Libro británico que relata la historia de la Legión Británica de Bolívar .
C. L. A. M. O. R.: El genocidio de San Juan de Pasto: La vergüenza de la historia colombiana
El genocidio de San Juan de Pasto: La vergüenza de la historia colombiana
Pasto, o San Juan de Pasto --como aún hoy se sigue llamando oficialmente--, es la capital del actual Departamento de Nariño (República de Colombia). Los pastusos --los nariñenses-- fueron realistas durante la Guerra de Independencia, y su rebeldía les costó sangre y desprecio. Esto, sumado a su situación geográfica, los mantuvo aislados configurándose una actitud conservadora, tradicionalista y de ensimismamiento cultural con respecto al resto del país. Aún hoy se destacan por su sentido de la autonomía, su valor y su idiosincrasia tan particular.
Los colombianos (y todos los hispanoamericanos) aún ignoran que la mayor masacre de civiles de nuestros anales la cometió el general Antonio José de Sucre en la Navidad de 1822 cuando, para vengar la derrota sufrida por los "patriotas" en Genoy veintidós meses antes, entró a saco en Pasto y permitió que sus tropas fusilaran, violaran, robaran y destruyeran a su antojo. Tres días de vandalismo dejaron más de 400 muertos, en su mayoría civiles, mujeres y niños.
No hay que sorprenderse, pues, de que Sucre fuera asesinado ocho años más tarde cerca de allí.
Pocas guerrillas tan corajudas vio Colombia como la del indio de La Laguna Juan Agustín Agualongo, cuya lealtad al rey de España lo indujo a enfrentarse a Simón Bolívar hasta cuando fue preso y fusilado por José María Obando en 1824. Dice el historiador granadino Aníbal Galindo que, reclutados para los ejércitos "libertadores", muchos pastusos preferían ahogarse en los ríos antes que combatir contra la Religión y el Rey.
Su tenaz resistencia le valió a Pasto toda suerte de diatribas.
"Ciudad infame y criminal que será reducida a cenizas", anunció el Supremo Gobierno de Popayán.
"Voy a instruir que los principales cabecillas, ricos, nobles o plebeyos, sean ahorcados en Pasto", escribió Francisco de Paula Santander.
"Haced lo posible por destruir a los pastusos", ordenó Bolívar.
Finalmente, cuando fue sometida la ciudad en 1822, el Libertador informó así a sus compatriotas: "La infame Pasto ha vuelto a entrar bajo las leyes tutelares de Colombia".
Pero con el fin de la Guerra de la Independencia, los pesares de Pasto no terminaron.
Entre 1839 y 1842, Pasto fue uno de los focos que reaccionaron frente a la supresión de los conventos que ordenó el presidente José Ignacio de Márquez. Foco que, con el alzamiento de otras ciudades y el fortalecimiento de los caudillos sureños conocidos como Supremos, dio origen a la Guerra de los Conventos.
Durante las guerras civiles que caracterizaron todo el siglo XIX colombiano (ay, ¡"paz hispánica"!), en 1861 la ciudad fue durante seis meses capital de Colombia, cuando allí fijó su cuartel general el caudillo conservador Leonardo Canal González.
Un año después, fueron el teatro principal de la guerra con el Ecuador de García Moreno.
Recién en 1940 se construyeron en la región los primeros hospitales, luego de una devastadora epidemia de bartonellosis.
En julio de 1944 protagonizaron un intento de golpe de estado, cuando el coronel Diógenes Gil, comandante de la VII Brigada del Ejército, lo tomó prisionero al presidente Alfonso López Pumarejo.
En junioo de 2006 el Deportivo Pasto se alzaba con el título de Campeón Colombiano de Fútbol, ubicando nuevamente a esta región en el mapa de la antigua Nueva Granada. Decía entonces un comentador, "Comen cuy, hablan como serranos, oyen música andina, tienen más sangre inca que cualquiera otra comunidad nacional, son espléndidos anfitrones y amigos leales. Han aguantado dos siglos de burlas y desconfianza. Pero ahora los reivindica su equipo de fútbol. Y con ellos, se reivindica el fútbol de los pequeños y el espíritu de los marginales. Déjenme declararme pastuso, aunque sea por un día."
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