Revista FUERZA NUEVA, nº 359, 24-Nov-1973
INTOLERABLE POR MÁS TIEMPO
Que se pueda “exigir” para ejercer el sacerdocio en el País Vasco que los religiosos o sacerdotes tengan que ser vascos y dominar el vascuence; que se permita que unos obispos auxiliares lancen cartas pastorales subversivas; que un arzobispo haga pública constancia de su solidaridad con unos elementos que conspiran contra el Estado; que unos curas sean terroristas; que otros promuevan actos vandálicos en la prisión donde purgan sus delitos contra la sociedad, etc., son cosas que contemplamos asombrados, mas que porque sucedan en sí, porque no hayan tenido la réplica contundente y clara por parte del Estado y por parte de quienes, fieles a unos ideales, no podemos seguir consintiendo estos desafueros por más tiempo.
Sabemos que nos tacharán de violentos y que ciertas gentes, que no son lo suficientemente viriles para exponerlo públicamente, tratan de atacarnos con las armas rastreras de la hipocresía, la falacia y la intriga. Sin embargo, no podemos callar y dejar de alzar nuestras voces en contra de esta situación intolerable que ciertos estamentos de la Iglesia española están provocando no sólo con detrimento del orden público o en pro de la acción subversiva, sino en cuanto representa y significa confusión, desengaño y apartamiento del pueblo de Dios de su Iglesia.
Hay que hacer algo. En primer lugar, por parte del poder público, y si éste no quiere o no puede, tendrán que ser otros los que le sustituyan en la defensa del orden constitucional, en la defensa de los ataques a la unidad de la Patria y en la defensa de los valores permanentes de España; en defensa, en definitiva, del Régimen nacido por el sacrificio de miles y miles de españoles que no puede verse atacado, mancillado, o simplemente amenazado por quienes, eternos enemigos de la Patria, se visten o utilizan los hábitos o su posición y nombre de la Iglesia para ello.
No se puede consentir que, por ejemplo, el señor Jubany, arzobispo de Barcelona, diga, en defensa de unos detenidos acusados de actividad subversiva, que “hay que permitir toda reunión con fin lícito”, cuando se refiere a una reunión concreta de separatistas, marxistas y demás compañeros de viaje, que utilizan los lugares sagrados para su conspiración. No se puede permitir que estos “señores” sigan confundiendo a los católicos y sigan haciendo el juego a los enemigos del Régimen, del Movimiento nacional. Y no se puede consentir que estos “señores” puedan jugar impunemente con la sangre vertida heroicamente para lograr una España liberada del marxismo, de la masonería, del separatismo y de otras lacras que España padecía hasta el 18 de julio de 1936 (...)
Ramón de Tolosa
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