La Tercera Vía
Es necesario aquí examinar la diferencia entre FILOSOFÍA, POLÍTICA y ADMINISTRACIÓN o MÉTODOS. Si preguntamos a alguien POR QUÉ considera deseables sus objetivos, la respuesta nos revelará un punto de vista acerca de la REALIDAD, o de cómo las cosas DEBERÍAN ser. Si a Belloc se le hubiera preguntado Por Qué él pensaba que el Distributismo era algo deseable, su respuesta habría sido que la dignidad del Hombre como ser racional requería de libertad y de seguridad, ambas. Esto expresa un punto de vista acerca de la Realidad, o filosofía, de la naturaleza humana. Si a Belloc se le hubiera preguntado Qué es lo que iba a hacer para traer este estado de cosas que él considera deseable, su respuesta habría consistido en la especificación de un Objetivo: la más amplia distribución de la propiedad para asegurar a los hombres libertad y seguridad. La “propiedad”, como afirmaba Chesterton, “es apropiada para el Hombre”. Esto habría sido una declaración de POLÍTICA. Si a Belloc se le hubiera preguntado CÓMO podría conseguirse este objetivo, su respuesta habría consistido en detallar varios métodos: fiscal, legal, educativo, etc. La “Política”, nos recuerda C. H. Douglas, consiste en una Filosofía aplicada, y una Filosofía puede generar más de una Política. Douglas ilustró esta trinidad de Filosofía, Política y Administración con un ejemplo de la Física. La “Ley de Boyle” y la “Equivalencia de Joule” podrían considerarse como la “Filosofía” del intercambio de energía. No son de particular importancia para alguien que no tenga una política que requiera de su aplicación al mundo físico. Supongamos que de hecho sí tengamos una política particular: la de cruzar el Atlántico. Ahora bien, el Queen Elizabeth II no es impulsado a través del Atlántico por la Ley de Boyle ni la Equivalencia de Joule. Tampoco es impulsado por la intención de cruzar el Atlántico; es impulsado por motores térmicos que aplican la Filosofía del intercambio de calor, –por medio de motores– , a la Política de cruzar el océano.
Esta larga digresión ha sido necesaria para establecer la conexión entre el Distributismo de Belloc y el Crédito Social de Douglas. Douglas, preguntado para que diera una definición del Crédito Social, respondió que consistía en “La Política de una Filosofía”. Fue más explícito en su respuesta cuando dijo que el Crédito Social consistía en “Cristianismo Aplicado”. El “Punto de Vista de la Realidad” Cristiano constituye la común Filosofía del Distributismo y del Crédito Social o, dicho de otra manera, el Distributismo y el Crédito Social son ambos políticas, esto es, aplicaciones del Cristianismo a nuestro mundo político-social-económico. Cada uno propone Métodos, que bien puede afirmarse que son complementarios, para la realización de su común Filosofía.
Esto resultaba muy claro para Douglas como mínimo desde 1942, como muestra su declaración en The Social Crediter de 16 de Enero de 1943:
Es algo profundamente significativo que lo que ahora se llama “Socialismo”, y que pretende ser un movimiento para la mejora de la situación de los desfavorecidos, comenzó como algo estrechamente semejante al Distributismo de los Señores Belloc y Chesterton, del cual forman su mecanismo práctico las proposiciones financieras encarnadas en los varios Programas de Crédito Social auténticos. El Socialismo fue penetrado por varios cuerpos subversivos y lo pervirtieron, convirtiéndolo en exactamente lo contrario del Distributismo: en Colectivismo.” (subrayado añadido)
La sátira de Belloc La Misericordia de Alá (1922) y Economía para Helen (1924), muestran que él estaba de acuerdo con la crítica del Crédito Social contra el sistema monetario. No hay nada en el relato de la segunda obra, acerca del origen de la creación del crédito por los orfebres y el subsiguiente monopolio del crédito y control de la economía por el sistema bancario, junto con su omnicomprensivo espionaje, que resulte ser desconocido para los estudiantes de Douglas. En efecto, hacia el final del capítulo dedicado a la banca (Parte II, capítulo 8), Belloc hace su primera referencia directa, y favorable, a Douglas y al Crédito Social.
El hecho de que Belloc había captado el significado del Crédito Social, se hace igualmente patente en un Discurso de 26 de Mayo de 1933, publicado en el G. K´s. Weekly de 8 de Junio de 1933:
Pensad, por ejemplo, en la extraordinaria expresión “Desempleo”. Los Rothschilds, si es que queda alguno, están desempleados. Lo que constituye el desastre no es el hecho de no tener nada que hacer, sino el no obtener dinero por hacer cosas. El desastre está en no tener seguridad (…). El Capitalismo Industrial se ha venido abajo. Se ha venido abajo por una muy simple razón aritmética: distribuye menos poder adquisitivo del que crea. No voy a hablar acerca del programa del Crédito Social del Mayor Douglas, ya que éste es simplemente un método indirecto de distribución de propiedad, la cual yo prefiero conseguirla mediante medios directos. El Capitalismo Industrial se ha venido abajo (…) porque está produciendo una cantidad de riqueza que es mayor que el poder adquisitivo que está distribuyendo para la adquisición de dicha riqueza; y para decirlo de una forma muy tosca verdaderamente, si yo quiero hacer cien mil botas, –o más bien emplear a hombres para hacer esas botas–, para el tiempo en que las botas estén hechas yo habré distribuido a los hombres que las hacen dinero con el que poder adquirir treinta mil botas y, entonces, ¿qué habré de hacer con las setenta mil botas que quedan? (subrayado añadido)
Los creditistas sociales advertirán inmediatamente que el aviso de Belloc: “para decirlo de una forma muy tosca verdaderamente”, así como la reserva de: “para el tiempo en que las botas estén hechas”, sugieren que él entendió (quizás mejor que algunos entusiastas del Crédito Social, y ciertamente mejor que críticos tales como Gaistkell) el asunto de suma importancia del “ritmo de flujo de los precios” dentro del teorema de Douglas. Debe decirse también, sin embargo, que la crítica de Belloc, –apenas se lo puede considerar como un rechazo–, respecto al Crédito Social como “simplemente un método indirecto de distribución de propiedad” parece un reparo inusual. Belloc se habría de ocupar de este tema otra vez en el Prefacio a su Ensayo sobre la Restauración de la Propiedad (1936):
Otro punto en el que el lector podría considerarme culpable de omisión es el de la ausencia de ninguna discusión completa acerca de los nuevos programas del Crédito Social. Ya los he tocado en la última sección del ensayo, pero sólo muy brevemente. Mi razón es ésta: que tales programas (señaladamente el principal de ellos, el Programa de Douglas) no promueven directamente, ni están directamente conectados con la idea de propiedad. Solamente están conectados con la idea de ingreso. Proponen, –especialmente el Programa de crédito de Douglas–, restaurar el poder adquisitivo a las masas indigentes de la sociedad, arruinadas por el capitalismo industrial. Esto es exactamente lo que una buena distribución de propiedad haría también; pero un programa de crédito podría, en teoría al menos, hacerlo en seguida y universalmente, mientras que la restauración de la propiedad es improbable que se consiga, y debe, con independencia de lo exitosa que sea una larga empresa, extenderse a lo largo de al menos un par de generaciones (…). El objetivo de aquéllos que piensan como yo en esta materia no consiste en restaurar el poder adquisitivo, sino en restaurar la libertad económica. Es cierto que no puede haber libertad económica sin poder adquisitivo (…) pero no es verdad que el poder adquisitivo sea equivalente a libertad económica. Un gerente que cobra ₤ 1.000 al año, y que puede ser despedido a capricho por su jefe, posee mucho poder adquisitivo, pero carece de libertad económica. Yo no evito la discusión acerca de los nuevos programas de crédito, bien por ignorancia de los mismos o bien por subestimar la alta importancia de ellos, sino solamente porque están fuera de mi propósito.
El ya fallecido Canónigo Drinkwater, en su obra ¿Por qué No Acabar con la Pobreza?, subrayó lo obvio, a saber: que con un ingreso asegurado a partir del “Dividendo Nacional”, los hombres serían capaces de comprar propiedades. Este punto podría llevarse aún más allá. Es solamente mediante esa distribución “indirecta” de propiedad como la cosa puede llegar a poder hacerse absolutamente. Si el Estado hubiera de reasignar a la fuerza la propiedad (como en realidad así se hizo con las Leyes de Cerramiento), los nuevos propietarios vivirían siempre en la inseguridad de saber que, lo que el Estado dio, el Estado lo puede quitar. También está el hecho, como bien sabía Belloc, de la fuerza centralizadora ejercida por el monopolio del crédito de la Banca:
Los banqueros pueden decidir, de entre dos competidores, cuál sobrevivirá. Como la gran mayoría de las empresas están en deuda con los bancos (…) cualquiera de las dos industrias competidoras puede ser asesinada por los banqueros (…). (Economía para Helen, página 96).
La usura (es) una máquina para drenar finalmente toda la riqueza en las manos de los prestamistas y para reducir gradualmente al resto de la comunidad a la esclavitud económica. (Usura, 1931).
Dos cosas han de señalarse. Primera, que una buena distribución de la propiedad, con independencia de cómo se consiga, no puede coexistir mucho tiempo con una sistema monetario en donde todo nuevo dinero se origina como deuda a la Banca, reembolsable con interés. Segundo, que la implantación del Dividendo Nacional y del Descuento rompería el monopolio del crédito así como el poder que tiene la Banca para centralizar la propiedad. Belloc, a tenor de la evidencia de sus escritos, era consciente de estos hechos, y por tanto surge la cuestión de por qué él no adoptó las proposiciones del Crédito Social como los medios para la realización del Distributismo. La respuesta, pienso yo, está, no en las ideas, sino en sus seguidores.
Fuente: Hilaire Belloc,1870 – 1953. Anthony Cooney. A Third Way Publication. Páginas 19 – 22.
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