Y no olvidemos que muchas veces a los peores y más feroces anticatolicos los tenemos adentro de la iglesia misma.
Sacerdote santiagueño, obligado a renunciar por presiones para que acepte la existencia histórica de Adán y Eva
Magdalena Tempranísimo | Marzo 15 de 2010
Un sacerdote santiagueño y doctor en Teología bíblica dejó los hábitos de forma indeclinable luego de enfrentar al Vaticano y al obispo de Santiago del Estero, por no creer en la existencia histórica de Adán y Eva.
El religioso también niega la historicidad del ángel que habló con la virgen María, las apariciones físicas de la Virgen y la existencia del arca de Noé, y hasta duda de que Jesús haya nacido en Belén.
“Algunos pasajes de la Biblia no ocurrieron de forma literal, sino que son parábolas que buscan explicar alguna significación religiosa”, explicó por Continental Ariel Álvarez Valdés.
Ya en 2002 recibió una amonestación del Vaticano y el año pasado del obispo de su ciudad, Francisco Polti. En ambos casos, le exigían “silencio” y que se retractara de sus dichos.
Para el religioso, resultó “inaceptable” que la Santa Sede católica lo obligase a “negar” sus dichos “pero sin revelar que lo hacía a pedido de ellos”.
“Hace 15 años que estoy en conflicto con el Vaticano y con un obispo que es del Opus Dei. En ese momento, escribí un artículo donde decía que no se podía ser poseído por el demonio, sino que eran enfermedades. Me obligaron a retractarme. El Vaticano me hizo revisar todos mis libros por peritos especializados en Teología del mismo Vaticano y no pudieron encontrarme ningún error de dogma. Entonces intentaron que me retractara igual”, historió en Magdalena Tempranísimo.
“Tengo más de mil quinientas publicaciones en revistas de todo el mundo. Todo lo que yo enseñaba estaba publicado en libros de católicos”, añadió Álvarez Valdés.
El conflicto se inscribe en el marco de la reacción, iniciada por Juan Pablo II y seguida por quien fuera su mano derecha, Benedicto XVI, contra las consecuencias del Concilio Vaticano II, que fuera motorizado por Juan XXIII.
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