Quisiera saber que pensáis al respecto. Está claro que el carlismo o tradicionalismo español no es compatible con este tipo de democracia (o partitocracia) liberal, parlamentaria y constitucional, sistema que ha combatido desde 1833 (en forma de parlamentarismo con sufragio limitado) y aún antes. ¿Pero, acaso sería compatible el tradicionalismo con otro tipo de democracia? ¿Es la forma democrática (no partitocrática) de gobierno compatible con un Estado Católico? Con una Monarquía real me parece a mi más evidente que no. ¿Pero podríamos entender, como dice Chesterton en su obra Ortodoxia, que la democracia no se opone a la tradición, pues la tradición no es más que la democracia proyectada en el tiempo? Entiendo que el tradicionalismo propugna la idea de los cuerpos intermedios frente al Estado Totalitario. ¿Sería eso una forma de "democracia" o conviene desechar y evitar esta palabra en todo caso?

Yo personalmente creo que la democracia, sea o no en forma de partitocracia, es siempre perjudicial, ya que el hecho de que la mayoría decida algo no significa que sea lo correcto y menos aun que sea "la Verdad", como da la impresión hoy en día. Creo que podrían someterse a votación ciertas cuestiones puntuales, pero igual que no sometemos al dictamen de la mayoría como hacer un puente o como operar a un paciente, creo que el gobierno de una nación no debería depender de lo que digan las mayorías, estén o no verdaderamente representadas. No olvidemos la naturaleza caída del hombre, más aun en nuestros días, donde toda guía espiritual brilla por su ausencia.

Si llegamos a la conclusión de que la democracia, cualquiera que sea su forma, es perjudicial, creo que deberíamos decirlo sin ambages. La ambigüedad de nada sirve y el Tradicionalismo, que hoy en día es marginal (nos guste o no) y no tiene nada que perder, no va a ganar adeptos por intentar "caer bien". Sin embargo, si podría hacerlo hablando claro, con lenguaje decimonónico si es preciso y sin complejos. Hoy en día lo del "socialismo autogestionario" de los falsos carlistas, por ejemplo, le trae sin cuidado a cualquiera, pero hablar de una monarquía católica regida por unos principios y verdades objetivas inamovibles, aunque con una cierta representación social, no deja a nadie indiferente.