Revista FUERZA NUEVA, nº 600, 8-Jul-1978
La revolución en la Iglesia
Solo Dios sabe cuánto tiempo, cuánto dinero y cuenta palabra llevan derrochando los clérigos asturianos en la preparación y ejecución de la Asamblea sacerdotal archidiocesana. Esto de que los clérigos empleen el tiempo, el dinero y la palabra en hablar de sí mismos y consigo mismos para descubrir la identidad sacerdotal y para inventar la pastoral adecuada, a fin de que todo el mundo sea católico, es una cosa seria y digna de consideración allá en el cielo, más que en la tierra, puesto que de cara a la sociedad civil, de la que vive parásita materialmente la sociedad eclesial, también ha de reflexionarse sobre la ociosidad del clero.
Pero lo grave no es sólo que el clero pueda estar empleado en balde su palabra (la palabra de Dios), su tiempo y nuestro dinero. Lo grave es que en esas asambleas, como a mí me parece, pueden estar sembrándose los gérmenes de la nueva revolución marxista en la Iglesia.
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En efecto, “Esta Hora” (Hoja Diocesana de la Iglesia de Asturias) titula en primera plana: “Celibato opcional y trabajo civil para los sacerdotes”. Debajo explica que esas dos proposiciones figuran entre “las conclusiones aprobadas por el clero de la Vicaría Sur de Asturias en el curso de la asamblea desarrollada en la casa sacerdotal diocesana”. Son conclusiones a las que están llegando otras asambleas zonales o vicariales de esta diócesis también, y a las que llega finalmente la asamblea archidiocesana.
Pasa uno a la segunda página de este órgano de la Iglesia asturiana y encuentra otros grandes titulares: “La Iglesia del occidente de Asturias anima a la concentración agrícola”. El título por sí solo basta para informarnos de las preocupaciones seculares y económicas de esta Iglesia fundada por Jesucristo para salvar a los hombres.
Luego, en tercera página, se topa uno con parte de la homilía pronunciada por el arzobispo de Oviedo, monseñor Díaz Merchán, a propósito de la Asamblea Diocesana del Clero, en la que entre otras cosas, dice a sus fieles laicos: “Al tratar de los temas de nuestra Asamblea estamos tomando conciencia de que casi todos ellos os afectan también a vosotros… Por ello es nuestro propósito buscar los medios para que todos los diocesanos podáis también colaborar en la búsqueda emprendida con las oportunas consultas en todos los niveles de la Iglesia. Tenemos conciencia de que hemos de evitar, a toda costa, un clericalismo eclesial que a todos nos perjudica y que no responde al designio fundacional de Cristo”.
La confusión entre misión de la Iglesia y misión del Estado, papel de los clérigos y papel de los laicos no puede ser mayor. ¡Si seguimos avanzando en esta dirección los obispos y los sacerdotes acabarán pidiéndonos que les relevemos de sus funciones específicamente sacerdotales en la Iglesia para que ellos nos releven en nuestras funciones específicamente civiles a los laicos en el Estado y en la comunidad civil! ¡Y, encima, a esto le llaman descubrir la identidad sacerdotal! Decididamente, esto parece una aberración, el colmo del clericalismo.
No está todavía muy lejos: en 1971, el Sínodo de los obispos reunidos en Roma zanjó la cuestión de la identidad sacerdotal y del trabajo sacerdotal en menesteres laicales o civiles. Y la zanjó en el sentido de que el sacerdote debe continuar siendo, según el designio de Jesucristo y la expresión de San Pablo, el hombre que segregado de sus hermanos ha dedicarse al culto y a la palabra de Dios y apartarse de toda labor laical, viviendo del altar, es decir, viviendo a expensas de las limosnas, diezmos y ofrendas que los fieles laicos quieren hacer voluntariamente a Dios, para sostenimiento del culto y del clero. El trabajo en funciones de la ciudad secular, los sacerdotes sólo podrían hacerlo cuando lo autorizara el obispo, oída la comunidad eclesial correspondiente y habiendo certeza de que tal trabajo fuese más beneficioso que nocivo para el ministerio sacerdotal. Hago gracia a mis lectores de las correspondientes citas por aligerar este artículo.
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Y por lo que se ve, ni al arzobispo de Oviedo ni a los clérigos de Asturias les importa un ardite lo que concluyera el Sínodo de los obispos representativos de la Iglesia romana. ¿Es católico o es disidente el apartarse, el separarse de la fe y de la disciplina romana? ¿Es provechoso o es contraproducente hacer una asamblea de asambleas para llegar a conclusiones contrarias a las queridas por la Iglesia católica y avaladas por el Papa?
Pero, ¿cómo pueden pedir unos clérigos católicos el celibato opcional, es decir, la abolición del celibato sacerdotal, sabiendo, como deben saberlo, que este celibato es algo sumamente querido por el papa Pablo VI y una característica hecha tradición en la Iglesia católica romana?
Pero no es por eso sólo por lo que se introduce la revolución en la Iglesia de Asturias, separada en eso del resto de la Iglesia. Es, sobre todo, por la vocación seglar de los clérigos -revelada en la asamblea archidiocesana- por lo que peligra de revolución marxista, al propugnarse el trabajo civil de los sacerdotes.
En efecto, cuando el sacerdote trabaja como un seglar se aseglara, se seculariza, se mundaniza, contra la voluntad de Jesucristo, que nos quiere vivientes en el mundo, pero sin ser del mundo. Cuando el clérigo se pone a trabajar como un seglar y se le inculca la idea de que debe procurar la justicia, como el régimen democrático y capitalista no produce la justicia, el clérigo idealista e ingenuo se hace marxista, por lo mismo que se hace marxista el obrero, creyendo falsamente que el marxismo es la justicia. Lo han explicado los comunistas franceses en la Semana del pensamiento marxista de 1972: cuando se consigue que el cristiano –sacerdote o seglar- entre la dialéctica de la lucha de clases, fatalmente se hace marxista. ¡Y así entra la revolución en la Iglesia por los sacerdotes-obreros!
Eulogio RAMÍREZ
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