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3. Los términos del problema
Nuestros actuales (1946) historiadores y críticos, secundados magníficamente por el hispanismo extranjero, especialmente el francés, alemán y norteamericano, han establecido sobre sus verdaderas bases el problema de la ciencia española. Monstruosa y delirante injusticia era negar y denigrar nuestro pensamiento y nuestra cultura de los siglos XVI y XVII. (…) Algunos aspectos de la ciencia española, por ejemplo, la teología, la pedagogía, la jurisprudencia, la filosofía, la historia, la crítica, la filología, no tienen nada, absolutamente nada que envidiar a país alguno. Ningún pueblo europeo de esos dos siglos puede citar en esas ciencias su nombre antes del nombre de España.
En las llamadas “ciencias del espíritu”, España no puede reconocer, justamente hablando, rival aventajado. Ahora bien; en las llamadas “ciencias de la Naturaleza”, la situación es diferente. El papel de España en estos ramos de los acontecimientos humanos es muy apreciable y en ocasiones magnífico. No faltaron grandes matemáticos, excelentes naturalistas, médicos de renombre e importancia universales, físicos y químicos de verdadero saber, etc. Pero el estilo, la orientación que la cultura española tomó en aquellas centurias, fue indudablemente la otra, la de las ciencias del espíritu, la teología y el derecho, la historia y la filosofía.
Por otra parte, altas empresas universales de conquista y colonización absorbían a nuestro pueblo. Estas dos circunstancias, y ninguna otra, impidieron a nuestro pueblo llegar en el terreno de la ciencia experimental y los descubrimientos físico-naturales adonde llegaron las clases cultas de otros países. Pero de esto a afirmar, como lo hizo el sectarismo y el furor anti-español, que durante aquellos doscientos años España estuviese desierta de físicos y naturalistas, matemáticos y astrónomos, hay un abismo. En estos aspectos, la ciencia no debe a España tanto como en los otros, pero debe lo suficiente para que se pueda afirmar que la incorporación española a la marcha del pensamiento científico-naturalista en mundo es efectiva, real, evidente y gloriosa...
(Historia de la civilización española, 1946)
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