Re: El toro de Tordesillas

Iniciado por
Hyeronimus
Vaya por delante que no soy aficionado a los toros ni a estos espectáculos. No voy a verlos, pero tampoco me trago el cuento sentimentaloide de "pobrecito toro"
Yo no he dicho que seas aficionado ni a la fiesta taurina, ni a estos espectáculos. Como a mi no me gustan tampoco, pero no por ello soy antitaurino. En mi caso es otra cosa. Primero, yo no me considero en condiciones de determinar el grado de sentimentalismo de la gente, como tampoco me parece normal matarlo de este modo con un posible "toro cabrón de mierda jódete". Y ya me encargaré más abajo de la entrevista al mozuelo con cara de investigador en bioquímica.
No hay crueldad alguna, y el toro es el primero que disfruta, como animal de lucha que es
La bravura del animal no significa que "disfrute" con esa lucha que, en este caso es una matanza en toda regla. La Etología (ciencia que se ocupa del comportamiento animal), tiene bien analizado que los predadores atacan por hambre, necesidad de proteger a las crías y por defensa del territorio, relacionado con la disponibilidad de alimento. También hay una cierta práctica del canibalismo entre los felinos al asesinar a las crías ajenas y asegurar la propia descendencia. A su vez, los hervíboros tienen por territorio el grupo o manada, algunas especies atacan por defenderlo y por defender a las hembras y a las crías. El resto de su comportamiento prioritariamente está dirigido a proporcionarse alimento desplazándose de un lugar a otro. Y este es el caso del toro bravo, macho de una especie cárnica. Así que eso de que "disfruta con la lucha" es un cuento chino de los taurinos. La misma expresión es ya antropocéntrica pues se trata de una expresión cultural. Sólo algunos humanos disfrutan con una lucha sangrienta, a esos los llamamos lisa y llanamente sádicos. Luego, una buena proporción disfruta, o disfrutamos, con un cierto grado de competencia no sangrienta: deportes, estudios, trabajo, etc. Además, el espíritu de lucha que anima al toro bravo es en relación a otros machos que le pueden disputar la jefatura del grupo y el acceso a las hembras. Sucede también, como es frecuente entre los animales sociales, que los machos jóvenes se atrevan a medir sus fuerzas con los adultos o, llegado el momento, pretendan sustituir al "viejo" macho dominante. Y el medio natural de los toros no es el ruedo de una plaza, ni una dehesa pletórica de enemigos atacando simultáneamente. Una imagen bien clara de que el toro tiene miedo y lo tiene porque todo su cuerpo está a rebosar de un sistema nervioso, se puede contemplar en las imágenes de esa "fiesta" bárbara, cuando se ve como el toro busca refugio debajo de un árbol para proteger sus flancos y cuartos traseros. Que el animal siente el dolor es bien visible en sus mugidos que no son una manifestación folklórica de desafío. No obstante, si estos argumentos no son suficientes, yo propongo que practiquen el mismo juego con un búfalo cafre a ver si tienen los mismos órganos viriles o, mejor todavía, que alguno de ponga en lugar del toro y dada la diferencia de espesor del pellejo, que sustituyan la lanza por una pica con alfiler, ¿a ver cuántos voluntarios hay?
Alancear toros no son "inciviles bestialidades paletorras sin más razón que la ingnorancia, brutalidad y estupidez de muchos". El emperador Carlos I de España y V de Alemania, por ejemplo, alanceaba toros. Era un deporte aristócratico, como todavía lo sigue siendo el toreo a caballo.
En el caso de Carlos I de España, pero no de S.M. D. Felipe II, era una afición que practicaba él, no un regimiento de tíos todos al tiempo, y, en el Siglo XVI. Por la misma regla de tres deberíamos rescatar las prácticas de la arena del circo romano. Y vuelvo a insistir en que no hablamos de lo mismo, aparte de que se puede comprobar fácilmente lo "aristócratas" que son los miembros de ese regimiento de bárbaros.
Y en cuanto a los toros embolados (que tampoco sufren dolor alguno porque el cuerno no tiene nervios, es un pedazo de dura queratina insensible), tan comunes en muchos pueblos, tienen su origen en un hecho histórico, como expondré en el siguiente mensaje de este hilo
Claro, es que los cuernos incendiados es una forma natural de llevarlos. Yo no sé porqué la gente cuando se les quema el pelo, que tampoco tiene nervios, se pone a gritar enloquecidamente y buscan apagar las llamas lo antes posible. Y en estos casos, afortunadamente poco frecuentes, nadie se pone a razonar las consecuencias de dicho incendio, para nada, se actúa como actuaría cualquier animal. Y el dato de que se trata de algo fundamentado en un hecho histórico, no justifica su repetición y menos aún que si sucedió en un punto determinado, haya que estarlo copiando en otros cien sitios que nada tuvieron que ver con dicho acontecimiento.
En cuanto a lo de la cabra que arrojan del campanario, totalmente de acuerdo en que es una barbaridad. Pero es un caso aislado, no tan generalizado como las fiestas de toros en sus diversas modalidades, dado que el toro es un animal valiente, que impone respeto, supone un desafío, y es luchador y disfruta de la pelea. Y es, además, el verdadero protagonista de la fiesta. Siempre se dice que a alguien va a los toros, que le gustan los toros, no que le gustan los toreros, aunque luego le guste más tal o cual diestro. Si el toro no embiste y ataca con valentía, si se acobarda, echa a perder la fiesta. Por eso el toro es admirado, y se recuerda a los mejores y se conservan sus cabezas disecadas.
Afortunadamente, lo de la cabra está prohibido y el resto de lo que me dices es puramente cultural y folklórista. Es decir, nada que ver con la naturaleza del animal. Y ya se dirá lo mucho que disfruta con el cuello seccionado, disecado, colgado de una pared y acumulando polvo.
Yo he participado en alguna discusión que otra sobre los toros con aficionados. En ningún momento sus argumentos han logrado convencerme y la razón es muy sencilla, todos ellos son argumentos salidos de la cultura de esos individuos, y ninguno se corresponde con la verdadera realidad natural del toro. Más todavía, eso de que el toro de lidia desaparecería como argumento supuestamente ecológico cde preservación de la especie tampoco se sostiene. Si nos atenemos al lenguaje, es decir, "toro de lidia" estamos hablando de un animal seleccionado artificialmente para ser sacrificado en el recinto cerrado de una plaza. Pero si decimos "toro bravo", estamos hablando del macho de una especie que los humanos usamos para carne. Es característica de Ávila la "raza avileña", no "abulense", negra, de grandes cornamentas y ante cuyas hembras sueltas yo no me pongo, porque es una raza brava y ahí está desde tiempos inmemoriales.
Última edición por Valmadian; 18/09/2014 a las 13:39
"He ahí la tragedia. Europa hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma europea choca con una realidad artificial anticristiana. El europeo se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.
<<He ahí la tragedia. España hechura de Cristo, está desenfocada con relación a Cristo. Su problema es específicamente teológico, por más que queramos disimularlo. La llamada interna y milenaria del alma española choca con una realidad artificial anticristiana. El español se siente a disgusto, se siente angustiado. Adivina y presiente en esa angustia el problema del ser o no ser.>>
Hemos superado el racionalismo, frío y estéril, por el tormentoso irracionalismo y han caído por tierra los tres grandes dogmas de un insobornable europeísmo: las eternas verdades del cristianismo, los valores morales del humanismo y la potencialidad histórica de la cultura europea, es decir, de la cultura, pues hoy por hoy no existe más cultura que la nuestra.
Ante tamaña destrucción quedan libres las fuerzas irracionales del instinto y del bruto deseo. El terreno está preparado para que germinen los misticismos comunitarios, los colectivismos de cualquier signo, irrefrenable tentación para el desilusionado europeo."
En la hora crepuscular de Europa José Mª Alejandro, S.J. Colec. "Historia y Filosofía de la Ciencia". ESPASA CALPE, Madrid 1958, pág., 47
Nada sin Dios
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