La comunidad judía ha recibido con indignación la readmisión del obispo de la Hermandad San Pio X, el británico Richard Williamson que, en una entrevista reciente, había negado el holocausto al afirmar que "no existieron las cámaras de gas" y que no murieron seis millones sino unos 300.000 judíos, "ninguno gaseado".

David Rosen, presidente del Comité Judío Internacional, muy activo en el diálogo entre ambas comunidades, ha definido esta revocación como "un paso que contamina a toda la Iglesia" si ésta no exige al obispo que retire todo lo que ha dicho sobre el Holocausto. En su opinión, el Vaticano "amenaza el futuro de la histórica reconciliación entre la Iglesia y el pueblo hebreo".

Renzo Gattegna, presidente de la Unión de las Comunidades hebreas italianas ha calificado de "tremendo" el hecho de que un obispo que niega la Shoah sea "legitimado y rehabilitado por el Papa".

Sin embargo, y como siempre rindiendo pleitesia, el supuesto "Papa" nos ha vuelto a regalar una de sus tonterias durante el Ángelus de ayer, en el que invocó la unidad de los cristianos, exaltó el lazo entre hebraísmo y cristianismo, y al recordar la conversión de San Pablo, dijo, que este para adherirse a Cristo "no tuvo que abandonar su fe hebrea". Es decir que según él, San Pablo sigue siendo judio.