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Tema: Hay “otro” bicentenario

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  1. #1
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    200 AÑOS DE BOCHINCHE


    Hugo Chavez y Bolivar__Foto.jpg



    Los venezolanos hemos vivido en un mito según el cual hace dos siglos una generación de héroes luchó y se sacrificó por librarnos de un opresor extranjero. Una pléyade de titanes que nos salvó de la tiranía, que nos legó la libertad y la igualdad, y nos heredó una patria. Superhombres mesiánicos que se sacrificaron empapando de gloria la historia de la nación. ¿Qué hicimos con tan fabulosa y gloriosa herencia?

    Justicia manipulada, revoluciones constantes, guerras civiles, pobreza, inequidades, inestabilidad política… Vistos los resultados después de 2 siglos debemos hacer un balance. ¿Qué pasó? ¿Defraudamos a nuestros libertadores? ¿Han sido las generaciones subsecuentes incapaces de estar a la altura de los fundadores? ¿O lo contrario? ¿No se trataría de un proyecto inviable, destinado al fracaso?

    Aunque soterradamente, un grupo creciente de historiadores, sociólogos e intelectuales venezolanos están desafiando la conseja axiomática de que la guerra de independencia es el hecho más brillante y afortunado de nuestra historia. Al contrario, algunos se aventuran a repetir que no fue ese evento en nuestra historia que hemos aprendido desde niños, sino más bien un error angular que los hispanoamericanos y en particular, los venezolanos hemos estado pagando desde comienzos del siglo XIX.

    La primera de sus graves consecuencias fue la destrucción de la unidad de Hispanoamérica. Unidad que evocamos sin concreción. Tanto España como Hispanoamérica salieron debilitadas de esa guerra civil que llamamos de Independencia. La segunda secuela fue la destrucción de la institucionalidad. La justicia dejó de ser independiente y descentralizada. Cambiamos un monarca lejano y poco influyente por caudillos locales con apetito de autoridad absoluta. Se perdieron los contrapesos entre los poderes existentes bajo el antiguo régimen. El derecho a la propiedad se quebrantó creándose un precedente que seguimos padeciendo. En tercer término, se destruyó la economía. Pasaron décadas para que el tamaño de los rebaños, la producción agrícola, el comercio y hasta la población recuperaran los niveles que tenían antes del conflicto. Las mentalidades cambiaron para peor. Se deterioraron valores morales y principios. Se desligaron los conceptos de riqueza y trabajo, surgiendo la guerra y revoluciones como mecanismos de ascenso social.

    Durante el siglo XVIII en España, donde crecía un fuerte movimiento liberal, ganó terreno la idea de conceder más autonomía a las provincias americanas. La guerra era innecesaria para la independencia. Australia y Canadá, Brasil y la India son ejemplos exitosos. La guerra de independencia fue quizás inevitable. Mejor servicio nos habrían ofrecido los Libertadores haciendo lo posible porque no ocurriera, encausando las fuerzas sociales en un proceso más civilista. Aun con la visión histórica de los hombres de aquel tiempo, la guerra fue un error. Bolívar parece haber muerto con esa convicción. Miranda antes que él, se dio cuenta que no se pueden crear repúblicas sin republicanos al exclamar “Bochinche, y más bochinche es lo que le gusta a los venezolanos”.


    Artículo de opinión de Wolfang U. Molina, publicado en el diario digital venezolano El Universal el 18 de mayo de 2010.


    ¿Qué habían muchas cosas que mejorar? Sí.

    ¿Qué la monarquía cometió errores en el último periodo que se tenían que solucionar? También cierto.

    Pero la sociedad en general no pidió republicanismo, no salieron a la calle pidiendo ningún régimen republicano liberal laico, las declaraciones de independencia se hicieron a puerta cerrada y de espaldas al pueblo, se lo impusieron al pueblo a la fuerza. Hoy día todavía estamos pagando las consecuencias de ese atropello.

    Nota aclaratoria; la palabra "bochinche" viene a significar tumulto, alboroto, revuelta, desorden..






    Fuente:

    https://es-es.facebook.com/SomosHijo...type=1&theater
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  2. #2
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Uruguay, una creación de la diplomacia británica


    “Uruguay (…) fue creado como un “Estado Tapón” o “Buffer State” por el accionar de la diplomacia británica (…) los británicos querían también internacionalizar el Río de la Plata. Al existir allí dos Estados, como Uruguay y Argentina, el río quedaba internacionalizado y los ingleses podían penetrar a través de él hasta el Río Paraná y llegar al corazón del continente: Paraguay”




    Mapa de Alonso de Santa Cruz (siglo XVI) en el que puede apreciarse la Banda Oriental sobre el estuario del Río de la Plata. Incluido en “Islario general de todas las islas del mundo”.

    Primera parte de la entrevista realizada al revisionista uruguayo Ignacio Pérez Borgarelli, publicada el 5 de noviembre de 2013 en el sitio web ORDEN (Organización de Estudiantes Nacionalistas, de Venezuela)



    1. La “Suiza de América” le dicen algunos, al rememorar, ya nos indicará usted si con acierto o no, la época de José Batlle y Ordóñez. La misma se caracterizó por un estado de bienestar que llevó al Uruguay a altísimos estándares de vida. Sólo comparados, quizá, con los europeos. Díganos, por favor, sus impresiones.

    Me gustaría, antes de responder la pregunta, hacer un breve análisis de los partidos políticos en el Uruguay desde su independencia hasta la actualidad. Lo cierto es que los partidos políticos, en realidad, surgen como “facciones” poco tiempo después de la independencia de la nación. El país se independiza en 1828 y las facciones se constituyen en 1836, en la Batalla de Carpintería, en la cual se enfrentan las fuerzas de Manuel Oribe, fundador del Partido Blanco, y Fructuoso Rivera, fundador del Partido Colorado. El Partido Blanco surge como facción y luego se constituye como partido, poco después se transforma en el Partido Nacional, por lo que, Partido Blanco o Partido Nacional resultan hoy símiles. Es el mismo Partido Blanco o Partido Nacional quien defiende a primera hora las causas americanas, quien se alía con Juan Manuel de Rosas bajo la figura de su fundador, Manuel Oribe, y quien defiende desde su periódico El defensor de la Independencia Americana, al gobierno del Perú en 1847 ante la amenaza de la reconquista española.

    El Partido Colorado, en contrapartida a esta política americana, accede al poder por segunda vez gracias a una intervención militar de la armada francesa, y bajo la misma figura de su fundador, Fructuoso Rivera, quiso hacer en 1835, del Uruguay, un protectorado británico.A lo largo de toda la historia nacional el Partido Colorado se movió bajo estas premisas. Cuando Francia en Inglaterra pasaron, dentro del concierto mundial, a ocupar la posición de potencias de segunda categoría, el Partido Colorado se pliega a favor de los Estados Unidos, y la figura de José Batlle y Ordóñez no fue la excepción. Durante su primera presidencia en 1904, pediría una intervención armada de 4 buques de guerra estadounidenses en el Uruguay, con una doble finalidad. La primera: sofocar la revolución armada acaudillada por Aparicio Saravia, una de las figuras más prominentes del Partido Nacional, y la segunda, intimidar al gobierno argentino de Julio Argentino Roca, que dejaba accionar a los revolucionarios que se encontraban en la Argentina.

    Se ha dicho que Batlle y Ordóñez estableció un “Estado de Bienestar” pionero en el mundo en cuanto a legislación laboral (ley de 8 horas, descanso laboral, ley de divorcio, y un largo etcétera). Estableciendo, según algunos escritores, una de las primeras socialdemocracias. Esto es, una democracia fuertemente liberal de raigambre jacobina y una economía socialista. Sin embargo, sus políticas fueron magnificadas por autores apologistas del régimen de origen extranjero. Como Milton Vanger (estadounidense) y Göran Lindahl (sueco).

    En cambio, los críticos del Batllismo fueron sepultados en el silencio del olvido. Las políticas batllistas y el mismo batllismo dentro del Partido Colorado, continuaron gobernando luego de la muerte de José Batlle y Ordóñez (1929), ya que después del retorno democrático, luego de una breve dictadura en la década de 1930, el Partido Colorado se reformuló bajo la figura del sobrino de Batlle, Luis Batlle Berres. Este daría el paso a un período recordado como el Neo-Batllismo, desarrollado desde 1947 hasta 1958.

    El Neo-Batllismo viene a intensificar, mediante otros medios, lo que se había hecho antes con Batlle y Ordóñez. Ahí es cuando se comienza a hablar del Uruguay como “la Suiza de América”. Nada más alejado de la realidad. El punto de inflexión que tengo con el Batllismo y el Neo-Batllismo, es que gobernó para unos cuantos burócratas de la capital: Montevideo. Y como había expresado antes, se dio un cambio de dueños entre el Imperio Británico y los Estados Unidos, pero esto no se evidenció en la balanza comercial, en la cual seguíamos siendo hasta años después de la Segunda Guerra Mundial, un estado satélite de Inglaterra.

    Inglaterra nos compraba la carne, lana a precios altos -lo que algunos llamaron “petróleo verde”, por la cual redituábamos cuantiosas sumas de dinero, extraídas también de las altas rentas aduaneras y de las detracciones o retenciones al medio rural. Gracias a esto, el pensador Alberto Methol Ferré, diría con acierto que “el Uruguay era una colonia británica más próspera que el Reino Unido mismo”.

    El tema de las retenciones al medio rural es el punto neurálgico de todo, ya que el batllismo, con tal de alimentar la industrialización en Montevideo, creaba una industria hipertrofiada que servía para un mercado interno que en aquel entonces tenía un millón y medio de habitantes. El medio rural, en cambio, y el interior de todo el país, fueron los más perjudicados durante los 50 años entre Batllismo y Neo-Batllismo. Al caer el Neo-Batllismo, en 1958, y con el acceso nuevamente al poder del Partido Nacional, se realizó un extenso informe por el Ministro de Obras Públicas de aquel entonces, el Ing. Luis Gianattasio, donde se constató que las escuelas rurales habían sido realizadas con techos de paja y que, entre muchas otras cosas, los caminos de las ciudades del interior no estaban pavimentados.

    Las palabras de Julio Martínez Lamas -quien publicaría el libro Riqueza y Pobreza en el Uruguay- no pueden ser más elocuentes: “En la Campaña, fuente única de la riqueza nacional, reina de la pobreza, porque no existen capitales, en la misma campaña, no hay población densa, ni aumento de producción, ni evolución de la ganadería, ni aumento de la mestización de los ganados, ni apreciable subdivisión de la tierra por causa de su mejor y más intensa explotación, ni crecimiento de las vías férreas, ni ahorro popular: hay, en cambio, por el mismo motivo, falta de poblamiento, latifundismo, estancamiento de la agricultura, ferrocarriles arruinados, pobreza general, emigración”.

    Como dirían unos académicos extranjeros: “Montevideo es como un gran biombo que sirve para tapar la realidad del país entero”.

    También se pueden subrayar las políticas en cuanto a lo cultural. Hace poco ha salido una noticia en la cual, aproximadamente el 15% de los jóvenes tuvo intenciones de suicidarse en Uruguay. Esta idea viene a reafirmar las estadísticas que sitúan al Uruguay en tercer lugar dentro del ranking de suicidios, por debajo de Estados Unidos y Cuba. Yo le veo una explicación muy sencilla: la falta de religiosas y las políticas laicistas y hasta anti-religiosas cuyo principal promotor fue Batlle y Ordóñez, de fuerte prosapia jacobina. Se trató de cambiar el culto cristiano, que es la verdadera fe, por el culto al Estado y al “líder bueno”, con intenciones altruistas y desinteresadas. Domingo Arena, mano derecha de Batlle, dijo una vez: “Los colorados se agrupan alrededor de Batlle con la misma confianza, con la misma convicción, con el mismo entusiasmo con que los creyentes se agrupan alrededor del que predica la religión nueva”.

    La tendencia anti-rural, anti-argentina y anti-hispanoamericana del uruguayo promedio es heredada del Batllismo. Este sistema político, con su consciencia de “como el Uruguay no hay”, o “la Suiza de América”, “La Arcadia de Plata”, viene a generar esa consciencia de que nosotros, como uruguayos, somos “impolutos”, y esa es también la génesis del racismo en el Uruguay. Como evidencian algunos diarios de la década de 1930, el uruguayo de por aquel entonces sentíase orgulloso de su “origen caucásico” y se hablaba del resto del continente bajo el rótulo de “La indiada”. Así, con desprecio, como si el resto de América estuviera retrasada en cuanto a la adopción de las ideas y las técnicas de la “Civilización Europea”.

    Considero menester que se comience a ver esta realidad con respecto al Batllismo, que es uno de los principales mitos a vencer dentro de la historiografía uruguaya. Acá quedaron esbozados claramente los “logros” del oprobioso régimen batllista.


    2. El nacionalismo parece estar surgiendo como una potencia política en el mundo una vez más. Hispanoamérica no es ajena a esto. Sin embargo, hablar de nacionalismo uruguayo resulta una cuestión polémica. Hay quienes se decantan por un abierto artiguismo, aun a expensas de las contradicciones que esto trae consigo. Otros, al parecer, desentienden de la figura de Artigas, arguyendo la cercanía del prócer a las ideas imperantes en la Argentina de la época. Por último: algunos ciudadanos de la República Oriental hacen un agregado a la primera opción: reivindican el peronismo. ¿En dónde se enmarca Ignacio Pérez Borgarelli y por qué?

    Bueno, ya Jacob Grimm decía una frase sobre esto. “Quien ama a su patria, también debe entenderla; quien la quiera entender debe, sobre todo, tratar de penetrar en su historia”. Y fue mediante la historia del Uruguay y del Río de la Plata que me di cuenta de la imposibilidad de ser nacionalista en el Uruguay, ya que el país fue creado como un “Estado Tapón” o “Buffer State” por el accionar de la diplomacia británica. Esto se dio bajo el auspicio del primer ministro inglés de aquel entonces, Lord Canning y el diplomático Lord Ponsonby, quien vino a mediar entre la Argentina (Provincias Unidas del Río de la Plaza) y el Brasil, que se disputaban el territorio que hoy se conoce como Uruguay.

    Por ende, no puedo identificarme con ningún movimiento político “nacionalista” posterior a la Independencia del Uruguay. Dadas las gracias a Inglaterra si intento justificar esa independencia que no fue otra cosa que el surgimiento de una república que nunca debió de ser. Creo que el basamento del nacionalismo, o mejor dicho, del patriotismo en el Uruguay, tiene que estar en la figura de Artigas. A quien se ha usado en diversos países para justificar accionares políticos tanto de izquierda como de derecha, obviando el hecho de que Artigas antes que nada se consideraba argentino y americano del sur. Él y su proyecto, fueron los padres del federalismo argentino, pues recogía en su interior lo más hondo del sentir popular en las Provincias Unidas, y a ellas quiso integrar la Liga Federal. Cuando se le pregunta si quiere volver a “la Patria”, o sea, al Uruguay ya constituido independientemente bajo los conspicuos intereses de la corona británica, Artigas contesta: “yo ya no tengo Patria”.


    3. Vamos a retrotraernos un poco. Hablemos de la historia y de aquello que conocemos como la doctrina liberal. No es secreto para nadie la influencia de los intelectuales racionalistas del Siglo XIX en lo que hoy se conoce como “La Historia Oficial”. Esto ha sucedido en prácticamente toda la América Hispana. ¿Qué ha pasado con Uruguay en este sentido?

    Como expresé anteriormente, el Estado uruguayo fue creado por Gran Bretaña en 1828. Faltaba crear otro elemento para justificar ese estado, que era la Nación. El “nacionalismo uruguayo”, es decir, el sentimiento nacional, se da luego de la finalización de un período significativo por lo largo de las contiendas civiles y la crueldad de las mismas, que es el Militarismo. Esto ocurre en la década de 1880. Oficializado por el coronel colorado Lorenzo Latorre y luego por su sucesor, Máximo Santos, ellos no vienen a hacer otra cosa que realizar los viejos anhelos de Bernardo P. Berro, quien gobernó entre 1860 y 1864 y ya hablaba entonces de “nacionalizar los destinos del país”. Hay un elemento significativo para resaltar: el Estado Uruguayo, creado en los albores de la independencia (1828), se da por una unión entre los intereses del comercio inglés, la “Pax Britanica” y de la oligarquía comercial montevideana, dirigida por Pedro Trapani. Sobre esto agrego: los británicos querían también internacionalizar el Río de la Plata. Al existir allí dos Estados, como Uruguay y Argentina, el río quedaba internacionalizado y los ingleses podían penetrar a través de él hasta el Río Paraná y llegar al corazón del continente: Paraguay. Esta información no es fortuita. Ahora bien, Lorenzo Latorre, accede al poder y establece una dictadura en el Uruguay, gracias a una multitudinaria manifestación que lo fue a buscar a su casa. Dirigida esta manifestación, nada más y nada menos que por Domingo Ordoñana, primer presidente de la ARU (Asociación Rural del Uruguay), terrateniente y máximo exponente del sector latifundista.

    Es interesante ver cómo las élites económicas estuvieron estrechamente vinculadas en los dos procesos, tanto en la Independencia como en el surgimiento de la “Nación”. Esta surge, pues, durante el Militarismo. Durante ese proceso Uruguay entra, curiosamente, al mercado mundial. Se establece el alambrado de los campos, dejando a grandes muchedumbres campesinas (los gauchos), sin empleo, y se establece la Reforma Vareliana en el marco de la educación, haciéndola laica, gratuita y obligatoria. Se crea la primera escuela historiográfica para fundamentar ese estado, de fuerte cuño positivista y racionalista. Sus máximos exponentes fueron casi todos colorados o unitarios, como Carlos María Ramírez, Juan Zorilla de San Martín, Francisco Berra y Francisco Bauzá.

    Estos hombres, que no fueron otra cosa que falsificadores de la historia, a pesar de rescatar la figura de Artigas de su “leyenda negra”, terminaron usando al mismo prócer hasta vaciarlo de contenido. Crearon una apoteosis de Artigas, lo deshumanizaron y divinizaron hasta lograr fundamentar una mentira como lo fue y lo es: el Estado uruguayo. Se elige a la figura de Artigas porque el mismo caudillo, al pertenecer a un período anterior a los partidos políticos, no era “ni blanco ni colorado”, era “de todos”. Un factor de “unidad entre los orientales”, a expensas de que fue el mismo fundador del Partido Colorado, Fructuoso Rivera, quien lo terminaría traicionando a Artigas, dando por concluido su proyecto político.






    Fuente:

    Uruguay, una creación de la diplomacia británica | Hispanoamérica Unida
    Última edición por Mexispano; 15/03/2014 a las 21:17
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  3. #3
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    José Martí. ¿Un traidor como los otros?

    En ocasión del aniversario del natalicio de José Martí.





    28 de enero de 1853. En un par de días estaremos conmemorando una vez más el natalacio de José Martí. Martí dedicó casi toda su vida a combatir la injusticia en tiempos de esclavitud en Cuba, por ejemplo, y por esa lucha suya le considero un hombre admirable. Como hombre de letras resalta en medio de muchas otras plumas célebres de su época y esa es otra cualidad que yo admiro. Como patriota, pues pongo su conducta contra España en tela de juicio.

    Cuba no fué una isla conquistada, donde una cultura superior venció a la natural del país. Cuba no fué México, ni fue Perú, donde se sometieron pueblos a culturas foráneas. Cuba fué una isla poblada íntegramente por españoles, con un porciento de la población negra y españolizada, destinada a servir, que tampoco era netamente cubana. La patria de los cubanos, por raza y por cultura, era España. La bandera de los cubanos era la bandera española y el rey de España era nuestro rey.






    Promover con discursos incendiarios una revolución en contra de España era enfrentar a hermanos contra hermanos. Era traicionar a la patria para fundar una otra que fuese exclusivamente de los cubanos, como ahora pretenden hacer algunos catalanes con Cataluña. Desmembrar a España no fué un acto de patriotismo, sino de regionalismo puro. La guerra de independencia de Cuba fué una guerra de secesión, como la guerra civil norteamericana, cuando un grupo de estados sureños pretendieron separarse de la Union. Acto nada admirable en los anales de la Historia de ese país. Hubo cubanos separatistas y tambien hubo quienes repudiaron la idea, como mismo ocurre hoy con Cataluña, y no se les podría considerar anti-cubanos por elegir quedarse dentro de una misma patria, grande y sólida, bajo una misma bandera.


    Si Martí vivió en las ''entrañas del monstruo,'' como él mismo dijo, y reconoció las intenciones de Estados Unidos de adueñarse de Cuba, entonces lo que Martí sintió no fué patriotismo sino un deseo malsano de herir a la patria, a su patria, a la patria de sus padres, que tampoco favorecían la separación de Cuba de la corona española, para entregar a Cuba un destino incierto, como al final ocurrió.

    Pepe Antonio





    Fuente:

    COMUNIDAD AUTÓNOMA DE CUBA: José Martí. ¿Un traidor como los otros?

  4. #4
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA:
    MENTIRAS VERDADERAS

    Publicado el 18 de marzo de 2010 / 19.30 hora de Bogotá D.C.


    Desde mediados del año pasado se inició en América Latina la celebración por los doscientos años de independencia de España. Los festejos comenzaron en Bolivia y en Ecuador, ocasión en la que los países del ALBA aprovecharon para agitar tribuna y consignas antimperialistas, como era de esperarse, en un despliegue de pirotecnia verbal y panfletaria digno de las mejores épocas de militancia de los años 60. Tiempo aquel cuando, precisamente, se cumplieron los ciento cincuenta primeros años de ese hecho: el rompimiento de vínculos políticos con la Madre Patria y el fin de la colonia aunque no necesariamente del coloniaje. Situación esta última que persiste no sólo en actitud asimétrica ante los fuertes del mundo, de cualquier signo, sino también en una especie de tara cultural que hace creer que el abordaje oblicuo y poco ilustrado del pensamiento decimonónico marxista puede ser argumento para ayudar a construir una revolución en el inicio del siglo XXI .


    Escribe: Rubén HIDALGO


    Es curioso que Bolivia e incluso el Ecuador hayan sido los sitios donde se inició el festejo desde el año pasado, esta vez con discursos de renovada fe antimperialista. Claro, en la ocasión no ya contra España sino contra los demonios que se supone están en el norte del Continente.

    Curioso, que sean bolivianos y ecuatorianos los que rompieron fuegos de celebración, porque fueron esos dos países los que dieron en principio, junto con el Paraguay y la antigua Banda Oriental del Río de la Plata, mayores pruebas de fe realista durante la mayor parte de la llamada guerra de independencia. Ese fue el origen en verdad de su posterior autonomía y conversión en repúblicas.

    El rechazo a la hegemonía de Buenos Aires, en realidad fue una impugnación inicial al primer grito de independencia del 25 de mayo de 1810, que se dio en lo que hoy es la capital de la capital argentina pero que era capital del virreynato del Río de la Plata e integraba a los territorios que a partir de ese momento iniciaron el proceso de desmembramiento.

    Debe recordarse que fue el Alto Perú, entre 1812 y 1815, el que de manera infructuosa exigió mayores recursos de guerra por parte de Buenos Aires para recuperar esa parte de su territorio -el cual desde 1826 pasaría a llamarse República de Bolívar y poco después, con algo de vergüenza de la época, Bolivia- y que Quito junto con Pasto en el sur de Colombia resistieron con todo lo que tuvieron las intenciones de la parábola republicana, liberal y secular criolla, al menos en lo formal.

    En efecto, la fe religiosa sincretizada de esos tiempos le daba a los nativos y mestizos, razones para pensar que aquellos que proponían un Estado de alguna manera desvinculado de un monarca lejano pero presente en la subjetividad y de una religión que daba seguridades espirituales, no eran libertadores sino incomprensibles enemigos. Esa es una de las razones por las que según el historiador David Bushnell los soldados de las futuras repúblicas debían ser llevados a las batallas amarrados por sus manos y desatados en los momentos previos al combate.

    Esas tropas que con frecuencia no eran otra cosa que la peonada de las tierras del terrateniente convertido a la carrera en general de la naciente república, fueron convocados con consignas y relatos que nadie entendía porque, por cierto, toda la tropa y a veces también el general eran iletrados y los discursos ilustrados y liberales poco podían decirle. Por eso, patria, república, nación, libertades, presidentes, congresos, senados poco o nada significaban para esos "pueblos" que en sentido estricto aún no lo eran, porque en verdad eran las "gentes" que poblaban por entonces los territorios colonizados por España.


    LO QUE OCURRIÓ EN JUNÍN


    Ya lo decía el colombiano Florentino González desde su sufrido exilio de Chile en la segunda mitad del siglo XIX, el Perú no estaba revolucionado para los tiempos en que se inició esa guerra que para los españoles no fue otra cosa que una guerra civil interna, entre tantas que hubo en el siglo XIX, cuya única virtud discursiva fue perjudicar a la metrópolis. Para González fue San Martín quien revolucionó al Perú y su ejército expedicionario que partió de Valparaíso en 1820, cuyos restos -aquellos que no se sublevaron del mando de Bolívar y de su mala fama como conductor de tropas- terminaron en Ayacucho bajo el mando del venezolano Antonio José de Sucre.

    Entre aquellos oficiales que renegaron del paso al costado de San Martín y se integraron en el ejército grancolombiano, estuvieron el general Mariano Necochea y el bisabuelo de Jorge Luis Borges, coronel Manuel Isidoro Suárez. Este último, casi olvidado de la historia oficial fue quien en realidad salvó a Bolívar de la derrota en la batalla de Junín. Las dudas sobre la pericia militar de Bolívar no son una responsabilidad que carguemos nosotros desde estas columnas, lo insinúa el propio Gabriel García Márquez en su libro sobre el laberinto del general venezolano.

    Tampoco los comuneros en Colombia, ni la rebelión de Túpac Amaru en el Perú pueden ser vistos como antecedentes serios de una intención independentista en América. En ambos movimientos se cuestionaba la vocación confiscatoria de la tributación española, pero no se confrontaban los derechos de la autoridad real que, además, se consideraban divinos.

    Ni siquiera los primeros gritos de autonomía y de exigencia por mayor intervención de los criollos que se dieron en Buenos Aires y Bogotá en 1810 -episodios emblemáticos de los que se cumplen las dos centurias motivo de celebración- pretendían en verdad la independencia definitiva de la metrópolis ibérica. Esos resortes favorables a la Corona funcionaban en la mentalidad mítica y también mágica de las "gentes" americanas, ancladas por tradición en los atavismos de las antiguas culturas precolombinas. El rey, como se ha dicho, era una figura por fuera de toda crítica.

    El mito fundacional republicano ha querido ver otra cosa después y no se ha detenido a cuestionar ni someter a mirada crítica los documentos y proclamas de la época, que no hablaban de naciones. Ni el descendiente del inca ni el comunero neogranadino pensaron jamás en cortar nexos con la Corona. Sin embargo, la infantil pero efectiva historiografía oficial de nuestros países ha pretendido con relativo éxito mostrar otra cosa.

    Es sintomático que aún hoy las comunidades indígenas, cuando reclaman sus derechos propios del espíritu de la Modernidad, levantan con frecuencia lo establecido por la legislación real que les reconocía sus particulares formas de agregación social y entidades. Derechos que no siempre les reconocieron las clases criollas que reemplazaron a la administración española.


    LA DEFECCIÓN DE SAN MARTÍN

    Tampoco se dice, en el caso de esa historia oficial para el caso argentino, que el retiro del general San Martín del Perú no fue un glorioso renunciamiento sino una inconcebible defección como jefe que se autoexcluye del mando en las sombras de la noche y deja a sus tropas, que lo habían acompañado desde Mendoza, "colgadas de la brocha" y reenganchadas por los colombianos de Bolívar, de manera menos gloriosa. Eso, en lo que hace a las consecuencias, le hizo perder a la Argentina cualquier posibilidad de sobreranía que le correspondía por derecho colonial -uti possidetis iure- sobre el Alto Perú, una salida al Pacífico y el poder ser hacia el futuro un país integrante de la cuenca amazónica. Casi nada.

    Lo anterior no lo decimos nosotros, lo dice -o más bien lo insinúa- Bartolomé Mitre en sus libros de historia, en los que, claro está, nada menciona sobre su propia y desastrosa conducción estratégica en la Guerra del Paraguay, unas décadas después de la vigencia militar y política de San Martín. Esta última fue quizá la más vergonzosa de todas las guerras que afrontó la Argentina desde las campañas de los tiempos de independencia, la cual concluyó como quedó señalado, con las primeras frustraciones militares y geopolíticas de los argentinos.

    En los tiempos en los que se produjo la guerra de independencia, la población era conservadora -dicho en los términos como hoy se miraría esa visión política- y simplemente sentía cercano a un monarca a quien no podía conocer en forma personal pero con el que mantenía un vínculo personal e incluso, podría decirse, emocional. Los conglomerados humanos de la época eran súbditos, no ciudadanos y ese concepto liberal de ciudadanía nada significaba para las gentes que habitaban las colonias que en su mayoría para la época no tenían acceso a la lectura.

    Muchas de las ciudades colombianas, incluida Bogotá, se mantuvieron fieles a la corona hasta que les fue posible. ¿Es que nadie ha leído con atención las crónicas del fusilamiento de la heroína Policarpa Salavarrieta en la capital de la Nueva Granada? La población de la capital del Virreynato no discutía la decisión de su ejecución pública y por el contrario la alentó. Por eso sus últimas palabras fueron un reclamo por la incomprensión hacia su elección libertaria en la que entregó la vida.

    Por eso también, tanto en en los ejércitos de Bolivar como en los de San Martín los que no eran enganchados por la fuerza eran, como lo fue Ernesto Che Guevara muchas décadas después, aventureros. Entre ellos la mítica Legión Británica, integrada en su mayoría por irlandeses católicos y mirados con reservas desde Londres. Esos hombres fueron mercenarios con derecho a saqueo, como ocurría con cualquier mercenario de esas y otras épocas.


    UTOPÍA RETRÓGRADA

    Esos intencionados errores de escritura sobre el espíritu de la independencia -con mito fundacional incluido- ha persistido en una historia acrítica para una generalizada lectura en minoría de edad. La visión distorsionada sobre la saga que en quince años cortó los nexos políticos con España persiste ahora, con una utopía retrógrada que se vincula con Irán, lo más reaccionario que ha dado la historia reciente en su comprensión sobre la idea de lo que puede ser una revolución.

    Es cierto, Irán produjo una revolución pero una revolución hacia atrás. Esa es la razón por la que el llamado Socialismo del Siglo XXI no encuentra diferencias entre lo que pasa en América Latina y las concepciones islámicas "arias" de los persas. Al tiempo, los eslogans y lugares comunes de los panfletarios e inflamados discursos que esgrimen los neosocialistas del nuevo siglo recuerdan a la vieja militancia de las décadas de los 60 y 70, como si nada hubiese pasado en el mundo desde esos años hasta hoy.

    Ni siquiera para los nuevos marxistas del mundo desarrollado -desde Tony Negri a Marshall Berman- el tiempo ha permanecido estático. Sólo para el neogorilismo latinoamericano las cosas siguen iguales en la dicotomía crítica de hegemonías y subalternidad que afecta al Continente. Es por ello que el Bicentenario en curso de celebración huele a la antigua naftalina, con más y mayores mentiras verdaderas para menores de edad (aresprensa.com).







    Fuente:

    BICENTENARIO: MENTIRAS VERDADERAS / ACTUALIDAD
    Última edición por Mexispano; 18/03/2014 a las 06:36
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Así fue el 'Grito' original

    Escritores e intelectuales de la época dieron sus versiones de la frase que dio inicio a la guerra de Independencia


    Septiembre 14, 2013

    Por Redacción RED POLÍTICA




    (Foto:Especial)


    06:11 ¿Cuál fue la frase que dio inició a la guerra de Independencia? Escritores e intelectuales de la época dieron sus versiones de lo que gritó el cura Miguel Hidalgo:


    -- “¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe”, ¡Viva Fernando VII y muera el mal gobierno!”

    Manuel Abad y Queipo



    -- “¡Viva la América”, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la religión y mueran los gachupines!”

    Diego de Bringas



    -- “Viva la religión católica! ¡Viva Fernando VII!, ¡viva la patria y reine por siempre en este continente americano nuestra sagrada patrona la santísima Virgen de Guadalupe!, ¡muera el mal gobierno!"

    Anónimo (1810) recopilado por Ernesto Lemoine Villicaña






    (Esta es la réplica de la campaña que tocó el cura Hidalgo / Foto:Quadratin)





    -- "¡Viva Fernando VII!, ¡viva América!, ¡viva la religión y muera el mal gobierno!"

    Juan Aldama (1811)



    --"¡Viva Fernando VII y la Virgen de Guadalupe!"

    Servando Teresa de Mier (1813)



    --"¡Viva la religión!, ¡viva nuestra madre santísima de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la América y muera el mal gobierno!" A lo que el pueblo respondió: "¡Viva la Virgen de Guadalupe y mueran los gachupines!"

    Lucas Alamán (1840)


    (Con información de la Hemerotéca de EL UNIVERSAL)





    Fuente:

    Así fue el 'Grito' original | Red Política - El Universal
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  6. #6
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    En la Península, en Nueva España o en Nápoles era típico el grito de "¡Viva el Rey y muera el mal gobierno!" cada vez que había algún levantamiento.
    Mexispano dio el Víctor.

  7. #7
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Cita Iniciado por Hyeronimus Ver mensaje
    En la Península, en Nueva España o en Nápoles era típico el grito de "¡Viva el Rey y muera el mal gobierno!" cada vez que había algún levantamiento.

    Y lo cierto es que en todas las versiones de "El Grito" la única constante es la arenga a Fernando Vll





    Última edición por Mexispano; 21/03/2014 a las 07:04

  8. #8
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Invasiones inglesas

    “Esos grupos de obediencias inconfesables sembraron la ideología balcanizadora de la Ecumenidad Hispánica, maniobrando para conducir totalitariamente la política con la “panacea” del constitucionalismo liberal. Para ello utilizaron instrumentos que iban desde los diplomáticos hasta los simples viajeros espías (…) El Plan del “Precursor” estaba coordinado con una tentativa de conflagración continental preparado en Inglaterra”





    Detalle de la obra “Asalto de los Ingleses a la brecha de la Ciudadela” del artista Edward “Francisco” Burney. Toma de la Ciudad de Montevideo el 3 de febrero de 1807, durante las Invasiones Inglesas


    Artículo de Luis Alfredo Andregnette Capurro publicado el 22 de enero de 2012 en la web “Crítica revisionista” (tomado de la bitácora “El Blog de Cabildo”).NOTA: Las opiniones y expresiones vertidas en este artículo corresponden exclusivamente a su autor y no deben interpretarse necesariamente siempre como un posicionamiento de nuestro sitio web Hispanoamérica Unida.

    Todo lo que existe sólo puede comprenderse con la perspectiva que nos ofrece el pasado. Así en los hombres como en los pueblos. Ya lo decía el poeta: “sólo orillas somos y en lo hondo de nosotros corre / sangre de lo que fue / fluye hacia quienes vendrán / sangre de nuestros ancestros, llena de orgullo e inquietud…” La verdad nos dice con alta voz que “venimos del ayer”. Lo Cristiano Americano, la Patria Grande, son claros frutos de la boda de sangre entre las Españas de Yugo y Flechas con la Roma Católica.

    Por ello el Misterio de Iniquidad encarnado en la pérfida Albión se lanzó a despedazarlo. Largo es el rosario de agresiones. En un principio fue Francis Drake con sus saqueos, robos y profanaciones. Luego hizo pie en el Caribe cuando ocupó Jamaica y Honduras y atacó Darien en el siglo XVII, agresión que se repitió con Walpole contra Panamá. En los siglos siguientes aceleró su acción con sectarios pertenecientes a una central ideológica esotérica y juramentos secretos e incondicionales. Las monedas de Judas hicieron el resto, y algunos de esos traidorcitos sin tener conciencia de que nuestra historia es pasión, prometieron a cambio de armas y oro incorporar el Reino de Santa Fe de Bogotá, Maracaibo, Santa Marta y Cartagena a los dominios de Su Majestad Británica.

    Esos grupos de obediencias inconfesables sembraron la ideología balcanizadora de la Ecumenidad Hispánica, maniobrando para conducir totalitariamente la política con la “panacea” del constitucionalismo liberal. Para ello utilizaron instrumentos que iban desde los diplomáticos hasta los simples viajeros espías. El caso de Francisco Miranda, agente de Mr. Pitt, invadiendo Venezuela desde puertos yankees, fue sintomático. El Plan del “Precursor” estaba coordinado con una tentativa de conflagración continental preparado en Inglaterra.

    El historiador Oriental Felipe Ferreiro, primero en mostrar a la posteridad la secreta conspiración, señaló el importante dato de que “todos los centros adecuados para el incendio general difundirían la versión falsa pero no increíble de que el Trono de las Españas había quedado vacante”.

    Versión que podía perdurar sin rectificaciones hasta que la hoguera se extendiese en virtud del dominio de los mares detentado por la Home Flete de Jorge III. La llegada a Buenos Aires de Santiago Burke, ex oficial prusiano amigo del Premier Mr. Pitt, es ejemplo de un espía con toda la barba.

    En la capital virreinal trabó contacto con corresponsales de Miranda, entre los que se contaba Saturnino Rodríguez Peña, el futuro secretario de la Infanta Carlota, doctor Presas, y Aniceto Padilla. Detrás de Herr Burke llegó Home Rigss Popham. Venía desde el Cabo de Buena Esperanza con un plan fundamentado en la creencia de “que los nativos estaban muy cerca de la rebelión… y se les podía ganar ofreciéndoles un gobierno liberal”.

    Con los hombres del general William Carr Beresford se hizo dueño de Buenos Aires. El golpe asestado en junio de 1806 no fue ni el primero ni el último. El objetivo dominador lo planteó el general inglés William Miller, de gran actuación en el Perú, quien en sus “Memorias” y al referirse a las invasiones de 1806 y 1807 señaló: “Si los ingleses hubieran considerado los acontecimientos locales del país no habrían intentado ocupar Buenos Aires y limitado sus esfuerzos a la posesión de Montevideo, que es la llave del Río de la Plata. De esta plaza podrían haber hecho el Gibraltar de las costas occidentales del Imperio español”.

    La pretensión de los jefes militares (Popham y Beresford) de imponer el control británico convirtió los nuevos ataques filibusteros contra Buenos Aires y Montevideo en un desastre.

    En 1812, (ya iniciada la Guerra Civil que conocemos como “de la Independencia”) Lord Strangford, en un aparente cambio de la política de Londres, impuso la retirada de las fuerzas portuguesas de la Banda Oriental y envió a su instrumento, don José Rademaker a Buenos Aires para que al acordar la Paz planteara la posibilidad de la Independencia de Montevideo y su jurisdicción aunque dependiendo del gobierno de Cádiz, notorio títere de la masonería inglesa.

    La propuesta no se concretó: “Inglaterra, según lo declaraba Lord Castelreagh, debía dirigir su política estableciendo gobiernos locales amigables con los cuales esas relaciones comerciales puedan subsistir, cosa que por si sola constituye nuestro interés”.

    Canning y Palmerston en algunos años pondrían en práctica estos principios básicos de la maquiavélica política del Foreing Office. El control de los mares, amén de maniobras diplomáticas y logistas, hicieron imposible la reconstitución del Imperio Católico de las Españas. Acuerdos comerciales y millones de libras esterlinas en préstamos con estilo Shylok, satelizaron al continente y pagaron el reconocimiento de la dolorosa ruptura.

    Al promediar la década de 1820 Canning pudo decir: “La América española es libre y si no administramos mal nuestros negocios, ella será inglesa”.

    La guerra de 1826 entre Brasil y las Provincias Argentinas por la federal Banda Oriental que deseaba seguir integrando la Patria Grande, podía convertirse en un desastre inglés. Ello hizo que Londres se volcara para obligar a los contendientes a buscar una solución. Esta no fue otra que la expuesta por el “mediador” Mr. Ponsomby con su socio comercial y agente secreto el Oriental Pedro Trápani. La clave estuvo en una república independiente, verdadero Estado Tapón ubicado en la desembocadura del considerado estuario lo que convertiría a la región en un canal de entrada para la Home Fleet y los intereses británicos. Se intentaba cerrar así el camino a Francia y a la naciente presencia norteamericana con un estratégico Gibraltar en la Cuenca de la Platania.

    Ni corto ni perezoso, el Coronel John Forbes, Encargado de Negocios yankee en Buenos Aires, escribía al Secretario de Estado Mr. Henry Clay “sobre el intento inglés de crear una colonia disfrazada”. Sin embargo las hábiles maniobras del Lord llegaron a buen destino en 1828. Presionando a Buenos Aires y al Janeiro se firmó la Convención Preliminar de Paz en la que Lord Ponsomby consiguió fuera aceptada la amputación de la estratégica Provincia Oriental. Se daba un nuevo paso hacia la balcanización de nuestra ecumenidad. Primero había sido el Paraguay, luego el Alto Perú, en ese agosto del desgraciado año 1828, la Provincia insignia de José Artigas. Luego se intentarían otras rupturas como las planeadas por el nefasto Florencio Varela cuando escribió: “Lo importante para Entre Ríos y Corrientes es prosperar. Para eso no interesa si son Provincias argentinas o un Estado Independiente”. El mismo “personaje” que con su hermano Juan Cruz aconsejaran el fusilamiento del Coronel Manuel Dorrego, el gobernante que resistió la “solución” Ponsomby.

    Así estaban las cosas, cuando en 1832 el Almirantazgo decidió las medidas “para ejercer el derecho de soberanía de Guillermo IV en las islas Falklands”. La comisión fue cumplida por “marines” desembarcados de la Fragata “Clío”, los que izando la bandera británica comenzaron la construcción de una base militar. Era el 2 de enero de 1833. Veintiséis meses después don Juan Manuel de Rosas asumía el gobierno de Buenos Aires con la Suma del Poder Público y además como Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina. De ahí en más su nombre fue símbolo hispanoamericano para “quienes querían seguir hablando español y rezando a Jesucristo”. Su “Sistema Americano” reconstructor de la Patria junto a la Ley de Aduanas de 1835 fueron las armas con las que se opuso a la dependencia económica “que implicaba el liberalismo unido a la ética utilitaria de Bentham”. El accionar armado estaba previsto en un informe del Foreing Office con fecha de 1842, el que sin pudor decía: “En lo que respecta a Gran Bretaña como sus intereses están tan mezclados con su poderío político resulta necesario apuntalar unos a los efectos de mantener lo otro”.

    Poco después, en la República Oriental, el Presidente General Manuel Oribe, ponía un cinturón de hierro al Montevideo donde el Almirante Mr. Purvis defendía con sus cañones al iluminismo de ambas orillas. Ante esas murallas se enfrentaron los orientales argentinos con las legiones extranjeras, durante nueve largos años. La inevitable intervención de 1845 fue contestada por el General Rosas con digna altivez en la Vuelta de Obligado, donde se encadenaron las aguas para que siguieran siendo nativas. Rudo combate por la soberanía. Los éxitos del Opio chino no se repitieron en el Plata. Era un nuevo fracaso para las agresiones inglesas en estas latitudes. Pero sobrevino el desastre de Caseros y con él los cambios que hicieron posible la realidad de la profecía de Canning.

    La afirmación se aplica a ambas márgenes del Plata, haciéndose necesaria alguna cuartilla más. Tal como decía don Julio Irazusta: “Necesario recuerdo de las circunstancias que contribuyeron a la formación de una política antinacional que corrompe a los buenos e impide la redención de los malos”.







    Fuente:

    Invasiones inglesas | Hispanoamérica Unida
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  9. #9
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Aquí hay un buen artículo que habla de algo que todos en este foro ya sabemos. Y aunque no estoy de acuerdo con lo del “terrible genocidio causado por la Conquista y la dominación colonial”, pues justamente el artículo demuestra lo contrario; ni con llamarle “Periodo Colonial” a los siglos de virreinato, todo lo demás es esclarecedor.




    MIGUEL LEÓN-PORTILLA. DOS SIGLOS DE INJUSTICIA

    El libro de Miguel León Portilla Independencia, Reforma y Revolución, ¿y los indios qué? (Conaculta-UNAM, 2011) representa una reflexión crítica sobre la historia de la nación y del Estado mexicano especialmente en torno a tres momentos claves: la Independencia, la Reforma y la Revolución. La tesis principal que sustenta con sólidos argumentos a lo largo de los capítulos del libro es que, no obstante que los pueblos indígenas han sido los principales agentes de la Independencia y la Revolución, los indios no sólo no han mejorado su condición social, jurídica y política, sino que ha empeorado, pues en muchos aspectos los pueblos originarios tenían un mayor reconocimiento cultural, jurídico y político durante la dominación colonial que en el México independiente. Ante esta situación la pregunta que surge es ¿Independencia de quién y para qué?, ¿Reforma de qué y contra quién?, ¿cuál Revolución?

    Del balance de lo que han dejado la independencia la Reforma y la revolución a los pueblos indígenas durante doscientos años, Miguel León Portilla saca dramáticos saldos: si bien, con el proceso de Independencia dio como resultado la formación de un Estado independiente, no logró consolidar su principal fundamento: una nación auténtica e incluyente de la diversidad de pueblos y culturas que constituyen la población mexicana. Pese a los esfuerzos de los gobiernos liberales decimonónicos, incluyendo los de la Reforma, por crear y consolidar desde el Estado una nueva nación homogénea, esencialmente mestiza, para principios del siglo XX, los intelectuales más desatacados como Justo Sierra y Andrés Molina Enríquez reconocían el fracaso, pues no existía una unidad nacional. Para Molina Enríquez lo que había era una pluralidad de patrias indígenas, pero no una nación mexicana. No obstante, tanto él como la mayoría de los liberales insistieron en el proyecto mestizo, excluyente de lo indígena y de la diversidad. Un siglo después, esto es en nuestros días el fracaso del proyecto mestizo de nación es aún más grave. Al menos y a penas la Constitución mexicana reconoce a partir de 1992 el carácter multicultural de la nación, nación que aún está por construirse y que constituye una de las demandas más importantes no de la clase política, ni de los gobiernos, sino de los movimientos indígenas.

    Si bien la Reforma logró consolidar un Estado laico y estableció un conjunto de garantías individuales, no tuvo consideración alguna respecto a los derechos colectivos de los pueblos indígenas, ni para sus identidades culturales y formas de vida. Por el contrario, se desarrolló una política de etnocidio a través de una política agraria basada en la privatización de las tierras comunales de los indígenas, de una política educativa y cultural centrada en el exterminio de las lenguas originarias y de la imposición del español en toda la población mexicana e, inclusive en una política poblacional que fomentaba el mestizaje para “blanquear” a las razas indígenas y constituir una población mestiza Un defensor del proyecto mestizo de nación como Molina Enríquez deploró los efectos desastrosos de la Ley Lerdo de desamortización de los bienes de corporaciones civiles y religiosas sobre las paupérrimas condiciones de vida de los indígenas, en su mayoría campesinos. Ciertamente estos efectos se convirtieron a su vez en una de las causas principales del agrarismo durante la Revolución mexicana iniciada en 1910.

    Si bien la Revolución mexicana se propuso establecer un régimen democrático y procurar la equidad social, el régimen posrevolucionario resultó tan autoritario como el porfirista y salvo durante el gobierno de Lázaro cárdenas no hubo una restitución y reparto importantes de tierras a los indígenas, que ni siquiera fueron reconocidos como tales, sino insertados en la genérica clase social de los campesinos. Los pueblos indígenas gozan hoy en día de menos libertades y derechos que los que tenían en tiempos de la dominación colonial. En este sentido, hay una clara convergencia entre Miguel León Portilla y Carlos Montemayor, quien en su libro Los Pueblos indios de México hoy afirma: “El liberalismo mexicano destruyó más comunidades en un siglo de las que la Colonia destruyó a lo largo de trescientos años”.

    A lo largo de los breves y consistentes diez capítulos que conforman el libro, Miguel León Portilla sustenta estos saldos negativos de la historia del México independiente con sólidos argumentos basados en evidencia histórica, antropológica y sociológica. Veamos algunos de estos argumentos.

    En los primeros tres capítulos se desarrolla una línea de argumentación de carácter socioeconómico que muestra el agravamiento de las ya deterioradas condiciones de vida de los pueblos indígenas durante el primer siglo del México independiente. Al terrible genocidio causado por la Conquista y la dominación colonial, que nuestro autor ha tratado como ningún otro, le sucedió una política etnocida en el México independiente que en el término de un siglo redujo la presencia de la población indígena de más de un 50 por ciento de la población total de México en 1810 a un 30 por ciento y para 2010 a menos de un 15 por ciento. Pero lo más grave es la pérdida de autonomía de los pueblos indígenas durante el México independiente: En 1805 el 90 por ciento (2.7 millones) del grueso (3 millones) de la población indígena del país (3.5 millones) que habitaba en la región centro y sur vivía en pueblos indígenas que por su autonomía eran conocidos como “repúblicas de indios” por el derecho indiano. Para principios del siglo XIX había casi 5000 “repúblicas de indios”. Esas repúblicas estaban basadas en la propiedad comunal de la tierra, que provenían de los antiguos altepetl que eran la unidad sociopolítica básica de los antiguos la, mayoría de los reinos prehispánicos del centro y sur del territorio. Al abolirse la propiedad comunal con las leyes de reforma y con otras políticas sociales y económicas se destruyeron los espacios de autonomía que la mayoría de los pueblos indígenas habían logrado preservar durante tres siglos de dominación colonial. La mayoría de los indígenas se quedaron sin tierra, sin comunidad, convirtiéndose en peones y asalariados, en indios desarraigados: innegablemente —nos dice el autor— la disolución de no pocas repúblicas de indios, antiguos altepetl, condujo a la asimilación de sus miembros en el conjunto de la sociedad nacional, dando lugar al incremento de los mestizos y también de los indios desarraigados. Quedaron éstos excluidos de sus antiguas comunidades y rechazados muchas veces como inferiores por aquellos mismos que habían puesto en marcha el proceso dirigido a su asimilación.

    Para Guillermo Bonfil Batalla este complejo y contradictorio proceso de desarraigo-asimilación-marginación-desprecio ha dado lugar a una profunda división entre el “México profundo” conformado por descendientes de los pueblos originarios, ya en su mayoría mestizos, pero igualmente excluidos del progreso y el bienestar, y el México imaginario y ficticio que constituye la minoría de la población y que son quienes se han resultado beneficiarios de la Independencia, la Reforma y la Revolución.


  10. #10
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    martes, 24 de enero de 2012

    BOLÍVAR AMABA A LOS INGLESES










    Amigos invisibles. En verdad que las facetas de la vida de Simón Bolívar son inauditas, por acomodaticias. Ahora es cuando y debido al estudio pormenorizado que se hace, han salido a relucir tantas características de la vida del Libertador que permiten con tranquilidad estudiar sin tapujos la variación permanente de su vida, aunque por esos mismos canales se puede entender su personalidad dual, o sea lo que había detrás y el verdadero pensamiento de este adalid latinoamericano. De un principio debemos asentar que las familias Bolívar y Palacios, de las que desciende Don Simón, eran mantuanas, oligarcas, es decir ricas en poderío económico y social, del grupo escogido entre los que forman parte privilegiada del gobierno colonial, ya sea en forma directa o tras bambalinas, de donde siempre se mantenía como la nata sobre la leche en el poder, de aquí que la educación y el porvenir de Simón Bolívar a pesar de su terquedad, que la tuvo desde un principio, siempre miró en este ejercicio superior, hasta que ya fue hombre. Pero como la fiesta no estaba para bailar joropos ni la masa para bollos, después de los acontecimientos ocurridos en España por la invasión francesa de su territorio y el apresamiento de los monarcas Carlos IV y Fernando VII, el alerta naranja, expresada en términos actuales, vino a posarse sobre estas extensas regiones para defender los derechos conculcados tanto en la Península como en las Indias, y de allí que ojo avizor cada uno trató de buscar un refugio espiritual y de protección según su conveniencia.

















    Y como el problema era entre potencias europeas pero con proyección hacia América, bien pronto se dieron cuenta los mantuanos conservadores del estatus y otros dirigentes de Venezuela que como con Francia no podía existir algún arreglo, porque privaba en ella el espíritu de la guillotina que le cortara la cabeza al borbón Luis XVI y a su esposa María Antonieta de Austria, queriendo imponer otra república para destruir la monarquía y acabar con la decadente Corte de Madrid, el peligro era tan grande que a pesar del entreguismo en las fauces del león inglés prefirieron pactar con este enemigo potencial, que ya tenía por dos siglos colonias en América. Por esta circunstancia a los revoltosos de Caracas que el 19 de abril de 1810 con la tramoya de la defensa de los derechos de Fernando VII dan el primer golpe de estado en Venezuela y destituyen al Gobernador Vicente Emparan, haciéndole preso y pronto expulsándolo del país, una vez puestos en el ejercicio del poder ilegítimo deben pensar seriamente en acercarse a Londres en busca de protección y ayuda, porque sabían lo que les esperaba. Y es aquí precisamente cuando aparece la figura no tanto conocida en esos predios rebeldes de Simón Bolívar. En efecto, si bien este caraqueño conocía en síntesis lo que estaba pasando, sin embargo su posición era un tanto neutra porque no creía que con eliminar a los españoles del mando colonial y entregar el nuevo poder a un grupo heterogéneo ávido de provechos y de asumir posiciones en ascenso, se iba a remediar la difícil situación atravesada, puesto que para sus adentros tal cambio seguía en detrimento de los intereses clasistas, puesto que el levantamiento acaecido distaba lejos de su grupo y solo algunos connotados de esa banda estaban acordes de verdad con este movimiento usurpador. Pero cuando hubo la necesidad de enviar una pequeña delegación a Londres con el fin de la ayuda inicial, el prócer allegado y pariente Martín Tovar Ponte luego de mucha labia constructiva pudo convencer al señorito de Caracas para que fuera ante la Corte de San Jaime con un reducido séquito por él pagados en los gastos, para que abogara a favor de la colonia insurgida y deseosa de alguna libertad, pero en lo bisoño de su inicio no se dio cuenta o le tuvo poca importancia, que si bien tras corrales los ingleses luchaban contra los españoles por el dominio de los mares, de otra parte muy importante del juego y con las impertinencias del deseo libertario y no de defensa de los derechos reales, como inicialmente se esgrimió para lograr una entrevista secreta y nada oficial con el Ministro marqués de Wellesley, de inmediato con la prudencia diplomática necesaria el gobierno inglés desestimó cualquier ayuda hacia Caracas, archivando el episodio, pues Inglaterra era una monarquía y andaba cerca de España en la lucha contra Napoleón. De este chasco diplomático y a pesar de todos los parabienes esgrimidos por Bolívar a favor de la Casa reinante de Windsor, que nada pudieron hacer hacia su causa, sí comprendió de inmediato que Inglaterra era la única solución para poder libertar a la América hispana, por lo que a partir de tal viaje comienza a desarrollar una suerte de admiración exacerbada por lo inglés, que mantendrá hasta los últimos días, sin calcular, no digámoslo por ignorancia, que con esa posición para muchos entreguista, solo quiso cambiar de patrón colonial, lo que ya es mucho decir y da pie a bastantes interrogantes sobre su persona e ideas verdaderamente libertarias.














    Sería muy largo y tendido elaborar un artículo con infinidad de detalles concluyentes donde se demuestra este amor permanente, ardoroso, hacia lo inglés, que se podrá ver en el libro escrito por mi amigo Aarón D. Truman, pero sí voy a traer a colación muchos pasajes de esto que sostengo, y como para la muestra vale el botón, valga decir que en los años álgidos de la Guerra de Independencia y casi destruido como andaba Bolívar, porque el general Pablo Morillo había reconquistado buena parte del país, al Libertador solo se le ocurrió traer un contingente mercenario que se llamó pomposamente la Legión Británica, que en buena parte eran irlandeses, lo que dio mucho que desear en su comportamiento, aunque sí pudo sacar de esa menestra humana algunos buenos oficiales que le sirvieron como ayudantes, edecanes y para algunas misiones difíciles, como el paso de los Andes, la batalla de Carabobo y el sometimiento del general José María Córdoba, que terminó en su injusto asesinato. Así, por estas vías de su entrega hacia lo inglés de entonces siempre consideró que “Inglaterra tenía que ser el árbitro de los destinos de Suramérica”, por lo que en este apoyo sumiso el caraqueño escribe “liguémonos de cuerpo y alma a los ingleses… no podemos existir… sino con el beneplácito de Inglaterra”. Y para más ahondar en la cuestión espinosa escribe al general Santander en junio de 1824: “Nuestra América no puede subsistir, si no la toma bajo su protección la Inglaterra… si nos ligamos a la Inglaterra subsistiremos, y si no nos ligamos, nos perderemos infaliblemente”. Y ya en la conocida Carta de Jamaica, que redacta, sostiene que el gobierno a instalar debía ser (“podrá”) a imitación del inglés, y en su discurso ante el Congreso de Angostura, en 1819, con aquello que esgrime del presidente vitalicio, o rey sin corona, (luego escribirá Rafael Urdaneta a Sutherland, refiriéndole que “Bolívar tenía la intención de formar una monarquía, bajo la protección inglesa”) afirma: “Así, pues, os recomiendo, Representantes, el estudio de la Constitución Británica (“la más digna de servir de modelo”) que es la que parece destinada a operar el mayor bien posible a los pueblos que la adoptan…”. Y sostiene “En nada alteraríamos nuestras Leyes fundamentales, si adoptásemos un Poder legislativo semejante al Parlamento Británico”, de donde el señor Hamilton recuerda al Duque de Essex que “la Constitución propuesta por el General Bolívar [está] formada sobre el modelo de la Gran Bretaña”, lo que me recuerda el modelo utilizado en la India, Canadá, Australia y otras colonias británicas, que en el delirio esgrime el caraqueño en abril de 1829, sosteniendo ideas de un protectorado británico, y así dice: “Albión es la dueña de las naciones”, por tanto bajo su sombra podremos crecer, hacernos hombres, instruirnos y fortalecernos”, porque la intención entonces era a cambio de ayuda entregar concesiones territoriales a dar en Centroamérica (Panamá o Nicaragua), saliendo así de un amo para caer en otro.






    En este tono del entreguismo o algo por el estilo el Libertador al argentino Bernardo Monteagudo en buenas paces escribe, en agosto de 1823: “Luego que la Inglaterra se ponga a la cabeza de esta Liga, seremos sus humildes servidores”, de donde por siempre calló lo relativo con la ocupación británica de la venezolana isla de Trinidad. ¿Porqué nunca habló de ello?. Es otra mancha que se debe analizar a la luz de estos descubrimientos, pues dentro de la alabanza a lo monárquico inglés don Simón sin aspavientos expresa: “No hay país más libre (?) que Inglaterra…. Inglaterra es la envidia de todos los países del mundo y el modelo que todos debiéramos imitar… y si viniera del Gabinete británico una propuesta para que se estableciese una monarquía o monarquías en el Nuevo Mundo, hallarán (en mí) firme y seguro apoyo… a sostener el soberano que Inglaterra propusiese…”. Por ello expresa Carlos Villanueva “Bolívar pensó en una monarquía criolla, disfrazada o declarada, bajo el protectorado de Inglaterra”. Y así el caraqueño demostraba el amor por Inglaterra, incluso antes y después que lord Arthur Welleshey en 1807 trajera un ejército inglés de ocupación hacia Puerto Cabello en Venezuela, pero que en el camino, con una contraorden sobrevenida los expedicionarios se desviaron hacia la sevillana Cádiz, por causa de la guerra sostenida con los intrusos franceses.









    Y volviendo sobre el tema colonial sostenido por Bolívar asentamos que en marzo de 1825, en una conversación mantenida con el inglés T. Mailing, éste le confirma sin rodeos: “… estoy dispuesto a ofrecer mi apoyo a cualquier soberano que nos dé Inglaterra”…”. Por ese estilo al Mariscal Antonio José de Sucre, en enero de 1826 el Libertador le asienta también “La alianza con la Gran Bretaña es una victoria en política más grande que la de Ayacucho, y si la realizamos… nuestra dicha es eterna. Es incalculable la cadena de bienes que va a caer sobre Colombia si nos ligamos a la Señora del Universo”. Y en el banquete que le ofrecen en 1827, en Caracas, admirándolos sobremanera “todos sus elogios fueron para Inglaterra”, e incluso hace saber al importante George Canning (éste había dicho “Hispanoamérica es libre… y será inglesa”) que como compensación que él reciba de ese imperio, Cuba y Puerto Rico caerían bajo el dominio británico. Y en el colmo de la zalamería dirá el 30 de abril del mismo año, que los ingleses “poseen el patrimonio de la libertad y de la gloria”. Pero eso sí, lo que para nada aborda el caraqueño sobre esta posible y triste relación que piensa entablar con Albión, es lo referido a su revolución industrial en boga, con el invento de la máquina de vapor, “lo que no toma en cuenta a lo largo de su gestión política para el desarrollo sustentable de su proyecto nacional”.













    No menos cierto es que Bolívar recibió veladamente y hasta por compras armas y bastimentos de aquel imperio opresor, que mira a la América como un negocio lucrativo de amplio espectro, sobretodo desde el siglo XVIII y en el contexto del imperio español que se derrumba, al tiempo que dentro del desastre fiscal en que se encuentra inmersa la república colombiana, el centro de la corrupción financiera de los préstamos que se reciben bajo la orden de Bolívar persisten radicados en Londres, lo que dará pie a un próximo artículo en que trataremos con pelos y señales tal suma de desastres bancarios, porque el desconocedor de finanzas que es Bolívar daba “facultades ilimitadas” en este sentido, por lo que el vivazo y “bon vivant” paisa Francisco Antonio Zea, con ese aval ilimitado del caraqueño hizo de las suyas en el aquel predio de la raponería y el descaro plutócrata. Valga recordar aquí lo que vino a ser el desastre de la Legión Británica, mercenarios traídos con paga y pertrechos, pero luego dejados a la bartola y a las anchas mientras unos murieron de enfermedades como la fiebre amarilla, el paludismo o las diarreas, otros saquearon sin detenerse como acaeció en Río Hacha, y del total de seis mil cien que vinieron en los viajes muchos eran aventureros borrachos, insurrectos, desertores, busca pleitos enfermizos e inadaptados de fortuna, con condenas en su país por servir a otros gobiernos sin permiso, por lo que Bolívar en el desencanto y el fracaso de los hechos, a pesar de la valentía del algunos, en julio de 1820 adolorido sobre ello escribe a Mariano Montilla: “…verdugos que si no los pagan no matan y que son como aquellas cortesanas que no se rinden sino después del cohecho”. Pero por encima de este amor desenfrenado y con la óptica que miraba el Libertador aquel futuro, desde luego triste para él porque murió abatido por el desengaño, no debemos olvidar que algunos jóvenes incursos en tal grupo llamado Británico, porque con él también vinieron soldados en el paro forzoso pero valerosos procedentes de Escocia, Gales, Hannover y otros lugares sin trabajo, y algunos jóvenes dinámicos y llenos del romanticismo de su tiempo al estilo Lord Byron que en grupo se unieron al Libertador y de los que saca provecho teniéndolos bien cerca de su actividad, sirviendo muchos en su Estado Mayor, o como Edecanes, que hasta coloca por encima de la oficialidad criolla, dados para algunos sus conocimientos y estudios, o bien su conducta guerrera, como acontece con el íntimo O’leary, O’Connor, Robertson, Devereaux, Peru de Lacroix, Boussingault, Mac Gregor, el infaltable para muchos Henry Wilson (de quien por cierto se dijo, infundadamente, que “era un espía español” infiltrado, a la orden del Duque de San Carlos), Belford Wilson, Sandes, Miller, Ferguson, el héroe Rooke, el recio Ferriar y tantos otros que dieron lustre a los salones bolivarianos con su prestancia, que en buena parte sustituyeron a los ayudantes del General caraqueño y que algunos inmolaron la vida al servicio patriota de ideales dispersos.






    En conclusión, vistas estas exposiciones sobre el cariño compulsivo que Simón Bolívar sentía por todo lo inglés y en especial sobre la política y el poderío militar de ese imperio que domina el siglo XIX y parte del siglo XX, hecho a punta de vivezas y hasta de genocidios y donde ante tantos intervinientes aquí señalados,
    como la propia palabra de Bolívar, que de manera escrita plasman la realidad de lo planteado, no debemos sino reiterar nuestro punto de vista en el sentido que el Libertador por intereses propios o de aquel Estado un tanto artificial que creara, porque pronto fue disuelto, de acuerdo con la documentación que en síntesis se aporta se extralimitó sin medir consecuencias, como era natural en su persona, puesto que analizados uno a uno el substrato contenido y la pasión con que lo expone para buscar los resultados, dentro del espíritu que tiene dominante deja muy en claro el comportamiento personal frente a ese enorme imperio absorbente que de haber caído en sus fauces hoy practicaríamos el apharteid dentro de un calvinismo a la manera anglicana y utilizáramos todos los sistemas que dicho imperio hizo uso en forma sibilina para con los subordinados. Que Dios nos ampare en estas cavilaciones que ahora se nos presentan. Por manera que, dejando a mis pacientes lectores para que piensen a las anchas o mejor mediten sobre lo expuesto de esta importante faceta del Libertador, para el buen desenlace de esta crónica afirmaremos una vez más que Bolívar amaba a los ingleses, pero supongo que nunca quiso nada con el británico doctor Jaime Thorne, que era el marido de su mujer Manuela.


    Publicado por Ramón Urdaneta en 9:42:00 a. m.










    Fuente:

    Venezuela y el Mundo: BOLÍVAR AMABA A LOS INGLESES.

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    Re: Hay “otro” bicentenario

    El Chileno: Por Los Cabos pasó un chileno que más bien era inglés.






    Antes de llegar a Los Cabos había oído sobre un hotel que tenía ciertas peculiaridades. Que operaba solo en el invierno, que tenía su pista de aterrizaje y que era una verdadera leyenda en la zona: El Chileno.

    Cuando tuve la oportunidad de entrar por primera vez, me pareció un lugar con fuerte carácter, con su estilo bien particular, todo de piedra y de madera que se notaba había sido labor intensa para levantarlo, y allí quedaba demostrado, en pie, luego de más de treinta años de operación.

    Hubo dos grandes detalles que noté, uno, la placa de cantera en donde anunciaba la inauguración por parte del Presidente Adolfo López Mateos en la gloriosa época de los sesentas, la otra, la espaciosa terraza para las cenas, prácticamente a la luz de las estrellas.

    Pero algo me dio vuelta una y otra y otra vez en la cabeza, su nombre, ¿Por qué chileno? ¿Qué relación pudo haber existido entre la península y Chile?

    Tuvieron que pasar algunos años y varios libros para saber la razón, el primero fue Fernando Jordán, en su Otro México, el que me dio a conocer el nombre de un chileno, que más bien fue inglés y que no pudo llegar a la Baja California pero dos de sus naves si. Lord Cochrane.






    Era la época en que México acababa de consumar su independencia, el país enorme y, casi desconocido, especialmente nuestra península, la llamada "Terra Ignota", ubicada a enorme distancia del centro de México se antojaba como objeto de codicia para los piratas del siglo XIX.

    Cochrane, sale de Inglaterra contratado para formar la Armada de la recién creada República de Chile, hay que recordar que los países latinoamericanos tienen su independencia de España casi a la par que México entre los años 1820 y 1822; para México esto representa un problema de soberanía ya que el noroeste estaba prácticamente deshabitado, especialmente la Baja California.

    Cochran al mando de la Naval Chilena inicia un recorrido hacia el norte, su interés era eliminar la presencia de la Naval Española, cosa que va sucediendo en las costas del Perú y Ecuador, a medida que sigue al norte, al llegar a Acapulco pide ser recibido por Agustín de Iturbide pero no le es posible, llega a sus oídos la noticia de la presencia de mas buques españoles y decide regresar a Chile, no sin antes pedir a dos de sus naves, el Independencia y el Araucano, a que sigan hacia el norte, a la Baja California. Ya que los insumos en Acapulco eran escasos pues la guerra de Independencia apenas había terminado.






    Conocedor de la historia, Cochrane sabía que en la Baja California, había asentamientos fundados por los jesuitas y allí se podrían abastecer, se enfila a Loreto llegando primero a las costas de San José del Cabo, en donde desembarca, el 17 de Febrero de 1822, es repudiado por uno de los varios héroes desconocidos, de los que no nos queda ni el recuerdo siquiera: Fernando de la Toba.

    Los enviados de Lord Cochrane hacen saqueos en la zona, siguen a Loreto en donde también los realizan y regresa a Chile, en donde es recibido como héroe.




    Cochrane tiene un gran valor para la historia de Chile, no así para la de México, en donde está casi desaparecido su nombre. En su diario Lord Cochrane anota, en enero de 1822, lo siguiente:

    “A la Independencia y Araucano las despaché a California para comprar provisiones, ordenándoles que nos siguiesen a Guayaquil. Nosotros proseguimos nuestro rumbo costa abajo, y al llegar a las inmediaciones de Tehuantepec nos acometió una borrasca de viento tal, que amagaba destruir la fragata.”
    Lord Cochran nacido en 1775, muere el 31 de octubre de 1860, a los tres años son publicadas sus memorias.


    Para leer las memorias de Lord Crochane da clic aquí:

    http://www.memoriachilena.cl/archivos2/pdfs/MC0014120.pdf

    Si quieres leer más acerca de la acción de Fernando de la Toba, da clic aquí:
    http://www.iih.unam.mx/moderna/ehmc/ehmc05/543.html




    Esa incursión chilena no deja solo en México el nombre a una playa en Los Cabos, sino también inicia una rica influencia en la vida cotidiana, a través de la música y la danza de Guerrero y Oaxaca en la, ni mas, ni menos llamada Chilena que no es otra cosa mas que la adaptación a nuestro país de la “Cueca”, bailes tradicionales de Chile…

    ¿O quién no ha oído La Sanmarqueña? Esa es nuestra chilena mexicana mas conocida. Una parte mas de la historia de México, que simplemente, no hemos querido ver.



    Publicado por Benjamin Arredondo - 20:23




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    El Bable: El Chileno: Por Los Cabos pasó un chileno que más bien era inglés.
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    Thumbs up Re: Hay “otro” bicentenario

    Mexispano.
    ¡Gran aporte! Por la cultura hispana en común, México y Chile son sin duda naciones hermanas y muy cercanas; ambas son naciones hispanas con sus enormes similitudes y también con sus variadas diferencias.
    Su artículo nos parece estupendo, no sabíamos por ejemplo que en México existiera la chilena; y estamos ansiosos por profundizar eso en nuestra página de feisbuk
    La cultura mexicana también ha permeado en nuestro país, en el campo chileno, la música mejicana en general es la música de fondo; es también común escuchar a la gente de más edad hablar de grandes artistas mexicanos como Pedro Vargas; y el arte mexicano también ha estado presente en nuestro país, pues en Santiago, hay una plaza México, y un enorme mural de piedras dedicado a la amistad chileno-mexicana (sin contar los murales del centro chileno mexicano que está en Concepción)
    No obstante, para ser sinceros, nos apena que parte de ese vínculo tan bonito haya sido fruto del saqueo perpetrado por un inglés (con no muy buenos antecedentes), y en el contexto de las luchas que separaron nuestros pueblos; no obstante, la labor de unirnos más y más es una labor diaria, y artículos como el suyo son vigorizantes en esa labor, y apuntan al buen camino que los pueblos hispanos estamos tomando, en esa labor de apoyo y reconocimiento recíproco.
    Le mandamos nuestros más afectuosos y cordiales saludos desde Chile

    Aparte: Le dejamos un par de vídeos a modo de regalo:

    Última edición por Partido Realista; 24/03/2014 a las 21:13
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    Re: Hay “otro” bicentenario

    Cita Iniciado por Partido Realista Ver mensaje
    Mexispano.
    ¡Gran aporte! Por la cultura hispana en común, México y Chile son sin duda naciones hermanas y muy cercanas; ambas son naciones hispanas con sus enormes similitudes y también con sus variadas diferencias.
    Su artículo nos parece estupendo, no sabíamos por ejemplo que en México existiera la chilena; y estamos ansiosos por profundizar eso en nuestra página de feisbuk

    Hombre, no me lo agradezca a mí, sino a las personas que investigan y ponen en la red estos datos tan interesantes. Yo solo cumplo con buscarlos y postearlos en este sitio para que la gente pueda ver la otra cara de la moneda.

    Por cierto, he puesto también en este hilo varias cosas sobre la guerra de independencia en su bella tierra, mucha de esa información recabada por sus propios compatriotas, claro está.

    Sobre los vínculos que nos unen, nada que objetar, fuimos parte de uno de los imperios más asombrosos de la historia y si queremos que la mal llamada Latinoamérica se unifique, debemos tomar como cimientos esos 300 imperiales años.

    Saludos






    Aprovecho para poner la otra parte del artículo sobre Cochrane en California.




    De cuando los piratas atacaron San José del Cabo





    Es indudable que una cosa te va llevando a la otra. Con esto lo que quiero decir es que, si te gustan las fotografías antiguas, lo más seguro es que tengas gran afición por la historia y si te gusta la historia, ella te va obligando a adentrarte en la genealogía y toda la trenza de ideas que se va generando te conduce a entender mejor lo que fue ese "pasado perfecto" del que menciono aquí, como sub título de El Bable. Ese encanto que algunas personas encuentran al buscar sus raíces, tratando de encontrar de dónde y cuándo llegaron sus más antiguos ascendentes, cosa que normalmente es complicadísima, en Baja California se vuelve algo accesible debido a que don Pablo L. Martínez se dio a la tarea de juntar en una sola obra el santo y la seña de todo aquel que vivió en la península a lo largo de los siglos XVIII y XIX.





    Quienes son originarios de alguna de las poblaciones de Baja California Sur y Baja California, que ya no lleva el nombre de Norte pero que normalmente se me hace imposible evitarlo para referirme a la parte norte de la península, esos que nacieron por acá, tienen la gran fortuna de contar con una de las mejores fuentes documentales que hay en México: La Guía Familiar de Baja California 1700-1900. Publicación que compila el arduo trabajo que don Pablo L. Martínez (1898-1970) realizó para rescatar además de la historia de todas las actas de nacimiento, defunción y matrimonio en cada una de las poblaciones de la península de Baja California.





    Don Pablo tuvo a bien rescatar del olvido los archivos parroquiales de los centros de población que había en la península cuando realizó esta acuciosa búsqueda, lo hizo desde Cabo San Lucas hasta Tijuana y logró darnos en un solo libro toda la genealogía documentada desde 1700 hasta 1900. Al consultar en ella las primeras familias que se establecieron en San José del Cabo encontramos algo que nos relata un episodio de cuando los piratas chilenos comandados por el inglés Cochrane, pretenden apoderarse de la Baja California. Si es la primera vez que oyes sobre este personaje, ahora entenderás el por qué una de las playas de Los Cabos lleva el nombre de "El Chileno".





    "Habiendo visitado el muy reverendo padre Pedro González a ésta Misión de San José y no habiendo hallado libro de matrimonios, por la incursión de los piratas, mandó Su Paternidad que se formara de nuevo, poniéndose en el principio de él, el presente decreto e insertando las partidas que con antelación de 5 meses ocurrieron. Y para la constancia y debida formalidad lo firmé como secretario de la visita juntamente con otro prelado.- Fray Pedro González; Fray José Durán, maestro de Visita."






    "Los piratas a que se refiere la nota anterior son los hombres de la armada de Lord Thomas de Cochrane, dos de cuyos barcos, el Araucano y el Yndependencia, bajo la bandera chilena, tomaron San José del Cabo bajo el pretexto de que la Baja California era todavía dominio español; y saquearon al pueblo, incluyendo la iglesia, en la que incineraron el archivo. Esto sucedió en febrero de 1822. De los registros que actualmente existen en la iglesia local se pudo obtener mucho y valioso material, aunque alguna parte de los asientos, mayor de la que fuera de desearse, está ilegible o faltan hojas o están rotas".
    (1)



    Fuente:

    Martínez, Pablo Leocadio. Guía Familiar de Baja California 1700-1900. Vital Statistics of Lower California. Editorial Baja California. México, 1965. (Reeditado por la SRE en 2000)


    Publicado por Benjamin Arredondo - 19:02










    Fuente:

    El Bable: De cuando los piratas atacaron San José del Cabo


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