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Tema: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolicismo

  1. #101
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    “… con Lefebvre. Sin paliativos y muy convencido”.

    100
    Revista FUERZA NUEVA, nº 551, 30-Jul-1977

    A la libertad “condicional”

    No se ha permitido homilía en la misa por Franco en el Valle de los Caídos. Esta es la libertad de esta extraña Iglesia que padecemos, dirigida por Tarancón, por Dadaglio, por Villot, por el paternal caballero de Roma (*) o por quienes sean los auténticos dirigentes.

    Sólo hay libertad para mítines comunistas con puños en alto e “Internacional” en pleno templo; sólo hay libertad para que sacerdotes renegados inviten a no bautizar y a no casarse; sólo hay libertad para comunistas y sus parientes en la Iglesia que padecemos, que padecíamos, porque conmigo que no cuenten.

    Más que nunca, yo, Lefebvre. Sin paliativos y muy convencido.

    ***

    A Tarancón

    Tarancón es incorregible. Desde que dijo que era hora de callar, que no para. Desde que dijo que la Iglesia no se metía en política ni debía meterse, él se mete semana tras semana, por lo que no es lógico en su proceder o es que no pertenece a la Iglesia, o cree que por ser el presidente del parlamento de obispos y auxiliares, tiene bula.

    Ahora se ha permitido enjuiciar a Franco, cuando debería levantarle un altar, ya que si no hubiera sido por Franco dudo, con poderosas dudas, que estuviera donde está. A mi modo de ver, Franco, como dice Tarancón y en esto coincidimos, “su interés en no enfrentarse con la Iglesia era una norma de gobierno básica en él”. Y en mi opinión, y no soy solo, de veras, errónea, fatalmente errónea. Quizá Franco tenía diez años de más cuando era hora de enfrentarse con la traición inenarrable de gran parte de la Iglesia española (es un decir), a quien todo, TODO, se lo debía y se lo debe. Dice Tarancón que “Franco era un hombre honrado y sinceramente cristiano, PERO CON AFÁN DE PODER”.

    Como desde Tarancón hasta Franco va más distancia que desde mí a Tarancón, si él enjuicia a Franco, yo lo hago con el famoso (en los periódicos) cardenal-arzobispo de Madrid, presidente de la Conferencia Episcopal Española, y le digo que yo no sé (¿cómo voy a saberlo si ha cambiado como una media vuelta del revés?) si es un hombre honrado y sinceramente cristiano, pero lo que SÍ veo claro es que el afán de poder le domina hasta las narices. Recuerdo muy bien cuando él mismo nos hizo saber que, según “Paris-Match” era PAPABLE.

    Por lo demás, y siempre sin meterse en política (¿?), dice que la venida de Tarradellas es una acción muy hábil y positiva. Por lo visto, no recuerda quiénes oficialmente mandaban en Cataluña cuando se asesinaba a obispos y sacerdotes por el mero hecho de serlo.

    Cambio y cierro porque Tarancón me saque de quicio. Y su Iglesia.

    Ramón CASTELLS SOLER

    ​(*) "PATERNAL caballero de Roma": entiéndase el Santo PADRE

    ,
    Última edición por ALACRAN; 16/06/2023 a las 13:33
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

  2. #102
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Roma impone un arzobispo progresista a los zaragozanos

    101
    Revista FUERZA NUEVA, nº 551, 30-Jul-1977

    La venganza de Roma

    Ya cuando en el año 1972 la Hermandad Sacerdotal decidió convocar su asamblea anual en Zaragoza, monseñor Cantero Cuadrado, titular de la diócesis, comenzó a ser objeto de las iras del clero más progresista del Episcopado Español. Días después, cuando la citada Hermandad solicitó del Vaticano la bendición papal y éste les envió su más cortés negativa, muchos aragoneses, sinceros devotos de la Santísima Virgen del Pilar y nobles admiradores de la obra del padre Oltra, comenzamos a darnos cuenta “de dónde venían los tiros”. Pero monseñor Cantero, ya en un estado de edad bastante avanzado, se ha decidido a abandonar la diócesis cesaraugustana y retirarse a su Palencia natal.

    La subversión del clero español, siempre en ascendente marcha, había encontrado en monseñor Cantero una muralla infranqueable y sólida que, junto al carisma y rectitud de nuestro arzobispo, hacían de Zaragoza un verdadero “búnquer espiritual” y fortaleza inexpugnable frente a las marxistización del clero aragonés. Al parecer, el Vaticano, sabedor de todo cuanto acontecía a orillas del Ebro, ha recibido con regocijo y entusiasmo la dimisión del anciano prelado, y se ha decidido a aplicar a Zaragoza la más dura sanción que recuerdan nuestras bimilenarias piedras. Ni más ni menos que ha de ocupar la vacante, monseñor Elías Yanes, ex secretario de la Conferencia Episcopal y ex obispo de Oviedo. O lo que es igual, el Vaticano, conocedor de la tozudez que caracteriza a los maños, nos ha dicho: “Si antes no habéis querido taza, ahora taza y media”.

    Pero, ¿qué supone para Aragón el nombramiento de monseñor Elías Yanes para suceder a monseñor Cantero Cuadrado? Pues varias cosas. En primer lugar, se rompe una tradición secular, que consiste en que el nuevo prelado entre en la ciudad montado en una mula blanca, como venía haciéndose desde tiempos medievales. Era el símbolo evangélico de aquel Jesús recibido en triunfo. El pueblo, bueno y sencillo, salía a nuestras calles engalanadas para recibir al nuevo obispo, y el beso que éste depositaba en la “Pilarica” era un acto popular que hermanaba el nuevo prelado con Aragón y sus gentes. Elías Yanes no ha decidido si residirá en el Palacio Arzobispal, como se ha venido haciendo hasta la fecha, o vivirá en algún piso de la ciudad, para dar ejemplo de “voto de pobreza”. (…)

    Conocida la tendencia progresista de monseñor Elías Yanes, que a buen seguro habrá dejado secuela imborrable en Oviedo, se auguran fuertes tensiones en el seno del clero aragonés, habituado, por lo general, más a su labor evangélica que a las historias de la amnistía y de la política. No era menos de esperar. El Vaticano, consciente del “feudo de cristiandad” que se congrega alrededor de la basílica de Nuestra Señora del Pilar, ha decidido enviarnos a un obispo de los modernos, que muy bien pudiera haberse quedado en Oviedo, pues aquí, la verdad, no es que nos haga mucha falta.

    Y en otro orden de cosas, ¿por qué cuando las Provincias Vascongadas exigen obispos vascos el Episcopado les concede prelados de esas tierras, y en Extremadura, Galicia, Andalucía, Aragón… no se ejercita igual democracia? ¿O es que los no vascos o catalanes somos menos cristianos que ellos? (…)

    Jaime DE SAN GIL

    Última edición por ALACRAN; 21/06/2023 a las 12:54
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  3. #103
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    … “Fe cristiana frente a análisis marxista”

    102
    Revista FUERZA NUEVA, nº 551, 30-Jul-1977

    Pero, ¿dónde están los santos, los fundadores, los obispos y los teólogos que, a manera de lumbreras y crisoles, demuestran en nuestros días la fecundidad, la santidad, la espiritualidad sagrada del Concilio Vaticano II?

    FE CRISTIANA FRENTE A ANÁLISIS MARXISTA

    Lo que no osa, no quiere o no sabe ya hacer la Iglesia de Italia, de Alemania o de España, lo ha hecho la Iglesia de Francia, a través del Consejo Permanente de su Episcopado (v. “La Croix”, 7-VII-1977) y a través de su Comisión Episcopal para el Mundo Obrero (v. “La Croix”, 8-VII-1977).

    En Roma, es el Vaticano, es la Curia Pontificia, es la Suprema Jerarquía de la Iglesia católica, el Papa Pablo VI, quien, en estos años, en estos meses y en estos días de tamaña confusión, de tan cruel perplejidad, de tan profunda crisis en la Iglesia, debiera haber publicado para la cristiandad y para el mundo una encíclica o una serie de encíclicas que fueran como “luz del mundo y sal de la tierra”, a semejanza de lo que hicieran en tiempos similares sus predecesores, los cuales supieron atajar la descomposición que amenazaba a su Iglesia y la dispersión que amenazaba, como ahora, a los fieles católicos. Que si, efectivamente, después de cada Concilio reformador ha sobrevenido en la Iglesia un lapso de incertidumbre y de resistencias -como ahora ocurre-, también ha sido consiguiente con tales concilios, una pléyade de santos (reformadores, fundadores, doctores, etc.).

    ¿Dónde está la santidad producida por el Vaticano II?

    Pero, ¿dónde están los santos, los fundadores, los obispos y los teólogos que, a manera de lumbreras y crisoles, demuestran en nuestros días la fecundidad, la santidad, la espiritualidad sagrada del Concilio Vaticano II? ¿Dónde están las nuevas formas de vida religiosa, las nuevas congregaciones, las nuevas espiritualidades y escuelas sanas y sabias de teología homologables por la Iglesia? Dónde están las liturgias, los cantos sagrados, los ministerios, las asociaciones laicales, las fundaciones misericordiosas, las órdenes (militares, religiosas, contemplativas, asistenciales, apostólicas, etc.) que, como en otro tiempo, habrían de haber surgido en el nuestro, a consecuencia. del Concilio Vaticano II y para llevar a cabo la saludable reforma y evolución homogénea “(in eodem sensu eademque sententia”) de que sigue estando precisada la Iglesia hoy?
    Por toda respuesta al desafío colosal de nuestro tiempo, se producen en la Iglesia católica tímidas e insuficientes, aunque mayormente positivas, respuestas, como las de estos dos documentos, uno al menos de los cuales va a difundir ampliamente “L’Osservatore Romano”, en sus semanarios de diversas lenguas.

    La realidad de nuestra Iglesia actual consiste en que un teólogo como Hans Kung (que recusa la autoridad de la Curia Pontificia Romana para juzgarlo, después de haber negado en sus libros y en sus lecciones de cátedra dogmas católicos) se atreve a publicar un voluminoso libro en que plantea la cuestión de “¿Qué es ser cristiano?”, que traducen enseguida a nuestro propio idioma y, pocas semanas después, entrevistan al cardenal Tarancón para “Blanco y Negro” (13-VII-77), y cuando le preguntan: “¿Cuáles son los grandes temas que le preocupan más en estos momentos?”, responde la personalidad más representativa de la Iglesia madrileña y española: “En España tenemos una doble problemática, que es más bien de carácter interno. Precisar la identidad del cristiano. Ahora parece que el cristianismo es compatible con todas las ideologías y no es así. La Iglesia tiene que esclarecer lo que significa el ser cristiano”.

    Acontece, pues, en la Iglesia española lo que, según decía el cardenal Daniélou, sucede en las iglesias protestantes, a saber, que los teólogos van por delante y dirigen a los obispos. Cuando muchos están ya leyendo el libro de Hans Kung, poniendo en tela de juicio el ser del cristiano, el cardenal Tarancón, como si ya no supiera bien en qué consiste el ser cristiano, nos confiesa que lo que más le preocupa y la principal problemática de la Iglesia española consiste en “precisar la identidad del cristiano”, esclarecer lo que significa ser cristiano”, determinar con qué ideologías es compatible e incompatible el cristianismo. ¡Apaga y vámonos! Si el presidente de la Iglesia española, tras un Concilio como el Vaticano II, o a causa de sus secuelas, no sabe cuál es la esencia de lo cristiano y su especificidad, ¿cómo vamos a andar los católicos?

    “El Concilio Vaticano II fue una auténtica desgracia”

    Cuando el cardenal revela los lectores de “Gaceta ilustrada” (17-VII-1977) que “lo que le pasaba a Franco respecto a la Iglesia era que no acababa de comprender el cambio de ésta después del Concilio Vaticano II ni la evolución que ésta llevó a cabo. Franco siempre creyó que el Concilio Vaticano fue una auténtica desgracia”, algún que otro lector puede que concluya para su coleto: “Pues si merced al Vaticano II ya no se conoce “la identidad cristiana” y “la Iglesia tiene que esclarecer lo que significa el ser cristiano”, ¡qué razón tenía Franco y que sinrazón tiene el cardenal Tarancón, el cual admite en su pastoral sobre el obispo que un seglar puede darle lecciones a un obispo!” (…)

    La Iglesia, apática frente al análisis marxista

    Y lo que más me desespera y desmoraliza es que cuando el papa Pablo VI, el cardenal Tarancón, los obispos españoles, los obispos franceses, italianos, americanos, los teólogos de todo el mundo debieran servirme y servirnos una crítica seria, tanto científica como tecnológica, de ese análisis y, sobre todo, un análisis cristiano del marxismo y del mundo actual -cosa que teníamos derecho a esperar de una carta encíclica o de estos comunicados de los obispos franceses-, por el contrario, nos encontramos con la pasividad de los pastores de la Iglesia, con la superficialidad con que tratan este análisis y sus consecuencias políticas, económicas y religiosas o, lo que es peor, nos tropezamos con una secreta complicidad, permeabilidad o corrupción de las mentes eclesiásticas, de nuestros mentores, sean pastores, sean teólogos, sean intelectuales católicos. El cardenal Tarancón llega a pensar que con el “marxismo o con el comunismo… “una coexistencia pacífica es lo único que se puede intentar”; y que “de cara al futuro el único régimen posible es “un socialismo a base de un humanismo cristiano” (“Gaceta Ilustrada”, cit.).

    ¿Puede haber un derrotismo, una claudicación mayor por parte de la Iglesia que la confesada o preconizada por el cardenal Tarancón? (…) Estamos, con las palabras del cardenal Tarancón y de los obispos franceses, palpando las erróneas y desastrosas consecuencias de proponer a los hombres de nuestro tiempo una interpretación acatólica, mundana, alejada de los datos y criterios de la divina Revelación.

    “Nadie puede ser católico y verdadero socialista”

    Basándose en los datos de la divina Revelación y en la doctrina larga y sólidamente conquistada por la Tradición cristiana, estableció Pío XI en la “Quadragesimo Anno”, de una vez para siempre: “Aun cuando el socialismo, como todos los errores, tiene en sí algo de verdadero (cosa que jamás han negado los Sumos Pontífices), se funda sobre una doctrina de la sociedad humana propia suya, opuesta al verdadero cristianismo. Socialismo religioso, socialismo cristiano, implican términos contradictorios: nadie puede ser a la vez buen católico y verdadero socialista” (BAC. Doc. Soc.” Quadr. Anno” 120, pág. 752). (…)

    Lo más grave no es que el cardenal Tarancón ignore el término a que conducen esas utopías del socialismo basado en el humanismo cristiano, después de haberse producido la experiencia de Marc Sangnier, condenada por San Pío X. Esta utopía fue resucitada no sólo en el pensamiento de J. Maritain (sobre todo en “Humanisme integral”), sino en la práctica de las democracias cristianas de todo el mundo y en los Cristianos por el Socialismo de hoy. Tales utopías obtienen finalmente tantos fracasos políticos espectaculares en todo el mundo (de Bidault a Fanfani, pasando por Frei, Ruiz-Giménez y Gil-Robles) como suspensiones “a divinis”, cual es el caso de los clérigos Girardi y Franzoni, paladines del “socialismo basado en el humanismo cristiano”, con el que sueña nuestro indocumentado cardenal.

    Los obispos franceses recaen en la misma utopía

    Lo más grave es que, a vueltas de sus innegables aciertos de expresión, los obispos franceses recaen en la misma aberración, víctimas de esa propensión en la Iglesia de hoy a aceptar conjuntamente la tesis y la antítesis, Cristo y Belial, lo pagano y lo cristiano, contra el criterio revelado por San Pablo a los corintios: “No os unáis en yunta desigual con los infieles. ¿Qué consorcio hay entre la justicia y la iniquidad? ¿Qué comunidad entre la luz y las tinieblas? ¿Qué concordia entre Cristo y Belial? ¿Qué parte del creyente con el infiel? ¿Qué concierto entre el templo de Dios y los ídolos? Pues vosotros sois templo de Dios vivo” (2 Cor. 6, 14-16). (…)

    Lo lógico, lo moral, lo eclesial, es que los teólogos y los obispos acabaran de elaborar esa doctrina social de la Iglesia basada en los datos de la fe y que no es ni liberal, ni socialista, ni ecléctica, y que los católicos, en lugar de estar enfrentados entre sí, sirviendo libremente las diversas y contrarias u opuestas jugadas del “tablero político” de los ateos, se asociaran para plasmar el ideal de esa nueva cristiandad o doctrina social de la Iglesia, que los obispos hoy reniegan al inculcarnos la libertad de servir cualquier proyecto ateo de política de partido, sin excluir absolutamente la política marxista. Si el Papa y los obispos ya no quieren declarar apartado de la comunión cristiana a todo aquel que coadyuve con los partidos o conatos o proyectos de socialismo marxista, es que consienten la doblez -la coexistencia de la tesis y su antítesis- de afirmar teóricamente que el cristianismo es incompatible con el marxismo, pero que en la práctica se puede ser marxista y cristiano, socialista y cristiano, como pretende el cardenal Tarancón.

    El mensaje de las bienaventuranzas y este mundo

    Otra concesión al espíritu mundano que hacen estos obispos es la de afirmar cobardemente que “los fascismos -que ya no hacen mal a nadie, porque carecen de poder político- y los totalitarismos -sin que osen decir “los socialismos y comunismos”- no pueden coexistir con el mensaje de las bienaventuranzas”. La verdad es que si uno considera el mensaje de las bienaventuranzas encuentra que es compatible con todo, porque nos llama, no a un proyecto político de “socialismo basado en el humanismo cristiano” (como Maritain), sino a un paraíso en el otro mundo, si, en este mundo, somos pacientes, sufridos, mansos, si no ponemos nuestro empeño en un paraíso terrenal sin injusticias ni desigualdades.

    En resolución: que, como hemos visto por estos y podríamos ver por otros pasajes de las manifestaciones del cardenal Tarancón y de los obispos franceses, no se nos analiza el mundo actual con la criteriología específicamente cristiana, ni se nos propone un ideal de vida civil transfigurado con las virtudes y motivaciones que se nos proponen en la divina Revelación. Los cristianos, la Iglesia, seríamos una pobre gente a remolque del esfuerzo puramente profano de los nuevos “prometeos” o “sísifos” que, en nuestro tiempo, andan tras el ideal imposible de un paraíso terrenal, en que no habría Dios, en que no se necesitaría de Dios, como el paraíso que trató de lograr Adán, tras la tentación diabólica (“seréis como dioses”).

    Parece como si la Iglesia, tras el Concilio Vaticano II, en lugar de cristianizar el mundo, se hubiera empeñado en mundanizarse, para no tener conflictos con el mundo.

    Eulogio RAMÍREZ



    Última edición por ALACRAN; 21/06/2023 a las 12:57
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  4. #104
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Crisis de fe en esta Iglesia

    103
    Revista FUERZA NUEVA, nº 552, 6-Ago-1977

    Crisis de fe en esta Iglesia

    Se queja el cardenal Tarancón de que en España se da una crisis de fe, que comienza por “una pérdida de la fe en la Iglesia” casi siempre, sin entrar en el análisis a fondo de las causas de esa pérdida de credibilidad de la Iglesia, que sería debida a lo humano de esa Iglesia. ¡Como si lo humano de la Iglesia fuera necesariamente pecaminoso! ¡Y como si, en atención a la humanidad de la Iglesia, hubiéramos de disculpar su actual descomposición, que el teólogo Louis Bouyer atribuye al hecho de que hoy están “los clérigos y religiosos contra Dios”! Bouyer es nada menos que miembro de la Comisión Teológica Internacional que asesora a la Curia vaticana, y en “La descomposición del catolicismo” recogía la opinión de que la Iglesia católica habría desaparecido, como tal, 25 años después del Vaticano II. ¡Tan grandes eran en ella los progresos del luteranismo, que Pablo VI reconoció ante monseñor Morcillo, como me manifestó el difunto arzobispo de Madrid!

    A mí se me antoja, analizando más a fondo, que, al menos en España, no es el cardenal Tarancón el menos responsable de esa crisis o pérdida de la fe en esta Iglesia que él preside, no en la Iglesia perenne de antes y de después del cardenal Tarancón y de Pablo VI.

    En efecto, el cardenal Tarancón ha contribuido más que ningún otro obispo español a crear difusa, pero eficaz, la idea de que la Iglesia estaba equivocada antes del Vaticano II y de que en España la Iglesia, que ahora es distinta, ya no se equivoca desde que él la preside y “prestigia”, puesto que nunca se habló por el extranjero, como ahora se habla, de un cardenal español que sería “papable”, el propio arzobispo actual de Madrid, dada su notoria adaptación a una mundanidad en que se encontrarían a gusto lo mismo los liberales y masones que los socialistas y marxistas, los mahometanos y los luteranos.

    Dado el comportamiento y las proposiciones irenistas del cardenal Tarancón (que nada reprueba, por heterodoxo que sea, en su diócesis), no es extraño que cunda no ya la crisis de fe en la Iglesia que él representa y preside, sino el indiferentismo religioso y, en último término, el ateísmo. La Iglesia, merced a él, ya no es en España obstáculo, sino incremento para el ateísmo marxista y secularista, como han reconocido públicamente desde la Pasionaria a Santiago Carrillo.

    Una muestra insigne de lo que vengo diciendo se desprende de la comparación de las Cartas Apostólicas del Nuevo Testamento con las “cartas cristianas” del cardenal Tarancón.

    Debiera esperarse que el arzobispo actual de Madrid, si pretende ser no más que el “custodio de la fe” de San Pedro y San Pablo y no predicar otro Evangelio que el de los Apóstoles (como es debido, según el testimonio del propio San Pablo), repitiera para los fieles de Madrid, actualizándolo, el mensaje, las preocupaciones, los sentimientos, “la actitud” (como dicen ahora los teólogos luteranizantes) de las Cartas Apostólicas del Nuevo Testamento. Pero nada más lejos del contenido de la fe (que los Apóstoles inculcaban a sus discípulos, a través de las Cartas Apostólicas) que las “cartas cristianas” semanales del cardenal Tarancón.

    Las Cartas Apostólicas neotestamentarias inducen a unos cristianos a la paciencia en las tribulaciones y aun frente a las injusticias, al paso que a los otros cristianos les inducen a la largueza en la limosna, a la caridad (es decir, a dar, llegado el caso, incluso más de lo justo, como el buen samaritano), por amor de Dios y sin que en ello intervengan razones de justicia social y de derechos humanos.

    Las Cartas Apostólicas inculcan a los unos la obediencia al César y a los amos exigentes e injustos (porque gusta el Señor que el cristiano dé testimonio de mortificación, como él mismo lo dio en la Cruz, según manifiesta San Pedro), sin recurso a la masónico-liberal teoría de los derechos humanos. A los otros, esas Cartas Apostólicas les impelen a tratar a sus súbditos y esclavos como si fueran Dios, apelando sólo al sistema de deberes humanos católico.

    El proceder del arzobispo de Madrid y de otros obispos y sacerdotes que no sintonizan con las preocupaciones y doctrinas de Jesucristo y de sus Apóstoles plantea, por consiguiente, a los españoles la cuestión siguiente:

    ¿A quién he de creer, al cardenal Tarancón o a los Apóstoles? Lo cual se reduce hasta otra cuestión implícita en la mente de Bossuet y de Balmes:

    Si la Iglesia se ha equivocado antes del cardenal Tarancón, ¿qué crédito puede merecerme ya en adelante? ¿Y cómo discernir lo que en el cardenal Tarancón procede del Espíritu Santo frente a lo que procede de su propio espíritu humano, si no es contrastando las enseñanzas de este cardenal de hoy con las enseñanzas de la Tradición eclesiástica perenne?

    Por si fuera poco, estos obispos no se reconocen en el deber de responder a nuestros requerimientos para que declaren el “Syllabus” de los errores actuales ni el Símbolo o Credo de lo que hemos de admitir si queremos ser católicos verdaderamente.

    ¿Cómo no va a haber crisis de fe en la Iglesia y en Dios si los obispos quieren que queden difusas las lindes que separan lo católico de lo acatólico, la verdad del error, lo justo de lo inicuo?

    Eulogio RAMÍREZ


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  5. #105
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Los obispos confesaban “haber jugado limpio” tras las primeras elecciones de la democracia juancarlista...

    104
    Revista FUERZA NUEVA, nº 554, 20-Ago-1977

    “Hemos jugado limpio”

    El que ahora nuestros obispos digan que han jugado limpio, ¿quiere decir que antes han jugado turbio? ¿O, simplemente, que han jugado cuando tenían que estar fuera del juego?

    De todos modos, no sé cómo se atreven a decir desde la prensa algunos de nuestros jerarcas que en su tarea pastoral, ante el poder temporal, “han jugado limpio”, cuando uno puede demostrar que se ha jugado con tan poca limpieza o elegancia que puede que no haya etapa alguna a lo largo de nuestra historia eclesial tan desafortunada en su pastoral como la de los últimos años.

    Porque si miramos el problema desde el punto de vista de sus pastores, con la obligación de “confirmar a los hermanos en la fe”, no sólo no los han confirmado, sino que los han confundido. La Iglesia española desde hace años, con muy pocas excepciones, vive a oscuras por falta de la luz que no dan los que Cristo puso para darla, con la agravante de que no sólo no la han dado, sino que no han impedido la siembra del error y la oscuridad, como asegura hasta la gente más sencilla.

    Y cualquiera que los oiga hablar o lea sus escritos dirá que vivimos en el mejor de los mundos: que la vida de la Iglesia se desenvuelve con toda normalidad; que los fieles están muy atendidos en sus necesidades espirituales; que oyen con frecuencia la palabra divina (…) Pero la realidad es que, en general, nunca han estado los fieles, tan descuidados en todo esto como ahora.

    El rebaño de Cristo jamás ha dado la impresión que hoy está dando de que se trata de ovejas sin pastor. Cada uno ha de arreglárselas como pueda y buscar lo que necesita donde Dios le dé a entender. Sin ir más lejos, en estos últimos tiempos, los católicos han quedado sin la orientación clara y segura que siempre tuvieron. Sólo los no creyentes sabían lo que tenían que hacer; los católicos no lo sabían y hasta habían recibido orientaciones contradictorias.

    Y si nos fijamos en la predicación sagrada, nunca fue tan escasa y tan poco sagrada como la de ahora; nunca se enseñó a los niños tan poco catecismo, a pesar de haber tantos catecismos; nunca hubo tanta ignorancia de la doctrina cristiana, pues son muchos los que no saben nada de nada, ni las oraciones más corrientes, ni el Credo ni los Mandamientos o su alcance.

    La familia cristiana vemos cómo se está descomponiendo por muchas causas, algunas de difícil remedio, pero otras no tan difíciles de remediar. ¡Es más fácil cruzarse de brazos!

    Los seminarios -muchos- se han convertido en focos de activistas del comunismo, sin que se vea remedio alguno ni se les cierre, que sería lo más acertado.

    La moralidad pública se ha hundido -y puede hundirse más- ante la indiferencia de nuestros jerarcas, como si la cosa no fuera con ellos o ellos nada tuvieran que decir, como cuando se proclaman como la “conciencia crítica de la sociedad”, al paso que la sociedad se está convirtiendo en la “conciencia crítica de la Iglesia”. ¡A ver quién gana! (…)

    Y sí, como vemos, han jugado turbio en las cosas de su misión pastoral y nos fijamos en el juegos que ellos dicen “limpio” de sus relaciones con el “poder temporal”, la falta de limpieza es tan notoria que no es posible ocultarla porque:

    Jamás Gobierno alguno de España ha merecido un trato tan innoble como el que ha recibido el Régimen desaparecido por parte de una jerarquía que, no sólo por agradecimiento, sino por justicia, debió tratarle con más nobleza y honradez, pues se trata de la jerarquía de la Iglesia de Cristo, que tiene la misión de santificar las almas sin entrar en ningún juego político. Una jerarquía que ha cultivado la subversión desde los templos, convertidos en focos demoledores del poder político; desde las homilías, verdaderos mítines revolucionarios; desde las clases de religión en los centros de enseñanza, clases de la impiedad más descarada, que han convertido a una gran parte de la juventud en la más pervertida que ha conocido España en su ya larga historia de vida cristiana.

    ¡Va a serles muy difícil demostrar que su actuación frente al poder temporal ha sido limpia, honesta y honrada! Muy pocos se lo van a creer.

    De lo que sí estoy seguro es de que los políticos del presente y los del futuro van a templar menos gaitas con la Iglesia que los del pasado.

    M. DIAZ

    Última edición por ALACRAN; 04/09/2023 a las 20:05
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Claudicación en la Iglesia

    105
    Revista FUERZA NUEVA, nº 555, 27-Ago-1977

    Claudicación en la Iglesia

    En 1936 fue la Iglesia uno de los factores decisivos del renacimiento español. Ella supo inspirar el espíritu de Cruzada a unos españoles que veían, a la vez que destruidos los templos, perseguida la religión, asesinados los sacerdotes y atropellada la dignidad humana. Se luchó, se murió y se venció por Dios y por España. No era retórica hueca, sino sentimiento profundo de un pueblo cristiano que se lanzó a combatir por su supervivencia.

    El bando rojo no fue solo consciente de este hecho, sino que voluntariamente lo provocó, al propugnar, como uno de sus objetivos principales e inmediatos, el exterminio del catolicismo. Hoy, con hipocresía que produce náuseas, se intenta separar el componente religioso del desarrollo general de la guerra, como si pudieran enterrarse sin coronas los 10.000 eclesiásticos asesinados, olvidarse los templos arrasados y ocultar que, en la que fue zona roja, quedó suprimido el culto religioso en todas sus manifestaciones.

    Un oportunismo falaz y antievangélico ha llevado a ciertos sectores eclesiásticos a merecer, mediante claudicaciones, la benevolencia del comunismo triunfante con la URSS en la segunda guerra mundial. Mientras se busca con candil un católico de virtudes heroicas que haya sido ejecutado en una cárcel nazi para canonizarle, se cubre con el telón de la negra cobardía el nombre de los miles de sacerdotes, monjas y seglares que han sido víctimas de la persecución roja en España, en Polonia, en Cuba o en la propia URSS. Los mártires ya no suben a los altares en nombre de Cristo, sino con la previa aprobación de los perseguidores que se han propuesto exterminar el cristianismo. De Roma a Madrid y de La Habana a Budapest un viento de traición y cobardía sopla sobre cabezas que fueron ungidas para el ejemplo y el martirio.

    Nadie quiere reconocerlo. Se oculta la cabeza bajo el ala de “los signos de los tiempos” o se intenta cubrir con el menosprecio el cuerpo ensangrentado de los mártires, para que no entorpezcan las francachelas clérico- marxistas. “La verdad da miedo”, escribió Gabriel Marcel en el prólogo al libro de André Martin “Los creyentes en la URSS”. Un libro en el que puede leerse: “La destrucción de las iglesias en la URSS, sin precedentes, incluso en la época staliniana, ha coincidido con la aproximación de Moscú y Roma, en el transcurso del Concilio… Lo que es más grave todavía, es la pérdida de prestigio de la Santa Sede, considerada durante largo tiempo como la conciencia del mundo”.

    Si de verdad ciertos clérigos tuvieran fe, a más de uno debería estremecerle que, en el momento de dar cuenta de su conducta en la tierra, el Señor le preguntara: “¿Con quién estuviste en los días de la persecución, con los que murieron por mí o con sus verdugos?” Pero como los vemos tranquilos y sonrientes, hay que suponer que piensan en otra cosa.

    Juan NUEVO


    Última edición por ALACRAN; 11/09/2023 a las 18:31
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Reivindicaciones de la España católica ante Pablo VI

    106

    Revista FUERZA NUEVA, nº 557, 10-Sep-1977

    REIVINDICACIONES DE ESPAÑA

    Si cualquier católico fiel tiene derecho a ser asistido por el magisterio eclesiástico en cualquier asunto, los católicos españoles podemos en este punto ser especialmente exigentes.

    No nos vamos a referir a aquel famoso libro del mismo título que estas líneas, en el que Areilza y Castiella recogieron las reivindicaciones territoriales de España. De más urgencia y actualidad nos parecen -sin olvidar nunca aquéllas- las reivindicaciones espirituales de España ante la Santa Sede, y a ella nos vamos a dedicar.

    No es prudente abordar este tema sin manifestar previamente de manera inequívoca que estamos voluntariamente sujetos al magisterio infalible del Vicario de Cristo en la tierra; y no en forma de mera aceptación, con visos de resignación, sino con el máximo entusiasmo y cooperación diligente. Pero otras cosas distintas son la diplomacia vaticana, y lo que pueda decir S. S. Pablo VI de manera informal o con formalidades lejanas de las que garanticen la plenitud de su magisterio. En estas últimas cuestiones y actividades, es la propia teología la que nos concede cierto margen de libertad para opinar.

    ***
    El tema es ya ineludible por varias razones. Estas reivindicaciones de España no asomaron ni en la reseña de la visita de don Juan Carlos al Papa ni en la de la que le acaba de hacer Adolfo Suárez. Con ello, corremos el riesgo de que se vayan descuidando, olvidando, y si no en teoría, al menos en la práctica, acaben por prescribir. Debemos evitarlo, recordándolas, como hacemos con la de Gibraltar, aunque compartimos con los ingleses la convicción de que por ahora no nos lo restituyen.

    Pero hay más. Las palabras dirigidas a Adolfo Suárez por S. S. Pablo VI en la reciente entrevista informal de Castelgandolfo («ABC», 3-IX- 77), no solamente se echa de menos inmediatamente cualquier indicio de la presencia de esas reivindicaciones, sino que hay conceptos que parecen alejarse de las mismas. Las declaraciones simultáneas de monseñor Casaroli a los periodistas («El País», 3-IX-77) son no ya decepcionantes, sino escandalosas y alarmantes y merecen tratamiento aparte.

    Todo esto, que es importante en cualquier momento, es grave cuando coincide con el clamor de los católicos españoles por la retirada, desbordante de simbolismo, del crucifijo del despacho del presidente de las Cortes Españolas, y con la consolidación diaria del rumor de que ya hay un acuerdo secreto para que la nueva Constitución sea laica.

    Para estas grandes batallas políticas que están ya encima, y en las que se puede producir la descristianización oficial de España, necesitamos con urgencia que se nos restituya lo que reivindicamos, y si es preciso seguiremos reivindicando en el próximo pontificado, que por ley natural no puede tardar.

    • Reivindicamos ante la Santa Sede el magisterio acerca de la soberanía social de Nuestro Señor Jesucristo, que en los últimos años y en momentos decisivos se nos viene escamoteando y sustituyendo, con la permisión de la propaganda por eclesiásticos y desde medios eclesiásticos, de ideas liberales, erróneas y contrarias.

    • Reivindicamos también del Padre común que recuerde a los católicos extranjeros el deber de caridad y solidaridad con los católicos españoles; recordatorio que no solamente no se hace, sino que aún se resiente de lo contrariado que resultó por las gestiones públicas pero particulares de S. S. Pablo VI en favor de los terroristas asesinos españoles en otoño de 1975, las cuales reforzaron el cerco internacional de los impíos sobre el Estado católico español de entonces, en un momento decisivo.

    • Los límites del espacio de que disponemos nos obligan a aplazar, pero no a silenciar, otras reivindicaciones, como la de la unidad católica, cuya formulación es posible porque algunos párrafos de documentos del Concilio Vaticano II solamente tienen un carácter pastoral, ajustado al contexto sociopolítico del momento en que fueron formulados, y de ninguna manera dogmático.

    ***
    No es de este lugar una bibliografía del magisterio eclesiástico acerca de la Soberanía Social de Nuestro Señor Jesucristo, que en cierta manera esquemática se resume en la confesionalidad del Estado. Es tan extensa que constituye una auténtica “praxis ecclesiae”. No se puede invalidar ni con emisiones ni con habilidades, porque independientemente de su aspecto pragmático apostólico tiene solidísimos fundamentos teológicos inmutables e intemporales. Tampoco nos detendremos en un largo memorial de agravios que esta doctrina ha recibido por acción y omisión de altos eclesiásticos contemporáneo; pero ese memorial existe.

    Si cualquier fiel católico tiene derecho a ser asistido por el magisterio que asiático en cualquier asunto, los católicos españoles podemos en este punto ser especialmente exigentes. La aconfesionalidad del Estado ha sido el eje de crecimiento, solicitado y estimulado por la jerarquía, de nuestro patrimonio religioso, colectivo y público, amasado a lo largo de los años con trabajos y sacrificios, todas clases, con sudor y lágrimas de todo un pueblo fiel y con sangre de mártires. Este acervo se construye dentro de un recinto bendito por la Iglesia y defendido por ella con su magisterio como una muralla. Ahora, de unas y otras maneras, se nos está dejando sin esa muralla y sin ese eje, a la intemperie, como para que los impíos entren a saco en nuestra religiosidad pública. Proclamamos, pues la reivindicación de la pública e inequívoca afirmación del magisterio eclesiástico acerca de la soberanía social de Nuestro Señor Jesucristo. La mantendremos hasta lograrla, publicado por nuestra cuenta los documentos que la establecen y que la Jerarquía no quiera publicar, y denunciando, a su vista, la orfandad en que se nos deje.

    ***
    Las circunstancias políticas actuales (1977) son menos propicias a la soberanía social de Nuestro Señor Jesucristo que las de hace pocos años. En la producción de este deterioro no cabe olvidar la estruendosa ofensiva internacional contra España con motivo de la ejecución de unos terroristas asesinos en otoño de 1975. Sus autores no buscaban una mejoría de nuestra vida religiosa, sino todo lo contrario: pertenecían a organizaciones que se proponen subvertir el orden religioso en España. Sin embargo, a ellos se sumó, claro está que a título particular e informal, discutible, pero no por ello exento de eficacia, S. S. Pablo VI, pronunciándose pública y repetidamente a favor de aquellos asesinos que eran símbolos. No parece sin fundamento pedir ahora, dada la gravedad de la situación, que se nos indemnice urgentemente de aquel perjuicio de la manera que la propia moral católica establece.

    Manuel DE SANTA CRUZ

    Última edición por ALACRAN; 04/10/2023 a las 12:51
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Sobre el nulo análisis cristiano de la Jerarquía española a los problemas sociales

    107
    Revista FUERZA NUEVA, nº 559, 24-Sep-1977

    EL ANÁLISIS CRISTIANO

    Por Eulogio Ramírez

    (…) El análisis cristiano

    En toda política, en toda ideología y en todo análisis hay subyacentes dogmas, afirmaciones o tesis indiscutidas, pero no indiscutibles, no evidentes.

    Por eso, como el cristianismo es una concepción singular del hombre, del mundo y de la vida, desde el punto de vista político (marxista o no) puede considerárselo funcionalmente como una ideología que debería dar lugar a un análisis de la realidad política. A uno o varios y diferentes análisis, por lo mismo que hay variedad de análisis en el caso del socialismo y del liberalismo.

    Y, sin embargo, no hay análisis cristiano actualmente (1977): los análisis que de la política y de la actividad económica hacen el papa Pablo VI, las conferencias episcopales y los obispos y teólogos católicos, o no son profundos y científicamente cristianos (teológicos) o no son verdaderamente católicos. Los análisis que hace a menudo el Papa y que hacen frecuentemente los obispos, más que basarse en los datos y previsiones de la divina Revelación, se fundan en los dogmas de la revolución ya liberalista, ya marxista.

    ¿Practica la jerarquía de la Iglesia el análisis cristiano o el liberalista?

    Un análisis político católico, una teología de las realidades terrenas tendría que partir de premisas o supuestos netamente católicos y específicamente católicos, como el del pecado, puesto que, apenas nos ponemos en contacto con la Revelación, advertimos que la injusticia y el desorden de las naciones son consecuencias de sus pecados, así como su resurgimiento es secuela de su penitencia, de su conversión a Dios, a la Ley de Dios, a la alianza con Dios. Yo recuerdo que todavía en la actualidad hay un obispo español como don Pablo Barrachina, obispo de Orihuela-Alicante, que, en nuestros días, osa dirigirse a nosotros con una carta pastoral como “El sentido del pecado”, que constituye una contribución al esclarecimiento de lo que ocurre en el mundo. Pero ¿parte alguna vez la organización episcopal y eclesiástica que preside el cardenal Tarancón del pecado, para explicar lo que ocurre en España y nos invita a penitencia para remediar los males españoles o, por el contrario, nos invita a un paradisíaco respeto de los derechos humanos, al igual que las constituciones de las masonerías y de las revoluciones americana, francesa, inglesa y de la ONU?

    Con los análisis marxista y liberalista no se explica uno lo que pasa en Occidente y en España

    Si bien se considera, ni provisto uno de la ideología marxista ni utilizando la ideología liberalista como instrumento de análisis, se explica uno lo que viene ocurriendo en Occidente últimamente -su ocaso irremediable- así como tampoco se explica uno la mutación ocurrida en España, tras la muerte de Franco, si para encontrar tal explicación apelamos al análisis marxista o liberalista. Lo que es evidente, en el mundo en general y en España en particular, tras la relajación espiritual y moral ocurrida en la Iglesia a consecuencia del Vaticano II, es el descenso inaudito de la moral privada y pública y la decadencia de las democracias liberales y capitalistas.

    Con el análisis cristiano sí se explica

    En cambio, es sumamente explicable lo que viene ocurriendo en Occidente, la decadencia de las democracias liberales, como es también explicable la mutación ocurrida en España a la muerte de Franco, si tales procesos y sucesos los analizamos con criteriología cristiana, es decir, si apelamos al instrumento de análisis que es habitual en la Sagrada Escritura, para explicar los avatares de la Historia: ahora, como antes, una mente creyente en la Providencia de Dios ha de considerar que el malestar “in crescendo”, el desasosiego general (…) son debidos al incremento del pecado, porque Dios castiga a los pueblos que quieren pecar. Y lo que acontece actualmente en España no sería otra cosa que la consecuencia de las prevaricaciones individuales y colectivas crecientes, a consecuencia del relajamiento sobrevenido en todos los órdenes del cristianismo por el Vaticano II.

    Considérese que estamos a punto de homologar legalmente lo que está apareciendo como normal: los pecados nefandos por los que Dios hizo desaparecer de la faz del planeta a Sodoma y a Gomorra bajo una capa de azufre y fuego. Lo que esté sucediendo ahora en España, si lo consideramos a la luz del análisis cristiano, con mentalidad de creyentes, ha de aparecer como un castigo de Dios, por los pecados que suponen las injusticias sociales y vicios que han ido desenvolviéndose en nuestra Patria, a medida que se relajaba la disciplina política y la moral oficial católica inherente a la confesionalidad del Estado español.

    Religión en baja es política represiva en alza

    Alguien podrá decir que esta explicación teológica no es adecuada. Pero tal estimación procederá de un espíritu incrédulo, de un sujeto que ha dejado de creer en la Providencia divina y en la justicia de Dios. Y, por otra parte, tal afirmación atea o agnóstica es gratuita, desprovista de pruebas, liviana.

    Que España se está descatolizando, a causa de la inhibición y la negligencia de la jerarquía eclesiástica y debido a los vicios de los católicos, es un hecho que no necesita demostración, por ser evidente.

    Y en cuanto a la explicación teológica, considérese no ya el símil de Donoso Cortés sobre el “termómetro religioso”, que en el siglo XIX ya observaba que cuando bajaba el termómetro religioso, es decir, el grado de religiosidad personal y social, tenía que subir el termómetro político, es decir, el grado de represión de las leyes civiles y de las autoridades. (…)

    Por el pecado mueren los pueblos

    A pesar de que hoy se habla demasiado de “profetismo”, los “profetas”, hoy, no practican el análisis teológico católico como lo hacían los profetas y obispos antiguos a la luz de la teología de su tiempo.

    Veamos cómo hacía, por ejemplo, el profeta Ezequiel el análisis político desde el punto de vista del creyente: “Di, ¡oh hijo de hombre! a la casa de Israel: vosotros decís: “Llevamos sobre nosotros nuestros pecados y nuestras rebeliones, y por eso nos vamos consumiendo; cómo vamos a vivir? Diles: “Por mi vida, dice el señor Yavé, que yo no me gozo en la muerte del impío, sino en que se retraiga de su camino y viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos. ¿Por qué os empeñáis en morir, casa de Israel? Hijo de hombre, di también a los hijos de tu pueblo: “La justicia del justo no le salvará el día en que pecare, y la impiedad del impío no le será estorbo el día en que se convierta de su iniquidad” (Ez. 33, 10-12).

    El pecado de los vigías

    La vinculación entre el pecado y el castigo personal y social está igualmente patente en este pasaje, en que se exigen responsabilidades a los que en otro pasaje de la Biblia se llamarán “perros mudos”, los pastores o jerarcas del pueblo de Dios:

    Fueme dirigida la palabra de Yavé, diciendo: “Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo, y diles: Cuando trajere yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de su territorio y lo pusiere por atalaya, y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare trompeta y avisare al pueblo, cualquiera que oyere el sonido de la trompeta y no se apercibiere, y viniendo la espada lo hiriere, su sangre será sobre su cabeza. El sonido de la trompeta oyó, y no se apercibió; su sangre será sobre él; mas el que se apercibiere librará su vida. Pero si el atalaya viere venir la espada y no tocare la trompeta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, hiriere de él a alguno, este fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya.
    A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: “De cierto morirás”; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero su sangre yo la demandaré de tu mano. Y si tú avisares al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida” (Ez. 33, 1-9).

    La Iglesia, el Reino de Dios, en la profecía de Daniel (2, 44) aparece como una piedra grande que se desprende de una montaña “sin ayuda de mano” y que desmenuza a los reinos de la tierra, tarados por sus pecados, “un reino que no será destruido jamás… que permanecerá por siempre”.

    ¿Denuncian los obispos el pecado?

    Ahora bien, ¿hablan hoy las atalayas del Reino de Dios, el Papa, los obispos, los sacerdotes, previniendo a los impíos de los peligros y de la muerte que les amenaza si siguen prevaricando, como es preceptivo en la profecía o constitución divina, según Ezequiel? O, por el contrario, ¿las atalayas del Reino de Dios, que es la Iglesia, promueven los reinos humanos basados en la deleznable teoría masónico liberal de los “derechos humanos”, ajena por completo a la divina Revelación, que sólo predica los deberes humanos y funda los reinos de la tierra sobre la Ley de Dios, sobre la verdad, sobre la justicia, sobre la caridad y sobre la verdadera libertad de los hijos de Dios, la de vivir conforme a la verdad divinamente revelada, que es lo único que nos hace realmente libres de la esclavitud del pecado, única alienación combatida en la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis?

    La jerarquía eclesiástica coadyuva al laicismo

    El Papa y la mayoría de los obispos hoy gobernantes, o atalayas del Reino de Dios, están coadyuvando positivamente a la instauración, no ya en el mundo, sino en España, del laicismo, de la separación de la política y de la religión, de la igualdad de todas las confesiones ante la Ley, de la equiparación del error y de la verdad, del bien y del mal, de la justicia y la iniquidad. Merced a las enseñanzas e inhibiciones y comportamientos de los prelados eclesiásticos, hoy incluso los católicos están falsamente convencidos de que se puede y se debe practicar la política como si Dios no existiera, como si Dios no se hubiera revelado, disociando la fe y la conducción de los asuntos de derecho público.

    Hoy, merced al relativo silencio de los obispos, se considera que la moral cristiana tradicional es una moral inválida en lo que respecta al “sexo”, al que parece como si pudiera dársele rienda suelta fuera del matrimonio. ¿Cómo no va a existir el pecado y cómo no corroería la inmoralidad todo el aparato liberal o marxista de los Estados?

    Coherencia de la moral con la fe

    Ciertamente, la Comisión Teológica Internacional, dependiente de la Sagrada Congregación Romana para la Doctrina de la Fe, ha asumido las “Nueve tesis para una ética cristiana”, del teólogo católico Urs von Balthasar (ver “La documentation catholique”, 4.V.1975). Pero ¿qué católicos conocen que hoy sigue siendo vigente, según la Iglesia católica oficialmente, esto que dice Von Balthasar como introducción y como primera de esas tesis en que hoy se cifra la moral católica?: “El cristiano que vive de la fe tiene derecho a fundar su conducta moral sobre su fe. Y como el contenido de ésta es Jesucristo… Una ética cristiana debe ser elaborada partiendo de Jesucristo…, que es la norma concreta”.

    ¿Saben los católicos españoles, hoy, por el ministerio de su Papa y de sus obispos, que deben atenerse a la conducta y a las enseñanzas concretas en materia de política y de economía, del Jesucristo que considera pecado incluso el “desear una mujer” ajena?

    Religión, primero

    Sufrimos y sufriremos en España las consecuencias de la baja o empeoramiento de la moralidad en todos los órdenes. Así lo revela el análisis teológico de nuestro momento civil, político, económico y privado.

    Y la solución no está, como creía el ultraderechista ateo Charles Maurras y como creen los teólogos y obispos progresistas, en practicar “la política, primero”, los derechos humanos, primero. La solución está en aceptar este postulado: religión, primero. (…)

    Eulogio RAMÍREZ

    Última edición por ALACRAN; 02/11/2023 a las 14:39
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  9. #109
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Los compromisos de la Iglesia “descomprometida”

    108
    Revista FUERZA NUEVA, nº 560, 1-Oct-1977

    Los compromisos de la Iglesia descomprometida

    Desde púlpitos episcopales se predica la monótona salmodia de que la Iglesia está descomprometida de toda acción política. Pero luego va y se celebra en Madrid un acto en la plaza de toros en favor de la opción política (roja rabiosa) que encarnó en Chile Salvador Allende, y participan en ella Joaquín Ruiz-Giménez, que acaba de ser repescado para presidente del organismo eclesiástico llamado Justicia y Paz, y el secretario del mismo Juan José Rodríguez.

    Nos gustaría saber de algún acto en favor del pueblo húngaro, en contra de la tiranía comunista que lo oprime, en el que participaran los señores Ruiz-Giménez y Rodríguez, porque de ser así (y quien dice de Hungría dice de Cuba, Polonia o la URSS) podríamos pensar que Justicia y Paz, en servicio de sus ideales de justicia, denuncia la dictadura donde quiera que la haya y ensalza a los gobernantes inmolados donde quiera que lo hayan sido. Nosotros creemos que si participan los dirigentes de Justicia y Paz en un acto contra Pinochet, deberían participar en otros contra Fidel Castro, Janos Kadar, Breznev, Tito o la cuadrilla de turno que suceda a Mao, y en favor de cuantos han sufrido persecución y muerte por sus ideas, en no pocos casos las cristianas, tan dignas de respeto, para Justicia y Paz –suponemos-, como las masónicas y marxistas de Allende

    De no hacerlo así nos encontraríamos con que estamentos eclesiales que se “descomprometieron” para desengancharse del Régimen de Franco, al que tanto debían y del que tanto sacaron, incluidas las mitras de muchos de los obispos “desenganchadores”, elevados al episcopado bajo el nefando sistema de presentación ejercido (¿de verdad ejercido?) por el Caudillo, que salvó la Iglesia española de la más cruel persecución de su historia, habrían cambiado unos compromisos por otros, y ahora estarían sirviendo de peana a opciones políticas caracterizadas por su ateísmo militante

    Ni siquiera puede en este caso utilizarse el farisaico argumento de que los oradores de representación eclesial hablaban a título personal, a pesar de que la púdica información del acto presenta a Ruiz-Giménez como “líder de Izquierda Democrática”, pues Juan José Rodríguez intervino como secretario de Justicia y Paz y comenzó su perorata con estas cristianísimas palabras: “Es la primera vez que el pueblo español puede mostrar su repulsa contra la tiranía de Pinochet sin ser detenido”. Palabras tan inexactas como provocativas. En primer lugar, porque en la plaza de toros donde se celebraba el acto estaban sólo reunidos unos miles de marxistas (y dos dirigentes de Justicia y Paz) a quienes es por demás arrogante considerar la representación del pueblo español en pleno. En segundo lugar, porque llamar “tiranía” al régimen de autoridad impuesto por el ejército en Chile para salvar a la nación de la opresión comunista, entraña un juicio de valor que, en el mejor de los casos, es opinable. Por último, venirnos en septiembre de 1977 a decir que el acto contra Pinochet de la plaza de toros es el primero que se celebra “sin riesgo”, en España, después de que estamos aburridos de manifestaciones de “antipinochetismo” a todos los niveles, solo se explica por una moral de “retaguardia” muy poco edificante, aunque muy a tono con una cierta Iglesia que se ha especializado en “verlas venir” para ir sacando lo más posible del futuro sin perder nada de lo conseguido del pasado.

    Volviendo al principio, rogamos piadosamente a nuestra arzobispo Vicente (*), por el que se nos invita a rezar en las misas de la diócesis, que nos informe a los fieles de las razones que justifican que, al frente de un órgano eclesial, figure un político en activo (además fracasado) que compromete a la organización con sus opciones personales, al participar en actos como el de la plaza de toros, junto a los dirigentes del Partido Comunista y del Partido Socialista, que dieron la verdadera dimensión del espectáculo. Si Su Ilustrísima fuera tan amable…

    R. I.
    (*) Arzobispo D. Vicente Enrique y Tarancón
    Última edición por ALACRAN; 08/11/2023 a las 13:41
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    La Iglesia "catalana”

    109
    Revista FUERZA NUEVA, nº 560, 1-Oct-1977

    A la Iglesia catalana

    Que es como llaman ahora a la Provincia Eclesiástica Tarraconense. Una delegación de ella ha visitado, sin el menor síntoma de rubor, al “honorable” Tarradellas, que era dirigente en Cataluña mientras se asesinó a mansalva a sacerdotes y obispos por el mero hecho de serlo.

    Y a nadie se le ha caído la cara de vergüenza.

    Estoy más que satisfecho de haberme autoborrado de esta comedia pseudocatólica y totalmente catalanista y chaquetera.

    De todas formas, jamás soñé que estas gentes pudieran llegar tan bajo-

    ¡Que asco, Dios mío!

    “¡Dadme, Señor, fuerzas para resistir lo que no puedo cambiar, valor para cambiar aquello que sí puedo y sabiduría para distinguirlo uno de lo otro!”

    Ramón Castells Soler

    Última edición por ALACRAN; 08/11/2023 a las 13:45
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  11. #111
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    “Salir del error”


    110
    Revista FUERZA NUEVA, nº 562, 15-Oct-1977

    SALIR DEL ERROR

    A la “Carta cristiana” del cardenal Tarancón

    Acabadas sus vacaciones, el Evangelio vuelve a interpelarnos y, a veces, asumirnos en la oscuridad y en la complejidad, a través de las semanales “Cartas cristianas” del cardenal Tarancón, que yo leo viciosamente con ánimo de edificación, pero que continuamente me desedifican por lo temporalistas y lo equívocas.

    Empieza la primera de este “curso” diciendo: “La Iglesia tiene defectos, pero nunca ha negado a Cristo”.Pero el cardenal no nos dice a qué acepción se refiere cuando usa aquí el término de Iglesia ni nos explica el alcance de su expresión “negar a Cristo”. Es una costumbre inveterada en sus “Cartas”, de suyo, llamadas a provocar muchas y dispares respuestas y enorme confusionismo.

    Equivocidad del término “Iglesia”

    En efecto, se llama Iglesia al Cuerpo místico cuya cabeza es Cristo y cuyos miembros son los fieles, triunfantes (en la gloria), purgantes (ya difuntos) y militantes o peregrinantes (en este mundo). Pero se llama Iglesia también solo a los fieles “peregrinantes”. Como se llama Iglesia, restrictivamente, a la jerarquía de ella.Se dice Iglesia al templo donde se reúnen las “iglesias” o comunidades católicas. Aquí, en esta “carta”, para el cardenal, la Iglesia es “el camino”, “el rastro” de Cristo, que, según el cardenal “tiene defectos”.

    Parejamente, habla el cardenal Tarancón de “negar a Cristo”, sin precisar que negar a Cristo puede significar varias y opuestas cosas: negar que es verdadero Dios; negar que es verdadero hombre; negar su historicidad; negar su ejemplaridad. Y, por lo demás, como negar los dogmas que la Iglesia propone acerca de Jesucristo es ponerse,“ipsofacto”, fuera de la Iglesia, afirmar que “la Iglesia nunca ha negado a Cristo” no pasa de ser una tautología. Sin embargo, teniendo en cuenta que continúa llamándose Iglesias a las sectas que niegan algunas verdades tocantes a Jesucristo, también podría afirmarse que “la Iglesia ha negado muchas veces a Jesucristo”.

    La jerarquía eclesiástica ha tomado partido

    Nos dice asimismo en su “carta” el cardenal Tarancón que “si la Iglesia ha de corregir su actuación política, no será tomando partido por otra tendencia política, sino defendiendo su independencia y demostrando prácticamente que no quiere hacerse presente en la palestra cuando se lucha por la conquista del Poder”.He aquí otro caso de ambigüedad y de error del cardenal a causa de la anfibología del término “Iglesia”, por él usado siempre sin precauciones.

    ¿A qué concepto de Iglesia se refiere el cardenal aquí? ¿Al concepto restrictivo de Iglesia como jerarquía eclesiástica?

    Pues bien, aunque así fuera, lo cierto es que ha habido obispos -jerarquía eclesiástica- que, en España, de cara a las pasadas elecciones (1977), se han pronunciado contra determinadas opciones políticas, “tomando partido por otra tendencia política”. Incluso las notas o comunicados de la Comisión Permanente del Episcopado en vísperas de elecciones “toma partido”, porque, como el cardenal de Madrid ha escrito otras veces, “el Evangelio no es neutral” o, lo que es lo mismo toma partido. El presidente de la Conferencia Episcopal Española, pues, resulta contradictorio y nos induce a confusión y a perplejidad cuando nos dice que la Iglesia no toma partido, después de habernos dicho que el Evangelio toma partido. Salvo que hayamos de creer que la Iglesia actúa contra el Evangelio, lo cual sería contradictorio asimismo con la fidelidad de la Iglesia a Cristo sentada por el cardenal en esta “carta”.

    La Iglesia incluso marxista

    En cambio, si damos por supuesto que al decir Iglesia, el cardenal en ese párrafo se refiere a la comunidad de los fieles cuya cabeza es Cristo, es obvio que, en España, aquí y ahora, la Iglesia ha tomado partido, ha tomado diversos y contradictorios partidos, incluso el partido marxista, porque no lo han impedido ciertos obispos. Si determinados católicos de Barcelona o de Madrid militan públicamente en partidos marxistas y no los han declarado excomulgados ni el cardenal Tarancón ni el cardenal Jubany, hay que afirmar que la Iglesia en España también ha tomado el partido de los marxistas. Distributivamente, la Iglesia ha tomado todos los partidos posibles al parecer, a causa de la ambigüedad o inhibición o negligencia de ciertos obispos.

    Cuando la Iglesia son hombres que pertenecen a diversos partidos políticos y a diversos Estados, lo que hay que afirmar es que la Iglesia es interdependiente de los partidos y de los Estados, mientras no se pueda separar realmente lo que un hombre hace en cuanto miembro de la Iglesia y lo que hace en cuanto miembro del Estado y de un partido.

    Predicar la moral a la democracia

    Yo entiendo que “si la Iglesia ha de corregir su actuación política” para ser neutral, amén de consentir que todos sus hijos puedan pertenecer a todos los partidos, el Magisterio de la Iglesia, el Papa, los obispos y los sacerdotes han de predicar la moral democrática, la moral a que ha de someterse la democracia para que puedan aceptarla los católicos.

    El cardenal Tarancón no quiere predicar -ni quiere predicarla Pablo VI- la moral a que ha de atenerse la democracia, sea liberal (basada en el liberalismo), sea socialista (basada en el marxismo), sea social-democrática (basada en el liberalismo socializante). Por eso, no puede afirmarse que el cardenal Tarancón sea neutral, sino partidario de esta democracia española puesto que no denuncia su deficiencias, vista la luz de los principios cristianos, lo mismo que denunciaba los defectos del régimen de Franco.

    No todos quieren seguir a Cristo

    La “carta” del cardenal induce a error o contiene falsedad en muchos otros puntos: por ejemplo, cuando afirma que “todos queremos seguir a Cristo”. La verdad es que hay muchos que no quieren seguir a Cristo en España, sobre todo desde que, por causa del Magisterio de la Iglesia, al reconocerse equivocado, y al enseñar hoy un modo de seguir a Cristo contrapuesto al modo de seguir a Cristo que el mismo cardenal Tarancón inculcaba hace quince o veinte años, pierde credibilidad, dando la impresión de que no es posible seguir a Cristo, por aquello de Bossuet compendiado por Balmes: “¿Varías?Luego no estás en la verdad”.

    Estamos equivocados

    Todo esto hay que decirlo en público para que el cardenal Tarancón vuelva a escribir sus excelentes y extensas pastorales y que renuncia a escribir estas breves y desedificantes “cartas cristianas”, ya que, en ellas, el cardenal Tarancón no distingue, y, ya se sabe, aquél que no distingue confunde, y el oficio de obispo es todo lo contrario: discernir y hacer luz en medio de la oscuridad y de la confusión

    En esta carta dice también: “Todos podemos equivocarnos. También los que tenemos autoridad en la Iglesia”. A mí me parece que vengo demostrando que el cardenal Tarancón se equivoca demasiadas veces. Y después de esa “carta”, lo que le corresponde, como pastor, si no quiere inducirnos a error es demostrarnos, de manera razonada y aceptable moralmente:

    1ºEn qué se muestra concretamente equivocado él, que ha confesado no hace mucho, “haber dicho muchas tonterías”. (
    http://hispanismo.org/crisis-de-la-iglesia/28387-tarancon-y-su-iglesia-en-la-transicion-al-servicio-de-los-enemigos-del-catolicismo-5.html#post177385 ) 28-5-77

    2º En qué otros puntos no está él equivocado, sino en lo cierto, y, por el contrario, estamos nosotros los madrileños y los españoles, equivocados.

    Pero en ambos casos, lo importante es ayudarnos mutuamente a salir del error: que nosotros le ayudemos a él a salir del error, si reconoce que las autoridades de la Iglesia pueden estar equivocadas; y que las autoridades de la Iglesia nos ayuden a nosotros a salir del error. Y considérese que “nosotros somos” incluso Felipe González y otros líderes políticos, que van a visitar al cardenal Tarancón, el cual debe creer, en cuanto obispo, que esos líderes están equivocados, al ser incrédulos en el catolicismo y creyentes o crédulos en las paparruchas que se les ocurrió pensar a los ideólogos y doctrinarios marxistas y liberalistas. Y “nosotros” somos asimismo los creyentes católicos que vamos a su salón de audiencias inútilmente para él y para nosotros o que escribimos sobre materias religiosas en los periódicos.

    Satisfacer nuestro derecho al diálogo

    Pero, en cualquier caso, para convencernos el cardenal Tarancón -como cualquier otro obispo progresista-,no basta con su autoridad(porque ya no la tienen), aun cuando conserven la potestad religiosa. Hace falta que estos obispos nos muestren los razonamientos y lugares teológicos en que se funda la auténtica fe católica y en que se basan las proposiciones, opiniones y determinaciones de los obispos progresistas contrarias a las nuestras.

    Y como ha pasado la época de las abstracciones, el cardenal Tarancón y los obispos que comulgan con él, porque no deben contentarse con reconocer la posibilidad del error en ellos y en nosotros, tienen que ofrecernos doctrina concreta, inequívoca, diáfana, sólidamente fundada, concorde con la tradición auténtica y distante de la liviandad, ligereza, ambigüedad y confusión de las “cartas cristianas”.

    El cardenal Tarancón, que tanto ha pregonado los derechos humanos, tiene, como obispo y como ciudadano calificado, el ineludible deber de satisfacer nuestro derecho al diálogo, nuestro derecho a que responda en concreto, y sin ambages ni efugios, ni diplomacias, ni ambigüedades, ni habilidades, a las cuestiones que le planteamos y a los servicios religiosos que le demandamos.

    Eulogio RAMÍREZ

    Última edición por ALACRAN; 04/12/2023 a las 13:47
    "... Los siglos de los argumentadores son los siglos de los sofistas, y los siglos de los sofistas son los siglos de las grandes decadencias.
    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    La traición de la Iglesia”


    111

    Revista
    FUERZA NUEVA, nº 562, 15-Oct-1977

    LA TRAICIÓN DE LA IGLESIA

    Que no se me interprete mal. Proclamo con el más sincero convencimiento la santidad de la Iglesia, en cuyo seno deseo y espero vivir y morir gracias a la misericordia de Dios. Esa Iglesia que Cristo ha fundado es santa e incapaz de cualquier traición. Pero la Iglesia militante, la que peregrina en este mundo en la esperanza de la Jerusalén celestial, está compuesta por hombres que son capaces como tales de cimas de santidad o de abismos de depravación. Y de necedades, vilezas y cobardías sin cuento.

    España ha sido la nación que más generosamente se ha entregado a la fe de Cristo. Ello le costó innumerables sacrificios a lo largo de su historia. La sangre de sus hijos regó todo el planeta y fue verdaderamente semilla de cristianos. Puede decirse que no hay rincón del mundo sin una cruz española bajo la cual esperan la resurrección de los muertos los huesos de un español que, pese sus pecados y debilidades, llevaba a Cristo en el alma y en muchas ocasiones murió por Él.

    Y si en tantas ocasiones los españoles no vacilaron ni un momento en ofrecer la vida por la causa de Cristo, España, como nación, se agotó económicamente defendiendo la misma bandera. Mientras el francés pactaba con los protestantes y Austria con Napoleón, España perdía sus hijos y vaciaba sus exhaustas arcas en la Europa luterana o en el Mediterráneo oprimido por la Media Luna, llenaba América de iglesias y catedrales, el Lejano Oriente de misioneros y era el más firme sostén de la Iglesia frente a los ataques de sus enemigos. E hizo de esa fidelidad a Cristo su gloria y su orgullo.

    ***
    No fue siempre debidamente agradecido ese comportamiento, pero no era eso lo que buscaba España. Aunque en ocasiones sufriera en su corazón hidalgo desprecios inmerecidos o frialdades injustificadas. Por encima de actitudes políticas concretas y desdichadas de miembros de la Iglesia, a veces de muy elevada jerarquía, España se sabía fiel, por encima de imperfecciones inevitables, a Cristo y la Iglesia; antes o después, con mayor o menor solemnidad, terminaba por reconocerlo.

    La última vez, en 1936, en una cruzada que ganaron los hijos de la luz a los de la impiedad. Y que fue una de las gestas más gloriosas del catolicismo en los dos mil años de su historia. Así lo proclamó la iglesia, aunque hoy tantos quieran olvidarlo.

    Hoy (1977) se encuentra España en uno de los momentos más críticos de su vida como pueblo, comparable a la irrupción musulmana, a la invasión francesa o a los aciagos días de la segunda República. Como en aquellas ocasiones, está gravísimamente amenazado el modo de ser de un pueblo que se hizo la nación más poderosa del mundo gracias a su fidelidad a la religión católica. Como entonces, parecen amenazados de muerte creencias e ideales que configuraron una patria gloriosa. Sin embargo, hay algo que establece una peligrosa distinción con sucesos anteriores y que hace que estos momentos sean, si cabe, más graves.

    ***
    Otras veces la Iglesia bendecía armas y banderas que se aprestaban al combate por una causa que era la de Cristo. El aliento de cruzada encendía corazones y prometía la victoria en este mundo o en el otro. Y el pueblo católico respondía como un solo hombre y con la ayuda de Dios se ganaba la batalla.

    Hoy, en cambio, un silencio de muerte parece extenderse sobre España. Está próxima la desconfesionalización del Estado, pública apostasía de un pueblo que tenía como su mayor honor nacional el reconocimiento de la supremacía de Dios, y nuestros obispos callan como si ello nada tuviera que ver con su ministerio sagrado. Un alto prelado vaticano responsable de la “ostpolitik” de la Iglesia (mons. Casaroli), hace declaraciones minimizando el asunto que parece no interesar en absoluto a la Iglesia. Es más, con las honrosas excepciones que todos conocemos, en estos momentos, la Iglesia se despreocupa de todo aquello que durante siglos fue objeto de su desvelos para no interesarse por nada o sólo por cosas que deberían serle totalmente ajenas.

    Y así se ve que la pornografía que nos invade sólo arranca, como mucho, alguna declaración forzada y protocolaria; los clérigos marxistas no son objeto de la menor desautorización; profundas desviaciones dogmáticas y morales son toleradas, y, por lo mismo, animadas por nuestros obispos, y la confusión entre el pueblo de Dios crece por momentos.

    Esta es la gran traición de la Iglesia española que nuestra patria no se merecía: Y que está llevando a la Conferencia Episcopal Española a unos límites de descrédito entre los católicos como no se vivieron en época alguna de nuestra historia. La nefasta presidencia del cardenal Tarancón va a causar a España daños incalculables que el mismo cardenal va a ser el primero en lamentar. Y le veremos llorar como Boabdil lo que como obispo no supo defender. Esperemos que la sangre de los mártires prevalezca sobre la traición de los obispos y haga que el pueblo católico recobre su pulso para defender, como tantas veces hicieron nuestros mayores, la catolicidad de España que es su único modo de ser nación.

    Las palabras de Menéndez y Pelayo advirtiéndonos que “esa es nuestra unidad y nuestra grandeza, y que si la perdemos desaparecerá España como nación, para volver a los reinos de taifas”, son una trágica profecía que amenaza ser ya mismo realidad entre “ikurriñas”, autonomías y separatismos. Planeando como siniestra sombra sobre todo ello está la traición de la Iglesia y la repugnante figura de Oppas, que fue el obispo que entregó España a los moros. Claro que no contaba con una Covadonga en la que se refugiaron bajo la protección de la Virgen unos católicos españoles que supieron decir que “no” al obispo y a los moros. Y salvaron a España.

    Francisco José FERNÁNDEZ DE LA CIGOÑA


    Última edición por ALACRAN; 08/12/2023 a las 18:57
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Y lo que han empeorado las cosas desde Taranón a la fecha de hoy!
    Las Conferencias Episcopales, en la actualidad, se asemejan a una ONG -no confecional- y en decadencia.
    De todas formas: ¡No parar hasta Reconquistar!
    ALACRAN dio el Víctor.

  14. #114
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    ¿”Socializar” la enseñanza?

    112
    Revista FUERZA NUEVA, nº 564, 29-Oct-1977

    ¿Socializar la enseñanza?

    Todos los diarios españoles -o la mayoría- han hecho creer a los españoles que el cardenal Tarancón -y con él la Iglesia Católica- sería partidaria de la socialización de la enseñanza. A ello da pie la vaga “carta cristiana” del cardenal de Madrid abordando este tema. (…)

    Por el contexto, parece que lo que el cardenal ha querido decir -no lo que ha dicho- es que el Estado debe financiar por igual a todos los centros docentes, sean oficiales, sean luteranos, sean católicos, sean comunistas, sean anarquistas, de tal manera que cualquier padre español pueda llevar a sus hijos al centro de su elección y conseguir que en ese centro llegue al término de cualesquiera estudios con el mismo coste que en otro centro cualquiera privado u oficial.

    ¡Pero eso no es socialización, eso es más bien privatización de los medios y de los fines educativos, y socialización, estatalización, municipalización o nacionalización de las finanzas escolares! (…)

    El mandato de Jesucristo en el Evangelio es tajante: hay que enfrentarse con la realidad y con la comunicación social diciendo sí o diciendo no, sin rodeos ni ambigüedades. Por el contrario, la actitud del cardenal Tarancón ante la ordenación pública de la escuela es: socialización, sí (“carta cristiana” del 2-X-77) y socialización, no; privatización (“carta cristiana” del 9-X-77).

    Ciertamente, la contradicción del cardenal presidente de la Iglesia española no es tan literal ni tan palmaria como yo la expreso. Pero lo evidente es que todos los diarios que se ocuparon de la primera susodicha carta del cardenal entendieron que monseñor Tarancón se pronunciaba lisa y llanamente en favor de la socialización de la enseñanza (…) Ahora, por el contrario, el cardenal se pronuncia contra la escuela única, es decir, contra la socialización de la escuela.

    Todo estriba en la malhadada costumbre del cardenal de Madrid de usar términos equívocos sin precisar exactamente a qué acepción de las varias posibles se está refiriendo. (…)

    Ahora pretende recusar la escuela única en nombre de los principios democráticos, haciendo caso omiso de los principios cristianos. Primero, el cardenal Tarancón (por sí o por mandato de Roma) está dando y ha dado lugar a que España se descatolice oficial y realmente. Y, ahora, como considera que ya no tienen vigencia ni autoridad los principios cristianos, la ordenación de Dios, la ley natural, se dirige a los acatólicos “ad hominem”, invocando principios acatólicos (democráticos) a fin de conseguir la libertad de la Iglesia para mantener sus propios centros docentes.

    Pero la cosa es clara: si tácitamente admite el cardenal de Madrid que los católicos somos minoría, como en la democracia se impone inexorablemente la voluntad y las conveniencias de la mayoría, los católicos (la Iglesia) no tenemos derecho a poseer unas escuelas en que teóricamente se debe inculcar una concepción del hombre, del mundo y del Estado que son democráticamente inconstitucionales.

    En cualquier caso, ¿cómo “vivir en común” los educados en distintas escuelas para una “diversa manera de vivir”, porque se les inculcan en una escuela concepciones sobre el hombre, sobre el Estado y sobre la sociedad incompatibles con las concepciones que se les enseñan en las otras escuelas?

    Y, después de todo, si habiendo tenido la Iglesia bajo el régimen de Franco a todos los españoles bajo la docencia de las escuelas católicas, esa Iglesia no ha sabido hacer católicos a todos los españoles, ¿para qué quiere centros docentes, si, incluso en ellos se enseña ahora muchas veces cualquier concepción menos la católica?

    Eulogio RAMÍREZ

    Última edición por ALACRAN; 27/12/2023 a las 13:21
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  15. #115
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    “El mal menor o la insensatez de muchos católicos”

    113

    Revista FUERZA NUEVA, nº 568, 26-Nov-1977

    EL MAL MENOR O LA INSENSATEZ DE MUCHOS CATÓLICOS

    Por Francisco José Fernández de la Cigoña

    En la triste situación en la que España se encuentra (1977) ha tenido no poca intervención una teoría desdichada, de viejas resonancias en nuestra Patria, que es la del mal menor. No he de negar que en determinadas circunstancias esa doctrina tiene una aplicación concreta y no es razonable condenarla absolutamente. Es más, en abstracto, parece de una lógica evidente. Si nos amenazan dos males y uno de ellos es mucho peor que el otro, lo sensato y prudente es preferir que nos sobrevenga el menor. Sin embargo, de no tenerse el cuidado debido en el enjuiciamiento de lo que realmente es mal o bien, eso que parece una verdad de perogrullo puede convertirse en fuente de mil funestas claudicaciones que terminarán por conducirnos no a un mal menor, sino a uno gravísimo.

    En la correcta aplicación de esta doctrina es preciso tener siempre presente que en un momento determinado se está optando por un mal. Lo que implica tres cosas de enorme trascendencia: la clara conciencia de que se está eligiendo un mal, la constancia de que ese mal es realmente menor que el que no se elige y la carencia de alternativa de un bien posible. Todo ello requiere reflexión y madurez de juicio, dos características que desgraciadamente no abundan en la sociedad actual. Y por ello nos detendremos en analizar con cierta amplitud la esencia y las aplicaciones prácticas de las tres consideraciones que en conciencia ha de hacerse todo católico a la hora de depositar su voto en cualquiera de las elecciones que la actual democracia va a proponerle.

    ***
    En primer lugar, el católico que, en un momento dado, después de serena reflexión, decide elegir un mal menor, debe estar persuadido de que está optando por un mal y no por un bien. Ha de votar, por tanto, íntimamente disgustado por su acción, que sólo la encontrará justificada por considerar que, de no obrar de ese modo que le repugna profundamente sobre vendrán males de mucha más gravedad para la religión y para la Patria.

    No se puede ir, pues, a esa elección con alegría. Como no se va con alegría a un quirófano aunque de ello dependa la salud o la vida. No puede uno ser militante del partido que representa ese mal, aunque se le vote en un momento dado. Se debe desear la derrota final de esa opción, aunque en esa elección concreta se busque su triunfo momentáneo en evitación del de otros que todavía serían peores. De ese modo, odiando el mal, pueden los católicos momentáneamente prestar su apoyo a un partido político malo en evitación de la victoria de otro peor. Si lo hacen con esa conciencia clara no hay peligro de que confundan el mal con el bien ni de que, encariñados con esa elección que las circunstancias les obligaron a hacer, la absoluticen y se entreguen a ella con fervores que esa mala causa no merece.

    De no menor importancia es la constatación, asimismo serena y reflexiva, de que esa alternativa se trata realmente del mal menor. Porque también aquí hay grave peligro de engañarse, ya que en no pocas ocasiones esos “males menores” son a la larga de mucha más gravedad que los que al principio se juzgaron “mayores”. Por su aspecto externo de mayor moderación llegan incluso a hacerse atractivos y terminan consiguiendo, por vías menos revolucionarias, los mismos objetivos que se proponían los partidos más exaltados. Con la agravante además de que un triunfo parcial de los extremistas puede producir una sana reacción que el “mal menor” más bien adormece.

    En lo que respecta a este adormecimiento, piénsese en el causado en la opinión católica española en todo lo que se refiere al divorcio, el aborto, el adulterio, la pornografía y el control de la natalidad por partidos que fueron aceptados por muchos creyentes como mal menor o incluso como bien deseable. Son ahora esos partidos, que ciertamente no eran un mal menor, sino igual que otros más radicales, los que van a traernos a España, con los votos de los católicos y con el silencio o incluso con la tácita aprobación de miembros de la jerarquía eclesiástica, todos esos males que no eran queridos y muchas veces ni sospechados por quienes les facilitaron el triunfo.

    Queda una tercera cuestión que limita extraordinariamente la elección del mal menor. Y es que esa elección supone la existencia de dos o más males entre los que se ha de optar. Pero queda descartada cuando al lado de esos males hay alguna opción buena. Entonces ya no cabe la alternativa, pues el católico no puede preferir el mal al bien. Sé que aun entonces se utilizarán mil argumentos para no inclinarse a lo que una recta conciencia debe abrazar: que si los representantes de la opción buena tienen pocas posibilidades, que se van a perder unos votos que podrían cerrar el paso a los más revolucionarios, etc.

    ***
    Consideraciones como éstas no solo han arreglado nada, sino que empeoraron muchísimo la situación, hasta llegar a estos días (1977) en que ya se llama “mal menor” a lo que no hace muchos años se juzgaban males inimaginables. Además, se impide de este modo una efectiva reacción católica, pues aquellos que la deberían integrar se encuentran apoyando a una serie ininterrumpida de males menores que cada vez son de mayor gravedad.

    Hora es, pues, de que los católicos españoles se decidan de una vez a asumir sus responsabilidades y a votar exclusivamente a quienes defienden la fe católica, que es lo mismo que defender a la España tradicional. Frente a los marxistas condenados por la Iglesia, frente al liberalismo condenado por la Iglesia y frente a los clérigos, de la jerarquía que sean, que apoyen al marxismo o al liberalismo. Los católicos españoles podrán elegir libremente entre aquellos que defiendan a la verdadera España, que es la España católica, porque entre varios bienes no hay obligación de elegir al mejor. Pero ahí se terminan sus opciones lícitas. Obrar de otra manera es traicionar a la Patria y a la religión. Y no conduce a nada bueno ni para la una ni para la otra.

    El ejemplo de los católicos italianos votando el liberalismo de la democracia cristiana puede servir de ejemplo. Para evitar el mal mayor del comunismo han estado votando a un partido que ha conseguido que ese comunismo sea una verdadera amenaza para Italia. Y, como añadidura, el divorcio, el aborto, el desánimo de los católicos y la crisis de una nación que merecía mejor suerte.

    Dejémonos, pues, de males menores para agruparnos en torno de aquellos que defienden lo que para los católicos españoles debe ser irrenunciable: la confesionalidad católica del Estado y todo lo que ella implica. Que las leyes no sean reflejo de la soberanía popular, sino que acepten, por encima del juicio de los hombres, la voluntad de Dios. Y que, por lo mismo, no acojan en sus preceptos lo que la ley de Cristo reprueba. En una palabra, que la sociedad no se levante sobre la voluntad tornadiza del hombre, sino sobre la voluntad sabia de Dios. Ese es el único modo de que el hombre pueda alcanzar una convivencia social que no sea el campo de concentración de los totalitarismos ni la explotación del hombre por el hombre del capitalismo liberal.

    ***
    Esa concepción cristiana de la sociedad la defendió la Iglesia a lo largo de los siglos y, últimamente, por boca de sus más sabios y santos pontífices en encíclicas memorables. Sus solidísimos argumentos no parecen convencer al presidente de la Conferencia Episcopal española (Tarancón), que acaba de exponer (1977), por medio de la televisión, unas increíbles opiniones, que venían a decir, en resumen, que el Estado podía legislar lo que quisiera sobre adulterio, divorcio, etcétera, pues la ley civil era de su exclusiva incumbencia, y la Iglesia no tenía por qué meterse en ello. Se limitará a decir a los católicos que ellos, en cuanto tales, no pueden cometer adulterio ni divorciarse. Del aborto se mostró algo menos partidario, aunque no se sabe bien por qué, pues Cristo prohíbe tanto el asesinato como el adulterio y el divorcio.

    León XIII pensaba de otra manera. Al sabio Pontífice claro que le preocupaban las leyes del Estado. Y así dice en la “Immortale Dei”: “Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. Entonces aquella energía propia de la sabiduría cristiana, aquella su divina virtud, había compenetrado las leyes, las instituciones, las costumbres de los pueblos, infiltrándose en todas las clases y relaciones de la sociedad; la religión fundada por Jesucristo se veía colocada firmemente sobre el grado de honor y de altura que le corresponde; florecía en todas partes secundada por el agrado y adhesión de los príncipes y por la tutelar y legítima deferencia de los magistrados; el sacerdocio y el Imperio concordes entre sí departían con toda felicidad en amigable consorcio de voluntades e intereses. Organizada de este modo la sociedad civil, produjo bienes superiores a toda esperanza. Todavía subsiste la memoria de ellos que ninguna corruptora habilidad de los adversarios podrá nunca desvirtuar u oscurecer”.

    Aquel Pontífice no resultó profético para con el cardenal arzobispo de Madrid, Vicente Enrique Tarancón. El cual tiene totalmente oscurecida y olvidada, si es que alguna vez la conoció, la doctrina de la Iglesia. Ni que decir tiene que entre el Papa y el arzobispo la elección no es dudosa. Y más tratándose de tal Papa y de tal arzobispo. Vayamos, pues, en busca de esos bienes superiores a toda esperanza, olvidando esos “males menores” que han conducido a España al umbral del mayor de los males: la pérdida de su identidad como nación a causa del olvido de la fe de sus mayores. Sin dejarnos engañar más veces por quienes, desde la Iglesia o desde el Estado, no buscan el servicio de Dios y de la Patria sino el del Padre de la Mentira: Satanás.

    F. J. FERNÁNDEZ DE LA CIGOÑA



    Última edición por ALACRAN; 30/01/2024 a las 13:05
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Vista gorda de la jerarquía con la subversión eclesiástica interna

    114
    Revista FUERZA NUEVA, nº 572, 24-Dic-1977

    Vista gorda

    Los periodistas intencionados o tendenciosos siempre hacen a sus interrogados las preguntas de las que ellos esperan cierta respuesta que les interesa para su propaganda. Yo no sé si es por eso por lo que al P. Díaz Alegría le han preguntado por Radio Nacional si son compatibles el cristianismo y el marxismo. Ya sabíamos que el ex jesuita iba a decir que sí; que un marxismo interpretado al estilo actual y un cristianismo interpretado al modo actual son compatibles. ¡Y como la gente no advierte que un marxismo laxo no es realmente marxismo y que el cristianismo laxo no es realmente cristianismo auténtico, sino luteranismo, modernismo, progresismo, el hombre medio se queda confuso!

    La verdad es que el marxismo auténtico (del PCE o del PSOE) sólo es compatible con un cristianismo inauténtico; que el cristianismo genuino, el catolicismo, sólo es conciliable con un marxismo espúreo, con un pseudomarxismo. Esa es, al menos, la fe de Pablo VI y de los obispos italianos reciente (1977) y oficialmente manifestada a través de “L’Osservatore Romano”. Y no se sabe si esa es la fe de los obispos gobernantes de la Iglesia en España (“perros mudos”) y, específicamente, de los obispos de los cuales depende el P. Díez Alegría. Estos obispos, monseñor Tarancón y monseñor Palenzuela, se hacen la vista gorda. Como se hacen la vista gorda el nuncio apostólico y el Vaticano.

    Yo he leído una nota editorial de “L’Osservatore” diciendo que el P. Díez Alegría quedaba excluido de la Compañía de Jesús, porque ésta no podía tener en su seno a quien, como este varón, profesaba las ideas -la fe- que todos sabemos. Se sobreentendía que el P. Díez Alegría no tenía y no tiene la fe católica íntegra y auténtica, porque a nadie se le puede expulsar de una congregación religiosa por opinar libremente en materias opinables.

    Ahora bien, la misma realidad por la cual se invitó con razón a este profesor jesuita a que abandonara la Compañía de Jesús, aconseja a invitarle a que se secularice, ya que no a declararle excomulgado, pues no vive ni administra la fe en común con la Iglesia Católica. Pero el arzobispo de Madrid (Tarancón) -que no ha querido incardinarle en su diócesis- y el obispo de Segovia (Palenzuela) -que lo ha encardinado- se hacen la vista gorda, aun cuando todos sabemos que en la comunidad jesuítica de la parroquia del Pozo del Tío Raimundo ejerce los ministerios sacerdotales una persona, como don José María Díez Alegría, que muestra su excomunión, que patentiza su falta de comunión con la Iglesia católica en materias graves de fe.

    Eulogio RAMÍREZ

    Última edición por ALACRAN; 28/03/2024 a las 14:02
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    Detrás de los sofistas vienen siempre los bárbaros, enviados por Dios para cortar con su espada el hilo del argumento." (Donoso Cortés)

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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    La despreocupación de Monseñor Tarancón por la futura llegada del PSOE al poder


    115

    Revista FUERZA NUEVA, nº 579, 11-Feb-1978


    La despreocupación de Monseñor Tarancón

    Pese a que -como se ha visto- la Iglesia no se libra tampoco en esos anunciados proyectos de neutralización de instituciones del PSOE, según nos dice “El Imparcial”, nuevo vespertino madrileño, el cardenal Tarancón acaba de declarar a la prensa catalana que “no le da miedo el hecho de que el PSOE un día alcance el Poder”. Así, pues, al arzobispo de la capital parece despreocuparle que domine un partido basado en el materialismo dialéctico de Marx, ateo, que propone el laicismo y la neutralización del catolicismo, el divorcio, el aborto y la expendición de anticonceptivos por la Seguridad Social, la nacionalización de los medios de producción… Me pregunto: ¿qué le dará miedo a monseñor Tarancón?, ¿qué le preocupará?

    Al parecer, lo único que le inquietó últimamente fue que, durante el postrer quinquenio franquista, “los hombres del Gobierno que se creían católicos y lo eran sinceramente, no habían digerido el Concilio Vaticano II”, lo que, según revela el prelado, le hizo vivir “momentos difíciles”. Sin embargo, no le “preocupa” que accedan al Poder quienes ni han digerido el Vaticano II, ni el Vaticano I, ni ningún otro Concilio, y ni siquiera lo intentan, porque lo que tratan de asimilar son las doctrinas de la Internacional.

    Claro que, en contraste con el presidente de la Conferencia Episcopal Española, al Papa sí le alarma “la violencia ciega, los atentados contra la vida humana ya desde el seno materno, el terrorismo despiadado que acumula odios y ruinas” (…) Al menos, así lo expuso Pablo VI ante el Colegio Cardenalicio que le felicitaba la Navidad, y quien repasa las “sombra oscuras” que el Vicario de Cristo señala, comprobará cómo España no es ajena a ninguna de ellas y cómo bastantes de las mismas se agravarían o adquirían vigencia legal con el eventual gobierno del PSOE; pero ello, al parecer, no preocupa al cardenal de Madrid, aunque sí le preocupó que unos gobernantes “sinceramente católicos” no digiriesen el Concilio Vaticano II.

    Claro es que a Tarancón todo esto le suena a “música celestial”, pero no a una obligación moral, ortodoxa o dogmática, por no decir espiritual, que cumplir. Él es feliz, como lo demuestra con recibir y elogiar al genocida de Paracuellos -olvidándose, claro está, de los centenares de sacerdotes y religiosos “paseados” y que yacen en aquellas fosas comunes-, así como declarar en la prensa que “el cristiano puede votar a los partidos marxistas”, lo cual, además de sentar cátedra contra la doctrina vaticana y la razón católica, proporciona una buena arma propagandística al marxismo, arma que después (podría ser) resultara el vehículo para que esa frase o pareado de “Tarancón, al paredón”, que por ahí se oye a veces y que el cardenal dice ya no le preocupa, fuese cierta, bajo el dominio del comunismo.

    Ramón de Tolosa



    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 13:05
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

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    Card. Tarancón: “El cristiano puede votar a un partido marxista”…


    116
    Revista FUERZA NUEVA, nº 579, 11-Feb-1978

    ¿Votar marxista?

    El lector del número 577 de FUERZA NUEVA (28-1-78), sin duda, se habría quedado atónito al leer un recorte del “Diario de Cádiz”, cuyo reclamo en primera página de una entrevista al cardenal Tarancón ponía en boca del arzobispo de Madrid esta graves palabras: “El cristiano puede votar a un partido marxista”.

    Independientemente de que en el texto de las declaraciones se matice o no se matice esta expresión, es de notar la imprudencia de prodigarse en declaraciones que se reproducen en una primera página de un diario con esa afirmación extraña.

    Y ya que el cardenal Tarancón no parece haber tenido voluntad de poner las cosas en su sitio, hemos de ponerlas nosotros, que también somos Iglesia.

    Bajo el pontificado de Juan XXIII, el 4 de abril de 1959, se produjo la misma pregunta que le han hecho en el “Diario de Cádiz” al cardenal Tarancón, sólo que en el diario de la Sede Apostólica, con respuesta contraria a la del cardenal.

    En efecto, con esa fecha (AAS 51, pág. 271 y ss.), se le propuso a la Sagrada Congregación del Santo Oficio la siguiente cuestión: “¿Es lícito a los ciudadanos católicos, al elegir a los representantes del pueblo, dar su voto a aquellos partidos o candidatos que, aun cuando no profesen principios opuestos a la doctrina católica, e incluso asuman el nombre de cristianos, sin embargo, de hecho se asocian con los comunistas y les favorecen con su comportamiento?”

    La respuesta del Santo Oficio, confirmada por Juan XXIII, fue negativa. Esta respuesta, por lo demás, invocaba el Decreto del Santo Oficio de 1 de julio de 1949, promulgado bajo el pontificado de Pío XII, que no sólo prohibía eso, sino que declaraba como excomulgados a los católicos que, de alguna manera, favorecieran al comunismo. Y, por lo demás, Pío XII no hacía otra cosa que corroborar la sentencia común de sus predecesores.

    Por consiguiente, hay que decir o bien que el cardenal Tarancón es un ignorante en materia de doctrina grave o seria hoy, o bien que el cardenal Tarancón, a conciencia, se aparta de esta grave sentencia del Magisterio oficial ordinario de la Iglesia.

    Luego, tanto si el cardenal Tarancón es un ignorante como si el cardenal Tarancón es un imprudente, como si el cardenal Tarancón se aparta de la comunión con el Magisterio de los Sumos Pontífices Romanos, hay que tener mucho cuidado con lo que diga y no creerlo sin más. (…)

    Eulogio RAMÍREZ




    Última edición por ALACRAN; Hace 2 semanas a las 13:08
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