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Tema: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

  1. #1
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    La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    Abro este nuevo hilo para ir incorporando textos sobre la oposición de la Iglesia católica a Hitler y al nacionalsocialismo y viceversa. El objetivo es demostrar la incompatibilidad entre catolicismo y nacionalsocialismo, cosa que todo el mundo tiene clara en los países de lengua alemana, pero que en España e Hispanoamérica lamentablemente no es tan evidente debido al desconocimiento histórico.

    Huelga decir que la oposición católica al nazismo estaba a la derecha de éste, y, por tanto, no tiene nada que ver con la oposición comunista o izquierdista. De hecho, muchos antiguos comunistas alemanes se hicieron fervientes nacionalsocialistas, sin abandonar su anticristianismo. Se trataba de la Iglesia preconciliar y de católicos tradicionales y antimarxistas, por lo que tampoco es comparable la oposición católica al nazismo con la oposición "postconciliarista" al régimen de Franco u otros regímenes autoritarios.

    Empiezo con un texto sobre la mística Teresa Neumann y su influencia en la prensa católica antihitleriana.



    La mística Teresa Neumann inspiró a los dos grandes agitadores de la prensa católica anti-Hitler


    Francesco Agnoli / LaCroceQuotidiano.it
    21 mayo 2015
    Teresa Neumann.
    ¿Qué puede hacer una mística que vive de la Eucaristía, visiones y oración, en medio de una explosión de mal, de violencia opresiva, como el nacionalsocialismo? Un creyente podría pensar que su tarea es la de hacer de pararrayos, de llevar la cruz en tiempos de maldad. Sobre todo si la mística en cuestión, un Jueves Santo de 1926, recibió los estigmas.

    Pero aparte de eso, una mujer así no parece tener nada que ver con la vida política, concreta, de un pueblo.

    Dos periodistas atrevidos, uno de ellos sacerdote
    Y sin embargo no es así. Teresa Neumann, la mística estigmatizada en cuestión, de hecho, en los años de surgimiento del nacionalsocialismo, es la mujer que convierte y transforma al único periodista que se atreve de verdad a desafiar a Hitler; la mujer que sostiene al fraile franciscano que le acompaña y que lucha, como un león, contra el dragón malvado.

    Es decir, al menos dos entre los hombres que más se oponen, con sus artículos y con su cuerpo, al alzamiento de Hitler, son discípulos de Teresa: a ella se dirigen para recibir consejos, indicaciones y coraje.

    ¿Sus nombres? Fritz M. Gerlich y el padre Ingbert Naab.

    ¿Quiénes son estos dos extraordinarios personajes tan olvidados?

    Der gerade Weg
    Emilio Gentile, profesor de Historia contemporánea en La Sapienza de Roma, en su libro Contro Cesare (Feltrinelli, Milán, 2010), recuerda que Gerlich y Naab son, en los años treinta, la cabeza y el corazón del semanario católico Der gerade Weg [El camino recto], que llevó a cabo la campaña más agresiva contra el nacionalsocialismo, usando ampliamente imágenes, caricaturas y fotomontajes, que ridiculizaban el racismo y la megalomanía de Hitler.


    Ingbert Naab. Abajo, conversando con Teresa Neumann.



    El fin del nacionalsocialismo, escribía el padre Naab, era “hacer proclamar en las iglesias vacías de sacrificios la nueva religión del mito de la raza”. En el número del 17 de julio de 1932, Der gerade Weg sacaba en primera página un fotomontaje que mostraba a una mujer mongola llevando en brazos a Hitler, con un título en grandes caracteres: “¿Hitler tiene sangre mongola en las venas?”. En otra ocasión el título era: “¡Encerrad a Hitler!”.


    Una de las portadas de Der gerade Weg satíricas contra Hitler.

    El día después del éxito electoral nazi de 1932, el padre Naab, que ya el año anterior había publicado un libelo contra Hitler titulado Ist Hitler ein Christ?, se desata contra Hitler, que vuelve “histéricas y fanáticas” a las masas con su propaganda falsificadora, y contra sus electores, acusados de ser “cobardes” y funcionarios públicos que sólo piensan en conservar su puesto de trabajo.

    Advertido por Teresa e invitado por ella a huir, el padre Naab logró escapar a Suiza poco antes de que los nazis irrumpieran en su monasterio para capturarlo. Murió en el exilio en 1935.

    Anticomunista primero, antinazi por Teresa Neumann
    En cuanto a Fritz Michael Gerlich, cuya vida ha sido contada por Ovidio Dallera e Ilsemarie Brandmair, en Un giornalista contro Hitler (Mursia, Milán 2008), se trata de un investigador de historia, un archivero, de clara fe anticomunista y nacionalista. En 1920 publica El comunismo como doctrina del milenarismo moderno, en la que vincula el marxismo con las herejías medievales, su fanatismo utópico y homicida. También los comunistas, escribe, tienen la idea del mal absoluto, el capital; imaginan un paraíso, la sociedad comunista; proponen un mesías salvador, el proletariado.


    Fritz Gerlich.

    En 1920 Gerlich dirige el Munchner Neueste Nachrichten, y uno de sus periodistas, un tal Aretin, fue invitado a hacer un servicio sobre Teresa Neumann: Aretin habla de una mujer que tiene visiones, éxtasis y estigmas sangrientos, y que habla fluido, aunque sin tener instrucción, varias lenguas antiguas, incluido el arameo de tiempos de Jesús.

    Gerlich no cree en el reportaje y va donde Teresa, con la intención de desenmascararla. En realidad, se convierte en discípulo suyo y esto cambia también su vida profesional: el nazismo se convierte en su principal enemigo. En Der gerade Weg, el semanario católico del que fue luego director, Gerlich acusa, además del comunismo, también la política anticristiana de los nazis, su idea de eliminar los crucifijos, su racismo.

    En la Noche de los Cuchillos Largos
    Cada día la vida de Gerlich corre riesgo, recibe amenazas de este tipo: “Haremos fiesta a usted y a su negro aquelarre, haciendo una hoguera con todas las cruces de Cristo, de ese Cristo que nació de una pu* judía”.

    Su periódico consiguió poner en un brete a los nazis, publicando artículos comprometedores para sus jerarcas, gracias a un colaborador secreto bien introducido en la cúpula del partido. Parece que Gerlich estaba en posesión de informaciones sobre la muerte violenta de la sobrina de Hitler, Geli, y de las relaciones de Ernst Röhm con el petróleo anglo-holandés. ¡Der gerade Weg llega a vender, en 1932, unos 90.000 ejemplares!

    Si la inspiradora de Gerlich es Teresa, su protector eclesiástico –recuerda M. Burleigh, profesor de Historia en Oxford, en su In nome di Dio (Rizzoli, Milán 2006) – es monseñor Faulhaber, acérrimo enemigo del nazismo, el mismo que en 1951 ordenará sacerdote a Joseph Ratzinger.

    En 1934 Der gerade Weg es el primer objetivo de las SS nazis de Röhm. Gerlich renuncia a escapar, aún pudiendo hacerlo, y es tomado prisionero. La noche después de la de los “Cuchillos Largos”, mientras otros periodistas, tras amenazas y “recomendaciones”, son liberados, Gerlich fue asesinado.

    En cuanto a Teresa, el diario italiano La Stampa del 2 de febrero de 1935 titula así: “Teresa Neumann, la estigmatizada, internada por antinazismo”. Los nazis la temen y Himmler en persona envía hombres para controlarla. Pero Teresa sobrevivió al nazismo: murió de hecho en 1962.

    Traducido por Aleteia.


    La mística Teresa Neumann inspiró a los dos grandes agitadores de la prensa católica anti-Hitler - ReL
    Última edición por Rodrigo; 16/05/2017 a las 18:44
    Kontrapoder dio el Víctor.
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  2. #2
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    LAS RELACIONES SIONISMO - NAZISMO.

    Para que no haya sombra de sospecha citaremos a Rainer Zitelmann (origen judío) y su editor Laterza que es de izquierdas (si eso significa algo).
    Pese a su juventud Rainer tiene una sólida reputación académica.
    Su obra (ensayo): "Hitler", no guarda ningún parentesco con la semiclandestina tendencia "revisionista".
    Con estas bases su lectura parece recomendable para el que busque objetividad.

    Zitelmann nació en 1957, doce años después de la muerte del personaje al que ha dedicado sus investigaciones desde que se licenció en Historia.

    En su libro se encuentran párrafos sorprendentes, textualmente: "el objetivo de las disposiciones económicas antisemitas era obligar a los judíos a abandonar Alemania. Para este propósito se sumaron los esfuerzos tanto de los nacionalsocialistas como de los sionistas. Ya en 1933 se había iniciado una colaboración entre los organismos oficiales alemanes (Gestapo incluida) y los hebreos, con el fin de favorecer la emigración fuera de Alemania de la población judía. En efecto, en los cinco años comprendidos entre 1933 y 1937, abandonaron Alemania unos 130.000 judíos, de los cuales 34.800 hallaron refugio en la nueva patria Palestina".

    Tenemos aquí una buena prueba de la manipulación de la verdad, practicada durante más de 60 años. Al ofrecernos esta noticia de una colaboración entre nazis y sionistas (unos tratando de librarse de los judíos, otros interesados en su sueño del nuevo Israel en un territorio durante muchos siglos árabe), Zitelmann no nos revela el resultado de descubrimientos en archivos secretos pues la colaboración entre la esvástica y la estrella de David se hizo a la luz del día y hasta los periódicos de la época lo recogen.

    Los que entonces no vivíamos y no podíamos leer dichos periódicos, no hemos sabido nada porque los "historiadores" siempre han ocultado ese embarazoso tema sin dar ninguna explicación.

    Veamos como prosigue el joven historiador: "el que el número de emigrados judíos no haya sido superior se debió, por una parte, a la aplicación cada vez más restrictiva que realizaban numerosas naciones de las disposiciones referidas a las emigraciones judías; y, por otra parte, a la actitud de numerosos judíos alemanes, que siguieron haciéndose ilusiones sobre el régimen nazi hasta los últimos meses de 1937.
    Un ejemplo de ello es la "llamada a los judíos de Alemania" lanzada a finales de diciembre de 1937 por la Delegación Nacional de los Judíos Alemanes, en la que se invitaba a la población judía a "no dejarse llevar por injustificados sentimientos de pánico
    ".

    Ambas son noticias largamente silenciadas.
    En primer lugar el antisemitismo nazi no se topó con una oleada de solidaridad internacional,
    por el contrario, EEUU, Gran Bretaña y Francia, es decir, los países con las mayores comunidades hebreas (cuyas protestas, cuando las hubo fueron más bien débiles y prontamente reprimidas) cerraron la puerta en las narices a los israelitas que querían abandonar Alemania. ¿Fue éste otro de los efectos de la política del poderoso movimiento sionista, que pretendía oponer a toda costa el mayor número de judíos a los árabes de Palestina, obligando a cerrar cualquier otra vía a los exiliados?

    Para responder a una pregunta de este cariz conviene no olvidar los tratados de posguerra (éstos sí fueron mayoritariamente secretos) entre Israel y la URRS, para sacar a los judíos de las fronteras soviéticas y desviarlos, directamente y sin escalas a Tel-Aviv. A dichos acuerdos se debe que los aviones rusos no aterrizaran en Viena como de costumbre, ya que, al llegar allí, muchos judíos se negaban a proseguir el viaje hasta Israel.

    La noticia de la perserverante ilusión de los judíos alemanes acerca de las intenciones del nazismo puede ser útil en el momento de valorar la airada polémica contra la Iglesia Católica por el acuerdo alcanzado con Hitler. La firma del documento es de julio de 1933, cuando el régimen aún no había mostrado todas sus cartas. ¡Incluso cuatro años y medio después, los propios judíos alemanes juzgaban "injustificado" el alarmismo excesivo!

    El 21 de marzo de 1937 en las 11.500 parroquias católicas del Reich se leyó la Mit brennender Sorge en la que Pío XI, "con ardiente preocupación" denunciaba "el calvario" de la Iglesia y desenmascaraba el carácter anticristiano del régimen.

    Según Zitelmann "la furia de Hitler contra la Iglesia romana se desencadenó ya sin freno". Gobbels anotó en su diario: "Ahora, los curas tendrán que aprender a conocer nuestra dureza, nuestro rigor y nuestra inflexibilidad".

    Volviendo a las desconcertantes relaciones entre nazismo y sionismo, en el libro citado, se informa de la "entusiasta aprobación de Hitler" a la decisión de su ministro de Economía: confiar a un "Comité de Responsables" todo el patrimonio de los judíos alemanes. Hay que señalar que los registrados como "trabajadores" no eran demasiados, unos 240.000 pero poseían la enorme suma de 6.000 millones de marcos (el equivalente al gasto sostenido posteriormente para el rearme del Reich).
    Con el fondo constituido con aquellos bienes, cualquier judío que deseara emigrar podía extraer lo necesario para reconstruir su vida en el exterior.

    Con la satisfacción de Hitler -y aquí viene otra sorpresa- pero también "de las organizaciones asistenciales judías de América e Inglaterra, que decidieron aceptar el plan alemán en sus puntos principales".

    Los tratados continuaron hasta el otoño de 1939, al iniciarse la guerra.
    Pero, aún en 1941, a través de la embajada alemana en Ankara, al menos una parte del movimiento sionista proponía a Berlín un acuerdo entre el Tercer Reich y la República, en ciernes de Israel, para el dominio de Oriente Medio.

    Así, efectivamente, la "verdadera" historia no cesa de cuestionar nuestros esquemas, siempre henchidos de maniqueísmo.


    CRISTIANOS Y NAZIS.
    En mayor o menor medida, TODOS comparten la responsabilidad de lo acaecido entre 1933 y 1945. Sin embargo, si Alemania hubiera sido católica, no habría responsabilidades que echarse en cara: el nacionalsocialismo habría seguido siendo una facción política impotente y folclórica.

    Primero fueron Lutero y sus sucesores, y luego en el XIX, el masón Otto von Bismarck, quienes intentaron, con toda la violencia a su alcance, desterrar de Alemania el catolicismo, considerado sumiso a Roma indigna de un buen patriota alemán.

    El Canciller de Hierro definió su persecución de los católicos como Kulturkamp (lucha por la civilización) con el fin de separarlos, por la fuerza, del papado "extranjero y supersticioso" y hacerlos confluir en una activa Iglesia nacional, al igual que pretendían los "tolerantes" luteranos desde siglos atrás.
    No lo consiguió y al final fue él quien se vio obligado a ceder (si bien, la fidelidad a Roma fue hasta 1918 una deshonra que impedía el ascenso a los altos escalafones del Estado y del Ejército).

    Tras la Reforma luterana, sólo un tercio de los alemanes siguió siendo católico. Hitler no llegó al poder mediante un golpe de Estado, lo hizo con toda legalidad, mediante el democrático método de elecciones libres. No obstante, en ninguna de aquellas elecciones obtuvo mayoría en los Länder católicos, los cuales votaron unidos, como siempre, por su partido, el glorioso Zentrum, que ya había desafíado victoriosamente a Bismarck y que también se opuso a Hitler hasta el último momento.

    Algo que NO hicieron los comunistas (qué pronto se olvidan ciertos datos con lavados masivos de propaganda) para quienes en 1933 el enemigo principal no era el nazismo sino la "herética" socialdemocracia.

    También olvidan que Hitler NUNCA habría desencadenado la guerra sin la ALIANZA con la URSS que en 1939 junto con Alemania invadió Polonia (si bien sólo se declaró la guerra a Alemania, la URSS que también lo hizo era "aliada").

    Hasta 1941 las materias primas soviéticas sostuvieron el esfuerzo germano durante sus buenos 22 meses. Los motes de los carros de combate nazis del Blitz en Polonia y Francia y los aviones de la Batalla de Inglaterra rodaron con el petróleo de la Soviética Bakú. Hasta esa fecha, en los países ocupados, como Francia, los comunistas locales obedecían las directrices de Moscú y estaban de parte de los nazis, no de la resistencia.

    Luego vendrían las toneladas de propaganda y alardes de los "importantes méritos antifascistas del comunismo" del comunismo internacional hasta hoy. Y siempre tan dispuestos a calificar a los católicos como clérigo-fascistas y encubridores de la gran tragedia.

    No son méritos lo que ostentan los comunistas sino responsabilidades gravísimas.

    Y la Gran Bretaña de inicios de siglo, la Inglaterra victoriana, no había mostrado intenciones y procedimientos muy distintos de los de la Alemania hitleriana, como demostró contra los bóers sudafricanos. Desgraciadamente en la política (y en la guerra, su continuación) no hay paladines de ideal inmaculado.

    Volviendo a las decisivas elecciones alemanas de 1933 el ascenso de Hitler se debe a los Länder protestantes que le proporcionaron la mayoría mientras las zonas católicas lo mantuvieron, otra vez más, en minoría.

    El presidente Hindengburg respetando la voluntad de la mayoría de los electores, confió la cancillería al austríaco de origen parcialmente judío de 41 años. El día 21 de marzo, día de la primera sesión del Parlamento del Tercer Reich, Goebbels proclamó el "Día de la Revancha Nacional". Las solemnes ceremonias se abrieron con un servicio religioso en el templo luterano de Postdam. Y el órgano entonó el himno de Lutero: Nun danket alle Gott (y ahora que todos alaben a Dios).

    Desde 1930, en la Iglesia luterana los Deutschen Christen (los cristianos alemanes) se habían organizado y tras el triunfo electoral de 1933 el teólogo Niemoller: "en nombre de más de 2.500 pastores luteranos envió un telegrama a Hitler "Saludamos a nuestro Führer ... nosotros, pastores evangélicos, aseguraos fidelidad absoluta y encendidas plegarias".
    Luego en 1944, tras el fallido atentado de julio a Hitler, mientras lo que quedaba de la Iglesia católica guardaba un atronador silencio los jefes de la Iglesia luterana enviaban otro telegrama: "en todos nuestros templos se expresa en la oración de hoy la gratitud por la benigna portección de Dios y su visible salvaguarda".

    También está la crónica, enviada por el corresponsal en Alemania del periódico Time y publicado en el número que lleva fecha del 17 de abril de 1933, un par de meses tras el ascenso a la cancillería de Hitler: "el Gran Congreso de los Cristianos Germánicos ha tenido lugar en el antiguo edificio de la Dieta prusiana para presentar las líneas de las Iglesias evangélicas en Alemania en el nuevo clima auspiciado por el nacionalsocialismo. El pastor Hossenfelder ha comenzado anunciando: "Lutero ha dicho que un campesino puede ser más piadoso mientras ara la tierra que una monja cuando reza. Nosotros decimos que un nazi de los Grupos de Asalto (SA) está más cerca de la voluntad de Dios mientras combate, que una Iglesia que no se une al júbilo por el Tercer Reich (aludiendo a la Iglesia Católica)".

    La penosa actuación de los Deutschen Christen no fue la de un grupo minoritario sino la expresión de la mayoría de los luteranos: en las elecciones eclesiásticas de julio de 1933 los "cristonazis" obtenía el 75% de los sufragios por parte de los mismos protestantes que, a diferencia de los católicos, en las elecciones políticas habían asegurado la mayoría parlamentaria al NSDAP.

    Y todo esto no es casual, responde a una lógica histórica y teológica.
    Así lo indica el cardenal Joseph Ratzinger, un bávaro que en 1945 tenía 18 años y estaba alistado en la Flak (artillería contraaérea del Reich): "el fenómeno de los Cristianos Alemanes ilumina el típico peligro al que está expuesto el protestantismo frente al nazismo. La concepción luterana de un cristianismo nacional, germánico y antilatino, ofreció a Hitler un buen punto de partida, paralelo a la tradición de una Iglesia de Estado y del fuerte énfasis puesto en la obediencia debida a la autoridad política, connatural en los seguidores de Lutero".

    La Iglesia católica ha demostrado, desde siempre, que puede avenirse a pactar estratégicamente con los sistemas estatales, aunque sean represivos, como un mal menor, pero al final se revela como una defensa para todos contra la degeneración del totalitarismo. Por su propia naturaleza el catolicismo NO puede confundirse con el Estado, a diferencia de las Iglesias hijas de la Reforma, y se opone obligatoriamente a un gobierno que pretenda imponer a sus miembros una visión unívoca del mundo.

    Por contra, el típico dualismo luterano que divide el mundo en dos Reinos (el profano) confiado sólo al Príncipe, y el "religioso" competencia de la Iglesia pero del cual el propio Príncipe es Moderador y Protector, cuando no se jefe terrenal justifica la lealtad al tirano.

    Naturalmente la historia de la Iglesia católica es la historia de las incoherencias, de sus concesiones, de los yerros del "personal eclesiástico", no todo es brillo dorado ni entre la jerarquía, ni entre los religiosos y fieles laicos.
    Rodrigo dio el Víctor.
    La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen; pero son intolerantes en la práctica porque no aman”.

    [R.P. Reginald Garrigou-Lagrnage O.P.].

  3. #3
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    Copio abajo un texto del prólogo de «Mi lucha contra Hitler» (libro recomendable) del filósofo católico Dietrich von Hildebrand (1889-1977).

    Quienes no lo conozcan no piensen que se trata de un católico modernista. Tras el Concilio Vaticano II Hildebrand escribió libros apologéticamente contundentes e incluso, en ocasiones, duros contra la liberalización de la Iglesia, como Trojan Horse in the City of God (El caballo de Troya en la ciudad de Dios), de 1967, Der verwüstete Weinberg (La viña desolada), de 1973, y multitud de conferencias y artículos (véase http://www.philosophica.info/voces/h...ildebrand.html).

    UNA DECISIÓN VITAL





    Prefiero ser un pordiosero libre a verme obligado a ceder en contra de mi conciencia
    DIETRICH VON HILDEBRAND


    Durante los primeros meses de 1933, el mundo contempló el ascenso de Adolf Hitler al poder. En elecciones sucesivas, el Partido Nazi fue ganando escaños en el Parlamento alemán, y el 30 de enero se nombró a Hitler canciller de Alemania. El edificio del Reichstag, sede del Parlamento, fue incendiado el 27 de febrero, y Hitler aprovechó rápidamente la consiguiente inquietud para consolidar los poderes de emergencia y suspender los derechos fundamentales. Entonces se desató el terror y se procedió al arresto de miles de opositores políticos.

    Hubo un alemán que siguió estos acontecimientos con profundo pesar e indignación: el filósofo Dietrich von Hildebrand. La idea de que su amada nación cayera «en manos de criminales» le destrozó el corazón. Pero el vertiginoso ascenso de Hitler supuso para Hildebrand algo más que un motivo de hondo dolor: lo enfrentó a una decisión. ¿Debía quedarse en Alemania? Es más: ¿podía quedarse? ¿Qué le exigía su conciencia? ¿Qué le pedía Dios?

    Estas preguntas rondaban la mente de Hildebrand desde el nacimiento del Partido en Munich, su ciudad natal. Estaba predestinado a ser un enemigo del nazismo: ya antes del despegue del movimiento expuso públicamente sus críticas al nacionalismo, el militarismo, el colectivismo y el antisemitismo, pilares fundamentales de la ideología nazi. De ahí que en 1921 los nazis lo situaran en el punto de mira no solo por atacarlos explícitamente, sino por condenar en público como un «crimen atroz» la invasión alemana de una Bélgica neutral en los inicios de la primera guerra mundial (1914). Sus críticas, manifestadas en 1921 en un congreso por la paz celebrado en París, conmocionaron a la prensa alemana. La traición de Hildebrand al dogma nacionalista de la ortodoxia nazi le valió la condena a muerte, por lo que se vio obligado a huir en 1923, durante la tentativa de Hitler de hacerse con el poder.

    En 1933 Hildebrand tenía razones para pensar que su sentencia de muerte había caído en el olvido. De ahí que el motivo de su decisión no fuera tanto la consideración de los posibles peligros a los que se enfrentaba como el hecho de si podía realmente quedarse en el Tercer Reich. ¿Era posible vivir en un territorio con un Estado capaz de legitimar tantas injusticias y en el que la oposición solo podía conllevar el arresto y la tortura?

    La respuesta —mejor dicho, su respuesta— fue negativa. No: ni como filósofo ni como católico podía seguir en Alemania. Quedarse allí exigiría su silencio y una aquiescencia gradual e inevitable. Lo cual, en su opinión, estaba tan reñido con su vocación filosófica de buscar la verdad sin concesiones como con su vocación cristiana de ser testigo de esa verdad a cualquier precio.

    Pero Hildebrand sabía también que su decisión de «abandonarlo todo» se hallaba ligada a una vocación personal y única: a «mi misión», como solía decir. Sabía que no todo el mundo ni todo filósofo podía o debía dejar Alemania. Sabía que otros hombres heroicos como Dietrich Bonhoeffer respondían a una llamada distinta quedándose en Alemania y trabajando desde dentro por el fracaso del nazismo. Más adelante prestó su apoyo a los amigos que no abandonaron Alemania, animándolos a cultivar un constante «rechazo interior» al nazismo y advirtiéndoles del peligro de acabar «moralmente adormecidos» al vivir bajo un régimen perverso. Pero, en su caso, sabía que estaba llamado a dejar Alemania. Sabía que tenía la misión personal de denunciar el nazismo y ayudar a liberar a Alemania y al mundo entero de su veneno. A principios de marzo de 1933 ignoraba adónde lo conduciría aquello. Dejó su casa, a sus hermanas tan queridas, su amplio círculo de amigos, su carrera ascendente en la Universidad de Munich y el lugar decisivo que ocupaba en una floreciente comunidad religiosa y cultural que se reunía en aquellas famosas «veladas» de su casa en Maria-Theresia Strasse. Pensaba que, si seguía su conciencia y buscaba la guía de Dios, recibiría luz para saber qué pasos dar a continuación.

    La decisión de Hildebrand, que resultó vital en el más estricto sentido de la palabra, le llevó a Viena, donde fundó la primera revista de resistencia intelectual al nazismo y al comunismo en idioma alemán. Su oposición incondicional se hizo sentir en toda Austria y aún más en la Alemania nazi. Hitler solicitó con insistencia del gobierno austriaco el cierre de la revista de Hildebrand, la cual en torno a 1937, concitaba tanta atención que el embajador nazi en Viena propuso a Hitler un plan para acabar con Hildebrand y con sus colaboradores.

    Solo se llega a un conocimiento parcial de Hildebrand si no se comprende la radicalidad con que vivió su fe. De hecho, al dejar Alemania se lanzó en brazos de Dios. Pese a su confianza en unos argumentos filosóficos sólidos para desafiar al nazismo, en aquellas horas de oscuridad la verdadera fuente de su fortaleza y de una paz y una alegría asombrosas fue una vida de fe cada vez más intensa. «Tenía la convicción de estar actuando correctamente a ojos de Dios —escribiría más tarde—, y eso me proporcionaba tanta libertad interior que no sentía miedo».

    Su historia se habría perdido para siempre de no ser por su esposa, Alice von Hildebrand. Su primera mujer, Gretchen, quien se mantuvo a su lado en su lucha contra el nazismo y lo apoyó sin reservas durante cuarenta y cinco años, falleció en 1957. En 1959, Hildebrand se casó con Alice Jourdain, con quien tejió una relación intelectual, espiritual y cultural única. «¡Cuánto lamento ser mucho más joven que tú (a Alice la separaban de él treinta años) y haberme perdido tanta parte de tu vida!», le dijo ella un día. «Yo la escribiré para ti», contestó él, y emprendió la tarea al día siguiente. Reunió cinco mil páginas manuscritas que recogían su vida detalladamente, desde su infancia, su juventud, su vida de fe y su educación, hasta su lucha contra el nazismo.

    La dimensión épica de sus memorias lleva a pensar que Hildebrand escribía para una amplia e invisible audiencia de futuros lectores: lo que recoge en ellas, y especialmente su batalla en contra del nazismo, trasciende el ámbito de sus recuerdos personales al contener buena parte del espíritu de su tiempo. Pero la motivación original de sus memorias, su público original, fue Alice, su mujer. Con ella tenemos contraída una profunda deuda de gratitud no solo por alentar esas memorias, sino por inspirar su carácter íntimo e incluso confidencial.

    Dietrich von Hildebrand no publicó sus memorias ni quiso reeditar ninguno de sus ensayos en contra del nazismo. Tampoco deseó, en años posteriores, poner de relieve su testimonio en Viena: jamás se consideró un héroe ni nadie merecedor de particulares elogios. El hecho de dejar que otros publicaran su historia constituye un indicio de su espíritu generoso. Sin embargo, este libro es realmente suyo. Se trata de un trabajo autobiográfico, de una autorrevelación. Al prepararlo, hemos procurado no alterar su entramado e intentado más bien elaborar un marco adecuado —a través sobre todo de breves notas históricas— que permita al lector revivir la historia de Hildebrand disponiendo de toda la información relevante.

    ¿Cómo habría titulado él este libro? No podemos saberlo y, dada su humildad, habría sugerido algo que hiciera honor a sus colaboradores antes que a sí mismo. Pero fue él quien involuntariamente le puso nombre. Estudiando las páginas de sus memorias descubrimos que el título que encabezaba el borrador de una parte de ellas era «Mein Kampf Gegen Hitler»: «Mi lucha contra Hitler». Y así lo bautizamos.
    Última edición por Rodrigo; 16/05/2017 a las 19:35
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  4. #4
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    Cita Iniciado por donjaime Ver mensaje
    La Iglesia católica ha demostrado, desde siempre, que puede avenirse a pactar estratégicamente con los sistemas estatales, aunque sean represivos, como un mal menor, pero al final se revela como una defensa para todos contra la degeneración del totalitarismo.

    No comparto el título de este hilo, dado que, visto lo visto y pese a quien pese, si Adolfo Hitler hubiera ganado la guerra mundial, no habría habido ningún problema en el Vaticano para cooperar y aclimatarse al ambiente nazi, al modo que se aclimató al triunfante stablishment liberal-judeo-masónico (¡quien lo hubiera imaginado por aquel entonces). La diplomacia vaticana hace milagros... y no digamos, lavado de imagen... y de cerebros. Probablemente, se habrían minimizado todas las discrepancias que en su día hubo.

    Por lo demás, el texto de la "Mit Brenender Sorge" NO condena el nacional socialismo como tal (al modo como lo fue el comunismo en otras encíclicas), sino solo sus excesos prácticos.

    Y sin la ayuda de Hitler a Franco, aquellos satisfechos obispos de los años 40 saludando brazo en alto... sin duda hubieran muerto antes en alguna cheka o gulag. Especialmente, y por ello, la Iglesia española preconciliar (ésa contraria al ecumenismo y a la libertad religiosa) tiene mucho que agradecer al señor Adolfo Hitler.
    Última edición por ALACRAN; 17/05/2017 a las 01:01
    ReynoDeGranada, raolbo y Pious dieron el Víctor.
    "...Tras las escuelas liberales vienen las socialistas
    con su teoría de las insurrecciones santas
    y los delitos heroicos...
    el nuevo evangelio del mundo
    lo están escribiendo presidiarios
    ...
    el mundo no tendrá sino lo que se merece
    cuando sea evangelizado por los nuevos apóstoles..."
    Año 1851
    (profecía de J. Donoso Cortés)
    ************************

  5. #5
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    CARTA ENCÍCLICA
    MIT BRENNENDER SORGE
    DEL SUMO PONTÍFICE
    PÍO XI
    SOBRE LA SITUACIÓN
    DE LA IGLESIA CATÓLICA EN EL REICH ALEMÁN
    A los venerables hermanos,
    arzobispos, obispos y otros ordinarios de Alemania
    en paz y comunión con la Sede Apostólica

    1. Con viva preocupación y con asombro creciente venimos observando, hace ya largo tiempo, la vía dolorosa de la Iglesia y la opresión progresivamente agudizada contra los fieles, de uno u otro sexo, que le han permanecido devotos en el espíritu y en las obras; y todo esto en aquella nación y en medio de aquel pueblo al que San Bonifacio llevó un día el luminoso mensaje, la buena nueva de Cristo y del reino de Dios.

    2. Esta nuestra inquietud no se ha visto disminuida por los informes que los reverendísimos representantes del episcopado, según su deber, nos dieron, ajustados a la verdad, al visitarnos durante nuestra enfermedad. Junto a muchas noticias muy consoladoras y edificantes sobre la lucha sostenida por sus fieles por causa de la religión, no pudieron pasar en silencio, a pesar de su amor al propio pueblo y a su patria y el cuidado de expresar un juicio bien ponderado, otros innumerables sucesos muy tristes y reprobables. Luego que Nos hubimos escuchado sus relatos, con profunda gratitud a Dios pudimos exclamar con el apóstol del amor: No hay para mi mayor alegría que oír de mis hijos que andan en la verdad (3Jn 4). Pero la sinceridad que corresponde a la grave responsabilidad de nuestro ministerio apostólico y la decisión de presentar ante vosotros y ante todo el mundo cristiano la realidad en toda su crudeza, exigen también que añadamos: No tenemos preocupación mayor ni más cruel aflicción pastoral que cuando oímos: Muchos abandonan el camino de la verdad (cf. 2Pe 2,2).

    1. CONCORDATO

    3. Cuando Nos, venerables hermanos, en el verano de 1933, a instancia del Gobierno del Reich, aceptamos el reanudar las gestiones para un concordato, tomando por base un proyecto elaborado ya varios años antes, y llegamos así a un acuerdo solemne que satisfizo a todos vosotros, tuvimos por móvil la obligada solicitud de tutelar la libertad de la misión salvadora de la Iglesia en Alemania y de asegurar la salvación de las almas a ella confiadas, y, al mismo tiempo, el sincero deseo de prestar un servicio capital al pacífico desenvolvimiento y al bienestar del pueblo alemán.

    4. A pesar de muchas y graves consideraciones, Nos determinamos entonces, no sin una propia violencia, a no negar nuestro consentimiento. Queríamos ahorrar a nuestros fieles, a nuestros hijos y a nuestras hijas de Alemania, en la medida humanamente posible, las situaciones violentas y las tribulaciones que, en caso contrario, se podían prever con toda seguridad según las circunstancias de los tiempos. Y con hechos queríamos demostrar a todos que Nos, buscando únicamente a Cristo y cuanto a Cristo pertenece, no rehusábamos tender a nadie, si él mismo no la rechazaba, la mano pacífica de la madre Iglesia.

    5. Si el árbol de la paz, por Nos plantado en tierra alemana con pura intención, no ha producido los frutos por Nos anhelados en interés de vuestro pueblo, no habrá nadie en el mundo entero, con ojos para ver y oídos para oír, que pueda decir, todavía hoy, que la culpa es de la Iglesia y de su Cabeza suprema. La experiencia de los años transcurridos hace patentes las responsabilidades y descubre las maquinaciones que, ya desde el principio, no se propusieron otro fin que una lucha hasta el aniquilamiento. En los surcos donde nos habíamos esforzado por echar la simiente de la verdadera paz, otros esparcieron —como el inimicus homo de la Sagrada Escritura (Mt 13, 25)— la cizaña de la desconfianza, del descontento, de la discordia, del odio, de la difamación, de la hostilidad profunda, oculta o manifiesta, contra Cristo y su Iglesia, desencadenando una lucha que se alimentó en mil fuentes diversas y se sirvió de todos los medios. Sobre ellos, y solamente sobre ellos y sobre sus protectores, ocultos o manifiestos, recae la responsabilidad de que en el horizonte de Alemania no aparezca el arco iris de la paz, sino el nubarrón que presagia luchas religiosas desgarradoras.

    6. Venerables hermanos, Nos no nos hemos cansado de hacer ver a los dirigentes, responsables de la suerte de vuestra nación, las consecuencias que se derivan necesariamente de la tolerancia, o peor aún, del favor prestado a aquellas corrientes. A todo hemos recurrido para defender la santidad de la palabra solemnemente dada y la inviolabilidad de los compromisos voluntarios contraídos frente a las teorías y prácticas que, si hubieran llegado a admitirse oficialmente, habrían disipado toda confianza y desvalorizado intrínsecamente toda palabra para lo futuro. Cuando llegue el momento de exponer a los ojos del mundo estos nuestros esfuerzos, todos los hombres de recta intención sabrán dónde han de buscarse los defensores de la paz y dónde sus perturbadores. Todo el que haya conservado en su ánimo un residuo de amor a la verdad, y en su corazón una sombra del sentido de justicia, habrá de admitir que, en los años tan difíciles y llenos de tan graves acontecimientos que siguieron al Concordato, cada una de nuestras palabras y de nuestras acciones tuvo por norma la fidelidad a los acuerdos estipulados. Pero deberá también reconocer con extrañeza y con profunda reprobación cómo por la otra parte se ha erigido en norma ordinaria el desfigurar arbitrariamente los pactos, eludirlos, desvirtuarlos y, finalmente, violarlos más o menos abiertamente.

    7. La moderación que, a pesar de todo esto, hemos demostrado hasta ahora no nos ha sido sugerida por cálculos de intereses terrenos, ni mucho menos por debilidad, sino simplemente por la voluntad de no arrancar, junto con la cizaña, alguna planta buena; por la decisión de no pronunciar públicamente un juicio mientras los ánimos no estuviesen bien dispuestos para comprender su ineludible necesidad; por la resolución de no negar definitivamente la fidelidad de otros a la palabra empeñada, antes de que el irrefutable lenguaje de la realidad le hubiese arrancado los velos con que se ha sabido y se pretende aún ahora disfrazar, conforme a un plan predeterminado, el ataque contra la Iglesia. Todavía hoy, cuando la lucha abierta contra las escuelas confesionales, tuteladas por el Concordato, y la supresión de la libertad del voto para aquellos que tienen derecho a la educación católica, manifiestan, en un campo particularmente vital para la Iglesia, la trágica gravedad de la situación y la angustia, sin ejemplo, de las conciencias cristianas, la solicitud paternal por el bien de las almas nos aconseja no dejar de considerar las posibilidades, por escasas que sean, que aún puedan subsistir, de una vuelta a la fidelidad de los pactos y una inteligencia que nuestra conciencia pueda admitir. Secundando los ruegos de los reverendísimos miembros del episcopado, en adelante no nos cansaremos de ser el defensor —ante los dirigentes de vuestro pueblo— del derecho conculcado, y ello, sin preocuparnos del éxito o del fracaso inmediato, obedeciendo sólo a nuestra conciencia y a nuestro ministerio pastoral, y no cesaremos de oponernos a una mentalidad que intenta, con abierta u oculta violencia, sofocar el derecho garantizado por solemnes documentos.

    8. Sin embargo, el fin de la presente carta, venerables hermanos, es otro. Como vosotros nos visitasteis amablemente durante nuestra enfermedad, así ahora nos dirigimos a vosotros, y por vuestro conducto, a los fieles católicos de Alemania, los cuales, como todos los hijos que sufren y son perseguidos, están muy cerca del corazón del Padre común. En esta hora en que su fe está siendo probada, como oro de ley, en el fuego de la tribulación y de la persecución, insidiosa o manifiesta, y en que están rodeados por mil formas de una opresión organizada de la libertad religiosa, viviendo angustiados por la imposibilidad de tener noticias fidedignas y de poder defenderse con medios normales, tienen un doble derecho a una palabra de verdad y de estímulo moral por parte de Aquel a cuyo primer predecesor dirigió el Salvador aquella palabra llena de significado: Yo he rogado por ti para que no desfallezca tu fe, y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos (Lc 22,32).

    2. GENUINA FE EN DIOS

    9. Y ante todo, venerables hermanos, cuidad que la fe en Dios, primer e insustituible fundamento de toda religión, permanezca pura e íntegra en las regiones alemanas. No puede tenerse por creyente en Dios el que emplea el nombre de Dios retóricamente, sino sólo el que une a esta venerada palabra una verdadera y digna noción de Dios.

    10. Quien, con una confusión panteísta, identifica a Dios con el universo, materializando a Dios en el mundo o deificando al mundo en Dios, no pertenece a los verdaderos creyentes.

    11. Ni tampoco lo es quien, siguiendo una pretendida concepción precristiana del antiguo germanismo, pone en lugar del Dios personal el hado sombrío e impersonal, negando la sabiduría divina y su providencia, la cual se extiende poderosa del uno al otro extremo (Sab 8,1) y lo dirige a buen fin. Ese hombre no puede pretender que sea contado entre los verdaderos creyentes.

    12. Si la raza o el pueblo, si el Estado o una forma determinada del mismo, si los representantes del poder estatal u otros elementos fundamentales de la sociedad humana tienen en el orden natural un puesto esencial y digno de respeto, con todo, quien los arranca de esta escala de valores terrenales elevándolos a suprema norma de todo, aun de los valores religiosos, y, divinizándolos con culto idolátrico, pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios, está lejos de la verdadera fe y de una concepción de la vida conforme a esta.

    13. Vigilad, venerables hermanos, con cuidado contra el abuso creciente, que se manifiesta en palabras y por escrito, de emplear el nombre tres veces santo de Dios como una etiqueta vacía de sentido para un producto más o menos arbitrario de una especulación o aspiración humana; y procurad que tal aberración halle entre vuestros fieles la vigilante repulsa que merece. Nuestro Dios es el Dios personal, trascendente, omnipotente, infinitamente perfecto, único en la trinidad de las personas y trino en la unidad de la esencia divina, creador del universo, señor, rey y último fin de la historia del mundo, el cual no admite, ni puede admitir, otras divinidades junto a sí.

    14. Este Dios ha dado sus mandamientos de manera soberana, mandamientos independientes del tiempo y espacio, de región y raza. Como el sol de Dios brilla indistintamente sobre el género humano, así su ley no reconoce privilegios ni excepciones. Gobernantes y gobernados, coronados y no coronados, grandes y pequeños, ricos y pobres, dependen igualmente de su palabra. De la totalidad de sus derechos de Creador dimana esencialmente su exigencia de una obediencia absoluta por parte de los individuos y de toda la sociedad. Y esta exigencia de una obediencia absoluta se extiende a todas las esferas de la vida, en las que cuestiones de orden moral reclaman la conformidad con la ley divina y, por esto mismo, la armonía de los mudables ordenamientos humanos con el conjunto de los inmutables ordenamientos divinos.

    15. Solamente espíritus superficiales pueden caer en el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios, creador del mundo, rey y legislador de los pueblos, ante cuya grandeza las naciones son como gotas de agua en el caldero (Is 40, 5).

    16. Los obispos de la Iglesia de Cristo encargados de las cosas que miran a Dios (Heb 5,1), deben vigilar para que no arraiguen entre los fieles esos perniciosos errores, a los que suelen seguir prácticas aun más perniciosas. Es propio de su sagrado ministerio hacer todo lo posible para que los mandamientos de Dios sean considerados y practicados como obligaciones inconcusas de una vida moral y ordenada, tanto privada como pública; para que los derechos de la majestad divina, el nombre y la palabra de Dios no sean profanados (cf. Tit 2,5); para que las blasfemias contra Dios en palabras, escritos e imágenes, numerosas a veces como la arena del mar, sean reducidas a silencio, y para que frente al espíritu tenaz e insidioso de los que niegan, ultrajan y odian a Dios, no languidezca nunca la plegaria reparadora de los fieles, que, como el incienso, suba continuamente al Altísimo, deteniendo su mano vengadora.

    17. Nos os damos gracias, venerables hermanos, a vosotros, a vuestros sacerdotes y a todos los fieles que, defendiendo los derechos de la Divina Majestad contra un provocador neopaganismo, apoyado, desgraciadamente con frecuencia, por personalidades influyentes, habéis cumplido y cumplís vuestro deber de cristianos. Esta gratitud es particularmente íntima y llena de reconocida admiración para todos los que en el cumplimiento de este su deber se han hecho dignos de sufrir por la causa de Dios sacrificios y dolores.

    3. GENUINA FE EN JESUCRISTO

    18. La fe en Dios no se mantendrá por mucho tiempo pura e incontaminada si no se apoya en la fe de Jesucristo. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo (Lc 10,22). Esta es la vida eterna, que te reconozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo (Jn 17,3). A nadie, por lo tanto, es lícito decir: Yo creo en Dios, y esto es suficiente para mi religión. La palabra del Salvador no deja lugar a tales escapatorias: El que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre (1Jn 2,23).

    19. En Jesucristo, Hijo encarnado de Dios, apareció la plenitud de la revelación divina: Muchas veces y en muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por ministerio de los profetas; últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo (Heb 1,1-2). Los libros santos del Antiguo Testamento son todos palabra de Dios, parte sustancial de su revelación. Conforme al desarrollo gradual de la revelación, en ellos aparece el crepúsculo del tiempo que debía preparar el pleno mediodía de la Redención. En algunas partes se habla de la imperfección humana, de su debilidad y del pecado, como no puede suceder de otro modo cuando se trata de libros de historia y legislación. Aparte de otros innumerables rasgos de grandeza y de nobleza, hablan de la tendencia superficial y materialista que se manifestaba reiteradamente a intervalos en el pueblo de la Antigua Alianza, depositario de la revelación y de las promesas de Dios. Pero cualquiera que no esté cegado por el prejuicio o por la pasión no puede menos de notar que lo que más luminosamente resplandece, a pesar de la debilidad humana de que habla la historia bíblica, es la luz divina del camino de la salvación, que triunfa al fin sobre todas las debilidades y pecados. Y precisamente sobre este fondo, con frecuencia sombrío, la pedagogía de la salvación eterna se ensancha en perspectivas, las cuales a un tiempo dirigen, amonestan, sacuden, consuelan y hacen felices. Sólo la ceguera y el orgullo pueden hacer cerrar los ojos ante los tesoros de saludables enseñanzas encerrados en el Antiguo Testamento. Por eso, el que pretende desterrar de la Iglesia y de la escuela la historia bíblica y las sabias enseñanzas del Antiguo Testamento, blasfema la palabra de Dios, blasfema el plan de la salvación dispuesto por el Omnipotente y erige en juez de los planes divinos un angosto y mezquino pensar humano. Ese tal niega la fe en Jesucristo, nacido en la realidad de su carne, el cual tomó la naturaleza humana de un pueblo que más tarde había de crucificarle. No comprende nada del drama mundial del Hijo de Dios, el cual al crimen de quienes le crucificaban opuso, en calidad de Sumo Sacerdote, la acción divina de la muerte redentora, dando de esta forma al Antiguo Testamento su cumplimiento, su fin y su sublimación en el Nuevo Testamento.

    20. La revelación, que culminó en el Evangelio de Jesucristo, es definitiva y obligatoria para siempre, no admite complementos de origen humano, y mucho menos sucesiones o sustituciones por revelaciones arbitrarias, que algunos corifeos modernos querrían hacer derivar del llamado mito de la sangre y de la raza. Desde que Cristo, el Ungido del Señor, consumó la obra de la redención, quebrantando el dominio del pecado y mereciéndonos la gracia de llegar a ser hijos de Dios, desde aquel momento no se ha dado a los hombres ningún otro nombre bajo el cielo, para conseguir la bienaventuranza, sino el nombre de Jesucristo (Hech 4,12). Por más que un hombre encarnara en sí toda la sabiduría, todo el poder y toda la pujanza material de la tierra, no podría asentar fundamento diverso del que Cristo ha puesto (1Cor 3,11). En consecuencia, aquel que con sacrílego desconocimiento de la diferencia esencial entre Dios y la criatura, entre el Hombre-Dios y el simple hombre, osase poner al nivel de Cristo, o peor aún, sobre El o contra El, a un simple mortal, aunque fuese el más grande de todos los tiempos, sepa que es un profeta de fantasías a quien se aplica espantosamente la palabra de la Escritura: El que mora en los cielos se burla de ellos (Sal 2,4).

    4. GENUINA FE EN LA IGLESIA

    21. La fe en Jesucristo no permanecerá pura e incontaminada si no está sostenida y defendida por la fe en la Iglesia, columna y fundamento de la verdad (1Tim 3,15). Cristo mismo, Dios eternamente bendito, ha erigido esta columna de la fe; su mandato de escuchar a la Iglesia (cf. Mt 18,17) y recibir por las palabras y los mandatos de la Iglesia sus mismas palabras y sus mismos mandatos (cf. Lc 10,16), tiene valor para todos los hombres de todos los tiempos y de todas las regiones. La Iglesia, fundada por el Salvador, es única para todos los pueblos y para todas las naciones: y bajo su bóveda, que cobija, como el firmamento, al universo entero, hallan puesto y asilo todos los pueblos y todas las lenguas, y pueden desarrollarse todas las propiedades, cualidades, misiones y cometidos, que han sido señalados por Dios creador y salvador a los individuos y a las sociedades humanas. El corazón materno de la Iglesia es tan generoso, que ve en el desarrollo de tales peculiaridades y cometidos particulares, conforme al querer de Dios, la riqueza de la variedad, más bien que el peligro de escisiones: se goza con el elevado nivel espiritual de los individuos y de los pueblos, descubre con alegría y santo orgullo materno en sus genuinas actuaciones los frutos de educación y de progreso, que bendice y promueve siempre que lo puede hacer en conciencia. Pero sabe también que a esta libertad le han sido señalados límites por disposición de la Divina Majestad, que ha querido y ha fundado esta Iglesia como unidad inseparable en sus partes esenciales. El que atenta contra esta intangible unidad, quita a la esposa de Cristo una de las diademas con que Dios mismo la ha coronado; somete el edificio divino, que descansa en cimientos eternos, a la revisión y a la transformación por parte de arquitectos a quienes el Padre celestial no ha concedido poder alguno.

    22. La divina misión que la Iglesia cumple entre los hombres y debe cumplir por medio de hombres, puede ser dolorosamente oscurecida por el elemento humano, quizás demasiado humano que en determinados tiempos vuelve a retoñar, como la cizaña en medio del trigo del reino de Dios. El que conozca la frase del Salvador acerca de los escándalos y de quienes los dan, sabe cómo la Iglesia y cada individuo deben juzgar sobre lo que fue y es pecado. Pero quien, fundándose en estos lamentables desacuerdos entre la fe y la vida, entre las palabras y los actos, entre la conducta exterior y los pensamientos interiores de algunos —aunque éstos fuesen muchos—, echa en olvido o conscientemente pasa en silencio la enorme suma de genuina actividad para llegar a la virtud, el espíritu de sacrificio, el amor fraternal, el heroísmo de santidad, en tantos miembros de la Iglesia, manifiesta una ceguera injusta y reprobable. Y cuando luego se ve que la rígida medida con que juzga a la odiada Iglesia se deja al margen cuando se trata de otras sociedades que le son cercanas por sentimiento o interés, entonces se evidencia que, al mostrarse lastimado en su pretencioso sentido de pureza, se revela semejante a aquellos que, según la tajante frase del Salvador, ven la paja en el ojo ajeno y no se dan cuenta la viga en el propio. También es menos pura la intención de aquellos que ponen por fin de su vocación lo que hay de humano en la Iglesia, hasta hacer quizás de ello un negocio bastardo, y si bien la potestad de quien está investido de la dignidad eclesiástica, fundada en Dios, no depende de su nivel humano y moral, sin embargo, no hay época alguna, ni individuo, ni sociedad que no deba examinar sinceramente su conciencia, purificarse inexorablemente, renovarse profundamente en el sentir y en el obrar. En nuestra encíclica sobre el sacerdocio y en la de la Acción Católica hemos llamado insistentemente la atención de todos los pertenecientes a la Iglesia, y particularmente la de los eclesiásticos, religiosos y seglares, que colaboran en el apostolado, sobre el sagrado deber de poner su fe y su conducta en aquella armonía exigida por la ley de Dios y reclamada con incansable insistencia por la Iglesia. También hoy Nos repetimos con gravedad profunda: No basta ser contados en la Iglesia de Cristo, es preciso ser en espíritu y en verdad miembros vivos de esta Iglesia. Y lo son solamente los que están en gracia de Dios y caminan continuamente en su presencia, o por la inocencia o por la penitencia sincera y eficaz. Si el Apóstol de las Gentes, el vaso de elección, sujetaba su cuerpo al látigo de la mortificación, no fuera que, después de haber predicado a los otros (cf 1Cor 9,27), fuese él reprobado, ¿habrá, por ventura, para aquellos en cuyas manos está la custodia y el incremento del reino de Dios, otro camino que el de la íntima unión del apostolado con la santificación propia? Sólo así se demostrará a los hombres de hoy, y en primer lugar a los detractores de la Iglesia, que la sal de la tierra y la levadura del cristianismo no se ha vuelto ineficaz, sino que es poderosa y capaz de renovar espiritualmente y rejuvenecer a los que están en la duda y en el error, en la indiferencia y en el descarrío espiritual, en la relajación de la fe y en el alejamiento de Dios, de quien ellos —lo admitan o lo nieguen— están más necesitados que nunca. Una cristiandad en la que todos los miembros vigilen sobre sí mismos, que deseche toda tendencia a lo puramente exterior y mundano, que se atenga seriamente a los preceptos de Dios y de la Iglesia y se mantenga, por consiguiente, en el amor de Dios y en la solícita caridad para el prójimo, podrá y deberá ser ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo, que busca sostén y dirección, si es que no se quiere que sobrevenga una enorme catástrofe o una decadencia indescriptible.

    23. Toda reforma genuina y duradera ha tenido propiamente su origen en el santuario, en hombres inflamados e impulsados por amor de Dios y del prójimo, los cuales, gracias a su gran generosidad en corresponder a cualquier inspiración de Dios y a ponerla en práctica ante todo en sí mismos, profundizando en humildad y con la seguridad de quien es llamado por Dios, llegaron a iluminar y renovar su época. Donde el celo de reformas no derivó de la pura fuente de la integridad personal, sino que fue efecto de la explosión de impulsos pasionales, en vez de iluminar oscureció, en vez de construir destruyó, y fue frecuentemente punto de partida para errores todavía más funestos que los daños que se quería o se pretendía remediar. Es cierto que el espíritu de Dios sopla donde quiere (Jn 3,8), de las piedras puede suscitar los cumplidores de sus designios (cf. Mt 3,9; Lc 3,8), y escoge los instrumentos de su voluntad según sus planes, no según los de los hombres. Pero El, que ha fundado la Iglesia y la llamó a la vida en Pentecostés, no quiebra la estructura fundamental de la salvadora institución por El mismo querida. Quien está movido por el espíritu de Dios observa, por esto mismo, una actitud exterior e interior de respeto hacia la Iglesia, noble fruto del árbol de la Cruz, don del Espíritu Santo en Pentecostés al mundo necesitado de guía.

    24.. En vuestras regiones, venerables hermanos, se alzan voces, en coro cada vez más fuerte, que incitan a salir de la Iglesia; y entre los voceadores hay algunos que, por su posición oficial, intentan producir la impresión de que tal alejamiento de la Iglesia, y consiguientemente la infidelidad a Cristo Rey, es testimonio particularmente convincente y meritorio de su fidelidad al actual régimen. Con presiones ocultas y manifiestas, con intimidaciones, con perspectivas de ventajas económicas, profesionales, cívicas o de otro género, la adhesión de los católicos a su fe —y singularmente la de algunas clases de funcionarios católicos— se halla sometida a una violencia tan ilegal como inhumana. Nos, con paterna emoción, sentimos y sufrimos profundamente con los que han pagado a tan caro precio su adhesión a Cristo y a la Iglesia; pero se ha llegado ya a tal punto, que está en juego el último fin y el más alto, la salvación, o la condenación; y en este caso, como único camino de salvación para el creyente, queda la senda de un generoso heroísmo. Cuando el tentador o el opresor se le acerque con las traidoras insinuaciones de que salga de la Iglesia, entonces no habrá más remedio que oponerle, aun a precio de los más graves sacrificios terrenos, la palabra del Salvador: Apártate de mí, Satanás, porque está escrito: al Señor tu Dios adorarás y a El sólo darás culto (Mt 4,10; Lc 4,8). A la Iglesia, por el contrario, deberá dirigirle estas palabras: ¡Oh tú, que eres mi madre desde los días de mi infancia primera, mi fortaleza en la vida, mi abogada en la muerte, que la lengua se me pegue al paladar si yo, cediendo a terrenas lisonjas o amenazas, llegase a traicionar las promesas de mi bautismo! Finalmente, aquellos que se hicieron la ilusión de poder conciliar con el abandono exterior de la Iglesia la fidelidad interior a ella, adviertan la severa palabra del Señor: El que me negare delante de los hombres, será negado ante los ángeles de Dios (Lc 12,9).

    5. GENUINA FE EN EL PRIMADO

    25. La fe en la Iglesia no se mantendrá pura e incontaminada si no está apoyada por la fe en el primado del obispo de Roma. En el mismo momento en que Pedro, adelantándose a los demás apóstoles y discípulos, profesó su fe en Cristo, Hijo de Dios vivo, la respuesta de Cristo, que le premiaba por su fe y por haberla profesado, fue el anuncio de la fundación de su Iglesia, de la única Iglesia, sobre la roca de Pedro (Mt 1,18). Por esto la fe en Cristo, en la Iglesia y en el Primado, están en sagrada trabazón de mutua dependencia. Una autoridad genuina y legal es en todas partes un vínculo de unidad y un manantial de fuerza, una defensa contra la división y la ruina, una garantía para el porvenir. Y esto se verifica en un sentido más alto y noble donde, como en el caso de la Iglesia, y sólo en la Iglesia, a tal autoridad se le ha prometido la asistencia sobrenatural del Espíritu Santo y su apoyo invencible. Si personas, que ni siquiera están unidas por la fe de Cristo, os atraen y lisonjean con la seductora imagen de una iglesia nacional alemana, sabed que esto no es otra cosa que renegar de la única Iglesia de Cristo, una apostasía manifiesta del mandato de Cristo de evangelizar a todo el mundo, lo que sólo puede llevar a la práctica una Iglesia universal. El desarrollo histórico de otras iglesias nacionales, su entumecimiento espiritual, su opresión y servidumbre por parte de los poderes laicos, muestran la desoladora esterilidad, que denuncia con irremediable certeza ser un sarmiento desgajado de la cepa vital de la Iglesia. Quien, ya desde el principio, opone a estos erróneos desarrollos un no vigilante e inconmovible, presta un servicio no solamente a la pureza de la fe, sino también a la salud y fuerza vital de su pueblo.

    6. NINGUNA ADULTERACIÓN
    DE NOCIONES Y TÉRMINOS SAGRADOS

    26. Venerables hermanos, ejerced particular vigilancia cuando conceptos religiosos fundamentales son vaciados de su contenido genuino y son aplicados a significados profanos.

    27. Revelación, en sentido cristiano, significa la palabra de Dios a los hombres. Usar este término para indicar las sugestiones que provienen de la sangre y de la raza o la irradiaciones de la historia de un pueblo es, en todo caso, causar desorientaciones. Estas monedas falsas no merecen pasar al tesoro lingüístico de un fiel cristiano.

    28. La fe consiste en tener por verdadero lo que Dios ha revelado y que por medio de la Iglesia manda creer: es demostración de las cosas que vemos (Heb 11,1). La confianza, risueña y altiva, sobre el porvenir del propio pueblo, cosa grata a todos, significa algo bien distinto de la fe en sentido religioso. El usar una por otra, el querer sustituir la una por la otra y pretender con esto ser considerado como «creyente» por un cristiano convencido, es un mero juego de palabras, una confusión de términos a sabiendas, o incluso algo peor.

    29. La inmortalidad, en sentido cristiano, es la sobrevivencia del hombre después de la muerte terrena, como individuo personal, para la eterna recompensa o para el eterno castigo. Quien con la palabra inmortalidad no quiere expresar más que una supervivencia colectiva en la continuidad del propio pueblo, para un porvenir de indeterminada duración en este mundo, pervierte y falsifica una de las verdades fundamentales de la fe cristiana y conmueve los cimientos de cualquier concepción religiosa, la cual requiere un ordenamiento moral universal. Quien no quiere ser cristiano debería al menos renunciar a enriquecer el léxico de su incredulidad con el patrimonio lingüístico cristiano.

    30. El pecado original es la culpa hereditaria, propia, aunque no personal, de cada uno de los hijos de Adán, que en él pecaron (cf. Rom 5,12); es pérdida de la gracia —y, consiguientemente, de la vida eterna— con la propensión al mal, que cada cual ha de sofocar por medio de la gracia, de la penitencia, de la lucha y del esfuerzo moral. La pasión y muerte del Hijo de Dios redimió al mundo de la maldita herencia del pecado y de la muerte. La fe en estas verdades, hechas hoy objeto de vil escarnio por parte de los enemigos de Cristo en vuestra patria, pertenece al inalienable depósito de la religión cristiana.

    31. La cruz de Cristo, aunque que su solo nombre haya llegado a ser para muchos locura y escándalo (cf 1Cor 1,23), sigue siendo para el cristiano la señal sacrosanta de la redención, la bandera de la grandeza y de la fuerza moral. A su sombra vivimos, besándola morimos; sobre nuestro sepulcro estará como pregonera de nuestra fe, testigo de nuestra esperanza, aspiración hacia la vida eterna.

    32. La humildad en el espíritu del Evangelio y la impetración del auxilio divino se compaginan bien con la propia dignidad, con la seguridad de sí mismo y con el heroísmo. La Iglesia de Cristo, que en todos los tiempos, hasta en los más cercanos a nosotros, cuenta más confesores y heroicos mártires que cualquier otra sociedad moral, no necesita, ciertamente, recibir de algunos campos enseñanzas sobre el heroísmo de los sentimientos y de los actos. En su necio afán de ridiculizar la humildad cristiana como una degradación de sí mismo y como una actitud cobarde, la repugnante soberbia de estos innovadores no consigue más que hacerse ella misma ridícula.

    33. Gracia, en sentido lato, puede llamarse todo lo que el Creador otorga a la criatura. Pero la gracia, en el propio sentido cristiano de la palabra, comprende solamente los dones gratuitos sobrenaturales del amor divino, la dignación y la obra por la que Dios eleva al hombre a aquella íntima comunicación de su vida, que en el Nuevo Testamento se llama filiación de Dios. Ved qué amor nos ha mostrado el Padre: que seamos llamados hijos de Dios, y lo seamos en realidad (1Jn 3,1). Rechazar esta elevación sobrenatural a la gracia por una pretendida peculiaridad del carácter alemán, es un error, una abierta declaración de guerra a una verdad fundamental del cristianismo. Equiparar la gracia sobrenatural a los dones de la naturaleza equivale a violentar el lenguaje creado y santificado por la religión. Los pastores y guardianes del pueblo de Dios harán bien en oponerse a este hurto sacrílego y a este empeño por confundir los espíritus.

    7. DOCTRINA Y ORDEN MORAL

    34. Sobre la fe en Dios, genuina y pura, se funda la moralidad del género humano. Todos los intentos de separar la doctrina del orden moral de la base granítica de la fe, para reconstruirla sobre la arena movediza de normas humanas, conducen, pronto o tarde, a los individuos y a las naciones a la decadencia moral. El necio que dice en su corazón: No hay Dios, se encamina a la corrupción moral (Sal 13[14],1). Y estos necios, que presumen separar la moral de la religión, constituyen hoy legión. No se percatan, o no quieren percatarse, de que, el desterrar de las escuelas y de la educación la enseñanza confesional, o sea, la noción clara y precisa del cristianismo, impidiéndola contribuir a la formación de la sociedad y de la vida pública, es caminar al empobrecimiento y decadencia moral. Ningún poder coercitivo del Estado, ningún ideal puramente terreno, por grande y noble que en sí sea, podrá sustituir por mucho tiempo a los estímulos tan profundos y decisivos que provienen de la fe en Dios y en Jesucristo. Si al que es llamado a las empresas más arduas, al sacrificio de su pequeño yo en bien de la comunidad, se le quita el apoyo moral que le viene de lo eterno y de lo divino, de la fe ennoblecedora y consoladora en Aquel que premia todo bien y castiga todo mal, el resultado final para innumerables hombres no será ya la adhesión al deber, sino más bien la deserción. La observancia concienzuda de los diez mandamientos de la ley de Dios y de los preceptos de la Iglesia —estos últimos, en definitiva, no son sino disposiciones derivadas de las normas del Evangelio—, es para todo individuo una incomparable escuela de disciplina orgánica, de vigorización moral y de formación del carácter. Es una escuela que exige mucho, pero no más de lo que podemos. Dios misericordioso, cuando ordena como legislador: «Tú debes», da con su gracia la posibilidad de ejecutar su mandato. El dejar, por consiguiente, inutilizadas las energías morales de tan poderosa eficacia o el obstruirles a sabiendas el camino en el campo de la instrucción popular, es obra de irresponsables, que tiende a producir una depauperación religiosa en el pueblo. El solidarizar la doctrina moral con opiniones humanas, subjetivas y mudables en el tiempo, en lugar de cimentarla en la santa voluntad de Dios eterno y en sus mandamientos, equivale a abrir de par en par las puertas a las fuerzas disolventes. Por lo tanto, fomentar el abandono de las normas eternas de una doctrina moral objetiva, para la formación de las conciencias y para el ennoblecimiento de la vida en todos sus planos y ordenamientos, es un atentado criminal contra el porvenir del pueblo, cuyos tristes frutos serán muy amargos para las generaciones futuras.

    8. RECONOCIMIENTO DEL DERECHO NATURAL

    35. Es una nefasta característica del tiempo presente querer desgajar no solamente la doctrina moral, sino los mismos fundamentos del derecho y de su aplicación, de la verdadera fe en Dios y de las normas de la relación divina. Fíjase aquí nuestro pensamiento en lo que se suele llamar derecho natural, impreso por el dedo mismo del Creador en las tablas del corazón humano (cf. Rom 2,14-15), y que la sana razón humana no obscurecida por pecados y pasiones es capaz de descubrir. A la luz de las normas de este derecho natural puede ser valorado todo derecho positivo, cualquiera que sea el legislador, en su contenido ético y, consiguientemente, en la legitimidad del mandato y en la obligación que implica de cumplirlo. Las leyes humanas, que están en oposición insoluble con el derecho natura, adolecen de un vicio original, que no puede subsanarse ni con las opresiones ni con el aparato de la fuerza externa. Según este criterio, se ha de juzgar el principio: «Derecho es lo que es útil a la nación». Cierto que a este principio se le puede dar un sentido justo si se entiende que lo moralmente ilícito no puede ser jamás verdaderamente ventajoso al pueblo. Hasta el antiguo paganismo reconoció que, para ser justa, esta frase debía ser cambiada y decir: «Nada hay que sea ventajoso si no es al mismo tiempo moralmente bueno; y no por ser ventajoso es moralmente bueno, sino que por ser moralmente bueno es también ventajoso [Cicerón, De officiis III, 30). Este principio, desvinculado de la ley ética, equivaldría, por lo que respecta a la vida internacional, a un eterno estado de guerra entre las naciones; además, en la vida nacional, pasa por alto, al confundir el interés y el derecho, el hecho fundamental de que el hombre como persona tiene derechos recibidos de Dios, que han de ser defendidos contra cualquier atentado de la comunidad que pretendiese negarlos, abolirlos o impedir su ejercicio. Despreciando esta verdad se pierde de vista que, en último término, el verdadero bien común se determina y se conoce mediante la naturaleza del hombre con su armónico equilibrio entre derecho personal y vínculo social, como también por el fin de la sociedad, determinado por la misma naturaleza humana. El Creador quiere la sociedad como medio para el pleno desenvolvimiento de las facultades individuales y sociales, del cual medio tiene que valerse el hombre, ora dando, ora recibiendo, para el bien propio y el de los demás. Hasta aquellos valores más universales y más altos que solamente pueden ser realizados por la sociedad, no por el individuo, tienen, por voluntad del Creador, como fin último el hombre, así como su desarrollo y perfección natural y sobrenatural. El que se aparte de este orden conmueve los pilares en que se asienta la sociedad y pone en peligro la tranquilidad, la seguridad y la existencia de la misma.

    36. El creyente tiene un derecho inalienable a profesar su fe y a practicarla en la forma más conveniente a aquélla. Las leyes que suprimen o dificultan la profesión y la práctica de esta fe están en oposición con el derecho natural.

    37. Los padres, conscientes y conocedores de su misión educadora, tienen, antes que nadie, derecho esencial a la educación de los hijos, que Dios les ha dado, según el espíritu de la verdadera fe y en consecuencia con sus principios y sus prescripciones. Las leyes y demás disposiciones semejantes que no tengan en cuenta la voluntad de los padres en la cuestión escolar, o la hagan ineficaz con amenazas o con la violencia, están en contradicción con el derecho natural y son íntima y esencialmente inmorales.

    38. La Iglesia, que tiene como misión guardar e interpretar el derecho natural, divino en su origen, tiene el deber de declarar que son efecto de la violencia, y, por lo tanto, sin valor jurídico alguno, las inscripciones escolares hechas en un pasado reciente en una atmósfera de notoria carencia de libertad.

    9. A LA JUVENTUD

    39. Representantes de Aquel que en el Evangelio dijo a un joven: Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos (Mt 19,17), Nos dirigimos una palabra particularmente paternal a la juventud.

    40. Por mil voces se os repite al oído un Evangelio que no ha sido revelado por el Padre celestial; miles de plumas escriben al servicio de una sombra de cristianismo, que no es el cristianismo de Cristo. La prensa y la radio os inundan a diario con producciones de contenido opuesto a la fe y a la Iglesia y, sin consideración y respeto alguno, atacan lo que para vosotros debe ser sagrado y santo.

    41. Sabemos que muchísimos de vosotros, por ser fieles a la fe y a la Iglesia y por pertenecer a asociaciones religiosas, tuteladas por el Concordato, habéis tenido y tenéis que soportar trances duros de desprecio, de sospechas, de vituperios, acusados de antipatriotismo, perjudicados en vuestra vida profesional y social. Y bien sabemos que se cuentan en vuestras filas muchos desconocidos soldados de Cristo que, con el corazón dolorido, pero con la frente erguida, sobrellevan su suerte y buscan alivio solamente en la consideración de que sufren afrentas por el nombre de Jesús (cf Hech 5,41).

    42. Y hoy, cuando amenazan nuevos peligros y nuevas tensiones, Nos decimos a esta juventud: «Si alguno os quisiere anunciar un Evangelio distinto del que recibisteis» sobre el regazo de una madre piadosa, de los labios de un padre creyente, por las instrucciones de un educador fiel a Dios y a su Iglesia, ese tal sea anatema (Gál 1,9). Si el Estado organiza a la juventud en asociación nacional obligatoria para todos, en ese caso, dejando a salvo siempre los derechos de las asociaciones religiosas, los jóvenes tienen el derecho obvio e inalienable, y con ellos sus padres, responsables de ellos ante Dios, de exigir que esta asociación esté libre de toda tendencia hostil a la fe cristiana y a la Iglesia; tendencia que hasta un pasado muy reciente y aun hasta el presente angustia a los padres creyentes con un insoluble conflicto de conciencia, por cuanto no pueden dar al Estado lo que se les pide en nombre del Estado, sin quitar a Dios lo que a Dios pertenece.

    43. Nadie piensa en poner tropiezos a la juventud alemana en el camino que debiera conducirla a la realización de una verdadera unidad nacional y a fomentar un noble amor por la libertad y una inquebrantable devoción a la patria. A lo que Nos nos oponemos y nos debemos oponer es al antagonismo voluntaria y sistemáticamente suscitado entre las preocupaciones de la educación nacional y de las propias del deber religioso. Por esto, Nos decimos a esta juventud: Cantad vuestros himnos de libertad, mas no olvidéis que la verdadera libertad es la libertad de los hijos de Dios. No permitáis que la nobleza de esta insustituible libertad desaparezca en los grilletes serviles del pecado y de la concupiscencia. No es lícito a quien canta el himno de la fidelidad a la patria terrena convertirse en tránsfuga y traidor con la infidelidad a su Dios, a su Iglesia y a su patria eterna. Os hablan mucho de grandeza heroica, contraponiéndola osada y falsamente a la humildad y a la paciencia evangélica, pero ¿por qué os ocultan que se da también un heroísmo en la lucha moral, y que la conservación de la pureza bautismal representa una acción heroica, que debería ser apreciada como merece, tanto en el campo religioso como en el natural? Os hablan de las fragilidades humanas en la historia de la Iglesia, pero ¿por qué os ocultan las grandes gestas que la acompañan a lo largo de los siglos, los santos que ha producido, los beneficios que la civilización occidental recibió de la unión vital entre la Iglesia y vuestro pueblo? Os hablan mucho de ejercicios deportivos, los cuales, si se usan en una bien entendida medida, dan gallardía física, que es un beneficio para la juventud. Pero hoy se les señala, con frecuencia, una extensión que no tiene en cuenta ni la formación integral y armónica del cuerpo y del espíritu, ni el conveniente cuidado de la vida de familia, ni el mandamiento de santificar el día del Señor. Con una indiferencia rayana en el desprecio, se despoja al día del Señor de su carácter sagrado y de su recogimiento que corresponde a la mejor tradición alemana. Esperamos confiados que los jóvenes alemanes católicos reivindicarán explícitamente, en el difícil ambiente de las organizaciones obligatorias del Estado, su derecho a santificar cristianamente el día del Señor; que el cuidado de robustecer el cuerpo no les hará olvidar su alma inmortal; que no se dejarán vencer por el mal, sino que más bien procurarán ahogar el mal con el bien (Rom 12,21); que seguirán considerando como meta altísima suya la corona de la victoria en el estadio de la vida eterna (1Cor 9,24-25).

    10. SACERDOTES Y RELIGIOSOS

    44. Dirigimos una palabra de particular gratitud y de exhortación a los sacerdotes de Alemania, a los cuales, con sumisión a sus Obispos, corresponde mostrar a la grey de Cristo los rectos senderos, en tiempos difíciles y en circunstancias duras, con la solicitud diaria, con la paciencia apostólica. No os canséis, amados hijos y partícipes de los divinos misterios, de seguir al eterno Sumo Sacerdote Jesucristo en su amor y oficio de buen samaritano. Caminad de continuo en una conducta inmaculada ante Dios, en una incesante autodisciplina y perfeccionamiento, en un amor misericordioso para todos los que os han sido confiados, especialmente para con los que peligran, los débiles y los vacilantes. Sed guías para los fieles, apoyo para los que titubean, maestros para los que dudan, consoladores para los afligidos, bienhechores desinteresados y consejeros para todos. Las pruebas y los sufrimientos por que ha pasado vuestro pueblo en el periodo de la posguerra, no pasaron sin dejar huellas en su alma. Os han dejado angustias y amarguras, que sólo paulatinamente podrán curarse y ser superadas por un espíritu de amor desinteresado y operante. Este amor, que es la armadura indispensable al apóstol, especialmente en el mundo presente, agitado y trastornado, Nos lo deseamos y lo imploramos de Dios para vosotros en medida copiosa. El amor apostólico, si no logra haceros olvidar, por lo menos os hará perdonar muchas amarguras inmerecidas que, en vuestro camino de sacerdotes y de pastores de almas, son hoy más numerosas que nunca. Por lo demás, este amor inteligente y misericordioso para con los descarriados y para con los mismos que os ultrajan no significa, ni en manera alguna puede significar, renuncia a proclamar, a hacer valer y a defender con valentía la verdad, y a aplicarla a la realidad que os rodea. El primero y más obvio don amoroso del sacerdote al mundo es servirle la verdad, la verdad toda entera; desenmascarar y refutar el error, cualquiera que sea su forma o su disfraz. La renuncia a esto sería no solamente una traición a Dios y a vuestra santa vocación, sino un delito en lo tocante al verdadero bienestar de vuestro pueblo y de vuestra patria. A todos aquellos, que han conservado para con sus obispos la fidelidad prometida en la ordenación, a aquellos que en el cumplimiento de su oficio pastoral han tenido y tienen que soportar dolores y persecuciones —algunos hasta ser encarcelados o mandados a campos de concentración—, a todos ellos llegue la expresión de la gratitud y el encomio del Padre de la Cristiandad.

    45. Y Nuestra gratitud paterna se extiende igualmente a los religiosos de ambos sexos; una gratitud unida a una participación íntima por el hecho de que, a consecuencia de medidas contra las Ordenes y Congregaciones religiosas, muchos han sido arrancados del campo de una actividad bendita y para ellos gratísima. Si algunos han sucumbido y se han mostrado indignos de su vocación, sus yerros, condenados también por la Iglesia, no disminuyen el mérito de la grandísima mayoría que con desinterés y pobreza voluntaria se han esforzado por servir con plena entrega a su Dios y a su pueblo. El celo, la fidelidad, el esfuerzo en perfeccionarse, la solícita caridad para con el prójimo y la prontitud bienhechora de aquellos religiosos cuya actividad se desenvuelve en los cuidados pastorales, en los hospitales y en la escuela, son y siguen siendo gloriosa aportación al bienestar privado y público; un futuro tiempo más tranquilo les hará justicia más que el turbulento que atravesamos. Nos tenemos confianza de que los superiores de las comunidades religiosas tomarán pie de las dificultades y pruebas presentes para implorar del Omnipotente nueva lozanía y nueva fertilidad sobre el duro campo de su trabajo por medio de un redoblado celo, de una vida espiritual profunda, de una santa gravedad conforme a su vocación y de una genuina disciplina regular.

    11. A LOS FIELES SEGLARES

    46. Se ofrecen a nuestra vista, en inmenso desfile, nuestros amados hijos e hijas, a quienes los sufrimientos de la Iglesia en Alemania y los suyos nada han quitado de su entrega a la causa de Dios, nada de su tierno afecto hacia el Padre de la Cristiandad, nada de su obediencia a los obispos y sacerdotes, nada de su alegre prontitud en permanecer en lo sucesivo, pase lo que pase, fieles a lo que han creído y a lo que han recibido como preciosa herencia de sus antepasados. Con corazón conmovido les enviamos nuestro paternal saludo.

    47. Y en prime lugar, a los miembros de las asociaciones católicas, que con valentía y a costa de sacrificios, a menudo dolorosos, se han mantenido fieles a Cristo y no han estado jamás dispuestos a ceder en aquellos derechos que un solemne pacto había auténticamente garantizado a la Iglesia y a ellos.

    48. Un saludo particularmente cordial va también a los padres católicos. Sus derechos y sus deberes en la educación de los hijos que Dios les ha dado están en el punto agudo de una lucha tal que no se puede imaginar otra mayor. La Iglesia de Cristo no puede comenzar a gemir y a lamentarse solamente cuando se destruyen los altares y manos sacrílegas incendian los santuarios. Cuando se intenta profanar, con una educación anticristiana, el tabernáculo del alma del niño, santificada por el bautismo; cuando se arranca de este templo vivo de Dios la antorcha de la fe y en su lugar se coloca la falsa luz de un sustitutivo de la fe, que no tiene nada que ver con la fe de la cruz, entonces ya está inminente la profanación espiritual del templo, y es deber de todo creyente separar claramente su responsabilidad de la parte contraria, y su conciencia de toda pecaminosa colaboración en tan nefasta destrucción. Y cuanto más se esfuercen los enemigos en negar o disimular sus turbios designios, tanto más necesaria es una avisada desconfianza y una vigilancia precavida, estimulada por una amarga experiencia. La conservación meramente formularia de una instrucción religiosa —por otra parte controlada y sojuzgada por gente incompetente— en el ambiente de una escuela que en otros ramos de la instrucción trabaja sistemática y rencorosamente contra la misma religión, no puede nunca ser título justificativo para que un cristiano consienta libremente en tal clase de escuela, destructora para la religión. Sabemos, queridos padres católicos, que no es el caso de hablar, con respecto a vosotros, de un semejante consentimiento, y sabemos que una votación libre y secreta entre vosotros equivaldría a un aplastante plebiscito en favor de la escuela confesional. Y por esto no nos cansaremos tampoco en lo futuro de echar en cara francamente a las autoridades responsables la ilegalidad de las medidas violentas que hasta ahora se han tomado, y el deber que tienen de permitir la libre manifestación de la voluntad. Entretanto, no os olvidéis de esto: ningún poder terreno puede eximiros del vínculo de responsabilidad, impuesto por Dios, que os une con vuestros hijos. Ninguno de los que hoy oprimen vuestro derecho a la educación y pretenden sustituiros en vuestros deberes de educadores podrá responder por vosotros al Juez eterno, cuando le dirija la pregunta: ¿Dónde están los que yo te di? Que cada uno de vosotros pueda responder: No he perdido a ninguno de los que me diste (Jn 18,9).

    49. Venerables hermanos, estamos ciertos de que las palabras que Nos os dirigimos, y por vuestro conducto a los católicos del Reich alemán, encontrarán, en esta hora decisiva, en el corazón y en las acciones de nuestros fieles hijos un eco correspondiente a la solicitud amorosa del Padre común. Si hay algo que Nos imploramos del Señor con particular fervor, es que nuestras palabras lleguen también a los oídos y al corazón de aquellos que han empezado a dejarse prender por las lisonjas y por las amenazas de los enemigos de Cristo y de su santo Evangelio y que les hagan reflexionar.

    50. Hemos pesado cada palabra de esta encíclica en la balanza de la verdad y, al mismo tiempo, del amor. No queríamos, con un silencio inoportuno, ser culpables de no haber aclarado la situación, ni de haber endurecido con un rigor excesivo el corazón de aquellos que, estando confiados a nuestra responsabilidad pastoral, no nos son menos amados porque caminen ahora por las vías del error y porque se hayan alejado de la Iglesia. Aunque muchos de éstos, acostumbrados a los modos del nuevo ambiente, no tienen sino palabras de ingratitud y hasta de injuria para la casa paterna y para el Padre mismo; aunque olvidan cuán precioso es lo que ellos han despreciado, vendrá el día en que el espanto que sentirán por su alejamiento de Dios y por su indigencia espiritual pesará sobre estos hijos hoy perdidos, y la añoranza nostálgica los conducirá de nuevo al Dios que alegró su juventud (Sal 42[43],4), y a la Iglesia, cuya mano materna les enseñó el camino hacia el Padre celestial. Acelerar esta hora es el objeto de nuestras incesantes plegarias.

    51. Como otras épocas de la Iglesia, también ésta será precursora de nuevos progresos y de purificación interior, cuando la fortaleza en la profesión de la fe y la prontitud en afrontar los sacrificios por parte de los fieles de Cristo sean lo bastante grandes para contraponer a la fuerza material de los opresores de la Iglesia la adhesión incondicional a la fe, la inquebrantable esperanza, anclada en lo eterno, la fuerza arrolladora de una caridad activa. El sagrado tiempo a la Cuaresma y de Pascua, que invita al recogimiento y a la penitencia y hace al cristiano volver los ojos más que nunca a la cruz, así como también al esplendor del Resucitado, sea para todos y para cada uno de vosotros una ocasión, que acogeréis con gozo y aprovecharéis con ardor, para llenar toda el alma con el espíritu heroico, paciente y victorioso que irradia de la cruz de Cristo. Entonces los enemigos de Cristo —estamos seguros de ello—, que en vano sueñan con la desaparición de la Iglesia, reconocerán que se han alegrado demasiado pronto y que han querido sepultarla demasiado deprisa. Entonces vendrá el día en que, en vez de prematuros himnos de triunfo de los enemigos de Cristo, se elevará al cielo, de los corazones y de los labios de los fieles el Te Deum de la liberación, un Te Deum de acción de gracias al Altísimo, un Te Deum de júbilo, porque el pueblo alemán, hasta en sus mismos miembros descarriados, habrá encontrado el camino de la vuelta a la religión; con una fe purificada por el dolor, doblará nuevamente su rodilla en presencia del Rey del tiempo y de la eternidad, Jesucristo, y se dispondrá a luchar —contra los que niegan a Dios y destruyen el Occidente cristiano— en armonía con todos los hombres bienintencionados de las otras naciones y a cumplir la misión que le han asignado los planes del Eterno.

    52. Aquel, que sondea los corazones y los deseos (Sal 7,10) nos es testigo de que Nos no tenemos aspiración más íntima que la del restablecimiento de una paz verdadera entre la Iglesia y el Estado en Alemania. Pero si la paz, sin culpa nuestra, no viene, la Iglesia de Dios defenderá sus derechos y sus libertades, en nombre del Omnipotente, cuyo brazo aun hoy no se ha abreviado. Llenos de confianza en El, no cesamos de rogar y de invocar (Col 1,9) por vosotros, hijos de la Iglesia, para que se acorten los días de la tribulación, y para que seáis hallados fieles en el día de la prueba, y para que aun a los mismos perseguidores y opresores les conceda el Padre de toda luz y de toda misericordia la hora del arrepentimiento para sí y para muchos que con ellos han errado y yerran.

    Con esta plegaria en el corazón y en los labios, Nos impartimos, como prenda de la ayuda divina, como apoyo en vuestras decisiones difíciles y llenas de responsabilidad, como lenitivo en el dolor, a vosotros, obispos, pastores de vuestro pueblo fiel, a los sacerdotes, a los religiosos, a los apóstoles seglares de la Acción Católica y a todos vuestros diocesanos, y en señalado lugar a los enfermos y prisioneros, con amor paternal la Bendición Apostólica.

    Dado en el Vaticano, en la dominica de Pasión, 14 de marzo de 1937.

    Última edición por Rodrigo; 16/05/2017 a las 22:05
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  6. #6
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    Después de leer, muy detenidamente, toda la encíclica, que es desde luego una obra maestra de diplomacia y al mismo tiempo de ortodoxia; es cierto que no se produce una condena EXPLÍCITA del nacionalsocialismo como IDEOLOGÍA (pues sería muy contrapoducente para la Iglesia en Alemania de aquel entonces) pero si lo es IMPLÍCITAMENTE, pues denuncia gran cantidad de rasgos que conforman a dicha teoría política panteísta. Así, "grosso modo", porque el texto es de una gran densidad, resumo:

    -En el encabezamiento y Capítulo I, se recuerda el ataque contínuo a las escuelas confesionales por parte de las autoridades, y las contínuas injerencias contraviniendo el concordato.
    Se denuncian amenzas a los católicos incluso a la hora de ejercer el voto.

    -En el Capítulo II, se denuncia el panteísmo soterrado, el panestatismo del régimen, y la propaganda que clama por una posible "iglesia nacional germana" (una especie de galicanismo).

    -En el Capítulo III se defiende al Antiguo Testamento frente a aquellos que quieren proscribirlo, y se recuerda que Cristo no puede ser comparado con ningún otro hombre (sin decirlo, aquí aparece la idolatría al Führer).

    -En el Capítulo IV se denuncia el discurso demagógico (ya antiguo) de la supuesta inmoralidad del clero que ya utilizaron los protestantes. Se llama a la unidad de toda la Iglesia, y reclaca las amenazas y presiones que funcionarios alemanes están sufriendo para que salgan o se alejen de la Iglesia por cuestiones "patrióticas".

    -En el Capítulo V se recuerda que sólo la Iglesia católica edificada sobre Pedro es la genuina.

    -En el Capítulo VI se denuncia la apropiación indebida de términos y conceptos de la teología cristiana con fines políticos, como hace la propaganda nacionalsocialista.

    -En el capítulo VII se critica el discurso de la supuesta separación entre moral y fe religiosa propio de los teóricos ateos; que fundan su moralidad en criterios puramente humanos e imperfectos. Eliminando la dimensión de la eternidad, se hurta el fin último y principal de la moral.

    -En el capítulo VIII, se recuerda el Derecho Natural como referencia en el Ordenamiento Jurídico, al márgen del cual sólo hay injusticia revestida de legalidad. Se recalca el derecho (conculcado) de los padres alemanes a elegir la enseñanza religiosa para sus hijos.

    -En el Capítulo IX se relatan los insultos y descrédito sistemático de las Virtudes Cristianas, contraponiéndolas torticeramente a un supuesto "heroísmo" germánico mítico. La sombra de Nietzsche, la apuesta por el desarrollo físico de los jóvenes olvidando la parte espiritual. El patriotismo legítimo, no ha de estar envenenado por la crítica injusta y sistemática hacia la Iglesia.

    -En el Capítulo X se reconoce enorme gratitud a los clérigos que llevan la Palabra de Dios sin adulterar, a pesar de amenazas y sanciones del Estado.

    -En el Capítulo XI se pone de manifiesto el mantenimiento puramente formulario de la Religión en la escuela del Estado, generalmente por "incompetentes", que serían correa de transmisión de las autoridades; se vuelve a ensalzar a los padres comprometidos y la importancia de las asociaciones católicas, además de exhortar a la fortaleza del creyente, garantía del triunfo final.
    Última edición por DOBLE AGUILA; 17/05/2017 a las 03:24
    Kontrapoder, Valmadian, Rodrigo y 2 otros dieron el Víctor.

  7. #7
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    Tema complejo, que vitoreo porque estoy de acuerdo en que un católico no debe apoyar el nazismo, aunque las burdas caricaturas de ese periódico no me parecen la mejor manera.

    Éste es un tema que conviene tratar a fondo porque, como bien dice Rodrigo, en algunos ambientes contrarrevolucionarios no está muy clara la cosa. Pero yo añadiría que esto no sucede de manera espontánea, sino por la concienzuda labor de los denominados "revisionistas", que en realidad no buscan revisar los indudables excesos historiográficos de los vencedores, sino hacer propaganda del nazismo, rehabilitarlo en el ámbito contrarrevolucionario y absorber a todas las familias de la extrema derecha, o al menos contaminarlas con sus ideas heterodoxas, en lo que han alcanzado un notable éxito. A fuerza de leer las historietas de Varela y compañía, prestigiadas por el morbo de lo prohibido, hemos llegado a creer que los nazis eran unos buenos chicos en excelente sintonía con la Iglesia preconciliar, cuando la realidad era muy distinta.

    En las publicaciones del carlismo y de la Falange de preguerra hay condenas rotundas de algunos aspectos del nazismo, aunque a medida que la situación se complica por el avance comunista estas condenas se mitigan o incluso desparecen. También hubo gente que en ese ámbito vio con simpatía a Hitler, pero generalmente con ciertas reservas. En la Italia fascista, antes de 1938, se pudieron leer críticas durísimas contra los nazis y contra el "racismo alemán", que es como se les solía denominar en la prensa. La Iglesia se opuso al nazismo antes y después de su llegada al poder, aunque entre medias llegó a un concordato y buscó un acomodo. La oposición no fue tan radical como la pretenden algunos católicos con tendencias liberales, pero sí existió esa oposición y fue ejercida con gran valentía, como en el caso del obispo Von Galen, cuyo sermón acusador obligó a Hitler a parar el programa de eutanasia. Acabada la guerra, este mismo obispo criticó la represión ejercida por los vencedores, por lo que no cabe dudar de su patriotismo.

    Dice ALACRÁN que la Iglesia se hubiese acomodado a la nueva situación de haber triunfado Alemania en la guerra, de la misma manera que se acomodó a las democracias masónicas. Probablemente. Por desgracia, aunque también de manera comprensible, la Iglesia tiende a adaptarse a los regímenes triunfantes, sea cual sea su signo. Pero si se trata de juzgar la velocidad a la hora de adaptarse a los cambios, el más rápido en desmarcarse fue Franco, que ya en un discurso de mayo de 1946 condenaba el "nazifascismo" (palabra tramposa inventada por los antifascistas) y los crímenes contra los judíos en los campos. Por esta razón, estimo que no es posible apreciar a Franco y al mismo tiempo adoptar la vulgata "revisionista". Aunque, por otra parte, se puede y se debe criticar los crímenes de los vencedores, sus mentiras y exageraciones.

    Todo esto lo digo desde mi simpatía por el Eje (que no es lo mismo que el nazismo) y en particular por el régimen fascista de Mussolini, a quien considero un gran hombre. De hecho, el nazismo es la contrafigura del fascismo, como bien explicase José Antonio. El neonazismo es aún peor. Ambos entran en conflicto con nuestra cosmovisión católica. Para salvar la obra de José Antonio y de Ramiro, para salvar lo bueno del fascismo, para salvar a España, estoy convencido de que hay que trazar una línea muy clara con respecto a estas ideologías surgidas de la Europa protestante.
    Última edición por Kontrapoder; 17/05/2017 a las 02:22
    Valmadian, Ennego Ximenis, raolbo y 1 otros dieron el Víctor.
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

  8. #8
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    Cita Iniciado por DOBLE AGUILA Ver mensaje
    Después de leer, muy detenidamente, toda la encíclica, que es desde luego una obra maestra de diplomacia y al mismo tiempo de ortodoxia; es cierto que no se produce una condena EXPLÍCITA del nacionalsocialismo como IDEOLOGÍA (pues sería muy contrapoducente para la Iglesia en Alemania de aquel entonces) pero si lo es IMPLÍCITAMENTE, pues denuncia gran cantidad de rasgos que conforman a dicha teoría política panteísta. Así, "grosso modo", porque el texto es de una gran densidad, resumo:

    -En el encabezamiento y Capítulo I, se recuerda el ataque contínuo a las escuelas confesionales por parte de las autoridades, y las contínuas injerencias contraviniendo el Concordato.
    Se denuncian amenzas a los católicos incluso a la hora de ejercer el voto.

    -En el Capítulo II, se denuncia el panteísmo soterrado, el panestatismo del Régimen, y la propaganda que clama por una posible "iglesia nacional germana" (galicanismo a la alemana).

    -En el Capítulo III se defiende al Antiguo Testamento frente de aquellos que quieren proscribirlo, y se recuerda que Cristo no puede ser comparado con ningún mortal (sin decirlo, aquí está la idolatría al Führer).

    -En el Capítulo IV se denuncia el discurso (ya antiguo) de la supuesta inmoralidad del Clero que ya utilizaron los protestantes.

    -En el Capítulo V se recuerda que sólo la Iglesia católica edificada sobre Pedro es la genuina; y que la "iglesia nacional germana" es idea nefasta.

    -En el Capítulo VI se denuncia la apropiación indebida de términos y conceptos de la teología cristiana con fines políticos, como hace la propaganda nacionalsocialista.

    -En el capítulo VII se critica el discurso de la supuesta separación entre moral y fe religiosa propio de los teóricos ateos; que fundan su moralidad en criterios puramente humanos e imperfectos. Eliminando la dimensión de la eternidad, se hurta el fin último y principal de la moral.

    -En el capítulo VIII, se recuerda el Derecho Natural como referencia en el Ordenamiento Jurídico, al márgen del cual sólo hay injusticia revestida de legalidad. Se recalca el derecho (conculcado) de los padres alemanes a elegir la enseñanza religiosa para sus hijos.

    -En el Capítulo IX se relatan los insultos y descrédito sistemático de las Virtudes Cristianas, contraponiéndolas torticeramente a un supuesto "heroísmo" germánico mítico. La sombra de Nietzsche, la apuesta por el desarrollo físico de los jóvenes olvidando la parte espiritual. El patriotismo legítimo, no ha de estar envenenado por la crítica injusta y sistemática hacia la Iglesia.

    -En el Capítulo X se reconoce enorme gratitud a los clérigos que llevan la Palabra de Dios sin adulterar, a pesar de amenazas y sanciones del Estado.

    En el Capítulo XI se pone de manifiesto el mantenimiento puramente formulario de la Religión en la escuela del Estado, generalmente por "incompetentes", que serían correa de transmisión de las autoridades; se vuelve a ensalzar a los padres comprometidos y la importancia de las asociaciones católicas, además de exhortar a la fortaleza del creyente, garantía del triunfo final.
    En el Capítulo II, Párrafo 12, también condena la idolatría de la raza. Y este rasgo no es un accidente sino algo esencial en el nacionalsocialismo, que, como dijo uno de sus dirigentes, es "ciencia racial aplicada".
    DOBLE AGUILA y Pious dieron el Víctor.
    «Eso de Alemania no solamente no es fascismo sino que es antifascismo; es la contrafigura del fascismo. El hitlerismo es la última consecuencia de la democracia. Una expresión turbulenta del romanticismo alemán; en cambio, Mussolini es el clasicismo, con sus jerarquías, sus escuelas y, por encima de todo, la razón.»
    José Antonio, Diario La Rambla, 13 de agosto de 1934.

  9. #9
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    Cita Iniciado por Kontrapoder Ver mensaje
    Tema complejo, que vitoreo porque estoy de acuerdo en que un católico no debe apoyar el nazismo, aunque las burdas caricaturas de ese periódico no me parecen la mejor manera.
    La caricatura, deberías decir. No me consta que fuesen varias (los ejemplares del periódico están digitalizados aquí), aunque las caricaturas eran habituales en los años 30. Y en cualquier caso su director la pagó bien cara, aunque me parece a mí que lo hubieran matado igual sin que hubiese hecho la caricatura, solo por oponerse al nazismo. Al nazismo, ojo, que no al régimen, ya que en 1932 Hitler aún no había ganado las elecciones (y hasta 1934 no tuvo plenos poderes). Ni en la España de la II República, con un ambiente también muy enardecido, se mataban de este modo a periodistas en tiempos de paz. Y menos me imagino yo a una cuadrilla de falangistas asesinando a periodistas de la CEDA, por ejemplo.

    Por cierto que el nombre del periódico, "Der Gerade Weg", lo recuperó en 1977 la Hermandad Sacerdotal San Pío X de Alemania para una revista que viene publicándose hasta la actualidad: http://k-j-b.info/ueber-unsere-zeitschrift/
    Última edición por Rodrigo; 17/05/2017 a las 10:33
    Militia est vita hominis super terram et sicut dies mercenarii dies ejus. (Job VII,1)

  10. #10
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    No voy a entrar en este tema otra vez, considero que hay pruebas suficientes que desmienten esta parte de la leyenda negra hollywoodiense (para buscarlas solo hace falta un poco de voluntad y espíritu crítico, no empecinarse en mostrar una sola versión de la historia), pero recientemente leí un artículo de Jorge Mota (fundador de CEDADE, creo recordar), que decía algo que creo importante resaltar:

    Los libros editados por camaradas con posterioridad a la II Guerra Mundial deben ser tomados con ciertas reservas pues he detectado numerosos casos de manipulación, como suprimir una nota que favorecería al cristianismo en el libro de Darré, suprimir cuatro páginas de la edición "completa" de "Mi Lucha" donde se atacaba al paganismo, inventarse la mitad del discurso de Göbbels del 19 de abril de 1945 para incluir una serie de "profecías" que nunca mencionó, inventarse una sensacional noticia en el "New York Times" sobre tema revisionista que resultó ser falsa, etc., etc. Si leemos la revista "Aspa" [N.d.E.: nada que ver con el sitio web chileno de nombre similar] o "Signal", ahí tenemos el pensamiento nacionalsocialista. Yo puedo afirmar que estoy de acuerdo con el 90 por ciento de lo que se publicaba en dichas revistas y que en cambio estoy en desacuerdo en el 90 por ciento de lo que se publica en las revistas NS actuales, en las cuales junto a los temas estrellas judíos, razas, SS, también están los ataques al cristianismo y la defensa del paganismo que tampoco podemos encontrar por ninguna parte en la propaganda del III Reich en español.

    El artículo completo está disponible aquí: Europa y libertad: Despedida y cierre Por Jorge Mota.

    “Cristo es el genio del amor, y, como tal, el polo diametralmente opuesto al judaísmo. Por eso tenía el judaísmo que eliminarlo, porque sacudía los fundamentos de un poder mundial futuro. En Cristo, por primera vez y ante la historia, se crucificó la verdad." (Dr. Joseph Goebbels)

    “Adolf Hitler, hijo de la Iglesia Católica, murió mientras defendía el cristianismo. Y sobre sus restos mortales se erige su victoriosa figura moral. Con la palma del mártir; Dios le da a Adolf Hitler los laureles de la victoria”. (Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde, 3 de mayo de 1945).

    Saludos en Xto.
    Última edición por ReynoDeGranada; 17/05/2017 a las 13:11
    ALACRAN y Pious dieron el Víctor.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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  11. #11
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    El tema es complejísimo, porque también los nazis jugaron al despiste la carta del cristianismo; pues se apuntaban a todo, en mi opinión, con el fin de ganar adeptos. Pongo las siguientes citas:

    «No importa si el judío individual es decente o no. Posee ciertas características que le han sido dadas por la naturaleza y nunca podrá librarse de ellas. El judío es dañino para nosotros... Mis sentimientos como cristiano me inclinan a ser un luchador por mi Señor y Salvador. Me llevan a aquel hombre que, alguna vez solitario y con sólo unos pocos seguidores, reconoció a los judíos como lo que eran, y llamó a los hombres a pelear contra ellos... Como cristiano, le debo algo a mi propio pueblo».[8]

    «Soy ahora, como antes, un católico, y siempre lo seré», enfatizó a uno de sus generales [10]


    8. Hitler's Third Reich: A Documentary History, editada por L. Snyder, NelsonHall, Chicago, 1981. Cita del discurso pronunciado el 12 de abril de 1922 e impreso en el Volkischer Beobachter el 22 de abril de 1922.
    10. Toland, John, Adolf Hitler, Doubleday, Nueva York, 1976. Cita de Heeresadjutant bei Hitler, 1938-1943, del general G. Ángel, 1974.


    Pero tenerse por católico públicamente, no significa serlo en realidad: "Por sus frutos les conoceréis" (Mt 7-20)


    Última edición por DOBLE AGUILA; 17/05/2017 a las 18:14
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  12. #12
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    "El análisis de la vida religiosa en Alemania antes de la guerra, da la medida del disgregamiento general que reinaba. Hacía tiempo que también en este aspecto grandes sectores de la opinión nacional carecían de una convicción unitaria e ideológicamente eficiente. No juega un rol tan negativo el que se desliga oficialmente de su religión, como aquel otro que es totalmente indiferente. Mientras nuestras dos confesiones cristianas (la católica y la evangélica) mantienen misiones en Asia y Africa, con el objeto de ganar nuevos prosélitos, esto es, empeñados en una actividad de modestos resultados frente a los progresos que realiza allá el mahometismo, pierden en Europa mismo millones y millones de adeptos convencidos, los cuales se hacen en absoluto indiferentes a la vida religiosa, o van por su propio camino. Sobre todo desde el punto de vista moral, son muy poco favorables las consecuencias.

    Merece remarcarse también la lucha cada vez más violenta contra los fundamentos dogmáticos de las respectivas confesiones, fundamentos sin los cuales sería inconcebible la conservación práctica de una fe religiosa en este mundo humano. La gran masa de un pueblo no se compone de filósofos y es principalmente para las masas para quienes la fe constituye la única base de una ideología moral.

    Los diversos sustitutos no han probado su eficiencia ni su conveniencia, para que se hubiera podido ver en ellos una provechosa compensación de las creencias religiosas existentes. Para que la doctrina religiosa y la fe puedan realmente abarcar las grandes capas sociales, es necesario que la autoridad absoluta que fluye del fondo de esa fe, sea el fundamento de su eficiencia. Lo que para la vida general significan las costumbres, sin las cuales sólo cientos de miles de hombres de nivel intelectual superior vivirían racionalmente, mientras otros millones no lo representan les leyes para el Estado y los dogmas para las religiones.

    Sólo mediante los dogmas, la concepción puramente espiritual, vacilante y de interpretación infinitamente variable, llega a precisarse y adquirir una forma concreta, sin la cual jamás podría convertirse en fe. Lo contrario significaría que la idea no es susceptible de ser jamás exaltada por encima de una concepción metafísica, o mejor, por encima de una opinión filosófica. Por eso la acometida dirigida contra los dogmas se asemeja mucho a la lucha contra los fundamentos legales del Estado; y del mismo modo que esta lucha acabaría en una anarquía estatal completa, la acción antidogmática tendría por resultado un nihilismo religioso, carente de todo valor.

    Para el político, la apreciación del valor de una religión debe regirse menos por las deficiencias quizá innatas en ella, que por la bondad cualitativa de un substituto doctrinal visiblemente mejor. Pero mientras no se haya encontrado un tal substituto, sólo los locos y los criminales podrían atreverse a demoler lo existente. Las peores anomalías, sin embargo, provienen del abuso de la convicción religiosa con fines políticos. Si la vida religiosa en Alemania antes de la guerra, había adquirido para muchos un sabor desagradable, no se debía esto a otra cosa más que al abuso cometido con el cristianismo por un partido político llamado "cristiano" y por el descaro con que se trató de identificar la religión católica con un partido también político. Esta funesta suplantación procuró mandatos parlamentarios a una serie de inútiles, en tanto que a la Iglesia no le trajo consigo sino daños. El resultado de semejantes anomalías tenía que soportarlo la nación entera, pues, las consecuencias emergentes del debilitamiento de la vida religiosa vinieron a producirse precisamente en una época en que ya todo había empezado a ceder y vacilar, amenazando con el derrumbamiento de los tradicionales fundamentos de la moral y de las buenas costumbres.


    Mi Lucha. Adolf HITLER, Pdf, págs., 49-50

    https://www.radioislam.org/historia/...pf/pdf/spa.pdf


    Obsérvese donde está ubicado el texto contenido en este pdf.
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  13. #13
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    Cita Iniciado por DOBLE AGUILA Ver mensaje
    El tema es complejísimo, porque también los nazis jugaron al despiste la carta del cristianismo; pues se apuntaban a todo, en mi opinión, con el fin de ganar adeptos. Pongo las siguientes citas:

    «No importa si el judío individual es decente o no. Posee ciertas características que le han sido dadas por la naturaleza y nunca podrá librarse de ellas. El judío es dañino para nosotros... Mis sentimientos como cristiano me inclinan a ser un luchador por mi Señor y Salvador. Me llevan a aquel hombre que, alguna vez solitario y con sólo unos pocos seguidores, reconoció a los judíos como lo que eran, y llamó a los hombres a pelear contra ellos... Como cristiano, le debo algo a mi propio pueblo».[8]

    «Soy ahora, como antes, un católico, y siempre lo seré», enfatizó a uno de sus generales [10]


    8. Hitler's Third Reich: A Documentary History, editada por L. Snyder, NelsonHall, Chicago, 1981. Cita del discurso pronunciado el 12 de abril de 1922 e impreso en el Volkischer Beobachter el 22 de abril de 1922.
    10. Toland, John, Adolf Hitler, Doubleday, Nueva York, 1976. Cita de Heeresadjutant bei Hitler, 1938-1943, del general G. Ángel, 1974.


    Pero tenerse por católico públicamente, no significa serlo en realidad: "Por sus frutos les conoceréis" (Mt 7-20)



    Pero tenerse por católico públicamente, no significa serlo en realidad: "Por sus frutos les conoceréis" (Mt 7-20)

    Es que ahí está la clave precisamente. Ignoro si habrá algún trabajo publicado consistente en un estudio comparado entre la Palabra de Dios, particularmente la expresada y transmitida en Los Evangelios y el texto de Mein Kampf. Lo dudo, pero serviría muy bien para despejar las dudas, el "aquí parece que pero luego no es para, finalmente, si esto encaja", o lo que es lo mismo, ese encaje de bolillos en el que hoy muchos se empeñan. En el anterior mensaje puse la cita de esa parte de Mi Lucha en la que se aprecia una total indefinición, un manejo de los términos en los que se rechaza los actos (de los judíos y comunistas) aunque tampoco se apoya al Catolicismo. Es interesante ver que ya entonces se había iniciado esa apostasía, aunque nadie ha dicho nunca que ésta haya de ser acelerada y que, por otro lado, en realidad, empezó con la Reforma. Sin embargo, equipara "ambas iglesias" (?????), pues que se sepa Cristo sólo fundó UNA SOLA IGLESIA y que se sepa dicha Iglesia fue la primera y nada menos que con dieciséis siglos de antelación. En este hilo se discute sobre el nacionalsocialismo y la Iglesia Católica, no sobre aquél y el judaísmo que, como no podía ser menos, no ha tardado nada en aparecer. ¿Por qué? la razón para mi es bastante obvia: el nacionalsocialismo queda justificado así ante los católicos.. De ese modo resulta más fácil asumirlo, empatizar con él y apoyarlo.

    Pero la cuestión es ¿qué justificaba la encíclica Mit Brennender Sorge? Si todo era tan idílico, si existía tal grado de identidad ¿para qué escribirla, es que tal vez S.S. Pío XI no sabía ni lo que se hacía? Como esto resulta inconcebible hay que pensar que si, que algo y muy grave estaba pasando ¿o no? ¿o sólo eran imaginaciones de algunos católicos "amigos" de judíos y comunistas? Este tema es más de lo mismo, vuelve a llover sobre mojado cada cierto tiempo y siempre se acaba del mismo modo.


    Grandes enemigos de la fé católica (citas célebres)
    Última edición por Valmadian; 17/05/2017 a las 19:43
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    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

    En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47


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  14. #14
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    Como dije en el anterior mensaje, no conozco la publicación de ningún estudio comparado entre Los Evangelios y Mi Lucha, pero si hay artículos quizás no tan enjundiosos como sería el que echo de menos, digno de una tesis doctoral, pero no por ello menos interesantes.


    ¿Qué destino reservaba Hitler a los católicos alemanes?

    03.06.13 | 08:24.

    Esta pregunta ha causado numerosas y largas discusiones en mi blog. Trataré de zanjarla aquí.

    Respondo a una polémica que han mantenido varios participantes de mi blog en los últimos días sobre las relaciones entre los cristianos alemanes, en especial los católicos, y los nacionalsocialistas.

    Primero, os dejo este post mío de hace dos años donde reproduzco dos mapas de la Alemania de los años 30 que muestran que en los distritos con mayor población de católicos el NSDAP obtenía un porcentaje mucho menor de votos que en los distritos de mayoría protestante: Donde vivían católicos, Hitler no tenía votos.

    Segundo, reproduzco numerosas citas de Hitler y de otros gerifaltes nazis sobre el destino que les esperaba a los católicos después de la guerra y el trato que mientras tanto les dispensaban. Me las ha pasado uno de los mayores conocedores del régimen nazi: el historiador Fernando Paz Cristóbal.

    "Hitler se fue retirando gradualmente de cualquier implicación directa en la política de la Iglesia, de manera que la reordenación fundamental entre el estado nazi y la iglesia que habían estado esperando Heydrich y otros radicales del partido se pospuso hasta el final de la guerra."

    (DIEKER, W.: Himmlers Glaubenskrieg, Paderborn 2002, p. 335ss; y ZIPFEL, Friedrich: Kirchenkampf in Deutschland 1933-1945. Religionverfolgung und Selbsbehauptung del kirchen in der nationalsozialistischen Zeit, Berlin, 1965, p. 458 y ss.)

    "Hitler siguió insistiendo [después de la crisis de Checoslovaquia en 1938] en que la 'solución al problema de la Iglesia' debía posponerse hasta el final de una guerra internacional que cada vez parecía más probable. Sólo entonces quería resolver el problema como la gran tarea de su vida."

    (Adolf Hitlers Monologe im Führerhaupquartier 1941-1944. Die Aufzeichnungen Heinrich Heims, ed. Werner Jochmann, Munchen, 1982, p. 32. Monólogo del 13 de diciembre.)

    "Hitler había acordado con Goebbels que todos los asuntos que no estuvieran directamente relacionados con el desarrollo de la guerra debían posponerse, como era el caso de la campaña contra la Iglesia. No era el momento adecuado de enfrentarse con el catolicismo."

    (THATCKER, T.: Goebbels, Ariel, p. 289.)

    "Bormann dirigió una circular a los Gauleiter en la que les recordaba (junio 1941) que el nazismo era incompatible con el cristianismo. (Tras las protestas de 1941) Hitler, Goebbels y Bormann se dieron cuenta de que la solución final de la cuestión eclesiástica tendría que esperar hasta que la guerra hubiera acabado."

    (EVANS, R.: El Tercer Reich en Guerra, Península, 2011, p. 693.)

    "El nazismo era esencialmente hostil al cristianismo e incompatible con la metafísica, la ética y la soteriología cristianas; y no quería ofrecer a los alemanes 'arios' un cristianismo positivo, sino una alternativa al cristianismo."

    (The Journal of Contemporary history 42/1, 2007. Se trata de una serie de artículos de crítica a la obra de Richard Steigmann-Gall.)

    "Pese a que el odio [por la Iglesia católica] de Hitler era infinito, admitió la táctica del silencio sepulcral propuesta por Goebbels…Hitler no aparecía en público porque quería conservar su aura de Führer que estaba por encima del bien y del mal."

    (REUTH, R.: Hitler. Una biografía política, La Esfera de los Libros, Madrid, 2012, p. 447.)

    "El conocimiento público de la muerte de las vidas sin valor produjo una considerable inquietud entre la población, razón por la cual Hitler, quien consideraba que su última gran tarea tras la guerra sería solucionar el problema de la Iglesia, se vio obligado a declarar la suspensión del programa T-4. Mientras durase el duro combate en el frente oriental, debería hacer todo lo posible por evitar que se pusiera en peligro la unidad del pueblo alemán."

    (REUTH, R.: Hitler. Una biografía política, Madrid 2012, p. 621.)

    "Cuando los nazis no encontraban judíos lo pagaban con las propiedades de los católicos y la Iglesia."

    (MACDONOGH, GILES: Hitler 1938. El año de las grandes decisiones, Crítica Barcelona, 2010, p. 270.)

    "Bormann y Göbbels tenían la idea de que sería tras la guerra cuando se ajustarían cuentas con la Iglesia."

    (KUROPKA, Joachim: Clemens August Graf von Galen (1878–1946)Ein großer Niedersachse. Begleitheft zur Ausstellung im Niedersächsischen Landtag 10. bis 19. Juni 1992, S. 5 f.)

    "En 1939, Hitler pensaba en la Iglesia como una sociedad vasta e impersonal que sobrevivía siguiendo unos métodos sin escrúpulos y que conseguía unas subvenciones colosales del estado. 'Dios hizo al hombre', dijo Hitler en una ocasión, 'y el hombre nació para el pecado. El hombre recibió de Dios la libertad para hacerlo. Durante medio millón de años, Dios se queda mirando mientras los hombres se arrancan los ojos los unos a los otros, y sólo entonces se le pasa por la cabeza enviar a su único Hijo. Pues sí que se hizo esperar. Todo esto me parece de una torpeza colosal. (...) Me parece absurdo hacer del Cielo algo atractivo si la misma Iglesia nos dice que sólo los que no lo han hecho tan bien en la vida podrán entrar en él, como por ejemplo retrasados mentales y similares. No será muy bonito cuando entremos en él encontremos a toda esa gente (...) que ya ha sido una bendita molestia cuando estaba viva. (...) El Cristianismo es la venganza del judío errante. Dónde estaríamos hoy si no hubiera existido el Cristianismo. (...) Si hubiéramos sido mahometanos, hoy el mundo sería nuestro.'"

    (IRVING, David: El camino de la guerra, Planeta, Barcelona, 1990, págs. 252 y ss.)

    (Como veis, los progres españoles tienen la misma opinión de la Iglesia que Hitler.)


    Me parece especialmente significativa la cita de David IRVING que, "casualmente", explica muy bien por qué el pdf que puse sobre Mi Lucha está alojado donde está, ¡qué casualidad!

    Luego, y a expensas de posibles respuestas, ya sé, ya sé, que Fernández Barbadillo es un liberal, un "amigo" del PP, es decir, un apestado que ha tenido la ocurrencia de agrupar citas de nazis absolutamente anti-católicas ¡vaya por Dios, qué ocurrencia! Pero es que ya está bien de ofensivas nazis en este sitio. Somos católicos apostólicos romanos e hispanos, no nazis arios, raza inexistente salvo en las mentes enfermizas de algunos.

    ¿Qué destino reservaba Hitler a los católicos alemanes?


    Y si hacía falta alguna prueba mayúscula sobre la acrimonia mutua entre nacionalsocialismo y Catolicismo, ésta es la prueba:

    https://es.wikipedia.org/wiki/Cristianos_Alemanes

    "Sin embargo, ya desde la publicación de los veinticinco puntos del NSDAP y el comienzo de la propaganda, parece claro que el sector más difícil de convencer y menos permeable al mensaje Nacionalsocialista es el compuesto por las comunidades cristianas alemanas.

    En 1931 la Iglesia católica alemana prohíbe a sus fieles afiliarse al NSDAP y veta la participación de agrupaciones Nacionalsocialistas en las procesiones y ritos católicos públicos mientras que un año más tarde emite un comunicado en el que afirma que el Nacionalsocialismo es incompatible con la fe cristiana; por otro lado los protestantes condenan también el Nacionalsocialismo en 1934 pero sin hallar consenso, por lo que una parte de los luteranos forma la Bekennende Kirche (Iglesia Confesante, contraria a los Nacionalsocialistas) y el resto se agrupa en torno a la Reichskirche (Iglesia del Reich)."


    https://herenciaeidentidad.wordpress...-el-iii-reich/
    "He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.

    Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.

    Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."

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  15. #15
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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

    Reconozco que lo de Hitler tiene su morbo, y personalmente me sorprende mucho esta frase que pones:

    Sólo mediante los dogmas, la concepción puramente espiritual, vacilante y de interpretación infinitamente variable, llega a precisarse y adquirir una forma concreta, sin la cual jamás podría convertirse en fe. Lo contrario significaría que la idea no es susceptible de ser jamás exaltada por encima de una concepción metafísica, o mejor, por encima de una opinión filosófica. Por eso la acometida dirigida contra los dogmas se asemeja mucho a la lucha contra los fundamentos legales del Estado; y del mismo modo que esta lucha acabaría en una anarquía estatal completa, la acción antidogmática tendría por resultado un nihilismo religioso, carente de todo valor.
    Yo me atrevería a decir, que dicho personaje comprende aqui incluso el sentido de los dogmas (lo que es muy curioso)

    Para el político, la apreciación del valor de una religión debe regirse menos por las deficiencias quizá innatas en ella, que por la bondad cualitativa de un substituto doctrinal visiblemente mejor. Pero mientras no se haya encontrado un tal substituto, sólo los locos y los criminales podrían atreverse a demoler lo existente. Las peores anomalías, sin embargo, provienen del abuso de la convicción religiosa con fines políticos. Si la vida religiosa en Alemania antes de la guerra, había adquirido para muchos un sabor desagradable, no se debía esto a otra cosa más que al abuso cometido con el cristianismo por un partido político llamado "cristiano" y por el descaro con que se trató de identificar la religión católica con un partido también político. Esta funesta suplantación procuró mandatos parlamentarios a una serie de inútiles, en tanto que a la Iglesia no le trajo consigo sino daños. El resultado de semejantes anomalías tenía que soportarlo la nación entera, pues, las consecuencias emergentes del debilitamiento de la vida religiosa vinieron a producirse precisamente en una época en que ya todo había empezado a ceder y vacilar, amenazando con el derrumbamiento de los tradicionales fundamentos de la moral y de las buenas costumbres.
    Sin embargo, en esta otra se disfraza de engolado filósofo liberal, y nos ofrece un párrafo que firmaría por ejemplo algún figurón de los que suelen intervenir en "Libertad Digital" o "Es Radio". Lo que está diciendo, es que la Religión está bien mientras no se invente otra cosa, porque asegura una moralidad muy necesaria en la sociedad; y no se debe tirar contra ella porque originaría desastres y caos (más allá de su evidente "imperfección"). Una frase que podría firmar un Gustavo Bueno, o alguien por el estilo.

    El partido al que se está refiriendo, evidentemente es el "Zentrum"; partido "católico" inclasificable, que si bien sostuvo la "Kulturkampf" luego se hizo más imperial que nadie. Partidario de la República y la Monarquía al mismo tiempo, furiosamente antipolaco (a pesar de la religión de estos) y antinazi pese a votar mayoritariamente a favor de Hitler en 1933................¿Qué diablos era realmente el "Zentrum"?

    https://es.wikipedia.org/wiki/Partid...tro_(Alemania)
    Última edición por DOBLE AGUILA; 17/05/2017 a las 23:24

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    Re: La Iglesia contra el nazismo y el nazismo contra la Iglesia

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    «El protestantismo representa mejor, por sí mismo, las aspiraciones del germanismo, en tanto que este germanismo está fundamentado en origen y tradiciones de su Iglesia [...] Tampoco condeno o debo condenar a la Iglesia por el hecho de que un sujeto cualquiera de sotana cometa alguna falta inmunda contra las costumbres, cuando muchos otros ensucian y traicionan a su nacionalidad, en una época en que eso ocurre frecuentemente [...] Cuando dignatarios de la Iglesia se sirven de instituciones y doctrinas para dañar los intereses de su propia nacionalidad, jamás debe seguirse el mismo camino ni combatírseles con iguales armas. Las doctrinas e instituciones religiosas de un pueblo debe respetarlas el Führer político como inviolables; de lo contrario, debe renunciar a ser político y convertirse en reformador, si es que para ello tiene capacidad.» - Mi Lucha, volumen 1, capítulo 3: Reflexiones políticas sobre la época de mi permanencia en Viena. Extractos.

    «La preocupación del gobierno es la sincera colaboración entre la Iglesia y el Estado; la lucha contra una ideología materialista en pro de una verdadera comunidad popular sirve a los intereses de la nación alemana lo mismo que el bien de nuestra fe cristiana [...] Deseamos y esperamos que la igualdad de ideales espirituales sea el fundamento para un constante afincamiento de las relaciones amistosas entre ambos pueblos (en referencia a Italia y Alemania). Asimismo, el gobierno del Reich, que ve en el cristianismo el inquebrantable fundamento de la moral y de las buenas costumbres del pueblo, concede grandísimo valor a las amistosas relaciones con la Santa Sede y trata de darles expresión [...] Los derechos de las Iglesias no sufrirán menoscabo ni variará su posición respecto al Estado...» - Adolf Hitler, ante el parlamento. Extractos del discurso pronunciado el 23 de marzo de 1933.

    «Nosotros los nacionalsocialistas quizá discrepemos en algún punto de organización de nuestras instituciones religiosas, pero no queremos jamás ateísmo y falta de fe, ni pretendemos que nuestros templos se conviertan en clubes o cines. El bolchevismo enseña el ateísmo y obra en consecuencia.» - Adolf Hitler, ante el parlamento. Extracto del discurso pronunciado el 21 de mayo de 1935.

    «Presentaron a Alemania como un país antirreligioso. De esta manera se facilitó que el mundo cristiano se dejara arrastrar a una lucha en beneficio del bolchevismo ateo.»- Historiador Salvador Borrego. Décima edición de «Derrota Mundial», Capítulo 3: Occidente se interpone (1933 - 1939). Tema: Engañar es más eficaz que dinamitar, página 85.

    «El Estado Nacionalsocialista contribuyó económicamente para ayudar tanto a la iglesia católica como la protestante con las siguientes sumas: en 1933, 130 millones de marcos; en 1934, 170 millones de marcos; en 1935, 250 millones de marcos; en 1936, 320 millones de marcos; en 1937, 400 millones de marcos; en 1938, 500 millones de marcos; total: 1,770 millones de marcos. Existen telegramas de adhesión tanto de sacerdotes como de pastores protestantes. Las iglesias eran las mayores propietarias de inmuebles después del Estado, cosa muy rara en otros países [...] Hitler dijo: «El Estado nacionalista no ha cerrado ninguna iglesia, ni ha impedido ningún servicio religioso. Esta propaganda no obedece más que a razones políticas, puesto que estos demócratas callaron cuando en Rusia se sacrificaron cientos de miles de sacerdotes.» Y Salvador Borrego, asevera: «Justamente cuando Hitler afirmaba esto, en Rusia culminaba una etapa de exterminio de las instituciones religiosas.» En 1937, el diplomático norteamericano William C. Bullit, informaba a Roosevelt que fueron cerradas en Rusia 10,000 iglesias y en 1939, se había aniquilado definitivamente el espíritu de resistencia de la mayoría de los sacerdotes y no quedaban con vida más que unos cuantos adictos a Stalin. Esto lo hizo saber William C. Bullit en su libro: «Amenaza Mundial». En Rusia se asesinaron sacerdotes católicos, ministros ortodoxos, pastores protestantes, pero ningún rabino; se quemaron templos ortodoxos, iglesias católicas y protestantes, pero ninguna sinagoga.» - Hannerl Gossler «La farsa judía» (juicio final). Paginas 145-146 de la primera edición.
    ReynoDeGranada dio el Víctor.

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