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Tema: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

  1. #181
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    Julio Popper, el intrépido aventurero acusado de perpetrar un genocidio en Tierra del Fuego


    Popper, de pie, junto a un nativo abatido/Foto: dominio público en Wikimedia Commons


    No deja de resultar macabramente paradójico que un hombre obligado a dejar su patria por antisemitismo, terminase convertido -justa o injustamente- en responsable más visible de un presunto genocidio en su país de adopción. Algo especialmente llamativo tratándose de un personaje de gran cultura cuya imagen, además, fue inmortalizada en sellos y monedas, buena prueba del prestigio que tenía y que no fue discutido hasta mucho después. Hablamos de Julio Popper y el llamado Genocidio Selknam.

    En el artículo que dedicamos a la mítica ciudad de Trapalanda explicábamos que Pedro Sarmiento de Gamboa, que navegaba por el entorno de Nueva León (una gobernación al sur del Perú que ocupaba parte de las actuales Chile y Argentina) con la misión de expulsar a unos corsarios ingleses avistados, tuvo que dejar a parte de su hueste en Tierra del Fuego mientras regresaba en busca de provisiones.




    Retrato idealizado de Pedro Sarmiento de Gamboa (Guillermo Muñoz Vera)/Imagen: Araucochinchon en Wikimedia Commons


    Lamentablemente fueron los intrusos los que le apresaron a él, por lo que los que se quedaron acabaron falleciendo; sólo uno, Tomás Hernández, sobrevivió para dar testimonio de su tragedia y del primer contacto que tuvieron con los indígenas locales, cuyas fogatas había avistado ocho años antes la expedición de Magallanes dando nombre al lugar. Eran los nativos a quienes sus vecinos yaganes llamaban onas y los tehueches (o patagones) conocían como selknam.

    Se trataba de cazadores y recolectores nómadas, emparentados con los anteriores cultural y morfológicamente (eran altos y fornidos) hasta el punto de que se cree que en realidad no eran sino tehuelches emigrados desde la Patagonia meridional a Tierra del Fuego, donde compartieron territorio con los haush, los alacalufes y los citados yaganes. Dado lo apartado e inhóspito de aquel hábitat, pudieron vivir con cierta tranquilidad durante los siglos de dominio español, hasta que llegó el último cuarto del siglo XIX, con toda Sudamérica ya independizada, que trajo la amenaza de estancieros y buscadores de oro.




    Pueblos indigenas de la Patagonia Austral y Tierra del Fuego/Imagen: Janitoalevic en Wikimedia Commons


    Porque entre 1883 y 1890 aquel extremo insular del continente sufrió una conmoción después de que la expedición del chileno Ramón Serrano Montaner de 1879 descubriera yacimientos auríferos. Como cabía esperar, se produjo una emigración masiva de aventureros de múltiples países -con predominio croata, curiosamente-, ansiosos por hacer fortuna a cualquier precio. Ello llevó cierto grado de desarrollo en forma de puertos, tendido de telégrafos y una incipiente industrialización para explotar las vetas más importantes, las de Punta Páramo, Sierra Carmen Sylva y Bahía Slogget. Y esos intereses, como también era inevitable, chocaron con los de los nativos, que al fin y al cabo eran los dueños de las tierras pero nadie les preguntaba.

    Tampoco resultaba una novedad, ya que la República Argentina, por ejemplo, acababa de terminar una campaña militar conocida como Conquista del Desierto y consistente en ganar territorio en la Pampa y la Patagonia para las grandes cabañas ganaderas a costa de los mapuches, ranqueles y tehuelches. Diversos contingentes de tropas se enfrentaron sistemáticamente a las tribus indígenas, cuya resistencia en forma de esporádicas malocas (incursiones) no podía parar lo que se les venía encima; entre enfrentamientos directos, división por sexos, agotadores destierros, concentraciones en campos ad hoc y trabajos forzados terminaron pereciendo unos catorce mil y quedando al borde de la extinción.




    Indios onas a finales del siglo XIX/Foto: dominio público en Wikimedia Commons


    Los siguientes de la lista fueron los onas -o selknam-, que ya habían tenido que ir desplazándose hacia el sur de la isla ante el empuje de los ganaderos. Eran unos tres o cuatro mil que ante aquella invasión sólo podían oponer robos de reses y asaltos a haciendas aisladas, debidos a que la presencia de los blancos y su ganado había supuesto la desaparición del guanaco, su principal fuente de alimentación. La fiebre del oro precipitó los acontecimientos y enredó más la rivalidad entre los clanes aborígenes. En este contexto hizo aparición Julio Popper, que sería protagonista junto a otros como el neozelandés Alexander Cameron, los escoceses Samuel Hyslop y Alexander McLennan, John McRae​ o Montt E. Wales con infames currículums como cazadores de indios.

    Popper nació en Bucarest en 1857 en el seno de una familia judía, aunque marchó a París para estudiar Ingeniería e incluso participó en los trabajos del Canal de Suez antes de viajar por medio mundo. No quiso regresar a la recién independizada Rumanía por sus leyes antisemitas, así que se fue a Rusia y luego a EEUU para después pasar a la Cuba española, México y Brasil, siempre acumulando experiencia en su trabajo y adquiriendo soltura con múltiples idiomas.




    Julio Popper en 1898/Foto: dominio público en Wikimedia Commons


    El manejo del castellano le llevó a Buenos Aires atendiendo a la llamada del oro. Desembarcó en Tierra del Fuego en 1886 y empezó a hacer exitosas prospecciones en El Páramo mientras paralelamente realizaba una amplia labor de registro geográfico, topográfico y cartográfico de la isla. También fundó un asentamiento que bautizó con el nombre de Atlanta y, en suma, alcanzó tal prestigio, que al año siguiente fue acogido calurosamente por el Instituto Geográfico Argentino e ingresó en una logia masónica local, posibilitando la creación de la Compañía Anónima Lavaderos de Oro del Sur.

    Al frente de esta empresa, que había recibido la concesión de la explotación de los yacimientos auríferos que encontrase, regresó a Tierra del Fuego. Allí se encontró el obstáculo de los nativos, que decidió resolver de forma contundente, tal cual había hecho el militar y explorador argentino Ramón Lista el año anterior. Lista había llegado al territorio al frente de una expedición para afianzar su incorporación a la República Argentina y, nada más desembarcar en la Playa de San Sebastián, se encontró un poblado ona contra el que ordenó disparar inmediatamente sin mediar provocación.




    Ramón Lista/Foto: dominio público en Wikimedia Commons


    El resultado fue la muerte de veintiséis personas, incluyendo mujeres y niños, más un superviviente herido al que remataron con una treintena de balazos. La masacre fue tan gratuita que algunos miembros de la expedición como el sacerdote salesiano José Fagnano y Federico Spurr (el capitán del barco que les había llevado hasta allí) tuvieron un serio altercado con Lista. Las recriminaciones no sirvieron de nada y hubo más matanzas en los días siguientes hasta que llegaron al otro extremo de la isla y reembarcaron.

    Aquellas acciones nunca fueron sancionadas, así que sirvieron de ejemplo a seguir. Igual que se había convertido en costumbre disparar contra los indios desde los barcos que navegaban por la costa, a muchos, una vez muertos, se les cortaba la cabeza para enviar el cráneo a Londres, donde se decía que el Museo de Antropología pagaba ocho libras por pieza. Eran los tiempos dorados de la antropometría y el propio Ramón Lista se quejó alguna vez de que tenía que hacer mediciones a sus prisioneros onas recurriendo a la fuerza.




    Hombres de Popper disparando contra los indios/Foto: Julius Popper en Wikimedia Commons


    Popper contrató a un grupo de mercenarios y con ellos se enfrentó a los indígenas fueguinos. Hay controversia en torno al comportamiento del rumano (que adoptó la nacionalidad argentina) porque algunos estudiosos de su vida opinan que no se dedicó a perseguir indios sino que sólo tuvo encontronazos armados con ellos que luego exageró para ganarse al presidente Miguel Ángel Juárez Celman, quien al parecer les tenía hostilidad abierta. A él precisamente le regaló un álbum fotográfico que documentaba su paso por Tierra del Fuego, combinando aspectos etnográficos con mapas y escenas de combate.

    Ciertamente, Popper no tenía tapujos en adornar sus aventuras, como había demostrado al contar viajes inexistentes a sitios que nunca había pisado -pocos- en un alarde de la misma capacidad oratoria que le hizo triunfar en el Instituto Geográfico Argentino. De hecho, apenas consta que matase un par de nativos, según se deduce de las imágenes que él mismo aportó y de algunas declaraciones que hizo defendiéndolos: «La injusticia no está del lado de los indios… Los que hoy día atacan la propiedad ajena en aquel territorio, no son los onas, son los indios blancos, son los salvajes de las grandes metrópolis».




    Monedas de uno y cinco gramos acuñadas por Popper en 1889/Imagen: Billetes Argentinos


    Es posible, dicen otros, que esa palabras pretendieran encubrir su responsabilidad, bien por acción, bien por omisión, ya que los capataces que trabajaban en Tierra del Fuego tasaron en una libra los testículos y senos de los adultos cazados y media libra por cada oreja de niño. Lo que sí hizo seguro con los onas fue robarles bienes personales, pues reunió una buena colección de objetos folklóricos. No obstante, Popper tuvo problemas tanto con otros colonos como con el gobierno por conducirse como una especie de dictador autónomo, con guardia uniformada y acuñando su propia moneda, el popper. Fue llevado a juicio pero salió indemne; eso sí, no volvió a la región y empezó a planificar la explotación de la Antártida.

    No tendría tiempo; en 1893, dos años después de su hermano Máximo, murió mientras dormía en un hotel de Buenos Aires. Sólo tenía treinta y cinco años, por lo que hubo suspicacias acerca del ataque cardíaco que se diagnosticó como causante del óbito. Se pidió hacer una nueva autopsia pero al procederse a exhumar el cuerpo éste había desaparecido. La sombra de la sospecha recayó siempre sobre un hacendado de origen asturiano llamado José Menéndez y Menéndez, que a la postre fue quien se quedó con sus tierras; para él trabajaba el citado Alexander McLennan (alias Chancho colorado, por su cabello pelirrojo), un individuo despiadado.




    José Menéndez con su familia/Foto: dominio público en Wikimedia Commons


    Hay que reseñar que, de la misma forma que intentó usar cientos de miles de hectáreas indias para establecer colonos y rebaños de ovejas, Popper también trazó un plan para repoblar Tierra del Fuego con onas, repartiendo entre doscientas cincuenta familias parcelas de cien hectáreas de las ochenta mil que le había concedido el gobierno a él. Fue en 1891 y contradecía así su anterior animosidad contra los indios, a los que ahora elogiaba:

    “He podido cerciorarme de que no sólo son susceptibles de llegar al más alto grado de perfección sino que se hallan dotados de elevados y nobles sentimientos humanitarios, que tienen raciocinio sensato, que son magnánimos hasta el punto de saber perdonar a sus enemigos, que -más aún- llevan el desdén de la venganza, hasta compensar el mal con el bien, hasta convertirse en protectores de la raza que los persigue, conduciendo a náufragos varados en las playas hacia los puntos donde puedan encontrar auxilio. Son padres afectuosos, tienen un acentuado cariño hacia sus hijos como los hijos hacia sus padres; llevan largo luto por los difuntos, pintándose al efecto el rostro de negro. Se lavan a menudo el cuerpo y el rostro…”




    Los últimos onas de Isla Dawson/Foto: dominio público en Wikimedia Commons


    Fuera culpable o no, el fallecimiento de Popper no puso fin al sufrimiento selknam porque las verdaderas masacres se registraron más tarde, ya en la primera década del siglo XX: el medio millar de indios fallecidos por un ingerir carne de ballena deliberadamente envenenada, los veinticinco que cayeron luchando contra colonos en Punta Alta, los trescientos tiroteados a sangre fría tras emborracharlos en la Playa de Santo Domingo… La viruela y la tuberculosis remataron la faena con el millar y medio que había quedado y que fue recluido por el gobierno chileno en la isla Dawson, a cargo de misioneros salesianos. La última ona conocida de sangre pura se llamaba Ángela Loij y murió en 1979.




    Fuentes:

    Los aborígenes de la Argentina. Ensayo socio-histórico-cultural (Guillermo E. Magrassi)

    /Expedición a Tierra del Fuego (Martin Gusinde y Mario Orellana Rodríguez)

    /Patagonia Y Antártica. Personajes históricos (Nelson Toledo)

    /Viejas estancias de la Patagonia (Yuyú Guzmán)/Wikipedia





    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.labrujulaverde.com/2018/...erra-del-fuego
    Erasmus dio el Víctor.

  2. #182
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    G. Papini sobre los judios (libro Gog)

    LAS IDEAS DE BENRUBI


    Ginebra, 30 julio


    He hecho publicar en algunos periódicos este anuncio:


    »Necesito secretario políglota, filósofo, célibe, paciente, nómada. Presentarse hasta el 20 de julio, “Hotel Mon Repos”, a las diez de la noche.»


    Como desde hace algún tiempo sufro de insomnio, el examen de los candidatos me ayudará a pasar la noche.
    Han venido sesenta y tres. Entre esos sesenta y tres, cuarenta y siete eran hebreos. He elegido un hebreo: el que me ha parecido más inteligente de todos.


    El doctor Benrubi tiene todas las cualidades que pedía y algunas más en las que no había pensado. Es un joven bajo, con las espaldas un poco curvadas, las mejillas hundidas, los ojos profundos, los cabellos ya un poco blanquecinos, la piel de color de barro de pantano. Nació en Polonia, hizo los primeros estudios en Riga, se doctoró en Filosofía en Jena, en Filología moderna en París, ha enseñado en Barcelona y en Zurich. Tiene el aspecto pobrísimo y la expresión de un perro que teme ser apaleado, pero que sabe, sin embargo, que es necesario.


    Le he preguntado, charlando, por qué los hebreos son, de ordinario, tan inteligentes y tan miedosos.


    -¿Miedosos? Se refiere probablemente al coraje físico, material, bestial. En cuanto al espiritual, los hebreos no son únicamente valerosos, sino temerarios. No han sido nunca héroes a la manera bárbara, ni siquiera creo, en la época de David, pero han sido los primeros, entre todos los pueblos, que comprendieron que el verdadero trabajo del hombre consiste más bien en ejercitar la mente que en matar criaturas semejantes a ellos.


    Además, después de la Dispersión, los hebreos han vivido siempre sin Estado, sin Gobierno, sin Ejército; grupos esparcidos en medio de unas multitudes que les odiaban. ¿Cómo quiere que se desarrolle en ellos el heroísmo de los cruzados y de los condottieri?
    Para no ser exterminados, los hebreos tuvieron que inventar su defensa. Hallaron dos medios: el dinero y la inteligencia.


    Los hebreos no aman el dinero. Tres cuartas partes de su literatura, sin contar los Profetas, es la glorificación de los pobres. Pero los hombres se destruyen con el hierro y se compran con el oro. No pudiendo adoptar el hierro, los hebreos se protegieron con el oro, el metal más estético y más noble. Los florines fueron sus lanzas, los ducados sus espadas, las esterlinas sus arcabuces, y los dólares sus ametralladoras. Armas no siempre eficaces, pero cada vez más potentes, de siglo en siglo, a causa del cariz que toma la civilización. El hebreo convertido en capitalista por legítima defensa, se ha transformado, por culpa de la decadencia moral y mística de Europa, en uno de los amos de la tierra, contra su mismo genio y contra su voluntad. Primeramente le han obligado a ser rico, después han proclamado que la riqueza es lo principal de todo, de modo que, por voluntad de sus enemigos, el pobre de la Biblia y el recluso del ghetto se ha convertido en el dominador de los pobres y de los ricos.


    Lo que fueron arneses de protección se convirtieron, con el tiempo, en instrumentos de venganza. Mucho más potente que el oro es, en opinión mía, la inteligencia. ¿De qué manera el hebreo pisoteado y escupido podía vengarse de sus enemigos? Rebajando, envileciendo, desenmascarando, disolviendo los ideales del Goim. Destruyendo los valores sobre los cuales dice vivir la Cristiandad, y de hecho,si mira usted bien, la inteligencia hebrea, de un siglo a esta parte, no ha hecho otra cosa que socavar y ensuciar vuestras más caras creencias, las columnas que sostenían vuestro pensamiento. Desde el momento en que los hebreos han podido vivir libremente, todo vuestro andamiaje espiritual amenaza caerse.


    El Romanticismo alemán había creado el Idealismo, y rehabilitado el Catolicismo; viene un pequeño hebreo de Dusseldorf, Heine, y, con su genio alegre y maligno, se burla de los románticos de los idealistas y de los católicos.


    Los hombres han creído siempre que política moral, religión, arte, son manifestaciones superiores del espíritu y que no tienen nada que ver cor la bolsa y con el vientre; llega un hebreo de Tréveris, Marx, y demuestra que todas aquellas idealísimas cosas vienen del barro y del estiércol de la baja economía.


    Todos se imaginan al hombre de genio como un ser divino y al delincuente como un monstruo; llega un hebreo de Verona, Lombroso, y nos hace tocar con la mano que el genio es un semi loco epiléptico y que los delincuentes no son otra cosa que nuestros antepasados sobrevivientes, es decir, nuestros primos carnales.


    A fines de los ochocientos, la Europa de Tolstoi, de Ibsen, de Nietzsche, de Verlaine, se hacía la ilusión de ser una de las grandes épocas de la Humanidad; aparece un hebreo de Budapest, Max Nordau, y se divierte explicando que vuestros famosos poetas son unos degenerados y que vuestra civilización está fundada sobre la mentira.


    Cada uno de nosotros está persuadido de ser, en conjunto, un hombre normal y moral; se presenta un hebreo de Freiberg en Moravia, Sigmund Freud, y descubre que en el más virtuoso y distinguido caballero se halla escondido un invertido, un incestuoso, un asesino en potencia.


    Desde el tiempo de las Cortes de Amor y del Dulce Estilo Nuevo estamos habituados a considerar a la mujer como un ídolo, como un vaso de perfecciones; interviene un hebreo de Viena, Weininger, y demuestra científicamente y dialécticamente que la mujer es un ser innoble y repugnante, un abismo de porquería y de inferioridad.


    Los intelectuales, filósofos y otros, han considerado siempre que la inteligencia es el medio único para llegar a la verdad, la mayor gloria del hombre; surge un hebreo de París, Bergson, y con análisis sutiles y geniales, abate la supremacía de la inteligencia, derroca el edificio milenario del platonismo y deduce que el pensamiento conceptual es incapaz de captar la realidad.


    Las religiones son consideradas por casi todos como una admirable colaboración entre Dios y el espíritu más alto del hombre; y he aquí que un hebreo de Saint-Germain de Laye, Reinach, se ingenia para demostrar que son simplemente un resto de los viejos tabús salvajes, sistemas de prohibiciones con supra estructuras ideológicas variables.


    Nos imaginábamos vivir tranquilos en un sólido universo ordenado sobre fundamentos de un tiempo y de un espacio separados y absolutos; sobreviene un hebreo de Ulm, Einstein, y establece que el tiempo y el espacio son una sola cosa, que el espacio absoluto no existe, ni tampoco el tiempo, que todo está fundado sobre una perpetua relatividad, y el edificio de la vieja física, orgullo de la ciencia moderna, queda destruido.


    El racionalismo científico estaba seguro de haber conquistado el pensamiento y haber encontrado la llave de la realidad; se presenta un hebreo de Dublín, Meyerson, y disuelve también esta ilusión: las leyes racionales no se adaptan nunca completamente a la realidad, hay siempre un residuo irreductible y rebelde que desafía el pretendido triunfo de la razón razonante.


    Y se podría continuar. No hablo de la política, donde el dictador Bismarck tiene como antagonista al hebreo Lasalle, donde Gladstone fue superado por el hebreo Disraeli, donde Cavour tiene como brazo derecho al hebreo Artom, Clemenceau al hebreo Mandel y Lenin al hebreo Trotski.


    Fíjese que no le he puesto delante nombres oscuros o de segundo orden. La Europa intelectual de hoy se halla, en gran parte, bajo la influencia o, si quiere, el sortilegio de los grandes hebreos que he recordado. Nacidos en medio de pueblos diversos, consagrados a investigaciones diversas, todos ésos, alemanes y franceses, italianos y polacos, poetas y matemáticos, antropólogos y filósofos, tienen un carácter común, un fin común: el de poner en duda la verdad reconocida, rebajar lo que está elevado, ensuciar lo que parece puro, hacer vacilar lo que parece sólido, lapidar lo que es respetado.


    Esta propinación secular de venenos disolventes es la gran venganza hebraica contra el mundo griego, latino y cristiano. Los griegos se han burlado de nosotros, los romanos nos han diezmado y dispersado, y los cristianos nos han torturado y despreciado, y nosotros, demasiado débiles para vengarnos con la fuerza, hemos realizado una ofensiva tenaz y corrosiva contra las columnas sobre las cuales reposa la civilización nacida de la Atenas de Platón y de la Roma de los emperadores y de los Papas. Y nuestra venganza se halla en buen punto. Como capitalistas, dominamos los mercados financieros en un tiempo en que la economía lo es todo o casi todo; como pensadores, dominamos los mercados intelectuales, agrietando las viejas creencias sagradas y profanas, las religiones reveladas y las laicas. El hebreo reúne en sí los dos extremos más temibles: déspota en el reino de la materia, anárquico en el reino del espíritu. Sois nuestros servidores en el orden económico, nuestras víctimas en el orden intelectual. El pueblo acusado de haber matado a un Dios ha querido también matar a los ídolos de la inteligencia y del sentimiento y os obliga a arrodillaros ante el ídolo máximo, el único que permanece en pie: el Dinero. Nuestra humillación, que va desde la esclavitud de Babilonia a la derrota de Bar-Cosceba y se perpetúa en los ghettos hasta la Revolución francesa, ha sido finalmente vengada. ¡El paria de los pueblos puede cantar el himno de una doble victoria!


    Mientras hablaba, el pequeño Benrubi se había ido exaltando; sus ojos, en el fondo de las órbitas, brillaban; sus delgadas manos cortaban el aire; su voz blanda se había hecho estridente. Se dio cuenta de que había dicho demasiado y se calló de pronto. Reinó un largo silencio en la habitación. Al fin el doctor Benrubi, con voz tímida y baja, me preguntó:


    -¿No podría usted anticiparme mil francos sobre mis honorarios? Tengo que hacerme un vestido, desearía pagar algunas pequeñas cuentas...


    Cuando estuvo el cheque en su poder me miró con una sonrisa que quería ser espiritual.


    -No tome al pie de la letra las paradojas que he dicho esta noche. Los hebreos somos así: nos gusta demasiado hablar y cuando se ha comenzado se continúa hablando… y se termina siempre por molestar a alguien. Si le he ofendido en algo, le ruego que me perdone.

    https://m.forocoches.com/foro/showthread.php?t=6715801
    Última edición por ReynoDeGranada; 18/09/2018 a las 22:28
    Erasmus dio el Víctor.
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
    𝕽𝖆𝖒𝖎𝖗𝖔 𝕷𝖊𝖉𝖊𝖘𝖒𝖆 𝕽𝖆𝖒𝖔𝖘

  3. #183
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    Los pioneros. Judíos progres de procedencia ibérica en el s.XVII:


    Los heterodoxos sefaradíes – La herética trinidad







    En la historiografía del pueblo hebreo, es común atribuir los cambios revolucionarios en la mentalidad judía a los correligionarios ashkenazíes del centro o del este de Europa. Si bien en la mayoría de los casos esta afirmación tiene un gran porcentaje de correlación, existen a grandes revolucionarios de la mentalidad judía moderna cuyo origen es puramente sefaradí.

    Por Rabino Andy Faur

    Los sefaradíes, descendientes de aquellos judíos expulsados o bien obligados a convertirse al cristianismo por la fuerza, a manos de las coronas española y portuguesa, se adelantan en por lo menos un siglo en sus lúcidas y progresivas ideas a sus colegas del Levante europeo.
    Me refiero a tres figuras intelectuales descollantes del pueblo judío que vivieron en la Ámsterdam del siglo XVII, con enfoques filosóficos e ideas similares y que son poco conocidas para la mayor parte del público general.
    Esta triada de librepensadores sefaradíes hispano-portugueses que sufrieron el Jérem/Anatema de su comunidad, esta formada por: Gabriel (Uriel) da Costa, Juan (Daniel) de Prado, y el más conocido de ellos, Baruj (Benito – Bento) Spinoza.

    Vamos por orden cronológico:

    Gabriel (Uriel) da Costa

    Es el pionero y vanguardista del pensamiento heterodoxo sefaradí. Nació en Oporto, Portugal en 1580 y murió en Ámsterdam, Países Bajos en 1640 o 1645. Filósofo escéptico y racionalista de origen portugués, de familia de ricos comerciantes sefardíes que se habían convertido al catolicismo, fue bautizado como “cristiano nuevo” con el nombre de Gabriel da Costa.
    Estudió religión y fue profesor en la Universidad de Coímbra y a medida que estudiaba y profundizaba en la teología cristiana, le fue encontrando defectos al catolicismo, lo que lo llevó a interesarse por las raíces judías ancestrales de su familia. A partir de estas disquisiciones teológicas, da Costa y su madre pasaron de ser conversos (judíos convertidos al catolicismo) a ser criptojudíos (judíos aparentemente conversos que practicaban en secreto el judaísmo). Ante la sombra de la Inquisición portuguesa que perseguía a los criptojudíos y del peligro que corrían, da Costa convenció a su familia de emigrar a los relativamente liberales Países Bajos en busca de una nueva vida, como tantas familias judías hispano-portuguesas lo habían hecho antes.
    Tras instalarse en la comunidad sefaradí de Ámsterdam en 1618, adoptó el nombre de Uriel, la variante hebrea de su nombre portugués. Uriel da Costa se dedicó entonces a estudiar judaísmo y filosofía, encontrándole también defectos a las enseñanzas y las prácticas del judaísmo, que expuso por escrito y en público. La comunidad lo criticó y censuró por sus ideas filosóficas, naturalistas y racionalistas, tal y como le sucedería algunos años después a sus colegas continuadores.
    A lo largo de las siguientes décadas, da Costa fue anatematizado, luego exonerado, y de nuevo vuelto a anatematizar. Por un tiempo encontró refugio en la comunidad judía de Hamburgo, pero también allí sufrió el Jérem de la misma. Las ideas de Da Costa se habían convertido en un asunto preocupante para las autoridades judías, no sólo porque las consideraban heréticas, sino también porque temían que las autoridades eclesiásticas holandesas tomaran represalias contra la comunidad judía, por considerar que sus ideas eran antirreligiosas y peligrosas también para los cristianos.
    En 1640 o 1645 (no es clara la fecha) la situación de da Costa era sumamente complicada y, agotado física y mentalmente, llegó a un acuerdo con las autoridades judías de Ámsterdam para renegar públicamente de sus ideas y, de esta forma, recuperar su posición en la comunidad.
    En sus memorias tituladas Exemplar humanae vitae narra con detalle todo el episodio y deja claro que, aunque aceptase el acuerdo, sus ideas no habían variado en absoluto, y que lo hacía para librarse de las humillaciones que sufría. El día del juicio, con la sinagoga llena, leyó una confesión de arrepentimiento redactada por los rabinos de la comunidad. Después, se le ordenó abrazar una columna, le ataron las manos y recibió 39 azotes (según la Ley, nunca debían pasar el número de 40). Finalmente, se lo sentó en el piso y el rabino proclamó su rehabilitación pública y las puertas de la sinagoga volvieron a abrirse ante él. El final del humillante rito consistió en hacerlo acostarse en la entrada de la sinagoga para que toda la comunidad pasase por encima de él al salir de la misma. Uriel da Costa, tras ser felicitado por la entereza con que soportó el castigo, volvióa a ser miembro pleno de la comunidad.
    No son claras las fechas o duración de dichos eventos, lo que sí es sabido es que Da Costa dedicó los días siguientes a concluir sus memorias, cuyas últimas páginas narran el episodio y su impotencia para rebelarse. Al final, concluida su obra y tras ser dos veces anatematizado por el Maamad – la dirigencia de la comunidad judía, separado de ésta en un principio quince años y otros siete más tarde, doblemente renegado (primero del catolicismo, luego del judaísmo), perseguido y humillado por los suyos, atormentado por las dudas religiosas y acosado por el drama de la exclusión perpetua, puso fin a su vida suicidándose.
    El legado de Uriel da Costa, su materialismo y su crítica a los ritos y a la hipocresía de la religión organizada, fueron retomados post mortem por Baruj Spinoza. Es muy probable que el joven Spinoza se encontrase entre el público que presenció la humillación pública de Uriel da Costa y que, quizá por eso, decidiera no estar presente en su propio Anatema/Jérem en la sinagoga algunos años después, y así ahorrarse la misma humillación. Paradójicamente, Spinoza nunca mencionó a Da Costa en su obra, pero las ideas de este último tuvieron sin duda, una gran influencia sobre el Sabio de Ámsterdam.


    Juan (Daniel) de Prado

    Nacio en España en 1614 o 1615. Es poco lo que se sabe fehacientemente de él y hay poca documentación acerca de su vida y obra. Está asentado que estudió Medicina en las prestigiosas universidades de Alcalá y de Toledo, y logró ser aceptado en la sección de médicos del Colegio de la Madre de Dios de los Teólogos de Alcalá entre 1633 y 1636.
    De Prado fue delatado como judaizante ante el Santo Oficio de Sevilla por su amigo Orobio de Castro, también de origen judeoconverso y que fuera delatado él mismo por “judeizante” ante la Inquisición. En su confesión, de Castro describe a su amigo y colega de Prado como partidario de un naturalismo descreído y de ideas libertinas.
    Perseguido por la Inquisición española huye de la penísula y hacia 1655 llega y se instala en Ámsterdam, donde se incorpora a la floreciente comunidad hispano-portuguesa, se declara abiertamente judío y adopta el nombre hebreo de Daniel.
    Casi enseguida, de Prado formó a su alrededor un grupo de jóvenes intelectuales que desarrollaron ideas filosóficas no ortodoxas. Entre los miembros del grupo se contaba a un tal Baruj Spinoza de sólo 22 años.
    Por sus ideas netamente heterodoxas, como criticar públicamente a la Biblia, negar la autoridad de la tradición rabínica y sostener la idea de la supremacía de la Ley Natural, en 1656 de Prado será primero criticado y hostigado y luego en 1657, anatematizado por las autoridades religiosas judías de Ámsterdam, en otro famoso proceso similar al que sufrieron antes Uriel da Costa y Baruj Spinoza.
    A diferencia de Spinoza, de Prado luchó para que le anulen el Jérem y, por lo visto, ambos siguieron en estrecha relación al menos hasta 1659 y por ello se suele atribuir al médico andaluz el origen de la heterodoxia religiosa spinozista y la consideración de la razón como único criterio de verdad.
    No se conoce la fecha exacta de la muerte de Juan (Daniel) de Prado, probablemente c. 1672.


    Baruj (Benedicto) Spinoza

    Filósofo holandés de origen sefaradí-portugués, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemán Gottfried Leibniz.
    Nació en Ámsterdam en 1632, procedente de una familia de judíos sefaradíes emigrantes de Portugal, que huían de la persecución de la Inquisición. Su familia procedía de España, de donde huyó durante el siglo XV a Portugal.
    A pesar de haber recibido una educación ligada a la ortodoxia judía asistiendo a las clases del Rabino Saúl Levi Morteira (rabino de la comunidad y gran intelectual, y el mismo que tiempo después y con gran dolor lo anatematizaría) el joven Spinoza mostró una actitud bastante crítica frente a estas enseñanzas y amplió por su cuenta sus estudios en matemáticas y filosofía cartesiana.
    Las lecturas críticas sumadas a la influencia del grupo de los ‘colegiantes’ (cristianos liberales protestantes holandeses) con los cuales se relacionaba, así como las de otros heterodoxos judíos hispano-portugueses, lo fueron alejando de la ortodoxia judía.
    Muerto su padre en 1654, Spinoza sacó a luz su descreimiento, que mantenía oculto por respeto a la figura paterna. Debido a sus ideas heréticas y su oposición a retractarse de las mismas, el 27 de julio de 1656 la comunidad judía le impuso el jérem y lo desterró de la ciudad.
    Tras la expulsión, se retiró a un suburbio en las afueras de la ciudad y publicó su Apología para justificarse de su abdicación de la sinagoga, obra perdida que algunos autores consideran un precedente de su enorme Tractatus theologico-politicus/Tratado teológico-político. Ya fuera de Ámsterdam, acentuó su relación con grupos cristianos menonitas y colegiantes, de carácter liberal y tolerante.
    En 1663 se instaló en un suburbio de La Haya, donde frecuentó los círculos liberales y trabó una gran amistad con el jefe de gobierno Jan de Witt, quien, según algunas fuentes, protegió la publicación anónima de su Tractatus theologico-politicus en 1670, obra que causó un gran revuelo público por su crítica racionalista de la religión. Estas protestas, y la muerte de su protector De Witt en 1672, lo convencieron de no volver a publicar nuevas obras. Sin embargo las ya publicadas circularían entre sus admiradores y seguidores, cada vez más numerosos.
    En 1673 le ofrecieron ser docente de una cátedra de filosofía en la Universidad de Heidelberg, pero Spinoza no la aceptó, pues aunque se le garantizaba “libertad de filosofar”, se le exigía “no perturbar la religión públicamente establecida”.
    Desahuciado por la tuberculosis, murió el 21 de febrero de 1677 cuando tenía 44 años de edad. Sus amigos editaron ese mismo año, simultáneamente en latín y en holandés, todas las obras inéditas que encontraron en su haber.

    Su obra e influencia
    Partiendo de la innegable influencia de Descartes en su pensamiento filosófico, creó un sistema muy original, con mezcla de elementos propiamente judíos, escolásticos y estoicos. En lo que se refiere a Descartes, éste había considerado la existencia de tres sustancias: el pensamiento, la extensión y Dios. Spinoza redujo estas tres sustancias a una sola: sustancia divina infinita, que según la perspectiva que se adopte, se identifica con Dios o con la Naturaleza (ambos términos llegaron a ser equivalentes para él, según su célebre expresión Deus sive Natura – Dios es decir la Naturaleza). Esta forma filosófica conocida como Panteísmo, es sin duda, el aporte filosofico más original de Spinoza a la humanidad
    Para Spinoza, la substancia es la realidad, que es causa de sí misma y a la vez de todas las cosas; que existe por sí misma y es productora de toda la realidad; por tanto, la naturaleza es equivalente a Dios. Dios y el mundo – su creación, son entonces idénticos.
    Spinoza es también determinista, lo que supone que no cree en el libre albedrío: asegura que el hombre está determinado por leyes universales que lo condicionan mediante la ley de la preservación de la vida. Así, afirma que ser libre es regirse por la razón frente a la sumisión, por ejemplo, a la religión.

    A modo de conclusión
    Como lo demuestran claramente estas tres grandes figuras del judaísmo de comienzos de la Era Moderna, el pensamiento y la mentalidad judías estan en constante evolución y transformación, lo que no atenta a la continuidad y la herencia cultural de nuestro pueblo.
    Es interesante notar, que esta orientación filosófica, intelectual y cultural heterodoxa, se desenvuelve a la par del desarrollo halájico – rabínico del judaismo religioso, de la mano del Shulján Aruj del rabino y codificador Yosef Caro y del Mapa de Moisés Isserles, que se impusieron como textos centrales de la Halajá – o ley rabínica en estas épocas.
    Hasta el dia de hoy, coexisten dentro del judaismo los herederos de ambas vertientes. Por un lado, la de estos vanguardistas heterodoxos (incluido el posterior Moisés Mendelsohn) son los que inspiran y otorgan continuidad a las corrientes laicas y a las religiosas liberales. Y por otro, los herederos de la ortodoxia halájica, que son continuación de la vertiente rabínica del judaísmo.
    Nuestros antepasados heterodoxos sufrieron de intolerancia, humillación y exclusión. La lección que nos transmiten, nos motiva a entender que el judaísmo es variado y controvertido desde siempre y quizás a aprender a vivir en un ambiente de pluralismo ideológico con respeto, convivencia y diálogo entre las distintas formas de expresarlo, que nos auguraría la continuidad y el enriquecimiento mutuo entre todos los judíos más allá de sus creencias, ideas o convicciones.







    FUENTE: https://anonym.to/?http://www.nuevas.../archivos/6499
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    Federico Rivanera Carlés en el canal TLV1: La verdad ocultada. Los conversos y la Independencia.

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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    Verdades y mentiras sobre la expulsión de los judíos de 1492 por parte de los Reyes Católicos

    El caso español no fue el único, ni el primero en Europa, ni por supuesto el último, pero si el que más controversia histórica sigue generando por razones vinculadas a la Leyenda Negra


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    César Cervera

    @C_Cervera_M


    Actualizado:06/12/2018 02:05h



    El primer resultado que arroja Google al término «Expulsion de los judíos» es una entrada a la Wikipedia dedicada al episodio que se produjo en España en 1492. Lo mismo ocurre si se realiza la búsqueda en inglés, «Expulsion of Jews», con otras tantas referencias a los Reyes Católicos. Resultados difíciles de comprender si se tiene en cuenta que lo ocurrido en España no fue la expulsión más masiva, ni la última, ni por supuesto la más violenta. Francia expulsó a esta minoría religiosa hasta cuatro veces en su historia, sin que su persistente antisemitismo resulte tan interesante para el imaginario popular.

    Al igual que ocurre con la Guerra de Flandes, la Conquista de América o la Inquisición española, la propaganda contra el Imperio español intoxicó y exageró lo que realmente supuso la expulsión de los judíos de la España de los Reyes Católicos en 1492. Con el tiempo, la propaganda se convirtió en historiografía... de ahí la imagen deformada de Isabel y Fernando como unos fanáticos irracionales, capaces de causar la ruina económica y demográfica a sus reinos antes que convivir más tiempo con los judíos. Nada más lejos de la realidad.


    Los aplausos de la Europa «moderna»

    La expulsión de los judíos de España fue firmada por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492 en Granada. Lejos de las críticas que siglos después ha recibido en la historiografía extranjera, la decisión fue vista como un síntoma de modernidad y atrajo las felicitaciones de media Europa. Incluso la Universidad de la Sorbona de París transmitió a los Reyes Católicos su satisfacción por una medida de aquella índole. La mayoría de los afectados por el edicto eran, de hecho, descendientes de los expulsados siglos antes en Francia e Inglaterra.

    Salvo en España, los grandes reinos europeos habían acometido varias ráfagas de deportaciones desde el siglo XII. Sin ir más lejos, el Rey Felipe Augusto de Francia ordenó la confiscación de bienes y la expulsión de la población hebrea de su reino en 1182. Una medida que en el siglo XIV fue imitada otras tres veces (1306, 1321 y 1394) por distintos monarcas galos. No en vano, la primera expulsión realmente masiva la dictó Eduardo I de Inglaterra en 1290.






    Retrato de la Reina Isabel la Católica


    Como el historiador Sánchez Albornoz recuerda en una de sus obras, «los españoles no fueron más crueles con los hebreos que los otros pueblos de Europa, pero contra ninguno otro de ellos han sido tan sañudos los historiadores hebreos».


    ¿Qué tuvo entonces de diferente esta expulsión? Lo más llamativo del caso español está en lo tardío respecto a otros países y en la importancia social de la que gozaban los judíos en nuestro país. La razón que se escondía tras la decisión, además del recelo histórico de los cristianos contra los hebreos, era la necesidad de acabar con un grupo de poder que algunos historiadores, como Wiliam Thomas Walsh, han calificado como «un Estado dentro del Estado».

    Aunque no estuvieron exentos de episodios de violencia religiosa, los judíos españoles habían vivido con menos sobresaltos la Edad Media que en otros lugares de Europa. En la corte de Castilla –no así en la de Aragón- los judíos ocupaban puestos administrativos y financieros importantes, como Abraham Seneor, desde 1488 tesorero mayor de la Santa Hermandad, un organismo clave en la financiación de la guerra de Granada. Su predominio en la economía y en la banca convertía a los hebreos en los principales prestamistas de los reinos hispánicos, a pesar de que su peso económico estaba ya en declive.

    En este sentido, Joseph Pérez desmonta en «Historia de una tragedia: la expulsión de los judíos de España» (Barcelona, Crítica) la premisa de que la economía de España se resintió de gravedad con la aplicación de este edicto al considerar que «en vista de la documentación publicada sobre fiscalidad y actividades económicas no cabe la menor duda de que los judíos no constituían ya una fuente de riqueza relevante [en Castilla y en Aragón], ni como banqueros ni como arrendatarios de rentas ni como mercaderes que desarrollasen negocios a nivel internacional».


    Las verdaderas cifras

    El edicto español de 1492 establecía que los judíos tenían un plazo de cuatro meses para abandonar el país o convertirse al cristianismo. Como en el resto de países de Europa, la medida perseguía en última instancia unificar todo el reino bajo una misma religión, en un tiempo donde política y credo eran la misma cosa.

    Aparte de que en España se hiciera de forma más tardía en otros países, muchos europeos creían que la medida se quedaba corta porque buscaba más la conversión forzosa que la eliminación de esta minoría religiosa. De ahí que el insulto más recurrente contra los españoles en el siglo XVI fue llamarlos «malos cristianos» por su convivencia durante siglos con musulmanes y judíos, así como a su disposición de mezclar su sangre con conversos. El Papa Paulo IV detestaba a los españoles, de los que decía ser «malditos de Dios, simiente de judíos, moros y herejes». En la misma línea, Lutero escribió en 1537 que los españoles «sunt plerunque Marani, Mamelucken» (la mayoría son marranos, mamelucos).





    El edicto de 1492 permitió a los judíos que rechazaran la conversión llevarse bienes muebles del país, pero les prohibía sacar oro, plata, monedas, armas y caballos, lo cual complicaba mucho que los judíos españoles pudieran iniciar nuevos negocios en otros territorios. El elevado volumen de refugiados tampoco ayudaba a que alguien quisiera recibirlo con los brazos abiertos.


    «No había cristiano que no tuviese dolor de ellos. Iban por los caminos de campos con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, unos muriendo, otros naciendo, otros enfermando»


    En tiempos de los Reyes Católicos, siempre según datos aproximados, los judíos representaban el 5% de la población de sus reinos con cerca de 200.000 personas. De todos estos afectados por el edicto, 50.000 nunca llegaron a salir de la Península, pues se convirtieron al Cristianismo, y una tercera parte regresó a los pocos meses alegando haber sido bautizados en el extranjero. Algunos historiadores han llegado a afirmar que solo se marcharon definitivamente 20.000 habitantes (el hispanista británico John Lynch lo eleva a entre 40.000 y 50.000).


    Las consecuencias de un éxodo moderno


    En previsión de posibles agresiones por parte de la población cristiana, los Reyes Católicos facilitaron a este grupo de españoles expulsados de su tierra un documento de seguridad donde se reclamaba respeto hacia ellos a las autoridades y al pueblo. Una medida que no evitó la trágica estampa de miles de hombres, mujeres y niños cargando con sus escasas pertenencias por los maltrechos caminos del periodo. «No había cristiano que no tuviese dolor de ellos. Iban por los caminos de campos por donde iban con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, unos muriendo, otros naciendo, otros enfermando», describió en sus crónicas Andrés Bernáldez.

    La mayoría tomó la desafortunada decisión de dirigirse a los reinos cercanos de Portugal y Navarra, donde sufrieron otra vez el oprobio de nuevas expulsiones en 1497 y en 1498, respectivamente. Desde Portugal, un gran porcentaje se dirigió al Norte de Europa, evitando la matanza de Lisboa en 1506 o las deportaciones masivas a Santo Tomé y Príncipe (en el golfo de Guinea) reservadas para los judíos que omitieron las órdenes de la Corona portuguesa. Los refugiados de Navarra se instalaron en Bayona en su mayoría, donde también fueron expulsados poco después. Y los que decidieron dirigirse a Italia gozaron de suerte dispar según el lugar elegido.

    En Nápoles, a punto de integrarse completamente a la Corona de Aragón, su permiso de residencia fue limitado y, en 1541, fueron desplazados definitivamente del territorio. Génova, que ya había prohibido el acceso a este grupo en el pasado, procedió a vender como esclavos a los que accedieron sin permiso a su república. Paradójicamente, los Estados Pontificios –donde se encontraba la sede de la Iglesia católica– no tomaron el camino de la expulsión hasta finales del siglo XVI.





    Quema de judíos acusados de ser los causantes de la Peste Negra de 1348


    La fortuna de los europeos fue mejor que la de los que viajaron al norte de África. «En el Magreb, en particular Marruecos, muchos de ellos encontraron la muerte en la travesía, o la esclavitud en los barcos de los moros, que les habían hecho creer que tendrían un viaje sin problemas», explica la historiadora Béatrice Leroy. Solo los que se refugiaron en el Imperio otomano,acostumbrado a sacar rédito de sus tratos con esta comunidad, pudieron gozar de cierta estabilidad. El sultán Bayaceto II permitió el establecimiento de los judíos en todos los dominios de su imperio, enviando navíos de la flota otomana a los puertos españoles y recibiendo a las figuras más ilustres personalmente. «Aquellos que les mandan pierden, yo gano», afirmó el sultán, según recoge la tradición, como reproche al error cometido por los Reyes Católicos.


    Todavía hoy, España es sinónimo de nostalgia para la comunidad sefardí, que ha mantenido vivos sus lazos con la cultura ibérica a través de sus costumbres y su lengua


    El odio inicial hacia España de los sefardíes (llamados así en referencia al territorio de Sefarad, el nombre que recibe la Península ibérica en lengua hebrea) dejó paso con el transcurso de los siglos a una especie de añoranza por la amada tierra de sus ancestros. Todavía hoy, España es sinónimo de nostalgia para la comunidad sefardí, que ha mantenido vivos sus lazos con la cultura ibérica a través de sus costumbres y su lengua. A modo de ejemplo, se pueden encontrar lugares, como algunas zonas de Bulgaria, donde aún se habla el ladino, un idioma procedente del castellano medieval.

    En la actualidad, la comunidad sefardí alcanza más de dos millones de integrantes, la mayor parte de ellos residentes en Israel, Francia, Argentina, Estados Unidos y Canadá. Su presencia también es reseñable en los antiguos territorios pertenecientes al Imperio español, donde se refugiaron tras la persecución sufrida a manos de los nazis durante la II Guerra Mundial en busca precisamente de una cultura y una lengua que aún les resultaban familiares.




    ________________________________

    Fuente:

    https://www.abc.es/historia/abci-ver...5_noticia.html

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  6. #186
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    Saltillo, su otra historia

    viernes, 25 de julio de 2014




    El templo Ojo de Agua.


    El inicio de la fundación de Saltillo tiene otras versiones diferentes a las narrativas, leyendas y autoridades; una de las polémicas que quedaron al olvido en lo que se refiere a la fecha de la fundación de Saltillo es precisamente 1555 y 1577, y que se dio en un pequeño ojito de agua que es ahora el Ojo de Agua.

    Los inicios del Saltillo según el Archivo General de la Nación fue el 25 de julio de 1555 cuando por mandato del virrey de España, Luis de Velasco el 1o. el capitán Francisco de Urdiñola, siguiendo el ritual de la ley fundó la Villa del Santiago del Saltillo del Ojo de Agua, así consta en el documento inédito.

    Una segunda fecha sobre la fundación de Saltillo e impuesta de manera oficial es el 25 de julio de 1577.

    El ojito de agua que fue la base para que los fundadores se quedaran en lo que es hoy Saltillo, continuó dando agua hasta inicios del siglo XX y todavía a nuestros días pero con bajo caudal.

    Aunque Saltillo ha sido siempre una zona semidesértica y sin abundancia poblacional de indios sedentarios, los fundadores observaron el territorio para sus propósitos de colonizar y crear extensas haciendas.


    ALBERTO DEL CANTO, EXPLOTADOR E INHUMANO

    Según datos resguardados en los archivos, Alberto del Canto fue un explotador y "no tenía escrúpulos", es lo que cuenta Santos Rojo.

    Pero, ¿quién era Santos Rojo?

    Se dice que era originario de la Península de Galicia y que nació en 1552, su madre era la señora Cayetana Rojo.

    Alberto del Canto fue amigo inseparable y hombre de confianza de Santos Rojo.

    El fundador de Saltillo, don Alberto, se dedicó a la trata de personas a quienes esclavizaba y de manera especial con los indios; esto le generó sólo una parte de su riqueza, vender esclavos a quienes maltrataba hasta ocasionarles la muerte y es que siempre los sometía a base de latigazos crueles y aunque violara la ley del rey Felipe II, quien siempre se caracterizó por evitar la esclavitud y la trata de personas aunque fueran indígenas porque a final de cuentas eran seres humanos.

    El fundador de Saltillo llegó a tal grado de inhumano que vendía esclavos indios naturales de la región a Cuba.

    Debido a los golpes y sometimientos y prolongadas jornadas de trabajo, mucho indios quedaban en el terreno pero eran de inmediato repuestos por otros grupos en iguales condiciones de pobreza y esclavitud.


    La riqueza de los fundadores se estableció primeramente en lo que es ahora el territorio de Zacatecas, donde pronto agotaron las minas de plata y buscaron más tierras al norte y es que llegaron a Saltillo y a Santa María de las Parras.


    JOSÉ SANTOS ROJO CUMPLIÓ CON LA MISIÓN

    Arrepentido de sus faltas y maltratos a los esclavos, Alberto del Canto, amigo de José Santos Rojo, le propuso la tarea de conquistar a los indios naturales en la región que llamaron Las Indias occidentales.

    Pero una tarea mayor encomendada a José Santos Rojo fue traer una imagen del apóstol Santiago a la Villa del Santiago y la madre de Santos Rojo, doña Cayetana, fue pieza importante para convencer a su hijo de hacer realidad esta noble causa.

    Cuentan los testimonios documentales, que trasladar una imagen de un Santo Cristo a Saltillo fue difícil al enfrentar a salteadores de caminos muy peligrosos.

    Hasta ahora nadie se explica cómo la imagen del Santo Cristo llegó presuntamente de Veracruz en una mula, pero también cargada con oro hasta la casona o hacienda de Santos Rojo, ubicada a un lado de la Capilla de las Ánimas, hoy Capilla Santo Cristo.

    Se habla de que una primera imagen fue robada, así como el resto de dinero que fue escondido en costales.

    Otros relatos dan cuenta que quizá se trata de la misma imagen, pero que quizá por arrepentimiento ésta fue devuelta.


    LAS APARICIONES MÁS FAMOSAS

    En la calle Nicolás Bravo, entre Santos Rojo y Benito Juárez, se ubica la Casa de los Espantos, es una de las más antiguas en Saltillo.

    Las leyendas aseguran que en ella habitaban dos personajes de la época colonial, doña Leonor y Gonzalo; ellos fueron asesinados en esa propiedad y dejados entre las paredes de la casona, se dice que siempre se oyen en las noches muchos ruidos y se observan fantasmas. Durante una investigación por parte del grupo de lo paranormal Adimensional se tienen datos comprobados que una mujer se aparece en la casona, pero también entidades que han estado posesionadas del inmueble.

    En lo que fue hasta hace poco tiempo la Escuela de Artes Plásticas, fue conocida como la Casa Ortuño de Aguirre uno de los fundadores de Saltillo. En este lugar se encontraba el Hotel Universal y en 1867 el Ateneo Fuente y Hotel Plaza, así como el Casino.

    Posteriormente en este lugar estuvo la cantina Jockey Club.

    En una fotografía tomada al interior de la cantina se pudo captar en ese tiempo, un fantasma que aparece sentado en la parte superior de una vitrina.

    En el callejón de la Matanza, en el siglo XIX era usado como rastro y matanza, ahí se sacrificaban las reses para preparar la carne que se consumía en Saltillo.

    Por las noches los vecinos que todavía viven en las casas de este callejón que hoy se ubica en las calles Guerrero y Gómez Farías, dicen que en ocasiones se oyen "bramidos" y como el paso de "tropeles" a lo largo de la pequeña calle.




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    Fuente:

    Saltillo, su otra historia - El Diario de Coahuila
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  7. #187
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    ¿Tendré antepasados judíos? Mitos y realidades

    La posibilidad de descender de judíos conversos ha constituido para los españoles una de las mayores pesadillas posibles durante siglos. Una sola gota de sangre conversa manchaba irremisiblemente a toda la descendencia, por cualquier rama y grado, por remota que fuera, según la fórmula incansablemente reiterada en los interrogatorios que, para demostrar la llamada limpieza de sangre, se efectuaron en los Reinos de España desde mediados del siglo XV hasta bien entrado el XIX. Ser considerado oficialmente descendiente de conversos impedía el acceso a numerosos cargos, estudios, oficios, privilegios… era una losa que causaba enormes perjuicios a todo un linaje.

    Hoy en día, libres de absurdos prejuicios, podemos plantearnos objetivamente esta posibilidad. Es más, nos puede despertar un interés con tintes casi novelescos ya que si descubrimos una rama de antepasados conversos podemos dar por seguro que la saga familiar incluirá, desgraciadamente, interesantes historias de ocultamiento, persecución y supervivencia.

    Pero para llegar a ello deberemos ser fieles a la norma general de la Genealogía: avanzar desde el presente hacia el pasado, de modo que nos remontemos paso a paso hasta antepasados que documentalmente podamos considerar conversos o descendientes de tales. No obstante, algunos libros y numerosas páginas en internet proponen atajos que, según prometen, nos permitirán descubrir fácilmente si poseemos ascendientes conversos… ¿qué hay de cierto en todo ello? Veamoslo.

    En primer lugar encontraremos las listas de apellidos conversos, una propuesta tan simplista que la tendremos que rechazar de plano. Circulan listados de los apellidos originales de los judíos españoles antes de la conversión, relación que no nos aportará nada ya que éstos adoptaron nuevos nombres de pila y apellidos al abrazar la religión cristiana. Incluso si un apellido judío es idéntico a cualquier apellido español actual será mera casualidad o se tratará de topónimos o nombres usuales que nada indicarán, ya que los conversos nunca mantuvieron sus apellidos originales. Pero más confusas son las listas de apellidos españoles de los que se afirma solemnemente que fueron identificados por el Santo Oficio como propios de conversos. Si algo claro tenían los miembros de la Inquisición era la variabilidad en el uso de los apellidos que demostraron los conversos, especialmente en el primer siglo tras el decreto de expulsión de 1492, para intentar borrar el rastro de los antepasados incómodos. Los conversos adoptaron apellidos plenamente españoles y ello quiere decir que en aquellas épocas convivieron familias homónimas de diferente origen. Por norma todos los apellidos de los conversos guardan correspondencia con uno o, normalmente, varios linajes de cristianos viejos. El absurdo llega a su cénit en estos listados cuando se identifican como conversos apellidos tan comunes como García, Pérez, Álvarez… Evitemos una trampa tan burda: no existen listados mágicos de apellidos propios únicamente de conversos.

    En segundo lugar se ha escrito acerca de los criterios genéricos que emplearon los judíos conversos al adoptar nuevos apellidos y que les «delatan» como tales, algo igualmente disparatado. Son indicaciones tales como la de que usaron especialmente apellidos de santos o relacionados con la religión para exaltar su verdadera conversión, o que prefirieron los relacionados con la naturaleza, o bien escogieron aquellos que indicaban su procedencia geográfica (toponímicos). Incluso circula reiteradamente por la red el disparate de que los conversos quisieron mantener de forma oculta una mención a su pasado incluyendo la palabra «eretz», del hebreo «la tierra de Israel», en sus apellidos y de ahí que todos los apellidos acabados en -ez implican este origen, una teoría tan desconocedora de la onomástica española que no merecería ser mencionada si no se hubiera difundido tan ampliamente. Ahora bien, sí puede ser cierto que en determinados lugares y momentos pudo haber alguna tendencia entre los conversos a emplear determinados tipos de apellidos, pero no cabe duda de que en el momento en que la sociedad los identificó como tales se volvieron a transformar, puesto que el principal objetivo del converso fue permanentemente la eliminación del rastro de su origen, para sí y sus descendientes. Por tanto, si apellida San José o Santa María, de la Peña, de León o Sánchez, seguirá sin saber si puede tener raíces conversas o no, como cualquier otra persona.

    Existe otra opción para descubrir si tenemos antepasados judíos sin conocer con exactitud nuestro árbol genealógico; realizar un test de ADN que nos pueda relacionar con otras familias sefardíes. Algo que en realidad resulta muy recomendable al iniciarse en mundo de la Genealogía en general (ver el apartado sobre ADN), aunque en caso de los sefardíes conviene hacer algunas aclaraciones:

    -Los judíos en España no constituían un conjunto homogéneo en lo racial sino en lo religioso. Las sucesivas entradas de judíos a la Península no siempre procedieron del antiguo Israel sino también de otras comunidades convertidas al judaísmo, a lo que hay que sumar la conversiones que tuvieron lugar ya en nuestro país entre la población autóctona, sin olvidar la existencia de enlaces mixtos. De este modo, si pudiéramos haber realizado la prueba de ADN a los judíos que vivían en los reinos españoles antes de 1492 encontraríamos gran variedad de orígenes genéticos. Prueba de ello, para quienes deseen profundizar en la cuestión, es la diversidad que muestra el proyecto sobre herencia sefardita (ADN-Y, masculino) de Family Tree.

    -Aun así, no descartemos las pruebas de ADN, los estudios genéticos están avanzando en la identificación de algunos marcadores específicamente sefardíes. Y, también, es posible detectar coincidencias al comparar el ADN de los sefardíes en el exilio con los actuales habitantes de España y de la América Hispana, hecho que puede demostrar un origen judío común pero también la posibilidad de que en la rama sefardí hubiera habido un matrimonio con un gentil (no judío).

    -No obstante, seamos conscientes de las pruebas más concluyentes son solo aquellas que analizan específicamente el ADN de nuestro antepasado varón por línea directa (ADN-Y) y el de nuestra antepasada directa por vía femenina (ADN-Mitocondrial) pero sobre el resto de ADN, es decir, la gran mayoría de la herencia genética recibida al azar de nuestros miles de antepasados que vivían en 1492, no descubriremos nada, al menos con el nivel actual de conocimientos sobre esta cuestión.

    En definitiva, el ADN puede ser la clave, pero, asumamos que debido a las salvedades indicadas es poco probable que obtengamos un rastro genético determinante, ni a favor ni en contra. Refleja la complejidad de esta cuestión el fallido artículo publicado en 2008 y titulado «The Genetic Legacy of Religious Diversity and Intolerance: Paternal Lineages of Christians, Jews, and Muslims in the Iberian Peninsula» donde los autores, reputados genetistas, desconociendo la historia de España consideraron que todo el rastro genético de Oriente Próximo hallado en la pequeña muestra de españoles que se analizó era atribuible a los sefardíes, por lo que según ellos un 20% de los españoles descenderían directamente por línea de varón de judíos conversos. Partiendo de que jamás fue tan numerosa la población judía, es aún más grave que el estudio no tuviera en cuenta que ya desde el Neolítico se registró la llegada de las primeras oleadas que cruzaron el Mediterraneo hasta nuestras tierras, pasando por el establecimiento de numerosos y estables asentamientos griegos, fenicios y cartagineses, cuyo ADN aún no sabemos distinguir con precisión del de sus vecinos israelitas, puesto que pertenecen a un mismo conjunto genético.

    Por tanto, salvo que el ADN nos sorprenda con un descubrimiento positivo, no podemos afirmar que descendemos de judíos sin un estudio serio y completo, generación a generación, de nuestros antepasados. Iremos adentrándonos en los siglos XVII, XVI, con suerte en el XV y las circunstancias familiares nos indicarán hasta qué punto pudieron ser conversos. Es más, si lo fueron, no habrá un criterio fijo que nos lo confirme, partiendo del hecho de que hubo conversiones desde las primeras grandes persecuciones que sufrieron ya en 1391. Puede que encontremos sentencias o acusaciones de la Inquisición por judaísmo, en cuyo caso tendremos que valorar hasta qué punto estuvieron bien fundadas. O bien deberemos revisar entre estos mismos fondos a la búsqueda, por ejemplo, de los «habilitados» por el Santo Oficio, es decir aquellos que habían sido condenados y a los que se les levantaban los efectos de las condenas.

    También podríamos descubrir a través de las propiedades familiares que los fundadores de vínculos que heredaron nuestros antepasados eran conversos. O bien que las actividades, oficios o parentescos nos hagan sospechar este origen y podamos enlazarlo con pruebas definitivas. Habrá que ir de la mano de los estudios sobre Historia Moderna y deslindar los hechos ciertos de las sospechas. Al igual que hace apenas unos años se ocultaba cualquier atisbo de origen converso, hoy en día parece haber cambiado totalmente la tendencia y aunque se están realizando brillantes estudios sobre esta cuestión, aún hay muchas investigaciones que se basan en datos muy dudosos para poblar de conversos las genealogías; seamos cautos y busquemos una confirmación sólida en los documentos.

    Por último, tengamos cuidado con el concepto «converso». En épocas pasadas era denominado converso todo aquel que la sociedad considerase que descendía de un judío convertido al cristianismo, por cualquier rama, daba igual cuantas generaciones hubieran transcurrido. Este mismo criterio, impreciso, sigue empleándose por muchos investigadores actuales que o bien no saben precisar con exactitud la procedencia judía de una familia (quizás inexistente) o prefieren mantener esta terminología que puede dar lugar a la confusión de pensar que alguien llamado así descienda de conversos por todas sus ramas. Un genealogista debe ser más preciso y buscar los orígenes conversos para determinar si son reales o supuestos, intentando deslindar qué ascendencia pudo serlo y cual no y por tanto restringiendo el término sólo a los judíos que se convirtieron al cristianismo e indicando para sus descendientes el hecho de que eran descendientes de conversos por tal o cual rama y grado.

    En definitiva, no será fácil, pero resultará muy estimulante la búsqueda. Descubrir que descendemos de personas que tenían otras creencias e incluso que procedían de otras razas, países e incluso continentes es probablemente la mejor vacuna contra el racismo y las barreras que levantamos contra otras culturas y creencias.


    Antonio Alfaro de Prado




    _______________________________________

    Fuente:

    https://www.genealogiahispana.com/pr...hS4IaPggh9kjS0

  8. #188
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    Cool Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    LA DICTADURA JUDÍA DE PEDRO I DE CASTILLA, «EL CRUEL»

    Pedro el Cruel heredó el trono el año de 1350, cuando era un niño de quince años, habiendo pronto caído bajo la influencia del destacado dirigente judío Samuel Ha-Leví Abufalia.


    Quien fomentando las pasiones del adolescente
    príncipe y adulándolo, pudo eliminar al que era tutor del mismo, Juan Alfonso (el del Ataúd) señor de Albuquerque, y nulificó también la benéfica influencia de la Reina
    Madre.

    Ha-Leví fue nombrado primero Tesorero Real y después, de hecho, Primer Ministro del reino con lo que este judío un poder político que ningún otro judío de su tiempo había adquirido en un reino cristiano.

    Así, la influencia de los consejeros judíos del monarca creció en tal forma que muchos la consideraban ya peligrosa para los cristianos.

    El joven rey empujado por sus malos consejeros, provocaron en el reino una rebelión general, formándose una Liga constituida por la Reina Madre, su tía Leonor, reina de Aragón y muchos poderosos nobles.

    Esta Liga tenía por objeto liberar al adolescente de
    los consejeros judíos y de toda la pandilla de gente, entre la cual se encontraban los parientes de su amante María de padilla, por quien había abandonado a su esposa, la joven Blanca de Borbón, hermana de la reina de Francia.


    Pedro accedió a ponerse bajo la tutela de su madre, acudiendo el joven rey a la ciudad de Toro, acompañado entre otros, según dice el cronista de la época Pedro López de Ayala, por Samuel Ha-Leví, quien según el cronista era “su muy grand privado é consegero”

    Una vez allí, tras de cariñosa recepción que le hicieron su madre y tía, fueron encarcelados los de su séquito, entre ellos el influyente ministro judío Samuel Ha-Leví.

    La muerte de don Juan Alfonso de Albuquerque, que según algunos fue envenenado, constituyó un golpe fuerte para la Liga, ya que dicho magnate era el lazo de unión entre personas y fuerzas de intereses muy
    opuestos.


    El célebre historiador francés Prosper Mérimée narra la forma en que Samuel Ha-Leví supo aprovechar la nueva situación para urdir una hábil intriga con objeto de desbaratar la Liga.

    Ofreciendo a los Infantes de Aragón, de parte del rey adolescente, castillos y ricos dominios a cambio de
    que lo dejasen huir y ofreció villas y señoríos a gran número de magnates;
    hasta que el astuto consejero judío logró hacer pedazos la coalición y fugarse con el joven monarca cierto día que salieron de cacería.

    Sobre lo que a este respecto ocurrió nos habla muy claro el ilustre historiador judío Bédarride, quien afirma
    que los judíos llegaron “a las cumbres del poder” en Castilla bajo el reinado de Pedro el Cruel.


    Pero, desgraciadamente, la historia nos demuestra que
    siempre que los judíos llegan “a las cumbres del poder” en un Estado cristiano o gentil se desata una espantosa ola de asesinatos y de terror, que hace correr a torrentes la sangre cristiana o gentil.


    Pedro quizá hubiera sido uno de los más grandes monarcas de la Cristiandad de no haber sido corrompido, en su adolescencia, por el mal ejemplo y los peores consejos de sus privados consejeros judíos.

    A quienes culpaba el pueblo de la ola de crímenes y de atropellos desatados durante ese sangriento gobierno en que los judíos fueron encumbrados y las sinagogas
    florecieron, mientras las iglesias decaían y el clero y los cristianos sufrían oprobiosas persecuciones.


    El coetáneo francés Cuvelier, afirma que Enrique, medio hermano del rey, “...fue rogado y requerido por los barones de España para que manifestara otra vez a
    su hermano el rey, que hacía muy mal de aconsejarse de los judíos y alejar a los cristianos...


    En tanto se fue Enrique al palacio donde estaba el rey su hermano, el cual hablaba en Consejo a varios judíos, entre los que no había ningún cristiano...suplicó don Enrique, a don Pedro que dejase el consejo de los judíos”.

    Añade el cronista que allí estaba un hebreo llamado Jacob, muy allegado visiblemente a don Pedro. El cronista francés, Paul Hay, Seigneur de Châtelet, sobre el mismo episodio añade:

    que Enrique de Trastamara no pudo dominar su
    cólera “...al encontrarse con un judío de nombre Jacob que gozaba de toda la confianza y familiaridad de don Pedro y a quien atribuían ser el inspirador de todas sus acciones de crueldad”.


    Los “Anales y crónicas de Francia” escritos por Nicolás Gilles a fines del siglo XV, llaman a Pedro “gran tirano” y “apóstata de la religión de Jesucristo”, atribuyendo su triste fin a castigo del Cielo.

    Pedro Fernández Niño, colaborador fiel de Pedro que le sirvió con lealtad hasta su muerte, en su célebre relato, recogido en la “Crónica de Pedro Niño”, habla del
    derramamiento de mucha sangre de inocentes, afirmando también que el monarca:


    “Tenía por Privado a un judío al que llamaban Samuel Levi, quien le enseñaba a desechar a los grandes hombres y hacerles poca honra...se distanció de muchos, tendió el
    cuchillo y exterminó a muchos en su reino, por lo que lo aborrecieron la mayor parte de los súbditos”.


    En esta crónica también se habla de la afición a la astrología del joven rey, hecho de gran importancia política, ya que los astrólogos eran judíos,
    destacando entre ellos Abraham, Aben, Zarzal e influían en sus actuaciones políticas;
    ya que el rey, antes de tomar cualquier medida
    importante, consultaba siempre a sus astrólogos para que le indicaran si tendría o no éxito.

    A este respecto, es interesante el hecho de que ya en
    vísperas de su ruina, don Pedro echó en cara al dicho Abraham que tanto él, como sus demás astrólogos, le habían profetizado que tendría que conquistar
    tierras musulmanas hasta capturar Jerusalén;
    y que las cosas iban tan mal que bien se veía que lo habían engañado. xD Los judíos, dueños ya de Castilla, querian incitar a Pedro a invadir y conquistar desde el norte de África hasta Jerusalén para lograr, una vez más, destruir a sus enemigos islámicos con mano ajena.

    Y quizá hasta lograr su sueño dorado de libertar Palestina. Este último plan, que se les vino abajo con la derrota de Pedro, lo lograron siglos después cuando pudieron conquistar Inglaterra y utilizarla para que libertara a Palestina del dominio musulmán.

    El padre jesuita Juan de Mariana en su “Historia General de España”, refiriéndose al funesto reinado de Pedro el Cruel, afirma:

    “Desta manera con la sangre de inocentes los campos y las ciudades, villas y castillos, y
    los ríos y el mar estaban llenos y manchados: por donde quiera que se fuese, se hallaban rastros
    y señales de fiereza y crueldad.


    Qué tan grande fuese el terror de los del reino, no hay necesidad de decirlo: todos temían no les sucediese a ellos otro tanto, cada uno dudaba de su vida,
    ninguno la tenía segura”


    El rompimiento de la Santa Sede con este protector de judíos y opresor de los cristianos, ocurrió cuando el Papa excomulgó a Pedro declarándolo indigno de la Corona de Castilla en pleno consistorio, desligando a los
    castellanos y a sus demás súbditos del juramento de fidelidad;
    y dando la investidura de sus reinos a Enrique, Conde de Trastamara o al primer príncipe que pudiera ocuparla. El Cabildo de la Iglesia de Córdoba llama a Pedro “tirano
    hereje”.


    Esto facilitó la formación de una coalición entre los
    reinos de Francia, Aragón y Navarra que organizaron, bajo los auspicios del Papa, una especie de cruzada para liberar al reino de Castilla de la opresión que sufría.


    Mientras que los cristianos, clérigos y seglares eran asesinados, encarcelados y oprimidos en toda forma, el judaísmo se encumbraba como quizá no había ocurrido antes en la España cristiana.

    En estos tiempos la ciudad de Toledo era prácticamente la capital del judaísmo internacional. El poderoso ministro Samuel Ha-Levi organizó un sínodo judío en dicha ciudad, al que concurrieron delegaciones de las comunidades judías residentes en las más lejanas tierras.

    Tanto para elegir un jefe mundial del judaísmo como para admirar la nueva sinagoga que Pedro permitió que Samuel construyera, contraviniendo los cánones de la
    Iglesia. es.wikipedia.org/wiki/Sinagoga_…


    De la celebración de esta gran asamblea en dicha sinagoga quedó constancia en dos inscripciones que constituyen un verdadero monumento histórico. Del texto
    de las inscripciones se desprende que el jefe electo fue el propio Samuel Ha Leví.


    Lo que no obstó para que años después, un grupo influyente de judíos enemigos de él, lo
    acusara de haber robado el tesoro real, precipitando su caída y muerte.


    Y al rey le pesó mucho (la muerte de Samuel), cuando lo supo, y por consejo de los dichos judíos mandóle tomar cuanto tenía.

    Y fueron escavadas sus casas que don Samuel tenía
    en Toledo, y hallaron una bodega hecha debajo de la tierra, de la cual sacaron tres montones de
    tesoro y de moneda y barras y plastas de oro y plata, q tan alto era cada montón que no se
    veía un hombre colocado en el lado opuesto.

    Y el rey don Pedro vino a verlos y dijo así: `Si don
    Samuel me hubiera dado la tercera parte del más pequeño montón que aquí hay, yo no lo
    hubiera mandado atormentar. Pero prefirió morir sin decírmelo´”.

    Por otra parte, la influencia ejercida por los hebreos en
    el gobierno de Pedro siguió como siempre. Sólo hubo un simple cambio de personas.


    Además de las verdaderas matanzas de cristianos realizadas durante esta odiosa dictadura judaica que fue el reinado de Pedro el Cruel, hubo crímenes que por su resonancia estremecieron a Europa.

    Blanca de Borbón, hermana de la reina de Francia, que fue la esposa legítima de Pedro, encarcelada y villanamente asesinada después.

    El cronista Cuvelier, contemporáneo de Pedro, narra el asesinato de la joven afirmando que al
    consultar don Pedro con un judío sobre la forma en que podría deshacerse de la reina sin que se notase, dicho judío, además de su consejo se prestó a
    cometer el asesinato;
    en unión de otros judíos que la ahogaron en su propia
    alcoba, dejándola tendida en su cama donde fue encontrada muerta al día siguiente. Y continúa el cronista diciendo que dichos judíos mataron a cuatro
    miembros de la servidumbre que querían armar escándalo, y encerraron a
    otros


    El asesinato de don Suero, Arzobispo de Santiago, el de Pedro Álvarez, deán de esa catedral, la quema en la hoguera del sacerdote de Santo Domingo de la Calzada y el asesinato del Abad Maestre de San Bernardo.


    Que precipitó la excomunión proveniente del Papa Urbano V, excomunión que al ser comunicada a Pedro,
    por poco cuesta la vida al representante de Su Santidad.


    Otro documento de autenticidad nos confirma la responsabilidad de los judíos en este verdadero reinado del terror; se trata del “Ordenamiento de Peticiones” otorgado por el rey Enrique en las Cortes que celebró en Burgos.

    Núm. 10.- Otrosí, a los que nos dijeron que todos los de las ciudades villas y lugares de nuestros reinos, que tuvieron muchos males, daños, muertes y destierros, que ocurrieron en tiempos pasados, por consejo de los judíos, que fueron Privados (es decir, Primeros Ministros, o
    consejeros principales) u oficiales de los reyes anteriores, porque querían mal y daño de los cristianos, y que nos pedían por merced, que mandásemos que ni en nuestra casa, ni en la de la reina,
    ni en la de los Infantes mis hijos, se dé entrada a judíos ningunos, ni como oficiales, ni como médicos, ni que tengan oficio ninguno”.

    A esto respondemos que tenemos en servicio lo que por este motivo nos piden, pero que nunca a los otros reyes que hubo en Castilla les fue pedida tal cosa.

    Y aunque algunos judíos anden en nuestra casa, no los pondremos en nuestro Consejo, ni les daremos tal poder porque venga por ellos daño alguno a nuestra tierra”.

    Enrique de Trastamara se sublevó contra su medio hermano y obtuvo el apoyo moral del Papa y el
    material del Rey de Francia y de otros monarcas para destronarlo, alegando que Pedro había apostatado;
    que practicaba en secreto el judaísmo y que
    había entregado el gobierno de Castilla a los judíos. Enrique había obtenido el apoyo de la nobleza, del
    clero y del pueblo, y ahora, contradiciendo lo sostenido en su campaña;
    después de haber triunfado y de haber sido coronado rey, empezaba a utilizar judíos en su palacio. ¿Qué había ocurrido en el curso de la guerra civil, para
    que el mismo que había entrado en Castilla matando judíos, después los admitiera en su Corte?


    Los siguientes documentos históricos nos descifran
    el enigma. El cronista francés Cuvelier, que fue testigo presencial de los acontecimientos, ya que acompañaba a Beltrán Du Guesclin y a Trastamara en su campaña, dice refiriéndose a la época en que las trágicas derrotas de los
    ejércitos de Pedro hacían ver claro que el peso de la balanza se había cargado del lado contrario, que después de evacuar Burgos, Toledo y Córdoba, Pedro el
    Cruel se dirigió a Sevilla;
    y dos de sus consejeros judíos más queridos e
    influyentes, llamados Danyot y Turquant, acordaron traicionarlo y entregarlo en manos de Enrique en cuanto se les presentara la ocasión.


    El conocimiento de estas alevosas traiciones de sus protegidos judíos, indignó indudablemente al rey Pedro.

    El citado cronista francés –testigo de los acontecimientos.- refiere que después de enterarse el rey don Pedro de la caída de Córdoba en manos de su medio hermano, tuvo un fuerte altercado
    con esos dos consejeros judíos que habían resuelto traicionarlo y que les dijo:


    “Señores, por mal destino me he valido de vuestros consejos hace ya muchos años, por
    vosotros y por vuestra fe ha sido asesinada mi mujer y falseada mi ley, maldita sea la hora y el
    día primero en que os tuve a mi lado,
    pues por mis pecados y por haberos creído, soy echado de este modo de mis tierras. Así os echo ahora mismo de mi Cámara y de mi Corte y guardaos bien
    de entrar nunca a ellas, sino que ahora mismo saldréis de esta ciudad”.


    Y sigue relatando el mismo cronista que los dos consejeros judíos entraron en tratos secretos con don Enrique de Trastamara para entregarle la
    ciudad de Sevilla, en donde se encontraba refugiado don Pedro.


    Estos hechos nos explican por qué los judíos, viéndose amenazados con la victoria del pueblo cristiano de Castilla acaudillado por Enrique de Trastamara, supieron a tiempo infiltrarse en el bando contrario, es decir, para convertir la inminente catástrofe en un triunfo.

    Esta maquiavélica maniobra ha sido perfeccionada por los judíos a través de los siglos. Ahora simplemente controlan desde los inicios ambos bandos.

    https://web.archive.org/web/20190906...?refreshed=yes
    Última edición por ReynoDeGranada; 29/09/2019 a las 22:23
    «¿Cómo no vamos a ser católicos? Pues ¿no nos decimos titulares del alma nacional española, que ha dado precisamente al catolicismo lo más entrañable de ella: su salvación histórica y su imperio? La historia de la fe católica en Occidente, su esplendor y sus fatigas, se ha realizado con alma misma de España; es la historia de España.»
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    Raposo Tavares: A vingança de um judeu

    Em sua brutal carreira, o bandeirante cometeu inúmeras atrocidades contra os jesuítas e os indígenas. Movido pela fúria contra a Inquisição portuguesa

    Tiago Cordeiro Publicado em 22/06/2019, às 12h00





    Raposo Tavares: bandeirante cometeu atrocidades contra os jesuítas e os indígenas - Reprodução


    Em 25 de julho de 1633, um grupo de bandeirantes tomou de assalto a igreja e o colégio dos jesuítas em Barueri, perto de São Paulo. Imagens foram quebradas, objetos de prata, roubados, e as portas, pregadas. Eram seis homens, ricos, poderosos... e excomungados. Antônio Raposo Tavares, Pedro Leme, Paulo do Amaral, Manuel Pires, Lucas Fernandes Pinto e Sebastião de Ramos tinham acabado de receber, do padre Antônio de Medina, a notícia de que estavam expulsos do convívio da Santa Mãe Igreja. Os bandeirantes rasgaram o ofício e botaram para correr os missionários de Barueri.

    Não era o primeiro enfrentamento direto contra os enviados do Vaticano. Nem seria o último. Em 18 de abril de 1639, uma das maiores autoridades da Igreja nas Américas, o comissário da Inquisição e reitor do Colégio de Assunção, Diogo de Alfaro, foi assassinado com um tiro no rosto quando tentava punir outro grupo de bandeirantes, que incluía André Fernandes, fundador de Santana de Parnaíba, e seu irmão, Baltazar Fernandes, fundador da vila de Sorocaba — foi Baltazar, aliás, quem disparou a arma. Antes desses incidentes, entre 1628 e 1629, uma expedição que partiu de São Paulo varreu todo o esforço missionário na região que atualmente compreende Paraná, Santa Catarina e Mato Grosso do Sul.

    Desrespeitando o Tratado de Tordesilhas, os bandeirantes definiram o tamanho do Brasil. Nessas incursões — nas quais a maioria da tropa era composta de índios ou mestiços — faziam outros índios de escravos. Seus alvos não eram apenas aldeias sem contato, mas também missões e suas “ovelhas”, que já eram treinadas no trabalho agrícola.

    Raposo Tavares não foi o único a atacar missões. Mas, para ele, a coisa era pessoal. E a razão de sua fúria tinha nome e sobrenome: Maria da Costa, sua madrasta.


    No encalço da família

    Os judeus eram perseguidos na Península Ibérica desde o final do século 15. Em 1492, a Espanha expulsou os seus. Muitos se deslocaram para Portugal, onde a perseguição começou logo depois, em 1497. A Inquisição lusitana instalou três tribunais dentro do país, em Évora, Lisboa e Coimbra, além de uma filial em Goa, na Índia. Via de regra, os perseguidos pelo Santo Ofício no Brasil eram enviados a Lisboa, já que aqui não havia as instalações próprias. Isso mudaria entre 1580 e 1640, quando uma confusão na sucessão real em Lisboa transformou Portugal em parte da Espanha.

    Ao longo desses 60 anos, os brasileiros passaram a ser perseguidos pelo Tribunal da Inquisição espanhola instalado em Lima, em funcionamento desde 1570. E isso aumentou muito a eficácia da Inquisição. Entre 1635 e 1639, enquanto os bandeirantes percorriam todo o continente, os investigadores instalados no Peru chegaram a condenar 80 pessoas.




    Ações dos bandeirantes definiram tamanho do Brasil / Crédito: Reprodução


    A família de Maria da Costa foi envolvida nesse turbilhão. Ela nasceu em Évora, em 1584. Era adolescente quando seu pai, o mercador João Lopes de Elvas, foi preso, acusado de praticar judaísmo. Não totalmente sem justificativa: diferentes membros do clã de cristãos-novos haviam sido forçados à conversão ao cristianismo, mas ainda se mantinham secretamente fiéis à sua fé.

    “Quando os judeus foram obrigados a se tornarem católicos — ao menos na fachada —, eles se transformaram em cristãos-novos. Esses cristãos-novos que continuaram a seguir suas antigas leis é que foram perseguidos”, diz Marcelo Meira Amaral Bogaciovas, mestre em história social pela Universidade de São Paulo (USP) e autor de Cristãos-Novos em São Paulo (séculos XVI-XIX): Assimilação e Nobilitação. “Obviamente que era uma perseguição religiosa. Mas não era a única preocupação da Inquisição: havia também a de natureza econômica, uma vez que os bens subtraídos dos cristãos-novos processados, por vezes abonados, engrossavam a Fazenda Real de Portugal.” Não por acaso, a família de Maria tinha muitas posses.

    Ela foi presa, junto com seu tio, irmão de seu pai, em 1º de junho de 1618. Só seria libertada em 6 de maio de 1624. Antes e depois de ser entregue ao Santo Ofício, tentou fugir para o Brasil, mas não conseguiu. Estava pobre e sem nenhuma possibilidade de recuperar suas conexões dentro da sociedade lusitana. Seu marido, Fernão Vieira Tavares, vivia no Brasil desde 1617, aonde chegou para assumir um alto posto na administração da colônia. Ele morreria em 1622. E ela nunca mais pôde ver os filhos e os enteados — tanto Maria quanto Fernão estavam em seu segundo casamento e tinham filhos da primeira união. Antônio Raposo Tavares, resultado do primeiro matrimônio de Fernão, havia sido educado por Maria, na região do Alentejo. Certamente participou de rituais judaicos secretos em casa.

    Raposo Tavares tinha 20 anos quando chegou a São Vicente e acompanhou, a distância, o sofrimento de sua madrasta. Não é de estranhar, portanto, que, ao longo de toda a vida, ele atacasse os jesuítas sempre que tivesse oportunidade. Até porque, no Brasil, eram os religiosos da Companhia de Jesus que organizavam os inquéritos da Inquisição, coletavam dados, conduziam investigações e recebiam os visitadores enviados da Europa — a primeira visita de um oficial da Inquisição ao Brasil se deu em Salvador, em 1591.


    Livros de Moisés

    Outros bandeirantes conhecidos, como Fernão Dias Paes e Brás Leme, também eram cristãos-novos. Com a perseguição aos judeus na Europa, viver no Brasil parecia uma boa alternativa. Estima-se que, no século 16, um terço dos europeus que chegavam à colônia da América do Sul eram judeus convertidos e “convertidos”.

    “Muitos cristãos-novos foram para São Paulo, como foram para todos os cantos do Império Português, em sua maioria para melhorar a situação econômica e financeira, em razão de não haver espaço para seu desenvolvimento em Portugal”, diz o historiador Marcelo Meira. “Claro que também muitos deles procuraram refúgio longe dos inquisidores. Mas essa ideia precisa ser revista: estar em qualquer dos cantos do Império Português não os eximia de serem perseguidos, presos e castigados pela Inquisição.”

    Cristãos-novos eram os líderes, mas as expedições paulistas atraíam praticamente todos os homens adultos da região. A viagem liderada por Manuel Preto, tendo Antônio Raposo Tavares como imediato, em 1628, reuniu 900 súditos da Coroa portuguesa, brancos ou, principalmente, mamelucos. Só ficaram para trás os idosos e não mais do que 25 homens adultos em condições de empunhar uma arma. Muitas autoridades participaram da expedição, incluindo Cristóvão Mendes, ouvidor da vila de São Paulo, Brás Leme, Amador Bueno e seus filhos, e o juiz da vila de Santana de Parnaíba, Pedro Álvares. Entre os viajantes, estavam 54 famílias de origem judaica, incluindo bandeirantes com sobrenomes Paiva, Mendes, Fernandes, Furtado, Grou, Pedroso, Quadros e Souza.

    Ao longo do percurso, mais de 2 mil indígenas foram presos e 13 missões jesuíticas, reviradas. Num momento em que o Tratado de Tordesilhas não estava em vigência — Portugal fazia parte da Espanha —, sair de São Paulo e chegar às proximidades de Buenos Aires, destruindo todo o trabalho missionário dos espanhóis, representava uma provocação direta ao reino da Espanha. O bispo da cidade argentina, aliás, enviou uma carta ao papa, em setembro de 1637, lamentando as ações dos portugueses: “En el Brasil ay una Ciudad (sugeta a um perlado que nos es bispo) que se llama San Pablo, en esta se han juntado um gran numero de hombres de diferentes naciones, ingleses, olandeses y judios, que haciendo liga com los de la tierra como lobos rabiosos hazem gran estrago em el nuevo rebaño de Vuesa Santidad”.

    Nos relatos dos religiosos, é difícil distinguir lendas de afirmações verídicas — foi só no século 20 que surgiram os primeiros trabalhos questionando a imagem, criada pelos jesuítas, de que os bandeirantes mais pareciam demônios do que pessoas. As cartas dos jesuítas costumavam afirmar que os paulistas “eram cristãos e agiam como judeus” e todos estavam “infeccionados de judaísmo”.




    Com agressividade, bandeirantes redefiniram geografia / Crédito: Reprodução


    A acreditar num documento produzido pelo padre da Companhia de Jesus Francisco Crespo, escrito entre 1631 e 1636 para o rei da Espanha, Raposo Tavares teria sido questionado sobre suas ações e respondido que agia “pelo título que Deus lhes dava nos livros de Moisés”. Seria uma confissão clara de prática de judaísmo, declarada por um bandeirante famoso por não aceitar padres em suas viagens nem permitir que os doentes parassem em vilas para pedir a alguma autoridade religiosa o sacramento da extrema-unção.

    Esse tipo de denúncia contra o bandeirante se acumulou ao longo da década de 1630, principalmente depois do episódio de Barueri, em 1633, que deixou claro que nem a excomunhão fazia os paulistas mudarem de atitude. Até que, finalmente, em 16 de setembro de 1639, o rei espanhol Felipe IV resolveu agir: a pedido do religioso espanhol Antônio Ruiz de Montoya, o monarca exigiu que Raposo Tavares fosse caçado a qualquer preço e colocado à disposição do Tribunal da Inquisição. A ordem perdeu efeito, porém, logo no ano seguinte, quando Portugal recuperou sua independência. Ele escapou, mas outros cristãos-novos de São Paulo ainda seriam, no futuro, presos e queimados — caso de Theotonio da Costa, em 1686, e Miguel de Mendonça, em 1731.


    Cristãos-novos e o Brasil

    Se Raposo era odiado pelos padres, a mesma opinião não tinham as autoridades portuguesas. Ou talvez tivessem, mas ele era um bárbaro muito útil para dispensar. Em 1639, foi convocado pelo governador Salvador Correia de Sá e Benevides para participar do esforço de retomada do Nordeste contra os holandeses. A expedição militar durou três anos. Fracassou, mas rendeu a ele a patente de capitão.

    O bandeirante impressionou as autoridades ao reunir 150 homens e bancar a viagem de todos. Em troca, acabou convocado para realizar a bandeira mais arriscada que se poderia imaginar: uma incursão até os arredores do Peru. Chegou a viajar até Portugal, em meados da década de 1640, para receber instruções para a missão. A viagem começou em 1648 e alcançou, num primeiro estágio, os arredores de Potosí, na Bolívia. O grupo de Raposo chegou a destruir, como de costume, várias aldeias indígenas, dessa vez localizadas em Itatim, Maracaju e Terecañi, entre outras.

    Caçado pelo exército sediado em Assunção, Raposo Tavares subiu o Rio Paraguai. Foi quando conseguiu cumprir uma das solicitações mais importantes da corte portuguesa: ao descer o Rio Madeira até a altura do Rio Amazonas, o bandeirante localizou uma rota de acesso capaz de cruzar parte considerável do interior do continente, ligando o sul ao norte de forma relativamente rápida e segura. Ao voltar para casa — uma fazenda em Quitaúna, atual bairro da cidade de Osasco —, depois de mais de 10 mil quilômetros de percurso, ele estava irreconhecível, de tão magro e doente.

    A importância de cristãos-novos como Raposo na formação do Brasil ainda não é reconhecida. Mas essa situação está começando a mudar. “Os cristãos-novos estão aparecendo recentemente na literatura didática, de 2012 para cá. Somos um país essencialmente católico e colonizado por católicos, e isso, de certo modo, influenciou muito o ensino nas escolas, e, portanto, os livros didáticos, parte da cultura material escolar”, diz a historiadora Helena Ragusa, professora da Universidade Estadual de Londrina (UEL).

    Eles foram fundamentais, de fato. “Os cristãos-novos influenciaram a vida paulistana”, diz o historiador Marcelo Meira. “Eram alfabetizados dos, sabiam negociar e possuíam um caráter especial que resultou na conquista de novas terras.”

    Raposo Tavares não contou com esse tipo de reconhecimento em vida. Seu nome mal era mencionado nas notícias que davam conta dos acontecimentos extraordinários registrados ao longo da expedição de 1648. Morreu ao fim da década de 1650, em sua fazenda em Quitaúna. Talvez tenha retornado a Portugal anos antes para prestar contas de sua viagem. Teve três filhos, com duas esposas, Beatriz Bicudo (falecida em 1632) e Lucrécia Leme Borges de Cerqueira.

    Pouco se sabe a respeito de sua vida privada. É conhecido, por exemplo, seu hábito de desenhar mapas dos lugares por onde passava, assim como estudar as propriedades das plantas que recolhia ao longo de suas viagens — o que lhe rendia acusações veladas de bruxaria. Não há sinais de que tenha educado os filhos na fé judaica. Seu sobrinho, Antônio Vieira Tavares, filho de seu meio-irmão Diogo da Costa, seria o fundador da cidade de Salto.
    Quanto à perseguição, só em 1773 um decreto real português acabou, ao menos em teoria, com as diferenças entre cristão-novo e cristão-velho. Já o Tribunal da Inquisição continuaria existindo até 1821.



    Saiba mais

    Os Judeus Que Construíram o Brasil, Anita Novinsky, Daniela Levy, Eneida Ribeiro e Lina Gorenstein, Planeta, 2015

    Raposo Tavares — O Último Bandeirante, Pedro Pinto, Planeta, 2012
    Raposo Tavares e a Formação Territorial do Brasil, Jaime Cortesão, Imprensa
    Oficial, 2013

    Negros da Terra: Índios e Bandeirantes nas Origens de São Paulo, John Monteiro, Companhia das Letras, 1994



    _______________________________________

    Fuente:

    https://aventurasnahistoria.uol.com....quisicao.phtml

  11. #191
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    Cuando los Judios fueron expulsados de un País Latinoamericano

    Los Judíos son uno de los colectivos mas polémicos de la historia, este grupo etno-religioso originario del Levante ha sufrido una gran cantidad de persecuciones y expulsiones a lo largo de la historia por multiples motivos, estas persecuciones se llevaron a cabo en África, Europa, Asia, pero en América no fue tanto, de este lado del mundo los Judíos no sufrieron tanta persecucion, pero de todos los paises de esta región, hubo uno que en una ocasión los llego a expulsar.





    https://www.youtube.com/watch?v=hQA5qBi8FUo

  12. #192
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    La expulsión de los judíos del Ecuador

    De Metapedia




    Tapa del diario



    Sumario

    1 Introducción

    2 Las Razones, contexto histórico:

    3 La decisión

    4 Decreto de expulsión de los judíos del Ecuador (1938)

    5 Apéndice

    6 Fuentes

    7 Artículos relacionados


    Introducción

    Uno de los principales puntos de sostenimiento del Sistema, es la falsificación y el ocultamiento de la historia verdadera y de la realidad fáctica –nunca se debe olvidar que la historia la escriben los que vencen para su beneficio-. Con un sinnúmero de tretas y trucos que va desde la pseudo-filosofía a la pseudo-ciencia, se han impuesto mitos fundacionales y mantenedores del mayor régimen de tiranía que jamás en la historia haya existido y que hoy por hoy abarca la totalidad de la geografía terrestre, es decir "nuestro hermoso mundo", que hoy por hoy es (des)gobernado por las garras de la peor, más asquerosa y corrupta (contra)"élite" que se haya visto, bien se ha indicado lo que habría de ser nuestra época: "En el Kali Yuga los hombres no tendrán virtudes, ni pureza, ni pudor y conocerán grandes desgracias" (Vishnu Purana).

    Y es así como nos situamos en el pequeño Ecuador, con una historia tan manipulada y tan falseada que muchas veces es hasta increíble entender lo que en verdad fue y no lo que nos lo pintaron; bien vale calificarla de "sui generis", o mejor aún de "anti-historia" –una grande y prolongada mentira- en palabras de Jorge Luna Yépes.

    Uno de los episodios que forman parte de esta "historia oculta" es la expulsión de los judíos del Ecuador en 1938, por orden y mandato del ilustre Dictador Gral. Alberto Enríquez Gallo, a setenta años de este acontecimiento nos hemos propuesto develarlo.


    Las Razones, contexto histórico:

    El territorio actual del Ecuador tuvo la gracia de no poseer población local judía por muchos siglos –exceptuando las pocas y raras familias de origen "marrano" "sefardí" que se situaron en el sur del país a finales del siglo XVIII, y algunas de ellas en la Capital del Quito y su puerto principal, que por lo demás siempre estuvieron plenamente identificadas y controladas en su accionar, prácticamente hasta finales del Siglo XIX (no se olvide que la usura, el agio y la especulación y todas las actividades deletéreas del orden; -actividades casi inherentes y exclusivas de los judíos y de los pueblos espiritualmente afines a ellos como los genoveses, los catalanes, los "lowlanders" escoceses, y hoy con el ejemplo paradigmático de los "yankees"-; estaban prohibidas por ley y sobre todo por sana tradición y que conllevaban duras penas a quienes las practicaban, recuérdese los casos siguientes; en el siglo XVIII el del judío apellidado Simons en época de la "Colonia" que fue juzgado por sus actividades especulativas y usurarias que mantenían en ciernes y malaventura al Reino de Quito y que fue condenado a muerte en la hoguera, pena que se cumplió en la plaza de Sto. Domingo en Quito; el de los banqueros de Guayaquil que fueron azotados en el malecón de esa ciudad por orden de Vicente Rocafuerte por practicar la usura; o las leyes y normas anti-usurarias decretadas y muchas veces aplicadas en la época de Gabriel García Moreno, de quién se dijo respecto de esto que "caía sobre los logreros (usureros) para hacerles restituir granjerías".

    Y que "limpió de agiotistas (especuladores) las gradas de palacio y lanzó el rayo sobre la usura"; y aun entrado el siglo XX pudimos apreciar las ultimas sanas reacciones que se produjeron cuando competía al sano orden moral de la nación, en agosto de 1925, el General Francisco Gómez de la Torre -líder de la Rev. Juliana y parte de la dictadura surgida de esta- apresó a varios periodistas e "intelectuales" que habían estado a favor del depuesto presidente Andrés F. Córdova y del totalitarismo liberal-masónico, con el fin de ejemplarizar a la sociedad y a los pésimos elementos que en ella actuaban, entre ellos el judío Adolfo Hauer-Simmonds, que fue acusado de ser "pervertidor" de la juventud por sus artículos periodísticos perniciosos y otras prácticas dañinas; así ,antes de internarlos en el panóptico de Quito a este y a sus acólitos, los mismos fueron flagelados severamente y los imputados fueron exhibidos al público a manera de escarnio. Permanecieron presos por varios meses.

    Pero al producirse la "Revolución" liberal en 1895, en el país empieza el proceso de abertura al voraz capitalismo, por lo mismo a la llegada de extranjeros de orígenes diversos como son los casos de muchos estadounidenses y entre ellos muchos judíos de origen "askenazí" del norte de Europa, así nos los confirma el libro "La Comunidad Judía en el Ecuador," de Ernesto Lehmann, indicando que uno de los primeros judíos que llegó al Ecuador fue Julio Rosenstock a principios del siglo pasado, traído por Eloy Alfaro para laborar en la construcción del ferrocarril del Estado. Juntamente con la plutocracia guayaquileña comenzaron a adueñarse del país y a ser los amos y señores de su hacienda llamada el Ecuador. Utilizando las mismas prácticas rapaces de la finanza internacional, como los préstamos ultra-usurarios al Estado –que gracias a la Rev. Juliana fueron no reconocidos y suprimidos, quedando el Estado exento de cualquier deuda con la banca de la época-, la fabricación de billetes sin respaldo alguno, el financiamiento de movimientos subversivos armados, etc. etc., todo con tal de lograr sus objetivos. Logrando de esta forma la destrucción del Orden y la sociedad Tradicional y abriendo el paso a la modernidad y a la salvaje "democracia".

    Ante esto, las reacciones de la aún sana población que quedaba eran inevitables. La primera ante el problema judío fue la de la Revolución Juliana –dónde Enríquez Gallo tuvo participación activa-, sus jefes tanto militares como civiles tenían clara conciencia de esto (son casi proféticas las advertencias respecto de un futuro descalabro económico internacional que Luis N. Dillon, mentor de la Rev., allá por 1920 indicaba, que produciría la "finanza judía internacional" como él la llamaba, y que se hizo realidad en la gran crisis de 1929) y lo expresaban rotundamente en términos tan duros como estos: "Allá no muy lejos a través de la niebla veo venir una tromba escarlata. Se agita, crece, zumba, amenazante como un látigo de fuego. Y una voz que me hace figurar lo que resonó cierto día en el templo de Jerusalén, oigo que repite el memorable grito de entonces ‘¡fuera judíos!’… Enemigos de la República, por vuestra culpa las inspiraciones del liberalismo han bastardeado de su pureza y no han arraigado nunca en nuestro suelo, por vuestra culpa conspira aun sanguinaria la demagogia…

    En ese casi secular imperio sombrío habéis amasado con sangre nacional vuestros caudales. Las sombras largas y profundas, fueron propicias a vuestros mezquinos intereses. ¡Criminales judíos de mi Patria! Vosotros sois los responsables de la ineficacia gubernativa, de los ignominiosos pactos internacionales, del abandono y desmembramiento territorial… vosotros, si, vosotros, chacales más que chacales y hienas, porque ni la hiena, ni el chacal devoran a su propia madre, únicamente vosotros, gobernantes y banqueros ladrones, viejos y apergaminados comisarios de banco, también ladrones, cómplices, paniaguados, defensores de ladrones… ¡Estultos!, ¡La codicia os ciega! ¿No alcanzáis a ver que vuestra misma ambición os está cavando anticipadamente una trágica tumba?" –fin de la cita, extraída de la proclama "La verdadera situación nacional", dirigida al Dr. Isidro Ayora por un participante de la Rev. Juliana a manera de "felicitación" y consejo al poco tiempo de asumir la Dictadura de mano de los miembros de la junta de gobierno producto de la Rev., fechada el 25 de abril de 1926, y publicada en primera plana completa en el diario "El Comercio" de Quito del 14 de Mayo de 1926. Nº7444. Mas, a pesar de esto, no se tomó ninguna postura activa o limitante en contra de los judíos que hacían daño al país y que estaban incrustados sobre todo en las capas altas de la sociedad económica.

    Después del proceso "desjulianizador" que se vivió de 1929 en adelante. La siguiente reacción frente al problema vino por parte de la Derecha Tradicional, encabezada por Neptalí Bonifaz –que tuvo participación activa en la Rev. Juliana, siendo ideólogo, fundador, y el primer presidente del Banco Central de Ecuador a pedido de los julianos, contra los bancos privados que habían llevado a la enorme crisis de entonces, y que era visto como la "reacción conservadora y ultramontana" que reimpondría la "tiranía" por ser este un "nuevo García Moreno"- y que, ofreció para cuando asumiera el poder que "acabaría con la usura y la especulación bancaria", por tanto afectando directamente los intereses del "pueblo elegido" o sus colaboradores en el país, es así que por esta razón entre algunas otras más de peso metafísico, que la judeo-masonería decide su descalificación a la presidencia del Ecuador, produciendo la heroica resistencia de Bonifaz y sus seguidores en la Guerra de los cuatro días en Quito, en el mes de Agosto y Septiembre de 1932; entre los compactados bonifacistas, las tropas leales a la causa nacional el pueblo de Quito y las tropas militares al servicio de las fuerzas ocultas, produciendo una mortandad muy grande, nunca antes vista en el Ecuador –casi 4000 muertos en 4 días, en una ciudad de poco más de 100,000 habitantes- dónde se demostró que la lucha contra estos no sería cosa fácil. Siendo trágicamente derrotada la causa nacional personificada por Bonifaz.

    Nuevamente se instauran regímenes ficticios y "democráticos", que no solo que permite el nefasto accionar de los judíos en las finanzas y en ya en otros campos como la industria y el arte, sino que además se empieza a desarrollar un plan de colonización del oriente ecuatoriano con migrantes extranjeros, de origen europeo, pero que lamentablemente tomaba en cuenta y sobre todo a los de origen judío que según las leyes migratorias de la época deberían exclusivamente dedicarse a actividades agrícolas, pero que ni bien llegaban al país no solo que no se dedicaban a la agricultura, sino que incluso llegaban a vender las parcelas otorgadas por el gobierno sin ser dueños de las mismas, para de esa forma instalarse en las ciudades y desarrollar actividades propias de su origen como el comercio, los negocios de "diversión" y anexos. Ubicándose así en todas las capas económicas posibles y empezando a hacer reaccionar a la gente común y silvestre frente a ellos. Así nos detalla una nota periodística el aspecto de Quito en esa época, en la década de 1930: "De pronto, Quito se ha convertido en una capital judía. Ya le calificó un periodista yanqui, de esos que están recorriendo el Continente buscando pecadores contra la democracia. De pronto, Quito, Capital judía, se ha convertido en la ciudad que lleva la vida más cara del mundo. No ha progresado gran cosa, pero la vida es cara hasta el máximo que imaginarse pueda. Antes de que los judíos vinieran a Quito la vida era barata. Y de esto no hace mucho. Antes de que vinieran los judíos, era nuestra época dorada. Había pobreza, pero no miseria. Alguien se alargaba un poco en los precios, pero no abusaba. Entonces, la especulación no era conocida… Con los judíos vinieron al Ecuador las plagas de Egipto. Los judíos han venido a comerciar y a poner los precios más elevados de las cosas" –Manuel C. del Prado-. La situación fue tan delicada y alarmante, que hasta las capas más bajas de la sociedad reaccionaron ante esto, señala el Almanaque Judío de esos años, que hasta hubo varios intentos de "progroms" –exterminio de judíos por las masas- en Quito y Guayaquil, que fueron controlados por la policía; otra nota informativa en la prensa indicaba lo siguiente de cómo se encontraba el contexto de la época "…hace pocos días las verduleras hicieron un "miting", recorrieron las calles y defendiendo su puestos de trabajo, gritaron: "abajo los judíos". No nos oponemos a una modernización de los servicios públicos, pero el Consejo Municipal no debe creer que los judíos son el instrumento apropiado para algún mejora… el Consejo Municipal no debe ser quien arroje a la desocupación al ecuatoriano para dar ese trabajo al extranjero… Estados Unidos está haciendo un gran daño a los pueblos de América. Estado Unidos presiona sobre estos débiles países para que reciban a los ‘judíos sin dinero’. Los judíos adinerados, esos son llamados por los Estados Unidos. Pero los judíos sin dinero, es decir, los judíos ávidos en fortuna, los desesperados, están siendo lanzados hasta estos países… La realidad de estos pueblos, especialmente del nuestro, es la siguiente: el gamonal explota al indio y el judío explota al gamonal. O sea que la vitalidad popular, la vitalidad nacional, es succionada por estos hombres que traicionan a todas las patrias por donde han pasado". Fin de cita.

    Como se puede apreciar, los ánimos contra el "pueblo elegido" estaban más que caldeados cada vez más entre la gente común y hasta en la misma prensa.


    La decisión

    Todo esto se mantuvo bajo una línea de alta tensión que en cualquier momento podría hcer estallar una "bomba" social; hasta cuando en 1937 asume el poder el Gral. Alberto Enríquez Gallo. Su gobierno de carácter netamente nacional y revolucionario, toma varias medidas patrióticas y contundentes, frente a los enemigos de la nación como la Banca, las Compañías Internacionales de Minería y Petróleos como la Royal Dutch, la Roosevelt Inc. Etc. Y para bien del país y de los mismos judíos que se encontraban en situación muy comprometida y hasta con alto riesgo de sus vidas, decide su expulsión el dieciocho ( 18 ) de enero de 1938, ordenando la misma por "la necesidad de garantizar a todos los ecuatorianos y extranjeros (honorables)… el fácil desarrollo de sus actividades", de todo el territorio nacional para evitar que "extranjeros indeseables negocien esquivando las normas legales con grave detrimento para el desenvolvimiento nacional", concediéndoles el plazo de 30 días para dejar el país a "todos los extranjeros de origen judío", (ver el texto del decreto más adelnate). Con el beneplácito de la población en general. Una decisión trascendental y patriótica al igual que la de García Moreno, quién había ya decretado y ejecutado la expulsión de los masones del Ecuador 70 años antes.

    Los diarios los días siguientes a la expedición del decreto titulaban "El Jefe Supremo decretó ayer la expulsión de los judíos" "…Saldrán del país en el plazo de 30 días, contando desde la fecha del decreto.", se lee en "El Telégrafo" de Guayaquil, Miércoles 19 de enero de 1938, en primera plana; "Serán expulsados del país los judíos que no se dediquen a la agricultura" "El Jefe Supremo expidió en Guayaquil un decreto dando plazo de 30 días a semitas que no cumplen con la ley", en "El Comercio" de Quito, Miércoles 19 de enero de 1938, primera plana, este mismo diario señala en su artículo del mencionado día que "Amparados por las facilidades que se han dado para el ingreso al país de extranjeros que han manifestado su deseo de dedicarse a labores agrícolas, han llegado al Ecuador en los últimos tiempos centenares de judíos, la mayoría de ellos originarios de los países de la Europa Central, los mismo que, una vez dentro del país, han emprendido en actividades comerciales hasta llegar a constituir una grave competencia a los nacionales". El 21 de enero señala en primera plana que la medida "ha causado sensacional expectativa en el público" y el 22 del mismo mes el propio "El Comercio", señala, también en página frontal, que "Ampliase el decreto sobre expulsión de extranjeros" y que "hablamos hoy con el Jefe Supremo, quien nos dice que durante su estadía en Salinas amplió dicho decreto en el sentido de obligar a los judíos no solo a dedicarse a la agricultura e industrias sino a aportar capitales con dicho fin, en caso de no cumplirse con esta obligación serán expulsados del país –también estos-".

    La misma se lleva acabo, mas al poco tiempo –y probablemente debido a esta y otras medidas nacionales y revolucionarias- Enríquez es depuesto del poder. Siendo derogadas todas sus órdenes, incluyendo la expulsión y hasta se le retira el grado de General, entre otras muchas acusaciones y persecuciones judiciales y legislativas. Los judíos así volverían al país a partir de 1940, con el auspicio de Alberto Arroyo del Río, presidente masón liberal-radical de la época.

    Pero a pesar de esto el Gral. Enríquez Gallo con este y otros actos de heroísmo patriótico, ha pasado a la inmortalidad de la historia honrando a su Nación para siempre.

    Que sirva esto para los hombres que aún esperan tener conciencia; para preparar los nuevos caminos del mundo, que sea este ejemplo histórico como el retoño vivificado que superará al mundo enfermo,, en trances de aniquilamiento, por la descomposición interna y por la presión del siempre "pueblo elegido" y sus acólitos.

    El nuevo día de la Patria y del Mundo, quiéralo Dios, se acerque.


    Decreto de expulsión de los judíos del Ecuador (1938)

    General. G. Alberto Enríquez,

    Jefe Supremo de la República,

    Considerando:

    La necesidad de garantizar a todos los ecuatorianos y extranjeros que se dedican a la agricultura y a la industria; el fácil desarrollo de sus laboriosas actividades y evitar que extranjeros indeseables negocien esquivando las normas legales con grave detrimento para el desenvolvimiento nacional;


    Decreta:

    Art. Único.- A contarse de la presente fecha concédese el plazo de treinta días para que todos los extranjeros de origen judío residentes en el país que no se dediquen a la agricultura o a la industria en forma ventajosa para la Nación, abandonen el territorio ecuatoriano.

    Encárguese de la ejecución del presente decreto el señor Ministro de Gobierno y Policía.
    Dado, en Guayaquil, a diez y ocho de enero de mil novecientos treinta y ocho. En el Palacio de IV Zona Militar.

    (f.) G. Alberto Enríquez. General.


    Apéndice

    A continuación transcribimos un artículo de prensa del año 1940, apenas dos años después de la expulsión de los judíos, que en ese momento ya se encontraban volviendo al país con el amparo del gobierno liberal-masónico traidor de Carlos Alberto Arroyo del Río, para poder entender la profundidad y gravedad del asunto que se volvía a presentar en el país y que lamentablemente nunca más se volvería a tomar ninguna medida respecto de este.


    Problemas de Inmigración y Colonización.

    (Aparecido en Intereses Comerciales, Quito, 11 de septiembre de 1940)

    Para resolver cualquier problema de inmigración, es indispensable darse cuenta que en nuestro país existen dos clases de inmigrantes, completamente distintas entre sí, por su manera de adaptarse al ambiente nacional.

    Estas dos clases de inmigrantes pueden llamarse: inmigrantes voluntarios e inmigrantes a la fuerza.


    I- Inmigrantes Voluntarios.

    Los viejos inmigrantes, llegados al Ecuador, ajeno de desarrollo y sucesos bélicos y guerreros del Viejo Continente, y que viven ya largos años entre nosotros; inmigrantes que en su mayor parte han contraído matrimonio con mujeres ecuatorianas y cuyos hijos se sienten orgullosos de ser nativos de nuestra tierra: ecuatorianos, una veces por nacimiento y otras por sangre y suelo, son todos ellos hombres de fuerte y grande trabajo que vinieron a estas latitudes por voluntad propia, por elección libre, y que llegando acá se radicaron porque amaron su suelo, a sus habitantes y sintiéndose muy de nosotros quedáronse para siempre. ¿Quién no conoce a estos GRINGOS, que han labrado los cariños y hondas y sinceras amistades entre ecuatorianos y que jamás han dado qué hacer a las autoridades, a la Policía, ni a las oficinas de Inmigración y Control?

    Ansiosos de forjarse un porvenir han trabajado rudamente durante años y años, dando una muestra inequívoca de amor a nuestra tierra, ha comprado propiedades, han construido casas han labrado sus hogares y la fortuna que han amasado ha sido repartida entre sus hijos ecuatorianos ya. Oficios, industrias, profesiones, artes, comercio y agricultura fueron para estos honrados inmigrantes la manera de ejercitar sus actividades. Jamás se les sorprendió en un contrabando en un negocio dudoso o temerario, Siempre demostraron ser el espejo de buenas costumbres, de acrisolada honradez, de trabajo limpio y tenaz.

    Son pocos, pero gloriosamente buenos, muy buenos y muy dignos, por esto el Ecuador les abrió sus brazos, les dio calurosa bienvenida y ellos en cambio, dieron el aporte de su sangre, de su trabajo, de sus costumbres, constituyendo los factores más valiosos del desarrollo y formación de la riqueza nacional.

    Estos gratísimos inmigrantes han constituido y constituyen, no las quintas, sino las PRIMERAS COLUMNAS de nuestra riqueza y de los hogares ejemplares en este país!!! Nuestros cementerios presentan lápidas con inscripciones, en las cuales los apellidos extranjeros no son raros. En su cariño por el Ecuador, la muerte les sorprendió y ellos gustosos rindieron tributo tan solemne y mezclaron el polvo de sus despojos con el de los nuestros.

    Sus hijos hallaron un motivo sagrado para amar más a la tierra adoptiva y, muchos hubieron que hasta olvidaron el idioma nativo. En nuestros bares, hoteles y viviendas, solo se expresaron en ESPAÑOL. Nunca les importó chapurrear nuestro idioma, convinieron con nosotros que hablar en lengua extraña delante de quienes la ignoran, por lo menos no es correcto. Y su corrección se extendió a todos los actos de sus vidas públicas y privadas.
    Fueron una ayuda para el país y siguen siéndolo, mas no una carga, ni una rémora. Los obreros nacionales que trabajaron con estos inmigrantes, jamás tuvieron líos, y los menores jornales fueron voluntariamente pagados por estos cooperadores de la riqueza nacional.
    Los ecuatorianos descendientes de alemanes, franceses, vegas, ingleses, holandeses, italianos, etc., manifiestan acendrando amor por esta tierra y un bello ejemplar racial.
    No olvidemos que todos somos hijos de los inmigrantes españoles… inmigrantes que supieron hacer muy suyas, las condiciones peculiares de los países que conquistaban con el PODER DE SU FUERZA.


    II- Inmigrantes a la fuerza.

    Violentados, forzados por circunstancias capitales, una gran ola de inmigrantes se han visto obligados a hacer alto en nuestras playas y costas y reponerse de las durezas de la persecución implacable, de la cual son víctimas por sus odios, sus testarudeces y sus infinitas ambiciones, que no reposan jamás, que no se limitan nunca!!!

    Acusados de haber desatado tormentas y desastres son lanzados como bólidos desde la Vieja Europa, hasta la pacífica y hospitalaria América. Sus puertas e han abierto también, y sus campos esperan la labor de sus sagaces manos, que sepan hurgar entre sus ubérrimos vientres la riqueza con la cual pudieran ser felices, si sus odios no les impidiera. Acosados en Europa son incapaces de comprender que nuestros viejos GRINGOS, son pacíficos, refractarios de molestar, ni molestarse, que no son espías, ni quintas columnas, que siempre fueron y son nuestros mejores, más leales y sinceros amigos; nada más.

    Y estos inmigrantes que ni siquiera supieron nada del Ecuador, lo primero en que quieren intervenir es en POLITICA, hablando y escribiendo, sembrando discordias, recelos, suspicacias y odios entre los viejos inmigrantes y los pacíficos y hospitalarios ecuatorianos.

    Parece que no quieren entendernos, que se obstinan en no preocuparse por la suerte del país, que cariñoso y compasivo los acogiera.

    Se aíslan, hablan solo su idioma, conviven solo entre ellos y se sienten aves de paso, en un país considerado, apenas, como un mal hotel hallado a la vera del camino de su éxodo. El Ecuador, noble y digno, jamás puede hacer daño a sus huéspedes, pero si se halla en el deber de estudiar el problema inmigratorio creado por los inmigrantes, que hoy forman ya el conglomerado nacional.
    Sería muy bello ver a los nuevos huéspedes, dedicados al trabajo honrado y noble, a las industrias, a la agricultura, pero sin inmiscuirse en los asuntos de nuestra política, de nuestro porvenir, de nuestra conciencia muy ecuatoriana.

    Traten primero de convivir con nosotros, antes que contaminar a suelos inofensivos y felices las desgracias de su raza, los dolores de su persecución, las angustias de sus odios.

    Déjennos en paz y ellos vivan también en plena paz, en medio de nuestro cariño, de nuestro respeto y no despierten recelos, indiferencias y enemistades, que pronto pueden convertirse en odios gigantescos y persecutorios –otra vez-, como allá en la flagelada Europa.

    Su falta de tino, obliga a legislar en forma especial y crear dificultades, con la cuales nunca se toparon inmigrantes voluntarios.

    En el Ecuador no hay más quintas columnas, que las nacidas en la fantasía, recelo y aversión de los nuevos inmigrantes; por lo tanto, dedíquense a trabajar, labrar una sólida riqueza y a conquistar el afecto ecuatoriano, con el cual sellarán para siempre su pacto de paz, felicidad y franqueza, de hogar, familia y nacionalidad. Así habrán borrado, y para siempre, el estigma que sirviera de causa de su persecución y odio.


    Fuentes

    "El Comercio" de Quito del 14 de mayo de 1926. Nº7444.

    "El Telégrafo" de Guayaquil, miércoles 19 de enero de 1938.

    "El Comercio" de Quito, miércoles 19 de enero de 1938.

    "El Comercio" de Quito, del 21 y 22 de enero de 1938.

    "Intereses Comerciales", Quito, de junio, julio, agosto y septiembre de 1940.

    "Odio y Sangre" "La Batalla de los cuatro días"; de Julio C. Troncoso. Quito, 1958, Editorial "Fray Jodoco Ricke".

    "Vida y obra del señor general Alberto Enríquez Gallo", de Héctor Coral Patiño, Quito, 1988, Editorial del Banco Central del Ecuador.

    "Registro Oficial". Órgano del Gobierno del Ecuador, de octubre de 1937 a agosto de 1938.




    _______________________________________

    Fuente:

    https://es.**************/wiki/La_expulsión_de_los_judíos_del_Ecuador
    Imágenes adjuntadas Imágenes adjuntadas
    Última edición por Mexispano; 17/04/2020 a las 18:43
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