Por un movimiento tradicionalista en España
Hay planteada una terrible e injusta situación política para muchos españoles porque no tienen a quien dar su apoyo, sea en forma de voto, aportación económica, servicios personales voluntarios...
Y es que en el yermo de la política nacional vemos dos pinos enormes, muy juntos y debajo de los cuales no crece nada por su propia aridez y acidez, y fuera de su contorno un montón de matorralillos, algunos con aspiraciones arbóreas pero que, finalmente, no pasan de matojo.
Y entre esos matorralillos los hay de especie "nacional", pequeñas capillitas en las que se encuentran cómodos unos cuantos "patriotas" (¿?) con mucha "birrita" en la mano, mucho saludo enérgico, la boquita llena de "a tus órdenes"..., y demás parafernalia válida para chavales entusiastas que están empezando a vivir fuera del ámbito familiar, pero completamente inútil para dar unidad y soluciones a nuestra Patria.
Así, nuestro compañero Rafael Casanova anda echando sapos y culebras
en el tema "Ni un voto al PP", y no le falta razón en sus acusaciones, si bien sus argumentos en favor de arrimar el hombro, si quiera por una vez, para sacar a este impresentable individuo aposentado en La Moncloa y sentar en su lugar a Marianico, me parece que convencen poco.
Y es que hay una situación que es muy cierta, llevamos ya décadas, no sólo se pueden contar años, en las que alrededor de un diez o doce por ciento de españoles irreductibles en nuestras convicciones personales, no tenemos a nadie que nos agrupe y nos represente, no tenemos delante más que un secarral. Hay buenos gestos y buenas intenciones aquí y allá pero, seamos claros, no hay nada que cuaje y es que hasta ahora todo intento ha terminado en un puro fracaso. ¿Causas? como en todo proceso social muchas habrán sido las dificultades legales, económicas y, a las claras, causadas por el "yo" y el "yo más".
Por otra parte siempre esperamos con los brazos cruzados a que otros hagan la faena, cumplan con el trabajo de cargar con todo, mientras suspiramos por el "caballito blanco" que ponga "pasta" en ingentes cantidades. Por supuesto si no hay "parné" no hay proyecto que lo resista. A ello debemos añadir "el entusiástico apoyo" que recibiría cualquier iniciativa por parte de la "masa chupóptera" del "sistema establecido en la política como negocio". Y es que cualquier iniciativa en ese sentido supondría la paradoja de que para esta ralea resultase revolucionaria: "el quítate tú, que me voy a poner yo", por ser esto precisamente lo que ellos hacen. Por tanto, nada más eficaz que negar el pan y la sal a quienes aspiren a cualquier cambio, aparte de la descalificación permanente bajo el "sello" de ultraderecha en el que se mezclan churras con merinas y tirios y troyanos, ya que la expresión no es más que un cajón de sastre en el que cabe de todo. Y, además, contando para ello con el concurso voluntario de ciertas organizaciones sociales absolutamente inoperantes, así como con la Prensa, y da lo mismo la orientación editorial que tenga ésta.
Vistas así las cosas, pues seguiremos desesperando, con grietas en las filas morales y en los convencimientos personales. ¿Qué se puede hacer entonces si no hay "caballitos blancos", si no hay gentes con carisma dispuestas a dirigir la regeneración nacional?
Mi opinión es que hay que dar el callo día a día personalmente, hay que seguir apoyando iniciativas como esta de Hispanismo.org, hay que llevar a cabo otras iniciativas individualizadas, pero asequibles a cualquier bolsillo, como organizar candidaturas independientes en las municipales y presentarse con la clara intención de obtener concejalías y alcaldías, y es que se empieza por la base. Y también hay que dejarse de argumentos tales como que no se puede participar del Sistema. ¿No? ¿y entonces qué alternativa queda, marcharse? ¿y porque me tengo que marchar de mi Patria?
¿Y cuál es la fórmula para levantar un proyecto de envergadura? Se llama organización. Olvidémosnos de líderes que atraigan y que no generan sino "estériles poltronismos", olvidemos a los "caballitos blancos", olvidemos a las "figuras señeras" que parecen dar lustre y seriedad a cualquier proyecto, olvidemos a las masas entusiasmadas, y empecemos por usar la lógica y la razón.
Una empresa política es como cualquier otra empresa mercantil. Un grupo de gente con ganas de trabajar, un registro legal como partido, la constitución de una sociedad anónima ante notario, que va a montar una pequeña red de negocios y comercios, que suministrarán los fondos necesarios para el sostenimiento de la organización, y eso se hace mediante la emisión de acciones y cualquiera de nosotros podemos ser accionistas aportando pequeñas cantidades. Un sindicato de trabajadores, que servirá para ir penetrando en el campo laboral, y es que a la gente le importa su bolsillo y su estómago, quedando los discursos para los políticos y las grandes ideas para intelectuales y filósofos. En definitiva, la gente quiere que se les dé seguridad, puedan comer y tengan casa.
Tampoco ha de faltar, pero más adelante, una fundación que abra puertas, que establezca relaciones y colaboración con otra tradiciones nacionales, así como lograr donaciones y financiaciones legales. Y, por último, disponer de un medio de comunicación social aunque sea modesto. Por supuesto, no esperar que los "usurpadores" del pueblo, vayan a permitir propaganda positiva alguna. Para eso hay que pagarla mediante anuncios en la Prensa, hay que hacerse presente y hacer llegar el mensaje.
Después ya se irán perfilando los líderes, ya irán surgiendo gentes que se acercarán si ven un proyecto serio y en marcha, ya llegará la militancia para rellenar sobres, pegar carteles o aclamar en los mítines. Y, olvidar de una vez a las otras organizaciones; como dice Rafael Casanova, si no hay alimento, o se fusionan o se secan.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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