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Tema: ¿Qué se hizo de los "Caídos por Dios y por España"? ¿Qué "Dios" y qué "España"?

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    Re: ¿Qué se hizo de los "Caídos por Dios y por España"? ¿Qué "Dios" y qué "España"?

    Otro artículo en la misma línea que el anterior, poniendo en guardia ante los obispos, "cabeza de puente" de la subversión en ciernes:


    Revista FUERZA NUEVA, nº 448, 9-Ago-1975


    “RECONCILIACIÓN”, O ¿PERDÓN Y CONVIVENCIA?

    “La agudización de las tensiones entre vencedores y vencidos no se debe a una continuidad natural, sino a la agitación subversiva calculadamente programada”.

    Hace bastante tiempo, y ahora, especialmente con motivo del Año Santo, nos martillea los oídos la palabra “reconciliación”.

    Creo que es un magnífico. caballo de Troya para introducir, con el disfraz. de cristianismo, los principios que necesariamente provocarán, de ser admitidos, la disolución del Estado nacido el 18 de julio de 1936.

    El intento más calificado en esta dirección es el último documento de la Conferencia Episcopal Española, que dice ser la reconciliación “posible y obligatoria”. Así lo decidieron los obispos en el último mes de abril, con el voto en contra de once prelados.

    Envuelta la tesis en nubes de humo (que dudo sean de incienso), se quiere comparar nada más y nada menos que con la famosa Carta colectiva de los obispos españoles de 1937, firmada “nemine discrepante” por todos los que en España se hallaban con posibilidad de ejercer sus funciones y que costó la vida al heroico obispo de Teruel, Fray Anselmo de Polanco.

    El referido documento, de carácter meramente pastoral, confunde evidentemente cosas tan importantes como la predisposición y práctica del perdón -que es de fuero interno- con el ejercicio de los derechos políticos de carácter liberal o socialista.

    Se enlaza nada menos que con la célebre declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de la Asamblea Constituyente francesa de 4 de agosto 1789, revalidados por la ONU en la Declaración universal de los derechos del hombre en 10 de diciembre de 1948,

    Anticipando con claridad y lealtad mi parecer, creo que carece de los requisitos necesarios para imponerse a las conciencias de los católicos españoles.

    El documento episcopal y sus comentarios

    Con la invocación a la conciencia fraterna y a la voluntad de superar los efectos nocivos de la guerra civil, hace declaraciones de envergadura, como la necesidad de admitir la pluralidad sindical y los llamados derechos de. reunión, expresión y asociación, y de oír la voz de la juventud en el momento presente, como estímulo hacia una meta de sociedad o estado más justo y más humano.

    Menos mal que respecto al famoso documento, el benemérito obispo de Cuenca, señor Guerra Campos, ha hecho unos comentarios colocando los puntos sobre las íes y haciendo presentes los aspectos dudosos, por no decir otra cosa, que contiene.

    Ni es una pastoral colectiva, ni se puede comparar con la de 1937 (personalmente firmada por aquellos obispos) “ni se puede aceptar que los cristianos regresen a fórmulas de origen decimonónico, de ideología marxista y liberal, que se opone sustancialmente (sic) a las exigencias de la fe”.

    Uno de los tópicos más difundidos entre ciertos activistas católicos dentro y fuera de España, escribe el obispo de Cuenca, es declarar superadas las enseñanzas dogmáticas de los Concilios anteriores (en especial el de Trento y el Vaticano Primero) por las tesis actuales; principalmente por las constituciones pastorales (digo yo) del Vaticano Segundo.

    Que durante siglos y siglos la Iglesia haya estado desviada de su misión es imposible de aceptar. Los frutos de santidad que ha dado durante dos mil años es cosa que con tal tesis sería inexplicable.

    Los Papas (infalibles de siempre, aunque la declaración dogmática tuviera lugar en el Concilio Vaticano Primero) ya nos advirtieron, y nos han advertido suficientemente durante más de un siglo, de los peligros de la democracia liberal y de las doctrinas marxistas, según iban apareciendo sus errores.

    Es cosa corriente en la doctrina pontificia del siglo XIX llamar a las libertades que ahora se propugnan “libertades de perdición”. Gregorio XVI con la encíclica “Mirari vos”, Pío IX con la “Quanta cura” y su anexo “Syllabus” y León XIII con la “Immortale Dei” y la “Quod Apostolici Muneris”, advirtieron a los fieles de los errores contenidos en las proposiciones liberales y socialistas.

    Los Papas del siglo XX tampoco se han callado. San Pío X con la “Pascendi” (y otros documentos) condenó el modernismo, modesto resfriado al lado de la actual septicemia progresista. Y Pío XI con la “Divini Redemptoris” e incluso el tan traído y llevado Juan XXIII en la “Mater et Magistra”, hacen presente la inaceptabilidad por la Iglesia de las doctrinas comunistas.

    Destaca, sobre todo, el decreto de la congregación del Santo Oficio de excomunión de los católicos que se afilien a partidos comunistas o les den apoyo, confirmado ex cathedra por Pío XII en 1 de junio de 1949.

    Esta doctrina de la Iglesia sigue siendo válida.

    No obstante, la historia moderna de Italia (cuya unidad política se hizo al toque de la trompeta de Garibaldi y con la interna labor de las logias masónicas), pasados más de treinta años de la pérdida de los Estados Pontificios, hizo que los movimientos inicialmente pensados para defensa y difusión de la fe católica, los llamados primero. “acción de los católicos” y después Acción Católica se contaminarán de liberalismo con matices marxistas, primero en el partido populista y hoy con la democracia cristiana. Pero lo peor es que se quiere hacer de su credo político, artículo de exportación.

    El Concilio Vaticano II, convocado con fines meramente pastorales (no ha hecho ninguna declaración dogmática), ha dado base a los progresistas -principalmente manejando la constitución “Gaudium et Spes”- para defender a capa y espada los llamados derechos de libre expresión de pensamiento, de asociación y de reunión.

    Es oportuno recordar que, de antaño, los canonistas se han quejado de que, en base del catolicismo, la Curia Romana dictara leyes iguales para todas las latitudes. Lo mismo para Europa que para China (recuérdese el problema de los ritos chinos y malabares). Y esto es lo mismo que ahora quiere hacerse en cuestiones políticas y sociales. Aplicar en todos sitios el demo-liberalismo en maridaje con los marxistas.

    Los resultados no pueden ser peores. Mucho hablar, por ejemplo, contra el régimen de Salazar, y, una vez derrocado a causa de la “apertura” de su sucesor, Caetano, todo para en Portugal (1975) en una dictadura comunista, bajo cuyo imperio las turbas intentan asaltar el edificio del Patriarcado de Lisboa.

    Trece obispos y más de siete mil sacerdotes asesinados en zona roja durante nuestra guerra de liberación del comunismo no han impedido -en contraste a la famosa Asamblea Conjunta celebrada en Madrid (1971), discutir la petición de perdón oficial y colectivo por el supuesto apoyo que la Iglesia dio a los nacionales, aunque se quisiera disfrazar con otras palabras.

    Un gran amigo mío, capellán que fue de un Tercio de Requetés, me comentaba indignado: “¿Pedir perdón por la guerra? ¡Es el colmo!

    Procuraremos impedir (incluso con “uñas y dientes”, según la famosa frase Labadie) el ejercicio de los derechos de libre emisión del pensamiento, de reunión y de asociación sin cortapisas, ya que, según las Leyes Fundamentales del Reino (artículos 12 y 33 del Fuero de los Españoles), no pueden atentar a los principios fundamentales del Estado, o sea, a la Unidad espiritual, nacional y social de España. Nos llaman los del bunker, pero, sin despreciar el ejemplo, propongo una expresión referente a un suceso anterior y español por los cuatro costados: “Los de Santa María de la Cabeza”. (1)

    Defenderemos la situación política actual a toda costa, pero, si fracasamos en el empeño, ya verán los votantes mayoritarios de la “reconciliación” lo que ocurre cuando Santiago Carrillo levante “la veda del cura”.

    (…)

    Convivencia de los españoles

    Dice el señor obispo Guerra Campos que “algún texto de los atribuidos a la Conferencia Episcopal se muestra reticente ante los que viven con los recuerdos de la guerra 1936-1939”. Y que “el texto episcopal puede admitirse siempre que los recuerdos no se utilicen para alimentar odios u otras actitudes no cristianas. Pero no se olvide que aquel gran esfuerzo nacional tuvo también valores positivos: impedir la dictadura anarquista o marxista y tender a integrar la tradición espiritual del país y la promoción de la justicia social, que los obispos españoles exaltaron en su día solemnemente. Muchas familias y pueblos han dado pasos heroicos para perdonar y reconciliarse”.

    La agudización de las tensiones entre vencedores y vencidos no se debe a una continuidad natural sino a la agitación subversiva calculadamente programada
    ”.

    Nunca se ha podido decir nada más cierto ni mejor dicho. (2)

    Quienes han convivido durante más de veinte años como amigos, sin rozar la política en sus conversaciones, debido a su encuadramiento en bandos opuestos ahora se distancian.

    Los hijos no obedecen a sus padres ni se recatan de profesar doctrinas marxistas imbuidas en las Facultades o en los colegios mayores universitarios.

    La postura de quienes seguimos creyendo en la “legitimidad de nuestra victoria” es naturalmente la contraria. Cerrar filas y adoptar actitudes de defensa.

    Quedaría incompleto este trabajo sin unas breves consideraciones bíblicas. Es conocida la parábola del rey que perdonó a su siervo los diez mil talentos que le debía, y después éste no quiso perdonar cien denarios (Mt. 18 21-35). Pero antes había dicho Cristo: “Si pecare tu hermano contra ti, ve y repréndele a solas... Si no te escucha toma contigo a uno o dos, para que la palabra de dos o tres testigos sea fallado todo el negocio. Si los desoyere, comunícalo a la Iglesia, y si a la Iglesia desoye, sea para ti como gentil o publicano (Mt 18, 15-17).

    Puede perdonarse incondicionalmente, de todo corazón. Pero no hay necesidad, antes bien creo que existe la obligación contraria de rechazar las doctrinas erróneas y de no permitir su difusión. Pues para perdonar a los que mataron a nuestros padres no hay necesidad ni deber de pasarse al enemigo.

    Yo, por mi parte, he de decir, que respecto a los que asesinaron a nuestros padres y ahora en la Universidad están matando el alma de nuestros hijos (tanto que quizá tengamos que decir como en la obra de Giménez Arnau “Murió hace 15 años”, puedo perdonar. Pero mientras los contrarios no rectifiquen sus doctrinas, si admitirlas a la vida pública es la reconciliación, no debo, ni puedo ni quiero reconciliarme.

    José ESTEPA

    ***

    Notas
    (1) Hace falta visitar el famoso santuario de Andújar para darse cuenta de la grandeza de ánimo del capitán Cortés y de los guardias civiles a sus órdenes. Contra toda esperanza resistió un largo asedio. Cinco días antes de la caída en poder de la horda roja de las ruinas en que estaba convertido el convento e iglesia, cursó por heliógrafo a las líneas nacionales de Porcuna el siguiente mensaje. “Adiós, hasta la eternidad”. Fue el 25 de abril de 1937. Todavía aguanto cinco días más; y aún defendió personalmente, con solo doce guardias de los doscientos que había al comenzar, los últimos reductos, la tarde del 30 de dicho mes, en cuya acción fue herido. Sólo al siguiente día pudieron los atacantes dominar la resistencia. Pocas veces se habrá concedido una laureada con más justicia. Allí demostró la Guardia Civil que “El honor es su divisa”.

    (2) Tan cierto es lo que alega el señor Guerra Campos, que en la votación de una petición de amnistía total y modificación de la legislación antiterrorista, en cierto Colegio de Abogados se votó hace pocos meses afirmativamente por algunos, cerrando el puño. El ambiente empieza a recordarme el de junio del 36, cuando, al volver los estudiantes de las facultades en tren, éramos saludos puño en alto en los pasos a nivel, a lo que contestábamos con el saludo a la romana.




    Última edición por ALACRAN; 06/09/2021 a las 13:32
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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    Re: ¿Qué se hizo de los "Caídos por Dios y por España"? ¿Qué "Dios" y qué "España"?

    "Réquiem por los Héroes y Mártires de la Cruzada", lamentando la inexorable revancha que la llegada de la democracia liberal traía contra los que lucharon y forjaron la España nacional.

    Revista FUERZA NUEVA, nº 517 4-Dic-1976

    RÉQUIEM POR LOS HÉROES Y MÁRTIRES DE LA CRUZADA

    Por Rafael Gambra.

    Hoy doblan por vosotros las campanas. No es un réquiem por vuestras almas, que éste ya se rezó cuando abandonasteis esta vida, y vuestra alma gozará en la eternidad. Es un réquiem por vuestra condición pública de héroes y de mártires. Por ella doblan hoy las campanas.

    Ya no seréis héroes y mártires de Dios y de la Patria, sino unos muertos cualesquiera, unas víctimas más de los “bandazos pendulares y absurdos” en que -al parecer- se ha debatido nuestro pueblo hasta este “venturoso” momento. Quizá más tarde se os considere “criminales de guerra”.

    Vosotros no fuisteis vencidos por las minas del Alcázar, ni por los “cinturones de hierro” de Bilbao ni por los hielos de Teruel. Os quitaron la vida terrenal, pero no la victoria, porque vencisteis. Tampoco el enemigo os quitó otra cosa que la vida, puesto que al hacerlo os confirió el título de héroes o de mártires. Son vuestros “amigos” los que recibieron de vuestro sacrificio poder y medro los que ahora os quitan victoria y honra.

    Ellos declaran hoy que van a devolver España al pueblo. Que la soberanía popular, origen de todo poder, ha de recuperar su protagonismo.

    El dolo se viste de frases hermosas. Y va agazapada la muerte detrás…

    ***
    Porque vosotros luchasteis, moristeis y obtuvisteis victoria precisamente contra eso, y a favor de los derechos de Dios. La voluntad popular ya fue consultada en febrero de 1936, y España se hundió en la anarquía y el horror. (Porque la voluntad popular es un monstruo artificial y veleidoso que crean los periodistas y políticos profesionales sobre la ignorancia y las pasiones de los más). Vosotros representasteis la voluntad profunda de un pueblo, la que entrega la vida y no meramente un voto, la que sabe luchar y vencer. Vuestra victoria trajo cuarenta años de paz y prosperidad, y, de haber sido rectamente administrada, hubiera comportado una permanente paz interior, como la que establecieron los Reyes Católicos para casi cuatro siglos de nuestra historia.

    Ningún Ejército como el vuestro ha combatido en el último medio siglo con la certeza de hacerlo por Dios y por el deber patrio. Por eso, la inmensa mayoría de vosotros gozará de una gloria que nadie podrá quitaros.

    Sin embargo, aunque victoriosos en el campo del honor y gloriosos en la gloria eterna, vuestra posteridad ha sufrido que una extraña Iglesia rehúse sistemáticamente considerar y reconocer la santidad de vuestros santos, precisamente por ser de los vuestros. Y que unos legatarios políticos, tras larga y pingüe carrera en vuestro nombre, entreguen públicamente vuestra victoria al enemigo y os desposea de vuestro nombre y vuestra memoria.

    Ahora quitarán vuestros nombres de sus lápidas, desharán vuestras cruces y monumentos. Pero no saben ellos que eran vuestros méritos ante Dios lo que contenía la ira de ese mismo Dios y que haya de ser en su carne donde ellos sufran lo que a vosotros os infieren en el mármol de las tumbas.

    ***
    Se ha dicho que los pueblos que no conocen ni honran su pasado se ven condenados a repetir la historia. Ahora vendrán unas elecciones (de 1934); después, las de 1936 (o tal vez éstas es sin pasar por aquéllas). También vendrá otro 14 de abril “voluntariamente aceptado”. Y líbrenos Dios después de una zona roja, una zona roja sin límites, sin zona nacional de la que poder esperar…


    Rafael GAMBRA


    Última edición por ALACRAN; 16/11/2021 a las 17:35
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
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    Re: ¿Qué se hizo de los "Caídos por Dios y por España"? ¿Qué "Dios" y qué "España"?

    El olvido y desprecio a los Caídos: su segundo martirio


    Revista FUERZA NUEVA, nº 112, 1-3-1969

    El segundo martirio

    Le conocí en Barcelona, a primeros de septiembre de 1936. Era un hombrecillo flaco y desmedrado, con cierto andar inseguro. Llevaba un pequeño bigote rubio y vestía el uniforme ciudadano de entonces: pantalón desgalichado y una vieja camisa abierta por el cuello. Parecía un dependiente de ultramarinos en paro forzoso, cosa natural en una época en que no había ultramarinos que vender. Sin embargo, aquel hombrecillo tenía para nosotros una importancia excepcional. Llevábamos dos meses en absoluta carencia de gracias sacramentales, de consuelo litúrgico, de unción religiosa que no fueran los angustiados rosarios musitados en la noche. Aquel pequeño hombre era un SACERDOTE.

    He escrito esta palabra con mayúscula: es por algo. Se dijo la misa sobre el aparador del comedor, sirviendo de cáliz una copa de vino y de patena un plato de postre. Inolvidable, alucinante misa de catacumbas, murmurada “sotto voce” para que el rumor del “in nomine Patris” no traspasara las paredes y nos expusiéramos a una delación. Misa del siglo I o del III bajo los edictos de Diocleciano. Misa que yo pondría por modelo a los que ahora (1969) juegan a ágapes de “primeros cristianos”. Unos primeros cristianos sin sicarios, sin mazmorras, sin leones esperando en el circo. Así, cualquiera es “primer cristiano”.

    Terminó la impresionante ceremonia; sacamos un par de onzas de chocolate rancio y las desleímos en agua, único obsequio que podíamos ofrecer a aquel pobre hombre, que parecía llevar cuatro días sin comer. “Padre, se expone usted mucho saliendo a la calle. Debería usted permanecer escondido unas semanas, unos meses, hasta que pase lo peor…” “Soy sacerdote -fue la respuesta- me ordenaron para llevar consuelo y gracia a la grey, no para esconderme”. Se hizo un silencio tras la sencilla y sublime contestación. Tres días después, el hombrecillo apareció detrás de una tapia con un tiro en la nuca.

    Y así, uno, dos, tres, cien, quinientos, hasta siete mil. Siete mil auténticos testigos de Cristo. Siete mil mártires desde cualquier aspecto. Siete mil religiosos junto a muchos millares más de seglares que amaron a Dios y al hombre hasta la muerte. Que dieron por su fe y su ideal todo cuanto el hombre puede dar. La sangre y la vida, no unas horas de detención en una comisaría o una multa, como son los baratos martirios con que algunos quieren aureolarse en el día de hoy. La sangre y la vida. Muchos de ellos pudieron salvarse con una apostasía simulada, pronunciando una sola blasfemia. Dándose a una claudicación sexual propuesta por los sayones como precio de perdón. No lo hicieron. Murieron como el Maestro, perdonando a sus enemigos.

    Estos mártires del 36 no están sólo en la sala de espera de la santidad. Mucho peor: están en el desván del olvido. Mucho peor aún: están a veces en la mazmorra del escarnio. Personas que se dicen cristianas y aun algunos que llevan la misma marca divina indeleble, afirman que aquellos titanes de la fe y del valor no son santos, ni siquiera mártires. Fueron víctimas de una convulsión irremediable de la que tenían la culpa ellos mismos… ¡Eran fascistas! Así lo he oído o leído a veces, de labios o de pluma de sacerdotes o de católicos actuales (1969). Personas que parecen avergonzarse de su ministerio divino, denigran a las que lo honraron hasta entregar la vida, el mayor ejemplo de sinceridad que nadie puede dar.

    Fabián, Sebastián, Lorenzo, Vicente, Inés, Lucía, Eulalia, Anastasio (*)… vosotros tuvisteis mejor suerte. Hubo fieles que recogieron vuestras reliquias, catecúmenos o diáconos que honraron vuestra memoria y pusieron encendidos epitafios en vuestras tumbas, prelados que escribieron vuestros nombres en los martirologios, pintores y escultores que figuraron vuestro martirio, celebrantes que quemaron incienso en vuestras conmemoraciones.

    Obispos santos Irurita y Polanco, sabio P. García Villada, incansable apóstol Berrón, hermano de San Juan de Dios fusilado en una playa, que expiaste tu infinito amor al prójimo; Margarita, de Acción Católica, joven y bella, que desapareciste de tu casa una madrugada sin que haya sido encontrado tu cuerpo hasta el día de hoy. Más obispos, más sacerdotes, más religiosos y monjas, más hombres y mujeres que murieron por Cristo en España hace treinta años. Para vosotros no hay gloria, ni incienso, ni celebridad ni año cristiano. Para vosotros -salvo el recuerdo emocionado de algún pariente o hermano de religión- no queda nada, al menos en la tierra, en esta tierra de la injusticia y de la farsa. A veces, peor que nada: la agria sonrisa despectiva o el juicio blasfematorio de los nuevos arrianos, iconoclastas y gnósticos

    Carlos A. CALLEJO


    (*) Mártires del calendario católico tradicional

    .
    Última edición por ALACRAN; 05/04/2024 a las 13:06
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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    Re: ¿Qué se hizo de los "Caídos por Dios y por España"? ¿Qué "Dios" y qué "España"?

    ... "El hecho cierto es que al cabo de 38 años se ha regalado el poder al enemigo, después de pedirle humildemente perdón. Los vencedores estamos ahora merced de los vencidos. Todo se ha trastocado... La tomadura de pelo ha sido fenomenal..."


    Revista FUERZA NUEVA, nº 580, 18-Feb-1978

    La gran estafa

    Desde la imperial Tarraco, recibo una carta extensa y entrañable que me remite un antiguo compañero de fatigas, en recuerdo de una conversación que mantuvimos el verano pasado, en un atardecer inolvidable (…)

    La carta, escrita con acentos patéticos y sinceros, en esta hora triste que ha caído sobre España, dice así:

    “A mí me han engañado, o, por decirlo más exactamente, me han estafado de un modo inicuo. Reclamo, pues, daños y perjuicios por este timo de que he sido objeto.

    Alguien se ha aprovechado de mi buena fe y tiene que resarcirme, abonándome hasta el último céntimo.

    Alguien tiene que devolverme el ojo perdido, restituir la movilidad a mi antebrazo y mano izquierda, y borrar la metralla alojada en mi cráneo y cuero cabelludo.

    Alguien tiene que pagarme por las noches sin sueño y por el envite, a vida o muerte, a lo largo de casi tres años.

    Y, finalmente, alguien tiene que responder del incumplimiento de las promesas que me fueron hechas.

    ***
    La historia es muy sencilla. Sin necesidad de jurar sobre los Santos Evangelios, puedo asegurar que yo no fui el causante de la guerra de España. Yo era un chico de veinte años, algo soñador y romántico, cuyo único pecado consistía en ser español e ir a misa. Ni molestaba a la gente ni me metía con nadie. Lo puedo certificar.

    Pero un buen día estalló la tragedia y tuve que esconderme para no ser pasaportado al otro barrio. Por fin, después de muchas peripecias, conseguí llegar a los valles andorranos, nueva tierra de promisión en aquellos inefables tiempos de Generalidad y autonomía (sin "amnistía").

    Una vez a salvo en Andorra, tenía ante mí cuatro alternativas, perfectamente realizables:

    a) Olvidarme de las cosas de España y empezar una nueva vida en tierras andorranas o francesas. (Así lo hizo un compañero mío de evasión, al que por cierto le ha ido fenómeno, económicamente hablando).

    b) Permanecer en el Principado todo el tiempo que durara la guerra y regresar sin el menor peligro, una vez finalizada la contienda.

    c) Cumplir con mis deberes militares al llamamiento de mi reemplazo. Como el puerto de Valira estaba cerrado -entonces no había máquinas quitanieves- podía residir tranquilamente en los Valles, desde noviembre de 1936 hasta la primavera o verano de 1937.

    d) Desafiar los elementos -atravesé el puerto con nieve hasta la cintura-; correr el riesgo de que los franceses me mandaran a un campo de trabajo por indocumentado; exponerme a que en la frontera española me rechazaran o detuvieran por falta de “papeles” -como así habría acontecido de no haber mediado mi Ángel de la Guarda-, y pasar a la zona nacional para alistarme voluntariamente en el Ejército.

    Opté por la última solución. España y yo éramos así. Ahora (1978), a la vista de lo ocurrido, no estoy tan seguro de que acertara. Mi equivocación, en todo caso, es disculpable, dada mi juvenil inexperiencia. ¡Ah, si yo hubiese sabido algunas cosas! Pero entonces yo no podía ni remotamente sospechar lo que luego sucedería.

    La patria estaba en peligro y acudí presuroso a su llamada. Esto es todo. Otro supuesto cualquiera me habría, sencillamente, abochornado.

    Ignoraba, es cierto, muchas cosas, pero lo mismo les ocurría a los demás muchachos de mi generación. No éramos adivinadores del porvenir sino combatientes. Combatientes por Dios y por España. (Con perdón).

    Yo no sabía, por ejemplo, que los hombres valiesen tan poquita cosa. En realidad son unos pobretes como yo (y menos que yo).

    Tampoco sabía la propensión que tienen a cambiarse de chaqueta y de camisa a cada momento.

    Igualmente desconocía la poca vergüenza que tienen algunos cuando cambian las circunstancias.

    Ignoraba que el juramento sobre los Santos Evangelios era un simple formulismo, sin valor alguno.

    También ignoraba que eso de los altos ideales de la patria es un eslogan que los políticos -no todos afortunadamente- utilizan para su particular provecho.

    ****
    El hecho cierto es que al cabo de 38 años se ha regalado el poder al enemigo, después de pedirle humildemente perdón. Los vencedores estamos ahora merced de los vencidos. Todo se ha trastocado. Franco es escarnecido y difamado.

    Los rojo-separatistas -los mismos de antes y no otros- son los dueños de la situación. Los españoles renuncian a su unidad y el marxismo ateo campa por sus respetos. La tomadura de pelo ha sido fenomenal.

    Ante una estafa semejante, tan escandalosa como evidente, me veo obligado a exigir la reparaciones consiguientes.

    Yo soy un hombre honrado y nadie tiene derecho a jugar con mis sentimientos. Que me restituyan lo que es mío y solamente mío: la fama, el honor, y casi la vida.

    A cambio de ello, estoy dispuesto a devolver todos los honores y medallas ganadas en la guerra”.

    Por la transcripción:
    DONATO


    Última edición por ALACRAN; 16/07/2024 a las 12:58
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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