Pues no sé, pero en mi opinión esa casa tan lujosa seguramente no es la de un indio, ni me parece muy adecuada para alguien marxista -su fondo es demasiado lujoso, incluso parecen entreverse muebles de estilo "imperio"-, y es que "la mujer del César no sólo ha de serlo, sino también parecerlo", pero, no obstante, lo que digo sólo se refiere a un escenario. Lo que de verdad importa, una vez más, es que ésta es alguien que no llega, alguien que se queda en el aullido hueco, vacío, en la injusticia de acusar a toda una institución, a toda una ekklesia de mil millones de fieles, a toda una Historia bimilenaria con otros mil millones más ya fallecidos, por unos cuantos casos de curas pederastas. Curas que, estoy convencido, ya eran homosexuales antes que frailes, curas que han faltado a sus votos de castidad, curas que han mentido y engañado a la Institución a la que pertenecen. Obsérvese el argumento: es culpable quien recibe el daño. Y esa "doctora" en inmundicia moral se permite juzgar a título personal y particular a toda la Iglesia Católica: ¡ maldita seas, guarra!