V- EL RITO MOZARABE, RESPETADO POR LOS PONTIFICES
El rito mozárabe conservado hasta nuestros días significa un reconocimiento, implícito al principio y manifestado sin reservas después, del respeto y la admiración que ha merecido de los Romanos Pontífices desde el siglo XI hasta hoy. Explica José Antonio Dávila García-Miranda, entusiasta impulsor del renacimiento del mozarabismo en nuestros días que el rey Alfonso VI cediendo a las instancias del Papa Gregorio VII, con grandes resistencias, introdujo en Castilla la Liturgia Romana en el Concilio de Burgos del año de 1080, aboliendo la hispano-visigótica.
No quedaba a la antigua liturgia otro refugio que las iglesias de las regiones ocupadas aún por los árabes. Reconquistada Toledo se pensó al punto en expulsar de su recinto aquella liturgia a quien Gregorio VII había calificado de superstitio toletana. No referiremos los incidentes de la lucha por ser bien conocidos. El rito, que ahora mejor que nunca podía llamarse toledano, sucumbió el año 1090. Lo único que los toledanos pudieron conseguir fue que su liturgia se conservase en seis parroquias donde, en los días de su cautividad, habían hallado consuelo para su infortunio.
Si algunos incidentes de la lucha fueron lamentables, preciso es reconocer que los Romanos Pontífices obraron siempre guiados por nobles motivos. Reconocieron en varias ocasiones la excelencia de nuestra liturgia; pero fueron consecuentes en sacrificar anhelos nacionales al bien general de la unidad eclesiástica, de la que España misma tantos bienes había de reportar.
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