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Tema: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

  1. #61
    Avatar de Mexispano
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    La Batalla de Cárdenas, el Día que la Armada Española aplastó a la Estadounidense

    1 month ago By Nemeron






    El 25 de abril de 1898, Estados Unidos declaró la guerra a España. Para protegerse de los buques estadounidenses (que ya operaban en la zona antes de la declaración formal de guerra), la Ligera y la Alerta, dos lanchas cañoneras de 40 toneladas, equipadas cada una con dos cañones, y el Antonio López, un remolcador, se refugiaron en el puerto de Cárdenas (provincia de Matanzas). El Antonio López fue armado con un cañón de tiro rápido “Nordenfelt” de 57 mm para poder atacar a los insurrectos cubanos.


    El mismo día 25, la Ligera entabló un combate con un torpedero estadounidense que reconocía la zona. El torpedero disparó 70 veces sobre el barco español, de los cuales sólo uno acertó y sin graves consecuencias. La Ligera respondió al fuego enemigo dejándole con graves averías en la sala de máquinas con 10 disparos. El buque estadounidense no tuvo más remedio que retirarse.

    Esta escaramuza se convirtió en el primer combate de la guerra hispano-estadounidense.


    La Segunda Acometida

    Los tres barcos españoles quedaron bloqueados en la bahía por un escuadrón estadounidense formado por el cañonero USS ”Wilmington (PG-8) (1.571 t) con 16 cañones de 10 cm y 4 ametralladoras, la goleta reconvertida en cañonero USS Machias (PG-5) (1.177 t), el guardacostas USS Hudson con 2 cañones de 57 mm de tiro rápido, y el torpedero USS Winslow.

    Tras varias escaramuzas sin relevancia, y al ver los estadounidenses que el bloqueo duraba demasiado, decidieron atacar frontalmente. El 11 de mayo, el Machias, el Hudson y el Winslow entraron en la bahía. Las lanchas españolas se retiraron y buscaron refugio en las zonas de menor profundidad, donde los buques estadounidenses no podían llegar. El Antonio López de mayor calado, se dirigió al puerto para que su tripulación pudiera evacuar el barco si fuese necesario.

    Después de barrer el área en busca de minas navales, el capitán Todd ordenó al Winslow aproximarse a la costa e investigar. Al ver al solitario remolcador español, se dirigió hacia él disparando sus cañones. El Antonio López respondió, con tan buen acierto que al segundo disparo, ya había dejado al Winslow sin sistema de gobierno. El Wilmington acudió veloz a ayudar a sus compatriotas dando fuego de cobertura, pero tampoco consiguió gran cosa, mientras el Hudson evacuaba a la tripulación del Winslow. Tal situación era impensable para los estadounidenses, por lo que comenzaron a bombardear la ciudad esperando destruir inexistentes baterías ocultas que creían que les disparaban.

    Tras dos horas y media de combate, el Wilmington se retiró con dos impactos, seguido del Hudson, con cuatro impactos, que remolcaba al Winslow, con las máquinas inutilizadas y graves averías, que obligaron a la Armada estadounidense a darle de baja.

    Este combate se convirtió en la mayor victoria española de la guerra, ya que causó más bajas en el bando estadounidense que en todos los combates anteriores y posteriores.

    Por su victoria, el teniente de navío Montes, comandante del Antonio López recibió la Cruz Laureada de San Fernando y el teniente de navío Pérez Rendón, comandante de la Ligera, por su acción del 25 de abril, la Cruz Naval de María Cristina.


    Hechos similares ocurrieron en las bahías de Manzanillo y Cienfuegos.


    Los Norteamericanos exageraron para lamerse sus heridas

    En todas las publicaciones estadounidenses este combate es descrito como una batalla contra poderosas baterías ocultas. A pesar de que el comandante de artillería Severo Gómez Núñez niega su existencia en su libro “La Guerra Hispano-Americana” (1899), un año después escritores ingleses y franceses continúan dando por buena la versión estadounidense. En 1902, “A History of the United States Navy” volvió a justificar su derrota en las baterías ocultas.





    _______________________________________

    Fuente:

    https://nemeronwriter.com/la-batalla...stadounidense/
    Hyeronimus, DOBLE AGUILA y Pious dieron el Víctor.

  2. #62
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    El «Pelayo», el acorazado español que aterrorizó a los Estados Unidos

    Cuando la guerra de 1898 parecía perdida, el Gobierno tomó una decisión audaz, golpear al gigante norteamericano en su propio terreno. El fallido «contragolpe español» desató el pánico en la costa este

    GUILLERMO D. OLMO golmo


    Día 23/11/2011 - 09.28h





    ARCHIVO ABC

    El imponente transatlántico Alfonso XIII, antes de partir hacia Cuba en 1896 con el general Weyler a bordo


    España estaba contra las cuerdas. A punto de perder sus últimas posesiones ultramarinas, a las puertas del «Desastre». Corría el mes de mayo de 1898. Las fuerzas del decadente imperio español combatían con suerte esquiva con las del rampante imperio yanqui. La marina estadounidense se enseñoreaba de las aguas de Cuba y en Cavite, Filipinas, las fuerzas del comodoro George Dewey desarbolaban las defensas hispanas. En tan adversas circunstancias, en el Ministerio de Marina español se ideó un arriesgado plan para tratar de revertir el curso de la guerra: golpear al enemigo en su propio territorio, enviar una flota a bombardear la mismísima costa este de los Estados Unidos.

    En Norteamérica la contienda se entendía como camino de expansión, de ampliación del patrimonio. En España los círculos políticos e intelectuales creían que se luchaba por la misma supervivencia de la nación. Cuba y Filipinas no eran propiedades de España, eran parte sustancial de la misma. Lo había expresado el presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo, en el Congreso cuando anunció que, en Cuba, España se dejaría «hasta el último hombre, hasta la última peseta». Aún sabiendo que la mermada España de finales del XIX se enfrentaba a un enemigo superior, Cánovas había dicho en 1896: «Si, desgraciadamente, un día el pueblo español creyere que la empresa (…) era superior a su conveniencia (…) yo habría dejado de ser hombre político para siempre jamás (…) acabando aquel día, probablemente, también mi vida personal». Cuba era para los españoles de entonces una cuestión de honor. Así que, imbuidos políticos y opinión pública en Madrid de una especie de espíritu quijotesco, se decidió intentar lo que la historiografía bautizó como «el contragolpe español». Mejor morir que perder la honra.



    Muchas ciudades dejaron de iluminarse por temor al raid



    La única esperanza pasaba por dar un puñetazo en la mesa. Bloqueadas las fuerzas navales en Cuba y debeladas las de Filipinas, el Gobierno decidió jugarse el todo por el todo en una última baza y enviar una escuadra a atacar las mismas ciudades costeras de los Estados Unidos. Sería la del almirante Manuel de la Cámara y Livemoore la encargada de ejecutar tan peligroso cometido.


    Pánico en la costa este

    La misión era de lo más comprometida. Las mejores unidades disponibles de la Armada española tendrían que atravesar las aguas del Atlántico y adentrarse en los dominios del gigante para buscarle las cosquillas en sus propias barbas. Se pretendía obligar a Washington a un repliegue de sus fuerzas y así aliviar la presión sobre Cuba y Filipinas. La idea no era ni mucho menos descabellada. Desde que conoció los propósitos del Estado Mayor español, el Gobierno norteamericano ordenó que se dejaran de iluminar las ciudades de la costa este para dificultar el temido raid hispano. El miedo se apoderó de muchos estadounidenses.

    Rumbo a los Estados Unidos zarpó una escuadra en la que formaron destructores de la «Clase Furor», veloces y bien artillados: los buques «Audaz», «Osado» y «Proserpina», que prestarían escolta a los cruceros auxiliares «Patriota» y «Meteoro» y el crucero «Carlos V». Pero la estrella de la flota era el poderoso acorazado «Pelayo», principal motivo para la preocupación de los mandos militares enemigos. El «Pelayo» y el «Carlos V» superaban por sí solos en potencia de fuego y tonelaje a toda la escuadra con la que Dewey combatía en Filipinas.



    Los mandos americanos temían la potencia del acorazado «Pelayo»




    Las fuerzas de Cámara se dividieron en dos fracciones, una de las cuales debería navegar rumbo a Halifax, en Canadá, donde recibiría las instrucciones para lanzarse al ataque de las costas estadounidenses, con el objetivo preferente de la base naval de West Key. La segunda tendría como destino aguas brasileñas, desde las que se dedicaría a hostigar el tráfico mercante enemigo.


    Trabas británicas

    Pero por más que el Gobierno español quisiera en último trance recurrir a lo que le quedaba de músculo naval, lo que nunca pudo superar fue su aislamiento internacional, lo que a la postre dejó el «contragolpe español» en simple amago. Las presiones y trabas de Gran Bretaña, que no deseaba que la contienda se extendiera al Atlántico entorpeciendo la navegación comercial y puso cuantas trabas pudo en los puertos bajo su control o influencia, dieron al traste con el proyecto. Así, antes de que las armas españolas pudieran siquiera asomarse a territorio enemigo, el Gobierno recibió las noticias de la alarmante situación en Filipinas y ordenó redirigir la flota hacia el archipiélago asiático, con la esperanza de forzar unas negociaciones que permitieran conservar al menos una parte del mismo. Pero tampoco en esto se tuvo éxito. El Gobierno egipcio, títere de Londres, no permitió a los buques españoles aprovisionarse de carbón en sus puertos, demostrando de nuevo la total orfandad internacional de la causa hispana en la guerra.



    Los cruceros auxiliares «Patriota» y «Meteoro» secundaban a la escuadra



    Quedó así truncado cualquier servicio que pudiera prestar el «Pelayo», un navío imponente al que los mandos estadounidenses tenían enorme respeto. El historiador Pablo de Azcárate cuenta en su libro «La guerra del 98» la «gran preocupación» que causaba a Dewey la eventual llegada al escenario filipino de «un buque como el “Pelayo”, superior a todos los que él tenía bajo su mando». La soledad diplomática española impidió que pudiera llegar a tiempo al teatro de operaciones.

    La que era la última esperanza española se diluyó antes siquiera de que las armas que la sustentaban pudieran trabar combate, dando sentido a la queja del diputado Francisco Romero Robledo referida a la escuadra del almirante Cervera bloqueada en el puerto de Santiago de Cuba: «Las escuadras son para combatir (…) ¿Para qué nos sirven esas máquinas infernales que tantos sacrificios han costado al país?». No hubo contragolpe para España. Lo único que la historia le tenía deparado a España era el desastre.



    _______________________________________

    Fuente:

    El «Pelayo», el acorazado español que aterrorizó a los Estados Unidos - ABC.es
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  3. #63
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Ganamos los pequeños combates: Cienfuegos, Cárdenas, Manzanillo.....pero perdimos las batallas decisivas (Cavite y Santiago). Naturalmente, se perdieron sobre todo por la INTROMISIÓN del Gobierno (que en mi opinión buscaba una derrota "honorable" lo más rápidamente posible) contraviniendo principios básicos de la guerra. En Santiago, el Almirante Cervera tenía razón al resistirse a que la escuadra saliera (de día o de noche, que lo mismo daba a pesar de lo que digan algunos) y recomendar que la artillería de tiro rápido y las ametralladoras "máxim" que llevaban los barcos fuera emplazada en tierra para machacar al Ejército Yankie que había desembarcado; eso hubiera sido lo lógico.

    No le dejaron; la escuadra debía salir "a cualquier precio".

    Por otra parte, si en vez de tanto crucero protegido, tipo "Reina Regente" o tipo "Cisneros", que habían sido botados pero no terminados (siendo además demasiado ligeros) se hubieran comprado dos o tres acorazados tipo "Pelayo", probablemente no habría habido ni guerra siquiera.
    Última edición por DOBLE AGUILA; 06/07/2017 a las 16:13

  4. #64
    Avatar de Alejandro Farnesio
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Venía a abrir un post sobre este tema, pero ya veo que había uno, así que escribo aquí la duda que me ha surgido, ya que nunca había leído demasiado sobre la guerra de Cuba, pero me ha llamado la atención algo que he podido ver en la Wikipedia y que me ha dejado helado :

    "Por si fuera poco, algunas de las mejores unidades de la armada como el Acorazado Pelayo o el crucero Carlos V no intervinieron en la guerra a pesar de ser superiores a sus contrapartidas estadounidenses,22​ aumentado la sensación entre algunos de que se estaba asistiendo a una "demolición controlada" por parte del gobierno español de colonias ingobernables que se iban a perder más pronto que tarde para evitar que el régimen de la restauración colapsara".

    ¿Alguien sabe más sobre esto?
    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!

    "Dulce et decorum est pro patria mori" (Horacio).

    "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el Honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios" (Calderón de la Barca).

  5. #65
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Cita Iniciado por Alejandro Farnesio Ver mensaje
    Venía a abrir un post sobre este tema, pero ya veo que había uno, así que escribo aquí la duda que me ha surgido, ya que nunca había leído demasiado sobre la guerra de Cuba, pero me ha llamado la atención algo que he podido ver en la Wikipedia y que me ha dejado helado :

    "Por si fuera poco, algunas de las mejores unidades de la armada como el Acorazado Pelayo o el crucero Carlos V no intervinieron en la guerra a pesar de ser superiores a sus contrapartidas estadounidenses,22​ aumentado la sensación entre algunos de que se estaba asistiendo a una "demolición controlada" por parte del gobierno español de colonias ingobernables que se iban a perder más pronto que tarde para evitar que el régimen de la restauración colapsara".

    ¿Alguien sabe más sobre esto?
    Yo tengo entendido que en un momento dado se quiso enviar una escuadra para defender las Filipinas tras la destrucción de la escuadra en Cavite, pero los británicos le negaron a esa escuadra el paso por el canal de Suez, por lo que tuvo que regresar a la Península; sin embargo sigue llamando la atención que esas unidades no se enviaran a Cuba en primer lugar.

    Pero la verdad, es que en un vídeo, Carlos Canales, co-autor de "De Madera y acero", sí que decía que el gobierno de la Restauración quería perder la guerra rápidamente, pero "con honor".
    ReynoDeGranada y Pious dieron el Víctor.

    Todo el mundo moderno se divide en progresistas y en conservadores. La labor de los progresistas es ir cometiendo errores. La labor de los conservadores es evitar que esos errores sean arreglados. (G.K.Cherleston)

  6. #66
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Pious dio el Víctor.

    Todo el mundo moderno se divide en progresistas y en conservadores. La labor de los progresistas es ir cometiendo errores. La labor de los conservadores es evitar que esos errores sean arreglados. (G.K.Cherleston)

  7. #67
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    "Por si fuera poco, algunas de las mejores unidades de la armada como el Acorazado Pelayo o el crucero Carlos V no intervinieron en la guerra a pesar de ser superiores a sus contrapartidas estadounidenses,22​ aumentado la sensación entre algunos de que se estaba asistiendo a una "demolición controlada" por parte del gobierno español de colonias ingobernables que se iban a perder más pronto que tarde para evitar que el régimen de la restauración colapsara".
    El acorazado "Pelayo" y el gran crucero "Carlos V" llegaron de Francia después de reparaciones casi al final de la guerra; fueron incluidos en la escuadra del almirante Cámara que debía socorrer Filipinas (retrasados en el canal de Suez todo lo posible por los británicos, cuando se consumó el desastre de Santiago tuvieron de volver a España).

    Anteriormente, se proyectó un contragolpe al tráfico mercante en el que el "Carlos V" estaba integrado junto a otros cruceros auxiliares.
    1.898: El fin de un imperio

    Pero el "Pelayo" era como mucho comparable (no superior) a los tres acorazados tipo "Indiana"; comparable en protección, artillería gruesa y velocidad (siendo un poco más rápido que éstos) e inferior en armamento de calibre medio. "El Carlos V" estaba a medio camino entre un crucero acorazado y uno protegido; siendo sobresaliente sólo por su teórica autonomía (12000 millas).
    http://www.todoavante.es/index.php?t...arlos_V_(1898)
    https://es.wikipedia.org/wiki/Acorazado_Pelayo
    https://es.wikipedia.org/wiki/USS_Indiana_(BB-1)
    Última edición por DOBLE AGUILA; 29/07/2017 a las 00:10
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  8. #68
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?




    Celebración de los 100 años de independencia filipina, inspirada por la masoneria del país

    Eso es por lo menos lo que reza una de las placas que tiene el reloj en la columna donde se erige: "La exitosa revolución de 1896 fue masónicamente inspirada, masónicamente acaudillada y masónicamente puesta en ejecución, y me aventuro en decir que la primera República Filipina de la que fui su humilde Presidente, fue un triunfo que debemos en gran parte a la Masonería y a los masones. Emilio Aguinaldo y Famy" (Primer Presidente -entonces no reconocido internacionalmente- de la República de Filipinas entre 1899 y 1901) Otra de sus inscripciones es la siguiente: "Este memorial en forma de este reloj es la albardilla sobre un siglo de Masonería filipina y sobre el centenario de sus más altos logros, la revolución filipino, la guerra filipina de independencia y la primera República en Asia cuyos estandartes de lucha llevaron los símbolos del Oficio: el triángulo, el resplandor solar y el ojo de oro: perfección, luz y sabiduría." Y es significativo que esté instalado, por decisión de la actual Philippine Masonry, enfrente del monumento dedicado a la memoria de José Rizal (Kilómetro 0), ya que según escribió en su libro 'El Primer Filipino' (The First Filipino) León María Guerrero, en su ejecución, tuvo que ver mucho la masonería de las islas filipinas, porque aunque José Rizal había sido un prominente miembro de la logia, había renunciado a seguir perteneciendo a ella tiempo atrás "Y este rechazo por parte de Rizal es la causa por el que se le fusiló puesto que todos los testigos que se declararon en su contra ante el Consejo de Guerra en Manila, eran masones."

    Resto de fotos y fuente:
    Fotos de Memorial en Reloj Masón - Manila - 9102120
    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas


    Tándem Aquila Vincit
    ———————————



    Salve, llena de gracia; el Señor es contigo..
    Bendita tú eres entre todas las mujeres que fueron, son y serán; Reina Virginal, Madre Santísima, Virgen Pura..El Espíritu Santo vendra sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por eso el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.

    Y el Oriente, Luz Verdadera vino al mundo e ilumina a todo hombre y toda mujer como Sol de justicia.

    TÚ DIOS mío solo ayúdanos, que nosotros haremos para Su camino.

  9. #69
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Semanario de Filipinas: Entrevista con Emilio Aguinaldo y Señora
    Entrevista con Emilio Aguinaldo y Señora

    A continuación reproducimos la entrevista que mantuvo Guillermo Gómez Rivera con el primer presidente de la República de Filipinas, Emilio Aguinaldo, junto con su Señora, Doña María Agoncillo, en Cavite, el 16 de Diciembre de 1958.

    La Señora María Agoncillo de Aguinaldo había permitido la entrada en su mansión a Gómez Rivera tras haber sido informada de que venía con el propósito de entrevistarla y conocer su opinión sobre el traje nacional de Filipinas. En mitad de la entrevista Emilio Aguinaldo intervino e, inesperadamente, el que salió entrevistado fue él.

    Gómez Rivera no había publicado esta entrevista con anterioridad debido a que su familia le pidió que no lo hiciera en su día, ya que en aquella época en que la independencia había sido alcanzada sólo recientemente, su contenido podría haber sido considerado como altamente comprometedor. Pero ahora que se respiran otros aires de libertad, el veterano periodista de 75 años de edad afirma que ya ha llegado la hora de publicarla, para que tantos errores históricos sobre el Presidente Aguinaldo y la misma nación de Filipinas queden expuestos.

    En su libro "Reseña Verídica de la Revolución Filipina", Emilio Aguinaldo detalla muchos de los acontecimientos que son comentados durante esta entrevista. Dicho libro puede ser leído y descargado gratuitamente desde el portal del Proyecto Gutenberg en la siguiente dirección:
    Reseña Veridica de la Revolución Filipina by Emilio Aguinaldo - Free Ebook

    GGR: Señora, en vista de la polémica en los diarios sobre el traje filipino tal como lo confeccionan ahora los “couturiers”, “modistos” o “modistas”, ¿qué dice usted?
    SEÑORA DE AGUINALDO: Que el traje nacional sin su pañuelo, o almapay, sobre los hombros, deja de ser filipino.

    GGR: Señora, ¿se opone usted a su modernización?
    SEÑORA DE AGUINALDO: El traje nacional filipino debe respetarse. No se debe desfigurar. Se pueden hacer trajes con su influencia pero no se debe cambiar tal como aparece el traje nacional de la mujer filipina.

    NOTA: El Señor Aguinaldo (Don Emilio) estaba en la sala de su mansión y al oírnos hablar en español se acercó a donde estaba su señora y se sentó en una silla próxima a ella. Nos dirigió la palabra.

    SEÑOR AGUINALDO: Es bueno que este joven todavía hable español. ¿Qué pasa con el traje nacional?

    GGR: Señor Presidente, Su Excelencia, un servidor de usted representa unos grupos folclóricos y su señora acaba de decir que el traje filipino debe respetarse.
    SEÑOR AGUINALDO: ¡Así debe ser! Ahora, aquí nada ya se respeta. No es costumbre mía criticar, pero ya que usted puede entenderme en castellano le digo que yo, el Señor Aguinaldo, está muy apenado por lo que ahora viene transcurriendo en este país por el que tantos sacrificios hemos hecho los veteranos de la República empezada en 1896.

    GGR: Sí, Su Excelencia. Un servidor le venera a usted como uno de nuestros héroes y padres de la Patria.
    SEÑOR AGUINALDO: Aquí me vienen a entrevistar unos profesores de historia de la Unicversity of the Philippines de los yanquis. Y uno de ellos es un tal Agoncillo que dice ser pariente de mi Señora. Viene aquí y me habla en inglés y yo tengo que darle señales de que me hable en tagalo porque sé que entiende muy poco de español. ¿Ha leído usted la historia de Filipinas que escribió? ¿Ha leído usted la biografía de Andrés Bonifacio que escribió?

    GGR: No Su Excelencia. No he leído esos libros pero los voy a leer para enterarme de lo que dicen…
    SEÑOR AGUINALDO: Yo no leo en inglés pero algunos conocidos me han dicho que no son libros a favor de Filipinas ni de los filipinos. Y creo que no lo son porque dicen mentiras hasta de la humilde persona de este seguro servidor.

    GGR: ¿Qué cosa mala pueden decir de Su Excelencia?
    SEÑOR AGUINALDO: Pues, lo que quiere la política Yanqui… Que servidor mandó asesinar a Don Andrés Bonifacio. Y eso no es verdad. Yo tuve mis diferencias con Andrés Bonifacio pero esta nueva corriente de cosas quiere dejarme mal parado a la vez que se va encubriendo injustamente los abusos y crueldades aquí del Yanqui para justificar su invasión y sangrienta anexión de Filipinas.

    GGR: Lamento escuchar estas palabras de Su Excelencia pero servidor está a la disposición de Su Excelencia para defenderle y dar a conocer la verdadera historia de nuestra Patria.
    SEÑOR AGUINALDO: ¡Eso es! La verdadera historia de nuestra Patria particularmente la verdadera historia de nuestra revolución contra España y nuestra guerra de resistencia en contra de los invasores Yanquis que hasta a estas alturas me vigilan en mi propio país…

    GGR: Tiene Su Excelencia un fiel seguidor, un soldado más, en este su servidor… ¿Puede resumirme Su Excelencia la historia de la revolución contra España?
    SEÑOR AGUINALDO: En breve, bajo España, no estábamos económicamente controlados como ahora. Por eso, cuando aprendimos de los liberales españoles lo que es libertad, igualdad y fraternidad, hemos abrazado lo que es la Masonería y nos adherimos todos al Gran Oriente de España. Le hablo a usted de la Masonería porque conocí a los hermanos Gómez de Iloilo, Felipe y Guillermo, que son miembros de nuestra Masonería…

    GGR: Sí, Su Excelencia. Servidor es nieto de Don Felipe y sobrino-nieto de Don Guillermo.
    SEÑOR AGUINALDO: Los he conocido y les he leído en la revista SEMANA y en la Voz de Manila y otros periódicos de Manila. Por eso le hablo a usted con mucha franqueza porque estoy ya hasta la coronilla con lo que han hecho de este mi pobre país, nuestro país, nuestra Patria… Y lo que más me aburre es que me falsean la historia de la revolución y la historia de la guerra de la resistencia contra los Yanquis; contra los Estados Unidos… Esos historiadores que escriben nuestra historia en inglés americano vienen aquí para entrevistarme y hasta me hacen firmar cosas, pero nada de lo que digo publican cuando lo que declaro no va de acuerdo con la agenda de los invasores Yanquis… ¡Son unos desvergonzados!...

    GGR: ¿Cuál es, entonces, la verdad, Su Excelencia?
    SEÑOR AGUINALDO: El comienzo de la revolución filipina es trabajo de la Masonería; pero esa revolución terminó con el Pacto de Biacnabató. Los voluntarios filipinos ayudaron al Gobierno Español aquí a casi vencerme. Por eso, opté por firmar la paz mediante el Pacto de Biacnabató y opté por autoexiliarme a Hong Kong…

    GGR: y, ¿por qué aconteció la guerra con los Yanquis?
    SEÑOR AGUINALDO: Sencillamente porque me engañaron los Yanquis. Se acercaron a mi como hermanos masones urgiéndome en nombre de la Masonería internacional que vuelva a Filipinas para reorganizar la revolución contra España dándome su palabra de hermanos masones que tras liquidado en nuestras islas el Gobierno Español me otorgarían la independencia por la que luchamos.

    GGR: ¿Es que no han cumplido los Yanquis con su palabra de hermanos masones de darle a usted y a nuestro pueblo su libertad?
    SEÑOR AGUINALDO: ¡Nada de eso! Lea usted las Juntas Locales de Defensa que firmamos del Señor Apolinario Mabini. Le he pedido al Diputado Don Miguel Cuenco de Cebú que publique en los textos para la enseñanza del español ese decreto, esa proclama, que expedimos: las Juntas Locales de Defensa. Por eso que al llegar a Filipinas inmediatamente hice que se declare la independencia de Filipinas de España esperando que los Yanquis nos apoyen. Pero me traicionaron. ¡Nos traicionaron! En vez de apoyarnos como aliados nos provocaron la guerra muy adredemente porque su intención era robarnos la reserva en oro y plata que acumulamos en Malolos bajo la custodia del Gral. Antonio Luna y el Capitán Servillano Sevilla. Esa reserva vale más de mil millones de dólares y nos lo robaron al caer Malolos en manos de Arthur MacArthur. Y me persiguieron hasta Palanan, La Isabela, para capturarme. No se atrevieron a ejecutarme porque no les convenía hacer eso. Me quieren vivo para echarme la culpa del asesinato de Andrés Bonifacio y el de Antonio Luna.

    GGR: ¿Cómo lograron intervenir los Yanquis en estos asesinatos, Su Excelencia?
    SEÑOR AGUINALDO: Son muy astutos. Mediante la Masonería y el dinero pagaron a algunos hombres nuestros.. Si. Pagaron, intimidaron, amenazaron para que éstos, aunque supuestamente bajo mi mando y férula, asesinen a Andres y a Procopio Bonifacio tras un supuesto enjuiciamiento que duró sólo un día en que los sentenciaron a muerte. Yo no quise confirmar esa sentencia pero me obligaron con amenazas hasta en contra de mi familia. Y aquí ahora estoy sufriendo porque se me apunta con el dedo como el que mató a Bonifacio.

    GGR: ¿Y lo del General Antonio Luna?
    SEÑOR AGUINALDO: ¡Igual! Me lo manipularon y me lo montaron todo en Cabanatuan para luego echarme la culpa. Mataron al Gral. Antonio Luna como al Supremo Andrés Bonifacio a la manera masónica. ¡Con armas blancas! Es por eso que yo, en mi interior, ya he renunciado de la Masonería porque la Masonería de hoy es propiedad del imperio explotador de los Yanquis.

    GGR: Mi General. Su Excelencia. Esta verdad debe publicarse.
    SEÑOR AGUINALDO: Es precisamente por eso que te lo estoy contando ahora porque tu serás el que me lo va a publicar en el futuro para que nuestro pueblo conozca su verdadera historia.

    GGR: ¿Está Su Excelencia arrepentido de lo que ha hecho en su vida?
    SEÑOR AGUNALDO: Sí. Estoy arrepentido en buena parte por haberme levantado contra España, y es por eso, que cuando se celebraron los funerales en Manila del Rey Alfonso de España, yo me presenté en la catedral para sorpresa de los españoles. Y me preguntaron por qué había venido a los funerales del Rey de España en contra del cual me alcé en rebelión. Y, les dije que sigue siendo mi Rey porque bajo España siempre fuimos súbditos, o ciudadanos, españoles, pero que ahora, bajo los Estados Unidos, somo tan solo un mercado de consumidores de sus exportaciones, cuando no parias, porque nunca nos han hecho ciudadanos de ningún estado de Estados Unidos… Y los españoles me abrieron paso y me trataron como su hermano en aquel día tan significativo…

    GGR: Su Excelencia, ¿qué puede decirnos del futuro de nuestra Patria?
    SEÑOR AGUINALDO: A estas alturas y a mi edad, barrunto que Filipinas ha de seguir siendo colonia de Estados Unidos porque la campaña de forzar el idioma inglés sobre nuestros niños es implacable y conduce a la desfilipinización de nuestras futuras generaciones. Y más aun cuando pierden el conocimiento necesario del idioma español, la oficial con la tagala, de nuestra Primera República.

    GGR; ¿Está usted en paz consigo mismo, Su Excelencia?
    SEÑOR AGUINALDO: Sí. He vuelto a mi religión, la que heredamos como súbditos españoles.. Y como el viejo soldado que soy, ya me iré poco a poco, a una vida mejor con la conciencia limpia y con nada más que con la satisfacción de haber servido honradamente a mi Patria dentro de mis posibilidades y a pesar de mis limitaciones.

    GGR. Gracias, Su Excelencia.














    Tándem Aquila Vincit
    ———————————



    Salve, llena de gracia; el Señor es contigo..
    Bendita tú eres entre todas las mujeres que fueron, son y serán; Reina Virginal, Madre Santísima, Virgen Pura..El Espíritu Santo vendra sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por eso el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.

    Y el Oriente, Luz Verdadera vino al mundo e ilumina a todo hombre y toda mujer como Sol de justicia.

    TÚ DIOS mío solo ayúdanos, que nosotros haremos para Su camino.

  10. #70
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    *Aparte de las causas dignas de estudiar en cuanto a los avatares militares y políticos; lo que parece también es que los useños a su manera, siempre identitaria, nos dieron las gracias por nuestra inmensa y trascendental aportación para su Independencia....que supongo es su manera de hacerlo, puesto que su constitución así dice sobre la libertad del hombre.
    Y intervención tras intervención llegamos a los actuales días donde inevitablemente tenemos que concluir que sin ese gran país no seríamos libres y si una enorme masa de catetos atrasados incapaces de logros para el servicio no sólo de la libertad de cada individuo sino que abarca prácticamente todos los campos de la ciencia para el desarrollo moderno de la persona y todo lo que le rodea. amen a los libertadores héroes y démosles las gracias por identificarnos siempre a los malos. Debemos ser sumisos a USA, su ejemplo la avala. Ahí está la historia. Todo lo que sea ir contra esa gran nación es de retrógrados. Dejemos de ser paletos.*

    * ¡Jesus!, que asco de mucha gobernación ha tenido ese país. El mismo se ha buscado odios. No es cristiano odiar, no debemos caer en ello; pero su vileza y embuste es enorme. ¿Desde Canadá, Argentina, Méjico.... Quizás interviniendo en suelo ajeno? Hasta hoy, y siguen.


    Tándem Aquila Vincit
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  11. #71
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    España acabó ganando la guerra de Cuba y nadie lo sabe

    By Admin on Julio 12, 2017






    Los lazos económicos entre España y Cuba nunca se rompieron definitivamente. Hoy sin el engorro de tener que administrar la isla directamente España le saca aún más provecho.




    Antes de la toma de La Habana por los ingleses, en Cuba se desarrolló la industria naval más importante del imperio español. Hoy ese hecho ignorado y casi olvidado dice mucho de la clase de personas que fabricaron aquel país y de los que luego escribieron su historia. Luego, cuando le llegó el turno al azúcar no sólo se experimentaron en Cuba, las tecnologías más avanzadas de la época, sino que se logró alzar dicha producción al primer nivel mundial. ¿cuál fue el secreto de aquellos varones? La libertad de comercio y la liberalización de los sectores productivos.

    Una vez conseguida la relativa estabilidad política de la península, a la que no poco contribuyeron ingenuamente las fortunas cubanas; el restablecimiento del absolutismo de Fernando VII trajo aparejado un control más estricto de la riqueza generada, con un aumento impositivo exponencial de las exportaciones, sin olvidar la creación de un mercado cautivo para las incipientes producciones textiles catalanas y mineras vascas.

    Pero fue la creación del Banco Español de la Habana, y la centralización de las relaciones comerciales por parte del Estado a través de un Banco Central, las que terminaron provocando la pérdida de influencia primero y la ruina después, sobre todo en la parte oriental de la Isla, de una gran parte de aquella oligarquía criolla industriosa que se financiaba principalmente con capitales foráneos en Londres y en Nueva York.

    Algún día se escribirá una Historia económica de la isla de Cuba y podrán distinguirse claramente estos tres momentos fundamentales, el primero, que se terminó con el fracaso de la Junta de Información en 1867, pues allí se puso claramente en evidencia que ya los criollos no eran los dueños de la finca; el segundo, cuando esos mismos criollos ganaron ayudados por Estados Unidos la Guerra Civil contra España. Para aquel sector de la sociedad cubana, 1902 supuso una momentánea restauración de sus fueros históricos mantenidos durante siglos. El restablecimiento de la plaza como principal productor de azúcar en tan breve plazo la década siguiente, no podría explicarse racionalmente sin las competencias y experiencias acumuladas el siglo anterior.

    Fidel Castro representa el último movimiento de esta historia, la revancha en suma de los modestos inmigrantes españoles que vinieron a Cuba buscando fortuna y que perdieron en la Guerra Civil. No hay que hacer un gran esfuerzo de imaginación para imaginar a Angel Castro inculcando a su progenitura el odio a aquella oligarquía criolla tradicional impermeable, responsable no sólo de acaparar ilegalmente las riquezas nacionales, sino haciéndola gestora de la ruina de España.

    En consecuencia, contra ella valían todos los recursos incluyendo el de la expoliación. Por esa razón, la destrucción definitiva de la riqueza acumulada por la antigua oligarquía antes y sobre todo durante la República Mambisa, era legítima ante los ojos de los españoles recién llegados; cuyos descendientes no lo olvidemos apoyaron masivamente a Castro en 1959. Para ellos fue muy fácil favorecer el discurso de un Mesías que prometía por fin justicia para todos y al mismo tiempo cerrar los ojos contemplando con entusiasmo como se desarticulaban las estructuras productivas, las redes sociales y la industria creada por los ganadores del 98.

    Los lazos económicos entre España y Cuba nunca se rompieron definitivamente y hoy sin el engorro de tener que administrarla directamente España le saca todavía bastante provecho, o lo que es lo mismo: España perdió la batalla del 98 pero por causas ajenas a su voluntad ha terminado ganando la guerra. Si los cubanos no pueden ver hoy esta realidad es porque durante más de 100 años, historiadores de aquel grupo oligárquico se fabricaron a la medida una historia que impide por el momento atar los cabos sueltos.

    Cuba nunca fue una colonia como las otras. En lo inmediato la Península no va a pasar de repente al primer plano pero su hora llegará. La colonia española en la isla está llamada a crecer exponencialmente (sobre todo si se extiende la ley de abuelos). Tampoco sus miembros a pesar del tiempo perdido en experimentos revolucionarios han olvidado que una vez sus antepasados cruzaron el Atlántico para hacer América. Ahora sólo les falta ganarse el poder político que les corresponde.


    _______________________________________

    Fuente:

    https://eldiariodelamarina.com/espana-gano-la-guerra/

  12. #72
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Cuando a España le quedaba todavía un poco de vergüenza: La Batalla del Caney

    By Admin on Agosto 24, 2017




    El general Vara de Rey durante la batalla de El Caney- Foto cedida a ABC por el artista Pablo Outeiral (Desperta Ferro)


    Durante la Guerra de Cuba poco más de 520 corajudos soldados españoles, bajo el mando del general Vara de Rey, pusieron en jaque a más 6.000 estadounidenses



    «El valor de los españoles superó todo lo imaginable. Las granadas hacían explosión en las calles, los blocaos saltaban por los aires, esquirlas de plomo barrían las trincheras, penetraban en cada rendija, en cada esquina, en cada aspillera, pero los soldados de aquel incomparable héroe, el general Vara de Rey, serenos y decididos, no dejaban de emerger de las trincheras para lanzar descarga tras descarga contra los atacantes».

    Estas fueron las palabras del coronel estadounidense Sargent -recogidas en el Nº21 de Desperta Ferro Contemporánea: «Cuba 1898»- a propósito de la encomiable defensa del fuerte «El Viso» y de la posición estratégica de El Caney. Heroica labor llevada a cabo por un puñado de encorajinados e incólumes soldados españoles frente a un enemigo que los superaba más de diez veces en número.

    Las muchas horas de combate en las que los poco más de 500 soldados de Vara de Rey se mostraron persistentes en su defensa trocaron la inevitable derrota en gesta imborrable. Este es el relato de un episodio que forma ya parte de la gloriosa historia española y cubana.


    Cuba: objetivo yanqui

    Parece ser que, como señalan no pocos autores, el interés que despertaba Cuba, la perla del Caribe, en Washington D.C se remonta hasta principios del siglo XIX. Ya desde tiempos del presidente Thomas Jefferson el recién nacido país habría realizado infructuosos intentos de comprar la isla. Transacción a la que siempre se dio la negativa por respuesta desde la Península.

    Sin embargo, los intentos de lograr la dominación de la codiciada insula no quedaron ni mucho menos aquí. En el año 1823 -como señalan Miguel del Rey y Carlos Canales en «Breve historia de la Guerra del 98»- el embajador estadounidense en Madrid le trasladó al ministro de Exteriores español, Evaristo Fernández de San Miguel, una nota en la que se aludía a la «anexión de Cuba como indispensable».

    Fue con la firma del tratado de Ostende de 1850 (realizado por tres embajadores norteamericanos en Europa) que el interés del país por dominar este territorio caribeño se hizo explícito. En este informe -como relata Luis Navarro en «Las Guerras de España en Cuba»- «se declaraba que la anexión era necesaria para la seguridad de los Estados Unidos, por lo que se debía obligar a España a vendérsela por ciento veinte millones de dólares. De no aceptar España esta fórmula, la isla podría serle arrebatada a cualquier precio».


    El valor de los españoles superó todo lo imaginable Coronel Sargent


    La guerra civil que sacudió a las otrora colonias inglesas (1861-1865) supuso un nuevo paso en la búsqueda de la conquista de Cuba. Los Estados del Sur eran los menos proclives a entrar en conflicto por un territorio que les ofrecía, fruto de las relaciones comerciales, pingües beneficios económicos. Sin embargo, a pesar de la victoria del Norte (mucho más receptivo a la toma de la ínsula), la necesidad de reconstruir el país tras la contienda fratricida, así como la expansión hacia el oeste, implicaron que se dejasen momentáneamente a un lado las aspiraciones sobre el territorio caribeño.

    Definitivamente, a partir de 1895 -momento en que Estados Unidos había logrado situarse como potencia económica e industrial– el país norteamericano decidió lanzarse a ocupar aquellos territorios que tenía más a mano, entre los que destacaban las islas ubicadas en el Caribe y el Pacífico (como Cuba, Puerto Rico y Filipinas). Motivación que llevó a la (teórica) nación amiga de España a invertir gran cantidad de recursos en la construcción de un ejército (especialmente una armada) acorde a la empresa.

    El gobierno español, lejos de plantar cara a la injerencia anglosajona, se limitaba a tratar de satisfacer las demandas yanquis con el fin de apaciguarles. Sin embargo, el embajador estadounidense en Madrid -cuyas palabras aparecen recogidas en la obra Rey y Canales- no parecía estar satisfecho con los esfuerzos realizados desde la capital por normalizar la situación, ya que según su opinión: «Un solo poder y una sola bandera pueden imponer la paz en Cuba. Ese poder es Estados Unidos y esa bandera nuestra bandera».

    Washington contaba además a su favor, en lo que a la toma de la codiciada ínsula se refiere, con la falta de un sentimiento de nacionalismo «per se» tan difícil de lograr en una sociedad multirracial como la caribeña. Parece ser -según relata Navarro- que en Cuba existía «una fuerte tendencia al mantenimiento de la unión con España, o a la anexión a los Estados Unidos».




    Restos del «USS Maine»" data-recalc-dims="1" />Restos del «USS Maine»– ABC


    Con todo esto, el hundimiento (probablemente intencionado) del acorazado «USS Maine» el 15 de febrero de 1898 en el puerto de La Habana acabó por provocar la entrada en la guerra de los yanquis (25 de febrero). Contienda que de hecho ya se estaba librando entre españoles y cubanos independentistas desde 1895. Como explican Del Rey y Canales, desde entonces Estados Unidos siempre ha justificado sus intervenciones militares internacionales en base a una provocación. De este modo, como afirma Luis Navarro en su obra, entre el 8 y el 9 de junio, se produjo en la bahía de Guantánamo el primer desembarco de soldados yanquis en la isla.

    Parece ser que -como señalan Del Rey y Canales- a los oficiales yanquis les preocupaba la imagen que estaban dejando las tropas estadounidenses en los inicios de la contienda. El sonoro ridículo que implicó para los norteamericanos la batalla librada el 24 de junio en Las Guásimas(sonrojante episodio en el que los españoles infligieron un elevado número de bajas a unas tropas mejor equipadas y superiores en número), ejemplificaba la «inexperiencia y falta de preparación» del contingente anglosajón.

    Gracias a la retirada de los españoles de la zona de Sevilla -una vez acabaron con todos los yanquis que pudieron- el general estadounidense Shafter (al mando del V Cuerpo de Ejército), se encontraba ya a poco más de diez kilometros del importante enclave de Santiago. Ante el previsible ataque norteamericano, el teniente general Arsenio Linares -gobernador de la ciudad- se dispuso a preparar la defensa del importante enclave, para lo cual -como expresa Puell de la Villa en «El desastre de Cuba, 1898: Las Guásimas, El Caney, Las Lomas de San Juan»- procedió a reforzar las posiciones cercanas relativamente fortificadas.

    Con ese objetivo, la defensa de El Caney (posición ubicada a escasos seis kilómetros de Santiago) fue puesta bajo el mando del general ibicenco Joaquín Vara de Rey por el mismo Linares. La misión del oficial y de sus poco más de quinientos efectivos (391 miembros del Regimiento de infantería de la Constitución, 41 del de Cuba y 95 voluntarios) era la de frenar en la medida de lo posible el avance estadounidense dirigido hacia la ciudad cubana. Shafter por su parte destinó la mayoría de las fuerzas, pertenecientes al V Cuerpo del ejército, al principal foco de resistencia ubicado en las Lomas de San Juan.

    La posición escogida por Vara de Rey para dirigir la defensa del enclave fue el fortín «El Viso», una construcción facturada durante la Guerra Grande (1868-1878) y ubicada sobre un montículo. Además, las tropas españolas también contaban con seis blocaos (construcciones defensivas de madera) distribuidos en torno a El Caney: Norte, Río, Asia, Matadero, Izquierdo y Cementerio. Con el fin de dificultar aun más el avance yanqui también cavaron líneas de trincheras, desplegaron alambradas de espino y abrieron aspilleras en las casas y la iglesia.





    Soldados españoles durante la Guerra de Cuba (1895-1898)– Museo ABC


    Como explica Matt Casado en «La Guerra Hispano-Estadounidense de 1898», Shafter se desplazó a una posición cercana a El Pozo, desde donde tenía una buena perspectiva de las tropas enemigas. El ataque sobre El Caney, según lo entendía el general yanqui, era meramente secundario. La principal motivación del mismo era evitar que los hombres de Vara de Rey tratasen de entorpecer el avance estadounidense sobre Lomas de San Juan, posición hacia donde los soldados norteamericanos debían dirigirse una vez que hubiesen acabado con la resistencia española. Para llevar a cabo la misión, se escogió al oficial Henry W. Lawton, el cual contó desde el momento de su salida de El Pozo (30 de junio) con un contingente superior a los 5.000 efectivos.

    Encontrándose ya cerca del Caney, el ejército se dividió en tres brigadas. Como señala Puell de la Villa, la 1ª (dirigida por Ludlow) se ubicó al sur del enclave español, la 2ª (general Miles) en la retaguardia de la anterior y la 3ª (comandada por Chaffe) en el nordeste. El tiempo que Lawton consideraba necesario para acabar con la resistencia era de dos horas escasas.


    500 contra 6.000

    La batalla tuvo su inicio en torno a las 6 de la mañana del 1 de julio. Las tropas yanquis comenzaron empleando su artillería con el fin de ablandar la posición lo máximo posible. Sin embargo, como explican Del Rey y Canales en su obra, el ataque estadounidense -concentrado en los blocaos- no tuvo prácticamente ningún efecto en las defensas, ya que por lo normal los proyectiles se quedaban largos o cortos de su objetivo.

    Tras el fracaso de este primer intento de acabar con el pequeño contingente por la vía rápida las unidades de infantería tomaron la iniciativa. Fue en este punto en el que los hombres de Vara de Rey dejaron claro que no pensaban dar un paso atrás. Desde El Caney los soldados españoles comenzaron a realizar descargas una y otra vez sobre los desventurados estadounidenses. Por más hombres que Lawton enviara el resultado era siempre el mismo: una carnicería. La cadencia de disparos desde las posiciones hispanas era tan breve que, según explica Puell de Villa, el general norteamericano llegó a pensar que solo en «El Viso» debía haber más de 500 efectivos. Del Rey y Canales señalan que después de cinco horas de batalla (más del doble de lo previsto) los atacantes a penas habían logrado hacer mella en el poblado.

    Sin embargo, con la llegada de la brigada independiente de Bates (enviada por un general Shafter que ya estaba harto de esperar) la heroica defensa española estaba a punto de llegar a su fin, aunque de hecho aguantó aun bastante tiempo. Todo esto a pesar de que, una vez arrivaron los refuerzos -como señala Puell de la Villa en la revista Nº 21 de Desperta Ferro– los escasos 520 hombres de Vara de Rey hacían frente a 6.453 yanquis y 200 independentistas cubanos. Una desproporción numérica considerable.


    Y esta lucha de El Caney ¿No aparecerá siempre ante todo el mundo como uno de los ejemplos más hermosos de valor humano y de abnegación militar? Capitán Wester


    Aun así, los intrépidos españoles estuvieron cerca de triunfar. Faltó poco para que Lawton perdiese el control de sus tropas ante la desesperación de Shafter, quien ya las reclamaba para que se uniesen a la ofensiva principal en Lomas de San Juan. Finalmente, sobre las 15:00, la artillería estadounidense consiguió hacer mella en las trincheras españolas y destruyó «El Viso». Sin embargo, lejos de rendirse, los hombres del general ibicenco resistieron el envite de los yanquis -que ahora se abalanzaban hacia las entrañas del poblado- durante unas horas más.

    Vara de Rey acabó muriendo víctima de un disparo en la cabeza cuando era transportado en camilla fuera de El Caney. El general ibicenco había sido herido en las piernas tras la destrucción del fortín desde el que dirigía la defensa. Mientras era conducido fuera del poblado, varios estadounidenses abrieron fuego al avistar la comitiva destinada a trasladar al maltrecho militar. Como explica Puell de Villa, la desmoralización ante la pérdida del oficial al mando cundió entre los españoles. Fue este el momento en el que se inició la desbandada hacia Santiago.





    Imposición de medallas a los héroes de El Caney y Lomas de San Juan– ABC
    Imborrable gesta


    La batalla de El Caney no pasó desapercibida ni en España ni en el extranjero. El agregado militar sueco en Washington dedicó unas bellas palabras a esta labor llevada a cabo por un puñado de soldados españoles:

    «¡Después de esto, ni una palabra más se escuchaba en el campo americano sobre la cuestión de la inferioridad de la raza española!»

    «Y esta lucha de El Caney ¿No aparecerá siempre ante todo el mundo como uno de los ejemplos más hermosos de valor humano y de abnegación militar?»

    Por su parte, en la Península, la revista Blanco y Negro en su número del 9 de julio de 1898 se hacía eco de la titánica labor de estos estoicos soldados y su general, de los que dijo que resistieron «como si fueran no hombres sujetos a las debilidades de la carne, sino estatuas de bronce a las que animara un hálito divino».




    _______________________________________

    Fuente:

    https://eldiariodelamarina.com/espana-gano-la-guerra/
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  13. #73
    Avatar de Alejandro Farnesio
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    ¿Y eso de la inferioridad de la raza española qué coño es? En fin, siempre con el tema racial y la supuesta superioridad anglosajona...
    ¡VIVA ESPAÑA! ¡VIVA CRISTO REY! ¡VIVA LA HISPANIDAD!

    "Dulce et decorum est pro patria mori" (Horacio).

    "Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el Honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios" (Calderón de la Barca).

  14. #74
    Avatar de Mexispano
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Voluntarios catalanes de Cuba no toleran insultos contra España, enero 1869

    Publicado el 24 septiembre, 2017





    En enero de 1869, recién iniciada la Guerra de los Diez Años, ocurrieron sucesos en La Habana que demostraban la situación de extrema tensión entre independentistas cubanos y voluntarios españoles. Se celebraba en un local de la ciudad llamado Teatro Villanueva una obra en la que se exaltaba la independencia de Cuba y apenas se ocultaba que era a beneficio de los guerrilleros cubanos y sus familiares. El 22 de enero, durante la obra el público, de ideología separatista, vitoreó la independencia de Cuba y dio mueras a España.

    Ante la situación se presentaron grupos de voluntarios españoles y exigieron la immediata retirada de la obra. Tras una tensa discusión con algunos asistentes se oyeron disparos contra los voluntarios españoles. Estos respondieron sacando sus revólveres y fusiles y disparando a su vez. Aunque los datos son confusos parece que murieron 3 separatistas y hubo muchos heridos de ambos bandos. Durante los 4 siguientes días se produjeron graves incidentes y tiroteos en las calles de La Habana entre separatistas y voluntarios que según parece causaron unos 25 muertos de ambos bandos.

    Aunque los grupos de voluntarios españoles organizados en la Península aún no habían llegado ya estaban en funcionamiento los grupos de voluntarios formados por españoles que ya vivían en Cuba (muchos de los cuales eran catalanes) y de cubanos proespañoles. El trasfondo del malestar de los Voluntarios era la débil política del gobernador español el general Dulce, que había que había legalizado la prensa independentista, permitiendo todo tipo de insultos y desprecios contra España y quería negociar la autonomia de la isla con los rebeldes a los que concedió numerosas amnistías, que solo fortalecieron a los mambises. Los Voluntarios se movilizaron contra Dulce y su política suicida y consiguieron que el Gobierno lo sustituyera por el general Caballero de Rodas, de mentalidad mucho más combativa.

    Desde luego si aquellos voluntarios catalanes vieran que 150 años más tarde en Cataluña algunos de sus descendientes han adoptado como propia la bandera de sus archienemigos, los separatistas cubanos, se sentirían consternados. Precisamente los rebeldes cubanos (y de esto hay numerosos testimonios) consideraban entre los españoles precisamente a los catalanes como a sus mayores enemigos (entre otras razones por su posición de dominio económico sobre la isla). Los Voluntarios Españoles y entre ellos singularmente los catalanes fueron parte esencial del esfuerzo militar español contra la guerrilla cubana durante la Guerra de los 10 Años (1868-1878). Esta guerra fue devastadora y causó enormes bajas tanto a españoles como a cubanos.

    Lo mismo ocurriría más tarde durante la segunda guerra, la de 1895-1898. Por fortuna los intensos odios y pasiones de estas guerras se superaron pronto. Así lo demostró la emocionante visita de la corbeta escuela española Nautilus a la Habana en junio de 1908. Era la primera vista de un buque militar español en 10 años y fue recibida con multitudinarias fiestas por el pueblo y las autoridades cubanas. Aquel evento simbolizó la reconciliación afectiva entre ambos pueblos hispánicos. La ocupación norteamericana que sufría Cuba entonces intensificó este sentimiento.

    En cualquier caso la historia de los Voluntarios Españoles de Cuba ( como antes la Guerra de la Independencia o la de Africa) demuestra que todavía durante el siglo XIX los jóvenes españoles (entre ellos los catalanes, desde luego) no toleraban pasivamente insultos o menosprecios a España y estaban dispuestos a luchar por la Patria, si esta lo necesitaba
    .
    Rafael María Molina. Historiador.

    Fuente: Historia de los Voluntarios cubanos. José Joaquín Ribó Vol 1. 1876. Las guerras mambisas. Coronel Santiago Perinat 2002.



    _______________________________________

    Fuente:

    https://somatemps.me/2017/09/24/volu...1869/#comments
    Pious dio el Víctor.

  15. #75
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    ¿INTENTO BELGICA COMPRAR LAS FILIPINAS Y CANARIAS?




    Es conocida es la larga lista de personajes cuyas acciones y decisiones tuvieron como resultado la muerte de millones de personas inocentes. A nadie se le escapan los nombres de Mao, Stalin, Hitler o Pol Pot, los más grandes genocidas de la historia, título que se ganaron a sangre y fuego. Pero hay un individuo que casi siempre está ausente de esa lista, un sujeto que bien se acercó a los números de los nombres antes mencionados y que, no obstante su prolífica carrera criminal, durante décadas se le tuvo como un hombre bueno, un filántropo y gran servidor público. De hecho, en su país, Bélgica, hay gente que aún venera al rey Leopoldo II.Leopoldo II, Rey de los Belgas

    Nacido el 9 de abril de 1835 en Bruselas, heredó el trono de su padre a la edad de 30 años, después de formarse en la guisa típica de las casas reales, tutores privados y entrenamiento militar y político. Casado desde los 18 con Marie Henriette de Austria, pocas parejas podían ser tan dispares, ella alegre y piadosa y amante de los caballos; él, retraído y tímido, por lo que algunos les denominaban el “matrimonio entre el mozo de cuadra y la monja”, siendo ella el mozo de cuadra. La Dra. María Misra, historiadora en la Universidad de Oxford, piensa que Leopoldo se sentía algo resentido y menospreciado por su relativo poco peso dentro de la dinastía Sajonia-Coburgo, de en la cual mandaban su prima hermana Victoria, reina de Inglaterra, y su tío el Kaiser Wilhelm. Él mismo se veía como el monarca de una pequeña nación con gente pequeña. Nada mejor para engrandecer a un país, y a sí mismo, que tener colonias.

    La obsesión por obtener colonias le venía de herencia, pues su padre había intentado en más de 50 ocasiones, todas sin éxito, conquistar o comprar territorios de ultramar para ingresar en el club de las potencias mundiales. Incluso antes de acceder al trono, Leopoldo gustaba comentar entre sus allegado que Bélgica debía tener colonias a toda costa. Una vez coronado, se dio a la tarea como el objetivo más importante de su reinado. Intentó comprar Sarawak, uno de los estados de Malasia en la Isla de Borneo; envió un embajador a la corte de la reina española Isabel II para convencerle de que le cediera las Filipinas, pero el embajador se negó sabiendo lo ridículo de la idea, y Leopoldo lo sustituyó. Cuando lo intentaba por segunda vez, en 1868, Isabel fue derrocada y no pudo convencer al nuevo gobierno de Amadeo de Saboya de venderle el archipiélago y las islas canarias, por lo que el rey de los belgas dirigió sus esfuerzos hacia África.





    Leopoldo no era tonto, y planificó su iniciativa con sumo cuidado. Sabía que la mentalidad colonial había cambiado en el último siglo y que las potencias ya no veían sus dominios exclusivamente como fuentes de recursos, y que convenía más a la nación conquistadora invertir en infraestructuras para mejorar la calidad de vida de sus súbditos, “civilizarlos”, como se diría en aquel entonces. Sin embargo, las ideas, o las ganas de Leopoldo tenían un retraso de cien años. Para hacerse con su colonia, fundó en 1876 la Asociación Internacional Africana con el objetivo de “descubrir el inexplorado Congo y civilizar a sus nativos”, con él como presidente. Como primer paso, Leopoldo contrató al más célebre de los exploradores de África, Sir Henry Morton Stanley, quien accedió a explorar la región y cartografiarla creyendo que se trataba de un proyecto científico, pero poco a poco, el ambicioso rey manipuló a personas y estados hasta convertirse en amo y señor único de ese territorio africano.

    Durante la Conferencia de Berlín de 1884-1885, las potencias europeas se repartieron el continente africano para evitar los conflictos en las diversas áreas de interés. Leopoldo había fundado meses antes del Estado Libre del Congo, y consiguió que sus aliados le permitieran controlar su colonia para “mejorar las vidas de sus habitantes”. Como parte del acuerdo, Leopoldo se comprometió a permitir el acceso a la inversión de todas las demás potencias, peroestando estas ocupadas en sus propias colonias, no hizo falta mayor esfuerzo para romper lo acordado y el Congo se convirtió en propiedad exclusiva del rey de los belgas. Rápidamente Leopoldo movió los hilos para montar su coto privado de explotación, creando laForce Publique, un grupo de mercenarios a su servicio y el de su administración, que llegaría a hacerse infame por su ignominioso trato hacia los nativos. Inicialmente, Leopoldo se enriqueció con el mercado de marfil, pero cuando a finales del siglo XIX la popularidad de la bicicleta y la invención del automóvil incrementaron la demanda de caucho para fabricar las ruedas y, siendo el Congo el único territorio donde el árbol del caucho crecía naturalmente, no dejó de pasar la oportunidad.

    No hace falta decir que los congoleses eran tratados como esclavos. Leopoldo transformó al Congo en un vasto campo de trabajos forzados. Para obligarlos a trabajar, Leopoldo enviaba a su Fuerza Pública a quemar las aldeas y las cosechas de sus moradores. Aquel que se resistía, terminaba sus días con plomo en el cuerpo. Lo que les esperaba en los campos de trabajo no era menos horrendo. Los trabajadores que no cumplían con su cuota semanal recibían como castigo la amputación de una mano o un pie, y si una aldea no entregaba su ración diaria de alimento al administrador local era simplemente destruida y sus habitantes masacrados. Otros eran golpeados con el chicote y torturados de mil maneras, en uno de los primeros casos de violación masiva de derechos humanos. Las estimaciones de muertes durante el periodo varían entre dos y quince millones de almas, un número difícil de concretar debido a la inexistencia de registros. Estudios recientes en los que se incluyen factores tales como censos religiosos, fuentes locales, genealogías y cálculos demográficosrevelan una cifra más cercana a los diez millones. Las protestas tardaron, pero llegaron.

    George Washington Williams, un jurista e historiador negro de los Estados Unidos, elaboró en la década de 1890 un informe para el gobierno del Presidente Benjamin Harris, el primero en contra de las salvajes prácticas en el Congo de las cuales fue testigo. En las conclusiones de su escrito, Williams terminaba con la frase “Leopoldo II es responsable de crímenes en contra de la humanidad”. Los misioneros católicos en el Congo, que en un principio sólo hablaban del tema entre ellos por miedo a represalias, empezaron por la misma época a escribir a sus oficinascentrales describiendo el tratamiento que recibían los congoleses. – Su conducta es una desgracia para la civilización. El reverendo sueco E.V. Sjöblom fue el primero en atreverse a publicar informes de las amputaciones, y recibió amenazas de cárcel por parte del Estado del Congo si continuaba denunciando las atrocidades, pero en lugar de amilanarse, Sjöblom arreció sus críticas, que pronto encontraron su camino hasta los principales periódicos de Europa y América. Otros notables en la campaña de protesta contra el Estado Libre del Congo fueron el periodista inglés Edmund Denel Morel, el escritor Joseph Conrad y un diplomático británico de origen irlandés que en un principio trabajó para Leopoldo II, Roger David Casement. En 1904 , Sir Henry Grattan Guinness junto con Morel y Casement fundaron la Asociación de Reforma del Congo, probablemente la primera gran organización en defensa de los derechos humanos.

    La presión de la opinión pública creció gradualmente, al igual que las voces que pedían una solución. El gobierno belga, consciente de las críticas y de la oposición internacional, decidió en 1908 obligar a Leopoldo a ceder el Congo al gobierno. El Estado Libre del Congo pasó a llamarse el Congo Belga y quedó bajo control parlamentario. Pero a nadie se le ocurrió pedir responsabilidades a Leopoldo, quien sólo un año después fallecería. Muerto el perro se acabó la rabia, pensarían algunos, y la figura del voraz rey no sufriría más críticas durante buena parte del siglo XX. ¿Por qué? Porque Leopoldo llevó a cabo grandes y grandiosas obras públicas en Bélgica, museos, majestuosos monumentos como el Arco del Cincuentenario, palacios, escuelas y hospitales que sus súbditos admirarían y agradecerían, todo pagado con su fortuna ganada suciamente en el Congo, algo que nunca pudo reconocer en público pues temía que los belgas se preguntarían de dónde sacaba el rey tanto dinero. Fuera de Bélgica, las dos guerras mundiales mantuvieron ocupado a Europa con otros menesteres y añadieron a la lista más personajes perversos que ayudaron a que la memoria infame de Leopoldo no tuviera tanta prensa. No fue sino hasta finales del siglo XX que los investigadores se fijaron nuevamente en su figura, y los crímenes del voraz rey recibieron la atención debida.





    Aún así, esta historia es poco conocida y por ello hoy he querido recordarla. No se trata de venganza ni de revisionismo, sino de darle publicidad a hechos históricos.




    _______________________________________

    Fuente:

    Por la vuelta a España de Cuba, Puerto Rico y Filipinas: ¿INTENTO BELGICA COMPRAR LAS FILIPINAS Y CANARIAS?
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  16. #76
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Con España en 1897, los negros tenían más derechos que con Castro en el 2017

    Lo que te ocultan: como provincias españolas en el Caribe bajo régimen autonómico en 1897, cubanos y puertorriqueños tenían más derechos que hoy.

    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  17. #77
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    De cómo y por qué los invasores estadounidenses tildaron a la Isla de Puerto Rico de mendiga majadera / Rafael Rodríguez Cruz


    10 febrero 2018


    Puerto Rico y la revista National Geographic, 1898-1907: De cómo a la bella princesa antillana le pusieron el mote de ‘mendicante majadera’

    por Rafael Rodríguez Cruz



    Tal como hermosa princesa antillana acabada de descubrir, la isla de Puerto Rico fue presentada al mundo de la ciencia estadounidense en la edición de marzo de 1899 de la revista National Geographic. Si es cierto eso que dicen, de que las primeras impresiones son las que cuentan, hay que decir que los editores de la prestigiosa publicación no escatimaron en 1899 en elogios para nuestra isla:

    «Es la más oriental y más pequeña de las Antillas Mayores, siendo 500 millas cuadradas menor que Jamaica, en términos de área. Tiene 95 millas de largo, 35 millas de ancho, y posee un área de 3,668 millas cuadradas. Su línea de costa tiene una longitud de 300 millas. Su área es 300 millas cuadradas mayor que la de Delaware, Rhode Island y el Distrito de Columbia, combinadamente, y 300 millas cuadradas menos que la de Connecticut. Al mismo tiempo, es la más productiva en proporción al área, la más densamente poblada y la más establecida en sus costumbres e instituciones». (Traducción libre)







    El autor de la edición de National Geographic dedicada a Puerto Rico no era un científico cualquiera. Se trataba de Robert T. Hill, uno de los exploradores más destacados en el campo de las investigaciones geológicas en Estados Unidos, desde la perspectiva de los intereses del gran capital monopolista. Entre 1886 y 1890, por ejemplo, este condujo estudios geológicos que hicieron posible los gigantescos proyectos de irrigación de las granjas agrícolas y comerciales en el estado de Texas, mediante la extracción de aguas subterráneas. También llevó a cabo investigaciones que sirvieron de base para la exploración petrolera en la costa de esa región. Al incrementarse el impulso imperialista de las corporaciones estadounidenses en la década final del siglo XIX, Hill estuvo en México, Jamaica y Cuba identificando yacimientos potenciales de oro y otros minerales. Además, en 1896 evaluó en detalle los aspectos geológicos del desarrollo de la «ruta del canal de Panamá». Su considerable conocimiento de la geología y exploración mineralógica siempre estuvo al servicio del capital. En parte por eso, Hill iba más allá que muchos científicos naturales y se interesaba en todos los aspectos de los países que visitaba, la historia, la economía, la política y las cuestiones raciales. Sus estudios científicos culminaban siempre con una valoración de conjunto e incluían recomendaciones basadas en lo que él llamaba la «geografía económica» determinante de la rentabilidad de las inversiones. Era de esperarse, pues, que al ocurrir la invasión de Puerto Rico en 1898, Hill llegara a nuestra isla para evaluar la posibilidad de explotar minerales como el oro y el cobre. Así fue.

    Puerto Rico resultó doblemente exótico para Hill. Geológicamente, la isla no se parecía en nada a los lugares de ocurrencia de minerales metálicos en Estados Unidos. Más bien, era una extensión, en las Antillas, de las formaciones geológicas de América Central y, en particular de Colombia, lugar en que abundaba el platino. Lo recomendable era, pues, hacer un estudio más completo de la viabilidad de la minería de exportación en Puerto Rico, tomando en cuenta su matriz antillana. El prospector ordinario –señaló enfáticamente– habría de encontrar las condiciones locales tan distintas a las de Estados Unidos, que «estaría completamente desorientado en seguir las indicaciones normales de riqueza mineral».

    En lo económico y social, Hill quedó hechizado con la isla. Aunque él era oriundo de Nashville, Tennessee, se desarrolló y vivió la mayor parte de su vida en Texas. De hecho, antes de ser una eminencia en el campo de la geología de las Grandes Praderas del Sur, Hill fue vaquero, literalmente, un cowboy. Durante su juventud, formó parte de las cuadrillas de trabajadores a caballo que movían reses desde Texas a Kansas, en viajes de meses de duración. Fue, precisamente, durante esas travesías a la intemperie que adquirió el pasatiempo de coleccionar fósiles y rocas. Sin saberlo, su colección contenía especímenes que nunca habían sido descritos en los textos de geología. Bastó con que un periódico los mostrara, para que cayeran en desuso todas las teorías propugnadas por el Manual de Geología, de James Dwight Baldwin, sobre las formaciones geológicas del sur de Estados Unidos. Hill no había ido aún a la universidad, y ya estaba en el centro de las controversias teóricas acerca de la evolución del continente de América de Norte.

    Al llegar a la isla, Hill experimentó un segundo encuentro con lo desconocido. Las Grandes Llanuras del Sur, cuya geología él había estudiado para servir a los intereses de la gran agricultura comercial, se caracterizaban por la extensión y uniformidad topográfica. Un lugar de las llanuras era idéntico al otro, aunque mediara una distancia de cientos de millas. Además de lo aplanado del terreno, el elemento común allí era la escasez de lluvia. Él mismo, apenas graduado de la universidad de Cornell, trabajó en la región en la exploración de acuíferos y fuentes de agua subterráneas para usos agrícolas. Los estudios de Hill en Texas coinciden con una época en la evolución de la agricultura capitalista orientada hacia el uso intensivo de la irrigación y los fertilizantes artificiales. Era la época del fetiche capitalista de las granjas gigantescas, cuya productividad era función de la aplicación de la ciencia para dominar al mundo de lo natural.







    Puerto Rico le rompió todos los esquemas a Hill. Se trataba de un lugar diminuto, predominantemente montañoso y apenas cultivado por métodos científicos modernos. Sin embargo, era agrícolamente prospero. Las claves de esa prosperidad, a su juicio eran tres: la vasta productividad del suelo, la abundancia de lluvia y la energía de la pequeña agricultura diversificada:

    «Probablemente, ningún otro lugar en todas las Antillas es tan fértil como Puerto Rico, y ninguno es más generalmente susceptible de cultivos y agricultura diversificada. Un solo acre de caña rinde aquí más azúcar que en ninguna otra de las islas, excepción hecha de Cuba. Poseedora de todas las variedades de escenarios tropicales, fértil desde la cima de las montañas hasta la mar, rica en tierras de pastoreo, sombreada por hermosos bosques de palmas magníficas, con la humedad de mil doscientas corrientes de agua dulce, sus posibilidades agrícolas son inmensas». (Traducción libre)

    Quizás en una indiscreción inducida por sus primeras impresiones sobre Puerto Rico, Hill presentó una evaluación de la geografía económica de la isla no en función de criterios estrictamente imperialistas, sino de nuestra autosuficiencia. El sistema de la pequeña producción diversificada, calificado como un anatema por el pensamiento económico moderno estadounidense, hacía sentido en Puerto Rico. Nuestro país se destacaba, entre todas las Antillas, en que producía alimentos en cantidades suficientes para casi suplir las necesidades de sus habitantes, así como las de islas vecinas:

    «Puerto Rico es esencialmente la tierra del agricultor y la más altamente cultivada de las Indias Occidentales. De hecho, es la única isla en que la agricultura es tan diversificada que produce suficiente comida para el consumo de sus habitantes, además de vastas cosechas de plantaciones en café, azúcar y tabaco para la exportación. Más aún, la tierra no está monopolizada por grandes plantaciones, sino que está dividida principalmente en pequeñas tenencias independientes». (Traducción libre)

    Proveniente de Texas, la industria ganadera de la isla no pasó desapercibida para Hill. Nuevamente, hizo comparaciones interesantes con otras islas de El Caribe. Además, evaluó todo en el contexto del mercado caribeño:

    «La agricultura diversificada de Puerto Rico está muy modificada por extensos intereses de pastoreo, que no solo suplen a sus habitantes de carne, sino que producen cientos de reses de excelente calidad para la exportación anual; especialmente para las Antillas menores, que son considerablemente dependientes de Puerto Rico para carne, así como bueyes de labor. Los principales consumidores son Martinica, Guadalupe, St. Thomas y Cuba. Las tierras de pastoreo son superiores a las demás de las Antillas. Están ubicadas principalmente en el sur y en el lado noroeste de la isla, y están cubiertas una nutritiva planta leguminosa, llamada malahojilla (Hymenachine striatum), que las reses consumen». (Traducción libre)

    Con la misma energía y motivación intelectual con que dos décadas antes había estudiado los fósiles y rocas de la Grandes Llanuras del Sur de Estados Unidos, Hill se dio en 1899 a la tarea de estudiar el misterio de la prosperidad de Puerto Rico. Además de dos viajes exploratorios por la isla, revisó toda la literatura existente, en español e inglés, sobre la historia, economía, exportaciones, instituciones, cultura y demografía de nuestro país. También estudio los censos y las colecciones de la “Estadística General del Comercio Exterior”, entre 1887 y 1896. Las conclusiones a que llegó sorprendieron a los que lo conocían por su afán en encontrar avenidas para la inversión de capitales estadounidenses en el mundo entero. A su entender, la pequeña producción agrícola en Puerto Rico era tan eficiente, y su población estaba tan contenta, que lo mejor era dejarla quieta, salvo para viajes de recreación y placer:

    «Unos cuantos árboles de café y matas de plátanos, una vaca y un caballo, un acre de maíz o batatas dulces, esa es toda la propiedad de lo que podríamos denominar un jíbaro que vive cómodamente; y quien, montado en su simple y fuerte caballo, con un machete largo asomándose de sus canastas, vestido con un sombrero de paja y borde ancho, abrigo de algodón, camisa limpia y pantalones gastados, sale animadamente de su cabaña para ir a misa, a las peleas de gallos, o a bailar, pensando que es el ser más feliz e independiente que existe […] No es del todo seguro que habrán muchas oportunidades de adquisición de riqueza en Puerto Rico, por medio de la explotación de los recursos agrícolas y minerales, por parte de inmigrantes de los Estados Unidos. Las condiciones que han prevalecido por siglos no pueden cambiarse en un día. Las tierras, cuya titularidad ha sido mantenida por cientos de años, no pueden apropiarse sino mediante su compra. Por otro lado, la isla sería una adquisición exquisita, desde el punto de vista estético, y sería un lugar deseado por la gente para recreación y placer». (Traducción libre)

    Al igual que como ocurrió con Herbert Wilson, no sabemos si Hill regresó a Puerto Rico después de su trabajo de exploración mineralógica entre 1898 y 1899. Lo que sí sabemos es que alguna fuerza poderosa y oculta lo llevó a retractarse humillantemente de sus conclusiones iniciales sobre la isla, forzándolo a hacer en 1900 una alabanza pública de los proyectos agrícolas y militares del gobierno estadounidense. Los suelos de Puerto Rico eran inexplicablemente, en sus escritos revisados, «basura que solo podía ser rescatada por la magia de la química, el drenaje y la irrigación». Hill nunca más volvió a ocupar las páginas de National Geographic, salvo un breve intervalo en 1902 en que quizás buscando resarcir su lugar en el mundo científico estadounidense, se fue de voluntario a Martinica para ayudar a las víctimas de la erupción de Mont Peleé. Como en los viejos tiempos en que, aún un vaquero, describió formaciones geológicas desconocidas por la ciencia geológica en las llanuras del sur de Estados Unidos, Hill fue el primero en dar cuenta de los efectos devastadores de los nuée ardentes o flujos piroclásticos; o sea, la mezcla de gases volcánicos, sólidos calientes y aire atrapado que se mueven a altas velocidades y al nivel del suelo, en ciertos tipos de erupciones. Hasta estos flujos entonces eran desconocidos por los vulcanólogos.

    La suerte de Hill, sin embargo, quedó echada con el «desliz» sobre la prosperidad de Puerto Rico antes de la invasión. El propio Alexander Graham Bell tuvo que intervenir para que le publicaran un último artículo en The National Geographic en 1902. No obstante su afirmación forzada de que la presencia militar de Estados Unidos en Puerto Rico era un «acto de guerra humanitario», y una bendición de Dios para un pequeño y empobrecido lugar en El Caribe, en 1903 Hill fue despedido del U.S. Geological Survey.

    El 8 agosto de 1899 uno de los ciclones más violentos del siglo XIX, San Ciriaco, azotó a Puerto Rico. Los daños fueron inmensos. Más de 3,000 personas murieron por las inundaciones. La cosecha de café se perdió por completo. Sin embargo, nada aparece en los archivos digitales de National Geographic al respecto. La cortina de silencio impuesta por las tropas estadounidenses en la isla fue absoluta. Lo próximo que aparece sobre Puerto Rico en la revista data de diciembre de 1899. Su autor fue Hill, quien se limitó a intervenir, mediante una nota de una página, en el «debate» sobre el nombre oficial de la isla, «Porto Rico o Puerto Rico». ¿Qué eran 3,000 personas muertas en comparación con el nombre del collar que nos ponía el imperio en el cuello? Un mes después apareció otra nota en la revista, ahora anónima, anunciando que el presidente de Estados Unidos había puesto fin al debate, al declarar que el nombre oficial sería en adelante «Puerto Rico». De paso, la junta editorial de National Geographic criticó a Hill por su falta de «seriedad y capacidad» al tratar el tema de la nomenclatura apropiada para la isla, pues él había argumentado a favor del uso de «Porto Rico». Poco importa que Hill era (o había sido) una de las mentes geológicas más importantes de Estados Unidos. El error de nomenclatura era imperdonable.

    En 1902, buscando congraciarse con las tropas militares en Puerto Rico, la revista National Geographic, dedicó su reunión anual al tema de la isla. ¿Quién fue el invitado especial para la ocasión? Pues, nada más y nada menos que William F. Willoughby, fundador del Instituto Brookings y exprofesor de economía en Harvard. Amigo cercano de Teodoro Roosevelt, Willoughby había sido nombrado tesorero del gobierno colonial de Puerto Rico en 1901, cargo que ocupó hasta 1909. Su mensaje a la National Geographic Society en Washington D. C. fue laudatorio de la administración del nuevo territorio: «En sus industrias, Puerto Rico avanza favorablemente. El azúcar y el ganado florecen». En la sesión de preguntas y respuestas, Willoughby afirmó que el huracán había sido «algo inusual». La verdadera «tormenta» era la falta de control emocional de los electores puertorriqueños, que se peleaban entre sí por asuntos electorales sin importancia. El resultado era la violencia en la colonia.

    Entonces llegó el año del 1906. Una terrible sequía azotó a la agricultura de la isla. La competencia por los recursos de agua se tornó severa. Todavía en esa época el drenaje de agua dulce se mantenía en su estado casi natural. El agua abundaba en la Cordillera Central y escaseaba en las costas, particularmente en el sureste. Los grandes intereses azucareros, como la Central Aguirre, tenían sus propios pozos de agua dulce. El gobierno colonial hacía muy poco por aliviar el sufrimiento del agricultor puertorriqueño. Más aún, los proyectos gubernamentales de beneficio público se otorgaban, por lo general, a contratistas estadounidenses que se robaban el dinero y, a veces, ni llegaban a la isla. La prensa local comenzó a fustigar al gobernador designado por el presidente de Estados Unidos. El escándalo de corrupción en la administración de la colonia alcanzó la prensa de la nación imperial.





    William H. Taft




    Fue en ese agrio contexto de crisis y múltiples revelaciones de actos de corrupción, que la revista National Geographic publicó su primer artículo de fondo sobre Puerto Rico, desde los tiempos de los maravillosos reportajes de Robert Hill. Ahora, sin embargo, el autor no era ni un geólogo ni un científico natural de renombre, sino el entonces secretario de guerra y también candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos: William H. Taft. Tan o más mentiroso que Donald Trump, el guerrerista Taft utilizó las páginas de National Geographic para presentar un cuadro totalmente falso no solo de la situación de la isla al momento de la invasión, sino también de lo que él llamó la «historia americana» de la isla por nueve años. En un lenguaje burdo y prepotente negó la condición colonial de Puerto Rico y le atribuyó, mentirosamente, al gobierno federal las ayudas que llegaron a Puerto Rico en respuesta a la devastación de San Ciriaco:«La soberanía de Puerto Rico pasó a manos de Estados Unidos el 18 de octubre de 1898, y esto con el pleno consentimiento de la gente de la isla […] Bien temprano en la historia americana de la isla, un ciclón pasó por encima de ella, destruyendo una buena parte de los cultivos de café; se gastaron $200,000 del fondo de emergencia del Departamento del Tesoro de Estados Unidos para comprar raciones y alimentar a los que quedaron desamparados». (Traducción libre)

    ¡Qué mentiras no dijo Taft sobre Puerto Rico y acerca de la supuesta «benevolencia protectora» de Estados Unidos entre 1898 y 1907! Contestar sus patrañas tomaría días y semanas. El imperio, según él, no había hecho otra cosa en Puerto Rico que no fuera garantizar nuestro bienestar y, en particular, evitar que apareciéramos ante el mundo «tristes y prostrados», como pasaba, según él, con las islas británicas, francesas, holandesas y danesas circundantes.


    ¿Y que había recibido Estados Unidos a cambio de tantos esfuerzos, gastos y responsabilidades, entre 1898 y 1907? Nada, absolutamente nada. El problema de Puerto Rico no era ni económico ni político. Según el secretario de guerra, los conflictos brotaban del complejo de inferioridad de los puertorriqueños y de la falta de agradecimiento que estos exhibían frente el altruismo imperial:«El carácter de los beneficios que nosotros hemos conferido a estas personas que hablan español es tal que, en ello, queda necesariamente implicado nuestro sentido de mayor capacidad para el gobierno propio, así como nuestra convicción de que representamos una civilización superior. Esto por sí mismo duele en el pecho de los nativos y les seca la flor de la gratitud. Es natural que sea así. Es inseparable de la tarea que tenemos que llevar a cabo». (Traducción libre)

    Como si se tratara de un ‘Donald Trump’ de principios del siglo XX, Taft prosiguió en su artículo de National Geographic con expresiones pomposas acerca del significado de la presencia de Estados Unidos en Puerto Rico. Mintiendo sin reparos, se inventó datos para afirmar burdamente que la isla estaba en ruinas al momento de la invasión del 1898. Nada le importaron los artículos de Hill en la misma revista ocho años atrás. Lo único que importaba era su visión prepotente de lo que él llamaba la «historia americana de Puerto Rico», particularmente después de aprobada la ley Jones. En una afirmación que parece sacada de los twitteres modernos en la Casa Blanca, este futuro presidente de Estados Unidos afirmó que la benevolencia de su país hacia Puerto Rico era el «ejemplo más importante y más puro de altruismo en toda la historia de las naciones modernas». Y todo esto, hecho generosamente para el beneficio de un grupo de personas hispanohablantes, que maliciosamente abusaban de los derechos conferidos por la nación imperial. Ante todo, arremetió en contra de la prensa local:

    «Los periódicos nativos unilateralmente se aprovechan de la libertad de prensa y abusan de este privilegio por medio de todo tipo de afirmaciones injustas diseñadas para agitar el prejuicio nativo en contra del gobierno y, por tanto, de los norteamericanos».

    Fue así que a la isla de Puerto Rico, a aquella bella princesa que cautivó el corazón del vaquero texano convertido en geólogo al servicio del capital, le pusieron en 1907 el mote de ‘mendicante majadera’.©Rafael Rodríguez Cruz





    El autor es un abogado, periodista y escritor guayamés nacido en New Jersey que se ha destacado en luchas sociales en los Estados Unidos. Es activista en las luchas reivindicatorias de los indígenas de Dakota del Sur. En 2014 ganó el primer premio del concurso literario ‘Una Especie en Peligro de Extinción’, en la Feria Internacional del Libro en La Habana, Cuba, con el ensayo El Coyote y su bol de polvo.





    _______________________________________

    Fuente:

    https://abeyno.wordpress.com/2018/02...odriguez-cruz/

  18. #78
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Mentiras cubanas: el malvado Weyler

    Publicado el 25 mar. 2018

    Uno de los capítulos que han contribuido al divorcio entre españoles de Cuba y la Península ha sido sin lugar dudas la llamada reconcentración de Weyler.





    https://www.youtube.com/watch?v=WEEOvTgizQ4
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  19. #79
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Mentiras cubanas: el malvado Weyler II

    Publicado el 25 mar. 2018

    A pesar de que no existe ningún documento que pruebe la voluntad de exterminación que se le atribuye al gobierno español, y que sobran las ordenanzas que prueban que el Capitán General sí que se preocupó por la suerte de los refugiados en las ciudades habilitadas para recibirlos, los historiadores cubanos, y el pueblo llano, siguen creyendo las fabulosas cifras del “exterminio”, y no dudan en equiparar a la exterminadora España con la Alemania durante la II Guerra mundial sin que se les caiga la cara de vergüenza.





    https://www.youtube.com/watch?v=uVZ3-DG6u1Q
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  20. #80
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Manipulando la historia: ‘Combate en Las Guásimas’

    Los españoles en las paredes, habían atado a gente: Estaban atados juntos, de pies y manos, a un montón de sacos de arena. Mujeres y niños, monjas y prisioneros...



    by Admin

    abril 2, 2018






    A pesar de la mala prensa que algunas películas americanas hacen sobre la defensa española en Cuba, hablando de nativos clavados en los parapetos y difamaciones por el estilo, la verdad es que los soldados hispanos, a pesar de la obsolescencia de su equipo, de la carencia de materiales y de la deficiente instrucción, hicieron un acopio de valor impresionante frente al enemigo “yankee”. Como muestra, dos botones: El combate en Las Guásimas y la toma de la Loma de San Juan, que publicaremos a continuación.

    Fuente: Foro de Cultura de Defensa

    La batalla de Las Guásimas fue el primer choque de armas verdadero en la campaña cubana de la guerra hispano-estadounidense, fue una sangrienta escaramuza indecisa que terminó en favor de España el 24 de Junio de 1.898.

    Siboney era uno de los tres puntos al Este de Santiago donde habían desembarcado las fuerzas expedicionarias norteamericanas. La mayor parte de su costa eran rocosos acantilados por lo que los lugares de desembarco habían sido elegidos por ofrecer playas arenosas. La invasión comenzó con el desembarco de 650 Marines en el lado Este de Bahía Guantánamo, el 10 de Junio, siendo avanzadilla de la incursión principal, acaecida el 22 de ese mismo mes, tras un breve bombardeo naval y un desembarco anfibio en Daiquiri.

    La playa de Siboney estaba más próxima a Santiago que la de Daiquiri y directamente conectada a la carretera que conducía a la capital, lo que estratégica y logísticamente la hacía sumamente interesante, por lo que se decidió concentrar los esfuerzos del desembarco en ese punto, trasladándolos de Daiquiri a partir del 23. Los insurgentes cubanos controlaban parte de la Provincia de Oriente y apoyaron los desembarcos en ambos lugares.

    Tras haber desembarcado, el grueso de la fuerza del general William Shafter pasó varios días en Siboney, habilitando esta playa como principal punto de aprovisionamiento estadounidense hasta la caída de Santiago. Tras reagrupar al grueso de su fuerza, Shafter decidió realizar un as alto sobre la capital para ir profundizando en la isla. Con lo que no contaba Shafter era con que, tras haber luchado en una escaramuza contra fuerzas de desembarco en Siboney, un contingente español (1.500 efectivos con dos cañones) al mando del General de Brigada Antero Rubín Homent retrocedió hasta las posiciones atrincheradas de Las Guásimas. Con dificultad, la incursión fue rechazada.

    La tarea para expulsar a al contingente atrincherado fue asignada al antiguo oficial de caballería confederada Joseph Wheeler, al mando de la 1ª Unidad de Voluntarios de Caballería, (los famosos “Rough Riders”) y de la 1ª Unidad de regulares de Caballería, compuesta por los famosos Buffalo Soldiers. En total, 1.300 soldados, 800 guerrilleros, 4 cañones y 2 ametralladoras.

    Contra toda lógica militar, a contrapelo de los consejos cubanos y de las órdenes terminantes del General en Jefe, las tropas norteamericanas bajo mando de Wheeler entablaron combate con las fuerzas españolas que defendían la neurálgica posición de la ruta a Santiago. Por su parte, las fuerzas cubanas iniciaron también combate con las españolas desde otra posición.

    La batalla comenzó con una andanada de la artillería estadounidense. La infantería española respondió con fuego de fusil a las tropas estadounidenses que ya habían iniciado el avance. Las tropas estadounidenses entraron en una situación de confusión al no poder localizar a las tropas españolas. Éstas, aun teniendo uniforme blanco, eran difíciles de localizar porque el fusil usado por los españoles, el Mauser 1.893 (llamado “Mauser español”), disparaba pólvora sin humo. El intercambio de fuego fue de escaso éxito para ambos bandos por las pocas bajas causadas.El combate duró hasta que los oficiales españoles creyeron que ya habían producido suficientes bajas en el bando contrario. Al rato abandonaron la posición en la ya planeada retirada en dirección a Santiago de Cuba. Las bajas estadounidenses fueron alrededor de dos tercios del total.

    Bajas españolas: 10 muertos y 24 heridos.

    Bajas estadounidenses: 16 muertos y 54 heridos.

    Durante los combates el Mayor Bell, del 1o de Caballería, fue alcanzado en una pierna. El Capitán C.G. Ayers trató de ponerle a cubierto, pero Bell tenía la pierna fracturada y con una herida abierta, lo que le impedía moverse. El fuego era tan intenso que en menos de dos metros cuadrados cayeron 16 hombres. Pero un camarada era un camarada, así que el soldado Augustus Walley, de los denominados “Buffalo Soldiers”, reptó hasta el comandante y lo puso a salvo…

    La inexplicable retirada española concedió la victoria a Wheeler, que ya había pedido refuerzos a Siboney. No obstante, el bautismo de fuego de las tropas yanquis no resultó nada digno de encomio… Las fuerzas americanas ocuparon Las Guásimas durante un breve tiempo esperando un contraataque que jamás llegó. Encontrando la posición de mínima importancia estratégica, finalmente la abandonaron llevándose a sus muertos y heridos.




    _______________________________________

    Fuente:


    https://eldiariodelamarina.com/manip...-las-guasimas/


    Pious dio el Víctor.

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