Lo prometido era deuda:
(I)
"De todas formas, durante la primera mitad del siglo XX la biología molecular progresó tanto, que alrededor de 1950 el científico soviético A. I. Oparin y otros se afianzaron lo suficiente como para intentar una explicación de cómo la vida pudo haberse originado a partir de sustancias químicas muertas.
Pero ¡cuidado con la aparente elegancia de la frase "la vida originándose apartir de sustancias químicas muertas"! Detrás de ella hay todo un razonamiento lógico, con sus dos premisas y su conclusión.
Premisa mayor: "Donde hay vida, hay también una cierta mezcla de sustancias químicas". Premisa menor: "Dicha mezcla es causa necesaria y suficiente de la vida". Conclusión: "Por lo tanto, reproduzcamos la mezcla en sus debidas proporciones y obtendremos la vida".
No es difícil ver que la que se tambalea es la premisa menor. No sólo no ha sido nunca demostrada sino ques e trata precisamente de una proposición tan terminantemente desacreditada por los experimentos clásicos de Redi y Pasteur, que sería temerario impugnarla. Cuando los evolucionistas todavía sostienen la generación espontánea, parece como si intentaran agarrarse a una tabla de salvamento, única alternativa a una intervención sobrenatural que para todos ellos es claramente anatema.
Que una cierta combinación de sustancias químicas muertas pueda dar origen a la vida es una hipótesis muy atrevida. No hay razón para concederla, pero vamos a hacerlo, no por discutir, sino para ahondar en lo que realmente se requiere para obtener la vida a partir de sustancias muertas.
Consideraré dos problemas estrictamente químicos, el primero resultante de la presencia del oxígeno, y el otro de la presencia del auga.
Empezaré aclarando que por "sustancias muertas" no quiero decir átomos sueltos de carbono, nitrógeno y otros elementos; quiero decir compuestos como amoníaco, metano, vapor de agua y molécula de hidrógeno, de los cuales intentaremos sintetizar aminoácidos, los bloques que constituyen las proteínas. El problema resultante de la presencia del oxígeno es paradójico pero muy real: y es que el oxígeno, el elemento clave para el soporte de la vida, impide la formación de aminoácidos a partir de las "simples sustancias químicas vitales" mencionadas arriba. El oxígeno detiene en seco cualquier intento de construcción precisamente de los bloques constituyentes de la vida, y por ende de la vida misma.
La razón reside en la termodinámica de la reacción química. Los enlaces que el oxígeno forma con el carbono y el hidrógeno son más fuertes que los que forman entre sí carbono e hidrógeno, oxígeno y oxígeno, carbono y carbono e hidrógeno e hidrógeno. El resultado es que donde quiera que haya excedente deoxígeno, éste tiende a formar agua (óxido de hidrógeno y anhídrido carbónico, que en la jerga termodinámca se denominan "sumideros de energía".
Los aminoácidos, por otro lado, sn compuestos reducidos, es decir, contienen menos oxígeno de lo que su composición permitiría. Dicho de otra manera, se oxidan muy fáclmente en agua y anhídrido carbónico.
Todos los experimentos proyectados para describir el proceso presuponen pues que éste ha tenido lugar en una atmósfera reducida, es decir, sin oxígeno pero con amoníaco, metano, hidrógeno y vapor de agua. Los experimentos han tenido éxito: descargando chispas eléctricas en tal "caldo primitivo" hipotético, Stanley Miller obtuvo efectivamente aminoácidos y otros compuestos orgánicos a principios de los años 50.
El éxito de tales experimentos, sin embargo, no contribuye absolutamente nada a la solución del problema real, que es que el amoníaco y el metano, componentes esenciales del así llamado "caldo primitivo, son ambos altamente perjudiciales para la vida, mientras que el oxígeno, perjudicial para los experimentos, y por lo tanto cuidadosamente excluido de ellos, es esencial para la vida.
Esta doble paradoja nos fuerza a una conclusión nada menos que milagrosa. A un "caldo primitivo" reducido le caen rayos encima hasta producir la vida; luego, instantáneamente, el amoníaco, el metano y los productos hasta entonces esenciales, desaparecen, y son reemplazados por el oxígeno, perjudicial hasta entonces pero beneficioso desde ahora en adelante. Noten por favor que el reemplazo tiene que ser instantáneo, ya que si los aminoácidos recién formados se quedaran por ahí, el oxígeno los destruiría antes de que tuvieran la posibilidad de formar algo "vivo"; a la inversa, si los mismos aminoácidos se quedaran en una atmósfera todavía reducida, cualquier forma "viva" que se formara perecería por falta de oxígeno. La llegada del oxígeno y la desaparición del amoníaco, metano, etc., tendrían que ser no solamente instantáneas, sino sincronizadas exactamente para la formaicón del primer ser vivo. Mayor milagro sería muy difícil de postular."
Continuará.
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Datos del libro (MUY RECOMENDADO):
El evolucionismo en apuros
BORRUSO, Silvano
CRITERIO LIBROS, S.L.
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