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Tema: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

  1. #21
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    El Movimiento Provida necesita el Crédito Social




    Por M. Oliver Heydorn


    Si bien yo soy provida incondicional y sostengo que el aborto directo debería ser prohibido por la fuerza de la ley (tal y como así estaba bajo la Common Law británica y a lo largo del mundo occidental hasta las décadas de los sesenta y los setenta), es importante reconocer que el aborto es un problema que necesita ser contrarrestado o neutralizado en una variedad de diferentes niveles. Criminalizar el aborto directo sobre la base, enteramente apropiada, de que los niños no nacidos tienen el mismo derecho a la vida dado por Dios que el que poseen el resto de nosotros puede ciertamente hacer bajar la tasa de abortos (la ley tiene una función educativa), pero el método más efectivo para tratar con esta práctica sería la de eliminar sus causas principales.

    Es en relación a esta cuestión de las “causas principales” que, tanto las bases del movimiento provida como muchos de sus líderes, sufren de una muy terrible ceguera. Se ha estimado que la vasta mayoría de los abortos en las economías avanzadas (más del 90 %) ocurren a causa de razones sociales y/o económicas (por ejemplo, falta de ingresos, interferencia con la educación y/o carreras, falta de un sistema de apoyo, etc.). Esta estadística particular no es un secreto; es conocida y abiertamente citada por muchos individuos y grupos. Lo que los activistas provida desconocen en su mayor parte es el hecho de que esas dificultades socioeconómicas, si bien son bastante reales en sus efectos, son en gran parte artificiales en relación a sus causas; no tienen su origen en la naturaleza de las cosas. En efecto, las presiones financieras y económicas inhumanas bajo las cuales la mayoría de nosotros trabajamos constituyen rasgos fundamentales del sistema financiero convencional; un sistema que no refleja adecuadamente el crédito real de la sociedad y que, por tanto, no substancia por completo dicho crédito real (es decir, su capacidad productiva útil). El Crédito Social propone liberar esa capacidad física que tiene la sociedad para proveer a cada uno con una abundancia de bienes y servicios junto con un incremento del tiempo de ocio, subordinando debidamente el crédito financiero de la sociedad a su crédito real. Elimínese las presiones financieras y económicas artificiales mediante una reforma monetaria de Crédito Social y se eliminará una de las causas principales que llevan a las mujeres a dar su consentimiento al terrible crimen del feticidio.

    Cf. Un resumen de la reforma monetaria del Crédito Social

    Los activistas provida tiene razón en insistir que necesitamos desarrollar una “cultura de la vida” si queremos reducir el número de abortos. De lo que todavía tienen que darse cuenta es que una cultura de la vida probablemente se quede en nada más que una quimera sentimental a menos que se fundamente en un sistema financiero y económico que también sea provida y profamilia. Provéase a las mujeres con un apoyo real, es decir, concreto, para tener y criar niños mediante un Dividendo Nacional libre de deuda en lugar de slogans o ideales abstractos, y el aborto se convertirá en algo no deseable como vía de escape respecto de un ambiente financiero, económico y social inhumano. Sí, el actual sistema financiero (con su inherente desequilibrio, que es impulsado por un monopolio del crédito) no sólo no es provida ni profamilia; es, en su misma estructura y en la misma forma en que funciona, una fuerza anti-verdad, antivida, antifamilia y anticultural. Es la única mayor amenaza para la civilización.

    ¿Hay alguien que preste atención, o la voz de los creditistas sociales permanecerá como una voz que está “gritando en el desierto”?




    Comentario de Wallace Klinck

    El fundador del Crédito Social, Clifford Hugh Douglas, dijo que nosotros los creditistas sociales no intentamos otra cosa que establecer una nueva base para la civilización, siendo esa base la seguridad económica absoluta para el individuo. Si bien no predijo el curso exacto de esa civilización, él creía que evolucionaría de la manera más deseable bajo condiciones de liberación con respecto a las necesidades materiales o la indigencia.

    Los defensores a favor de la Vida (antiabortistas) y a favor de Elegir (apologistas del aborto) están enfrascados en una dialéctica social divisiva completamente innecesaria y antinatural entre aquéllos con un amor natural del inocente e indefenso, y aquéllos que por razones de inseguridad económica consideran al niño como una carga económica difícil o insostenible. Pueden haber otros factores implicados, pero el factor primordial lo constituye la inseguridad económica y la necesidad de dedicar una energía incrementada a la provisión de solvencia financiera. Esta necesidad tiende a alejar a la gente de su instintiva humanidad, afección y compasión, llevándoles hacia una inducida y antinatural actitud psicológica endurecida con respecto a otros humanos y a la vida, en general.

    La lucha por la supervivencia en un régimen financiero artificioso, que presenta una imagen restringida de la verdadera fecundidad de la tierra, sitúa todos los elementos de la sociedad en forma de una cada vez más negativa competencia por los cada vez más escasos recursos financieros, dentro del contexto de una cada vez mayor capacidad abundante para suministrar bienes y servicios físicos. Tal es la contradicción de una civilización que intenta vivir bajo las imposibles condiciones impuestas por un sistema de contabilidad del coste financiero irreal y restrictivo.

    Las políticas del Crédito Social permitirían no solamente el uso de los recursos, naturales y humanos, para la realización de producción deseada, sino que también aseguraría que los resultados de tal actividad fueran automáticamente accesibles a los miembros individuales de la sociedad sin limitación: inmediatamente, dinámicamente y sin obligarse a deuda ninguna o sin necesidad de enfrascarse en una actividad despilfarradora y destructiva simplemente para obtener ingresos financieros con el fin de poder acceder a los bienes de consumo previamente producidos y que esperan su adquisición.

    La política del Crédito Social consiste en crear la estabilidad social a través de la integración realista de fines y medios. El actual sistema financiero impide absolutamente dicha estabilidad.

    Es una tragedia que las facciones Pro y Anti se reduzcan a moralistas inefectivos, por un lado, y supervivencialistas materialistas, por otro lado. Podrían redescubrir su mutua y latente humanidad dentro de un orden de Crédito Social.



    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE
    Última edición por Martin Ant; 13/01/2015 a las 12:04
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

  2. #22
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    ¿Es la desigualdad de ingresos el problema económico central?






    Por Wally Klinck / Oliver Heydorn


    En una entrada de blog que vale la pena leer titulada “¿Qué elección tenemos?”, Charles Hugh Smith habla de la extrema y cada vez más creciente desigualdad de ingresos que caracteriza la vida económica en el mundo moderno (entre otros asuntos estrechamente relacionados): charles hugh smith-What Choice Do We Have?.

    Tal y como yo relato con cierta extensión en mi libro Social Credit Economics, el “Monopolio del Crédito” genera una estructura económica piramidal en donde la gente es recompensada o castigada dependiendo de cómo efectivamente sirva a los intereses financieros. El resultado es una enorme y cada vez más intensificada brecha entre los segmentos más ricos de la población y el resto de nosotros. En efecto, la disparidad ha venido a ser tan grande (véase, por favor, el gráfico de “distribución de cola larga” de Smith) que muchos podrían ser llevados a creer, muy naturalmente, que la desigualdad económica constituye el problema económico central, y que un socialismo redistributivo, de una u otra variedad, resulta necesario como correctivo. Con independencia de lo desproporcionadas que puedan ser las distribuciones de los ingresos actuales, el diagnóstico del Crédito Social apunta hacia otra y más profunda dirección. Una vez que se atienda a este problema más fundamental de acuerdo con los remedios propuestos por el Crédito Social, es probable que reordene, –todo ello por sí mismo y sin la intrusión de un sistema de mando– , los patrones de distribución de ingresos en consonancia con líneas más razonables. En respuesta directa a la entrada de blog de Smith, Wally Klinck ha presentado los siguientes comentarios:


    El Crédito Social alteraría esta tendencia hacia la concentración de riqueza sin que al mismo tiempo sugiera de ninguna forma que los ingresos deban ser iguales. A medida que la tecnología reemplazara al esfuerzo humano como factor de producción, los “sueldos de las máquinas” se pagarían por igual a todos los ciudadanos. Esto proporcionaría una demanda de consumo sustentable y proporcionaría una perspectiva estable para los negocios competentes. La flexibilización cuantitativa no puede proporcionar un remedio porque la deficiencia se encuentra en el lado del consumo. Naturalmente, si la perspectiva de los negocios no es buena, los bancos serán reticentes a la liberación de crédito para más producción. La economía está, como se ha dicho, “coste-ipada”. Está sobrecargada y taponada con costes financieros no liquidados, que no pueden ser liquidados porque el ritmo de flujo de ingresos financieros se queda, de manera cada vez más creciente, corto con respecto al ritmo de flujo de costes financieros y precios. No importa que puedan haberse desembolsado ingresos adecuados en el pasado. El dinero que se haya recobrado prematuramente en relación a las cargas de capital asignadas queda cancelado como poder adquisitivo efectivo. No importa cuánto dinero se haya distribuido; todo él, por supuesto, es contabilizado como una coste financiero. Si ha sido cancelado o puesto en reservas, ya no está disponible como poder adquisitivo del consumidor, y su uso para la producción de bienes adicionales incrementa aún más los costes y precios. No queda otra solución que la de un suministro exógeno de dinero para el consumidor, y que no cree costes financieros adicionales sino que más bien sea capaz de liquidar previos. No constituye un testimonio en favor de la inteligencia humana el hecho de que parezcamos ser incapaces de darnos cuenta de que la economía existe para servir al consumo y que para que se le permita poder funcionar sin problemas debemos proporcionar lo necesario al consumo, el cual sostiene a la producción. El trabajo humano es un factor que está disminuyendo en la producción, pero hemos demostrado, sin embargo, nuestra capacidad para producir una superabundancia de bienes. Pero no podemos obtenerlos sin que al mismo tiempo nos ahoguemos en deuda e incurramos en despilfarros y guerras sin sentido. ¿Entonces qué? ¿Deberemos suicidarnos?

    Nuestro Banco de Canadá nos dice que los consumidores se han precipitado hacia el endeudamiento y que deberíamos cortar esta tendencia. ¿Qué otra cosa es nueva o posible? Así pues, cortamos la compra a crédito, nos negamos a nosotros mismos el uso de aquello que demostrablemente se ha producido y puede ser producido, y colapsamos la economía de manera que los fuertes (incluyendo especialmente a los bancos en tanto que emisores primarios del crédito financiero) puedan ejecutar las hipotecas sobre los débiles y apropiarse de nuestros esfuerzos pasados. ¡Qué sistema más maligno! Es imposible que pueda tener lugar por ignorancia: nadie podría ser tan estúpido. Pero, me temo que las masas son así; realmente no son así, sino que sólo están patéticamente desinformadas y se les ha lavado el cerebro. Es trágico. Es misión del Crédito Social cambiar este triste estado de cosas.

    Existe una gran cantidad de propaganda ahí fuera acerca del top 1 %. Esto constituye una simplificación y tiende a apoyar la peligrosa y revolucionaria idea socialista/comunista de la expropiación de ingresos y activos. Se han hecho estudios desde hace mucho tiempo que muestran que si se divide los ingresos financieros de la clase más alta entre la población total, esto haría poco para aumentar el ingreso de cada individuo. El problema es mucho más complejo, e implica la existencia de un enorme error en la contabilidad de costes nacional, que crea un abismo creciente entre los ingresos financieros efectivos colectivos y los precios colectivos. Se trata de dos asuntos muy diferentes.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  3. #23
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Asunto: Una carta abierta al pueblo australiano



    Por M. Oliver Heydorn


    “Lo que vimos en la sala principal de la Junta de Winton Shire el viernes, simplemente desafiaba toda descripción: una habitación llena con cientos de refugiados quebrantados y magullados de nuestro propio país.”

    Dr. David Pascoe


    Muy recientemente, el Dr. David Pascoe, un cirujano veterinario de Queensland, Australia, ha sido noticia después de escribir una carta pública al pueblo australiano y publicarla en internet a través de los medios de comunicación social. En esa carta, que ahora ya se ha hecho viral, el Dr. Pascoe reprende a los bancos privados por el horrible trato que ellos han impuesto a los granjeros afligidos por la sequía en la parte noroeste del Estado. Se puede leer completo aquí: News - BASTARD BANKS - The Pickering Post o en la propia página de Facebook del Dr. Pascoe: https://www.facebook.com/OVHRepro.

    De forma resumida, la situación es como sigue: las condiciones de sequía han hecho depreciar el valor de las tierras de cultivo y ciertos bancos australianos han tomado ventaja de esta situación con el fin de ejecutar las hipotecas sobre los granjeros que ahora ellos consideran que son riesgos inviables… aún cuando algunos de estos granjeros, como Charlie Phillot de 87 años (véase foto superior), nunca hasta la fecha había fallado un pago de la hipoteca. Debido a la extendida falta de consciencia en relación a los asuntos financieros, no resulta sorprendente que Charlie crea que lo que le ha ocurrido es por su propia culpa, ni que su banco, el banco ANZ, se haya asegurado de reforzar dicha errónea creencia. Para hacer las cosas peor, Pascoe sospecha que los granjeros han sido removidos de sus tierras para que así los bancos puedan entonces vender esas tierras a compañías mineras extranjeras o inversores chinos. Él describe lo que ha estado ocurriendo en términos de terrorismo corporativo: australianos ordinarios están siendo intimidados, amenazados y abusados para hacer llano el camino para las macroempresas. Algunos granjeros han perdido la propiedad que había estado en sus familias durante generaciones; otros han sido conducidos al suicidio.

    Gracias en gran medida a la atención pública que la carta del Dr. Pascoe ha recibido (los medios de comunicación principales habían estado ignorando el asunto), parece que los bancos en cuestión están ahora moviéndose en el sentido de aliviar la carga sobre los granjeros… algún tanto. El banco AZN, sin duda preocupado por su imagen pública, ha puesto una moratoria de 12 meses sobre las ejecuciones hipotecarias. Tales respuestas son, como el propio Pascoe reconoce, sólo un comienzo. No proporcionan una solución última a las dificultades financieras que afrontan los granjeros; dificultades que persisten incluso en tiempos económicos relativamente “buenos” o en condiciones climáticas favorables.

    En verdad, este último incidente no es sino una manifestación de un problema mucho más profundo y extenso con el actual sistema financiero. Hace casi un siglo, el ingeniero angloescocés Clifford Hugh Douglas (1879-1952), puso su dedo en el corazón del problema: el sistema bancario es hecho funcionar como un monopolio privado. Ese monopolio toma ventaja de una brecha endémica en la economía entre los precios de los bienes de consumo y los ingresos del consumidor, con el fin de transferir progresivamente la riqueza, los privilegios, y el poder en cada vez menos y menos manos. La escasez o deficiencia crónica de poder adquisitivo del consumidor ocasiona la contratación de deudas adicionales con el sistema bancario (la única fuente que puede proporcionarlas) así como hace difícil (si no imposible) a la gente el devolverlas. Douglas subrayó además que la única verdadera solución a este problema consistía en una reforma radical del sistema monetario. La recurrente brecha macroeconómica debe ser cubierta con dinero nuevo, que sería creado libre de deuda y distribuido equitativamente a los ciudadanos individuales. La transformación de la sociedad en una gigante cooperativa de reparto de beneficios restauraría simultáneamente un equilibrio real o auto-liquidante al flujo circular. Las presiones financieras artificiales serían eliminadas y la gente podría respirar libremente otra vez.

    Si los australianos como el buen Dr. Pascoe quieren resolver el problema de una vez por todas, no sólo para los granjeros, sino para todo el pueblo de Australia, necesitan traer a la mesa públicamente a los bancos privados y al gobierno y decirles en términos inequívocos que de ahora en adelante el sistema bancario en Australia debe operar a favor del bien común de cada ciudadano; es decir, debe operar en conformidad con los principios del Crédito Social (siendo el Crédito Social el nombre dado a las ideas económicas, políticas y culturales de C. H. Douglas).

    Agradecidamente, los australianos no necesitan empezar desde el principio cuándo venir a organizarse en la lucha para el establecimiento de la Comunidad de Crédito Social. The Australian League of Rights, fundado por el gran Eric Butler, ya fallecido, ha sido incansable en su promoción del Crédito Social durante muchas décadas. Los esfuerzos educativos y el activismo de base han producido muchos frutos, pero todavía ha de librarse la batalla final. Al sitio web de la Liga, que contiene una gran cantidad de información altamente relevante acerca de la causa y la cura de la disfunción social, puede accederse aquí: www.alor.org

    Una breve introducción al Crédito Social: A brief outline of Social Credit

    Véase también la entrevista de David Pascoe con la Australian Broadcasting Corporation: Bank anger - ABC News (Australian Broadcasting Corporation).

    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  4. #24
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    El Crédito Social explicado en 7 puntos






    Por M. Oliver Heydorn



    A medida que crece el interés en la economía de Crédito Social, resulta importante proveer a la gente con resúmenes exactos y exhaustivos del análisis y de los remedios propuestos de Douglas. En lo que sigue, resumiré en siete puntos los rasgos más destacados de la aproximación del Crédito Social a las cuestiones económicas.


    1. La economía existe para proveer a la gente, lo más eficientemente posible, de los bienes y servicios que necesiten para sobrevivir y florecer. Esto es, la producción existe por razón del consumo, y no por razón de hacer dinero, de empleo, de satisfacer el impulso creativo, o por razón de disciplina “moral” (considerados como fines en sí mismos). Y, desde luego, con toda seguridad no existe por razón de centralizar la riqueza y el poder en manos de una élite oligárquica.

    2. El problema económico primario, que impide a la economía cumplir con su verdadero propósito (tal y como está resumido en el punto # 1), en la medida en que su cumplimiento sea físicamente posible, constituye una característica estructural del sistema financiero convencional: hay una deficiencia crónica de poder adquisitivo del consumidor, o una brecha macroeconómica entre el ritmo de flujo de precios al por menor y el ritmo al que los ingresos son distribuidos por la correspondiente producción de bienes y servicios de consumo. El sistema establecido es inherentemente desequilibrado; la ley de Say no se sostiene.

    3. Esta brecha tiene muchas causas [la obtención de beneficios (incluyendo beneficios derivados de cargas de interés), la reinversión de ahorros, las políticas bancarias deflacionarias, y los impuestos], pero se debe, principalmente, a la forma en que el capital real (máquinas y equipo) es financiado, y la forma en que sus costes son contabilizados luego bajo las actuales convenciones. Cada vez que se fabrica o reemplaza capital real, los costes de capital que se generan exceden a los ingresos del consumidor que son simultáneamente distribuidos. Esta brecha se intensifica mediante los ahorros netos.

    4. El actual sistema económico emplea una variedad de paliativos con el fin de compensar la brecha (bancarrotas, ventas forzosas, balanzas comerciales “favorables”, etc.), pero, principalmente, se basa en que los gobiernos, negocios e individuos tomen prestado dinero-deuda adicional del sistema bancario privado. Gastando dinero en producción adicional, ya sea pública o privada, que el consumidor no comprará o por la que no pagará dentro del mismo periodo de tiempo, los ingresos del consumidor pueden ser aumentados sin incrementar al mismo tiempo el flujo de precios de bienes de consumo. De la misma forma, los préstamos a los consumidores pueden ayudar a reforzar el flujo existente de poder adquisitivo del consumidor. En la mayor parte, salimos del paso cubriendo la brecha con dinero-deuda. (Nótese bien; todo préstamo bancario crea dinero ex nihilo en forma de crédito bancario y toda devolución de un préstamo bancario destruye crédito bancario. La gran mayoría del suministro de dinero existe en forma de crédito bancario, y la mayoría del crédito bancario es emitido en forma de una deuda reembolsable).

    5. Las consecuencias de estos paliativos convencionales son: el ciclo comercial, inflación constante (principalmente inflación por empuje de costes, aunque también inflación por tirón de la demanda), la mala dirección de los recursos, ineficiencia económica, despilfarro económico y sabotaje junto a crecimiento económico forzoso, una montaña cada vez más creciente de deuda social que, en su totalidad, resulta indevolvible, crisis financieras recurrentes, impuestos altos y a menudo crecientes, esclavitud salarial y esclavitud de deuda, servilismo, la usurpación de la plusvalía de la asociación por parte del sistema bancario privado, la centralización de la riqueza económica, de los privilegios y del poder en cada vez menos y menos manos, migración forzosa, desvertebración cultural, estrés y tensiones innecesarios, conflicto social, degradación medioambiental, y conflicto económico internacional conducente a la guerra, etc., etc.

    6. La solución del Crédito Social al problema de la brecha es la de tener un órgano del estado políticamente independiente, una Oficina de Crédito Nacional, que continuamente emita, sobre la base de estadísticas pertinentes y conexas, un volumen suficiente de crédito de tal forma que los consumidores puedan adquirir el “excedente” de bienes y servicios que se están produciendo. Este crédito ha de emitirse libre de deuda y en lugar de todos los paliativos convencionales que actualmente son empleados para intentar arreglar la brecha.

    Con el fin de reflejar exactamente la realidad física, un cierto volumen de este crédito compensatorio se utilizaría para rebajar los precios al por menor de acuerdo con la tasa de consumo/producción. El verdadero coste de la producción lo constituye el consumo. De ahí que la producción no debería costar, en términos financieros, más de aquello que se gastó en el consumo que fue necesario para traer a aquélla a la existencia. La venta de los bienes al consumidor por debajo del coste y la cobertura al minorista de la diferencia permitirían a la producción poder ser vendida a su “Justo Precio”, es decir, el precio que refleje su verdadero coste.

    El resto del crédito compensatorio ha de ser emitido en proporciones iguales a cada ciudadano, con independencia de que esté o no empleado en la economía formal. El Dividendo Nacional se justifica moralmente por el hecho de que cada ciudadano es considerado justamente como un accionista dentro de su asociación económica así como heredero de la herencia cultural de la sociedad. Es la herencia cultural (las invenciones y descubrimientos de pasados científicos, ingenieros, organizadores, etc.) lo que hace posible el mayor factor en la producción moderna, es decir, el capital real. Y es el capital real el que es primariamente responsable de la brecha precios-ingresos. Por tanto, la forma más apropiada de rellenar esta brecha consiste en reconocer que los individuos son los usufructuarios del capital real y merecen recibir un dividendo en base a su funcionamiento. El Dividendo Nacional se justifica pragmáticamente por el hecho de que la economía necesita una inyección de crédito libre de deuda con el fin de poder funcionar dentro de un equilibrio real o auto-liquidante, y también necesita proveer a aquéllos cuyo trabajo ya no es más necesario en la economía formal (a causa de los avances tecnológicos y de la mejorada eficiencia de la producción) de un ingreso, de tal forma que puedan, sin embargo, adquirir bienes y servicios. Una política de pleno empleo no tiene absolutamente ningún sentido desde el momento en que la eficiente producción de aquellos bienes y servicios que la gente puede usar con provecho para ellos mismos, no necesita –dentro del contexto de una economía moderna, industrial– de la plena capacidad de la fuerza laboral disponible.

    El sistema económico del Crédito Social consiste simplemente en la libre empresa (es decir, la propiedad privada de los medios de producción, el libre mercado, la libre iniciativa, y un ánimo de lucro funcionalista) unido a un honesto sistema financiero. No es socialista ni capitalista, sino que es más bien distributista en su orientación: por medio del dividendo todo ciudadano se vería garantizado con un derecho mínimo sobre la producción hecha posible por el capital real. El Crédito Social transformaría la sociedad en una gigante cooperativa de reparto de beneficios.

    7. La consecuencia de la reforma monetaria del Crédito Social sería el establecimiento de la seguridad económica absoluta para todo ciudadano, en lugar de la pobreza y la amenaza de pobreza, incrementando el ocio en lugar del servilismo (es decir, liberación respecto de la esclavitud salarial, de la esclavitud de la deuda, y del empleo inútil, tonto y/o destructivo), la eliminación de la crónica e impagable carga de la deuda de la sociedad así como de las cargas de interés que la acompañan, la descentralización de la riqueza y del poder económicos para el individuo, la eliminación del despilfarro y del sabotaje económicos, continuas reducciones en los precios en lugar de inflación, impuestos mucho más bajos, mucha menos regulación e interferencia gubernamentales, cooperación económica en lugar de competencia implacable, estabilidad social, la transformación de la civilización sobre la base del desencadenamiento del impulso creativo y del florecimiento tanto de la cultura popular como de la alta cultura, protección, conservación y reparación medioambiental, y comercio internacional mutuamente beneficioso, proporcionando una base sólida para la paz mundial. Todo aquello que sea físicamente posible y deseable, debería ser financieramente posible. Todo lo que se necesita es modificar el sistema financiero de tal forma que represente correctamente los hechos físicos y el potencial físico de la economía real.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  5. #25
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Sinopsis del Crédito Social





    Por M. Oliver Heydorn



    Ésta es una versión ligeramente más larga del artículo que apareció en la web de Henry Makow: Social Credit: A Simple Explanation - henrymakow.com.


    El Crédito Social se refiere a las ideas filosóficas, económicas, políticas e históricas del brillante ingeniero anglo-escocés Mayor Clifford Hugh Douglas (1879 – 1952).

    En lo concerniente a la esfera de la economía, Douglas identificó lo que está mal en la economía industrial y también explicó lo que se necesita hacer para poder arreglarla.

    El problema fundamental consiste en que nunca hay suficiente dinero para poder comprar lo que producimos. Hay una brecha entre los precios de los bienes y servicios de consumo y los ingresos de la gente.

    Esta brecha es causada por muchos factores. Los beneficios, –incluyendo los beneficios derivados de los pagos de intereses–, son sólo uno de ellos. Los ahorros y la reinversión de ahorros son otros dos. La causa más importante, sin embargo, tiene que ver con cómo el capital real (es decir, máquinas y equipo) origina costes a un ritmo más rápido que aquél al que distribuye ingresos a los trabajadores.

    La economía debe compensar esta recurrente brecha entre precios e ingresos. Puesto que la mayor parte del suministro de dinero es creado de la nada por los bancos, el actual sistema financiero rellena la brecha confiando en que los gobiernos, firmas y consumidores tomen prestado dinero adicional que es puesto así en existencia, de forma que el nivel de poder de compra del consumidor pueda ser incrementado.

    Como sociedad, estamos siempre hipotecando nuestros ingresos futuros con el fin de obtener suficiente poder adquisitivo de forma que podamos pagar por completo los precios presentes. Cada vez que dejamos de tomar prestado suficiente dinero, la economía se para y el gobierno puede incluso comenzar una guerra para reactivarla. En la medida en que tenemos éxito en cubrir la brecha, contribuimos al mismo tiempo a la formación de una montaña de deuda que nunca podrá ser pagada.

    La acción de rellenar la brecha con dinero-deuda también es inflacionaria, despilfarradora, y pone a toda la sociedad en un círculo rotatorio de producción-consumo. Constituye la causa primaria que está detrás de las tensiones sociales, del daño medioambiental y, a través de las guerras para la exportación, del conflicto internacional.

    Toda esta disfunción es tolerada porque los bancos se benefician de ella. La acción de compensar esta brecha constituye un gran negocio, y transfiere la riqueza y el poder desde los consumidores comunes hacia los propietarios del sistema financiero.

    Douglas propuso que, en lugar de rellenar la brecha con dinero-deuda, la brecha podía y debía ser rellenada con dinero “libre de deuda”.

    Este dinero compensatorio sería creado por un órgano del Estado, una Oficina de Crédito Nacional, y sería distribuido a los consumidores. Parte del mismo sería emitido indirectamente en forma de un Descuento Nacional sobre todos los precios al por menor, mientras que otra porción sería emitida directamente en forma de un Dividendo Nacional [1].

    Puesto que la capacidad productiva física de la economía industrial moderna es enorme, una honesta representación de nuestro poder productivo nos permitiría disfrutar de una abundancia de bienes y servicios provechosos junto con un creciente ocio. Nuestras economías se volverían socialmente equitativas, medioambientalmente sostenibles, e internacionalmente concordantes.

    A diferencia de algunas otras proposiciones de reforma monetaria, el Crédito Social no defiende la nacionalización de los bancos. Es completamente opuesta a cualquier programa que nos viera saltar de la freidora de un sistema privado egoísta o individualista hacia el fuego de un completo monopolio estatal sobre el dinero y su emisión. Éste segundo constituiría una buena base para la introducción de una sociedad totalitaria.

    Los creditistas sociales, por el contrario, están a favor de la descentralización del poder económico y político en favor del individuo. La propuesta del Crédito Social a favor de un sistema monetario honesto no es socialista sino más bien anti-socialista. Es completamente compatible con una economía de libre empresa (que incluye mercados libres, propiedad privada, iniciativa individual, y el incentivo del beneficio). Cf. ¿Por qué el Crédito Social no es Socialismo?



    [1] El progreso tecnológico significa que las máquinas están haciendo cada vez más y más el trabajo. Gracias al dividendo, todos aquellos individuos cuyo trabajo ya no es más necesario para la economía, sin embargo, mantendrían un ingreso y disfrutarían del acceso a los bienes y servicios.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  6. #26
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    La salud y el Canon






    Por M. Oliver Heydorn


    (Foto de arriba: el Poderoso Brote del Girasol)



    Un componente clave de la filosofía, o la “concepción de la realidad”, que subyace al Crédito Social es la idea de que el universo está gobernado por leyes que son automáticas e inexorables. Estas leyes existen independientemente del conocimiento humano y de las preferencias humanas [1].

    En su conjunto, Douglas se refirió a estos principios dominantes como “el Canon”:


    [Existe], atravesando la naturaleza del Universo, algo que podemos llamar “canon”. Es aquello a lo que se hace referencia en el Evangelio de San Juan como el “Logos”, la “Palabra” (Logos: “La Palabra” o “Razón”). [S. Juan 1:1, “La Palabra (Logos) estaba con Dios, y la Palabra era Dios.” …] Posee una variedad infinita de nombres. El ingeniero y el artista se refieren a él cuando dicen que han conseguido hacer algo “bien”. Otras personas dan a entender la misma cosa cuando hablan acerca de la verdad absoluta, o realidad. Cualquiera que sea el nombre mediante el cual desee uno referirse a esta idea, es algo que no importa mucho; todos instintivamente reconocemos su existencia, con independencia de que nos lo encontremos ya sea en algo como las proporciones arquitectónicas –como, por ejemplo, digamos, un cenotafio–, o ya sea incluso en las líneas sombrías de una batalla” [2].


    Varios filósofos y teólogos de épocas pasadas han tenido el mismo dato básico en mente cada vez que han hablado acerca de la “ley natural”.

    El Canon es de vital importancia porque nos provee del marco orientativo correcto para todas nuestras acciones. El éxito en cualquier empresa depende de que discernamos correctamente cuáles resultan ser las leyes específicas que gobiernan una actividad particular, y de nuestro respeto hacia esas leyes en todo aquello que hagamos. La conformidad con o la obediencia hacia las leyes requiere, a su vez, que éstas sean efectivamente aplicadas por medio de métodos y/o mecanismos apropiados.

    En todas las esferas de la acción humana nos vemos, de esta forma, enfrentados con una elección ineludible: podemos, o bien buscar disfrutar de los frutos del bienestar participando en actividades funcionales, es decir, comportamientos que están en concordancia con las leyes de la realidad, o bien podemos sufrir las consecuencias de haber participado en actividades disfuncionales, es decir, comportamientos que no están en concordancia con las leyes que gobiernan la realidad. Las actividades funcionales respetan el orden creado (y a su Autor); las actividades disfuncionales violan su estructura:


    “El verdadero éxito únicamente acompaña a un intento coherente de descubrir y de conformarse a este canon sin importar en qué pueda consistir la esfera de nuestras actividades” [3].

    No nos engañemos sobre esto; existe un Canon que gobierna la salud, el estilo de vida, y la dieta. Claramente, no todas las dietas son igualmente promotoras de la salud, del mismo modo que no todos los estilos de vida son igual de valiosos en lo que al bienestar concierne. Así pues, ¿qué dieta/estilo de vida es el más sano?

    En lo que sigue a continuación, me gustaría llamar vuestra atención a solamente un conjunto de respuestas a estas cuestiones. Al hacer esto, no es mi intención proporcionar consejo médico de ningún tipo, ni es mi intención extraer ningún tipo de juicio definitivo en relación a la precisión o “exactitud” de estas respuestas. Como se dice en los Evangelios, “Por sus frutos los conoceréis”. Toda persona debe buscar llegar a sus propias conclusiones en línea con las evidencias disponibles y con su propia experiencia. Es de esperar que esas conclusiones serán también correctas.

    El Hippocrates Institute de Florida es uno de los muchos centros de salud alternativa de “alimentos vivos” que afirman, en substancia, haber descubierto o revelado el Canon con respecto a estos asuntos básicos del bienestar humano, estilo de vida y dieta.

    Sobre la base de muchos años de investigación y experiencia clínica, el Instituto sostiene que la dieta más saludable para los seres humanos es una dieta orgánica, vegetariana, de alimentos integrales, que está compuesta principalmente de alimentos crudos y especialmente alimentos vivos, como coles, pasto de trigo y varias algas [4].

    Alimentos basados en plantas vivas y crudas orgánicamente cultivadas proporcionan los macronutrientes básicos (carbohidratos, proteínas y grasas) en una forma más fácilmente digestible; micronutrientes (vitaminas y minerales) en mayor variedad y cantidades; y finalmente un buen número de otros nutrientes que no se encuentran en absoluto (o, en el caso de los fitonutrientes, no se encuentran en esas altas concentraciones) en ningún otro tipo de alimento: Hormonas, Oxígeno, Phitoquímicos, Enzimas, y carga Eléctrica en forma de “bioelectricidad” (la principal manifestación de esa misteriosa realidad que conocemos como “fuerza de la vida”). Estos productos alimenticios también están libres de a) pesticidas tóxicos, hormonas de crecimiento, antibióticos, y GMOs [organismos genéticamente modificados], etc…, de la agricultura convencional,; de b) conservantes y sabores artificiales y agentes colorantes (incluyendo neurotoxinas como MSG [glutamato de monosodio], aspartamo, etc.) de alimentos procesados; así como de c) los varios subproductos desnaturalizantes y causantes de enfermedades a menudo asociados con alimentos para preparar al instante por uno mismo.

    Los nutrientes que son únicos de los alimentos crudos, es decir, los nutrientes H. O. P. E., parecen jugar un papel fundamental en mantener a raya la entropía biológica; en ralentizar, modificar e incluso revertir el proceso de envejecimiento, así como en mantener un funcionamiento propio y saludable en todos los sistemas del cuerpo.

    En efecto, se ha afirmado que la acción de adoptar una dieta del estilo Hippocrates (en unión con ejercicio apropiado aeróbico y anaeróbico, procedimientos de desintoxicación, y actitud psicológica saludable) es tan beneficiosa que puede regenerar el propio sistema de curación del cuerpo para prevenir, modificar y/o curar casi cualquier enfermedad conocida. Fue el antiguo doctor griego Hipócrates, el fundador de la medicina como ciencia racional y en cuyo honor se denomina el Instituto, quien dijo una vez: “deja que el alimento sea tu medicina y la medicina sea tu alimento”.

    Se puede acceder al sitio web del Instituto aquí: Hippocrates Health Institute | Leading the Field of Natural and Complementary Health Care and Education.

    La siguiente conferencia por el co-director del Instituto, Dr. Brian Clement, explica los elementos básicos del estilo de vida a base de alimentos vivos y crudos:







    Desde el punto de vista del Crédito Social, la búsqueda del Canon en la esfera de la salud también conlleva importantes implicaciones económicas y políticas. Imagínese qué pasaría si todos siguieran las directrices apropiadas en relación con la dieta y el estilo de vida… habría una epidemia de salud. Esto interferiría con el empleo continuado de profesionales en el cuidado de la salud convencionales y con el crecimiento de esa particular industria.

    La economía “crematocéntrica” o “centrada en el dinero” bajo la cual sufrimos puede llegar a degradar incluso la más noble de las profesiones, aquéllas cuyas actividades son de lo más crucial para nuestra supervivencia y desarrollo. Cf. Es hora de dar ya un giro copernicano económico. Bajo el actual sistema económico, los profesionales médicos que rutinariamente actúan para prevenir y curar las enfermedades mediante los más efectivos y eficientes medios disponibles están expuestos al desempleo, mientras que aquéllos que usan métodos caros, menos efectivos y tóxicos se garantizan un mercado para ellos mismos a perpetuidad.

    En otras palabras, ha de reconocerse que la medicina convencional, tal y como actualmente es hecha funcionar bajo el actual régimen financiero, tiene intereses económicos creados en la existencia y proliferación de enfermedades crónicas – con independencia de que los proveedores de atención médica individuales o las instituciones estén o no, en cualquier momento dado, conscientemente actuando para proteger y promover dichos intereses.

    Irónicamente (o tal vez no), fue también Hipócrates el que estableció el primer y fundamental principio de la ética médica: Primum, non nocere. “Lo primero, no hacer daño”. Desafortunadamente, la práctica médica moderna viola este axioma en muchas más formas de las que uno pueda contar. El Juramento Hipocrático puede leerse aquí: The Internet Classics Archive | The Oath by Hippocrates.

    La vida tiene que ver con hacer elecciones; es mejor para nuestros intereses el asegurarnos de que todas nuestras elecciones sean genuinamente afirmadoras de la vida en lugar de destructoras de la vida.

    Una reforma de Crédito Social del sistema financiero haría mucho más fácil para la gente realizar las elecciones correctas en todas las áreas de sus vidas, y esto se conseguiría mediante la acción de hacer económicamente posible todo aquello que fuera físicamente posible y deseable. Cf. Crédito Social: una simple (si bien algo larga) explicación. Del mismo modo que la salud biológica tiene ciertas exigencias que son intrínsecas a su naturaleza, un sistema social sano también tiene sus exigencias. Una comunidad de Crédito Social es una sociedad que ha aplicado apropiadamente el Canon referente a las materias sociales para así poder disfrutar de los beneficios de un orden financiero, económico y político en buen funcionamiento. En efecto, una sociedad de Crédito Social es simplemente una “sociedad sana”.


    Adenda: Tal y como Bob Klinck ha indicado en su comentario (véase más abajo), otro aspecto aún de la relación entre el Crédito Social y estas materias de la salud, la dieta y el estilo de vida, tiene que ver con el hecho de que la deficiencia crónica de ingresos del consumidor en la economía supone como consecuencia que los consumidores a menudo optan por aquellos alimentos que son los más baratamente producidos, y no porque ellos prefieran esos alimentos en términos de su calidad, sino meramente porque puede que sean todos los que se pueden permitir poder comprar. Los alimentos más baratos poseen una ventaja en cualquier economía. En una economía en donde el poder adquisitivo del consumidor es bajo, los alimentos más baratos poseen una doble ventaja. Esta segunda y artificial ventaja de la que disfrutan los alimentos más baratos en una economía estructuralmente anémica lleva a las compañías a producir cosas lo más baratamente posibles –hasta el punto incluso de comprometer gravemente la calidad de sus productos– para así poder mantener su cuota de mercado. En el caso de la producción agrícola, los métodos convencionales de la práctica agrícola de “grandes empresas” que implican pesticidas, antibióticos, hormonas de crecimiento, GMOs, etc., son usados precisamente porque ayudan a maximizar la producción por acre y suponen menos mano de obra intensiva en comparación con la práctica agrícola orgánica. Esto da como resultado alimentos más baratos pero de más baja calidad, por no decir envenenados. Químicos conservantes y saborizantes/colorantes también son usados para conservar la cuota de mercado; el primer conjunto de químicos sirven para extender la fecha de caducidad o vida útil de los alimentos (lo cual reduce los costes), mientras que el segundo conjunto hace a los alimentos artificialmente atractivos o adictivos.

    Si los precios de los bienes de consumo fueran mantenidos en un equilibrio automático auto-liquidable tal y como defiende el Crédito Social, los consumidores serían adecuadamente financiados (es decir, la deficiencia crónica de ingresos del consumidor cesaría de existir) y podrían más fácilmente permitirse pagar el tipo de alimentos orgánicos de alta calidad que muchos agricultores y un buen número de compañías de alimentos gustosamente preferirían suministrar si únicamente fueran rentables. Los patrones de producción y consumo cambiarían espontáneamente hacia una dirección más saludable.

    Douglas habló de los efectos corrosivos del sistema financiero existente en relación al suministro de alimentos en los siguientes términos:

    “Ahora bien, estamos hipnotizados por la propaganda de las compañías químicas internacionales en la creencia de que los análisis del terreno, los fertilizantes químicos y la maquinaria agrícola impulsada con gasolina son muy superiores y más “científicas” que la agricultura íntima del antiguo orden. No solamente no hay ni la más mínima genuina evidencia en favor de esto, sino que además hay una apabullante evidencia de lo contrario. Nunca antes ha habido tanta agricultura “profesoral”; y nunca los productos agrícolas han sido tan insatisfactorios en su calidad. Pan que ha de ser reforzado con medicamentos; fruta que tiene un aspecto atractivo y que no tiene sabor y carece de todas sus antiguas virtudes esenciales (las fresas Phoebe, la exportación básica de los fresales de Hampshire, a la vista aparecen grandes y deliciosas, y saben como algodón mojado); telas que son llamativas pero que no son ni cálidas ni durables; cerveza química, vino adulterado y prohibitivo en precio. ¡Progreso!” C. H. Douglas, The “Land for the (Chosen) People” Racket (London: K. R. P. Publications Ltd., 1943), 5.

    “No pienso que yo sea una persona indebidamente remilgada, pero tengo que declararme culpable de una oleada de verdadera náusea frente a la descripción como progreso de las fábricas de huevos en donde cientos de miles de gallinas son mantenidas bajo luz eléctrica desde su nacimiento hasta su muerte, confinadas en pequeñas cajas, de las que nunca se les permite salir, poniendo huevos. Yo no quiero comer esos huevos, y tengo la fuerte convicción de que no son buenos para comer, con independencia de cuál pueda ser su sabor superficial.” Ibid., 17.



    [1] Cf. C. H. Douglas, Realistic Constitutionalism (London: K.R.P. Publications Ltd., 1947), 3. “…las reglas del Universo trascienden el pensamiento humano, y no pueden, en el sentido ordinario de las palabras, ser alteradas y, por tanto, deben ser descubiertas y obedecidas.”

    [2] C. H. Douglas, Major C. H. Douglas Speaks (Sidney: Douglas Social Credit Association, 1933), 52 – 53. En la página 53 de este mismo libro, Douglas advertía que uno debe tener mucho cuidado en distinguir el Canon mismo de las varias manifestaciones o encarnaciones del Canon en tiempos y lugares específicos: “Porque el canon es una cosa espiritual, siendo las formas que lo encarnan de variedades infinitas; y no sólo eso: también cambian de tiempo en tiempo, y una adhesión esclavista a la forma constituye un cierto método mediante el cual perder el canon.”

    [3] Ibid., 53.

    [4] El pasto de trigo y algunas de las algas son desintoxicantes muy poderosos y deberían introducirse poco a poco (en pequeñas cantidades) cuando se comience una dieta de alimentos crudos/vivos.


    Comentarios
    Bob Klinck


    Debería hacerse mención también a los efectos adversos de una constante exagerada presión sobre las empresas productivas para reducir costes, que viene causado por la escasez crónica de poder de compra del consumidor. Si bien esto ha traído progresos en muchas áreas, en el caso de la producción de alimentos, que juega un papel fundamental en la salud, ha habido muchas desventajas, tal y como describe este blog.

    ¡En el área metropolitana donde yo vivo existen tantos servicios médicos (tanto ortodoxos como alternativos) que a veces me pregunto si la solución que se ha encontrado al “problema del desempleo” es la de tener a media población atendiendo las enfermedades de la otra media, estando este segundo grupo en estado de “incapacidad”!



    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  7. #27
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Un llamamiento al Pueblo Griego





    Por M. Oliver Heydorn



    A lo largo del curso de los últimos años, el pueblo griego ha tenido experiencia de primera mano del hecho de que los sistemas financiero y económico modernos no funcionan. Puede que no sepan, sin embargo, por qué no funcionan y qué puede hacerse para poder arreglarlos.

    La capacidad productiva bruta (tanto actual como potencial) de la economía industrializada moderna es tan enorme que no existe ninguna buena razón para la pobreza; para el servilismo en sus varias formas (incluyendo la política fútil del pleno empleo); para las crónicas y cada vez más crecientes deudas públicas, corporativas y del consumidor (que nunca podrán ser pagadas en su totalidad); para la inflación; para el despilfarro económico y el sabotaje; o para los cada vez más crecientes impuestos e intervenciones del gobierno en la economía. En una palabra, no hay fundamento físico para lucha económica de ningún tipo.

    La enorme discrepancia entre lo que una economía moderna puede hacer y lo que realmente hace, así como la correcta solución a esa particular paradoja, ha sido conocida –no ampliamente conocida, pero sí conocida– desde hace muchas décadas.

    El ingeniero anglo-escocés, Mayor Clifford Hugh Douglas (1879 – 1952) identificó correctamente la causa nuclear que está detrás de la disfunción económica y también ideó medidas correctivas apropiadas. El cuerpo de pensamiento resultante se vino a conocer como Crédito Social.

    Grecia sufre porque, para empezar, el sistema financiero convencional no está apropiadamente diseñado. No está diseñado para facilitar, en la mayor medida posible, el suministro de bienes y servicios cuando, donde y en la medida en que sean requeridos, con la mínima cantidad de molestias para todos. En lugar de ello, la economía física está cercada, restringida y distorsionada por un sistema financiero que no refleja adecuadamente la realidad. De ahí que la lucha económica sea completamente artificial. Si uno quisiera resumir el problema en una sola frase, esa frase sería: “escasez crónica de poder adquisitivo del consumidor”. Para empeorar las cosas, es inevitable que ocurran recurrentes crisis financieras mientras esta brecha subyacente entre precios e ingresos no sea adecuadamente atendida.

    La solución apropiada consiste en que el sistema financiero sea modificado adecuadamente para restaurar un equilibrio verdadero (es decir, auto-liquidable) al flujo circular. Un flujo compensatorio de dinero “libre de deuda” ha de ser creado por una Oficina de Crédito Nacional y emitido directamente (como Dividendo Nacional) o indirectamente (como Descuento Nacional sobre los precios al por menor) al consumidor. Una vez que se haya conseguido una endógena homeostasis financiera, todos los otros síntomas de la disfunción económica quedarán disipados.

    Animo a todos lo griegos que quieran de corazón los mejores intereses para su país a que se tomen el tiempo en familiarizarse con el análisis y las propuestas correctivas del Crédito Social.

    La esencia del mensaje de Douglas ha sido explicada en los siguientes posts del blog:

    Sinopsis del Crédito Social.

    El Crédito Social explicado en 7 puntos.

    Crédito Social: una simple (si bien algo larga) explicación.

    Es hora de dar ya un giro copernicano económico.



    Grecia no necesita medidas de austeridad inhumanas, ni tampoco necesita de la intervención de la troika globalista (el FMI, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo). Lo que Grecia necesita es una reforma monetaria de Crédito Social.

    Los griegos dieron al mundo la idea de “democracia”; la apropiación y la aplicación apropiada de las ideas del Crédito Social de un ingeniero británico les permitiría finalmente poder disfrutar de la realidad de la democracia económica así como también de la democracia política. Sin libertad e independencia económica para cada individuo, una genuina democracia política no puede existir. El exitoso establecimiento de una comunidad de Crédito Social en Grecia serviría de lección objetiva para el resto del mundo entero y sería imitado en todas partes.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  8. #28
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Sí, Virginia, los bancos realmente crean dinero de la nada




    Por M. Oliver Heydorn


    Justo el año pasado, el Banco de Inglaterra admitió abiertamente que los bancos privados son responsables de crear la mayor parte de la oferta monetaria de la nada. Esto es significante porque, aunque la verdad sobre la creación del dinero por los bancos ha estado flotando alrededor en el foro público durante al menos los últimos cien años (gracias en gran medida a los esfuerzos de C. H. Douglas y otros), algunos banqueros y economistas han negado esta realidad (mientras otros, como Reginald McKenna, han sido bastante abiertos sobre ello) [1]. Aún hoy día, hay mucha gente, incluyendo muchos políticos, que son felizmente inconscientes y/o están seriamente desinformados en relación al origen de nuestra oferta monetaria.

    En el documento del Banco de Inglaterra “Creación del Dinero en la Economía Moderna” (Cf. bofe-money.pdf) estos hechos relevantes son presentados en el resumen previo a ese trabajo de la siguiente forma:

    En la economía moderna, la mayor parte del dinero toma la forma de depósitos bancarios. Pero la forma en que esos depósitos bancarios son creados a menudo no resulta del todo comprendido: la principal vía para su creación es a través de los préstamos que hacen los bancos comerciales. Siempre que un banco hace un préstamo, simultáneamente crea un depósito correspondiente y equivalente en la cuenta bancaria del prestatario, creando de esta forma nuevo dinero.

    Siempre que los bancos hacen préstamos, es decir, siempre que adquieren los pagarés o títulos de deuda de firmas, gobiernos o individuos, o compran valores, o pagan sus propios costes de explotación, crean nuevo dinero en forma de crédito bancario. Este crédito bancario existe en forma de cifras electrónicas, intangibles. En un típico país industrial, el 95 % o más de la oferta monetaria existe en forma de crédito bancario y la mayor parte de ese crédito se crea junto con el correspondiente volumen de deuda con interés (o deuda equivalente). Solamente el 5 % o menos existe en forma de billetes y monedas, o moneda legal.

    El Banco de Inglaterra ha explicado también la naturaleza básica de nuestra oferta monetaria en el siguiente video:





    La creación bancaria de la mayor parte de nuestra oferta monetaria es algo que debería ser admitido abiertamente por los bancos y debería ser parte del conocimiento general de la población. Vale la pena repetirlo: los bancos no prestan los depósitos de otras gentes. En lugar de ello, todo préstamo y toda adquisición bancaria crea un depósito, o estampa nuevo dinero.

    Ahora bien, resulta fácil, sobre la base de esta llamativa revelación, creer que el principal problema con el actual sistema financiero consiste en el inequívoco hecho de que los bancos crean la mayor parte de la oferta monetaria de la nada. Desde una perspectiva del Crédito Social, sin embargo, esta situación no debería constituir el centro de nuestra preocupación. Después de todo, alguien, sean los bancos, el Estado, o los bancos en unión con el Estado, ha de crear la oferta monetaria. El principal problema con el sistema tiene que ver con las condiciones bajo las cuales nuestro dinero es creado, emitido y retirado, cf. Usura, Crédito Social y Catolicismo.

    En otras palabras, el principal asunto tiene que ver con la política: ¿quién controla la oferta monetaria y para qué propósitos?

    Bajo el actual sistema, la oferta monetaria está controlada en gran medida por los bancos privados, y las condiciones de su creación, emisión y retirada sirven a los intereses de los financieros a expensas de los legítimos intereses de los consumidores.

    Ahora bien, la solución a la dominación privada de la oferta monetaria no consiste en reemplazarla con un total monopolio del control sobre el dinero por el Estado o el gobierno. El Estado podría igual de fácilmente crear, emitir y retirar el dinero con el fin de servir a los intereses de una élite oligárquica que hubiera asumido el control del Estado siempre que no fueran cambiadas las otras convenciones financieras y económicas. Son, sobre todo, los términos que gobiernan el funcionamiento de la oferta monetaria lo que necesita ser modificado en favor del individuo.

    En un sistema monetario honesto, es decir, uno que reflejara correctamente las realidades relevantes, los consumidores individuales ocuparían los puestos de mando de la economía y controlarían, directa o indirectamente (es decir, a través de una Oficina Nacional de Crédito), las condiciones de la creación, emisión y retirada del dinero, para así asegurarse de que su política (es decir, el objetivo que esté en línea con sus mejores intereses) sea apropiadamente promovida.

    ¿Cuál es esta política alternativa que el sistema financiero (es decir, los sistemas bancario y de contabilidad del coste) debería servir? Respuesta: el efectivo suministro de los bienes y servicios deseados con la mínima cantidad de esfuerzo y gasto de recursos.

    Actualmente, el consumidor tiende a recibir la menor cantidad de bienes y servicios a cambio de la mayor cantidad de esfuerzo y gasto de recursos. Hasta que este segundo objetivo político no sea reemplazado por el primero, no podrá haber una genuina democracia económica ni tampoco ninguna democracia política real.



    [1] En la reunión anual de accionistas del Midland Bank del 25 de enero de 1924, Reginald McKenna, presidente de dicho banco, dio una clara y sucinta descripción del proceso de creación del crédito:

    La cantidad de dinero en existencia varía solamente con la acción de los bancos al incrementar o disminuir los depósitos. Sabemos cómo tiene lugar esto. Todo préstamo bancario y toda adquisición bancaria de títulos crea un depósito, y toda devolución de un préstamo bancario y toda venta bancaria [de títulos – OH] lo destruye.

    Recogido en el San Bernardino County Sun de 15 de marzo de 1924, página 24. Cf. The San Bernardino County Sun from San Bernardino, California · Page 24 (visitado y leído el 29 de octubre de 2013). La fecha y lugar de esta declaración es proporcionada por Crate Larkin en su libro, From Debt to Prosperity. Cf. J. Crate Larkin, From Debt to Prosperity. (Rougemont, Québec: The Pilgrims of Saint Michael, 2008), 36.


    El hecho de que los bancos crean de la nada el dinero que ellos prestan o emiten de cualquier otra forma, ha sido admitido por un buen número de otros prominentes bancarios a lo largo del siglo veinte. Aquí dejamos únicamente dos ejemplos más:

    Respuestas de Graham F. Towers, Gobernador del Banco de Canadá de 1934 a 1955, a las preguntas formuladas por el Sr. McGeer durante la reunión de 3 de mayo de 1939 del Comité Permanente de Banca y Comercio de la Cámara de los Comunes:

    P. Pero, ¿no hay lugar a dudas de que los bancos crean ese medio de cambio?

    R. Eso es correcto. Es para eso para lo que están.

    P. Es para eso para lo que están y eso es lo que hacen.

    R. Sí, lo hacen.

    P. ¿Y ellos emiten esa forma de medio de cambio cuando adquieren títulos o hacen préstamos?

    R. Ése es el negocio bancario, del mismo modo que una fábrica de acero hace acero.

    P. Entonces tenemos claro en este punto que nuestros bancos comerciales crean y emiten el 88 por ciento del medio de cambio dinerario en uso común en Canadá hoy día. ¿Es eso correcto, no?

    R. Aproximadamente.


    Comité Permanente de Banca y Comercio, Actas del Proceso y Testimonios Concernientes al Banco de Canadá, (Ottawa, J. O. Patenaude, I.S.O., Printer to the King´s Most Excellent Majesty, 1939), 287.

    Si todos los préstamos bancarios fueran devueltos, nadie tendría un depósito bancario, y no habría ni un solo dólar de dinero legal o moneda en circulación. Éste es un pensamiento asombroso. Dependemos completamente de los bancos comerciales. Alguien ha de tomar prestado todo dólar que tenemos en circulación, efectivo o crédito. Si los bancos crean abundante dinero sintético somos prósperos; si no, nos morimos de hambre. Carecemos absolutamente de un sistema monetario permanente. Cuando uno llega a obtener una visión completa de este cuadro, le resulta casi increíble el trágico absurdo de nuestra impotente situación… pero así es.


    Robert H. Hemphill, antiguo Director de Crédito de la Reserva Federal del Banco de Atlanta, en su prefacio al libro de Irving Fisher de 1935, 100 % Money. Cf. Irving Fisher, 100 % Money (ThaiSunset Publications, 2011), Kindle edition.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

    Última edición por Martin Ant; 14/03/2015 a las 19:43

  9. #29
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    íHola!
    Tengo el gusto de transmitirles aquía continuación este texto esencial (traducción en español revisada) tomado de un libro abajo citado. Después de quasi 60 años de escrito, ese texto queda vigente hoy y queda cada vez más en plena actualidad, resulta más verdadero hoy en día en la era de las computadoras generalizadas en el mundo e internet. Es una explicación importantísima y clarísima para comprender la esencia de los mecanismos bancarios que crean el dinero, pues la moneda, exactamente la moneda de créditosalido de la nada(unos 95% del dinero en circulación cual que sea su forma)que es el dinero que utilizamos diariamente, y toda la vida: moneda metálica, moneda de papel con los billetes de banco, cheques, giros, pagos con las terjetas bancarias.En efecto, el Banco de Inglaterra ha vuelto progresivamente el modelo actual de casí todos los bancos del mundo entero.
    La historia de ese texto es la siguiente. El autor, el arquitecto francés Jean-Gaston Bardet, escribió en un otro libro que mientras estaba en colocación en Argentina, pues en 1949-1950 en Buenos-Aires, recibió enviado por un amigo escocés, un documento especialmente claro y documentado respecto a la historia del lanzamiento del Banco de Inglaterra y su -funcionamiento-. Jean-Gaston Bardet comprendió en seguida la importancia del documento e inmediatamente lo insertó en el manuscrito de su libro -Demain, C'est l'An 2000 !- (Mañana¡ Es el año 2000 !). Hace falta precisar que en aquella época, el Mayor Clifford Hugh Douglas era vivo. Jean-Gaston Bardet en su relato sólo escribió "un amigo escocés" me envió un documento muy importante sobre el Banco de Inglaterra, nada más. Es casí cierto que Jean-Gaston Bardet y el Mayor Douglas se conocían. Jean-Gaston Bardet sólo adaptó un poco el texto recibido para insertarlo en su manuscrito. Es decir que el texto siguiente procede casí ciertamente del Mayor Clifford Hugh Douglas, el que descubrió -experimentalmente- el Crédito Social (o Democracia Económica, es igual), pues, se trata de un descubrimiento -experimental- y no de una teoria. Se puede elaborar teorias sobre el Crédito Social, pero la origen real del Crédito Social es -experimental- por el descubrimiento del Mayor Douglas después de haber registrado a través del modo de producción y la contabilidad de ciento (y más) empresas de todas clases. Es importante que el Crédito Social procede de lo experimental y no de la teoria porque se trata de averiguaciones en la realidad concreta de la producción en las empresas.
    Es decir que cada palabra, cada frase de ese texto tocan una problemática bancaria, monetaria y financiera que corta por le sano el asunto de la creación y del control del dinero. El asunto, todavía, no ha estado zanjado por los gremios financiero y hacendistas y lo borroso y la confusión en el asunto parecen mantenido a proposito... y la desgracia de la gente. Además en ese texto hay una explicación clarísima del teorema A+B del Crédito Social elaborado por el Mayor Douglas y desarrollado más tarde a un lado y a otro por el pedagogo genial Louis Even.



    EL SUPER MECANISMO DE CONCENTRACION

    Quien controla el dinero, controla las naciones, hasta el mundo entero

    por Jean-Gaston BARDET
    Entre todos los mecanismos de concentración, existe uno de ellos más sutil y más poderoso, ignorado casi totalmente hace unos decenios. Por eso, tengo que exponerlo detalladamente. Es el mecanismo bancario que multiplica las fechorías de la usura y del crédito. En efecto, por un lado, la adición de los intereses, dobla, y luego cuadruplica cualquier deuda en quince y luego treinta años, por otro lado, a través del subterfugio del crédito y de la moneda escrituraria (scriptural), vampiriza todas las riquezas mobiliarias y, sobre todo, inmobiliarias, de una nación, y luego del mundo.

    La usura siempre fue prohibida por el derecho canónico romano y luego por el Corán. El catecismo del Concilio de Trento es clarísimo: "Todo lo que se toma allende de lo que se ha dado es usura..." es por ello que el profeta Ezequiel (18-17) dice que 'Aquel será justo quien no habrá prestado con usura y quien no habrá tomado nada allende lo que hubiere prestado. Y Nuestro Señor nos manda, en San Lucas (6-35), prestar sin esperar nada'. Este pecado siempre fue considerado, igualmente por los paganos, como un "crimen muy grave y odioso" y el concilio añade, "es lo que hace decir a Cicerón que prestar con usura o matar a un hombre resulta la misma cosa. En efecto, aquellos que prestan con usura venden dos veces una misma cosa, o, venden lo que no es".

    Habría que conocer muy poco de la historia de las civilizaciones para imaginarse que solo se trata de una pauta moral y no de un principio FUNDAMENTAL de buena organización de la sociedad civil... porque solo hay una sola clave para los Dos Reinos (el de la Tierra y el del Cielo).

    La civilización egipcia duró unos cinco mil años; ignoraba la moneda. Las diversas civilizaciones mesopotámicas se desplomaron las unas después de las otras al cabo de unos siglos, desgarrándose, destruyéndose mutuamente.

    Practicaban no solo el tráfico de lingotes, sino la usura, es decir el "crecimiento del dinero" como lo llama el código de Hammurabi. El interés podía legalmente alcanzar un 25% y podía subir hasta 100% y 140%. La Enciclopedia Británica (artículo Money, edición de 1929) apunta que el hundimiento de Grecia durante el siglo VI e igualmente el hundimiento del Imperio Romano, se debieron de la misma manera a la usura. Así como lo mostró G. Ferrero en Grandeza y Decadencia de Roma, Julio César resultó destrozado por mostrarse incapaz de solucionar "la gigantesca acumulación de intereses inalienables que habían concentrado toda la riqueza en pocas manos, reduciendo los pequeños propietarios a la esclavitud".

    Empiezan ustedes a sospechar por qué Cicerón en sus juicios resulta más severo que los Padres de la Iglesia.

    Precisemos que la palabra usura no se aplica a la tasa utilizada sino a la índole del préstamo. El préstamo de consumo solamente es calificado como usura en los textos canónicos, el préstamo para la producción no es un préstamo, sino un aporte de capital a una empresa cuya actividad trae ganancias (beneficios). ¿Este préstamo para la producción es lícito? Si, dentro de ciertos límites en la tasa de interés, pero no cuando esta última sube hasta el 50% o 60%, y que sin embargo es la tasa real de los préstamos bancarios modernos.

    Para entenderlo, hace falta estudiar la constitución y el desarrollo del Banco de Inglaterra, prototipo del sistema bancario moderno, nacido en un país protestante donde la usura había sido autorizada por la reina Isabel.


    En 1694, Guillermo de Orange, llegando a ser Guillermo III de Inglaterra, no tenía ya dinero para pagar su ejército. Este rey, holandés, cuyos éxitos habían sido financiados por los banqueros protestantes de su país, va a ser atrapado, lo cabal de las cosas, en el engranaje de los usureros anglo-holandeses. Un grupo (guilda) de usureros, dirigido por William Paterson, le propuso la combinación siguiente:

    a) El grupo privado anticipará al gobierno un préstamo en oro de 1,200,000 libras con tasa de 6%, capital e interés estando garantizados por el Estado y pagados en oro; b) como recompensa, el grupo privado tiene el derecho de llamarse Banco de Inglaterra;

    c) y como el grupo se despojaba así de todo su capital para pagar el préstamo, exigía a cambio (si ya recibirían intereses, ¿a cambio de qué otra cosa esa exigencia?) el derecho de emitir y de negociar pagarés hasta la suma de las 1,200,000 libras prestadas en oro al Estado.

    Hasta entonces, solo el Estado tenía el derecho de regalía para acuñar la moneda, es él quien hubiera podido y debido emitir tales billetes teniendo como prenda el oro que había tomado prestado. El grupo abusando de su título Banco de Inglaterra, hizo imprimir billetes considerados como válidos en Londres, y luego en todo el país, bajo la fianza moral del rey y la fianza material del préstamo de oro. Todo resultaba genial, el público tenía confianza en papeles que el Banco - no teniendo ya capital- era incapaz de reembolsar. Así nació el crédito moderno con dinero de papel, verdadera falsificación del Credo.

    Mediante este abuso de confianza sobre el pueblo inglés, duplicado por alta traición respecto al rey, dice Thomas Robertson (1), el clan de los usureros duplicaba, con una plumada, su fortuna. Esta lograba aún más que duplicarse ya que el clan cobraba no solo el interés de su préstamo en oro, sino además el interés cobrado por sus billetes de papel que se puso a prestar - el 6% del capital inicial tornado en 12%, y al cabo de ocho años, duplicaba de nuevo (2).

    Así, el Banco había creado una deuda doble, una del gobierno - el cual, después de todo, embolsaba el oro - la otra, del pueblo inglés. El endeudamiento simultáneo del gobierno y del pueblo crecerá sin parar, el gobierno, obviamente, haciendo todo recaer sobre el pueblo con el sistema de impuestos. Aquí está el origen de la Deuda nacional inglesa, inexistente antes de Guillermo III, y que totalizaba, en 1948, 24 mil millones de libras. El mecanismo consta de tres grados: usura, deuda, impuestos (60% de estos asignados a pagar los intereses de la deuda).

    Guillermo III siguió tomando prestado del Banco hasta la suma de 16 millones de libras-oro. Y este último emitió el mismo monto en billetes. Aún más, como los billetes circulaban como si fueran oro, igualmente en el extranjero, en adelante el Banco entregó desde entonces papel al gobierno... fiado por él y no ya por el oro. La jugada era completa. Es evidente que en aquel momento, el gobierno hubiera podido retomar su derecho de regalía y decidir imprimir él mismo los billetes; así nunca habría tenido que pagar intereses ni deuda nacional creciendo como bola de nieve.

    Al inicio, el banco solo emitió billetes hasta la suma del oro prestado, y conservó una reserva-oro prevista para cubrir las demandas de reembolso. Poco a poco, se dio cuenta que la gente prefería el manejo de los billetes más livianos que el oro y que se podía emitir billetes contentándose con conservar una reserva de 10%.

    Atraídos por una operación tan fructuosa, los bancos se multiplicaron como hongos. Entre 1694 y 1830, hubo en las Islas Británicas 684 bancos privados, emitiendo cada uno un crecido número de sus propios billetes.

    Fuera de toda consideración moral, el préstamo para la producción basta para desequilibrar toda economía que no es puramente agropecuaria o pastoral, es decir, la única economía donde las "creces (crías) biológicas", don de Dios, siempre renovadas, pueden dejar atrás las "creces del dinero" cuando la tasa es baja. La industria, por su parte, no hace sino transformar, y por la extracción, agotar.

    Antes que todo, es la inflación. Hay diez veces más signos monetarios legales en 1836 que en 1694. Ahora bien, esta moneda-papel no solo resulta prestada sino gastada directamente por los bancos, que así juegan el papel de mercaderes. Los bancos pueden así manejar su negocio con solo 10% de capital real, mientras que los industriales que quieren iniciar una fábrica o constituir un almacén, o stock, toman prestado a los bancos, con tasa del 6%, billetes que representan casi nada e hipotecan sus medios reales de producción a cambio de 'viento' o nada. Esto explica las pocas quiebras de bancos y la vampirización de las industrias y del comercio por los "negocios bancarios".

    No obstante, en 1836, el gobierno británico tuvo conciencia del peligro. Después de una investigación secreta, el canciller Robert Peel tomó la iniciativa del Bank Charter Act de 1844. Aquella ley retiró a unos 600 bancos privados el derecho a emitir billetes y reconociendo solo al Banco de Inglaterra, obligado por esta vez a tener una cobertura en oro del 100% - lo que duró hasta 1914... Hoy día la cobertura resulta solamente simbólica.

    ¡Pobre gobierno! Los 600 banqueros se reunieron formando un nuevo grupo, el Joint Stock Banks y reemplazaron la emisión de billetes prohibidos con la emisión de cheques facilitando las entregas bancarias, es decir la apertura de crédito en cuentas corrientes. Solo se trataba de una emisión disfrazada de billetes, cuanto más peligrosa ya que iba a ser, como moneda legal, el principal factor hinchando la producción de los grandes tomadores de préstamos y no facilitando el consumo de los pequeños. Era una nueva chispa genial. Esta vez no es el rey quien garantizará la emisión, son los depositantes, como consecuencia de una confusión mantenida con habilidad. El secreto de la omnipotencia bancaria en el mundo entero, precisa Robertson, radica en el hecho que sigue: "Hoy día, cuando alguien deposita 1,000 libras de dinero constante en el banco, este último no presta aquellas 1,000 libras a otro cliente, sino las conserva en reserva y presta como anticipo bancario, o con un cheque, 9,000 libras, es decir nueve veces el monto del depósito que recibió". El primer cliente constituye solo un reserva de 10%... mientras que el bueno del público cree que cualquier banco solo es el intermediario que anticipa el dinero puesto en sus bóvedas, esto es 1,000 libras por 1,000 libras. Por otra parte es lo que todos los tratados ortodoxos declaran y que estaba oficialmente inscrito en la Enciclopedia Británica hasta 1910; p ero en la edición de 1929, se lee que "los bancos prestan creando crédito, crean sus medios de pago ex-nihilo (a partir de la nada)" precisa M. R. Hawtrey, secretario suplente del erario público (3).

    En general el que toma prestado ha depositado garantías. Si no puede reembolsar su préstamo, el banco embarga sus garantías haciendo ahí una ganancia absoluta, mientras quien tomó prestado se declara en quiebra. Si reembolsa, el banco cobra 6% de 9,000 libras, esto es 54% de las 1,000 libras de dinero constante que habían sido depositadas previamente. Ganancia magnífica por haber efectuado un mero juego de escritura. La operación queda anulada, el importe inscrito es llevado a la columna Haber, que anula el importe llevado como salida en la columna Debe. ¡Las 9,000 libras se disuelven en el viento, o la nada, de donde habían salido!...

    He allí el poder casi mágico de los bancos. No solo crean y destruyen moneda sino negocios. Provocan expansiones formidables, "booms", crisis artificiales, períodos de superactividad o de paro, según que - como una coqueta - otorgan, o no, sus favores, es decir créditos de cuenta corriente. Son dueños del "ciclo del comercio". Su poder es invencible, cualquiera que sea el partido que triunfe temporalmente. Concentran poco a poco todo en sus manos, sobre la ruina de las naciones.

    En 1919, cuando Vincent C. Vickers, - gobernador del Banco de Inglaterra desde 1910 - se dio cuenta de esa destrucción irreparable, él dimitió y comenzó a denunciar este engranaje implacable (4). Resultó de esto el Official Government Report on Finance and Industry, conocido como el MacMillan Report (5) y luego el Canadian Government Report of the Committee on Banking and Commerce, de 1939 (6) que confirmaron todos esos hechos y revelaron que la palabra: 'depósito bancario' es una estafa verbal, hace creer en un activo cuando representa al contrario un pasivo, una deuda de los que toman prestado. Hace falta substituirla con la expresión "crédito financiero", o mejor: "dinero negativo".

    Con ese sistema un banco puede comprar todo, hacer pasar todo a sus manos, ya que puede duplicar en dos años no solo su capital real sino el dinero que se le deposita. Realiza el ideal del sistema de concentración, no necesita ya trasladar hombres, ni juntar máquinas, unas plumadas bastan. Es la reina de las máquinas de papel (hoy en día, con computadoras)

    - NO HAY CONCENTRACION SIN DESTRUCCION -

    El mecanismo moderno del Crédito orientado a la producción conducirá al mismo hundimiento que la mera usura de la antigüedad orientada al consumo, pues no tiene autorregulación por parte de los signos monetarios legales, es decir el dinero acumulado o atesorado del ahorro.

    Cuando consumidores invierten su ahorro, en primer lugar la tasa de interés real queda limitada, inferior a 10%, pero sobre todo la industria que toma prestado solo se desarrolla en función de dicho ahorro, de ese excedente que no ha sido gastado en consumo. Salvo que fabrique objetos superfluos, dicha industria no corre el riesgo de producir demasiado, es decir producir allende las posibilidades de compra de los consumidores. Mientras que en el caso de la financiación mediante los bancos, los cuales emiten una moneda escrituraria anticipada, basada en la hipótesis de la venta de los objetos producidos, las explotaciones y la producción se hinchan con una velocidad que deja atrás los poderes de compra reales que, en adelante, quedan abandonados e ignorados.

    Resulta una histeria de la producción que plantea la alternativa: desempleo o guerra para la destrucción de los bienes que inundan el mercado

    Así pues, hay dos financiaciones posibles de índole totalmente opuesta: una que proviene del ahorro, es un dinero de suplemento y la otra proyectada por anticipación.. En el primer caso, la autorregulación debe provenir de la oferta de los capitales ya existentes, en el segundo, del pedido de necesidades primarias las más ciertas.

    Así la financiación bancaria - expuesta a la luz pública - es muy indicada para la construcción y el equipamiento inmobiliario en beneficio del conjunto del país. Allí donde no se temen los excesos de producción (sobreproducción), es verdaderamente la demanda quien determina la emisión. Son las necesidades de alojamiento, carreteras, puentes, hospitales, escuelas, bosques, que esta vez, se tornan en reguladores de la moneda escrituraria anticipada, tan peligrosa en sus anticipos. Notar bien que en este caso, solo las oficinas regionales - y no un banco de crédito centralizado (7) - permitirían tener la confianza del público de la región y el control efectivo de las necesidades inmediatas. Notar que se trata de un préstamo de consumo y no de producción, no puede ser cuestión de intereses. La Región o la Provincia no pueden ser usureras. El mecanismo bancario, como mecanismo, es utilizado sin compromiso con la usura, posee su autorregulación orgánica: el conocimiento de la comunidad en sus necesidades específicas. Es el único caso donde: colocando el Bien en la salida lo cosecharemos en la llegada.

    Cuando se añaden las fechorías del préstamo con interés y tasas escandalosas, de la moneda escrituraria, no frenada por las necesidades, y de la histeria de la producción, se desciende rápida y desenfrenadamente hacia una destrucción obligatoria.

    La ruina proviene, por una parte, de la Deuda nacional y sus intereses trasladados a cargo del pueblo mediante el impuesto que no resulta "justo", sin implicar la prestación de ningún servicio. También se plantea la pregunta: ¿Hace falta devolver a César lo que pertenece a Mamón (*)?

    La ruina es aún mayor por la inflación que deprecia los bienes del trabajo de tal manera que en Julio 1945, los bancos reunidos de las Islas Británicas tenían en sus cajas 600 millones de libras y habían aceptado en reconocimientos de deudas, préstamos, anticipos, inversiones más o menos 5,400 millones de libras, o sea nueve veces más. Esos 5,400 millones sin tener ninguna existencia legal han sido creados por los bancos a partir de la nada, desde 1844 con tasa de 1 millón por semana (8).

    El sistema resulta exactamente satánico. El hombre no puede crear a partir de la nada (ex-nihilo). El dinero-negativo o deuda creada puede, y debe, ser destruido con un juego de cuentas en el Gran Libro: la columna Haber equilibrando la columna Debe. Pero subsiste el interés por pagar, y que no podrá efectuarse sino con una nueva creación ex-nihilo (a partir de la nada) y así sucesivamente... Se produce una bola de nieve de deudas, una marea de dinero-negativo, de la nada, que aumenta sin parar y acarrea la destrucción obligatoria de bienes reales.

    El caos económico que lleva a cada país hacia el dilema: revolución o guerra, radica en un desconocimiento de verdades elementales, tanto de los marxistas como de los economistas liberales. En efecto, Marx no sospechó de ningún modo el mecanismo del dinero-negativo y concentró sus ataques contra la ganancia y la propiedad. Estos últimos siempre han sido amparados - en límites justos - por la Iglesia, madre de los pobres; la cordura recomendaba buscar otra explicación.

    Hela aquí. Para que no haya coexistencia de sobre producción con sub-consumo, hace falta que el ingreso nacional pueda comprar la producción nacional, esto es, que sea igual (9) - la válvula de las exportaciones estando cada vez más reducida en un mundo que se unifica. (10)

    Ahora bien, cualquier precio incluye dos partes: una, de trabajo, otra, de capital. Una, (A), de sueldos o salarios (directos o indirectos pero entregados a personas para su consumo), otra, (B), de remuneración de capitales involucrados en la producción y la venta del objeto comprado, que son capitales de dinero negativo en la mayor parte - la moneda legal apenas representa el 5% de las transacciones (confesó M. C. Towers gobernador del Banco de Canadá durante la investigación precitada, en aquella época Canadá estaba bajo control hacendista de Gran Bretaña). Tal resulta el teorema (A+B) descubierto en 1918 por el Mayor Douglas y acerca del cual M. de Valera (Primer ministro de Irlanda) declaró en 1942: "A pesar de mis demandas reiteradas, ningún economista pudo demostrarme la falsedad de este teorema".
    Esto es, cuando los productores cobran un total (A), no pueden, de ninguna manera, comprar un total (A + B); el ingreso nacional queda SIEMPRE inferior a la producción nacional. Habrá SIEMPRE demasía en la producción (surplus) y los consumidores estarán SIEMPRE en estado de sub-consumo. He aquí el origen del fenómeno superabundancia-miseria que parece no poder ser reducido por ninguna manera de dirigir.

    Es necesario subrayar que tanto más la estructura productiva está concentrada, tanto más las inversiones en máquinas enormes son gigantescas, cuanto más (B) crece en detrimento de (A) en la ecuación, es cuánto menos los sueldos pueden comprar dicha producción, o, más aumenta la miseria, lo que se verifica desde hace un siglo, cualquiera que sea el aumento continuo de los sueldos.

    El remedio financiero - radica por una parte en el micro-maquinismo y la descentralización, disminuyendo (B). Y por otra parte, con el retorno al Estado de su derecho de regalía para acuñar moneda (y hoy emitir dinero), en fin, en la utilización del crédito público recuperado, sin intereses, por la construcción de servicios públicos nacionales, regionales o locales (carreteras, hospitales, escuelas, bosques) donde la parte de sueldos personales resulte máxima y que están afuera del circuito Producción, en el cual solo tiene que desempeñarse la moneda legal (11)


    Hace falta señalar que cualquiera que sea la Distribución: estructura de comercio y reparto de bienes entre los ciudadanos, eso funciona solo dentro de (A). En (A), se puede hallar injusticias, ganancias escandalosas o derroche debido a series de intermediarios, pero los Sueldos e ingresos totales más o menos bien repartidos, deben primero permitir la compra de la producción total.

    El sistema bancario actual, dicho de otra manera, la usura con dinero negativo, no puede crear nada de positivo, es exactamente lo opuesto. Prospera en tiempo de guerra, se dilata, lleva prosperidad material a los obreros militarizados en las fábricas, a los abastecedores del Estado y a los fabricantes de armamentos, mientras que lo mejor de la nación, en lo social, en el pueblo, resulta matado o mutilado. Languidece en tiempo de paz, se estrecha, acorta el poder de compra, resultan quiebras, bancarrotas, paro y todas las miserias imaginables. ¿Por qué esa paradoja?

    Siempre hay bastante poder de compra para las metas de guerra PORQUE los bienes creados son destruidos. Así la reducción del consumo puede ser impuesta en "nombre del patriotismo", mientras que la sobreproducción resulta liquidada.

    No se trata de poner en picota a los banqueros actualmente inconscientes sino de considerar los hechos. Los hechos son los siguientes, son enceguecedores: la usura de dinero-negativo provee siempre bastante dinero para la guerra, la muerte y la destrucción y nunca bastante para la paz, la vida y la construcción. Cuánto más temible resulta la guerra, más devastadora, más poderes de compra resultan creados, más el se hincha el raudal de dinero con las ganancias de los usureros. Pero esta hinchazón no puede tener lugar con bienes que embarazarían (abultarían, congestionarían) el mercado, ya que los sueldos resultan siempre insuficientes para comprarlos y no puede tener lugar más que en un solo caso, el de la destrucción deliberada de los stocks o depósitos. El sistema funciona solo con "efficiency" si se destruyen bienes reales (12). Desemboca implacablemente hacia la guerra. ******** (*) MAMMON, PRINCIPE DE LA CODICIA. "Profundo en cada corazón de los hombres yace el amor por el dinero". En los tiempos antes de la caída, Mammon era un Serafín al servicio de Marc. Pero su corazón se llenó con el deseo del dinero y se unió a Lucifer en la rebelión contra Dios. Cuando la guerra en el Cielo terminó, Los pecados de Mammon eran peores que cualquiera de los caídos. El Príncipe de la Codicia, un Balseraph, es uno ! de los más poderosos Príncipes Infernales. Pero posee pocos enemigos debido a que sus favores pueden ser comprados por un precio justo. Gran cantidad de Príncipes tienen deudas con Mammon y el no esperará unos pocos milenios para cobrar dichas deudas. (1) En Human Ecology, (Maclellan ed. 240 Hope Street. Glasgow) admirablemente documentado (pero cuyo remedio no aceptamos: G. B.). (2) Saber duplicar el interés es parte de la ciencia bancaria... Así es en la venta a crédito mensual con el 8%, lo que, de verdad, es 16%, que se intenta generalizar en Europa (en 1950). (3) Precisó M. R. Hawtrey, secretario auxiliar del Tesoro. (4) Economic Tribulations (Badley Heat, 1941). (5) Publicado por H. M. Stationary Office (Londres, 1931). (6) Publicado por Hing's Printer (Ottawa, 1939). (7) Cuyas fechorías son denunciadas por Robertson y el tomista irlandés R. P. Denis Fahey en Money manipulations and Social Order (Growne and Nolan, Dublin). (8) Tal es el monto del impuesto secreto percibido sobre toda la comunidad del espacio financiero británico, que lo paga no con el viento sino con su trabajo y sus propios bienes reales. Además, esta cifra de 5,400 millones no implica todas las adquisiciones e inversiones en negocios nacionales e internacionales que suben, al menos, hasta otros 5,000 millones. (9) Molotov (que fue por largo tiempo ministro de los asuntos extranjeros de la URSS) declaró en 1945 que la sola cosa que temía era que esta igualdad esté realizada en Occidente... (10) La búsqueda de los grandes espacios financieros, los acuerdos financieros entre varias naciones, no tienen en el fondo (tal vez inconscientemente) otro objetivo que el de encontrar... en otras partes el dinero que no se puede encontrar en casa; pero el teorema queda valedero inexorablemente para el espacio considerado. (11) El abismo que aumenta sin parar entre el "progreso" material y el progreso moral, proviene del hecho que la producción material no es ya orgánica. No es más financiada por el crecer natural, por las propias reservas de las industrias, sino por la anticipación, por deudas de dinero negativo. Se abulta con una velocidad que rebasa cualquier maduración posible de los individuos. Esto es fundamental para comprender la histeria de la producción. (12) Las quiebras de las industrias son aceptadas con complacencia por los bancos, son una de las válvulas de seguridad que impiden que la caldera estalle. En cambio, los bonos "Serra" emitidos sin interés en Kenya en 1921, o los "billetes cooperativos" sin interés, J.A.K., en Dinamarca en 1931, fueron bloqueados por los bancos nacionales porque los profesores de economía demostraron (!!) "que era una desventaja grande para todo el mundo (!!) tomar prestado sin interés". ¿Qué piensan de ellos los que pagan dos veces (o más) por su casa? *Autor: Jean-Gaston BARDET (1907-1989), arquitecto y urbanista francés.
    - Texto tomado del libro "Demain, C'est l'An 2000!", "¡Mañana Es el Año 2000!" - (Ediciones Jacques Petit, Angers, Francia, 1950), la mayor parte escrita en Argentina en 1949-1950, publicado en 1950 y republicado por cuarta ocasiónes hasta 1958 - Trabajó en varias partes del mundo, África del Este, Oceano Índico, Estados Unidos y sobre todo en América Latina. En particular estuvo varias veces y por largo tiempo en México, en la Universidad de Monterrey, donde su enseñanza queda vigente en su departamento de arquitectura y urbanismo. - Más de medio siglo después de su publicación, "Demain, C'est l'An 2000!" se revela ¡PROFÉTICO! porque lo esencial de los más grandes y agudos problemas que aplastan a la humanidad en el principio del siglo XXI están aquí expuestos y documentados con RARA CLARIDAD. Lo ESENCIAL socio-económico está apuntado aquí abajo.
    Renaud Laillier, (Trinitaria) Toulon, Francia. Tradujo del francés al español.

  10. #30
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Crédito Social: Entonces y Ahora




    Por William Waite


    El Crédito Social es la creación del Mayor C. H. Douglas. Durante la Primera Guerra Mundial, se le solicitó para que arreglara algunos problemas en una fábrica de aeronaves en Farnborough, y se topó con una discrepancia en sus libros contables. La fábrica generaba costes a un ritmo mucho mayor que aquél en que hacía disponibles ingresos para la gente. Reflexionando sobre este hecho singular, Douglas investigó una centena o así de compañías británicas para descubrir que ese desequilibrio resultaba ser una característica general de la industria moderna. Sueldos, salarios y dividendos pagados a la gente por una fábrica, o por otra empresa productiva, constituían casi siempre solamente una porción de los precios totales de los bienes hechos disponibles por la misma fábrica. Esto le dejó perplejo ya que garantizaba, en consecuencia, una cantidad de bienes que no podrían venderse y, entonces, ¿qué razón había para gastar energías en hacer algo que no podría, por razones financieras, ser consumido?

    No es algo generalmente sabido que la asunción que sustenta a la economía consiste en que la industria sirva satisfactoriamente a dos funciones. Además de hacer productos para el consumidor, la industria debe también hacer disponible dinero suficiente a través de la distribución de ingresos para satisfacer los precios que ellos han de cargar por sus productos para cubrir los costes. Douglas encontró que había una brecha entre los precios generados por la industria y los ingresos (poder adquisitivo) distribuidos para pagar esos precios en el lugar de mercado. Ir a https://prezi.com/prapi3awqqej/the-ab-theorem-explained para una autodidacta explicación de esta brecha.

    El remedio era bastante simple. Douglas propuso que a la gente se le diera suficiente dinero, en forma de crédito libre de deuda, el cual cubriría la brecha entre precios e ingresos, permitiendo a los consumidores consumir en su totalidad aquello que fuera producido. Este crédito no se añadiría a los precios como coste en el sistema de producción, por lo que vendría a ser efectivo en su propósito de restaurar el equilibrio en la economía cubriendo la brecha precio/ingreso.

    Douglas había expuesto, pues, el fallo fundamental que torcía el llano funcionamiento de las economías industriales. Pensando que él sólo tenía, pues, que presentar su descubrimiento y solución a los poderes pertinentes, se puso en marcha con la razón en la mano (o en la cabeza). Muy inesperadamente, se encontró con todo tipo de oposición que, o bien pretendía no entender el problema, o bien lo admitía abiertamente pero no le gustaba el objeto de las propuestas, con independencia de su carácter saludable. Para Douglas, el ingeniero, el propósito de la economía era la provisión de bienes y servicios con el mínimo de esfuerzo. Para el poder, la economía era, y todavía es, el más efectivo sistema de gobierno. A través del método de creación de dinero como préstamo de crédito por los bancos, y de una omnipresente política de pleno empleo, la gente estaba siendo innecesariamente forzada a hacer cosas que ellos no querrían hacer, y que no eran de ningún provecho para nadie. Estaba muy claro que el sistema financiero, en concierto con los sistemas político e industrial, estaban siendo utilizados como medios de control, y aquéllos que disfrutaban del poder de estas estructuras, –y no, dicho sea de paso, aquéllos con influencia para cambiarlas–, no les gustaba mucho ninguna idea de restructuración. Douglas vio esto como un poder ilegítimo y, a partir de su filosofía de la libertad personal y la responsabilidad, ideó una política alternativa en línea con la realidad y que desmantelaría el status quo.

    Tales fueron los puntos esenciales a partir de los cuales creció el movimiento del Crédito Social. Su enfoque se centraba en la educación de la gente acerca de cómo realmente funcionaban la finanza y la economía, para así contrarrestar la confusión contenida en la teoría económica, tanto entonces como ahora. “Aquello que no se entiende inmediatamente es tomado como si fuera algo profundo”, constituía el principio operativo para mantener al público en actitud reverencial. Teniendo al rebaño desconcertado, los financieros quedarían libres para continuar con el show. La esperanza estaba en levantar esta niebla y, una vez que hubiera suficiente gente que entendiera el problema, se pudiera ejercer presión en el sistema político para efectuar el cambio. Esa esperanza continua viva y con buena salud hoy en día.

    No es de extrañar que surgiera una significativa oposición de parte del lado de los banqueros. No les gustaba la idea de dar dinero a gente que haría trizas el duramente ganado control del crédito del que disfrutaban. Su poder descansaba en el mantenimiento de su posición en la creación de dinero contrayendo deudas, que les permitía recolectar todo dólar que circulara a través de la economía. Ser el guardián de la oferta monetaria de una nación constituye un privilegio lucrativo, y ellos pretendían extenderlo y mantenerlo.

    Más sorprendentemente, los socialistas también vadearon en contra de la posición del Crédito Social. Como todo buen socialista sabe, la primera afirmación de la política socialista es la centralización del control sobre los medios de producción y sobre la distribución de la producción, incluyendo su oferta monetaria. La perspectiva del Crédito Social tomaba, por el contrario, la visión opuesta. El Crédito Social buscaba distribuir dinero directamente a los consumidores, transformando efectivamente la finanza en un sofisticado sistema de votación que daría el control de la producción a la gente: la democracia económica. ¿Cuál sería –pregunta el creditista social– la ventaja de tomar el poder sobre la creación del crédito de manos de los banqueros y, a continuación, hacer su posición todavía más inexpugnable al trasladar ese poder a manos de una banda de burócratas probablemente menos competentes?

    No es necesario decir que los financieros y la izquierda descubrieron que tenían cierto interés mutuo cuando del Crédito Social se trataba.

    Podría ser cierto que el mayor de los obstáculos para el progreso real consiste en la dificultad de superar posiciones atrincheradas. Esto ciertamente se aplica al caso del Crédito Social. Durante la Gran Depresión, el movimiento, con Douglas a su cabeza, atrajo un sustancial seguimiento. El diagnóstico del Crédito Social tocó la fibra de la gente ordinaria ya que estaba muy claro que las limitaciones en la prosperidad material no residía en una incapacidad para producir (el mito de la escasez), sino en una falta de dinero para poner en funcionamiento a los, en aquel entonces, hombres y maquinaria parados. Pero entonces la guerra (fase 2) vino, deliberadamente, por supuesto, y, como ocurre en las guerras, entraron en línea abundancia de dinero y de trabajo, y los buenos tiempos rodaron de nuevo en general (es decir, a menos que se liquiden sangre y médula en el rápido final de la maquinaria de guerra industrial).

    A continuación de la guerra, el sistema industrial se mantuvo funcionando enérgicamente. Los procesos industriales perfeccionados en hacer aviones y bombas, fueron dirigidos a producir frigoríficos, lavadoras, coches, etc., que no duraban tanto como podrían haberlo hecho. América, domésticamente inalterada, fue la punta de lanza de este frenesí consumidor, redirigiendo la propaganda de estilo bélico hacia su propio pueblo para convencerlos de las virtudes morales del consumo (realmente, fue después de la Primera Guerra Mundial cuando se cayó en la cuenta de la eficacia de las “relaciones públicas” como medio para controlar poblaciones). Fueron extraordinariamente exitosos tanto en casa como en el extranjero. La mentalidad materialista, inflamada por sociólogos y psicólogos corporativos, pagados para ahondar dentro de nuestras motivaciones subconscientes, se desarrolló en la América de posguerra, y los Valiums y Cadillacs se convirtieron en los emblemas del Nuevo Mundo Feliz. Con abundancia de dinero-deuda alrededor y el nuevo ímpetu dado a la religión del trabajo y la adquisición de radiantes cosas nuevas, las causas de la depresión identificadas por Douglas fueron olvidadas por la mayoría, y quedaron sin resolver.

    En cierto sentido, la guerra nunca terminó. Aquella necesidad de una destrucción organizada, a la que llamamos guerra, para poder consumir completamente el producto excedente de “todos los hombres trabajando en todas las máquinas”, permaneció, de tal forma que muchas de las naciones del mundo se han movido, desde entonces, entre el pie de guerra y la guerra misma, hacia atrás y hacia delante. Los monopolistas llevan a cabo sus planes de centralización rápidamente a través de la finanza de dinero-deuda, las corporaciones multinacionales y los abogados y políticos que trabajan para ellos. No existen muchas fronteras soberanas que permanezcan impenetrables a las incursiones de la “inversión” globalmente orientada, y a la influencia ejercida por estas entidades extranacionales. A su vez, los intereses de los internacionalistas son seguidos, en su mayor parte entre bastidores, por organizaciones tales como el Banco Mundial, la OMC, el FMI, el BPI, la ONU y la Comisión Trilateral, empleando instrumentos como el de precipitar acuerdos comerciales diseñados para disminuir la influencia del electorado en beneficio de los operadores internacionales. El Acuerdo TPP actualmente en negociación constituye el último y más significativo ejemplo. Una gigantesca transferencia de riqueza está teniendo lugar al mismo tiempo que hablamos, así como los derechos de la tierra y de los recursos invocados por los pueblos locales son entregados a aquéllos que tienen acceso financiero por alegres políticos con agendas personales. Abrumadoramente, es el falso argumento financiero que cuenta con la ignorancia de una población engañada para disolver las protecciones nacionales, abriendo los recursos y los mercados a un control irresponsable, remoto. Nosotros el pueblo necesitamos darnos cuenta de que no tenemos tiempo que perder persiguiendo pseudo-soluciones. Es tiempo de educarse y ponerse activo.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  11. #31
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    La Política como Ventas




    Por William Waite



    Las primeras líneas con las que comienza el libro de Douglas The Monopoly of Credit, publicado por primera vez en 1931, dicen:

    “No puede haber escapado a la observación de cualquiera que esté interesado en el bienestar y el progreso ordenado de la sociedad el hecho de que –más especialmente en los años que han transcurrido entre el final de la Guerra Europea y la actualidad– el centro de gravedad de los asuntos mundiales se ha desplazado desde los Parlamentos y las Embajadas hacia los Salones de los Bancos y a las Salas de Juntas. Es probable que este desplazamiento sea más aparente que real; que, de hecho, los Parlamentos y Embajadas no han sido durante mucho tiempo más que los vendedores de las políticas previamente fabricadas en otros sitios.” [1]

    La mayoría de la gente que está comprometida con la idea de que Australia es una democracia retrocederá ante afirmaciones como ésas. Dado el sólo dominio de conocimientos verbales que poseen los hombres y mujeres en política, no resulta difícil imaginarse al político como un vendedor. Sin embargo, para comprobar la afirmación de Douglas de que la política constituye una técnica de ventas en favor de políticas fabricadas en otros sitios, nos fijaremos en un caso particular, si bien no insignificante: el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico.

    Las negociaciones de la TTP comenzaron en 2005 con la intención de liberalizar las estructuras comerciales entre los ahora 12 países negociantes. En caso de que concluyeran satisfactoriamente, el Acuerdo TTP se convertiría en el acuerdo de mayor alcance de este tipo jamás logrado, comprendiendo a 800 millones de personas y más del 40 % del P.I.B. mundial, incluyendo las economías de los Estados Unidos, Canadá, Japón y Australia.

    El empuje neoliberal de libre comercio ha ido en contra del trigo popular durante más de 20 años. En 1991, cuando el gobierno australiano estaba negociando los acuerdos de la Ronda Uruguay para la liberalización del comercio, una encuesta reflejaba que el 71 % de los australianos querían protección para los bienes locales. [2] Uno bien podría imaginar que este porcentaje sería mayor en la actualidad tras los cierres de fábricas, la fuga de capitales de los negocios australianos y la presión a la baja en los sueldos, ya que nos vemos forzados –a raíz de las protecciones rápidamente disueltas– a competir en precios con naciones que están muy a gustas en mantener a sus poblaciones en, o por debajo del umbral de la pobreza.

    Es interesante observar cómo la agenda internacional trasciende a la división de partidos: una bien segura indicación de la influencia procedente de salas de juntas y salones de bancos. En 2013, Rudd consideraba que el alcance de la TPP no era lo suficientemente amplio, abogando por dejar la puerta abierta a China para su unión a la TPP en el futuro. De acuerdo con Gillard, al ser preguntado sobre los beneficios de la TPP para Australia, decía que “un comercio más libre con nuestra creciente región supondrá puestos de trabajo australianos” –parece ser que los puestos de trabajo patrioteros pasan toda prueba o análisis de personas razonables: trabajo para todos, para siempre. Por suerte para la TPP en Australia, el liberal y sucesor en el puesto de Primer Ministro Abbot, con igual confianza fue citado en el Sidney Morning Herald, Nov. 2014, diciendo que “siempre existen tiras y aflojas en estas negociaciones, pero al final… todo el mundo queda en mejor situación”. Yendo más allá de las banales declaraciones de los políticos (o vendedores), preocupantes signos han venido a la luz en lo concerniente al contenido y desarrollo de la TPP.

    Una de las críticas del proceso de negociación de la TPP ha sido el secretismo bajo el cual se ha desarrollado. Ni la prensa ni el gobierno (fuera de las negociaciones, han sido muy pocos) han tenido acceso a los detalles del acuerdo en desarrollo. Fueron estas condiciones las que movieron al Senador Ron Wyden en 2012 a patrocinar un proyecto de ley que permitiría al Congreso de los EE.UU. acceder a los documentos de la TPP. El resumen se proporciona a continuación:

    “Supervisión del Congreso sobre el Acta de Negociaciones de Comercio – Manda al Representante de Comercio de los Estados Unidos (USTR) a que proporcione acceso a los documentos, incluyendo materiales clasificados, referentes a las negociaciones para el acuerdo comercial en las que los Estados Unidos actúan como parte, así como de las políticas promovidas por el USTR, a cualquier Miembro del Congreso que solicite tales documentos, así como al staff del Miembro con las oportunas autorizaciones de seguridad.” [3]

    Esto demuestra que no sólo las políticas no se originan a través de nuestros representantes electos como reflejo de la voluntad del pueblo, sino que también a los propios representantes electos se les prohíbe leerlas a medida que se van elaborando. Más aún, a los representantes de las grandes corporaciones se les da acceso exclusivo a los documentos de la TPP. Wyden dijo al Congreso, en Marzo de 2012:

    “A la mayoría del Congreso se le está manteniendo en la oscuridad en relación a la naturaleza de las negociaciones TPP, mientras que los representantes de las grandes corporaciones –como Halliburton, Chevron, Comcast y la Motion Picture Association of America– están siendo consultados y puestos al tanto de los detalles del acuerdo.”

    El fundador de Wikileaks Julian Assange, cuya organización filtró el Capítulo de Derechos de Propiedad Intelectual de la TPP en 2013 así como su versión actualizada en 2014, se refiere a ese privilegio de las corporaciones y a una posible razón para el secretismo, “El selectivo secretismo que rodea las negociaciones de la TPP, en el cual se ha dejado entrar a unas pocas multimillonarias megacorporaciones pero en el que se ha excluido a todos los demás, revela un fuerte temor al escrutinio público.” [4]

    MapLight, una organización de investigación que examina el vínculo entre el dinero privado y la política en America, ha revelado pagos de hasta 24 millones de dólares a bien posicionados miembros del Congreso para acceder a los documentos de trabajo de TPP. Estas ventas indican que la gente no sale barata. Miembros del Comité Asesor de Industria y Comercio sobre Derechos de Propiedad Intelectual (ITAC – 15) han vinculado a algunas de las entidades corporativas más grandes de América con los proyectos de la TPP, los cuales aparecen vedados incluso a miembros del Congreso. Corporaciones como AT&T, Johnson and Johnson, General Electric, Verizon, The Pharmaceutical Research and Manufacturers of America y la Recording Industry Association of America entre otras poseen representantes que se sientan en este Comité y asesoran sobre el contenido de la TPP. [5] No resulta sorprendente que la ratificación de la versión filtrada del Capítulo de Derechos de Propiedad Intelectual constituyera un fruto inesperado para estas organizaciones y para los grupos que representan.

    El Departamento de Asuntos Extranjeros y Comercio niega esta colusión en su página web. En su sección de preguntas frecuentes en relación al acceso de las corporaciones ellos dicen que, “El Gobierno no comparte los textos de negociación con corporaciones, ni con ningún otro”. [6] Dado el alcance internacional del acuerdo y los hechos que han salido a la luz en relación a las contribuciones de las corporaciones, ésa es una declaración falsa y engañosa. No resulta tampoco casual que las negociaciones sobre el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico no hayan atraído el escrutinio del público. Una encuesta hecha por el Australia Institute encontró que sólo un 11 % de los encuestados “sabían absolutamente” acerca de la TPP. El Centro para la Investigación sobre Globalización describe la falta de cobertura informativa de los media sobre este proceso como “casi una censura”. El Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio incluso retiró las invitaciones a los periodistas para asistir a una sesión informativa pública en Noviembre de 2013, tras la filtración del Capítulo de Propiedad Intelectual, diciendo que aquélla sería confidencial, por lo que los media ya no tenían derecho a asistir.

    Otra de las principales objeciones al TPPA es la inclusión de cláusulas de Arbitraje de Diferencias Estado-Inversor (ISDS), que permiten a las corporaciones demandar a los gobiernos por la aprobación de legislación que pueda conducir a una pérdida de beneficios. Estas disposiciones han sido introducidas en previos tratados comerciales y han permitido un buen número de polémicas acciones legales contra los gobiernos por el hecho de legislar en interés del público. Phillip Morris actualmente está demandando al gobierno australiano por la reforma del empaquetado genérico de cigarrillos con arreglo a los acuerdos de tipo ISDS incluidos en un tratado comercial firmado con Hong Kong en 2003. Después de que fracasara su acusación en el Tribunal Superior de Justicia, Phillip Morris Asia Limited recurrió al mecanismo de la ISDS diciendo que ellos tenían una reclamación legítima contra el gobierno que podría llegar a miles de millones de dólares. El caso se decidirá por un comité de arbitraje internacional de tres personas en Singapur. La mayoría de los procedimientos se mantienen confidenciales. Otros dos casos de ISDS en Canadá comprenden a la Lone Pine Resources que demanda al Gobierno Canadiense por $ 250 millones de dólares por paralizar prácticas de fracking bajo el Río de San Lorenzo, y a Eli Lilly que demanda al Gobierno Canadiense por $ 500 millones de dólares por negarse a renovar las patentes sobre las drogas Strattera y Zyprexa. Ambos casos caen razonablemente bajo la responsabilidad de gobiernos que legislan en interés del público. El Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio declara en su página web que “el Gobierno Australiano se opone a estampar su firma en acuerdos internacionales que pudieran restringir la capacidad de Australia para poder gobernar en interés del público –incluyendo en áreas tales como sanidad pública, medioambiente o cualquier otra área de la economía.” Resulta difícil ver cómo esa política puede ser compatible con la firma de acuerdos que incluyen cláusulas ISDS.

    En una reciente preocupante novedad en el desarrollo de este proceso, defensores de la TPP en América han presionado en favor de una vía rápida del Acuerdo a través del Congreso. Tal medida evitaría que se hiciera cualquier enmienda a la TPP, como suele ocurrir en circunstancias normales. De nuevo, uno debe maravillarse ante el poder de los partidarios entre bastidores, que son capaces de elevar la TPP por encima del funcionamiento normal del gobierno. En cualquier caso, en Australia, después de que el acuerdo sea firmado por el gobierno, habrá un periodo de “20 días sentados” (veinte días de plazo) de consulta pública para revisar el acuerdo entero antes de entrar en vigor.

    El acuerdo TPP representa la fase más avanzada de aquello contra lo cual Douglas se oponía enérgicamente: control centralizado sobre la gente por una autoridad en general desconocida, distante e inalcanzable. El comunicado informativo de Wikileaks describe el Capítulo de Propiedad Intelectual: “El Capítulo de Propiedad Intelectual de 95 páginas y 30.000 palabras establece disposiciones para instituir un régimen de largo alcance, de legalidad y aplicación de la ley transnacional, modificando o reemplazando las leyes existentes en los estados miembros de la TPP.” [6] Sería difícil encontrar una descripción más concisa de la idea señalada por Douglas acerca de la “exaltación del Estado (o super estado) hasta convertirlo en una autoridad respecto de la cual no cabe apelación ninguna” (el paréntesis es mío). [7] La falta por parte de los medios de comunicación principales como de los políticos a la hora de tratar los asuntos verdaderamente importantes en relación con la TPP sugiere que todos ellos son simplemente instrumentos que ejecutan su papel. “Un objetivo fundamental de cualquier programa de adoctrinamiento bien elaborado consiste en dirigir la atención hacia cualquier otra parte, lejos del poder efectivo, de sus raíces y de los disfraces que adopta.” [9]

    Es esencial que la gente en nuestras llamadas democracias se den cuenta de lo que nuestro gobierno es: vendedores para el poder. Esto no quiere decir que todo político tenga designios malévolos para la instalación de tiranías, sino que el poder del dinero posee tal capacidad de penetración que puede asegurarse la elección de candidatos en números suficientes, con un historial probado de falta de oposición, o de activo promotor de las políticas de la finanza internacional y de las Corporaciones Multinacionales. El público acepta a regañadientes este conjunto de políticas a causa de la escasez crónica de dinero llevada a cabo por un sistema financiero centralizado y disfuncional. Debemos darnos cuenta de que el artificial problema monetario sólo puede solucionarse abordándolo directamente. La esencia del motivo a favor de la liberalización del comercio está en que necesitamos dinero, sin importar el coste para nuestra soberanía, medioambiente y derechos civiles. Cualquier intento de hacer funcionar al sistema contrayendo más deuda, vendiendo más a cambio de dinero procedente de exportaciones, mediante la privatización, y mediante la venta de tierra y activos, únicamente se traduce en una completa pérdida de riqueza real.

    ¿Cuál es la lección aquí? Es de la mayor importancia que el público desvíe su atención del teatro y la distracción de las discusiones políticas que no conducen a ninguna parte, hábilmente arrojadas hacia nosotros como medio para “la explotación de la ´opinión pública´ manipulada por la Prensa perteneciente y controlada desde el vértice del poder” [1]. Es en éste vértice, “los Salones de los Bancos y Salas de Juntas” a donde debemos dirigir nuestra mirada.

    Las palabras finales del primer comunicado informativo que siguen a la filtración del Capítulo de Propiedad Intelectual en 2013 son de Julian Assange:

    “De llegar a instituirse, el régimen de Propiedad Intelectual de la TPP pisotearía sobre los derechos individuales y la libre expresión, así como también pisaría sobre los colectivos intelectuales y creativos. Si tú lees, escribes, publicas, piensas, escuchas, bailas, cantas o inventas; si tu cultivas o consumes comida; si estás enfermo ahora o pudieras estas enfermo algún día, la TPP te tiene en su punto de mira.” [4]

    --------------


    Referencias

    1. Douglas, C. H. (1979). The Monopoly of Credit, 3rd Edition. Bloomfield Publishers, England.

    2. Dunkley, G. (2004). Free Trade: Myth, Reality and Alternatives. Strategic Information Research Development, Kualar Lumpur.

    3. Congress. Gov. 2012. Disponible en: https://www.congress.gov/bill/112th-congress/senate-bill/3225 [24 Febrero 2015]

    4. Secret Trans-Pacific Partnership Agreement (TPP) – IP Chapter. 2013. Disponible en: https://wikileaks.org/tpp/pressrelease.html [24 Febrero 2015]

    5. Major Political Donors Have Access to TPP Documents, Everyone Else? Not so much, 2014. Disponible en: http://maplight.org/content/73378 [24 Febrero 2015]

    6. Department of Foreign Affairs and Trade. 2015. Disponible en: www.dfat.gov.au [28 de Febrero 2015]

    7. Douglas, C. H. (1934). Economic Democracy, 4th Edition. Bloomfield Publishers, England.

    8. Press Release – Updated Secret Trans-Pacific Partnership Agreement (TPP) – IP Chapter (Segunda Publicación. 2014. Disponible en: http://www.wikileaks.org/tpp-ip2/pressrelease/ [24 Febrero 2015]

    9. Chomsky, N. (1992). Deterring Democracy. Random House Australia Ltd, Sydney.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE
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  12. #32
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Una Breve Respuesta a Dick Eastman






    Por M. Oliver Heydorn


    Después de leer la reciente entrada en el blog Abeldanger: http://www.abeldanger.net/2015/03/populist-social-credit-or-north.html, me he quedado preguntándome: ¿por dónde empezar?

    Para que quede constancia, permítaseme dejar en claro que:

    1. Yo no defiendo un “ingreso básico” si tal proposición implica impuestos redistributivos, un incremento en las deudas públicas, o cualquier otro método de financiación convencional. Lo que se necesita es la creación de dinero “libre de deuda” para ayudar a cubrir la brecha entre los ingresos del consumidor y los precios de los bienes de consumo, y su directa distribución a los consumidores para gastarlo de la forma en que ellos consideren oportuno. Esto es la propuesta del Dividendo Nacional que fue originariamente introducida por C. H. Douglas y ha sido defendida por los Creditistas Sociales durante los últimos 80 y pico años.

    2. Efectivamente, asistí al último congreso de la USBIG este pasado Febrero en Nueva York, y mientras estuve allí presenté un trabajo explicando por qué el Dividendo Nacional del Crédito Social no puede calificarse como una garantía de ingreso básico. Todo el propósito de mi presencia allí fue el de introducir a los defensores del USBIG en la perspectiva del Crédito Social. Este trabajo puede leerse en su totalidad aquí: Dividendo Nacional vs. Ingreso Básico: Similitudes y Diferencias.

    Académicos con diferentes perspectivas van todo el tiempo a congresos en donde pueden libremente intercambiar divergentes puntos de vista y criticarse las posiciones el uno al otro… eso es lo que hacen los académicos.

    Las acusaciones sensacionalistas de Eastman acerca de que los Creditistas Sociales de Douglas pudieran estar engañados y de que los “Anglo-Canadienses” han unido sus fuerzas con aquéllos que están defendiendo una convencional Garantía de Ingreso Básico de Norteamérica con el fin de “robar la soberanía económica americana”, son infundadas (él obviamente no había leído mi trabajo) y, lo que es más importante, completamente falsas. Francamente, encuentro ofensiva esa insinuación. Yo defiendo completamente la soberanía económica para cada nación y me opongo por principio a la hegemonía de la finanza internacional. Yo, por ejemplo, me opongo firmemente al Amero, al Euro, o a cualquier tipo de moneda internacional.

    Yo no fui invitado de manera especial a presentar un trabajo en el congreso de la USBIG. Presenté un extracto o resumen y fue aceptado. Si el Sr. Eastman desea presentar sus ideas en el próximo congreso, él es libre de enviar un extracto igualmente.

    3. Resulta instructivo que, aún cuando él admite saber muy poco sobre mí y mis opiniones, el Sr. Eastman procede a afirmar categóricamente que yo estoy buscando conseguir una “Garantía de Ingreso Básico de Norteamérica” y que yo quiero eliminar la soberanía monetaria nacional de América y otras basuras como ésas. Si yo fuera Eastman, me avergonzaría mucho de admitir libremente mi ignorancia en relación a las opiniones de otro, y luego inmediatamente hacer seguir esa admisión después con afirmaciones infundadas y completamente falsas. Esto no deja a la capacidad intelectual del Sr. Eastman, a su integridad intelectual o a sus motivaciones generales bajo una luz positiva.

    4. Me haría feliz discutir de manera más detallada los asuntos más técnicos que el Sr. Eastman pone en su entrada, pero hasta que no muestre mayores pruebas de actuar con buena voluntad y con reverencia hacia la verdad objetiva, aquello parecería ser un ejercicio inútil.



    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE
    Última edición por Martin Ant; 25/09/2015 a las 11:47

  13. #33
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    La cognoscibilidad de la Finanza






    Por William Waite


    La finalidad de las propuestas del Crédito Social en relación con la finanza consiste en hacer que las cifras se adecuen a los hechos. [1] En otras palabras, la subordinación de la finanza a la realidad.

    Se podría esperar en esta era de confusión –en donde la perspectiva y la realidad son tomadas como una misma cosa– que alguien preguntara, “¿qué realidad?”.

    En la actualidad permitimos que el lenguaje de la finanza configure nuestra percepción de la realidad. Bajo el hechizo de esta perspectiva, la falta de dinero convierte en escaso aquello que es abundante, convierte a la gente en recursos, convierte al ocio en desempleo, y hace de la maquinaria ahorradora de trabajo un capataz de esclavos. Transforma los hechos en cifras. El sistema financiero hace del instrumento que nosotros necesitamos para llevar a cabo nuestro negocio un pasivo y una limitación contra esa misma riqueza para cuya representación y distribución fue creado. Es como si fuera un tractor diseñado para quedarse estancado.

    Existe una gran cantidad de cosas que están destinadas a permanecer desconocidas para nosotros. La finanza no es precisamente una de esas cosas. El hombre creó ese sistema en su totalidad. Es una máquina dirigida por gente en búsqueda de unos objetivos. ¿Podemos saber la verdad acerca de cómo funciona una tetera? Por supuesto que podemos. ¿Podemos aislar aquello que está mal en ella cuando deja de funcionar? De nuevo, sí. Y cuando descubrimos el problema, la ajustamos de tal forma que vuelva a hervir el agua, o la tiramos y obtenemos una nueva.

    Es hora ya de que examinemos, como individuos, la maquinaria del sistema financiero. Reflexionar acerca de lo que queremos de ella y cómo podemos conseguir que esta máquina haga las cosas que queremos que haga. No queremos un gobierno que proceda de nuestro sistema económico. No queremos empleo por razón del propio empleo, y no queremos todo este despilfarro y guerra.

    Reproducido con permiso de socialcredit.como.au:

    http://www.socialcredit.com.au/easy-blog/entry/48-the-knowableness-of-finance



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    1. Douglas, C. H. 1922. The Control and Distribution of Production. London: Cecil Palmer.



    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  14. #34
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    El Fallo en el Flujo Circular






    Por Wallace Klinck


    En el mundo moderno el dinero es simplemente contabilidad. Es emitido por los bancos para la producción. Los productores lo distribuyen como poder adquisitivo efectivo en forma de sueldos, salarios y dividendos, los cuales constituyen una parte de los costes y precios de la industria. La industria debe recuperar sus costes a través de las ventas al consumidor, y el dinero entonces se cancela hasta que se vuelva a reemitir para un nuevo ciclo de producción. De esta forma se crea un interminable ciclo de creación y destrucción de dinero. El dinero no es depósito de valor, y viene a ser cada vez más un medio de distribución en lugar de un medio de intercambio.

    Sin embargo, la industria posee muchos otros costes, incluyendo cargas asignadas en relación al capital real (planta, herramientas, etc.), que no son distribuidos como ingreso en el mismo ciclo contable de costes. Esto crea un abismo que se va ampliando entre costes o precios finales e ingresos efectivos del consumidor, creando una deficiencia de ingresos del consumidor que se va haciendo cada vez más grande debido al incremento de las cargas de capital no monetizadas en los precios totales. Esta “brecha” se hace más grande a medida que la economía modernizadora hace más intensivo el capital real a través de un mayor uso de factores de producción no laborales.

    Esta cada vez más amplia deficiencia de poder adquisitivo efectivo es contrarrestada hoy en día mediante una deuda bancaria que se va expandiendo exponencialmente emitida a los consumidores, a la industria y a los gobiernos. La brecha entre los precios finales y los ingresos efectivos del consumidor no debería cubrirse mediante deuda adicional, la cual constituye una creciente carga o hipoteca contra futura producción. Ni tampoco debería rellenarse a través de nuevo dinero procedente de un exceso de exportaciones reales sobre importaciones; ni tampoco a través de producción de guerra y de capital superfluo, desperdiciador y destructivo.

    La necesaria expansión del poder adquisitivo debería crearse sin deuda, y ser distribuida, a partir de una Cuenta de Crédito Nacional correctamente elaborada, a todos los ciudadanos en forma de Dividendos Nacionales (para el Consumidor), así como también a los minoristas, permitiéndoles así poder vender, en el punto de venta, a precios cada vez más bajos, es decir, Precios Al Por Menor Compensados, para así de esta forma reflejar las eficiencias físicas reales logradas por la industria. Los bancos crean este crédito necesario todo el tiempo en forma de deuda que se les debe a ellos mismos, aunque ellos no crean la riqueza real de la comunidad que ellos están monetizando. Con todo, ellos procederán a ejecutar las hipotecas que poseen sobre esos activos en caso de que el prestatario no pueda devolver un préstamo. El término técnico para este proceso es el de falsificación de dinero, y esto debe pararse de una vez por todas. La práctica bancaria moderna es simplemente una colosal estafa de falsificación; tan colosal que el ciudadano medio simplemente no puede creérsela.

    La creación de dinero por los bancos es ya una noticia vieja. Fue explicada por H. D. McLeod en “The Theory and Practice of Banking”, 1883. Reginald McKenna, antiguo Ministro de Hacienda británico, escribió en su “Post-War Banking Policy” (1928), “Me temo que al ciudadano ordinario no le gustará que se le diga que los bancos, o el Banco de Inglaterra, pueden crear o destruir dinero.” En 1924 se había dirigido a la junta de accionistas del Midland Bank en los siguientes términos: “La cantidad de dinero en existencia varía solamente con la acción de los bancos al incrementar o disminuir los depósitos (…) todo préstamo bancario y toda adquisición de títulos-valores crea un depósito, y toda devolución de un préstamo bancario y toda venta [de títulos-valores] lo destruye.”

    La creación de dinero por los bancos es algo “archiconocido”. Lo que no se ha revelado debidamente es el crimen de los bancos al reclamar falsamente una propiedad sobre el crédito que ellos crean al monetizar la riqueza real de la comunidad. Ellos literalmente se han apropiado del crédito de la comunidad mediante un acto de prestidigitación no detectado por un público desprevenido. Todo este asunto en su conjunto fue tratado por C. H. Douglas y el movimiento del Crédito Social durante la década de 1920 dentro del periodo de la posguerra.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  15. #35
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    El perro existe






    Por William Waite


    Imaginen esta situación. El perro de tu vecino te mantiene despierto por la noche con sus incesantes ladridos. Te acercas a tu vecino, le cuentas el problema y le preguntas qué va a hacer al respecto. Su respuesta consiste en decirte que no hay ningún perro y que, por tanto, no hay ningún problema, y que tengas un buen día.

    Su respuesta no te convence de que te estés imaginando las cosas todas las noches, sino más bien que él está buscando evitar tomar cualquier acción negando la existencia del problema. Tienes dos opciones; puedes quedarte aguantando los ladridos y dirigirte hasta el borde de la locura a causa de la privación de sueño, en cuyo caso la culpa será sólo tuya; o bien puedes examinar las vías que tengas disponibles para poder solucionar el problema con tu propia acción. Podrías sugerir a tu vecino soluciones para parar los ladridos del perro, podrías ponerte en contacto con la perrera, cambiarte de casa o, en caso extremo, fabricar un adobo con arsénico, tratar un filete y arrojarlo por encima de la valla. Lo que no haces es gastar el resto de tu perturbada vida oponiéndote a la obstinada negación del vecino en relación a la existencia de un perro.

    Los Creditistas Sociales se enfrentan con este dilema. Douglas hizo el mayor de los servicios al identificar la fuente esencial de nuestros males económicos. El caso se ha planteado y replanteado miles de veces y nuestra situación convalida el análisis del Crédito Social. El Crédito Social predice los síntomas que se encuentran todos ellos alrededor nuestro; deuda, guerra, pesada tributación, la centralización del control, pobreza en medio de la abundancia, descontento general y despilfarro, en medio de otros tumores que hunden sus raíces en la persistente negación de la realidad.

    Afortunadamente, no se trata de un defecto inherente a la naturaleza humana o una lucha de clases eterna e inevitable. El defecto esencial es simplemente que no hay suficiente dinero distribuido a los consumidores para poder comprar lo que se produce. Ahora bien, si el Crédito Social es algo que te viene de nuevas, no conseguirás apreciar en ningún momento los efectos de largo alcance que provienen de esta desorganización. Si dedicas un poco de tiempo a leer y pensar sobre el problema, gradualmente te irás dando cuenta de que este desequilibrio ha llegado a alcanzar a cualquier aspecto de la vida moderna y lo ha retorcido convirtiéndolo en algo completamente deforme en comparación con lo que sería en otras circunstancias. No creo estar exagerando el caso.

    Douglas propuso una solución y yo no la puedo presentar en forma más simple que como la hizo él:


    “(…) los individuos en el mundo moderno obtienen su poder adquisitivo a través de tres fuentes: sueldos, salarios y dividendos. Este poder adquisitivo se les quita por medio de lo que llamamos precios, y es algo que os resultará bastante obvio que la primera cosa necesaria es hacer que el total de poder adquisitivo iguale al total de precios; una proposición que no posee ninguna otra solución conocida que mediante la adición de una emisión de crédito al poder adquisitivo. Es decir, debemos dar al consumidor poder adquisitivo que no aparezca en los precios.” [1]

    Ahora bien, la razón por la que no disfrutamos ya de este poder adquisitivo extra es porque se desvía de los medios convencionales de creación de dinero disfrutados por la banca. La dominación de la industria bancaria depende de su control monopolístico de la creación de crédito. El método por el cual el dinero se crea –como deudas contratadas con aquéllos que los bancos valoran capaces de devolverlas– implica que en alguna parte todo el dinero deberá aparecer en los precios.

    Perdónenme mientras trato de ilustrar lo obvio. Un carnicero toma prestados $ 300.000 para comprar una casa. El banco transfiere el dinero a la cuenta bancaria del vendedor, lo cual crea un depósito. El vendedor es libre de usar ese crédito para comprar cosas; se trata en todos los sentidos de dinero nuevo. El carnicero tiene una deuda de $ 300.000 más interés y otras cargas bancarias. El carnicero se sienta para evaluar el precio de sus salchichas. Si quiere mantener la casa para la cual ha tomado prestado el dinero, necesitará reflejar el coste de las devoluciones del préstamo en el precio de sus salchichas. Es así como esa deuda aparece en los precios. En el caso de préstamos comerciales, la inclusión de las cargas bancarias en los precios es más directa.

    Así pues, podrá observarse que la propuesta de Douglas para “dar al consumidor poder adquisitivo que no aparezca en los precios” podría ser justamente considerada por el establishment financiero como un ataque directo sobre el mecanismo que les da a ellos el poder. Hasta hoy todavía, la mejor estrategia para el banquero ha sido la de pretender que no había problema, que no había perro, que la causa primaria del malestar económico es cualquier cosa menos sistemática. Nuestros problemas, se nos dice, son el resultado de la corrupción, la incompetencia, la regulación del mercado, la desregulación del mercado, la codicia, la escasez de puestos de trabajo, la lucha de clases, el Zeitgeist (o Espíritu de los Tiempos), la religión, el desempleo, y todos los otros imponderables y falsas soluciones que constantemente nos distraen mientras esta plutocracia basada en la finanza consolida su dominio. Pienso que ya es ahora de que nos fijemos en el perro.


    [1] Douglas, Mayor C. H. The Control and Distribution of Production. 1922. Reprint. London: Forgoteen Books, 2013. 27. Print.



    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  16. #36
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    ¿Qué es el “Monopolio del Crédito”?





    Por M. Oliver Heydorn


    Al hojear la literatura del Crédito Social, una frase que uno se encuentra muy frecuentemente es la de “Monopolio del Crédito”. De hecho, El Monopolio del Crédito fue el título de la última principal obra técnica de C. H. Douglas dedicada a la exposición de la economía del Crédito Social. Puesto que la frase es empleada a menudo sin ser definida con precisión, y puesto que algunos Creditistas Sociales la usan sin ser conscientes de su significado exacto, podría ser un ejercicio útil detenernos un momento y focalizar nuestra atención en este particular fenómeno; un fenómeno que, más que cualquier otro, puede ser considerado como la característica central del sistema financiero estándar que actualmente rige en todo el mundo.

    Tal y como mucha gente está ahora aprendiendo por primera vez, el dinero –la sangre vital de la economía– existe en una de estas dos formas: moneda o crédito. [1] La moneda se refiere a las fichas físicas de dinero, es decir, los billetes y monedas que se imprimen y acuñan típicamente por la autoridad gubernamental. El crédito, por otro lado, toma la forma de números intangibles que solían registrarse en documentos de contabilidad y que hoy en día se archivan en las bases de datos de los ordenadores. En nuestro mundo contemporáneo, la creación y emisión de crédito constituye la prerrogativa de los bancos privados.

    Sí, así es. Permítanme repetirlo por enésima vez si es necesario: los bancos no prestan los depósitos de sus clientes; no son intermediarios entre ahorradores y prestatarios. En lugar de ello, son creadores de los depósitos que prestan, invierten o traen de cualquier otra forma a la existencia. ¿Cómo se realiza esto? Muy simple, mediante un acto de la voluntad que implica una prestidigitación contable, cuya confirmación es otorgada mediante sanciones legales, y cuyas reglas son las exigidas por la buena práctica empresarial. [2] En concordancia con los principios de contabilidad de doble entrada, la creación del crédito genera tanto un activo como un pasivo en los libros del banco. El crédito que se mantiene como un depósito en un banco, con independencia de su origen a través de un préstamo, una inversión o un gasto de operación del banco, se contabiliza como un pasivo, mientras que el préstamo, los títulos, la propiedad del banco, etc., se consideran como activos.

    El “Monopolio del Crédito” es, por tanto, el monopolio que los bancos privados, o el sistema bancario privado considerado en su conjunto, ejercitan sobre la creación y emisión del crédito. Y, puesto que la gran mayoría de la oferta monetaria en cualquier punto dado del tiempo existe en forma de crédito bancario (esa cifra corresponde a más del 95% en las naciones desarrolladas), el “monopolio del crédito” de los bancos constituye casi el total del “monopolio del dinero”.

    Véase también: Sí, Virginia, los bancos realmente crean dinero de la nada.

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    [1] La definición aceptada del dinero por el Crédito Social tiene su origen en los escritos de un cierto Profesor Walker quien, en su libro Money, Trade and Industry, había dicho que el dinero consiste en “cualquier medio –sin importar de qué esté hecho o por qué la gente lo quiere– que nadie rechazará a cambio de sus bienes.”

    [2] Sólo los bancos pueden crear crédito legalmente. Cualquier otro que intentara hacer lo mismo sería culpado de falsificación de dinero.



    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  17. #37
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Una introducción al Crédito Social




    Por M. Oliver Heydorn


    El siguiente artículo será publicado en el primer número de la revista portuguesa “Libertária”


    En el sentido más amplio del término, el “Crédito Social” hace referencia a las ideas filosóficas, económicas, políticas e históricas del brillante ingeniero anglo-escocés, Mayor Clifford Hugh Douglas (1879 – 1952). Hace no demasiadas décadas, el movimiento del Crédito Social constituía una fuerza altamente activa e influyente en el Reino Unido y a lo largo de todo el mundo angloparlante (más especialmente en los Dominios británicos de Australia, Canadá y Nueva Zelanda). El renombre de Douglas durante el periodo de entreguerras era tan grande que se le invitó a presentar testimonio ante la Comisión de Banca canadiense en 1923; ante el británico Comité Macmillan en 1930; y ante el comité legislativo de Alberta en 1934. En 1935 fue nombrado Consejero Jefe de Reconstrucción para el gobierno de la provincia canadiense de Alberta, una provincia que pasó ese mismo año a elegir al primer Gobierno de Crédito Social oficial jamás visto por el mundo hasta entonces.

    Si bien la “historia” del Crédito Social es extensa y multifacética, este artículo se limitará a un examen acerca del modo en que el Crédito Social aborda o se aproxima al orden económico.

    En muchas formas, nuestra economía puede compararse a un ordenador. Igual que un ordenador, su funcionamiento depende de dos elementos distintos: el hardware y el software. En el caso de un ordenador, el hardware hace referencia a todos aquellos mecanismos y componentes que forman una parte de la estructura física y del potencial del ordenador. De manera similar, el “hardware” de la economía consiste en todos aquellos factores del mundo real que pueden tomar parte en la producción y distribución de bienes y servicios: la tierra (o, en un sentido más amplio, los recursos naturales), el trabajo, y el capital real (maquinaria y equipo). El software, por contraste, proporciona las instrucciones que permiten al hardware poder funcionar, de tal forma que éste pueda activarse al servicio de algún propósito racional. El software de la economía consiste en sus estructuras organizativas (sus instituciones y sus convenciones legales o de negocios), de entre las cuales la principal es su sistema financiero (es decir, banca y contabilidad del coste). Del mismo modo que el sistema operativo de un ordenador maneja y dirige a todos los otros programas que se han cargado en el ordenador, el sistema financiero de una economía condiciona a todas las actividades que ocurren dentro de la economía formal, monetaria.

    Ahora bien, lo más importante que se ha de entender acerca del hardware de la economía moderna son las consecuencias que en el mundo real se han producido a raíz de la revolución industrial. La introducción de maquinaria que funciona con energía motora, seguida del desarrollo de varias tecnologías de la información, han multiplicado en cientos o miles de veces la cantidad y, en muchos casos también la calidad, de aquello que los seres humanos seguirían produciendo si carecieran de la ayuda de todas esas magníficas herramientas. También ellas han hecho posibles muchas nuevas formas de producción. En otras palabras, gracias a las maravillas de la ciencia aplicada podemos producir un mucho mayor volumen de bienes y servicios útiles y valiosos, reduciendo simultáneamente el trabajo humano requerido para hacer funcionar al sistema productivo. Esto es un hecho, una realidad pura y dura; y tiene el potencial de revolucionar todos los aspectos de la organización social. [1]

    ¿Qué significa todo esto en términos concretos, del día a día? Quiere decir que una nación del primer mundo es fácilmente capaz de distribuir todos los bienes y servicios que la población puede razonablemente usar en provecho de ella misma –es decir, toda esa gama completa de bienes y servicios que realmente contribuyen al bienestar humano– recurriendo al mismo tiempo únicamente a un pequeño y cada vez más decreciente complemento de trabajadores humanos.

    En otras palabras, dada la enorme capacidad productiva (tanto actual como potencial) de la economía industrializada moderna, no hay razón física alguna para la pobreza –por no decir miseria–, ni para la servidumbre en sus variadas formas (incluyendo la fútil política del pleno empleo), ni para los desastrosos efectos sociales, psicológicos, medioambientales e internacionales que se originan a partir de esa disfunción económica crónica que nos oprime. En resumen, nuestro hardware económico es de la más alta calidad.

    ¿Qué es lo que entonces puede explicar esta enorme discrepancia entre lo que la economía de un estado industrializado moderno puede y debería suministrar, y los gravemente insatisfactorios resultados que realmente suministra? ¿Cuál es ese gran factor limitante y distorsionador que ocasiona esta discrepancia?

    El análisis del Crédito Social revela que el principal problema que hay en el actual orden económico existente no tiene nada que ver con una escasez física o la existencia de obstáculos naturales para la producción, ni tampoco con la existencia de defectos en la naturaleza humana, ni con el libre mercado y la posesión privada de la propiedad productiva en cuanto tal; sino más bien con el sistema operativo de la economía, es decir, con su sistema financiero. No se trata simplemente de que los financieros y sus cómplices corporativos tomen decisiones centradas en sus propios intereses, o que a menudo se impliquen en delitos de cuello blanco; el problema fundamental con la finanza es en esencia estructural o sistemático.

    La afirmación diagnóstica básica de Douglas era que, si consideramos que la verdadera o correcta finalidad de la economía es la de distribuir, con la menor cantidad posible de trabajo y de consumo de recursos, los bienes y servicios que la población necesita para sobrevivir y desarrollarse, entonces podemos concluir que el sistema financiero actualmente reinante no está apropiadamente diseñado para producir dicho resultado. [2]

    Continuando con la analogía del ordenador, el principal problema de la economía se encuentra en su software. Más específicamente, el sistema operativo financiero estándar, que se puede encontrar hoy día en prácticamente cualquier país, no nos permite hacer el mejor uso posible de nuestro hardware económico. En lugar de ello, se dedica a limitar y distorsionar el funcionamiento de ese hardware y, como resultado directo, todos venimos a sufrir de variadas, y enteramente innecesarias, formas.

    Para que quede claro, el sistema financiero estándar de hoy día posee un buen número de aspectos problemáticos; pero la primordial y principal dificultad que radica en él tiene que ver con la forma en que socava y subvierte el flujo circular de la economía.

    Igual que muchos procesos naturales, la economía incorpora un par de ciclos complementarios; uno de carácter esencialmente físico, y el otro de carácter financiero:

    Los hogares poseen aquello que demandan los negocios, y los negocios suministran aquello que los hogares demandan. La población se va a “trabajar”, suministrando a las compañías trabajo (o tierra o capital, si eso es lo que poseen) para que así puedan producirse los bienes. A cambio de su trabajo (o tierra o capital), reciben dinero que ellos gastan en el mercado para comprar los bienes y servicios que ellos han producido. [3]

    De acuerdo con la teoría económica ortodoxa, este flujo circular se caracteriza por gozar de un equilibrio financiero automático y endógeno.

    En el movimiento hacia afuera del ciclo financiero, los negocios se encuentran desembolsando dinero a medida que se van produciendo los bienes, y este dinero se transforma entonces en ingresos en favor de los trabajadores, y en favor de los propietarios de la tierra o el capital. En el movimiento hacia adentro del ciclo financiero, esos mismos ingresos del consumidor se van gastando en bienes y servicios, y son devueltos a los negocios en forma de ingresos del negocio, permitiendo así que pueda iniciarse un nuevo ciclo de producción.

    La principal asunción en la concepción ortodoxa consiste en que esa producción de los bienes y servicios distribuye automáticamente dinero suficiente, en forma de ingresos, como para poder satisfacer los costes y, en consecuencia, los precios de los bienes y servicios puestos a la venta. A este estado de cosas a veces se le denomina con el nombre de ley de Say (en alusión al economista francés del siglo XVIII Jean-Baptiste Say): la oferta crea su propia demanda o, en términos financieros, el flujo de precios queda automáticamente equilibrado con el flujo de demanda efectiva en forma de ingresos. Desde esta perspectiva, si en un periodo económico dado quedaran sin vender un cierto volumen de producción, esto sólo podría tener lugar como consecuencia de que la población estuviera ahorrando sus ingresos en lugar de estar gastándolos.

    Esta relativamente sencilla explicación de la forma en que la visión ortodoxa entiende que funciona la economía, debería hacernos muy simple a continuación la comprensión tanto del diagnóstico del Crédito Social como de sus correspondientes propuestas terapéuticas.

    La gran contribución de Douglas a la economía consistió en su descubrimiento de que, bajo las condiciones de la economía industrializada moderna, la asunción básica de la ortodoxia económica resulta ser falsa. La ley de Say no se sostiene; es decir, el flujo circular NO se caracteriza por gozar de un equilibrio automático y endógeno. En lugar de ello, el flujo de los precios de los bienes de consumo es más grande que el flujo de los ingresos que se distribuyen en el transcurso de la correspondiente producción. En otras palabras, existe una deficiencia crónica e inherente de poder de compra del consumidor.

    Bajo el actual sistema financiero, es como si la economía estuviera produciendo cada año una producción total de 100 pasteles de nata (los cuales asumimos que son puestos a la venta al precio de un euro cada uno a fin de cubrir todos los costes) pero, en el transcurso de su producción, solamente se hubieran distribuido en forma de sueldos, salarios y dividendos, una suma insuficiente, digamos de 50 euros, con los que poder comprar las 100 tartas.

    A fin de poder entender las razones y causas de este desequilibrio financiero, debemos primero asimilar algunos hechos básicos relacionados con el funcionamiento del sistema bancario. En contraste con una creencia que todavía se sigue sosteniendo comúnmente bastante, los bancos no prestan el dinero de sus depositantes. En lugar de ello, todo préstamo bancario o toda compra bancaria de títulos-valores crea un depósito, es decir, dinero completamente nuevo en forma de crédito bancario, mientras que toda devolución de un préstamo bancario o toda venta de títulos-valores en posesión del banco destruye dinero. De hecho, esos números intangibles que los bancos crean y emiten, normalmente en forma de una deuda con interés o un equivalente de la deuda, constituye el 95% o más de la oferta monetaria de un típico país industrializado. Los billetes y monedas típicos que son creados por el gobierno, solamente representan la “calderilla” de la economía.

    Sin embargo, y en contraste con las opiniones de un muy buen número de reformadores financieros, el principal fallo en el sistema financiero no radica en el simple hecho de que los bancos privados creen la mayor parte de nuestro dinero de la nada y, a continuación, procedan a cargar un interés sobre dichos préstamos (aun cuando uno tenga que admitir que, bajo el actual sistema, esas cargas de interés son a menudo bastante onerosas, y/o excesivas, y/o explotadoras).

    El verdadero problema radica en un estrato mucho más profundo que ése.

    La creación y destrucción de nuestra oferta monetaria por el banco significa que el dinero no circula indefinidamente en la economía desde los productores hasta los consumidores y vuelta otra vez. En lugar de ello, el dinero se encuentra circulando continuamente entrando y saliendo de la existencia. El dinero es suministrado a los productores por los bancos cada vez que aquéllos toman prestado de una línea de crédito rotativo o contraen préstamos a largo plazo; dicho dinero se gasta en varios costes de producción; y finalmente es devuelto a los productores cuando, una vez que venden sus bienes y servicios, recolectan el dinero que se había suministrado a los consumidores en forma de sueldos, salarios y dividendos. El dinero que reciben los productores es utilizado a continuación para devolver sus préstamos bancarios (y, subsiguientemente, es destruido) o es utilizado para reponer su stock de capital circulante (de donde únicamente puede volver a suministrarse a los consumidores acompañándolo de un volumen de nuevos costes de producción).

    La circulación cíclica del dinero no constituiría problema ninguno en absoluto, siempre que se cumpliera la condición de que el crédito al productor que se emite para financiar cada ciclo de producción, se transformara completamente en ingresos del consumidor, y que estos ingresos a continuación fueran utilizados en su totalidad para liquidar o cancelar un flujo equivalente de precios, que representan todos los costes de la producción. Si el ciclo de la creación y destrucción del dinero estuviera completamente en sincronía con el ciclo de la creación del coste/precio y la liquidación del precio, entonces el flujo de precios de bienes de consumo y el flujo de ingresos del consumidor estarían en equilibrio, tal y como dice que están la clásica ley de Say. El sistema estaría en equilibrio.

    Lo que Douglas descubrió –y esto es de una importancia épica– fue que a medida que el crédito al productor fluye hacia afuera desde los bancos y a través del sistema productivo, genera a su vez un mayor volumen en costes y, en consecuencia, en precios en comparación con el que genera o libera en forma de ingresos al consumidor. La principal causa de esta discrepancia tiene que ver con las convenciones existentes en materia de contabilidad que gobiernan en la contabilidad del coste del capital real (es decir, máquinas y otros equipos). Las cargas normales o estándar que son impuestas o asignadas por las compañías en nombre del capital real a fin de cubrir los costes de las devoluciones de los préstamos para el capital, los costes de depreciación, mantenimiento y obsolescencia, etc., exceden a los ingresos que están siendo simultáneamente distribuidos por esas compañías.

    Esto significa que el mismo fenómeno que, desde un plano físico, está provocando que la población se quede desempleada de manera permanente (es decir, esa tendencia cada vez más intensificada de reemplazar el trabajo humano por máquinas) constituye el mismo fenómeno que, desde un plano financiero, es el principal responsable de la cada vez más creciente brecha entre el ritmo al que se generan los precios de los bienes y servicios y el ritmo al que se están distribuyendo los ingresos en cualquier proceso productivo moderno.

    Esta carencia de poder de compra del consumidor puede agravarse mediante un buen número de otros factores (tales como la obtención de beneficios, los ahorros, la reinversión de los ahorros, políticas bancarias deflacionarias periódicas, e impuestos).

    Esta brecha entre precios de los bienes de consumo y los ingresos del consumidor es el problema por excelencia que subyace a los órdenes financiero y económico actualmente existentes, y toda propuesta de reforma financiera que no se dedicara a compensarla o cubrirla adecuadamente, en línea con la verdadera finalidad de la economía, estaría simplemente yéndose por las ramas, o incluso estaría exacerbando aún más esa perenne disfunción económica.

    La única opción que tiene el actual sistema de poder rellenar esa brecha es la de confiar en que los gobiernos, negocios e individuos tomen prestado dinero-deuda adicional y lo traigan a la existencia a partir de los bancos privados. Los proyectos y obras del gobierno financiados a través de un incremento en la deuda pública distribuyen ingresos adicionales a los empleados del gobierno sin que se incremente el flujo de los precios de los bienes de consumo en el mismo periodo de tiempo. De modo similar, los préstamos para el incremento en la producción privada (especialmente producción de capital y producción para la exportación) también elevan el nivel de los ingresos del consumidor sin que simultáneamente se incremente el flujo de los precios de los bienes de consumo. Finalmente, los consumidores a menudo toman prestado (a través de hipotecas, préstamos para el coche, líneas de crédito, tarjetas de crédito, etc.) para así poder consumir aquello que, de otra forma, quedaría sin vender.

    Sin embargo, el hecho de depender del dinero-deuda adicional como paliativo tiene un buen número de inconvenientes. En primer lugar, las deudas han de ser pagadas y atendidas. El hecho de tomar prestado para rellenar la brecha produce, de esta manera, cargas inflacionarias contra los ingresos de los futuros ciclos de producción. En realidad, ésta es la principal causa de la inflación que continuamente devalúa la moneda en cualquier país. Las deudas merman los ingresos y, de esta forma, éstos necesitan de un incremento en el nivel salarial a fin de poder mantener el estándar de vida. Esto a su vez tenderá a subir los precios en una interminable espiral de salario-precio. Más aún, puesto que estas deudas compensatorias se contraen a un ritmo más rápido que el ritmo al que son devueltas, esto también conduce a la acumulación de una cada vez mayor carga de deuda social (deudas públicas, empresariales y personales) que nunca podrá ser liquidada. Una vez que esta carga de deuda se hace demasiado gravosa, los bancos privados se hacen reacios a prestar más y la economía cae en una recesión o algo peor. Las bancarrotas y ejecuciones hipotecarias, sin embargo, ayudan a la economía a librarse de algunas de sus cargas de deuda a medida que las deudas impagables son canceladas, proporcionando así un cierto espacio para respirar y un cierto margen financiero para una mejora en el clima económico.

    Además de la constante inflación, los ciclos económicos, una cada vez mayor montaña de deuda social –que es, tomada en su totalidad, impagable–, y las crisis financieras recurrentes, el hecho de usar la droga del “dinero-deuda” para tratar con la brecha es algo que también está fuertemente implicado y relacionado, directa o indirectamente, con la ineficiencia económica, el despilfarro económico y el sabotaje, en unión con el crecimiento económico forzoso (mal manejo o destinación de los recursos económicos); los gravosos y a menudo crecientes impuestos; el incremento en la regulación gubernamental; la esclavitud salarial y la esclavitud de la deuda; servidumbre; la usurpación, por el sistema bancario privado, de la plusvalía que se origina a partir de la asociación; la centralización de la riqueza económica, los privilegios y el poder en cada vez menos y menos manos; migración forzosa; dislocación cultural; innecesarios estreses y tensiones; conflicto social; degradación medioambiental; un conflicto económico internacional que conduce a la guerra, etc. Todos estos fenómenos son síntomas o manifestaciones de ese desequilibrio financiero que existe en el flujo circular de la economía.

    La solución del Crédito Social al problema de la brecha consiste en tener un órgano del estado políticamente independiente, una Oficina de Crédito Nacional, que continuamente emita, sobre la base de estadísticas pertinentes y adecuadas, un volumen suficiente de crédito a fin de que los consumidores puedan adquirir el “excedente” de bienes y servicios que se están produciendo (es decir, de aquéllos que no pueden ser comprados puesto que no se ha distribuido en el transcurso de su producción ingreso alguno con el que poder compensar o liquidar sus costes). Este crédito deberá emitirse libre de deuda y en lugar de todos aquellos paliativos convencionales que actualmente se emplean para intentar arreglar la brecha.

    El hecho de restaurar el equilibrio en cada ciclo económico con un flujo adecuado de crédito libre de deuda, permitiría reemplazar a ese equilibrio –cuando hay equilibrio– exógeno, inestable, inflacionario y acumulador de deuda entre el flujo de precios y el poder adquisitivo del consumidor en el flujo circular, sustituyéndolo por un equilibrio que sería endógeno, estable, antinflacionario y liquidador de costes.

    A fin de poder reflejar de manera exacta la realidad física, un cierto volumen de ese crédito compensatorio sería utilizado para rebajar los precios de los bienes al por menor en concordancia con una tasa de consumo/producción general o total de la economía. El verdadero coste de la producción es el consumo. Por lo tanto, la producción no debería costar, en términos financieros, más de lo que se gastó en todo aquel consumo que resultó necesario para traer a aquélla a la existencia. El vender los bienes al consumidor por debajo del coste y compensar la diferencia al minorista, permitiría que la producción se vendiera a su “Precio Justo” –es decir, al precio que refleje su coste real. Esto conllevaría la existencia de un “Descuento Nacional” en todos los artículos de consumo.

    El resto del crédito compensatorio habrá de emitirse en proporciones iguales a todos y cada uno los ciudadanos, con independencia de que estén o no empleados en la economía formal.

    Aquello a lo que los Creditistas Sociales se refieren con el nombre de “El Dividendo Nacional” está justificado moralmente por el hecho de cada ciudadano es considerado legítimamente como un participante o accionista en su asociación económica, así como un heredero de la herencia cultural de la sociedad. Es esta herencia cultural (los inventos y descubrimientos de pasados científicos, ingenieros, organizadores, etc.) la que hace posible la existencia del factor mayor y más importante en la producción moderna: el capital real. Y es este mismo capital real, como hemos visto, el responsable principal de la brecha entre precios e ingresos. Por tanto, el modo más apropiado para rellenar esta brecha sería reconocer que los individuos son los usufructuarios del capital real y merecen recibir un dividendo en base a su funcionamiento.

    El Dividendo Nacional (que no ha de confundirse con un ingreso básico convencional) se justifica desde un punto de vista pragmático por el hecho de que la economía necesita una inyección de crédito libre de deuda a fin de poder funcionar con un equilibrio real o autoliquidante, y también necesita proporcionar a aquéllos cuyo trabajo ya no es requerido en la economía formal (a consecuencia de los avances tecnológicos y de la mejorada eficiencia en la producción) un ingreso a fin de que puedan, sin embargo, adquirir bienes y servicios. Una política de pleno empleo carece en absoluto de sentido cuando la eficiente producción de aquellos bienes y servicios que la población puede usar en provecho propio no necesita, en el contexto de una economía industrial moderna, de la plena o total capacidad de la fuerza laboral disponible.

    El sistema económico del Crédito Social consiste simplemente en la libre empresa (es decir, la propiedad privada de los medios de producción, el libre mercado, la iniciativa individual, y un ánimo de lucro funcionalista) en conjunción con un sistema financiero honesto. No es socialista ni capitalista, sino que tiene más bien una orientación distributista: por medio del dividendo, a cada ciudadano se le garantizaría un derecho mínimo sobre la producción; producción hecha posible gracias al capital real. El Crédito Social transformaría a la sociedad en una gigantesca cooperativa con reparto o participación de beneficios.

    Las consecuencias de una reforma financiera de Crédito Social consistirían en el establecimiento de una seguridad económica absoluta para cada ciudadano, en lugar de la pobreza o la amenaza de caer en la pobreza; incremento del ocio en lugar de la servidumbre (es decir, liberación de la esclavitud salarial, de la esclavitud de la deuda, y del empleo inútil, estúpido y/o destructivo); la eliminación de la carga de deuda crónica e impagable de la sociedad así como de las cargas de interés que la acompañan; la descentralización de la riqueza y el poder económico en favor del individuo; la eliminación del despilfarro y el sabotaje económicos; reducciones continuas en los precios en lugar de inflación; impuestos mucho más bajos; mucha menos regulación e interferencia gubernamentales; cooperación económica en lugar de una despiadada competencia; estabilidad social; la transformación de la civilización basada en el desencadenamiento del impulso creativo y el florecimiento tanto de la cultura popular como de la alta cultura; protección, conservación y reparación medioambiental; y comercio internacional mutuamente beneficioso, proporcionando así una base más sólida para la paz mundial.

    Todo lo que fuera físicamente posible y deseable debería ser también financieramente posible. Todo lo que se requiere es alterar el sistema financiero de tal forma que represente de manera exacta los hechos físicos y el potencial de la economía real. La introducción de un sistema financiero honesto –y eso es todo lo que el Crédito Social propone en el campo de la economía– transformaría al dinero y a los banqueros en siervos obedientes e inflexibles del auténtico bien común.


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    [1] Por ejemplo, Jeremy Rifkin, en su libro The End of Work, ha especulado que, a causa de los recientes y continuos desarrollos en las tecnologías de la información, automatización y telecomunicación, es muy posible que “(…) solamente un porcentaje tan pequeño como el 5 % de la población adulta será necesaria para manejar y hacer funcionar toda la esfera industrial tradicional para el año 2050. Granjas, fábricas y oficinas funcionando casi sin trabajadores constituirán la norma en cualquier país”. Jeremy Rifkin, The End of Work (New York: Jeremy P. Tarcher/Penguin, 2002), xxii.

    [2] Esto no quiere decir que el sistema financiero actualmente reinante sea simplemente ineficaz, ineficiente e injusto. Ya sea por accidente o por intención deliberada, el sistema sirve bastante bien a un propósito alternativo: la centralización de la riqueza, los privilegios y el poder en manos de una élite plutocrática. Las implicaciones políticas de esta situación para la “democracia” convencional deberían ser evidentes por sí mismas.

    [3] Frances Hutchinson, Understanding the Financial System (Charlbury, England: Jon Carpenter Publishing, 2010), 55.



    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  18. #38
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    El sol nunca dice…




    Por M. Oliver Heydorn



    “Aún después de todo este tiempo,
    el sol nunca dice a la tierra,
    ‘Estás en deuda conmigo’.
    Mira lo que pasa con un amor como ése…
    Ilumina a todo el cielo.”



    El anterior poema es ampliamente atribuido, y muy probablemente de manera falsa, al gran poeta persa Hafez (1325/26 – 1389/90) [1]. Sea como fuere, “El sol nunca dice” destaca exitosa y adecuadamente la realidad y el poder del don; del “algo por nada”, que es inherente a la naturaleza misma de la realidad.

    Por razones ideológicas y, sin duda, políticas, la economía ortodoxa ha intentado sepultar el concepto de don, para expulsarlo de la esfera de la economía con el mantra –repetido sin fin como si fuera una forma de tortura china de la gota de agua– de que “¡Las comidas gratis no existen!”

    En oposición directa a las enseñanzas de la economía ortodoxa, la teoría del Crédito Social afirma la existencia de la “plusvalía o beneficio originado a partir de la asociación”. La pura verdad es que, esa muy difamada “comida gratis” es una realidad que aparece operativa en todas las esferas de actividad con las que estamos familiarizados, incluyendo el acto de producción.

    El ser, esto es, la realidad o la naturaleza, está construida de tal forma que cuando dos o más elementos diferentes se conjuntan el uno con el otro dentro de una relación o asociación apropiada, el poder que estos elementos tienen entonces para hacer o efectuar cambios en el mundo es mayor que el de la mera suma de sus partes componentes. Es decir, el poder o producción puede multiplicarse mediante la aparente “magia” de la asociación, siendo el excedente (es decir, aquello que excede a la aislada contribución de cada elemento por separado) que sobreviene de la asociación en su conjunto como un don superabundante. Este excedente no es propiedad exclusiva de ninguno de los componentes, ni tampoco ha sido merecido por ninguno de ellos en virtud de ningún trabajo o servicio. Se trata de algo ganado a cambio de nada, o una comida gratis.

    Uno de los ejemplos más simples de la plusvalía que se origina a partir de la asociación es el de una palanca. Una palanca es un artefacto mecánico que consiste en la asociación de una viga o tablón con un fulcro sobre el cual pude apoyarse o pivotar la viga. Aplicando fuerza a uno de los extremos de la viga, las palancas permiten a los seres humanos mover pesos en el otro extremo con menos esfuerzo que el que requeriría una aplicación directa de fuerza. El esfuerzo ahorrado o, alternativamente, el movimiento de un objeto que, de otra manera, no habría podido ser movido con la fuerza de la mano, constituye esa plusvalía originada a partir de la asociación que revierte en favor de aquel ser humano que es lo suficientemente inteligente para hacer uso de la palanca.

    Toda la realidad está impregnada de asociaciones de varios tipos y de sus correspondientes plusvalías. Los sistemas biológicos no podrían funcionar sin ellas. La sociedad misma no tendría razón de ser si no hubiera ningún provecho, ni beneficio, en el hecho de asociarse con nuestros compañeros en la persecución de objetivos comunes. Si aprendemos a identificar y aprovechar estas plusvalías, seremos capaces, en cierto sentido, de obtener algo “más” de lo que introdujimos en el sistema al comenzar. Nuestros beneficios excederán nuestros costes.

    El campo económico no constituye una excepción. Existe una plusvalía que se origina a partir de la asociación económica, y que se hace posible mediante la conjunción de recursos naturales, la cooperación entre individuos y grupos, y la aplicación de la herencia cultural (es decir, los descubrimientos e innovaciones de los científicos, ingenieros, organizadores, etc.) en la fabricación de capital real (máquinas y equipo). Bajo las condiciones industrializadas modernas, la apropiada asociación de estos elementos hacen posible la producción de todos los bienes y servicios que la población pueda usar con provecho para ella misma, al mismo tiempo que se va empleando cada vez menos y menos trabajo humano. Este excedente de bienes y servicios de consumo que pueden o podrían producirse bajo condiciones industriales, en comparación de lo que los seres humanos estarían produciendo si no poseyeran herramientas de ningún tipo, constituye el beneficio económico de la sociedad o la comida gratis económica.

    Desde una perspectiva de Crédito Social, el mayor problema que hay con el actual orden económico existente es que el sistema financiero convencional no está diseñado para reconocer o distribuir equitativamente esa comida gratis. En lugar de ello, permite al sistema bancario privado usar su actual poder de monopolio sobre la creación de dinero como una forma de control o dominio, de tal forma que el acceso a ese beneficio social solamente se concede bajo condiciones asimétricas o irregulares. Esto produce como consecuencia la transferencia de la riqueza, privilegios y poder de manos de la ciudadanía común a manos de la élite financiera. Producción y consumo, las actividades de la economía real, pasan a estar en deuda con el sistema bancario y sus operadores. Si bien muchos reformadores financieros cometen el error de pensar que este problema constituye EL problema que existe con el sistema financiero, en realidad se trata de un asunto secundario. El problema más fundamental se encuentra en el sistema de precios y su fallo o fracaso a la hora de monetizar –en total provecho del consumidor y, en consecuencia, en forma gratuita o libre de deuda– la plusvalía que se origina de la asociación económica, y que es ya una característica propia de la economía física.

    Como ya habrán advertido los seguidores de este blog, la mayor parte de la oferta monetaria (+ 95 %) en cualquier país desarrollado existe en forma de crédito bancario. Ahora bien, este crédito bancario, –es decir, números intangibles, abstracciones enumeradas o dinero en anotaciones en cuenta–, es creado por los bancos privados y, para todos los efectos, es emitido o inyectado en la economía en forma de deuda de un tipo o de otro. Siempre que un banco hace un préstamo o adquiere títulos-valores, etc., se crea dinero nuevo en forma de crédito bancario, y siempre que se devuelve un préstamo, o se vende o redime de alguna otra forma una adquisición bancaria de títulos, se destruye el dinero en forma de crédito bancario. Todo el dinero que un banco inyecta en la economía, buscará recobrarlo o retirarlo de la economía en un momento u otro. Ningún dinero del que inyecta constituye un don gratuito.

    Pero, estimado lector, ¿dónde, oh, dónde está escrito que todo el dinero de la sociedad debería inyectarse en la economía en forma de deuda (o en forma equivalente a una deuda); una deuda que se debe a los bancos privados? Ésta es, para todos los efectos, la convención actual; pero las convenciones pueden cambiarse. En efecto, si las susodichas convenciones interfieren en el cumplimiento del original y único auténtico propósito de la economía –tal y como el Crédito Social afirma que hacen– entonces deberían ser adecuadamente alteradas.

    Lo que el Crédito Social propone es que, en lugar de un sistema basado en deudas omnipresentes por todos lados, es necesario (es justo y conveniente) que una cierta proporción de oferta o suministro monetario –la cual representaría esa plusvalía que se origina de la asociación económica, es decir, el beneficio social– sea inyectada a la economía en forma de crédito “libre de deuda”.

    La emisión de todo el dinero como “dinero-deuda” no supondría ningún problema por sí mismo si el flujo circular realmente funcionara en la forma que los economistas ortodoxos afirman que funciona. Esto es, si el dinero creado y prestado para la producción igualara a) el dinero recibido por los consumidores (por medio de salarios, sueldos y dividendos) y realmente gastado en bienes y servicios, el cual a su vez igualara b) los costes y, por tanto, los precios de la producción puesta en el mercado, entonces no habría ningún problema. El flujo circular manifestaría un equilibrio perfecto y automático, con un flujo de ingresos derivados de la producción en igualación o equilibrio con el flujo de precios que ese mismo volumen de producción ha generado.

    Douglas descubrió que, bajo las condiciones industriales modernas, el sistema financiero reinante (es decir, el sistema bancario en conjunción con el sistema de contabilidad de costes) provoca que el flujo circular se desvíe del patrón de equilibrio antes mencionado. El dinero creado y prestado para la producción no iguala al dinero recibido por los consumidores (por medio de salarios, sueldos y dividendos); e incluso si todos los ingresos del consumidor disponibles se gastaran en bienes y servicios (en lugar de ahorrarse o reinvertirse), el flujo de ingresos no igualaría los costes y, por tanto, los precios que el sistema industrial se ve obligado a cargar para que todos sus gastos y cargas asignadas puedan ser atendidas y evitar así la bancarrota.

    En oposición al funcionamiento ideal y apropiado del flujo circular tal y como fue imaginado por la ley de Saw, el flujo circular real continuamente se ve socavado debido a que el proceso de producción genera precios a un ritmo más rápido que el ritmo al que distribuye ingresos a los consumidores. Hay una escasez crónica de suficientes ingresos del consumidor en relación a los correspondientes precios; el sistema de precios está inherentemente desequilibrado. (N.B. El factor primordialmente responsable del beneficio social –es decir, el capital real o físico– es también el mismo factor principalmente responsable de provocar que los costes excedan a los ingresos).

    La prescripción terapéutica que se ha de aplicar se deduce de manera muy natural a partir del diagnóstico. El objetivo clave de la reforma financiera del Crédito Social consiste en restaurar un equilibrio autoliquidante al flujo circular económico. En lugar de los paliativos convencionales que se utilizan hoy día para intentar restaurar el equilibrio en cada periodo económico –siendo de entre ellos el principal la toma de más préstamos adicionales de créditos recién creados por los bancos privados, en forma de préstamos a las corporaciones, préstamos públicos o préstamos a los consumidores–, el Crédito Social propone el establecimiento de una Oficina de Crédito Nacional (OCN) a fin de romper el control monopolístico de los bancos sobre el sistema financiero. La OCN asegurará, entre otros fines, que haya suficiente poder adquisitivo en manos de los consumidores para cubrir todos los costes y, por tanto, los precios de la producción a medida que los bienes y servicios de consumo entran en el mercado. Una cierta porción de este crédito compensatorio se distribuiría a cada ciudadano en forma de un Dividendo Nacional –posiblemente, de manera mensual– mientras que otra porción, el Descuento Nacional o precio compensado, permitiría que los bienes y servicios de consumo se pudieran vender en una adecuada fracción de sus costes financieros (correspondiéndose dicha fracción a sus verdaderos o naturales costes de producción).

    En contraste con la práctica habitual de los bancos privados, el dinero distribuido por la Oficina de Crédito Nacional (OCN) en forma de Dividendo Nacional y Descuento Nacional vendrían a ser dones libres o gratuitos para la economía; la OCN no haría ningún intento de recuperar o retirar el crédito que inyecte. Es por esta razón que el crédito compensatorio de la OCN a menudo ha sido descrito como un crédito “libre de deuda”. Se emite sin ninguna obligación de parte de los receptores de tener que devolverlo a la OCN; se emite sin crear al mismo tiempo un coste correspondiente. Cuando es recibido por los minoristas a cambio de sus productos, a continuación es utilizado para devolver los préstamos que se les concedió para la producción, y/o para renovar su capital circulante. Puesto que se emite en la proporción correcta para poder atender los costes de producción pendientes o sin liquidar (con independencia de que éstos se compongan de deudas bancarias pendientes o de otros costes), no hay peligro de que el crédito compensatorio incremente o cause inflación. El crédito emitido para atender el excedente de costes, o bien será destruido en la devolución de un préstamo bancario, o bien será utilizado para renovar el capital circulante. Desde el punto de vista de los consumidores, sin embargo, el crédito compensatorio es en realidad un don gratuito, una comida gratis, y la lección del Crédito Social es que, a menos que el sistema financiero otorgue este don gratuito a la ciudadanía, el sistema económico no podrá conseguir un equilibrio real, esto es, autoliquidante. En otras palabras, sin el don del crédito “libre de deuda”, no se podrá hacer funcionar a la economía de una manera estable, eficiente, eficaz y justa. La economía necesita de este don.

    Y de esta forma nos vemos enfrentados con un dilema: o bien podemos continuar rechazando blasfemamente la posibilidad de un más fácil, más libremente fluido, acceso a esa abundancia hecha posible por los designios de Dios y los dones gratuitos de la naturaleza (con la justificación puritana y falsa de que “no debe haber nunca riqueza alguna sin trabajo previo”, es decir, “toda la riqueza deber ser merecida, o ganada a cambio de trabajos o servicios”); o bien podemos agradecida y humildemente abrazar nuestra buena fortuna como la bendición que realmente es, y reenfocar nuestra atención y esfuerzo hacia planes de actividad completamente más elevados.


    [1] Supposed Hafiz poem recited by McGuinty turns out to be fake


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

  19. #39
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    .
    Última edición por Martin Ant; 05/03/2016 a las 17:23

  20. #40
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    Re: Artículos del Clifford Hugh Douglas Institute (Oliver Heydorn, W. Klinck, etc.)

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    ¿Organizaciones benéficas? ¡Bah, farsantes!




    M. Oliver Heydorn



    Al final de la Misa del pasado Domingo, se nos hizo una solicitud urgente en nombre de la colecta de alimentos de la comunidad. Encuentro estas solicitudes increíblemente molestas.

    No me gustan las organizaciones benéficas, todas las organizaciones benéficas… y no porque yo no sea una persona caritativa. Ni tampoco estoy negando que, bajo las actuales circunstancias, algunas organizaciones benéficas proporcionan, en efecto, un alivio adecuado a gente que está en verdadera necesidad (en contraposición a organizaciones benéficas que son puras estafas; organizaciones benéficas que realmente hacen más daño que bien a la gente a la que se supone que se le está ayudando; organizaciones benéficas que son frentes de ingeniería social o agentes para el cambio globalista; y, al otro lado de la ecuación, en contraposición a los individuos que cuentan con las organizaciones benéficas para subvencionar comportamientos irresponsables).

    No me gustan de manera categórica las organizaciones benéficas en la medida en que la legítima necesidad de organizaciones benéficas, como los bancos de alimentos, únicamente tiene lugar porque el actual y estructuralmente fraudulento sistema financiero no permite que los bienes y servicios –que se pueden producir en tal abundancia mediante la tecnología moderna– se distribuyan efectivamente a aquellos que lo necesitan.

    Las organizaciones benéficas son, de esta forma, el signo de un fallo económico… un fallo que es enteramente artificial en sus causas y, por tanto, totalmente innecesario en su existencia.

    Para poner peor las cosas, las organizaciones benéficas refuerzan ese embotellamiento de la distribución al ayudar a apuntalar y respaldar al sistema financiero oligárquico, manteniéndolo en su mal funcionamiento. Actúan como válvulas de liberación de presión al absorber o compensar algo del enredo que genera el actual orden económico, permitiendo así que puedan continuar “los negocios como de costumbre” otra temporada más.

    Ahora bien, estoy muy seguro de que varias organizaciones benéficas hacen también que algunos de sus organizadores y donantes se sientan muy bien consigo mismos, porque están “ayudando a los pobres”. Sin embargo, si esos individuos estuvieran realmente interesados en ayudar a los pobres, deberían estar luchando en favor de una reforma racional del sistema financiero; en una reforma que proporcionaría a cada ciudadano un derecho como accionista en su asociación económica. Lo que la gente necesita, en estricta justicia, es un Dividendo Nacional, y no limosnas de sus superiores. Cierto, esto haría redundantes a las organizaciones benéficas y destruiría cualquier poder político, económico y social que los promotores y organizadores de organizaciones benéficas disfrutan a cuenta de ellas; pero éste es el mejor resultado posible desde el punto de vista de un verdadero individuo caritativo (es decir, no egoísta).

    Por desgracia, querido lector, trate usted de explicar cualquier cosa de esto a las masas y verá lo lejos que llega usted… Me atrevería a decir que la experiencia será, sin embargo, instructiva: empezará usted a darse cuenta, si no lo ha hecho ya, de la naturaleza trágica de nuestra difícil situación.


    Fuente: CLIFFORD HUGH DOUGLAS INSTITUTE

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