Capítulo II
Vaticano II Segunda sesión
Quinta intervención – Noviembre de 1963
Sobre el esquema referente al ecumenismo y su apéndice sobre la “libertad religiosa”.
“En relación con estos esquemas sobre temas ambiguos y delicados, instrumentos de acción liberal y progresista, convendría traducir el primer borrador, que muestra claramente las intenciones de sus autores.
En ella resaltan los siguientes puntos: una atenuación deliberada de las distinciones entre "las Iglesias cristianas", una exageración de los beneficios espirituales disfrutados por los individuos de comunidades no-católicas y ¡una declaración escandalosa de culpa de ambas partes en el momento de la separación y el cisma!
Por esta razón consideré mi deber intervenir. La brevedad del tiempo que se nos concedía (diez minutos) no permitía elaboraciones largas.
Fue admitida la solicitud de los Cardenales Bacci y Ruffini y modificado, por tanto el título. El título en cuestión era "De los principios del ecumenismo católico”. Fue sustituido como: "De los principios católicos del ecumenismo”.
Texto de la intervención
Capítulo sobre el ecumenismo "en general"
(Esta intervención no fue leída públicamente, pero pasó a la Secretaría del Concilio)
“Venerables Hermanos:
Ciertos Padres estamos de acuerdo con la intención del esquema y con todas sus declaraciones relativas a las disposiciones interiores con respecto a nuestros hermanos separados. Ojala por nuestra parte pudiéramos hacer todos los esfuerzos legítimos para persuadir a estos hermanos a volver a la unidad de la Iglesia.
Sin embargo, por muchas razones, este esquema no nos parece que favorezca el retorno a la verdadera unidad. Por ello, en términos generales, no nos parece satisfactoria. Voy a explicarme:
1º. Con respecto al título, estamos de acuerdo con las observaciones de sus Eminencias Cardenales Ruffini y Bacci.
2º. En cuanto a los capítulos I, II y III, los principios enunciados parecen promover un falso irenismo, ya por velar la verdad ya por atribuir excesivos dones espirituales a nuestros hermanos separados.
1. He aquí, en primer lugar, cómo se atenúan las verdades:
- Se dice, acertadamente, en la página 17, líneas 20-24: “Nada es más ajeno al ecumenismo que ese falso irenismo (1) que deteriora la pureza de la doctrina católica u oculta su verdadero y cierto significado”.
Pero, en realidad, las verdades más fundamentales se niegan.
Por ejemplo:
- Pág. 7, líneas 25 y ss.: la verdad esencial para fomentar la unidad sólo se afirma de forma indirecta e incompleta, diciendo que la única e indispensable fuente de la unidad es el Soberano Pontífice, sucesor de Pedro y Vicario de Cristo. “Donde está el Vicario de Cristo, allí está la Iglesia de los Apóstoles. Dios es Uno, Cristo es Uno, el Vicario de Cristo es Uno, la Iglesia es Una”. Pero aquí en la tierra, el Vicario de Cristo no es otro que el Romano Pontífice.
Esta verdad, en sí misma, con fuerza pero suavemente, atrae las almas hacia la Iglesia, Esposa de Cristo y Madre nuestra.
- Pág. 9, línea 2: la Iglesia es llamada "ayuda general de salvación." Ahora bien, si nos referimos a la Carta del Santo Oficio (2) encontramos esto: “nadie se salvará que, sabiendo que la Iglesia fue divinamente instituida por Cristo, se niegue a someterse a ella, o bien niegue la obediencia debida al Romano Pontífice, Vicario de Cristo; Nuestro Señor, de hecho, no sólo mandó a todos los hombres entrar en la Iglesia, sino que también instituyó la Iglesia como medio de salvación, sin la cual nadie puede entrar en el Reino de la gloria celestial”.
Es obvio pues, según la Carta citada, que la Iglesia no es simplemente "una ayuda general de salvación."
Estos ejemplos muestran claramente que la verdad se atenúa.
2. En segundo lugar, no se habla correctamente de la inspiración del Espíritu Santo y del disfrute de los bienes espirituales por parte de los hermanos separados.
- En la pág. 8, línea 33: se dice: “el Espíritu Santo no se niega a servirse de estas Iglesias y Comunidades”. Ahora bien, esta declaración contiene un error: una Comunidad, en cuanto Comunidad separada, no puede disfrutar de la asistencia del Espíritu Santo, puesto que su separación constituye una resistencia al Espíritu Santo. Éste sólo puede actuar directamente sobre las almas o usar de medios que en sí mismos, no conllevan ningún signo de separación.
Podrían citarse muchos otros ejemplos, particularmente sobre el tema de la validez del bautismo, de la fe de los que el texto no habla como debiera... pero el tiempo nos apremia.
3. En el cap.V, sobre "libertad religiosa", todo el argumento se basa en un principio falso. En él, en efecto, las normas subjetivas y objetivas de moralidad son consideradas equivalentes.
En todas las sociedades -religiosa, civil, o familiar- los resultados de esta equivalencia serían tales como para mostrar que el principio es claramente falso. Se dice a este respecto: "el bien común servirá de norma a las autoridades".
Pero entonces, ¿cómo definir el bien común si éste debe basarse enteramente en una norma objetiva de moralidad?
Para concluir: los primeros tres capítulos sobre el "ecumenismo" favorecen un falso irenismo; el cap.V, basado en el subjetivismo, favorece el indiferentismo. Por lo tanto rechazamos este esquema.”
Comentario sobre la Sesión
"Numerosas intervenciones tuvieron lugar en la misma línea y el texto fue retocado, especialmente en lo relativo al Papa. Se afirmaron con mayor discreción las gracias del Espíritu Santo dadas a esas Comunidades separadas. Sin embargo, la idea permaneció en todo el contexto.
¡Qué diferencia entre este esquema y el que proponía a la Comisión Central Preparatoria el Cardenal Ottaviani, en 1962:
“El principal obstáculo a la comunión litúrgica entre los católicos y los disidentes es la naturaleza de esta comunión en las cosas sagradas por las que los hijos de la Iglesia están unidos entre sí. De hecho, la comunión entre los miembros de la Iglesia es un regalo de Nuestro Señor Jesucristo mismo —don otorgado a su Iglesia solamente, por el cual se efectúa la unión en la fe, bajo un solo pastor, que es el signo de unidad en la verdad y en la caridad, unidad que no es sino la del Cuerpo Místico, la Iglesia, que ya aquí en la tierra, es la imagen y el principio de la unidad celeste en Cristo.
Así, pues, cuando el culto litúrgico se lleva a cabo por los ministros de Cristo en nombre y bajo el orden de la Iglesia, la comunidad de los fieles confiesa la fe de la iglesia. La participación activa en las funciones litúrgicas debe considerarse como asentimiento a la fe de la Iglesia.
Por eso la participación activa de los cristianos disidentes, ya sea al culto de la Iglesia o a la recepción de los sacramentos, es en general inadmisible. En efecto es intrínsecamente contrario a la unidad de fe y de la comunión, y además oscurece exteriormente el signo de unidad del Cuerpo de Cristo, favoreciendo el escándalo, la interconfesionalidad y el indiferentismo religioso”.
He aquí, pues los principios de donde emergen conclusiones claras: pero en el esquema conciliar, sólo vagas fórmulas que permitirán experimentos de lo más escandaloso para el pueblo fiel.”
(1) Irenismo: promoción de la paz entre las Iglesias cristianas en lo referente a diferencias teológicas.
(2) Carta del Santo Oficio al Arzobispo de Boston, de fecha 8 de agosto de 1949.
(CONTINÚA)
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