Re: El problema del lobo y nuestros ganaderos.

Iniciado por
DOBLE AGUILA
A mí me parece una tontería supina, que unos excursionistas se quejen de "llevarse un susto" por cruzarse con unos perrazos que les han ladrado haciendo su trabajo y nada más; porque según reza en la noticia ni siquiera hubo mordisco o empellón. Los perros demostraron su inteligencia, no yendo más allá. ¿También van a poner una denuncia si se cruzan con una culebra? ¿Y con un lobo? ¿Y con una corneja?. Ese tipo de gente lo que debe comprender es que el campo tiene sus peligros (como los tiene el mar); y si no que no vayan.
Pero ¿Qué clase de planteamiento urbanita es ese de que los mastines en el campo no tienen que ir sueltos? ¿Estamos locos o qué?.
Está claro que hay un tipo de urbanita inculto, tonto y que se cree que sólo tiene derechos y ningún deber que, una vez suelto en el campo, piensa que está en el parque municipal más cercano a su casa. Lamentablemente, guarros que todo lo ensucian y no recogen un papel que ellos mismos han tirado, gritones, rompedores, verdaderos terroristas medioambientales, los hay a patadas. Yo he visto en el Bosque de La Herrería, de El Escorial, a dos tíos con sendos quads sobresaltando a toda la foresta con sus mierdas mecánicas malolientes y estruendosas. En dicho bosque hay jabalíes, pero dicho en castellano recio, "están acojonados", allí he visto avispas metidas dentro de botellas de alcohol, papeles por todas partes, por supuesto, los condones no pueden faltar. En fin, restos de toda la barbarie del urbanita que puebla la selva de asfalto,semáforos y malos humos. Pero para paradigma de la estupidez el caso de una pareja que fue motivo de noticia de prensa. Sucedió hace ya unos años, habían ido a pasar el día "a la Sierra de Madrid" (Madrid no tiene sierra con tal nombre, es la de Guadarrama dentro del Sistema Central), era en invierno y una nevada imprevista (imprevista para los boleros de cristal que leen el pronóstico del tiempo en las teles) y para la gente que ignora que el tiempo en alta montaña es totalmente voluble, y que les sorprendió. Se montó todo un aparato logístico para su localización y rescate, que duró algo más de veinticuatro horas, si mal no recuerdo. Por fin aparecieron salvos y sanos, aunque austados, gracias a que un ermitaño les había dado cobijo a tiempo. Y tan a tiempo, llamó la atención a la G.C. y a todos los servicios de rescate y sanitarios, así como a la Prensa, el hecho de que ella iba con zapatos de tacón alto. 
Pero si esta es una cara de la moneda, también está la otra, y me refiero a los ganaderos. Hay que partir de un hecho, no todos los que tienen ganado lo son, generalmente los que usan los terrenos comunales son en realidad pastores que tienen unas pocas cabezas en propiedad y carecen de tierras propias en las que criarlas. Y, por otro lado, están los auténticos ganaderos que si son dueños de sus terrenos o fincas. Voy a mencionar un caso muy significativo. En ese lugar de El Escorial llamado "Prado Nuevo" donde se vinieron produciendo unas supuestas apariciones marianas, acuden cada primer sábado de mes aunténticas multitudes. La fundación que está detrás fue adquiriendo terrenos colindantes, incluidos los de una antigua lechera en cuyo edificio han abierto una capilla. Pues bien, colindante a todo este complejo ya muy extenso, hay una finca de una ganadería de reses bravas para la lidia, cuyos toros son perfectamente visibles desde la propia carretera. Jamás ha habido ni un sólo incidente, ¿por qué? ¿por prudencia de los asistentes a Prado Nuevo? en modo alguno, porque el ganadero, que no sé quién es, ha invertido dinero en hacer que su finca cumpla con toda la normativa para la tenencia de animales peligrosos. Esa es la clave, y también el hecho de que quien usa de los terrenos comunales no sólo se cree con derecho a todo y obligación alguna, sino que lo cierto es que no tiene ni para pipas.
El problema de las tierras comunales en realidad no está relacionado directamente con el turista, el excursionista de parque de al lado, del listo que se cree que es Rambo, o Rodríguez de la Fuente. El meollo del tema está entre los propios beneficiarios del lugar. No suele haber suficientes terrenos para tanta gente, o hay demasiada gente para tan pocos terrenos, o sea, muy poco jamón para tanto huevo, o demasiado arroz para tan escaso pollo. Los terrenos comunales siempre han sido una fuente de conflictos entre familias e individuos de los pueblos, las envidias, los favoritismos -vamos, las cacicadas-, "¡por qué tú si, y yo no?", han estado siempre detrás del sistema de relaciones familiares y de subsistencia de esos lugareños. Y las consecuencias suelen ser tremendas, vamos, eso de la "España Negra", los hechos de "Puerto Urraco", y situaciones similares que han sido abundantísimas.
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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