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Tema: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

  1. #81
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Puerto Rico no quería independizarse de España

    La imagen negativa sobre lo hispánico hunde sus raíces en la hegemonía mundial del Imperio español. Incluso su muerte como gran potencia estuvo acompañada de una gran campaña de propaganda contra ella.





    by Admin


    abril 15, 2018

    in Hispanidad, Historia





    España, el país más odiado por Estados Unidos, por César Cervera, ABC

    «En Estados Unidos no se acuerdan de la guerra con España en 1898. Lo más viejo tiene diez años», reza una de las citas más populares del humorista Woody Allen. Pero lo cierto es que la leyenda negra contra todo lo español estuvo presente hasta bien avanzado el siglo XX –cuando otros enemigos ocuparon el interés americano– por culpa, precisamente, de la guerra de 1898. El desastre militar protagonizado por los escombros del Imperio español frente a la emergente armada americana estuvo firmemente secundado por una campaña propagandística que renovó a nivel mundial la mala imagen de los españoles.

    Como luego ocurriría con los alemanes, los japoneses y los comunistas, los españoles se convirtieron en los enemigos recurrentes de EE.UU. incluso en el cine. En la película «The Sea Hawk» («El halcón del mar», 1940), Felipe II aparece retratado como un tirano fascista que contempla un enorme mapa del mundo y planifica la invasión de Inglaterra. Su estética oscura traza una referencia directa con el nuevo enemigo de Inglaterra y EE.UU. por esas fechas: Adolf Hitler.

    España, que había sido un importante apoyo de las 13 Colonias durante la Guerra de Independencia contra los ingleses (a riesgo de crear un mal precedente en los territorios españoles de América, como de hecho ocurrió), se tornó en el principal enemigo de EE.UU. a finales del siglo XIX. Las ideas ilustradas y liberales que habían entrado en Estados Unidos en el siglo XVIII se unieron a sus simpatías por las nuevas repúblicas nacientes al sur, aumentando el sentimiento antiespañol. Aprovechando el crecimiento del movimiento independentista en Cuba, EE.UU. se inmiscuyó en el conflicto con un casus beli dudoso, cuando no inventado, para apropiarse de los últimos territorios españoles de ultramar.

    La escalada de recelos entre los gobiernos de EE.UU. y España fue en aumento, mientras en la prensa de ambos países se daban fuertes campañas de desprestigio contra el adversario. De esta manera, el hundimiento en La Habana del acorazado americano de segunda clase Maine, enviado básicamente para intimidar a España, fue utilizado por los periódicos de William Randolph Hearst, hoy día el Grupo Hearst, uno de los principales imperios mediáticos del mundo, para convencer a la Opinión Pública de la culpabilidad de España y de la necesidad de empezar una guerra contra este país.

    Al grito militar de «¡Remember the Maine, to Hell with Spain!», los norteamericanos destrozaron a las fuerzas españolas. Además de conceder la independencia de Cuba, que se concretará en 1902, España tuvo que ceder Filipinas, Puerto Rico y Guam. Sin embargo, las consecuencias a largo plazo fueron todavía más nocivas para los intereses hispánicos: EE.UU. recogió, renovó y amplificó la leyenda negra sobre España. Así, la visión negativa sobre nuestro país, que tenía su génesis en la propaganda holandesa, francesa e inglesa vertida durante el periodo imperial, fue elevada al grado de relato histórico con el ascenso de las potencias que habían rivalizado con la Monarquía hispánica por el cetro europeo y, más tarde, el heredero más destacado de éstas.

    «El resultado fue que una gran oscuridad cubrió España, atravesada por ninguna estrella e iluminada por ningún sol naciente»

    «Nada quedaba más que los españoles; es decir, indolencia, orgullo, crueldad y superstición infinita. Así España destruyó toda la libertad de pensamiento a través de la inquisición, y durante muchos años el cielo estuvo lívido con las llamas del auto de fe; España estaba ocupada llevando leña a los pies de la filosofía, ocupada quemando a gente por pensar, por investigar, por expresar opiniones honestas. El resultado fue que una gran oscuridad cubrió España, atravesada por ninguna estrella e iluminada por ningún sol naciente», expuso el político norteamericano Robert Green Ingersoll en los años previos a la Guerra de Cuba. La fobia anglosajona contra lo español fue asumida por EE.UU, incluidas todas sus mentiras y exageraciones.
    Libros de escolares sesgados

    El historiador norteamericano Philip Powell (California, 1913-1987) fue uno de los primeros en analizar esta campaña contra los españoles en su obra «La Leyenda Negra. Un invento contra España»: «La escala de los héroes de la anti-España se extiende desde Francis Drake hasta Theodore Roosevelt; desde Guillermo «El Taciturno» hasta Harry Truman; desde Bartolomé de Las Casas hasta el mexicano Lázaro Cárdenas, o desde los puritanos de Oliverio Cromwell a los comunistas de la Brigada Abraham Lincoln –de lo romántico a lo prosaico, y desde lo casi sublime hasta lo absolutamente ridículo-. Hay mucha menos distancia de concepto que la que hay de tiempo entre el odio anglo-holandés a Felipe II y sus ecos en las aulas de las universidades de hoy; entre la anti-España de la Ilustración y la anti-España de tantos círculos intelectuales de nuestros días».

    «Esta torcida mezcla perdura en la literatura popular y en los prejuicios tradicionales, y continúa apoyando nuestro complejo nórdico de superioridad para sembrar confusión en las perspectivas históricas de Latinoamérica y de los Estados Unidos»

    A las cuestiones políticas hubo que sumar el componente religioso. «La deformación propagandística de España y de la América hispana, de sus gentes y de la mayoría de sus obras, hace ya mucho tiempo que se fundió con lo dogmático del anticatolicismo. Esta torcida mezcla perdura en la literatura popular y en los prejuicios tradicionales, y continúa apoyando nuestro complejo nórdico de superioridad para sembrar confusión en las perspectivas históricas de Latinoamérica y de los Estados Unidos», explica Philip Powell en el citado libro.

    Como muestra de estos prejuicios, en 1916, cerca de 40 iglesias protestantes se reunieron en Panamá para organizar una ofensiva religiosa contra el carácter decadente e idólatra del Catolicismo. La falsa creencia de que los protestantes eran superiores a los católicos –algo que se justificaba en el auge del Imperio inglés en el momento que desplazó al español– dio lugar a una doctrina racista que situaba a los anglosajones en lo más alto de la escala evolutiva.

    La economía parecía darles la razón. Para el economista Max Weber, los protestantes representan el «espíritu del capitalismo moderno», caracterizado por la búsqueda racional del beneficio a través de una profesión elegida libremente. Y, hasta mediados del siglo XX, no se comenzó a rebatir esta proclamada superioridad del mundo protestante y anglosajón sobre el Catolicismo y los pueblos latinos. Todavía en 1980 un grupo de reflexión, «El Council for Inter-American Security», elaboró varios documentos muy conocidos en los que cuestionaban la capacidad de la Iglesia católica para resistir el avance del marxismo-leninismo.

    Como le ocurrió antes a Inglaterra, la perspectiva de que el legado de su imperio acabase tan deformado como lo ha hecho el español hizo que EE.UU. empezara a mirar la historia de nuestro país con una mirada menos severa tras la II Guerra Mundial. La impresión. «Nadie que lea los periódicos podrá dudar que las naciones del mundo están compilando una nueva Leyenda Negra, ni de que los Estados Unidos han disfrutado de un poderío mundial; como España, se han permitido llevar la autocrítica hasta el extremo; y, a la postre, su destino puede ser el mismo», afirma el hispanista William S. Maltby en su libro «The Black Legend in England» (1969).

    El sesgo antiespañol de cuantiosos materiales educativos norteamericanos, que llegaban hasta la caricatura, han sido progresivamente corregidos, entre otras razones por el aumento de la influencia hispana en EE.UU. El pasado español de numerosos estados norteamericanos, como en el caso de California, Florida o Texas, está siendo poco a poco desempolvado en los últimos años.



    _______________________________

    Fuente:

    https://eldiariodelamarina.com/puert...rse-de-espana/


  2. #82
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    ¿ PORQUE SE PERDIÓ LA GUERRA DE CUBA?





    La conmoción del desastre de 1898 desencajó toda la maquinaria del estado.Los diecisiete años de la regencia de doña María Cristina estuvieron plagados por los conflictos internacionales. Las tribus cabileñas de Marruecos se sublevaron; a un anarquista italiano le dio un arrebato y se llevó por delante aCánovas, la escuadra norteamericana nos echó de casi todas nuestras residuales colonias y, finalmente, Sagasta, la pareja de baile que componía el perfecto dueto de los dos partidos instalados en el turnismo, hollaría la profunda tierra allá por 1903.

    Es necesario apuntar que había un caldo de cultivo previo pues al sentimiento nacional cubano no se le había dado ninguna satisfacción ni horizonte autonómico alguno y la gestión administrativa desde la península estaba en modo demodé. Con estos mimbres aunados a la proverbial capacidad fagocitadora del vecino del norte, la crónica de un varapalo anunciado estaba servida.


    Estados Unidos, la joven y dinámica nación americana, desde sus balbuceos en el siglo XVIII, no hizo más que crecer y su voracidad expansiva era ilimitada

    España era para entonces un imperio decadente y fatigado tras cuatro siglos de extenuante lucha en todas las latitudes, y las corrientes positivistas y evolucionistas que hacían furor en la época consideraban que había naciones pujantes y otras moribundas, y que en consecuencia debían de ser sustituidas por la elemental ecuación de la ley del más fuerte.

    El lúcido y premonitorio general Polavieja ya había apuntado hacia soluciones negociadas ante la que se avecinaba y el almirante Cervera tampoco erraría en sus negros pronósticos. Pero eran voces en un desierto habitado por sordos.

    En los límites del genocidio

    Estados Unidos, la joven y dinámica nación americana, desde sus balbuceos en el siglo XVIII, solo había hecho crecer y crecer. Su voracidad expansiva era ilimitada. Su facilidad para volatilizar indios y mexicanos en su andadura hacia el inabarcable oeste era más que notoria y podría considerarse en los límites del genocidio. Cuando concluyó su actual realización geográfica como estado de estados, se preguntaron si podrían galopar a través de los mares, como en efecto así sucedió.

    De entrada le echó el ojo a la vecina Cuba, una perla que tenía al lado de casa y a unos ciento veinte kilómetros de la sureña Florida. Hasta en cuatro ocasiones y partiendo de una oferta primera de doscientos treinta millones de dólares y llegando a los trescientos en última instancia, intentaría comprar a España aquella joya. Desde la península se satirizaban en los diarios los intentos de arreglar de “buenas maneras” las aspiraciones norteamericanas.

    Pero los habitantes de aquella enorme nación se hartarían a la postre y demostrarían malos modos. La táctica cambió. Siguiendo la llamada doctrina Monroe (América para los americanos), se fraguó una financiación del movimiento independentista cubano que fue in crescendo en sus actividades contra las tropas españolas. En esas estaba la situación cuando, en visita de cortesía, y con la idea o pretexto de evacuar y defender a sus conciudadanos en la isla, fondeó el crucero Maine en el puerto de La Habana.



    Crucero español Reina Mercedes, hundido en la entrada de la bahía de Santiago de Cuba.


    Un ensayo general

    Ríos de tinta han corrido sobre uno de los hechos más controvertidos de la reciente historia moderna y que, a la postre, ha sido un canon de actuación muy repetido en los conflictos que ha enfrentado Norteamérica con otros países; la agresión prefabricada de un tercero para justificar la intervención propia en defensa de la libertad y los derechos humanos. Esto fue lo que se ensayó en Cuba.

    Al parecer, el intenso calor y la humedad imperante pudieron crear un cortocircuito en la santabárbara y esta, recalentada por la combustión espontánea de uno de los depósitos de carbón adyacentes que alimentaban las calderas del navío, creó una enorme deflagración accidental. Más de doscientos sesenta marinos y oficiales pasaron a mejor vida.

    Dos golpes demoledores en Manila y Santiago por parte de una marina más avanzada tecnológicamente y renovada íntegramente en el último decenio del siglo XIX, convirtieron en chatarra una flota obsoleta

    Rápida y convenientemente, se recalentó de paso a la predispuesta opinión pública a través de la prensa amarilla, liderada por el memorable magnate William Randolf Hearst que, además de dirigir o intervenir indirectamente una veintena de periódicos en suelo continental, tenía intereses cruzados con terratenientes insulares tanto en el sector bananero como en el azucarero. Todo indica que el gobierno norteamericano tenía información reservada que ocultó a la opinión pública para poder favorecer una intervención militar sin más dilaciones.

    Dos golpes demoledores en Manila y Santiago por parte de una marina más avanzada tecnológicamente y renovada íntegramente en el último decenio del siglo XIX, convirtieron en chatarra una flota obsoleta, que lucharía testimonialmente con una dignidad encomiable. A las perdidas militares había que añadir las económicas, de tal manera que la humillación trascendía la magnitud de lo aceptable.

    Algunos años antes, y por no utilizar palabras más gruesas, el ministro de Marina, llamado almirante Montojo, en un caso de incompetencia manifiesta, publicaría en La Gaceta los planos del submarino de Isaac Peral. Y no solo esto, sino que cuando se botó en Cádiz, fueron invitados lo más granado de las delegaciones militares europeas en un alarde contra natura con lo que debería de ser un secreto de estado sin paliativos. Respecto a este submarino torpedero (el primero de la historia con esta peculiar característica táctica) el almirante Dewey, el triunfador ante Cervera diría en sus memorias (sic): “Si España hubiese tenido allí un solo submarino torpedero como el inventado por el señor Peral, reconozco que yo no habría podido mantener el bloqueo de Santiago ni veinticuatro horas”.

    A pesar del tiempo transcurrido, se debería hacer una investigación rigurosa para identificar a los traidores y corruptos que vendieron la tecnología del señor Peral a potencias extranjeras e impidieron el desarrollo en España de este revolucionario submarino y despojado de cualquier grado u honor que les hubiese sido otorgado. Sería un acto de justicia necesaria.





    Jules Cambon, el embajador de los EEUU en Francia firmando el tratado de París.



    Qué país el nuestro

    Había que regenerar la nación y la podredumbre de la clase política que había permitido ese fiasco. Pero las camarillas de políticos profesionales encastradas y apoltronadas en los partidos liberal y conservador seguirían manteniendo su estatus en nuevas formaciones políticas. Camaleónicos mutantes, se convertirían en republicanos, socialistas o nacionalistas de toda la vida para poder parasitar mejor a una castigada población que pedía cambios a gritos.

    La guerra de Cuba se llevaría las vidas de más de 55.000 hijos de la patria y carne de cañón barata para una guerra que se podía haber evitado perfectamente

    Éramos entonces un país con una tasa de analfabetismo del setenta por ciento de la población, en el que se prestaba más atención a las hazañas taurinas de Lagartijo que a lo que ocurría allende los mares.

    La guerra de Cuba se llevaría las vidas de más de 55.000 hijos de la patria, carne de cañón barata para una guerra que se podía haber evitado perfectamente por una camarilla de egos bien atildados.

    Por el tratado de Paris de 1898, España “cedería” Puerto Rico , Guam y Filipinas a Estados Unidos, mientras concedía la independencia a Cuba. Necesidades de capitalización para mitigar aquel severo revés económico y sus derivadas de lucro cesante, nos obligarían a hacer caja con la venta adicional a Alemania de las islas Palaos, Carolinas y Marianas.

    A la postre, Cuba se convertiría en el gran garito y vertedero de la mafia italoamericana. Las compañías fruteras del continente camparían a sus anchas practicando un cuasi esclavismo con la población local, mientras una feroz dictadura se abatía sobre este castigado pueblo.

    Toda una época. Donde antes no se ponía el sol, solo quedaban los vestigios y la historia de un gran imperio.

    Un siglo después el gobierno de EEUU asumiría públicamente que la llamada “voladura” del Maine había sido un accidente. Un poco tarde.


    FUENTE: elconfidencial.com



    ____________________________

    Fuente:


    https://porlavueltaaespana.blogspot.....html?spref=fb

  3. #83
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Desastre del 98 por Tomás Pérez Vejo





    https://www.youtube.com/watch?v=OstvXllnWo4

  4. #84
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Pues francamente, no puedo estar más en DESACUERDO con este señor de la conferencia. En lo único que coincido es en lo de utilizar el concepto "Monarquía Catolica" (al rey de España, se le conocía diplomáticamente como "Su Majestad Católica"); pero también "Monarquía Hispánica" que él rechaza y tambiénhistórico, o "Corona Española" o "Las Españas" que también son válidos. Y eso de que la "nación española" es un invento del 1812 sólo lo puede decir alguien que pertenece a la historiografía liberal; para ellos todo lo que que no venga de una Constitución no existe. Lamentable

    "No se puede hablar de España antes de 1820"......hombre, eso dígaselo a Quevedo, o sin ir más lejos al Conde de Aranda que plateaba tres Reinos españoles federados en América, cada uno con un infante al frente:

    “..Que V.M se desprenda de todas las posesiones del continente de América, quedándose únicamente con las islas de Cuba y Puerto Rico en la parte septentrional y algunas que más convengan en la meridional, con el fin de que ellas sirvan de escala o depósito para el COMERCIO ESPAÑOL. Para verificar este vasto pensamiento de un modo conveniente a la ESPAÑA se deben colocar tres infantes en América: el uno de Rey de México, el otro de Perú y el otro de lo restante de Tierra Firme, tomando VM el título de Emperador. (…)“

    Memoria secreta presentada a SM Don Carlos III por Su Excelencia el del Conde de Aranda (1783)
    Última edición por DOBLE AGUILA; 20/04/2018 a las 01:17
    ALACRAN y Pious dieron el Víctor.

  5. #85
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Conferencia sobre reunificación de Puerto Rico con España "LA Ñ POR TODAS PARTES" por Patricio Lons





    https://www.youtube.com/watch?v=WxticwnLkVE

  6. #86
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?


  7. #87
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?




    Bombardeo de San Juan, Puerto Rico– 12 de mayo de 1898


    El capitán de artillería del ejército español Ángel Rivero Méndez recuenta en su libro Crónicas de la guerra hispanoamericana en Puerto Rico el pánico que sintieron de los habitantes de San Juan durante el bombardeo del 12 de mayo de 1898 por la flota de buques de la Armada de los Estados Unidos comandada por el almirante Sampson:

    Pánico.- Ya he dicho que al empezar el bombardeo muchos pacíficos habitantes de San Juan corrieron hacia las afueras de la ciudad; el espectáculo, visto desde lo alto de San Cristóbal, era doloroso: ancianos, enfermos, cojos con sus muletas, ciegos, a tientas y sin lazarillos, madres con sus hijos de las manos y en brazos los más pequeños todos huían en abigarrado tropel, como un rebaño que se desbanda; los campesinos que a dicha hora llegaban con sus cargas de aves y vegetales, volvieron grupas, y a todo correr tomaron la carretera de Río Piedras, y hasta uno, creyendo escapar mejor, abandonó su carga y montura fiando la salvación a sus propios pies.

    El teniente Policarpo Echevarría, que iba por Puerta de Tierra hacia San Jerónimo, utilizó el caballejo, y sobre la carga de plátanos galopó hasta su castillo.

    El tranvía de vapor de Pablo Ubarri hizo frecuentes viajes abarrotado de pasajeros, arrastrando en algunos más de catorce coches; fué bastante la confusión en dicho tren, porque muchas personas entraron por las ventanillas y otras querían llevar consigo maletas y grandes bultos. Dos infelices mujeres dieron a luz en las cunetas del camino, más allá del puente de San Antonio; otras huyeron en ropas menores, casi desnudas.

    El bombardeo de San Juan, no de sus baterías solamente como dijo el almirante Sampson, sino de la ciudad y sus defensas, fué un acto de guerra innecesario, cruel y abusivo. Hay leyes humanas que no necesitan para ser cumplidas estar consignadas en ningún código: son leyes de humanidad, de amor y respeto hacia las mujeres, hacia los niños, hacia los ancianos, y que se extienden a todos los no combatientes.

    El teniente Jacobsen, comandante del crucero alemán Gier que visitó a San Juan, antes y después del 12 de mayo, publicó más tarde en Berlín un resumen de sus observaciones, y en la página 13 de su libro dice lo que sigue:

    «Una verdadera sorpresa pudo haber ofrecido alguna ventaja al Almirante, solamente en el caso de que hubiese tenido la intención de forzar el puerto. Si fué una simple cuestión de reconocimiento, debió haber garantizado un plazo de dos o más horas, sin que eso alterase el resultado del bombardeo.»

    Este marino, que fondeó con su crucero de guerra en el puerto de San Juan el día 9 de mayo, dos días antes del bombardeo, y al cual recibí y festejé en mi castillo, volvió a visitarnos a raíz del armisticio; ni antes ni después hubo secretos para él; lo vio todo, y así su trabajo resulta en extremo interesante; desde estas páginas le doy las gracias por el ejemplar que me enviara el año 1899. En ese libro y refiriéndose a los defensores de San Juan puede leerse:

    «Son muy valientes estos soldados; de gran empuje y resistencia, siempre sobrios. Por esas cualidades militares, el soldado español es altamente apreciado en todas partes.»

    Fuente: Rivero Méndez, Ángel. Crónica de la Guerra Hispanoamericana en Puerto Rico. Madrid: Sucesores de Rivadeneyra (s.a.) artes gráficas, 1922, pp. 90-92.

    Imagen: Bombardment of San Juan, Porto Rico, circa 1898. Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C.




    ______________________________

    Fuente:

    https://www.geoisla.com/2017/03/bomb...-mayo-de-1898/
    DOBLE AGUILA dio el Víctor.

  8. #88
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  9. #89
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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    La verdad incómoda de 1898: lucharon más cubanos por España que por la independencia

    Algunos historiadores como John Lawrence Tone afirman que la mayor parte de los soldados que se alistaron en las tropas independentistas, «lo hicieron en el último mes de la contienda, cuando los españoles declararon el alto el fuego»



    Israel Viana


    Madrid

    Actualizado: 12/11/2018 08:54h


    «La patria ha sido defendida con honor. La satisfacción del deber cumplido deja nuestras conciencias tranquilas, con solo la amargura de lamentar la pérdida de nuestros queridos compañeros y las desdichas de la patria», escribía el almirante Cervera en el parte de guerra de la batalla naval de Santiago de Cuba. Aquella derrota, acaecida el 3 de julio de 1898, era el episodio final del conflicto en el que España perdió sus últimas colonias de ultramar, tan solo un mes antes de que se firmara el armisticio con Estados Unidos.

    Desde entonces, la Guerra de Cuba ha generado ríos de tinta, con interpretaciones de lo más variopintas y partidistas a uno y otro lado del Atlántico. En la historiografía cubana, por ejemplo, se ha tendido a minimizar, salvo algunas excepciones, el papel de España a causa del escaso uso que ha hecho esta de los archivos españoles. En su literatura de la isla se muestra a todos los oficiales de la península como monstruos y a los hombres que mandaban como instrumentos «desvalidos» de una monarquía casi feudal, como si fueran una masa informe. Y, además, muchos de sus estudiosos retratan a los insurrectos cubanos de una manera unidimensional: todos son heroicos, amigos de los campesinos pobres y de los trabajadores castigados por los españoles, además de, por supuesto, hombres dispuestos a dar su vida por una Cuba independiente. Pero, ¿cuánto hay de cierto en esta imagen transmitida en algunos libros sobre la guerra del 98?

    Si atendemos a las cifras, la más importante en el plano militar es que España realizó, en cuatro años, el segundo mayor desplazamiento de soldados de la historia después del protagonizado por los estadounidenses, en la Segunda Guerra Mundial, para luchar contra los nazis. Hablamos de 200.000 españoles que cruzaron el Atlántico para enfrentarse en Cuba a los 40.000 hombres del Ejército libertador. Pero aquí hay que tener en cuenta lo que apunta John Lawrence Tone en «Guerra y genocidio en Cuba, 1895-1898» (Turner, 2008): la mayor parte de los que se alistaron en las tropas independentistas «lo hicieron en el último mes de la contienda, una vez que los españoles declararon el alto el fuego». Un movimiento el de estos desertores realizado por «mera supervivencia, ante el derrumbe inminente del poder español, puesto que sus familias e intereses estaban en Cuba».


    Entre 60.000 y 80.000 voluntarios
    Fernando J. Padilla, de la Universidad de Bristol, cifra a los desertores en una quinta parte de los voluntarios que lucharon bajo la bandera de España. Cuando se firmó la rendición, el 13 de agosto de 1898, se calcula que este cuerpo estaba formado por 60.000 hombres. Otras fuentes dicen que llegaron a los 80.000. De estos, habrían muerto durante el conflicto cerca de 2.000, de los cuales el 40% eran naturales de Cuba según las listas de fallecidos consultados por este historiador y publicadas por el Ministerio de la Guerra.




    Soldado de la Guerra de Cuba, en 1895- ABC


    Si extrapolamos este porcentaje al total de integrantes de esta milicia, resultaría que unos 32.000 cubanos llevaron el uniforme de los voluntarios y combatieron a favor de seguir manteniendo los lazos con el Gobierno de Madrid. Si a este número sumamos los bomberos «negros», los criollos que se alistaron al Ejército y los más de 30.000 guerrilleros originarios de la isla que lucharon contra los separatistas, se puede concluir con seguridad que, como defiende Tone, entre 1895 y 1898 hubo más cubanos luchando por España que por la independencia.

    Recordemos que los separatistas nunca superaron los 40.000 combatientes, aunque el historiador americano Donald H. Dyal los rebaja hasta los 30.000 en «Historical Dictionary of the Spanish American War» (1996). De ahí que solo empezaran a vislumbrar la posibilidad real de ganar la guerra cuando recibieron el apoyo de Estados Unidos a principios de 1898, tras la falsa acusación del hundimiento del famoso acorazado Maine.


    Voluntarios a favor de España

    Este importante cuerpo de Voluntarios —creado en 1855 para aligerar de carga al Ejército regular y reforzar la defensa de la isla frente a los ataques de Estados Unidos, empeñados estos en anexionarse la isla— tuvo una importancia capital para el devenir de los diferentes episodios de la Guerra de Cuba. A pesar de ello, la atención que han recibido de los historiadores ha sido escasa. En el siglo XIX, autores como José Joaquín Ribó y Luis Otero Pimentel analizaron su papel en la Guerra de los Diez Años (1868-1878) en diferentes obras. «La mayoría son ciudadanos de modesta fortuna, que viven de su profesión o trabajo corporal, del cual depende también la subsistencia de sus familias», escribía este último en 1876, cifrándolos en 18.000 solo en La Habana. En épocas más recientes se han publicado otros estudios, no muchos, sobre el tema, como el de la española María Dolores Domingo (1996) y el de su homóloga cubana Marilú Uralde Cancio (2011).




    Un grupo de médicos extraen una bala máuser a un soldado de San Quintín, en la Guerra de Cuba (1896)- ABC


    De estos últimos trabajos, solo algunos se han replanteado la visión que tradicionalmente se tenía de la milicia de voluntarios y guerrilleros. Entre ellos está el citado John Lawrence Tone, que se ocupó, a mediados de la década pasada, de analizar su papel como defensores de España en la última guerra. En ellos se aporta un punto de vista novedoso: el españolismo más militante en Cuba no fue fenómeno surgido o desarrollado únicamente en las áreas urbanas ni, tampoco, protagonizado exclusivamente por personas llegadas de la Península. Entre los voluntarios había una importante representación de hombres nacidos en Cuba e, incluso, algunos de los llamados «de color» entre ellos. Es decir, negros y mulatos —o «pardos y morenos», según el lenguaje de la época— sin ningún lazo de sangre con España o Europa.

    Baste como ejemplo un dato aportado por Joan Casanovas Codina. Entre los 2.932 voluntarios de Matanzas contabilizados por este historiador catalán, 710 eran cubanos, lo que confirma, efectivamente, que no fueron solo españoles los que combatieron en el Instituto de Voluntarios durante la Guerra de los Diez Años. De la misma forma que otros muchos isleños participaron también en la guerra del 95 del lado de España. Su contribución a este Ejército fue del 25% de los oficiales y el 30% de las tropas aportadas por la Península, Baleares y Canarias, a los que habría que sumar, como defendía Tone, los guerrilleros, criollos y bomberos.


    Las «tropas de color» del Ejército español

    Según estimaba también el historiador militar y biógrafo del capitán general Weyler en 1997, Gabriel Cardona, hubo más de 80.000 cubanos, entre voluntarios y soldados de reemplazo, en el Ejército español. También se alistaron por iniciativa propia a favor de Madrid algunos otros combatientes sin ningún lazo con la península, como una serie de batallones puertorriqueños.




    El acorazado Maine visto por popa, en 1895


    El jefe del imbatido regimiento de caballería Pizarro, el general Figueroa, por ejemplo, era cubano de nacimiento. También lo eran los 30 «bomberos negros» que formaban la escolta de Weyler, con los que el general quiso recuperar la fidelidad que esta raza había mantenido con España en la Guerra de los Diez Años, formando la «unidad de élite de voluntarios de Valmaseda». El mismo capitán general de Cuba entre 1896 y 1897 dedicó una serie de párrafos muy elogiosos en sus memorias, reeditadas en 2004 por la editorial Destino, a estos voluntarios cubanos: «A los pocos días de mi llegada a la isla, fui designado para organizar un batallón y un escuadrón de voluntarios. La recluta se hizo rápidamente, acudiendo a ella un buen número de cubanos blancos y de color, así como algunos extranjeros de diversos países de Europa [...]. Todos estos soldados se batían con gran valor, sin excepción alguna [...]. Era tan intenso el espíritu de ofensiva de aquellos voluntarios, y tanta su fe y confianza en el mando, que ni uno solo flaqueó en el ataque. Su bravura de aquel día me ha dejado imperecedero recuerdo, constituyendo la confirmación más plena del alto concepto que formé entonces de las tropas de color. Justo es consignar que, a mi gratitud y confianza, correspondieron siempre con inquebrantable lealtad».

    Lo que no cuenta Weyler es que, en la parte oriental, durante los años 60 y 70 del siglo XIX, el papel de estos voluntarios no era solo el de proteger a las poblaciones de los cada vez más incipientes ataques de mambises, sino también aterrorizar desde el principio a los partidarios de la independencia para mantener un férreo control de las ciudades.

    Después de la Guerra de los Diez Años, más concretamente entre 1890 y 1893, las principales revistas de temática militar, como «Ejército» y «El Correo Militar», publicaron una serie de artículos donde se proponía convertir a estos voluntarios en una especie de reserva colonial del Ejército, como había ocurrido en Australia, Nueva Zelanda y Argelia, con el objetivo de rebajar la tensión que este cuerpo había mantenido con las autoridades españolas en años anteriores. Esto, sin embargo, no habría cambiado mucho el papel que desempeñaban desde su creación en 1855: reforzar el sistema defensivo de la isla con la ayuda de los civiles. En 1889, también se planteó la posibilidad de otorgarles el voto, pero fue rechazada por las Cortes.


    Los lazos entre los voluntarios y Madrid

    Esto amplió el desencuentro que en otros años se había producido entre estas personas ajenas al Ejército que daban su vida a cambio de nada y el Gobierno español. Hombres que, además, se encontraban con el problema de compaginar la obligada formación militar con sus propios trabajos —los que realmente daban de comer a sus familias— como comerciantes, cocheros o campesinos. Esa marginación política durante el periodo de entreguerras minó la cohesión que debía haber entre los 60.000 voluntarios que había en ese momento y el capitán general que debía dirigirlos. una situación que podría acarrear muchos problemas si tenemos en cuenta que los soldados regulares eran entonces de tan solo 15.000.

    La explosión del Maine en La Habana y la entrada de Estados Unidos en la guerra contra España, en abril de 1898, aceleró el final del conflicto. Durante las ocho semanas que restaron de campaña se incrementaron las deserciones de voluntarios, sobretodo de los naturales de Cuba. Esto convirtió la cifra de cubanos luchando por la independencia en mayor de lo que realmente había sido en los cuatro años anteriores. Y es que, a pesar del tono triunfalista de la prensa española en el verano del 98, pocos se creían ya las posibilidades reales de triunfo de Madrid frente al poderío naval del gigante del norte.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.abc.es/historia/abci-ver...4_noticia.html

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    Re: ¿Por qué perdimos Cuba, Puerto Rico y Filipinas?

    Libros antiguos y de colección en IberLibro


    El libro está basado en la tesis doctoral de la profesora Sharon Clampitt Dunlap. (Voces del Sur / Michelle Estrada Torres)


    Libro explica por qué el inglés no caló en Puerto Rico como en Guam y Filipinas


    Publicado por: Redaccion Voces del Sur en Cultura y Entretenimiento,

    Michelle Estrada Torres

    Voces del Sur


    ¿Por qué si Estados Unidos impuso el inglés en Guam, Filipinas y Puerto Rico simultáneamente, los boricuas no hablan ni usan cotidianamente este idioma y los habitantes de los otros dos países sí? ¿Qué papel jugaron los movimientos nacionalistas en cada territorio para llegar a ese desenlace?

    Esas preguntas las respondió la lingüista Sharon Clampitt Dunlap en su tesis doctoral a finales de los ’90 y las rescató dos décadas más tarde para convertirlas en libro, en una versión revisada y actualizada dirigida a un público general.

    El resultado fue el texto Language Matters: A Sociolinguistic Analysis of Language and Nationalism in Guam, The Philippines and Puerto Rico, que se presentará este sábado, 17 de noviembre desde las 5:00 p.m. en la librería El Candil en Ponce.

    La Dra. Clampitt Dunlap, catedrática del Departamento Transdisciplinario de Estudios a Distancia en el recinto de Ponce de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, llevaba más de 20 años en Puerto Rico al momento de hacer la tesis y había visto de primera mano el escaso dominio y uso del inglés localmente a pesar de que se enseña en las escuelas públicas desde kínder hasta duodécimo grado.

    Partiendo de la curiosidad por encontrar las razones para esa particularidad puertorriqueña, Clampitt Dunlap expandió su campo de estudio a Filipinas y Guam, que también fueron ocupados militarmente por los estadounidenses. Su estudio la llevó a viajar a esos países ubicados en el Pacífico, contactar recursos universitarios, entrevistar residentes de allá y adquirir múltiples libros para reconstruir la historia política, social y cultural de cada destino.

    El primer paso fue evaluar los elementos socioeconómicos que inciden en que un país retenga o despache una lengua, como la institucionalización del mismo, la migración, urbanización, industrialización y tecnología.

    En ese sentido, Guam se vio influenciado grandemente por dos olas de inmigración que poblaron la isla de extranjeros, por lo que se impuso el inglés como lengua de enseñanza en las aulas para unificar el proceso.

    “El inglés se convierte entonces, como decimos los lingüistas, en la lengua franca, la lengua común”, señaló la profesora en entrevista con Voces del Sur. De hecho, allí se mantiene la enseñanza en inglés en las escuelas y ese idioma “prácticamente ha sustituido el idioma materno”.

    En Filipinas, el gobierno fomentó la emigración por razones laborales porque, entre otras cosas, se beneficiaba de las remesas que llegaban del extranjero. En su estudio, Clampitt Dunlap no pudo concluir que ese fuera un factor definitivo para que se mantuviera el inglés.

    “Uno se pregunta: ¿ellos mantienen el inglés para fomentar ese tipo de emigración o los emigrantes traen el inglés a su regreso? Ahí no está todo claro”, señaló.

    Lo que sí está claro es que allí el inglés está institucionalizado y “en Filipinas más personas hablan inglés como segundo idioma que cualquiera de las otras vernáculas”, que son más de 150 lenguas y el filipino, un idioma “artificial” que construyeron para representarse nacionalmente.

    Además, “en los filipinos observé que hay translanguaging, que es usar el idioma que más le conviene en un momento determinado, y en los periódicos por ejemplo pasan de inglés al tagalo sin explicación”.




    Language Matters: A Sociolinguistic Analysis of Language and Nationalism in Guam, The Philippines and Puerto Rico fue publicado por Academica Press. (Voces del Sur / Michelle Estrada Torres)


    En el caso de Puerto Rico, cuyas primeras diásporas mantuvieron el español inclusive en su retorno a la isla, la migración no fue un factor que impulsara localmente el uso del inglés. Además, aunque como en Guam y Filipinas, aquí se ve el inglés con prestigio y como un elemento que te abre las puertas al éxito laboral y económico, “la realidad es que en Puerto Rico si quieres trabajar tienes que saber español”.

    Ante su insatisfacción con los hallazgos encontrados en materia socioeconómica, Clampitt Dunlap sumó el elemento nacionalista. “Entonces empecé a mirar un factor que no se ha estudiado muchísimo que es el nacionalismo, una defensa nacionalista del idioma. Y en este caso no estamos hablando de nacionalismo en el sentido de luchas de autonomía política, sino la defensa de las características etnoculturales de la nación”, sostuvo.

    Su conclusión fue que Filipinas luchó para que la educación se diera en el lenguaje materno, pero “nunca rechazaron el inglés en ninguna forma, no presentaron el inglés como una amenaza a la identidad etnocultural”.

    Los nativos de Guam, entretanto, se alzaron cuando se les impidió publicar mensajes en chamorro en los periódicos, lo que interpretaron como una afrenta a su lengua materna. Sin embargo, su lucha se dio “dentro del marco de los derechos civiles establecidos por los Estados Unidos” argumentando que “era antiamericano denegarles el derecho de usar su idioma”.

    En Puerto Rico la historia fue otra.

    “La lucha en Puerto Rico para eliminar el español o incluirlo como idioma oficial fue más político que etnocultural. Lo que hace a Puerto Rico distinto a los otros dos sitios es que monta una construcción doble de identidad. Identifica español con Puerto Rico y puertorriqueños, e identifica el inglés como idioma de los invasores, de los americanos. Así que es español-identidad puertorriqueña e inglés-identidad estadounidense”, explicó.

    “Y entonces empezaron la segunda parte de la construcción que era el inglés como amenaza a la identidad puertorriqueña. Esa construcción de amenaza no existió ni en las Filipinas ni en Guam”, agregó.

    También jugó un papel importante “la existencia de una elite intelectual en Puerto Rico al llegar los americanos” que defendió el español. “Eso no existía en las Filipinas ni en Guam”, puntualizó. Ese bloque de poder criollo, al verse excluido bajo el nuevo imperio, se defendió usando el idioma como elemento unificador del país.

    “A diferencia de Guam y las Filipinas, los americanos sí excluyeron del poder a los puertorriqueños que tenían poder antes de que ellos llegaran. Y esos puertorriqueños, en principio, hablaban de mejorar a Puerto Rico junto a Estados Unidos, pero cuando vieron que ellos no estaban incluidos en el asunto, que no había gobernador ni secretario de educación puertorriqueño, empezó una lucha al concluir que ellos (los estadounidenses) sí eran una amenaza. Y construyeron la lucha usando el idioma como símbolo”, manifestó la educadora.

    Con el paso del tiempo, esa defensa del español, aunque con claros matices políticos, se ha mantenido como un asunto que trasciende las preferencias de independencia o estadidad, señaló Clampitt Dunlap.

    A su juicio, el fortalecimiento del uso del inglés en Puerto Rico no ocurrirá hasta que la lengua materna sea más robusta.

    “Estoy clara en que, si queremos que en Puerto Rico se hable más inglés, hay que fortalecer el español. Si tú te sientes seguro con tu cultura, idioma e identidad, el inglés no va a ser ninguna amenaza. Pero ahora mismo lo es porque hay una inseguridad lingüística tanto en el español como en su propia construcción de identidad puertorriqueña. Por eso es que atacan tan fuertemente a los puertorriqueños en los Estados Unidos que no les enseñan inglés a sus niños, porque hay esa inseguridad con la identidad propia. Y para mí hay que fortalecer fuertemente el español en las escuelas, las casas y en los medios de comunicación”, opinó.

    Language Matters: A Sociolinguistic Analysis of Language and Nationalism in Guam, The Philippines and Puerto Rico, publicado por Academica Press, será presentado por Aaron Gamaliel Ramos, sociólogo y profesor de la Universidad de Puerto Rico.

    Publicado: 16 de noviembre de 2018




    _______________________________________

    Fuente:

    http://vocesdelsurpr.com/2018/11/lib...5ffvy5ZRz_W5Lc

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