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Tema: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolicismo

  1. #81
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    … “canto masivo de “La Internacional” en una parroquia madrileña…”

    79

    Revista FUERZA NUEVA, nº 535, 9-Abr-1977

    Cristianos para el Socialismo

    Con el canto masivo de “La Internacional” se clausuró hace unos días en una parroquia madrileña, regentada por el conocido cura comunista P. Gamo, el congreso de los llamados Cristianos para el Socialismo.

    Un “congreso” al que, según parece, se sumaron “espiritualmente” los obispos auxiliares Iniesta y Echarren, bien conocidos por su militancia marxista y su apoyo, de todo orden, a la acción subversiva contra el Estado.

    Como católicos, nos duele esa conculcación de la verdad evangélica por quienes todavía se dicen ministros de la Iglesia católica, aunque nos duele todavía más la tolerancia que con ellos se tiene por parte de aquellos que se encuentran en la cúspide jerárquica del episcopado y muy especialmente del cardenal Tarancón, tan propicio “ahora” a condenas hacia quienes somos partidarios del 18 de Julio y su carga ideológica como proclive a sumarse a la corriente liberal y democrática en curso.

    Creemos que Tarancón, si en verdad fuese objetivo y pastor adecuado de su grey, ya debería haber destituido o al menos marginado de su episcopado madrileño a quienes, en el nombre de Dios, con jerarquía o sin ella, mancillan la doctrina de la Iglesia y se valen de la fe y de los lugares del culto para sembrar el odio, el revanchismo o ideologías absolutamente antagónicas al dogma católico.

    Ramón de Tolosa



    Última edición por ALACRAN; 18/08/2022 a las 14:33
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  2. #82
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    …"es como si los obispos dijeran: ya que no hemos podido catolizar a fondo todos los españoles, descatolicémonos nosotros para que no haya conflictos y sea posible la convivencia y la reconciliación: hagámonos un poco liberalistas, otro poco marxistas, otro tanto luteranos y una pizca mahometanos..."

    80
    Revista FUERZA NUEVA, nº 538, 30-Abr-1977

    A MONSEÑOR GUERRA CAMPOS

    (Eulogio Ramírez)

    Mi querido y admirado obispo:

    He echado mucho de menos, en mi preparación para la Pascua de Resurrección de este año, el sólido y enjundioso manjar de sus intervenciones de otros años a través de la RTVE.

    Hay cantidad de días y de horas dedicados por los órganos de la información pública para dar satisfacción a las necesidades recreativas, informativas, políticas, deportivas, etc. ¡Pero hay ya muy pocas, cada vez menos, horas dedicadas a satisfacer las necesidades de reflexión y educación religiosa y católica de los españoles! Cada vez recibimos, a través de los medios informativos, privados y públicos, más mensajes e incitaciones a la vida superficial, frívola, materialista, amoral. Hasta comenzamos a comprobar que la seducción marxista sin desenmascarar, camuflada de paraísos terrenales, para unos “mañanas que cantan” los nuevos ídolos del nuevo régimen político, van desplazando paulatinamente a Dios.

    Ahora, para colmo de males, inopinadamente en Semana Santa, nos traen a la ventanilla de TVE un joven y simpático obispo -dando sensación de cura no más que para aldeanos muy elementales-, que nos viene a dar testimonio, más que nada, de que él es “creyente”; o un maduro arzobispo, que nos trae el “evangelio” del comunista Bertolt Brecht en rara mistura con el de Jesucristo.

    Se nos venía diciendo que la Iglesia y el Estado debían aparecer separados y que, en cualquier caso, no deberían aparecer por los medios de difusión del Estado sino aquellos clérigos u obispos que fueran representativos de la Iglesia. ¿Estos son “representativos” y usted no? ¿Del “nuevo cristianismo”?

    Era otra cosa, bien se ha visto

    Antes era usted, monseñor Guerra Campos, el que discretamente dirigía o asesoraba en lo tocante a la programación de RTVE. Ahora, contra toda promesa y contra toda esperanza, hemos visto sentados a la par y presidiendo la constitución del gran consejo de RTVE al ministro del Gobierno y al presidente de los obispos españoles, al cardenal Tarancón: ¡la autoridad de la Iglesia más visiblemente complicada que nunca con la autoridad del Estado, en materia tan grave como la de supervisar el tenor y orientación en la información estatal!

    Y, ¡francamente!, yo no veo que hayamos mejorado, sino empeorado, en materia de programación religiosa: parece como si la más alta autoridad española de la Iglesia y la más calificada autoridad del Estado hubieran convenido en secularizar los programas, en descargarlos de contenido específicamente católico: las palabras que oíamos a usted y monseñor Beguiristáin los domingos eran específicamente católicas, en continuidad, en desarrollo y crecimiento con las palabras, con el Evangelio que se nos venía predicando tradicionalmente, con respeto a la Tradición. Las palabras que yo he oído a los obispos de ahora se me antoja que igual pudiera haberlas oído a unos pastores protestantes. Y si el presidente-cardenal Tarancón es el responsable supremo de este nuevo Evangelio, se me antoja que no es que España se esté descatolizando; es que las autoridades de la Iglesia y del Estado, aun inconscientemente, quieren descalificar España, enseñando un Evangelio irenista, reductible en último término a las religiones e ideologías en boga.

    Abandonismo de lo específicamente católico

    A fin de cuentas, es como si dijéramos: ya que no hemos podido catolizar a fondo todos los españoles, descatolicémonos nosotros para que no haya conflictos y sea posible la convivencia y la reconciliación: hagámonos un poco liberalistas, otro poco marxistas, otro tanto luteranos y una pizca mahometanos; gracias a ese sincretismo y eclecticismo alcanzaremos la paz universal.

    Ese mismo talante reduccionista, entreguista, de repliegue, que el cardenal Daniélou llamaba complejo de antitriunfalismo y cristianismo de perros apaleados, es el que se advierte específicamente en lo tocante al marxismo desde el punto de vista de la Iglesia.

    A mí me ha prometido en audiencia el cardenal Tarancón que iba a proponer y, virtualmente, a conseguir que la Conferencia Episcopal Española se pronunciase sobre los “cristianos por y/o para el socialismo”, cuya profesión de fe marxista y cuya instrumentación de la Iglesia son obvios en España. Pero el cardenal Tarancón, en esto como en otras cosas, me ha engañado: el arzobispo de Madrid, que tiene el deber (frente a mi derecho) de pronunciarse inequívocamente al respecto, no sólo no se pronuncia, sino que concienzudamente mantiene al frente de una parroquia madrileña a uno de los líderes de ese movimiento de marxistas que utilizan la Iglesia (sus ministerios, su autoridad moral y sus locales) en favor del marxismo.

    Yo me felicito ahora de que, por fin, se haya editado en folleto y hecho pública, en el Boletín del Obispado de Cuenca, la conferencia que tuvimos el placer de escuchar a usted, de viva voz, los asistentes a la lección de usted, en el ciclo que la Asociación de Universitarias Españolas organizó en la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores en 1974. Aquella conferencia sobre “La Iglesia y el marxismo” no solo no ha perdido actualidad, sino que, en defecto de otro texto mejor y más autorizado que pudiera venir y que debiera venir de la Sede Apostólica, cobra hoy la actualidad que entonces no tuviera, dada, por una parte, la autorización de partidos marxistas en España y, de otra, el proceso electoral y constituyente español en el que va a cobrar aquí el marxismo una pujanza desacostumbrada, en parte debido al silencio de la Jerarquía de la Iglesia, romana y española.

    Porque la cosa es clara: ¿de qué me sirven a mí el Papa Pablo VI, ni la Curia romana, ni la Conferencia Episcopal Española, ni los obispos de Madrid, si no me sacan absolutamente de dudas acerca de la licitud o ilicitud de profesar el marxismo, coadyuvar a la promoción de los partidos de confesión marxista (el de Carrillo, el de Tierno, el de Felipe González, etc.) o de votar por los partidos marxistas?

    Tanto si la jerarquía de la Iglesia ignorase la respuesta a mi pregunta reiterada, en privado y en letra impresa, como si sabiendo esa respuesta, prefiere callarla, a mí la Iglesia no me sirve. Yo no puedo creer en una Revelación divina y en un pretendido Magisterio vicario de Dios que no supiera darme respuesta concreta, explícita, clara, a la pregunta de si un católico puede ser o no ser marxista, puede favorecer al marxismo, puede afiliarse a un partido marxista y votar por él.

    La Iglesia, fuera de España, condena al comunismo. Aquí no

    Se me puede argumentar que la Iglesia, el Magisterio oficial de la Iglesia, ya se ha pronunciado más de una vez, sin lugar a dudas, sobre este asunto. Se me puede decir que, en los últimos comicios, la Sede Apostólica excomulgó al ex abad Franzoni, precisamente por haber hecho pública profesión de marxismo. Se me puede informar que el diario oficioso vaticano “L’Osservatore Romano” del 19-20-III-77 ha dedicado toda una página a conmemorar el quincuagésimo aniversario de la encíclica “Divini Redemptoris”, en la que Pío XI condenaba al comunismo por “intrínsecamente perverso”, no por coyunturalmente, extrínsecamente, pasajeramente perverso. Se me puede hacer ver que el diario mediante el cual se expresa la Santa Sede (y sus semanarios en diversas lenguas), destaca la actualidad de aquella encíclica y su vigencia. Hasta se me podrá argüir que “L’Osservatore della Domenica” apenas publica número que no contenga algún rasgo de anticomunismo y de antieurocomunismo (el último que yo conozco, el del 10-IV-77).

    ¡Bien! Pero si ni siquiera eso es suficiente para que los católicos españoles en trance de elecciones constituyentes, que pueden variar por muchos años el curso de nuestra historia, dejen de apoyar a los partidos marxistas y dejen de figurar en el Comité Central del Partido Comunista de España, habrá que hacer algo más espectacular, más solemne, más sonado, más contundente. Parece como si el colectivo orgánico de la Jerarquía de la Iglesia debiera situar a muchos españoles ante la alternativa de escoger a Cristo o escoger a Marx, de seguir en la Iglesia sólo, o en la comunidad marxista sólo, haciéndoles ver que es incompatible la pertenencia a la Iglesia y la adscripción al marxismo, como usted, monseñor Guerra, con tanta autoridad propia, con tantos argumentos de autoridad ajena y de razón explana en los cortos límites de esta conferencia publicada en folleto, de la que ni siquiera los diarios que se precian de católicos han querido dar cuenta ni hacer propaganda para ilustración de sus lectores.

    Eulogio RAMÍREZ

    Última edición por ALACRAN; 07/09/2022 a las 14:33
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  3. #83
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Al superior de los jesuitas, p. Arrupe, no le disgustaban las dictaduras criminales comunistas

    81


    Revista FUERZA NUEVA, nº 539, 7-May-1977

    Arrupada

    El padre Arrupe, sucesor de San Ignacio (a larga distancia) en el mando de la Compañía de Jesús, ha hecho unas declaraciones a “Ya” en las que asegura que los jesuitas optan “por defender y promover los derechos humanos”. Asombrosa novedad que crea la incertidumbre de si en el pasado -que creíamos glorioso- de la Compañía los jesuitas optaron por la esclavitud del hombre.

    Después de tan consolador anuncio, el padre Arrupe aseguró que esta actitud nueva no significa implicación en opciones políticas. “Si algún jesuita lo hace -advirtió, curándose en salud-, sería que tal jesuita no ha entendido la opción de la Compañía”. Y sería también -añadimos nosotros- que en la Compañía no hay unos superiores capaces de hacer comprender a los jesuitas las obligaciones libremente contraídas al ingresar (y permanecer) en la orden. Los desfallecimientos de la autoridad y la disciplina a que hemos asistido con tristeza muchos que amamos a la Compañía de Jesús, ofrecen poca seguridad para el cumplimiento de tan bellos propósitos.

    Pero el padre Arrupe no se ocupa de estas menudencias. Vuelve a lo suyo, al tema de los derechos humanos, que para algunos clérigos se ha convertido en una especie de descubrimiento embriagador y alucinante, un nuevo Pentecostés, llegado de la mano de Mao, Stalin y Castro; es decir, de los apóstoles de la tortura, el campo de concentración y el tiro en la nuca. El padre Arrupe pone ejemplos de la valentía de sus amados hijos en la nueva cruzada: “Diez jesuitas expulsados de Paraguay, tres expulsados de El Salvador, uno asesinado en el Brasil, otro en El Salvador, tres muertos en Rodesia…”

    Ejemplar. Pero insuficiente. ¿Por qué no ha citado el padre Arrupe ningún ejemplo de heroísmo de los jesuitas (y no faltan) en la defensa de los derechos humanos en países marxistas? ¿Por qué cita El Salvador y no Cuba? ¿Por qué Brasil y no la URSS? ¿Por qué Paraguay y no China? ¿Es que en Cuba, la URSS y China no hay más hombres y mujeres perseguidos, torturados, encarcelados por sus ideas que todos los países hispanoamericanos no comunistas juntos?

    El padre Arrupe puede creer que ha cubierto este flanco al añadir a los ejemplos nominales un vago “y en otros sitios y naciones”. Citar con su nombre a unas naciones dignísimas para que aparezcan culpables de perseguir a los jesuitas que defienden los derechos humanos, y silenciar el nombre de las naciones marxistas, cuando es público que constituyen unos inmensos campos de concentración, separados con alambradas del mundo libre, puede dar la impresión de que los derechos humanos, antes de ser defendidos, son cuidadosamente seleccionados.

    Juan NUEVO

    DOBLE AGUILA dio el Víctor.
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  4. #84
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    … obispos, democracia cristiana y periodismo; “actitud aggiornada de mantener una vela a Dios y otra, en el mundo, al diablo”

    82

    Revista FUERZA NUEVA, nº 540, 14-May-1977

    Aquilino Morcillo, consejero delegado de la Editorial Católica

    (…) Tal vez haya abierto muchas vías de luz, para resolver estos problemas, la palabra de Aquilino Morcillo, consejero-delegado de la Editorial Católica, en la televisión, días pasados. Los editoriales que se escriben en la cadena de esos periódicos pasan por sus manos. Y él administra la ración como el prior la parte de pan en los conventos contemplativos. Sigue una línea: la de la Santa Sede, es decir -rectificación del propio Morcillo- la del Papa. En una ocasión, en cierta rueda de prensa en un colegio mayor, Emilio Romero le decía -siendo éste director de “Pueblo”- que él no se comprometía a hacer un periódico como el suyo -por entonces Morcillo era director de “Ya”- porque no tenía consigo las Tablas de la Ley.

    Morcillo, seguidor de la estela del cardenal Herrera Oria, nos habló en la pequeña pantalla de totalitarismos. Y de unas leyes que siempre consideró estrechas. Fue redactor y director de “Ideal” de Granada, cuando los comunistas, anarquistas y ateos lo quemaron sin compasión. Y preparaba unas oposiciones a abogado del Estado cuando el totalitarismo fascista asumía la parte desagradable de administrar pequeños pueblos, reconciliar heridas, fundar cooperativas, levantar un sindicato y dotar al obrero, mediante ley, de una dignidad mínima, como quiere y manda la ley de Dios. Mientras, la Educación y la Justicia eran manejadas por los hombres que, como Morcillo, habían bebido las mismas aguas.

    Y de allí, de aquella Santa Coalición, han salido los hombres de Pax Romana, los consejeros de Su Santidad y los artífices del contacto con los “hermanos marxistas”. Además de los cruzados de la Democracia Cristiana, eterna conflagración interior entre el verticalismo religioso y el horizontalismo del mundo pecador.

    Y de ahí también, por qué no, salía y sale tanto demócrata de verdad que vivía y vive, desde las páginas de los periódicos castos de esa cadena, la actitud aggiornada de mantener -en la celada personal- una vela a Dios y otra, en el mundo, al diablo. Por eso, una religiosa llena de candor, que no se creía este negocio, me daba la razón el otro día cuando pudo comprobar que lo mercantil priva sobre lo espiritual, y que unas ventanas abiertas al polvo del exterior han cambiado la seda por el percal aun dejándose retazos de historias martiriales pegadas a las páginas de esos diarios.

    Una pena más que empapar en el paño de lágrimas de la España que fuera oficial.

    Luis F. VILLAMEA
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  5. #85
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Monseñor Alberto Iniesta, obispo auxiliar de Madrid "¿era un obispo católico?". Las opiniones de Iniesta leídas hoy no escandalizan tanto como en su época pues el desmadre eclesial está generalizado e implantado urbi et orbi

    84

    Revista FUERZA NUEVA, nº 540, 14-May-1977

    Declaraciones a “El País” de monseñor Alberto Iniesta

    ¿ES UN OBISPO CATÓLICO?

    Al señor Iniesta se le viene adjudicando, ignoro por qué, el título de “obispo de Vallecas”. No lo es. Es sólo un obispo auxiliar del cardenal arzobispo de Madrid, que, por lo tanto, es el único obispo de Vallecas. La verdadera jurisdicción del señor Iniesta está in partibus infidelium, la que tiene aquí es sólo delegada. ¿Y no estarán también entre los infieles las opiniones y la mentalidad del citado obispo auxiliar?

    El 1 de mayo parecía ser el día adecuado para que Iniesta, “el obispo rojo” -son los titulares de “El País”- nos ilustrara acerca del pensamiento de estos obispos que el catolicismo español miró siempre con gran desconfianza, pero que se nos presentaban como el modelo de pastor de los tiempos nuevos. Pues verán ustedes lo corto que se quedaba el catolicismo español al ser sólo desconfiado.

    Pasemos por alto unas profundísimas declaraciones, sin duda inmersas en la más pura teología de la liberación, por las que nos manifiesta que no sabe freír una tortilla pero que friega muy bien, que fue aprendiz de sastre y que se convirtió oyendo a un jesuita por la radio, aunque aquellas charlas no le hicieron una impresión intelectual ni emocional especialmente claras. Vayamos pues, a las declaraciones más sustanciales.

    ***
    A la pregunta de si es comunista, responde: “En el sentido técnico no lo soy”. Y unas líneas antes: “La sociedad que yo desearía es una sociedad socialista en el más amplio sentido de la palabra”. Termina afirmando la compatibilidad de “cierto marxismo con el cristianismo”. La oposición entre el pensamiento de Iniesta y el magisterio de la Iglesia es en este punto patente. Sus ideas coinciden exactamente con las de los “cristianos por el socialismo”. De ellas se infiere que es un marxista que ve con gran simpatía al comunismo, aunque critique en él algunos excesos y su dogmatismo materialista. No llega a afirmarlo tan claramente porque a lo mejor le costaba el puesto y la carrera, pero la deducción no parece en modo alguno arriesgada.

    No deben los lectores agotar su capacidad de asombro, porque no hemos hecho más que comenzar. Vean ahora la católica respuesta a la siguiente pregunta: “Si le gustara un determinado programa socialista que incluyera, cara a las elecciones el tema del divorcio, ¿cuál sería su reacción?

    “Soy partidario de que los ciudadanos puedan casarse por lo civil, si así lo desean, y de que se divorcien si han fracasado en su unión: siempre que los católicos puedan seguir el camino que su fe les indica. Por tanto, la inclusión del divorcio en un programa político con el que estoy de acuerdo no haría cambiar para nada mi postura”.

    Nueva oposición radical a la doctrina católica, que afirma que todo matrimonio verdadero, católico o no, es indisoluble. ¿Quieren ustedes todavía más? Pues todavía más. Ahora, el aborto. La pregunta: “Y si (ese programa socialista) incluyera el aborto?”.

    “Mi conciencia rechaza el aborto totalmente, pero mi conciencia no rechaza la posibilidad de que la ley deje de considerarlo un hecho delictivo”.

    La despenalización del aborto le parece bien a este curioso obispo auxiliar del señor Tarancón. Hemos visto que al postular el divorcio –“soy partidario de que se divorcien si han fracasado en su unión”- no sabía lo que era el matrimonio. Ahora, vemos que no sabe lo que es el aborto. El asesinato de un ser indefenso con premeditación y alevosía, no debe ser, según este obispo, castigado por la ley. Y, sin embargo, este obispo se indigna por hechos como la tortura o la simple represión policial de las algaradas callejeras que, aun siendo reprobable la primera y, tal vez en algún caso de inusitada violencia por parte de las fuerzas de orden público, la segunda, son de mucha menor gravedad que el quitar la vida a un inocente. ¿O es que el obispo no comprende que es menos grave causar un daño físico que matar?

    ***
    Decidido a entrar a saco en la doctrina de la Iglesia, continúa Iniesta asombrándonos con sus opiniones. Es ahora la Humanae Vitae la que queda destrozada por el pontífice vallecano, que verdaderamente hace bueno ese apodo que coincide con el nombre del equipo de fútbol de la popular barriada madrileña. Pregunta el periodista: “Y sobre los anticonceptivos, ¿qué opina?

    “Ese tema no sólo no lo rechaza mi conciencia, sino que creo que hay que abrir el camino, ampliamente, a los anticonceptivos. Es obvio lo que pienso sobre la legislación existente sobre este asunto”.

    ¡Vaya conciencia! ¡Vaya obispo! ¡Y vaya arzobispo que lo consiente!

    También tiene Iniesta opinión sobre las relaciones prematrimoniales, naturalmente tan ortodoxa como las anteriores: “Son un fenómeno real, un fenómeno cultural -¿qué entenderá este obispo por cultura?- que no creo que se pueda condenar tajantemente, ni tampoco creer que todo el monte es orégano. Se debería estudiar seriamente el tema con psicólogos, teólogos, educadores y con los mismos jóvenes”.

    ¿Qué tal? Pues aún queda el celibato sacerdotal.

    “¿Qué piensa de la supresión del celibato, es usted partidario?” “Desde luego, soy partidario de que se siga estudiando el problema, es una necesidad”.

    Las declaraciones se comentan solas y no vale la pena insistir en ellas, dada su radical discrepancia con la doctrina de la Iglesia. La pregunta que nos hacemos es, pues, otra. ¿Sigue siendo Alberto Iniesta, un obispo católico? ¿Puede un arzobispo católico, en este caso el cardenal Enrique y Tarancón, tener de vicario episcopal y de obispo auxiliar, con responsabilidad sobre cientos de miles de almas a quien así se manifiesta?

    Porque con estas declaraciones no es Iniesta quien queda en entredicho. Bien sabíamos ya los católicos españoles quién era este personaje y el crédito que merecía. Ahora, las miradas del pueblo fiel se dirigen al arzobispo de Madrid –“que se alegra de tenerme a su lado”, según Iniesta- y esperan su respuesta. Y el escándalo ha sido tan grave que no cabe el silencio. Porque quien calla otorga.

    Francisco José FERNÁNDEZ DE LA CIGOÑA

    P.D: Y mi cordial enhorabuena a quien propuso este muchacho para obispo. ¡Menuda vista! Sin duda pensó que el que no supiera freír tortillas no era obstáculo para que pudiera llegar a ser un nuevo San Agustín. Sobre todo, si fregaba tan bien los platos. ¿Será porque había demasiados platos sucios? De verdad, monseñor, sea usted italiano, español o de la CIA, por el bien de la Iglesia, si es que le importa algo, en vez de proponer candidatos para el episcopado, dada su clarividencia, dedíquese a otra cosa. Quedaría mucho mejor. Y tal vez sea para lo que esté verdaderamente capacitado. Porque lo otro, el proponer obispos, se ve que no es lo suyo.

    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Más críticas al obispo Iniesta:

    85

    Revista FUERZA NUEVA, nº 540, 14-May-1977

    OBISPO POR LIBRE (Monseñor Iniesta)

    Como el Derecho canónico lo hacen en la Iglesia los obispos y los juristas especializados o canonistas., los laicos apenas si tenemos en la Iglesia católica derechos. Yo, militante católico, no tengo derecho efectivo a demandar que, en la Iglesia, mi arzobispo, el cardenal Tarancón, y sus obispos auxiliares, monseñores Iniesta o Estepa, o sus vicarios episcopales, los reverendos Maicas, García Escudero, Larrabe, etc., cumplan con sus deberes en la Iglesia de Madrid, correlativos a mis derechos.

    Los obispos de Madrid y sus vicarios se pasan la vida promoviendo y predicando los derechos civiles en el Estado y nada hacen por definir y respetar los derechos de los laicos en la Iglesia. Como los hipócritas que fustigaba Jesucristo.

    Así, en “Diario de Navarra” (del 22. IV. 77), debajo de una rara crónica de su conferencia en Roncesvalles, leo: “Sí, soy un obispo de izquierdas”, dice monseñor Iniesta.

    Y en “El País” del 17. IV. 77, en una entrevista que le hacen al mismo Iniesta, y que ya comenta en otro lugar de este número Fernández de la Cigoña, el obispo confiesa: “La sociedad que yo desearía es una sociedad socialista… Es mejor una sociedad sin clases… A los cristianos que creen que cierto marxismo es compatible con el cristianismo no se les puede negar el derecho de ciudadanía en la Iglesia… Las relaciones prematrimoniales son un fenómeno real, un fenómeno cultural que no creo que se pueda condenar tajantemente”; “Creo que a nivel oficial habrá que mantener (la jerarquía eclesiástica) una postura globalmente neutral” en política. ¿A nivel real, no?

    Yo no tengo derecho a demandar que se incoe un procedimiento judicial a monseñor Iniesta, para que quede establecido inequívocamente si esta es una postura que puede mantener verdaderamente un obispo católico o si, por el contrario, es que Iniesta no es católico realmente, puesto que en estos despropósitos, claramente, el obispo de Vallecas no está en plena comunión ni con el cardenal Tarancón, ni muchísimo menos con la doctrina que continúa manteniendo Pablo VI, tanto en punto a la incompatibilidad entre el marxismo y el cristianismo como en lo relativo a la canonización católica de esa cultura en fuerza de la cual sería lícitas las relaciones sexuales prematrimoniales.

    Yo, desde luego, declaró que no pertenezco a la misma comunidad religiosa y católica que monseñor Iniesta, el promotor de la Asamblea de la Iglesia Proletaria de Vallecas contra la Iglesia burguesa de Madrid. Según el Sínodo romano de 1971, un obispo no puede ser político, ni de izquierdas ni de derechas.

    Monseñor Iniesta ha sido promovido a obispo sin intervención del Estado español y con la plena mediación de la Nunciatura Apostólica y de la jerarquía católica exclusivamente.

    ¿Se puede, pues, asegurar que la exclusiva intervención de la Nunciatura y de la jerarquía eclesiástica es garantía del nombramiento de buenos obispos? Yo creo que no.

    Eulogio RAMÍREZ

    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

  7. #87
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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    La Iglesia taranconiana, al servicio del presidente Suárez, “hizo suya la doctrina roussoniana y agnóstica de la soberanía popular absoluta, en sustitución de la doctrina cristiana del Poder y su sujeción a las leyes divina y natural”:

    86

    Revista FUERZA NUEVA, nº 520 25-Dic-1976

    Cómo se fabrica una democracia

    El Gobierno, secundado por la Iglesia oficial, por las seudorrevistas proliferantes como hongos, y por la prensa, que por primera vez en España y como excepción en el mundo es prácticamente toda ella oficiosa y áulica del Gobierno, ha montado una agobiante campaña de propaganda publicitaria a favor de la Reforma política, desarrollada con arreglo a las técnicas de percusión y repetición, de repique y martilleo interrumpido y monocorde de eslóganes (…). Y para instalar la reforma sobre los españoles ha cooperado con inaudito esfuerzo manipulador la Iglesia oficial, la cual, por lo visto, está convencida de que en España no existe crisis de fe, crisis religiosa ni eclesiástica y, por consiguiente, puede ella consagrarse totalmente a las actividades políticas. Declaraciones de la Comisión Permanente episcopal, homilía tras homilía de los prelados de siempre; hasta la Compañía de Jesús se ha apresurado a publicar un documento sobre “misión del jesuita y compromisos temporales”.

    Y, como siempre, a la cabeza de estas campañas políticas, el cardenal Tarancón. En sus infinitas declaraciones, homilías, discursos, cartas, escritos, raramente se encuentra alusión o referencia a la concepción del pecado como base de su magisterio o de su pastoral, ni la palabra misma. Pues bien, en su última “carta cristiana” se lanza a impresionarnos invocando gravemente la noción, amnésicamente olvida de pecado. Nos habla ahora del “auténtico pecado para un cristiano”, “ya que la propia fe es un motivo que le obliga al cumplimiento más perfecto de sus tareas temporales”.

    Es misión de los sacerdotes de Cristo transmitir e iluminarnos por medio del Magisterio revelado. El origen divino del Poder es parte integrante del mismo, y, sin embargo, nuestra Iglesia oficial, secundando al Gobierno, ha hecho suya la doctrina roussoniana y agnóstica de la soberanía popular absoluta, en sustitución de la doctrina cristiana del Poder y de su sujeción a las leyes divina y natural. En esta forma se instrumentaliza, se capitaliza políticamente esta parte del mensaje revelado, de la pastoral y de la Acción Católica, al servicio de un objetivo político concreto, que es ajeno a la misión de la Iglesia: el partidismo político, el restablecer en España la democracia formal, la partitocracia, el imperio de las Internacionales obreras con su secuela de la lucha de clases y los nacionalismos-separatismos racistas. El conjunto de revistas que orquesta el cardenal Tarancón, “Vida Nueva”, “Ecclesia”, “Iglesia en Madrid”, “Luz y Vida”, los escritos dominicales -este año (1976) se ha llegado inconcebiblemente a politizar hasta el Rosario y la Novena de la Inmaculada- laboran activamente en esta dirección política; en igual sentido actúa el otro “trust” editorial demoliberal: la Editorial Católica con sus órganos periodísticos. (…)

    Carmelo VIÑAS Y MEY



    Última edición por ALACRAN; 07/12/2022 a las 14:08
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Ataque sufrido por varios teólogos católicos por parte de la prensa vaticano-progresista y liberal por haber recordado la doctrina del Magisterio contra la "Ley de reforma política" del presidente Suárez, que suponía renegar de la Ley de Dios

    87

    Revista FUERZA NUEVA, nº 520 25-Dic-1976

    Una campaña insidiosa

    La declaración de treinta y seis católicos españoles acerca de la incompatibilidad de la doctrina de la Iglesia con el principio de la soberanía popular en que se basa la Ley de Reforma Política (Adolfo Suárez), ha dado lugar a una amplísima e insidiosa campaña de prensa en la que el sofisma se mezcla con la calumnia y en la que la manipulación de textos está a la orden del día.

    No haré mención en este artículo de las múltiples notas que el profesor de Teología Dogmática de la Universidad de Navarra, don Pedro Rodríguez, ha dado a la prensa con celo digno de mejor causa, pues se merecía respuesta aparte. Tampoco responderemos a todos los escritos que han llegado a nuestro poder, pues, contestando a alguno, prácticamente quedan replicados todos. Tal es la pobreza de sus argumentos. El lector juzgará.

    ¿Qué manifestaban los treinta y seis firmantes? Respaldados en todos los Papas, desde Pío IX a Pablo VI, que el poder viene de Dios en contra de la Ley de Reforma Política, que afirma que viene exclusivamente del pueblo.

    ¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, que la voluntad de la mayoría no hace bueno lo que es malo ni malo lo que es bueno. Y que el legislador católico, en aquellos contados casos en que así se requiera, tiene que preguntarse cuál es la voluntad de Dios y ajustar a ella la ley.

    Nada más y nada menos. Y como la Ley de Reforma Política omite tan esencial referencia, que España tuvo siempre en cuenta, salvo en brevísimos y caóticos periodos históricos, afirmábamos que esa ley era inadmisible para un católico y que, por tanto, no podía aprobarla.

    ¿A esto qué se nos contesta?

    ***
    En editorial de “Ya” (12-12-1976) se nos dice que lo que propugnamos con ello es “que los alcaldes sean nombrados a dedo” y que si tal cosa no se hace “vendrá el divorcio, el aborto, la eutanasia y el comunismo”. Lo que es, y “Ya” lo sabe, levantar falso testimonio y mentir.

    Juan Luis de Simón Tobalina, en artículo que publica el mismo número de “Ya”, dice que alegamos para el “no” razones seudorreligiosas. Cuando lo único que alegamos fueron las palabras de todos los Papas de los últimos cien años, incluido, naturalmente, Pablo VI.

    El mismo Simón Tobalina enristra una serie de citas para probar, según parece contra nosotros, el derecho a la libre designación de los gobernantes por los ciudadanos. Cuestión que ni discutimos y en la que no entra la doctrina de la Iglesia, con tal que el sistema, sea el que sea, preserve el bien común y, por tanto, los legítimos derechos de Dios.

    Fermín Cebolla, en “Diario de Navarra” (9-12-1976) riza el rizo de la incongruencia al decir que en el referéndum anterior (Francisco Franco, 1966) nos mantuvimos callados cuando “también entonces, como ahora, se trataba de recurrir al pueblo soberano para que sancionara una ley dictaminada en Cortes”. No se ha enterado el señor Cebolla que no nos oponemos al referéndum ni a cualquier otra consulta popular, asunto meramente político, sobre el cual cada uno puede tener la opinión que le parezca, sino al principio que erige a esa consulta en fuente de todo poder. No en fuente de poder, sino de todo poder. De poder derogar la ley de Dios, al que hay que obedecer antes que a los hombres.

    “Diario 16” afirma ya, sin rodeos, que “el poder no viene de Dios”. En destacados titulares. Y luego cita una serie de autoridades, alguna de ellas de muy discutible valor, para alegar cuestiones tan fuera de tema como que el jesuita Francisco Suárez (siglo XVII) “refuta la teoría del derecho divino de los reyes”, refutación que nada tiene que ver con nuestro pensamiento y que los treinta y seis firmantes suscribiríamos.

    ***
    Para qué seguir. Parece como si asistiéramos a una feria de disparates en la que cada nuevo escrito es más descabellado que el anterior. Ni se ha intentado refutar nuestra tesis. Solamente desacreditarla con calificativos que cualquier publicación seria se debería negar a admitir. Véase, por ejemplo, la fundamentación que Jesús Iribarren, que ya estaba tardando en aparecer en este tablado (“Ya”, 14-12-1976), nos atribuye como base de nuestra posición: “No coman, cristianos, pan porque los comunistas comen pan. No voten, cristianos, porque los liberales son demócratas”.

    Y naturalmente somos “minoría radical” (Iribarren), “nombres muy conocidos del integrismo nacional” (“El País”), casi herejes (Pedro Rodríguez, “teólogo”), “ultraderecha católica” (Cebolla), “nacional-catolicismo” (“Diario 16”), etc.

    Ninguno ha tenido la gallardía de enfrentarse directamente con los Papas y explicar a sus lectores qué debe entenderse por condenado cuando los Pontífices condenan la soberanía popular. Es más fácil, sobre todo para clérigos, que lo son varios de ellos, y para un diario vaticanista como el “Ya”, arremeter contra unos molinos de viento que sólo existen en su imaginación, autodeclararse victoriosos en una confrontación ideológica amañada y mentir, mentir y mentir.

    ***
    Pese a ello, el problema subsiste. Y la soberanía popular continúa rechazada por el magisterio de la Iglesia. No deparará su aprobación, ningún bien a la religión ni a la patria. Treinta y seis católicos cumplimos con nuestro deber al manifestarlo. Si otros mintieron o callaron, es su problema. Y de él tendrán que dar cuenta a Dios. Las agresiones a otros católicos que defendieron la doctrina de la Iglesia son fácilmente explicables porque su propia conciencia les acusa de su cobardía, de su ignorancia o de su vileza. Estaban más obligados que nosotros a hablar y fueron perros mudos. Debían confesar a Cristo y prefirieron a Barrabás. Es pura soberanía popular.


    Francisco José FERNÁNDEZ DE LA CIGOÑA



    Última edición por ALACRAN; 08/12/2022 a las 17:41
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Fernández de la Cigoña “pasa lista” al episcopado de cara al futuro, y augura un panorama desolador (y de paso elabora una verdadera "lista negra" del episcopado español)

    88

    Revista FUERZA NUEVA, nº 542, 28-May-1977

    EL EPISCOPADO ESPAÑOL

    La revista “Vida Nueva” publicó, a comienzos del presente año, unos cuadros sobre el episcopado español que pueden guiar algunos comentarios acerca de quiénes rigen la Iglesia de España en esta hora preocupante. Según estos datos, son 87 los obispos españoles, distribuidos en la siguiente forma: 63 titulares de diócesis, 15 auxiliares, siete dimisionarios, un vicario castrense y una situación especial de retiro por enfermedad (…)

    Impresiones personales

    Prescindiendo de los ocho obispos retirados, santos y ejemplares varones en su mayoría, pero de nulo influjo activo en la Conferencia Episcopal, vamos a analizar a los 79 restantes, basándonos en la edad de los mismos, dado que la edad de setenta y cinco años es la que el Papa ha señalado para que presenten la dimisión de su cargo. Ni que decir tiene que las impresiones que se van a dar son meramente personales y sólo comprometen al autor de este escrito.

    Asimismo, quiero advertir que al tratar a unos obispos de monseñor y a otros simplemente de “señor” no es casualidad, sino que está hecho con toda intención, aunque me queda la inquietud, viendo la catadura (no caradura, que algunos también la tienen) moral y eclesial de no pocos de los que llamo “señor”, de si no me habré excedido al darles ese tratamiento.

    En aquellos momentos había dos diócesis que podían considerarse vacantes: Huesca y Solsona, administrados por los señores Osés y Martí, respectivamente, ambos representantes de la línea más progresista de nuestro episcopado. A ellas hay que añadir el Vicariato Castrense, que ocupa el señor López Ortiz. (…)

    La marcha del señor Cantero (Jaca), uno de los propagandistas de la soberanía popular, no sabemos si por senilidad, ignorancia o a conciencia, va ser un extraño caso de coincidencia de todos los sectores de la Iglesia española, pues no lo van a lamentar ni progresistas ni tradicionales.

    Cinco años siguientes

    El quinquenio siguiente, con siete nuevas vacantes, va a ser de auténtico gozo para este católico, si Dios le da vida para verlo, y sinceramente, creo que para la Iglesia que, salvo particularísima decisión del Papa, se verá libre del obispo de San Sebastián, señor Argaya; del cardenal arzobispo del Sevilla, señor Bueno Monreal; del cardenal arzobispo de Madrid, señor Tarancón, y del arzobispo de Tarragona, señor Pont. ¡Vaya póquer! Sic transit gloria mundi. (…)

    ***

    En el quinquenio siguiente, es decir, a más de seis años de la jubilación del más viejo y a más de diez del más joven, se encuentra la porción más sólida y ortodoxa de nuestro episcopado, con figuras señeras (…) En este grupo están el arzobispo de Burgos, monseñor García de Sierra, y los obispos de Tenerife, monseñor Franco; Palencia monseñor Granados; Ciudad Rodrigo, monseñor Mansilla; Orense, monseñor Temiño; Vitoria, monseñor Peralta; Orihuela, monseñor Barrachina, y Guadalajara-Sigüenza, monseñor Castán. Ocho obispos, cuya ausencia (…) se hará sentir gravísimamente en la marcha de la Iglesia española.

    También se jubilarán (…) los señores Peinado obispo de Jaén, y Añoveros, obispo de Bilbao. Día también de alegría el de la jubilación de este último.

    Los discretos

    (…) También está en este grupo el arzobispo de Santiago, monseñor Suquía, de difícil ubicación, pues no en vano, siendo él vasco, dicen que es el más gallego de los obispos de aquella región. Y ya perfectamente situados están el señor Jubany, cardenal arzobispo de Barcelona; el señor Benavent, arzobispo de Granada, y el señor Cirarda, obispo de Córdoba. Con los señores Benavent y Cirarda entran en juegos los obispos democristianos (que continúan en González Moralejo, Montero, Díaz Merchán, Torija…) cuya línea de actuación es imprevisible, ya que dependen de sus mentores vaticanos, y no me refiero precisamente al Santo Padre.

    El más amplio

    El siguiente grupo, de cincuenta y cuatro a cincuenta y ocho años, está formado por diecisiete obispos y es el más amplio del episcopado español. En él brilla con luz propia el cardenal arzobispo de Toledo, monseñor González Martín y el obispo de Cuenca, monseñor Guerra. En el otro extremo están señalados obispos progresistas, como el de Segovia, señor Palenzuela, el de la revista pornográfica; Canarias, señor Infantes Florido; auxiliar de Pamplona, señor Larrauri: Menorca, señor Moncadas; Salamanca, señor Rubio; Huelva, señor González Moralejo (…) También uno de los hombres más débiles de nuestro episcopado, el arzobispo de Pamplona, señor Méndez Asensio, que preside, tan triste como inoperante, la culminación de la ruina de la fe en Navarra, iniciada en tiempos de su antecesor, el difunto Cardenal Tabera. Y el presidente de la Comisión para la Doctrina de la Fe y obispo de Cartagena-Murcia, señor Roca, que, a juzgar por su silencio debe pensar que en la Iglesia española todos son modelos de ortodoxia (…)

    Quince obispos en el siguiente grupo (de cuarenta y nueve a cincuenta y tres años). (…) Sobresalen en el campo progresista los arzobispos de Oviedo, señor Díaz Merchán, y de Valladolid, señor Delicado, y los obispos de Gerona, señor Camprodón; auxiliar de Barcelona, señor Guix; Ciudad Real, señor Torija; Huesca, señor Osés; auxiliares de Madrid, señores Estepa e Iniesta. (…)

    Acentuada característica

    De cuarenta y cuatro a cuarenta y ocho años, hay once obispos en los que el progresismo, incluso el radical, es su más acentuada característica: los de Cádiz, señor Dorado; auxiliar de Madrid, señor Echarren; Málaga, señor Buxarrais; Mallorca, señor Úbeda; auxiliar de Oviedo, señor Yanes; auxiliar de San Sebastián, señor Setién; (…) auxiliar de Sevilla, señor Montero (…)

    Entre cuarenta y cuarenta y tres años están los obispos recientemente nombrados, todos de la línea progresista e incluso de la más radical: de Ávila, señor Fernández; auxiliar de Bilbao señor Uriarte; auxiliar de Santiago, señor Rouco.

    Graves perspectivas, pues para la Iglesia española. Todo hace suponer que la indisciplina y la heterodoxia aumentarán, con grave quebranto de la fe del pueblo español. Humanamente, es difícil mostrarse optimista ante este panorama. (…)


    Francisco José FERNÁNDEZ DE LA CIGOÑA



    Última edición por ALACRAN; 22/12/2022 a las 14:22
    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Re: Tarancón y su Iglesia en la "transición": al servicio de los enemigos del catolic

    Ante las inminentes elecciones democráticas, los obispos españoles exigían al católico, en resumidas cuentas, votar a partidos abortistas, divorcistas y enemigos de la familia cristiana

    89
    Revista FUERZA NUEVA, nº 542, 28-May-1977

    Hacen política

    Hace pocos días se hacía constar en la prensa que en un “Documento del Secretariado de la Comisión Episcopal de Apostolado Social ante las elecciones” se “enumeraban los siguientes criterios morales a tener en cuenta: el primero (¡nada menos que el primero!), el voto ha de ser a favor de la democracia, pues “la continuación del régimen político autoritario (decía el documento) tendría graves consecuencias sociales y éticas...” Ya veremos, decimos nosotros, si no ha de tenerlas mucho peores, social, ética, moral y religiosamente, la democracia que se nos quiere implantar. “Por tanto (continuaba el documento), opinamos que existe la obligación moral de dar el voto a alguna de las fuerzas políticas que ofrezcan garantías de establecer una forma de gobierno demócratico” (…)

    Tratándose de un documento episcopal hay algo más grave, si cabe. ¿Por qué en casi todas las democracias del mundo no se ha de defender la indisolubilidad del matrimonio, base fundamental para toda la sociedad, máxime bajo el punto de vista católico, así como el derecho a la vida, y se admite el divorcio, el aborto y los anticonceptivos contra toda la doctrina católica? ¿Es que los derechos de la persona humana, cuya ley natural sólo infaliblemente la interpreta la Iglesia (como los obispos deben saber) y que por tanto defiende el catolicismo y debe admitirlo y defenderlo todo católico, máxime una Comisión Episcopal, no son derechos humanos, y sí son derechos humanos el matar el ser concedido e impedir que se produzca la vida, siguiendo las leyes naturales?

    Las democracias, pues, tienen o pueden tener leyes tan inicuas como las peores dictaduras. Y, por el contrario, puede haber dictaduras que defiendan mucho mejor la libertad verdadera y el verdadero bien común. Y sin citar otros en confirmación de todo lo dicho, como Platón, Séneca, Aparisi y Guijarro, Balmes, y hasta el mismo Rousseau, por tratarse de una Comisión Episcopal, citemos apenas al teólogo más alabado en el Vaticano II, y cuyas doctrinas Pablo VI ha instado muchas veces a seguir, quien nos dice: “Si la multitud de hombres libres es conducida por el gobernante al bien común de la misma, el régimen será recto y justo, cual conviene a hombres; pero si el régimen del gobernante no se ordena al bien común de la multitud, sino al bien privado del gobernante, el régimen sería injusto y perverso”. Y ese gobernante malvado puede estar tanto en una dictadura como en una democracia, donde, no siendo católica, también cabe el provecho único de dicho gobernante, para quien la suprema ley son los hombres y no Dios. No sin razón dijo alguien que el mismo Vaticano II evitó la palabra democracia debido a su ambigüedad.

    NAVARROBLE



    Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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    Antiguas opinines de Tarancón

    90

    Revista FUERZA NUEVA, nº 542, 28-May-1977

    Tonterías

    En el diario “Hoy” de Badajoz, del que es propietaria la Editorial Católica que edita “Ya” de Madrid, testifica recientemente José L. García Martín:

    “Refirióse en principio el conferenciante (cardenal Tarancón), aunque de pasada, a la historia de la Iglesia española de los últimos tiempos y recordó -para hablar de aquella otra concepción diferente de las cosas que antaño se tenía- frases como una que él mismo, dijo, pudo haber pronunciado: “Que España no puede dejar de ser católica sin dejar de ser España, es una solemne tontería”, concluyó.

    Claro está que, si lo relatado por este cronista de su conferencia es cierto, y el cardenal Tarancón reconoce humildemente haber dicho “tonterías” como esa antaño, se pueden pensar que, en el futuro, también podrá reconocer el cardenal Tarancón que ha dicho solemnes tonterías hoy.

    Y, por supuesto, de un cardenal como el arzobispo de Madrid (que los obispos españoles han querido, con el ascenso de Roma, darse como presidente), uno tiene derecho a no fiarse, porque tal vez sigue diciendo actualmente tonterías. ¿Cómo estar cierto de que ya no las dice?

    El catedrático de la Universidad de Madrid de Ética y filósofo Manuel García Morente no era ningún tonto: no decía tonterías ni siquiera cuando era agnóstico. Tuvo que huir de la España republicana, tuvo una visión mística en París, exiliado, y no sólo se convirtió al catolicismo, sino que pidió el ingreso en el seminario conciliar de Madrid, para hacerse sacerdote, en pleno vigor intelectual. En 1938 pronunció en Buenos Aires unas conferencias que habrían de ser el núcleo de su libro “Idea de la Hispanidad”.

    Pues bien, en este libro, García Morente, razonando contra las ideas puramente naturalistas y puramente espiritualistas, hace ver que “la nación es un estilo; un estilo de vida colectiva… España es un estilo de vida, el estilo español de vida… Y cuando acontece que un pueblo comete grave infidelidad a su estilo propio, entonces este acto equivale a su suicidio como nación”. Y Morente hace ver que el estilo “que mejor simboliza la esencia de la Hispanidad es la figura del caballero cristiano”. El filósofo converso y ordenado “in sacris” que fue Morente, viene a decir, pues, que España no puede dejar de ser católica sin dejar de ser España.

    Efectivamente, si queremos hablar con rigor histórico y científico, lo mismo que Rusia al dejar de ser Rusia se empezó a llamar la URSS o la Unión Soviética, y por lo mismo que Francia, al dejar de ser Francia, comenzó a llamarse República Francesa, si la quintaesencia de lo español deja de ser alguna vez lo católico, y empieza a ser lo anglosajón, lo francés o lo ruso, lo lógico y lo normal es que dejemos de llamar España a nuestra patria. Cambiada la sustancia es obligado cambiarle el nombre a las cosas, darles el nombre que corresponde a su sustancia si queremos entendernos y no engañarnos.

    Lo grave es que el cardenal Tarancón nos coloca en alternativa de creer que decía antes tonterías o que las dice ahora.

    Eulogio RAMÍREZ


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