El ateísmo y la destrucción de la moralidad.
Hace aproximadamente mil años antes de Cristo, el rey David, bajo la inspiración del eterno, registró lo siguiente en el libro de los salmos:
Dice el necio en su corazón: «No hay Dios»....
-Este es el encabezado del versículo, ahora preste atención a las nefastas consecuencias que se derivan de esta afirmación- «Se han corrompido», «hacen obras abominables»; «No hay quien haga el bien». (Salmos 14:1)
Es decir, la negación de Dios, provoca un derrumbe en la objetividad de los sistemas morales de los individuos, desembocando en corrupción, y en obras abominables.
Como decía Nietzsche “Dios ha muerto” y, en consecuencia, “ya no hay un arriba ni un abajo”, es decir, no hay ninguna escala objetiva de valores que debamos seguir. {1}
De lo anterior, instantáneamente, surge una pregunta:
Si al ateo le parecen mal ciertas cosas del mundo como robos, asesinatos, violaciones etc, ¿cómo es que, desde su cosmovisión, fundamenta que esas cosas están realmente mal?
El ateo debe ser capaz de fundamentar la existencia de valores morales objetivos en la ausencia de Dios.
Como señala el apologista cristiano Dante Urbina, los ateos solo tienen cuatro formas básicas de fundamentar los valores morales:
1.- Subjetivamente, en base a las normas morales que determinan para sí mismos los sujetos.
2.- Sociológicamente, en base a las normas establecidas en las diferentes sociedades para su coexistencia y supervivencia.
3.- Evolutivamente, como un producto de la evolución biológica.
4.- Utilitaristamente, en base de su conveniencia para conseguir el placer o evitar el dolor.
¿Nos da alguna de estas cuatro opciones una fundamentación objetiva de los valores morales? Creemos que no. Para demostrarlo analizaremos cada una de las opciones:
1.- Fundamentación subjetiva:
Es evidente que la subjetividad individual no puede constituirse de ningún modo como la base objetiva de los valores morales porque si así fuera, lo que le parece bien a un sujeto, podría parecerle mal a otro y no habría ninguna forma de decir quién está en lo correcto y quien está en lo incorrecto.
De este modo, si el ateo asume esa premisa podemos decirle, siguiendo su mismo razonamiento, que todo lo que él llama mal moral -como los robos, asesinatos y violaciones- en nuestra moral está tremendamente bien. El ateo no tendría cómo refutarnos (a menos que abandone su ateísmo)
2.- Fundamentación sociológica:
Tampoco lo establecido por la sociedad nos da una base objetiva para los valores morales, ya que bien puede suceder que lo que una sociedad piensa que está bien, otra lo califique de malo, sin que haya ninguna instancia objetiva que nos pueda decir cuál de las dos está en lo correcto.
Así, si el ateo asume esta premisa, y luego acusa a Dios por permitir cosas tales como el holocausto judío a manos de los nazis, podemos decirle que eso será malo para su tipo de sociedad, pero no para la de los nazis de esa época y, por tanto, no tiene ningún derecho de acusar objetivamente a Dios por permitir eso, a la vez que tendrá que aceptar que los nazis están en todo su derecho de creer que estaban “sirviendo a Dios” con ello.
3.- Fundamentación evolutiva:
Menos todavía puede el proceso de evolución biológica constituirse como el fundamento objetivo de los valores morales. Lo amoral no puede producir lo moral. Hay un desfase ontológico insalvable. Pero eso no es todo, en este tipo de fundamentación, habrían casos en que ciertas normas morales no serían convenientes para la evolución de un determinado individuo de la especie y, por tanto, tendría que romperlas.
No hay mejor ejemplo de ello que las personas que escalan puestos en la sociedad pasando por encima de otros. ¿Sería eso objetivamente malo? Si quiere ser fiel a sus premisas naturalistas, el ateo tendría que decirnos que más bien se trata de algo moralmente bueno, porque va en consonancia con el progreso humano en el marco de la “selección natural” darwiniana. Pero la implacable voz de la conciencia nos dice que eso no es así…
4.- Fundamentación utilitarista:
Tampoco los criterios utilitaristas pueden constituirse como una base objetiva para los valores morales. Si es bueno lo que nos causa placer y malo lo que nos causa dolor, podríamos decirle al ateo (hipotéticamente, claro está) que lo que más felices nos haría, sería causar dolor a otros.
Él podría respondernos que ello es moralmente malo porque al actuar así estaríamos disminuyendo la “felicidad total” de la sociedad. Pero simplemente podríamos replicar que eso no nos interesa: ¿Qué nos importa la sociedad?, ¿qué nos importan los demás?, ¿tienen acaso algún valor moral objetivo? ¡Claro que no! Desde un punto de vista utilitarista, ¡se trataría de una acción moralmente buena! Pero nuestra experiencia moral más primaria nos dice que ello no es así...
Vemos, entonces, que el ateo no puede fundamentar coherentemente la existencia del mal moral desde su cosmovisión. {2}
El escritor Ruso Fiodor Dostoievski vio hace mucho que el elevado coste de rechazar a Dios era la destrucción de la moralidad. El Filósofo ateo Jean Paul Sartre quedó tan impresionado con esta idea que hizo del argumento de Dostoievski el punto de partida de su filosofía existencialista. Sartre escribió:
"El existencialista... piensa que es muy angustioso que Dios no exista, porque junto a él desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo de ideas; ya no puede haber un bien a priori ya que no existe una conciencia infinita y perfecta que lo idee. En ningún sitio está escrito que el bien existe, que debemos ser honestos, que no debemos mentir; porque la realidad es que nos encontramos en un plano en el que solo hay hombres." Dostoievski dijo: “Si Dios no existe, todo está permitido” {3}
Este es el punto de partida del existencialismo. Ciertamente, todo está permitido si Dios no existe, y como consecuencia el hombre está desesperado, porque no encuentra nada a lo que aferrarse ni dentro ni fuera de sí mismo. No puede empezar a buscar excusas. {4}
A pesar de la afirmación que acabamos de citar, en general los nuevos ateos no parecen haber tenido en cuenta el hecho de que su ateísmo no solo les quita sus valores liberales, sino también todos los valores morales.
En consecuencia, todas las críticas morales de los nuevos ateos contra Dios y el cristianismo, son inválidas no tanto porque son erróneas, sino porque no tienen sentido.
Aún así, sin embargo, el más admirable de los ateos, no es más que un parásito moral, viviendo su vida y haciendo juicios morales basado en éticas prestadas de religiones y sistemas inmateriales y espirituales.
Para aquellos que rechazan a Dios en sus conciencias (Romanos 1:28), la vida estará constantemente llena de las mentiras contradictorias, ilógicas e inhumanas de la cosmovisión ateísta. Ciertamente, “dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmos 14:1). Cuando los ateos siguen su filosofía impía hasta su conclusión lógica, revelan el rostro real del ateísmo como lo que realmente es: una filosofía corrupta y abominable en que nadie hace lo bueno (Salmos 14:1).
Por otra parte, cuando los teístas siguen la evidencia hasta el Creador (Salmos 19:1-4), descubren al Dios que es benévolo (Salmos 100:5; Marcos 10:18) y que demanda que sus seguidores obedientes hagan “bien a todos” (Gálatas 6:10).
-Apolos-
Referencias:
{1} Cfr. Friedrich Nietzsche, La Gaya Ciencia, 1882, nº 125.
{2} Dante Urbina, ¿Dios existe? El libro que todo creyente deberá (y todo ateo temerá) leer. CreateSpace, Charleston SC [2016]
{3} Fedor Dostoievsky, Los Hermanos Karamázov, Ed. Cátedra, Barcelona, 2000, pp. 941-942.
{4} Jean-Paul Sartre, Existentialism, NuevaYork, Bernard Frechtman, 1947.
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