Estimado Carpetovetano:
Ojalá dicha aseveración fuera tal como tú dices; pero lamentablemente ello no es así; en los aquerónticos tiempos que vivimos diría que la influencia del judaísmo en la Iglesia es de gran magnitud. Se podrían citar cientos de ejemplos; pero daré sólo dos o tres aunque no de poca monta.
Uno de ellos es el de Lustiger, Cardenal Primado de Francia, quién proclamó en distintas oportunidades que él se enorgullecía de seguir siendo judío y que, entre otras cosas, se opuso tenazmente a la canonización de Isabel la Católica.
Otro Cardenal Judío que no dejó de serlo fue Bea quién fue un notorio anti-tradicionalista y manifiesto judaizante, gran responsable de los desaguisados del Vaticano II, como de sus consecuencias; aquí en Argentina tuvimos al Obispo Podestá (que posteriormente largó los hábitos) quién también pregonaba a voz en cuello la herejía judeo-cristiana.
Tengo impresionantes revelaciones de un “sacerdote” mexicano, el cual siendo ya grande largó la sotana y confesó como fue instruido por su padre para infiltrarse en la Iglesia Católica; hasta que al final su conciencia no le permitió más seguir haciendo de marrano e ingresó a la Sinagoga.
Bueno, como dije, ejemplos hay a montones. Por otra parte el testimonio que nos dejó San Pablo al enrostrarle a San Pedro a fin de que no judaizara, creo que es todo un símbolo y advertencia.
Un abrazo, Juan Vergara
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