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Honores2Víctor

Tema: Corralito

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  1. #1
    jasarhez está desconectado Proscrito
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    Re: Corralito

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    Estimado Jasarhez: Si miras bien, el artículo está firmado por Juan Manuel de Prada, no es mío. Lógicamente, si lo ha traído aquí es porque me parece bueno (como suelen ser los suyos) y estoy de acuerdo en todo o casi todo. Ya quisiera tener yo la sagacidad de Prada y el tiempo para escribir esas cosas.

    En realidad, soy más bien pesimista. Ya quisiera yo que hubiera una nueva Cruzada (me apuntaba ahora mismo), pero con el transbordo ideológico tan terrible que ha sufrido la sociedad española no lo veo nada posible, lo cual no quiere decir que yo por mi parte no vaya a hacer cuanto esté en mis manos por salvar a España, por pequeña que sea mi contribución.
    Es verdad, estimado Hyeronimus. Ya me pasó lo mismo en otra ocasión.. Cada vez tengo menos falta de atención

    Y entre otros muchos defectos que padezco, también tengo que admitir mi tendencia pesimista. Aunque, también haya gente que diga que, a veces, también tenga un puntito de temeridad, casi suicida y unas gotas de locura pasajera (lo que quizás también sea otro defecto...). Pero quizás, por eso me gustó el artículo que colgaste de JM de Prada (quien por cierto, también se ha considerado en mas de una ocasión, públicamente, como pesimista... aunque, en este artículo, no lo parezca).

    De hecho, tal y como te pasa a ti, yo tampoco veo posible en estos momentos de nuestra historia el estallido de ninguna Cruzada, a la que con los ojos cerrados, como tu dices.. yo también me embarcaría. Y si ésto fuera posible, también me gustaría que fuera España (y Portugal, nuestra hermana vecina) quien la encabezara. Comenzando por promover con el ejemplo de nuestra hispánica lucha, un cambio de cultura en el corazón de la vieja y corrupta Europa. Para crear una sociedad que estuviera mas dispuesta a sacrificar la estúpida mentira del "consumo desmedido" que ha rebajado al ser humano a la condición de cosa... y que nos han traído todas estas ideas extranjeras, paganas y paganizantes del sistema liberal y marxista, por la VERDAD y la JUSTICIA de Cristo.

    Y es partiendo, precisamente, de esta idea por donde me gustaría comenzar a contestar algunas de las ideas que expone Irmão de Cá en este último mensaje suyo.

    Cita Iniciado por Irmão de Cá Ver mensaje
    (.../...) Hay que cambiar mucho y mucho hay que cambiar. Pero antes de empezar la paliza se cierran las puertas de casa. Para se cambiar y devaluar la moneda hay que frenar la fuga de capitales; para frenar la fuga de capitales hay que cerrar (en parte) la economía; para cerrar parcialmente la economía hay que quitar la Unión Europea; para quitar la Unión Europea hay que plantear alternativas; para plantear alternativas es necesario tiempo y decisión; para haber decisión es necesario voluntad; para haber voluntad es necesaria otra cultura política y otra sociedad que esté dispuesta a sacrificar consumo por cambio de un modelo de economía más sustentable, más respetuoso de los recursos, más justo en la repartición de la propiedad de los medios de producción y de la renta resultante, más asiente en los valores de Cristo que en los del mercado.
    Estimado Irmão de Cá,

    dejando al margen las críticas de "simplismo" que haces del artículo de JM de Prada. Observación que yo no puedo compartir, pero tampoco rebatir... lamentablemente, ya que no tengo las suficientes nociones de economía para poder hacerlo, tengo que decirte que me ha gustado tu último párrafo (el cual cito). Es verdad que habría que cambiar muchas cosas, y que una de ellas; quizás la primera... sea la de cerrar nuestras puertas. Regresar a un cierto nivel sano de autarquía y fomentar la industria nacional, y el sentimiento de pertenencia a una patria común, y la ilusión por un futuro que solo nos pertenece a los que vayamos a construílo... Como tu dices, para cerrar nuestras puertas primero habría que finiquitar la nefanda Unión Europea, al menos tal y como está concevida y estructurada en estos momentos y asentarla en Cristo. Sería como poner en práctica quél: "Europa, vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes", que decía el papa Juan Pablo II ante la tumba del Apostol Santiago, en Santiago de Compostela. Es decir, Europa deja de llamarte así y recupera de nuevo tu verdadero y único nombre, el de "Cristiandad"... que jamás debiste olvidar.

    Se que suena a una empresa casi suicida, pero a mi me encantaría que tal "revolución" (que en realidad no sería mas que su contra) fuera iniciada aquí, en el interior de nuestras fronteras hispánicas. Dejemos de ser ya tan "sensatos", y aunque se nos pueda acusar de simplismo o de locura suicida, hagamos gala de nuestro espíritu quijotesco (siempre tan hispano), siempre tan nuestro... y seamos los primeros en comenzar a soñar de una vez por todas. Y comencemos primero arremetiendo contra tantos y tantos molinos de viento, sin tener miedo de los gigantes que no son.. porque nunca lo fueron, aunque aparentan serlo. Porque, aunque me llamaran necio, estúpido o loco, yo en esa lucha sí me metería de lleno.

    A mí si me ha gustado, y mucho, el artículo de Juan Manuel (me suele ocurrir lo mismo con todos sus artículos). Y con este mensaje me gustaría comenzar mi particular pequeña lucha por reivindicar nuestra pronta salida del EURO. Primera batalla de una larga y feroz lucha para acabar con esta Europa sin alma que no es mas que el insípido y bobalicón "centro comercial" donde juegan al monopoli unos mercaderes sin Dios y sin escrúpulos que han enfermando nuestras almas y que tanto se han empeñado en ensuciar nuestros templos.

    Si pudiera con un látigo, yo mismo los expulsaría de nuestro suelo, y solo esperaría al general que se pusiera a la cabeza de esta santa lucha, para ponerme a sus órdenes, y comenzar a hacerlo... empezando, primeramente, creyendo en ello... Y sabiendo que esta acción quizás nos llevaría a la carcel, a la ruína o al sacrificio si fracasáramos en el empeño.

    Cuando Don Pelayo comenzó la Reconquista en Covadonga, jamás supuso que ésta triunfaría, ni tampoco que esa dura empresa iba a durar tantos siglos... pero, aún así, la inició, porque tenía fe y principios. Y al fin, su fe y la de tantos otros... finalmente nos llevaría a la forja de un Imperio, un Imperio asentado, como no podía ser de otro modo, en la fe de la Verdad y la Justicia de Cristo. Ninguna larga marcha de muchos miles de kilómetros se ha concluído nunca sin haberla comenzado dando primero un pequeño y tímido primer paso, solamente un primer pasito... iniciado contra el consejo de tantos y tantos agoreros. O lo que también es lo mismo, el miedo no es un buen consejero.... "quien quiera salvar su vida la perderá sin remedio".

    ¡Revivamos el espíritu del
    insigne hidalgo Don Quixote!
    .

    REVIVAMOS EL ESPÍRITU DE DON PELAYO

    Un abrazo en Cristo a ambos
    Última edición por jasarhez; 25/05/2012 a las 00:20

  2. #2
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    Re: Corralito

    Y el estadista que supiera hacer y cumplir hoy día un discurso como éste, perfectamente se que podría empezar a ser mi nuevo caudillo. De un Caudillo así me sería fácil aprender a obedecer todas sus órdenes. Tras haber hecho públicamente, desde el gobierno, este análisis que es toda una declaración de principios, me sería muy fácil porque estos principios y este análisis de la situación es también el mío:

    "Hay, de hecho, en la vida de las sociedades modernas una crisis más grave que la crisis de la moneda y de los cambios y del crédito y de los precios y de las finanzas públicas, más grave porque es la madre de todas ellas: es la crisis del pensamiento económico, mejor dicho, la crisis de los principios informadores de la vida económica.

    Hemos adulterado el concepto de riqueza; lo hemos separado de su propio fin de sustentar, con dignidad, la vida humana; hemos hecho de él una categoría independiente que nada tiene que ver con el interés colectivo, ni con la moral, y hemos supuesto que amontonar bienes sin utilidad social, sin normas de justicia en su adquisición y en su uso, podía constituir una finalidad de los individuos, de los Estados o de las naciones.

    Hemos deformado la noción del trabajo y la persona del trabajador. Olvidamos su dignidad de ser humano, consideramos tan sólo su valor de máquina productora, medimos y pesamos su energía, y no nos acordamos siquiera de que es elemento de una familia, y que la vida no está solo en él, sino en su mujer, en sus hijos, en su hogar.

    Fuimos más lejos: disociamos el hogar; utilizamos a la mujer y al niño como valores secundarios, más baratos, de la producción — unidades sueltas, elementos igualmente independientes unos de otros, sin vínculos, sin afectos, sin vida común — y destrozamos prácticamente la familia. De un sólo golpe desmembramos el núcleo familiar, aumentamos la concurrencia de trabajadores con la mano de obra femenina, y no le dimos en forma de salario lo que corresponde a la productividad de una buena ama de casa y a la utilidad social de una ejemplar madre de familia.

    Desligamos al trabajador del cuadro natural de su profesión: libre de los vínculos asociativos, quedó solo; sin la disciplina de la asociación, quedó libre, pero débil. Luego consentimos que se agremiase con otros, y él lo hizo, como reacción, no para cumplir un fin de solidaridad y consciente de la necesidad de coordinar todos los elementos para la obra de producción de la riqueza, sino contra alguien o contra algo: contra los patronos, considerados como clase enemiga, contra el Estado, que es la garantía del orden; hasta contra otros obreros, en una fatal repercusión de las violencias y excesos practicados, o de las imposiciones que, realizadas en un sector, desequilibran a veces, y en detrimento de los propios trabajadores, las otras ramas de la producción. Ni elevación intelectual o moral, ni perfeccionamiento técnico, ni instrumentos de previsión, ni espíritu de cooperación: sólo odio, odio destructor.

    Empujamos al Estado, primero hacia una pasividad absoluta, que no tenía o no quería tener nada que ver con la organización de la economía nacional, y después hacia un intervencionismo absorbente de la producción, de la distribución y del consumo de las riquezas. Siempre que lo hizo, donde quiera que lo hizo, frustró las ini*ciativas, se sobrecargó de funcionarios, aumentó de un modo desmedido los gastos y los impuestos, disminuyó la producción, dilapidó grandes sumas de riqueza privada, restringió la libertad individual, se hizo pesado, enemigo insoportable de la Nación.

    Los que ciegamente impelidos por la lógica de sus falsos principios, quisieron llegar hasta las últimas consecuencias, montaron la máquina con la ostentación de los grandes planes, con el rigor aparente de la ciencia y de la técnica más perfecta, pero el trabajador libre, el «hombre» desapareció, arrastrado por el colosal engranaje, sin elasticidad y sin espíritu, movilizados los operarios como máquinas, o transferidos como rebaños, que se llevan de una región porque se han concluido los pastos.

    Sí; la crisis que sufrimos va ciertamente a pasar, pero lo esencial es saber si la enfermedad que mina la economía de las sociedades modernas será, por fin, atacada, porque si bien es cierto que se está consumando ante nuestros ojos el proceso de la democracia y del individualismo, el proceso de la economía materialista está concluso: todo falló.

    Tenemos, pues, vedado ese camino, y no veo otro que sustituir los graves yerros que han torcido la visión de los conductores de hombres en el mundo, por conceptos equilibrados, justos y humanos de la riqueza, del trabajo, de la familia, de la asociación, del Estado"
    .



    ¿Por qué no es posible hoy día, en nuestro nuevo y flamante siglo XXI, un hombre así en el gobierno de ningún país europeo?, ¿por qué tenemos que conformarnos con todos esos políticos perrosflautas que ahora padecemos..? (no voy a pegar sus fotos, porque todos ya los conocemos...). ¿Hasta cuando esta dictadura?.

    ¡VIVA CRISTO REI!, ¡VIVA O ESTADO NOVO!
    ¡¡DEUS, PÁTRIA E FAMÍLIA!!

    Un saludo
    Última edición por jasarhez; 24/05/2012 a las 23:41

  3. #3
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    Re: Corralito

    Cita Iniciado por jasarhez Ver mensaje
    Y el estadista que supiera hacer y cumplir hoy día un discurso como éste, perfectamente se que podría empezar a ser mi nuevo caudillo. De un Caudillo así me sería fácil aprender a obedecer todas sus órdenes. Tras haber hecho públicamente, desde el gobierno, este análisis que es toda una declaración de principios, me sería muy fácil porque estos principios y este análisis de la situación es también el mío:



    ¿Por qué no es posible hoy día, en nuestro nuevo y flamante siglo XXI, un hombre así en el gobierno de ningún país europeo?, ¿por qué tenemos que conformarnos con todos esos políticos perrosflautas que ahora padecemos..? (no voy a pegar sus fotos, porque todos ya los conocemos...). ¿Hasta cuando esta dictadura?.

    ¡VIVA CRISTO REI!, ¡VIVA O ESTADO NOVO!
    ¡¡DEUS, PÁTRIA E FAMÍLIA!!

    Un saludo
    Estimado Jasarhez

    No puedo coincidir contigo y te digo por qué. El mal del caudillismo es que cuando se va caudillo, se van sus principios... cuando mismo los principios no cambian, incluso en el consulado del caudillo. Sólo la monarquía (la tradicional, claro!) puede asegurar que los buenos principios, el buen gobierno, una cierta visión del reino se hacen perennes y se mantienen firmes ante el paso de las generaciones. Sólo la monarquía tradicional puede reinar sobre y para todos sus súbditos: los vivos pero también los que ya fallecieron, muchos de ellos peleando Dios y por su patria, para no verla impía, rota y sumisa, como vemos las nuestras patrias hoy; también para los que están por nacer, para que vengan a vivir en la patria que sus abuelos les han legado.

    Y por qué la sólo la monarquía lo puede lograr? Porque la monarquía tradicional asienta en la legitimidad dinástica del poder (o de sangre) pero también en su legitimidad legal (o de ejercicio). La de sangre le proporciona la continuidad, la de ejercicio le confiere integridad, imparcialidad y justicia. Sólo la monarquía tradicional concentra en un sólo sistema estas dos legitimidades, blindando los más altos intereses del reino y de su pueblo contra cualquier interese de grupo y de turno, de dentro o de afuera de sus fronteras.

    Lo mejor que puede hacer un caudillo por su patria, estimado Jasarhez, es arrancarla del abismo donde se encuentre y construir para ella la fortaleza inexpugnable de la monarquía tradicional, rehabilitando las leyes y la fuerza que la garantizan; se restaure el reino y sus leyes, que el rey luego se arreglará.

    Esto no lo quiso el Prof. Salazar, estimado Jasarhez. Es más; Salazar, aún en su vida, cedió terreno en las posiciones económicas que ha defendido y que has colgado en tu mensaje. Antes de se caer de la silla en 68 (o de le empujaren), lo que llevaría a su muerte en 1970, ya Portugal era presa de grandes oligopolios como los de las familias Mello y Champalimaud (para citar algunos ejemplos) que imponían sus leyes en respeto a la regulación de la economía y del trabajo, sin cualquier respeto por el bonito texto que has dejado arriba. Bonitas palabras las lleva el viento...
    res eodem modo conservatur quo generantur
    SAGRADA HISPÂNIA
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  4. #4
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    Re: Corralito

    Cita Iniciado por Irmão de Cá Ver mensaje
    Estimado Jasarhez

    No puedo coincidir contigo y te digo por qué. El mal del caudillismo es que cuando se va caudillo, se van sus principios... cuando mismo los principios no cambian, incluso en el consulado del caudillo. Sólo la monarquía (la tradicional, claro!) puede asegurar que los buenos principios, el buen gobierno, una cierta visión del reino se hacen perennes y se mantienen firmes ante el paso de las generaciones. Sólo la monarquía tradicional puede reinar sobre y para todos sus súbditos: los vivos pero también los que ya fallecieron, muchos de ellos peleando Dios y por su patria, para no verla impía, rota y sumisa, como vemos las nuestras patrias hoy; también para los que están por nacer, para que vengan a vivir en la patria que sus abuelos les han legado.

    Y por qué la sólo la monarquía lo puede lograr? Porque la monarquía tradicional asienta en la legitimidad dinástica del poder (o de sangre) pero también en su legitimidad legal (o de ejercicio). La de sangre le proporciona la continuidad, la de ejercicio le confiere integridad, imparcialidad y justicia. Sólo la monarquía tradicional concentra en un sólo sistema estas dos legitimidades, blindando los más altos intereses del reino y de su pueblo contra cualquier interese de grupo y de turno, de dentro o de afuera de sus fronteras.

    Lo mejor que puede hacer un caudillo por su patria, estimado Jasarhez, es arrancarla del abismo donde se encuentre y construir para ella la fortaleza inexpugnable de la monarquía tradicional, rehabilitando las leyes y la fuerza que la garantizan; se restaure el reino y sus leyes, que el rey luego se arreglará.

    Esto no lo quiso el Prof. Salazar, estimado Jasarhez. Es más; Salazar, aún en su vida, cedió terreno en las posiciones económicas que ha defendido y que has colgado en tu mensaje. Antes de se caer de la silla en 68 (o de le empujaren), lo que llevaría a su muerte en 1970, ya Portugal era presa de grandes oligopolios como los de las familias Mello y Champalimaud (para citar algunos ejemplos) que imponían sus leyes en respeto a la regulación de la economía y del trabajo, sin cualquier respeto por el bonito texto que has dejado arriba. Bonitas palabras las lleva el viento...
    Gracias por tu contestación, estimado Irmão de Cá.
    Yo también me he planteado esas mismas cuestiones que tu planteas sobre el fenómeno del "caudillismo", así como sobre la monarquía. Es cierto que uno de los males del caudillismo puede ser que cuando se marcha el caudillo, con él pueden irse también sus principios, y eso (como tu muy bien apuntas) si no los "olvida" o los sustituye por otros "nuevos" , aún en vida. Es verdad lo que dices, y la historia, generalmente, así lo ha demostrado. Nada resulta ser eterno, y mucho menos unos principios a los que hoy día la gente gusta de denominar con el término "valores" (que suben, bajan y se sustituyen por otros nuevos... como sus homólogos en la bolsa). El ejemplo que pones, haciendo referencia a los años finales del régimen de Salazar, es apropiado y comparto lo que dices.

    Pero, dejando a un lado a la "realpolitik" de este régimen del que hablamos (el salazarista) y que contrastó o incluso contradijo finalmente, "las bonitas palabras" iniciales del discurso que he pegado, también podría caber la posibilidad histórica, como tu apuntas... de que un caudillo re-instaurara un régimen monárquico tradicional que permitiera asegurarlas (en caso de que una monarquía tradicional realmente las pueda asegurar en nuestros días, y en caso de que ésta fuera posible...). Pero una cosa también siempre me he preguntado (y quizás sea solo por mi desconocimiento), ¿cómo podemos asegurar la "continuidad" solamente con la sangre y con el ejercicio del poder regio, si no se crea algún tipo de mecanismo que "ate" firmemente los principios en los que se pueda basar cualquier régimen, sea éste monarquico o no lo sea...?. ¿Y si el hijo del monarca, por poner un ejemplo estúpido, sale "rana" y deja de someterse a Dios o a su juramento?, ¿Se le destrona sin más..?, ¿y quién lo haría, los denominados "cuerpos intermedios"?, ¿y qué garantizaría que la corrupción no haya llegado también a ellos?, ¿qué papel jugaría entonces la Santa Sede (la de nuestros días y no otra imaginaria...), que si no me equivoco es quien debería poder velar por el cumplimiento de lo prescrito...?, ¿podríamos confiar también en ella, cuando ésta ni siquiera ya es una auténtica monarquía?. ¿Donde estarían las "garantías" de continuidad de un régimen monárquico, por muy tradicional que éste pretendiera ser en nuestros días?. Una situación en la que el honor y la virtud son prácticamente bonitas reliquias del pasado...?. En fin, son muchas las preguntas que se me plantean sobre este tema, y no es que no admire el régimen monárquico tradicional, sino que no lo veo posible, debido a la crisis moral en que estamos inmersos, en nuestros días. Por eso pienso que... sabiendo con certeza que no voy a encontrar "certezas absolutas", sigo diciendo que, para mi, un discurso así como el de Salazar, amén de suscribirlo letra a letra, éste me empujaría a apoyar al hombre que tuviera el valor de pronunciarlo en su carrera política en la medida de mis fuerzas. En nuestros días no veo que tuviéramos otras mejores salidas, si es que ésta se diera. ¿Qué otra cosa podríamos esperar? (o ni siquiera eso...).

    Porque otra cosa es lo que aquí, también, Alejandro Farnesio ha apuntado, en caso de una hipotética conflagración civil en la España de nuestros días... Si el conflicto surge, como sería de preveer, entre demócratas-liberales y comunistas-anarcoides, o similar... Entonces, mi punto de vista sería el mismo que suelo adoptar frente a la falsa dicotomía que se nos plantea cada cuatro años, en las sucesivas consultas electorales... es decir, la equidistancia mas auténtica y absoluta entre ambos bandos. Me importaría un rábano cual de las dos opciones saliera victoriosa, porque continuaría sintiéndome en las antípodas de cualquiera de ellas. Mi guerra no pasaría por la defensa de ninguna.

    Un saludo
    Última edición por jasarhez; 10/06/2012 a las 01:09

  5. #5
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    Re: Corralito

    Cita Iniciado por jasarhez Ver mensaje
    Pero una cosa también siempre me he preguntado (y quizás sea solo por mi desconocimiento), ¿cómo podemos asegurar la "continuidad" solamente con la sangre y con el ejercicio del poder regio, si no se crea algún tipo de mecanismo que "ate" firmemente los principios en los que se pueda basar cualquier régimen, sea éste monarquico o no lo sea...?. ¿Y si el hijo del monarca, por poner un ejemplo estúpido, sale "rana" y deja de someterse a Dios o a su juramento?, ¿Se le destrona sin más..?, ¿y quién lo haría, los denominados "cuerpos intermedios"?, ¿y qué garantizaría que la corrupción no haya llegado también a ellos?, ¿qué papel jugaría entonces la Santa Sede (la de nuestros días y no otra imaginaria...), que si no me equivoco es quien debería poder velar por el cumplimiento de lo prescrito...?, ¿podríamos confiar también en ella, cuando ésta ni siquiera ya es una auténtica monarquía?. ¿Donde estarían las "garantías" de continuidad de un régimen monárquico, por muy tradicional que éste pretendiera ser en nuestros días?. Una situación en la que el honor y la virtud son prácticamente bonitas reliquias del pasado...?. En fin, son muchas las preguntas que se me plantean sobre este tema, y no es que no admire el régimen monárquico tradicional, sino que no lo veo posible, debido a la crisis moral en que estamos inmersos, en nuestros días. Por eso pienso que... sabiendo con certeza que no voy a encontrar "certezas absolutas", sigo diciendo que, para mi, un discurso así como el de Salazar, amén de suscribirlo letra a letra, éste me empujaría a apoyar al hombre que tuviera el valor de pronunciarlo en su carrera política en la medida de mis fuerzas. En nuestros días no veo que tuviéramos otras mejores salidas, si es que ésta se diera. ¿Qué otra cosa podríamos esperar? (o ni siquiera eso...).
    Estimado Jasarhez,

    No tienes por qué agradecer mis contestaciones o las de cualquier otro forista, pues estamos en un foro de debate.
    Las cuestiones que pones son pertinentes; ni siempre el monarca es digno de su trono. Por eso ocurrió en España que la dinastía legítima, la carlista, ya "destronó" un rey y no reconoció otro, por ilegitimidad de ejercicio: D. Juan III y D. Carlos Hugo. Claro, estamos hablando de una dinastía proscrita (a pesar de legítima); así que el papel que tomarían las cortes en estos actos lo han tomado los carlistas, en la instancia de la propia familia Real o en los movimientos que congregan y representan a los carlistas.

    El tradicionalismo español asienta en el tetralema "Dios-Patria-Fueros-Rey"; (el trilema portugués, aunque no incluya el elemento "fueros", subentiende el elemento ley, por lo que va de lo mismo). Este tetralema representa las dos legitimidades, la de sangre y la de ejercício: el rey (cuya sucesión depende del nexo dinástico) debe jurar los "fueros" para ser coronado y hacerlos cumplir para se mantener coronado. Las garantías de la legitimidad de ejercicio de la monarquía tradicional son las mismas que puede ofrecer cualquier estado de derecho, es decir la ley y capacidad de hacerla cumplir. Todavía las leyes y todo el proceso legislativo difieren de las dichas democracias, pues dependen de una legitimidad que no es partidocratica o sometida a intereses de turno; la legitimidad monárquica que asegura la continuidad de una visión de la Patria que defienda a Dios y a Sus leyes y respete los deberes y libertades históricas de todos sus pueblos, consagradas en los fueros, la verdadera constitución histórica española.

    Todavía un rey o toda una monarquía nada son sin la voluntad de los pueblos. Así que las dudas que te planteas tienen toda la razón de ser. Hay que querer y hacer los otros querer. Esa es la parte difícil. Porque el valor y la adecuación de la monarquía tradicional a España y Portugal ya está sobradamente probado por siglos y siglos de historia.
    res eodem modo conservatur quo generantur
    SAGRADA HISPÂNIA
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  6. #6
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    Re: Corralito

    Cita Iniciado por Irmão de Cá Ver mensaje
    Estimado Jasarhez,

    No tienes por qué agradecer mis contestaciones o las de cualquier otro forista, pues estamos en un foro de debate.
    Las cuestiones que pones son pertinentes; ni siempre el monarca es digno de su trono. Por eso ocurrió en España que la dinastía legítima, la carlista, ya "destronó" un rey y no reconoció otro, por ilegitimidad de ejercicio: D. Juan III y D. Carlos Hugo. Claro, estamos hablando de una dinastía proscrita (a pesar de legítima); así que el papel que tomarían las cortes en estos actos lo han tomado los carlistas, en la instancia de la propia familia Real o en los movimientos que congregan y representan a los carlistas.

    El tradicionalismo español asienta en el tetralema "Dios-Patria-Fueros-Rey"; (el trilema portugués, aunque no incluya el elemento "fueros", subentiende el elemento ley, por lo que va de lo mismo). Este tetralema representa las dos legitimidades, la de sangre y la de ejercício: el rey (cuya sucesión depende del nexo dinástico) debe jurar los "fueros" para ser coronado y hacerlos cumplir para se mantener coronado. Las garantías de la legitimidad de ejercicio de la monarquía tradicional son las mismas que puede ofrecer cualquier estado de derecho, es decir la ley y capacidad de hacerla cumplir. Todavía las leyes y todo el proceso legislativo difieren de las dichas democracias, pues dependen de una legitimidad que no es partidocratica o sometida a intereses de turno; la legitimidad monárquica que asegura la continuidad de una visión de la Patria que defienda a Dios y a Sus leyes y respete los deberes y libertades históricas de todos sus pueblos, consagradas en los fueros, la verdadera constitución histórica española.

    Todavía un rey o toda una monarquía nada son sin la voluntad de los pueblos. Así que las dudas que te planteas tienen toda la razón de ser. Hay que querer y hacer los otros querer. Esa es la parte difícil. Porque el valor y la adecuación de la monarquía tradicional a España y Portugal ya está sobradamente probado por siglos y siglos de historia.
    Perdona que vuelva a ser reiterativo en darte las gracias por tus contestaciones, estimado Irmão de Cá. Estoy completamente de acuerdo con todo lo que dices, sobretodo en la parte final cuando afirmas que "un rey o toda una monarquía nada son sin la voluntad de los pueblos". Y que lo difícil que es "hacer querer" a los otros lo mismo que nosotros queremos...

    Un abrazo en Cristo

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