Capítulo I
Vaticano II - Primera Sesión
Primera intervención
Sobre el primer mensaje de 20 de Octubre de 1962
“Al principio de la jornada del 20 de Octubre [1], nos fue entregado un borrador de mensaje "ad universos homines", borrador relativamente largo, puesto que ocupa cuatro páginas de la edición vaticana de textos auténticos.
Se nos dio a un cuarto de hora para conocerlo. Aquellos que deseaban realizar cambios debían notificarlo a la Secretaría del Concilio por teléfono; redactar su intervención; y presentarse al micrófono a la llamada de la Secretaría.
Inmediatamente vi con evidencia que ese borrador estaba inspirado por una concepción de la religión orientada solo hacia el hombre, especialmente hacia bienes temporales, en busca de un tema que uniera a todos los hombres, ateos y religiosos! ... necesariamente utópica y de espíritu liberal.
Aquí, algunos extractos de ese borrador:
"Usaremos nuestras fuerzas y nuestros pensamientos con el propósito de renovarnos tanto nosotros como los fieles que se nos han confiado, de modo que aparezca la faz amable de Cristo ante todas las Naciones..."
"Por ello la Iglesia no se hizo para dominar, sino para servir..."
"Esperamos que los trabajos del Concilio den un resplandor brillante a la luz de la fe, que proporcione un renacimiento espiritual de donde parta un impulso feliz que beneficie los valores humanos: descubrimientos de la ciencia, el progreso técnico, la difusión de la cultura..."
"Nos sentimos solidarios con todos aquellos que por carecer de suficiente ayuda, no pueden todavía alcanzar un desarrollo verdaderamente humano..."
"También dedicaremos una parte importante de nuestros trabajos a todos los problemas terrenos que afectan a la dignidad del hombre y una auténtica comunidad de pueblos...!"
Dos puntos principales: la paz y la justicia social.
"Afirmamos la unidad fraterna de los hombres sobre las fronteras y las civilizaciones".
"Por eso apelamos, no sólo a nuestros hermanos de quienes somos pastores, sino a nuestros hermanos creyentes en Cristo y a todos los hombres de buena voluntad para trabajar con nosotros en construir en este mundo una ciudad más justa y más fraterna!..."
Apenas hubo intervenciones, una de ellas fue del Obispo Ancel, que fue aprobada; era solo una modificación de detalle.
Al atacar el espíritu de este mensaje, choqué con quienes lo redactaron, y se me dirigieron agrias observaciones después de la reunión, por S.E. el Cardenal J. C. Lefebvre que había supervisado ese borrador, escrito probablemente por expertos franceses como el P. Congar."
Texto de la intervención de Mons. Marcel Lefebvre, leída públicamente
“En primer lugar, me parece que el tiempo dado para el estudio y aprobación de este mensaje no es suficiente; de hecho, este mensaje es del mayor interés.
En segundo lugar y en mi humilde opinión, considera principalmente los bienes humanos y temporales y muy poco los bienes espirituales y eternos; tiene en cuenta principalmente el bien de la ciudad terrena y muy poco de la Ciudad celestial hacia la que tendemos y por la cual estamos en la Tierra. Aunque los hombres esperan de nosotros, por el ejercicio de nuestras virtudes cristianas, la mejora de su condición temporal, cuánto más sin embargo desean, en esta Tierra, los bienes espirituales y sobrenaturales.
Bien podría haberse hablado más de estos bienes, ya que son los verdaderos bienes, esenciales y eternos, que podemos y debemos disfrutar desde esta vida en la Tierra.
Es en estos bienes donde se encuentran principalmente la paz y la beatitud.”
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[1] El Concilio fue inaugurado por el Papa Juan XXIII el 11 de octubre de 1962.
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