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Tema: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

  1. #161
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?


  2. #162
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    En mi opinión el antisemitismo propiamente dado es una acción que cualquier católico debería rechazar, debemos recordar que nuestros antecedentes ( en lo que a los católicos se refiere) son de dicha religión, incluso nuestro señor Jesucristo y su madre, la purísima Virgen. Es cierta que podemos encontrar ciertas hostilidades entre ambas confesiones, pero, en mi opinión, no deberia...

  3. #163
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    LA OLEADA MESIÁNICA DE LOS CRIPTOJUDÍOS ESPAÑOLES EN EL SIGLO XVI.

    Las visiones divinas en la España Moderna no fueron una exclusiva del catolicismo. Entre los criptojudíos, es decir, el sector de conversos que se habían convertido al cristianismo pero seguían fieles a su fe en secreto, también se dio eventualmente un fenómeno parecido asociado a su ancestral mesianismo, entendiendo por tal la creencia en la venida de un Mesías.

    En efecto, pese a que había pasado milenio y medio, y estaban muy lejos de la tierra de sus antepasados, los "marranos" seguían esperando a un enviado de Dios que trajera la paz a la Tierra e instaurase un reino divino, librando de paso a sus fieles de la persecución religiosa. a que estaban sometidos. Feijoo contabilizó hasta veinticuatro falsos mesías desde el siglo I hasta el XVI, aunque parece que la lista sería bastante más larga.

    Ese convencimiento no era baladí. En la Edad Media muchos judíos peninsulares se habían desecho de sus bienes, vendiéndolos o incluso abandonándolos sin más, para viajar a Siria, donde un tal Serenus se perfilaba como enviado de Yavéh. Ocurrió en el año 721, según el Cronicón Pacense, y cuando el impostor fue detenido por los judíos ortodoxos, aquellos infelices tuvieron que regresar para encontrarse con que las autoridades musulmanas no les devolvieron sus pertenencias.

    En la primera mitad del siglo XVI abundaron los casos con la reactivación en una esperanza mesiánica, probablemente debida a que el cierre de las sinagogas y la persecución de libros impedía una enseñanza coherente de la doctrina religiosa judaica, aunque el ansia de agarrase a una esperanza también influyó, tal cual pasó en otro ámbito, el político, con el sebastianismo, por ejemplo.

    Uno de esos casos, de los más curiosos, fue el de una quinceañera de la villa de Herrera del Duque, que en a finales del XV protagonizó un gran revuelo en la comunidad conversa al anunciar -al aprecer instigada por sus propio padres y su tío- que hablaba con el Mesías. Según decía, éste la subía al cielo y allí veía a los ejecutados por la Inquisición sentados en sillas de oro, prometiéndole que pronto iba a bajar a este mundo a acabar con su situación.

    Como cabía esperar, docenas de criptojudíos, en su mayor parte de muy humilde condición socioeconómica, acudieron en peregrinación a ver a la moza. Y como cabía esperar también,la cosa no le pasó desapercibida al Santo Oficio: el 21 de febrero de 1501 se celebró un enorme auto de fe en Toledo en el que sesenta y siete mujeres de las villas de Herrera y Puebla de Alcocer fueron ejecutadas en la hoguera. Curiosamente, la chica que lo desató todo se libró de la muerte por no ser relapsa ni contumaz.

    La cosa resultó más grave aún de lo que parece porque aquel frenético brote mesiánico llegó a Córdoba y los condenados superaron en número a los de Toledo (noventa en total, quemados en su mayor parte), de la misma manera que lo hizo a Sevilla, donde otra joven levantó una fiebre similar que causó su condena y la de otros cincuenta y cuatro judaizantes.

    [Fuente: expedientes de la Inquisición de Toledo conservados en el Archivo Histórico Nacional, recogidos por Julio Caro Baroja en su libro "Los judíos en la España Moderna y Contemporánea" y Nicolás López Martínez en "Los judaizantes castellanos"]


    JORGE ÁLVAREZ






    ______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/15980661837...type=3&theater

  4. #164
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS EN 1492: LA LEYENDA QUE CONSTRUYERON LOS ENEMIGOS DE ESPAÑA

    31 de marzo de 2017

    Por César Cervera para ABC






    “Expulsión de los Judíos de España” (Emilio Sala)



    Frente a la hegemonía militar que impuso el Imperio español durante los siglos XVI y XVII en toda Europa, sus enemigos históricos solo pudieron contraatacar a través de la propaganda. Un campo donde Holanda, Francia e Inglaterra se movían con habilidad y que desembocó en una leyenda negra sobre España y los españoles todavía presente en la historiografía actual. Al igual que ocurre con la Guerra de Flandes, la Conquista de América o la Inquisición española, la propaganda extranjera intoxicó y exageró lo que realmente supuso la expulsión de los judíos de los reinos españoles pertenecientes a los Reyes Católicos en 1492. En suma, los ganadores son los encargados de escribir la historia y España no estuvo incluido en este grupo.

    Las expulsiones y agresiones a poblaciones judías, fueron una constante durante toda la Europa medieval. Salvo en España, los grandes reinos europeos habían acometido varias ráfagas de expulsiones desde el siglo XII, en muchos casos de un volumen poblacional similar al de 1492. Así, el Rey Felipe Augusto de Francia ordenó la confiscación de bienes y la expulsión de la población hebrea de su reino en 1182. Una medida que en el siglo XIV fue imitada otras cuatro veces (1306, 1321, 1322 y 1394) por distintos monarcas. No en vano, la primera expulsión masiva la ordenó Eduardo I de Inglaterra en 1290. También fueron reseñables las que tuvieron lugar en el Archiducado de Austria y el Ducado de Parma, ya en el siglo XV.

    La expulsión de los judíos de España fue firmada por los Reyes Católicos el 31 de marzo de 1492 en Granada. Lejos de las críticas que siglos después recibió en la historiografía extranjera, la decisión fue vista como un síntoma de modernidad y atrajo las felicitaciones de media Europa. Ese mismo año, incluso la Universidad de la Sorbona de París trasmitió a los Reyes Católicos sus felicitaciones. De hecho, la mayoría de los afectados por el edicto eran descendientes de los expulsados siglos antes en Francia e Inglaterra.

    La razón que se escondía tras la decisión, era la necesidad de acabar con un grupo de poder que algunos historiadores, como Wiliam Thomas Walsh, han calificado como «un Estado dentro del Estado». Su predominio en la economía y en la banca convertía a los hebreos en los principales prestamistas de los reinos hispánicos. Con el intento de construir un estado moderno por los Reyes Católicos, se hacía necesario acabar con un importante poder económico que ocupaba puestos claves en las cortes de Castilla y de Aragón. Así y todo, los que abandonaron finalmente el país pertenecían a las clases más modestas; los ricos no dudaron en convertirse.

    Por tanto, el caso español no fue el único, ni el primero, ni por supuesto el último, pero si el que más controversia histórica sigue generando. Como el historiador Sánchez Albornoz escribió en una de sus obras, «los españoles no fueron más crueles con los hebreos que los otros pueblos de Europa, pero contra ninguno otro de ellos han sido tan sañudos los historiadores hebreos».

    ¿Qué tuvo entonces de diferente esta expulsión? La mayoría de historiados apuntan que, precisamente, lo llamativo del caso español está en lo tardío respecto a otros países y en la importancia social de la que gozaban los judíos en nuestro país. Aunque no estuvieron exentos de episodios de violencia religiosa, los judíos españoles habían vivido con menos sobresaltos la Edad Media que en otros lugares de Europa. En la corte de Castilla –no así en la de Aragón- los judíos ocupaban puestos administrativos y financieros importantes, como Abraham Senior, desde 1488 tesorero mayor de la Santa Hermandad, un organismo clave en la financiación de la guerra de Granada.


    Una gran odisea para los expulsados

    No obstante, la cifra de judíos en España sí era especialmente elevada en comparación con otros países de Europa. En tiempos de los Reyes Católicos, siempre según datos aproximados, los judíos representaban el 5% de la población de sus reinos con cerca de 200.000 personas. De todos estos afectados por el edicto, 50.000 nunca llegaron a salir de la península pues se convirtieron al Cristianismo y una tercera parte regresó a los pocos meses alegando haber sido bautizados en el extranjero. Algunos historiadores han llegado a afirmar que solo se marcharon definitivamente 20.000 habitantes.

    Aunque la expulsión de 1492 fue sobredimensionada respecto a otras en Europa, causando a España una inmerecida fama de país hostil a los judíos, nada quita que la decisión provocara un drama social que obligó a miles de personas a abandonar el único hogar que habían conocido sus antepasados. Según establecía el edicto, los judíos tenían un plazo de cuatro meses para abandonar el país. El texto permitía llevarse bienes muebles pero les prohibía sacar oro, plata, monedas, armas y caballos.Los hebreos afectados por el edicto que decidieron refugiarse en Portugal se vieron pronto en la misma situación: destierro o conversión. Así y todo, su suerte fue mejor que los que viajaron al norte de África o a Génova, donde la mayoría fueron esclavizados. En Francia, Luis XII también los expulsó. Comenzaba en esos días una odisea para los llamados judíos sefarditas que duraría siglos, y que generó una nostalgia histórica hacia la tierra de sus abuelos todavía presente.




    ______________________________________

    Fuente:

    https://eccechristianus.wordpress.co...gos-de-espana/

  5. #165
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    Chuetas, el endogámico grupo social descendiente de los judeoconversos mallorquines

    Publicado hace 2 semanas - Jorge Alvarez





    En 1773 el rey Carlos III de España recibió desde Mallorca una instancia cuyos firmantes, un grupo de diputados conocidos comos perruques (pelucas), solicitaban el reconocimiento oficial de la plena igualdad civil y social para los chuetas.




    Los barrios chuetas de Palma de Mallorca/Imagen: Lliura en Wikimedia Commons


    El Consejo de Castilla pidió entonces informes a los principales cuerpos administrativos de la isla, que se mostraron desfavorables a acceder a la demanda; sin embargo, ya estaba abierta la puerta a hacer justicia a un grupo social balear marginado históricamente y que a lo largo de los años siguientes fue recuperando, no sin obstáculos, su derecho a una existencia normal.

    Se trataba de los descendientes de los judíos conversos, que hasta entonces habían mantenido una identidad propia fruto de la endogamia forzada por su segregación.

    La situación de los judíos en los reinos españoles había experimentado una degradación especialmente marcada a partir de finales de la Baja Edad Media, sufriendo pogromos cada vez más frecuentes, siendo objeto de bulos e infundios a cual más absurdo y viéndose obligados a menudo a una conversión forzosa al cristianismo para poder sobrevivir, aunque en secreto seguían practicando la religión mosaica; Mallorca fue un buen exponente de esto, sufriendo los hebreos tres centenares de muertos en la violenta oleada antisemita de 1391 mientras los aproximadamente 800 supervivientes buscaban refugio en el palacio del gobernador.

    El Gran Consejo les prometió entonces un donativo de 2.000 libras por su conversión -aunque nunca llegó a pagarlas- y en 1435, en el contexto de la habitual acusación de crímenes rituales, toda la comunidad aceptó la nueva fe a cambio del perdón.




    El memorial presentado a Carlos III/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons


    Es decir, dejó de haber judíos en Mallorca pero sólo sobre el papel, ya que no sólo no se hizo la correspondiente labor evangelizadora con ellos sino que se les continuó dando un trato hostil. Los que pudieron, se fueron; el resto del grupo se encerró sobre sí mismo y alcanzaba el millar de individuos cuando en 1488 la Inquisición llegó a la isla, a despecho del desagrado que su implantación había despertado en la Corona de Aragón.

    En casi tres décadas, el Santo Oficio condenó a muerte a 85 personas, reconciliando a otros dos centenares y medio a cambio de fuertes multas. Pero pese a que algunos descendientes de los afectados atacaron a mano armada a algún miembro del tribunal, en general la situación quedó aletargada. Los conversos siguieron con su vida al margen del resto de la sociedad que los menospreciaba -más por parte del pueblo que por las clases altas- pero sin mayor trascendencia.

    La cosa cambió de pronto en 1675, cuando una serie de incidentes (delaciones, arrestos, el asesinato de un converso…) abrieron la caja de los truenos otra vez. Tres años después se desató una nueva campaña inquisitorial que acusaba a la comunidad de judaizar, de casarse sólo entre ellos, de insultar a los cristianos, de reunirse clandestinamente para practicar sus ritos y así hasta 33 cargos entre los que no faltaba el inevitable de practicar sacrificios humanos.

    El tribunal condenó a 237 personas a penas diversas en sucesivos autos de fe; no hubo ejecuciones pero se recaudó una cifra importante en multas, pues la comunidad se había enriquecido gracias a las actividades mercantiles y es probable que ello influyera en la nueva persecución, dada la proverbial necesidad de fondos inquisitoriales en una época en la que esta institución había ido reduciendo considerablemente su actividad respecto a antaño.




    Auto de Fe en Madrid (Francisco Rizi)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons


    En suma, se ordenó el confinamiento en una aljama (la Calle, la llamaban) de los chuetas, nombre con que se les conocía popularmente (probablemente deriva de la palabra latina suilla, carne de cerdo, en alusión sardónica a sus particularidades gastronómicas).

    Viendo el panorama, empezaron a marcharse en pequeños grupos para no llamar la atención pero una delación llevó a nuevas detenciones que culminaron en otros cuatro autos de fe en 1691, repitiéndose la cosa en 1694 y al año siguiente, sumando en total 236 reconciliados y 63 relajados , en persona (algunos vivos) o en efigie.

    Esta persecución tuvo una considerable repercusión económica negativa en Mallorca pero también dejó una honda impresión moral, ya que no sólo los condenados sino también sus hijos y nietos quedaron estigmatizados al privárseles del derecho a acceder a cargos públicos, formar parte de gremios artesanos, estudiar en la universidad, ingresar en el sacerdocio, lucir joyas o montar a caballo, entre otros.

    En la práctica, también tuvieron imposible casarse con cristianos, lo que les abocó aún más a la endogamia. Los sambenitos que tuvieron que usar los reos quedaron colgados en el claustro del convento de Santo Domingo, como mandaba la norma, y allí permanecieron exhibidos, hasta 1820, en que al amparo del Trienio Liberal fueron quemados junto con los archivos inquisitoriales.




    Reproducción de un sambenito/Foto: Elliott Brown (Casa de Sefarad) en Wikimedia Commons


    Como explicaba al principio, Carlos III, que era partidario de poner fin a la discriminación histórica, se encontró con la fuerte oposición de la Audiencia mallorquina, de la mayoría de los gremios y de la Universidad; incluso hubo una propuesta de desterrar a los chuetas a las islas de Menorca y Cabrera.

    En cambio, el obispo de Palma informó positivamente de ellos, en parte por su aportación a la economía y en parte por su comportamiento ejemplar: “Es gente de buenas costumbres, piadosa en vida y muerte, de que dan pruebas nada equívocas, sin que el caso posible de que alguno judaíce en el futuro…”.

    Así, en 1782 se promulgaba una Real Cédula que ponía fin a su enclaustramiento y mandaba demoler los elementos arquitectónicos que delimitasen el barrio chueta, del que hoy en día queda la calle Platerías de la capital balear. En 1785 y 1788 hubo dos cédulas más declarándolos aptos para todos los empleos.




    La Real Cédula de 1782/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons


    Por supuesto, una cosa era la teoría y otra la práctica, que para solventar siglos de injusticia suele requerir del paso de generaciones y gran paciencia. Por eso, pese a la prohibición dictada por el rey, los sambenitos siguieron expuestos, fue necesario paralizar la reedición de un panfleto del teólogo jesuita Francesc Garau titulado La Fe triunfante (se había publicado originalmente en 1691, en medio de las persecuciones inquisitoriales) y no se pudo impedir que continuara la endogamia del grupo, aún cuando se intentó mezclar a sus miembros con el resto de habitantes, como tampoco se eliminarían los expedientes de limpieza de sangre hasta que las Cortes de Cádiz lo decretaron 1811.

    Fernando VII los restauró pero poco a poco se iban dando pasos adelante: fueron abolidos definitivamente por una Real Orden de su viuda en 1834 y dos años después Palma nombraba al primer concejal chueta. También solía haber algún paso atrás, como la publicación en 1857 de La sinagoga balear. Historia de los judíos de Mallorca, un libelo que recogía los tópicos de La Fe triunfante y fue contestado por autores chuetas, entre ellos el sacerdote José Taronji firmando su Estado religioso y social de la isla de Mallorca.




    José Tarongi/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons


    Pero no se podía detener el avance de los tiempos. En el siglo XX los chuetas ya estaban completamente integrados en todos los ámbitos profesionales, sin importar su apellido, y los matrimonios mixtos se imponían numéricamente a los endogámicos. Políticamente había de todo pero tendieron a alinearse con ideologías liberales y laicas, que eran las que les defendían.

    Porque, increíblemente, en 1951 todavía se volvió a editar La sinagoga balear y, en un año tan tardío ya como 1966, un ensayo titulado Els descendents dels jueus conversos de Mallorca. Quatre paraules de la veritat (Los descendientes de los Judíos Conversos de Mallorca. Cuatro palabras de la verdad) levantó bastante polvareda al añadir a la lista de apellidos chuetas muchos más de los así considerados tradicionalmente.

    Tras el franquismo, la cuestión chueta quedó normalizada hasta el punto de que en 1979 Palma eligió un alcalde de tal ascendencia, Ramón Aguiló, de apellido típico (los otros 14 clásicos eran Bonnin, Cortés, Forteza, Fuster, Marti, Miró, Picó, Piña, Pomar, Segura, Taronji, Valenti, Valleriola y Valls).

    Cabe preguntarse ahora cómo fue posible la pervivencia de un grupo de características tan compactas (el Departamento de Genética Humana de la Universidad de las Islas Baleares ha demostrado su homogeneidad genética) cuando en el resto de España la cuestión conversa fue diluyéndose con el paso de los siglos sin mayor problema.

    El historiador Antonio Domínguez Ortiz habla de “tendencia típica de la insularidad al arcaísmo, el retraso y el conservatismo”, en el sentido de que “los fenómenos procedentes del exterior llegan más tarde a las islas y sobreviven allí más tiempo”, de ahí que Mallorca presentara “ya en el siglo XVIII y aún en el XIX, rasgos similares a los de Castilla en el XVII”.




    Fuentes:

    Los judíos en España (Joseph Pérez)

    / Los judeoconversos en España y América (Antonio Domínguez Ortiz)

    / Los judíos en la España moderna y contemporánea (Julio Caro Baroja)

    / Los muertos mandan (Vicente blasco Ibáñez) / Wikipedia





    ______________________________________

    Fuente:

    Chuetas, el endogámico grupo social descendiente de los judeoconversos mallorquines
    Erasmus dio el Víctor.

  6. #166
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    LOS JUDÍOS...

    -La sanción, periódico político y literario. Quito, 18 de diciembre de 1897 (adaptado para que aparezca en 3 columnas)

    "Allí están los judíos, los mercaderes de hambre y de las lágrimas; los hombres oprobiosos que un ciento compran por la tercera parte; allí están valiéndose de la irresistible fuerza que ejerce la necesidad, para arrancar de manos de los infelices un documento tres veces más valioso que a suma en que ellos lo han cotizado"





    ______________________________________

    Fuente:

    https://www.facebook.com/photo.php?f...9514123&type=3

  7. #167
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    ¿Por qué expulsaron a los Judíos de España? 1492, Edicto original de los Reyes Católicos.

    .- FRAY LOPE FELIX DE VEGA Y CARPIO(LOPE DE VEGA). Poeta y escritor llamado el "Fénix de los ingenios" HABLÓ a través de sus obras sobre el problema Judío.

    Nació en Madrid en 1562 y murió en la misma ciudad en 1635. Es autor de unos 2.000 dramas y autos, que componen 133.000 páginas con 21.000.000 de versos. Destacamos entre su innumerable producción: "El Castigo sin Venganza", "El Niño Inocente de la Guardia", "La Judía de Toledo", "El Brasil Restituido", "El Perro del Hortelano", "Los Siete Infantes de Lara", "La Moza de Cántaro", "El Príncipe Perfecto", "El Acero de Madrid", "El Mejor Alcalde el Rey", "Lo Cierto por lo Dudoso". Al quedar viudo de su segunda esposa, se ordenó sacerdote en 1614.

    Frases sobre la cuestión judía extraídas de sus obras:

    "El Niño Inocente de la Guardia", "El Brasil Restituido". ....

    Que destierres los judíos eternamente de España. Haced un edicto luego que en breve término salgan porque tras la limpieza quede libre de su ciega infamia, judíos que, en fin, los traidores fueron,

    Que sois Hércules cristiano dirá el mundo, ya lo veo; pero desterrar deseo este enemigo inhumano:

    echemos de nuestra España, Fernando, esta gente fiera, que la fe y la paz altera; desterradla a tierra extraña. Vayan al Africa viva, al Asia; no los sustente vuestra tierra, pues es gente tan pertinaz y nociva.

    Columnas somos, Fernando, de la fe, por vida mía; que vaya esta gente impía donde no la esté mirando; (La Reina Isabel a un Médico) Defienda el reino Fernando, mientras que la fe defiendo; Los hebreos van saliendo, España se va limpiando.





    https://www.youtube.com/watch?v=EZ48SlfrCOc

  8. #168
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    Rabino Eli Suli - Los Piratas Judios del Caribe

    Esta aula (em espanhol) de história Judaica mostra um assunto bastante desconhecido sobre os "piratas" e sua relação com o Povo Judeu.

    O shiur (aula) é dado pelo Rabino Eli Suli.

    Esta e outras aulas do Rabino Eli Suli podem ser encontradas no aplicativo para celulares ToraApp.

    Obs.: As aulas do Rabino Eli Suli encontradas neste canal foram postadas mediante a autorização do Rabino.






    https://www.youtube.com/watch?v=OT3N...&feature=share

  9. #169
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    Re: Los marranos: ¿víctimas o victimarios de España?

    Libros antiguos y de colección en IberLibro
    Las mentiras que presentaron la expulsión de los judíos de España en 1492 como la ruina del imperio

    Según una visión surgida en medio de la llamada Ilustración judía, fue la intolerancia de los españoles el origen de todos sus males y su ruina económica




    Expulsión de los judíos de España (año 1492), según Emilio Sala - Museo del Prado


    César Cervera - C_Cervera_M

    06/07/2017 10:43h - Actualizado: 06/07/2017 16:31h.

    Guardado en: Historia


    La conversión forzosa de los judíos en 1492 supuso un tragedia humana para miles de españoles de este credo que se vieron obligados a huir de su país. No obstante, el paso de los siglos llevó a deformar un acontecimiento que otros países habían realizado anteriormente con mayor brutalidad, como demuestra que la mayoría de los afectados por el edicto de Granada fueran descendientes de los expulsados siglos antes en Francia e Inglaterra. Y esa misma Europa antisemita que había celebrado en su momento la decisión de los monarcas españoles –la Universidad de la Sorbona de París transmitió a los Reyes Católicos sus felicitaciones por «aquel símbolo de modernidad»–, fue la que en el siglo XIX dio una versión exagerada y embustera donde los españoles aparecieron como unos fanáticos que se condenaron para siempre a la decadencia por razones religiosas.


    Las corrientes de racismo científico surgidas en el siglo XIX retomaron esta idea de que los españoles eran una raza irremediablemente inferior y degenerada por la contaminación semita


    A decir verdad, la historiografía del siglo XIX mostró dos visiones en apariencia contradictorias sobre la Expulsión de los judíos de 1492. Como explica María Elvira Roca Barea en «Imperiofobia y leyenda negra» (Siruela, 2017), en los siglos XIX y XX el antisemitismo en la leyenda negra española «se expresó en dos vertientes, una nueva y otra vieja». La vieja era archiconocida desde los tiempos de la presencia española en Nápoles, Milán y Sicilia, donde los italianos, y posteriormente las otras naciones europeas, habían calificado a los hispánicos como «marranos» por los muchos siglos en los que cristianos, musulmanes y judíos habían convivido en la Península. Para Lutero, Voltaire y otros pensadores nadie había más semita en Europa que los españoles por haber mezclado su sangre. De ahí su decadencia, argumentaban.

    Las corrientes de racismo científico surgidas en el siglo XIX, donde los anglosajones ocupaban la cima de las razas, retomaron esta idea de que los españoles eran una raza irremediablemente inferior y degenerada por la contaminación semita. El mestizaje explicaba, en su opinión, la decadencia del Imperio español que en el siglo citado vivió su periodo más declinante.


    La ruina económica ¿en 1492?

    Por otra lado, una nueva vertiente de esta leyenda negra emanó directamente del liberalismo. Según esta visión, fue la intolerancia de los españoles para con los judíos el origen de todos sus males y su ruina económica. Una teoría que empezó a parecer en la década de los años 30 del siglo XIX muy vinculados a los movimientos de emancipación de católicos y judíos en Gran Bretaña, entre ellos defendidos por William H. Prescott y Washington Irving. No en vano, esta visión deformada del acontecimiento bebía de la llamada Ilustración judía (la Haskalá), que defendía la integración de los judíos en las sociedades en las que vivían y usó la expulsión de 1492 como la prueba irrefutable de que las salidas forzosas de hebreos podían arruinar las economías de todo un país. Una afirmación que tenía su antecedente directo en la literatura apocalíptica sefardita (la comunidad de los judíos expulsados) que proclamó el fracaso de España tras su salida casi como un castigo divino.

    Desde 1492, esta comunidad se mantuvo nostálgica del Sefarad y mitificó su presencia allí. Dentro de su literatura, cualquier contratiempo sufrido por el Imperio español fue interpretado como un castigo por la expulsión y maltrato de los judíos. La muerte de los hijos de Isabel La Católico y el desastre de la Armada Invencible, entre otras desgracias, eran a ojos sefarditas una intervención de Jehová para vengar a su pueblo. La salida de la única gente con talento para las ciencias y el dinero lastró el crecimiento de España y condenó al naciente imperio a su destrucción, según esta visión apocalíptica.




    Sefardíes jugando al ajedrez. Libro de los juegos (1251-1283), encargado por el Rey Alfonso X


    Así y todo, la idea de que España se desinfló a partir de la expulsión parte de la premisa cuestionable de que el tiempo anterior a este acontecimiento fue de un gran esplendor para Castilla y de que los judíos habían contribuido a la grandeza de los reinos hispánicos de forma decisiva. En este sentido, Joseph Pérez desmonta en «Historia de una tragedia: la expulsión de los judíos de España» (Barcelona, Crítica) esta premisa al considerar que «en vista de la documentación publicada sobre fiscalidad y actividades económicas no cabe la menor duda de que los judíos no constituían ya una fuente de riqueza relevante [en Castilla y en Aragón], ni como banqueros ni como arrendatarios de rentas ni como mercaderes que desarrollasen negocios a nivel internacional». Su influencia estaba ya en caída libre cuando el primer imperio global se alzaba.

    De tal manera, el Imperio español entró en colapso a finales del siglo XVII (si bien aguantó en pie hasta el siglo XIX) por múltiples cuestiones, entre ellas unos gastos militares inabordables y una fiscalidad disparatada en Castilla, pero no por la expulsión dos siglos antes de una población minoritaria. «Todo lo que sabemos ahora demuestra que la España del siglo XVI no era precisamente una nación económicamente atrasada [...]. En términos estrictamente demográficos y económicos, y prescindiendo de los aspectos humanos, la expulsión no supuso para España ningún deterioro sustancial, sino solamente una crisis pasajera, rápidamente superada», concluye Joseph Pérez en el citado libro.


    La expulsión de los judíos, en cifras

    En este sentido, la economía española no se derrumbó a raíz de la expulsión, sino que precisamente coincidió con los enormes beneficios que el descubrimiento y colonización de América trajeron para Castilla. Empezando porque la auténtica cifra de los que llegaron a salir del país fue muy inferior a la proclamada por la leyenda negra y, de hecho, la expulsión afectó sobre todo a las clases más bajas, a los que menos tenían que perder si no se convertían al cristianismo.

    En tiempos de los Reyes Católicos, siempre según datos aproximados, los judíos representaban el 5% de la población de sus reinos con cerca de 200.000 personas. De todos estos afectados por el edicto, 50.000 nunca llegaron a salir de la península pues se convirtieron al cristianismo y una tercera parte regresó a los pocos meses alegando haber sido bautizados en el extranjero. Algunos historiadores han llegado a afirmar que solo se marcharon definitivamente 20.000 habitantes, entre los cuales no estaban aquellos calificados como «talentos de las ciencias y el dinero», que en su mayoría aceptaron la conversión.


    50.000 nunca llegaron a salir de la península pues se convirtieron al Cristianismo y una tercera parte regresó a los pocos meses


    Paradojicamente, otra expulsión masiva un siglo después de la que afectó a los judíos sí tuvo un impacto económico cuantificable. La expulsión de los cerca de 300.000 moriscos que habitaban en la Península Ibérica a principios del siglo XVII afectó gravemente a la economía de algunos territorios. La expulsión de un 4% de la población perteneciente a la masa trabajadora, pues no constituían nobles, hidalgos, ni soldados, supuso una merma en la recaudación de impuestos, y para las zonas más afectadas (se estima que en el momento de la expulsión un 33% de los habitantes del Reino de Valencia eran moriscos). Los efectos despobladores duraron décadas y causaron un vacío importante en el artesanado, producción de telas, comercio y trabajadores del campo. A ello había que sumar que en 1609 la hacienda castellana estaba sumida en una crisis económica asfixiante, a diferencia de la pujanza que estaba por venir a partir de 1492.

    Si bien los perjuicios económicos en Castilla no fueron evidentes a corto plazo, la despoblación causada por la salida de los moriscos agravó la crisis demográfica de este reino que se mostraba incapaz de generar la población requerida para explotar el Nuevo Mundo y para integrar los ejércitos de los Habsburgo, donde los castellanos conformaban su élite militar.



    _______________________________________

    Fuente:

    Las mentiras que presentaron la expulsión de los judíos de España en 1492 como la ruina del imperio

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