
Iniciado por
Valmadian
En mi opinión, el problema de muchos filósofos respecto a lo que quieren transmitir es que son unos pésimos "comunicadores". Un ejemplo simpático de lo que quiero decir es el agradecimiento de Bilbo en su fiesta de despedida de La Comarca:
"No conozco a la mitad de ustedes, ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece."
El discurso de muchos pensadores va por ahí, a través de caminos encriptados y llenos de trampas dialécticas. Quizás se deba al natural introspectivo de ellos, ya que la vida mundana de ayer y hoy está para pocas filosofías. Y Schopenhauer no es una excepción a ello. El pensamiento filosófico es más que interesante, pero si a la meditación sobre las realidades primeras del mundo, más la reflexión sobre la finalidad última del Hombre y las cosas, le sumamos los rasgos psicológicos del pensador, la actitud ante la vida --muchas veces derrotista--, las corrientes de pensamiento y las líneas de investigación de moda más los acontecimientos y modos de la época en la que vive, al final el análisis del filósofo podrá ser cualquier cosa menos claro, objetivo y hasta coherente. En cierto modo es lo que le vino a pasar a Nietzsche y ya se ve como acabó sus días. También, para ser justos, hay que decir que lo que los seguidores hacen con la obra del autor, no es responsabilidad específica de éste. Se podría argumentar que todo investigador, ensayista o novelista, debería ser cauto a la hora de exponer sus ideas y realizaciones, y pienso en cómo una novela, El guardián entre el centeno inspiró a dos dementes, uno acabó con John Lennon y el otro casi lo logra con R. Reagan. Pero el autor no puede ponerse en la piel de cada lector, a pesar de ser consciente de que en el mundo cada vez hay más tarados. La solución es no escribir, no transmitir, pero no sé si eso sería solución de algo.
Y también influye decisivamente la trayectoria que se sigue. Si ésta es zigzagueante será probable que quien así se conduce vaya dando bandazos. En mi opinión hay que escoger la vía más sencilla y dejar que crezca como el tronco de un árbol recto, luego, cuando esa convicción esté bien asentada y sea fuerte, es cuando uno se puede permitir desarrollar las ramas. Entiendo que es mucho más fácil leer el Nuevo Testamento --no digo interpretarlo--, que un conjunto de obras dispersas de filosofía.
Marcadores