Premonitoria carta de Ignacio Escobar, marqués de Valdeiglesias, a Blas Piñar con motivo de un homenaje de Fuerza Nueva al recién asesinado Almirante Carrero Blanco, que suscitó polémica en la ya aperturista prensa de la época:
"Madrid, 10 de junio de 1974.
"Querido Blas:
"Mientras aplaudía entusiasmado tu magnífica pieza oratoria con motivo del homenaje a Carrero Blanco, no dejaba de preguntarme con divertida curiosidad hasta dónde llegaría la segura reacción de esos elementos a los que nada podía resultar más desagradable que el intento de sacar del olvido, donde están pretendiendo sepultar, la gloriosa figura del Almirante.
"¿Se centraría esa reacción exclusivamente contra ti, o se aprovecharía la oportunidad para dirigir de una vez directamente los dardos al propio blanco que de un modo u otro es el que se trata, en definitiva, de alcanzar?
"Se ha optado por esta segunda alternativa porque, naturalmente, haría falta mucha ingenuidad para aceptar buenamente, como un simple error, como un involuntario malentendido, la creencia de que era original tuya la frase, harto conocida, del asesinado presidente del Gobierno. Su propia desfiguración, con objeto de montar sobre ella la tesis de un supuesto ataque tuyo global a la prensa, ha dejado demasiado en evidencia el artificio de las alharacas producidas como en obediencia a una consigna.
"Sentiría herir tu amor propio; pero pese a tu relevante personalidad no eres pieza bastante importante para que su cobro justifique la impresionante movilización que hemos presenciado estos días. Cabe presumir que cuando se estime que la opinión está ya suficientemente "calentada', se caerá de repente en la cuenta de que el culpable de todo no eres tú, sino el Almirante. El fue, pues, el extremista, el ultraderechista, el reaccionario, el peligroso perturbador de la paz pública, el empeñado en vivir agarrado al recuerdo de la guerra, y todo lo demás que se ha estado diciendo de ti con motivo de tu discurso.
"Como contrapunto se exaltarán las virtudes de la moderación, del centrismo, del equilibrio, de la templanza, del olvido del pasado y de la concordia entre los españoles, de todo lo cual, como es sabido, su más caracterizado propugnador es Santiago Carrillo, al que recientemente sólo se le pedía en uno de nuestros diarios más firmes en esa línea -con el deseo, a prueba de desaires, de poderse unir al fin con los comunistas en un estrecho abrazo democrático- que diesen una pequeña prueba de la sinceridad de sus propósitos, como si no fueran, al fin y al cabo, suficientes todas las que han venido dando ya sin interrupción desde su triunfo en Rusia en 1917.
"Yo no sé, realmente, de que léxico hubiera echado mano hoy el Almirante para calificar las campañas de prensa que estamos presenciando. Puede que fueran más duras que las de entonces. Por eso mismo, quizás, se considera inoportuno el propósito de rememorar su figura que tan marcados contrastes ofrece con la de Santiago Carrillo, cuya generosidad llega al extremo de estar dispuesto a perdonar a los que combatimos en la guerra del lado nacional. Así lo ha manifestado expresamente.
"Todo resuelto, pues. No mires más al pasado sino al futuro. Bajo la paterna benevolencia de Santiago Carrillo y sus muchachos, España entrará alegremente por la vía de la paz, del progreso y de la democracia, retornando a la feliz trayectoria de nuestras dos gloriosas Repúblicas y olvidando, como un mal sueño, la etapa de opresión, miseria, inmovilismo para el avance aunque no para Carrero Blanco y nosotros el retroceso, desastres y sufrimientos de todas clases, vividos bajo la ominosa dictadura de Franco.
"Me temo, y de veras lo siento, querido Blas, que tú y yo no alcancemos a presenciar tanta felicidad, porque hasta para incluirnos también a nosotros en la misericordiosa amnistía ofrecida no creo que puedan llegar las cosas. Desde el otro mundo lamentaremos nuestras obcecaciones.
"Un cordial abrazo. Ignacio Escobar."
Extraído de "Escrito para la Historia" (Blas Piñar); el subrayado es mío.
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