Se cumple el cuadragésimo aniversario desde que España, potencia colonial de este enclave africano, admitiese su independencia unilateralmente declarada. Con motivo de ello, "Los domingos de ABC" de fecha 12 de Octubre de 2008 dedica un extenso reportaje a comentar acerca de la realidad de nuestra antigua colonia subsahariana.
Bajo el expresivo título: "40 años de saqueo. Poco que celebrar en Guinea", su autor, Alfonso ARMADA, nos invita a entrar en la lectura del artículo con este sugerente comentario a modo de epígrafe:
"Puede que no haya colonislismo bueno. Pero España dejó Guinea Ecuatorial hace hoy cuarenta años en unas condiciones que las dictaduras de Francisco Macías, primero, y la de su sobrino Teodoro Obiang, después, no han sino envilecido. Poco que celebrar el día de la independencia".
Y pasando ya sin más al texto, éste nos introduce en un conocimiento mínimo de aquella realidad ligada a España, y en la que España sigue presente pero olvidada por nosotros.
"Cuarenta años de desolación. Cuarenta años de sufrimiento. Cuarenta años de pillaje. Es fácil y demasiado triste, resumir en qué han consistido esos cuarenta años desde que el 12 de Octubre de 1968 Francisco Macías proclamó la independencia de Guinea Ecuatorial. Sus 36.716 votos frente a los 31.941 que atrajo Edmundo Bosio, de la Unión Bubi, le permitieron a Macías , que se había presentado como "defensor del pueblo e hizo campaña anticoilonial, aunque durante su estancia en el gobierno autónomo se vanagloriaba de su colaboración estrecha con la metrópoli" -relata José Luis Cortés López en su Historia contemporánea de África -, hacerse con todo el poder; aunque nadie imaginaba que este autoproclamado "marxista hitleriano" iba a iniciar una horrenda dictadura. Da una idea Randall Fegley en su libro Guinea Ecuatorial: una tragedia africana, la "mejor historia de Guinea, al menos en inglés", para John Bennett, uno de los más críticos embajadores que Estados Unidos tuvo en Malabo: "Hacia 1978 el método más común de ejecución era aplastar el cráneo con una barra de hierro. El condenado debía tumbarse, con la cara mirando al suelo. Su cabeza era golpeada hasta que era convertida en pulpa." Entre quienes más disfrutaban de ese "espectáculo" figuraba el jefe de seguridad del régimen, el teniente coronel Teodoro Obiang, sobrino de Macías, que en el "golpe de libertad", en agosto de 1979, le derrocó. La ejecución de su tío abrió las puertas a una nueva dictadura, menos sanguinaria, pero no menos despiadada, que todavía se mantiene, ahora bañada por el hallazgo de ingentes yacimientos de oro negro que no han hecho sino reforzar a Obiang, su familia y su camarilla, en detrimento de un país poblado por medio millón de habitantes cuyas cotas de alfabetización, acceso a la sanidad y nivel de vida son hoy peores que hace 40 años, bajo el sistema colonial.
¿Qué legado dejó España en su única colonia en Africa negra? ¿Cómo resumir esos cuarenta años de independencia? "Guinea podía haber sido el foco de difusión del español en Africa", dice Gerardo González Calvo, ex-redactor jefe de la revista "Mundo Negro". "España se amilanó con Macías y se acobardó con Obiang, que se echó primero en los brazos de Francia y despues, ahora, de Estados Unidos, que ha tenido siempre un buen olfato para el petróleo. La política exterior española con Guinea Ecuatorial ha sido nefasta. Ni aposta. Los tejemanejes con Severo Moto han sido de sainete malo. ¡Qué paradoja! España con la dictadura le dió a Guinea Ecuatorial un régimen democrático y con la democracia ha apuntalado su política opresora. Lo que me sorprende es que el pueblo ecuatoguineano, vapuleado, humillado, desangrado, siga mirando a España como su tabla de salvación. Dice mucho en su favor; pero a españa la deja como una madrastra muy perversa, además de fatua".
Para John Bennett, "los ciudadanos de Guinea Ecuatorial deberían ser calurosamente felicitados en el 40 aniversario de su país. Han demostrado una increíble capacidad de resistencia. La historia de Guinea tras cuatro décadas de indenpendencia es de una profunda tristeza. Desde uno de los más prometedores inicios de entre todas las naciones que lograron la independencia en África en los años sesenta en el siglo pasado, sus gentes han sufrido dos de los peores gobiernos de la historia contemporánea. Los miles y miles de millones de dólares producto de la agricultura y el petróleo se los han embolsado la familia y el círculo de Obiang. La riqueza económica del país -y los recursos de generaciones futuras-, han sido, de hecho, privatizada. VComo resultado de 40 años de clñeptomanía, la mayoría de la población está hoy menos educada, su salud es peor y son m´ñas pobres que en la hora de la independencia." Bennett cree que la comunidad internacional debería someter al régimen de Obiang a la misma presión que la dictadura de Robert Mugabe en Zimbabue.
Silencio de Malabo.
Mientras Malabo y la probada incompetencia de su embajada en Madrid, optaron por el silencio a las preguntas de este diario, Marisé Castro, de Amnistía Internacional, señala que a pesar de algunos pequeños avances, "la situación de los derechos humanos en Guinea Ecuatorial continúa siendo preocupante. Esos avances han sido sobre todo cosméticos. Para que la situación mejore realmente es preciso que los cambios sean profundos e institucionales. Se necesita una reforma profunda del sistema judicial, que incluya a las fuerzas de seguridad, y una separación de poderes para garantizar la independencia del sistema judicial".
"Son 40 años de frustración. Nuestros padres exigieron la independencia para que pudieramos realizar los anhelos de libertad y desarrollo, y sólo hemos padecido opresión y miseria". Son palabras de Donato Ndongo-Bidyogo, autor de novelas como Los poderes de la tempestad y ensayo como Historia y tragedia de Guinea Ecuatorial. La misma palabra "frustración", la emplea Amancio Nsé, Secretario de Organización y Coordinación Administrativa de Covergencia para la Democracia Social (CPDS), el más digno partido de la oposición guineana, con un heroico diputado en el parlamento, para hablar de un país cuya "debilidad institucional, en el mundo entero, sólo la supera Somalia". Para Nsé, que sufrió en sus carnes los rigores de la cárcel de Black Beach, pero resiste en Guinea, "Los guineanos querían vivir como los blancos (vivir muy bien, aparentemente sin hacer nada); y creían que ocupando el lugar de los blancos en la sociedad tendrían las mismas comodidades". Desde el exilio, como Donato, el portavoz del Movimiento para la Independencia de la Isla Bioko (MAIB), Humberto Riochí, cree que estos cuarenta años de independencia han sido "catastróficos" con "regresión en todos los ámbitos".
"Le non pays"
Un diplomático europeo enamorado del continente, que cree que "España en Africa colonizó razonablemente bien y descolonizó rematadamente mal", recuerda cómo muchos vecinos ven a Guinea: "Le non pays" (el no país). Para él, "la celebración de hoy puede muy bien calificarse de celebración de la nada. El petróleo nada tiene que ver con la miseria de Guinea, sino la conjunción criminal del Clan de Mongomo (la camarilla de Obiang) y la tolerancia internacional. La democracia, con Obiang y sus gentes, es una mera palabra cuatrisílaba sin sentido alguno"
El historiador Gustau Nerín, autor de libros como Guinea española: descolonización paradójica, sostiene que "el colonialismo, en Guinea, como en cualquier otra parte del mundo, consistió en un mecanismo de dominación de un colectivo sobre otro. Y la única forma de mantener esa dominación era la violencia, porque los pueblos colonizados se resisten a ser sometidos. La colonización española no fué excepcional: hubo escaramuzas, amenazas, toruras, desplazamientos de poblaciones en masa, prisiones injustas, trabajos forzados, confiscaciones de tierras...
No hay ningún motivo para tener nostalgia del colonialismo. Europa exportó a África sus peores prácticas; España que durante mucho tiempo tuvo regímenes autoritarios en la misma metrópoli, en Guinea actuó de modo tiránico".
Visión diametralmente opuesta la ofrece otro historiador, José Menéndez: "la colonización de Guinea Ecuatorial fue modélica. Los logros sanitarios fueron sorprendentes. La educación, inmejorable. En guinea no había analfabetos. Por desgracia, el esfuerzo gigantesco de casi dos siglos se arrojó por la borda en pocos meses, como hago constar en mi libro Los últimos de Guinea, donde constato el fracaso de la descolonización. Si Guinea producía por los años sesenta del pasado siglo 500.000 toneladas de cacao de inmejorable calidad, en 1979, al ejecutar a Macías, sólo se habían logrado 8.000 toneladas. Todavía no se ha recuperado la nación de aquél trauma..."
Javier Sangro, actual embajador de Madrid en Malabo, piensa que "especialmente desde 1979, España hubiera debido implicarse más, siempre con absoluto respeto a la soberanía ecuatoguineana, en el proceso de desarrollo del país. El ecuatoguineano lo siente así también y lamenta mucho que no lo hiciéramos. Siendo esencialmente africano, quiere profundamente a España, cuyo proceso político desde el franquismo hasta la fecha considera modélico, siente su raíz hispana como una seña de identidad y un referente frente a los países francófonos vecinos, productores de petróleo, que hasta el descubrimiento de éste y del gas en Guinea, la consideraban como un pariente menor, retrasado e inculto. Se siente huérfana de España".
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