Respuesta: Muerte digna
Gracias a Dios no me he visto en ninguna de las situaciones que se han planteado o mencionado aquí. Por ello, y por un casi nulo desconocimiento del asunto, supongo que en los hospitales informarán de los verdaderos riesgos de cada tratamiento específico con los que se supone se aliviarán los sufrimientos de la persona enferma.
La visión del dolor extremo en otras personas es algo que nos pone a prueba. Digo yo que será natural una mezcla entre la caridad, una cierta rebeldía ante posiciones aparentemente poco piadosas, una aceptación de lo que como católicos hemos de acatar proveniente de La Iglesia y una resignación ante los designios de Dios.
La cuestión me parece mucho más profunda cuando el dolor se produce en nosotros. Por supuesto, no es lo mismo un rabioso dolor de muelas, que el dolor de la enfermedad en estado terminal. ¡Buff! vaya tema, a estas horas no me siento muy animado a reflexionar sobre aspectos tan trascendentales.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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