por sus intestinos intereses- se alejaron física y emocionalmente de un proyecto nacional. No obstante y a propósito de este alejamiento, fue digerida y conducida hacia sus propios fueros económicos y políticos.

    Feudos de los que hasta hoy acusamos recibo los peruanos: que después de casi dos siglos de vida "independiente", seguimos sin un proyecto nacional sólido.

    Tomemos nota de esta curiosidad a propósito de esta independencia no querida pero deglutida: aún hoy, flamea la bandera peruana en el mes de julio con un blanco y rojo que corresponde a los colores de la Casa de los Austrias, los primeros gobernantes del Perú al momento de la conquista.
    .
    Foto de portada: "La capitulación de Ayacucho". Óleo del pintor peruano Daniel Hernández (Panoramio).



    Te puede interesar también:

    LIBRO COMPLETO haciendo clic en el enlace: "La Independencia del Perú". Heraclio Bonilla, Karen Spalding, otros. Instituto de Estudios Peruanos, 1972.

    LIBRO COMPLETO: The Tupac Amaru And Catarista Rebellions: An Anthology of Sources. Ward Stavig & Ella Schmidt, 2008.

    LIBRO COMPLETO: La rebelión permanente. Fernando Mires, 1989.

    RESEÑA: Metáfora y realidad de la Independencia del Perú. Heraclio Bonilla, Instituto de Estudios Peruanos, 2001.

    ENSAYO COMPLETO: La Tradición Autoritaria. Alberto Flores Galindo. PUCP. Ciencias Sociales, 1998.

    ENSAYO: ¿Independencia y revolución en el Perú? Entre el discurso y la praxis social. Daniel Morán, María Aguirre. Universidad Mayor de San Marcos, 2008.

    La independencia del Perú: ¿concedida o ganada por los peruanos?

    Detectives de libros: la historia de los textos devueltos por Chile

    Todos los caballos del presidente

    El Estado laico peruano: ¿existe?



    _______________________________________


    Fuente:

    https://eduardomadeconomy.lamula.pe/...arnos/edu1968/

  12. #12
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    La fuente original de esta frase desgraciadamente ya no está disponible. Suerte que se había copiado el artículo en Hispanismo:



    Y vivimos buscando culpables




    Y parece que el escrito es parte de un libro que por lo que nos presenta su índice parece ser muy interesante.


    Perú: 184 años de corrupción e impunidad






  13. #13
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    La verdad histórica no puede ser callada por más tiempo, los que la ocultaron ya no pueden impedir su divulgación.

    LOS INDÍGENAS REALISTAS, LOS "ESPAÑOLES AMERICANOS", HISTORIA SECRETA DE LA AMÉRICA DEL SIGLO XVIII.

    El Gran Ejército Real del Perú, contando con su Capitanía General de Chile, durante toda la guerra civil (de independencia), la constituyó sin duda el grupo hispanoamericano, integrado por los mestizos con mayoría de sangre indígena, que en el Perú eran, y son, conocidos con el nombre de “cholos”, aún a pesar de que durante la república establecida, estaba prohibido llamarles así por ordenanza de general independentista José de San Martín y Matorras, sino llamándoles "peruanos".

    Aquellos hombres, jóvenes y señores, eran reclutados en sus lugares de origen, ya fuera la costa o la sierra, las más de las veces NOS DICEN NUESTROS HISTORIADORES, por la "fuerza" y destinados a los Cuerpos de Línea o Milicias, previa instrucción del uso de las armas y las voces de mando. Dicen también nuestros ilustres historiadores que era un constante problema para los mandos el idioma de estas tropas, puesto que en la inmensa mayoría sólo hablaban su lengua nativa –el quechua o el aymará- por lo cual, llamaron a varios "mistis"(españoles nacidos en el Perú) de Arequipa, Cuzco, Huamanga y del Alto-Perú y Puno, que se codeaban siempre con ellos en sus idiomas cuando trabajaban en las haciendas y cuando estaban en la Guardia Civil de aquel entonces, idiomas vigilados y protegidos por la mismísima Corona Española y también por las Órdenes que se establecieron en el Perú y en el Alto-Perú, desde la creación de las Leyes de Indias por parte de los Reyes Católicos y cumplidos durante el Reinado del Rey-Emperador Carlos I las Españas y de las Indias (Carlos V el Sacro Imperio), que velaron por ellas desde ese entonces hasta el fin de los Reinos de Ultramar.








    Eran entonces, por parte de los mandos, tanto los peninsulares venidos como los que residían aquí, que nombraron a varios "mistis" para guiar y facilitar la comprensión de los nuevos mandos, como también la interacción de varios mestizos que facilitaron la comprensión entre blancos e indios, "mistis y cholos", con la suerte más, de que aquellos "mistis o mistianos", supiesen perfectamente además del idioma nativo, el uso frecuente de las armas a cuerpo y fuego, contando encima con sus guardaespaldas o empleados negros, que gustosos acompañaban a sus patrones, nombrándoles oficiales a los mistis y creando, como también metiéndolos en los otros batallones, a los propios negros, quedando así solucionado este "problema" del que nos cuentan desde la secundaria acerca de quiénes y cómo debían dirigirlas, maniobrarlas y luchar codo a codo, desde ese momento en adelante.

    Nos dicen que eran en general "soldados sumisos y dóciles", que no tenían la bravura militar y no cuestionaban sus deberes, ni se sublevaban por la falta de paga, pero incansables andarines, sobrios, valientes y disciplinados. Una cosa obvian nuestros historiadores y no lo MENCIONAN, como nunca mencionan cómo era la bandera realista, era que los NEGROS, BLANCOS, INDIOS, MESTIZOS Y ZAMBOS, luchaban por una razón que NOS UNÍAN, en aquel entonces. y era la fe, que estaba encima del Rey, porque cuando arribaron y se alzaron los independentistas, se iban sin temeridad alguna, a DESTROZAR las iglesias y conventos de monjas, por parte de los negros, cuando arribaron los soldados de San Martín en camino hacia Lima, los muy ignorantes e insensibles atacaron nada más ni nada menos que al patrón e interceptor de los negros españoles, a SAN MARTÍN DE PORRAS, lo que provocó la protesta "silenciada" de las cofradías del Señor de los Milagros, y sabiendo que las cosas iban en serio cuando José de San Martín y Matorras proclamaba la independencia en la plaza de armas de Lima, la gran parte de negros de Lima se fueron, con los caballos de sus patrones junto con los soldados y las caballerías del Virrey, hacia la Sierra, con la única razón que tenían, de defender a San Martín de Porras, a María y a Dios, creándose la montonera disciplina Real de morenos, portando con su propia banderola (No sería raro que el color que escogiesen fuese el morado por el Señor de los Milagros) por la parte de los indios, chocaron y saquearon contra sus "patrones y patronas" que estaban en aquellas ermitas o iglesias que estaban dentro de sus pueblos de donde provenían, tal era la desdicha, que como lo mismo hacían con sus antiguas deidades, adornándolas de oro, botellas de anís, flores, capas finamente adornadas, botellones de vino, mazorcas y collares de plata a los pies de las estatuas santas, encontraban a su regreso totalmente saqueadas y destrozadas, haciendo sacar unas cuantas lágrimas, tanto a las mujeres, los padres y las monjas, como los que tenían que ir y venir cuando los mandos virreinales pedían su presencia en una escaramuza o en un choque de montoneros.

    Mencionar a los "mestizos y mistis", se sabe con más detalle, los verdaderos hechos ahora de quiénes estuvieron allí, durante y después, pero una razón de las cuales, negros, indios, mistis, mestizos y zambos prestaban sus mejores servicios, si eran animados y mandados por sus paisanos y con todos a las guerras civiles españolas, era primeramente que defendían el honor de su fe y de su hogar, porque hablar de la política, ¿quién no rehúye o debe saber PROFESIONALMENTE antes de hablar de política?. El General Pezuela los describe en su diario militar como de instrucción más que regular, pues hacían bien en el ejercicio del fusil y en las maniobras del Batallón. En el combate, luchaban hasta el fin, haciéndose matar en sus puestos pero jamás retrocediendo, como lo hacían sus adversarios en montoneras, allí el porqué de la diferencia, entre unas "montoneras disciplinadas Reales" y de las "montoneras patriotas independentistas" de los gauchos argentinos, unos cuántos huasos chilenos y de los morochucos peruanos.








    Sus principales inconvenientes eran sus peculiares modos de vida y sus pautas de comportamiento, ajenos a las Ordenanzas españolas, como sus frecuentes deserciones, sí, las más de las veces sólo por querer volver a sus casas para ocuparse de sus labores en tiempo de las cosechas y por supuesto, esta vez NO DEJARLAS SOLAS LAS IGLESIAS, pues el apego sentimental y espiritual de aquellos hombres en esos años eran de amor puro hacia Jesucristo, María, a la tierra en el tiempo de las cosechas y al patrón o patrona respectiva de su pueblo, que velaban y "bendecían" sus cosechas, compensándolos cuando los sacaban a pasear y festejar junto con ellos, por todo el pueblo, a pesar que los padres consentían que sacasen las imágenes en días no procesionales.

    La actitud de estos hombres y mujeres hacia el servicio del Rey con las armas, que si bien no les agradaba, ¿A QUIÉN NO?, no rehuían, si desertaban, al cabo de unos días regresaban con los ánimos de sus paisanos que los devolvían para que peleen por el Rey y por Dios, tan sólo cambió con la prédica y la propaganda revolucionaria, aunque ésta no siempre dio el resultado que los independentistas deseaban, puesto que PENSABAN QUE ADORABAN AL DIOS INTI (SOL), EL SÍMBOLO DE LOS INDEPENDENTISTAS, PERO QUE EN REALIDAD ENCONTRABAN QUE ESTABAN APEGADÍSIMOS A SUS SANTOS PATRONES Y A LA FE CATÓLICA. Entre los Caciques Realistas más destacados encontramos al Brigadier de los Reales Ejércitos Don Mateo García Pumacahua, Cacique de Chincheros, quien en 1780 fue con sus tropas uno de lo que contribuyó a la derrota del Cacique de Tinta, José Gabriel Condorcanqui, más conocido como “Túpac Amaru”. Pumacahua actuó en el lado realista desde 1811 en que entró con sus tropas cuzqueñas como refuerzo de General Arequipeño Don José Manuel de Goyeneche y Barreda a poco de la batalla de Huaqui y se halla retratado en el ya mencionado cuadro, como uno de los miembros de que escoltaba al General.

    En 1813, sus tropas fueron convertidas por el Virrey Don Joaquín de la Pezuela Griñán y Sánchez Muñoz de Velasco en el Regimiento de Milicias Disciplinadas de Infantería de “Nobles Patricios del Cuzco” de los cuales no hemos podido, hasta ahora, obtener el detalle de su uniforme, pero estimamos que debían llevar el señalado a las Milicias Disciplinadas, pero con algún agregado lujoso, adornos como cordones y detalles en sus casaquillas, chacós y pantalones, debido al origen y dignidad de sus Oficiales, nobles cuzqueños de las famosas "Trece Casas de sangre Inca" (Panacas Reales), entre cuyas prerrogativas estaba la de pasear una vez al año, generalmente en la Procesión del “Corpus Christi”, el Estandarte Real de la Ciudad de Cuzco, del que eran custodios.

    En dichas oportunidades, los Caciques colocaban sobre sus trajes ceremoniales y uniformes, los emblemas de oro correspondientes a su dignidad, consistentes, en cadenas de oro en bandolera, un sol de oro colgando del pecho y hombreras, rodilleras y hebillas de oro representando rostros de Puma, emblema del Imperio Incaico. Su soberanía correspondía al Rey de España, y había reconocido ya en el siglo XVI a los nobles Incas como “Títulos de Castilla”. Como parte de su propia peripecia personal, en 1814 Mateo Pumacahua se sublevó a favor de la independencia pretendiendo alzar a todo el Cuzco, siendo derrotado por sus PROPIOS COMPATRIOTAS que permanecieron fieles hasta el final de la guerra, sí, hasta en la guerra civil de Ayacucho y después durante la república como grandes hacendados, tristemente robados y eliminados en su totalidad, como los otros hacendados, extinguiéndose estas "panacas reales" que fueron protegidas y apoyadas por la Corona española, pero en la república, por su condición de "nobles", a pesar que eran mestizos de tez clara y otros indios de sangre pura y noble, fueron las cosas irónicamente al revés en la república.







    Una de las consecuencias de aquellos hechos fue la suspensión de la ceremonia en 1815. Sin embargo, una prueba de esa fidelidad es que a mediados de 1824 solicitaron los Caciques de todas las casa nobles cuzqueñas al Virrey José de la Serna y Martínez de Hinojosa en el Cuzco, presentando una serie de considerandos de profesión de fe Realista, volver a pasear el Real Estandarte. No fue una solicitud interesada, ya que estaba cercano el fin de la guerra y su resultado era previsible, como para intentar captar simpatías del Virrey en esos momentos. Por otro lado, además de los Nobles indígenas y de los mestizos cuzqueños o altoperuanos, se hallaban los indígenas puros, casi sin integrar en la sociedad americana y peor aún en las repúblicas, y que sirvieron en el Ejército Real. Contrariamente a lo que comúnmente se cree, estos indígenas también fueron en su mayoría fieles a la Corona de España durante la guerra de independencia de América.

    Varias son las unidades formadas con sus parcialidades, no sólo en el Alto Perú, sino también en el Perú y aún en Chile. La mayoría de ellas rindieron importantes servicios a la Corona hasta el último tiempo de la guerra.







    De todos ellos, los que sin duda destacaron por su valor y ferocidad fueron los Araucanos del Sur de Chile.

    En la expedición a Chile en 1813, estos indios araucanos y su Cacique Villacurá se manifestaron fieles y adictos al Rey como devotísimos a Dios, que celebraron a su modo la llegada de las tropas Patriotas Realistas, y juraron con las expresiones más vivas de júbilo y respeto al no ceder a las pretensiones de los independentistas de Chile y:

    - “formar para la defensa del Rey, una muralla de guerreros en cuyos fuertes pechos se embotarían las armas de los revolucionario y aún quisieron partir muchos a Chillán para mezclar su sangre con la de los soldados del suspirado Rey Don Fernando. La ilustre asamblea de Araucanos tuvo término después de haber recibido los caciques medallas de oro con el busto del soberano y otros de plata, con un bastón de cada uno.”

    El 24 de septiembre de 1817 se anotaba en el Libro Manual de la Tesorería del Ejército Real de Talcahuano que, “cuatro Caciques, nueve Mocetones y tres Lenguaraces, han venido a notificar su fidelidad al Soberano y a ver el modo de contribuir con las armas del Rey”.

    El 7 de octubre hacen lo propio los dos Caciques de Tucapel, ofreciendo sus lanzas-guerreros, para pelear contra los independientes.

    Estos araucanos eran excelentes jinetes y diestros lanceros usando sus largas lanzas de caña de Coligüe, que podían alcanzar hasta tres metros de largo. No usaban uniformes sino ropas naturales, consistentes en ponchos tejidos en sus telares y colores blancos, negros, azules o rojos, con diseños que les eran particulares, llevaban “chiripás” y botas de potro con espuelas que podían ser de madera o de plata labrada según la DIGNIDAD DEL PROPIETARIO.

    De las provisiones del vestuario entregado a los jefes de esos fieles araucanos hemos podido reconstruir el uniforme que llevaban los Caciques, los "Capitanejos" y sus Tenientes. Los primeros llevaban casacas de paño azul de primera calidad, con las vueltas, vivos y divisas de casimir grana y el forro de bayeta blanca. Llevaban galón de plata adornándolas y dos varas de “coronelas” (los tres galones que denotaban el empleo o el grado de Coronel) también de plata. Las casacas llevaban un total de una y media docenas de botón de hilo de plata, lo que indica que tenían solapas, aunque iban abrochadas con broches. Los chalecos eran igualmente granas de casimir con botones chicos de plata en cantidad de una docena. El calzón podía ser grana o azul y se les entregaron botas altas a los caciques. Sus sombreros eran clásicos con cabos de plata y escarapelas de paño encarnado y cintas.

    - "Una antigua práctica del “Sistema Borbónico de Defensa” consistía en integrar a las comunidades indígenas retiradas de las zonas más habitadas, en las tareas de la defensa y control de las fronteras. Ello se lograba nombrando jefes militares a los que eran de las tribus y clanes, reforzando su autoridad por diversos métodos y así se podía contar con su movilización llegado el caso. Para ello se les entregaban, además de otros presentes, uniformes militares con divisas de empleo, medallones con el retrato del Rey, crucifijos grandes de plata u oro, golas e incluso banderas..."

    La contrapartida eran sus servicios militares cuando se necesitaba disponer de fuerzas mayores o ejercer un mejor control de una determinada región.

    Así, cuando el Brigadier Don Antonio Pareja llevó a cabo la marcha al sur de Chile, recibió la vieja lealtad al Rey de las Españas de los indios araucanos.

    Los Capitanejos llevaban un uniforme similar pero sin las “coronelas” de plata y solo galón en las vueltas y cuello, calzón azul, sombreros con escarapela y cintas pero sin galón y, probablemente, las botas de potro típicas de los araucanos.

    En tanto, los Tenientes llevaban chaquetas de paño de la estrella de color azul con divisa encarnada y botones de plata.

    En 1819 se hallan provisiones que señalan que los Capitanejos llevaban casacas encarnadas con divisa azul y guarnecidas de cordones blancos.




    BIBLIOGRAFÍA:

    - (Tomado de “Los Realistas” (1810-1826) Virreinatos del Perú y del Río de la Plata y Capitanía General de Chile, de Julio Mario Luqui Lagleyze y Antonio Manzano Lahoz, pp. 86, 87, 88)

    - Tómese como ejemplo la referida sublevación de 1814 (Pumacahua) reprimida por las propias fuerzas cuzqueñas del Ejército Real.

    - A.H.C. (Archivo Histórico del Cuzco). Gobierno Virreinal 1822/24 Leg. 2 (N° 156) “Expediente sobre que se continúe en esta capital el Paseo del Pendón Real…”.

    - “El pensador del Perú” -1813, en Colección de Historiadores y Documentos para la Independencia de Chile. Tomo IV, pág. 101-102.

    - A.G.N.P. (Archivo General de la Nación Perú), Fondo C-15. “Libro Manual de la Tesorería del Ejército Real”, del 22 de agosto de 1817 al 18 de febrero de 1818.




    ______________________________________


    Fuente:

    https://www.facebook.com/permalink.p...48759081802598

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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Edición Impresa del 26 de Julio de 2015

    “La historia de la Independencia ha sido contada desde Lima”

    Cecilia Méndez Gastelumendi. Historiadora y profesora de la Universidad de California, en Santa Bárbara. Autora de La República Plebeya.



    Escribe:
    Roberto Ochoa


    La Historiadora Cecilia Méndez Gastelumendi vino al Perú para volver a presentar su libro, La República Plebeya. Pero no lo presentó en la Feria del Libro, sino en el poblado de Uchuraccay, donde se asentó el cuartel general de los rebeldes iquichanos que en 1825 se alzaron contra el gobierno Simón Bolívar. Siempre polémica, Méndez sigue convencida de que existen muchos vacíos en nuestra historia oficial.




    En las Fiestas Patrias se celebra una proclamación, mientras que en el resto de América hispana celebran la insurgencia. Nuestros precursores fueron realistas que se cambiaron de bando cuando llegó San Martín. Parafraseando a Raymond Carver, ¿de qué hablamos cuando hablamos de la Independencia del Perú?

    Creo que esa es la pregunta que la gente no se quiere hacer porque a muchos no les gusta pensar. Por eso la Independencia se convierte en algo repetitivo: la bandera, la proclamación, San Martín, el himno, el desfile... y estamos en un momento que así como cambia el presente, el pasado también tiene que cambiar. La reflexión de tu pregunta es la misma que nos hicimos cuando organizamos un coloquio titulado Las Independencias Antes de la Independencia. Hubo muchas proclamas antes de la de San Martín y no solo proclamas sino también insurgencias y eventos que se han opacadado y que, justamente, según lo que yo propongo, la fuerza con la que se impone la centralidad de la proclama San Martín en la narrativa de la Independencia tiene que ver con la necesidad de que no se cuente la historia del Perú. Es una manera de solucionar todas las cosas problemáticas de las que no queremos hablar...



    Entre ellas el miedo a las rebeliones indígenas...

    Hay un miedo a la insurgencia que es tan antigua como la rebelión de Túpác Amaru. Creo que es el miedo mayor de nuestra historia, incluso republicana, pese a que ocurrió cuatro décadas antes de la República.



    ¿Debemos volver a estudiar a personajes como San Martín y Bolívar?

    En el Perú hubo desde temprano un rechazo a Simón Bolívar. Y ese culto a San Martín no es tan temprano porque su ministro (Monteagudo) arrasó con la nobleza peruana.



    ¿Con la nobleza española, criolla o indígena?

    Con la española, pero los aristócratas peruanos se sentían emparentados con esa nobleza. Pero el rechazo a Bolívar fue muy temprano porque hubo una asociación entre la venida de Bolívar desde el norte y la idea peruana de que seríamos conquistados por los colombianos.



    ¿Era cierto?

    No era tan falso. Bolívar tenía un gran plan de dominar Sudamérica desde Colombia



    Desde la Gran Colombia...

    Los historiadores la llamaron Gran Colombia para diferenciarla de la Colombia actual. San Martín era mucho mejor negociador. Era un líder militar de otro calibre. Y Bolívar era más de imponer. Con él no había nada que dialogar...



    Alguna vez leí que Bolívar fue el gestor o inspirador de las dictaduras militares en el Perú...

    No creo adecuado decir “gestor” o “inspirador” porque fue un proceso. No es que Bolívar inventó este militarismo. El tótem de la época fue Napoleón, por esa idea del estratega exitoso que salía de una revolución y formó un imperio. Lo dice Basadre, el ideal de estos militares era Napoléon. Incluso en referencia a Santa Cruz. Gamarra también. Y Bolívar con lo que es Colombia y Venezuela como epicentro. Lo que a mí me parece importante, más que reescribir la historia de estos personajes, es reescribir la historia de la relación de estos personajes con la población porque esas son las historias silenciadas.



    ¿Existen estudios al respecto?

    Hay un ensayo olvidado escrito por Henri Favre titulado “Bolívar y los Indios”. Ahí se desmitifca la idea de que Bolívar fue apoyado por los indios. Bolívar cuando viene al Perú pasa por Pasto (en la frontera entre la actual Ecuador y Colombia) y se encuentra con una oposición tenaz de los indígenas pastuzos, que eran realistas. Bolívar no pudo con ellos y ordena su exterminio. “Un indio no puede desafiar a un soldado”, decía Bolívar. Según Favre, Bolívar tenía antes de salir de Venezuela una idea romántica de los indios como el “buen salvaje” pero el desprecio de Bolívar por los indígenas es tristemente conocido. Para Bolívar “indio” y “soldado” eran incompatibles.



    ¿Esto es parte de la historia silenciada?

    La guerra que hizo Bolívar para liberar a Venezuela fue una guerra a muerte. Por eso se usaba un léxico de “guerra a muerte” pero no solo contra los españoles sino contra todo aquel que se opusiera a su objetivo. Y habían miles que se oponían. Era una guerra civil. Bolívar sentencia que los pastuzos deben ser exterminados, sin embargo, es un héroe. Pero cuando hablamos de violencia no la asociamos con Bolívar o con San Martín sino con Túpac Amaru. Y eso no es porque tal era más violento que tal, sino que depende de a quien va dirigida la violencia. Creo que cuando la historiografía transmite un rechazo a la violencia (por ejemplo la de Túpac Amaru), lo que en realidad se rechaza es la revolución. Esa es la palabra prohibida. En la Independencia hubo una violencia tremenda. Cuando me dice que hay que reestudiar a los personajes no creo que una biografía sea suficiente. Se tiene que hacer la historia del personaje en relación a la dinámica de las poblaciones y a su actitud, no solo a su filosofía.



    ¿Cómo te fue con el concurso de ensayos “Narre la Independencia desde su Pueblo”?

    Recontra bien. Tuvimos 60 ensayos de todo el país. Además, este concurso fue un proyecto colectivo con Juan Carlos Estenssoro. Estamos trabajando en la edición. Los tres ensayos ganadores más una serie de exposiciones en un coloquio internacional. El primer lugar lo ganó un ensayo sobre la Independencia desde Huacho. El segundo lo ganó un profesor arequipeño. El tercero fue para un profesor chileno de Tarapacá. Cuenta cómo fue la Independencia cuando Tarapacá era peruana.



    ¿La historia oficial excluyó a las provincias?

    La historia oficial de la Independencia ha sido contada desde Lima. Cuando San Martín sale de Lima después de su proclama, en sus documentos se refiere a la independencia de Lima. Después se habla de la independencia del Perú. Esta idea de celebrar la proclamación de San Martín es producto del centralismo de Lima. Cuando se proclama la independencia en Lima se rebautiza todo. Lima deja de ser la Ciudad de los Reyes para ser la Ciudad de los Libres. La Plaza de la Inquisición se cambió a Plaza de la Constitución. Con el paso de los años revierten todos los nombres revolucionarios y vuelven a tener sus nombres originales. Hay una idea que tengo para un texto que aún no escribo y que se titula “Lima, la ciudad que no quiso ser libre”.



    En tu libro La República Plebeya se lee que los indígenas estaban al día con las noticias de Europa, incluso más informados que los limeños ¿Eso responde a que el sur peruano estaba muy vinculado comercialmente con Río de la Plata?

    Totalmente. Tanto así que si lees los periódicos cusqueños de la época había mucha información procedente de Río de la Plata. Hubo mucha presencia de extranjeros escapados de las persecuciones en Europa. Venían aquí y ponían periódicos liberales. Víctor Peralta y Ascensión Martínez han estudiado muy bien este fenómeno en sus respectivos libros sobre la independencia y la prensa doctrinal. El vínculo de Arequipa y Cusco con Río de la Plata fue muy fuerte. Incluso, la Constitución de Cádiz se juró primero en Huamanga que en Lima.



    ¿Indios o indígenas?

    San Martín cambia el termino “indio” a “peruano”. No tuvo éxito por eso Bolívar decide que se les llame “indígenas”. Pero la comunidad indígenas como tal solo fue reconocida con Leguía, en 1920. Se emite la Ley de Comunidades Indígenas, donde estas son reconocidas por el Estado como entidades legales. Esa es la manera como tienen que reconocer sus derechos, no como peruanos sino como indígenas. Impresionante. Se crea también un registro estatal de comunidades indígenas con derechos especiales y diferenciados. Medio siglo después, Velasco las transforma en comunidades campesinas.


    Terremoto político

    En 1971 se genera un terremoto entre los historiadores con la publicación del ensayo sobre la Independencia escrito por Heraclio Bonilla y Karen Spelding, editado por el IEP cuando José Matos Mar dirigía esta institución. Como historiadora, ¿vivimos las réplicas de aquel terremoto o sería necesario otro cataclismo?

    Creo que para que haya otro terremoto primero tiene que volver a ser importante la Historia en el debate público. Y no lo es. Si tú observas la actitud de la prensa y la multiplicación de columnistas, ¿cuántos hablan de historia? Yo estaba reflexionando sobre esto y es interesante que antes, en los 70, una de las razones por la que la historia era tan interesante, era por el diálogo con las ciencias sociales. ¿De dónde salían estos académicos que provocaron estos terremotos? De la antropología, de la sociología y luego, en los 80, volvieron a la Historia. Heraclio Bonilla era formado en antropología, Nelson Manrique salió de Sociología, Tito Flores Galindo fue el único que salió de las canteras de la Historia. Pero Tito enseñaba en Sociología porque la Historia fue un bastión conservador. Bonilla tuvo que enseñar Economía, otros Sociología. Entonces el requisito para que haya un cuestionamiento de nuestra Historia es que siempre tiene que estar en diálogo con la sociedad y con otras disciplinas.



    ¿Por qué estudiaste Historia?

    Porque contienen todas las otras disciplinas. Puedes ser historiador y hablar de Economía, de Política, depende de tu especialización. Pero en los últimos años ha sucedido una tecnificación de las carreras con la aparición de nuevas especialidades. Entonces los que opinan de Política son los politólogos...



    Tú acuñaste la sentencia: “Los politólogos son al liberalismo como los sociólogos al Velascato”?

    Yo la dije, pero no es mi frase, me la dijo Pablo Sandoval.







    Historia de retablo. Méndez, con un retablo ayacuchano que grafica la Proclamación de la Independencia de San Martín. Foto: Roberto Ochoa





    Ensayos. Convocatoria al concurso de ensayos sobre la independencia.






    Rebeldes indígenas. El “indio” Huachaca lideró a los rebeldes en las alturas de Huanta.







    Libertadores. José de San Martín y Simón Bolívar.







    _______________________________________


    Fuente:

    La historia de la Independencia ha sido contada desde Lima | Noticias del Peru | LaRepublica.pe
    Última edición por Mexispano; 01/12/2015 a las 22:43

  15. #15
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    Dice el historiador peruano Heraclio Bonilla que la independencia fue un día de duelo para los indios. Lo mismo le escuché años ha a Ángel López Cantos en la universidad de Sevilla; un profesor, por cierto, nada sospechoso de "hispanismo".

    Y es que una de las muchas intrahistorias de la "independencia" hispanoamericana fue el expolio de las tierras comunales de los indios. Al dejar de existir el valor de los títulos de la nobleza india que dominaba buena parte de los Andes en pacto con la Corona de Castilla (en especial en el Perú), las tierras de sus comunidades pasaron a ser "desamortizadas" (al igual que los liberales hicieron en España con las tierras de la iglesia); vendidas entre amigos que se enriquecieron mucho con el nuevo proceso político que tantos beneficios habría de traer al imperio británico, que dirigió y vigiló estas "independencias".

    No digo con esto que en la época virreinal no se cometieran abusos. Lo que digo es que perdido el vínculo de los indios con sus naturales jefes ante la corona, una república extraña, dirigida por gentes en quien no confiaban, que a su vez tenían que rendir cuentas a la logia o al Foreign Office, aprovechó para que la oligarquía que ya cortaba el bacalao hiciera y deshiciera sin más límites que el de su codicia y el beneficio de la Union Jack.

    Las tierras comunales desaparecieron. El latifundio se extendió a placer. ¿Y la culpa? A los españoles, que fueron una suerte de marcianos que vinieron desde no sé dónde a robar y violar. Y así, doscientos años; sin que nadie se planteara cómo cientos de hombres, sin viagras ni bombas atómicas, pudieran masacrar y violar a cientos de millones de personas...

    Los marxistas siguen sin explicarse por qué los indios fueron "los más tenaces defensores del reino", como dijo el general bolivariano Joaquín Posada Gutiérrez, y acuden a vagas explicaciones economicistas. Pero es que omiten que la nobleza india seguía dominando, y el modus vivendi de las comunidades no difería en gran cosa de sus maneras ancestrales. Reconocer al "Inca Católico" para muchos de ellos era una continuidad. Y todavía en proceso de sincretismo, viene una ruptura brusca; una "usurpación", cómo supo ver el indio realista Antonio Navala Huachaca, quien mantuvo la resistencia realista en la Pampa de Quinua hasta 1835; al igual que resistió Agustín Agualongo en Pasto; al igual que resistió la isla de Chiloé, y los Pincheiras en el continente hasta 1832.



    https://www.youtube.com/watch?v=5vuVCQ7zHls

    _______________________________________


    Fuente:

    https://www.facebook.com/pages/Anton...144988?fref=nf

  16. #16
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    IMPRESIONANTE TESTIMONIO DE UN REALISTA DEL VIRREINATO DEL PERÚ

    “Si nuestros ilusos paisanos (refiriéndose a los separatistas), con la malicia que los caracteriza desde que se rebelaron, pretenden sorprender a las naciones extranjeras con hacerles ver que la guerra de estos países es de todos los habitantes contra los españoles europeos, sepa el mundo entero que los que llevamos en el Perú las ar...mas somos la mayor parte hijos de la América, que peleamos y pelearemos por conservar nuestra tranquilidad y el rango de ciudadanos españoles hasta derramar la última gota de nuestra sangre…”


    - Realista anónimo peruano, noviembre de 1823.



    Fuente (buen artículo sobre las independencias): http://laabeja.pe/opinión/herencia-hispana-nicolás-duré/509-una-reflexión-sobre-las-independencias.html




    _______________________________________


    Fuente:

    https://www.facebook.com/77125717629...type=3&theater
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  17. #17
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    De porqué Bolívar no es muy apreciado en el Perú


    Algo que puede sorprender a cualquier venezolano al llegar al Perú es la renuencia que sienten los peruanos para reconocer a Simón Bolívar como su Libertador. Ese honor lo posee el General José de San Martín, argentino de nacimiento, pero muy europeo de obra y corazón, quien un día como hoy proclamó la libertad del país hermano. En cambio a Bolívar lo mencionan con recelo. Esta bien que quieran a San Martín, pero, ¿por qué esa insolencia en contra de Bolívar?

    Era evidente que la batalla final contra España se estaba dando en Perú y que la colaboración entre los ejércitos libertadores del Norte y del Sur haría más expedita la victoria. Con ese fin viaja San Martín a la recién liberada República de Guayaquil -pequeña región de lo que hoy es Ecuador y que se debatía entre ser independiente, pertenecer a Colombia o pertenecer a Perú- para entrevistarse con Bolívar. Desde ese momento comienza el Libertador a pisar callos peruanos.

    Cuando San Martín desembarcó, Bolívar lo estaba esperando para darle la bienvenida a "tierra colombiana". Sin poder decir la primera palabra ya San Martín había perdido la oportunidad de reclamar Guayaquil para el Perú. Bolívar lo había caribeado, había llegado unos días antes para establecer alianzas estratégicas con los guayaquileños. A los peruanos nunca les terminó de dar risa esa gracia.


    Cautivaba


    Sería estúpido negar la imponente personalidad del pequeño caraqueño, quien, con sus apenas 1,63 de estatura, cautivaba a masas e individuos. Pero tampoco podemos ignorar otras características del Libertador, como su maquiavelismo y su ambición. En reunión a puerta cerrada convenció a San Martín de que se retirara y dejara la libertad del Perú (y, por ende, de Sudamérica) bajo su liderazgo. No hay documento de la minuta de este encuentro, porque fue a solas, pero San Martín escribió una vez que, al pedirle ayuda militar, Bolívar sólo le ofreció unos mil hombres. Era un regateo político. San Martín lo entendió y finalmente le cedió a Bolívar "un nuevo campo de gloria en el que va usted a poner el último sello de la libertad de América". Así, Bolívar se hizo del ejército del Sur y fue recibido con honores de Libertador en Lima. Digamos que, a cambio de la libertad, lo de Guayaquil podría perdonarse, pero la cosa sigue.

    Volvamos a la capacidad de seducción de Bolívar. La peruana es una sociedad muy, pero muy conserva- dora. La oligarquía de allá es oligarquía de verdad, con abolengo y tradición (no como aquí, que es inexistente). Aquella oligarquía circunspecta -que estaba dispuesta a negociar con España una especie de tablas si así conservaba sus privilegios- lo recibe como un mal necesario y al poco tiempo cae rendida a sus encantos. Incluso le permiten reactivar la campaña militar accediendo a una estrategia que San Martín no se había atrevido -o ni se le habría ocurrido, como militar académico que era- a poner en práctica: incorporar las montoneras, la guerrilla campesina de la época. Nativos dirigidos por indígenas, sin preparación militar, ni casta social. Era inaceptable que formaran parte de la gloria emancipadora.


    Pleitesía

    Una vez que Sucre sella la Independencia en Ayacucho, la oligarquía peruana termina de caer rendida a los pies de Bolívar. El jalamecatismo no tuvo límites. Civiles y militares le rendían pleitesía en público y lo lisonjeaban en privado. El General Gamarra le responde por escrito: "... su carta que he besado muchas veces". Además de honores vitalicios y el título de "Padre y Salvador de la Patria", Bolívar recibió una demostración de reconocimiento de un millón de pesos (que no cobró completa). Por supuesto que la avenencia nunca es unánime, pero los detractores de la figura de Bolívar fueron considerados oposición política antipatriótica en un momento cuando se requería la unidad. Por eso no deja de ser irónico que es Bolívar quien promueve que el Perú se termine de dividir en dos países. Este es otro atrevimiento que Perú todavía no le ha perdonado.

    La provincia de Charcas era un gran territorio que había pertenecido al Virreinato del Perú hasta 1776, cuando la Corona Española determinó que dependiera del Virreinato de la Plata. Sin embargo, en 1825, su relación histórica, geográfica, económica, cultural e incluso política seguía siendo con Perú y no con Argentina. De hecho, se le llamaba Alto Perú y el interés de la oligarquía peruana era recuperar ese territorio para el gobierno de Lima.

    Sin embargo, Sucre y Bolívar prefieren darse a la tarea de promover la independencia de esta región que habría de bautizarse inicialmente como República de Bolívar para convertirse de inmediato en Bolivia. Ya no se trataba de un pedacito de tierra como Guayaquil, sino de una provincia enorme. Si bien es cierto que una buena parte de su población era partidaria de la independencia y que es injusto achacarle solamente a Bolívar la separación del Alto Perú, los peruanos comenzaron a resentirse de su Padre y Salvador de la Patria. Pero la guinda del helado es un papel que redactó el Libertador de su puño y letra: "La Constitución Vitalicia".


    Romántico

    Jorge Basadre, el historiador peruano más reconocido, dice que Bolívar fue un romántico en 1804, diplomático en 1810, jacobino en 1813, paladín de la libertad en 1819 y genio de la guerra en 1824. Sugiere el historiador que en los años 1825 y 26 al Perú le tocó el peor de los Bolívares, el "imperator". En Venezuela reconocemos al Bolívar del Congreso de Angostura, donde pronunció aquel célebre discurso de: "... nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder". Sin embargo para 1826 los tiempos y las circunstancias han cambiado. Entonces Bolívar redacta una Constitución para Bolivia y para el Perú, donde Sucre y él, respectivamente, son presidentes vitalicios con la potestad de designar a su sucesor.


    Irregular

    Un exabrupto republicano y democrático que fue votado de manera irregular por Colegios Electorales, refrendado -en contra de su voluntad- por el Cabildo de Lima y proclamado con fórceps por el gobierno en la ausencia de Bolívar (quien se hallaba apagando incendios políticos en Colombia). Tuvo el apoyo y colaboración de los funcionarios del gobierno, pero obtuvo el rechazo inmediato, a veces soterrado, otras Vox Populi, de la mayoría de los peruanos quienes resintieron la maniobra. Este Bolívar justificaba su obra: "Esta constitución es un término medio entre federalismo y la monarquía". Sí, mi querido lector, no leyó mal, dice monarquía.

    Irónicamente, la Constitución "vitalicia" tuvo una breve vida de 48 días. Sería buenísimo para el Perú contar que el pueblo se rebeló ante este despropósito legal. Pero no, fueron los mismos soldados colombianos y venezolanos, hartos de estar apostados en tierras lejanas, quienes se rebelaron contra sus superiores y crearon un ambiente de anarquía. El Cabildo de Lima, que inicialmente se había negado a aprobarla, alegando que no tenía autoridad para legitimar sobre todo el país, aprovechó ese mismo poder espurio y declaró la Constitución ilegal.

    Bolívar no volvió jamás al país que lo había reconocido como "Padre y Salvador de la Patria". Lo último que se supo de él fue la declaración de guerra de la Gran Colombia contra el Perú. Ahora tiene idea, mi querido lector, porqué los peruanos sienten cierto reconcomio contra el Libertador.


    JorgeSayegh@gmail.com



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    Fuente:

    De Porque Bolivar No Es Muy Apreciado En El Peru - Opinion - El Universal

  18. #18
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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    lunes, 3 de septiembre de 2007

    Cuando no había rey en España, Abascal lo era en América






    El virrey José Fernando de Abascal y Sousa (1806-1816) sobrevivió hábilmente a la crisis dinástica de 1808 y salvó al virreinato del Perú del conflicto interno, que trastornó a los virreinatos de Río de la Plata, Nueva Granada y Nueva España, así como a las capitanías generales de Caracas y Chile desde 1809-1810. Por medio de su política de reciprocidad, Abascal pudo trascender la tensión entre españoles y americanos con la perspectiva de volver del revés la política carolina desde la década de 1770. La política conservadora de Abascal combinó la defensa del orden establecido con una contraofensiva exterior. El gobierno limeño se aprovechó de las revoluciones criollas en Quito, el Alto Perú y Chile para restablecer el control peruano entre 1809 y 1815. Este nuevo gran Perú contrarrevolucionario presentó un reto formidable a los regímenes revolucionarios de Nueva Granada y Buenos Aires. Este último fracasó por tres veces en el intento de establecer su control sobre el Alto Perú, que Abascal volvió a unir a Lima en 1810. Efectivamente, los dos bastiones del legalismo absolutista en América del Sur fueron el Perú y el Brasil, este último centro de la monarquía portuguesa del momento. Abascal se presentó como el auténtico virrey en el momento de la Emancipación. Él fue realmente el único virrey del momento, puesto que Iturrigaray en Nueva España, Hidalgo de Cisneros en Río de la Plata y Amar y Borbón en el de Nueva Granada, carecieron en su actuación de aquellas cualidades que deben caracterizar la función de representación de la realeza, que es consustancial a la personalidad del virrey. Se hallaron tan sorprendidos por la novedad y tan carentes de iniciativa personal, que pronto fueron arrastrados por los acontecimientos, excepto Abascal, que no pudo aceptar una actitud expectativa e inhibitoria. Fue un hombre con energía, decisión e iniciativa propia, lo contrario del tipo de virrey creado por las reformas borbónicas, recortado en sus atribuciones y simple ejecutor. La época en que éste gobernó el Perú atravesaba por una completa crisis de autoridad y, para un militar de casta como él, nada podía ser más lamentable que encontrar en los gobiernos peninsulares nuevas ideas que minaban, a su juicio, su autoridad más que las reformas borbónicas. Por el hecho de no resignarse a actuar débilmente en una época crítica, Abascal procedió como autoridad independiente.

    Por entonces se produjo el golpe más duro que sufrió la unidad de los dominios de la Monarquía Hispánica provocando, además de una crisis institucional del virrey y de los virreinatos, una crisis de las personas. La situación creada por el movimiento emancipador exigía al virrey desenvolverse operando sobre otras bases constitucionales completamente distintas. La postura revolucionaria hizo triunfar la idea de que siendo el virrey nombrado por el rey, desde el momento en que dejara de existir la autoridad real, la autoridad del virrey fenecía automáticamente. No pudo darse efecto más contrario al que pretendían los teóricos anunciadores de la libertad, puesto que el resultado inmediato fue recortar todavía más la limitada autoridad de los virreyes, cuando la más elemental medida política, ante una conmoción revolucionaria, era la de reforzar enérgicamente los resortes del poder.

    Sin embargo, Abascal salvó la crisis constitucional con un verdadero alarde de tino político, mediante el que fue capaz de conciliar la obediencia al gobierno metropolitano, reprimir los intentos revolucionarios, recompensar a sus servidores, mantener los Reales Ejércitos, socorrer fuera del Virreinato a todas las autoridades en peligro de ser rebasadas por los insurgentes, en unas circunstancias en las que todo le era necesario y todo era poco para las atenciones del propio Perú, y lograr la formación de un partido americano criollo realista para hacer frente a los partidarios de la Independencia. La actitud firme e irreconciliable del Virrey hacia los revolucionarios y descontentos fue, quizá, el factor más decisivo en el mantenimiento de la autoridad española. Contrario a otros débiles representantes, que se rendían dócilmente a la presión en otras partes del imperio, estaba constantemente en guardia, decidido a sostener el sistema absolutista en el que creía, desaprobando no sólo la vacilación de sus colegas en otras partes de la América española, sino también las políticas conciliadoras de los sucesivos grupos que habían tenido la autoridad en la Península. Reveló en tan difíciles circunstancias talento, sagacidad y decisión, dotes que se pusieron reiteradamente de manifiesto cuando el ejemplo de las revoluciones americana y francesa, además de los conflictos en la propia metrópoli, agitó a todos los estamentos del Perú. Su prestigio personal y sus cualidades de estadista, a la par de su actitud recta e inquebrantable, le ganaron el respeto y la simpatía de la población limeña, si bien es verdad que la contrapartida de esta adhesión fue de veras onerosa en el campo económico. Con este objetivo, Abascal adoptó una política de conciliación y acercamiento a las elites americanas, especialmente a los intereses ya concedidos por la política borbónica del siglo XVIII. Su política en Perú no fue innovadora, ni mucho menos abrupta, sino continuadora de un proceso de acercamiento entre el gobierno virreinal y las elites limeñas, que ya había comenzado. La habilidad política de Abascal le permitió sobrevivir en una situación potencialmente peligrosa en la cual la elite limeña, sinuosa e intrigante como siempre, estaba buscando maneras para promover sus propios intereses.

    La hipótesis esencial que hemos pretendido demostrar en esta tesis doctoral se centra en los aspectos políticos, judiciales, económicos, intelectuales, militares y religiosos que empleó José Fernando de Abascal y Sousa durante su mandato como virrey del Perú a lo largo del primer tercio del siglo XIX -concretamente entre julio de 1806 y julio de 1816- para mantener fieles a la Corona los territorios ultramarinos a él encomendados. Por todo ello, a lo largo del desarrollo de este estudio, hemos ido desgranando cronológicamente los principales hechos que acontecieron durante todos estos años de mandato virreinal, desmenuzando cada uno de ellos en diversos capítulos que nos han ayudado a ver cómo se las ingenió el Virrey para defender la causa realista y cuál fue la reacción de la elite social peruana a sus exigencias.

    Concretamente, durante el primer capítulo, “Una dilatada carrera de servicio al Rey (1762-1804)”, hemos explicado brevemente sus largos años de servicio en tareas de carácter eminentemente castrense, sin por ello olvidar su labor burocrática en todos los lugares donde debieron de defenderse los intereses de la Corona. De gran importancia para la tarea que posteriormente desempeñó como virrey del Perú fue, por ejemplo, la forma de trabajar que Abascal desarrolló en los asuntos públicos durante sus años de Gobernador y Comandante general en Guadalajara de Nueva España.

    Este asturiano ingresó pronto en el Arma de Infantería, donde aprendió gradualmente el arte de la estrategia que de tanto le sirvió después en América, desde las playas de Argel hasta los campos del Rosellón, sin desdeñar para nada su dilatado servicio en las provincias indianas comenzando con Santa Catalina y la Colonia del Sacramento, pasando por Santiago y La Habana hasta llegar a Guadalajara. En él hemos visto cómo se forjó un militar que –al igual que otros compañeros de profesión- ejerció también un mando político conforme avanzó en edad y experiencia, sabiendo siempre conjugar ambas al servicio de la Monarquía Hispánica. De hecho, estuvo tan ocupado en sus destinos que poco dedicó a sus asuntos personales, como fue su matrimonio tardío.

    En el segundo capítulo, “La larga marcha al Perú (1804-1806)”, se ha trabajado el periplo alargado y costoso que supuso el traslado de Abascal a su último destino, causado por los rápidos cambios que se dieron en la política internacional de entonces. Sin embargo, tal y como hemos visto, a éste inconveniente supo sacar partido el nuevo virrey al conocer, de primera mano, el territorio que fue objetivo de su inmediata acción de gobierno.

    Un hecho relevante en la carrera político-militar de Abascal fue el ascenso, desde la gobernación de la Guadalajara novo hispana al virreinato de Río de la Plata, que se vio truncado a causa del apresamiento, por parte de los ingleses, de la embarcación en la que navegaba. Su periplo desde Veracruz a La Habana y de ahí -ya preso- hasta las Azores y Lisboa fue un aldabonazo a su conciencia de estadista al que pronto puso remedio. Sacando fuerzas de flaqueza, hizo un viaje tan largo como provechoso cuando fue removido de su anterior empleo, sin estrenar siquiera, al de virrey del Perú. Jamás, mandatario peruano alguno había hecho un trayecto en esa dirección (recordemos los 3.500 kilómetros de la marcha terrestre entre Sacramento y Lima) cuando lo habitual había sido la ruta marítima Cádiz-La Habana-Veracruz-Panamá-Paita y de ahí, por tierra, hasta la Ciudad de los Reyes. Su aprovechamiento fue hecho por un hombre habituado a las penalidades de la vida castrense y a su olfato político.

    El tercero de ellos, “Las iniciativas de un ministro ilustrado (1806-1808)”, supuso el reflejo de su espíritu cultivado, que se plasmó en acciones encaminadas a favor de los súbditos españoles americanos del Perú; entendiendo éstos como la elite social, a sabiendas de que toda medida tomada desde un organismo público en cualquier dirección no era baladí sino que, por el contrario, iba encaminada a granjearse las simpatías de los mismos. Por este motivo, Abascal se centró en asuntos de salubridad pública, cultura y defensa, que le sirvieron de apoyo en los momentos difíciles por los que atravesó el Virreinato, tanto en el interior como en el exterior del mismo.

    La elite social peruana de la época demostró -dentro de la gran amalgama de razas y lenguas existentes- estar cohesionada gracias al linaje al que pertenecieron, al nivel de vida que ostentaron y, ante todo, a la cosmovisión común del momento presente que les tocó vivir, que se centró en los campos político, judicial, económico, intelectual, militar y religioso.
    Adscribiéndose toda esta elite al conjunto formado por aristócratas, mercaderes y terratenientes y eclesiásticos. Con ello rompemos una lanza contra la visión historiográfica nacionalista, que encontraba en la raza y el lugar de nacimiento elementos fundamentales y exclusivos para entender el comportamiento de la elite social americana en su conjunto y peruana, en particular, frente a la española, durante la época que aquí estudiamos.

    Aunque el aristócrata criollo no era el peninsular en cuanto a su apego a las rentas fijas despreciando las variables, sí que tuvo una sed de títulos encomiable y que, claramente, reflejamos a lo largo de todo este estudio. Además, no fue una nobleza cortesana en el sentido europeo del término (aduladora, domesticada e indiferente, en ocasiones, a los avatares del reino) sino exigente para consigo misma y para con el representante real, a la par que culta y refinada como pocas del viejo continente. Igualmente, tuvo otro ingrediente particular que fue la necesidad de diferenciarse de las múltiples castas que pulularon por América -en Europa tan sólo tuvieron conocimiento de las mismas por medio de frescos y litografías- pero no por desprecio racial sino por consideración a su estatus y todos los privilegios que ello conllevó. Por otra parte, el ingreso en el mundo aristocrático americano fue más fácil que en España, pero más arriesgado. Así fue siempre la aventura americana.

    El otro elemento de la elite peruana, los mercaderes y terratenientes, siempre fue mucho más inquieto a la hora de introducirse en el mundo nobiliario. Poseían grandes fortunas gracias a sus florecientes comercios con el mundo exterior –en contraste siempre con el provincianismo y autarquía interior- que la Monarquía les brindó, pero su afán se concentró en los privilegios jurídicos, propios de los aristócratas, que a ellos les estaban vetados. Sin embargo, en una sociedad con tantos matices, joven, emprendedora y -como en casi todo- tan lejos de la “Madre Patria” no puso objeciones a la hora de establecer fecundas relaciones entre una nobleza depauperada en ocasiones y una incipiente burguesía enriquecida, que ansió los fueros de los notables. Esta, empero, fue mimada por el virrey Abascal cuando les reabrió las alhóndigas altoperuanas, rioplatenses y quiteñas sin olvidar las chilenas, con la contrapartida que le brindaron en su, siempre exigente, política impositiva con el fin de pagar los gastos de su acción de mando, tanto en tiempos de paz como de guerra.

    Finalmente, el tercer elemento de la elite social peruana de la época, estuvo formado por los eclesiásticos. La Iglesia vivió unos tiempos de cambio que fueron más sangrantes en Europa que en América, pero el laicismo cada vez más fuerte del Estado -que ya se vio con la expulsión de los jesuitas- llegaría a su paroxismo con la desamortización durante el primer tercio de siglo en la España peninsular. Los ministros ordinarios también tuvieron sus diferencias internas, entre los elevados a la categoría de obispos y provinciales de órdenes religiosas y los responsables de sus parroquias y curatos, como fueron los presbíteros y misioneros. Por otro lado, la vida de fe gozó de buenos momentos pero sus integrantes sufrieron, como los demás mortales, las asechanzas propias de su tiempo.

    En relación con las políticas de orden interno, el virrey Abascal se centró, como buen ilustrado que era, en aspectos sanitarios y culturales. Entre los primeros destacamos el apoyo a la vacunación antivariólica de los súbditos peruanos, aprovechando la expedición del doctor Salvany por tierras hispanoamericanas y con el apoyo del protomédico Unánue. Otra medida ilustrada fue la creación, fuera de los muros de la ciudad de Lima, de un cementerio para evitar enfermedades contagiosas que se pudieran acarrear del hecho de enterrar a los muertos dentro de las iglesias y conventos capitalinos, para lo cual hizo una cuantiosa inversión apoyada por aportaciones dispares y con el claro sostén del alto clero limeño así como del colegio médico. Entre el segundo tipo de medidas, surgió la creación del Colegio de Medicina y del Jardín Botánico (contando para ello con claustro de profesores, biblioteca, salas de prácticas, etc.) para la formación de galenos y especialistas, para lo que Abascal contó con muchos de los ilustres hombres peruanos y de los antiguos territorios virreinales como Quito y Santa Fe. La razón que le llevó a ello fue la observación que hizo, durante su penoso recorrido de toma de posesión, de las carencias que sufría gran parte de Sudamérica en esta materia. También cabe destacar, entre las iniciativas de carácter cultural, el empuje a los colegios de San Pablo y del Cercado para la instrucción de los hijos de la elite peruana y la fundación del Colegio de Abogados capitalino, netamente criollo.

    En relación con las actividades de orden externo, destacaron las llevadas a cabo en armas y dinero a favor de Liniers y Elío en la defensa de Buenos Aires y Montevideo, respectivamente, frente a los ataques de invasión británica comandadas por Beresford y Wizeloch entre 1806 y 1807, como claro ejemplo de la nueva guerra habida entre España e Inglaterra por la hegemonía del mundo marítimo.
    Pero el virrey Abascal no se limitó, como hemos visto, a prestar eficaz ayuda a un ataque concreto, sino que puso en marcha todo un ambicioso y acertado plan de defensa de la ciudad de Lima, el puerto del Callao y sus alrededores, la reparación de la antigua fábrica de pólvora y la reorganización de los Reales Ejércitos. Entre éstos últimos destacamos la atención perentoria que le dedicó al Arma de Artillería como ingenio de defensa y ataque de gran eficacia en las nuevas guerras que se avecinaban sin olvidarse, obviamente, de las armas de Infantería y Caballería, de entre la que destacó la creación de un regimiento de patricios (“La Concordia Española en el Perú”, cuyo nombre fue el mismo que se le dio a Abascal como título de Castilla en 1812), como símbolo de la unión entre los españoles peninsulares y americanos que se reveló de gran eficacia por su simbolismo en la contienda civil americana. Otro elemento de suma importancia en la defensa de los intereses de la Corona fue la reorganización de una flotilla que custodió los mares del Sur contra extranjeros e insurgentes. Como hemos podido comprobar, todo en él fue previsión, buen juicio y eficacia, unidos al apoyo y halago de la elite social peruana de su época.

    Durante el cuarto capítulo, “La sagacidad de un político (1808-1810)”, al cambiar el cariz de las circunstancias, se vio el Virrey obligado a poner toda su atención en objetivos más apremiantes. En un momento de ineludible crisis institucional, como era la ausencia de la cabeza política de la Monarquía y la invasión militar de la metrópoli por tropas extranjeras, hemos observado cómo Abascal reaccionó hábilmente ante tales hechos.

    En Europa las cosas llevaban años poniéndose feas -a raíz de las revueltas habidas en Francia- que afectaron tanto a España como a otros tantos países de su entorno. Sin embargo, lo peor aún estaba por llegar. Coronado Napoleón emperador de los franceses, se lanzó a una política de expansionismo que logró la dominación de todo el continente europeo, a excepción de los reinos peninsulares ibéricos. Con la astucia y el engaño, logró aprovecharse de la división interna de la Familia Real Española, secuestrándola y colocando en los tronos luso e hispano a reyezuelos bajo sus órdenes. De este modo, la Casa de Borbón había sido borrada del mapa y las Indias -teóricamente- a su merced. En los virreinatos españoles, la noticia provocó una gran crisis. Las noticias generalmente confusas, la ineptitud de muchos de sus gobernantes para ejercer el mando en tiempos de crisis y el revanchismo de parte de la elite criolla, fueron los ingredientes de un cóctel, para algunos, difícil de digerir. Estalló de este modo la Guerra Civil Hispanoamericana que acabó con la segregación de las provincias de ultramar americanas respecto de la metrópoli. A pesar de que al Perú nunca llegaron tropas galas, sí que es cierto que llegaron emisarios a otros virreinatos, así como cartas invitando a la colaboración con el nuevo orden a varias personalidades con responsabilidad en puestos clave de gobierno. De este hecho, se aprovechó la tradicional alianza anglo-lusa para apoderarse de las ricas posesiones americanas pero, gracias a los avatares bélicos peninsulares favorables a los españoles (Bailén), pudo dicho pacto ser conjurado. Por esta misma razón, el astuto Abascal se adelantó a jurar lealtad al rey Fernando VII, haciendo uso de su autoridad como máximo mandatario político, militar y jurídico del Perú. Inmediatamente, el Virrey se lanzó a una campaña de apoyo pecuniario a favor de la causa española en el viejo continente, empezando por él y acabando por el súbdito más recóndito del Virreinato (léase la Lista de donativos voluntarios en los Apéndices Documentales) sin olvidar a los intendentes, los comerciantes del Consulado, los miembros de la Iglesia, etcétera.

    Por último, el quinto capítulo, titulado “La convicción de un virrey (1810-1816)”, ha sido probablemente el que mayor renombre le dio a este personaje. Durante esta parte final nos hemos detenido en su modo de actuar como representante legítimo del poder constituido en un medio hostil a éste, tanto en España como en el cono sur americano, poniendo Abascal para ello todos los medios a su alcance, sin olvidarnos de la vuelta a casa del veterano representante real.

    En la primera parte de este capítulo, nos centramos en las acciones militares para pacificar las revueltas. De hecho, las contraofensivas virreinales fueron siempre puramente defensivas frente a los ataques y revoluciones protagonizadas constantemente por los insurgentes, que se aprovecharon de la situación de descabezamiento que se dio en la Península y a la dejación en sus funciones de algunos de sus representantes en América. No obstante, José Fernando de Abascal y Sousa fue el paladín de la causa real en los virreinatos, pudiéndose decir claramente que fue la lucha de un brazo contra un continente y afirmar con rotundidad que, cuando no había rey en España, Abascal lo fue de América. Las acciones a favor del orden legal establecido se dieron primero en el territorio de la Real Audiencia de Quito, entre los años 1809 y 1810, por parte de un conde Ruíz de Castilla poco apto para la ocasión y un inseguro marqués de Selva Alegre. Aprovechando su proximidad geográfica con la Capitanía General de Caracas, nos hemos atrevido a realizar una referencia a los avatares que allí acontecieron desde sus inicios hasta su sofocamiento por parte de las tropas peninsulares de Murillo en 1815, con el objetivo de contrastar su recorrido con el del Perú. Hemos seguido el camino por el propio virreinato del Perú donde destacamos varias revueltas, de diverso cariz, que tuvieron lugar durante los diez años de gobierno del Virrey con la nota común de estrepitoso fracaso, por no existir caldo de cultivo alguno en este territorio para un levantamiento revolucionario; ya sabemos que el Perú fue independizado por fuerzas “extranjeras”, tal y como los irrefutables hechos históricos nos lo han demostrado.Seguimos nuestro recorrido por la Capitanía General de Chile donde, a pesar de los intentos golpistas de Carrera y las cabriolas de O´Higgins, la victoria de Rancagua y la reconquista de Santiago posibilitaron reabrir el importante comercio chileno-peruano, que sorteó los intentos de agostarlo por parte de los corsarios rioplatenses. A continuación, nos adentramos en el abrupto Alto Perú, lugar de marchas y contramarchas, en el que destacaron, por su habilidad y eficacia, Goyeneche y La Serna, estrategas que han pasado a la historia militar por su destreza en las victorias de Guaqui, Vilcapugio, Ayohuma y Viluma donde destrozaron, una y otra vez, a las tropas porteñas. Finalmente, nos adentramos hacia el sur, pasando rápidamente por el Paraguay de Rodríguez, para detenernos en la heroica defensa de Montevideo por parte de Elío y acabar en el Río de la Plata con el triste recuerdo de un Liniers ensalzado y ejecutado por los mismos revolucionarios y la penosa conducción de la crisis efectuada por Cisneros, paradigma de funcionario débil.

    En cuanto a la segunda parte, hablamos de cómo influyó la Constitución de 1812 en la acción de gobierno del virrey Abascal. En primer lugar, destacamos los representantes peruanos a Cortes con distinta suerte en su proyección política y personal. Tras entretenernos un poco con la Carta Magna, nos adentramos en los vericuetos que produjeron las comidillas e intrigas gaditanas a favor y en contra de la figura del Virrey. Seguidamente, más en detalle, desvelamos los entresijos de las elecciones a los cabildos de Lima y Cuzco, paradigmas de la libertad constitucional en el Perú, que se truncaron en esta última ciudad por la revuelta criolla e indígena que en ella se produjo y que tan deplorables secuelas trajo a la paz de la zona. Cabe resaltar el interés que tuvo siempre la Corona por la rectitud de los oidores de la Real Audiencia que, en el caso de Lima, estuvo contrastada hasta por seis informes en los que se puso de manifiesto la honda preocupación que se tenía en que el buen funcionamiento de este organismo público, fuese avalado por la capacidad profesional y personal de sus miembros; algo que no siempre se logró satisfactoriamente. Otro elemento destacable fue la libertad de imprenta que llegó con la Constitución. Periódicos conservadores, como la Gaceta del Gobierno de Lima o el Verdadero Peruano o pro constitucionales como El Peruano o el Satélite del Peruano, fueron frentes de batalla de la elite política virreinal empleada por absolutistas y reformistas hasta 1814. Pero el reflujo de ideas también se dio en los claustros universitarios de San Marcos y San Antonio, sitos en las dos principales ciudades peruanas, en los que tan pronto debatían escolásticos y novatores como se leían clandestinamente obras de L´Encyclopèdie bajo la constante mirada, entre condescendiente y atenta, de Abascal. Por su parte, la Iglesia se debatió entre la fidelidad de un obispo como Las Heras y la insurgencia de otro como Armendáriz, mientras que la Suprema pasaba a mejor vida sin el menor rictus en el rostro del Virrey en 1813, junto con el auge de la vida conventual.

    Por último, tratamos acerca de la vuelta a la paz y tranquilidad anterior a la invasión napoleónica de España, con la restitución del rey Fernando VII en 1814, la derogación de la Carta Magna, el restablecimiento de la Inquisición, la prohibición de la libertad de prensa y el aplastamiento de los levantamientos revolucionarios en toda la América española. Sin embargo, algo había cambiado, era el principio del fin. En sus últimos días como virrey del Perú, Abascal se limitó a confirmar todas las reales órdenes llegadas desde Madrid, dar consejos del tipo de gobernante que necesitaban las provincias ultramarinas, rehabilitar a los jesuitas, dar carta blanca a la explotación de minas por medio de bombas de vapor y a los bancos de pesca balleneros, así como a mejorar la Ceca. Su vuelta definitiva a España -cargado de títulos y honores, su única hija comprometida con un oficial peninsular y el reconocimiento de la elite social peruana por la que tanto hizo en los diez años más azarosos y meritorios de toda su vida- se produjo con la partida, el 13 de noviembre de 1816, no sólo del Perú sino de la América española, a la que ya no volvió a ver jamás.

    Resulta curioso el hecho de que, doscientos años después de los acontecimientos aquí estudiados, sólo se haya destacado la figura de tan insigne gobernante en pequeños estudios o referencias secundarias. Es nuestro deseo que el resultado de esta tesis doctoral haya aportado un poco de luz a este período, tan apasionante como lleno de interés, con el fin de que las comunidades político-culturales hoy existentes a ambos lados del Atlántico, revisen la verdad histórica que un día les tocó vivir en común.

    El artículo aquí expuesto, corresponde al apartado titulado Conclusiones de la siguiente tesis doctoral:



    Autor: Juan Ignacio Vargas Ezquerra.

    Título: El gobierno peruano del virrey Abascal: Categorías de poder y gestión política (1806-1816).Centro: Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Zaragoza. Fecha de la defensa: 26 de julio de 2007.



    Miembros del Tribunal:

    Presidente – Dr. Antonio García-Abásolo (catedrático), Universidad de Córdoba.

    Secretaria – Dr. María Palmira Vélez Jiménez, Universidad de Zaragoza.

    1. º Vocal - Dr. Jesús Paniagua Pérez (catedrático), Universidad de León.

    2. ª Vocal – Dr. Maria Luisa Martínez Salinas, Universidad de Valladolid.

    3. º Vocal - Dr. Juan Bosco Amores Carredano, Universidad del País Vasco.

    Suplentes.- Pilar Latasa Vasallo, Universidad de Navarra y Ana de Zaballa Beascoechea, Universidad del País Vasco.

    Evaluación del Tribunal: Sobresaliente “cum laude” por unanimidad.




    Más información en

    VARGAS EZQUERRA, Juan Ignacio, Un hombre contra un continente. José Abascal, rey de América (1806-1816), León, Akrón, 2010. http://bit.ly/qQt2KI

    Publicado por ¡Averígüelo Vargas! en 18:57





    _______________________________________


    Fuente:

    ¡Averígüelo Vargas!: Cuando no había rey en España, Abascal lo era en América
    Última edición por Mexispano; 06/02/2016 a las 04:32

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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

    IQUICHANOS

    LOS ÚLTIMOS ESTANDARTES DEL REY


    Los comuneros de la sierra de Huanta en Ayacucho (Perú) son conocidos con el nombre de Iquichanos por el pueblo de San José de Iquicha. Ellos desde tiempo fueron amantes del Rey, a quien consideraban como un padre común, un enviado de Dios que se convirtió para ellos en el Inca Católico. Por esto el vínculo de vasallaje que los unía a la corona estaba potenciado por una poderosa relación sacral.La conmoción que significó el ocaso de la Monarquía Católica en las Pampas de Quinúa se evidenció desde el primer momento. El signo visible de esto lo tenemos al observar que inmediatamente después de la batalla de Ayacucho (9-IX-1824) las guerrillas indígenas realistas ajusticiaron al Teniente Coronel Medina quien, como mensajero, llevaba a Lima los partes de esa victoria para Simón Bolívar.Partiendo de este hecho, se inició un movimiento de resistencia indígena contra la República, contra el «infame gobierno de la patria» como ellos decían. Por esta razón las represalias no se hicieron esperar; «En castigo por su militancia realista, la provincia de Huanta fue grabada en 1825 con un impuesto de 50.000 pesos por orden del Libertador» (Méndez: 1992, p. 23). Esta militancia leal y persistente era de vieja data y había sido reconocida en 1821, cuando el Virrey La Serna le otorgó a la ciudad un escudo con una divisa que rezaba «jamás desfalleció».La conmoción que representaba el cuestionamiento del régimen republicano lo apreciamos claramente cuando el 6 de agosto de 1826, segundo aniversario de la Batalla de Junín, dos escuadrones de patrióticos «Húsares de Junín» se sublevaron en Huancayo y marcharon para unirse con los monárquicos de Huanta. Como consecuencia de este suceso se originó una represión indiscriminada contra las comunidades Iquichanas.La situación se hizo tan crítica que el Mariscal Santa Cruz, encargado del mando, tuvo que salir en secreto de Lima (17-VII-1827) a pacificar la región, para lo cual dio en Huanta un indulto general que reforzaba una Ley de Pacificación, que había sancionado el Congreso (14-VII-1827). Un nuevo indulto dado por el Presidente La Mar meses después evidencia que en realidad la pacificación era aparente.El problema era de principio, la República era considerada por los andinos como enemiga de su pueblo y de su Fe. Así, las comunidades siguieron a Antonio Navala Huachaca, un nativo que había jurado defender a su Rey, y la Fe Católica. Tan grande fue su fidelidad y firmeza en el combate, que durante la Guerra de Separación, el Virrey lo recompensó ascendiéndolo al alto rango de Brigadier General de los Reales ejércitos del Perú.Tal era la personalidad del caudillo que el campesinado huantino llegó a identificarse absolutamente con su líder y su causa, proclamándolo en las montañas y en los desfiladeros andinos a gritos de Navala Victoria!!! y que eran respondidos por un Mamacha Rosario!!! en recuerdo de Nuestra Señora.Lo cierto es que en Huanta el Estado Republicano fue realmente abolido por Huachaca que desde su Castillo, sus tribunales y sus cabildos administraba el poder nombrando a sus delegados o alcaldes, así como organizando diezmeros1 que recaudaban fondos para la causa de «Su Majestad Católica».Pero esto no fue lo único: «Este seudo Estado llegó a disponer la movilización de mano de obra para la "refacción de puentes y caminos" y más sorprendente aún, sus atribuciones abarcaron reglamentación del orden público, estableciendo patrones éticos de conducta para los individuos bajo su jurisdicción». (Méndez: 1991, p. 183).En este mismo orden de cosas, existía un Ejército Iquichano de rifles, lanzas y hondas que estaba muy bien organizado en Guerrillas y Columnas de Honderos, todos uniformados2 y con una oficialidad bien disciplinada. Al lado de la infantería estaba también la caballería denominada Los Lanceros de Santiago conocidos por su bravura (Cavero: 1953, p.183). Este ejército si bien tenía una estructura regular era apoyado por mujeres y jóvenes constituyendo en sí una verdadera cruzada popular.El caudillo andino en una carta al Prefecto republicano manifestaba su crítica al nuevo régimen diciendo: «Ustedes son más bien los usurpadores de la religión, de la Corona y del suelo patrio... ¿Qué se ha obtenido de vosotros durante tres años de vuestro poder? la tiranía, el desconsuelo y la ruina en un reino que fue tan generoso. ¿Qué habitante, sea rico o pobre, no se queja hoy? ¿En quién recae la responsabilidad de los crímenes? Nosotros nos cargamos semejante tiranía»3.El 12 de Noviembre de 1827, los iquichanos sorpresivamente tomaron Huanta después de una débil resistencia del batallón «Pichincha» al mando del huidizo, sargento mayor Narciso Tudela (Cavero: 1953, p.197). Los iquichanos estaban dirigidos por su caudillo, el «General Huachaca», y por los comandantes de las fuerzas guerrilleras, entre los que destacaban el vasco francés Nicolás Soregui, Francisco Garay, Francisco Lanche, Tadeo Chocce, tratado de excelentísimo coronel, Prudencio Huachaca, hermano del caudillo, y el presbítero Mariano Meneses, Capellán del ejército iquichano.En las alturas de Iquicha se había alzado nuevamente el estandarte monárquico. Sus planes eran de la mayor envergadura, tomar Huanta, liberar Huamanga y Huancavelica, y por fin, la «Restauración del Reino»4, extirpando a los republicanos, proclamando un ideario contrarevolucionario y antiliberal, el que se ve apoyado por clérigos como: «el padre Pacheco, llamado en documentos oficiales el Apostata y el sacerdote Navarro, quienes acostumbrados a enardecer los ánimos y a convencer a las masas desde el púlpito, cambian los hábitos clericales por la casaca de guerrilleros para dirigir los combates con sable en mano y pistola de chispa al cinto» (Cavero: 1953, p.197).En estos cruzados de Dios, vemos al bajo clero ortodoxo dirigiendo la logística de los indígenas excluídos, mientras eran acusados y excomulgados por el alto clero liberal por «apostasía», y ello por haberse alejado de la sumisión burocrática que significaba patronato republicano.Ante los sucesos de Huanta, el prefecto de Ayacucho, Domingo García Tristán, preparó la defensa de la capital departamental constituyendo una alianza defensiva entre los gremios y oficios de la ciudad, conocidos como "cívicos" y los Andahuaylinos y Morochucos, comunidades históricamente enemigas de los huantinos.En la mañana del 29 de noviembre de 1827, se produjo el esperado ataque a Ayacucho, donde el ejército campesino iquichano izaba sus banderas con la cruz de Borgoña a gritos de ¡Viva el Rey! Pero los Morochucos y Andahuaylinos, bien armados y en número de 2000 lograron contener el ataque y contrarrestarlo en la Pampa de Arcos.Inmediatamente, después del asalto a Ayacucho, el coronel Francisco Vidal, ocupó la ciudad de Huanta y se lanzó a la persecución de los indígenas, que se habían refugiado en las alturas después de producirse la ocupación de la ciudad5. Lo dramático de estos acontecimientos fue relatado, poco tiempo después de los sucesos, por el comerciante alemán Heinrich Witt, quien escribía en su diario:«Las tropas del gobierno tomaron nuevamente, posesión de la ciudad y si se puede creer a los huantinos se portaron peor de lo que lo habían hecho los indios, no sólo saquearon las casas, sino que ni siquiera respetaron la iglesia, de donde se llevaron las vasijas sagradas hechas de plata, estatuas de ángeles del mismo valioso metal, flecos de oro y plata, en resumen, todo lo de valor. Un oficial fue acusado de haber enviado a Huamanga no menos de nueve mulas cargadas de cosas robadas» (Witt: 1992, p.232).La diferencia con el proceder republicano estuvo, como dice Cavero, en que: «Los iquichanos pelean, únicamente, contra los soldados armados, contra ellos pero nunca hicieron daño a personas indefensas ajenas al conflicto, ni arrancharon las propiedades de sus enemigos ni incendiaron los pueblos, se limitaron a prender fuego a los edificios que sirvieron de cuarteles a sus contrarios como sucedió con el Cabildo de Huanta, pero los expedicionarios, usualmente llamados Pacificadores fueron mil veces más sangrientos y crueles porque después de vencer la resistencia de los guerrilleros masacraron a los indígenas sin discriminación de ninguno y fusilaron a los prisioneros sin previo proceso de ninguna clase». (Cavero: 1953, p.57)Después de la caída de Huanta comenzó la fase irregular de la campaña conocida como guerrillera o de los castillos de Iquicha porque las cumbres andinas sirvieron como fortalezas para la resistencia monárquica del campesinado indígena. El coronel Vidal organizó una campaña de contramontoneras para reprimir y exterminar a los «fanáticos» que sostenían la tradición como ancestral derecho a su auto-determinación.El más notable suceso de esta etapa, fue el combate de Uchuraccay (25-VIII-1828), donde el comandante Gabriel Quintanilla al mando de los bien armados «cívicos» enfrentaron a los valerosos iquichanos equipados sólo de lanzas y hondas por un lapso de 2 horas. En este combate cayó valientemente Prudencio Huachaca y el sargento mayor Pedro Cárdenas, entre otros, así mismo el capitulado Valle que falleció pocos días después. No habiendo podido capturar al general Huachaca, los vencedores se ensañaron con su esposa e hijos, los llamados cadetes, quienes fueron hechos prisioneros y remitidos a Ayacucho.Poco después se produjo el último combate contra las fuerzas gubernamentales en Ccano. Habían transcurrido siete cruentos meses y los republicanos habían logrado «controlar» a las fuerzas indígenas. Se había capturado a Sorequi, Garay, Ramos, al Padre Pacheco y al presbítero Meneses. Pero el indomable Huachaca, como su pueblo no había sido sometido, seguía cabalgando en su caballo alazan tostado de nombre «Rifle»' y era seguido por su séquito, yendo de «castillo» en «castillo» y resistiendo a los liberales.Entre 1828 y 1838, los iquichanos se mantuvieron al margen de la política pero conservando su orden cerrado y añorando la restauración de su deseado Rey. Del Pino dice sobre este último año que: «En 1838, Huanta o los iquichanos se encariñaron con la causa de la Confederación. El Protector Gran Mariscal Santa Cruz, en su tránsito por aquel lugar, obsequió un vestido de general a un indio Huachaca confiriéndole tan alta clase por el conocimiento de su audacia y porque era el primero que representaba la ferocidad de su raza». (Del Pino: 1955, p.29)En este hecho, vemos una evidencia de la idea imperial, es decir, pluri-étnica y poliárquica de la Confederación Perú-Boliviana, la cual respetaba una heterogeneidad que atentaba contra de la identidad criollo-nacional que postulaba la burguesía costeña. Esta Confederación venía a significar en nuestra historia la continuación del Imperio por otros medios6.Esta defensa del derecho a la diversidad y la tradición es lo que podría haber querido sostener el reaccionario García del Rio, en el texto del diario «Perú-Boliviano» que nos presenta Cecilia Méndez en su excepcional ensayo La República sin Indios y, donde el articulista critica a los legisladores de la burguesía porque: «se olvidaron de que cada pueblo encierra en sí el germen de su legislación, que no siempre lo más perfecto es lo mejor». (Méndez: 1992,p 35)Mas la Confederación estaba sentenciada a muerte por la anglófila burguesía de Chile, que aliada con los «emigrados peruanos» la ahogaron en sangre. Así ocurrieron las primeras invasiones chilenas y la Batalla de Yungay, tras la cual vino su disolución el 20 de febrero de 1839.Para marzo de 1839, el General Huachaca y los indígenas iquichanos estaban nuevamente en armas contra una «restauración» criolla, ahora sostenida por las ballonetas extranjeras. Por ello el ejército católico se despertó de su sueño guerrero para sitiar nuevamente Huanta que estaba ocupada por el batallón chileno «Cazadores».Ante esta grave situación el Prefecto de Ayacucho, Coronel Lopera, envió de refuerzo al batallón chileno «Valdivia» que rompió el asedio y comenzó una cruel expedición en las punas contra la «indiada».En junio de 1839, se produjo el combate de Campamento-Oroco, donde el general Huachaca sorprendió a los «expedicionarios» y en medio de una tempestad los obligó a una retirada desastrosa. El contingente republicano para vengar la humillación infringida: «...hizo una verdadera carnicería de hombres, sin distinguir ancianos, niños, ni mujeres y de ganados» (Cavero: 1953,p.218)En este contexto incierto, el Prefecto Lopera propició un acuerdo con las fuerzas iquichanas para encontrar una salida negociada al conflicto. Por esto, en noviembre de 1839, se firmó el Convenio de Yanallay, entre el Prefecto y el Jefe iquichano, Tadeo Chocce. Así con un tratado de paz y no con una rendición acababa la Guerra de Iquicha. Terminaba la resistencia iquichana, que sostuvo su caudillo, el Gran General Huacacha, pero este no firmó el pacto; pues prefirió internarse en las selvas del Apurímac antes de ceder su monarquismo ante los que creía «anticristos» republicanos.Cuando en 1896, los Partidos Civilista y Demócrata decretaron una contribución sobre la sal afectando los derechos históricos de los huantinos, ellos respondieron como siempre con la tradición monárquica como privilegio diciendo que: «...desde los tiempos del rey jamás habían pagado por la sal, que Dios la había creado de los cerros para los pobres y con la sal se habían bautizado...»
    Por: Fernán Altuve-Febres

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    HUANTA: IQUICHANOS

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    Re: ¿La independencia Peruana una imposición foránea?

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    Las guerrillas de Iquichanos continuaron su beligerancia contra el proyecto republicano más allá de la capitulación del virrey, bajo la dirección de Antonio Huachaca, líder indígena que empezó como combatiente contra la rebelión del Cuzco de 1814. Antonio Huachaca era un campesino indígena que luchó por la causa española, enfrentándose a los independentistas cuzqueños, en 1814. Huachaca juró defender a su Rey, a su patria España y a su Fe Católica.

    Tan grande fue su fidelida...d y firmeza en el combate, que durante la Guerra de Separación, el Virrey lo recompensó ascendiéndolo al alto rango de Brigadier General de los Reales ejércitos del Perú. Tuvo, así mismo un papel destacado en la rebelión indígena de 1827 en Iquicha (Provincia de Ayacucho) que rechazó la república y reclamó el retorno de la monarquía española. Hay documentos en los que Huachaca explica que ve a las fuerzas independentistas y patriotas como extrañas, abusivas y hasta paganas. En esta rebelión indígena de 1827, Antonio Huachaca estuvo acompañado por otros líderes, todos ellos indígenas a excepción del francés Nicolás Soregui, comerciante y ex oficial del Ejército Español en Perú. Un movimiento de resistencia indígena contra la República, contra el “infame gobierno de la patria” como ellos decían. Por esta razón las represalias no se hicieron esperar; “En castigo por su militancia realista, la Provincia de Huanta fue grabada en 1825 con un impuesto de 50.000 pesos por orden del Libertador” (Méndez: 1992, p. 23).

    Esta militancia leal y persistente era de vieja data y había sido reconocida en 1821, cuando el Virrey La Serna le otorgó a la ciudad un escudo con una divisa que rezaba “Jamás desfalleció”. Se originó, por parte de la República, una represión indiscriminada contra las comunidades Iquichanas.




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