Los primeros cristianos no se pusieron a predicar inmediatamente el fin del mundo cuandol os bárbaros invadieron el Imperio Romano. Para ese entonces ya habían pasado varios siglos de cristianismo, y si bien los cristianos esperaban ilusionados la vuelta de Jesús, como dije en el post anterior, ya San Pablo había advertido (y sus epístolas no están escritas muchos años después de la muerte y resurrección de Jesús, datan de los años 50 y tantos y 60 y tantos d.C.) que no pensaran que iba a ser tan inminente. Y tampoco fijaron fechas ni nada. Eso lo han hecho sectas bien recientes, de ayer por la mañana, pero en dos mil años de escritos católicos no hay nada de eso.

Yo hablaba a título personal. No sé qué pensarán otros tradicionalistas, pero tampoco creo que haya nada de malo en pensar que no puede faltar mucho, en vista de tantas indicaciones como nos dio el Señor en los Evangelios. Eso en sí no es herético, y está clarísimo cómo se están cumpliendo muchas cosas. Por supuesto, no necesariamente tiene por qué ser inminente. Puede durar bastante tiempo. Solo Dios lo sabe. Pero es bueno estar preparado. Tampoco veo por qué va a ser contraproducente hablar de esto si surge el tema. Se puede hacer sin caer en fanatismos, y hay muchas otras cosas que de todos modos rechaza la gente hoy en día. Lo que sí es seguro es que en algún momento, tarde o temprano, algún día próximo o lejano, Cristo volverá. Y a mí me eso no me produce miedo, me ilusiona. Ojalá que venga pronto, que buena falta hace.