Eso tenlo por seguro.
De hecho, pocos años después, se produjo el famoso affaire de mons. Lefebvre (y ese sí que se la jugó). Pero no tengo entendido que esos lloriqueantes de la "perdida unidad católica" abrazaran el patriótico y anti ecumenista "lefebvrismo" (salvo el consecuente D. Rafael Gambra); prefirieron seguir en el revolucionario y antiespañol "vaticanosegundismo". Quizás sería porque, en lo relativo a España, Mons Lefebvre, defensor de la unidad católica de los países, en todo momento alabó y puso como ejemplo de ella la política religiosa de Franco, tanto antes como después del Concilio. Y eso les debía chirriar insoportablemente (Por ahí andan sus declaraciones cuando estuvo en la sede de Fuerza Nueva en Madrid en 1978).
El Vaticano le tenía por un meapilas inofensivo, temeroso de excomuniones; y hasta le venía bien que estuviera ahí; que sirviera de contraejemplo de lo que la Iglesia ya no era y poderle usar de pim pam pum de cuando en cuando para granjearse a los progres y demócratas.Lo que nunca se podrá criticar es el trato de Franco hacia la Iglesia. Más de uno se hubiera visto tentado, tras el Vaticano II, de darle a la Iglesia Católica el mismo estatus que las "demás religiones", totalmente en coherencia con dicho Concilio, y adiós cualquier tipo de prerrogativas. Y nada de esto ocurrió, como sabemos lo aceptó todo sin rechistar (qué remedio).
Mejor le hubiera ido a Franco con el Vaticano si (por un imposible) hubiera enchironado curas y obispos por su cuenta, al estilo cubano, yugoslavo o polaco. No olvidemos que por aquella época, la diplomacia vaticana no paraba de encomiar y visitar y hacer acuerdos (Casaroli) con gobiernos comunistas (Yugoslavia, URSS, Hungría..) que tenían en la cárcel a cientos de católicos, y sin importarle nada el escándalo que esas visitas conllevaban: tanto mejor te trataba Pablo VI cuanto más dura hacías la vida a tus súbditos católicos.
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