Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia
pero... ¿habrá de ser también crucificada antes de ser glorificada?.
Al igual que el cuerpo físico de Nuestro Señor Jesucristo hubo que morir en la cruz,
¿su Cuerpo Místico también habrá de morir antes de ser Glorificado?.
Las promesas de N.S. Jesucristo, de que siempre estará con su Iglesia y de que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella nos aseguran que, hasta el fin de los tiempos, la Iglesia de Cristo permanecerá siendo esencialmente lo que es. Pero eso no es óbice para dejar de pensar que la indefectibilidad de la Iglesia pudiera quedar reducida a un remanente exiguo de fieles.
Un verdadero Papa, en su misión apostólica, jamás podría enseñar el error a toda la Iglesia. Pero, esto no excluye en modo alguno la posibilidad de que existan antipapas que digan falsamente serlo (como ya ocurrió en numerosas ocasiones en el pasado; incluso que reinaron en Roma), ni, como antes decíamos, tampoco excluye que no llegue a existir una falsa secta que reduzca a los fieles de la verdadera Iglesia a un pequeño remanente que vuelva a ser perseguido.
Porque, esto es precisamente lo que se predijo que iba a ocurrir en los últimos días, y lo que ocurrió también en los primeros siglos, concretamente durante la crisis arriana. ¿Podríamos estar ya muy cerca de ese umbral?. Todo niño bautizado, según el rito tradicional, se convierte en "miembro del Cuerpo Místico de Cristo". Porque, ¿...qué es la Iglesia, sino el Cuerpo Mistico de Cristo?, la Presencia de Cristo en el mundo. ¿Se podría deducir entonces, tal y como ya apuntaba la beata Anna Catalina Emmerich, que "si hubiera una sola persona viva que fuera verdaderamente Católica en el mundo, la Iglesia aún residiría en ella"?. Y si solamente sobreviviera un obispo tradicional... ¿la jerarquía también residiría solo en él?.
Sólo el tiempo lo dirá... pero todo apunta a pensar que hemos entrado ya por ese camino.
Dios conoce a los suyos y no los abandonará. En última instancia, somos nosotros los que abandonamos a Dios, su verdad y su Iglesia, y no al contrario.
Un saludo
La inesperada invocación de S.S. Juan Pablo II el Viernes Santo del año 1999 fue sin duda por inspiración Divina y una clara indicación de dónde se encuentra la Humanidad en el camino hacia el total cumplimiento de las Promesas Eternas.
Así fué transmitido por la agencia de noticias ZENIT:
"...cuando llegó el momento, quizás inspirado por la enorme multitud que había seguido con atención cada instante de la ceremonia, el Papa echó a un lado su discurso escrito y les habló desde el corazón, improvisando cada palabra. Estaba visiblemente conmovido y comenzó a decir: Padre, en Tus Manos encomiendo mi espíritu".
"Después de una larga pausa, continuó: Hoy nos gustaría poner estas mismas palabras en los labios de toda la Humanidad al final del segundo milenio, al final del siglo XX. [Y más aún] Nos gustaría ponerlas en los labios de todos aquellos que han sido ciudadanos de nuestro siglo XX, de nuestro segundo milenio. Porque estas palabras, este grito del Cristo crucificado, no sólo cierran una vida, sino que es también una apertura".
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