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Tema: Racismo y Catolicismo

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  1. #1
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Parece evidente que la moderación está ausente. Espero que cuando reaparezca tome medidas contra el personaje este, el tal Alfonso VIII y acólitos que pretenden revestir de tradicionalismo su meollo racista.

    A no ser que el admitir semejante deriva racista en un foro HIS-PA-NIS-TA tenga como trasfondo una demolición controlada del mismo.

    Reaccionad u os cargáis el foro.

  2. #2
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Cita Iniciado por Leolfredo Ver mensaje
    Parece evidente que la moderación está ausente. Espero que cuando reaparezca tome medidas contra el personaje este, el tal Alfonso VIII y acólitos que pretenden revestir de tradicionalismo su meollo racista.
    Puestos a tomar medidas contra quienes expresan libremente sus ideas, prefiero que tomen medidas contra personajes como tú, que os empeñáis en negar algo tan evidente como es la castellanía de Santander, posicionándoos en el revillismo más ramplón, pero bueno cada cual a lo suyo.
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  3. #3
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Además de todo lo que se puede decir contra las tesis racistas, el racismo no es patriótico, sino derrotista. Estando equivocado, podría tener sentido en una sociedad que se hubiese mantenido "racialmente pura", pero no en una sociedad de facto mestiza. Hispanoamérica es mestiza y por tanto el mensaje que lanzan a los hispanoamericanos los racistas (tanto los racistas indigenistas como los racistas europeístas) es que no tienen derecho a reivindicar su hispanidad. Los españoles peninsulares se están mezclando ya también con otras razas y por tanto el mensaje que los racistas dan a las nuevas generaciones de españoles es que no tienen derecho a reivindicar su españolidad.

    En definitiva, los racistas quieren que España y el ideal hispánico se mueran, mientras que los tradicionalistas queremos que las nuevas generaciones de españoles alcen de nuevo la Cruz y se identifiquen con la historia de este solar patrio, aunque una parte de sus antepasados hayan venido de otros lares. Exactamente igual que un español actual no mestizo puede identificarse con la bravura íbera de Numancia y Sagunto, aunque una parte de sus antepasados vinieran también de otros lugares.
    Última edición por Rodrigo; 15/11/2018 a las 13:56
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  4. #4
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Cita Iniciado por Rodrigo Ver mensaje
    Hispanoamérica es mestiza y por tanto el mensaje que lanzan a los hispanoamericanos los racistas (tanto los racistas indigenistas como los racistas europeístas) es que no tienen derecho a reivindicar su hispanidad.
    Estás equivocado. No negamos la hispanidad a los mestizos; simplemente les negamos el emparentar con españoles étnicos. Nosotros con los nuestros y ellos con los suyos, como en el sistema de castas.
    Los españoles peninsulares se están mezclando ya también con otras razas y por tanto el mensaje que los racistas dan a las nuevas generaciones de españoles es que no tienen derecho a reivindicar su españolidad.
    En la Península debe establecerse únicamente el ius sanguinis; sólo españoles étnicos deberían habitar España.
    En definitiva, los racistas quieren que España y el ideal hispánico se mueran, mientras que los tradicionalistas queremos que las nuevas generaciones de españoles alcen de nuevo la Cruz y se identifiquen con la historia de este solar patrio, aunque una parte de sus antepasados hayan venido de otros lares. Exactamente igual que un español actual no mestizo puede identificarse con la bravura íbera de Numancia y Sagunto, aunque una parte de sus antepasados vinieran también de otros lugares.
    "Nuevas generaciones de españoles"? Esas nuevas generaciones serán blancas o no serán españoles. Repito: LA SANGRE ES LA ESENCIA DE LA PATRIA. Mezclarla es bastardizarla. Los mestizos que reivindiquen su hispanidad en Hispanoamérica; nosotros lo haremos desde nuestro solar patrio.
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  5. #5
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Los racistas europeístas de hoy generalmente no se atreven a explicar íntegramente sus tesis racistas y las reducen a un mero deseo de "variedad". No cuela: si quisierais que se conservase nuestra variedad racial, os opondríais al mestizaje con nórdicos y eslavos, que difuminan nuestros rasgos mediterráneos, fenotipos tan dignos de conservar como cualesquiera otros (nótese la ironía).

    Aquí AlfonsoVIII ha hablado por un lado del concepto español de pureza de sangre ("cristiano viejo") y por otro ha dicho que respecto al mestizaje de españoles con ciertos mahometanos turcos o iranís no tiene nada en contra, siempre que se integren, cosa que no tiene nada que ver con el concepto español de pureza de sangre. Explicad, pues, los racistas vuestros verdaderos motivos: consideráis al subsahariano inferior intelectualmente, al asiático oriental y al amerindio inferiores físicamente, y a las tres razas inferiores en cuanto al ideal de belleza. Querríais la pureza racial europea para dar vida al concepto nietscheano del «superhombre», autosuficiente y casi perfecto, que no necesita a Dios. Y aun pretendéis hacer compatibles esas ideas cuasi satánicas con el cristianismo.

    Cita Iniciado por AlfonsoVIII Ver mensaje
    "Nuevas generaciones de españoles"? Esas nuevas generaciones serán blancas o no serán españoles. LA SANGRE ES LA ESENCIA DE LA PATRIA. Mezclarla es bastardizarla. Los mestizos que reivindiquen su hispanidad en Hispanoamérica; nosotros lo haremos desde nuestro solar patrio.
    ¿Y qué haces con los mestizos que han nacido en España y uno de sus padres son españoles? Bastardos, por cierto, son los nacidos fuera del matrimonio, que por desgracia ya van siendo muchos, pero no los mestizos por el hecho de mestizos. ¿Y dónde los quieres meter, si han nacido aquí y es la tierra de una parte de sus antepasados? ¿Sistema de castas? Somos católicos, no hindúes. En fin, al final este debate está resultando interesante, ya que estás dejando de manifiesto lo absurdo de tus ideas.
    Última edición por Rodrigo; 15/11/2018 a las 14:52
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  6. #6
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Cita Iniciado por Rodrigo Ver mensaje
    Los racistas europeístas de hoy generalmente no se atreven a explicar íntegramente sus tesis racistas y las reducen a un mero deseo de "variedad". No cuela: si quisierais que se conservase nuestra variedad racial, os opondríais al mestizaje con nórdicos y eslavos, que difuminan nuestros rasgos mediterráneos, fenotipos tan dignos de conservar como cualesquiera otros (nótese la ironía).
    Los españoles somos blancos. Y hay españoles con rasgos muy nórdicos y españoles con rasgos muy mediterráneos. Y aquí han estado blancos tanto nórdicos -godos, suevos, vándalos, francos- como mediterráneos -romanos, griegos-, así como mezcla de nórdico y mediterráneo -celtas- e incluso blancos indoiranios -alanos, persas- pero todos blancos al fin y al cabo. Y no te creas, por cierto, que todos los escandinavos tienen rasgos nórdicos ni que todos los europeos del sur son morenos; esto es algo que deberíamos saber todos. Lo que nunca ha habido en España, en poblaciones lo suficientemente numerosas como para dejar huella genética y somática, es indios, negros o amarillos. Partiendo de esta base, yo prefiero emparejar con una chica española que con una escandinava, por motivos obvios.
    Aquí AlfonsoVIII ha hablado por un lado del concepto español de pureza de sangre ("cristiano viejo") y por otro ha dicho que respecto al mestizaje de españoles con ciertos mahometanos turcos o iranís no tiene nada en contra, siempre que se integren, cosa que no tiene nada que ver con el concepto español de pureza de sangre. Explicad, pues, los racistas vuestros verdaderos motivos: consideráis al subsahariano inferior intelectualmente, al asiático oriental y al amerindio inferiores físicamente, y a las tres razas inferiores en cuanto al ideal de belleza. Querríais la pureza racial europea para dar vida al concepto nietscheano del «superhombre», autosuficiente y casi perfecto, que no necesita a Dios. Y aun pretendéis hacer compatibles esas ideas cuasi satánicas con el cristianismo.
    Como no puedes rebatirme debidamente, ahora optas por intentar echar por tierra todo esto aludiendo a un supuesto supremacismo racial del que me he desmarcado desde el minuto uno. Chapeau.
    ¿Y qué haces con los mestizos que han nacido en España y uno de sus padres son españoles?
    Pues depende de su número y de cuál de los dos progenitores es español. Si el español es el padre, y dado el carácter patrilineal de la familia tradicional, el mestizo en cuestión por mí que se quede y en unas pocas generaciones ese mestizaje queda disuelto; si el padre es no español, pues a la patria del padre. Y lo dicho, siempre que no sean muchos.
    Bastardos, por cierto, son los nacidos fuera del matrimonio, que por desgracia ya van siendo muchos, pero no los mestizos por el hecho de mestizos.
    La inmensa mayoría de los mestizos hijos de españoles que nacieron en América durante los primeros 150 años de presencia española en América nacieron fuera del matrimonio.
    ¿Y dónde los quieres meter, si han nacido aquí y es la tierra de una parte de sus antepasados,
    En su tierra de origen, ya lo he explicado antes.
    ¿Sistema de castas? Somos católicos, no hindúes.
    Pilla un DeLorean, retrocede unos 300 años y explícale eso mismo a la administración española en América.
    En fin, al final este debate está resultando interesante, ya que estás dejando de manifiesto lo absurdo de tus ideas.
    Al menos no repito las mismas preguntas 500 veces ni mantengo ideas más propias de progres que de auténticos tradicionalistas, que leyéndoos a algunos parece que estoy en los foros de Podemos.
    ReynoDeGranada y Agustín Acuña dieron el Víctor.
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  7. #7
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Está claro que un auténtico tradicionalista no es Francisco Elías de Tejada, sino alguien que habla de implantar sistemas de castas y de deportar españoles en función del "origen racial" del padre.

    Lo de «de chamizo e india sale cambuja» y esas cosas tiene gracia, pero jamás se organizó la sociedad por esas clasificaciones cientificistas de la época, propias de las ideas ilustradas, algunas de ellas necesarias, otras rimbombantes y otras masónicas, como indiqué antes. En las Españas jamás se conoció algo parecido al Apartheid o a la segregación del sur de EE.UU.

    Es cierto que por la nefasta influencia inglesa adoptamos la esclavitud, pero a nuestros negros siempre se les trató mucho mejor que en las colonias inglesas, francesas o portuguesas (y que en África, donde eran esclavizados por sus semejantes). En parte, al comprarlos nosotros, les librábamos de una suerte peor. Y como cristianos bautizados, eran considerados hermanos y súbditos españoles como cualquier otro. Cuando se les emancipaba, generalmente optaban por seguir trabajando en las mismas fincas.

    Por cierto, la bastardía no se hereda. El hijo o nieto de bastardo, habido dentro del matrimonio, es hijo legítimo, no bastardo. Y los españoles también se casaban con indias previamente evangelizadas y bautizadas, así que no todos los primeros mestizos de padre español y madre india eran bastardos, ni mucho menos. Sí lo son, por cierto, la mitad de los nuevos españoles: El 46% de los bebés españoles nacen de parejas no casadas. Por desgracia, los españoles somos cada vez más un pueblo bastardo. No lo eran la mayoría de nuestros antepasados, ni de los antepasados de los hispanoamericanos.

    PS: Espero que AlfonsoVIII no quiera que sus hijos sean bastardos, por aquello de que desea "emparejar".
    Última edición por Rodrigo; 15/11/2018 a las 20:05
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  8. #8
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Cita Iniciado por Rodrigo Ver mensaje
    Está claro que un auténtico tradicionalista no es Francisco Elías de Tejada, sino alguien que habla de implantar sistemas de castas y de deportar españoles en función del "origen racial" del padre.

    Lo de «de chamizo e india sale cambuja» y esas cosas tiene gracia, pero jamás se organizó la sociedad por esas clasificaciones cientificistas de la época, propias de las ideas ilustradas, algunas de ellas necesarias, otras rimbombantes y otras masónicas, como indiqué antes. En las Españas jamás se conoció algo parecido al Apartheid o a la segregación del sur de EE.UU.

    Es cierto que por la nefasta influencia inglesa adoptamos la esclavitud, pero a nuestros negros siempre se les trató mucho mejor que en las colonias inglesas, francesas o portuguesas (y que en África, donde eran esclavizados por sus semejantes). En parte, al comprarlos nosotros, les librábamos de una suerte peor. Y como cristianos bautizados, eran considerados hermanos y súbditos españoles como cualquier otro. Cuando se les emancipaba, generalmente optaban por seguir trabajando en las mismas fincas.

    Por cierto, la bastardía no se hereda. El hijo o nieto de bastardo, habido dentro del matrimonio, es hijo letígimo, no bastardo.
    Así es, fueron solo denominaciones para describir realidades. El número de denominaciones es interminable y depende de la región. A nadie en su sano juicio se le ocurre asegurar que cada denominación se corresponde con una casta social. Salvo a intoxicadores que se dirigen a ignorantes. Pero esto es hispanismo.org, el que hasta la fecha viene siendo EL MEJOR FORO EN ESPAÑOL.

    Esperemos que la moderación tome drásticas cartas en el asunto. Un hilo semejante en este foro es INTOLERABLE.
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  9. #9
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Cita Iniciado por Rodrigo Ver mensaje
    Lo de «de chamizo e india sale cambuja» y esas cosas tiene gracia, pero jamás se organizó la sociedad por esas clasificaciones cientificistas de la época, propias de las ideas ilustradas, algunas de ellas necesarias, otras rimbombantes y otras masónicas, como indiqué antes. En las Españas jamás se conoció algo parecido al Apartheid o a la segregación del sur de EE.UU.
    Claro, y en consecuencia la pintura de castas es falsa, o los escritos de la época que se manifiestan contra el mestizaje, no?
    Es cierto que por la nefasta influencia inglesa adoptamos la esclavitud, pero a nuestros negros siempre se les trató mucho mejor que en las colonias inglesas, francesas o portuguesas (y que en África, donde eran esclavizados por sus semejantes). En parte, al comprarlos nosotros, les librábamos de una suerte peor. Y como cristianos bautizados, eran considerados hermanos y súbditos españoles como cualquier otro. Cuando se les emancipaba, generalmente optaban por seguir trabajando en las mismas fincas.
    Efectivamente, nunca he negado tal cosa. De hecho gracias a ello los negros en territorio hispanoamericano han conservado la mayor parte de su identidad cultural africana sin caer en cultos sincréticos -con la excepción de la santería y el palo mayombe- y sin caer en el racismo antiblanco de los movimientos pro-negritud de los EEUU. Pero el mestizaje con negros estaba mal visto, y la mayoría de los mulatos eran habidos fuera del matrimonio, e incluso en muchos casos llegaban a heredar la condición esclava de sus madres, cosa que personalmente juzgo excesiva.
    Y los españoles también se casaban con indias previamente evangelizadas y bautizadas, así que no todos los primeros mestizos de padre español y madre india eran bastardos, ni mucho menos.
    Efectivamente, hubo matrimonios de españoles con indias totalmente legales. Pero seamos realistas, estos matrimonios no eran la norma, sino la excepción, y generalmente el fruto de ese mestizaje solía acabar integrado y absorbido en la sociedad criolla. A esto es a lo que me refiero con un mestizaje mínimo y asimilable.
    Las uniones de Sí lo son, por cierto, la mitad de los nuevos españoles: El 46% de los bebés españoles nacen de parejas no casadas. Por desgracia, los españoles somos cada vez más un pueblo bastardo. No lo eran la mayoría de nuestros antepasados, ni de los antepasados de los hispanoamericanos.
    Cosa que sigue siendo tristísima por cierto.
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  10. #10
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Cita Iniciado por AlfonsoVIII Ver mensaje
    Estás equivocado. No negamos la hispanidad a los mestizos; simplemente les negamos el emparentar con españoles étnicos. Nosotros con los nuestros y ellos con los suyos, como en el sistema de castas.En la Península debe establecerse únicamente el ius sanguinis; sólo españoles étnicos deberían habitar España."Nuevas generaciones de españoles"? Esas nuevas generaciones serán blancas o no serán españoles. Repito: LA SANGRE ES LA ESENCIA DE LA PATRIA. Mezclarla es bastardizarla. Los mestizos que reivindiquen su hispanidad en Hispanoamérica; nosotros lo haremos desde nuestro solar patrio.
    Cita Iniciado por Rodrigo Ver mensaje
    ...Explicad, pues, los racistas vuestros verdaderos motivos: consideráis al subsahariano inferior intelectualmente, al asiático oriental y al amerindio inferiores físicamente, y a las tres razas inferiores en cuanto al ideal de belleza. Querríais la pureza racial europea para dar vida al concepto nietscheano del «superhombre», autosuficiente y casi perfecto, que no necesita a Dios. Y aun pretendéis hacer compatibles esas ideas cuasi satánicas con el cristianismo.
    A ver: quiero aclarar que aunque haya dado o pueda dar algún victor a Alfonso VIII o a Reyno de Granada o ellos a mí, yo no me identifico forzosamente con su "nosotros" ni me doy por conforme con todo lo que puedan enviar ni me doy por aludido. Que no haya equívocos.

    En lo demás creo que el mitificado mestizaje, en su inicio, no solo no fue fue una virtud sino más bien un problema de pecado y de incontinencia sexual de conquistadores y aventureros españoles fogosos y solteros ante unas mocitas indígenas desnudas, algunas de buen ver, con ganas de ascender emparentando con los poderosos recién llegados y de paso "blanquear" a la prole. Y que algunos debieron de hacer decenas de "mesticitos" en poquitas semanas
    Pero que si aquellos mismos conquistadores españoles hubieran llegado a la América tropical bien casados, con mujeres vigilantes y al acecho, la historia hubiera discurrido de otro modo.

    Por lo mismo, creo que si los ingleses de la época hubieran llegado solteros y libres a esas mismas latitudes calurosas americanas, el mestizaje con anglos también se hubiera producido. Pero resultaba que los ingleses llegaban ya casados y con sus esposas como dóciles cabestros a latitudes bastante frías donde además las indias iban bien tapadas y por tanto sin provocar.

    https://www.historiadelnuevomundo.co...ta-de-america/
    Última edición por ALACRAN; 15/11/2018 a las 17:49
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

  11. #11
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Evidentemente es un troll que viene a reventar la idea de HISPANIDAD, y con ello el foro.

    Entre los que dicen que las misas y sacramenteos post CVII no son válidos ACABAN CON TODO. Espero que alguien advierta semejante disparo a la línea de flotación de lo que se defiende en este foro.

    Cita Iniciado por Rodrigo Ver mensaje
    Además de todo lo que se puede decir contra las tesis racistas, el racismo no es patriótico, sino derrotista. Estando equivocado, podría tener sentido en una sociedad que se hubiese mantenido "racialmente pura", pero no en una sociedad de facto mestiza. Hispanoamérica es mestiza y por tanto el mensaje que lanzan a los hispanoamericanos los racistas (tanto los racistas indigenistas como los racistas europeístas) es que no tienen derecho a reivindicar su hispanidad. Los españoles peninsulares se están mezclando ya también con otras razas y por tanto el mensaje que los racistas dan a las nuevas generaciones de españoles es que no tienen derecho a reivindicar su españolidad.

    En definitiva, los racistas quieren que España y el ideal hispánico se mueran, mientras que los tradicionalistas queremos que las nuevas generaciones de españoles alcen de nuevo la Cruz y se identifiquen con la historia de este solar patrio, aunque una parte de sus antepasados hayan venido de otros lares. Exactamente igual que un español actual no mestizo puede identificarse con la bravura íbera de Numancia y Sagunto, aunque una parte de sus antepasados vinieran también de otros lugares.
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  12. #12
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Defensa de los esclavos negros por Don Francisco de Quevedo.

    DEFENSA DE LOS ESCLAVOS NEGROS POR DON FRANCISCO DE QUEVEDO


    D. Francisco de Quevedo, gloria de nuestras Letras y honor de nuestra España

    EL RACISMO, OTRO EXTRANJERISMO

    Humano -de la cuna hasta la sepultura- Don Francisco de Quevedo es uno de los españoles más grandes que ha dado la historia. Humano cuando odiaba (que lo diga Góngora), cuando amaba (hasta en cenizas amaría), cuando combatía con la pluma (por el patronazgo de Santiago Apóstol) o con la espada (cuando desenvainaba o porfiaba en batirse con el maestro de esgrima baezano Pacheco de Narváez). Humano que, en el caso de Quevedo era ser españolísimo. Español, desde los pies zambos hasta la revuelta melena.

    Leer Quevedo a bocajarro es una empresa fastidiosa. No se le puede recomendar a quienes gustan de lo fácil, pues sin un buen diccionario a la mano será difícil descifrarlo al profano (a quien no lo lleva gozando décadas ha); prácticamente imposible será admirarse de su clarividencia, no podremos reírle los juegos de palabras, no podremos entendernos con él y, en fin, no seremos su cómplice. Pero si se le ha leído con frecuencia, al cabo de los años Quevedo es agradecido y nos desplegará su fastuoso mundo de taberneros aguadores, de médicos matasanos, de jaques y coimas, de mosquitos y moscones cojoneros... Y nos atacará la risa que produce una fantasía fecunda en alianza con una inteligencia formidable.

    Vengo a reivindicar, tras esta advertencia preliminar, la lectura de Quevedo. No es la primera vez ni -con ayuda de Dios- será la última: yo, antes que otra cosa soy quevediano. Y vengo a reclamar para Quevedo la honra de haber sido uno de los primeros en denunciar la esclavitud de los negros. Sí, como leen.


    Sor Teresa Juliana de Santo Domingo, La Santa Negrita

    Todo el mundo piensa que tuvo que venir Abraham Lincoln para abolir la esclavitud, todo el mundo piensa que fueron otros -nunca los españoles- los pioneros en pugnar por acabar con esa inhumana sinrazón. Pero, como suele pasar, cuando todo el mundo coincide en una de esas cosas... es que todo el mundo se equivoca. Esas cosas que todo el mundo comparte frecuentemente no son más que lugares comunes de la "mitología". Uno de los primeros que reclama que se rompan las cadenas de la esclavitud que, por el color de la piel, tenía humillada a la raza negra es nuestro Quevedo. No podía ser de otra forma. Ni es de extrañar.


    Escudo conmemorativo de la Batalla de Lepanto -con Águila de San Juan- que el negro Juan Latino puso al frente de su obra "Ad Catholicum pariter et invictissimum Philippum Dei gratia Hispaniarum Regem..." (Granada, 1573), cuyo lema en latín compuso el docto afroespañol y que reza: "COELITUS UNUM IMPERIUM, ENSIS UNUS, REX UNICUS ORBIS".


    JUAN LATINO

    España, pese a todas las mentiras propaladas por sus enemigos, por ser católica nunca fue racista. Existió la esclavitud hasta el siglo XIX, y no sólo en la América española, también en la península. Pero, ¿qué país puede enorgullecerse de contar con un humanista negro? Solo España. Ocurrió así con el caso de Juan Latino (1518-1596), nacido esclavo en la Casa de los Condes de Cabra, pero que por sus talentos gozó de estudios en la Universidad de Granada y, aplicado, se convirtió en el excepcional caso de un humanista negro de nuestro Renacimiento, catedrático admirado por todos y casado con una señora de una distinguida casa nobiliaria. Ese milagro sólo podía darse aquí, en un pueblo católico, gobernado por hombres santos (Felipe II). Muy pocos lo saben. Muchos quisieran que se ignorara. Pero esto es lo que hay y hemos de estar orgullosos.


    Sor Teresa Juliana de Santo Domingo, "La Negrita de la Penitencia"

    SOR TERESA JULIANA DE SANTO DOMINGO

    La primera mujer negra que escribe en una lengua europea es afro-española y escribe en español. Se trata de Sor Teresa Juliana de Santo Domingo. Nació en un punto indeterminado al oeste de Africa, aproximadamente allá por el año 1676 y se llamaba Chicaba. Fue capturada en una de las depredaciones perpetradas por mercaderes de esclavos y esclavizada a los diez años. La vendieron en el mercado de Sevilla, pero el ser hija de reyes africanos le valió ser presentada ante el Rey Carlos II. Pasó a la casa de los Marqueses de Mancera y la "santa negrita" (así se le conocía) se mantuvo firme en no casarse hasta que a los veinticuatro años anunció a sus señores que quería ser monja. En 1704 logró cumplir la voluntad de Dios siendo admitida en el Convento de la Penitencia de Salamanca. Se distinguió en el claustro como poetista, profetisa y mística. Sor Teresa vivió en la clausura del monasterio de la Orden Tercera de las Dominicas y subió al cielo el 6 de diciembre de 1748 con fama de santidad. En cualquier otra nación europea ¿hubiera sido posible? En España sí fue posible y fue gracias a la benéfica influencia omnímoda de la Santa Iglesia Católica. Chicaba está en vías de subir a los altares.

    ALEGATO DE QUEVEDO EN CONTRA DE LA ESCLAVITUD POR EL COLOR DE LA PIEL

    Quevedo no conoció a Sor Teresa Juliana de Santo Domingo, pero es allá por el año 1636 cuando el genio manchego, en su fantasía moral titulada "La hora de todos y la fortuna con seso", en el discurso XXXVII para más señas, despliega un valiente alegato en contra de la esclavitud basada en el color de la piel y a favor de la liberación de los esclavos negros:

    "Para nuestra esclavitud [pone Quevedo en boca de un negro ficticio] no hay otra causa sino la color, y la color es accidente y no delito" y sigue diciendo ese personaje: "De nuestra tinta han florecido en todas las edades varones admirables en armas y letras, virtud y santidad". Otro dice, aunque se le nota cierto tono de sorna del que tanto le cuesta privarse a Quevedo: "...si la color es causa de esclavitud, que se acuerden de los bermejos, a intercesión de Judas, y se olviden de los negros, a intercesión de uno de los tres reyes que vinieron a Belén...".

    Esta apología de Quevedo en pro de la dignidad de la raza negra es poco conocida. Nunca es tarde si la dicha es cierta y hoy era un buen día para recordarlo. Para recordar que en España hubo genios como Quevedo que, a diferencia de las patrañas fabricadas por nuestros enemigos, siempre tuvieron muy claro que era una injusticia esclavizar a otros seres humanos por el color de la piel.

    Steven Spielberg, el director cinematográfico de ese bodrio inmundo que ataca a España (me refiero a su película "Amistad"), tendría que saberlo. Pero eso es pedirle mucho al cineasta de ciencia ficción; pues las obras de Quevedo están untadas con tocino y Spielberg no podrá ni olerlo.

    LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS
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  13. #13
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Los orígenes democráticos y científicos del racismo y genocidio.

    Los orígenes democráticos y científicos del racismo y genocidio

    La Editorial Áltera ha publicado un libro de Víctor Farías que recoge las ideas vertidas por Salvador Allende en su tesis doctoral.

    En 1933 Allende, licenciado en medicina, presentaba una tesis doctoral en la que sustanciaba que los delincuentes lo eran por herencia genética. Manifestaba además que la única forma de "reinserción de los homosexuales" era la quirúrgica.
    Había otras afirmaciones racistas que acusaban a los judíos de ser una raza "genéticamente mentirosa". Los italianos y españoles del sur no salían mejor parados. Y defendía que el ambiente climático determinaba a los latinos a ser moralmente relajados.

    En 1939 accede al poder el Frente Popular chileno, el masón Allende fue promocionado a Ministro de Sanidad. Desde allí lanzó un proyecto legislativo centrado en medidas eugenésicas.

    Uno de los hechos históricos inexplicables de este político chileno es que años más tarde, gobernando Chile, se negó a extraditar al nazi Walter Rauff a petición de Alemania.

    El libro de Víctor Farías ha generado asombro en muchos y enfado en otros. Pero no es extraño que Allende en su juventud pensara así. En los años 30 del XX, el darwinismo social se consideraba la "verdad científica" más avanzada. En muchos países democráticos, incluso la República de Weimar, antes del ascenso al poder de Hitler, el ambiente cultural, científico y político había asumido que el Estado debía garantizar la "higiene social".

    En democracias consolidadas como EEUU aparecieron leyes eugenésicas que establecían que las razas y grupos sociales considerados como inferiores no debían reproducirse indiscriminadamente. Las leyes eugenésicas establecían como objetivos su desaparición mediante el control selectivo de nacimientos.

    El nazismo siguió esas corrientes tan en boga y el ambiente "científico" que se había elaborado en las democracias occidentales. La mayoría de las políticas nazis que hoy escandalizan fueron la continuación de políticas públicas ya existentes en varios países.

    Tras la IIGM, Occidente abandonó las tesis eugenésicas, pues el recuerdo del nazismo estaba demasiado presente. Una generación después la memoria se ha perdido y las democracias recuperan las viejas tesis eugenésicas.

    LA LARGA SOMBRA DE DARWIN

    El darwinismo ha tenido una influencia notable hasta hoy en muchos ámbitos, incluso el científico. Y sin él, aunque parezca extraño, apenas podríamos entender por qué se cometieron genocidios a lo largo del XX. Sin embargo, y ha sido muy discutido, la obra de Darwin por sí misma no hubiera dado lugar nunca a determinadas políticas eugenésicas.

    Eso no quita que en escritos como El Origen del Hombre, Darwin afirmara que prefería descender del mono que no de los negros. Tras el darwinismo siempre ha estado latente alguna forma de racismo. Así, las interpretaciones que se hicieron de esa teoría sí que permitieron la creación de un ambiente intelectual que, a la larga, llegaría a legitimar "científicamente" los genocidios.

    El más famoso entre los darwinistas era Herbert Spencer que desarrolló el "darwinismo social". Spencer proponía que las sociedades tienen sus propios mecanismos espontáneos de selección y progreso social. Por tanto, los gobiernos debían limitarse a "gobernar poco" y a dejar que la naturaleza social siguiera su curso, ya que la propia naturaleza elabora los mecanismos de eliminación de los "no aptos".

    En su principal obra sociológica, Primeros Principios, afirmaba que "eliminando al enfermizo, al deforme y al menos veloz ... se impide toda degeneración de la raza". Esta es la verdadera forma de "progreso".

    En su obra Social Statistics, asocia las clases sociales más desfavorecidas a un problema de herencia genética, por tanto a una "inferioridad innata" contra la que no se puede luchar. Por eso la sociedad elimina a esos individuos relegándoles primero a clases sociales inferiores y luego haciéndolos desaparecer. El spencerismo facilitó un marco teórico para que fueran arraigando las tesis liberales del laissez-faire y de la selección social.

    Otro personaje menos conocido pero de gran influencia en el mundo político fue el inglés Francis Galton. Partiendo de las tesis darwinistas, propició teorías de selección natural bajo criterios de herencia genética. Para Galton las enfermedades y los desajustes sociales (pobreza, crimininalidad, etc.) se heredaban. La solución a los problemas sociales, por tanto, consistiría en controlar eugenésicamente a enfermos y delincuentes. En otras palabras, no había que permitir que se reprodujeran. Completaba su teoría afirmando que las razas y sus características eran fruto de las presiones ambientales. Ello permitía explicar por qué la raza blanca (expuesta a duras condiciones ambientales) era "superior" a otroas, que ésta se había tenido que esforzar más por sobrevivir. En cambio, la raza negra, habituada a un clima más favorable pudo vivir durante milenios sin esforzarse. Esto explicaba la "escasa inteligencia de los negros".

    Galton realizó investigaciones para probar que las clases sociales superiores transmitían los coeficientes de inteligencia y desarrolló estudios antropométricos para intentar demostrar "científicamente" los "rasgos físicos" de la inteligencia en el tamaño de la cabeza.

    EEUU, UNA "DEMOCRACIA RACIAL"

    Las tesis speceristas y las propuestas "científicas" de Galton tuvieron una impresionante acogida en EEUU. Al morir Galton, en 1911, el movimiento eugenésico ya había arraigado con fuerza en EEUU. Uno de sus promotores principales fue John D. Rockefeller, que financió, por ejemplo, la Oficina de Registro Eugenésico en Long Island. El objetivo de dicha oficina era fijar las "líneas de sangre más eficaces en América".

    Se desarrolló una gran campaña a favor de la eugenesia en los mejores colegios y universidades para demostrar que no todas las razas eran adecuadas para la construcción de la nación americana.

    Este gran movimiento eugenésico (inicios XX) coincidió con la llegada de oleadas de inmigrantes europeos. De hecho, los primeros Test de Inteligencia en EEUU se elaboraron con la intención de filtrar la inmigración y permitir sólo la entrada de las razas "más inteligentes".

    Uno de los psicólogos más famosos de EEUU: H.H. Goddard, realizó investigaciones entre inmigrantes con el fin de demostrar que los judíos, húngaros, italianos y rusos eran "débiles mentales". El establecimiento de cuotas de inmigrantes según países (identificados con razas) tenía como objetivo mantener una nación "racialmente pura". Por aquel tiempo, aparecieron obras como The Passing of Great Race (La caída de la gran raza) en 1916 de Madison Grant o The Rising Tide of Color (La creciente ola de color en 1920, de Lothrop Stoddard.

    En 1940 Stoddard, director de la Liga Americana Pro Control de la Natalidad, publicaba un libro en el que manifestaba su admiración por la limpieza racial practicada por los nazis y abogaba por la consecución científica de una "super raza".

    Estas investigaciones y textos científicos, publicados en la democracia más vieja de Occidente, sacarían los colores a cualquier demócrata actual. En 1921, el Gobierno EEUU, influido por ese ambiente "científico" aprobó el Acta de Inmigración, que impuso cuotas para limitar la inmigración extranjera según las razas.

    Psicólogos como Edwards Ross o William McDougall escribieron obras apoyando la eugenesia y la restricción racial de la inmigración. Este ambiente racial fue tan fuerte que en los '30 se denegó al entrada a los judíos que querían emigrar desde la Alemania nazi, basándose en que ya se había cubierto la cuota inmigratoria para esta raza.

    Los vencedores de la IIGM no quieren recordar estos hechos, como tampoco suelen decir que las leyes de segregación racial en EEUU fueron abolidas muy tardíamente. Así en el ejército EEUU, las primeras derogaciones no llegaron hasta 1948, dándose la paradoja de que el ejército EEUU libró a Europa de Hitler aplicando las mismas leyes de segregación racial lo que no hay mucho interés en airear desde que finalizó la guerra.

    Durante la contienda los batallones de EEUU con soldados blancos NUNCA se mezclaban con batallones con soldados negros. De hecho blancos y negros no podían dormir bajo el mismo techo ni comer juntos. El ejército EEUU ya había sido estudiado, años antes, por el psicólogo eugenista Carl Brigham, de la Unviersidad de Pricnento, en su obra A Study of American Intelligence, de 1923. En el estudio se intentaba demostrar que los soldados procedentes de familias inmigrantes polacas, italianas y rusas eran "casi tan poco inteligentes como los soldados negros".

    Esta mentalidad racial y eugenésica en EEUU había dado lugar, unas décadas antes, a la lucha "LEGAL" contra los menos capacitados. En 1898, en Michigan, se aprobaba un decreto de esterilización eugenésica. Ese mismo año se castró "terapéuticamente" a 26 niños.

    En 1904 la Fundación Carnegie financiaba un laboratorio para investigar métodos de detección del "plasma germinal defectuoso" a fin de preparara políticas eugenésicas.

    En 1905, el Estado de Pensilvania aprobó el Acta para la Prevención de la Idiotez. En esa ley se contemplaba un artículo que permitía la esterilización.

    Entre 1909 y 1928 fueron 21 Estados (EEUU) los que aprobaron leyes eugenésicas con la intención de "prevenir la procreación de asexuados, criminales, idiotas, débiles mentales, pervertidos sexuales, sifilíticos, epilépticos o degenerados.

    En 1914 se celebró en EEUU la Primera Conferencia Nacional para el Mejoramiento de la Raza, entre las conclusiones se urgía a extender las políticas eugenésicas. Se calcula que en el primer tercio del XX decenas de miles de ciudadanos norteamericanos fueron catalogados como INFERIORES y ESTERILIZADOS.

    Todo este ambiente pervivió durante mucho tiempo. En los '60, el que fuera presidente de la Asociación Psicológica Americana, Henry E. Garret, publicaba folletos con títulos tan significativos como: La degeneración de la herencia. En ellos se afirmaba que "la raza negra sufre un retraso de 200.000 años respecto de la raza blanca" y abogaban por mantener las prohibiciones matrimoniales interraciales.

    Basta echar un vistazo a las leyes matrimoniales de los diferentes estados norteamericanos, muchas de ellas vigentes hasta los '60, para entender lo arraigada que estaba la idea de una "comunidad racial". Lo más frecuente en estas leyes era la prohibición de los matrimonios interraciales.

    TAMBIÉN EN LA FRANCIA MODERNA

    Aunque el mito de la Ilustración hace creer que tras ésta empezó a triunfar el espíritu igualitario universalista en Francia, no es exactamente así. Voltaire, el mito de la Ilustración, no pudo sustraerse a un "ambiente racial" que dominó la cultura francesa y afirmaría: "observamos a los judíos con la misma mirada con la que miramos a los negros, o sea, como una raza inferior".

    Tras la Revolución ("francesa") el ideal de "igualdad" parecía dominar definitivamente la política francesa, pero ello no quita que frecuentemente aparecieran intelectuales que defendieran una "República aristocrática".
    Las constantes sacudidas revolucionarias desprestigiaron poco a poco la idea de "igualdad".

    Como reacción a la experiencia de 1848, Joseph Arthur De Gobineau escribio el Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas (1853). De Gobineau proponía que la desintegración política que estaba sufriendo Francia se debía a una crisis racial. Las razas eran, para él, la clave para entender la evolución de la historia. Más aún, el declinar de Europa se debía a que la raza "aria" había perdido su posición de dominio. De Gobineau pretendía que restaurando a los arios (los aristócratas) en Francia se podría reconstruir la República.

    Otro intelectual francés del XIX que alcanzó gran fama fue Georges Vacher de Lapouge. Escribió tres obras a finales del XIX para intentar demostrar que existían tres razas en Europa:
    - la raza aria (Homo europaeus), compuesta por individuos altos y rubios.
    - la raza alpina (Homo alpinus), de estatura media y pigmentación ligeramente morena, y
    - la raza mediterránea (Homo contractus) de estatura baja, color oscuro y pequeña cabeza.
    Este autor francés proponía que en la especie humana la selección natural de la que hablaba Darwin era sustituida por la selección social. Pero, añadía, este principio de selección estaba operando al revés ya que la raza aria se estaba extinguiendo rápidamente. Proponía, por tanto, impulsar una "aristocracia aria" que permitiera la preservación de sus cualidades innatas como únicor remedio para la degeneración de Europa.

    En el ambiente intelectual francés, a lo largo del XIX, surgieron otros muchos pensadores que mezclaron el darwinismo social, el racismo y el nacionalismo.

    Alfred Fouillée intentó conciliar el contrato social con el bioorganicismo, proponiendo que la sociedad era un "organismo contractual".

    Alfred Binet desarrolló, 1905, los test de inteligencia para intentar demostrar que las razas poseían diferentes cocientes intelectuales, aunque, todo sea dicho de paso, Binet otorgaba gran importancia también a las cuestiones ambientales.

    Gustave Le Bon en su famosa Psicología de las Masas usó el concepto de "raza" como factor explicativo.

    Pierre Proudhom, 1847, escribía sobre los judíos: "esta raza lo envenena todo al entrometerse por doquier. Exigid su expulsión de Francia ... El judío es el enemigo de la raza humana".

    Si bien en la Francia moderan no llegó a generarse un movimiento político racista consolidado, sí que estuvo latente en el ámbito cultural y científico. Además, fue parte de la cultura política, tanto en las derechas como en las izquierdas, el uso de los términos "civilizados" y "bárbaros" para establecer las distinciones oportunas entre el ciudadano francés y el indígena de las colonias.

    A inicios del XX el famoso Premio Nobel de medicina (1921) Alexis Carrel, antes de su conversión al cristianismo, escribió L'Homme, cet inconnu (la incógnita del hombre) que fue un éxito de ventas en toda Francia y en la que se defendía la eugenesia.

    Otro premio Nobel francés (1913) Charles Richet escribió La Sélection Humaine (la selección humana) donde proponía "la supresión de los anormales".

    Otro conocido médico francés, Charles Binet-Sanglé, en su ensayo Le Haras Humaine (el acaballadero humano) animaba a que "los malos progenitores se suiciden".

    OTROS RACISMOS OLVIDADOS

    El marxismo no se libró del ambiente de "racismo político" que dominaba la intelectualidad occidental. En la revista dirigida por Marx, Neu Rheinische Zeitung (Nueva Gaceta Renana), Engels defendió la eliminación de los pueblos como los serbios, bretones, vascos y los escoceses, en cuanto que vetustos restos de "pueblos moribundos".

    La idea es repetida por Marx en su obra Revolución y Contrarrevolución en Alemania. Y en su primer ensayo: Sobre la Cuestión Judía (1844), Marx (también judío como Engels) afirma que el judaísmo significa codicia y culto al dinero, por tanto, el triunfo del comunismo "haría imposible al judío". No son afirmaciones accidentales, salpican los escritos de los fundadores del marxismo. Engels en las notas preparatorias del Anti-Dühring afirma que la superioridad de la raza blanca es un dato "científico".

    Y Marx es el típico ejemplo del denominado síndrome del "auto-odio judío". Fenómeno que surge en el XIX y se prolonga durante la primera mitad del XX. Muchos judíos europeos, ante la pérdida de sus raíces culturales y religiosas generaron una aversión hacia lo judío que raya con las posturas más racistas conocidas. Hay casos paradójicos como el de Arthur Trebitsch, periodista alemán que abandonó su religión y acabó apoyando al nazismo. Escribió un alegato anti judío que fue usado por los nazis austríacos como propaganda. De hecho, se llegó a constituir en Alemania una Organización de Judíos Nacional-Alemanes, para apoyar al nazismo.

    Otro caso dramático fue el del judío Otto Weinigner que se suicidó tras publicar su tesis doctoral titulada Sexo y Carácter. Uno de los alegatos antifeministas y antisemitas más contundentes de los que se conocen.

    En 1968, e historiador marxista Isaac Deutscher publicaba El Judío No-Judaico, obra en la que reflexiona sobre el fenómeno de los judíos anti-judíos.

    Otras formas de racismo no denunciado se encuentran en la vida y obra de Margaret Sanger, "mujer rebelde" que es muy conocida en ciertos ambientes feministas por ser una de las grandes impulsoras las políticas de planificación familiar. Fundadora de la Planned Parenthood (Paternidad Planificada), una organización que actualmente tiene una gran influencia en organismo internacionales. Y que también escribió obras como The Pivot of Civilization (el pivote de la civilización) o Woman and the New Race (la mujer y la nueva raza).

    Sanger, norteamericana de origen irlandés humilde, pasó a casarse con un millonario, lo que le permitió manejar una verdadera fortuna lo que no impidió que se definiera socialista y pasar toda la vida fundando periódicos, dictando conferencias y luchando para que se aplicaran políticas de control de la natalidad con fines "terapéuticos" y "eugenésicos". Una de las revistas que más promocionó en los '30 fe la Birth Control Review (Revista del control de natalidad). Por su intermediación, en la revista colaboró, habitualmente, Ernst Rudin, director del programa nazi de experimentos médicos. La publicación, editada en EEUU, colaboraron asiduamente articulistas alemanes nazis.

    En 1931 Sanger fundó la Asociación de Población de América, y nombró director a Henry Pratt Fairchild, uno de los profesores racistas más conocidos en su época.

    En 1932 diseñó un Plan por la Paz, proponiendo la esterilización obligatoria, la segregación e incluso la concentración en campos especiales de las razas "genéticamente inferiores".

    De sus conferencias, obras y escritos podríamos recoger un elenco de afirmaciones que competirían con los escritos más racistas imaginables. Por ejemplo:
    - "el acto más piadoso que puede hacer una familia numerosa por uno de sus hijos es matarlo" (1920);
    - "la caridad no hace más que prolongar la miseria de los ineptos" (1922).
    - "ninguna mujer, y ningún hombre, tendrán derecho a ser madre, o padre, sin un permiso de procreación (1934), etc. etc.
    Todo escrito y publicado en países democráticos.

    Y LA HIGIENE RACIAL LLEGA A ALEMANIA.

    A finales del XIX el espíritu de Galton también llegaba a Alemania. En 1895 Alfred Ploetz publicaba una obra titulada: The Excellence of Our Race and the Protection of the Weak (la excelencia de nuestra raza y la protección del débil). Trataba de demostrar que el humanitarismo no consistía en proteger a los más débiles. El humanitarismo auténtico había que aplicarlo a la "raza".

    El industrial Alfred Krupp pronto se dio cuenta de la importancia de la eugenesia aplicada a la economía y la industria. Las políticas eugenésicas permitirían mejorar la "calidad" de los obreros. La familia Krupp realizó un concurso abierto para recompensar el trabajo científico que contestara mejor a la pregunta ¿Qué nos enseña la teoría de la evolución respecto al desarrollo político interno y la legislación de los Estados?

    La convocatoria contó con numerosas aportaciones, pero durante tres años el premio se declaró desierto. Por fin se concedió el galardón a "ilhelm Schallmayer, un intelectual bávaro que defendía que el "progreso social" no podía depender de la "selección natural". El Estado debía controlar dicha "selección natural" con políticas públicas. Entre las recomendaciones prácticas instaba a que se estableciera un sistema de asesoramiento (Eheberatung) y un examen prematrimonial. Los médicos serían los últimos responsables de aprobar los matrimonios que reunieran las condiciones adecuadas para mantener la "raza sana".

    A inicios del XX, el clima científico y político alemán ya estaba maduro para empezar a aprobar leyes eugenésicas.

    En 1902 se funda la Revista Político-Antropológica, cuyo objetivo era otorgar fundamento científico y biológico a las propuestas políticas.

    En 1904, Alfred Ploetz fundaba la revista Archivo de Biología Social y Racial.

    En 1905 surgieron las primeras asociaciones de higienistas raciales y sociobiológos.

    En 1914 ya habían pedido al gobierno que aprobase leyes eugenésicas.

    El estallido de la IGM truncó estas decisiones. Tras la derrota alemana, los sociobiólogos encontraron argumentos para "demostrar" por qué se había perdido la guerra: el "pueblo" alemán estaba sufriendo una degeneración biológica que se debía remediar urgentemente. Las políticas eugenésicas eran el camino.

    LA REPÚBLICA DE WEIMAR TAMBIÉN FUE GENOCIDA

    Los legisladores democráticos de la República de Weimar aceptaron los argumentos de la degeneración racial. En enero de 1920 fue aprobada en el Parlamento democrático la Ley de asesoramiento matrimonial. En todas las oficinas gubernamentales encargadas de conceder las licencias matrimoniales se repartían folletos en los que se avisaba sobre los peligros de las enfermedades hereditarias, la debilidad mental y las enfermedades mentales. Además, la ley, exigía el examen prematrimonial obligatorio y el médico podía desaconsejar el matrimonio. Se establecía así un claro precedente en el que se asumía la primacía de la salud del "Wolk" (pueblo) sobre el individuo.

    También en 1920 se inicia en Alemania un debate sobre la conveniencia de eliminar a los pacientes que se consideren indignos de vivir. El motivo de este debate es la publicación The Release and Destruction of Lives Devoid of Value (la liberación y destrucción de vidas desprovistas de valor) de Karl Binding y Alfred Hoche.

    Cuatro años antes de que Hitler escribiera el Mein Kampf (mi lucha), estos profesores universitarios defendían que el Estado debía autorizar el asesinato de los "devaluados". Hoche era profesor de psiquiatría en la Universidad de Friburgo y Binding era profesor de jurisprudencia de la Universidad de Leipzig. Este último defendía que aunque se cometieran errores de juicio o diagnóstico, a la hora de decidir qué enfermo se debía matar, había que aceptarlo como un "mal menor".

    La crisis de la República de Weimar, la extensión de la pobreza y la carencia de las ayudas de la Administración a los enfermos e incapacitados, permitió que las ideas eugenésicas fueran vistas con simpatía. en 1923 el delegado médico gubernamental del distrito de Zwickan (Sajonia) se convirtió en uno de los máximos defensores de la esterilización eugenésica de los "no aptos para la reproducción", el concepto incluía: sordomudos, ciegos, locos, madres solteras y delincuentes.

    En carta al Ministro del Interior le solicitaba que se promulgara una ley de esterilización eugenésica. El argumento era que en los EEUU ya se había implantado hacía tiempo. El Gobierno alemán se puso en contacto con su embajada en Washington para investigar si era cierto. El informe emitido por la embajada constataba que la eugenesia se aplicaba ya en 24 Estados de la Unión.

    El nacionalsocialismo pudo aprobar nuevas leyes eugenésicas y aplicar la eutanasia en la medida en que el cuerpo legislativo de Weimar ya había abonado el terreno. El ambiente social en toda Alemania (EEUU y Europa) pero especialmente la comunidad científica alemana (e internacional) daba su visto bueno.

    En 1931, dos años antes de que Hitler ascendiera al poder, la revista Archivos de Biología Racial y Social defendía a Hitler como el único líder político capaz de solucionar el problema de la higiene racial.

    LOS NUEVOS RACISMOS ENCUBIERTOS

    Tras la IIGM el mundo académico evitó usar todo tipo de argumentos que pudieran sonar a nazismo. Sin embargo, de forma paulatina y sutil, en los '70 volvían a retomarse las ideas que habían triunfado a inicios del XX.

    Un hito de este nuevo despertar es la obra de Edward O. Wilson: Sociobiology; The New Synthesis (1975). Para Wilson, "el único imperativo ético concebible es la supervivencia del patrimonio genético de la humanidad". De aquí a la recuperación de las tesis genocidas y eugenésicas sólo había un paso. Obras posteriores de Wilson intentan demostrar que nuestros comportamientos están determinados genéticamente y que apenas difiere el comportamiento humano del de los insectos.

    En los '80 la sociobiología causaba furor en el mundo académico y a ella se sumaron personajes como William Shockley (Premio Nobel de Física) que propone la esterilización de personas con bajo coeficiente intelectual, el también Premio Nobel, Francis Crick que solicitaba realizar pruebas genéticas a los recién nacidos antes de conferirles el estatus de "hombre".

    A Wilson le han salido discípulos como Richard Dawkins y su obra: El Gen Egoísta en la que se reinterpreta al hombre como un ser subordinado a la supervivencia genética.

    Sin darnos cuenta el mundo científico e intelectual ha ido asumiendo TODOS los principios y presupuestos que cuando en su día fueron aplicados por el nazismo horrorizan. Ahora encubiertos bajo apariencia de ciencia y democracia están dispuestos para aceptarse sin temor ni reparos intelectuales.
    Kontrapoder y Rodrigo dieron el Víctor.

  14. #14
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Se ha argumentado en favor del racismo con unas palabras de Onésimo Redondo. Pero se está ignorando el contexto: la palabra raza no siempre tenía connotaciones biológicas. En aquella se época se utilizaba un lenguaje que hoy puede sonar racista pero que entonces no lo era. La verdadera posición de Onésimo Redondo (que además de falangista, era de la ACNP) queda clara en este artículo de 1935:

    Nuestra aversión

    Pero la independencia de nuestra española contextura y la reciedumbre de nuestro catolicismo nos mandan vivir frente a otros aspectos del complejo hitleriano con no menos severidad en esto que en lo otro entusiasmo.

    Hablamos concretamente del extravío filosófico, de la aberración cultural racista llevada a los extremos de doctrina y aplicaciones que personifica su más conocido fanático Rosenberg.

    Por estimar que la salvadora revolución alemana del nacionalsocialismo es muy superior en contenido y fines al racismo propiamente dicho, es por lo que creemos en la dignidad y el mérito ante la civilización y el mundo cristiano- de esa revolución. No es pequeño servicio a la cultura occidental el haber resucitado la unidad alemana, hundiendo en el centro de Europa el avance fatídico de la barbarie roja.

    Pero, como decía el cardenal Faulhaber, si mal no recordamos, para nada serviría haber salvado a un gran pueblo de ese paganismo, si a seguido caen los salvadores y con ellos el pueblo en otro paganismo: el de la herejía racista.

    Somos por tradición y por principio diametralmente opuestos a ese extravío filosófico: Extravío que supondría, llevado a sus últimas consecuencias, el derecho de los diversos pueblos de todos los continentes a encerrarse en sus errores, en sus bajezas y en su postración ancestral. El África bereber o numídica y el Asia arábiga buscarían quizá como ideal eterno conforme a la doctrina racista permanecer en el infierno ideológico y moral de Mahoma. Del que tampoco cuida de sacar a esos pueblos el positivismo anglofrancés que los sojuzga. El Asia propia y la India inmensa tendrán como destino según la ideologia racista recluirse en su anonadamiento oriental, por respetar eternamente las desgraciadas creaciones de su cultura quince o treinta veces centenaria.

    Y posiblemente las naciones españolas del continente nuevo habrían de buscar su ruta futura en las tinieblas de su progenie azteca, araucana o caribe...Tantas razas como prados de latitud.

    Todo lo contrario es la visión del mundo simbolizada en nuestro haz de flechas recogido del escudo isabelino. Nuestra Isabel, la abuela de Carlos V no era racista ni lo fue el emperador. Al contrario: su insuperable figura histórica, agigantada por días, resume ante el mundo el afán superior de reunir a todas las razas en una comunidad de Fe y Destino".

    Onésimo Redondo, Libertad, Año V, 28 de Enero de 1935.
    Última edición por Kontrapoder; 15/11/2018 a las 19:15
    Rodrigo, Hyeronimus y Pious dieron el Víctor.
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

  15. #15
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Cita Iniciado por Kontrapoder Ver mensaje
    Se ha argumentado en favor del racismo con unas palabras de Onésimo Redondo. Pero se está ignorando el contexto: la palabra raza no siempre tenía connotaciones biológicas. En aquella se época se utilizaba un lenguaje que hoy puede sonar racista pero que entonces no lo era. La verdadera posición de Onésimo Redondo (que además de falangista, era de la ACNP) queda clara en este artículo de 1935:
    No dispongo de mucho tiempo últimamente y me he leído las últimas aportaciones por encima, pero me ha llamado la atención esto.

    Cuando uno busca este artículo en internet, solo aparece en dos sitios: el foro de Corazón Español, y este hilo de burbuja: https://www.burbuja.info/inmobiliari...ndo-texto.html

    En los dos dicen haberlo hallado en un foro falangista desaparecido (la cita, dicen, ni siquiera está verificada), pero ninguno aporta un enlace de dicho foro (se puede comprobar en páginas como Wayback Machine si está guardado el texto). Si alguien tiene dicho enlace agradecería que lo pusiese.

    Al margen de eso, lo que dice Kontrapoder es interesante, y en lo cual estoy de acuerdo: la palabra raza no era usada con connotaciones biológicas, sino que era entendida como algo espiritual, tal y como decían Maeztu o el cardenal Gomá. Esto también podría aplicarse al mestizaje, que no debería entenderse necesariamente desde un punto de vista biológico o racial, sino en un sentido más amplio y elevado, al mestizaje cultural fruto del descubrimiento y evangelización de América. Un mestizaje mucho más inclusivo, pues no incumbe solo a los mestizos, sino que también son partícipes de él indios, criollos y negros, todos unidos bajo el signo de la cruz. Si la raza es entendida desde este punto de vista, no es indispensable un mestizaje biológico para que todos ellos se sintieran compatriotas y parte de esta unidad de destino en lo universal. Sin embargo, coincido con Alfonso VIII en que la importancia de la sangre, aún no siendo lo principal, no debe desmerecerse. La Hispanidad no hubiera surgido de igual forma de haber venido los aztecas o los incas a la Península, y probablemente ni siquiera hubiera surgido.

    Tampoco entiendo que se tache al racismo de «germánico» o «anglosajón» como algo contrapuesto a lo católico, ¿donde encasillaríamos en este caso a Carlos V o a Chesterton? ¿Son términos excluyentes?

    En cuanto a la solución al problema demográfico español, es más simple de lo que parece: volver a nuestra fe, casarnos, y formar familias tradicionales numerosas nosotros. No seamos tan vagos y tan cómodos de esperar que este trabajo lo hagan quechuas, fineses, tagalos o persas. Es más, tolerar esto sería aceptar nuestra propia muerte como pueblo de manera indolente e irresponsable.

    Por otra parte, veo muchas alusiones al sistema de castas de la India, creo que desconocéis que Portugal lo mantuvo en Goa (únicamente cristianizando las castas):

    Católicos são presos na Índia após cantarem músicas de Natal

    Saludos en Xto.
    Última edición por ReynoDeGranada; 16/11/2018 a las 15:50
    Trifón, AlfonsoVIII y Agustín Acuña dieron el Víctor.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
    𝕽𝖆𝖒𝖎𝖗𝖔 𝕷𝖊𝖉𝖊𝖘𝖒𝖆 𝕽𝖆𝖒𝖔𝖘

  16. #16
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Este hilo de Twitter, bastante interesante, explica las diferencias entre las colonizaciones hispánica y anglosajona que llevaron a que hoy en Hispanoamérica hayan muchos más mestizos que en las excolonias británicas: https://mobile.twitter.com/OptimateS...56133471117312

    Saludos en Xto.
    AlfonsoVIII dio el Víctor.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
    𝕽𝖆𝖒𝖎𝖗𝖔 𝕷𝖊𝖉𝖊𝖘𝖒𝖆 𝕽𝖆𝖒𝖔𝖘

  17. #17
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Cita Iniciado por ReynoDeGranada Ver mensaje
    No dispongo de mucho tiempo últimamente y me he leído las últimas aportaciones por encima, pero me ha llamado la atención esto.

    Cuando uno busca este artículo en internet, solo aparece en dos sitios: el foro de Corazón Español, y este hilo de burbuja: https://www.burbuja.info/inmobiliari...ndo-texto.html

    En los dos dicen haberlo hallado en un foro falangista desaparecido (la cita, dicen, ni siquiera está verificada), pero ninguno aporta un enlace de dicho foro (se puede comprobar en páginas como Wayback Machine si está guardado el texto). Si alguien tiene dicho enlace agradecería que lo pusiese.
    El artículo se puede verificar acudiendo a alguna hemeroteca que tenga el periódico Libertad. Pero puedes encontrar citados varios párrafos de dicho artículo en el siguiente libro de Erik Norling:

    Delenda est Israel: el fascismo fundacional español y la cuestión judía
    Erik Nörling
    Madrid : Barbarroja, 2001. ISBN 84-87446-36-1

    En cualquier caso, hay decenas de artículos de la Falange anterior y posterior al Alzamiento que van en el mismo sentido e incluso hacen afirmaciones más radicales. Dentro de la "derecha", nadie adoptó un enfoque racista en España hasta la muerte de Franco.
    Pious dio el Víctor.
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

  18. #18
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Ciertamente, como bien ha señalado Isidorus, no fue ningún inglés el primero en proponer llevar esclavos negros al Nuevo Mundo (....)
    Tristemente, el culmen de la esclavitud, en el sentido más auténtico y "tradicional" del término es África. Es la esclavitud del hombre negro sobre el hombre negro (expresión que molestará mucho a los BUENISTAS). Esos que con una descolonización precipitada, progresista, "emancipadora", "humanista" y todos los términos paramasónicos que se quieran poner, la impulsaron hacia el final de la II Guerra Mundial y especialmente en los décadas de los 50, 60 y 70 en Naciones Unidas, son los responsables de la anarquía y el desastre humano que asola todo el continente, y que rara vez ha sido superado.

    Ahora Occidente pagará el precio de su desidia política-moral y su discurso "descolonizador" unido a su mero interés económico por dichas tierras; habiéndolas dejado en manos de analfabetos sátrapas y antropófagos[1] (a veces en el sentido literal) que hacían tratos con las grandes corporaciones; cuando no se echaban en manos del comunismo internacional o (actualmente) del fundamentalismo islámico.

    [1] Recuérdese el caso, por ejemplo, del "emperador" centroafricano Bokassa.
    Última edición por DOBLE AGUILA; 18/11/2018 a las 01:30

  19. #19
    Avatar de Valmadian
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    Re: Racismo y Catolicismo

    Retomando el hilo conductor del tema -racismo y Catolicismo-, que parece haberse ido en una suma de expresiones personales, enlaces a sitios cuyo peso es nulo, etc., etc., lo que sigue es la expresión viva de lo que la Iglesia expresa sobre el racismo, comenzando que es un pecado. No es igual mantener posturas defensivas de aquello que es propio, pero siempre desde el respeto a los otros, que justificar posiciones injustas que pueden llevar al odio y a la violencia, tal como cada vez con mayor intensidad y extensión se está pudiendo comprobar. Ese camino no lleva más que al abismo, y experiencias sobre ello las ha habido más que suficientes. No obstante, nada impide sentir más o menos simpatías, o disgusto, por esto o aquello, pero siempre dentro de la razón y no bajo teorías pseudocientíficas que no han aportado nada a la Humanidad. https://es.wikipedia.org/wiki/Racismo_cient%C3%ADfico



    PONTIFICIA COMISIÓN «IUSTITIA ET PAX»

    LA IGLESIA ANTE EL RACISMO

    PARA UNA SOCIEDAD MÁS FRATERNA


    1. Introducción

    Los prejuicios o las conductas racistas siguen empañando las relaciones entre las personas, los grupos humanos y las naciones. La opinión pública se conmueve siempre más. Y la conciencia moral no puede de ninguna manera aceptar tales prejuicios o conductas.

    La Iglesia es particularmente sensible a las actitudes discriminatorias: el mensaje que ella recibe de la Revelación bíblica afirma vigorosamente la dignidad de cada persona creada a imagen de Dios, la unidad del género humano en el designio del Creador y la dinámica de la reconciliación realizada por el Cristo Redentor, quien ha derribado el muro de odio que separaba los mundos contrapuestos [1] para recapitular en sí la humanidad entera.

    En virtud de esto, el Santo Padre ha confiado la Pontificia Comisión «Iustitia et Pax» la misión de ayudar a esclarecer y estimular las conciencias acerca de esta cuestión capital: el recíproco respeto entre los grupos étnicos y raciales y su convivencia fraterna. Esto supone a su vez un lúcido análisis de ciertos hechos complejos del pasado y del presente y una apreciación imparcial de las deficiencias morales o las iniciativas positivas, a la luz de los principios éticos fundamentales del mensaje cristiano.

    Cristo ha denunciado el mal, incluso con riesgo de su vida; lo ha hecho no para condenar, sino para salvar.

    A ejemplo suyo, la Santa Sede siente el deber de estigmatizar proféticamente las situaciones condenables, pero se cuida bien de condenar o excluir las personas; querría en cambio ayudarlas a verse libre de esas situaciones mediante un esfuerzo determinado y progresivo. Desea, con realismo, animar la esperanza de una renovación que siempre es posible, y proponer orientaciones pastorales adecuadas, a los cristianos como a los hombres de buena voluntad, preocupados por conseguir los mismos fines.

    El presente documento se propone examinar ante todo el fenómeno del racismo en sentido estricto. No obstante, trata también ocasionalmente de algunas otras manifestaciones (actitudes conflictivas, intolerancia, prejuicios) en la medida en que tales manifestaciones están vinculadas al racismo o conllevan elementos racistas. A la luz de su tema central, el documento subraya así las conexiones existentes entre ciertos conflictos y los prejuicios raciales.

    PRIMERA PARTE

    LAS CONDUCTAS RACISTAS
    EN EL CURSO DE LA HISTORIA[78]


    2. Las conductas y las ideologías racistas no han comenzado ayer; hunden sus raíces en la realidad del pecado desde el origen del género humano, tal como la Biblia nos lo presenta con el relato acerca de Caín y Abel y de la Torre de Babel.

    Históricamente, el prejuicio racista en sentido estricto, en cuanto conciencia de la superioridad biológicamente de terminada de la propia raza o grupo étnico respecto de los otros, se ha desarrollado sobre todo a partir de la práctica de la colonización y la esclavitud, al principio de la época moderna. Si se mira, a ojo de águila, la historia de las civilizaciones precedentes, al Occidente como al Oriente, al Norte como al Sur, se encuentran ya comportamientos sociales injustos o discriminatorios, si bien no siempre racistas, en propiedad de términos.

    La antigüedad greco-romana, por ejemplo, no parece haber conocido el mito de la raza. Los griegos estaban ciertamente convencidos de la superioridad cultural de su civilización, pero no por eso consideraban los pueblos que llamaban «bárbaros» como inferiores por razones biológicas congénitas. No cabe duda que la esclavitud mantenía un número considerable de individuos en una situación deplorable, tenidos por «objetos» a disposición de sus dueños. Pero, originariamente, se trataba sobre todo de miembros de los pueblos sometidos por la guerra, no de grupos humanos despreciados por la raza.

    El pueblo hebreo, según atestiguan los libros del Antiguo Testamento, era consciente, a un grado único, del amor de Dios por él, manifestado bajo la forma de una alianza gratuita entre Dios y el pueblo. En ese sentido, objeto de la elección y de la promesa, era un pueblo aparte de los otros pueblos. Pero el criterio de la distinción era el plan de salvación que Dios despliega en el curso de la historia. Israel era considerado como la propiedad personal del Señor entre todos los pueblos.[2] El lugar de esos otros pueblos en la historia de la salvación no fue siempre bien percibido desde el principio, y a veces esos pueblos eran estigmatizados en la predicación profética, en la medida en que permanecían idólatras. Pero no fueron objeto ni de menosprecio ni de una maldición divina a causa de su diferencia étnica. El criterio de la distinción era religioso. Y un cierto universalismo comenzaba a ser entrevisto.

    Según el mensaje de Cristo, en orden al cual el pueblo de la Antigua Alianza debía preparar la humanidad, la salvación es ofrecida a la totalidad del género humano, a toda criatura y a todas las naciones.[3] Los primeros cristianos aceptaban de buen grado que se los considerara como el pueblo de la «tercera raza», conforme a una expresión de Tertuliano;[4] no ciertamente en sentido racial, sino en el sentido espiritual de nuevo pueblo, en el cual confluyen, reconciliadas por Cristo, las dos primeras razas humanas desde una óptica religiosa: los judíos y los paganos. Igualmente, la Edad Media cristiana distinguía los pueblos según criterios religiosos, en cristianos, judíos e «infieles». Y, a causa de ello, dentro de los límites de la Cristiandad, los judíos, testigos de un rechazo tenaz de la fe en Cristo, conocieron a menudo graves humillaciones, acusaciones y proscripciones.

    3. Con el descubrimiento del Nuevo Mundo, las actitudes cambian. La primera gran corriente de colonización europea es acompañada de hecho por la destrucción masiva de las civilizaciones precolombinas y por la sujeción brutal de sus habitantes. Si los grandes navegantes de los siglos XV y XVI eran libres de prejuicios raciales, los soldados y los comerciantes no practicaban el mismo respeto: mataban para instalarse, reducían a esclavitud los «indios» para aprovecharse de su mano de obra, como después de la de los negros, y se empezó a elaborar una teoría racista para justificarse.

    Los Papas no tardaron en reaccionar. El 2 de junio de 1537, la bula Sublimis Deus de Pablo III denunciaba a los que sostenían que «los habitantes de las Indias occidentales y de los continentes australes... debían ser tratados como animales irracionales y utilizados exclusivamente en provecho y servicio nuestro»; y el Papa afirmaba solemnemente: «Resueltos a reparar el mal cometido, decidimos y declaramos que estos indios, así como todos los pueblos que la cristiandad podrá encontrar en el futuro, no deben ser privados de su libertad y de sus bienes — sin que valgan objeciones en contra —, aunque no sean cristianos, y que, al contrario, deben ser dejados en pleno gozo de su libertad y de sus bienes».[5] Las directivas de la Santa Sede eran así de claras, incluso si, por desgracia, su aplicación conoció en seguida varias vicisitudes. Más tarde, Urbano VIII llegaría a excomulgar los que retuvieran a indios como esclavos.

    Por su parte, los teólogos y los misioneros habían asumido ya la defensa de los autóctonos. El compromiso decidido en favor de los indios de un Bartolomé de Las Casas, soldado ordenado sacerdote, luego profeso dominico y obispo, seguido pronto por otros misioneros, conducía los gobiernos de España y Portugal al rechazo de la teoría de la inferioridad humana de los indios y a la imposición de una legislación protectora, de la cual se beneficiarán también, de algún modo, un siglo más tarde, los esclavos negros traídos de África.

    La obra de De Las Casas es uno de los primeros aportes a la doctrina de los derechos universales del hombre, fundados sobre la dignidad de la persona, independientemente de toda afiliación étnica o religiosa. A su zaga, los grandes teólogos y juristas españoles, Francisco de Vitoria y Francisco Suárez, iniciadores del derecho de gentes, desarrollaron esta doctrina de la igualdad fundamental de todos los hombres y de todos los pueblos. Sin embargo, la estrecha dependencia en que el régimen del Patronato mantenía al clero del Nuevo Mundo no siempre permitió a la Iglesia tomar las decisiones pastorales necesarias.

    4. En el contexto del menosprecio racista, aunque la motivación dominante fuera la de procurarse mano de obra barata, no se puede dejar de mencionar aquí la trata de negros, tratados de África, por dinero, hacia las tres Américas, en centenares de miles. El modo de captura y las condiciones de transporte eran tales que un gran número desaparecía antes de la partida o antes de llegar al Nuevo Mundo, donde eran destinados a los trabajos más penosos prácticamente como esclavos. Ese comercio comenzó ya en 1562 y la esclavitud consiguiente perduró por casi tres siglos. Los Papas y los teólogos, como asimismo numerosos humanistas, protestaron contra esta práctica. León XIII la ha condenado con vigor en su Encíclica In plurimis del 5 de mayo 1888, felicitando al Brasil por haberla abolido. El presente documento coincide con el centenario de este texto memorable. El Papa Juan Pablo II no vaciló, en su discurso a los intelectuales africanos, en Yaoundé (13 de agosto 1985), en deplorar que personas pertenecientes a naciones cristianas hayan contribuido a la trata de negros.

    5. Preocupada siempre de mejorar el respeto a las poblaciones indígenas, la Santa Sede no ha dejado de insistir en que se mantuviera una cuidadosa distinción entre la obra de evangelización y el imperialismo colonial, con el cual se corría el peligro de verla confundida. La Sagrada Congregación de Propaganda Fide fue creada, en 1622, con esta inspiración. En 1659, la Congregación dirigía a los «vicarios apostólicos a punto de partir hacia los reinos chinos de Tonkín y la Cochinchina» una esclarecedora Instrucción acerca de la actitud de la Iglesia ante los pueblos a los que se abría ahora la posibilidad de anunciar el Evangelio.[6] Allí donde los misioneros permanecieron en una más estrecha dependencia de los poderes políticos, les fue más difícil poner freno a la voluntad de dominio de los colonizadores. A veces, los han incluso apoyado, recurriendo a interpretaciones falaces de la Biblia.[7]

    6. En el siglo XVIII, una verdadera ideología racista ha sido forjada, opuesta a las enseñanzas de la Iglesia, en contraste también con el empeño de algunos filósofos humanistas en pro de la dignidad y libertad de los esclavos negros, que eran entonces objeto de un desvergonzado comercio de considerables proporciones. Esta ideología creyó poder encontrar en la ciencia la justificación de sus prejuicios. Apoyándose en la diferencia de los rasgos físicos y en el color de la piel, entendía concluir a una diversidad esencial, de carácter biológico hereditario, a fin de afirmar que los pueblos sometidos pertenecían a «razas» intrínsecamente inferiores, en cuanto a sus cualidades mentales, morales o sociales. La palabra «raza» es utilizada por primera vez, a fines del siglo XVIII, para clasificar biológicamente los seres humanos. El siglo siguiente, esto condujo a interpretar la historia de las civilizaciones en términos biológicos, como una competencia entre razas fuertes y débiles, éstas genéticamente inferiores a las otras. La decadencia de las grandes civilizaciones se explicaría por su «degeneración», es decir, por la mezcla de razas que comprometía la pureza de la sangre.[8]

    7. Semejantes afirmaciones encontraron un eco considerable en Alemania. Es sabido que el partido totalitario nacional socialista erigió la ideología racista en fundamento de su programa clemencial, encaminado a la eliminación física de aquéllos que juzgaba pertenecer a «razas inferiores». El partido en cuestión se hizo responsable de uno de los más grandes genocidios de la historia. Su locura homicida hirió en primer término al pueblo judío, en proporciones inauditas; luego a otros pueblos, como los Gitanos y Tziganos, todavía a otras categorías de personas, como los lisiados o los enfermos mentales. Del racismo al eugenismo no había más que un paso, rápidamente franqueado.

    La Iglesia no ha dejado de alzar su voz.[9] El Papa Pío XI condenó sin ambages las doctrinas nazis en su encíclica Mit brennender Sorge, declarando que: «Quien toma la raza, o el pueblo o el Estado ... o cualquier otro valor fundamental de la comunidad humana... para separarlo de la escala de valores... y los diviniza por un culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden de las cosas creado y establecido por Dios».[10] El 13 de abril de 1938, el Papa hacía que la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades dirigiera a todos los rectores y decanos de Facultades una carta, imponiendo a todos los profesores de teología la obligación de refutar, según el método propio de cada disciplina, las seudo-verdades científicas con las cuales el nazismo intentaba justificar su ideología racista.[11] El mismo Pío XI preparaba, ya desde 1937, una gran encíclica sobre la unidad del género humano, que debía condenar el racismo y el antisemitismo. Fue sorprendido por la muerte antes de que pudiera publicarla. Su sucesor, Pío XII, incorporo algunos elementos en su primera encíclica Summi Pontificatus,[12] y sobre todo en el Mensaje de Navidad de 1942, donde afirmaba que entre los falsos postulados del positivismo jurídico «hay que incluir una teoría que reivindica para tal nación, tal raza, tal clase, el " instinto jurídico ", imperativo supremo y norma inapelable». Y el Papa lanzaba a la vez un llamado vibrante en favor de un orden social nuevo y mejor: «Este empeño, la humanidad lo debe a centenares de miles de personas, que sin la menor culpa de su parte, sino a veces simplemente porque pertenecen a tal raza o a tal nacionalidad, son destinadas a la muerte o a una progresiva consunción».[13] En la misma Alemania, hubo entonces una valiente resistencia del catolicismo, de la cual el Papa Juan Pablo II se ha hecho eco el 30 de abril de 1987,[14] con ocasión de su segundo viaje a ese país.

    La insistencia en el drama del racismo nazi no debe hacer caer en el olvido otras exterminaciones en masa de poblaciones, como los armenios al acabar la primera guerra mundial y, más recientemente, una parte importante del pueblo camboyano, por razones ideológicas.

    La memoria de los crímenes así cometidos no debe ser jamás cancelada: las jóvenes generaciones y las todavía por venir deben saber a qué extremos el hombre y la sociedad son capaces de llegar, cuando ceden al poder del desprecio y el odio.

    En Asia y África, hay todavía sociedades donde reina una muy neta división entre castas diferentes, así como otras estratificaciones sociales, de difícil superación. El mismo fenómeno de la esclavitud, otrora universal en el tiempo y en el espacio, no se puede considerar, por desgracia, del todo liquidado. Estas manifestaciones negativas, y muchas otras que se podría enumerar, si no dependen siempre de concepciones filosóficas racistas, en el sentido propio de la palabra, revelan no obstante la existencia de una tendencia bastante extendida e inquietante a servirse de otras criaturas humanas para los fines propios, y de ese modo, a considerarlas como de menor valor, y, por así decir, de inferior categoría.

    SEGUNDA PARTE

    FORMAS ACTUALES DEL RACISMO


    8. El racismo no ha desaparecido todavía; incluso se es testigo aquí y allá de inquietantes resurgimientos, que se presentan bajo formas diferentes, espontáneas, oficialmente toleradas o institucionalizadas. En efecto, si las situaciones de segregación, fundadas sobre teorías raciales son, al presente, en el mundo, una excepción, no se puede decir lo mismo de ciertos fenómenos de exclusión o de agresividad, de los cuales son víctimas ciertos grupos de personas, cuya apariencia física, características étnicas, culturales o religiosas, difieren de las propias del grupo dominante, y son por él interpretadas como indicios de una inferioridad innata y definitiva, apta a justificar cualquier práctica discriminatoria respecto de ellos. Pues, si la raza define un grupo humano en función de ciertos rasgos físicos inmutables y hereditarios, el prejuicio racial, que dicta los comportamientos racistas, puede extenderse, con los mismos efectos negativos, a todas las personas cuyo origen étnico, lengua, religión y costumbres señalan como diversas.

    9. La forma más patente de racismo, en sentido propio, que se presenta hoy día, es el racismo institucionalizado, sancionado todavía por la constitución y las leyes de un país y justificado por una ideología de superioridad de las personas de origen europeo sobre las de origen africano, indio o «de color», a veces sustentada por una interpretación aberrante de la Biblia. Es el régimen de apartheid o del «separate development». Este régimen se caracteriza, desde tiempo atrás, por una segregación radical, en varias manifestaciones de la vida pública, entre las poblaciones negra, mestiza, india y blanca. Esta última, aunque minoritaria numéricamente, es la única que detenta el poder político y se considera dueña de la inmensa mayoría del territorio. Todo sudafricano es definido por una raza que le es atribuida reglamentariamente. Si bien en los últimos años, se han dado algunos pasos en dirección de una reforma, la mayoría de la población negra permanece excluida de la real representación en el gobierno nacional y no disfruta de la ciudadanía sino de nombre. Muchos son asignados a «homelands» poco viables, que son además económica y políticamente dependientes del poder central. La mayoría de las Iglesias cristianas del país han denunciado la política de segregación. La comunidad internacional [15] y la Santa Sede [16] se han pronunciado también enérgicamente en el mismo sentido.

    Sudáfrica es un caso extremo de una concepción de la desigualdad de las razas. La prolongación del estado de represión del cual es víctima la población mayoritaria es cada vez menos tolerada. Esto conlleva, entre los que son así oprimidos, un germen de reflejos racistas tan inaceptables como aquéllos que hoy padecen. Por esta razón es urgente superar el abismo de los prejuicios, a fin de construir el futuro sobre los principios de la igual dignidad de todos los hombres. La experiencia ha podido mostrar, en otros casos, que evoluciones pacíficas son posibles en este terreno. La comunidad sudafricana y la comunidad internacional deben poner por obra todos los medios para favorecer un diálogo correcto entre los protagonistas. Es importante desterrar el miedo que provoca tanta rigidez. Es importante igualmente evitar que los conflictos internos sean explotados por otros, en detrimento de la justicia y la paz.[17]

    10. En un cierto número de países, subsisten todavía formas de discriminación racial respecto de las poblaciones aborígenes, las cuales no son, en muchos casos, más que los restos de la población original de esas regiones, sobrevivientes de verdaderos genocidios, realizados en otro tiempo por los invasores o tolerados por los poderes coloniales. Y no es raro que esas poblaciones aborígenes resulten marginadas respecto al desarrollo del país.

    En varios casos, la suerte que les cabe se acerca, de hecho sino de derecho, a los regímenes segregacionistas, en la medida en que quedan acantonadas en territorios estrechos y sometidos a estatutos que los nuevos ocupantes les han otorgado, casi siempre por un acto unilateral. El derecho de los primeros ocupantes a una tierra, a una organización social y política que preserve su identidad cultural, aún en la apertura a los demás, les debe ser garantizado. A este respecto, la justicia requiere que, acerca de las minorías aborígenes a menudo exiguas como número, dos escollos opuestos sean evitados: por una parte, que se las acantone en reservas como si debieran habitar en ellas para siempre, replegadas hacia su pasado; y por la otra, que se las someta a una asimilación forzada, sin consideración de su derecho a mantener una identidad propia. Ciertamente, las soluciones son difíciles: la historia no puede ser re-escrita. Pero se puede encontrar formas de convivencia que tomen en cuenta la vulnerabilidad de los grupos autóctonos y les brinde la posibilidad de ser ellos mismos en el contexto de conjuntos más amplios, a los que pertenecen con pleno derecho. La integración más o menos intensa en la sociedad circunstante debe poder realizarse conforme a su elección libre.[18]

    11. Otros Estados conservan, en diverso grado, restos de una legislación discriminatoria, que limita apreciablemente los derechos civiles y religiosos de aquéllos que pertenecen a minorías de religión diferente, miembros en general de grupos étnicos diversos de aquél al cual pertenece la mayoría de los ciudadanos. En razón de tales criterios religiosos y étnicos, los miembros de esas minorías, aún si se les otorga hospitalidad, no pueden obtener, en el caso de que la solicitaran, la ciudadanía del país donde residen y trabajan. Sucede también que la conversión a la fe cristiana comporta la pérdida de la ciudadanía. Estas personas son siempre, en todo caso, ciudadanos de segunda categoría, en cuanto concierne, por ejemplo, la educación superior , el alojamiento , el empleo , especialmente en los servicios públicos y la administración de las comunidades locales. En este contexto se debe mencionar también aquellas situaciones en que, en un mismo país, se impone a otras comunidades la propia ley religiosa con sus consecuencias en la vida diaria, como por ejemplo la «sharia» en algunos estados de mayoría musulmana.

    12. De manera general, hay que mencionar aquí el «etnocentrismo», actitud bastante difundida, según la cual un pueblo tiende naturalmente a defender su identidad, denigrando la de otros, hasta el extremo de negarles, simbólicamente al menos, la cualidad humana. Semejante conducta responde sin duda a una instintiva necesidad de proteger los propios valores, creencias y costumbres, percibidos como puestos en peligro por los demás. Se ve a qué consecuencias extremas puede llevar ese sentimiento, si no es purificado y relativizado por la apertura recíproca, por la información objetiva y el mutuo intercambio. El rechazo de la diversidad puede conducir hasta aquélla forma de aniquilación cultural, que los etnólogos llaman «etnocidio», la cual no tolera la presencia del otro si no en cuanto se deja asimilar a la cultura dominante.

    Rara vez las fronteras políticas de un país coinciden exactamente con las de los pueblos, y casi todos los Estados, sean ellos de constitución antigua o reciente, conocen el problema de minorías alógenas instaladas dentro de las propias fronteras. Cuando los derechos de las minorías no son respetados, los antagonismos pueden tomar el aspecto de conflictos étnicos y generar reflejos racistas y tribales. De este modo, el fin de regímenes coloniales y de situaciones de discriminación racial no ha traído siempre consigo el ocaso del racismo en los nuevos Estados independientes de África y de Asia. Dentro de las fronteras artificiales, heredadas de las potencias coloniales, la cohabitación entre grupos étnicos de tradiciones, lenguas, culturas, incluso religiones diferentes, choca a menudo con el obstáculo de una hostilidad recíproca de tipo racista. Las oposiciones tribales ponen a veces en peligro, si no la paz, al menos la búsqueda del bien común al conjunto de la sociedad, creando así dificultades a la vida de las Iglesias y a la acogida de pastores de otro origen étnico. Incluso cuando las Constituciones de esos países afirman formalmente la igualdad de todos los ciudadanos entre sí y ante la ley, no es extraño que unos grupos étnicos dominen a otros y les rehúsen el pleno disfrute de sus derechos.[19] A veces, estas situaciones de hecho han desembocado en conflictos sangrientos, siempre presentes a la memoria. Otras veces todavía, los poderes públicos no dudan en aprovechar las rivalidades étnicas como diversivo de sus dificultades internas, con gran detrimento del bien común y de la justicia que están llamados a servir.

    Es importante subrayar aquí que se dan situaciones análogas, cuando, por razones complejas, poblaciones enteras son mantenidas en estado de desarraigo, refugiadas fuera del país donde estaban legítimamente instaladas, a menudo carentes de techo, y en todo caso, sin patria; o bien, cuando, residentes en la propia tierra, se encuentran en condiciones humillantes.[20]

    13. No es exagerado afirmar que, dentro de un mismo país y de un mismo grupo étnico, pueden darse formas de racismo social, cuando, por ejemplo, inmensas masas de campesinos pobres son tratados sin ninguna consideración por su dignidad y sus derechos, expulsados de sus tierras, explotados y mantenidos en un estado de inferioridad económica y social por propietarios omnipotentes, que gozan además de la inercia o la activa complicidad de las autoridades. Son nuevas formas de esclavitud, frecuentes en el Tercer Mundo. No hay mucha diferencia entre aquéllos que consideran inferiores a otros hombres por razón de su raza, y aquéllos que tratan como inferiores a sus propios conciudadanos cuya mano de obra explotan. Es necesario que, en este caso, los principios de justicia social sean eficazmente aplicados. Se evitará así entre otras cosas, que las clases demasiado privilegiadas lleguen a abrigar sentimientos propiamente «racistas» hacia los propios conciudadanos y encuentren en ello un pretexto más para mantener estructuras injustas.

    14. Más universal y más extendido, sobre todo en países de fuerte inmigración, es el fenómeno del racismo espontáneo, que es dable observar entre los habitantes de esos países respecto de los extranjeros, especialmente cuando éstos se distinguen por su origen étnico y su religión. Los prejuicios con los cuales estos inmigrantes son con frecuencia recibidos, corren el riesgo de desencadenar reacciones que se pueden manifestar al principio por un nacionalismo exacerbado, más allá del legítimo orgullo por la propia patria e incluso de un superficial chauvinismo, degenerando después fácilmente en xenofobia o incluso en odio racial. Tales actitudes reprensibles nacen de un temor irracional, provocado a menudo por la presencia del otro y la necesidad de confrontarse con lo diverso. El objetivo expreso o implícito que las inspira es la negación al otro del derecho a ser lo que es, y en todo caso del serlo «entre nosotros». Puede haber, sin duda, problemas de equilibrio de poblaciones, de identidad cultural y de seguridad. Pero deben ser resueltos en el respeto del otro, con la confianza también en la riqueza que aporta la diversidad humana. Ciertos grandes países del Nuevo Mundo han recibido un aumento de vitalidad de ese crisol de culturas. Por el contrario, el ostracismo y los múltiples vejámenes de los cuales son a menudo víctima refugiados o inmigrantes, exigen reprobación, mientras tienen como resultado el empujarles a estrechar sus filas, a vivir por así decir en un ghetto; y esto a su vez retrasa su integración en la sociedad que los ha recibido, desde el punto de vista administrativo, pero no de manera plenamente humana.

    15. Entre las manifestaciones de desconfianza racial sistemática, es preciso volver aquí explícitamente sobre el antisemitismo. Ha sido ciertamente la forma más trágica que la ideología racista ha asumido en nuestro siglo, con los horrores del «holocausto» judío,[21] pero por desgracia no ha desaparecido todavía del todo. Parece, en efecto, que algunos no hubieran aprendido nada de los crímenes del pasado: hay organizaciones que alimentan, mediante ramificaciones en numerosos países, el mito racista antisemita, con el apoyo de una red de publicaciones. En estos últimos años, se han multiplicado los actos de terrorismo que tienen por mira personas y símbolos judíos y muestran la radicalización de esos grupos. El antisionismo — de otro orden, ya que consiste en una contestación del Estado de Israel y su política — sirve a veces de cobertura al antisemitismo, se nutre de él y lo promueve. Además, ciertos países aducen pretextos seudo-jurídicos y ponen restricciones a una libre emigración de los judíos.

    16. Un temor difuso ante la posible aparición de nuevas formas, todavía desconocidas, de racismo, se expresa ocasionalmente a propósito del uso que se podría hacer de las «técnicas de procreación artificial», con la fecundación in vitro y las posibilidades de manipulación genética. Si bien tales temores se inspiran en parte todavía de hipótesis, no dejan de llamar la atención de la humanidad sobre una nueva inquietante dimensión del poder del hombre sobre el hombre, y en consecuencia, sobre la urgencia de la ética correspondiente. Es necesario que el derecho determine, cuanto antes, barreras infranqueables, a fin de que esas «técnicas» no caigan en manos de poderes abusivos e irresponsables, dedicados a «producir» seres humanos seleccionados según criterios de raza, u otras peculiaridades, cualesquiera sean. Se podría ser testigo as; del resurgimiento del funesto mito del racismo eugénico, cuyos efectos desastrosos el mundo ha ya padecido.[22] Un abuso parecido consistiría en evitar que vinieran al mundo seres humanos de tal o cual categoría social o étnica, mediante el recurso al aborto y a campañas de esterilización. Cuando se esfuma el respeto absoluto que se debe a la vida y a su transmisión, conforme a la voluntad del Creador, es de temer que desaparezca a la par todo freno moral al poder de los hombres, incluido el de elaborar una humanidad a la triste imagen de esos aprendices de brujo.

    A fin de rechazar con firmeza tales modos de proceder, y extirpar de nuestras sociedades las conductas racistas, cualesquiera fuesen, y las mentalidades que a ellas conducen, es necesario poseer profundas convicciones acerca de la dignidad de toda persona y de la unidad de la familia humana. La moral brota de estas convicciones. Las leyes pueden contribuir a la salvaguardia de las aplicaciones esenciales de la moral. Pero no bastan para cambiar el corazón del hombre. El momento llega, pues, de escuchar el mensaje de la Iglesia que estructura aquellas convicciones y les brinda su fundamento.

    TERCERA PARTE

    LA DIGNIDAD DE TODA RAZA
    Y LA UNIDAD DEL GÉNERO HUMANO. VISIÓN CRISTIANA

    17. La doctrina cristiana sobre el hombre se ha desarrollado a partir de la Revelación bíblica y a su luz, así como también en una incesante confrontación con las aspiraciones y experiencias de los pueblos. Es esta doctrina que ha inspirado las actitudes de la Iglesia, que hemos señalado ya, en el curso de la historia. Ha sido reiterada de manera clara y sintética, para nuestro tiempo, por el Concilio Vaticano II, en varios textos decisivos. El siguiente texto puede servir de ilustración: «La igualdad fundamental entre todos los hombres exige un reconocimiento cada vez mayor. Porque todos los hombres, dotados de alma racional y creados a imagen de Dios, tienen la misma naturaleza y el mismo origen. Y porque redimidos por Cristo, disfrutan de la misma vocación y de idéntico destino. Es evidente que no todos los hombres son iguales en lo que toca a la capacidad física y a las cualidades intelectuales y morales. Sin embargo, toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada, por ser contraria al plan divino»,[23]

    Esta enseñanza es reiterada a menudo por los Papas y los obispos. Así, Pablo VI precisaba ante el cuerpo diplomático: «Para quien cree en Dios, todos los seres humanos, incluso los menos favorecidos, son hijos del Padre universal que los ha creado a su imagen y guía sus destinos con amor solícito. La paternidad de Dios significa fraternidad entre los hombres: éste es uno de los puntos clave del universalismo cristiano, un punto en común también con otras grandes religiones, y un axioma de la más profunda sabiduría humana de todos los tiempos, la que rinde culto a la dignidad del hombre»,[24]

    Y Juan Pablo II insiste: «La creación del hombre por Dios "a su imagen" confiere a toda persona humana una dignidad eminente; supone además la igualdad fundamental de todos los seres humanos. Para la Iglesia, esta igualdad, enraizada en le mismo ser del hombre, adquiere la dimensión de una fraternidad especialísima mediante la encarnación del Hijo de Dios... En la redención realizada por Jesucristo, la Iglesia contempla una nueva base para los derechos y deberes de la persona humana. Por ello, cualquier forma de discriminación por causa de la raza ... es absolutamente inaceptable»,[25]

    18. Este principio de la igual dignidad de todos los hombres, cualquiera sea la raza a que pertenecen, encuentra ya un serio apoyo en el plano científico, y un sólido fundamento en el plano de la filosofía, de la moral y de las religiones en general. La fe cristiana respeta esta intuición y la afirmación consiguiente y se regocija por ella. Revela una convergencia muy digna de nota entre las diversas disciplinas que refuerza las convicciones de la mayoría de los hombres de buena voluntad y permite la elaboración de declaraciones, convenciones y pactos internacionales para la salvaguardia de los derechos del hombre y la eliminación de toda forma de discriminación racial. En este sentido, Pablo VI podía hablar de «un axioma de la más profunda sabiduría humana de todos los tiempos».

    Sin embargo, todos estos abordajes no son del mismo orden y es importante respetar sus niveles respectivos.

    Las ciencias, por su parte, contribuyen a disipar no pocas falsas certidumbres con las cuales se intenta cubrirse cuando se quiere justificar conductas racistas o retrasar las transformaciones necesarias. Según el texto de una declaración, redactada en la UNESCO el 8 de junio de 1951 por un cierto número de personalidades científicas: «Los sabios reconocen generalmente que todos los hombres actualmente vivientes pertenecen a una misma especie, el homo sapiens, y que proceden de un mismo tronco»,[26] Pero las ciencias no son suficientes para asegurar las convicciones anti-racistas: por sus métodos mismos, ellas se prohíben a sí mismas decir una palabra final sobre el hombre y su destino y definir reglas morales universales obligatorias para las conciencias.

    La filosofía, la moral y las grandes religiones se interesan, ellas también, del origen, la naturaleza y el destino del hombre, y ello en un plano che supera la investigación científica abandonada a sus fuerzas. Procuran fundamentar el respeto incondicional de toda vida humana sobre una base más firme que la observación de las costumbres y el consenso, siempre frágil y ambiguo, de una época. Logran así, en el mejor de los casos, adoptar un universalismo que la doctrina cristiana apoya sólidamente en la Revelación divina.

    19. Según esta Revelación bíblica, Dios ha creado el ser humano — hombre y mujer — a su imagen y semejanza.[27] Este vínculo del hombre con su Creador funda su dignidad y sus derechos humanos inalienables, con Dios mismo como garante. A esos derechos personales corresponden evidentemente deberes hacia los demás hombres. Ni el individuo, ni la sociedad, ni el Estado, ni ninguna otra institución humana, pueden reducir al hombre — o un grupo de hombres — al estado de objeto.

    La fe en un Dios que está al origen del género humano, trasciende, unifica y da sentido a todas las observaciones parciales que la ciencia puede acumular sobre el proceso de la evolución y el desenvolvimiento de las sociedades. Es la afirmación más radical de la idéntica dignidad de todos los hombres en Dios. Conforme a esta concepción, la persona escapa a todas las manipulaciones de los poderes humanos y de la propaganda ideológica destinada a justificar la sujeción de los más débiles. La fe en un solo Dios, Creador y Redentor de todo el género humano, hecho a su imagen y semejanza, constituye la negación absoluta e insoslayable de toda ideología racista. Pero es preciso extraer de ella todas sus consecuencias: «No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios»,[28]

    20. La Revelación insiste, en efecto, igualmente, en la unidad de la familia humana: todos los hombres creados tienen en Dios un mismo origen. Cualquiera sea, en el curso de la historia, su dispersión geográfica o la acentuación de sus diferencias, están siempre destinados a formar una sola familia, según el plan de Dios establecido «al principio». En el primer hombre, la unidad de todo el género humano, presente y futuro, es tipológicamente afirmada. Adán —de adama, la tierra — es un singular colectivo. Es la especie humana que es «imagen de Dios». Eva, la primera mujer, es llamada «la madre de todos los vivientes»,[29] De la primera pareja «proviene la raza de los hombres».[30] Todos son de la «familia de Adán».[31] San Pablo declarará a los atenienses: «Dios creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra»; de manera que todos pueden decir con el poeta que son del «linaje» mismo de Dios.[32]

    La elección del pueblo judío no contradice este universalismo, se trata de una pedagogía divina que se propone asegurar la preservación y el desarrollo de la fe en el Eterno, que es único, y fundamentar así las responsabilidades consiguientes. Si el pueblo de Israel ha tomado conciencia de una relación especial con Dios, ha afirmado también que hay una alianza con El de todo el género humano,[33] y que, aún en la Alianza concluida con él, todos los pueblos son llamados a la salvación: «Y serán bendecidas en ti todas las familias de la tierra» declara Dios a Abraham.[34]

    21. El Nuevo Testamento refuerza esta revelación de la dignidad de todos los hombres, de su unidad fundamental y de su deber de fraternidad, porque todos han sido igualmente salvados y reunidos por Cristo.

    El misterio de la Encarnación manifiesta en qué honor Dios ha tenido la naturaleza humana, ya que, en su Hijo, ha querido, sin confusión ni separación, unirla a la suya. Cristo se ha unido, en cierto modo con todo hombre.[35] Cristo es, por título exclusivo, la imagen de Dios invisible» [36] Sólo El revela de manera perfecta el ser de Dios en la humilde condición humana que ha asumido libremente.[37] Por ello, es el «nuevo Adán», prototipo de una humanidad nueva, «primogénito entre muchos hermanos»,[38] en quien ha sido restaurada la semejanza divina empañada por el pecado. Al hacerse carne entre nosotros, el Verbo eterno de Dios «ha compartido nuestra humanidad»[39] para conformarnos a su divinidad. La obra de salvación realizada por Cristo es universal. No tiene como destinatario solamente el pueblo elegido. Toda la «raza de Adán» es afectada, «recapitulada» en Cristo, según la expresión de San Ireneo.[40] En Cristo, todos los hombres son llamados a entrar, por la fe, en la Alianza definitiva con Dios,[41] al margen de la circuncisión, de la Ley de Moisés y de la raza.

    Esta Alianza ha sido realizada y sellada por el sacrificio de Cristo, que obró la Redención de una humanidad pecadora. Por su cruz fue abolida la división religiosa — que se había hecho más rígida como división étnica — entre el pueblo de la promesa, ahora cumplida, y el resto de la humanidad. Los gentiles, hasta ahora «excluidos de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la promesa», «han llegado a estar cerca por la sangre de Cristo» [42] El , «de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad».[43] A partir del judío y del gentil, Cristo ha querido «crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo». Este «Hombre Nuevo» es el nombre colectivo de la humanidad redimida por El , en toda la variedad de sus componentes, reconciliada con Dios para formar un solo Cuerpo que es la Iglesia, gracias a la cruz que ha suprimido la enemistad.[44] De esta manera, no hay ya más «griego ni judío, circuncisión e incircuncisión; bárbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos».[45] El creyente, cualquiera fuera su condición anterior, ha revestido así ese Hombre Nuevo, que no cesa de ser renovado a imagen de su Creador. Y Cristo reúne los hijos de Dios que estaban dispersos.[46]


    El mensaje de Cristo no mira solamente a una fraternidad espiritual. Presupone y pone en marcha comportamientos concretos, muy importantes en la vida cotidiana: Cristo mismo ha dado el ejemplo. El marco estrecho de Palestina, donde se ha desarrollado casi toda su vida terrestre, no le brindaba demasiadas ocasiones de encontrar gente de otras razas. No obstante, se ha mostrado acogedor con todas las categorías de personas con las cuales entró en contacto. No temió dedicarse a los samaritanos [47] y ponerlos como ejemplo,[48] cuando eran menospreciados por los judíos y tratados como herejes. Ha hecho beneficiarios de su salvación a todos los que estaban marginados por una u otra razón: los enfermos, los pecadores hombres y mujeres, las prostitutas, los publicanos, los paganos como la mujer sirofenicia.[49]

    Han quedado excluidos solamente los que se auto-excluyen, por su suficiencia, como algunos fariseos. Y él nos amonesta solemnemente: habremos de ser juzgados según la actitud que tuvimos hacia el extranjero, o hacia el más pequeño de sus hermanos. Incluso sin saberlo, encontramos en ellos a El mismo.[50]

    La resurrección de Cristo y el don del Espíritu Santo en Pentecostés han inaugurado esta humanidad nueva. La incorporación a ella se realiza por la fe y el bautismo, a la zaga de la predicación y la libre adhesión al Evangelio. Y esta buena nueva está destinada a todas las razas. «Haced discípulos a todas las gentes»,[51]

    22. La Iglesia tiene en consecuencia la vocación de ser, en medio del mundo, «el pueblo de los redimidos», reconciliados con Dios y entre sí, siendo «un solo cuerpo y un solo espíritu» en Cristo [52] y manifestando a todos los hombres respeto y amor. «Todas las naciones que hay bajo el cielo» estaban representadas simbólicamente en Jerusalén, el día de Pentecostés,[53] superación y antitipo de la dispersión de Babel.[54] Como afirma Pedro, cuando fue llamado a casa del pagano Cornelio: «a mí me ha mostrado Dios que no hay que llamar profano o impuro a ningún hombre ... Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas».[55]

    La Iglesia ha recibido la vocación sublime de realizar, primero en sí misma, la unidad del género humano, más allá de toda división étnica, cultural, nacional, social y otras todavía, a fin de significar precisamente el término de esas divisiones, abolidas por la cruz de Cristo. Al hacerlo, contribuye a promover la convivencia fraterna entre los pueblos. El Concilio Vaticano II ha definido muy justamente la Iglesia «como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano»,[56] porque «Cristo y la Iglesia ... trascienden todo particularismo de raza o de nación».[57] En la Iglesia no hay «ninguna desigualdad por razón de la raza o de la nacionalidad, de la condición social o del sexo»,[58] Es precisamente el sentido del término «católico», es decir, universal; él caracteriza la Iglesia. Y a medida que ésta realiza su expansión, la catolicidad se vuelve más manifiesta: la Iglesia reúne efectivamente los fieles de Cristo de todas las naciones del mundo, con las culturas más variadas, guiadas por los pastores de sus pueblos, comulgando todos en la misma fe y en la misma caridad.

    Aquello que la Iglesia tiene vocación y misión de realizar, por mandato divino, sus fracasos repetidos, obra de la dureza de los hombres y de los pecados de sus miembros, no pueden de ninguna manera anularlo. Esto confirma que no se trata de una empresa de hombres, sino de un proyecto que supera las fuerzas humanas. Es importante, en todo caso, que los cristianos se den cuenta mejor que son llamados, todos ellos, a ejercer el papel de signos en el mundo. A través de su conducta, que excluye toda forma de discriminación racial, étnica, nacional o cultural, el mundo debe poder reconocer la novedad del Evangelio de la reconciliación. Les toca anticipar, en la Iglesia, la comunidad escatológica y definitiva del Reino de Dios.

    23. La doctrina cristiana, que acabamos de exponer, tiene, en efecto, serias consecuencias morales, que se puede resumir en tres palabras claves: respeto de las diferencias, fraternidad, solidaridad. Si los hombres y las comunidades humanas, son todos iguales en dignidad, ello no quiere decir que todos disfrutan, simultáneamente, de las mismas capacidades físicas, los mismos dones culturales, las mismas fuerzas intelectuales y morales, el mismo estadio de desarrollo. La igualdad no es uniformidad. Importa reconocer la diversidad y la complementariedad de las riquezas culturales y las cualidades morales de unos y de otros. La igualdad de trato presupone así un cierto reconocimiento de la diferencia, que las minorías reclaman a fin de desenvolverse según su genio propio, en el respeto de los demás y del bien común de la sociedad y de la comunidad mundial. Pero ningún grupo humano se puede engreír de poseer sobre otros una superioridad de naturaleza,[59] ni de ejercer ninguna discriminación que afecte los derechos fundamentales de la persona.

    Sin embargo, el mutuo respeto no basta. Es preciso instaurar una fraternidad. El dinamismo necesario para tal fraternidad no es otro que la caridad, que está, también ella, en el corazón del mensaje cristiano: «Todo hombre es mi hermano»,[60] La caridad no es un simple sentimiento de benevolencia o de piedad; se orienta más bien a hacer que cada uno se beneficie efectivamente de aquéllas condiciones de vida dignas que le corresponden por justicia, en orden a su subsistencia, su libertad y su desarrollo bajo todos los aspectos. Ella hace ver en todo hombre y en toda mujer otro ser como uno, en Cristo, conforme al precepto divino: «amarás a tu prójimo como a ti mismo».

    El reconocimiento de la fraternidad no basta. Se trata de ir hasta la solidaridad activa con todos, y en especial entre ricos y pobres. La reciente encíclica de Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis (30 de diciembre 1987) insiste en el hecho de la interdependencia, «percibida como sistema determinante de relaciones en el mundo actual ... y asumida como categoría moral. Cuando la interdependencia es reconocida así, su correspondiente respuesta, como actitud moral y social, y como "virtud", es la solidaridad».[61] En esto se juega la paz entre hombres y naciones: «Opus solidaritatis pax, la paz como fruto de la solidaridad».[62]

    CUARTA PARTE

    CONTRIBUCIÓN DE LOS CRISTIANOS A LA PROMOCIÓN,
    CON LOS DEMÁS, DE LA FRATERNIDAD
    Y LA SOLIDARIDAD ENTRE LAS RAZAS


    24. El prejuicio racista, que niega la igual dignidad de todos los miembros de la familia humana y blasfema de su Creador, sólo puede ser combatido donde nace, es decir, en el corazón del hombre Del corazón brotan los comportamientos justos o injustos,[63] según que el hombre se abra a la voluntad de Dios, en el orden natural y en su Palabra viva, o se encierre en sí mismo y en su egoísmo, dictado por el miedo o por el instinto de dominio. Es la visión del otro que es preciso purificar. Alimentar concepciones y fomentar actitudes racistas es un pecado contra la enseñanza específica de Cristo, para quien el «prójimo» no es solamente el hombre de mi tribu, de mi ambiente, de mi religión o de mi nación, es todo ser humano que encuentro en mi camino.

    Los medios externos, legislación o demostración científica, no bastan para extirpar al prejuicio racista. No es suficiente, en efecto, que las leyes eviten o sancionen toda clase de discriminación racial. Pueden ser fácilmente soslayadas, si la comunidad a la cual son destinadas no adhiere a ellas plenamente. Y para esto, una comunidad debe apropiarse los valores que inspiran las leyes justas y además traducir en la vida cotidiana la convicción de la igual dignidad de todo ser humano.

    25. La conversión del corazón no puede ser alcanzada, sin afirmar las convicciones del espíritu acerca del respeto debido a las otras razas y grupos étnicos. La Iglesia, por su lado, coopera a la formación de las conciencias presentando claramente la íntegra doctrina cristiana sobre este punto. Pide en especial a los pastores, a los predicadores, a los maestros y a los catequistas, esclarecer la enseñanza auténtica de la Escritura y la tradición acerca del origen de todos los hombres en Dios, de su destino final común en el Reino de Dios, del valor del precepto del amor fraterno y de la total incompatibilidad entre el exclusivismo racista y la vocación universal de todos los hombres a la misma salvación en Jesucristo. El recurso a la Biblia para justificar a posteriori prejuicios racistas debe ser enérgicamente condenado. La Iglesia no ha autorizado nunca semejante distorsión de la interpretación bíblica.

    La obra de persuasión de la Iglesia se realizará igualmente mediante el testimonio de vida de los cristianos: respeto de los extranjeros, aceptación del diálogo, la participación, la ayuda fraterna y la colaboración con los otros grupos étnicos. El mundo necesita la verificación entre los cristianos, de esta parábola en acción, a fin de dejarse convencer por el mensaje de Cristo. Sin duda, los cristianos ellos mismos deben confesar humildemente que miembros de la Iglesia, en todos los niveles, no han tenido siempre una conducta coherente, en este punto, en el curso de la historia. No obstante, deben continuar proclamando lo que es justo, mientras se empeñan a la vez por «realizar» la verdad.[64]

    26. No basta tampoco exponer la doctrina y proponer un ejemplo. Es necesario además asumir la defensa de las víctimas del racismo dondequiera se encuentren. Los actos de discriminación entre los hombres y pueblos, por motivos racistas, o por otros motivos, sean religiosos o ideológicos, pero que desembocan en una actitud de menosprecio o de exclusión, deben ser dados a conocer con severidad y enérgicamente reprobados, para suscitar comportamientos, disposiciones legales y estructuras sociales equitativas.

    Son muchos aquellos que se han vuelto más sensibles a esta injusticia y se empeñan en la lucha contra toda forma de racismo. Lo hagan por convicción religiosa o por razones humanitarias, son llevados a veces a desafiar las represiones de ciertos poderes, o por lo menos la presión de una opinión pública sectaria, y a hacer frente a persecuciones y a la cárcel. Los cristianos no dudan en asumir su propio lugar en esta lucha por la dignidad de sus hermanos, con el necesario discernimiento y prefiriendo siempre los medios no violentos.[65]

    27. La Iglesia, en su denuncia del racismo, procura mantener una actitud evangélica respecto de todos. En esto consiste su originalidad. Si ella no teme analizar lúcidamente las causas del racismo y manifestar su desaprobación, incluso delante de los responsables, procura también comprender cómo se ha podido llegar a estos extremos, y querría ayudar a encontrar una salida razonable del callejón en el cual aquéllos responsables se han encerrado. Como Dios, que no se regocija con la muerte del pecador,[66] la Iglesia mira más bien a su reconciliación, si consiente en reparar las injusticias cometidas. Ella se preocupa también de evitar que las víctimas recurran a la lucha violenta y acaben por caer en un racismo análogo al que rechazan. Quiere ofrecer un espacio de reconciliación y no acentuar las oposiciones. Exhorta a obrar de tal modo que se excluya el odio. Predica el amor y prepara pacientemente un cambio de mentalidad, sin el cual un cambio de estructuras sería inútil.

    28. Para la instauración de una conciencia no racista, el papel de la escuela es primario. El Magisterio de la Iglesia ha subrayado siempre la importancia de una educación que insiste en lo que es común a todos los seres humanos. Importa también ayudar a ver que el otro, porque es diferente, puede precisamente enriquecer nuestra experiencia. Es normal ciertamente que la historia, por ejemplo, cultive el aprecio por la propia nación, pero sería lamentable que condujera a un miope chauvinismo y asignara a las realizaciones de las otras naciones sólo un lugar accesorio que resulte inferior. Como se ha hecho ya en algunos países, puede llegar a ser necesario revisar los manuales escolares que falsifican la historia, al callar los crímenes históricos del racismo o justifican sus principios. Igualmente, la instrucción cívica debe ser concebida de tal manera que sean arrancados de raíz los reflejos discriminatorios respecto de personas que pertenecen a otros grupos étnicos. La escuela brinda siempre más, a los hijos de inmigrantes, la ocasión de mezclarse con los autóctonos: ¡ojalá se aprovechara esta circunstancia para ayudar unos y otros a conocerse mejor y preparar una convivencia armoniosa!

    Muchos jóvenes parecen, hoy día, estar menos ligados a prejuicios raciales. Se nos brinda así un recurso para el futuro, que es preciso saber cultivar. Mueve tanto más a amargura comprobar que otros jóvenes se organizan en bandas para cometer violencias contra ciertos grupos raciales o transformar encuentros deportivos en manifestaciones de chauvinismo que culminan en actos vandálicos o en masacres. Los prejuicios raciales, si no se nutren de ideologías, nacen, más a menudo, de una ignorancia del otro, que abre la puerta a la imaginación legendaria y engendra el temor. Ahora bien, no faltan, hoy, ocasiones para acostumbrar los jóvenes al respeto y la estima de la diversidad: intercambios internacionales, viajes, cursos de lenguas, creación de vínculos entre ciudades gemelas, campamentos de vacaciones, escuelas internacionales, actividades deportivas y culturales.

    29. La persuasión y la educación deben ir acompañadas paralelamente por la voluntad de traducir en textos legales el respeto de otros grupos étnicos, así como también en las estructuras y el funcionamiento de las instituciones regionales o nacionales.

    Cuando el racismo muere en los corazones, acaba por desaparecer en las leyes. Pero es preciso actuar directamente también en el terreno jurídico. Donde existen todavía leyes discriminatorias, los ciudadanos, conscientes de la perversidad de tal ideología, deben asumir sus responsabilidades a fin de que, por medio de los procesos democráticos, el derecho sea puesto de acuerdo con la ley moral. Dentro de un mismo Estado, la ley debe ser igual para todos los ciudadanos indistintamente. Un grupo dominante, numéricamente mayoritario o minoritario, no puede, en ningún caso, disponer a su arbitrio de los derechos fundamentales de los demás grupos. Es necesario que las minorías étnicas, lingüísticas o religiosas que viven dentro de las fronteras de un mismo Estado, se vean reconocer los mismos derechos inalienables de los otros ciudadanos, incluido el de vivir como grupo según sus finalidades culturales y religiosas. Deben gozar de la facultad de integrarse libremente a la cultura circundante.[67]

    El estatuto de otras categorías de personas, como los inmigrantes, los refugiados, o también los trabajadores extranjeros estacionales, es a menudo más precario todavía. Es así más urgente que sus derechos humanos fundamentales sean reconocidos y garantizados. Ahora bien, son estas personas quienes, más frecuentemente, resultan víctimas de prejuicios racistas. Las leyes deberán atender a que sean reprimidos los actos de agresión respecto de ellos, como también los comportamientos de quienquiera (empleador, funcionario o persona privada) pretendiera someter las personas más desprotegidas a diversas formas de explotación, económicas u otras.

    Pertenece, sin duda, a los poderes públicos, responsables del bien común, determinar la proporción de refugiados o inmigrantes que el país acoge, atendidas las posibilidades de empleo y las perspectivas de desarrollo, pero también la urgencia de las necesidades de otros pueblos. El Estado cuidará igualmente que no se creen situaciones de grave desequilibrio social, acompañadas por fenómenos sociológicos de rechazo como puede ocurrir cuando una excesiva concentración de personas de diferente cultura es percibida como una amenaza directa a la identidad y las costumbres de la comunidad de acogida. En el aprendizaje de la diversidad, todo no se puede exigir de entrada. Pero es preciso considerar las posibilidades que se abren de una nueva convivencia y aún de un mutuo enriquecimiento. Y una vez que un extranjero ha sido admitido y se ha sometido a los reglamentos de orden público, tiene derecho a la protección de la ley, mientras dure el período de su inserción social.

    Igualmente, la legislación laboral no debe permitir que, por una prestación igual de trabajo, los extranjeros que hubieran encontrado empleo en un país del cual no son ciudadanos, padezcan discriminación en cuanto al salario, los beneficios sociales y seguro de ancianidad, respecto de los trabajadores autóctonos. Es justamente en las relaciones de trabajo que debería surgir un mejor conocimiento y aceptación mutuos entre personas de origen étnico y cultural diferente, y crearse una solidaridad humana capaz de superar los prejuicios de la primera hora.

    30. En el plano internacional, importa continuar a elaborar instrumentos jurídicos de lucha contra el racismo, y sobre todo conferirles plena eficacia.

    Luego de los excesos del nazismo, las Naciones Unidas se empeñaron intensamente en favor del respeto de hombres y pueblos.[68] Una importante Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial fue adoptada por la XX Asamblea General de las Naciones Unidas el 21 de diciembre de 1965. Estipula, entre otras cosas, que «nada podría justificar, en ninguna parte, la discriminación racial, ni en teoría, ni en la práctica» (Preámbulo, (.6a parte); y prevé medidas legislativas y judiciales para poner por obra estas disposiciones. Entró en vigor el 4 de enero de 1969 y fue formalmente ratificada por la Santa Sede el 1° de mayo de ese mismo año.

    La ONU decidía todavía, el 2 de noviembre de 1973, proclamar un «Decenio de lucha contra el racismo y la discriminación racial». El Papa Pablo VI manifestó enseguida su «gran interés» y su «viva satisfacción» por esta nueva iniciativa: «Esta iniciativa eminentemente humana encontrará una vez más lado a lado la Santa Sede y las Naciones Unidas, si bien en planos diversos y con medios diferentes».[69]

    El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) comprende desde 1946 una Comisión de Derechos Humanos, la cual ha instituido a su vez una Subcomisión de prevención de discriminaciones y protección a las minorías.

    La contribución de la Santa Sede ha proseguido mediante la participación de su s delegaciones en numerosas manifestaciones importantes del primer decenio y en otras reuniones intergubernamentales.[70] Un segundo Decenio ha sido proclamado después (1983-1993).

    31. Estos esfuerzos de la Santa Sede en cuanto miembro cualificado de la comunidad internacional, no deben ser disociados de los múltiples esfuerzos de las comunidades cristianas en el mundo ni del empeño personal de los cristianos en el marco de las comunes instituciones sociales.

    En este contexto, es necesario mencionar especialmente la contribución de algunos episcopados. Se puede citar, por ejemplo, los esfuerzos realizados por los obispos de dos países signados por una experiencia aguda, si bien distinta en cada caso, de los problemas del racismo.

    El-primer caso es el de Estados Unidos de América, donde la discriminación racial ha sido mantenida en la legislación de varios Estados, mucho después de la Guerra civil (1861-1865). Recién en 1964 la Ley sobre lo s derechos civiles puso punto final a toda forma de discriminación racial legalmente practicada. Fue un gran paso adelante, largamente madurado y jalonado por numerosas iniciativas de carácter no violento. La Iglesia católica, particularmente por medio de las declaraciones del Episcopado,[71] y su extensa red educacional, contribuyó a este proceso.

    A pesar de los esfuerzos continuados y múltiples, mucho queda todavía por hacer para eliminar del todo el prejuicio y la conducta racista, incluso en este país que puede ser tenido por uno de los más interraciales del mundo. Prueba de ello es la declaración adoptada por el «Administrative Board» de la Conferencia católica de los Estados Unidos, el 26 de marzo de 1987, que llama la atención sobre la persistencia de indicios de racismo en la sociedad americana y condena la actividad de organizaciones de tipo racista como el «Ku Klux Klan».

    El segundo ejemplo es el de la Iglesia de Sudáfrica que hace frente a una situación muy diferente. El empeño de los obispos sudafricanos, a menudo en estrecha colaboración con otras Iglesias cristianas, en favor de la igualdad racial y contra el apartheid, es bien conocido. A este respecto, se pueden mencionar algunos recientes documentos de la Conferencia episcopal: la Carta Pastoral del 1º de mayo de 1986, con el título significativo: «La esperanza cristiana en la crisis actual»,[72] y el mensaje dirigido al Jefe del Estado en agosto del mismo año.[73]

    La situación en Sudáfrica ha suscitado en todas partes numerosas manifestaciones de solidaridad con los que sufren a causa del apartheid y de apoyo a las iniciativas eclesiales,[74] tomadas por los demás frecuentemente en un acuerdo ecuménico. El Papa Juan Pablo II, de parte suya, no ha dejado de demostrar a menudo su solicitud a los obispos católicos de este país.[75] Durante su viaje al África Austral, el 10 de septiembre de 1988, el Papa se dirigió a todos los obispos de la región, reunidos en Harare, diciéndoles entre otras cosas: «El problema del apartheid, entendido como sistema de discriminación social, económica y política, ocupa vuestra misión como maestros y guías espirituales de vuestra grey en un esfuerzo serio y resuelto para contrarrestar injusticias y propugnar la sustitución de esa política por una que esté de acuerdo con la justicia y el amor. Yo os aliento a que continuéis manteniendo firme y valientemente los principios en los que se basa la respuesta pacífica y justa a las legítimas aspiraciones de vuestros conciudadanos. Tengo presentes las actitudes expresadas a lo largo de estos años por la Conferencia Episcopal Sudafricana, desde su primera declaración conjunta de 1952. La Santa Sede y yo mismo hemos llamado la atención sobre las injusticias del apartheid en numerosas ocasiones y muy recientemente ante un grupo ecuménico de líderes cristianos de Sudáfrica en visita a Roma. Les recordé que "puesto que la reconciliación está en el corazón del Evangelio, los cristianos no pueden aceptar estructuras de discriminación racial que violen los derechos humanos. Pero deben advertir también que un cambio de estructuras está ligado a un cambio de corazones. Los cambios que buscan están enraizados en la fuerza del amor, el amor divino del que brota toda acción y transformación cristiana" (Discurso a una Delegación Ecuménica Conjunta de Sudáfrica, 27 de mayo de 1988)».[76]

    32. Finalmente, el racismo, si perturba la paz de las sociedades, contamina asimismo la paz internacional . Cuando falta la justicia en es te punto capital, la violencia y las guerras se desencadenan fácilmente, y las relaciones con las naciones vecinas se alteran.

    En el campo de las relaciones entre los Estados, la aplicación leal de los principios sobre la igual dignidad de todos los pueblos debería impedir que unas naciones sean tratadas por otras a partir de prejuicios racistas. En situaciones de tensión entre Estados, es posible incriminar tal decisión política de un adversario, su comportamiento injusto en tal o cual punto, eventualmente el faltar a la palabra dada, pero no se puede condenar globalmente un pueblo por lo que no es a menudo más que una falta de sus dirigentes. Es en estas reacciones primarias e irracionales que los prejuicios racistas pueden reanimarse y comprometer de manera perdurable las relaciones entre las naciones.

    La comunidad internacional no dispone de medios de coacción respecto de los Estados que practican todavía, conforme a su sistema jurídico, la discriminación racial con sus propias poblaciones. No obstante, el derecho internacional permite que adecuadas presiones exteriores puedan serles aplicadas a fin de conducirlos, según un plan orgánico y negociado, a abolir la legislación racista y a establecer, en su lugar, una legislación conforme a los derechos humanos. La comunidad internacional deberá, en este caso, atender, con sumo cuidado, a que su acción no arroje al país en cuestión a conflictos interiores todavía más dramáticos.

    En cuanto a los mismos países donde reinan graves tensiones raciales, es preciso que se den cuenta de lo precario de una paz que no se funda sobre el consenso de todos los componentes de la sociedad. La historia enseña que el desconocimiento prolongado de los derechos del hombre concluye casi siempre por provocar explosiones de violencia incontrolable. A fin de generar un orden fundado en el derecho, es necesario que los grupos antagonistas se dejen vencer por los valores supremos y trascendentes que están en la base de toda comunidad humana y de toda relación pacífica entre las naciones.

    33. Conclusión.

    La lucha contra el racismo parece ser ahora un imperativo ampliamente radicado en las conciencias humanas. La Convención de la ONU (1965) ha formulado con fuerza esta convicción: «Toda doctrina de superioridad fundada sobre la diferenciación entre las razas, es científicamente falsa, moralmente condenable y socialmente injusta y peligrosa».[77] La doctrina de la Iglesia afirma lo mismo, con no menos vigor: toda doctrina racista es contraria a la fe y al amor cristianos. No obstante, en contradicción con esta conciencia más madura de la dignidad humana, el racismo todavía existe, y resurge incluso bajo nuevas formas. Es como una llaga que sigue misteriosamente abierta en el flanco de la humanidad. Es necesario entonces que nos empeñemos todos en curarla con gran firmeza y paciencia.

    Pero no hay que exponerse a confusiones. Hay grados y tipos de racismo. El racismo propiamente tal consiste en el desprecio de una raza, caracterizada por su origen étnico, su color o su lengua. El apartheid es hoy día la forma más típica y sistemática: un cambio es aquí absolutamente necesario y urgente. Pero hay muchas otras formas de exclusión y de rechazo, cuya motivación explícita no es la raza; los efectos son, sin embargo, análogos. Así, se trata de oponerse firmemente a todas las formas de discriminación. Sería hipócrita señalar con el dedo un solo país. El rechazo de tipo racista existe en todos los continentes. Muchos practican en los hechos la discriminación que aborrecen en las leyes.

    El respeto por todo hombre, por toda raza, es el respeto por los derechos fundamentales, la dignidad, la igualdad básica. No se trata ciertamente de ignorar las diferencias culturales. Importa más bien educar a apreciar de manera positiva la diversidad complementaria entre los pueblos. Un pluralismo bien entendido resuelve el problema del racismo cerril.

    La condenación del racismo y de los hechos racistas es necesaria. La aplicación de medidas legislativas, disciplinares y administrativas contra lo uno y lo otro, sin excluir las adecuadas presiones exteriores, puede ser oportuna. Los países y las organizaciones internacionales disponen, en orden a ello, de todo un ámbito de iniciativas por tomar o suscitar. Y es igualmente responsabilidad de los ciudadanos afectados, sin que por eso se deba llegar a reemplazar, mediante la violencia, una situación injusta por otra. Hay que procurar siempre soluciones constructivas.

    Todo esto, la Iglesia católica lo anima. La Santa Sede tiene también su parte en ello, en el marco de su misión específica. Todos los católicos son llamados a obrar sobre el terreno, lado a lado con los otros cristianos y con cuantos se inspiran del mismo respeto por el ser humano. La Iglesia se empeña sobre todo en cambiar la mentalidad racista, también en sus propias comunidades. Por su parte, apela ante todo al sentido moral y religioso del hombre. Presenta sus exigencias utilizando la persuasión fraterna, que es su única arma. Pide a Dios que cambie los corazones. Brinda un espacio de reconciliación. Promueve iniciativas de acogida, de intercambio, y de ayuda respecto de los hombres y mujeres de otros grupos étnicos.

    En esta empresa gigantesca en favor de la fraternidad humana, su misión es aportar un suplemento de alma. A pesar de los límites de sus miembros pecadores, ella, hoy como ayer, es consciente de haber sido constituida testigo de la caridad de Cristo sobre la tierra, signo e instrumento de la unidad del género humano. La consigna que propone a todos y que ella procura vivir es: a Todo hombre es mi hermano».

    3 de noviembre de 1988. Memoria litúrgica de San Martín de Porres (nacido en Lima de un español y una esclava negra)

    ROGER Cardenal ETCHEGARAY
    Presidente

    JORGE MEJÍA
    Vice-Presidente
    NOTAS

    [1] Cf. Ef 2, 14.

    [2] Cf Ex 19, 5.

    [3] Cf. Mc 16, 15; Mt 28, 19.

    [4] Ad Nat. I, 8; PL 1, 601.

    [5] Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de América y Oceanía, vol. 7, Madrid 1867, 414. Ver también el Breve Pastorale officium del 29-5-1537 al Arzobispo de Toledo, ib. 414; y H. DENZINGER - A. SCHOENMETZER, Enchiridion Symbolorum, Barcelona 1973.

    [6] «No dediquéis vuestro celo, no propongáis ningún argumento para convencer esos pueblos a cambiar sus ritos, sus hábitos y sus costumbres, a menos que sean claramente contrarias a la religión y a la moral. Nada más absurdo que transferir a los chinos, Francia, España, Italia o cualquier otro país de Europa. No llevéis a esos pueblos vuestros países, sino la fe ... No procuréis suplantar los usos de esos pueblos con los europeos y tratad de adaptaros vosotros a ellos».

    Collectanea S. Congregationis de Propaganda Fide, seu Decreta Instructiones, Prescripta pro apostolicis missionibus(1622-1866), vol. I, Roma 1907, n. 135; Codicis luris Canonici Fontes (ed. Card. J. Serédi), Vaticano 1935, vol. VII, n. 4463, p. 20.

    [7] Es conocida, entre otras, la interpretación que los fundamentalistas dan de la maldición pronunciada por Noé sobre su hijo Cam, en su nieto Canaán, condenado a ser servidor de sus hermanos (cf. Gen. 9, 24-27). Se engañaban acerca del sentido y el contenido verdadero del texto sagrado, que se refiere a una concreta situación histórica: las relaciones difíciles entre los Cananeos y el pueblo de Israel. Veían en Cam o Canaán el antepasado de los pueblos africanos a ellos sometidos, y en consecuencia, los consideraban como signados por Dios con una imborrable inferioridad que los destinaba a ser para siempre esclavos de los blancos.

    [8] Cf. entre otras la obra de J. A. GOBINEAU, Essai sur l'inegalité des races humaines, 4 vol. París 1853-55. Gobineau se inspiraba de Darwin y extendía a las sociedades y a las civilizaciones las tesis sobre la selección natural de las especies.

    [9] El 25-3-1928, un decreto del Santo Oficio condenaba el antisemitismo: AAS XX (1928), 103-104.

    [10] AAS XXIX (1937), 149.

    [11] Cf. texto francés en Documentation Catholique 1938, 579-580. El Papa Pío XI decía todavía, en un discurso a los miembros del Colegio de Propaganda Fide, el 28-7-1938: «Católico quiere decir universal, no racista, no nacionalista, en el sentido de separación que pueden tener estos dos atributos ... No queremos separar nada en la familia humana ... La expresión «género humano" revela precisamente la familia humana. Es preciso decir que los hombres son ante todo un único, grande, género, una grande y única familia de seres vivientes ... Existe una sola raza humana universal, "católica" .. y con ella y en ella, variaciones diversas ... Esta es la respuesta de la Iglesia», en L'Osservatore Romano, 30-7-1938.

    [12] Cf. Encíclica Summi Pontificatus del 28-10-1939: AAS XXXI (1939), 481-509.

    [13] Radiomensaje de Navidad 1942, AAS XXXV (1943), 14; 23.

    [14] Ante los obispos de la Conferencia episcopal alemana, reunidos en la Maternushaus de la arquidiócesis de Colonia, el Papa Juan Pablo II ha propuesto el testimonio del Cardenal Conde Clemens August von Galen, de la carmelita Edith Stein, del jesuita Rupert Mayer: ... «otros muchos testigos valerosos de la fe que, frente a aquella tiranía inhumana, se opusieron a la arbitrariedad y la injusticia impías movidos por sus convicciones de fe o en nombre de la humanidad... Todos ellos representan a la otra Alemania que no se doblegó ante la brutal arrogancia y la violencia y que, tras el hundimiento definitivo, pudo constituir el núcleo y la fuente de energía para la posterior y grandiosa reconstrucción moral y material» (L'Osservatore Romano, en español, 17 de mayo de 1987, p. 9).

    [15] El 30-11-1973, las Naciones Unidas adoptaron una Convención internacional para la supresión y el castigo del crimen del apartheid. Cf. también, a propósito de las incidencias del apartheid sobre el empleo, la séptima Conferencia Regional de la OIT en Harare (Zimbabwe) del 29-11 al 7-12-1988.

    [16] Pablo VI Alocución al Comité especial de las Naciones Unidas sobre el apartheid, 22-5-1974, L'Osservatore Romano, en español, 9 de junio de 1974, pp. 9-10; JUAN PABLO II, Alocución al mismo Comité, 7-7-1984, L'Osservatore Romano, en español, 9 de diciembre de 1984, p. 18; Discurso a los Cuerpos constituidos y al Cuerpo Diplomático en Yaoundé, 12-8-1985 n. 13, L'Osservatore Romano, en español, 1 de septiembre de 1985, p. 8.

    [17] Cf. discurso de Juan Pablo II al Cuerpo Diplomático, 11-1-1986 n. 4, L'Osservatore Romano, en español, 19 de enero de 1986, p. 2.

    [18] Cf. los siguientes discursos de Juan Pablo II:

    — a los indios de Ecuador, en Latacunga, 31-1-1985, L'Osservatore Romano, en español, 10 de febrero de 1985, pp. 16-17;
    — a los indios de Perú, en Cuzco, 3-2-1985, L'Osservatore Romano, en español, 17 de febrero de 1985, pp. 9-10
    — a los aborígenes de Australia, en Alice Springs, 29-11-1986, L'Osservatore Romano, en español, 14 de diciembre de 1986, p. 18;
    — a los indios de América del Norte, en Phoenix, 14-9-1987, L'Osservatore Romano, en español, 11 de octubre de 1987, p. 20;
    — a los indios del Canadá, en Fort Simpson, 20-9-1987, L'Osservatore Romano, en español, 15 de noviembre de 1987, p. 22.
    — Cf. también el Mensaje del Papa Juan Pablo II para la Jornada de la Paz 1989: «Para construir la paz, respeta las minorías».

    [19] Por lo que toca al África, ver Pablo VI, Mensaje Africae Terrarum 20-10-1967, en AAS LIX (1967), 1073-1097; Discurso al Parlamento de Uganda, Kampala, 1-8-1969, AAS LXI (1969), 584-585; Discurso al Cuerpo Diplomático, 14-1-1978, L'Osservatore Romano, en español, 22 de enero de 1978, pp. 2 y 11; Juan Pablo II, Discurso al Cuerpo Diplomático en Yaoundé, 12 de agosto de 1985, nn. 11-12, L'Osservatore Romano en español, 1 de septiembre de 1985, pp. 7-8.

    [20] El Papa Juan Pablo II ha recordado a menudo el derecho del pueblo palestino como el del pueblo judío, a tener una patria.

    [21] Cf. el discurso de Juan Pablo II cuando su visita a la Sinagoga de Roma, 134-1986, L'Osservatore Romano, en español, 20 de abril de 1986, pp. I y 12.

    [22] Cf. Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, Donum Vitae, del 22-2-1987, III: «El eugenismo y la discriminación entre los seres humanos podrían verse legitimados, lo cual constituiría un grave atentado contra la igualdad, contra la dignidad y contra los derechos fundamentales de la persona humana».

    [23] Constitución Gaudium et spes, n. 29; cf. también ibid. n. 60 (para el derecho a la cultura); cf. Declaración Nostra aetate, n. 5, Decreto Ad Gentes, n. 15; Declaración Gravissimum educationis, n. 1 (para el derecho a la educación).

    [24] Discurso al Cuerpo Diplomático, 14-1-1978, AAS LXX (1978), 172. Numerosos textos anteriores se pronunciaban en el mismo sentido, especialmente: enc. Populorum Progressio, nn. 47, 63; Mensaje de Pablo VI Africae Terrarum, 1-8-1969, AAS LXI (1969), 580-586; Carta apostólica Octogesima adveniens, de Pablo VI, n. 16, AAS LXIII (1971), 413; Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1971: «Todo hombre es mi hermano».

    [25] Alocución de Juan Pablo II al Comité especial de las Naciones Unidas contra el apartheid, 7-7-1984, L'Osservatore Romano, en español, 9 de diciembre de 1984, p. 18.

    [26] El racismo ante la ciencia, UNESCO, París 1973, n. 1, p. 369.

    [27] Cf. Gen 1, 26-27; 5, 1-2; 9, 6: está prohibido derramar la sangre del hombre creado a imagen de Dios.

    [28] Declaración Nostra aetate, n. 5, citada en el discurso de Juan Pablo II a los jóvenes musulmanes, en Casablanca, 19-8-1985, quien añade: «Por otra parte, la obediencia a Dios y el amor hacia el hombre ha de conducirnos a respetar los derechos del hombre, esos derechos que son expresión de la voluntad de Dios y exigencia de la naturaleza humana como Dios la ha creado» (L'Osservatore Romano, en español, 15 de septiembre de 1985, p. 14).

    [29] Gen 3, 20.

    [30] Tob 8, 6.

    [31] Cf. Gen 5, 1.

    [32] Cf. Hech 17, 26, 28, 29.

    [33] Cf. Gen 9, 11 ss.

    [34] Gen 12, 3; Hech 3, 25.

    [35] Cf. Constitución Gaudium et spes, n. 22.

    [36] Col 1, 1S; cf. 2 Co 4, 4.

    [37] Cf. Fil 2, 6-7.

    [38] Rm 8, 29.

    [39] Missale romanum, offertorium.

    [40] Cf. Adversus Haereses, III, 22, 3: «El Señor es quien ha recapitulado en sí mismo todas las naciones dispersas desde Adán, todas las lenguas y todas las generaciones, incluido el mismo Adán». Ireneo se inspiraba en San Pablo: Ef 1, 10; Col 1, 20.

    [41] Cf. Rm 1, 16-17.

    [42] Cf. Ef 2, 11-13.

    [43] Ibid. 2, 14.

    [44] Cf. ibid. 2, 15-16.

    [45] Col 3, 11, cf. Ga 3, 28.

    [46] Cf. Jn 11, 52.

    [47] Cf. Jn 4, 4-42.

    [48] Cf. Lc 10, 33.

    [49] Cf. Mc 7, 24.

    [50] Mt 25, 38; 40.

    [51] Mt 28, 19.

    [52] Oración eucarística, n. 3.

    [53] Cf. Hech 2, 5.

    [54] Cf. Gen 11, 1-9.

    [55] Hech 10, 28; 34.

    [56] Constitución Lumen gentium, n. 1.

    [57] Decreto Ad gentes, n. 8.

    [58] Constitución Lumen gentium, n. 32.

    [59] Cf. Encíclica Pacem in terris de Juan XXIII, 11-4-1963, que denuncia, después de Pío IX, el escándalo de la persistencia de las ideologías, según las cuales «ciertos seres humanos o ciertas naciones son superiores a otras por naturaleza».

    [60] Tema de la Jornada Mundial de la Paz 1971.

    [61] Encíclica Sollicitudo rei socialis, n. 38.

    [62] Ibid., n. 39.

    [63] Cf. Mc 7, 21-23.

    [64] Cf. Jn 3, 21.

    [65] Instrucción de la Congregación para la doctrina de la fe, Libertatis conscientia, 22-3-1986, 78-79: «Determinadas situaciones de grave injusticia requieren el coraje de unas reformas en profundidad y la supresión de unos privilegios injustificables. Pero quienes desacreditan la vía de las reformas en provecho del mito de la revolución, no solamente alimentan la ilusión de que la abolición de una situación inicua es suficiente por sí misma para crear una sociedad más humana, sino que incluso favorecen la llegada al poder de regímenes totalitarios. La lucha contra las injusticias solamente tiene sentido si está encaminada a la instauración de un nuevo orden social y político conforme a las exigencias de la justicia. Esta debe ya marcar las etapas de su instauración. Existe una moralidad de los medios... En efecto, a causa del desarrollo continuo de las técnicas empleadas y de la creciente gravedad de los peligros implicados en el recurso a la violencia, lo que se llama hoy "resistencia pasiva" abre un camino más conforme con los principios morales y no menos prometedor de éxito».

    [66] Cf. Ez 18, 32

    [67] Mensaje del Papa Juan Pablo II para la Jornada de la Paz 1989: «Para construir la paz, respeta las minorías».

    [68] En especial: Carta de las Naciones Unidas, 26-6-1945, art. 1, § 3; Declaración universal de los derechos del hombre, 10-12-1948, art. 1; 2; 16; 26, II; Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial, 20-11-1963.

    [69] Mensaje a las Naciones Unidas por el 25° aniversario de la Declaración universal de los derechos del hombre, 10-12-1973, AAS LXV (1973), 673-677. Con ocasión de ese decenio, la Pontificia Comisión «Iustitia et Pax» publicó en 1979, con la firma del R. P. Roger Heckel s.j., un libro intitulado La lucha contra el racismo: aportes de la Iglesia que presentaba el estado preciso de la cuestión.

    [70] Se puede citar especialmente: la Conferencia internacional sobre la Namibia y los derechos del hombre (Dakar, 5-8 de enero de 1976); — la Conferencia mundial para la acción contra el apartheid (Lagos, 22-26 de agosto de 1977); — la reunión de representantes de los Gobiernos encargados de elaborar un proyecto de Declaración sobre la raza y los prejuicios raciales (UNESCO, París 13-21 de marzo de 1978); — la Conferencia mundial para la lucha contra el racismo y la discriminación racial (Ginebra 14-25 de agosto de 1978); — la 2a Conferencia mundial para la lucha contra el racismo y la discriminación racial (Ginebra 1-12 de agosto de 1983).

    [71] Cf. el documento más importante del último decenio: «Brothers and Sisters to Us: a Pastoral Letter on Racism in Our Day», publicado en 1979.

    [72] Cf. Origins vol. 16, n. 1, p. 11.

    [73] Cf. L'Osservatore Romano, 3-4 de noviembre de 1986, p. 6.

    [74] Se puede mencionar la carta que el Cardenal Roger Etchegaray dirigió, el 8-3-1986 a Mons. Denis Hurley, entonces Presidente de la Conferencia episcopal, a fin de animar los esfuerzos de los obispos y examinar las vías posibles para superar el conflicto; cf. L'Osservatore Romano 19-4-1986, p. 5.

    [75] En particular con ocasión de las visitas ad limina; la última tuvo lugar en noviembre 1987; cf. discurso de Juan Pablo II, en L'Osservatore Romano, en español, 14 de febrero de 1988, pp. 9-10.

    [76] L'Osservatore Romano, en español, 9 de octubre de 1988, p. 14.

    [77] Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial (adoptada el 21 de diciembre de 1965 y con fuerza de ley desde el 4 de enero de 1969), consideración preliminar n. 6.

    [78] La intención de estas páginas no es hacer una historia completa del racismo, ni de la actitud de la Iglesia a su respecto, sino tan sólo enumerar algunos puntos salientes de esa historia y subrayar la coherencia de la enseñanza del Magisterio frente al fenómeno racista. Al hacerlo no se pretende disimular las debilidades y, a veces, también las connivencias tanto de los hombres de Iglesia como de los simples cristianos.

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    La Iglesia ante el racismo
    Kontrapoder y Pious dieron el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

  20. #20
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    Re: Racismo y Catolicismo

    A mi esto del racismo no deja de producirme cierta perplejidad y pienso si no será que detrás de todo ello no existe una cierta creencia estética de "yo soy el guapo". Repasando algunas entradas por Internet uno se encuentra de todo, y casi todo es un puro absurdo. Por ejemplo, en el diario on-line El Español encontramos este titular y el consecuente artículo:

    ¿Somos blancos los españoles? Nuestra 'raza' se queda fuera del censo de EEUU

    https://www.elespanol.com/mundo/amer...9471650_0.html


    Lo que inevitablemente me lleva a preguntarme: ¿Son blancos los estadounidenses? y como una imagen vale más que mil palabras, ahí queda el asunto:

    https://talentcircles.com/2017/04/25...esponsibility/

    Y es que pienso que en muchos norteamericanos blancos aún pervive el puritanismo ideológico de los inmigrantes del Mayflower, y según sea el ocupante de la Cada Blanca, así va a ser su administración, es decir, cualquier cosa menos lógica: https://es.wikipedia.org/wiki/Raza_(...stados_Unidos)

    Pero el problema lo tenemos aquí, sin necesidad de ir allí, lo que incrementa nuestros complejos, prácticamente siempre de inferioridad y no se sabe por qué. Bueno, en realidad si, y es que ignorancia y estupidez son señas de identidad de muchos individuos que tienen DNI nacional:

    https://www.burbuja.info/inmobiliari...ecadencia.html

    Pienso que las intervenciones del sitio en cuestión son más que suficientes para comprobar el estado moral, intelectual y de conocimientos "profundos", y sus consecuentes análisis, de algunos intervinientes. Desde la idiocia más extrema, hasta el babismo más absoluto, dicho en sentido de baba y babero, no de religión persa.

    Existe, pues, toda una corriente de imbecilidad que atraviesa una parte del planeta sin que por el momento haya un mínimo atisbo de solución. Aunque ya sabemos que siempre habrá algunos forzados intentando mostrar realidades que la mayoría, administrativamente, irracionalmente, etnocéntricamente, acomplejadamente, y otros "-mentes", jamás admitirán.

    https://www.taringa.net/+ciencia_edu...-blancos_hfdl8

    Por supuesto, junto a los "rubitos", también están los "morenazos", curiosas formas de expresarse:

    https://www.google.es/search?q=moren...w=1366&bih=657

    Atractivos para "much@s" y entre los que hay un buen número en los Estados Unidos y, más recientemente, en las Islas Británicas, tan "pálidas" ellas hasta ahora. Me pregunto que dirán en las aduanas de Estados Unidos al mirar el aspecto de los ingleses cuando presentan el pasaporte:

    ▷Población de Inglaterra

    En fin, que esto está muy visto, que no tiene mucho sentido, pues excepto los pueblos "más primitivos y aislados", en el resto del mundo las razas en sentido étnico cada vez aparecen más desdibujadas. Para que esas clasificaciones absurdas que hacen en los Estados Unidos tuvieran una cierta lógica, deberían incluir en los documentos de identidad de cada individuo su mapa genético, que no aclararía nada, pero que daría una "pista" de la raza a la que cada cual pertenecería.


    ¿Cómo es el mapa genético de España y de Europa?


    A modo de colofón, yo mismo fui víctima del racismo. Estando en Francia, dirección Costa Azul, me vi "discriminado" dos veces: una en la que unos individuos me gritaron "espagnol" acompañado de un corte de mangas y resultaba que aquellos tipos eran argelinos o asimilados. Y el segundo caso se dio cuando un camarero se negó a servirme un "tentenpié" en su sucia tasca por ser español. Él era moreno y tenía pinta de carnicero, yo soy lo opuesto. En otra ocasión el tema me surgió en Mallorca. Era de noche, verano, zona turística y por entonces -hace unos cuantos años ya-, yo fumaba y me tomaba mis cañitas. Salí del hotel en el que me hospedaba, pues el calor y el aburrimiento de la habitación me tenían harto, y me dirigí a un bareto próximo que estaba abierto. Una vez dentro comprobé con cierto espanto que todo el paisanaje, incluidos los camareros, eran hooligans, pero como mi aspecto físico no es muy distinto, me dirigí a la maquinita expendedora y saqué un paquete de tabaco inglés, malísimo, en espera de que llegase la hora de apertura de los estancos. Y, a continuación, se me antojó tomarme una "pinta" de cerveza negra, así que con gestos justos la solicité. Me la sirvieron y me puse a saborearla mientras observaba la "decoración" del lugar -¡de órdago! tipo caverna paleolítica-, y entonces se me acercó un tipo y me pregunto en español, aunque con acento mezcla de mascado de chicle, con algunos grados de alcohol más la mandíbula débil, ¿qué haces en NUESTRO bar?. Era un cliente, a lo que yo sin mirarle le repliqué ¿Y tú qué haces en MI país?. Yo sospecho que me acompañó la suerte, porque el tipejo se retiró tal cual vino y algo les dijo a los otros. Siempre he tenido la sensación de que creyeron que debía ser un policía, quizás la edad, el aspecto, la calma o aparente seguridad en mi actitud.

    La cuestión es que nosotros mismos tenemos buena parte de culpa, y como no si nos pasamos la vida dudando de quienes somos y eso lo saben los que nos discriminan.
    Kontrapoder y DOBLE AGUILA dieron el Víctor.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    <<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


    Nada sin Dios

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