El mito de la armonía cultural y espiritual de las “Tres culturas” en la Edad Media en España, es una invención parahistórica que en la actualidad siguen empeñados en darle un barniz histórico, los intelectuales de la cultura nihilista y las ideologías del relativismo y el laicismo ultrarradicales, todos ellos empeñados en la desvinculación histórica de nuestra sociedad, narcotizada por la ignorancia y el bienestar material de la que se aprovechan ciertos medios de comunicación y de poder.
Cualquier historiador o medievalista serio, sabe que la historia de la Edad Media en España, desde la invasión del Islam en el año 711 dC (siglo VIII) hasta la expulsión del mismo en 1492(siglo XV) por los Reyes Católicos, fue una lucha, con mayor o menor virulencia según la circunstancias históricas, para recuperar los territorios de Hispania, perdidos por culpa de las nefastas políticas defensivas de los reyes godos.
Este mito ha tratado de utilizar y utiliza, falsariamente, a Alfonso X el Sabio (1221-1284) quien en la Escuela de Traductores de Toledo y en el Estudio y Escuela de latín y árabe que fundó en Sevilla, reunió a profesores e intelectuales de las tres grandes religiones monoteístas y de todas las nacionalidades, por eso ha sido calificado como “el gran emperador de la cultura” de la Europa del siglo XIII. Algunos de esos colaboradores sin duda que fueron árabes musulmanes.
Pero la colaboración de de intelectuales musulmanes, la llevó a cabo Alfonso X, más por razones pragmáticas que por un intercambio intercultural e interreligioso. Recurrió a ellos para conocer ciertas ciencias como la medicina. Y si mandó que se tradujera el Corán al castellano, lo hizo más bien para conocerlo y refutarlo desde el Cristianismo. Él conocía cuáles eran los límites y los riesgos entre las tres religiones monoteístas, sobre todo con el Islam. En todo caso, cabría hablar de una tolerancia relativa porque los musulmanes y cristianos del siglo XIII, se soportaron pero nunca se llegaron a entender.
La progresía indocumentada, ignora conscientemente, lo que dice Alfonso X en sus libros como el de Las Siete Partidas. Cuando el Islam invasor entraba en decadencia, les advierte a los moros y a los judíos que se han de atener a las normas jurídicas del reino castellano-leonés: “Que los judíos et moros de nuestro señorío, que ninguno dellos non sea osado en denostar á nuestro Señor Jesucristo en ninguna manera que seer pueda, nin a Santa María su madre nin a ninguno de los otros Santos (…)”. El mismo Alfonso X, considera a Mahoma como falso profeta, fundador de una religión que había acabado con la “pax goda”. Alfonso X, lo que llevó a cabo, fue una guerra ideológica contra el Islam.
A través de sus libros de historia y de su literatura, pone en evidencia los errores teológicos del Islam.
Este rey de Castilla, como intelectual, era consciente del daño cultural y sociopolítico que había supuesto la invasión del Islam en la Hispania visigótica. Más dado a la artes de las letras que al de la guerra contra los invasores, su labor se centró en recuperar y revitalizar la cultura romana, cristiana y visigótica, para de este modo, reengancharla a los mismos niveles de Europa, que no sufriría los impactos terroríficos de la invasión islámica, hasta el siglo XVI, con el imperio otomano de los turcos. Se olvidan, pues, los eruditos de la progresía indocumentada, que Alfonso X, sabía muy bien que el Islam, justificándose en la “yihad”, en la guerra santa, quería imponerse sobre cualquier creencia.
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