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Tema: Las Indias no eran colonias

  1. #41
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    Re: Las Indias no eran colonias


  2. #42
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  3. #43
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    Re: Las Indias no eran colonias

    La fuente es su obra ya tantas veces citada 'El imperio hispánico en América'.




    https://www.facebook.com/77125717629...type=1&theater

  4. #44
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    Re: Las Indias no eran colonias

    Está claro que las Indias no eran colonias



    https://www.facebook.com/77125717629...type=1&theater
    Última edición por Hyeronimus; 05/05/2015 a las 19:35
    donBlasdelezo dio el Víctor.

  5. #45
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  6. #46
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    Re: Las Indias no eran colonias

    Las Indias no eran colonias, según el erudito Salvador de Madariaga.

    La fuente es su conocida obra 'Auge y ocaso del imperio español en América'.





    https://www.facebook.com/77125717629...type=1&theater

  7. #47
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    Re: Las Indias no eran colonias

    LA PROSPERIDAD DE LOS VIRREINATOS


    Sean cualesquiera los errores del régimen español, nada hay más cierto que la riqueza, la prosperidad y el general contento con que vivían entonces la mayoría de los habitantes de las Indias; y que aquellos reinos, hasta la víspera misma de su emancipación, sostuvieron un nivel de vida que no han conocido desde entonces acá. Pese a lo que con frecuencia se ha dicho, fue esta prosperidad muy extensa, tanto en territorio como en profundidad social, penetrando hasta las provincias lejanas de las cortes respectivas y hasta las clases y castas más modestas. “Aun en el seno de las provincias internas lejanas, por ejemplo, Durango –escribe Humboldt– a doscientas leguas al norte de la capital, se construyen clavicémbalos y pianos.” Este detalle prueba hasta qué punto había penetrado en lo hondo de las Indias la cultura musical. También sabemos que se fabricaba “excelente acero” en Guanabacoa, a corta distancia de la Habana. Después de describir la industria textil de Tetzcuco, que vio tan próspera, dice Humboldt: “Esta rama de la industria nacional ha ido pasando gradualmente y completamente a manos de los indios y mestizos de Querétaro y de Puebla.” Y de pasada, al hablar de Venezuela, nos dice el sabio alemán: “Toda la provincia de Caracas (estaba) en el tiempo de su mayor prosperidad, antes de las guerras revolucionarias de 1812…” De México nos da este dato significativo: riqueza por cabeza: Nueva España: 10 pesos; Francia: 14; España: 7.





    Fuente:

    Auge y ocaso del imperio español en América de Salvador de Madariaga.








    ____________________



    Fuente:

    https://www.facebook.com/77125717629...type=1&theater
    Última edición por Mexispano; 07/07/2015 a las 16:35
    Smetana dio el Víctor.

  8. #48
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    Re: Las Indias no eran colonias

    La cita de Cochrane (no confundir con el Cochrane que condujo a las fuerzas de San Martín de Chile a Perú) es referida por Luis Corsi Otálora en su obra Los realistas criollos: por Dios, la Patria y el Rey.




    __________________________


    Fuente:

    https://www.facebook.com/77125717629...type=1&theater

  9. #49
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    Re: Las Indias no eran colonias

    La nota habla solo del Perú, pero lo que expone el profesor Sánchez fácilmente puede aplicar a cualquier otra parte de la Monarquía Hispánica.


    __________________________

    Inicio Universidad Católica San Pablo UCSP Informa


    “El Perú no fue una colonia sino un reino más dentro del imperio ibérico”





    Historiador Rafael Sánchez Concha en Maestría en Historia de la UCSP.

    Indicó Prof. Rafael Sánchez – Concha en la Maestría en Historia de la UCSP


    “El Perú no fue una colonia sino un reino más dentro del imperio Español, un reino con la condición de vicerreino o virreinato. Inicialmente fue una gobernación a partir de la conquista emprendida por Pizarro, llamado genéricamente el reino del Perú, dividido en la Nueva Castilla y la Nuevo Toledo”, así lo aclaró el historiador Rafael Sánchez – Concha.

    El profesor con especialidad en historia virreinal fue uno de los docentes de la Maestría en Historia que se imparte en la Universidad Católica San Pablo, y que se inició en marzo de este año. La maestría es una de las tres de esta condición que se imparten en el país y la única fuera de Lima.

    El ponente explicó que en la época hispánica el Perú era prácticamente la mitad del imperio español y tenía un papel sumamente protagónico por ser abastecedor de minerales, como la plata extraída de riquísimos yacimientos como el de Potosí, Huancavelica, y Hualgayoc, entre otros, y por ser el más importante centro administrativo, del poder virreinal, del poder judicial y del poder inquisitorial de la América del Sur. La Real Audiencia de Lima, que es la base territorial del Perú actual, tenía por audiencias sufragáneas la de Quito, Charcas y Chile. “Hay que valorar esta época histórica ya que como decía Jorge Basadre: ‘el Perú se forja en el virreinato’. El virreinato es el punto de partida de la actual nación peruana. Es allí cuando se da el proceso de mestizaje (“síntesis viviente”), el influjo ibérico y los elementos comunes con otros países iberoamericanos donde surge la cultura del barroco”, comentó el historiador.


    La población indígena en la época virreinal

    El historiador Sánchez – Concha aclaró también que en la época virreinal, a pesar de los obvios e innegables abusos, a los indígenas le asistían derechos y contaban con la protección de sus curacas, además existía un funcionario virreinal llamado el protector de indios. Es en la época republicana con la llegada de Simón Bolívar, que se eliminó esta institución, sin embargo los indígenas siguieron pagando tributos hasta 1854 en el gobierno de Ramón Castilla.

    “No se puede tapar el sol con un dedo, es cierto que hubo excesos, pero a diferencia de lo ocurrido en el poblamiento de la América del Norte por parte de los ingleses, los conquistadores españoles integraron a los nativos a su sistema social, político y religioso, a través de la evangelización y la hispanización. No hubo un plan de exterminio sistemático como en Norteamérica, por eso tampoco se puede decir que el Perú fue una colonia”, detalló.

    Si bien el descenso demográfico de la población indígena tuvo como una de sus causas la guerra de conquista, también hubo otros factores mucho más importantes como las enfermedades que llegaron previamente al tercer y definitivo viaje de Pizarro de 1532, a los cambios del patrón de vida y al mestizaje.

    La religión tuvo un papel importante en esta etapa de la historia. La conquista fue asumida como una cruzada como una proyección de la reconquista española, por ello la cristianización fue muy fuerte. La religión formó parte de la política mediante el imaginario social conocido como el cuerpo místico de la República, que es Estado, Iglesia y Sociedad.


    El protagonismo de Arequipa

    En la época virreinal, Arequipa tuvo especial protagonismo. Arequipa se constituyó sobre las bases del Contisuyo en las primeras décadas del siglo XVI. A decir del historiador, su valor también está en su vocación por la intelectualidad, en sus grandes hombres y autores como Ventura Travada y Córdoba, los visitadores de los Collaguas, y el trabajo evangelizador de los Franciscanos, con su magnífico convento de La Recoleta.

    En Arequipa también se produjo una fuerte concentración de la república de españoles (peninsulares y criollos). Destacó en el virreinato por su religiosidad, a través de las múltiples vocaciones de santidad como el de la Beata Sor Ana de los Ángeles Monteagudo, el hermano jesuita Gonzalo Báez, Sor Juana de San José Arias y el indígena juandediano Ignacio de la orden de San Juan de Dios, que se santificó en el hospital de su congregación en la ciudad blanca.

    La vocación conventual de la ciudad se puede apreciar hasta la actualidad en monasterios como Santa Catalina, Santa Teresa, Santa Rosa, entre otros.


    __________________________


    Fuente:

    Universidad Catolica San Pablo – “El Peru no fue una colonia sino un reino mas dentro del imperio iberico
    Última edición por Mexispano; 26/08/2015 a las 01:31
    Erasmus, GiulioRudolph y Smetana dieron el Víctor.

  10. #50
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    Re: Las Indias no eran colonias

    «España no tuvo colonias, sino territorios de ultramar»

    Fernando Balbuena revisa el proceso de independencia americana en una nueva conferencia de Amigos del País



    08.11.11 - 02:40 - L. V. | AVILÉS.







    Balbuena, antes de su ponencia de ayer en Valdecarzana. :: MARIETA


    El ciclo cultural 'España y la emancipación de la América hispana', que organiza la Sociedad Económica de Amigos del País durante este mes en el palacio de Valdecarzana, tuvo ayer su segunda cita en forma de conferencia.

    En esta ocasión, el doctor en Ciencias Políticas y presidente de la entidad, Fernando Álvarez Balbuena, disertó sobre el tema titular, centrándose en aspectos de índole política y económica, incidiendo además en el papel ejercido por las potencias extranjeras y las sociedades secretas en el proceso.

    Estos y otros aspectos fueron precedidos por una aproximación histórica que nace «en el año 1808, cuando Napoleón invadió España y trató de imponer a su hermano José en el trono español», señaló el politólogo. Con este motivo, una minoría de criollos, hijos de españoles asentados en América, «ven la oportunidad de independizarse de España en vistas a acrecentar sus negocios y su poder económico, bajo una coartada de libertad que esconde no pocos intereses políticos».

    Balbuena partió de una idea que, en su opinión, «ha sido silenciada de modo continuo», y es que España «no tenía colonias en América, sino que eran territorios de ultramar cuyos habitantes tenían los mismos derechos que los peninsulares». Para respaldarlo, adujo que «la Constitución de Cádiz lo refleja inequívocamente en su encabezamiento, donde a todos los llama españoles de uno y otro lado del océano». A partir de ahí, «los indios, los mestizos y gran parte de los criollos eran fieles a Fernando VII, pero fueron los potentados quienes llevaron a cabo la independencia». En este sentido, el ponente lamentó «que se llame héroes a Simón Bolívar, José de San Martín o Bernardo O'Higgins, cuando su trayectoria es el puro ejemplo de lo que significa traicionar a unos y a otros».

    Estos personajes «eran todos masones, y apoyados por logias del sur de España, de Inglaterra y de Estados Unidos, fueron obteniendo el apoyo económico que les permitió renovar el obsoleto armamento existente en ultramar». Tampoco fue ajeno «el hecho de que otro personaje como Rafael del Riego, también masón, impidiese de modo rocambolesco el envío de barcos de guerra al continente en la segunda parte del proceso emancipador, en la década de 1820».

    De este modo, desde Argentina en 1809 hasta México en 1828 «se fue perdiendo esta parte del territorio aprovechando la debilidad interna de los virreinatos». Un proceso «largo, si lo comparamos con la independencia estadounidense», debido «a que la gran mayoría de súbditos quería seguir siendo española». Al desastre «no fue ajena la ineptitud del gobierno peninsular, que poco hizo por mantener unidos los territorios hermanos», concluyó el politólogo.




    _________________________

    Fuente:

    «España no tuvo colonias, sino territorios de ultramar». El Comercio
    Smetana dio el Víctor.

  11. #51
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    Re: Las Indias no eran colonias

    ¿POR QUÉ ES MENTIRA QUE LAS AMÉRICAS ERAN UNA COLONIA?

    Por Miguel J. De Puigdorfila desde Puerto Rico



    Ya hemos establecido que nunca hubo imperio, y que se llamaba Reino de las Españas de Europa e Indias, hasta la constitución de Cádiz que se llamó sencillamente Nación Española

    Se ha mentido asquerosamente a los puertorriqueños y latinoamericanos diciendo que sus diputados eran imperialistas peninsulares domiciliados en 'las colonias'..., FALSO FALSO FALSO, mentira podrida.

    Las colonias no tienen ni diputados, ni senadores, ni participan de los parlamentos:

    NO se ha visto un canadiense o australiano o jamaiquino primer ministro de Inglaterra...




    Esta es la lista de Presidentes del Consejo de Ministros o Presidente de Gobierno (título de Primer Ministro en el sistema inglés, Premier en el francés, Canciller en el alemán) de Las Españas que ERAN CRIOLLOS NO PENINSULARES- o electos por el Parlamento o nombrados por el rey:

    1. Don José Luyando, natural de Guadalajara MX Presidente en 1813 y 1823

    2. Don José Miguel de Carvajal y Manrique, de Lima, Perú, en 1814

    3. José María Pando y Ramírez de Laredo, de Lima, Perú, en 1823

    4. Carlos Martínez de Irujo y McKean Washington EEUU, en 1843

    5. Fernando Fernández de Córdova, Buenos Aires, en 1872

    6. José Gutiérrez de la Concha, Córdova Argentina, en 1863-64

    7. Juan Bautista Topete y Carballo, San Andrés Tutxla, México, en 1869 y 1870

    8. Marcelo Azcárraga Palmero, Manila, Filipinas, en 1897, 1901y 1904

    *Juan Prim, de Barcelona, Primer Ministro de ESP que fue Gobernador de Puerto Rico,



    Se ha mentido asquerosamente a los puertorriqueños y latinoamericanos diciendo que sus diputados eran imperialistas peninsulares domiciliados, FALSO FALSO FALSO, mentira podrida...

    Lista de los PRESIDENTES del Congreso de Diputados/Cortes Españolas (SPEAKER OF CONGRESS / PARLIAMENT en el sistema inglés), con su jurisdicción en América:

    Entre 1810 y 1813- Presidentes de la Legislatura, y simultáneamente diputados por...:

    1. Pres. Florencio del Castillo Solano. Presidente de las Cortes y natural de Ujarrás de Cartago (Costa Rica), diputado por la jurisdicción de Oaxaca (México).

    3. Pres. Pedro José Gordillo y Ramos, aunque nació en Canarias, representó a Cuba.

    4. Pres. José Miguel Gordoa y Barrios, natural de Guadalajara (México) por el reino de Nueva Galicia

    5. Pres. José Miguel Guridi y Alcocer, natural de San Felipe Iztacuixtla (Tlaxcala, México) , por reino de Tlaxcala

    6. Pres. José María Gutiérrez de Terán, natural de Cd. de México, por el Reino de Nueva España (México).

    7. Pres. Andrés de Jaúregui de Aróstegui, de Cuba.

    8. Pres. Antonio Larrazábal y Arrivillaga natural de Antigua (Guatemala), por la Capitanía General de Guatemala.

    9. Pres. Joaquín Maniau Torquemada, natural de Xalapa, Veracruz. México, Por el reino de Nueva España.

    10. Pres. Andrés Morales de los Ríos y Gil, natural de Cd. de México, Por el Reino de la Nueva España.

    11. Pres. Vicente Morales Duárez, natural de Lima, Perú, por el Reino del Perú.

    12. Antonio Joaquín Pérez Martínez Robles de Puebla de los Ángeles (México) por Reino de México/Nueva España Presidente en Legislatura de 1810-1813. y 1813-14.

    13. José Pablo Valiente y Bravo, no se aclara su lugar nacimiento, por la Capitanía General de Cuba.



    Legislatura de 1814:

    1. Antonio Joaquín Pérez Martínez Robles, natural de Puebla de los Ángeles (México), por el Reino de Nueva España 1814-20 periodo de Antiguo Régimen (Década Ominosa) donde el rey Fernando VII, Disuelve las Cortes en 1820 Restablecimiento de las Cortes Constitucionales -contemporáneo con las Guerras Civiles/De Independencia de América.



    Legislatura de 1821:

    Repite presidencia José María Gutiérrez de Terán natural de Cd. de México por Nueva España (México) en 1823 México se separa pacíficamente.



    Legislatura de 1823:

    Se pactó la independencia de México, en 1823 México se separa pacíficamente. vía el Pacto Trigarante, el Plan de Iguala y el Abrazo de Córdova. Cientos de miles de mexicanos se mudan a ESP, tras el colapso de los acuerdos tras los golpes de estado en México en 1825.

    1. Pres. Tomás Gener y Buigas de Matanzas (Cuba) Diputado por la (provincia de Ultramar) Isla de Cuba



    Lista de Diputados iberoamericanos en las Cortes de Cádiz, y sus jurisdicciones:

    Por Puerto Rico:
    Ramón Power y Demetrio O'Dally

    Por Cuba:
    Pedro José Gordillo y Ramos, Pedro Pablo Valiente y Bravo, Andrés de Jaúregui de Aróstegui.

    Por México/Nueva España (reinos de Nueva Galicia, Nuevo León, Tlaxcala etc.):
    Presidente José María Gutierrez de Terán, José María Couto, Andrés Savariego, Francisco Munilla, Salvador Sanmartín, Octavio Obregón, Máximo Maldonado.

    Por el Reino de Santa Fé de Bogotá (jurisdición del Nuevo Reino de Granada):
    José Caicedo y José Mejía.

    Por el Reino del Perú:
    Don Dionisio Inca Yupanqui (príncipe inca y representante de los Incas en las Cortes), Vicente Morales Duárez, Ramón Felíu, Antonio Zuazo, Blas Ostolaza, Francisco Salazar, José Antonio Navarrete y Pedro García.

    Por el Reino del Río de la Plata (Gobernaciones de Alto Perú -hoy Bolivia. Paraguay, Buenos Aires):
    Francisco López Lisperguer, Luís Velasco y Manuel Rodrigo.

    Por la Capitanía General de Chile:
    Joaquín Leyva y Miguel Riesgo.

    Por la Capitanía General de Guatemala:
    Andrés y Manuel del Llano, Antonio Larrazábal.

    Por la Presidencia de Santo Domingo:
    José Álvarez de Toledo y Francisco de Mosquera.

    Por la Presidencia de Montevideo -hoy Uruguay
    Francisco de Zufriategui.

    Por la Capitanía General de Caracas:
    Esteban Palacios, Fermín de Clemente, Manuel Riesco y José Domingo Rus.



    La coordinación de los diputados de ambos hemisferios era absoluta, sincera e indiscriminada: Todos eran del mismo afán: el liberalismo constitucional y sacar a los franceses de la Península.

    Los ideales Liberales españoles de las Cortes de Cádiz fueron los detonantes del liberalismo de Hispanoamérica -ni la violenta y sanguinaria revolución francesa ni la estadounidense que ya habían fracasado en su intento el venezolano Francisco Miranda y los Mallorquines Gual-y-España y Picornell Venezolano. Estos eventos de desarrollo político mesurado en Cádiz y las Américas ocurren simultáneamente con las Insurrecciones bolivarianas y la violentísima y sanguinaria insurrección platense.

    En 1817 en el congreso de Viena para la Reconstrucción de Europa tras las Guerras Napoleónicas, EEUU e Inglaterra acuerdan evitar a toda costa que los diputados tuvieran éxito en restablecer la paz, que estaban logrando, y que los ejércitos realistas derrotaran como estaban derrotando a los insurrectos. Deciden repartirse América entre ellos: de Panamá al norte para EEUU, para el Sur, Inglaterra. Amenazaron a todos los gobiernos de Europa, (Francia, Austria-Hungría, Prusia, Saboya, Nápoles, Rusia), recién salidos y exhaustos tras 20 años de guerra, con financiar revoluciones republicanas y liberales. Solo Rusia ayudó a España

    Mientras los diputados trataban de mantener el país unido, las logias del rito escocés de Nueva York y Londres, canalizaron dinero y armas a la logia Lautaro de Buenos Aires. Las insurrecciones dieron al traste con cualquier negociación que Fernando VII pudiera haber realizado: pues históricamente el gobierno de las Españas, nunca negoció con insurrectos en ningún sitio, mientras que solía conceder sus peticiones luego del final de la contienda.







    __________________________


    Fuente:

    https://www.facebook.com/SomosHijosD...011093452264:0
    Última edición por Mexispano; 23/01/2016 a las 04:07
    Erasmus dio el Víctor.

  12. #52
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    Re: Las Indias no eran colonias

    LA FALSA CREENCIA DE QUE ÉRAMOS COLONIAS

    Son muchos, muchísimos, los académicos, letrados e investigadores que a lo largo y ancho de la Hispanidad han señalado como error la denominación “colonia” y, por ende, han pedido le eliminación de ese término, pues crea ideas equivocadas junto a sentimientos de infravaloración y derrotismo en nuestra Conciencia Histórica.

    A pesar de ello, para estar acordes así con la ideología política republicana y oficialista que nos supone una libertad social y nacional que supuestamente en tiempos anteriores no existía, lo cierto es que los planes de estudio oficiales nos siguen imponiendo la palabra “colonia” a lo largo de nuestra escolarización.

    Para documentar este reclamo, nada mejor que leer la aprobación de la Academia Nacional de la Historia de Argentina que, a fecha de 2 de Octubre de 1948, hizo un llamado de atención para que cambiasen la palabra “colonia” de los libros así como de la idiosincrasia popular.

    “La investigación histórica moderna ha puesto en evidencia los altos valores de la civilización española y su transvasamiento en el Nuevo Mundo.

    Como un homenaje a la verdad histórica, corresponde establecer el verdadero alcance de la calificación «colonial», a un periodo de nuestra Historia.

    Se llama comúnmente el periodo colonial de la Historia Argentina a la época de la dominación española, aceptándose y transmitiéndose por hábito aquella calificación de colonial, forma de caracterizar una etapa de nuestra historia, durante la cual estos dominios no fueron colonias o factorías, propiamente dichas.

    La Recopilación de Leyes de Indias nunca hablaban de colonias, y en diversas prescripciones se establece expresamente que son Provincias, Reinos, Señoríos, Repúblicas o territorios de Islas y Tierra Firme incorporados a la Corona de Castilla y León, que no podían enajenarse. La primera de esas leyes es de 1519, dictada para la Isla Española, antes de cumplirse treinta años del Descubrimiento, y la de 1520, de carácter general, es para todas Islas e Indias descubiertas y por descubrir.

    El principio de la incorporación de estas Provincias implicaba el de la igualdad legal entre Castilla e Indias, amplio concepto que abarca la jerarquía y dignidad de sus instituciones, por ejemplo, la igualdad de los Consejos de Castilla e Indias, como el reconocimiento de iguales derechos a sus naturales y la potestad legislativa de las autoridades de Indias, que crearon el nuevo Derecho Indiano, imagen fiel de las necesidades territoriales.

    Pues que las Indias no eran colonias o factorías, sino Provincias, los Reyes se obligaron a mantenerlas unidas para su mayor perpetuidad y firmeza prohibiendo su enajenación y en virtud de los trabajos de descubridores y pobladores y sus descendientes, llamados los «beneméritos de las Indias», prometían y daban fe y palabra real de que siempre jamás no serían enajenadas.

    Conforme a estos principios, una Ley de Indias mandaba que por justas causas convenía que en todas las capitulaciones que se hicieran para nuevos descubrimientos «se excuse esta palabra conquista y en su lugar se use la de pacificación y población», para que aquella palabra no se interprete contra la intención superior.

    (...)

    En atención a las precedentes consideraciones la Academia Nacional de Historia de la Argentina, respetando la libertad de opinión y de ideas históricas, sugiere a los autores de obras, investigación, de síntesis o de textos de Historia de América y de la Argentina, quieran excusar la expresión «periodo colonial» y sustituirla entre otros por «Periodo de la dominación y civilización española»”

    En la misma acta se hace constar que el académico Dr. Pueyrredón sugirió que se suprimiese el vocablo “dominación” para que quedara simplemente como “Periodo Español”. Sin embargo más de seis décadas después, tanto en Argentina como en cualquier otra República hispana, seguimos creyéndonos, para desgracia nuestra, originarios de unas colonias.







    __________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/SomosHijosD...872410632797:0

  13. #53
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    Re: Las Indias no eran colonias

    Mónica Luar Nicoliello Ribeiro


    20 de marzo a las 6:06 ·


    LO QUE NUNCA VAN A CONTARTE DE LA INDEPENDENCIA.

    A principios del siglo XIX los independentistas sabían muy bien que la América hispana... era independiente de... España, pero unidas ambas mediante un pacto político voluntario. Y por eso invocaban, en apoyo de su causa, las Leyes de Indias y la Real Cédula de Carlos y Juana, Juana y Carlos, de 1519. Más tarde cambiarían la versión, como demuestra el historiador uruguayo Felipe Ferreiro. Tampoco se tiene presente que cuando a fines del siglo XVIII, las colonias de la América anglosajona reclamaron su independencia, el modelo de independencia que tenían en mente era México. Consta en documentos de la época.

    Así lo creía, por ejemplo, el mexicano Fray José Servando Teresa de Mier y Noriega y Guerra (1763-1827), que en los primeros años del siglo XIX, comentaba de esta forma la Real Cédula de Carlos V, según documento extraído del ’’Proemio’’ de Juan Antonio Rebella a La disgregación del Reino de Indias de Felipe Ferreiro:

    ’’Es evidente, en conclusión: que por la Constitución dada por los Reyes de España a las Américas [la Real Cédula de 1519], son reinos independientes de ella sin tener otro vínculo que el Rey, precisa y únicamente en calidad de Rey de Castilla, el cual, según enseñan los publicistas, debe gobernarlos como si solo fuese Rey de ellos. Mejor diría: como Emperador de las Indias’’.

    Este texto nos permite apreciar como la Real Cédula de 1519 no cayó en el olvido durante los siglos siguientes, sino que fue comentada, estudiada e invocada hasta principios del siglo XIX. Vemos también como las Indias no eran colonias, sino que jurídicamente y políticamente tenían el estatus de un gran Reino o Imperio (en el sentido de Reino extenso), vinculado con el Rey de España e Indias de manera diferenciada e independiente de España. Vemos también por qué nadie reclamaba la independencia de España: porque no era necesario (ya era independiente), solo se pedía que se cumpliera el pacto.




    __________________________

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  14. #54
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    Re: Las Indias no eran colonias

    LA MONARQUÍA HISPÁNICA, EL ABSOLUTISMO Y LAS CIUDADES-ESTADO HISPANOAMERICANAS:


    El Municipio, las ciudades de origen medieval castellano trasplantadas a América, fueron de hecho y de derecho entidades autónomas, al punto que a nuestro criterio actual nos podrían parecer inauditas muchas de sus libertades, una frase resume estos hechos: «Muchas repúblicas efectivas, abajo, y una Corona más nominal que efectiva, arriba.» Añadiendo a esto los omnipotentes círculos nobiliarios y oligárquicos, los fueros de las poblaciones, de los gremios y de los estamentos, así como una Iglesia poderosísima, el poder de la Monarquía no es absoluto de ninguna manera. Las ciudades hispanoamericanas y sus jurisdicciones en la práctica eran semisoberanas según su tradición medieval que se extendería hasta la misma formación de las Juntas Supremas a inicios del XIX como evidencia de su poder. ¿Qué quedaba para la Monarquía en medio de las antiguas libertades, entonces? «El monarca no era todopoderoso sino el espacio dejado libre por las libertades de sus súbditos». El Cabildo de Quito hablaba a inicios de 1809 de: »[…] la antigua libertad en que ha estado este Cabildo, de elegir para unos oficios de tanta delicadeza, a los sujetos más idóneos y beneméritos […]. Que las ciudades hispanoamericanas hayan luchado entre sí, en bando y bando durante el proceso revolucionario, armando y sosteniendo ejércitos por años es otra muestra de su autonomía.

    __________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/francisco.n...86719418244844

  15. #55
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    Re: Las Indias no eran colonias

    POR QUÉ HABLAR DE COLONIAS EN LA MONARQUÍA CATÓLICA ES UN ERROR

    Una colonia es un territorio sin autonomía política y administrativa que es usado por una metrópolis como productor de materias primas. En una colonia sólo se desarrollan aquellas infraestructuras útiles para la producción de materias y los habitantes de ese territorio son, a lo sumo, ciudadanos de segunda clase.

    La corona hispánica otorgaba a las nuevas tierras incorporadas estatus de reinos (por eso había virre...inatos. Un virreinato es un reino gobernado por un virrey en sustitución del rey, que no puede estar en todos lados).

    Se construyeron escuelas, hospitales, iglesias, imprentas, casas de la moneda, palacios, catedrales, etc. y se desarrolló una incipiente industria en la población de los virreinatos, tanto nativos como españoles, de modo que varias ciudades virreinales eran más hermosas y estaban cultural, económica y socialmente más desarrolladas que ciudades europeas como París o Londres.

    Por eso hablar de colonias en la Monarquía Católica es un error. Sólo unos pocos territorios excepcionales fueron semicolonias y todos ellos son del siglo XIX.


    -El Matador



    __________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/Hispanicball-614494785357668/

  16. #56
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    Re: Las Indias no eran colonias

    El Falaz término de "Colonias"


    April 11, 2016

    NATALIA SILVA PRADA



    El rey regía sobre un territorio, el reino. Pero, ¿Estamos seguros de conocer exactamente su significado? En las Siete Partidas –uno de los referentes jurídicos más antiguos de los españoles–, se relacionaba al reino básicamente con la tierra, cuyo señorío era ejercido por el rey, con sus miembros, los hombres nobles y con el cuerpo, cuya cabeza era el rey. Sin muchas variantes pero con mayor precisión, el Diccionario de Autoridades proclamaba que el reino era “una o muchas provincias sujetas a un rey”, […]







    El rey, el reino y sus reinos de las Indias
    (ó de por qué es inapropiado hablar de la colonia)

    NATALIA SILVA PRADA




    El rey regía sobre un territorio, el reino. Pero, ¿Estamos seguros de conocer exactamente su significado? En las Siete Partidas –uno de los referentes jurídicos más antiguos de los españoles–, se relacionaba al reino básicamente con la tierra, cuyo señorío era ejercido por el rey, con sus miembros, los hombres nobles y con el cuerpo, cuya cabeza era el rey. Sin muchas variantes pero con mayor precisión, el Diccionario de Autoridades proclamaba que el reino era “una o muchas provincias sujetas a un rey”, […]

    El rey regía sobre un territorio, el reino. Pero, ¿Estamos seguros de conocer exactamente su significado?

    En las Siete Partidas –uno de los referentes jurídicos más antiguos de los españoles–, se relacionaba al reino básicamente con la tierra, cuyo señorío era ejercido por el rey, con sus miembros, los hombres nobles y con el cuerpo, cuya cabeza era el rey.

    Sin muchas variantes pero con mayor precisión, el Diccionario de Autoridades proclamaba que el reino era “una o muchas provincias sujetas a un rey”, “el conjunto de vasallos sujetos a un rey” y “los diputados que con poderes del reino le representan y hablan en su nombre”.

    La relación entre el rey y el reino era absolutamente estrecha puesto que él era el símbolo de aquel, al punto que el obispo Juan de Palafox llegó a escribir que el buen vasallo no nacía en su patria sino en el corazón de su rey.[1]

    El reino, según la definición bien estructurada que proporcionó el historiador François-Xavier Guerra, era un espacio territorial de orden superior que acogía a las múltiples comunidades locales y a los diferentes cuerpos en que estaba estructurada la sociedad. El reino era una comunidad humana tendencialmente completa, por su territorio, por su gobierno y por el sentimiento que tenían sus habitantes de una común pertenencia y también de una común diferencia con otras comunidades análogas.[2]

    Sin embargo, la fuerza de la costumbre ha llevado a aplicar incansablemente el término de ‘colonia’ y ‘colonias’ a los territorios americanos bajo el dominio español o incluso, los tres siglos de gobierno español en América se conocen de manera muy burda como “la colonia”. Así mismo, y en un terrible equívoco conceptual, se habla del paso de la colonia a la república, como si de un sistema de gobierno se tratara.

    En el siglo XVI una ‘colonia’ era un territorio poblado de gente extranjera “sacada de la ciudad que es señora de aquel territorio o llevada de otra parte”. En la definición que proporciona Juan de Covarrubias, el único ejemplo que proporciona es el de las colonias romanas. Este diccionario era contemporáneo al experimento de poblamiento español en América y si las Indias hubieran sido consideradas colonias, este debería haber sido el ejemplo por excelencia al que hubiera tenido que recurrir Covarrubias. De modo que una colonia no refleja tanto la idea de los reinos que se fueron configurando tras la conquista, puesto que aunque en dicho proceso hubo un poblamiento extranjero, el nacimiento de las Indias no ocurrió a partir de un traslado masivo e intencional de población extranjera. La imagen más apropiada de las colonias es el paradigmático caso del poblamiento inglés del este de Norteamérica.

    Cuando la monarquía castellana se refería a sus territorios de conquista en ultramar utilizaba el término “Indias” o “Reino de Indias” en singular, y más adelante se popularizó el plural “Reinos de las Indias”. Cuando se escribieron las primeras historias de estos territorios, sus autores incluían el nombre de un “reino” específico. Pensamos por ejemplo en la Historia del Reino de Quito en la América meridional de Juan de Velasco, en la Historia general del reino de Chile, Flandes indiano, de Diego de Rosales, en la Historia del Nuevo Reino de Granada de Juan de Castellanos, en la Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada de Lucas Fernández de Piedrahíta o en la Historia natural del reino de Guatemala de Francisco Jiménez. Por ninguna parte se hacía referencia a colonia alguna.

    El quechua noble, don Felipe Guamán Poma de Ayala insertó en su famosa Coronica o buen gobierno(1600-1615), un mapamundi del Reino de las Indias (1615), refiriéndose al Reino de las Indias del Perú con sus ciudades y villas, perteneciente al dilatado ”Reino de Indias” (América, Asia y Oceanía) dentro del universal ”Reino de España e Indias”. El veía a las Indias como reino unitario con España y no como algo ajeno al territorio de origen, que sería la colonia.

    En la documentación de los primeros años de la relación entre Castilla y América no era muy clara la naturaleza plural o singular de ‘Indias’. En 1501 se hablaba de una orden para pasar a Indias, más específico es el título de obispo de las Indias en un documento de 1532. Aunque el Consejo de Indias es singular, ya en 1681 quedó explícita la pluralidad de los reinos en la Recopilación de leyes de los Reinos de las Indias.

    Por una Real Cédula de 1519, Carlos V anexó sus nuevos territorios de América al Reino de Castilla, como parte de una misma comunidad política –no en condición de desigualdad ni subalternidad-, como reinos de la Corona de Castilla. Es cierto que no eran reinos autónomos, dependían en todos los órdenes de Castilla, pero esto no los convertía en colonias ni a Castilla en una Metrópoli. Leamos un apartado de esta anexión:

    “Y porque es nuestra voluntad y lo hemos prometido y jurado que siempre permanezcan unidas ( las Indias) para su mayor perpetuidad y firmeza, prohibimos la enajenación de ellas. Y mandamos que en ningún tiempo puedan ser separadas de nuestra real corona de Castilla, desunidas ni divididas en todo o en parte ni a favor de ninguna persona. Y considerando la fidelidad de nuestros vasallos y los trabajos que los descubridores y pobladores pasaron en su descubrimiento y población, para que tengan certeza y confianza de que siempre estarán y permanecerán unidas a nuestra real corona, prometemos y damos nuestra fe y palabra real por Nos y los reyes nuestros sucesores de que para siempre jamás no serán enajenadas ni apartadas en todo o en parte, ni sus ciudades ni poblaciones, por ninguna causa o razón o en favor de ninguna persona; y si Nos o nuestros sucesores hiciéramos alguna donación o enajenación contra lo susodicho, sea nula, y por tal la declaramos”. [3]

    La denominación de colonias a estos territorios ocurrió muy tardíamente y fue usada por primera vez por los reformistas borbónicos en el siglo XVIII y para quejarse justamente de que los territorios americanos no habían llegado a fungir en el plano comercial y económico, como verdaderas colonias. José Moñino y Pedro Rodríguez de Campomanes en su Plan para el gobierno de América (1768) se refirieron al verdadero papel que debían tener las “colonias” en el ámbito económico, pero paralelamente en su idea de la creación de un cuerpo unido de nación –algo completamente asombroso- proponían una mayor integración de los “reinos” y una concesión política en extremo novedosa: aconsejaban admitir en la Corte y por turnos, un diputado por cada uno de los tres virreinatos y otro por las Filipinas elegidos entre las ciudades principales,

    El cual asistiese en la Corte por un sexenio en forma que los diputados del reino haciendo Su Majestad a los de Indias una gracia igual a la que acaba de hacer a Cataluña y Mallorca, incorporándose estos cuatro diputados de los reinos de Indias con los de Castilla, Aragón y Cataluña para conferir y representar humildemente lo que conviniese a la utilidad pública de aquellos dominios […] formando de este modo un cuerpo unido de nación.[4]

    Parece que la intención no era convertir a los territorios americanos en ‘colonias’ sino integrarlos definitivamente a un solo reino: el de España.

    En la relación política que los habitantes de la América española mantuvieron con su Rey y con los altos tribunales y autoridades peninsulares existía una relación de subordinación pero era de la misma naturaleza que la que tenían otros reinos ibéricos con respecto al reino dominante, el de Castilla. Esta relación de subordinación no nacía exclusivamente de una situación moderna de tipo colonial sino de la concepción antigua de sociedades jerárquicamente diferenciadas. Al respecto, Annick Lempérière se preguntaba hace unos años, por qué los territorios que España gobernó dentro de Europa (en Milán, Nápoles y Flandes i.e.) no fueron llamados igualmente, colonias. Una pregunta certera y esclarecedora.

    Antonio Annino, ha señalado también, que “la ‘gobernabilidad’ de las grandes monarquías no dependió de la capacidad de ‘administrar’ los reinos por encima de los súbditos. Mucho más crucial fue siempre el consenso y la fidelidad dinástica de los pueblos sujetos, asegurados precisamente por la distribución y la reproducción de los ‘privilegios’”.[5] Ese privilegio del antiguo régimen se basaba en un principio de reconocimiento mutuo basado en la relación interés-fidelidad, en donde no encajaba muy bien el concepto decimonónico de poder colonial.

    El problema grave de la utilización de este concepto es que tiende a desfigurar la realidad. La ‘colonialidad’ desemboca en un esquema de subordinación, marginalidad o subalternidad que no es siempre adecuado para explicar el antiguo régimen y en particular su lógica política. Esto no quiere decir que ese tipo de sociedades no estuvieran fundadas en una desigualdad lacerante, que si lo estaban, pero no era una desigualdad basada en la raza, la clase o el género, necesariamente. El indio por ejemplo, no era un ‘sujeto colonial’ sino un vasallo asimilable a un campesino europeo. Su condición de avasallamiento, como lo dice su mismo nombre, no es producto de una relación de tipo colonial sino de su condición de vencido en un proceso de conquista heredero de los tiempos medievales. Y si los indios se hubieran convertido simplemente en sujetos ‘coloniales’ no se explicarían los privilegios que a diversos pueblos y élite indígena se distribuyeron desde el periodo de la conquista hasta el siglo XVIII.

    El problema de usar el concepto « colonia » es que este ha cobrado históricamente una significación única y distorsionante, “la de un territorio extranjero sometido a una dominación política casi exclusivamente dirigida hacia la explotación económica, llevada a cabo por los capitalistas metropolitanos en provecho de la potencia económica y militar del Estado-nación”.[6]

    Un imperio “colonial” no es entonces lo mismo que una monarquía. “El derecho natural fue el que proporcionó el ordenamiento jurídico, político y moral que transformó la conquista y los establecimientos españoles de ultramar, fundados en lo económico sobre el trabajo indígena y en lo religioso sobre la destrucción de las religiones autóctonas y la evangelización, en una estructura política imperial integradora de territorios y pueblos muy diversos entre sí: en una Monarquía”.[7]

    A su tiempo, la Corona nunca aclaró los verdaderos privilegios de sus nuevos reinos indianos, pero juristas muy cercanos a la Corona, de la talla de Juan de Solórzano y Pereira, llegaron a defender el derecho al autogobierno “sobre la base de uno de los principios esenciales de la monarquía católica, según el cual los reinos tenían que ser gobernados como si el rey fuera solamente el rey de cada uno de ellos”.[8] Y aquí tenemos una confirmación de la pluralidad de ‘los reinos’ de las Indias, las cuales no eran una ‘colonia’ y mucho menos un conjunto de ‘colonias’. El imaginario del reino y las formas de pertenencia al mismo se estructuraron sobre un lenguaje teológico-jurídico que resultó eficaz para llenar el vacío impuesto por la falta de reconocimiento de la Corona y capaz de conservar una fuerte autonomía hasta 1808.[9]


    Aquí vale la pena retomar la importante reflexión que en un seminario hiciera Annick Lempérière:

    “Se olvida que los conceptos y categorías no son esencias y substancias eternamente iguales a sí mismas, sino que tienen una historia, cargan una memoria y ostentan unos significados tan distintos como las formaciones sociales en las cuales nacieron y se siguen empleando. Según las épocas, las sociedades y los grupos socio-culturales, las voces y los conceptos cobran sentidos sumamente diferenciados, sentidos que a su vez pueden llegar a implicar, como en el caso de la palabra « colonia » y sus derivados, valores y valoraciones altamente polémicas, cargadas de afectividad, de ideología, de pasiones y del recuerdo de experiencias militantes o vitales. De colonia a colonial, se pasó, en el siglo XIX, a « colonialismo », con lo cual « la cuestión colonial » entró de plano en el campo de la ideología y de la política”.[10]

    En el territorio hispanoamericano se nombraban así mismos como reinos los territorios de Nueva España [11], Nueva Galicia, Nuevo Reino de León, Guatemala, Tierra Firme, Nueva Granada[12], Quito y Chile. Otros territorios no incluidos aquí se consideraban provincias. Nunca, colonias. Ese fue en esencia, el término despectivo que los historiadores decimonónicos utilizaron para justificar su ruptura política con España y para tergiversar su posición de descendientes de conquistadores-colonizadores -siempre reivindicada durante los 3 siglos virreinales- a víctimas de la ‘colonización’, colonizados.[13]




    [1] David Brading, Orbe Indiano, p.268.


    [2] François-Xavier Guerra, México: del antiguo régimen a la revolución, p.63.


    [3] Puede consultarse en Memoria PolÃ*tica de México


    [4] Documento comentado en Feliciano Barrios (coord.), Derecho y administración pública en las Indias Hispánicas, vol.II. Cuenca, Castilla la Mancha, 2002, p.1135.


    [5] Antonio Annino, “Presentación” en Beatriz Rojas (coord.), Cuerpo político y pluralidad de derechos. Los privilegios de las corporaciones novohispanas. México, DF, CIDE, 2007, p.10.


    [6] Annick Lempérière, « La « cuestión colonial » », Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En línea], Debates, Puesto en línea el 08 febrero 2005, consultado el 22 febrero 2013. URL : La « cuestión colonial » ; DOI : 10.4000/nuevomundo.437


    [7] Ibídem


    [8] Antonio Annino, “1808: el ocaso del patriotismo criollo en México” en Programa Buenos Aires de Historia Política del siglo XX, http://historiapolitica.com/datos/bi...ca/annino1.pdf consultado el 1 de junio de 2011, p.5.


    [9] Ibíd., Op.cit., p.6.


    [10] Annick Lempérière, op.cit.


    [11] El reino novohispano era sólo una pequeña fracción del virreinato, asimilable a grandes rasgos al territorio de la Audiencia de México, mientras que el virreinato se extendía desde el sur de los Estados Unidos actuales hasta Panamá, incluyendo a Cuba y las isla Filipinas y hasta el siglo XVIII a la capitanía general de Venezuela que después se integró al virreinato de la Nueva Granada.


    [12] Era también más pequeño que el virreinato nacido en el siglo XVIII y correspondía a grandes rasgos al territorio de la Audiencia de Santafé de Bogotá.


    [13] Esta reflexión se basa en el texto de Lempérière ya citado.



    FUENTE: El rey, el reino y sus reinos de las Indias (ó de por qué es inapropiado hablar de la colonia) | es.hypotheses



    __________________________

    Fuente:

    http://reinosdelasindias.wixsite.com...no-de-Colonias
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  17. #57
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    Re: Las Indias no eran colonias

    Profesor peruano afirma que Perú “no fue una colonia sino un reino más en el imperio español”






    “Perú no fue una colonia, sino un reino más dentro del imperio Español”, afirmó el historiador Rafael Sánchez – Concha, docente de la maestría en Historia de la Universidad Católica San Pablo.

    Añade además que Perú era “prácticamente la mitad del imperio español y tenía un papel sumamente protagonista por ser abastecedor de minerales, como la plata que se extraía de Potosí, Huancavelica y Hualgayoc”.


    Sánchez-Concha habla también de la población indígena en la época virreynal y afirma que sí tuvieron protección pese a que algunos recibieron abusos.


    “No se puede tapar el sol con un dedo, es cierto que hubo excesos, pero a diferencia de lo ocurrido en el poblamiento de la América del Norte por parte de los ingleses, los conquistadores españoles integraron a los nativos a su sistema social, político y religioso, a través de la evangelización y la hispanización. No hubo un plan de exterminio sistemático como en Norteamérica, por eso tampoco se puede decir que el Perú fue una colonia”, comentó.


    https://somatemps.me/2016/09/22/hisp...perio-espanol/
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  18. #58
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    Re: Las Indias no eran colonias

    Privilegiar la Conquista como el proceso principal de la formación de lo hispano en América es un error y quizás sea uno más de los engaños a los que nos hemos sometido. El arraigo de lo hispano en América se produjo con mayor fuerza, y para siempre, después de la Conquista. Pero mucho se nos ha hecho creer que la época de los gobiernos virreinales fue una época tranquila y somnolienta. Mentira.

    En esos años, el imperio español estaba consolidado y era la primera potencia del mundo. La Corona gobernaba sobre España, Italia, el norte de África, América y las Filipinas. El Pacífico y el Caribe eran mares españoles. Las flotas de guerra y comercial españolas eran las más grandes del mundo. “Cuando España se mueve, la Terra tiembla” decían nuestros antepasados con el orgullo que solo los españoles saben sentir. La protestante Inglaterra era la principal rival que tenía España y trataba por todos los medios de arrebatarle tierras, mares y riquezas. España, y por lo tanto Hispanoamérica, vivió prácticamente todo este período en guerra contra los ingleses que asaltaron muchas veces Panamá, Santo Domingo, México, Cartagena de Indias, Portobelo, Cuba, Maracaibo, Guayaquil, Montevideo, Buenos Aires, Perú y Chile. En Europa, en el Atlántico, en el Caribe y en el Pacífico los españoles, tanto europeos como americanos, combatieron fieramente a sus enemigos y lograron mantener la supremacía en el mundo. La buena estrella hispana llegaba a lo más alto.

    Por esos años la Conquista era un recuerdo añejo de ciento y tantos años atrás e Hispanoamérica comenzaba a comprenderse como un gigantesco territorio con pequeñas villas y gigantescas zonas rurales despobladas, organizado en virreinatos y capitanías generales, con los que España daba gobierno y leyes a los españoles, americanos o europeos. Porque, independiente de dónde hubieran nacido todos se consideraban españoles y compatriotas, pero se identificaban con un origen diferente, fueran gallegos, peruanos, extremeños, vascos, chilenos, andaluces, valencianos, mexicanos, catalanes, orientales, cubanos… Paisanos se llamaban entre ellos y se concebían todos como parte de una gran nación hispana. Un mundo ya descubierto y conquistado, pero aún pendiente de poblar, civilizar y formar. A ese mundo próspero llegaron por años y años nuevos contingentes de españoles desde Europa, compuestos principalmente por hijos de vecinos de ciudades menores, emprendedores que venían a probar suerte en los mercados americanos, jóvenes graduados de las universidades capaces de ocupar a algún cargo administrativo y soldados para servir en fuertes, desiertos, pampas y cordilleras. Muchos de ellos tenían estudios universitarios o experiencia en la administración pública, en política, en los negocios y en las guerras europeas. Fueron ellos los que ayudaron a cuajar lo español, a que floreciera y se enraizara la civilización en América. Fueron ellos los que más españolizaron América y sus hijos y nietos fueron hispanoamericanos.

    Fue el Imperio en su madurez el que amparó el crecimiento de lo hispano, indiano, criollo o americano; como queramos llamarlo. Época larga, increíble e imperial, de prosperidad y de cambios, de navegaciones por el mundo y de valentía en serio, a cañonazos; época de comercio a escala planetaria; época en que la nación hispana repartió por el mundo santos, militares, iglesias, poetas, valientes, corruptos, universidades, jueces, catedrales, idioma, costumbres, conventos, leyes, misioneros, haciendas…; todo al buen amparo de tejas, adobes, palmeras y sauces llorones.
    Kontrapoder, Hyeronimus y Leolfredo dieron el Víctor.

  19. #59
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    Re: Las Indias no eran colonias

    Como directivo en funciones del Instituto Ecuatoriano de Cultura Hispánica, me complazco en invitarles a que adquieran el libro «Pueblos y Soberanía, continuidades y rupturas conceptuales durante la insurgencia en el reino de Quito (1809-1813)», del historiador quiteño Ahmed Deidán de la Torre, mismo que ha sido publicado bajo el aval y el sello del Instituto en coedición con el Instituto Panamericano de Geografía e Historia, del cual también formo parte. El libro se encuentra disponible hasta hoy en la Feria Internacional del libro de Quito, en el segundo piso, en los puestos de Tecnilibro y de Corredor Sur (12 dólares). Un libro necesario para comprender cabalmente el proceso de la independencia de Quito.

    Les dejo esta cita del autor extraída del libro:


    «Basados en el constitucionalismo histórico y en el uso cotidiano de las leyes, los españoles americanos creían que sus reinos y territorios eran parte integrante de la Monarquía española. Los derechos y privilegios adquiridos por conquista y mestizaje entre noblezas permitían que los españoles americanos consideraran que el pacto existente entre la Monarquía española no era entre América y la España peninsular sino entre los reinos particulares de que la Monarquía estaba compuesta y el rey. No existía ninguna diferencia legal o política entre la península y la América española, y tampoco existía una entre los vasallos en ambos hemisferios. La declaratoria venida desde la península en 1809, a través de la cual se reconocía la igualdad de los territorios americanos y de las provincias peninsulares, sólo confirmaba la perspectiva americana de este particular. Del otro lado, algunos peninsulares en oficios privados se referían a los territorios americanos como colonias de extracción, mientras que otros notaban que las leyes de América eran las mismas que regían en la península. Estas aclaraciones son fundamentales para comprender las razones por las que los españoles americanos reaccionaron de la forma que lo hicieron tras el colapso de la monarquía.»









    __________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/photo.php?f...4054867&type=3

  20. #60
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    Re: Las Indias no eran colonias

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    La riqueza industrial en la época virreinal

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    “América alcanzó un alto grado de progreso industrial (…) En esos años la América española había llegado a lo que es hoy el desiderátum de las naciones: a bastarse a sí misma (…) El monopolio español (…) produjo (…) sobre todo industrialmente, la autonomía de América (…) América (…) se pobló de industrias para abastecer en su casi totalidad el mercado interno (…) los productos podían en buena ley competir con sus similares europeos (…) donde hubo libertad comercial, hubo pobreza; allí, donde se la restringió, prosperidad”






    Trabajadores de diversas industrias y oficios del virreinato de Nueva España, el cual alcanzó un gran desarrollo económico durante los siglos XVII y XVIII.



    El siguiente texto es un extracto de la obra “Defensa y pérdida de nuestra independencia económica” (Capítulo I), “, del abogado, profesor universitario, historiador y diplomático José María Rosa. Fue publicada por primera vez en 1943.


    “El que sabe ser buen hijo
    a los suyos se parece
    y aquel que a su lado crece
    y a los suyos no hace honor
    como castigo merece
    de la desdicha el rigor”



    EL INDUSTRIALISMO COLONIAL (1)

    Las primeras industrias de América latina tuvieron su origen en el siglo XVII. Las industrias elaborativas se entiende, pues las extractivas -como la minería- se explotaron inmediatamente después del descubrimiento.

    América alcanzó un alto grado de progreso industrial: por lo menos desde el siglo XVII, hasta que el imperio español tembló en sus cimientos al terminar el XVIII. En esos años la América española había llegado a lo que es hoy el desiderátum de las naciones: a bastarse a sí misma, a la autarquía (2) ¿La causa? El monopolio español; el tan mentado, tan desprestigiado monopolio español. Pues éste, si en mínima parte significó la dependencia comercial hacia España, produjo, en cambio, sobre todo industrialmente, la autonomía de América.

    Claro es que la creación del monopolio español no tuvo como mira -a lo menos como mira eficiente – la formación de una industria americana autóctona. El monopolio fue creado por causas militares principalmente. En 1588 el poderío marítimo español se derrumbó con el desastre de la Invencible, quedando España en la paradójica situación de ser la potencia colonial mayor del mundo, mas careciendo de una escuadra con la cual defender sus colonias. Por eso estableció el régimen de galeones, que convenientemente custodiados partían de un puerto único americano -generalmente Santo Domingo- e iban hacia otro puerto único español -casi siempre Cádiz-. La carencia de suficientes navíos de guerra como para custodiar el tráfico comercial libre entre la metrópoli y sus colonias, en esos mares infestados de bucaneros ingleses y holandeses, obligaba a la navegación en convoy como único medio de mantener una comunicación entre las distintas partes del imperio español.

    Ya de por sí la reducción del comercio hispanoamericano a una flota anual de galeones – y años hubo que no partió ninguno – transportando hasta Puerto Bello los productos destinados a Nueva Granada, Venezuela, Perú, Chile y Río de la Plata, aminoró extraordinariamente la dependencia hacia España de la economía americana. América tuvo entonces que producir lo que España no podía enviarle. Pero a la dificultad en el transporte se unió otra causa: las ideas de los economistas españoles del siglo XVII- Pues España atravesaba desde mediados del XVI una fuerte crisis, traducida en el alto valor que alcanzaron todas las mercaderías: los medios de subsistencia eleváronse en grado sumo. La causa -hoy podemos saberlo- fue la importación de oro americano, que produjo como lógica consecuencia el desequilibrio en el valor adquisitivo del dinero: el oro bajó de valor con respecto a las demás mercaderías, y claro está, las mercaderías subieron con respecto al oro; con la grave consecuencia social de que el oro se hallaba en pocas manos, mientras que la demanda de mercaderías era general.

    Pero entonces se creyó firmemente que esta suba se debía a la salida de productos españoles para América. De allí que se tratara de evitar su envío al Nuevo Mundo, limitándose la exportación española a lo estrictamente indispensable- En realidad el comercio hispanoamericano en los tiempos de los galeones quedó reducido al transporte del oro y la plata de América a España, y al regreso de esos barcos llevando el mismo peso en los pocos, poquísimos, efectos ibéricos que no podían producirse aquí.

    América tuvo que bastarse a sí misma. Y ello le significó un enorme bien: se pobló de industrias para abastecer en su casi totalidad el mercado interno. Malaspina, escritor del siglo XVII, nos dice que “el movimiento fabril de México y el Perú eran notables”. Habla de 150 “obrajes” en el Perú, que a 20 telares cada uno, daban un total de 3.000 telares. Y Cochabamba, según Haenke(3), consumía de 30 a 40 mil arrobas de algodón en sus manufacturas.



    TÉCNICA DE LA PRODUCCIÓN COLONIAL

    Los “obrajes” -talleres de hilados y tejidos- se encontraban organizados en su mayoría de acuerdo al tipo de trabajo artesanal: con sus maestros, oficiales y aprendices, y requiriéndose haber pasado los dos grados inferiores y rendido el examen de “obra maestra”, para lograr con el título de maestro la licencia de regentear un obraje.





    Alegoría de la industria (1804-1806), por Francisco de Goya. La industria textil fue muy importante para el auge económico y extenso desarrollo industrial de la América Hispana.



    No fue el taller artesanal el único tipo de producción colonial: algunos encomenderos de indios emplearon la mano de obra de éstos, excusándose en la carencia de oficiales libres de nacionalidad española. Pero las “encomiendas industriales” constituyeron excepciones, toleradas solamente mientras se consolidaron los “obrajes” artesanales. El virrey del Perú, don Francisco de Toledo, reglamentó minuciosamente en 1601 el trabajo de los indígenas en las industrias manufactureras evitando cualquier abuso de los encomenderos (4). Y finalmente fue suprimido por varios decretos y ordenanzas reales (5) En cambio en las reducciones y misiones, los obrajes con mano de obra indígena fueron habituales, por cuanto constituían uno de los fundamentos mismos de la creación de tales establecimientos, que era la educación indígena tanto en las labores agrícolas como en las manuales. Aquí el producto de la industria indígena recaía exclusivamente en beneficio de las mismas reducciones y misiones. (6)

    Los esclavos no eran empleados habitualmente en faenas industriales, no obstante la opinión en contrario de Juan Agustín García (7). En primer lugar la esclavitud no fue normalmente permitida en la América hispana hasta la guerra de Sucesión, cuando Inglaterra impuso en el tratado de Utrecht de 1713 el derecho a establecer sus “asientos de negros” en puertos del Atlántico. Los pocos esclavos que hubo antes de esa fecha – tolerados por los funcionarios españoles; que no permitidos por las Leyes de Indias (8) – se filtraron de las colonias inglesas del norte, y las portuguesas del sur. Estos pocos esclavos no nos permiten suponer que la esclavitud fue regularmente admitida antes de 1702, y así encontramos que el modesto “asiento de negros” portugués, que las autoridades bonaerenses toleraron en el siglo XVI, fue clausurado estrepitosamente por la superioridad española.

    Los negros esclavos no eran tampoco mayormente aptos para labores industriales. Fueron empleados de preferencia en la agricultura; y en nuestro Río de la Plata – donde no existía mayor agricultura – destinados casi exclusivamente a tareas domésticas. Algunos realizaban pequeñas confecciones caseras, y otros fueron empleados en talleres, rescatando con sus jornales el precio de su libertad- Pero la protesta de los trabajadores libres, así como la resolución que el Cabildo de Buenos Aires tomó sobre ellos (9) a nos demuestra que el caso no era muy común ni constituía la tan manida “explotación de los esclavos”, lugar repetido por algunos escritores antiespañoles.

    La práctica de los gremios -no las Leyes de Indias- había exigido a los maestros zapateros y plateros, presentaran “informaciones sobre limpieza de sangre” (10). En el siglo XVIII estas informaciones fueron suprimidas, admitiéndose a cualquier trabajador americano, a condición de haber aprobado su examen correspondiente, para que pudiese optar al grado de maestro y abrir su taller. De esta manera los negros o indios libres pudieron dedicarse también a la industria si poseían aptitudes para ello. Además de los talleres manufactureros, hallamos al iniciarse el siglo XIX las fábricas de derivados de la ganadería: saladeros, curtiembres, jabonerías, la “fábrica de pastillas de carne” del conde Liniers en Buenos Aires, etc. La fábrica tenía características propias del pequeño capitalismo: en lugar del maestro que trabajaba junto a los oficiales y aprendices, encontramos al patrón capitalista vigilando la labor de sus obreros por medio del capataz técnico.

    Esta técnica, tanto en los primitivos obrajes como en las posteriores fábricas, fue la habitual en sus respectivos tipos de producción. La maestría del artesano tuvo que suplir la falta de herramientas adecuadas, pero los productos podían en buena ley competir con sus similares europeos, y en algunas industrias -platería, tejidos- llegaron a superar, por el arte de su confección, a las propias mercaderías extracontinentales.



    LA AMERICA “PROTECCIONISTA” Y LA AMERICA “LIBRECAMBISTA”

    No toda la América española fue encerrada en la barrera del monopolio, surgiendo por esa causa a la vida industrial. Hubo parte de ella, justamente nuestro Río de la Plata, que quedó virtualmente fuera de esta política.

    No tenía España barcos suficientes para vigilar las costas del Atlántico sur, ni podían los modestos gobernadores de Buenos Aires correr con sus botes a los poderosos navíos extranjeros que anclados en las Conchas, la Ensenada o en el mismo puerto, ejercían impunemente el contrabando. Y este contrabando, imposible de perseguir, acabó siendo tolerado: el viajero francés Azcárate de Biscay (11) vio en 1658 en el puerto de Buenos Aires a 22 buques holandeses cargando cueros. Desde 1680 la Colonia constituyó un verdadero nido de contrabandistas, Y muchos gobernadores, obligados por las circunstancias a esconder la ley y cerrar los ojos, clamaban por la permisión lisa y llana de lo que era imposible combatir: Bruno Mauricio de Zavala, el fundador de Montevideo, entre otros.

    Tan tolerado fue el contrabando, tanto se lo consideró un hecho real, que la Aduana no fue creada en Buenos Aires sino en Córdoba -la llamada Aduana seca de 1622- para impedir que los productos introducidos por ingleses y holandeses en Buenos Aires compitieran con los industrializados en el norte. Y que el oro y los metales preciosos no emigraran hacia el extranjero por la boca falsa del Río de la Plata.

    Hubo así dos zonas aduaneras en la América hispana: la monopolizada y la franca. Aquélla con prohibición de comerciar, y ésta con libertad -no por virtual menos real- de cambiar sus productos con los extranjeros.

    Y aquella zona -la monopolizada- fue rica; no diré riquísima, pero sí que llegó a gozar de un alto bienestar. En cambio la región del Río de la Plata vivió casi en la indigencia. Aquí, donde hubo libertad comercial, hubo pobreza; allí, donde se la restringió, prosperidad.

    Y eso que Buenos Aires tenía una fortuna natural en sus ganados cimarrones que llenaban la pampa.

    Los contrabandistas se llevaban los cueros de estos cimarrones -necesario como materia prima en los talleres europeos- dejando en cambio sus alcoholes y sus abalorios (fue entonces cuando los holandeses introdujeron la ginebra). Era este un trueque muy parecido al que realizaron hasta ayer los comerciantes blancos con los reyezuelos de África.

    El dinero -a no ser el oro y la plata filtrados por Córdoba- entraba muy poco en estas transacciones. Los cueros se cotizaban en reales, pero se pagaban en especie: de más está decir que los reales pagados por cada cuero eran harto insuficientes, mientras que los abonados por cada litro de ginebra o cada metro de paño inglés, sumamente considerables. Azcárate de Biscay (12) dice en 1658, que cada cuero valía de 7 a 8 reales (un peso de a ocho en la moneda de entonces). Pero es posible una exageración (13), ya que en el siglo XVIII cuando el ganado cimarrón se había terminado, el precio de cada cuero de vaca doméstica pocas veces pasaba de 9 reales. (14)





    Vista del puerto de Buenos Aires, desde el río, en un grabado de Malaspina (siglo XVIII). Inglaterra y otras potencias europeas realizaron un intenso contrabando en el Río de la Plata, que acabó perjudicando el desarrollo de su industria.



    Buenos Aires, entregando los cueros de su riqueza pecuaria por productos extranjeros, no podía tener -y no tuvo- industrias dignas de consideración. Era tan poco rica, que el Cabildo empeñaba sus mazas de plata para mandar un enviado a España (15). Antonio de León Pinelo, escribiendo en 1629, se quejaba de la enorme miseria de la zona bonaerense: Buenos Aires era para él, la ciudad “tan remota como pobre” (16). Indudablemente el virtual librecambio no reportaba provecho alguno.

    Todo lo contrario. No solamente no hubo industrias a causa de la fácil introducción de los productos europeos, sino que los contrabandistas acabaron por extinguir el ganado cimarrón, la gran riqueza pampeana. Los permisos de vaquerías otorgados en un principio libérrimamente por el Cabildo a todo vecino accionero que trocaba, cueros por mercaderías contrabandeadas, acabaron por ser mezquinados. En 1661 (acta del Cabildo del 14 de enero) se informa que la hacienda se ha retirado a 50 leguas de la ciudad: en 1639, el mismo Cabildo ordena que se suspendan los “permisos de vaquear” durante 6 años, debido a la escasez de ganado. En 1700; se cierran nuevamente las vaquerías, esta vez por 4 años; en 1709 nuevo cierre durante un año; en 1715, otra cerrazón, también de 4 años (17).

    El contrabando había terminado con la única riqueza bonaerense. La formidable mina de cuero de la pampa hallábase agotada, pues desde esa última fecha -1715- ya no se otorgaron más permisos para vaquear; no es que se hayan cerrado las vaquerías, es que nadie tuvo empeño en internarse hasta las Salinas tras un rodeo cada vez más ilusorio.

    En 1723 el Cabildo informa que hace ocho años -justamente desde 1715 que nadie vaquea.

    Y en 1725, cuando se instala en Buenos Aires el “Asiento inglés de negros” a raíz del tratado de Utrecht, con la facultad de cambiar negros exportados de Angola por los cueros famosos de la pampa, encontráronse los negreros sin la riqueza que esperaban: los contrabandistas ya se la habían llevado. Cuenta Coni que un veedor mandado en busca de los famosos cimarrones, llegó hasta Tandil sin hallar ni un ternero.



    RIQUEZA INDUSTRIAL DEL VIRREINATO

    El tratado de Utrecht de 1713, que puso fin a la guerra de sucesión de España, significó prácticamente la repartija de ésta entre Francia, Inglaterra y Austria. Si Francia conseguía colocar un príncipe francés en el trono de Felipe II, Austria se quedaba con Italia y el Flandes Español, e Inglaterra con Gibraltar, Menorca y muy buenos privilegios comerciales: entre estos, la facultad de importar negros a la América española, mercándolos por productos autóctonos. Fue a raíz de ellos que se establecieron los “asientos de negros” en los puertos hispanoamericanos del Atlántico, por donde, juntamente con el comercio lícito de africanos, se deslizó el ilícito de efectos ingleses.

    Pero la industria anglosajona a principios y mediados del siglo XVIII, carecía de las condiciones necesarias para apoderarse del mercado americano. Si bien la fabricación vernácula era aún primitiva, y su técnica no pasaba de ser rudimentaria, el coste de la producción y aun la misma calidad de la elaboración, admitían todavía una competencia favorable con las manufacturas europeas. Levene, en su Historia económica del Río de la Plata, describe la riqueza de nuestra tierra al finalizar el siglo XVIII. La industria vitivinícola es próspera en San Juan, Mendoza, La Rioja y Catamarca; un barril de vino de la primera de estas ciudades se vende en Buenos Aires a $ 36 (del cual de 14 a 16 pesos son de flete); en 1802 se introdujeron en Santa Fe casi 10.000 barriles de aguardiente cuyano con destino a Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental.

    En tejidos: Cochabamba era el centro fabril de todo el Alto Perú; los algodonales de Tucumán facilitaban la materia prima, que era elaborada en la ciudad del altiplano, proveyendo a los mineros de Potosí y a casi toda la población del norte. Centros importantes de esta industria fueron también Corrientes, donde el informe de su representante en el consulado nos dice que en 1801 “hubo individuo que acopió y remitió a Buenos Aires más de 1.500 ponchos y frazadas, su precio de 4 a 5 reales”; Catamarca, donde “no hay casa ni rancho en todo su distrito que no tenga uno o dos telares con su torno para hilar, y otro para desmotar el algodón. Se borda tan fino que… hasta los clérigos se visten con estos bayetones negros”; Tucumán, que elabora tejidos con sus propios algodones, y también Córdoba, Salta y Santiago del Estero encontraron su principal riqueza en la industria de los telares domésticos (18).

    Paraguay y Corrientes eran famosos por sus astilleros, donde se construían hasta navíos de ultramar; lo que hoy es apenas una remota esperanza, era una realidad en 1800 (19). “Con ligazón de algarrobo, entablado de lapacho y cubiertas de timbó colorado” se construyeron el año 1811 en Asunción 8 bergantines, 5 fragatas, 4 sumacas, sin contar balandras y otras embarcaciones menores. Y ellas quedaban totalmente terminadas con sus jarcias, velamen y ferretería, producido todo por la riquísima tierra americana.

    Las grandes carretas de Mendoza y aquellas un poco menores de Tucumán proveían los medios de transporte más usuales para el tráfico interno. También las mulas, criadas en Santa Fe y Entre Ríos, eran empleadas principalmente para la conducción de los barriles de vino o aguardiente cuyano.

    Corrientes fue famosa por sus talleres de arreos y talabarterías. Buenos Aires por sus platerías (20) y después del tratado de Utrecht, abolido el monopolio y en su consecuencia reducido el contrabando, destacóse por sus artesanos del cuero, especialmente zapateros, lomilleros y talabarteros.

    En agricultura: Tucumán producía en abundancia algodones y arroz; La Rioja, Catamarca y Salta aceites de oliva de tan buena calidad y tan importante cantidad, que amenazaban la clásica riqueza española de olivares. Cereales y productos de huerta, se daban en las “quintas” de todas las ciudades, especialmente Buenos Aires. Esta última conservaba su preeminencia ganadera, pese a la extinción de los cimarrones, y el virrey Loreto iniciaba en 1794 la después floreciente industria de la salazón de carnes.

    En todo lo necesario, la colonia se abastecía a si misma, no obstante las trabas que se opusieron a su desenvolvimiento industrial, y que veremos en los puntos siguientes. Claro está que entre nosotros no tuvo la industria incipiente las características que alcanzó en México o en el Perú; claro es que los modestos talleres coloniales se manejaron con una técnica primitiva en donde la habilidad del artífice tenía que suplir los defectos de las herramientas y utensilios.

    Es dable suponer que una correcta política económica hubiera desarrollado convenientemente estas industrias, y así como ellas proveyeron a las modestas necesidades del XVIII, lo hubieran podido hacer con las más complejas del XX. Las industrias criollas habrían crecido paralelamente con el crecimiento de la Argentina, si la mayoría de los gobernantes no hubieran hecho precisamente lo contrario de lo que debieron hacer. Y esa industria Argentina, en manos de argentinos, y dando trabajo a obreros -entonces eran “artesanos”- argentinos, no solamente no tuvo protección alguna fiscal, sino que fue perseguida como expresión de un pasado colonial indeseable, y muestra de una política económica reñida con el liberalismo del siglo XIX.




    -------------------------------

    NOTAS

    (1) He preferido colonia y no período hispánico, porque entiendo que esa designación no puede extenderse a toda la dominación española. Es cierto que los reinos de Indias integraban a igualdad con los reinos de España el poderoso imperio hispano; que unas se manejaban por el Consejo de Indias y los otros por el de Castilla o Real; que en unos regía la legislación indiana y en los otros la peninsular. Pero esto ocurrió durante la dinastía de los Austria, hasta el tratado de Utrecht (1713) que puso fin a la guerra de sucesión y señaló el advenimiento de la dinastía Borbón. Hasta 1713, pues,”puede hablarse con propiedad de “período hispánico”.

    Pero después de Utrecht la concepción francesa sustituyó a la española. Los reinos de Indias se transforman en colonias de América (“América” era la designación inglesa, francesa y portuguesa para el continente que los españoles habían llamado “Indias Occidentales”). La centralización borbónica anuló al Consejo de Indias -cuyas funciones esenciales pasaron al cortesano -Secretario del Despacho Universal-, e hizo letra muerta de la legislación indiana. El tratamiento que se dio a “América” fue semejante al que tenían las “colonias” francesas de Canadá y Luisiana. Fueron dependencias de la metrópoli, y no reinos autónomos. Hasta la voz “criollo” (corrupción del creole francés) con el significado peyorativo que tenía en Francia, fue introducida en el lenguaje corriente.

    En Utrecht puede encontrarse, por lo tanto, la raíz del movimiento de independencia que se exteriorizó (a lo menos en 1810) como un choque entre el viejo autonomismo indiano contra el reciente centralismo borbónico. La polémica entre Castelli y el obispo Lué en el Cabildo abierto del 22 de mayo es sobradamente ilustrativa. (Nota de la 2º edición).

    (2) Autarquía no es sinónimo de independencia económica; aquélla significa producir lo necesario para satisfacer el consumo interno; ésta, el dominio de la producción y del consumo nacional, aun cuando la producción se exporte y el consumo se importe.

    La autarquía absoluta es imposible, a lo menos dentro de las actuales condiciones de la vida económica. Pero toda nación debe -si tiene posibilidades- aspirar a una autarquía relativa, esto es, a producir lo imprescindible. Podría, así, prescindir del mercado exterior por un determinado tiempo si las contingencias internacionales la movieran a ello.

    Independencia no es autarquía. Una nación puede vivir del comercio internacional importando alimentos, y materias primas, y exportando mercaderías elaboradas, y sin embargo, tener la más absoluta independencia económica. Que es el caso de Inglaterra. Para ello precisa poseer capitales, marina mercante, ferrocarriles, seguros, etc., que la hagan dueña virtual de su intercambio. Pero tampoco autarquía significa necesariamente independencia. Puede una nación producir lo imprescindible dentro de sus fronteras sin ser dueña de su economía. Como cuando el control de sus industrias, transportes internos, instituciones de crédito, etc., se encuentra en manos extranjeras.

    (3) Citadas ambas por R. LEVENE, Historia económica del Virreinato deL Río de la Plata. T. II, Pág. 130.

    (4) SOLORZANO, Política Indiana, Pág. 65. La reglamentación de Toledo “señala las tareas a que les han de obligar (a los indios encomendados, jornales y salarias que se les han de pagar, la distancia de leguas de donde podrían ser llevados, y todo lo conveniente para excusar que no fueran oprimidos ni agraviados en este servicio, ni se pudiese tener por duro e injusto”

    (5) Cédula del Consejo de Indias de l60l, y disposiciones posteriores de 1603, 1610 y 1615. .En una Carta de la Audiencia de Lima de 1821 se lee: “Que no se permita que los encomenderos tengan obrajes dentro de sus encomiendas, ni tan cerca de ellas que se pueda recatar, que se aprovecharan de los indios y de sus servicios personales para ellos,” (SOLORZANO, ob. cit., pág. 66)

    (6) R. R. CAILLER BOIS, Un ejemplo de la industria textil colonial (en Boletín del Inst. Inv. Hist. de la fac Fil. y Let., XX, 67 y 68, Pág. 19). En este trabajo se describe la vida industrial en las reducciones de Moxos al finalizar el siglo XVIII.

    (7) J.A.GARCIA, La ciudad indiana, Pág. 128.

    (8) SOLORZANO, ob. cit., Pág. 49: “Demás de que también se ofrece la duda, de si tendría inconveniente que las provincias de Indias se introduzcan y permitan tantos esclavos negros como para estos servicios sería menester, y veo que lo han prohibido muchas cédulas que se habla en el IV tomo de las Impresos de que hace mención ANTONIO DE HERRERA. Aunque por otros, según la han ido pidiendo los tiempos y ocasiones, por ir faltando los indios, se han dado órdenes y permisiones para lo contrario”, (L. II, cap. XVI).

    (9) R. LEVENE, ob. cit., Pág. I43. El Cabildo resolvió permitir el trabajo de los negros esclavos en los talleres, atendiendo a “que hay muchas viudas y familias que se sustentan con el jornal de sus esclavos, a los cuales, por lo mismo, no es conveniente separarlos de las artes mecánicas”.

    J. A. WILDE, Buenos Aires 70 años atrás, Págs. 108 y 109, explica el porqué de este trabajo industrial de los negros esclavos: “Infinidad de esclavos se libertaban por sus propios medios, y sus amos les proporcionaban los medios de hacerlo. Por ejemplo, unos salían a trabajar a jornal, que entregaban a sus amos, y éstos les adjudicaban una parte, con la cual, más o menos pronto, alcanzaban la suma requerida para obtener su libertad.”

    VIDAL, en sus Observaciones sobre Buenos Aires y Montevideo (trans. por WILDE, ob. cit., pág. 106) dice: “La esclavitud en Buenos Aires, es verdadera libertad, comparada con la de otras naciones.”.

    (10) F. MARQUEZ MIRANDA, Los artífices de la platería, Pág. 155. Sobre la supresión de la “limpieza de sangre” puede leerse el informe del Síndico Procurador del Cabildo de Buenos Aires, don Matías Chavarría, en mayo de 1796: “no hay estatuto ni disposición que excluya de las artes en Indias a las personas de baja condición o vil origen; lo que se apetece y busca es la pericia, habilidad y buena conducta” (ob. cit., pág. 186).

    (11) La Revista de Buenos Aires. T. XII, Pág. 19 y ss.

    (12) Relaciones de los viajes de monsieur Azcárate de Biscay al Río de la Plata. (La “Rev. de Buenos Aires”, t. XIII, Pág.. 19 y ss.).

    (13) EMILIO CONI, en su Bien informada Historia de Las vaquerías, llama a Azcárate, aunque por otros motivos, Tartarín vasco-francés.

    (14) EMILIO CONI, ob. cit.

    (15) D.L.MOLINARI, La representación de los hacendados de Mariano Moreno, Pág. 57. Esta importantísima obra, me ha servido de guía para el estudio del expediente de 1809, por el cual se abrió el puerto de Buenos Aires al comercio con Inglaterra.

    (16) A.DE L. PINELO, Tratado de confirmaciones reales.

    (17) EMILIO CONI. ob.cit.

    (18) Informes coleccionados por LEVENE en ob. cit.

    (19) El texto se refiere a 1942. (Nota de 1a 2n ed.)

    (20) J. TORRE REVELLO, EL gremio de plateros en las Indias Occidentales, Buenos Aires, 1932. F. M ARQUEZ MIRANDA. Ensayo sobre los artífices de la platería en el Buenos Aires colonial, Buenos Aires, 1933.



    __________________________

    Fuente:

    https://hispanoamericaunida.com/2013...oca-virreinal/

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